Ir al contenido principal

Pobreza y moral

En un anterior artículo intentaba explicar una idea sencilla, pero que se me antoja esencial para entender el fenómeno de la pobreza. En primer lugar, ésta no es más que ausencia de riqueza. Y la riqueza no está ahí, esperando a que la atrapemos, sino que tenemos que producirla. Hacerlo depende de nuestro comportamiento. En consecuencia, el aumento de la riqueza, o la reducción de la pobreza, depende básicamente del comportamiento individual. Los esquemas redistributivos, que parten de una idea equivocada de lo que es la riqueza y de dónde proviene, confían en la transferencia de rentas, centrándose en el aspecto más material, sin percatarse de que lo relevante, en última instancia, es el comportamiento.

Acción e incertidumbre son inseparables. Pero nosotros hemos dado con varias formas de reducir la incertidumbre y aumentar así las posibilidades de éxito de nuestras acciones, y una de ellas son las instituciones, comportamientos pautados que nos ayudan a actuar correctamente, como por ejemplo la moral. La forma tradicional de acercarse a la pobreza evitaba la simple ayuda económica inmediata, especialmente en su forma más abstracta y versátil, el dinero, y se centraba principalmente en la reforma del comportamiento individual, para que quien se encuentre en una situación económicamente comprometida pueda salir adelante por sus propios medios.

Por ejemplo, se favorecía el mantenimiento de la unidad de la familia, así como que se cultivaran las relaciones con partes más amplias de la familia y con los miembros de la sociedad en que vive. Estas redes de solidaridad natural son transmisoras de los valores morales comunes y favorecen la atención a quien lo necesita. Valga como ilustración que, según la Fundación Heritage, en Estados Unidos "casi dos de cada tres niños pobres vive en familias monoparentales… Si las madres pobre se casaran con los padres de los niños, casi tres cuartas partes saldrían inmediatamente de la pobreza", tal y como allí se define ésta.

Los programas de ayuda estaban generalmente condicionados a algún trabajo, como pudiera ser el cuidado de los bosques. No para que las personas atendidas pagaran con su esfuerzo la ayuda que recibían, sino con el fin de que adquirieran el hábito del esfuerzo personal o el cumplimiento de compromisos adquiridos, lo necesario para que la persona pueda insertarse en el mercado de trabajo y salir delante de forma autónoma. También se intentaba favorecer la frugalidad y el ahorro, o alejar a las personas atendidas de vicios como el alcohol o las drogas, que desordenan el comportamiento.

Ello no quiere decir que no se ayudara materialmente a los pobres. Pero las ayudas no solían ser meramente dinerarias, sino que las organizaciones de caridad, que tenían una relación cercana con los pobres, atendían sus necesidades con los bienes adecuados. Si una familia vivía en una casa sin calefacción, se le daba una, pero no el dinero para comprarla. También era muy común que la ayuda económica consistiera en bienes de producción con los que hacer productivo su trabajo.

Siguiendo unas normas de comportamiento sencillas y razonables, si la persona no está impedida o no tiene una carga especial, es fácil escapar a la miseria económica. Un artículo de Steven Malanga decía: "para permanecer fuera de la pobreza en Estados Unidos, es necesario hacer tres cosas muy sencillas, según han sabido los científicos sociales: terminar el instituto, no tener niños hasta haberse casado y esperar al menos hasta los 20 para casarse. Haz estas tres cosas, y las posibilidades de empobrecerte son menos de una entre diez. Sin embargo, cerca del 80% de quienes no logran hacer estas tres cosas terminan siendo pobres".

Si se asegura una renta o una cantidad de bienes y se le dice a la persona que constituyen un derecho suyo, pese a que no los ha producido ella, se desincentivan el esfuerzo personal, el trabajo y el ahorro. Si se siguiera el camino opuesto, los resultados se verían enseguida. Volvamos al caso de los Estados Unidos. La Fundación Heritage ha calculado que "en los buenos tiempos, como en los malos, la típica familia pobre se sostiene con solo 800 horas de trabajo al año; esto son 16 horas de trabajo a la semana. Si el trabajo de todas las familias se elevara a 2.000 por año –el equivalente a un adulto trabajando 40 horas a la semana a lo largo del año–, casi el 75 por ciento de los niños pobres saldrían de la pobreza" tal como se fija allí oficialmente.

El lince cagón

El lince ibérico, como animal territorial, señala su territorio con deshechos orgánicos, pero este lince narbónico (Linx narbonus) que merodea por Madrid ha dado un gran salto en el proceso evolutivo, pues amojona los terrenos no en función de sus necesidades de caza, sino con una fuerte conciencia social para impedir el desarrollo desordenado típico del capitalismo salvaje. Lo que no han conseguido las brigadas ecologistas con sus presiones a los políticos madrileños, paralizar la construcción de la carretera M-501, lo ha conseguido este lince rojazo con un par de apretones. La Madre Naturaleza no sólo es sabia; también es socialista. Y eso que Esperanza Aguirre, una señora amable, cariñosa y limpia (como la Trini pero en inteligente), es una persona que con toda seguridad ama a los animales, pero ante un lince con principios el argumento sentimental no causa ningún efecto.

