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El milagro escocés

A principios del siglo XVIII, Escocia era un país atrasado, castigado por el hambre, y formalmente independiente, aunque sufría la opresión semicolonial inglesa. Sin embargo, a lo largo del siglo, llegó a convertirse en uno de los países más ricos e industrializadas del mundo y en la cuna de la Revolución Industrial inglesa.

La renovación de Escocia, parecida a la del ave Fénix, fue un modelo para toda la Europa del siglo XIX porque fue capaz de modernizar el país sin caer en el callejón sin salida del terror al que habían llevado las reformas de la Revolución Francesa.

Durante la Edad Media hubo una constante rivalidad y conflictos sangrientos entre Escocia e Inglaterra que llevó a los dos países a elegir diferentes modelos de protestantismo. Enrique VIII fundó la Iglesia anglicana y arrancó a Inglaterra del ecumenismo católico. Escocia, influenciada por un carismático John Knox, eligió el calvinismo en 1560. El credo calvinista no sólo impuso una vida puritana a los escoceses, sino que su método de autogobierno a través de los presbiterianos elegidos por los creyentes de cada comunidad, dio muestras de que tanto la fe moral como el autogobierno que surge de la fe interior pueden mantener el orden social, en oposición a un modelo de iglesia jerárquicamente establecido de arriba hacia abajo. 

En este sentido, fue muy importante el ingente esfuerzo que llevó a cabo la iglesia para educar a los creyentes escoceses en el conocimiento y la comprensión de la Biblia. En cada parroquia fueron fundadas escuelas en las que se enseñaba a leer, escribir y las destrezas básicas. En términos modernos, se había producido una revolución educativa: alrededor de 1750, el 75 por ciento de los hombres sabía leer y escribir, y las discusiones sobre las interpretaciones de los textos bíblicos contribuyeron a desarrollar su capacidad de razonamiento; en 1795, había 10.500 maestros para un millón y medio habitantes.

Pero los escoceses no solo leyeron la Biblia; se abrieron varias bibliotecas en las ciudades. Según los registros contemporáneos de la biblioteca Inerpeffray, las obras de Locke y los maestros de la Ilustración francesa fueron sacadas en préstamo por ciudadanos y trabajadores, entre los que hay registrados panaderos, herreros, braseros y campesinos. Por otra parte, la expansión del consumo de té redujo el consumo del alcohol y sus efectos, lo que contribuyó significativamente a la mejora del estado de salud de la población. 

Esta revolución educativa trajo consigo el auge de la educación universitaria. El número universitarios se triplicó a lo largo del siglo. Las universidades de Glasgow y Edinburgo se convirtieron en las mejores universidades protestantes. El bajo coste de la matrícula (diez veces menos que la de la Universidad de Oxford) atrajo a jóvenes talentosos de las clases bajas.

El impacto de las universidades se extendió más allá de sus muros: las clases estaban abiertas, todo el mundo podía escuchar, no solo los estudiantes. Los profesores solían impartir conferencias públicas a las que, según los registros, asistían de 200 a 300 personas. En el seno de estas universidades se formó el círculo de influyentes pensadores de la Ilustración escocesa, Francis Hutcheson, David Hume y Adam Smith que revelaron a través de sus obras al mundo cuál había sido la receta para el surgimiento de Escocia, para que el país se convirtiera en “el taller del mundo”, en una isla de prosperidad para la mayoría de los habitantes, no solo para la elite oligárquica.

La revolución educativa por sí sola no fue suficiente para abrir paso al desarrollo, aunque fuera un elemento esencial. La otra clave del avance se basó en el orden legal que garantizaba la protección de la propiedad, la libertad individual y el libre comercio, factores que resultaron definitivamente influidos por los acontecimientos históricos y políticos.

Después de la muerte de la reina de Inglaterra Isabel I, el rey de Escocia heredó la corona inglesa y mantuvo la independencia de los dos países. La familia real tenía su sede en Inglaterra, que era más rica; así los nobles escoceses invadieron Londres y buscaron su suerte en la corte.

Escocia fue gobernada desde lejos y, esencialmente, abandonada. En la Guerra Civil Inglesa, los escoceses fueron derrotados por las tropas de Cromwell, y Escocia pasó a depender de Inglaterra (1651); aunque la independencia de Escocia se mantuvo en el papel, de hecho, pasó a ser una semicolonia inglesa. La Inglaterra del momento ya estaba a punto de ser la principal potencia marítima del mundo. El país se había convertido en una región próspera gracias a los tesoros de las colonias, el comercio atlántico y la piratería. La política mercantilista que defendía los intereses de los comerciantes ingleses excluía a los escoceses del nuevo mundo atlántico. La brecha entre la Inglaterra rica y la Escocia tradicional, pobre y subdesarrollada se había ensanchado.

En 1695, los escoceses hicieron un último esfuerzo para colonizar el Nuevo Mundo y así independizarse de Inglaterra. En este sentido, William Petterson, que había salvado a la corona británica un año antes al establecer el Banco de Inglaterra y desembolsar un enorme préstamo para la casa real, propuso, como patriota escocés, copiar el sistema institucional de Inglaterra en Escocia. Siguiendo el ejemplo de la Compañía Británica de las Indias Orientales, planteó establecer un monopolio colonial y comercial, la Compañía Darian para Escocia, establecer colonias y bases comerciales en América Central (Panamá), y establecer el Banco de Escocia para cubrir sus costos. La sociedad escocesa apoyaba la iniciativa de Petterson con todo su corazón. Casi la mitad de la riqueza escocesa disponible, 400.000 moneda de oro, fueron invertidas en el negocio. Sin embargo, la empresa colonial fracasó. El último barco fue hundido por los británicos y su tripulación fue ahorcada por practicar la piratería. Escocia había quebrado.

En esta desesperada situación surgió la idea de la unificación con Inglaterra y el abandono del sueño de una Escocia independiente. Inglaterra apoyó este proceso, porque las aspiraciones de independencia de Escocia siempre habían sido una fuente de peligro al que había que sumar la posibilidad de que potencias extranjeras ocuparan la isla en apoyo de los escoceses.

En 1707, nació la unión entre Inglaterra y Escocia. El parlamento escocés fue abolido y sus miembros pasaron a serlo del parlamento inglés. Las leyes, los impuestos y la administración pública se unificaron en todas las Islas Británicas. Inglaterra y Escocia eran un mercado único protegido por las reglas mercantilistas inglesas. De este modo, el Atlántico se abrió a los comerciantes escoceses cuyos intereses eran también defendidos por la marina inglesa.

Los ciudadanos escoceses disfrutaron no solo de la apertura del mundo, sino también de las libertades y la protección de los derechos de propiedad defendida por el sistema legal inglés. Como la aristocracia escocesa se había trasladado a Londres atraídos por la corte, los comerciantes, artesanos y plebeyos escoceses se quedaron solos. No había nadie de quien esperar una protección especial en el mercado. No tenían otra opción que intentar tener éxito basándose en sus propias iniciativas en el mercado mundial repentinamente abierto.

Y los escoceses aprovecharon la oportunidad. En dos generaciones, alcanzaron el nivel económico de Inglaterra. Los comerciantes escoceses se habían apoderado de la mayor parte del comercio del tabaco, la agricultura escocesa se había recuperado y James Watt, un inventor escocés, había perfeccionado la máquina de vapor, convirtiendo a Escocia en uno de los lugares de nacimiento de la Revolución Industrial.

La experiencia del milagro escocés fue analizada por Adam Smith en La riqueza de las naciones, publicada en 1776 en la que afirma que un mercado libre era la clave para conseguir la prosperidad de una nación. Por el contrario, la defensa de un mercado con aduanas solo produce prosperidad para la élite gobernante y sus clientes, pero no para la sociedad. Según el autor, la paz, los impuestos bajos y un nivel tolerable de justicia son las claves para la evolución y el desarrollo de la sociedad desde la condición más oscura de la barbarie hasta la más alta civilización. El libro de Adam Smith se convirtió en la biblia de los políticos conservadores del siglo XIX. Mostraba una manera de salir del atrasado y miserable mundo feudal a través del libre comercio y de la modernización que evitaba la revolución y el terror. 

En definitiva, el modelo del estado liberal clásico del siglo XIX basado en el ejemplo escocés, era el de un estado pequeño, que asegurara las libertades individuales, la propiedad, y el desarrollo orgánico a través del libre comercio, en contraste con la organización racional de la sociedad  que habían intentado imponer los revolucionares francesas.

¿Cómo se puede interpretar el milagro escocés en nuestros tiempos? La inversión en educación y la atención a la educación un factor esencial y básico para la creación de capital humano. Por otra parte, la honestidad y el estado de derecho descartan la aparición de la corrupción; de hecho, no es pura coincidencia que los países con bajos niveles de corrupción sean los más ricos del mundo. Pero la conclusión más importante es que el libre comercio, el bajo nivel de intervención estatal en la vida económica de un país, los impuestos bajos facilitan a los ciudadanos la posibilidad de llegar a ser emprendedores. 

El lenguaje económico (X): Capitalismo

Antes de analizar el uso del término «capitalismo» aclaremos su triple significado. Desde un punto de vista libre de juicios de valor —wertfrei— el capitalismo moderno es un sistema de producción, fruto del ahorro y la inversión en bienes de capital: fábricas, máquinas, herramientas, programas informáticos, etc. Todas las sociedades, en mayor o menor medida, emplean bienes de capital, pero la capitalista lo hace de forma masiva debido a la acumulación de capital durante un prolongado periodo de tiempo. 

Desde un punto de vista marxista, se acusa al capitalismo de ser sistema de producción conflictivo e injusto, basado en «la explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalismo» (Marx, 2008: 137). Supuestamente, los dueños del capital —capitalistas y burgueses— explotan a sus empleados —proletarios— robándoles una parte de lo producido: la plusvalía. Marx revistió su teoría de un halo «científico» empleando fórmulas y expedientes matemáticos. La refutación de la teoría de la explotación, realizada por Böhm-Bawerk (Huerta de Soto, 2010: 101-201) en 1884, no pudo evitar la calamitosa expansión del marxismo en el mundo.

En tercer lugar, por capitalismo entendemos un sistema institucional —económico y jurídico— que reconoce la propiedad privada del capital y de los medios de producción, así como la libertad de mercado. El capitalismo, así entendido, es una institución ética que proporciona los más altos niveles de vida a la población, sin embargo, son muchos los que todavía se adhieren a la tesis marxista. El lenguaje económico ha sido y sigue siendo un campo de batalla entre los defensores y detractores del capitalismo. 

