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La decisión de los suizos

Suiza es un país extraño. Con el tamaño que tiene, en medio de varias naciones grandes, siempre ha destacado por ir a lo suyo sin sentir esa imperiosa necesidad que tenemos los españoles de reivindicar lo que somos, por puro complejo. Mientras nosotros habríamos hecho lo que fuera para obtener el ‘carnet’ de Europeos de Pura Cepa, a ellos no les quita el sueño. Mientras que nuestros gobiernos están dispuestos a vender nuestras libertades a cambio de un sitio en el G20, el Gobierno suizo se piensa mucho todo aquello que afecte a los suyos. Y, así, a pesar de las presiones, y de momento, tienen una política particular respecto al secreto bancario (que no defiende a los bancos sino a los usuarios de los bancos) y también mantienen una costumbre que les ha hecho famosos, de decidir muchas más cosas que nosotros mediante referéndum.

El país de las consultas

En realidad deciden casi todo. Porque cada año se realizan unos diez referendos agrupados en tres o cuatro ocasiones al año en las que se realizan varias preguntas. La participación es bastante modesta, supongo que en función del interés que despierte el tema. Porque, no solamente son las autoridades las que pueden decidir someter al juicio de la población las cuestiones que consideren. Los ciudadanos también pueden reunir firmas para proponer lo que estimen oportuno. Dependiendo de la relevancia de la consulta, se exige un tipo de mayoría u otra, tanto en número de habitantes como en número de cantones que aprueban la consulta.

Este fin de semana pasado los suizos decidieron que no quieren recibir inmigrantes en masa. Y esa decisión ha levantado ampollas en las autoridades europeas y ha reabierto el eterno debate acerca de la inmigración.

Pero no solamente votaron sobre ese particular. Debían responder a tres preguntas: la primera se refería a si el aborto es una cuestión privada y no debe financiarse con cargo al Estado, la segunda preguntaba si se debía crear un fondo de financiación de la red ferroviaria y la tercera, la que ha causado tanto revuelo, era la referente a la aceptación de entrada de nuevas oleadas de inmigrantes.

En el primer caso, la participación fue de un 55% y ganó el no por un 69,8% frente a un 30,2%, por lo que el aborto seguirá siendo financiado con dinero público.

En el segundo caso, la participación fue del 55% y ganó el sí por un 62% frente a un 38%. Debe crearse un fondo indefinido para financiar el aumento y mantenimiento de la red ferroviaria.

Y en el caso de la inmigración, la participación fue del 55,8% y ganó el sí al freno a la inmigración por un 50,3% frente al 49,7% que defendían la libre entrada de inmigrantes.

El debate sobre la inmigración

Quienes creemos en la apertura general de fronteras solemos coincidir en abogar, además, por un sistema de justicia sano, de manera que las leyes se apliquen a todos, las penas se cumplan íntegras y se deporte a quien no sabe comportarse de acuerdo con las normas del país al que se llega. Yo no tengo problemas en que un puesto de trabajo que va a redundar en productos nacionales mejores y más competitivos sea ocupado por una persona de otro país. Por lo mismo que me gustaría que los españoles fuéramos contratados sin problema allí donde nuestro esfuerzo se vea mejor reconocido y remunerado.

Los suizos han decidido que el Gobierno debe ser capaz de gestionar la inmigración porque, con el sistema legal de migraciones actual, cada año llega a Suiza una cantidad equivalente a la ciudad de Lucerna y cada dos años una población equivalente al cantón de Neuchâtel. Miles de personas que necesitan casa, servicios, etc. y que pagan impuestos mientras que conserven un trabajo oficial. Y ahí es donde hacen hincapié los defensores de la iniciativa: debe recibirse el número de inmigrantes que la administración pueda controlar. Y el que no tenga trabajo, que se vaya. Además, todos los supuestos que anteriormente tenían un trato especial (como el asilo político) pasarán a ser gestionados por Inmigración también.

Terrible, ¿no? Pero así lo han decidido quienes se han preocupado por votar. Y que lo diga yo, abstencionista convencida y militante, tiene todo el sentido. Porque yo me abstengo de jugar a qué decidimos. En el caso de los suizos, el sistema es diferente: si tu idea es buena, convence a tus vecinos, debate, aporta argumentos. Si entusiasmas a la gente, se acercarán a votar y tal vez te apoyen, y si no, o si no les convences, tu iniciativa se vendrá abajo.

Dicen que cada cual en su casa hace lo que quiera. Pues los suizos también. Veremos hasta qué punto los mismos que han presionado para que los bancos suizos traicionen a sus clientes intentarán de nuevo inmiscuirse en las decisiones de un país soberano.

Rehenes de nuestras ideas

La persona a la que más temes contradecir es a ti mismo.
Nassim N. Taleb

El 23 de agosto de 1973, tras un intento de robo frustrado, Jan Erik Olsson y Clark Olofsson se hicieron fuertes en una sucursal del Banco de Crédito de Estocolmo tomando a cuatro empleados como rehenes. El caso fue motivo de estudio porque durante los seis días en los que duró el secuestro, los rehenes desarrollaron un especial vínculo emocional y afectivo hacia sus captores. Defendieron a los secuestradores cuando la policía intentó rescatarlos y se negaron a testificar cuando por fin éstos se entregaron. El psiquiatra Nils Bejerot, tras analizar el caso, bautizó esta reacción psicológica como "Síndrome de Estocolmo". Según el FBI, alrededor del 27% de las víctimas de secuestros desarrollan este especial afecto hacia sus secuestradores. Pero esto no es algo exclusivo de los secuestros. Algo similar ocurre, aunque pueda parecernos extraño, cuando nos encariñamos de nuestras propias ideas.

En general nuestras ideas suelen ser correctas. Casi nadie piensa que hay que beber ácido sulfúrico en lugar de agua. Si alguien insistiera en pensar eso probablemente no duraría vivo mucho tiempo. Al igual que esa persona duraría poco, la mayoría de las ideas y hábitos que nos provocan un daño directo o que no nos son útiles tienden a extinguirse rápido. Aunque en un principio creamos que el ácido se bebe, lo más seguro es que tras el primer sorbo terminemos descartando la idea. El biólogo británico Richard Dawkins acuñó el término meme para referirse a las ideas y los hábitos cuando se estudian como reproductores. De forma similar a los genes, las ideas se reproducen de una persona a otra cuando nos transmitimos información o nos copiamos conductas. A largo plazo tienden a sobrevivir las ideas que son más exitosas a la hora de reproducirse, y uno de los factores más importantes para que esto suceda es que sean útiles. La idea de beber ácido no sólo es difícil que persista en nuestra mente. También es difícil que alguien nos la copie.

Sin embargo muchas veces tenemos la sensación de que la gente se equivoca de manera sistemática. Nos parece que se dicen demasiadas tonterías, que la mayoría opina cosas absurdas y que persisten en el error. ¿Cómo es posible? Empecemos por darnos cuenta de que esto no sucede en general, sino sólo en algunos ámbitos en concreto. Cuando nuestras ideas nos dan una información que nos afecta de manera directa y visible, que nos beneficia si es correcta y nos perjudica si es errónea, es improbable que haya grandes debates al respecto. Los incentivos nos conducen hacia la verdad. Las discrepancias llegan cuando el hecho de que la idea sea falsa no nos perjudica directamente. Por ejemplo, si estuviéramos convencidos de que la tierra es plana o de que Zeus existe nuestra vida seguiría siendo la misma, siempre y cuando lo mantuviésemos en secreto para evitar el escarnio público. La verdad deja de ser importante cuando no nos beneficiamos de que algo sea cierto o falso. Por ello el campo está abonado para el error persistente, el disparate, la discrepancia y los debates interminables en ámbitos como la política, la filosofía, la religión, la moralidad o la ciencia economía.

Hay que decir que el hecho de que una idea equivocada no nos perjudique directamente no significa que no sea perjudicial de manera indirecta. Precisamente éste es el argumento del economista Bryan Caplan en su famoso libro The Myth of the Rational Voter, sobre por qué las democracias tienden a seleccionar malas políticas. ¿Qué pasa con las democracias? Cuando nos queremos comprar una casa estudiamos muy bien todos los datos y valoramos de manera concienzuda los pros y los contras de nuestra decisión. La casa que decidamos es la que vamos a tener. Sin embargo en una democracia la importancia de nuestro voto individual es básicamente cero. Podríamos hacer el mismo esfuerzo que hacemos para comprar una casa o un coche para elegir una determinada política, pero no va a servir para nada porque tendremos lo que voten los demás. Como demuestra Caplan, esto no significa que la gente se vuelva ignorante sobre estos temas, cosa que sería más o menos inocua, sino que se vuelve irracional. Las mayorías tienen sesgos sistemáticos como el sesgo antimercado o antiextranjero, y tienden a defender políticas que nos terminan perjudicando a todos.

