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El odio de Evo arruinará a Bolivia

Uno de los casos más ejemplares ha sido la campaña de acoso y derribo contra Repsol. En una visita que realizó a España en septiembre del año pasado, el entonces candidato a la presidencia de Bolivia manifestó estar dolido con Repsol YPF por estar apoyando a su contrincante Jorge Tuto Quiroga. Según Morales, Repsol había financiado parte de la campaña de Quiroga, hecho que negó la empresa, aunque no parece haber convencido a Morales. Morales lo tiene claro, el que no está con él está en su contra y, por lo tanto, ha de ser castigado.

Morales también siente un profundo odio a todo lo que huela a iniciativa privada y libertad individual. Los votantes de Morales acusan a Repsol, y a cualquier empresa extranjera, de explotarlos, especialmente a los indígenas. La acusación es sorprendente teniendo en cuenta que Repsol ha invertido en Bolivia más de 1.000 millones de dólares entre 1997 y 2005, sin duda, una forma muy peculiar de "explotación". Otra cuestión que alimenta el odio irracional de Morales es que la empresa española gestiona casi el 25% de las reservas de hidrocarburos del país y que en el año 2004, por ejemplo, obtuvo unos beneficios netos de 845 millones de euros. Es decir, acusa a Repsol de hacer lo que los propios bolivianos han sido incapaces conseguir en tantos años: convertir los recursos del país en riqueza real, dar un atisbo de prosperidad al país y a su gente dejando gran parte de dinero (¿español?) en empresas de marketing bolivianas, staff del país, y contribuyendo al sustento de miles de empleos. Y además al más puro estilo capitalista: sin coacciones, sin violencia y de forma contractual. ¡Qué diferentes son las medidas de Morales, que pretende conseguir "riqueza" mediante la manipulación de la ley, los juicios y la represión!

El odio a la libertad e iniciativa privada también lo vemos en los ídolos de Morales, principalmente Fidel Castro, que olvidando los asesinatos del dictador y la continua represión contra la libertad trata a Cuba de democracia ejemplar quedando en una notable evidencia ante los medios de comunicación (vea el video).

Demasiados son los ejemplos que se pueden citar del odio de Morales hacia la humanidad. Pero aún así, los true believers de la izquierda y defensores del pensamiento único seguirán proclamando banderas que no son más que una máscara para ocultar el odio que sienten hacia la libertad. Una de esas máscaras fue el objetivo proclamado por Morales en su época preelectoral: "construir una nación plebeya". ¡Qué bonito! Pero, desgraciadamente, eso sólo encubre una vuelta al dirigismo más retrógrado y a un autarquismo que convertirá a Bolivia en una auténtica nación arruinada y más resentida.

Feliz cumpleaño

Esta semana se cumple un año desde aquel soleado sábado de marzo en el que un grupo de unos treinta liberales nos reunimos para constituir el Instituto Juan de Mariana. Los que asistimos a aquel acto contábamos con un gran entusiasmo y con el tremendo aval de la presencia sorpresa de D. Luis Reig Albiol, una de las personas sin las que el actual movimiento liberal en España no sería ni de lejos lo que es.

Hemos concluido un año que ha sido trepidante. Algunos de los éxitos logrados no los hubiésemos imaginado ninguno de aquellos asistentes a la primera reunión. Por poner un ejemplo, los miembros del Instituto publicaron 368 artículos periodísticos (en 8 diarios o revistas) en los poco más de 9 meses de actividad que tuvimos en el 2005. Además, intervinimos en 18 programas de radio y logramos 14 apariciones en televisión.

Un mes después de arrancar formalmente presentamos al IJM en sociedad. Y lo hicimos con la participación de nuestro gran amigo, miembro y maestro Jesús Huerta Soto. También contamos en aquella jornada con la presencia de Esperanza Aguirre y del rector de la URJC que nos desearon larga vida al tiempo que agradecieron nuestra renuncia expresa a las subvenciones fondos públicos. Logramos tener un buen arranque gracias al apoyo que recibimos unas pocas instituciones –entre las que destacó el Competitive Enterprise Institute– y, sobre todo, a la gran cantidad de amigos y simpatizantes que se desplazaron a Madrid desde todos los puntos de la geografía española. ¡Parece que fue hace una década!

Ese mismo mes de abril tuvo lugar el del lanzamiento de nuestra página web. En el momento en el que escribo estas líneas el medidor de tráfico Alexa constata que en tan sólo un año ha logrado convertirse en la página más visitada de los think tank liberales en Europa. De hecho, comparando nuestro puesto 60.046 con el de los institutos liberales de los Estados Unidos, vemos que son muy pocos los que tienen todavía más éxito que nosotros. Este éxito se debe sin duda alguna a la masa crítica liberal que empieza a despuntar en el mundo de habla hispana, a un sobresaliente trabajo informático y, sobre todo, a unos comentarios diarios de una enorme calidad. Aprovecho esta ocasión para felicitar a todos los que lo hacen posible.

En octubre logramos abrir las puertas de nuestra sede en el centro de Madrid. Muchos realizamos un gran esfuerzo aprendiendo a ser carpinteros, pintores, fontaneros, albañiles y electricistas en horarios nocturnos. Pero creo que hoy podemos asegurar que mereció la pena. Desde entonces el local ha acogido a más de una docena de conferenciantes. De hecho, sólo en 2005 los miembros del Juan de Mariana protagonizaron una veintena de conferencias, si a las que tuvieron lugar en la Calle del Ángel le sumamos las que se llevaron a cabo ante otros auditorios.

