Ir al contenido principal

Los mangoneos de ZP

A estos sí, pero no a Pizarro; quita, quita. No al empresario que ha dicho no a las maniobras de Zapatero para repartir Endesa a precio de saldo entre los amigos de sus apoyos políticos, aquél por quien ZP ha estado dispuesto a echarse encima a la Comisión Europea. Justo a ese no le están vigilando. Ni ahora ni cuando le seguían dos guardias civiles (fuera de servicio, eh), ni cuando dos ladrones quieren hacerse con unos buenos ordenadores y van a sisarlos al área de auditoría de la empresa, ni cuando dos agentes privados fueron sorprendidos vigilándole. Juan Carlos Girauta se explica esta súbita atención a su persona como una inopinada pulsión de algunos por dedicar su tiempo libre a mirar con ojitos tímidos a Pizarro, sin atreverse a acercarse demasiado. Se ve que el presidente de Endesa levanta pasiones.

El Estado sigue teniendo cierto prestigio. Se dice, con toda razón, que está mal esto de dedicar los recursos del Estado a vigilar a los enemigos (ZP tiene claro quiénes son), a repartir las empresas privadas entre los amigos, a premiar a los empresarios aliados con cambios en la regulación, yo que sé, de las energías renovables, o subiendo el precio del gas natural (que está a la vuelta de la esquina). Se supone que ese poder en manos de los políticos debía utilizarse para mejorar la situación de nosotros los súbditos y que el abuso del mismo es, simplemente, que hemos tenido la mala suerte de elegir a un político intervencionista y corrupto. Pero se mantiene esa imagen inmaculada del poder como si estuviera esperando (eternamente, eso sí), a que llegue el presidente que sólo mire por el ciudadano común, sin dejarse seducir por ningún interés organizado.

Pero me temo que es un error. El poder no es un invento, una creación ideada para cuidar de la ciudadanía, sino la desnuda realidad de que, simplemente, unos se imponen sobre otros. Una vez montado el engranaje del poder, la eterna lucha con la sociedad le ha obligado a pactar aquí y allá, para ceder una parte a cambio de ganar legitimidad, y para eso ha tenido que someterse a ciertas normas. Pero la política, como dice Bruce Benson, consiste en que "las autoridades públicas intentan aumentar su propio bienestar a través de transferencias dirigidas a sí mismas y a otros que son lo suficientemente poderosos como para afectar al bienestar de quienes toman las decisiones". Es decir, el mangoneo, pero con el BOE en la mano.

Los socialistas lo tienen claro, y por eso no pierden el tiempo en cuanto llegan al poder. Por eso es tan urgente limitarlo.

El gorila rojo perjudica seriamente la salud

"La hermosa experiencia democrática venezolana" y su líder, Hugo Chávez, avanzan a marcha militar aplastando cada reducto de libertad y propiedad privada que van encontrando a su paso. Hay casos como el cierre de RCTV que al menos han logrado hacerse un hueco en los medios de comunicación permitiendo la protesta de todos quienes defendemos la libertad de los individuos, vivamos donde vivamos. Sin embargo, hay otras actuaciones despóticas y liberticidas del presidente venezolano que no parecen tener cabida en la prensa de un Occidente tan entregado a lo "social" que no se atreve a denunciar el socialismo real que padecen todavía millones de personas. Un claro ejemplo de este vergonzoso y atronador silencio es el del proceso de nacionalización de todo el sector sanitario en Venezuela. La idea del gorila rojo es acabar con el ejercicio privado de la medicina y con la descentralización del sistema sanitario del país.

El motivo de este nuevo ataque contra las libertades más básicas de los venezolanos puede ser un intento de disimular el rotundo fracaso de la política socialista en materia de salud a través del derribo del sistema privado. En la actualidad se calcula que entre el 80 y el 90 por ciento de los hospitales públicos tiene graves problemas de abastecimiento como consecuencia de las nefastas políticas implementadas que atacan la libertad de médicos, pacientes y proveedores de bienes y servicios. Parece que una evidencia tan clara de la superioridad de las relaciones voluntarias en un sector tan esencial como el de la medicina no puede tolerarse por parte de quien considera la salud de los ciudadanos un instrumento político. Según Chávez, sin embargo, la razón de esta estatalización es la "oposición encontrada en algunos gobernadores a la modernización de hospitales" unida a la "degeneración de la profesión del médico" a la que, de acuerdo con sus peculiares ideas, conduce la existencia de clínicas privadas.

