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Riñones, trasplantes y libertad

Los estatistas colectivistas agravan el problema al negar la libertad individual y el derecho de propiedad de cada persona sobre su propio cuerpo, impidiendo un mercado libre de órganos que incentive la oferta y la ajuste a la demanda. La libertad consiste en oponerse a las agresiones violentas y respetar las decisiones ajenas, no en prohibir lo que a algunos les parece repugnante.

Recientemente se anunció en Holanda un programa de televisión escandaloso y muy criticado, el Gran Show del Donante: una donante a quien le quedaba poco tiempo de vida quería tener un gesto altruista (afirmaba que recientemente un amigo suyo murió por no recibir un riñón a tiempo) e iba a ofrecer un riñón sano al ganador del concurso entre tres enfermos renales; el mejor candidato sería elegido por la donante ayudada por el público. Resultó ser un montaje para sensibilizar a la población para que done sus órganos.

La Comisión Europea lo calificó "de muy mal gusto". La presidenta de la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades de Riñón de Madrid, Iluminada Martín Crespo, lo calificó de "barbaridad", insistiendo en que donación es "regalo" y cualquier cosa diferente es "absurda y muy perjudicial para las campañas de sensibilización". "En España tenemos la mejor ley de trasplantes del mundo y no debemos dejarnos influenciar por este tipo de programas y perder algo tan bonito como es el regalo de la vida". Las personas que muestran no saber pensar bien podrían tener algo más de cuidado al calificar ciertas ideas como absurdas: la vida es bonita, y regalarla aún más, pero legalizar la compraventa de órganos (o al menos poder elegir a quién donas el tuyo) no implica prohibir su regalo sino permitir que las personas escojan libremente; los adultos ya son mayorcitos para decidir qué influencias reciben. La valoración de nuestra intervencionista ley de trasplantes (bien engrasada con mucho dinero) es como poco subjetiva y muy particular, y quizás sólo sea la menos mala entre las muy malas de los demás países. Las campañas de sensibilización tranquilizan conciencias pero no resuelven problemas y pueden agravarlos, así que merecen ser criticadas cuando están equivocadas.

Según la ministra de Sanidad, Elena Salgado, este programa "sobrepasa todos los límites éticos"; "si esta situación se diera en España no cabe ninguna duda de que el Ministerio de Sanidad hubiera actuado para impedir la emisión. Mediante los medios judiciales necesarios seguro que conseguiríamos que el programa no saliera en antena". Adiós a la libertad de expresión, censura sin tapujos propia de su talante totalitario e intolerante. Para la ministra "la consideración de la medicina como espectáculo debe llevarnos a una reflexión profunda", de la cual ella es obviamente incapaz.

Ronald Plasterk, ministro socialdemócrata holandés de Enseñanza, Cultura y Medios de Comunicación lo calificó de "indeseable y poco ético", pero al menos reconoció que la constitución holandesa no le facultaba para censurar contenidos audiovisuales. Según él, el elemento competitivo del programa (que los posibles receptores tengan que ganarse los favores del público) es indeseable y convierte casi en una rifa lo que debería ser un gesto altruista. Lo que es realmente aberrante es que los políticos nos digan lo que podemos querer o valorar (indeseable: que no se puede desear), y lo que las cosas deben ser. El altruismo no es tan estupendo cuando se hace obligatorio y se prohíben las alternativas.

Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes, expresó su rechazo, calificándolo de "compra-venta de órganos" y "comercialización aberrante". Respecto al turismo del trasplante, una de las mayores preocupaciones de la Organización Mundial de la Salud, Matesanz declara rotundo que "en cualquier caso, es inmoral"; "es una forma de esclavitud, cuerpo humano a cambio de dinero". Y advierte de los riesgos al comprador occidental: "El donador altruista descubre su salud. Si ha tenido cualquier enfermedad, lo declara. Al que vende un órgano, le da igual no declarar que ha tenido una infección". "Hay bases para criminalizar estas actividades", afirma Luc Noel, coordinador de trasplantes de la OMS, organización que defiende que los órganos son un bien de la comunidad, no un objeto de negocio.