Aunque las costumbres migratorias no son habituales en la especie, un ejemplar progresista como al que nos enfrentamos es muy capaz de desplazar su campo de acción hacia Valencia y Murcia, como un cruzado gatuno en defensa del desarrollo sostenible amenazado por los políticos del PP. Lo más probable es que los expertos en caca felina del Ministerio de Medio Ambiente estén rastreando ya, a través de sofisticados sistemas por satélite o incluso directamente sobre el terreno, toda la costa levantina en busca de pruebas fecales que justifiquen la necesidad de acabar con la economía de la zona. De ahí a suspender todas las corporaciones locales desde Castellón hasta Murcia solo hay un paso.

El bicho es tan inteligente que no pasa de la línea de Despeñaperros hacia abajo para hacer caca, gracias a lo cual, en Andalucía surgen los campos de golf como champiñones, con sus correspondientes urbanizaciones adosadas, sin que Natura produzca este tipo de alarmas. Si hacemos caso a la web de la Federación Española de Golf, la Andalucía de Chaves, la región más seca de Europa, cuenta con ochenta y tres campos, por seis en Murcia o veintitrés en toda la Comunidad Valenciana.

Si yo fuera presidente de una comunidad autónoma desafecta buscaría al puñetero lince para darle una subvención. O eso o una perdigonada en el trasero, para que aprenda a hacer sus cosas en el sitio apropiado. Ya sé que es una especie en peligro de extinción, pero también lo es la Constitución del 78 y miren cómo la tratan el gobierno y sus socios.

Símbolos de libertad

Ama-gi

Corría el año 2300 antes de Cristo, más o menos, cuando alguien en la ciudad-estado sumeria de Lagash inscribió el símbolo cuneiforme del ama-gi en un documento de arcilla. A día de hoy, ésa es la expresión escrita más antigua que se conserva de la palabra libertad.

A medida que el interés por este inmortal concepto va renaciendo, son más y más los que redescubren los muchos y diversos símbolos que a lo largo de las eras y de las civilizaciones lo han representado. Veamos algunos de los más recientes.

La bandera de Gadsden

Cuando las Trece Colonias se batieron contra el Imperio Británico, uno de los símbolos más populares fue la Bandera de Gadsden, una serpiente de cascabel sobre un fondo amarillo. Fue Benjamín Franklin quien mejor supo explicar la analogía entre ese animal y los ideales de aquella joven nación: jamás es la primera en atacar, cuando lo hace avisa primero y cuando ha empezado jamás se rinde. Sobre la serpiente, la Bandera de Gadsden lucía el lema: Don’t Tread On Me! (no me pisotees). Una de las formas más claras y directas de expresar lo que se entiende por libertad: ¿verdad que no me meto contigo? ¡Pues, déjame en paz!

Libersign y Tanstaafl!

A finales de los años sesenta, David Nolan estaba harto del topicazo que encasillaba a todo hijo de vecino en un espectro político unidimensional. Se suponía que o eras conservador y, por lo tanto aceptabas la libertad de empresa y atacabas ciertos comportamientos individuales (en materia de sexo y religión, por ejemplo), o eras izquierdista y entonces atacabas la libre empresa y defendías aquellos comportamientos.

Fue entonces cuando ideó el llamado World’s Smallest Political Quiz (el cuestionario político más pequeño del mundo), también conocido como Nolan Chart. La idea era sencillísima: cinco preguntas sobre materia económica y cinco sobre asuntos personales. Los resultados se representaban sobre unos ejes cartesianos en forma de aspa dando lugar a un gráfico en forma de diamante.

Los que respondían a favor de la libertad económica y a favor del control del Estado en asuntos personales, serían la derecha conservadora. Los que respondían a favor del control del Estado en la economía y en contra de su injerencia en asuntos personales serían la izquierda progresista, lo que en EE.UU. llaman "liberals". Los que respondían siempre a favor del control del Estado serían los autoritarios. Los que respondían siempre a favor de la no injerencia del Estado serían los libertarians, lo que en español llamamos "liberales". Los que no se decantaban claramente ni por el control estatal ni por la liberad en ninguno de los casos, serían los centristas.

Pocos años antes, Robert Heinlein había publicado su novela de ciencia-ficción La luna es una cruel amante en la que narraba la lucha de las colonias lunares por la independencia. Los colonos enarbolaban una bandera negra salpicada de estrellas en la que lucía una franja roja y un cañón dorado sobre el lema TANSTAAFL!, acrónimo de la expresión inglesa There Ain’t No Such Thing As A Free Lunch! (¡Las comidas gratis no existen!), que venía a recordar el hecho de que cuando alguien ofrece algo gratis suele suceder que un tercero ha de pagarlo, o sea, que la libertad de uno no puede ser jamás la esclavitud de otro.