La demagogia del líder totalitario habla de la "responsabilidad de todos los venezolanos" a la hora de rechazar el "horroroso sistema ese de la descentralización hospitalaria". Para Chávez, la relación libre y contractual entre médico y paciente supone la mercantilización de la medicina; un fenómeno al que hay que poner freno. Su plan consiste en la integración de todos los centros sanitarios en un nuevo sistema nacional centralizado y en la imposición de controles de precios en todos los servicios médicos. Una vez dado este primer paso se aplicarán sanciones entre las que destacan las expropiaciones. Si esta brutal táctica no le funciona, el presidente se ha declarado "dispuesto personalmente a enfrentar esas oposiciones y pulverizarlas". Hasta tal punto llega su obsesión por nacionalizar toda la sanidad que ha llegado a afirmar que "si tuviera que irme yo mismo a tomar el control de un hospital (…) voy yo mismo con el batallón a tomar el control del hospital".

La defensa de lo que queda del sistema privado de salud en Venezuela no es ya sólo una cuestión de eficiencia económica para salvaguardar la salud de los venezolanos sino que es imprescindible para el mantenimiento de una sana sociedad de individuos libres y responsables a la que todos los amantes de la libertad deberían de unirse.

La T.I.A.

Sin embargo, su principal aportación a nuestra identidad colectiva es recuperar, como lo está haciendo, el legado del inolvidable Ibáñez, nuestro mejor dibujante de tebeos, que con gran visión de futuro reflejó en sus historietas las características que debería tener un cuerpo de agentes secretos verdadera y racialmente español.

A los que crecimos devorando las aventuras de Mortadelo y Filemón no nos sorprende la última fazaña de nuestro servicio secreto. Me refiero a la persecución motorizada con los papeles de acosador y sospechoso intercambiándose continuamente y especialmente a la inteligentísima forma de disimular del primer Anacleto cuando es descubierto por el escolta de Manuel Pizarro. Eso de que te pillen espiando y en lugar de fingir una angina de pecho ponerte a hablar cinco minutos por el móvil gesticulando como un poseso es, desde luego, lo más original que se ha visto nunca en materia de espionaje. Los guionistas de la saga de James Bond habrán tomado buena nota para incluir la escena en la próxima película. Imagínenla: Bond, James Bond, vigilando desde su cochazo las actividades del malo que quiere conquistar el mundo y cuando es descubierto por sus escoltas, en lugar de utilizar el spray de la invisibilidad o cualquier otro supergadget, tira de móvil y se pone a hablar con su churri con el codo en la ventanilla y un mondadientes en la comisura de la boca. Y así cinco minutos oiga, para que los guionistas aprendan de una vez cómo se realiza una maniobra de evasión.

Ahora bien, la T.I.A. ("Técnicos de Investigación Aeroterráquea", recuerden) no espiaba a las personas decentes, aunque estuvieran al frente de una de las principales empresas europeas. De hecho, se dedicaban a neutralizar a los malos con la discutible ayuda de los inventos del profesor Bacterio. Es más, el superintendente Vicente jamás hubiera redactado una nota de disculpa tan chorra como la del CNI sobre su seguimiento a Manuel Pizarro. Porque eso de que el CNI "nunca ha realizado vigilancia alguna sobre personas cuyas actividades no sean objetivo del CNI" no es serio ni siquiera como argumento de un tebeo. Precisamente por eso no es descartable que a partir de ahora lo utilice Zapatero para justificar sus fechorías. "No he dialogado ni mantenido reuniones con nadie cuyas actividades no sean de interés para el Gobierno". Y a ver quien le dice lo contrario.

Los admiradores del gran humorista gráfico sabrán perdonar la licencia de comparar a sus personajes con el CNI de Zapatero. Ibáñez siempre tuvo un gran respeto por la inteligencia de sus lectores.

531 euros por canción

Entre ellos destaca el legislativo sueco, autor de una ley que ha permitido condenar al pago de una multa de 2.124 euros a un pobre hombre por el gravísimo delito de descargarse cuatro canciones. Nada menos que 531 euros por tema. Es el sueño dorado de Teddy Bautista y Pedro Farré.

Afortunadamente para los españoles, la SGAE descarta por el momento presentar este tipo de demandas. Más que nada debido a que les resulta técnicamente imposible conseguir las pruebas de forma legal. Sin embargo, ya tenemos en España quien intenta que sí sea factible. Las discográficas, agrupadas en Promusicae, pretenden que Telefónica les revele la identidad y dirección de internautas que se han descargado música en redes de pares. La operadora, que ahora está del mismo bando que los internautas, se niega debido a que esos datos no son para una investigación criminal. Efectivamente, los derechos de autor nada tienen que ver con la seguridad nacional.

