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La búsqueda del sentido: Dios ha muerto pero lo seguimos buscando

Hay que cargar con la responsabilidad de querer alcanzar la máxima excelencia personal posible.

El sentido de la vida por lo que puedo decir de estudiar mitología y psicología durante décadas es encontrar un modo de existencia que tenga tanto sentido que el hecho de que la vida sea sufrimiento no sea relevante (Jordan B. Peterson)

¿Y cómo encontramos ese sentido? Antes era Dios y la religión el que nos lo daba, pero ahora dicen que Dios está muerto, que hemos perdido esa necesidad de encontrar nuestro sentido en lo espiritual, pero lo cierto es que seguimos buscando esa intimación por algo superior a nosotros mismos. Hoy día, a falta de instituciones religiosas aceptadas socialmente que aporten cierta guía, hemos pasado a buscar sustituciones en un nivel social y cultural de esta búsqueda transpersonal: la compulsiva sociedad de consumo trata de llenar esta necesidad, los nuevos movimientos sociales y su excesiva moralidad que recuerdan a tiempos pasados también intentan suplir la carencia, pero lo cierto es que se quedan en la superficie y la horizontalidad, y al final del día todos estos trucos fracasan, y lo único que nos queda es un nihilismo y depresión crecientes. ¿Qué hacemos entonces? Creo que para recuperar el sentido a nuestras vidas hay que romper con el confort y la comodidad de la rutina que tanto promueve el Estado del bienestar y la sociedad de consumo, tomar responsabilidad real por nuestro desarrollo y explorar lo desconocido, ya que es la única manera de encontrarnos a nosotros mismos. Abraham Maslow describió su búsqueda del siguiente modo:

“La exploración de los logros más elevados de la naturaleza humana y de sus posibilidades últimas… ha supuesto para mí la destrucción de mis axiomas más queridos y me ha obligado a enfrentarme de continuo con paradojas, contradicciones y aparentes vaguedades, y ha supuesto también el colapso ocasional de aquellas leyes de la psicología que consideraba bien establecidas, en las que creía firmemente y que, por consiguiente, me parecían inexpugnables”.

Maslow consideraba que lo que entendemos por normalidad, lo que sería la zona de confort cultural y social, no es más que el estancamiento de una verdadera madurez psicológica y personal. Y llega a afirmar: “Lo que llamamos normalidad es, de hecho, un tipo de psicopatología promedio tan poco dramática y tan ampliamente difundida que ni siquiera nos percatamos de ella”.

De esta forma la cultura, lo que es “normal”, no sólo hace una función condicionante o educativa, sino que a la vez funciona a modo de conspiración colectiva dirigida a reprimir nuestro desarrollo, conocimiento y madurez personal, lo que como consecuencia nos lleva a la falta de sentido. La sociedad nos ayuda a desarrollarnos, pero sólo hasta el nivel promedio que nos permita adecuarnos a las normas sociales.  Más allá de este nivel funciona a modo de obstáculo. Es por ello que para progresar debemos romper con las limitaciones convencionales y atrevernos a descubrir nuevas potencialidades, experimentar con ellas y conseguir nuevos flujos de información que no sean los comunes y que nos permitan acceder a niveles de consciencia superiores.

Jordan B. Peterson explica sobre este tema en su pasada charla de mayo en Oxford que el Sentido, lo que él denomina en inglés “Meaning” en mayúsculas, más allá de poder ser parte de una adecuación social podría explicarse como una complejidad del reflejo de orientación, un reflejo que se ocupa de dar una dirección, un sentido, valga la redundancia, a situaciones desconocidas e inesperadas, como el ataque de un depredador que de pronto trae desorden, por lo que debemos rápidamente ordenar la situación para poder actuar y sobrevivir.

Este mecanismo en conjunción con los niveles más complejos del ser humano se actualizaría en la forma de una búsqueda de sentido u orden últimos. Percibimos que hay un gran terreno desconocido en la realidad de donde pueden emerger peligros y queremos saber cómo sobrevivir, de modo que nace en nosotros esa necesidad por un orden superior que nos permita orientarnos y avanzar. Pero, claro, para que este reflejo se active y empiece la búsqueda debemos de permitirnos percibir ese terreno desconocido, atrevernos a explorar el caos, y para ello hay que cargar con la responsabilidad de querer alcanzar la máxima excelencia personal posible, de encontrar la Verdad y volcarla en el mundo, porque la opción contraria es permanecer en la seguridad de lo conocido, en lo predecible de los automatismos y rutinas diarias, y quedar sumidos en la corriente de la normalidad que conlleva una limitación del individuo.

juandemariana
Author: juandemariana

Pensamiento liberal

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