Toda esta actividad que, unida a la de otras organizaciones y páginas web, sitúa al movimiento liberal español a la cabeza de Europa es una pequeña parte de lo que queremos llegar a conseguir. Y no me estoy refiriendo a los objetivos de ningún plan diseñado por miembros del IJM sino a los proyectos e ideas de numerosos liberales de hispanoparlantes que el Instituto espera poder ayudar a hacer realidad. Y es que, en esencia, la marca característica del IJM (sobre todo si lo comparamos con otros institutos liberales) es ser una plataforma institucional que pretende servir de apoyo y dar voz a todos los amantes de la libertad individual que tienen una idea y que con un poco de ayuda estarían dispuestos a ponerla en práctica. Eso sí, una estupenda plataforma cuya esencia es la mejor generación de liberales que probablemente haya tenido este país y que existe, no hay que olvidar, gracias al enorme esfuerzo realizado durante varias décadas por algunos batalladores solitarios e incansables.

Los próximos meses creo que todos seremos testigos de la puesta en marcha de diversos proyectos que diferentes personas han propuesto al Instituto:

  • Convocaremos un premio liberal de fin de carrera.
  • Empezaremos a publicar y divulgar estudios en los que llevamos medio año trabajando.
  • Esperamos abrir varias líneas editoriales y publicaremos interesantes obras como El Tratado y Discurso de la Moneda de Vellón y la traducción española de The Real Lincoln.
  • Organizaremos más y mejores conferencias fuera de nuestro local. A la vuelta de la esquina tenemos, por ejemplo, la celebración el día 28 de marzo de un conjunto de cuatro conferencias cortas en la Universidad Carlos III de Madrid bajo el título “Kyoto: solución o problema” (en colaboración con la UDE).
  • Realizaremos varios seminarios sobre Economía Austriaca y liberalismo.

Aparte de esta ampliación de nuestras actividades tenemos que mejorar notablemente en varios puntos débiles. Uno de estos aspectos en los que urge mejorar es la comunicación interna con los socios, patrocinadores y simpatizantes. El nuevo newsletter que esperamos poder estrenar antes de fin de mes es un intento de cubrir esa laguna.

Con la ocasión de este primer aniversario les animo a subirse a esta plataforma. Por un lado para que puedan llevar sus sueños a cabo y, por el otro, para ayudarnos a mejorar. Este ha sido un año muy duro, de un ritmo a veces extenuante, y sin embargo lo conseguido, aúun siendo un éxito reconocido a nivel internacional en diversas reuniones de think tank, no es casi nada en comparación con la tarea que tenemos por delante.

La defensa de la libertad sin adjetivos ni hipotecas, de la libertad a secas, nunca ha sido ni será jamás una tarea fácil. Pero con el capital humano con el que contamos y el espectacular nivel de participación de todos los que se han ido incorporando a esta casa el futuro se presenta prometedor. Enhorabuena a todos.

¡Ah! ¿Pero no era un disfraz?

En la sesión de control al gobierno del pasado miércoles, el portavoz del grupo popular, que al contrario que un destacado dirigente del PSOE vasco no ha sido jamás condenado por violencia doméstica, provocó las iras de las diputadas social-comunistas por un comentario sobre la afición a la moda interétnica de la vicepresidenta del Gobierno. Zaplana habló de disfraz, refiriéndose a la indumentaria de Fernández en su gira solidaria por tierras africanas, lo que al parecer colmó el vaso de la paciencia de las diputadas de izquierda. Sin embargo, salvo que la interfecta demuestre que en su juventud se dedicó a la recolección del anacardo en las llanuras de Kenia, parece evidente que el modelito "campiña fashion prêt à porter" con que apareció en todos los telediarios no era otra cosa que lo que dijo don Eduardo. En los 70, Hayek denunció que la justicia social era, además de un espejismo, un residuo de la moral tribal. En pleno siglo XXI, la izquierda reduce por fin el tribalismo de las ideas a un indigenismo de verdad, con saltos, bailes y telas vistosas.

El espectáculo de las culiparlantas abandonando los escaños en protesta por la gravísima ofensa proferida contra su líder femenina, fue realmente conmovedor. La sesión del miércoles pasado será recordada, sin duda, como otra página emocionante en la larga y vibrante lucha de las mujeres progresistas por acabar con milenios de patriarcado opresor. Lo que no quita para que se las pueda acusar de haber exagerado un poco en esta ocasión, sobre todo si comparamos el caso con otros episodios anteriores protagonizados por hombres de progreso. Como cuando al entonces ministro de Justicia, Múgica Herzog, le informaron de que por primera vez una mujer iba a formar parte del Tribunal Supremo y el bueno de don Enrique preguntó si es que habían puesto cocinas en el alto tribunal. Pues bien, que yo recuerde no hubo ninguna asonada de las diputadas ni ninguna feminista se quemó a lo bonzo a las puertas del Ministerio.

Por otra parte, lo que más debiera molestar a las diputadas progresistas no es el comentario inocente de Zaplana, sino la pachorra de sus compañeros varones, que las dejaron solas frente a las huestes enemigas. En efecto, todos los diputados "progresistas" permanecieron en su escaño, con la honrosísima excepción del ministro de Industria, Montilla I El Condonado, que se solidarizó, acaso accidentalmente, con sus compañeras ultrajadas. ¡Toma ya, macho alfa!