Inspirado por el diagrama de Nolan, Heinlein diseñó un nuevo símbolo para el liberalismo más lanzado. Con un diseño minimalista de inspiración sagitaria, símbolo de la sabiduría y de la liberad, Heinlein trazó el aspa del diagrama y tildó el eje vertical con una punta ascendente. Pero era también una clara referencia al cuadrante superior donde se encontraba el liberalismo en el cuadro de Nolan. Lo llamó libersign.

Libertatis Æquilibritas

Uno de los símbolos liberales más curiosos es el Libertatis Æquilibritas, el equilibrio de la libertad. Consiste en la combinación del símbolo taoísta del Yin Yang, el círculo-A del anarquismo y el carácter $ de la divisa norteamericana.

El primero representa la armonía que resulta de la ausencia de coerción, o sea, de la inacción del Estado. El segundo, redunda en lo anterior al recalcar el componente anarquista. Y el último, el dólar, representa el mercado en el que no hay coerción sino relaciones voluntarias mutuamente gratificantes.

El Libertatis Æquilibritas suele representarse en color azul, negro o dorado. El primero es frecuente como símbolo de la libertad. El segundo simplemente resulta más fácil de representar. Y el último se refiere a la vieja y estrecha relación entre el oro y la libertad.

Expo Zaragoza 2008, agua y desarrollo insostenible

Dicen que son los dictadores los que tienen querencia por emular a los antiguos faraones y llenar la tierra de sus sufridos súbditos de gigantescos y costosos monumentos erigidos en los lugares más inverosímiles. Lo cierto es que las democracias tienen también un elevado número de proyectos faraónicos a sus espaldas pero con una diferencia: mientras que el dictador la levanta y punto, que para eso es dictador, la democracia tiene que explicarlo y de esa manera entramos en el turbulento mundo de la hipocresía como táctica política. Es posible que uno de los macroproyectos lúdico-políticos más repetidos por parte de los demócratas de pro sean las Exposiciones, ya sean universales, internacionales o vecinales. El presidente, el alcalde, el gobernador gusta dejar impronta de su labor a costa de los contribuyentes, que para eso le han elegido.

En algo más de dos años disfrutaremos en España de la Expo Zaragoza 2008 de la que se dice que "será la celebración Internacional de la fecunda relación del agua y las comunidades humanas, en un proyecto global, eficiente y solidario. De ahí, que el proyecto se construya sobre un concepto indisoluble: AGUA y DESARROLLO SOSTENIBLE". Y lo cierto es que la romanza, aunque un tanto hortera, es atractiva para muchos.

El sempiterno cambio climático y las sequías más o menos periódicas que vive la Península Ibérica son dos razones más que suficientes para dotar a tan histórica ciudad de una exposición políticamente correcta. Los organizadores, es decir, el Ayuntamiento que dirige el socialista Juan Antonio Belloch, tenía otra razón poderosa. La llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero supuso la derogación del Plan Hidrológico Nacional, medida del anterior gobierno del Partido Popular, no menos intervencionista, que pretendía dotar a España de un plan general de reparto de recursos hídricos a través de una serie de infraestructuras y trasvases de ríos tan caudalosos como el Ebro a zonas deficitarias pero necesitadas de agua como el turístico Levante español. Nada que ver con el libre mercado. La oposición frontal de los zaragozanos, y en general de aragoneses y catalanes, a que les tocaran su Ebro creó una impresión de egoísmo e insolidaridad inapropiada para los intereses socialistas. Una Exposición basada en el agua es ante todo una buena medida de expiación de la culpa. También lo es para gastar dinero a espuertas.

Si una cosa nos enseñó la Exposición Universal de Sevilla de 1992 fue que las medidas referentes al control de gasto público son una quimera, una utopía imposible de conseguir. Lo cierto es que cuando el control es público, el amiguismo, la arbitrariedad y en general la corrupción termina por adueñarse de la situación. Da lo mismo que sea una Exposición, el urbanismo o los parques eólicos. La ubicación de la Expo Zaragoza requiere alguna actuación en el río. Al situarse en un meandro que suele sufrir con cierta asiduidad las acometidas y las subidas de caudal del Ebro, la necesidad de un azud, de una pequeña presa que controle el caudal, es más que un capricho. Pero necesario no quiere decir ni mucho menos rentable y la rentabilidad no es un concepto que maneje el político con asiduidad.

Endesa, la eléctrica dominante en la zona, mucho más preocupada de las OPAs de Gas Natural y la alemana E.ON, desestimó realizarlo cuando descubrió que el coste que en el preacuerdo, ya deficitario, se elevaba a 24 millones de euros, se iba a casi duplicar hasta los 44. Si las cifras presupuestarias ya eran disparatadas, cuando se calculó que las pequeñas turbinas que se iban a instalar en la infraestructura, teniendo en cuenta las crecidas y los caudales medios del río, sólo generarían lo que un pequeño molino, se llegó a la conclusión de que el coste adecuado no sería de más de 3 ó 4 millones de euros y hasta ahí podíamos llegar. Por supuesto, el alcalde sufrió cierto desasosiego ante el abandono de la eléctrica. Su visión pública de la economía le hizo preguntarse cómo era posible que un empresario le creara este problema político. El concurso posterior quedó vacío ya que ninguna empresa estaba dispuesta a gastarse tanto dinero. Al final el mismo Ayuntamiento ha decidido tirar de erario público y acometer su construcción con un presupuesto inicial de 10,7 millones de euros.