Matesanz parece ser un gran nefrólogo y poco más. No parece entender muy bien los conceptos económicos y éticos de compra-venta y comercialización, no aplicables a este programa televisivo. No pierde la ocasión de demonizar un mercado libre de órganos, sobre todo porque él es uno de los principales burócratas estatales encargados de impedirlo. Muestra su indigencia intelectual al comparar la venta voluntaria de un órgano a la esclavitud (denigrando así a los auténticos esclavos) y su intolerancia personal al intentar imponer criterios morales que otros no comparten en absoluto. Es típico de los liberticidas utilizar referencias inconcretas a la moral y la ética para descalificar lo que no les gusta e insistir en que les parece inaceptable que otros opinen de forma diferente. Olvida mencionar que los riesgos potenciales de contagio se deben a que la ilegalización hace que surjan mercados negros sin información transparente ni controles de calidad. La OMS deja muy claro que el comunismo sigue vivo en lo más personal, el propio cuerpo.

Enemigos del jazz

El jazz es uno de los acontecimientos musicales más importantes del pasado siglo XX. Su feliz nacimiento se produjo a finales del XIX a lo largo del delta del río Mississippi (con especial relevancia en la ciudad de Nueva Orleans). Maduró en las décadas siguientes y se extendió primero por Estados Unidos y, más tarde, por el resto del mundo occidental. También tuvo sus enemigos políticos bien precisos: el nazismo y el comunismo.

La espontaneidad, la alegría de vivir y la radical expresión individual del arte (o de cualquier otra actividad humana) casan muy mal con los totalitarismos. Por un lado, los nazis la calificaron de música degenerada y, por otro, los comunistas (más imaginativos) de música decadente, burguesa e imperialista. Cómo se acaban pareciendo los regímenes liberticidas.

Tras la traumática experiencia del crack del 29 y los trece años de distorsión que supuso la estúpida Ley seca (derogada en 1933), la gente empezó a regresar a los pequeños cafés, cabarets y salas de baile, donde los músicos de jazz podían ya ganarse mejor la vida. Para mediados de los años 30 el jazz se popularizó en su variante swing al convertirse en la música de baile preferida por la juventud del momento por su ritmo e insinuante balanceo. Surgieron entonces las big bands. Nunca antes, ni después, el jazz tuvo tanta aceptación. La radio, el fonógrafo y los primeros discos propagaron el jazz por doquier. Fueron famosas las bandas dirigidas por Duke Ellington, Count Basie (negros ambos) y Benny Goodman (apodado el "rey del swing" y judío): ¡hasta ahí podían llegar las tragaderas nazis! Sus jerarcas culturales hicieron ridículos intentos por controlar el jazz.

Allá por 1941 el enemigo se encontraba también en casa: una restricción horaria y la cabaret tax (nueva tasa federal del 30%) impuestas a todos y cada uno de los locales que empleaban cantantes y orquestas de baile causó el cierre de grandes salones y la disolución de muchas bandas de jazz en los Estados Unidos. Para eludir dicha tasa los propietarios de clubs y cabarets empezaron a contratar con preferencia a pequeñas formaciones instrumentales. Esto supuso el final de la era del swing, abriéndose paso la etapa del bob jazzístico (a pesar de las agresiones fiscales, el ingenio humano no se detiene).

Tras la guerra, el jazz dio definitivamente la espalda al gran público y se hizo más hosco, complejo y polirrítmico; era el be-bop. Despuntaron en esto cinco cumbres de verdadero culto: Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Bud Powell y Kenny Clarke.

En las dictaduras comunistas, a su vez, los amantes del jazz que tuvieron que padecerlas vieron cómo se decretaba la prohibición de su música preferida (como tantas otras cosas). Esta música, según los guardianes del Partido, era el símbolo de la subversión y de la decadencia capitalista y, por tanto, muy inconveniente para la sana cultura del Pueblo. Stalin incluso identificó el sonido del saxofón con la mayor aberración en música y, cual diligente padre moralista, confiscó todos los que pudo. No obstante, hubo permanentes sesiones clandestinas en el bloque del Este entre sus incondicionales. Los más aficionados al jazz resultaron ser los checos y los polacos (incluso hoy día, una de las dos revistas jazzísticas más importantes del mundo se edita, no en Estados Unidos, sino en Varsovia, Jazz Forum; la otra es japonesa, cosas de la globalización…).

La aparición en 1948 del disco de vinilo LP de 78 r.p.m., nueva invención (otra más) del perverso capitalismo consumista, supuso un hito para difundir masivamente la música. A partir de entonces, permitió a los jazzófilos escuchar las actuaciones completas de jazz en cualquier momento desde casa (y no sólo los fragmentos ocasionales emitidos por radio).