Discriminar para fastidiar

Un individuo entra en un concesionario de automóviles; se ha quedado sin coche y necesita adquirir uno nuevo. El vendedor esboza su mejor sonrisa y le enseña todas las ofertas disponibles; al final, después de mirar cada uno de los vehículos, está indeciso entre dos: uno rojo y otro azul.

El vendedor le describe la situación: "Los dos coches tienen un precio de 20.000 euros. Sin embargo, la adquisición del automóvil rojo acarrea el cumplimiento de las siguientes condiciones: hay que pagar un impuesto de 1.000 euros destinados a un centro de reciclaje de neumáticos; puedo obligarle en cualquier momento del año a que me preste su coche; y además será sancionado con dureza en caso de que su esposa tenga un coche de características similares y usted utilice para este vehículo un combustible de peor calidad".

El cliente, atónito, le pregunta:

– ¿Y si compro el coche azul?

– No, en ese caso paga los 20.000 euros y se olvida – le responde con celeridad el vendedor.

– ¿Hay algún truco? ¿Acaso el coche rojo tiene unas prestaciones superiores a las del azul y no me he dado cuenta?

– No, no, nada de eso, son exactamente iguales.

Obviamente, este y todos los clientes comprarán el coche azul; el automóvil rojo engrosará el escaparate cubierto de polvo. De hecho, el vendedor, si no está dispuesto a (o no puede) renunciar a sus estrafalarias condiciones contractuales, sólo podrá dar salida a los automóviles rojos si rebaja sustancialmente el precio de venta.

¿Tiene este pintoresco ejemplo algo que ver con la realidad? Por desgracia, más de lo que muchos habrán imaginado. Sustituyan coche azul por "hombre", coche rojo por "mujer", cliente por "empleador", impuesto de 1000 euros por "permiso de maternidad retribuido", pérdida de disponibilidad por "permisos de lactancia y por conciliación de la vida laboral y familiar" y utilizar otro combustible distinto por "discriminación salarial o funcional para categorías profesionales equivalentes".

En otras palabras, la supuesta discriminación "positiva" que el Derecho Laboral impone sobre los empresarios a favor de las mujeres genera, como en el ejemplo de los automóviles, una lógica tendencia a preferir contratar a un hombre antes que a una mujer o, en todo caso, a contratar a una mujer pero pagándole menos que a un hombre.

No quiero decir con esto que los datos de una diferencia salarial del 40% merezcan de credibilidad alguna, sino más bien que la mayor tasa de paro femenino y los casos de desventaja en el empleo contrarios a la mujer que todos conocemos, traen su causa de regulaciones estatales con la presunta voluntad de beneficiar al "sexo débil".

El derecho laboral y las torpes discriminaciones coactivas deben ser eliminados. Los salarios y los puestos de trabajo de las mujeres –y de los hombres– lo agradecerán.

Macarena Montesinos

Ahora se opone rotundamente al expediente de regulación de empleo propuesto por la Caffarel (empresa que toca muerta es), porque dice que eso sería "firmar el acta de defunción del servicio público". Coño, pues si se trata de una noticia tan excelente, ¿por qué se opone el PP? El servicio público que pueda realizar RTVE ya está cubierto por otras muchas empresas, que además compiten en desventaja pues no tienen acceso al bolsillo de todos los españoles para esquilmarlo como ocurre con el "ente", así que lo único sensato es suprimirlo. Los sufridos contribuyentes admitiríamos incluso que ZP se lo regalara a Polanco para que así tuviera dos "ectoplasmas". Todo con tal de no tener que seguir pagando a los hombres y mujeres de la cultureta sus chorradas izquierdosas que nadie ve, como esa serie sobre la Guerra Civil que, ahora resulta, ganaron los que la perdieron, o aquella otra sobre una abuela cebolleta de izquierdas que a pesar de estar ambientada en los años setenta reunía todos los tópicos de la chorraprogresía del Siglo XXI.

Si de verdad quiere hacer un favor a sus votantes, Macarena, cállese y deje que la tele pública se autodestruya. No intente salvarla, por lo que más quiera. Déle a nuestro cuerpo una alegría, ande.

El islote del tesoro

Imagínese que es usted natural de cierto islote o peñasco pelado. Se trata de un solarcito del tamaño de una modesta capital de provincias española. No tienen recursos naturales, ni ninguna fuente de agua potable aparte de la lluvia, tampoco hay tierra fértil como para mantener a una población significativa, ni un pasado cultural esplendoroso. Jamás han recibido la más mínima ayuda económica y no tienen siquiera un gobierno propio. Son ustedes una colonia que pocos, aparte de algún profesor de geografía y los habitantes de los territorios contiguos, sabrían situar en un mapa.

Pongamos que en la colonia se celebra un referéndum sobre el estatus político. ¿Seguimos como estamos, nos independizamos o entramos a formar parte de un país desarrollado como un territorio más? En los últimos once años, dos colonias han celebrado sendos referendos de este estilo.

El de Bermuda de 1995, en que el 73% de los votantes lo hicieron en contra de la independencia. Y el de Gibraltar de 2002 en que un aplastante 99% votó: ¡virgencita, virgencita, que me quede como estoy! Es más, cuando el Reino Unido decidió entregar Hong Kong a la República Popular China, la respuesta de los ciudadanos de la colonia fue la de… ¡correr a hacerse con un pasaporte británico!

¿Qué puede ser tan bueno para los habitantes de una colonia como para compensar todas las carencias apuntadas en el primer párrafo?