Lo que está claro es la diferencia de criterio de uno y de otro, mientras que el empresario piensa en sus accionistas, en la rentabilidad, en el beneficio de aquellos que le apoyan con su dinero y su confianza, en sus clientes, el político no duda en gastarse el dinero de los contribuyentes en aventuras más o menos descabelladas, deficitarias y de dudosa utilidad. Y esto es sólo el principio, hasta 2008 restan unos cuantos meses de desarrollo insostenible, sobre todo para el contribuyente.

Liderazgo y toma de decisiones en Juan de Mariana (1)

El Padre Mariana en su obra Del Rey y de la institución real (1598) recomienda las cualidades esenciales que todo príncipe cristiano debe poseer para la mejor gobernación de su futuro reino. Se trata de una suma de valiosos consejos acerca de la monarquía, la educación y los cargos públicos. Dirigida a Felipe III, rey de España, en De rege et regis institutione Mariana explica su celebérrima defensa del tiranicidio. Sus consejos, plenos de modestia y sabiduría, pueden resultar muy útiles para los hombres y mujeres con algún tipo de responsabilidad ejecutiva e incluso para un eficaz desenvolvimiento en cualquier otro aspecto de la vida.

Juan de Mariana analiza en profundidad la gloria, que hoy podríamos entender como el legítimo afán de superación profesional y la voluntad de salir adelante. La gloria es el motor que mueve la acción humana. Los ejemplos de los grandes hombres de la Historia sirven de acicate para la propia evolución personal. No hay en la gloria según Mariana sombra de vacuo aristocratismo sino un certero mensaje contra la envidia igualitaria:

El amor a la gloria es natural en el hombre y existe en todos, porque ¿quién podría haber tan humano y tan fiero que no medite infinitos proyectos para adquirir el aplauso de sus semejantes?…

Abramos los antiguos anales, recordemos las edades antiguas y encontraremos indudablemente que al amor a la gloria debemos la existencia de los más valientes capitanes, de los más prudentes legisladores, de los más sabios filósofos.

…El amor a la gloria no está fundado en la opinión del vulgo, sino en la misma naturaleza humana, y esto lo declara suficientemente el hecho de que este deseo lo tenemos todos.

El autor fija un límite para la gloria: que ésta no desemboque nunca en el oportunismo. Critica a los que hoy denominaríamos profesionales de la solidaridad, siempre pendientes de la audiencia televisiva, y recomienda practicar buenas obras ocultándolas a la vista de nuestros semejantes.

A Mariana le gustan los líderes que comuniquen al equipo los valores que inspiran su dirección y rechaza la desacertada y extendida idea acerca de la excelsa soledad del mando. Lanza además un mensaje para valientes de resonancias casi churchillianas:

Aprenda sobre todo el príncipe a despreciar vanos temores, luche con sus iguales, hable en presencia del pueblo, no huya de la luz, no se aísle del público, no se acostumbre a una vida retirada… Es el miedo la mejor señal de un ánimo abatido, así que desdice del todo la dignidad del príncipe y es del todo contraria a la dignidad de los reyes. Deben exponerse todos los esfuerzos posibles en alejarle y fijar con ahínco en el ánimo del futuro monarca la idea de la infamia y mengua que consigo llevan, a fin de que rechace el miedo al miedo.

El gran jesuita dedica largos párrafos a la mentira, a la que sonoramente detesta.

Advierte las desventajas de la falsedad y observa con temor cualquier clase de disimulo. Dice con donaire que los aduladores son perniciosos camaleones que visten todos los colores, menos el blanco:

Nada hay en la vida humana más excelente que la buena fe, con la cual se establecen las relaciones comerciales y se constituye la sociedad entre los hombres… No negaremos que el príncipe debe ser cauto y guardar esa reserva, que el pueblo suele llamar astucia y fraude, dando a la virtud un nombre que está muy cerca de significar el vicio.

Acerca de la dirección de personas, nuestro autor no admite favoritismos por parte del líder, que debe permanecer alerta distinguiendo entre buenos y tramposos colaboradores:

Ármese de circunspección y prudencia para que no le engañen sus cortesanos, que están acechando todas las ocasiones para cegarle y arrancar de sus manos honores y riquezas, tomando tal vez por juguete a la inocencia ajena y abusando de la sencillez del hombre que verdaderamente vale. No se deje nunca desviar de las leyes de la equidad, no podrá mantener unidos a los altos con los bajos, ni con éstos a los del orden medio si no los tiene a todos persuadidos de que más pueden con él las prescripciones de la justicia que los afectos personales ni la privanza de los que le rodean.