Capitalismo anárquico

Los marxistas vieron en el capitalismo la «anarquía reinante en la producción» (Marx y Engels, 2013: 81). Creían que un sistema descentralizado y espontáneo —anárquico— debía ser necesariamente reemplazado por otro racional dirigido por un sesudo órgano de planificación central. Sin embargo, planificación y capitalismo no son excluyentes. Cada organización y cada individuo planifica sus acciones: persigue fines empleando los medios que considera óptimos.  

Capitalismo de amiguetes

También conocido como crony capitalism. Es una expresión bastante acertada pues es notoria la afición de las grandes corporaciones de influir en los legisladores. Los «empresaurios» acuden a los políticos para obtener privilegios como impedir la competencia. Como no pueden deshacerse fácilmente de las inversiones realizadas en máquinas más antiguas, en lugar de encajar deportivamente la reducción de sus ventas, acuden a los políticos para mantener sus beneficios. Al igual que sus cómplices en el gobierno, son una lacra social y obtienen rentas ilícitas a expensas de los consumidores.

El capitalismo mata

Todo tipo de malos augurios se han hecho sobre el capitalismo. «El apocalipsis lo causará el capitalismo, no las máquinas», dijo Stephen Hawking. «La ciencia y la tecnología deben estar al servicio de toda la humanidad sin injerencia de las grandes corporaciones y la cúpula empresarial», dijo Nikola Tesla. «Solo el socialismo salvará a la humanidad», dijo Albert Einstein (Mayo Von Höltz II). Más recientemente los agoreros del cambio climático afirman que si no acabamos con el capitalismo, éste acabará con el planeta. Nunca estas profecías, de corte marxista, se han cumplido. Aún así se van renovando con nuevos escenarios a cuál más tenebroso.

El Papa Francisco es tristemente célebre por sus diatribas contra el capitalismo. En su primera exhortación apostólica Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio) leemos estas perlas (53) «Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata». El Papa repite el error de las analogías biológicas (el pez grande se come al pez chico) al afirmar: «Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil». Y sigue (56): «Se instaura una tiranía invisible», etc. La ignorancia que exhibe el Papa, siendo lego en economía, es admisible, pero no es sensato realizar furibundas afirmaciones en una materia desconocida. Más preocupante es su desconocimiento de la dimensión ética del capitalismo, reconocida por su antecesor Juan Pablo II y por eminentes economistas austriacos como Hayek, Kirzner y Huerta de Soto (2021: 17). 

Capitalismo y ludismo

Desde los orígenes del capitalismo sus enemigos han visto en las máquinas el origen del desempleo. Toda innovación y automatización del trabajo ha sido atacada por políticos, sindicatos, periodistas y afectados directos de los cambios. Un ejemplo es llamar «desatendidas» las gasolineras autoservicio, que están tan «desatendidas» como los cajeros automáticos o las máquinas expendedoras (tabaco, alimentos, bebidas). Los negocios autoservicio están perfectamente atendidos por la cuenta que les trae a sus dueños. Un análisis más reflexivo, paradójicamente, invierte la lógica del presunto «desatendimiento». Situados del lado de los consumidores, son precisamente los dispensadores automáticos los que satisfacen necesidades antes no cubiertas durante la noche, días festivos y en otras circunstancias donde no es rentable tener empleados. 

Capitalismo salvaje

El adjetivo salvaje ha sido muy empleado para denigrar al capitalismo. Sin embargo, los animales salvajes y las tribus de humanos desconocen el capitalismo. La realidad es justo la contraria. El capitalismo ha hecho posible el tránsito del hombre salvaje al hombre civilizado, de la sociedad tribal a la sociedad abierta. No hay nada «salvaje» en el sistema capitalista. En el mercado no se libra una lucha a muerte por la supervivencia, sino la pacífica cooperación a través de la división del trabajo (Mises, 2011: 174).

Destrucción creadora

Según Joseph A. Schumpeter en el sistema capitalista el empresario que innova crea lo nuevo y destruye lo antiguo. Este proceso de destrucción creadora constituye el hecho esencial del capitalismo (Schumpeter, 1997: 120). Debemos criticar esta metáfora por la connotación violenta del término «destrucción». El empresario que innova no destruye nada, sino que vuelve obsoletos otros bienes, industrias o formas de producción. Por ejemplo, el correo electrónico no destruye al fax, ni el whatsapp destruye a la mensajería SMS. El reemplazo tecnológico e industrial que se produce incesantemente en el mercado es pacífico y nada tiene de destructivo.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2010). Lecturas de economía política III. Madrid: Unión Editorial.

Huerta de Soto, J. (2021). «Socialismo, corrupción ética y economía de mercado». Cuadernos para el Avance de la Libertad, Nº 7. Madrid: Unión Editorial.

Marx, K. (2008). El capital (I). Biblioteca virtual.

Marx, K. y Engels, F. (2013) [1848]. El manifiesto Comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas. Schumpeter, J. (1997). Teoría del desenvolvimiento económico. FCE.

Serie ‘El lenguaje económico’

(IX) Fiscalidad

(VII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

La pandemia del autoritarismo

Este artículo está dedicado a la memoria de don Antonio Escohotado, su cuerpo descansa, sus ideas transcienden.

Hace dos años que empezó una pesadilla, de la cual aún no hemos despertado. Con el fin de no ser censurado, se evitarán palabras que puedan suscitar las sospechas de los algoritmos que nos circundan. Empecemos pues. Digamos que la pesadilla en cuestión provocó una reacción de congoja y sobreactuación que puede ser comprensible a la luz de los acontecimientos. España, en marzo de ese fatídico año 2020 actuó acorde con los estándares comunes del resto de países. Ante una situación sin precedentes en los últimos 100 años en Occidente y muchas partes del mundo, la respuesta ante el temor por un mal invisible fue a mi juicio, sobreprotectora, y esto es positivo. Delante de algo nuevo y potencialmente mortal es mejor extremar precauciones antes que infravalorar su capacidad de mermar a la población, si sobreactuamos, siempre podemos dejar de hacerlo, si lo infravaloramos, quizás sea irreversible.

Entonces, ¿cuál es el problema? El 14 de marzo el gobierno declara el estado de alarma durante 15 días. ¿Era comprensible? Desde luego. Una vez pasado el tiempo establecido, la cuarentena se endureció[1], se pasaron de 351 muertos a 7.766, esto multiplicaba por 22 el número de víctimas[2]. Unos 21 días después, el gobierno amplió el estado de alarma dos semanas más. Después de esas dos semanas, se volvió a alargar hasta el 26 de abril. El 6 de mayo, el Congreso votó ampliarlo (cada vez con menos apoyos), el cual se volvió a prorrogar (por quinta vez) el 20 de mayo. Finalmente, el 21 de junio (más de tres meses después y con diversas fases) acaba el estado de alarma[3]. El último capítulo (hasta la fecha) de Black Mirror se llamaba “la nueva normalidad”.

En general, la normalidad nunca ha vuelto, y viendo el desarrollo de los acontecimientos me temo que estamos lejos de esta. Véanse los datos económicos en el pie de página[4] para comprobar la destrucción empresarial que se produjo. Al margen de esto, la salud mental salió muy perjudicada, prueba de ello es la tasa de suicidios más alta en la historia del país (en términos brutos, el total fue de 3.941[5]). El distanciamiento social fue in crescendo a medida que debíamos salvaguardas distancias, usar mascarillas y todo tipo de productos desinfectantes. Todo eso merma la capacidad de cohesión que conlleva el contacto humano. Tenemos unos 30 músculos en la cara, los cuales se concentran especialmente en la zona de la boca, tapándonoslos disminuimos la comunicación no verbal y aumentamos el distanciamiento entre personas.

Los meses de los cuales íbamos a salir más fuertes se torcieron en octubre de ese año (2020). Todo esto en un clima de ingenuidad y autoayuda barata. Desde octubre se hizo efectivo un nuevo estado de alarma, este duró hasta mayo del 2021: restricciones, toques de queda, multas, criminalización de la juventud (fuimos durante mucho tiempo el chivo expiatorio), mascarilla en exteriores, desescaladas, etc, el objetivo era bajar la presión hospitalaria.

Todos los fines pueden ser muy elevados y con intenciones benévolas, ahora bien, lo que a mí nunca me ha parecido de recibo ha sido cómo el funcionariado de turno ha comprometido al país hasta límites insospechados. Los asesores del gobierno y de las autonomías, siempre han tendido a pedir restricciones aun cuando los casos de coronavirus no eran muy elevados[6]. Esto, intrínsecamente significaba que muchos negocios debían bajar la persiana (en muchos casos de forma indefinida), pero está claro que, cuando tu sueldo está asegurado por el gobierno, tomar este tipo de decisiones es más fácil[7].

Quizás los que propusieran eso, deberían cobrar lo mismo que las empresas que han estado (y están) en ERTE, de esta forma pondrían su bolsillo en el “juego”. Hago referencia a Taleb y a su libro “Skin in the game” en el cual, en una sociedad en la que algunos no arriesgan nunca en primera persona, estos tienen el poder de tomar decisiones que impactan de forma significativa en vidas ajenas, para más inri, gozan de un prestigio y retribuciones desproporcionadas. Taleb mete en esta categoría a los políticos, burócratas, profesores universitarios, etc. Las sociedades estructuradas de esta forma, crean grandes asimetrías, aquellos con un riesgo mínimo (políticos y asesores) o con un riesgo moderado (sanitarios) imponen de facto, su criterio.

Taleb lo expresa de la siguiente forma: The most egregious contributor to inequality is the condition of a high-ranking civil servant or tenured academic, not that of an entrepreneur (Taleb, 2018, pág. 49). Los expertos sanitarios, y una inmensa cohorte del funcionariado patrio, estaban muy de acuerdo en seguir confinando a la población, imponiendo medidas abusivas a las empresas (y a todo el mundo). Es fácil tomar decisiones con el sueldo asegurado, no así cuando este depende de vender un servicio en el mercado. La paradoja y lo más irritante es que, quien sostiene la res publica son precisamente las PIMES, ya que, es el sector privado el que financia el público. Esta ha sido la tónica dominante durante la pesadilla.

En diciembre del 2020 había una esperanza al final del túnel: la vacuna. Y aquí es donde este capítulo coge cálices dramáticos. Podemos decir que, a día de hoy, el proceso de vacunación en España ha sido un éxito. Con el 80% de vacunados, deberíamos estar a las acaballas de esta historia. Recordemos que, el chivo expiatorio durante buena parte de la pandemia habíamos sido los jóvenes, pues bien, ahora se trata de los “antivacunas”. Hay una especie de cruzada ciudadana contra todos aquellos que no están dispuestos a mostrar y rebelar datos concernientes a su salud y especialmente, contra la minoría que ha decidido no vacunarse[8].