De todos modos no tiene nada de extraño la pretensión de Promusicae, sobre todo si tenemos en cuenta que ya en noviembre de 2005 un grupo europeo de discográficas que respondía a las siglas de CMBA propuso que la información almacenada por medio de la terrible retención de datos sirviera para combatir la "piratería" online. Pero a no ser que los tribunales europeos digan lo contrario, los españoles nos libramos por ahora de esta absurda pretensión. Lo mismo podrán decir los suecos tras la citada sentencia, pues en el país escandinavo los datos almacenados sólo pueden ser usados en casos de crímenes castigados con cárcel.

Eso sí, en el caso de que los tribunales situados en Bruselas dieran la razón a Promusicae, los usuarios españoles de redes de intercambio de archivos pueden ir preparándose. Muchos de ellos vivirán situaciones dantescas como las sufridas por numerosos estadounidenses por culpa de la RIAA o nuestro nórdico amigo al que nos referíamos más arriba. Muchos recordarán todavía cuando Javier Ribas, del despacho de abogados Landwell-PwC, se inventó la presentación de una demanda masiva contra usuarios de redes de pares en 2003. Entonces se trató de una vulgar mentira, tal vez con el objetivo de asustar. Pero si a un juez pagado con los impuestos de los europeos se le cruzan los cables, podría convertirse en realidad.

Con independencia de la deriva que tome el asunto, que las discográficas pretendan que los proveedores de Internet les entreguen una delicada información que los eurócratas les obligan a almacenar no es nada sorprendente. De hecho, aunque ahora no se salgan con la suya seguirán insistiendo. Y antes o después se les sumarán la SGAE y el resto de entidades de gestión de derechos de autor. Ya han dado muestras sobradas de su desprecio por los derechos más sagrados de los ciudadanos. Por eso mismo, no debemos bajar la guardia. Se trata de algo mucho más importante incluso que la absurda cifra de 531 euros por canción.

Llamar y aparcar el coche es ahora más caro

La santa indignación encabezada editorialmente por El País llevó al Gobierno a hacer como si defendiera a los consumidores aprobando una ley que obligara tanto a las empresas de telefonía móvil como a los parking a que sus tarifas se midan por unidades de tiempo más pequeñas, consideradas arbitrariamente como más aceptables. Los resultados no se han hecho esperar, y aunque las empresas hayan obedecido la ley, como no podía ser de otra manera, los precios –o más bien la percepción que tenemos de ellos– han aumentado.

La reclamación de que las llamadas de móviles se cobrasen por segundos o las estancias en los parking por minutos tomaba como excusa, a priori razonable, el hecho de que los usuarios tuvieran que pagar por algo que no consumían. Sin embargo, como argumentaba Josu Mezo, es una situación que se da en innumerables ocasiones. Sin ir más lejos, el propio diario El País obliga a los lectores a comprar el periódico del domingo con los suplementos incluidos, y Canal Satélite Digital, empresa perteneciente al Grupo Prisa, obliga a adquirir los canales en "paquetes" en los que entran varios. Las tarifas planas de conexión a la red por las que los internautas hicieron hasta huelgas tampoco cumplen ese supuesto principio de que sólo se paga lo que se consume. ¿Y los buffets libres y menús del día? ¿Acaso no tratan por igual a quienes consumen poco y de viandas baratas que a los demás?

Es más, han sido las propias asociaciones de consumidores que reclamaron la nueva ley las que han demostrado con sus nuevas protestas que la unidad de tiempo con la que se elaboraran las tarifas les importaba más bien poco: lo que querían era que bajaran los precios. Ya impulsaron un "día sin móvil" después de que las operadoras modificaran sus tarifas tras la obligación de hacerlo por segundos, como forma de protesta, pese a que lo que reclamaban era que se cobrara por segundos, y eso lo habían conseguido. Igualmente, ahora que desde el 1 de junio los parking privados (los públicos tienen de plazo hasta el 1 septiembre, con todo el morro) han de cobrar por minuto, la UCE denuncia que todos los parking privados de España violan el "espíritu de la ley" poniéndose de acuerdo para fijar una cuota de acceso. Eso de la colusión podría colar con sólo tres operadores, pero resulta mucho más difícil de creer con miles de empresarios distintos.