Es aleccionador cómo Mariana presta atención a un aspecto tan moderno como es el lenguaje corporal. ¡Cuántas personas pierden la consideración de los demás apenas despliegan su póquer de gestos! Le desagradan por completo la violencia en los brazos, los labios torcidos y la voz desgañitada:

Las vanas e hinchadas olas se estrellan contra los peñascos, las grandes y generosas fieras no levantan siquiera la cabeza por oír ladrar a un perro. Los movimientos del ánimo demasiado vehementes y el excesivo calor en la palabra, no sólo desdicen de hombres graves, son contrarios a la dignidad y al mando, porque si es implacable la ira, se atribuye a crueldad; si cede, a ligereza y blandura; que es sin embargo preferible.

Del Rey y de la institución real es fuente de múltiples y gratas sorpresas. También el Padre Mariana podría aparecer como precursor del role-playing y las dinámicas de grupo cuando recomienda la exposición pública de asuntos de interés para una ventajosa formación entre los jóvenes (Hágase que dos o tres muchachos hablen en pro, ora en contra, y que uno cómo juez resuelva la cuestión dando el fallo definitivo que le aconsejen su razón y su conciencia…). Éstas y otras técnicas decisorias en las organizaciones que el ilustre talaverano avizoró, serán objeto de un próximo comentario.

Microsoft, Franziskaner y Mariah Carey

Al parecer, la tremenda angustia que sufren los burócratas de Bruselas –que ni los ansiolíticos parecen capaces de frenar– tiene su base en que "fabricantes de ordenadores y consumidores no elegirán realmente su software".

Es como decir que el pack en el que Franziskaner vende su cerveza con un vaso a juego no me permite elegir realmente cualquier otro recipiente en el que arrojar ese líquido delicioso antes de trasegármelo como merece. Windows Vista, como sus antecesores, incluirá diversas aplicaciones para las que existen numerosas alternativas, sin que impida que éstas puedan instalarse. Firefox, RealPlayer, Google Desktop o Winamp seguramente seguirán en los discos duros de los futuros usuarios de Windows Vista, si es que Microsoft logra terminar su nuevo sistema operativo algún día.

No está claro qué es lo que molesta a la Comisión de Windows Vista. Según algunos, la posibilidad de buscar en Internet desde Internet Explorer 7 en una caja dispuesta a tal efecto (y equivalente a la de Firefox incluso en el lugar donde está ubicada) impediría la competencia entre buscadores. Para otros, el problema estaría en la inclusión de Windows Defender, un sistema para evitar el spyware, ese incordio que envía información confidencial, nos cambia la página de inicio y hace saltar innumerables ventanas llenas de tetas y culos –en sus versiones más suaves–, con la desfachatez añadida de no estar traducidas al catalán, la nueva lengua del imperio de la pornografia subvencionada.

Pretender que incluir estas cosas limita la capacidad de elegir de los consumidores es bastante ridículo; yo seguiré empleando previsiblemente Firefox y Google, aunque también Windows Defender, por la simple razón de que me parecen mejores que sus competidores. Pero es que nada irrita más a un burócrata que el que empresas y particulares decidan elegir por sí mismos, ignorando sus sabios consejos. Ejemplos aún más ridículos los hay a montones. Las autoridades antimonopolio estadounidenses, por ejemplo, quieren obligar a Mariah Carey a incluir en sus discos una canción de un artista local de cada distrito en el que los venda. Parece ser que "el dominio de Carey en su mercado –mujeres de entre 12 y 32 años– presenta una barrera casi imposible de superar por cualquier aspirante en ese relevante mercado". De acuerdo, es una broma. Pero no dejaría de ser una aplicación estricta de la doctrina.

No me extrañaría que la elección de tarros de cristal para envasar Nocilla, que al menos en mi casa se han convertido en vasos de uso diario, sería considerada seguramente por la Unión Europea como una inadmisible competencia desleal. Son así de raros.

Inmigrantes políticamente correctos

En realidad, como ya apuntara Walter Block, quienes así opinan están confundiendo liberalismo con libertinismo. El liberal sólo afirma que ningún prejuicio tiene suficiente entidad como para justificar la iniciación de la fuerza, pero, a diferencia del libertino, no pretende que el individuo se ajuste a ningún patrón moral.

La diferencia es importante, porque permite que nos demos cuenta inmediatamente de que pueden existir liberales libertinos, pero también liberales no libertinos y, sobre todo, libertinos no liberales.

El Gobierno holandés nos ofreció en estos últimos días un clamoroso ejemplo de cómo se puede ser libertino y antiliberal, esto es, de cómo utilizar el pretexto de la demolición de los prejuicios puede utilizarse para maniatar la libertad. En concreto, los extranjeros que pretendan establecerse en el país tendrán que superar un "test de tolerancia"; se pretende comprobar que los inmigrantes están preparados para interiorizar las "actitudes liberales" (sic) del pueblo holandés.

El examen pretende medir la reacción del espectador ante diversas imágenes, como una mujer en topless o dos hombres besándose; si el individuo no es capaz de soportar el video, o simplemente le desagrada, no podrá residir en Holanda.

El Estado aprovecha cualquier resorte para expandir su poder tiránico. En este caso, el estandarte de la tolerancia y el libertinismo se emplea para implantar supervisiones ideológicas en las fronteras que impermeabilicen a la sociedad holandesa de individuos que piensen por sí mismos y no por delegación regia.