A priori, conociendo mínimamente la historia de las vacunas, dudo mucho que un 20% de la población pueda ser acusada de serlo. Somos deudores de este avance médico, la esperanza de vida de la que gozamos no sería ni de lejos la que es sin ellas. A finales del s.XVIII, el médico inglés Edward Jenner hizo la primera vacuna de la historia. Esta podía proteger a la gente de una enfermedad espantosa como era la viruela (véanse las imágenes en Google) la cual, se había llevado por delante a 500 millones de personas desde que se conoció. La fórmula consistía en inyectar a las personas la viruela de las vacas (un virus parecido). El químico francés Louis Pasteur realizó la segunda vacuna 100 años después. En este caso para la rabia, sólo se conoce un caso de superviviente de dicha enfermedad (zoonótica) en toda la historia, ergo, su mortalidad era del 100% (Offit, 2008, pág. 6).

Para ponerlo en contexto, a día de hoy (27/11/2021), se conocen aproximadamente unos 5.193.495 muertos globales por covid desde que descubrimos el primer caso hace dos años[9]. Con una población mundial de 7.900 millones de personas. En el mundo fallecen alrededor de 55 millones de personas anuales[10], esto supondría que, en 2020, 1,88 millones de personas murieron a causa del virus[11], lo que daría del total de fallecidos ese año un 0,99%[12]. Para contextualizar un poco más, en el mundo, (según la OMS) la mayor causa de muerte es la cardiopatía isquémica, la cual constituye el 16% de todas las muertes en el planeta tierra. Estas alteraciones cardíacas están asociadas al tabaco, colesterol (hábitos de alimentación), sedentarismo, edad avanzada, factores genéticos, etc. Ciertamente no se trata de una enfermedad transmisible.

Siguiendo los datos de la OMS, las infecciones de las vías respiratorias inferiores, continúan siendo las enfermedades transmisibles más mortales del mundo con un total de 2,6 millones de muertos en 2019[13]. Podríamos estar poniendo ejemplos ad infinitum, pero, vayamos al grano. Esta pandemia está demostrando que con la justificación del “bien común” (concepto vago y esotérico) y el mantra de “es por tu salud”, los derechos individuales pueden ser pisoteados sin más. El tribunal constitucional sentenció que el segundo estado de alarma fue anticonstitucional. ¿A quién se le depurarán responsabilidades?

La pandemia ha servido de pretexto a los gobiernos para anular la capacidad individual de los sujetos. Normalmente, cuando algo se impone no es de extrañar que la reacción sea de rechazo, un 20% de ciudadanos de momento decide no vacunarse (en España). A día de hoy no hay evidencia científica que demuestre que las vacunas no evitan el contagio del virus, esto lo dice la Asociación Española de Vacunología[14]. Volvamos al bien común. Mucha gente tacha de insolidarios a esa minoría que decide o bien no enseñar su certificado de vacunación o bien, no vacunarse, supuestamente deben hacerlo en aras de la solidaridad. Esto es una opinión y una pregunta imposible de responder, pero ¿cuántos ciudadanos simplemente se han vacunado no por la confianza en las autoridades sanitarias, sino por el hecho de tener libertad (condicional)? ¿Tiene más peligro un no vacunado yendo al bar que una persona vacunada que se va de viaje fuera de Europa? Recordemos que este es un factor clave para importar y exportar variantes del virus y que en los aeropuertos confluyen cientos de nacionalidades diariamente.

Jordan Peterson, invitado al programa de The Rubin Report, hace dos semanas comentó el tema. En Canadá no puedes salir del país si no estás vacunado, él afirma estarlo, y las condiciones iban a ser “Here’s the deal, I got vaccinated, you fucking leave me alone”. ¿Funcionó? No, ha tenido que pasar por diferentes test de coronavirus para entrar y salir de su país. Las restricciones para los vacunados han ido aumentando hasta límites que cuesta discernir si han pasado por la aguja. Una de sus posturas es no mostrar su certificado, puesto que eso concierne a su privacidad. Todo un ejemplo a seguir.

Como he comentado en algún otro artículo, soy favorable a que si el estado debe intervenir en la vida de las personas sea a través de la persuasión y los nudges, no a través de la coacción y la condena al ostracismo social. El certificado covid se ha convertido en un certificado de libertad y eso es peligroso. La histeria colectiva se ha apoderado de amplias capas de la población y debemos hacer como si fuéramos una especie de agentes de la KGB preguntando a nuestros conciudadanos si han tomado una decisión o no, respecto a su cuerpo y a su salud.

Como no podía ser de otra forma, la libertad se va restringiendo a medida que augmentan los decretos despóticos y las praxis totalitarias que están aplicando muchos gobiernos en todo el globo (especialmente en Alemania y Austria). Durante la Peste Negra (1348) el chivo expiatorio en Europa fueron los judíos, abundaron los pogromos, uno de los más famosos data del 14 de febrero de 1349 en Estrasburgo, en el cual fueron quemados públicamente. Curiosamente, quienes animaron a esa persecución fueron las autoridades sanitarias: medical authorities in these regions, like Alfonso de Córdoba and Jaume d’Agramont, fueled the belief that enemies of Christianity could be responsible for the disease through poisoning of water or food (Aberth, 2005, pág. 139). Se calcula que durante la Peste Negra (que llegó mediante los viajes marítimos relacionados con el comercio), murieron entre el 30-60% de la población de Europa “New research suggests that this estimate must be revised upwards to an average mortality rate of at least 50 percent” (Aberth, 2005, pág. 3).

Para que no se desborde la histeria colectiva en la que llevamos sumidos dos años, sería necesario parar de mirar con recelo al que tenemos al lado. Especialmente en lo que concierne a su propia salud. Si alguien considera que no debe vacunarse, el que se expone es él, no los demás. No podemos obligar a base de coacción, presión social, “por lo civil o por lo militar” (a Revilla se le nota su paso por el Sindicato Vertical), o por “la idea del pasaporte covid es hacerle la vida imposible a los que no se quieren vacunar” (palabras explícitas del exministro del PSOE Miguel Sebastián[15]), la vacuna obligatoria como propugna gente como Ángel Expósito o Risto Mejide (este último se dedicó a sacar a la luz en prime time los 28 nombres de médicos que aconsejaban a sus pacientes no vacunarse), incluso se ha podido ver en televisión el “perfil del no vacunado”.

La deriva autoritaria no sabemos hasta dónde va a llegar. Imaginemos por un segundo qué sucedería si un establecimiento requiriese para entrar un certificado en función del sexo, etnia, religión, orientación sexual, etc. Sustituyamos el “covid” por el “VIH”, imaginemos que alguien decide pedir certificados para demostrar que no tienes dicha enfermedad, ¿nadie pondría el grito en el cielo? El retrovirus (VIH) se encuentra entre el top 10 de las enfermedades más mortales anualmente[16]. La gente que lo tuvo en los 80s pasaron a ser unos parias sociales y luego se demostró que su contagio sólo se da en unas circunstancias determinadas.

Igualmente, nunca pensé que vería algo así, en Australia el ejército está llevando a gente infectada a “Quarantine Camps”[17], se me antoja demasiado fácil la analogía con un régimen totalitario de los años 30s. En Austria las personas recibirán una carta para vacunarse, en caso de negarse, deberán pagar 3.600€. Si no se paga, automáticamente son 4 semanas de cárcel[18]. En Italia el actual presidente del Consiglio (Mario Draghi), ha dicho en rueda de prensa que quiere que los no vacunados se vuelvan a unir a la sociedad, ergo, ¿ya están apartados?

Lo que me sorprende más de todo esto es que, en general, la mayoría de personas no se toman las recetas prescritas por sus médicos, o lo hacen mal, o no la acaban o ni la empiezan (Tamblyn, Huang, Winslade, Doran, & Eguale, 2014)[19]. Imaginemos por un momento que el estado pone todo de su parte para que te tomes la medicación, arguyendo que se trata del bien común (puesto que se preocupa por tu salud). Si el estado quisiera mejorar la calidad de vida de las personas, quizás debería prohibir el alcohol y el tabaco. El propio gobierno reconoce que 9 de cada 10 cánceres de pulmón se deben al tabaquismo[20] y no hablemos de las enfermedades cardíacas que pueden desarrollarse (el humo del fumador también pone en riesgo a los de su alrededor). Otro tanto sucede con el alcohol. Sabemos que estas sustancias matan, pero, sin embargo, el gobierno no procede a su prohibición (que quede constancia que no soy partidario de prohibirlas). Podríamos mencionar también la obesidad, de la cual se especula que mueren unos 3.5 millones de personas en el mundo anualmente (Breuhl Smith & Seth Smith, 2016, pág. 121).

Sea como fuere, hay miles de cosas que nos matan a diario, de forma paulatina, pero no podemos vivir con miedo a morir. Decía Eric Fromm en su maravilloso libro “El miedo a la libertad”, lo siguiente: Hay otra parte que es igualmente compulsiva, una parte que no se halla arraigada en los procesos corporales, pero sí en la esencia misma de la vida humana, en su forma y en su práctica: la necesidad de relacionarse con el mundo exterior, la necesidad de evitar el aislamiento (Fromm, 1941, pág. 30). El concepto de sanidad no es sólo ausencia de enfermedad, se deben incluir factores sociales, mentales, etc. El aislamiento está mermando la salud hasta límites insospechados.

Para finalizar, mi pregunta es: ¿hasta dónde? ¿hasta cuándo? La presión de grupo y el miedo a ser tildado de antivacunas es real. Por ejemplo, un servidor, cuando compartió en su cuenta de Instagram el artículo de opinión sobre el pasaporte covid[21] a cargo de Mariona Gumpert, automáticamente le saltó un aviso “visita el centro de información sobre covid 19 para acceder a recursos sobre vacunas”, el artículo no estaba en contra de la vacuna, ni de la vacunación. Lo que se postulaba era la pérdida de libertades que estamos sufriendo de forma deliberada. ¿Todo vale para salvaguardar la salud?

Hay que destacar el papel del miedo que están jugando los medios de comunicación, el cual es realmente criminal. Justo hoy ha salido una nueva variante surafricana y ya hay empresas trabajando para una nueva vacuna[22]. El circulo parece que no acaba de cerrarse. Con mascarillas, vacunas y restringiendo los movimientos, el virus parece que ha llegado para quedarse. Si esperamos a que no muera nadie, esperaremos eternamente (véase cuánta gente muere anualmente a causa de la gripe). A mi juicio, se trata de un intento de tener atemorizados a los ciudadanos. Como postuló en el s.XVI Maquiavelo “E gli uomini hanno meno rispetto a offendere uno che si facci amare che uno che si facci temere” (Machiavelli, 1961, pág. 64)[23]. El miedo es paralizante y facilita la gobernabilidad.  