Asimismo, en los años 50 el jazz tuvo que competir con otro de los acontecimientos más relevantes de la música moderna: el Rock’n’roll (censurado también desde sus inicios en los diversos paraísos comunistas). Espoleados por este ambiente musical, aparecieron en las décadas siguientes nuevos estilos protagonizados por otra pléyade verdaderamente genial de músicos de jazz: John Coltrane, Charles Mingus, Max Roach, Miles Davis, Bill Evans, Dexter Gordon, Sonny Rollins, Art Blakey, Sara Vaughan, Chet Baker, etc.

Todavía hoy el jazz sigue vivo y en permanente evolución. Se transmuta y se funde con otros estilos, dando nuevas formas musicales. En concreto, el jazz latino es una de sus variantes más fascinantes. Confieso una especial predilección por Paquito D’Rivera, genial saxofonista cubano que, por descontado, sufrió las injerencias de los planificadores oficiales de vidas ajenas y que, finalmente, optó por huir de la vigilada isla caribeña.

Los disidentes, locos por el jazz, hicieron y harán siempre caso omiso de las directrices de sus particulares enemigos políticos. Si la música ha de ajustarse a sus imposiciones culturales, dejará de ser jazz, y si ésta es una música decadente pues, qué quieren que les diga, ¡qué magnífica decadencia!

El gran develador

El dinero-oro es uno de esos mecanismos con que cuenta la sociedad para defenderse. Y ha sido siempre objeto de manipulación por parte de príncipes, tiranos y gobiernos. Finalmente, gracias a la labor coordinada de los bancos centrales se ha logrado desvincular en gran medida la moneda del oro. Pero nunca del todo.

De hecho el oro es el gran develador; es el niño del cuento que señala al Rey y dice que está en bolas. Cuando el envilecimiento de la moneda es notorio, cuando la gente ya no se deja engañar, el oro reaparece. Y cuando se levanta es siempre para anunciar una crisis. En 1980 rozó los 860 dólares, unos 2.000 de los de hoy. Lleva más de un año rondando los 700, pero las ventas de oro de los bancos centrales impiden, sólo temporalmente, que se rompa esa barrera. El oro vuelve a hacer de chivato y los bancos centrales lo acallan. Pero sólo compran tiempo, a cambio de vaciar sus reservas.

¿Será esta la razón por la que el Banco de España ha lanzado al mercado nada menos que el 26 por ciento de sus reservas en tres meses? Los bancos europeos tienen un acuerdo desde 1999 por el que, en conjunto, pueden vender hasta una cierta cantidad de oro. ¿Está el Banco de España cumpliendo su parte? Lo único que tenemos son las palabras del ministro de Economía, Pedro Solbes, diciendo que "el oro no es ya rentable". ¿Ni aunque pase de 700 a 2.000 dólares, como en 1980?

Pero ya hay quien escucha al oro y se está protegiendo para lo que pueda venir. Por el momento tenemos a la Reserva Federal moderando sus ventas y al Banco Central de Rusia comprando toda la producción nacional de oro, y es el quinto productor mundial. Hay reyes que están volviendo a vestirse.

Manteniendo la estafa piramidal del Gobierno

Ante esta situación caben dos tipos de políticas. Por un lado podemos taparnos la nariz, decir que todo va de maravilla y tratar de alargar la agonía del sistema social de pensiones. En este caso las medidas concretas consisten en ampliar el periodo de cálculo de las pensiones hasta llegar a toda la vida laboral, elevar el número mínimo de años que hay que cotizar para acceder a la pensión, retrasar la edad de jubilación y poner el fondo de reserva a generar algún tipo de renta. Esto es lo que pretende hacer el Gobierno socialista y lo que proponen quienes no tienen las agallas suficientes como para decirles a los ciudadanos que les han estado estafando durante años, es decir, todos los políticos. La idea sería retrasar temporalmente las consecuencias del fraude con un nuevo timo. En los países donde se ha seguido esta senda sólo se ha conseguido alejar unos años la fecha de la quiebra. Eso sí, a base de una reducción media en torno al 24% de la promesa de remuneración.

Por el otro lado existe la opción de pasar a un sistema de capitalización individual. Se trata de abandonar el sistema piramidal de reparto y adentrarnos en un sistema en el que una parte de las rentas del trabajo de cada uno se ahorran e invierten a largo plazo para generar un fondo del que poder tirar cuando uno no pueda o no quiera seguir trabajando. Este modelo es sostenible, no precisa aumentar obligatoriamente la edad de trabajo, ayuda al crecimiento económico general y es éticamente sólido. Y usted se preguntará, con toda la buena fe del mundo: "Si el sistema de capitalización es tan bueno, ¿por qué demonios no se lleva a cabo?" La respuesta es bien sencilla. La propaganda estatal lleva décadas bombardeándonos para hacernos creer que el timo obligatorio en el que nos han metido los políticos es un maravilloso avance social y un paradigma de solidaridad. El mensaje ha calado de tal forma en la sociedad que ahora el político que se desmarque de la mentira oficial tendría que asumir un gran coste en términos electorales.