En su artículo Why People Are Irrational about Politics, el filósofo americano Michael Huemer se pregunta por qué en estos grandes temas la gente tiende a sostener ideas equivocadas. ¿Por qué tenemos estos sesgos? La respuesta es que algunas de nuestras ideas pueden sernos muy útiles siendo falsas. Cuando la falsedad de una idea no es un problema directo podemos creer en algo simplemente porque nos da buena imagen, porque queremos que los demás nos vean como alguien solidario o comprometido. Podemos creer en cosas, como supersticiones, porque nos consuelan. Nos suele interesar creer lo mismo que creen los que nos rodean, los que queremos que nos acepten, y al mismo tiempo diferenciarnos de aquellos que no nos interesan. También puede ser que hayamos obtenido un cierto prestigio social o académico por difundir una determinada idea y que luego seamos absolutamente incapaces de aceptar que estamos equivocados. Por poner un ejemplo, es impensable que alguien como Paul Krugman manifieste públicamente que se ha dado cuenta de que aumentar el gasto público tiende a deprimir una economía, que lo dicho hasta ahora era un error. Es lógico porque su reconocimiento académico se disolvería en cuestión de segundos. Francisco Capella escribió, refiriéndose a científicos de prestigio, que "a menudo no tienen ideas sino que las ideas son memes atrincherados que los tienen a ellos".

La teoría de los memes de Dawkins nos dice que algunas de las ideas más persistentes son aquellas que crean sus propios mecanismos de defensa. El más claro es que establecemos vínculos emocionales con ciertas ideas. Muchas nos importan y no vamos a renunciar a ellas. Es algo así como el Síndrome de Estocolmo aplicado a unidades de información que se nos meten en la cabeza. Estas ideas nos toman como rehenes y nos causan sesgos sistemáticos. Rechazamos evidencias que van en contra de nuestros modelos mentales para no tener que replantearlos, aceptamos con facilidad lo que nos conviene y leemos aquello con lo que ya sabemos que estamos de acuerdo para reforzar nuestras convicciones.

Es relativamente sencillo convencer a casi cualquier persona de que el resto de la gente está equivocada. Pero, obviamente, no es eso lo que quiero decir. A lo que me refiero es que a usted que lee este artículo y a mi que lo escribo nos pasa lo mismo que a los demás. También tenemos atrincherados memes falsos. Michael Huemer nos da algunas pistas para ayudarnos a identificar si estamos siendo irracionales sobre algún asunto. ¿Alguna vez está debatiendo con alguien sobre algún tema controvertido, sea política, economía o religión, y a medida que el otro va desarrollando su argumento usted empieza a sentirse irritado? ¿Le molesta lo que el otro piensa? ¿Procura leer o escuchar ideas con las que ya está de acuerdo y prefiere no replanteárselas a menos que sea imprescindible? ¿Sus ideas cambian poco? ¿Llega a una conclusión después de pensar bien los argumentos y obtener los datos, o llega primero a la conclusión y después lo va encajando todo para que cuadre? ¿Le daría pena si descubriera que algunas de sus ideas están equivocadas? ¿Piensa que quienes creen algo distinto son peores personas o tienen mala idea? Si a veces nos suceden cosas de estas puede que el problema sea que estamos equivocados.

Dice Nassim Taleb que el conocimiento se alcanza básicamente eliminando basura de la cabeza de la gente. Lo que pasa es que el primero que tiene sesgos, supersticiones y otras ideas equivocadas suele ser uno mismo. Somos rehenes de algunas ideas que se resisten a desaparecer y desarrollamos lazos afectivos con ellas. Para combatirlas, Huemer sugiere entender el problema, identificar los ámbitos en lo que podamos tener sesgos, procurar ser escépticos y rigurosos, señalar los errores de los demás y discutir de una manera constructiva y honesta. Si nos acostumbramos a reconocer errores seguramente acabemos cometiendo menos que los demás. Pero aun así lo más probable es que no logremos librarnos de los memes de los que somos rehenes. Nos importan demasiado. 

Bote a los políticos

La crisis del sistema socialdemócrata parece estar afectando seriamente al casi perfecto bipartidismo que hemos sufrido desde que el tándem PSOE-PP se alterna en la poltrona presidencial. Según la última encuesta del CIS, los populares aventajarían a los socialistas en 5,5 puntos, pero mientras que los primeros siguen descendiendo y sólo obtendrían el 32,1% de los votos, los segundos han alcanzado su mínimo absoluto, el 26,6% de los votos, e incluso algunos análisis de los datos concluyen que para ambos la intención directa de voto ha marcado su mínimo histórico. Por supuesto, el PSOE, el gran perjudicado de la encuesta, ha acusado al CIS de manipulación. ¡Alfredo! La cocina es la cocina y algunas veces el cocinero hace comidas indigestas, pero después de cómo cocinaste las tuyas, qué menos que un poco de manga ancha con las ajenas.

Por otra parte, los comunistas de IU aparecen anclados en el 11,3%, quizá lo máximo que pueden rascar de los socialistas mientras sigan apoyando y optando por la violencia y la algarada que tanto gusta a la extrema izquierda, y UPyD, el partido que dirige y presenta Rosa Díez, que sube hasta el 9,2%, convirtiéndose en una seria competencia tanto para populares como para socialistas ya que, aunque debería tender a dañar a los últimos, socialdemócratas hay en los dos partidos mayoritarios, y para algunos esta Rosa parece ser más interesante que el capullo socialista o la gaviota pepera. Los nacionalistas de todas las naciones se mantienen en su línea, unos suben y otros bajan, y esperan con interés, bien la independencia, bien el trinque habitual en forma de cuotas de poder… De poder meterse en la cartera de los ciudadanos de todo rango y condición, me refiero.

En esta encuesta no se ha contabilizado el efecto que podrían tener tres nuevas formaciones; por una parte, una iniciativa de izquierdas que apadrina Pablo Iglesias, "Podemos" (vaya nombrecito), que podría tocar los mayores de Cayo Lara si es que no se alían al final. Por otra, Ciudadanos, que tendría un lugar similar al que ocupa UPyD y que mide sus fuerzas a nivel nacional por primera vez en las elecciones al Parlamento Europeo de este año. Y por último, Vox, que si hace algo es tocar al PP por la derecha más que por el centro gallardonil, pero que sobre todo va dirigido a los votantes/militantes cabreados con Rajoy y su política aparentemente antiterrorista, el aborto y algunos otros temas peliagudos.

Lejos y sin muchas posibilidades estaría el P-Lib. Queridos liberales-políticos, si queréis que se os vea deberíais buscaros un enemigo poderoso, tocadle donde más le duele, sí, ahí, donde todos hemos pensado, que os nombre un día sí y otro también, y no esperéis sacar muchos votos con el programa, por muy racional y coherente que sea, que en España se vota más contra alguien que a favor de, buscad esos votos y, ¡por Dios!, no hagáis vídeos defensivos diciendo quién es o no liberal, como si se os conociera en todo el suelo patrio. La indiferencia es lo contrario del amor/odio y sois indiferentes a ojos del poder y de casi todos los medios de comunicación mayoritarios y, por tanto, del votante.

Así que todo apunta a que, posiblemente, las próximas generales darán un Congreso y Senado de lo más atomizado. Dicho esto, surge la pregunta: ¿es todo esto bueno para la convivencia democrática y la viabilidad de la economía española y, en general, para los bolsillos de los ciudadanos? Pues no sé, pero se me antoja que poco, aunque la esperanza es lo último que se pierde. Se pueden hacer coaliciones de todos los colores, incluso combinarlos en mezclas que harían las delicias de un pintor impresionista hasta arriba de LSD, pero desgraciadamente, ninguno de ellos está por reducir el tamaño del Estado, desregular la economía, no endeudarnos más, devolver poder a los ciudadanos, no inmiscuirse en la vida de éstos en forma de educación y cultura politizada, dejar de adoctrinar a los hijos ni pretender dejar de crear la moral de lo políticamente correcto, y algunos incluso se apuntan a una nueva subida fiscal y a la nacionalización de todo lo relevante.

Por el contrario, están más preocupados en dejar claro qué competencia tiene ésta o aquella administración, en peleas políticas que poco tienen que ver con el interés del ciudadano, en todo caso con su bolsillo, en mover todo para que todo se quede como está. Están muy preocupados por la corrupción de los demás y nada por la propia, si no es para decir que son inocentes, y en el fondo da lo mismo porque ésta se origina por la propia naturaleza del sistema y, lo que es más preocupante, por la moral subyacente en la sociedad española.

Los políticos no son una raza aparte, forman parte de la sociedad y tienden a comportarse como lo suele hacer la mayoría. Puede ser que el poder y el dinero muevan más canallas hacia ciertos círculos, eso ocurre en todos los países, pero el resto, los que no son canallas, suelen estar más vigilantes y no se les va la fuerza en algaradas, sino que actúan y denuncian, y las consecuencias de estos actos son muy duras. En España, desgraciadamente, las movilizaciones se suelen realizar para cambiar al ocupante de la poltrona, no la naturaleza del sistema y el poder judicial es un subproducto de la partitocracia. Los nuevos partidos no han dicho nada nuevo, nada "evolucionario", que no revolucionario, sólo se han quejado y tengo la sensación de que traerán más de lo mismo sin solucionar lo que ya hay. Aquí nadie parte la baraja, por el contrario, juegan y mucho, con dinero ajeno.