Así pues, este artículo tiene como objetivo defender a ultranza la libertad individual, aplicar el principio de mi cuerpo, mi decisión[24], la intención de no permitir que nuestros conciudadanos deban rebelar sus datos personales y evitar la intromisión del estado en la vida sanitaria de las personas: si hoy tienen un QR con nuestras patologías, ¿qué no podrán tener mañana?, ¿hay algo más importante que la salud? Defender la libertad implica riesgos, pero mayores son los de aferrarse a la falsa seguridad que ofrece el amo. Habrá que aprender a convivir con el miedo. Como dijo mi admirado y querido Antonio Escohotado (que en paz descanse) “Dejar que el otro sea libre es la gran asignatura pendiente de la Humanidad”.

Bibliografía

Tamblyn, R., Huang, A., Winslade, N., Doran, P., & Eguale, T. (2014). The Incidence and Determinants of Primary Nonadherence With Prescribed Medication in Primary Care. Annals of Internal Medicine, 441-451.

Aberth, J. (2005). The Black Death. The Great Mortality of 1348–1350. New York: PALGRAVE MACMILLAN.

Breuhl Smith, K., & Seth Smith, M. (2016). Obesity Statistics. Elsevier Inc, 121-135.

Fromm, E. (1941). El miedo a la libertad. Zaragoza: Titivillus.

Machiavelli, N. (1961). Il Principe. Torino: Einaudi.

Offit, P. A. (2008). VACCINATED: One Man’s Quest to Defeat the World’s Deadliest Diseases. New York: Harper Perennial.

Taleb, N. N. (2018). Skin in the Game: Hidden Asymmetries in Daily Life. New York: Penguin Random House.


[1]https://www.lavanguardia.com/politica/20200328/48136764563/gobierno-trabajadores-servicios-no-esenciales-30-de-marzo-9-de-abril-semana-santa-pedro-sanchez-coronavirus.html

[2] Todos los datos están sacados de: https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/espana.

[3] El total de muertos ascendía a 29.685.

[4] El letargo de los tres meses encerrados había dejado un panorama desolador. Según datos del Ministerio de Seguridad Social, en febrero del 2020 había un total de 1.324.427 empresas, de las cuales 1.293.891 eran PIMES, en el mes de junio el total había descendido en 55.088. En general, las peor paradas eran las que tenían uno o dos trabajadores. A partir de ahí, el pico más elevado fue en diciembre con un total de 1.295.656 empresas. Muchas de ellas estuvieron litigando con la administración pública por conseguir ERTES y evitar las quiebras totales, sin estos, los números quizás serían mucho peores.

[5] https://datosmacro.expansion.com/demografia/mortalidad/causas-muerte/suicidio/espana.

[6] Como muestra un botón: estas Navidades con una pauta de vacunación (a día 27 de noviembre) completa del 79,2% y con al menos una dosis (recordemos que un positivo de covid está recibiendo sólo una) de un 80,7%. Véase: https://www.vacunacovid.gob.es/. Con estos números, según los expertos, podrían incrementar las restricciones: https://www.elespanol.com/espana/politica/20211113/autonomias-avisan-restricciones-navidad-contagios-covid-aumentando/626438377_0.html.

[7] https://www.huffingtonpost.es/entry/los-medicos-de-barcelona-piden-un-confinamiento-total-corto-para-frenar-la-tercera-ola_es_5fec2010c5b64e4421078f2b, https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20201229/medicos-catalunya-exigen-medidas-contundentes-coronavirus-11425682.

[8] Recomiendo a este respecto el artículo de opinión de Juan Manuel de Prada: https://www.abc.es/opinion/abci-juan-manuel-prada-psicopatas-tragacionistas-202111212353_noticia.html.

[9] Todos los datos están extraídos de https://coronavirus.jhu.edu/map.html.

[10] https://es.weforum.org/agenda/2020/05/muertes-globales-asi-es-como-covid-19-se-compara-con-otras-enfermedades/.

[11] Datos sacados de https://ourworldindata.org/coronavirus-data en la sección de “Total confirmed Covid-19 deaths”.

[12] La cifra puede variar en función de los datos. Básicamente he sacado el % de muertos de covid en 2020 a nivel global, respecto a los 55 millones de muertos anuales. Insisto en que, dependiendo el año, las muertes mundiales cambian ligeramente.

[13] https://www.consalud.es/pacientes/10-principales-causas-muerte-mundo-oms_91314_102.html.

[14] https://www.vacunas.org/interrumpiran-las-vacunas-la-transmision-del-virus-puedes-contagiar-si-estas-vacunado/, “una vez vacunado frente a la COVID-19, ¿puedes diseminar el virus? Ya sabemos que las vacunas autorizadas evitan padecer la enfermedad en más del 50% de los vacunados – y en más del 90% para las vacunas de Moderna y de Pfizer/BioNTech-, pero lo que desconocemos es si también reducirán la transmisión del SARS-CoV-2”.

[15] El exministro, segundos antes afirmaba en el programa de Ferreras que “es verdad que no vas a frenar el contagio de ese gimnasio o restaurante por el hecho de que pidas el pasaporte, porque el que está vacunado también puede transmitirlo”.

[16] https://www.who.int/data/gho/data/indicators/indicator-details/GHO/number-of-deaths-due-to-hiv-aids.

[17]https://www.theage.com.au/national/victoria/construction-of-mickleham-quarantine-camp-is-under-way-20210812-p58i50.html.

[18]https://www.bloomberg.com/news/articles/2021-11-22/vaccine-holdouts-face-4-000-fine-in-austria-s-virus-crackdown.

[19] La muestra de pacientes, ciertamente es de Canadá. No me gustaría ser tachado de usar un non sequitur de manual. En España, se afirma que los pacientes que nunca o casi nunca toman las prescripciones médicas ronda el 37%, https://www.20minutos.es/noticia/4276574/0/4-de-cada-10-espanoles-toma-medicamentos-de-manera-frecuente/.

[20] https://www.cdc.gov/tobacco/campaign/tips/spanish/enfermedades/tabaquismo-cancer.html.

[21] https://www.vozpopuli.com/opinion/dostoievski-libertad-pasaporte-covid.html.

[22] https://www.phmk.es/industria/astrazeneca-trabaja-ya-en-una-vacuna-para-la-variante-sudafricana-del-coronavirus.

[23] Básicamente la idea es que, siempre va a ser más común traicionar a alguien a quien quieres que a alguien que temes. La analogía que pretendo establecer concierne al contexto de temor e histeria en el que llevamos dos años sumidos. Se tenderá a obedecer si las normas son impuestas, si es por benevolencia, no.

[24] Curioso que el feminismo moderno proclame y vocifere dicho argumento cuando se trata del aborto y que, mayoritariamente la sociedad acepte esa premisa en ese caso y no la extrapole a la situación actual.  

Intervención de precios y racionamiento, camino al racionamiento, la ineficiencia y la economía sumergida

Los populismos, el voluntarismo, el dirigismo, la firme voluntad política marcando el paso fijando discrecionalmente los niveles de las variables económicas son una falacia. Son pretensiones que vengan de donde vengan generan ineficiencias y despilfarro de recursos (paro) , y que pueden llegar a ser muy peligrosas llevando a sociedades al colapso, al precipicio. 

He participado en un debate interesante en las redes sociales al respecto. Concretamente presentado en Facebook así: “AMLO ya ha comenzado a fijar los precios a los productos básicos. Pero México no es Venezuela, claaaaro”. En definitiva, imponiendo precios máximos inferiores a los precios competitivos porque al planificador o intervencionista les parecen caros los precios sin intervención. Los ejemplos de alcance intervencionista, con sus diferencias, del gobierno en España en los precios de las viviendas, de sus alquileres, en los precios de la electricidad,… traen a la actualidad la atención del análisis económico en sus consecuencias.  

He ‘aportado’ al debate el siguiente teorema económico-praxeológico, sintetizando los resultados de la intervención pública con precios máximos menores a los precios de mercado:

1) Demanda de productos racionada (personas quedan sin comprar su demanda, los oferentes reducen sus ofertas).

2) Los mercados se debilitan y se reduce la actividad comercial, menor compraventa y menor actividad económica.

3) Aparecerá la economía sumergida y con los intercambios en los “mercados negros” los precios máximos se sepultan como papel mojado y ‘los precios reales sumergidos’ convergerán en el tiempo a los “precios de equilibrio” o quedaran por encima;  precios de los acuerdos derivados de ‘los procesos sociales dinámicos’ (Huerta de Soto), indeseados por el político. Ello es por el exceso de demanda derivado de la intervención y todos estos procesos alteran la asignación de los retornos desvaneciendo la voluntad inversora en estos productos y recursos ofertados, la eficiencia y la actividad económica.

4) Paro. Como consecuencia de la menor actividad.

5) Empobrecimiento. Por todo lo anterior.

¡Nefasto recorrido! 

En el debate una persona que participaba planteaba que estas medidas se justificarían en el caso Mejicano porque en él la estructura productiva era preminentemente monopolista o oligopolista, amparada por el poder institucional o gubernamental. El caso de monopolios no se identifica con el de precios máximos efectivos por debajo de los precios de equilibrio competitivo. Mi respuesta, salvo monopolios naturales, es que creo que no me confundo. 

Efectivamente, el antídoto es favorecer la competencia siempre y esto sólo se logra mediante entrada de nuevos y mejores oferentes. Nunca un monopolio se va a ir del mercado de haber demanda. Pensarlo es de total ingenuidad. Siempre más competencia, nunca mediante precios máximos efectivos por debajo de los precios de equilibrio. 

En el caso de monopolios lo analizamos en fundamentos del análisis económico como semejante a un precio mínimo efectivo, el del monopolista, que se sitúa por encima de los precios de equilibrio competitivo o derivado de los acuerdos voluntarios resultantes de ‘los procesos sociales dinámicos’ (Huerta de Soto), en términos praxeológicos.

Si como se apuntaba, yo no le sé ciertamente, en Méjico predominan las estructuras productivas monopolísticas o oligopolistas y, además, esto se hace con el respaldo político gubernativo entonces el sobreprecio, la ineficiencia y la menor actividad económica se tornará patente respecto de la que se lograría en contextos competitivos.