Los precios son un indicador que logra reducir a una simple cifra realidades muy complejas, facilitando la coordinación entre los distintos agentes de una sociedad, ya sean empresas o individuos. Tanto los múltiples costes que afronta el empresario para ofrecer un bien o un servicio como las preferencias de los consumidores tienen su peso en ese número; si los clientes no están dispuestos a pagar más de lo que al empresario le cuesta, éste tendrá que reducir costes, ofrecer algún valor añadido o echar el cierre. Cuando la ley obliga a cambiar los precios está introduciendo un palo en las ruedas del negocio; la coordinación empeorará y empresarios y consumidores tendrán más difícil llegar a acuerdos mutuamente beneficiosos entre ellos.

En realidad no está demasiado claro si los parking están subiendo en la práctica los precios como no lo estaba en el caso de las empresas de telefonía móvil. La CMT concluyó que Movistar y Orange habían subido y Vodafone bajado, pero es muy posible que otro estudio honesto llegara a conclusiones distintas. Hay un motivo mucho más sencillo para que los parking cobren el acceso: que un coche entre y estacione les produce un coste que antes diluían cobrando por bloques de media hora o una hora. En Granada, por ejemplo, un aparcamiento que cobra por minutos desde 2005 también cobraba desde entonces el acceso, y no tenía entonces nadie con quien ponerse de acuerdo para hacerlo. Otros prefieren diluir ese coste en el precio por minuto normal. En resumidas cuentas, hacen lo que creen conveniente; las quejas de las asociaciones de consumidores sólo tienen una base: no quieren pagar. Lo cual me parece muy natural, pero difícilmente defendible.

El negocio de la mentira y el fraude

La rebaja de impuestos de "Sarko" puede suponer una merma en los ingresos estatales de 15.000 millones de euros al año. La pregunta que nos surge es: ¿dónde hará los recortes? Pues en ninguna parte. La idea que planea ahora Francia es subir el IVA para compensar la bajada. No sólo es absurdo, sino que es un fraude al electorado del país vecino.

Prometer el paraíso terrenal para luego desdecirse como si nada es la tónica general de los políticos. No sólo en Europa los altos burócratas presentan tan lamentable comportamiento; en el resto del mundo hacen lo mismo. Bush padre aseguró en campaña: "Lean mis labios, no habrá nuevos impuestos". No fue un comentario ocasional, sino el principal caballo de batalla para ganar las elecciones. Como era de esperar, los acabó subiendo.

De Bush hijo, todo el mundo esperaba un Gobierno liberal en el terreno económico. Prometió incentivar la creación de una "sociedad de propietarios", arreglar la Seguridad Social porque iba a quebrar antes del 2050 y un Gobierno pequeño, entre muchas otras cosas. No sólo no lo hizo, sino que se ha esforzado en la dirección contraria. Ha agigantado el Estado federal, la Seguridad Social norteamericana no ha mejorado un ápice y la deuda estatal tiene dimensiones históricas: desde octubre del año pasado, crece a un ritmo superior a los 1.300 millones de dólares diarios, lo que ya representa más de 29.000 dólares por estadounidense, que llevarán a aumentar los impuestos en el futuro. Los Bush, de tal palo, tal astilla.

No sólo los políticos de "derechas" (o centro) mienten. Bill Clinton dijo que no quería ser recordado como un presidente Eisenhower, un republicano. Pero Clinton, a diferencia de lo que podía esperar su electorado, fue mucho más liberal económicamente que el presidente militar. Proclamó "el fin del Estado del Bienestar tal y como lo conocemos" y liquidó el déficit fiscal. Clinton no fue, ni de lejos, un amante del libre mercado ni jamás estuvo al lado de los ciudadanos ya que aumentó los impuestos e hizo muchas políticas intervencionistas. Su gestión también se rigió por la mentira, y no sólo en el terreno político; también lo inhabilitaron para ejercer la abogacía a raíz de sus embustes.

Lo mismo ha ocurrido con Rodríguez Zapatero. "Quiero un gobierno que no intervenga en la economía", dijo el entonces candidato a la presidencia. Intervencionismo en el caso Endesa, escándalos gigantescos en la CNMV, crecientes subvenciones a los actores, manipulación de las decisiones de la Comisión Nacional de Energía, persecución a grandes empresarios como Francisco González (presidente del BBVA) o Manuel Pizarro (presidente de Endesa), continuas amenazas a la libertad de expresión o prohibiciones económicas y sociales de todo tipo, como las de la ministra de Sanidad, sólo son una parte de las actividades del Gobierno Zapatero. Las demás no han sido mucho mejores.