Es evidente que se trata de paraísos fiscales y a estas alturas debería ser evidente que a menos impuestos y menos regulaciones, mayor prosperidad y desarrollo. De hecho, Hong Kong llegó a superar en PIB per cápita a la mismísima metrópoli británica y el de Bermuda es similar al de EE.UU. Pero hay quien dice que los espectaculares índices de PIB per cápita no reflejan un bienestar real del ciudadano común sino que son el reflejo contable de la localización en esos territorios de las sedes sociales de grandísimas multinacionales.

Peor todavía, los grandes estados-nación suelen acusar a estos pequeños territorios de blanquear dinero y de actuar como puerta de entrada a todo tipo de contrabando hacia Occidente; lo cual, de paso, los convierte en utilísimas herramientas para los terroristas.

Pero estas objeciones difícilmente explican el resultado de los referendos. ¿Acaso el 99% de los gibraltareños (y 73% de bahameses) que votan trafica con drogas o armas o blanquea dinero o tiene escondido en su casa a Bin Laden? Eso no se lo creen ni los hipócritas mandamases de las grandes socialdemocracias.

Lo que pasa, simplemente, es que pagar pocos impuestos cuando, además, tienen que soportarse pocas regulaciones compensa con creces todas las carencias naturales de un islote yermo. O dicho de otro modo, la calidad de los servicios prestados por el Estado del Bienestar no compensa su multitud de impuestos y regulaciones. Y, ante la disyuntiva, no son pocos los que prefieren largarse a uno de estos islotes del tesoro.

Ésta, por cierto, podría haber sido la historia reciente de la isla de Menorca si los británicos hubiesen mantenido allí una legislación como la de Hong Kong, Gibraltar o Bermuda en vez de irse. Es fácil suponer que sería la región más rica del planeta. Pero no hace falta que vuelva John Bull, basta con aplicar el viejo truco liberal que nunca falla: hacer a los hombres lo que jamás les haría un enemigo; respetarles la vida, la libertad y la propiedad privada. Así se crea una auténtica isla del tesoro. Aunque, en realidad, ni siquiera hace falta un islote, puede aplicarse en cualquier parte.

¿Qué podemos aprender de las Fallas?

Piensen un instante en la esencia de las Fallas: tanto los ninots como los cohetes se desvanecen instantáneamente. El cartón, la madera y la pólvora son un gasto caprichoso de corto alcance; se esfuman tan pronto como el fuego entra en contacto con ellos. Los falleros se gastan millonadas de euros para luego quemarlos el 19 de marzo.

Muchas personas estarán tentadas a afirmar que las Fallas suponen un dispendio irracional, un gasto innecesario o una desviación de las necesidades de producción; ese dinero podría utilizarse para otras actividades "más importantes", como la educación o la sanidad.

Estos razonamientos parten del error de suponer que existe una escala de preferencias distinta de la demostrada en su acción por los individuos. El valor es subjetivo: cada individuo persigue sus propios fines y se provee de los medios necesarios para conseguirlos. Antes de consumir debemos producir, y la producción se orienta a satisfacer los deseos del consumo a través de los precios de mercado.

La pretensión de ciertas personas de utilizar los medios políticos para erradicar los deseos de los individuos y sustituirlos por los caprichos de los políticos sólo puede ser calificada de arbitrario robo. No hay excusa posible para privar a las personas de los medios que ellos mismos han producido para satisfacer sus propios fines.

La tragedia del poder político es que, en su magna ineficiencia, es incapaz de producir riqueza de manera pacífica y tiene que rapiñar los bienes y servicios ajenos en nombre de unos fines superiores.

Las Fallas son un buen ejemplo de que las preferencias individuales pueden parecernos estúpidas, incomprensibles o irracionales, pero ello no nos legitima para intentar corregirlas mediante la violencia. La gente incluso puede fumarse billetes de 500 euros si eso le hace feliz: no seamos tan moralistas como para tratar de impedírselo.

El problema de la riqueza no es su mala distribución, como quieren hacernos creer los políticos, sino su coste de oportunidad. ¿A cuánto está dispuesto a renunciar para quemar una montaña de billetes?

La farsa de los bienes públicos

Una de las justificaciones más habituales del intervencionismo estatal la encontramos en los llamados "bienes públicos". Supuestamente, existen una serie de bienes que, una vez producidos, pueden consumirse en cantidades casi ilimitadas, sin coste adicional alguno, y que, para más inri, no permiten la exclusión de estos usuarios adicionales. Un ejemplo recurrente es el faro: una vez construido, todos los barcos se benefician de su luz, sin que sea posible excluir a los barcos que no han pagado.

Estos "gorrones" se conocen en la literatura económica como free-riders, personas que se benefician del bien pero que no han contribuido a financiarlo. En principio, esto supone un impedimento para que los bienes públicos sean provistos de manera privada (sin la coacción del Estado): todo el mundo intentaría que fueran otros quienes pagaran por ese bien que, una vez fabricado, beneficiará a todos. En este contexto, se apela a la intervención del Estado para que obligue a todos los futuros consumidores a contribuir coactivamente a su pago.

Afortunadamente, las críticas teóricas solventes a este ruinoso concepto ya han comenzado a emerger. Pero, además, para mayor pataleo de los estatistas, tenemos ejemplos por doquier de bienes supuestamente públicos que han sido producidos de manera privada sin mayores problemas. Uno de ellos es la caridad; otro, las Fallas.