¿Por qué un individuo no puede abochornarse al ver a una mujer desnuda o a dos hombres besándose? ¿Acaso una mente tan "cerrada" atenta contra la libertad o la integridad de los holandeses? No. Todos los individuos tienen su cabida en una sociedad libre mientras no inicien la agresión contra el prójimo, esto es, mientras no violen su libertad y su propiedad.

Sin embargo, el Estado holandés no se contenta con el monopolio policial y judicial: está dispuesto a enjuiciar incluso las ideas mediante la instauración de un control político de los pensamientos y los valores. Lo cierto es que la sola imagen de un individuo sometido a una sucesión de videos por parte del Gobierno debería evocarnos la imagen del más deplorable adoctrinamiento totalitario.

En este caso, pues, el libertinismo se utiliza como ariete contra el liberalismo; en manos del Estado, las actitudes "abiertas" y libertinas se convierten en una apisonadora moral, en un absolutismo fascistoide.

Una cosa es no perseguir las opiniones, y otra muy distinta imponerlas. La libertad no consiste en determinar la elección, sino en permitirla. De hecho, cuando se determina la elección se elimina la libertad. Cuando se imponen ciertas actitudes morales se elimina la libertad, por muy dignas y respetables que esas actitudes pudieran parecernos.

Pero no deberíamos olvidar que la confusión entre liberalismo y libertinismo sirve al Estado holandés no sólo para buscar una homogeneidad moral interna que le permita controlar a las masas con mayor facilidad, también, y especialmente, para establecer nuevas restricciones a la libertad de movimientos.

Desde siempre, la inmigración ha representado un problema insalvable para el imperium estatal. La teoría constitucional edifica la legitimidad del Estado sobre un trípode compuesto por el territorio, la población y la soberanía. En principio, estos tres conceptos están fuertemente interrelacionados: el territorio limita el concepto de población (británico es aquel individuo que vive en las Islas Británicas), la población es el origen último de la soberanía, y ésta se extiende sobre todo el territorio. El problema surge cuando las poblaciones dejan de estar quietas y se desplazan por todo el mundo, esto es, cuando la globalización entra escena.

Cuando la población deja de estar ligada a un territorio, el trípode se tambalea. Ya no puede hablarse en puridad de una masa ciudadana asentada de por vida en un territorio ni, por tanto, de una soberanía estatal que brota de esa masa; la colectividad inmanente deja de ser el punto de referencia y su lugar lo ocupa el individuo, y la sociedad como fruto de los contratos y acuerdos voluntarios. La ubicación de las partes pasa a ser un elemento secundario en las relaciones de poder; el imperium del poder político se difumina, sustituido por la soberanía del propietario.

No es casualidad que el siglo XIX se caracterizase por un intenso progreso económico, una notable libertad individual y una libertad migratoria y comercial sin precedentes. Tampoco es casualidad que el XX se haya definido por el totalitarismo, el militarismo y el proteccionismo.

El Estado sabe que su omnipotencia peligra cuando no puede controlar quién entra y quién sale de "sus" fronteras, esto es, cuando no controla qué ideas entran y salen.

Las ideas peligrosas, los individuos incómodos no pueden tener cabida en el seno de una estructura política que pretenda perpetuar su coacción. De ahí que, aparte de restringir la libertad de movimientos, los Estados nacionalizaran en su momento los servicios postales y hoy traten por todos los medios de regular internet.

Es necesario profundizar en la globalización para que las relaciones voluntarias, el orden espontáneo internacional y el capitalismo superen a los Estados y demuestren su absoluta inutilidad. La globalización es el principal adversario del intervencionismo y del socialismo.

El Gobierno holandés lo sabe, por eso está implantando un Estado policial que vigila las ideas de sus ciudadanos; el objetivo: instaurar una moral única en nombre del libertinismo. Primero han llegado los controles del "enemigo exterior", luego vendrán las purgas internas. Una vez el talibanismo estatista se ha desbocado, sólo su colapso puede detenerlo.

La sociedad no necesita de más controles ni de un adoctrinamiento más intenso. Demos una oportunidad a la libertad, esto es, a la elección pacífica de los individuos; también cuando su moral no nos agrade.

La Europa del malestar

Europa, el otrora paradigma del progreso, está dejando de serlo de tanto mirarse al espejo y vanagloriarse de su "modelo de bienestar" mientras abandona los principios sobre los que se funda su prosperidad. Con un crecimiento económico estancado del 1’5% anual, 19 millones de parados, un desempleo juvenil del 18%, una elevada deuda pública y una población cada vez más envejecida, Europa quizás debería dejar de jactarse de su exclusivo "modelo social" y plantearse más bien su definitivo desmantelamiento. Unas cuantas cifras y datos comparativos pueden ayudarnos a visualizar el alcance de este letargo.