Lo correcto en tal caso insisto es operar diáfanamente rompiendo barreras de entrada a competidores nunca fijando precios intervenidos. El monopolista no fija a la vez el precio y la cantidad en su mercado. El precio del monopolista lo fija el monopolio donde logra la máxima ganancia, lógica y coherentemente. Esto es, donde ingresos marginales igualan los costes marginales del monopolio y ello debe hacerlo el monopolista acudiendo al permiso del cliente (que sigue gestionando en este mercado monopolista su soberanía como consumidor, como demandante y cliente atendiendo sus preferencias y objetivos sujeto a las restricciones endógenas y exógenas) para lograr el monopolista (empresa-empresario) saber su precio optimo (el del monopolista) atendiendo a la disposición marginal a pagar del cliente. La situación bajo una estructura monopolista, queda reflejada, insisto, como ‘un precio mínimo efectivo’.

Si a la solución monopolística se le compara con la solución competitiva, siempre será más eficiente ésta, por ser menor el precio y mayor la cantidad voluntariamente intercambiada en producto (actividad económica) y, consecuentemente, se traducirá en más empleo y probablemente menor paro o desempleo, de no crecer la población activa. Que no se nos escape tampoco que no hace falta necesariamente una multitud de nuevos oferentes competidores, sólo los suficientes siendo cada uno de ellos ‘líderes’ en sus estrategias de precios, nunca ‘seguidores’. Claro está, para no caer en ingenuidades, que pueden ser  posibles los contubernios institucionales del gobierno respaldando a los agentes sociales y sus organizaciones, ya sean patronales y/o sindicales, conformando fuentes de prebendas y/o de clientelismo político de probable indigestión económica, siempre hay empeños ideológicos de firmes voluntades políticas (esclavitudes y ‘caminos de servidumbres’ ). 

Concluyendo:

1) El mercado con monopolios u oligopolios, aunque como mercado el intercambio realizado es voluntario entre las partes, genera ineficiencia (despilfarro).

2) El monopolista no se apea sólo si hay demanda.

3) Los precios máximos o mínimos efectivos son de rancia aplicación empobrecedora por generar baja actividad, precios ineficientes desorientadores para los agentes y bajo empleo.

4) Los empeños de “las voluntades políticas” están sujetas a las restricciones económicas exógenas y endógenas de todos y cada uno de los agentes, las pretensiones son eso pretensiones, si no son factibles, resultan inalcanzables por ser insostenibles. El posible peligro viene de que lo que no es sostenible no se sostiene y cae, esperemos no nos caiga encima por esto conviene el análisis y el aviso.

Referencias Bibliográficas:

Hayek F. (1944), “Camino de servidumbre”. https://www.elcato.org/sites/default/files/camino-de-servidumbre-libro-electronico.pdf

Mises L.V.M. La Acción Humana, Tratado de Economía, 11ª edición, Unión Editorial. Estudio Preliminar, por Huerta de Soto.

Rivero Caro A., “Resumen del Camino de la servidumbre” de Hayek.

Varian H. (1991), Microeconomia intermedia, un enfoque moderno. 2ª Ed. Ed. Bosch. Barcelona. 

Zanotti G y Silar M. (2016), Economía para sacerdotes. Cristianismo y Economía de Mercado. Unión Editorial, Madrid.

http://www.hacer.org/pdf/Hayek15.pdf

https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10216751947643616&id=1010054067#
https://www.latimes.com/espanol/mexico/articulo/2021-07-08/amlo-empresa-estatal-gas-mexico-polemica

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXIII): Anarquismo cristiano

A pesar de estar (a día de hoy) las distintas iglesias cristianas organizadas de forma anárquica, tanto en su organización interna como en su relación entre ellas, su resultado en término de fieles e influencia social no sólo no decae sino que mantiene su proporción, o incluso mejora a nivel global, que es el ámbito donde deben compararse las diferentes religiones. Dentro de ellas cualquiera puede abandonar su credo sin grandes problemas; incluso miembros de su jerarquía como un reciente caso en Cataluña nos muestra. Y entre ellas, a pesar de sus discrepancias en materias de credo, son frecuentes los casos de colaboración y de diálogo ecuménico. También es relativamente fácil, como ilustra el caso norteamericano, la instauración de nuevas denominaciones, con mayor o menor éxito o duración, algo que guardando las debidas distancias se asemeja a un mercado dinámico en el que creación y destrucción de nuevas empresas es algo habitual… Es más, sólo parece decaer en aquellos lugares, como Europa, en que esta ha estado asociada al poder político, lo que parece haberle restado dinamismo y capacidad de competencia. A ello se suma el hecho de que los Estados se han apropiado de muchas de sus funciones tradicionales.

Sorprende, pues, que a pesar de operar en un entorno anárquico y dinámico, y siendo los Estados su principal y más temible competidor (la mayor parte de los ateos no se convierten en anarquistas sino que delegan en el estado las cuestiones morales y de liturgia como la educación en valores o las uniones matrimoniales), la cuestión de la relación entre el cristianismo y el Estado no haya despertado entre los teólogos el interés que sí lo han hecho otras cuestiones doctrinales. La mayoría de las confesiones siguen dando un lugar de preeminencia a sus respectivos Estados, y salvo algunas congregaciones de tipo anabapatista, no han buscado desligarse de él. De ahí que, salvo excepciones que comentaremos, no se haya elaborado una teología sistemática en relación a esta cuestión.

De ahí que sorprenda que en los últimos decenios algunos teólogos de muchas iglesias cristianas, incluida la católica, hayan comenzado a discutir al Estado y se pueda hablar ya de anarquismo cristiano. Quizás los primeros en elaborarla en su forma moderna hayan sido Jacques Ellul y Vernard Eller, con dos libros con el mismo título Anarquía cristiana. Ambos citan a numerosos precursores en el pasado, ya desde los mismos comienzos del cristianismo. Éstos habían reflexionado sobre el tema, pero sin una elaboración sistemática. Estos teóricos vieron continuada su obra con la de teólogos como John Milbank o William Cavanaugh  (traducidos ambos en la editorial del arzobispado de Granada, Nuevo Inicio). Los autores señalados, entre otros muchos, han sido estudiados en la mejor obra que existe sobre el tema , el Christian Anarchy de Alexandre Christoyannopoulos.

Destacar sólo que exceptuando algún autor como James Redford, quien reclama el anarcocapitalismo de Cristo, la mayor parte de los autores no entran en la cuestión del capitalismo ni lo defienden, centrándose sólo en la crítica al poder estatal y a su incompatibilidad con un programa de vida cristiano. También es relevante el hecho de que estos autores, especialmente Ellul y Eller, centran sus análisis en la Biblia, especialmente en el Nuevo testamento. Y sus análisis y referencias raramente salen del ámbito teológico, por lo que no incorporan aportaciones del ámbito económico, político o sociológico que podrían reforzar sus posturas. Quizá las excepciones sean dos de los ya citados: Cavanaugh, que sí incorpora reflexiones de la sociología histórica o de la historia (es especialmente interesante su artículo del 2004 Killing for the Telephone Company en la revista  Modern Theology), y Milbank, Teología y teoría social.

Una de las principales críticas que estos teólogos hacen en relación a la moralidad de los actores estatales es que estos incumplen de raíz uno de los principios básicos de la ética cristiana: La famosa regla de oro; esto es, no hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti. En efecto, como bien señaló Rothbard en su famosa Anatomía del estado, los Estados son absolutamente asimétricos en sus relaciones con la ciudadanía. Esto es: Lo que hace el Estado es una suerte de bien moral, pero si es a la recíproca es un crimen de lesa majestad.

Veamos, los Estados pueden extraer rentas a los ciudadanos con una suerte de amenaza difusa de empleo de la violencia en caso de resistencia, porque entiende que ese dinero lo necesita más que el contribuyente, o porque establece que hará mejor uso de él que este. Pero este comportamiento realizado a la inversa, un ciudadano que necesita imperiosamente el dinero no puede recurrir a extraerlo por la fuerza de la caja pública, ni siquiera intentando recuperar una parte de lo que él ya ha contribuido. Sería multado o encarcelado.

Pero sobre todo se refieren al crimen violento, esto es, si los jefes de un Estado mandan matar a personas inocentes en otros países, en una “guerra preventiva” por ejemplo. Esto parece ser justificado en aras de la seguridad del propio Estado, pero si es a la inversa, esto es un ciudadano de un país “liberado” atenta contra quien dio esas ordenes, no sólo no será tolerado sino que será duramente reprimido. 

No sólo en ese ámbito se puede observar la asimetría. Podemos verlo en el ámbito fiscal, donde la agencia tributaria cuenta con posición de predominio, o como vimos en algún artículo anterior, en el del urbanismo. No parece que sea un comportamiento muy de acuerdo con la ley que Cristo nos enseñó.  

Autores como Cavanaugh también relativizan el mito de la violencia religiosa, especialmente en un libro con ese título. La violencia ha sido ejercida históricamente por lo poderes temporales, estatales o pre-estatales, incluido el papado como poder terrenal, usando la justificación de la religión. Pero esto no implica necesariamente que hayan sido organizaciones religiosas las que la hayan llevado a cabo. De la misma forma en que se culpa al capitalismo de muchas violencias ejercidas por el estado en su nombre, la religión ha servido de excusa para iniciar conflictos regidos por motivaciones menos nobles.

Cavanaugh demuestra cómo en muchos conflictos como la guerra de los treinta años, paradigma de guerra de religión, las motivaciones eran puramente políticas y respondían a los intereses de los gobernantes de aquel tiempo como, lo muestra el hecho de que había católicos y protestantes en ambas alianzas contendientes, y que una de ellas incluso haya llamado a potencias musulmanas a combatir a su lado. Si bien es cierto que hay personajes vinculados a la religión como papas, cardenales u obispos que han alentado el conflicto, lo han hecho más en su papel de gobernantes temporales que el de líderes religiosos.

Al igual que sectores capitalistas se encuentran imbricados a día de hoy en el aparato de los Estados y son difíciles de separar, en otros tiempos eran actores religiosos los que se implicaban en el gobierno siendo difícil distinguir entre sus funciones religiosas y temporales. Si el capitalismo, como tal, no es el responsable de las guerras que se hacen en su nombre, tampoco la religión como tal será culpable de tan gran pecado y sí los que se encargan de iniciarlas.

Los análisis de los anarquistas cristianos, especialmente los protestantes como Eller o Ellul, se centran mucho, demasiado a mi entender, en el análisis de las sagradas escrituras, cuando podrían centrarse también en las propias dinámicas organizativas de las religiones o en las formas en que estas organizan la vida social en ausencia de un monopolista del poder político.

Por ejemplo, podrían haber estudiado cómo las iglesias cristianas han organizado eficaces sistemas de protección a los pobres, instituciones educativas que incluyen universidades, hospitales, e incluso sistemas de justicia. También sería interesante que hubiesen indagado sobre las distintas formas que las comunidades cristianas han usado a lo largo del tiempo para resistir o confrontar con éxito el poder estatal, desde las catacumbas a los regímenes totalitarios de hoy. Pero aún así sus análisis no dejan de ser interesantes pues nos muestran la gran  riqueza de ideas anarquistas que están presentes en la Biblia y otros textos sagrados.