Pensemos de nuevo en las Fallas. Una buena parte del espectáculo que ofrecen está disponible para una pluralidad de personas, que en su mayor parte, no han pagado nada. Cada falla se construye gracias a las contribuciones voluntarias de sus socios; no es necesario ningún tipo de coacción para financiar la compra de ninots o el lanzamiento de los castillos de fuego a cargo de cada asociación fallera. Valga como clarificador ejemplo la falla Nou Campanar, cuyo presidente, Juan Armiñana, ha invertido la friolera de 600.000 euros, esto es, más de 100 millones de las antiguas pesetas; todo ello sin necesidad alguna de coacción, represión o violencia.

Los teóricos de los "bienes públicos" son incapaces de darse cuenta de que su estrecho modelo de racionalidad (basada en la maximización mecanicista de los beneficios monetarios) no encaja en un mundo donde los individuos también actúan impulsados por la amistad, el amor, la caridad, la compasión o la tradición.

A los valencianos no necesitan explicarnos cómo solucionar el problema de los bienes públicos. Los centenares de fallas que pueblan cada año la ciudad son una buena prueba de ello.

Vandalismo y vándalos

Al principio del artículo decíamos que no podemos arrebatar a los individuos los medios que ellos mismos han producido para satisfacer sus propios fines; luego, que las fallas pueden producirse de manera privada, sin necesidad de coacción pública.

Precisamente porque el asociacionismo voluntario de los valencianos es tan poderoso y pujante, uno no puede más que sorprenderse de que subsistan costumbres tan primitivas como que el Ayuntamiento tenga su propia falla, costeada con los impuestos de todos los valencianos. Que hace unos días unos vándalos la quemaran precipitadamente sólo ilustra el trágico destino del dinero expoliado por la Administración: las cenizas de la represión.

La paradoja de las paradojas es que, mientras esos asaltadores van a ser perseguidos por haber atentado contra la falla del Ayuntamiento, el Ayuntamiento no va a ser perseguido por atentar contra la propiedad de los valencianos.

Ningún acto de iniciación de la violencia es legítimo: ni el robo inicial ni la quema posterior. Nuestros políticos deberían ser menos demagogos: el acto vandálico contra la falla del Ayuntamiento, por el que tanto claman, es perpetrado diariamente por ellos mismos cuando succionan nuestra renta. Cada uno debe responder por sus delitos; también los políticos.

Las fallas como modelo de Alianza de Civilizaciones

Las fallas han sido desde siempre y por encima de todo un grito de sátira y crítica social. Ningún personaje popular se libra de aparecer ridiculizado antes de la quema. Pero hete aquí que los censores socialistas, que también abarrotan el Partido Popular, no han dudado en presionar a las fallas para que se "autocensuren" y eviten cualquier crítica a Mahoma o al Islam.

Las opiniones ajenas podrán parecer verdaderas o falsas, agradables o desagradables y comprensibles o incomprensibles, pero, en todo caso, las opiniones no delinquen. Sólo cuando se inicia la violencia física tenemos un justo derecho a la defensa; de otra forma estamos confundiendo la iniciación del ataque con el pretexto de la falsa protección.

La ofensa de los sentimientos –tampoco de los religiosos– no es argumento suficiente para iniciar la violencia. Si cualquier ofensa individual o generalizada concediera un derecho de represalia, la guerra civil y la destrucción de la sociedad devendrían inevitables.

El respeto no pasa tanto por no criticar al prójimo cuanto por no atacarlo. Es mucho más respetuoso quien critica mordazmente pero de forma pacífica que quien de manera disimulada reprime al prójimo.

El islamismo no puede gozar de prebendas que amparen la restricción de la libertad individual. Como creencia de millones de individuos, queda amparada por los mismos derechos que ostenta cada uno de esos individuos.

La presión y el chantaje del Estado contra la propiedad privada de las fallas resultan del todo inaceptables; a quien no le guste que no mire: en una semana habrá desaparecido entre las llamas. A buen seguro no podremos decir lo mismo de la opresión del poder político.

Conclusión

Las Fallas son una festividad tremendamente popular que, al margen de la diversión que proporcionan, pueden ofrecernos importantes lecciones éticas y económicas. Sólo tenemos que hacernos las preguntas pertinentes y comprender la realidad gracias a la teoría adecuada. La libertad nos da lecciones hasta en los momentos más insospechados.

Enfermos a oscuras

En medios de comunicación masivos o en boca de los políticos, no escuchamos muy a menudo argumentaciones en favor del derecho a podernos informar libremente sobre asuntos tan personales e íntimos como nuestra propia salud. De hecho, son desconocidos por la gran mayoría de la población los términos en que esta prohibición es efectiva. El mal nombre que popularmente se le atribuye a la publicidad o el peligro de colapso de los sistemas nacionales de salud –y las críticas a éstos que pueden emerger– seguramente sean dos motivos poderosos que impidan que este tema se incluya en las "agendas políticas".

La directiva europea 2001/83/CE, de 6 de noviembre de 2001, "establece un código comunitario sobre medicamentos para uso humano". Si analizamos los términos en que se prohíbe la publicidad de los fármacos en la exposición de motivos de esta directiva, observaremos que el objetivo que se esgrime es que "la publicidad destinada al público de aquellos medicamentos que pueden ser dispensados sin prescripción médica podría afectar a la salud pública, si dicha publicidad fuese excesiva e imprudente". Pero la realidad es muy distinta si nos adentramos en las entrañas de lo que dicha directiva legisla respecto de la publicidad directa al paciente.

El artículo 88 estipula que los Estados miembros prohibirán la publicidad destinada al público de medicamentos que estén sujetos a receta médica, contengan sustancias psicotrópicas o estupefacientes o no estén concebidos para su utilización sin la intervención de un médico. Asimismo, "los Estados miembros podrán prohibir en su territorio la publicidad destinada al público de los medicamentos reembolsables".