La confianza en la política es una de las armas que permiten que esas cosas sucedan. La confianza es crucial en nuestras vidas; el libre mercado también depende de ella. Si no confiamos en la gente, no negociamos con ellos. El capitalismo sobrevive en parte a este principio, por eso funciona desenvolviéndose bastante bien. No necesita limitaciones, restricciones ni guías. El capitalismo sólo deja de funcionar cuando lo limitan o manipulan, especialmente si quien lo hace es un mentiroso patológico que usa el fraude y la extorsión para satisfacer sus fines económicos y de rango social; da igual que se llame Clinton, Bush, Zapatero o Sarkozy. Como demuestra la historia, la política es así y no hay nada que pueda cambiarla.

En el capitalismo, cuando un empresario miente sistemáticamente se arruina o va a la cárcel. En política, cuando algún burócrata miente, gana votos. No es un sistema que merezca nuestra confianza ni apoyo. Si los políticos son el mal, reduzcamos el peso del Estado. Como ha dicho Grover Norquist: "No quiero abolir el Gobierno, sólo reducirlo para que quepa en la bañera y ahí se ahogue".

La factura de la falacia ecológica

El Gobierno español se ha aferrado con una fuerza inusitada a las falsas tesis ecologistas contra el calentamiento global. Un error cuya factura ya estamos pagando entre todos. Al suculento coste que, de forma directa, supondrá el Protocolo de Kioto para la economía española (cercano a los 7.400 millones hasta 2012), habrá que sumar toda la estructura impositiva que prevé poner en marcha el Ejecutivo sobre la base de la denominada “fiscalidad verde”, así como una infinidad de elementos regulatorios e intervencionistas que impregnarán de tufillo medioambiental crecientes áreas del ámbito político, económico y social.

Así, según estimaciones realizadas por los propios constructores y promotores inmobiliarios, el cumplimiento del nuevo Código Técnico de Edificación impulsado por el Ministerio de Vivienda implicará un encarecimiento artificial de la obra cercano al 15%. Además, normas como la nueva Ley del Suelo o el Anteproyecto de Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad anteponen la protección ambiental sobre la ordenación territorial y urbanística, limitando con ello, aún más, la oferta del sector inmobiliario y residencial.

Pero lejos de acabar aquí, la mancha verde se extiende. Los nuevos estatutos autonómicos incluyen diversos principios inspiradores para legitimar el desarrollo, en un futuro inmediato, de todo un elenco de medidas legislativas destinadas a la defensa de fines ecológicos: nuevos impuestos, licencias y autorizaciones medioambientales para la apertura de actividades empresariales, limitaciones al tráfico de vehículos, multas y sanciones para castigar el consumo excesivo de recursos como el agua o la electricidad, y un largo etcétera.

España, junto a la UE, se vanagloria de ser un referente mundial en la lucha contra el cambio climático y, mientras tanto, nuestras economías (es decir, nuestros bolsillos) han de soportar las consecuencias de este frenesí interventor, sin control, propio de la Política. La previsión de que la UE incluya el transporte aéreo, tanto continental como internacional, en el mercadeo de las emisiones de CO2 a partir de 2011, supondrá un coste aproximado de unos 4.000 millones de euros anuales. Un coste que, por supuesto, incorporarán los correspondientes billetes de avión.

Pero lo más grave, si cabe, es la imposición por decreto del uso de las energías renovables, mucho más caras e ineficientes que las fósiles. Así, en base al objetivo fijado por el Gobierno para 2010 (elevar al 5,83% el porcentaje obligatorio de biocombustibles), España está abocada a multiplicar por 55 el consumo de biodiésel y por 8 el de bioetanol en sólo tres años. Aprovechando el boom de la burbuja ecológica, inflada gracias al poder político, los sectores interesados han acelerado su marcha para que la producción española de biocarburantes alcance el próximo año el 80% de la cuota de mercado (en 2006, se elevó al 28% del total), según las previsiones de la consultora DBK. De este modo, se prevé la puesta en marcha de unas 50 plantas de este producto en 2008 (en 2006, había 16).