Algunos amigos me preguntan que por qué no voto, por qué incluso no voy al colegio electoral y voto en blanco si no me gusta ninguna de las opciones. Mi respuesta es para qué. Qué soluciono con introducir uno o dos papeles en una urna. Si me decido por algo fuera del sistema, no se presenta, si se presenta pero no obtiene representación, no sirve de nada, si obtiene representación, pero no es mayoritario, es una boca que alimentar a costa del dinero público que nada puede hacer contra los grandes partidos que terminan controlando casi cualquier coalición y si es uno de los grandes partidos, entonces no estaría escribiendo esto porque estaría a favor del sistema. No vote políticos, bote políticos, es más sano.

Bienes económicos: tiempo, riesgo y normas

Los bienes económicos pueden ser clasificados según múltiples atributos: físicos (materiales) o intangibles (inmateriales); presentes o futuros; duraderos (resistentes, estables) o no duraderos (frágiles, inestables, se deterioran por sí solos o se desgastan con el uso o consumo); cercanos o lejanos; muebles o inmuebles; fraccionables o no; seguros o con riesgo o incertidumbre; originales, intermedios o finales (en la estructura de producción y consumo); directos (para uso) o indirectos (para intercambio); específicos o genéricos (para múltiples usos posibles); complementarios o sustitutivos en relación a otros bienes; de uso o consumo rival (no posible por varios agentes a la vez) o no rival; de exclusión fácil o difícil; públicos o privados; con altos o bajos costes de transporte, almacenamiento, mantenimiento, transacción y protección contra el robo; su uso puede requerir mayor o menor pericia; manipulables o transformables de forma controlada con mayor o menor facilidad; fungibles o no; más o menos fáciles de distinguir y falsificar; de mayor o menor calidad; más o menos exclusivos, de oferta más o menos escasa en relación con su demanda; según su relación entre flujo y existencias; bienes posicionales o no; bienes red o no; según sus externalidades positivas o negativas; regulados (sujetos a diversas normas) o no; contractuales o no; condicionados, contingentes, o no; primitivos o derivados; únicos o repetibles; de valoración más o menos invariante respecto a distintos cambios posibles (sujeto, espacio, tiempo, cantidades, posición de comprador o vendedor).

La producción, el uso o consumo y la disposición de los bienes económicos tienen componentes o dimensiones espaciales (localización, distancia) y temporales (duración), están afectados por riesgo e incertidumbre y tienen restricciones y condicionantes jurídicos (leyes y normas, que pueden cumplirse o no).

La acción humana y los procesos naturales transforman unos bienes en otros: los bienes se crean, se modifican, son destruidos (o consumidos); aparecen, persisten y desaparecen; algunos bienes son duraderos, otros se degradan o estropean más o menos deprisa. Para usar o manipular los bienes físicos suele ser necesario estar cerca de ellos, poder controlarlos y recibir los servicios que proporcionan. Espacio y tiempo están relacionados según la velocidad de movimiento: un bien existente lejano sería semejante a un bien futuro en el sentido de que es necesario un tiempo de desplazamiento (además de los costes de transporte) del bien o del usuario para disfrutarlo.

En una estructura económica algunos bienes pasan por distintas fases temporales y productivas mientras van siendo transformados de materias primas originales a bienes intermedios (semifacturados), bienes de capital o de producción (máquinas, herramientas, locales) y bienes finales de consumo; y van siendo distribuidos, movidos o transportados en el espacio desde la naturaleza a fábricas, almacenes (logística), comercios (mayoristas o minoristas) y domicilios. Los bienes indirectos, como el dinero, se utilizan para ser intercambiados por otros bienes o servicios.

Los bienes son valiosos por los servicios que prestan o las funciones que realizan: son útiles. Los bienes finales, directos y presentes, son valiosos subjetivamente por cómo satisfacen algún deseo o necesidad; los demás bienes se valoran por cómo se espera que contribuyan a producir o conseguir bienes finales, o porque dan derecho a recibir algún bien (final o no), siempre teniendo en cuenta (descontando, aplicando un tipo de interés) la preferencia temporal (presente mejor que futuro) y la aversión al riesgo e incertidumbre (seguro mejor que arriesgado, cierto mejor que incierto). Los valores esperados son estimaciones que pueden estar equivocadas o no cumplirse por distintos motivos: fallo técnico en un proceso de producción; error empresarial sobre la demanda de un bien (cantidades y precios de venta); impago de algún derecho de cobro.

El uso de los bienes está regulado mediante leyes generales, derechos de propiedad y normas contractuales específicas. Las diferentes reglas explicitan obligaciones (deberes, compromisos), prohibiciones y derechos (positivos o negativos, opciones). Los agentes económicos son titulares de derechos de propiedad sobre los bienes y pueden emplearlos con diversas restricciones legales, intercambiarlos (compraventas), cederlos temporalmente (alquiler, préstamo) o realizar otras transacciones o contratos mercantiles, comerciales o financieros, primitivos o derivados (futuros, opciones de compra y venta, permutas financieras), relacionados con su entrega y recepción en diferentes condiciones de cantidad, calidad, distribución, presentación, espacio y tiempo. También es posible realizar contratos sobre diferentes servicios o acciones a realizar.

Una cosa es el bien o cosa física, y otra el derecho de propiedad sobre su uso y disfrute, que también es un bien al proteger o asegurar legalmente dicho uso y disfrute: es posible emplear un objeto cuya posesión es ilegal, pero en una sociedad con un sistema policial y judicial adecuado este aprovechamiento resulta efímero y muy costoso (pérdida de lo robado, castigo, pago de compensaciones). Algunos bienes son de propiedad individual, otros de propiedad compartida, la cual requiere alguna regulación entre los múltiples dueños para evitar conflictos por incompatibilidad.

Algunos bienes son derechos legales o contractuales. Ciertos bienes son derechos sobre la participación, gestión y recepción de posibles beneficios de grupos humanos, empresas o proyectos colectivos (acciones, ciudadanía). También existen derechos de cobro o recepción de ciertos bienes determinados (deudas, obligaciones): acreedor de deuda monetaria; dueño de un contrato de futuro. La emisión de bienes futuros contractuales tiene costes múltiples: costes de transacción para llegar al contrato (búsqueda e investigación del crédito de las partes, negociación de condiciones y precios, formalización contractual); costes de documentación o certificación; costes de las obligaciones que implican los contratos.

La deuda es para el acreedor un derecho de cobro exigible mediante reclamación al deudor en cualquier momento (préstamo a la vista) o al cumplirse un plazo predeterminado: es una promesa del deudor de entregar bienes al acreedor en el futuro (o en cualquier momento presente si se trata de deuda a la vista). Un agente económico puede prestar un bien si la compensación recibida (teniendo en cuenta la preferencia temporal, el posible deterioro del bien y el riesgo de no devolución) es mayor que la conveniencia de disponer de su uso libremente en cualquier momento (teniendo en cuenta los costes de mantener la posesión del bien).

Algunos bienes son derechos que dependen de alguna contingencia, como un boleto para un sorteo, un seguro médico, un seguro de vida; ciertos bienes ejercen como prendas, colaterales o garantías, y pueden perderse por algún incumplimiento contractual. Algunos bienes están condicionados legalmente por decisiones ajenas, como el reparto de dividendos y las decisiones de gestión de una sociedad, los bienes recibidos en préstamo con opción de recuperación por el acreedor, o los bienes sobre los cuales otro agente posee una opción de compra (que puede ejecutarse o no).

Los bienes o activos financieros (acciones, deuda, seguros, derivados) suelen ser transferibles mediante negociación a precios variables en mercados secundarios: pueden intercambiarse por bienes presentes vendiéndolos en mercados secundarios (en el caso de la deuda, en lugar de esperar el plazo de amortización), pero el valor obtenido es a priori indeterminado (no tiene por qué ser el valor facial o nominal). La deuda a la vista es especial porque siempre se tiene derecho a reclamar ya una cantidad de dinero determinada, no sujeta a negociación.

Algunos bienes están en reserva (existencias) y otros están siendo utilizados. Si un agente posee un bien existente que no usa o necesita constantemente y quiere prestarlo pero manteniendo el derecho sobre la disponibilidad del bien en cualquier momento, puede prestarlo a la vista (o con un plazo predeterminado pero con opción permanente de recuperación, o con un plazo muy corto y renovación automática salvo declaración en contra). No hay conflicto entre dos individuos usando de forma incompatible el mismo bien simultáneamente: el prestatario dispone del bien hasta que se lo reclamen (o mientras que no se lo reclamen); el prestamista dispone del bien en cuanto lo reclame. Los receptores que quieran garantizar la disponibilidad más tiempo deben contratar por el plazo deseado y no ceder la opción de recuperación.

En teoría monetaria y financiera suele hablarse de bienes presentes y futuros. Un bien puede ser presente en el sentido de que existe aquí (no ausente) y ahora (no futuro), puede controlarse y se tiene derecho a usarlo. Algunos bienes son presentes y futuros a la vez en el sentido de que son persistentes en el tiempo, son utilizables ahora y se espera que sigan siéndolo en el futuro porque no desaparecen al ser empleados. Algunos bienes son persistentes pero se extinguen al ser consumidos (ciertos alimentos y formas de energía). Un bien puede ser futuro porque aún no existe, aún no se controla o disfruta, o aún no se tiene derecho sobre él; en este último sentido el bien futuro es resultado de un contrato que da derecho a recibir un bien en el futuro; es un derecho existente y conocido en el presente, pero sólo exigible o ejecutable algún momento futuro.