Es decir, todos aquellos medicamentos que se prescriben mediante una receta médica, los cuales son mayoritariamente sufragados por el Estado, no pueden recibir ninguna publicidad. Por el contrario, si los paga enteramente el consumidor y no precisan de prescripción médica, sí pueden ser promocionados. Extraña forma de dividir entre el bien y el mal.

El próximo mes de abril, el Instituto Juan de Mariana sacará a la luz un revelador informe de carácter multidisciplinar sobre los estragos jurídicos, éticos, económicos (publicidad, I+D) y de salud pública que está suponiendo la prohibición de información directa al paciente y de la publicidad de medicamentos por parte de las empresas farmacéuticas. Su título es En defensa del derecho de información al paciente. Los efectos positivos de la libertad de información en el campo de los medicamentos.

En dicho informe se repasa a modo ilustrativo el caso de la osteoporosis en España. Esta patología aqueja principalmente a las mujeres: en España la padece una de cada tres mujeres de más de 50 años. Este porcentaje se eleva al 52% en el caso de las mujeres de más de 70 años.

La enfermedad afecta a 3 millones de personas en España, de las que 2,5 millones son mujeres. De entre todos los pacientes, sólo el 18% están diagnosticados. A la osteoporosis se le ha dado en llamar la "epidemia silenciosa" (Revista Española de Economía de la Salud, ‘Prevención de osteoporosis: El coste de la desinformación del paciente’, Jorge Álvarez, nov.-dic. 2002) por la falta de prevención y los diagnósticos inapropiados. Buena parte de la culpa de la acuñación de este "apodo" la tiene la falta de información a los ciudadanos, lo cual se traduce en graves lesiones óseas, así como en un incremento de costes por hospitalizaciones, además de otros costes indirectos.

De los 2,5 millones de mujeres que padecen esta enfermedad, el 10% recibe algún tipo tratamiento, según fuentes de Fhoemo (Fundación Hispana de Osteoporosis y Enfermedades Metabólicas Óseas). En España, a pesar del esfuerzo de "concienciación" (dieta rica en calcio y vitamina D, no fumar, realizar ejercicio, moderar el consumo de alcohol, etcétera), una de las mayores debilidades en el tratamiento sigue siendo el diagnóstico.

Las autoridades nacionales y comunitarias están limitando que las compañías farmacéuticas anuncien e informen sobre los logros de medicamentos innovadores en el tratamiento de la osteoporosis. Las medidas preventivas son extremadamente efectivas para frenar el progreso de esta enfermedad. Los fármacos que se emplean con mayor frecuencia para combatirla consiguen detener la reabsorción ósea y evitar la pérdida del mineral. Son los llamados "inhibidores de la reabsorción", entre los que se encuentran los biosfonatos, los estrógenos o las calcitoninas. Estos tratamientos se complementan con refuerzos como la vitamina D o el calcio. Sin embargo, no regeneran la pérdida ósea sufrida hasta el momento en que se trata la dolencia, sino que frenan el proceso de destrucción a partir de ese punto. Otros tratamientos más novedosos se realizan a través del PTH (hormona paratifoidea), que sí estimulan la absorción de calcio por el hueso, aunque presentan contraindicaciones.

Como se indica en el informe, el argumento de información "sesgada" no puede servir de coartada para que las autoridades europeas prohíban la información directa al paciente. En ningún caso, el papel de los legisladores ha de mezclarse con el de los jueces. Entre las facultades del Ministerio Fiscal está siempre el promover la acción de la justicia cuando se considere que la información transmitida falta a la verdad.

Y es que en todo caso, lo que en la actualidad están impidiendo los legisladores europeos no es la publicidad engañosa (algo que de todos modos ya está prohibido por todas las legislaciones), sino toda publicidad y, lo que es aún más grave, cualquier forma de información ofrecida al paciente por parte de los fabricantes de medicamentos. ¿Es que un diabético estaría en mejores condiciones de salud si no tuviera constancia de que para mitigar su padecimiento existe una sustancia como la insulina, con la que puede controlar los niveles de azúcar en la sangre?

Parlamento Europeo.En noviembre de 2001 la Comisión Europea presentó una revisión de la citada legislación, entre cuyos puntos se propuso, "a título experimental, ampliar las posibilidades de información sobre los medicamentos dispensados con receta médica a tres clases de medicamentos (para el tratamiento del sida, el asma y la diabetes), retirando así parcialmente la prohibición de que la industria farmacéutica se comunique directamente con los consumidores. Este tipo de información se someterá a los principios de buenas prácticas que deberá adoptar la Comisión y a la elaboración de un código de buena conducta por parte de la industria". A pesar del interés mostrado por la Comisión y de las restricciones que se expresan en el propio texto, un año después el Parlamento Europeo rechazaría de plano esta propuesta, exigiendo "una prohibición total de la publicidad directa a los consumidores" para medicamentos con receta.

En la era de la información, las mujeres que padecen osteoporosis, osteopenia o están cercanas a la menopausia deberían poder conocer los riesgos a los que se enfrentan y las distintas alternativas de tratamiento que pueden emplear. Como se afirma en el informe, la información no debe ser un peligro para nadie. Desde luego, el paciente, como adulto responsable, se beneficia de ello sobradamente. Las compañías farmacéuticas, también; aunque nadie les evitaría tener que enfrentarse a las rigurosas pruebas clínicas y procesos de comercialización ya existentes, a la competencia que existe en el mercado e, incluso, al peso de la ley, si llegara el caso.