Mi favorita es las tentaciones a Jesús, que se encuentran resaltadas al menos en tres de los evangelios, especialmente en Mateo (Mateo IV 1-11).  En la tercera tentación el demonio tienta a Jesús subiéndolo a la cima de una montaña y le muestra todos los reinos de la tierra con su gloria y le dice a continuación que “Todos estos reinos están en mi poder y serán tuyos si te postras delante de mi y me adoras”. Esto es, los reinos de la tierra son propiedad del demonio y a él obedecen, lo que a simple vista no parece una forma de legitimación muy buena del poder político, pues está implícitamente reconociendo su carácter demoníaco.

Otro ejemplo podría ser una de las famosas trampas saduceas en las que los críticos de Jesús entre los judíos intentan que Cristo entre en contradicción para  poder acusarlo bien de impiedad  bien de obediencia al poder imperial romano. Le muestran una moneda y le hacen escoger entre Dios y el César (hoy día sería imposible hacerlo dado que el dinero son apuntes bancarios) y Cristo escapa muy bien del dilema afirmando a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Pero también podemos observar como Cristo en ningún momento determina que es lo que le corresponde al César. Cristo no elabora ninguna lista con las funciones que debe aquel llevar a cabo de natural o en exclusividad. Hay muchas otras citas en el Antiguo y Nuevo Testamento. Por ejemplo, en el libro de Samuel (Samuel 8, 4-22) los israelitas le piden a Dios un rey y éste les advierte de lo que les va  a pasar y de cómo este los saqueará y dominará. Aún así lo piden pero pronto se arrepienten, por su voracidad, y piden a Dios que los salve de tal figura. Si se quieren consultar James Redford las cita casi todas.

Pero entonces los posibles críticos de este texto saldrán rápidamente a citar la Epístola de San Pablo a los romanos (Romanos XIII, 1-7) en la que el fundador de la Iglesia cristiana establece la obligación de obedecer las leyes del lugar ya sus gobernantes pues estos han sido colocados ahí por Dios. Incluso recomienda pagar los tributos debidos y no sólo obedecer sino respetar a las autoridades. Sobre este texto se ha construido toda la teología del Estado cristiana, y ha sido la orientación dominante de la postura de las mayoría de sus iglesias, con excepción de algunas pequeñas sectas.

Dejando aparte la cuestión de que no forma parte de los evangelios sinópticos que relatan la vida y enseñanzas de Jesucristo, siendo una epístola de San Pablo (si bien esto no impide que a todos los efectos forme parte del canon bíblico), lo cierto es que entra sin duda en contradicción con lo anteriormente expuesto. No sería novedad, pues en la Biblia no son infrecuentes las divergencias entre los distintos libros que la componen. Pero si sorprende que el santo fundador de la Iglesia enmiende el relato de su maestro, salvo que este esté escrito en clave simbólica y no exprese lo que a primera vista parece indicar.

El joven Karl Barth (de joven anarquista pero luego derivó en socialdemócrata) así lo parece entender y en un sesudo análisis (recogido en los libros de Ellul y Eller) desmonta con gran aparato de erudición la interpretación estatista del texto de San Pablo, exponiendo que cuando se refiere al poder está haciendo referencia a otras realidades espirituales y no terrenales. Pero en cualquier caso los anarquistas cristianos abren la posibilidad moral de una sociedad sin monopolio estatal de la violencia y con buenos argumentos, que debería formar parte de cualquier análisis serio tanto de la cuestión religiosa como de la anarquista.

¿Víctimas sin victimarios?

La arbitrariedad y la inseguridad jurídica auspiciadas por el gobierno capitaneado por Pedro Sánchez Pérez-Castejón sigue desplegándose a una inusitada velocidad. Como muestra de que su alianza con fuerzas políticas que destacan por su flagrante violación de las leyes y las resoluciones judiciales no es meramente coyuntural, coopera con los asaltos a las instituciones de sus socios y muestra el camino por donde torpedear toda noción de estado de derecho en los más variados aspectos de las políticas públicas.

En otros análisis, he aludido a ideología posmoderna que el PSOE adoptó con José Luís Rodríguez Zapatero para pastorear una constelación de extremos sobre los que sustentar la hegemonía política y cultural de su partido, después del agotamiento del caudillismo oportunista y corrupto de Felipe González Márquez. Ahora bien, como comprendió también el primero, acaso ayudado por las teorías de Carl Schmitt, de Karl Marx, Antonio Gramsci o de Michel Foucault, la avaricia doblega voluntades y voluntarios. De ahí que los sedientos de poder absoluto todavía basen su ámbito de actuación en los estados; acepten la democracia cuando les conviene y dirijan sus esfuerzos a subvertir el estado de derecho, sometiendo bajo su control a los jueces y poniendo en marcha una maquinaria de favores y privilegios que impida su derrota en futuros comicios electorales.

En esta ocasión apuntaré someramente a cómo se pretende consolidar instrumentos legislativos autosuficientes para identificar víctimas colectivas a las que otorgar privilegios, soslayando la propia existencia del Derecho. No en vano, éste ya contempla una panoplia de instituciones para averiguar delitos, perseguir a los responsables, imponiéndoles en su caso las penas correspondientes, y resarcir a las víctimas. Al mismo tiempo esa legislación pretende dar cobertura a la imposición de una ideología y una versión facciosa de la historia; introducir la censura y crear una administración paralela, encargada de subvencionar asociaciones e individuos cuyos objetivos coinciden, casualmente, con los fines de los legisladores.

Antecedentes de esta corrupción sistemática, aunque sin las pretensiones de salvación de “víctimas históricas”, se ensayaron en la Junta andaluza dominada durante lustros por la sección regional del PSOE. Sin ser exclusivo de esa administración, el nepotismo en la designación de empleados públicos temporales o interinos – que luego se transformaban en fijos gracias a sindicatos, y a una legislación laboral encumbrada como prominente por los juzgados de lo social – llegó hasta el paroxismo. La incansable exploración de nuevas justificaciones para “fidelizar” el apoyo de grupos de presión ha abierto paso a estratagemas que comparten notas comunes.

En este sentido, la legislación pionera, que marcó sin duda el camino posterior, vino determinada por la promulgación de las leyes de medidas de protección integral contra la violencia de género de 2004 (y sus secuelas contenidas en el Real Decreto-ley 9/2018) y de memoria históricade 2007, que el gobierno y sus aliados pretenden retorcer aún más con la “ley de memoria democrática”, en fase de tramitación parlamentaria. Al calor de la segunda, demostrando que los nacionalistas vascos comparten con sus socios del PSE/PSOE el objetivo de subvertir el Derecho, dictar una nueva historia oficial y apuntalar su poder con privilegios y subvenciones a favor de presuntas víctimas afines, la comunidad autónoma del País Vasco, promulgó una Ley de reconocimiento y reparación de víctimas de vulneraciones de derechos humanos, reformada por la Ley 5/2019.

Una característica de estas leyes es que hacen abstracción del concepto jurídico de víctima de un delito. En efecto, según el Derecho consagrado en tratados internacionales de protección de los derechos humanos, la consideración como víctima de una persona viene vinculada a la previa constatación por tribunales independientes e imparciales de la existencia de un delito (incluida la apreciación de que, además, sean de lesa humanidad) que supone la determinación de uno o varios participantes (victimarios).

Por el contrario, la creación de comisiones administrativas que diriman estas cuestiones, como gancho para conceder compensaciones públicas, constituye un ataque frontal contra los fundamentos de una convivencia sometida al imperio de la Ley, la seguridad jurídica y el respecto de derechos fundamentales, reconocidos en la Constitución española, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, los Tratados de la Unión Europea y la Carta Europea de Derechos Fundamentales.

Energía buena, bonita y barata

La energía y el coste de esta, es un factor clave en la competitividad de nuestra economía. De ella depende la supervivencia de nuestra industria y el coste de vida en nuestro día a día. Pues bien, pese a la suprema importancia de esta materia, en España, no hemos podido llevar a cabo una peor política energética a lo largo de las últimas décadas.

Para empezar, hemos puesto todos los huevos en la misma cesta, concretamente todos nuestros recursos y capital en materia energética, los hemos invertido en las bien vistas “energías renovables”, como son la solar y eólica. Que hoy por hoy, son carísimas, por la propia tecnología existente, a la cual aún le queda muchísimo camino por recorrer. Energías que ahora mismo no pueden competir con las fuentes tradicionales (como el gas) y que por tanto han basado su existencia en las subvenciones. 

Ese uno de los puntos más críticos, la forma en la que hemos introducido las energías renovables en nuestro país. Ya que ha sido a base de atracar al ciudadano vía impuestos, para regar de subvenciones a las energéticas, con tal de que estas construyesen campos solares a pérdidas. Mientras, bloqueábamos por todos los medios, ya fuese con trabas burocráticas o con el desastroso “impuesto al sol”, que los ciudadanos, de manera libre y voluntaria, instalasen pequeños paneles solares en sus viviendas, lo que sí hubiese impulsado una verdadera transición ecológica. Además, se hubiese desarrollado un mercado minorista de este tipo de productos, que hubiese creado miles de empleos, algo que no nos vendría nada mal.

Otra cuestión, es que estas fuentes de energía no pueden ser la fuente principal de energía de un país sino un apoyo. Ya que la eólica se vuelve inexistente cuando no hay viento y la solar desaparece de noche, por mucho follón que se haya montado últimamente con este tema. Porque hoy por hoy, con la tecnología que tenemos, es insostenible almacenar la energía que necesita un país, hay que producirla ininterrumpidamente. Para un individuo sí es posible, a nivel industrial no. Como le ocurre a Alemania, que, por la noche con la desaparición de las renovables, queman carbón a mansalva para calentar sus casas, haciendo que la “transición ecológica”, quede en simple marketing. Para que se hagan una idea, España consume en una hora la capacidad energética total de todas las baterías del mundo. Ese es el gran reto de la industria energética hoy, almacenar energía en grandes cantidades. Y sí de verdad alguien cree que ha descubierto la forma de hacer esto viable a nivel país, solo puedo recomendarle patentarlo y comercializarlo. Aparte de darle mi enhorabuena, va a hacerse muy rico.

Entonces, ¿cuál debe ser la fuente principal de energía de los países desarrollados? Debe cumplir unos criterios mínimos: ser barata (sino estaríamos en las mismas), ser limpia (sino podríamos seguir tirando del carbón) y producirse de manera ininterrumpida, sea de día o de noche, llueva o salga el sol.