Sin embargo esta denominación sólo resalta la componente temporal y no diferencia, resalta o explicita el factor riesgo, y tiempo y riesgo son fenómenos relacionados pero diferentes. Los derechos a recibir bienes no sólo tienen componente temporal (necesidad de esperar), también tienen componente de riesgo (posible incumplimiento). Son bienes inseguros o inciertos, condicionados al cumplimiento por el deudor de la promesa realizada. El derecho puede madurar o ser a la vista o ya inmediato (sin componente temporal) pero el riesgo de impago aún existe: no es lo mismo tener ya un bien que tener ya el derecho a recibir ese bien ya de otro agente, porque la otra parte puede no cumplir con su deber de entrega o provisión (porque no quiera o porque no pueda).

Casi todos los activos financieros son bienes contractuales futuros; sin embargo algunos son exigibles en todo momento por una cantidad de dinero o bienes previamente especificada, como el depósito a la vista o las opciones de compra o venta ejecutables a la vista (durante su plazo de vigencia), que están determinadas en cantidad de dinero a cambio del bien correspondiente. El depósito a la vista es un derecho mantenido en reserva para ejecutarlo cuando se desee, y además tiene la utilidad presente de poder emplearse como medio de pago generalmente aceptado, transfiriendo el derecho por su valor nominal en lugar de dinero en sentido estricto.

El dinero mercancía que surge espontáneamente en el mercado libre es un bien físico presente indirecto. Es una institución social que no depende de ningún acuerdo o consenso legal y no da derecho a exigir nada: su valor depende de que sea aceptado voluntariamente de forma generalizada como medio de intercambio.

El depósito o billete bancario a la vista es un bien contractual presente con riesgo: es deuda de dinero (un derivado monetario), con componente temporal potencialmente nula (salvo el tiempo de reclamar y recibir la devolución, a partir de cualquier momento el prestamista no tiene por qué esperar más), pero riesgo de impago (normalmente casi nulo, ya que si no no sería un medio de pago generalmente aceptado).

El dinero recibido por el banco en un depósito a la vista es un bien presente pero de disponibilidad condicionada, sujeto a la posible obligación de devolverlo en cualquier momento (y si ese dinero ha sido a su vez prestado, con el riesgo de no recuperarlo). El depósito a la vista (y el billete convertible) es para el cliente un bien presente con riesgo: es un derecho presente sobre un bien presente (dinero) pero con la posibilidad de impago; el impago impondría una componente temporal, la espera por reestructuración de la deuda o el proceso de liquidación del banco.

La Pirámide del Gobierno

 “Es difícil imaginar una manera más estúpida o peligrosa de tomar decisiones que poniendo esas decisiones en las manos de gente que no pagan ningún precio por estar equivocados”.

Thomas Sowell.

Cuando el científico David Kritchesky afirmó en los años 80 que “en América no tememos más a los comunistas o a Dios, tememos a la grasa”, reveló una verdad profunda. La América de Ronald Reagan, mientras asistía al desmoronamiento del Muro de Berlín, cimentó las bases grasofóbicas de una de las más poderosas creaciones del Gobierno americano: su Pirámide.

Mientras la oveja Dolly marcaba uno de los grandes hitos de la ciencia de finales del siglo pasado y la gran voz de Freddy Mercury se apagaba para siempre, la página de nuestros calendarios señalaba que nos encontrábamos en 1991. La nueva religión del bajo en grasas y alto en carbohidratos ya por aquel entonces daba cabida en su credo a la inmensa mayoría de estadounidenses y occidentales, especialmente tras la publicación de los textos sagrados de los Dietary Goals en 1977 por parte del Gobierno.  Que aquellos Dietary Goals se promulgaran, por cierto, seis días antes del traspaso de poderes presidenciales de Gerald Ford a Jimmy Carter tuvo un doble significado: el oficial cambio radical de paradigma nutricional y un trágico consenso de republicanos y demócratas por implantar la nueva fe pagana.

En aquel proceso de implantación gubernamental, 1991 fue un año importante. Y lo fue porque el Departamento de Agricultura de EEUU (en adelante, el USDA) comenzó a diseñar lo que sería el fruto más acabado de aquella gesta intervencionista: la Pirámide Alimentaria.  Para aquella tarea, el entonces gobierno de George H. Bush había designado a Edward Madigan como cabeza de la Secretaría de Agricultura. Tal como cuenta Denise Minger en Death by Food Pyramid, como si de un elefante en una cacharrería se tratara, Madigan entró en el cargo sólo dos semanas después de conocer a través de la prensa que el USDA tenía la tarea de reformar la primera pirámide provisional promulgada ese mismo año.

En el fondo, la mera idea de que había que reformar aquella primera pirámide alimentaria sólo producía sospecha: probablemente los lobbies estaban detrás. Como era de esperar,  la Asociación Nacional del Ganado se sintió maltratada por ocupar un muy pequeño hueco en la Pirámide. La industria láctea, otro tanto. Visualmente, mientras la carne y los productos animales parecían quedar relegados al cuarto de atrás que nadie enseña de la casa, los cereales disfrutaban del espacio del salón-comedor principal.

Pocos días antes de que Madigan se reuniera con la industria de la carne, el New York Times añadía más leña al fuego atacando a los productos animales. El fervor grasofóbico de la masa americana se crecía por momentos, y los lobbies pro vegetarianos se hicieron fuertes solicitando la eliminación de la carne por completo de la Pirámide. En medio de aquel partido, había algo que sin duda le resultaba evidente al ciudadano medio: el Gobierno parecía antes rehén de los grupos de presión que servidor del pueblo americano.

Pero el problema real era de partida. Como afirma Marion Nestle en su libro Food Politics, “el USDA es el responsable de la agricultura. Ése es su trabajo. La nutrición no es su trabajo”.  Poco después, Nestle recibió múltiples cartas anónimas de trabajadores del USDA que confirmaron que aquella pirámide estaba siendo confeccionada por los grupos de presión.

Después de un año, cientos de borradores de la nueva pirámide y casi 1 millón de dólares de los contribuyentes, se lanzó al mundo entero la nueva pirámide alimentaria del USDA. Era abril de 1992. Realmente la nueva no difería mucho de la anterior: espaguetis en lugar de macarrones, un tipo de queso algo distinto y la eliminación del cartel ‘Come correcto’ por petición de la compañía Kraft que usaba aquel eslogan.  Es decir, cambios cosméticos que podría haber hecho un niño de 5 años en pocos minutos. Pero el sermón no cambiaba en lo fundamental: la Tierra Prometida estaba pavimentada no de asfalto, sino de cereales.

Aquella pirámide fue sin duda algo: un inequívoco triunfo del proceso político, que acabó con la variante anterior y de paso con la salud de millones de occidentales. El nuevo menú que prometía pantalones de menor talla y arterias más limpias no dejó, sin embargo, de cosechar críticas. Candy Sagon del Washington Post afirmó que “Los egipcios construyeron pirámides para las personas muertas. Ahora, el USDA elige la pirámide como guía alimentaria. ¿Hay aquí un mensaje?”. Cuando en 1994 el Journal of American Dietetic Association pretendió ayudar a los norteamericanos a poner en práctica aquella pirámide alimentaria, le hizo un flaco favor al USDA y al propio Gobierno: aquella terrible pirámide resultaba cualquiera cosa menos racional. Las patatas fritas o el ketchup contaban como vegetales. Aquel ridículo público consiguió que muchos nutricionistas se dieran de baja de aquella revista científica empeñada en seguir los dictados absurdos del Gobierno.

No obstante, cualquier intento de resistencia fue inútil. La nueva religión del bajo en grasas alto en carbohidratos simbolizada bajo el estandarte de la Pirámide del Gobierno tuvo un marketing arrollador. Y no era para menos: contaba con el pozo sin fondo de los bolsillos de los contribuyentes para financiarse. Como un consumidor proclamó en un grupo de estudio de los Dietary Guidelines: “La pirámide alimentaria fue parte de mi vida cuando crecí. Estaba en mi cabeza cada vez que elegía un alimento”. Desde etiquetas de alimentos, juegos infantiles, posters…, la victoria ideológica de la Pirámide se gestó a base de omnipresencia. Incluso las escuelas fueron obligadas a enseñar como el Padre Nuestro aquella Pirámide antes de pasar por la cafetería con pizzas y pasteles de manzana.

El nuevo proyecto de ingeniería social, hecho más a base de carbohidratos y política que de otra cosa, llegaba para quedarse. Pero el proceso había comenzado antes de que se pusiera la primera piedra de la nueva Pirámide. Mucho antes.

@AdolfoDLozano/ www.juventudybelleza.com

FEMEN: la libertad del liberticida

En los últimos meses el escaparate social español se ha visto salpicado por mujeres activistas que protestan ante iglesias o esperando a algún personaje público, religioso o no, a la puerta de una institución para, con el torso desnudo y pancarta en ristre, gritar y acosar al elegido. Son las FEMEN. Este movimiento de origen ucraniano tiene solamente seis años de vida. Su objetivo era protestar por el turismo sexual en Ucrania y las agencias matrimoniales internacionales y, de paso, atacan también las instituciones religiosas que, en su opinión, minusvaloran y discriminan a la mujer. En nuestro país se han centrado en la defensa del aborto. Y han protagonizado la irrupción en iglesias en medio del culto, y acoso a determinadas personas por la calle, entre otras cosas.