Sin embargo, no hay que descartar que algún día surja un político honesto que arriesgue su carrera política por decir la verdad. En 1992 algunos políticos australianos decidieron contar lo que realmente pasaba y proponer un cambio de modelo. En la actualidad más del 90% de los australianos disfrutan de la capitalización de un mínimo del 9% de su salario. En apenas 15 años la mejoría es tan evidente que las prestaciones de las pensiones públicas subsidiarias parecen de chiste.

Otra posibilidad de cambio es que la sociedad civil vaya dándose cuenta de la engañifa y los políticos no tengan más remedio que cambiar de discurso. Si la gente supiera que cerca del 30% de su sueldo va destinado a pagar una pensión de miseria hay posibilidades de que, ante un parche como el que ahora anuncia el Gobierno, se produjera una rebelión pacífica que pusiera fin a la demagogia política sobre las pensiones. De ese modo lo que saldría a bolsa serían nuestros ahorros y no las sobras del reparto político de nuestros salarios.

Ni libertad ni seguridad

La ley más importante de las últimas décadas de los Estados Unidos se ha aprobado sin más: una simple directiva firmada por el presidente del país, en un lenguaje incomprensible para el ciudadano medio. Los grandes medios lo han ignorado. Desnuda de cualquier bienvenida oficial, un reciente 9 de mayo aparecía en la web de la Casa Blanca la National Security and Homeland Security Presidential Directive; o al menos la parte desclasificada, porque todavía hay una parte sobre la que aún hay más secretismo.

¿Qué prevé este decreto que lo hace tan importante y tan peligroso? Nada menos que dar poderes cuasidictatoriales al presidente de los Estados Unidos en caso de emergencia. Una declaración presidencial de que su país está ante un inminente ataque exterior, una catástrofe natural en un momento propicio, y pondrá bajo su mando "los gobiernos de los estados, locales, territoriales y tribales y los propietarios privados y operadores de las infraestructuras críticas" para "permitir una respuesta y una recuperación más rápida y efectiva de una emergencia nacional".

Si algo caracteriza al totalitarismo es la costumbre, denunciada por Orwell, de trastocar el significado de las palabras y dar a las cosas nombres opuestos. Como el Ministerio de la Verdad o el de la Paz de 1984, este decreto se aprueba para "defender al Gobierno constitucional". ¿Qué gobierno omnipotente está previsto en la Constitución de los Estados Unidos? ¿Quién defenderá a la Constitución de un Gobierno con tales poderes?

Robert Higgs explica que el Estado crece a base de buenas crisis en las que erigirse como salvador. Muchas de ellas (guerras, crisis económicas…) las crea él mismo. Cuando todo el país parece amenazado, cuando la naturaleza se produce con una violencia sobrehumana, cuando la economía no ofrece ninguna esperanza y sí muchas inseguridades, ¿cómo nos vamos a negar si quien tiene el poder nos viene con un plan para defendernos, para salvarnos, para sacarnos del hoyo? Eso sí, todos los poderes excepcionales, especiales, provisionales, llegan para quedarse. Y no son necesarios. Soy de los pocos que creen que la libertad es lo más seguro.

Quienes admiramos aquél país y le defendemos de tantas invectivas es porque aún mantiene, bien que mermada y en permanente amenaza, la libertad con que nació. Porque en su concepción está lo mejor de los ideales liberales concebidos en Europa y porque vemos en Estados Unidos una esperanza para el mundo. Chavezazos como éste nos deben hacer temer lo peor.

La cumbre alternativa y el arte de lo obvio

Esta semana se han reunido en Alemania los ocho países más ricos y Rusia para tratar los temas más relevantes del momento. Parece que a Angela Merkel no le hacen mucho caso en lo del CO2, Putin y Bush se van entendiendo dentro de las diferencias… nada nuevo bajo el Sol.

Pero ha habido una cumbre paralela que, además de contar con las exhibiciones acuáticas de Greenpeace, culminó ayer con un macroconcierto en Rostock (Alemania). No podían faltar a la cita Bob Geldof y Bono, habituales de estas ferias.