Lo curioso es que la propia OCDE acaba de llamar la atención sobre un hecho relevante: sólo algunos biocarburantes, en particular, los obtenidos de la caña de azúcar en Brasil, ofrecen un balance claramente positivo en términos de emisiones contaminantes, por lo que sólo éstos deberían promoverse. De hecho, este organismo vislumbra “incertidumbres” en un mercado que, para llegar a sustituir al petróleo, tendría que dedicar a la producción tal cantidad de tierras que medio mundo acabaría, literalmente, muriéndose de hambre. Además, se trata de un sector altamente subvencionado, como no podía ser menos, pues nace al abrigo del poder político: un coste superior a los 15.000 millones de dólares anuales en sus 30 países miembros, según el informe de la OCDE. Parece que los agricultores europeos y norteamericanos han encontrado en el medioambiente su particular tabla de salvación para afrontar con éxito la pérdida paulatina de ayudas gubernamentales que exige la globalización.

Y qué decir del objetivo de la UE para que en 2020, nada más y nada menos que el 20% de la energía primaria que consumamos provenga de fuentes renovables, como la energía eólica o solar, igualmente costosa. En esto, los españoles, por desgracia, volvemos a ser pioneros y “ejemplo” mundial, tal y como publicita nuestro Gobierno. España, un país altamente dependiente en materia energética, destina ingentes sumas de recursos públicos al desarrollo de estas fuentes alternativas (unos 1.000 millones de euros anuales en I+D en el futuro inmediato) de carácter “incierto” y precio “muy elevado”, tal y como advierten ahora numerosos expertos.

Nos deberíamos sentir orgullosos, ¿no creen? Por fin, España se sitúa a la cabeza de algo en el ámbito internacional. Una pena que el Apocalipsis del calentamiento global sea una falacia difundida por los ecologistas; triste que la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera no sirva para reducir la caótica temperatura del planeta; calamitoso que, para ello, tengamos que prescindir de nuestras comodidades al tiempo que las facturas de nuestra economía alcanzan cifras desorbitadas; penoso que los ciudadanos confíen en la inteligencia y el olfato de sus políticos para dirigir sus actos y moldear sus voluntades… Qué bonito hubiera sido todo si el sueño ecolojeta no se sustentara sobre pies de barro. No busquen más. El comunismo del siglo XXI ya está aquí, y se hace llamar Economía Sostenible.

Los arquitectos de Ayn Rand

El vínculo intelectual entre el liberalismo y los creadores suele ser infrecuente, al menos en Europa. Aún más: si atendemos a las diferentes corrientes liberales, la lista de innovadores adscritos al libertarianismo es probable que sea muy limitada. No obstante, en ocasiones, se atisban fecundas corrientes de admiración entre profesionales respecto de la filosofía preconizada, entre otros pensadores, por Ayn Rand. El arquitecto más veterano de España, Francisco Juan Barba Corsini, es un gratificante ejemplo de ello.

Barba Corsini, todavía en activo a sus noventa años, es renombrado por su Colección Pedrera (1955) que equipó la Casa Milá de Gaudí en Barcelona, el Edificio Mitre (1959), así como la construcción del moderno poblado pesquero de Binibeca en Menorca. Binibeca fue un hito en la edificación popular española, respetuoso del entorno y las tradiciones, lejos de la inacción ecologista y la elefantiasis al estilo marbellí. En una entrevista reciente, el maestro declaraba sin ambages que El Manantial, el film de King Vidor (1949) sobre la novela de Rand, cambió su vida. Ha llegado a decir: "La influencia de la película El manantial, fue indudable. Era un claro ejemplo de lo que es sentir la arquitectura y de la dignidad del arquitecto. Comprendí que hacer arquitectura es estudiar el problema humano, cómo se vive, y pasar horas, días, semanas o meses estudiando, hasta llegar a una buena solución. A partir de aquel momento comprendí que la arquitectura era una cosa sentida, una cosa viva, que había un cambio de tiempo, de materiales, de tecnología y un cambio de arte, y empezó la lucha, por mi parte, a favor de la arquitectura moderna."

Este arquitecto tarraconense rechazó el paradigma neoclásico en la edificación, simpatizó con Alvar Aalto y demás compañeros finlandeses en la búsqueda de materiales puros y simples frente a la penuria de la postguerra; Barba Corsini fue además discípulo de Richard Neutra, un colega vienés célebre por sus viviendas en contra de la ley de la gravedad.