Como punto de partida quiero dejar claro que su propuesta de introducir la responsabilidad criminal en el uso de servicios sexuales me parece mal, la prohibición de las agencias matrimoniales internacionales, también; los métodos de protesta que pasan por el vandalismo (derribar una cruz erigida en homenaje a los católicos muertos en la represión soviética) o el allanamiento de la propiedad privada, también me parecen más que reprobables.

Pero una vez dicho esto, creo que el ejemplo de las FEMEN sirve para reflexionar acerca de una característica de algunos liberales "a la carta" que, probablemente por la indignación natural que les producen estos hechos, se dejan llevar, en mi opinión en extremo, por sus sentimientos. La reflexión me parece relevante porque ese "dejarse llevar" termina enquistándose y pasa a pervertir la esencia de lo que para mí y para otros muchos es el liberalismo: la defensa de la libertad y la responsabilidad individual.

Ayer un grupo FEMEN esperó a monseñor Rouco Varela a las puertas de un edificio institucional y cuando salió del coche, se le acercaron, le gritaron "El aborto es sagrado", y le lanzaron una prenda de ropa interior femenina manchada supuestamente con sangre. La razón es la postura antiabortista de la Iglesia Católica, representada en ese momento, por monseñor Rouco. A raíz del vídeo que acompañaba la noticia dejé la siguiente reflexión en mi página de Facebook: Me sigue pareciendo no violenta la protesta mostrando el pecho y gritando. ¿Irreverente? Sí. Pero violento, no. Por supuesto, no faltaron quienes, impedidos para razonar por motivos que no conozco, pasaron del ataque directo e indiscriminado a la sorna acerca de la prenda de ropa interior exhibiendo tan mal gusto como las propias FEMEN. Pero muchas personas aportaron argumentos muy interesantes que son los que me llevan a esta reflexión.

  • Si gritar cerca de alguien es acoso y, por tanto, violencia, también lo es hacerlo con un asesino.
  • Si las FEMEN deberían irse a La Meca a defender los derechos de las mujeres islámicas, el Instituto Juan de Mariana, probablemente conmigo a la cabeza, de la mano de Juan Ramón Rallo, Raquel Merino y demás, debería abrir una sede en Corea del Norte e ir a la puerta del palacio presidencial de Kim el Sanguinario a afearle la conducta y proponerle un modelo de gobierno "realmente liberal". Nótese que protestaron contra el trato a la mujer en el Islam en los Juegos Olímpicos de Londres.
  • Si cualquier símbolo religioso debe ser respetado públicamente porque eso no es libertad de expresión sino atentado a las creencias de muchas personas, también ha de protegerse la imagen de Mahoma, poniendo encima de la mesa, además, que son 1300 millones de fieles, menos que los cristianos, pero más que los católicos. Así que deberían retirarse, si seguimos este criterio, las caricaturas de Mahoma del ámbito público.
  • Si lanzar ropa interior a alguien es violencia, deberían detener a las mujeres que lanzaron sujetadores a Jesulín de Ubrique en una famosa plaza de toros o a las niñas que lanzan todo tipo de prendas a sus cantantes favoritos desde los tiempos de Los Beatles. Porque, si bien la sonrisa de esos cantantes, toreros y demás ídolos de juventud, al recoger las prendas, y su "Gracias. Os quiero" mirando al auditorio, indican que están encantados, no sé si juzgar el hecho por la intención es muy correcto, y tampoco sé si esas adolescentes sabían a ciencia cierta que sus acciones serían bien recibidas, o si Bisbal o David Summers han sentido repugnancia alguna vez ante tal espectáculo.

Como conclusión, sigo manteniendo mi afirmación: gritar y desnudarse no es violencia. Y defender el derecho a protestas no violentas de un grupo de mujeres liberticidas garantiza que hay sitio para la libertad en mi país. Asegura que caben todas las protestas no violentas. Pero además, aunque creo que las protestas violentas no deben permitirse, en general, me parece que generalizar cualquier acto que provenga de un grupo como FEMEN es muy peligroso, y no es saludable.

Y tengo que decir que han sido actos violentos los que han acabado con muchos tiranos. La violencia civil contra la violencia política es algo sobre lo que queda mucho por pensar.

Inmigración (VII): hacer lo correcto

"No hay suficientes canales legales abiertos para aquellos que quieren migrar y cuyo trabajo puede ser requerido". Brunson McKinley.

"El verdadero debate es entre aceptar y negar la realidad. La raíz del problema es que demasiados extranjeros han estado persiguiendo demasiadas pocas visas". Álvaro Vargas Llosa.

"Permitir más inmigrantes legales, curiosamente, podría reducir el número de inmigrantes totales". Steve Chapman.

 "Los procesos migratorios son de naturaleza a largo plazo, mientras que el ciclo de la política es esencialmente a corto plazo y, a menudo, determinado por la duración de los periodos electorales". Stephen Castles.

"Cargar una tarifa (de entrada) sería una manera mucho más eficiente de controlar la migración que el uso de cuotas y otros sistemas de control burocrático". Gary Becker.

El actual régimen migratorio impide que la mayoría de las personas honestas y trabajadoras de otros países que quieran mejorar su situación puedan hacerlo legalmente. El fenómeno de la migración por el mundo es pertinaz porque existen detrás poderosas motivaciones. Los trabajadores no especializados tienden a ser menos en las naciones desarrolladas, mientras hay abundancia de ellos en los países no desarrollados. Por desgracia, la inmigración clandestina es actualmente mucho más eficiente que la legal porque esta última no responde a las verdaderas necesidades de la economía y, con sus numerosos y prolongados trámites, tiende a la escasez. Ésta es consecuencia de la planificación burocrática.

Una alternativa para mitigar los flujos migratorios sería intensificar los intercambios comerciales y suprimir todo tipo de barreras de entrada a los productos provenientes de los países exportadores de mano de obra. Permitir decididamente la especialización de los países en vías de desarrollo es una buena opción, pero es insuficiente. La inmigración sigue siendo necesaria.

Ésta hace posible que la mano de obra se acerque al capital. Reduce, por tanto, la miseria de los más pobres. El proceso inverso –el trasladar el capital hacia donde se encuentra la mano de obra abundante- no es fácil ni inmediato en nuestra presente semi-globalización. La seguridad jurídica e institucional necesarias para ello es difícil de lograr y sostener en buena parte de los países en vías de desarrollo.

Como ha dejado escrito el analista del Cato Institute, Alex Nowrasteh, toda la seguridad del mundo no podrá separar a los trabajadores migrantes con determinación de llegar adonde están las oportunidades económicas. Es necesario, por tanto, realizar un acercamiento más realista y flexible al fenómeno de la movilidad internacional de trabajadores por parte de los gobiernos de los países de acogida.

Los políticos deberían dejar de centrar los debates en si "amnistiar", encarcelar o deportar a los "ilegales" y enfocarse en tomar medidas razonables e inmediatas para dejar de engordar su número. La historia, además de la economía, sugiere que la mejor manera de hacerlo es facilitando más canales legales para acoger a los trabajadores extranjeros. Por increíble que parezca, los inmigrantes prefieren vivir de forma legal antes que en la economía sumergida, donde apenas pueden mejorar sus condiciones de trabajo, donde no tienen acceso al crédito, no pueden aumentar su productividad y donde se enriquecen injustamente a su costa los traficantes humanos y los falsificadores de documentos.

Consecuentemente, se debería regularizar (no amnistiar) la situación de millones de inmigrantes en situación irregular (mal llamados "ilegales") que estén ya trabajando de facto y viviendo entre nosotros a cambio de que abonen una tasa razonable y pasen los necesarios filtros por motivos de seguridad. También, para evitar tener que regularizar la aparición de nuevos "ilegales" en el futuro, lo más sensato sería tumbar las regulaciones contraproducentes así como flexibilizar los costes burocráticos y, por tanto, facilitar considerablemente en los países prósperos la concesión de visados o permisos de trabajo. Hoy día son desesperantemente escasos los otorgados por las autoridades. De esta forma, se ampliarían los canales legales para entrar en un país y se canalizarían a los inmigrantes hacia el mercado legal, mejorando su situación jurídica y reduciendo su explotación por mafias o empresarios sin escrúpulos. Se impulsaría asimismo la inmigración circular o de retorno ya referida en otro comentario anterior.

Los políticos y burócratas han de entender que para combatir la existencia de cualquier mercado negro se ha de reducir irremediablemente los costes de la legalidad. No integrar a los inmigrantes en el mercado legal cuesta a la sociedad en su conjunto mucho más que mantenerlos en la clandestinidad.

Esto no excluye, por supuesto, el hacer el debido y necesario control por parte de las autoridades por motivos de seguridad y de prevención de entrada de criminales en el país de acogida. Dichas medidas no solo serían políticamente correctas sino moral y económicamente acertadas.