Algunos críticos consideran que la relación paciente-médico puede verse afectada. Atesorar mayor conocimiento sobre la enfermedad que un paciente padece, a más de ser un legítimo derecho, no tiene que minar ninguna relación si esto le permite exponer a su especialista, que es y seguirá siendo la figura más relevante en el tratamiento de una dolencia, sus dudas y discutir las distintas alternativas que puedan existir.

Pero, en tiempos de microprocesadores de silicio y banda ancha creciendo a raudales, siempre se puede recurrir a internet. Si alguien desea conocer cómo prevenir la osteoporosis o cualquier otra enfermedad, podrá hacer una búsqueda en la Red. Desgraciadamente, las personas mayores no son las que están más a la vanguardia en este tipo de tecnología. Tampoco se encuentran entre las que tienen mayor dominio del inglés. Debido a que en EEUU y en Nueva Zelanda existe libertad de información en relación con los medicamentos, la práctica totalidad de los datos relacionados con enfermedades y tratamientos puede encontrarse en este idioma. Al no poder los gobiernos cerrar las puertas de la red, siempre existirá este soplo de aire fresco.

Sin embargo, ésta dista de ser, con mucho, la solución más óptima a la carencia de información. Y no ya sólo porque, como decimos, esta desinformación sólo se resuelve, vía internet, para un porcentaje de la población limitado, sino por las menores garantías de veracidad que encontramos en este medio, en comparación con la información que pueda dispensar la empresa productora –la cual se juega su prestigio y su supervivencia– a través del medio de comunicación que estime oportuno.

Insólitamente, se produce un fenómeno de información asimétrica entre los distintos oferentes de servicios de tratamientos de salud. A una empresa farmacéutica no se le permite ofrecer publicidad de un medicamento que ayuda a reforzar el tejido óseo; sin embargo, un herbolario sí puede promocionar unas píldoras de soja que proporcionan la dosis adecuada de calcio diaria, o una compañía de lácteos hará lo propio con unos yogures. No es de extrañar que los herbolarios hayan proliferado y crecido en España de forma exponencial. Sin ánimo de descalificar ninguna actividad comercial, resulta difícil de entender por qué algunos disponen del derecho a informar y a ofrecer publicidad sobre cómo paliar una determinada dolencia y otros no.

Si analizamos las legislaciones nacionales y los tratados internacionales, descubriremos que el derecho básico más laureado en medios de comunicación y ambientes políticos está siendo vulnerado sin piedad. La Carta Magna de 1978 contempla en un mismo artículo el doble derecho a ofrecer (compañías farmacéuticas) y a recibir (pacientes) información:

"Se reconocen y protegen los derechos a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión" (art. 20 1.d).

Este derecho a la libertad de información es también recogido por un innumerable corpus legal internacional, tomando relevancia en el mundo contemporáneo tras la aprobación del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de diciembre de 1948:

"Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

Las compañías farmacéuticas, ante la imposibilidad de ofrecer ninguna clase de información, están abogando por la diferenciación entre publicidad directa al consumidor (DTCA: direct to consumer advertising) y la información directa al paciente (DTPI: direct to patient information) y solicitando poder facilitar al menos esta última. Su propósito es, cuando menos, poder proporcionar a sus compradores y clientes potenciales información relativa a los tratamientos que reciben.

La vulneración del derecho a emitir información libremente es tan evidente que incluso se les niega el derecho a responder a calumnias vertidas sobre un determinado fármaco, ya que estarían incumpliendo la directiva 2001/83/CE.

En resumidas cuentas, la libertad de información al paciente –así como la toma responsable de decisiones que ésta posibilita– haría mucho más por mujeres, hombres, jóvenes o ancianos que muchas de las medidas políticas que pretenden coactivamente alterar el orden de las cosas. La ciudadanía debe ser consciente de que, mientras los políticos mantengan a nuestros enfermos a oscuras, estarán fomentando innumerables dramas familiares.

La devolución de la libertad de información es la única solución decorosa al callejón sin salida en el que una generación de dirigentes irresponsables ha metido a todos los pacientes.

Igualitarismo

ZP está dispuesto a reescribir la Historia de España y a recomponer su geografía de forma integral, pero semejante esfuerzo no le parece bastante y ahora pretende cambiar también la naturaleza según el dictado de lo políticamente correcto. En la revista de pensamiento “Marie Claire”, se postuló como liberador del sexo femenino y se mostró dispuesto a regular la vida de las mujeres. Incapaz de detectar la magnitud de sus chorradas, ZP ignora que la mujer que vale no necesita que la ley la ponga en lugar preponderante respecto al varón. No todas son como su vicepresidenta, introducida en la judicatura por el llamado cuarto turno, que es la gatera utilizada por los hombres y mujeres de progreso para fagocitar la administración sin necesidad de pasar ningún examen. Fernández, la "vice" de Rodríguez, es el único caso en la justicia española, y quizás mundial, de jueza que jamás ha puesto una sentencia o instruido una causa. Llegó, vio y al coche oficial se subió.

La jueza Teresa Palacios, en cambio, lleva sobre su toga el peso instructor de algunos de los procesos más destacados en los últimos años, con cientos de damnificados y muchos miles de millones de euros en juego. Ella no necesita que "Maritere" la enchufe por delante de sus colegas masculinos; se basta sola para pasarles como un cohete y dejarles en la cuneta. Y como ella miles de ejemplos más que todos conocemos en nuestra vida cotidiana. En la administración pública, sin ninguna medida de discriminación a favor del sexo femenino, las mujeres representan el 52 % de los empleados.