Esta energía solo puede ser una, la energía nuclear. Y es que puede competir sin subvenciones, de tú a tú, con el gas y el carbón. Es segura, por mucho que algunos se empeñen en recordar catástrofes del pasado, que hoy son irrepetibles, gracias a la tecnología de los reactores de última generación. Es limpia (algunos hablarán de residuos, pero ya existen prototipos para que ni si quiera se emitan dichos residuos y los que hoy en día se emiten, son en una cantidad minúscula, con una radiación más bien baja y muy fácilmente gestionables). Además, se produce de manera sostenida en el tiempo. 24 horas al día, energía barata y limpia. Es por esto por lo que cada vez más países como Francia, han anunciado su apuesta por la energía nuclear, e incluso muchos partidos “verdes” del norte de Europa, la han incluido en sus programas.

En resumen, a día de hoy, si no queremos morirnos cuando leamos la factura de la luz y al mismo tiempo no hacerlo por la contaminación, el camino está marcado. Hay que apostar por la energía nuclear como fuente principal de energía. Y contar con el apoyo de otras energías limpias (solar, eólica…), para que vayan desarrollándose y haciéndose cada vez más competitivas. Pero hacerlo vía ciudadanos libres, no con subvenciones gubernamentales trampa.

Realismo y teorías económicas

Si hablamos de metodología de la economía, más allá de discusiones sobre la universalidad y necesidad o contingencia de una teoría; su verificación, falsación o su validez apodíctica, es predominante, para cualquier escuela de pensamiento, autor o corriente, preguntarse por el realismo de las teorías o modelos económicos. Es más, en numerosas ocasiones, las críticas que recibe la economía neoclásica desde diversas corrientes como austriacos, economistas feministas, de complejidad o institucionalistas, se refieren a la falta de realismo en los supuestos que adopta la teoría neoclásica, proponiéndose estas mismas escuelas como alternativas más fieles a la realidad. Los tipos idealizados, como el clásico agente representativo homo economicus, o suposiciones como la información perfecta y completa, la inexistencia de costes de transacción o la condición de equilibrio, son criticados por no ser suficientemente realistas o, directamente, opuestos a la realidad. A pesar de las objeciones, la economía neoclásica se ha defendido en muchas ocasiones siguiendo el argumento que presentó Milton Friedman en 1953 (Friedman 1953). 

Friedman (1953) afirmó que cualquier teoría explicativa que fuese buena tenía que recurrir inevitablemente a la abstracción; tenía que ser abstracta. Esto es porque, una hipótesis es buena si es capaz de explicar mucho con poco, si es capaz de abstraer o explicar de manera simple los complejos fenómenos que se dan en la realidad. Al abstraer, muchas de las hipótesis se convierten en descripciones no exactas de la realidad, irrealistas. Por tanto, si todas las buenas teorías son abstractas, ninguna de ellas será realista. La conclusión a la que llega Friedman es que, como es inevitable que las teorías económicas recurran a la abstracción y a la introducción de supuestos irrealistas, el realismo de nuestros modelos debería de dejar de preocuparnos. Alternativamente, nuestros esfuerzos deben centrarse en seleccionar aquellas teorías que tengan capacidad predictiva, que consigan explicar la realidad y los fenómenos que sucederán. 

Aunque así planteado parezca lógico o razonable, la concepción de Friedman es problemática en cuanto a la noción de “abstracción” y la supuesta omisión de realismo. Como argumenta Long (2006), si solo nos centráramos en la capacidad predictiva de nuestros modelos, podríamos introducir hipótesis extremadamente irrealistas, inconexas con el fenómeno que intentan explicar, que si, por una casualidad consiguieran demostrar valor predictivo, serían creídas como explicaciones ciertas. Esto es un grave error. Si hiciéramos eso, igualaríamos correlación a causalidad, algo que es ampliamente reconocido como considerable error científico. Por tanto, es importante que las explicaciones que proveamos sean realistas, que expliquen verdaderamente la realidad, más allá de cualquier idealización o elucubración mental. Pero ¿cómo vamos a conseguir una teoría realista si la propia abstracción a la que se recurre en todo proceso de creación de teorías implica la introducción de supuestos irrealistas? 

La respuesta a esta aparente paradoja tiene que ver con la relación entre el concepto de abstracción y realismo. Tal y como plantea Long (2006), Friedman asume erróneamente que el proceso de abstracción implica irrealismo, cuando, en realidad, depende del tipo de abstracción al que nos refiramos. En ese sentido, podemos hablar de abstracción precisa y no precisa. La precisa es aquella en las que características reales del fenómeno sobre el que se teoriza se encuentran especificadas como ausentes. Es decir, si pensamos en la idea abstracta de un caballo, como un animal que tiene color, pero no concretamos el color, nuestra idea podría ser tildada de irrealista. Además, si especificamos un color, nuestra hipótesis estará sujeta a falsación. Por el contrario, la abstracción no precisa es aquella en donde determinadas características reales están ausentes de especificación. Es decir, en el caso del caballo, la abstracción no precisa del animal supone la idea de caballo como unas características universales y comunes a la misma especie sin contemplar el color, que no es común a todos los miembros. En este caso, la idea abstracta no precisa de caballo, aunque no se corresponda estrictamente con la realidad, con el caballo que podemos observar por los sentidos, sí es realista y no está sujeta a falsación. Para el caso de la economía, el realismo de sus modelos es posible en tanto que los factores no especificados son ignorados; no se especifica su comportamiento, existencia o inexistencia. Por tanto, el modelo no puede considerarse irrealista al no incluir toda esa serie de supuestos de la realidad que, simplemente, son ignorados, no negados. La abstracción, en consecuencia, no es incompatible con el realismo. 

Desde esta perspectiva, ¿llevan razón los austriacos, por ejemplo, cuando tildan de irrealistas a los neoclásicos? Esta pregunta puede resolverse si se determina el tipo de abstracción sobre el que se construyen (algunas de) las teorías de la corriente neoclásica. Por ejemplo, el modelo de competencia perfecta, al asumir información completa entre los agentes económicos, no solo ignora la existencia de error empresarial, sino que especifica que este no puede existir.  En consecuencia, el supuesto de la teoría podría considerarse falso a nivel descriptivo o, directamente, no realista. En este sentido, los austriacos tendrían razón en su objeción a esta teoría neoclásica. 

La principal conclusión que podemos alcanzar con este razonamiento es que realismo y abstracción no son incompatibles; que la economía, como cualquier otra ciencia, tiene que tender hacia el mayor realismo posible; que existen dos tipos de abstracción (precisa y no precisa); y que depende del tipo de abstracción que se use, podemos determinar si una teoría o modelo es realista o no. 

Referencias

Friedman, Milton. 1953. “The Methodology of Positive Economics.” In Essays in Positive Economics, 3–46. Chicago: University of Chicago Press.

Long, Roderick T. 2006. “Realism and Abstraction in Economics: Aristotle and Mises versus Friedman.” Quarterly Journal of Austrian Economics 9 (3): 3–23.

II. Economías planificadas: el caso angoleño

Sigo con el problema al que dediqué el primer artículo que publiqué en esta institución (véase Economías planificadas: el caso cubano). El segundo país que he escogido es uno relativamente poco conocido, Angola. El estado que nos atañe se sitúa geográficamente al sur del continente africano y tiene un pasado colonial portugués muy significativo. Aun así, el marco histórico en el cual se desarrollará este artículo será entre la segunda mitad del s.XX, las postrimerías del mismo y ligeramente el s.XXI.

A priori una persona no versada sobre la historia de África no tendría por qué conocer ni entrever las concomitancias y similitudes entre un país caribeño y otro africano (1), así pues, corre a cargo de un servidor exponer con la mayor sencillez posible un tema arduo como es el de las economías planificadas. Es importante mencionar que en la República de Angola se han dado las condiciones históricas necesarias para que confluyeran instituciones extractivas y para más inri, para que se adoptara un modelo de planificación central.

Uno de los papers que he tenido ocasión de leer recientemente se centra en investigar el sistema bancario de dicho país, el cual proporciona un marco de análisis óptimo para entender qué problemáticas acucian a su economía y, por ende, a su sociedad. The political economy of banking in Angola (2018), investigación llevada a cabo por Manuel Ennes Ferreira (2) y Ricardo Soares de Oliveira (3). Sin duda, el continente africano supone un reto para encontrar trabajos sobre economías de estas características, a mi parecer, esto se debe a las pocas investigaciones realizadas y como siempre, a la opacidad de este tipo de regímenes. 

La pesquisa del paper gira en torno al crecimiento económico, al petróleo y a la caída de precios internacionales. Se empieza haciendo una breve introducción histórica al tema tratado. De entrada, lo que llama la atención es la sangrienta guerra civil originada por ver quién gobernaría el país en 1975 (la cual no finalizó hasta el 2002). Como es de imaginar, estas condiciones materiales son el primer obstáculo para desarrollar una economía eficiente con instituciones políticas inclusivas. 

Quien resultó vencedor de este conflicto armado fue el MPLA (Movimento Popular de Libertação de Angola) con una base ideológica heterogénea, pero dentro de la familia del marxismo-leninismo. Dicho triunfo militar fue en detrimento del UNITA (União Nacional para a Independência Total de Angola) que, por el contrario, defendía un nacionalismo africano de carácter conservador.

Los principios ideológicos del MPLA son reveladores. Por poner sólo algún ejemplo:

A República Popular de Angola é um Estado soberano, independente e democrático, cujo primeiro objectivo é a total libertação do Povo Angolano dos vestígios do colonialismo e da dominação e da dominação e agressão do imperialismo e a construção dum país próspero e democrático, completamente livre de qualquer forma de exploração do homem pelo homem, materializando as inspirações das massas populares

MPLA, Artículo 1 de la Ley Constitucional de la República de Angola (1975). Como puede columbrarse, la retórica está impregnada de una capa de populismo de izquierdas y va acompañada de fines y palabras rimbombantes que en la práctica se demostraron fallidas. 

Siguiendo un orden cronológico, en 1980 durante el plenario de un congreso del movimiento, se culpó al capitalismo de las vicisitudes económicas por las que estaba atravesando el país. Me gustaría hacer hincapié en esto, puesto que puede parece un detalle baladí. Dentro de la academia (y también fuera), hay mucho vociferador convencido de que la pobreza en África (continente que viene tratado muchas veces como si de un país homogéneo se tratara) es debida al “capitalismo” (4). 