Pero reducir los costes de entrada no quiere decir en absoluto convertir la legalidad de inmigrar en gratuita ni en automática. Debiera establecerse un mercado de derechos de inmigración y desmantelar buena parte de las disposiciones restrictivas a la inmigración que existen en la actualidad decretadas desde los diferentes gobiernos centrales. La solución radical propuesta por Gary Backer me parece la mejor alternativa al embrollo de reglas de racionamiento que tenemos en la actualidad. Es decir, debemos pensar en la inmigración como un mercado y, por tanto, ante el exceso actual de demanda por entrar en los países ricos debería subir el precio del acceso a las ventajas que éstos ofrecen.

De hecho, existe desde hace tiempo la práctica asentada en muchos Estados de vender derechos de residencia a los ricos extranjeros. Tenemos en España experiencia reciente en aprobar el otorgamiento de permisos de residencia a extranjeros condicionados a que compren inmuebles por un importe determinado. Esto no significa ni mucho menos que se deba de desembolsar siempre semejantes cantidades. Bastaría con poner un precio suficientemente elevado, pero asequible, para poder tener derecho a la entrada legal en el país de acogida; una cantidad suficiente para poner en valor el derecho a inmigrar pero no excesiva para lograr expulsar a las mafias del mercado. Al fin y al cabo el inmigrante ya paga un precio nada despreciable a mafias y falsificadores de documentos ante la desesperante escasez de medios para entrar legalmente. No se trata del precio sino de a quién ha de pagarse.

El monopolio de entrada legal a cada país lo tiene actualmente en exclusiva su gobierno nacional por lo que puede modular el precio hasta hacer muy poco atractiva la entrada ilegal concurrente. Con ello se lograrían dos objetivos simultáneos: disminuir el volumen de inmigrantes ilegales y dotarse de una fuente de ingresos para el Estado con la que poder reducir la presión fiscal a los nativos contribuyentes.

Si a algunos les pareciera inaceptable establecer tarifas de entrada al inmigrante sin recursos y sin posibilidad de financiarse, para estos casos se podrían retomar los programas de "trabajadores-huéspedes" o de trabajadores temporales que existieron en pasadas décadas pero adaptados a las necesidades actuales para lograr una solución satisfactoria para la seguridad y el control de sus flujos. Estos programas deberían regirse por los siguientes principios: todos los trabajadores extranjeros con intención de residir más de un cierto número de meses en un país debieran ser rápidamente provistos de documentación de identidad, los permisos de residencia debieran ser, al menos inicialmente, de corto plazo y fácilmente renovables, el estatus legal del trabajador temporal debiera ser semejante al del turista que reside temporalmente en el país de acogida (es decir, no debiera ser un camino automático para la ciudadanía ni para la obtención de derechos sociales), debiera evitarse una onerosa burocracia y no permitir la gestión gubernamental del mercado de trabajo migrante sino la participación al sector privado en las labores de colocación. El trabajador temporal debiera depositar al inicio una fianza a la entrada que fuese reembolsable a la salida (una vez comprobado que ha cumplido con todos los requisitos del programa de "trabajadores-huéspedes" y demás leyes del estado de acogida), los trabajadores temporales debieran buscarse un empleador/patrocinador (o, en su caso, su sustituto cuando terminen su anterior empleo) en un periodo de tiempo razonablemente corto (caso de no encontrarlo debiera dejar el país y recuperar su fianza) y, por último, debieran aplicarse penalizaciones (económicas y/o prohibición de entrada futura) para aquellos que no cumplan con el programa de trabajo temporal pues no habría justificación para trabajar fuera del sistema, especialmente el que tiende o favorece la libre entrada.

Además, si los sindicatos están de verdad preocupados acerca de los abusos que sufren ciertos trabajadores inmigrantes temporales, la solución sería defender que los visados sean portables y no estén ligados a un empleador concreto para que así el trabajador extranjero tenga poder de negociación ante el empleador y no se vea atado a él.

Sea cual sea el mecanismo elegido para flexibilizar las fronteras y liberalizar las leyes de inmigración, sería absolutamente necesario adoptar otra serie de medidas complementarias, como se tratarán en comentarios posteriores, para evitar que se exacerben los conflictos con los nuevos llegados o que el temor de los nativistas a una "avalancha" se vea alimentado. Se tendría, pues, que: restringir en todos los casos a los recién llegados el derecho a los beneficios de cualquier ayuda social hasta que no se haya contribuido, al menos, un número suficiente de años; se deberían abandonar las políticas de multiculturalismo y de discriminación positiva, también se debería limitar mucho más el derecho de voto a elecciones generales –no así a las locales- hasta cumplir una serie de requisitos. Se deberían enfocar finalmente los recursos existentes, tanto de los agentes de frontera como de los encargados del orden público, en evitar actuaciones realmente delictivas (y no desperdiciarlos como ocurre en la actualidad en perseguir y detener a "ilegales" como si fueran delincuentes). Todo ello sería imperfecto pero mucho mejor que, tal y como denuncia Bryan Caplan, tratar a los inmigrantes peor que a los extranjeros.

Asimismo se debería dar participación en la decisión de entrada de trabajadores extranjeros a las entidades administrativas locales y municipales, más cercanas al ciudadano, que son las que más directamente se ven afectadas con la llegada de foráneos, aunque sólo sea para acordar con ellas la dotación de recursos necesarios para el mantenimiento de infraestructuras básicas o para garantizar el orden público. Hoy en día la competencia sobre asuntos migratorios está atribuida con muy pocas excepciones y en exclusiva a los gobiernos centrales. Esto debería cambiar: las administraciones locales deben participar también en dicha gestión como ocurre ya en la actualidad con Canadá.

Ciertamente, para desactivar los terrores nativistas, sería muy recomendable también establecer inicialmente topes de entrada de trabajadores extranjeros mucho menos estrictos que los actuales; pero topes a fin de cuentas. El propio Hayek desaconsejaba una llegada masiva y repentina de inmigrantes a un país concreto porque daría pie a reacciones nacionalistas descontroladas y peligrosas. Una cosa es ser liberal y proclive a una mayor apertura de fronteras y otra cosa completamente distinta es ser un defensor extremista de una idea sin importar sus consecuencias prácticas. En este sentido, Julian Simon proponía que se estableciera un objetivo para aceptar extranjeros (el 0,5% o el 1% como máximo de la población total en ese momento) para, una vez alcanzado, comprobar si hubieran surgido o no externalidades importantes. Caso de que se verificasen, se frenaría el proceso de apertura de fronteras por un tiempo. Si no las hubiera, se marcarían nuevos objetivos para la aceptación o acogida de nuevos trabajadores foráneos.

Intentar desplazarse para buscar un futuro mejor para sí y para su familia es legítimo y es éticamente irreprochable. Aquellas leyes que establecen cuotas o restricciones excesivas a la inmigración y que, por tanto, convierten en "ilegales" o "criminales" a los trabajadores por el mero hecho de haber nacido en otros lugares son leyes inmorales e injustas. Sólo las acciones pueden llegar a ser ilegales, nunca las personas. Un sistema burocrático que clasifica a las personas como ilegales por su sola procedencia es un sistema fundamentalmente erróneo y precisa ser reformado en su integridad.

Los empecinados defensores del actual statu quo similar a un Apartheid Global de leyes restrictivas de entrada a extranjeros pueden insistir en que éstas siguen siendo ley al fin y al cabo, pero habría que recordarles que a lo largo de la historia del hombre no pocas cosas inmorales o estúpidas fueron leyes como sucedió con la esclavitud, la propia Ley seca o las denominadas leyes de Jim Crow. Recuerdo siempre en estos casos a F. Bastiat que argüía que las leyes, para lograr que sean respetadas, antes que nada han de ser respetables. Cuando hay un desacato generalizado de las mismas (por parte de inmigrantes indocumentados y de nacionales deseosos de contratar con ellos) sin formar parte de un complot es que van en contra la propia naturaleza humana. Los nativistas/restriccionistas a la inmigración pese a ampararse en la ley vigente padecen la misma miopía que tuvieron en su momento los esclavistas, los prohibicionistas del alcohol o los segregacionistas. Ciertamente defendían esas específicas leyes vigentes de su época, pero eran leyes manifiestamente injustas y contraproducentes.

Defender la rule of law no quiere decir defender incondicionalmente cualquier medida que sea aprobada legalmente. Las leyes han de ser, además, legítimas y aquellas que violan derechos básicos de las personas deben ser revocadas como lo fueron en su momento las leyes de esclavitud, las leyes de segregación racial o la 18ª Enmienda de la Constitución de los EEUU.

El profesor de filosofía de la Universidad de Ohio, Mark LeBar, ha expresado el estado actual de cosas de forma meridianamente clara, tal y como hacen siempre los buenos pensadores. La inmigración ilegal es, según este profesor, uno de los pocos asuntos problemáticos de la agenda política actual que realmente se podría solucionar con una varita mágica: legalícese.


Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I,  IIIIIIVV y VI.

Réplica al análisis de Fernando Herrera sobre el Bitcoin

El pasado 23 de enero, el Sr. Fernando Herrera publicaba un artículo con el título Análisis económico básico del Bitcoin (II)” como continuación de otro de su misma autoría publicado con anterioridad.

Si bien el artículo se entiende formulado desde la buena intención, el mismo contiene una serie de afirmaciones y apreciaciones que, desde mi punto de vista, no se ajustan al funcionamiento y las características de la criptomoneda digital, el bitcoin, que intenta analizar.