¿Realmente reclaman algo legítimo? Según explican, los políticos les prometieron cosas que no han cumplido. Pero en la cumbre del 2005 en Gleneagles lo que hicieron los representantes de los países ricos fue acordar un aumento de la ayuda al desarrollo hasta llegar a los 50.000 millones de dólares en el 2010. Es cierto que, por el contrario, se han registrado en 2007 niveles más bajos de cooperación internacional. Sin embargo ¿una promesa es lo mismo que un acuerdo? Y, sobre todo, ¿la ingenuidad de estos cantantes llega al extremo de confiar en la palabra de un político? Tal vez sí, pero ¿y la del Nobel Yunus, la ecofeminista india Vandana Shiva y el líder del Llamado global a la acción contra la pobreza, el sudafricano Kumi Naidoo, que estuvieron allí soltando sus speeches también? La gestión de los pobres está en las manos equivocadas.

El mayor estímulo del capitalismo no es el beneficio, sino la amenaza de pérdida. Pon debajo de las personas un colchón protector de bienestar y vegetarán como animales.

Esta frase (que no es mía) explica una obviedad relacionada con la pataleta de los adalides de los pobres. Si quieres sacar a los pobres de su situación, no les transmitas tu virus estatista, simplemente no les impidas que lo hagan, y si sientes mucha impotencia fomenta la cooperación voluntaria, no socialista; fomenta la iniciativa privada. En una palabra, el capitalismo.

A Adam Smith le parecía obvio que sólo el sistema de libertad natural, aquel en el que impera el respeto por la libertad individual para emplear la propiedad, el trabajo y el capital como cada uno considerara y el respeto al libre intercambio, era el marco adecuado para que los países pobres dejaran de serlo. A los liberales, en general, también nos parece obvio que el capitalismo y la libertad individual son el camino para salir de la pobreza.

Pero en una sociedad tan compleja como la actual, decir lo obvio no solamente no está de más, sino que es necesario para no perderse entre la maraña de mensajes subliminales, confusos y socializantes con que nos machacan por todos lados. Y lo más obvio de todo es que los pobres no necesitan promesas ni acuerdos, necesitan ser rentables a los ricos, contratos que se cumplan, ánimo de lucro, tener algo que perder. No necesitan caridad, ni bajos niveles de CO2, ni un concierto de reafirmación de los líderes de masas, de los gurús de la pobreza, ni una exhibición acuática de los ecofascistas.

Los 30 activistas españoles de Intermón Oxfam han protagonizado un acto reivindicativo durante el festival enarbolando unas manos gigantes en las que se podía leer El mundo no puede esperar. Pues ya saben lo que tienen que hacer. Es obvio.

La caña de España.es

No, no ha leído mal. El registrador polaco comenzó a admitir direcciones con esta letra el 11 de septiembre de 2003. Y no es el único. Además de los internacionales .com, .biz y .net, son varios los países que permiten utilizar dicho carácter en direcciones de Internet con sus sufijos nacionales. Es el caso, entre otros, de Chile y Perú. Pero también de otros cuya lengua no es la española, como Belice y Portugal.

Pero claro, aquí se va despacio debido a que las cosas se quieren hacer bien. En primer lugar hay que encontrar el problema y después al encargado de solucionarlo. Y quién mejor que la siempre sorprendente ministra de Cultura, Carmen Calvo. Dando muestras de su gran conocimiento de la Red, anunció que pediría a Bill Gates "el dominio de la eñe en Internet". Nuestra "cocinera antes que fraila" preferida ha resultado ser toda una maestra, también en esto. No tuvo en cuenta, primero, que direcciones como España.com o Eñe.com ya estaban disponibles cuando dijo aquello, y segundo, que el nuevo doctor honoris causa por Harvard no tiene autoridad en estos asuntos.

Afortunadamente para Calvo, la conversación no tuvo lugar. Un bochorno más que se ahorró la señora ministra. Además, por fortuna para ellos, la titular de Cultura no debe de ser asesora de Red.es. Así que en esta entidad se olvidaron de ese señor al que la Calvo tanto parece venerar y se pusieron manos a la obra. Y qué mejor que consultar a unas entidades que saben mucho del idioma español y nada o casi nada de tecnología, como son la Real Academia Española y sus equivalentes del otro lado del Atlántico. Además, también pidieron consejo a algunas autoridades nacionales registradoras de dominios, como la alemana. En esto último acertaron; imagino que los germanos les explicarían que lo que se debe hacer es adaptarse al sistema de Internacionalización de Nombres de Dominio en Aplicaciones (IDNA).