La economía mundial está creciendo a un ritmo del 4%, India lleva años liberalizando su economía y creciendo aceleradamente al 7% anual, lo mismo que China, que en los últimos 25 años ha crecido a una tasa histórica del 9%. Estados Unidos también crece a un ritmo notable del 4,4%. La economía europea, sin embargo, apenas llega a crecer un 1,5%. Lo que explica estas disparidades es la medida en que el Estado coarta la función empresarial de los individuos, su capacidad para advertir y aprovechar oportunidades de ganancia en el mercado y prosperar. Los Estados del Bienestar europeos gestionan la mitad de la riqueza nacional (además de regular la otra media), lo que equivale a decir que los europeos son esclavos a tiempo parcial que trabajan la mitad del año para la administración pública. El gasto estatal en relación con el PIB es del 48,2% en la Unión Europea, casi 10 puntos por encima de la media de la OCDE y 15 puntos por encima del gasto público de Estados Unidos, que es del 35,6%. A este respecto vale la pena comparar la evolución de los indicadores europeos (Francia, Alemania e Italia como referencia) con los indicadores de Estados Unidos, sociedad que cabe considerar ligeramente menos intervenida.

En 1990 la renta per cápita alemana representaba un 80% de la renta per cápita estadounidense, la francesa representaba un 78% y la italiana un 76%. Una década después la renta de los tres países europeos no sólo no se había acercado a la renta norteamericana sino que se había alejado entre 10 y 5 puntos cada una. Estados Unidos, con un nivel de desempleo del 5%, ha incorporado 20 millones de personas al mercado laboral desde 1990. Francia, Alemania e Italia, con tasas de desempleo que rondan el 10%, sólo han visto aumentar su población activa en tres millones. En Estados Unidos trabaja el 63% de la población, mientras que en Alemania, Francia e Italia sólo el 50% de la población se dedica a trabajar. Entre 1990 y 2002 las horas trabajadas por empleado se han mantenido en Estados Unidos mientras que en los tres países europeos han descendido abruptamente. El 78% de los italianos desempleados tiene que esperar más de seis meses para encontrar trabajo, lo mismo que el 65% de los alemanes o el 54% de los franceses. En Estados Unidos sólo el 18% de los parados tiene que esperar más de seis meses. La producción de bienes de alta tecnología ha crecido un 419% en Estados Unidos en el período 1980-2003. Francia, Alemania e Italia han registrado respectivamente un crecimiento del 242%, del 52% y del 69%. Por otro lado la tasa de nacimientos por mujer es en Estados Unidos del 2,1%, mientras que en Europa no llega a la tasa de reemplazo. Si la tendencia actual continúa la población europea no tardará en contraerse, lo cual amenaza la viabilidad de los sistemas de pensiones públicos y limita las posibilidades de crecimiento de la economía, pues habrá menos individuos productivos. ¿Es éste el boyante modelo social europeo? Las encuestas sobre satisfacción personal revelan que en general los norteamericanos se sienten más satisfechos con su vida que los europeos: el 57% de los norteamericanos se declara muy satisfecho con su vida, frente al 14% de los franceses, el 17% de los alemanes y el 16% de los italianos. En cuanto a la pregunta de si están de acuerdo en que el éxito viene determinado por circunstancias que escapan a su control, el 65% de los norteamericanos responde negativamente, frente al 44% de los franceses y el 31% de los alemanes e italianos. ¿No será esto último un reflejo del grado en que unos y otros controlan en efecto su propia vida o son dependientes del Estado?

Lo cierto es que Europa es próspera a pesar de los Estados del Bienestar, no gracias a ellos. El magnificado modelo escandinavo va quedándose obsoleto mientras Irlanda, el país menos intervenido de Europa, les supera por el flanco. Suecia era en 1970 la quinta nación más próspera de la OCDE e Irlanda ocupaba la posición 22. En 2003 Irlanda pasó a ocupar el cuarto puesto y Suecia el 14. Con un gasto público similar al de Estados Unidos, Irlanda ha experimentado un desarrollo espectacular estas dos últimas décadas, mientras Dinamarca, Suecia y Finlandia se sumían en un período de profundo estancamiento. Suecia y Finlandia no han creado empleo en 20 años y, junto con Italia, los países escandinavos son los que han registrado los peores resultados económicos de Europa.

El gasto público de las 10 economías de más rápido crecimiento del mundo entre 1980 y 1995 (Corea del Sur, Tailandia, Taiwán, Singapur, Hong Kong, Botswana, Mauricio, Chipre, Indonesia y Malasia) se situó de media cerca del 25%. Europa dobla esta cifra. Para los países con un gasto público inferior al 25% del PIB el crecimiento medio es del 6,6%; para los países con un gasto público del 50-59% el crecimiento registrado es del 2%.

Los Estados del Bienestar son la fuente del malestar europeo. La intervención pública no complementa el mercado ni dota de más oportunidades a los individuos; actúa como una losa sobre la iniciativa privada y la creatividad empresarial. Si Europa quiere retomar la senda del progreso deberá abandonar el camino de la servidumbre.

La Europa incompetente

Microsoft, por su parte, en vez de decir que está en su derecho de intentar hacer un producto más completo responde que su "prioridad es mantener informadas a las autoridades reguladoras y al sector", y que "está creando Windows Vista para ofrecer oportunidades sin precedentes a otras compañías del sector", es decir, a la competencia.