Pero es que además, estas medidas rompen el principio de igualdad ante la ley, estimulando la creación de grupos que compiten entre sí por el favor estatal y la mayor cuota de depredación presupuestaria. Las consecuencias son la desincentivación de los capaces y la retracción económica como han demostrado todas las evidencias empíricas a lo largo de la Historia. El igualitarismo impuesto a través de la coacción estatal es sólo demagogia barata. El gobierno debe promover la igualdad en origen, no en resultados.¿Cómo va a explicar ZP a cualquiera de las empresarias, que las hay y muy brillantes, que tienen que contratar un mínimo de mujeres, aunque sean unas perfectas ceporras, para cumplir la estúpida ley que ahora se anuncia? ¿Y qué me dicen de las excelentes profesionales femeninas que hay en todos los sectores?, ¿Cómo cree nuestra casta de inútiles legisladores que van a recibir a sus nuevas compañeras, puestas a su lado sólo por ser mujeres mientras ellas tuvieron que ganarse el puesto en razón de su valía?

Lo peor de todo es que la derecha política, incapaz de defender los principios que supuestamente representa, en estas políticas demagógicas sigue a pies juntillas el dictado socialista por miedo a no parecer políticamente correcta. En Murcia, por ejemplo, se ha aprobado una Ley de Igualdad regional, que incluye todos los tópicos de la progresía piafante en la materia, incluidos la creación de un "observatorio de la igualdad" (sic) y de varios cientos de plazas de "agentes de la igualdad" (resic), que vigilarán el cumplimiento de la ley en todos sus extremos, suponemos que cachiporra en mano para sancionar las herejías antiigualitarias.

Si las feministas no estuvieran hiperpolitizadas, denunciarían la tropelía por lo que tiene de ofensa a la propia mujer, tratada por el Estado como una especie en peligro de extinción a la que conviene proteger de la fauna depredadora. Por usar la propias palabras del presidente por accidente, "ni él podría llegar a más, ni las mujeres a menos".

Consumidores contra el consumo de Gmail

La excusa ofrecida es que una aplicación en Google "lee" sus correos automáticamente para poner anuncios relacionados, violando así algo que llaman "confianza implícita", olvidando que siempre hay aplicaciones que leen los correos automáticamente, aunque sólo sea para enviarlos a su ordenador. Y es que el truco de estas organizaciones consiste en el añadido de "civiles", tras el que se esconden para, en nombre de la libertad con apellido, coartar la libertad sin apodos.

Un pequeño vistazo al listado de organizaciones, además de mostrarnos que algunas de esas "organizaciones" son meros individuos, nos muestra que una docena de los firmantes son asociaciones de consumidores, incluyendo nuestro pequeño grano en el culo local FACUA. ¿Asociaciones de consumidores contra la libertad de los mismos de escoger el producto que más se adecúa a sus necesidades? ¿Cómo es posible semejante desatino? El problema es que no sólo no es extraño, sino que es la práctica habitual de estas organizaciones, práctica al que la propia FACUA llama "consumerismo". Pertenecen a la escuela de Ralph Nader, el político americano de extrema izquierda que inició su carrera escribiendo el libro "Unsafe at any speed", en el que atacaba a un coche llamado Corvair por su gran inseguridad. Nader logró que se prohibiera la venta del auto, pese a que investigaciones posteriores del gobierno no mostraron que fuese especialmente peligroso en comparación con sus coetáneos. Ese libro y la campaña que le siguió le convirtieron, sin embargo, en el más famoso "defensor de los consumidores". Sin embargo, cuando publicó el libro las víctimas por accidente de coche estaban cayendo dramáticamente, sin que Nader ni las regulaciones posteriores inspiradas por él y los suyos marcaran demasiada diferencia.

La defensa de los consumidores, desde entonces, consiste en reducir las opciones de los mismos a las que ellos consideren apropiadas. El propio Nader llegó a escribir que "el consumidor debe ser protegido a veces de su propia indiscreción y vanidad". Ese es el modelo que parecen seguir todas las organizaciones de consumidores, incluyendo las españolas. Sus protestas se reducen a las empresas, bien porque no cumplen sus contratos –una causa evidentemente justa–, bien porque consideran a sus protegidos como menores de edad incapaces de elegir.

Así, si nos centramos en FACUA –esto les pasa por firmar manifiestos– vemos que en su sitio web que se ocupan de temas como los transgénicos, pese a que no han provocado problema ni riesgo alguno de salud, o la "energía sostenible para todos", algo que sin duda no deja dormir a los consumidores cuando encienden su ordenador para consultar tan "consumerista" lema para el "día de los derechos de los consumidores". Sin embargo, buscarán en vano una nota de protesta por el hecho de que la Unión Europea restrinja la importación de ropa proveniente de China, pese a que impida que los comercios del ramo se llenen de productos más baratos que los actuales, para gozo y disfrute de los consumidores de nuestro continente, a los que dicen defender.

Y es que, en su intento de lograr que las autoridades políticas restrinjan la libertad de los consumidores con la excusa de protegerlos de sí mismos, no van a molestarles cuando éstos impiden que se mejoren las opciones de los ciudadanos a la hora de comprar, no sea que se les enfaden. Es más cómodo y fácil denunciar a Google por algo que hacen todos y cada uno de los sistemas de correo existentes en la actualidad.