Aunque todavía este sistema presenta algunos problemas, como la falta de compatibilidad con algunos navegadores y muchos gestores de correo electrónico, es la solución aceptada en el resto del mundo. Claro que para saberlo no hacía falta molestar a tanta gente.

Una vez que se consigue lo que aquellos que no usan la eñe lograron cuatro años antes, llegará el turno para que los ciudadanos registren sus flamantes .es con eñes incorporadas. ¿Y qué mejor modo de conseguir que cada vez más españoles utilicen el sufijo patrio que complicando las gestiones? Pobre de usted si pretende adquirir, por ejemplo, montañeros.es y no tiene ningún dominio español registrado antes. A esperar, que quienes ya poseen alguno tienen prioridad. Y claro, ¿para qué va a perder la Administración pública la oportunidad de ganar dinero a costa de los ciudadanos? A igualdad de prioridad, subasta al canto. Sería mucho más simple que el primero en pedir un dominio pudiera llevárselo sin más, pero burocracia y simplificación casi nunca van unidas.

Ahora sí podemos decir de Red.es que es la xn--caa-8ma de xn--espaa-rta.

El príncipe Gore

Por si a Al Gore le faltara publicidad o financiación, el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional ha acudido en su auxilio.

Les diré que Gore, hace un año, en mayo de 2006, afirmaba que "nadie está interesado en soluciones si no creen que hay un problema" y que por lo tanto creía apropiado recurrir al alarmismo para captar la atención de la audiencia y así, ya en estado de shock, hacerla más receptiva a las medidas con las que tendría que comulgar para salvar el planeta. Precisamente este esfuerzo, ciertamente propagandístico, es lo que ha destacado el jurado que ha otorgado el premio:

El Jurado quiere, sobre todo, resaltar con este premio los grandes méritos de Al Gore, un hombre público que, con su liderazgo, ha contribuido a sensibilizar a sociedades y gobiernos de todo el mundo en defensa de esta noble y trascendental causa.

Hay que suponer que en la concesión del galardón ha primado la buena voluntad de los jurados, buenos propósitos asentados sobre la creencia firme de que estamos ante un verdadero problema; de hecho, si hemos de creer a Gore, en las puertas de un verdadero cataclismo. Según los estatutos de la Fundación los premios se destinan a galardonar "la labor científica, técnica, cultural, social y humana realizada por personas, equipos de trabajo o instituciones en el ámbito internacional". Concretamente, el otorgado al ex vicepresidente Gore se concede "a la persona, personas o institución cuya labor haya contribuido de forma ejemplar y relevante al mutuo conocimiento, al progreso o a la fraternidad entre los pueblos".

Aunque hay que recordar que aunque la labor científica de Gore fue avalada por la revista Scientific American, que le nombró político de 2006, no parece que la ciencia sea el principal protagonista de la cinta que le hizo merecedor de un Oscar, también el año pasado. Los datos, las imágenes, las conclusiones apocalípticas con las que rellena 90 minutos de docuganda no son mantenidas, en su mayoría, ni siquiera por el IPCC. Podemos citar algunos ejemplos llamativos.

Gore nos recuerda que en Europa murieron 34.000 personas a causa del calor en 2003, para luego afirmar que la cifra será millonaria por culpa del calentamiento global. Por su parte el IPCC atribuye la ola de calor de aquel año a fluctuaciones climáticas locales ya que no puede establecer su relación con el incremento de los niveles de CO2, ni por lo tanto al calentamiento que, nos dicen, el satánico gas precipita.

Nos cuenta que el nivel del mar subirá dramáticamente cuando el hielo de la Antártida, el de Groenlandia y el (flotante) polo ártico se hayan derretido. Esto ocasionaría, según Gore, terribles inundaciones que afectarán a todas las grandes ciudades costeras provocando la muerte, la destrucción más atroz y el desplazamiento de millones de personas. Bluf. Incluso según el IPCC esto es un delirio colosal. Entre otros motivos, por destacar uno bien llamativo, porque la Antártida no se está derritiendo, al contrario. Además, habría que añadir que, aunque Gore no lo menciona, Groenlandia soportaba en 1920 temperaturas como las actuales e incluso se "calentaba" más rápido.