Si Jerónimo Castillo de Bobadilla levantara la cabeza le daría un soponcio mayúsculo. El escolástico español del siglo XVI fue la primera persona que definió competencia económica tal y como sólo es posible en un mercado libre y dinámico. Lo hizo en 1585 al afirmar que competencia consiste en emular al competidor. Además, estableció uno de los principales beneficios de la competencia: que los precios de los productos bajan con la emulación y con la concurrencia de vendedores así como con la abundancia.

Este concepto dinámico de la competencia empezó a ser torpedeado a finales del siglo XIX con las primeras legislaciones antitrust de los EE.UU. La Ley Sherman de 1890 surge en los estados centrales como resultado de la concesión de privilegios al lobby de los ineficientes agricultores y ganaderos de estos estados frente a los modernos y competitivos centros de producción que florecían cerca de Chicago. Desde entonces la legislación antimonopolio se ha convertido en el arma arrojadiza de los productores ineficientes frente a aquellos competidores que han servido mejor a los consumidores.

En Europa las leyes antitrust llegaron a mediados del siglo XX y en un principio se introdujeron por los recelos que los gobiernos de la Comunidad Europea tenían de los monopolios públicos de los otros países miembros. Sin embargo, no tardaron mucho en ser utilizadas por los empresarios que no conseguían el favor del consumidor y por los políticos empeñados en imponer sus visiones de lo que deberían ser los productos y los modelos empresariales del futuro. Desde entonces y hasta ahora los bruselócratas han ido combinando una idea de competencia estática en la que las empresas tienen que actuar en un mercado exento de competencia real donde tienen que vender el mismo producto que la competencia y al mismo precio, con leyes antitrust que les otorgan un poder arbitrario a la hora de penalizar o prohibir operaciones empresariales.

Microsoft se ha convertido en el rehén estrella de los políticos europeos. Primero fue acusada de haber conseguido una gran proporción del mercado, luego de integrar Media Player en su plataforma Windows y por último de no contar todos sus secretos a la competencia. Vamos, que los comisarios de competencia le persiguen por competir. Las nuevas amenazas contra el próximo sistema operativo de Microsoft muestran que son los políticos, y no los consumidores, quienes deciden cómo han de ser los productos en esta República Socialista Europea donde competir se ha convertido en un delito y la incompetencia política se ha erigido en freno del avance socio-económico.

La alternativa nuclear

Como los profetillas milenaristas y los líderes de sectas que asustan a la gente con previsiones del fin del mundo, los ecologistas nos atizan intentando hacernos sentir culpables por lo que mejor hacemos, progresar y hacer este mundo un poco mejor y más habitable.

La polución, el gran tema de hace años, no hace más que descender en los países desarrollados, lo que les deja escaso margen para la crítica. Últimamente se dirigen a lo que consideran el corazón, el motor de la sociedades libres: la energía. Los hidrocarburos contaminan. Y tienen la esperanza de que en algún momento se agotarán, lo que no está en absoluto claro. La energía que ven como un auténtico peligro es la nuclear, porque para obtenerla solo hace falta un combustible que no es caro y resulta relativamente abundante, el Uranio 235, y capital. Las sociedades libres solo tienen que dedicar parte del capital que generan y tendrán toda la electricidad que necesiten. La energía nuclear es el peor sueño ecologista hecho realidad.

En 1979 la central de Three Mile Island sufrió un colapso. Los sistemas de seguridad funcionaron y salió muy poca radiación al exterior. Greenpeace organizó manifestaciones ante las embajadas estadounidenses de todo el mundo. En 1986, la central nuclear de Chernobyl colapsó, con el resultado de 56 muertes. Greenpeace perdió cuatro años más tarde la oportunidad de manifestarse ante las embajadas de la URSS, algo que de todos modos no hubiera hecho ni en cien años. La central rusa se vino abajo porque el socialismo no se ha destacado por poner la vida de los ciudadanos entre sus prioridades.

Greenpeace tiene sus propios objetivos. Pero no tienen porqué coincidir con el progreso de las sociedades libres y generalmente no lo hacen. De 2000 a 2030 se calcula que las necesidades de energía mundiales aumentarán un 70 por ciento, y la única forma de atender ese aumento es apostando por las fuentes que conocemos, como la nuclear. Es segura, los residuos que genera tienen un control adecuado y para el que se conocen soluciones definitivas, y es barata. No emite CO2, por lo que tampoco contribuiría al efecto invernadero, la ultima bicha del ecologismo.

China planea crear 20 centrales nucleares en los próximos años. Francia produce el 80 por ciento de su electricidad de la energía encerrada en el átomo, Bélgica el 60 por ciento y Suecia el 50. Hay 434 centrales nucleares en todo el mundo, que son suficientes para surtir de electricidad a cerca de mil millones de personas. España es dependiente de las fuentes exteriores de petróleo y gas que están en países inestables, para seguir funcionando. Para optar por la alternativa nuclear necesita capital y conocimiento, y tiene ambos. ¡Ah! Y voluntad política, claro.