 ¿Quién era a su vez Richard Neutra? Neutra (1892-1970) emigró a los EEUU más por voluntad de poner en práctica sus deseos libérrimos que por victimismo o necesidad. Con la Lovell Health House (1927), el edificio más vanguardista de Los Ángeles, se adelantó a Gropius y Mies Van der Rohe. Las residencias californianas que erigió se caracterizaban por desposeer paredes; las habitaciones, sostenidas por largas tiras de ventanas, se abrían en todas las direcciones, configurando un mundo casi irreal. Richard Neutra manifestaba gran interés por el clima, la naturaleza y el paisaje y alimentó una teoría de cuño propio denominada Realismo Biológico. Él consideraba que la ciencia, la técnica y la producción industrial no representan algo diferente a lo biológico, sino más bien una extensión de lo natural. Lo verdaderamente bueno no es el progreso en sí, sino lo que conviene a las personas, a las que definía con insistencia como consumidores: ideales que suscribió para siempre Francisco Juan Barba Corsini desde su inconformista juventud.

El singular austriaco asociaba a la arquitectura como tarea ética alejada de la tecnocracia; estimulaba un diseño que favoreciese al mismo tiempo de forma pragmática la utilidad y la belleza, la necesidad y el deseo. Neutra anticipó un derecho controvertido, o mejor dicho, la ausencia del mismo: "Ningún derecho de autor debe ser reclamado para el verdadero progreso y para los medios de uso contemporáneo."

Richard Neutra construyó numerosos edificios públicos, colegios, clínicas e iglesias, al mismo tiempo que sus representativas moradas particulares en California, entre las cuales destacaba la Casa Joseph Von Sternberg (1935), para el gran cineasta, en el Valle de San Fernando y que con posterioridad fue adquirida por Ayn Rand –¡precisamente ella!– y demolida en 1972. Observando la obra gráfica del vienés, y recordando la película ya citada, no es descabellado pensar que los planos que sostenía con pasión Gary Cooper interpretando a Howard Roark, fuesen los mismos o similares que trazaba Neutra, el mentor de Corsini.

Al final tendremos que apoyar a Telefónica

Bueno, lo cierto es que en esta ocasión no ha sido la SGAE sino Promusicae, pero para el caso es lo mismo, para qué engañarnos. Al fin y al cabo, SGAE es Sociedad General de Autores y Editores, y los de Promusicae son los Editores, es decir, las discográficas. La única diferencia es que la foto para tirar dardos no sería la de Teddy Bautista sino la de Antonio Guisasola.

Así pues, los internautas rezamos para que Telefónica gane el pleito. Sí, la Telefónica contra la que montamos la antediluviana Plataforma Tarifa Plana, germen de la futura Asociación de Internautas, el operador dominante, el Mal, en suma. En realidad, una empresa que fue monopolio público y que al liberalizar no se dividió para evitar que se convirtiera en una empresa con precios controlados por la CMT y con la obligación de vender su servicio mayorista a terceros. Eso sí, ahora podemos tener el orgullo de que una empresa española tenga negocios por todo el mundo y sea una de las más grandes del sector. Es la teoría del "campeón nacional" que nos quisieron vender desde el Gobierno en el caso Endesa hasta que contrataron a la italiana Enel para hacer el trabajo sucio con E.On y se pusieran a silbar y mirar hacia otra parte cuando se les recordaba aquello.

En principio, lo lógico es que Bruselas se niegue a las pretensiones de Promusicae, en cuyo caso veremos como Guisasola abandona el juzgado indignado, como ya hiciera cuando el Gobierno rechazó incluir el artículo 17bis por la puerta de atrás. La Comisión Europea ya ha establecido que los operadores deben negarse a dar esa información salvo en procedimientos penales o en los casos en que esté en riesgo la defensa nacional. Y no, por mucho que se enfaden, dar de comer a Teddy no tiene nada que ver con la seguridad de España, ni "defensa nacional" significa subvención garantizada para los cantautores patrios. Sin embargo, siempre cabe el riesgo de que el Tribunal de Justicia de la UE opine algo distinto, lo cual abriría el camino al peor de los mundos: un canon digital entre los más caros de Europa y pleitos por doquier como en Estados Unidos.

Aunque en principio los internautas que se descargan ficheros no deberían temer la Ley, los jueces en nuestro país no son en general especialmente duchos en nuevos tecnologías. Es más, aquellos que tengan interés en reciclarse recibirán unos cursos muy completos organizados… por la SGAE. Hay razones para temerse lo peor. Sin embargo, eso no detendrá ni probablemente reducirá el volumen de descargas P2P.