Mi pregunta es: ¿cuándo ha habido un solo país en el continente africano que tuviera instituciones inclusivas (al estilo de Robinson y Acemoglu), libre mercado, estados pequeños y la retahíla de condiciones para que hubiera de facto un modelo económico como muchos gurús proclaman? En la mayoría de países que un servidor ha tenido oportunidad de observar, el común denominador son los caudillos que se perpetúan en el poder y que usan los recursos occidentales para su propio beneficio en detrimento de sus poblaciones. El debate de la pobreza y sus motivos es inabarcable, aun así, me adscribo a las premisas de Easterly, el cual arguye que la causa de la misma es la ausencia de derechos políticos y económicos sumado al “free political and economic system that would find the technical solutions to the poor’s problems. The dictator whom the experts expect will accomplish the technical fixes to technical problems is not the solution; he is the problem” (Easterly, 2013, pág. 14).

Volviendo al tema del MPLA, el partido revolucionario llevaba ya un lustro en el poder (desde 1975) cuando lanzaba balones fuera y argumentaba que la situación económica era debida al capitalismo. Aun así, como muestra el autor A. Birmingham, las ganancias de las industrias heredadas del período de la colonización (creadas en los años 60s) fueron nacionalizadas/confiscadas y se dilapidó lo que ya estaba construido en los primeros 10 años de independencia. Por ejemplo: el sector manufacturero había caído un 30%. Esto lo atribuyeron a la supuesta especulación capitalista, pero de facto lo que había era lo siguiente, “the government had more or less followed Soviet-style models of economic planning” (Birmingham, 2015, p. 101).

En líneas generales, se trata de un buen ejemplo de país condenado a la Maldición de los recursos naturales (también conocido como Mal holandés). Siguiendo esta teoría, vemos que, elementos como el petróleo pueden ser muy dañinos para las regiones menos desarrolladas, por muy paradójico que pueda sonar. Angola ha experimentado diversos shocks negativos y positivos en su economía, por poner algún ejemplo de la investigación, “under President José Eduardo dos Santos’s rule, during which Angola’s oil-fuelled GDP increased ten-fold from 2002 to 2014” (Ennes Ferreira & Soares de Oliveira, 2018, p. 2). Angola en 2008 se convirtió en el país africano que más petróleo producía (superando a Nigeria), este recurso suponía el 45% de su PIB y más del 90% de sus exportaciones (Hammond, 2011, p. 354).

En el famoso libro de Terry Karl, The paradox of Plenty (1997), se explica cómo los países que tienen abundancia de recursos han experimentado nacionalizaciones y expansiones de sus estados. Además, el politólogo norteamericano alerta de que esto puede tener consecuencias impredecibles en la economía y en el caso de Angola, pone como ejemplo su amarga guerra civil (Karl, 1997, p. 32). No son pocos los países con grandes reservas de petróleo que cuentan con una élite extractiva nacional que vive de las rentas internacionales. Esto acaba provocando que se formen gobiernos autoritarios que no ofrecen grandes coberturas de bienestar a su población, descuidando cosas como la educación o la sanidad.

En lo que respecta al sector bancario, en tan solo 3 años de gobierno revolucionario, ya no quedaba ningún banco privado y prácticamente, toda propiedad permaneció en manos del estado mediante las leyes de Nacionalización y Expropiación de 1976 (5). Lo que acabó ocurriendo es que, una pequeña élite vinculada a la familia dominante, controló el sistema bancario, el cual, no tuvo la voluntad de financiar sectores productivos de la economía. Así lo expresan los autores del paper, [los bancos] “They do not lend to small and medium enterprises or productive sectors and are able to conceive of profit in Angola without broader financial development” (Ennes Ferreira & Soares de Oliveira, 2018, p. 16).

Durante el trabajo, los autores analizan la relación entre el sistema bancario y sus fuentes de recursos naturales. Hay 3 aportaciones principales en la investigación. La primera es que el crecimiento económico en el sector bancario quedó en manos de una parte muy pequeña del MPLA que se enriqueció muchísimo. Esta oligarquía comunista usó al estado para someter a los bancos, especialmente a su Banco Central. En segundo lugar, el crecimiento espectacular durante los “booms” del petróleo permitió la extracción de rentas, pero no la reinversión de estas. Se concedieron pocos créditos, y la mayoría de la población no tenía ni una sola cuenta bancaria. En tercer y último lugar, la caída de precios del crudo en 2014 provocó un proceso de regulación global del sector (impulsado por agentes externos).

Para ir acabando, no se puede disociar la economía de la jurisprudencia, y para que un país tenga instituciones inclusivas es conditio sine qua non tener separación de poderes, entre otras cosas. De ahí la importancia de la independencia judicial y el respeto hacia la Constitución. Angola, en su Carta Magna (1975) insiste en el papel del Consejo de la Revolución (Conselho da Revolução) y en su artículo octavo dice lo siguiente respecto a su economía, “O Estado orienta e planifica a economia nacional visando o desenvolvimento sistemático e harmonioso de todos os recursos naturais e humanos do país e a utilização da riqueza em benefício do Povo Angolano”.

En definitiva, vemos cómo el modelo económico de planificación estatal nace con muy buenos propósitos teóricos, pero la praxis acaba muy alejada de estos. La pequeña élite que se enriquece, vive al margen de las vicisitudes de la mayoría de sus habitantes. Por poner un ejemplo concreto, la hija del presidente José Eduardo dos Santos (el cual gobernó el país durante 1979-2017), Isabel dos Santos, es la mujer más rica del continente (según la revista Forbes) con una fortuna que asciende a más de 1.7 billones de dólares provenientes principalmente del sector bancario. Esto es un caso de todo el entramado de corruptelas que padece el país. 

Finalmente, es importante mencionar las dificultades de desarrollar un trabajo académico solvente en países como los que se han tratado y se tratarán cuando la opacidad es la norma y no la excepción. Mi ambición ha sido intentar observar con más precisión cómo funcionaron algunas economías planificadas, centrándome en casos paradigmáticos y vestigios que actualmente quedan. 

En lo que coinciden estos sistemas es en la anulación de la libertad individual. Esto, lejos de ser una soflama liberal constituye la piedra angular de las sociedades con instituciones inclusivas. En los casos analizados, siempre se aspiraba a un bien superior, por el cual, los medios estaban justificados: expropiaciones, nacionalizaciones, persecución ideológica, exilio, encarcelamientos, propaganda, estados enormes, planificación económica, enemigos comunes, doctrina política convertida en catecismo, etc.  

En conclusión, allí donde se intentó erradicar el cálculo de precios, subyugar la economía a la política y las decisiones quedaron a manos de una Nomenklaura, los resultados económicos distaron mucho de las prerrogativas teóricas. Es necesario analizar desde la economía mainstream aquellos casos donde el modelo económico se repensó, para entender sus fortalezas, debilidades y consecuencias. Siempre es positivo cuestionarse las cosas, pensar en un mundo mejor, pero, ¿a qué precio?

(1) Recomiendo encarecidamente leer el artículo sobre la economía de Cuba, puesto que, mi intención es publicar otro sobre Corea del Norte y la URSS con el propósito de discernir similitudes y diferencias. Ergo, todos los escritos estarán relacionados.

(2) Profesor e investigador de la Universidad de Lisboa. Especialista en Economía industrial, en la Angola postcolonial, en relaciones económicas, etc.

(3) Profesor e investigador asociado de la Universidad de Oxford. Especialista en geopolítica, energía, economía política, etc.

(4) O palabras que se usan como sinónimos, entiéndase por estos: colonialismo, imperialismo, entre otras.

(5) A pesar que su texto constitucional de 1975 dice explícitamente en su Art. 10, lo siguiente, “A República Popular de Angola reconhece, protege e garante as actividades e a propriedade privadas, mesmo de estrangeiros, desde que úteis à economia do país e aos interesses do Povo Angolano”. El vacío legal para actuar de la forma en que lo hicieron podría ser la frase de “desde que úteis à economía”.

Bibliografía

Birmingham, D. (2015). A Short History of Modern Angola. Oxford: Oxford University Press .

Easterly, W. (2013). The Tyranny of Experts: Economists, Dictators, and the Forgotten Rights of the Poor. Philadelphia: Basic Books.

Ennes Ferreira, M., & Soares de Oliveira, R. (2018). The political economy of banking in Angola. African Affairs, 1-26.

Hammond, J. (2011). The Resource Curse and Oil Revenues in Angola and Venezuela. Science & Society, 348–378.

Karl, T. L. (1997). The paradox of plenty oil booms and petro-states . Berkeley: University of California Press.

En memoria de Antonio Escohotado

Ha muerto, a los 80 años, Antonio Escohotado, premio Juan de Mariana 2019. Más que en otros casos, su vida es ejemplo de la libertad que defendió en su obra escrita. Escohotado fue un trabajador incansable del conocimiento. Buscó la verdad sin descanso; un empeño que le llevó a defender la libertad en un sentido muy amplio, no sólo frente a la tentación autoritaria del poder, sino frente a la pulsión censora de una parte relevante de la sociedad.

Escohotado dejó escrito en Caos y orden que “La influencia del totalitarismo ha llevado a disociar sistemáticamente libertad formal y libertad material, por más que sean cara y cruz de la misma moneda: Allí donde lo uno no está asegurado, no está asegurado lo otro”. Una vez definimos el entorno ude los derechos de la persona, que no se pueden violar, nos queda el resto del infinito terreno de la acción del hombre; y esa es la libertad formal. La libertad material, tal como la entendía Antonio Escohotado, que supone estar a la altura de los propios objetivos vitales.

Su Historia general de las drogas escribió la obra de referencia en ese campo. Se acercó a ese problema desde un punto de vista plural, utilizando la historia como la sociología, la economía como el derecho, y el resultado es millar y medio de páginas que muestran que la prohibición es ilegítima, atenta contra la libertad, y además causa males mucho más graves que los que intenta solventar.

Caos y orden es el máximo ejemplo de la capacidad de Antonio Escohotado para aunar distintas disciplinas, a las que suma la filosofía y la física, en una obra eminentemente original, y de largo alcance. El filósofo propone un camino difícil, pero no árido, que parte de conceptos de la física y concluye en una visión de la sociedad y la cultura abierta, flexible y libre.

Pero es su apabullante historia del comunismo, Los enemigos del comercio, su obra más importante. Si la concluyó fue porque no supo, cuando comenzó a trabajarla, que hacerlo bordeaba los límites de lo imposible. Un empeño sin descanso logró que Escohotado haya escrito la mejor obra sobre el comunismo, que comienza en los albores del pensamiento y llega hasta nuestros días.

Escohotado nos deja, además, una forma de estar en el mundo. Nos invita a no permanecer impasibles y a no caer en el desaliento cuanto nuestra libertad está amenazada. Nos emplaza a no ser victimistas, sino luchadores. Para serlo basta con seguir su ejemplo.

Descanse en paz.