Pero sin duda, uno de los "exteriores" favoritos de Gore es el Kilimanjaro, cuyos glaciares estarían desapareciendo a causa del calentamiento acarreado por el cambio climático. Sin embargo, según Pat Michaels, la temperatura de la cumbre del Kilimanjaro ha descendido 0,22ºC desde 1979, pese a lo cual los glaciares que la adornan siguen desapareciendo.

[…] el período desde 11.000 a 4.000 años atrás era más caliente en África de lo que es hoy en día, y a pesar de esto el Kilimanjaro tenía glaciares porque también era más húmedo que ahora. Algunos calculan que la precipitación actual equivale a la mitad de lo que era durante ese período caliente. Obviamente es la precipitación –no la temperatura– la clave de la glaciación en el Kilimanjaro.

Por otro lado existen evidencias de que los glaciares del Kilimanjaro comenzaron a derretirse a finales del siglo XIX. Y, coincidiendo con lo expuesto por Michaels, no a causa de un calentamiento de la zona, sino por la reducción de la humedad circundante.

En fin. Opino modestamente que el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional se ha equivocado al agasajar al político Gore, conocido tanto por su extremismo (capaz de comparar la falta de reciclaje del aluminio con el Holocausto, por ejemplo), como por su falta de coherencia. Espero que el año que viene se informen más para elegir mejor. Si de eso se trata, con criterios más nítidos.

Los españoles no nos dejamos robar

Aunque nos suene grotesco, es algo que vemos y leemos cada día. El Gobierno, a diferencia de otros grupos alternativos, nos dice que sus impuestos no son revolucionarios, sino sociales. En realidad son dos formas de ver lo mismo. El robo se puede justificar de muchas formas, pero sigue siendo robo. La única razón por la cual los impuestos son pagados es por el miedo a las represalias, ya sea de organizaciones ilegales o legalizadas (Hacienda).

Los impuestos, como toda expropiación, son una gran injusticia. La presión fiscal en España supera el 36% según fuentes oficiales aunque dependiendo de cómo se contemple podría estar en un 40%. Para ver lo que esto significa, simplifiquemos la situación. De las 40 horas semanales que usted trabaja, 16 horas, o lo que es lo mismo, dos jornadas, son propiedad del Estado. También lo podemos expresar en el llamado Tax Freedom Day (día de liberación fiscal). Si tomamos todo el año, nos pasamos pagando impuestos casi 150 días ininterrumpidamente. Esto significa que si empezamos a pagar el uno de enero, el día de la liberación fiscal lo pasamos hace poco más de un mes. Mirémoslo en un plazo más dilatado. Si empezamos a contar desde que somos laborablemente activos (16 años) hasta que nos jubilamos (65 años), dedicamos 20 años de nuestra vida, única y exclusivamente a trabajar para el Estado.

Cuando una persona trabaja para otra contra su voluntad y sin ninguna remuneración, a eso se le llama esclavitud. La confiscación por la fuerza de nuestro trabajo (impuestos) se puede calificar de muchas maneras pero no tiene ninguna justificación social tal y como claman los amantes del totalitarismo económico.

Todo y así, aún hay gente que cree que lo ricos pagan más. Un estudio realizado en 2005 dio un dato curioso aunque nada sorprendente. Cada año, entre 350 y 370 ricos abandonan Francia debido a los impuestos. En España, un escaso 0,2% de declarantes asegura a Hacienda percibir unos ingresos anuales de 200.000 euros. Si esto fuera cierto, muchas entidades financieras destinadas a la gestión de fortunas no existirían. Si bajamos el listón, vemos que entre los empresarios ocurre algo similar. Según datos de la Agencia Tributaria, los asalariados declaran el doble de renta que los empresarios. ¿Cree que tal barbaridad es cierta?

Pero es que si bajamos más el listón de rentas nos encontramos que todos, en mayor o menor medida, no le decimos al ladrón cuándo no estamos en casa. Según la asociación de Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha), los españoles "ocultamos" 1.800 millones de euros en alquileres al fisco, lo que significa casi un millón de arrendamientos. Esos "evasores de impuestos" ya no son gente rica. El alquiler de viviendas por parte de particulares está muy extendido en España entre las clases medias. Cualquiera en su vida cotidiana intenta no pagar el IVA al lampista, al mecánico o a cualquiera que pueda. Es totalmente lógico que la economía sumergida española esté en una horquilla del 20 al 25 por ciento del PIB, unos 10 puntos por encima a la media europea.