El problema de Promusicae es el de las discográficas de todo el mundo. No hacen caso de las sabias palabras de George Gilder: "Cuando un ladrón te roba tu producto, tienes un problema policial. Cuando lo roban millones de consumidores honestos, lo que tienes es un problema de marketing". Lo demostró su propio presidente en un artículo en el que elogió el acuerdo entre Apple y EMI para ofrecer canciones sin DRM a un precio aún más alto que el ya carísimo que ofrece iTunes, calificándolo de "francamente módico". Guisasola, convenza a los suyos de que bajen los precios de una puñetera vez; cuánto más tarden, menos probabilidades tendrán de sobrevivir.

Llegó la goremanía

Al Gore, que después de servir en la Administración Clinton y pegarse el batacazo en las presidenciales de 2000 ha roto en documentalista de éxito, se ha propuesto acojonar a medio planeta. Pero no por hacerse rico y famoso, que eso es de derechas, sino para salvar a la Humanidad entera, aunque para eso tenga que pasar el apuro de reñirnos un poco.

Primero recorrió el mundo afirmando que él solito había creado internet. Después le dio por estudiar un asunto apasionante, la televisión "interactiva", y a punto estuvo de crear Youtube (un par de neuronazas más y también lo hubiera inventado él). Pero finalmente, y gracias a sus apasionantes descubrimientos en materia de física de fluidos, ha encontrado en la salvación de la Humanidad su verdadera vocación.

Según Gore, de cuyos saberes en materia climatológica nadie osa dudar, la Tierra se está calentando por culpa del elevado consumo energético de los seres humanos. Y como el hecho de que el planeta se caliente algunas décimas de grado en el lapso de un siglo es, según los goremaníacos, una amenaza catastrófica que acabará con la especie Homo sapiens, el nuevo líder ecologista se ha impuesto como tarea/cruzada personal convencer al mundo de la necesidad de una actuación combinada de los distintos Gobiernos para evitar que nos hagamos pupita nosotros mismos.

Pero lo emocionante de la labor de Gore es que no se limita a reñir verbalmente a la Humanidad por su comportamiento contaminador, sino que con, su comportamiento, nos enseña el camino correcto para preservar la vida sobre la Tierra. Y para que el efecto tenga un impacto mucho más directo, el flamante premio Príncipe de Asturias ha decidido que, en lugar de convertirse en un anacoreta y limitar su consumo y el de los suyos al mínimo vital, lo pedagógico es hacer exactamente lo contrario, para que todos veamos claramente lo que no se debe hacer.

Y el bueno de Gore se sacrifica (y seguramente lo seguirá haciendo durante largos años) y se obliga a vivir en una casa con veinte habitaciones y piscina climatizada, a consumir veinte veces más energía que cualquier ciudadano medio estadounidense y a invertir en minas de zinc, que no envían a la atmósfera gloria bendita, precisamente. Salvar al mundo exige un precio y, por suerte para la Humanidad, hay héroes como Gore dispuestos a pagarlo.

En su calvario personal por defender el planeta, qué coño el planeta, ¡el Sistema Solar!, Al Gore se ha sometido incluso a la tortura de recibir un óscar de Hollywood, que acudió a recoger en una especie seiscientos tuneao con motorcito a pilas para quedar bien entre el artisteo de Malibú, cuyo tren de vida, como es sabido, oscila entre el de los eremitas medievales y el de los rigurosos ascetas tibetanos.

En general, la comunidad científica seria se ha descojonado con el documental gore de Gore, pero ha habido casos de estudiosos (no los climatólogos, que siguen aferrados al fascismo de los hechos comprobables) que han aplaudido entusiasmados ante la opera prima de este amigo que nada tiene de primo, quizás por los efectos especiales, que son una chulada, las cosas como son.

Mas el hecho de que el documental de Gore sea una obra de ficción fundamentada en datos sesgados, erróneos o directamente falsos, es lo de menos. Lo importante es que sirva a la estrategia global del progresismo, destinada a acabar de una puñetera vez con el sistema capitalista, que es de lo que se trata. Bajo esas coordenadas ideológicas, la obrita de Gore tiene una importancia capital.

Nada más apropiado, por tanto, que se le otorgue a Mr. Gore, en nombre de todos los españoles, el premio que lleva la denominación del Príncipe de Asturias, que, como es también conocido, acude a sus actos oficiales en bicicleta, con Leticia montada en el asiento de atrás, y vive en una solución habitacional tan diminuta que su capacidad de contaminar es virtualmente cero patatero.

Sirvan estas pobres letras, en consecuencia, para honrar como se merece al Premio Príncipe de Asturias 2007 de Contaminación Internacional. ¿O era de Cooperación?