Así comienza el Sr. Herrera su escrito:

En la primera parte del análisis económico de Bitcoin concluí que su principal característica diferencial con las monedas que han sido aceptadas espontáneamente por la sociedad a lo largo de la historia era su carencia de valor de uso o directo. Desde este punto de vista, Bitcoin es similar a las monedas fiat que utilizamos en el mundo occidental, salvo que carece del apoyo/soporte/obligación de los Estados.

Sería interesante conocer si el euro, dólar, libra esterlina, yen, etc., son consideradas por el autor como “aceptadas espontáneamente por la sociedad” siendo que son monedas de curso forzoso, impuestas por la vía legal y sin alternativa frente a las mismas para los ciudadanos.

El bitcoin sí que es una moneda cuya adopción depende en su totalidad de la voluntad de las personas. Tan solo por ese motivo creo que su aparición debe ser motivo de aplauso para quienes rechazamos las divisas de curso legal forzoso impuestas desde el Estado.

La ausencia de valor de uso de Bitcoin se trata aparentemente de suplir mediante otras características que ha mostrado el dinero históricamente, en concreto dos. Por un lado, la obtención de BTCs se asocia a la dedicación de capacidad de proceso para el funcionamiento del sistema, por lo que es un proceso que consume recursos (lo mismo que la obtención del oro y contrariamente a lo que ocurre con el dinero fiat); por otro lado, el número de BTCs que pueden aparecer en el sistema tiene un límite absoluto, por lo que no cabe la posibilidad de que pierda valor por la vía de aumentar la cantidad.

En mi opinión no puede hablarse de “ausencia de valor de uso” cuando la tienda online de material electrónico TigerDirect.com, propiedad de Systemax Inc., una de las corporaciones que integran el índice Fortune 100, concretó ventas durante las primeras veinticuatro horas posteriores a introducir ese medio de pago en su página web por valor de más de 300 bitcoins (250.000 $ aprox. al cambio del día).

Tampoco creo que quepa argumentar “ausencia de valor de uso” como defecto del Bitcoin siendo que el sitio Overstock.com, uno de los mayores retailers estadounidenses en equipamiento para el hogar, textil y calzado, recibió pedidos de sus clientes por unos 120 bitcoins (130.000 $ aprox. al cambio del día) tan solo en la primera jornada en que se puso a disposición del público esa modalidad de pago.

Y no son esos los únicos casos de grandes empresas que aceptan bitcoins como medio de pago, también tenemos a WordPress, Zynga, Hypebeast o Coastal, además de, por ejemplo, decenas de pequeños comercios del barrio de Kreuzberg en Berlín, quienes aceptan pagos en Bitcoin de manera regular y cotidiana.

¿Puede hablarse de “ausencia de valor de uso” del bitcoin cuando ciudadanos de países como Argentina o Venezuela, afectados por el severo control de cambio de divisas implementado por sus gobiernos, pueden burlar ese cerco y usar bitcoins comprados con moneda local para pagar sus compras en tiendas virtuales de Internet mediante servicios como Bitsumo o Snapcard?

Parece que no cabría atribuirle al Bitcoin “ausencia de valor de uso” considerando que unos 17 millones de habitantes de Kenya pueden recibir remesas de sus familiares en el exterior de forma rápida y barata a través del servicio de billetera bitcoin, Kipochi, que el operador de telefonía móvil Safaricom ha puesto a la disposición de su base de clientes dentro de su sistema privado de pagos M-Pesa.

Respecto al primer punto, se nos dice que los ordenadores “mineros” han de llevar a cabo un ingente volumen de proceso a fin de garantizar la integridad, confidencialidad y privacidad del histórico de transacciones. Toda la información que intercambian ha de estar cifrada con largas claves, lo que exige dicha capacidad.

No estoy en condiciones de poner en cuestión la capacidad de proceso requerida para estas actividades. Pero me inclino a coincidir con D. Rodríguez Herrera, quien escribe que se obliga a los ordenadores a “hacer un montón de cálculos extra en principio inútiles, pero que sirven para comprobar que han tenido que estar trabajando más o menos unos diez minutos para resolverlos”. Es bastante intuitivo que las operaciones aritméticas que requieren los cifrados, por muy voluminosas y complejas que sean, no pasarán de peccata minuta para ordenadores que pueden dibujar escenarios en tres dimensiones y en tiempo real para cualquier jueguecillo que se precie.

Se plantea en el artículo que la capacidad de cálculo requerido en la actualidad para validar los bloques de transacciones, procedimiento que es la columna vertebral del sistema dado que garantiza la integridad de la cadena de bloques, puede ser abordado con ordenadores aptos para hacer correr “jueguecillos” o “dibujos en 3D”.

Ello no responde a la realidad actual. El sistema de prueba de trabajo (Proof of Work) sobre el cual se basa el sistema Bitcoin requiere ejecutar procesos de cálculo muy complejos, utilizando técnicas de “hashing” para descifrar incógnitas criptográficas basadas en el algoritmo de hash seguro SHA256. Si bien hubo momentos en los que esto podía hacerse con tarjetas gráficas de altas prestaciones, desde hace ya tiempo se requiere de equipos informáticos específicamente diseñados para ejecutar esa Prueba de Trabajo. Estos equipos se denominan técnicamente ASIC’s (Application-Specific Integrated Circuit) y solo sirven para esa tarea, recibiendo bitcoins a cambio (25 unidades en la actualidad por cada bloque generado) de validar los bloques criptográficos que contienen las últimas transacciones realizadas.

No son “cálculos inútiles”. El lapso de diez minutos así como el grado de dificultad del proceso tienen sólidos fundamentos técnicos descritos con detalle en la documentación publicada por sus desarrolladores. En mi opinión, no porque se desconozcan esos detalles debe transmitirse al público la impresión de que la labor de los mineros, el coste de sus equipos y el gasto energético necesario carecen de utilidad. Menos admisible es que se intente asimilar todo ello con la ejecución de “jueguecillos”.

Desafortunadamente el artículo continúa exponiendo supuestas deficiencias del sistema Bitcoin que no son tales.

Se enuncia en el mismo que “desde el punto de vista social, la producción de un BTC supone una pérdida de recursos”. Tal y como se ha explicado anteriormente, la generación de bitcoins no puede calificarse como “pérdida de recursos”, pero aunque así lo fuera estos recursos los proveen personas privadas, de su bolsillo y sin ninguna cantidad mediante de dinero público, por lo cual considero que no cabe hablar de pérdida “desde el punto de vista social”. Si es que el Bitcoin llegara a tener una cotización nula frente a otros valores y el mercado en su libre juego de oferta y demanda lo rechazara como opción, la excelente noticia es que ninguna tercera persona, aparte de sus dueños, tendrá que cubrir esas pérdidas vía impuestos ni deuda estatal.

Otra de las afirmaciones con las cuales no puedo concordar es aquella donde se dice que “existe un buen número de divisas electrónicas que pueden resultar sustitutivas” del Bitcoin.

No entra en detalles el autor acerca de a cuáles “divisas electrónicas” se refiere, pero hasta el momento de escribir esta réplica las criptomonedas que han ido apareciendo a posteriori de la creación del Bitcoin, en su inmensa mayoría, con alguna excepción que en lugar de utilizar la técnica de “Prueba de Trabajo” (Proof of Work) usa el método de “Prueba de Participación” (Proof of Stake) como base del sistema, no son más que copias del algoritmo Bitcoin con modificaciones puntuales que no superan al modelo original. Sustitutiva no hay ninguna a la fecha. Opcionales -con defectos más o menos importantes respecto del Bitcoin- sí hay alguna que otra criptomoneda, todas ellas referenciadas a la cotización del Bitcoin.

Hablando de “ausencia de valor de uso” del bitcoin: mientras escribo esto me entero de que Mint, una popular aplicación de gestión financiera para teléfonos móviles que posee una base de clientes que supera los 10 millones de usuarios, ha incluido al Bitcoin dentro de los activos susceptibles de seguir y supervisar por sus clientes a través de su plataforma.

Implantación de ESFL en España: un éxito tan esperanzador como inesperado

Hace algo más de cinco meses, European Students For Liberty reemprendió la tarea de instalarse en España. Los miembros de la Executive Board me encargaban la tarea de construir la red de contactos estudiantiles e institucionales para que a finales del curso de 2013 se hubieran creado en torno a diez grupos Students For Liberty.

Al concluir 2013, en un solo trimestre de curso académico, hay más de quince grupos de universitarios por toda la geografía española. La tarea es organizarse para presentar una alternativa real al pensamiento único que domina la Universidad Española: la propuesta de una Academia realmente libre y crítica con lo establecido.

Nuestra visión de la sociedad y la educación se sustenta sobre las bases que auparon a esta última a los niveles que la Historia reciente ahora le niega: la libertad de cátedra, pensamiento, expresión, crítica, autonomía del poder político, transferencia de conocimientos, esfuerzo y responsabilidad, entre otros. Somos la generación con más preparación, pero no con la mejor educación.