Es indiscutible que los españoles, viendo las cifras y a pesar de las duras penas que hay por no ceder económicamente al Estado, percibimos los impuestos como un robo y somos unos campeones en nuestra defensa fiscal, eso que el Estado llama fraude. Si los políticos quisieran servir de verdad a la gente, esto es un mensaje claro de cuáles son nuestras preferencias. Mientras el cambio no llegue, no lo dude: usted sabe manejar mucho mejor su dinero que cualquier político que se lo quiera expropiar.

Logros sociales

Es frecuente encontrar individuos que excusan la tiranía de determinados déspotas en base a los supuestos logros sociales que se han obtenido. Para ellos, la consecución de un bien superior justifica el avasallamiento de los ciudadanos sometidos bajo el sátrapa de turno. Así, la opresión y falta de libertades es un sacrificio menor al que se ve sometida la población en general de un país. A cambio obtendrá como recompensa unos valores superiores que sólo de este modo es posible lograr.

Este razonamiento no supone ninguna novedad. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial era frecuente que determinados políticos europeos excusasen a Hitler por sus “excesos”, ya que había logrado grandes avances para Alemania, entre los que solían citarse fundamentalmente la red de autopistas alemanas. Según ellos, el recorte de libertades y derechos que suponía la dictadura del partido nazi eran compensados con creces por los avances sociales que lograba el Gobierno.

Toda dictadura suele encontrar su justificación moral en unos supuestos logros sociales que sólo por medio de ella se alcanzarán. No obstante, y tal y como se puede comprobar en la práctica, resulta difícil percibir las bondades de dicho bien si no se pertenece al grupo selecto destinado a guiar los destinos del nuevo orden.

Si tomamos el ejemplo original de las autopistas, a priori puede resultar difícil rebatir el hecho de que las redes existentes en Alemania e Italia antes y durante de la Segunda Guerra Mundial eran prácticamente las mejores y más extensas de Europa. Sin embargo, atendiendo a las descripciones de la época, no era extraño encontrarse con el hecho de que dichas vías tenían un tráfico inferior al de las carreteras secundarias inglesas de la época. Por tanto, gran cantidad de dinero de los contribuyentes alemanes e italianos fueron destinados a una serie de proyectos faraónicos de los cuales no se obtuvieron casi rendimiento, al apenas ser utilizados. Como resultado, el mantenimiento de dichas fantásticas redes fue recortándose, hasta el punto de que cuando Hayek escribió su Camino de Servidumbre comentaba que el mantenimiento de las autopistas se había suspendido totalmente. Si el dinero proporcionado por los impuestos para la construcción de estas obras hubiese permanecido en el bolsillo de sus ciudadanos y éstos hubiesen gozado de libertad, podrían haberlo destinado a la satisfacción de necesidades que sí les iba a interesar, en lugar de verse desperdiciados en proyectos que no les iba a reportar ningún beneficio.

La misma conclusión se puede obtener de los tiranos modernos. Los defensores de cierto dictador actual suelen centrar su enaltecimiento en el servicio sanitario que existe en el país. Así los asesinatos, robos y limitación de libertades que tiene lugar son hechos desgraciados pero que quedan relativizados por este bien común. Sin embargo este famoso modelo sanitario hace aguas por todos lados al carecer del más mínimo mantenimiento las instalaciones o carecer de medicinas. Por lo tanto todo el dinero gastado por el dictador sólo ha servido como medio de propaganda del régimen, sin que la mayoría de los ciudadanos haya percibido el más mínimo beneficio del dinero que se le ha expropiado.

Quienes justifican esta superioridad de la tiranía por haberse beneficiado el interés general debido a unos determinados logros, suelen olvidar cuál es el objetivo fundamental de un Gobierno. Para ello, nada mejor que recordar el segundo párrafo de la declaración de independencia de los EE.UU., donde se afirma lo siguiente:

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados […]

La labor fundamental del Gobierno es garantizar los derechos fundamentales del individuo, es decir, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Ningún Gobierno puede conseguir ningún fin superior a éstos, por muy loable que parezca, mucho menos si pretende lograrlo eliminándolos.

El fallo de todos los tiranos radica en la consideración del individuo como mero mecanismo que sirve para lograr otro fin, cuando es al revés, es el Gobierno el que debe estar al servicio del individuo, para que éste tenga garantizado su vida y libertad frente a otras agresiones. El individuo es el mayor bien social que tiene cualquier Gobierno, y es el que proporcionará nuevas formas de bienestar con su trabajo e inventiva, siempre que sea libre de aplicarlos. Sólo de esta forma, respetando y confiando en la ciudadanía, podrán obtener los gobiernos un fin superior, sus gobernados.