La falta de competencia, sinónimo de falta de incentivos, hace que el esfuerzo de estudiantes y profesores no sea recompensado debidamente a niveles institucionales o sociales. El "qué más da" impregna el día a día de las clases monótonas y las inútiles horas de estudio o trabajo en proyectos que no tienen sentido. Este sentimiento hace que incluso los mejores estudiantes se vean desincentivados a sacar todo el provecho a su potencial y se dejen llevar por lo "establecido" sin llegar a crear una conciencia crítica y madura con la que afrontar el mundo real con los instrumentos necesarios para saber adaptarse.

Por eso, durante mi estancia en el curso de formación en Alemania me planteaba varias veces cómo iban a ser estos primeros meses. Conociendo bastante bien el entorno universitario por mi etapa como representante estudiantil de la Universidad Cádiz, se me antojaba un reto muy interesante poder aportar mi último grano de arena a la universidad implantando Students For Liberty en España. Sentía a la vez esperanza y miedo, nunca antes se había intentado algo parecido, nunca se había probado el estado de ánimo de los estudiantes liberales a formar oasis por la causa de la libertad.

Ahora puedo decir que ha sido más fácil de lo esperado. La cantidad de gente que se ha ido interesando en crear grupos en sus facultades y universidades ha sorprendido tanto a los miembros de la Executive Board europea, que jamás pensaron que hubiera tantos estudiantes liberales en España, como a nosotros mismos, lo que nos ha estado reforzando las ganas y la necesidad de construir una sólida red de grupos estudiantiles.

Es necesario hacer mención expresa a los grupos que a día de hoy componen ESFL España, ya que sin ellos no es posible el proyecto de Students For Liberty. Así, podemos decir que actualmente estamos presentes en las siguientes universidades: Cádiz, Complutense, Barcelona, Carlos III, Extremadura, Valencia, Santiago de Compostela, Alicante, Autónoma de Madrid, Alcalá de Henares, Sevilla, Córdoba, UNED, Pablo de Olavide, Málaga, CUNEF, Granada… y en muchas más a finales de 2013.

Esperamos que los frutos se vean en una asistencia masiva a la III Conferencia de European Students For Liberty en Berlin del 14 al 16 de Marzo y en la próxima Conferencia de ESFL España que pensamos organizar en Abril y en la que posiblemente colaboraremos con el Instituto Juan de Mariana, eso sin quitarle mérito al notable éxito de las actividades que se han estado organizando en Madrid y Sevilla.

Quiero agradecerle personalmente a mis compañeros que se han comprometido dedicándole muchas horas a hacer posible un proyecto que hace pocos años sería impensable en la universidad española. Asimismo, quiero desear un año 2014 todo lo más próspero posible, que como bien sabemos se conseguirá en una sociedad más libre.

Para cualquier tipo de consulta podéis dirigiros a la página oficial de ESFL (http://studentsforliberty.org/europe/), por las redes sociales a los distintos grupos SFL (ver sección España de la web de ESFL [http://studentsforliberty.org/europe/network/spain/]), ESFL España o a mi correo personal: mbrena@studentsforliberty.org.

Quinientos años del descubrimiento del Pacífico

Todavía están a tiempo de visitar una interesante Exposición que ofrece la Casa de América en su palacete de Madrid: “La exploración del Pacífico. 500 años de historia”, organizada en colaboración con el Museo Naval. Como indica el folleto explicativo, sucesivas generaciones de marinos y exploradores hispanos de los siglos XVI al XVIII, “motivados por el deseo de salir de la pobreza, la búsqueda de aventuras, el conocimiento científico… extendieron el lenguaje español y la religión católica, aumentaron el patrimonio monumental de los países reencontrados, llenaron de topónimos españoles las islas, estrechos y accidentes geográficos y recopilaron e intercambiaron objetos de sus culturas dándolas a conocer”.

A través de un recorrido que comienza por el descubrimiento del Mar del Sur (después Océano Pacífico), realizado por Núñez de Balboa en septiembre de 1513, se ofrece una bonita colección artística, cartográfica y de muchos otros objetos náuticos que van llevando al visitante por la historia de los viajes o la ciencia de nuestro país durante más de trescientos años (incluyendo la sorprendente Expedición de la Vacuna de la Viruela ya en el siglo XIX); para terminar con una (hoy polémica y tal vez poco afortunada) fotografía de las obras de ampliación del Canal de Panamá.

Poco después del descubrimiento de Balboa, Magallanes y Elcano dieron la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522, encontrando un paso del Atlántico al Pacífico por el Sur del continente americano, y regresando a España sin embargo por la ruta portuguesa de la India y el Cabo de Buena Esperanza en la actual Sudáfrica. Después de ellos, multitud de marinos (Loaisa, Saavedra, Villalobos, Grijalba, Urdaneta, Vizcaíno, Mendaña o Sarmiento de Gamboa) continuaron explorando rutas entre la costa oeste de América y las islas Filipinas, Carolinas, Marshall, Palaos, etc. También consumieron tiempo y esfuerzo en la búsqueda de un mítico Estrecho de Anián que enlazaría los océanos Pacífico y Atlántico por Norteamérica.

Pero veamos por qué les hablo de esta efemérides en nuestra web liberal de pensamiento económico y político. En alguna otra ocasión he destacado la profunda huella escolástica que encontramos en los primeros tratados modernos sobre el libre comercio: hace poco lo veíamos referido a Diego de Covarrubias, una de las fuentes españolas de inspiración (junto a Vitoria) del Mare Liberum de Hugo Grocio. Pues resulta que en la referida Exposición también se habla del Pacífico como “una de las mayores rutas comerciales del mundo”: recordemos que, ocho años después de que Urdaneta descubriera el tornaviaje de Asia a América, comenzó la línea marítima desde Filipinas a México. El Galeón de Manila fue un cauce regular de intercambios comerciales desde 1565 hasta que fue suprimido por las Cortes de Cádiz en 1813.

Y es que, como ya había señalado unos años antes Adam Smith, el comercio es la verdadera naturaleza y causa de la riqueza de las naciones… No hay más que visitar las ciudades virreinales de México, Lima, Bogotá y Quito; o los puertos de Acapulco, Veracruz, Maracaibo o Cartagena de Indias, para darse cuenta de la importancia que tuvieron las rutas comerciales para el crecimiento económico de aquel vasto continente. La Exposición nos habla, además, de los avances técnicos y científicos asociados a este intercambio marítimo: sextantes y cronómetros que mejoraron la seguridad de las navegaciones y la exactitud de las cartas y mapas.

Economía y desarrollo científico, lo sabemos bien, progresan unidos: un buen ejemplo puede ser la Expedición de Malaspina, que recorrió (1788-1794) el Pacífico desde Alaska a Manila, Nueva Zelanda o la Tierra de Fuego. Su objetivo era conseguir una descripción de los dominios españoles en sus múltiples facetas: militares y defensivas, geografía, recursos mineros o botánicos, población y cultura, o por supuesto, el estado del comercio. Tuvieron acceso a los archivos de la Administración virreinal, levantaron cartas de navegación, dibujaron la flora y fauna de los lugares por donde pasaban, así como interesantísimas descripciones etnográficas y lingüísticas (todo ello se conserva en el citado Museo Naval, y también en el Museo de América o el Jardín Botánico de Madrid). Lo malo es cuando se cruzan intereses políticos de cortas miras: es conocido el triste final de Alejandro Malaspina, enviado a prisión por un todopoderoso Godoy, acusándole de instigador y revolucionario. Morirá en Italia en 1810.

Vuelvo al libre comercio. Estaba comenzando a redactar estas líneas cuando recibí un email de un buen amigo, Juan José Morales del Pino, que hace años vive y trabaja en Hong-Kong (sin duda, un ilustre sucesor de aquellos aventureros españoles). Me enviaba una recensión del libro Memoirs and Memorials of Jacques de Coutre, editado por Peter Borschberg (pueden leerla en la web del Asian Review of Books): se trata de la biografía y memoriales de un comerciante flamenco instalado en las colonias portuguesas de Malaca, enviados al rey español Felipe IV (que entonces gobernaba además sobre los territorios lusitanos en el Pacífico). Allí nos ofrece un testimonio directo y en primera persona de todo lo que les vengo escribiendo: arriesgadas jornadas marítimas, sometidas a los peligros del mar o de la guerra con ingleses y holandeses; pero también coloridas descripciones de los puertos y mercados asiáticos, o sus mercancías exóticas.

Pues bien, Morales considera que su aportación más interesante es una vigorosa defensa del libre comercio y la libre actividad empresarial (habría que investigar si de Coutre conoció a los Doctores de Salamanca…). Nuestro comerciante flamenco criticaba el sistema de concesiones, como una forma anticuada de patronazgo que era necesario cambiar: el control de la Corona, a través de estos impuestos, resultaba ineficaz y menos rentable a la hora de gestionar los productos de intercambio. Por el contrario, de Coutre proponía eliminar las restricciones al comercio, dejándolo en las manos de la gestión privada. Lo que, indirectamente, socavaría la presión holandesa por el mecanismo de la competencia. Encuentro muy acertada la intuición de este Memorial sobre las ventajas del libre comercio para el imperio hispano-portugués que, además, terminaba señalando de Coutre, también resultaría ventajoso para los nativos, al librarlos del monopolio holandés y permitirles mayores posibilidades para su desarrollo económico.