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Lakatos, Hayek y Menger

Entre los filósofos de la ciencia más conocidos del siglo XX destacan autores como Karl Popper, Thomas Kuhn, Paul Feyerabend o Mario Bunge. Entre ellos también se encuentra Imre Lakatos, que es conocido por sus programas de investigación científica (Lakatos 1999). Aunque en origen Lakatos se adscribe a la escuela popperiana del falsacionismo, que es alternativa al empirismo lógico positivista del Circulo de Viena, con el tiempo se vuelve crítico de este falsacionismo popperiano, al que tilda de ingenuo, y propone un falsacionismo sofisticado.

Para Lakatos, el falsacionismo original de Popper (2002) no tiene en cuenta la historia de la filosofía de la ciencia, con lo que no termina de ser correcto para analizarla y explicarla. Alguno de los fallos que encuentra, por ejemplo, es que muchas teorías históricamente ya nacieron refutadas, como la teoría de gravitación de Newton, que originariamente apareció con anomalías teóricas que no impidieron su difusión y establecimiento como idea paradigmática. Desde el falsacionismo ingenuo más estricto, es inconcebible que tal teoría pudiese haber triunfado, pues debería haber sido falsada en su propio origen. Esta idea de introducir un análisis histórico, cultural o sociológico, más allá del puramente lógico, se debe a la influencia de Thomas Kuhn y su idea de paradigma científico (Kuhn 1970), aunque también sea objeto de crítica por parte de Lakatos.

Como alternativa, el falsacionismo más sofisticado plantea que la ciencia funciona en base a programas de investigación científica, algo parecido a lo que se entiende por paradigma. Según Lakatos, la ciencia no analiza teorías aisladas en exclusivo, sino conjuntos de teorías. De esta manera, los programas de investigación son alternativos; unos chocan con otros. Al final, son rechazados aquellos que proveen una explicación más pobre que otro sustituto con un poder de explicación superior, que es capaz de explicar de manera más completa la realidad y evidenciarla. Entonces, podemos encontrar programas de investigación progresivos, que están en auge, y degenerativos, que empiezan a estancarse porque producen explicaciones insuficientes. Así es el funcionamiento de la ciencia para Lakatos.

Concretamente, eso que Lakatos llama programa de investigación científica tiene una estructura compuesta de un núcleo firme y un cinturón protector. El primero contiene proposiciones irrefutables, que se asumen universales y necesarias, y que no pueden ser contrastadas mediante la evidencia empírica. Sobre este núcleo se sustentan el resto de teorías que, por el contrario, si están sujetas a evidencia, siendo así hipótesis auxiliares. Estas hipótesis auxiliares conforman el cinturón protector, que rodea y se sostiene en el núcleo firme. A su vez, existen heurísticos, positivas y negativos, que son métodos que nos permiten operar con las proposiciones que se establecen tanto en el núcleo duro como en el cinturón protector.

Esta sería, de manera muy breve y esquemática, la teoría de Imre Lakatos. En este artículo vamos a analizar precisamente la idea de programa de investigación científica y su estructura desde una perspectiva austriaca, por lo que será interesante recordar su composición de ahora en adelante.

Lakatos y la Escuela Austriaca

Debido a la relevancia de la teoría de Lakatos, esta también ha sido objeto de análisis por pensadores de la Escuela Austriaca (Rizzo 1982; Zanotti 2013; Zanotti and Cachanosky 2015). De ellas me gustaría destacar la de Gabriel Zanotti.

En Caminos abiertos (2013), Zanotti plantea una reestructuración de toda la metodología de la Escuela Austriaca, presentándola como un programa de investigación científica (ver Moreno (2020) para una breve explicación de la propuesta de Zanotti). El núcleo central de este programa de investigación realista está representado por la praxeología, mientras que el cinturón protector estaría conformado por hipótesis auxiliares como: maximización monetaria, alertness, división del trabajo, coordinación social, instituciones, etc. Este cinturón protector está lleno de teorías empíricas, falsables, que tratan en muchos casos de órdenes espontáneos. En este caso, con el objetivo de tenerlo más claro para este artículo, permítanme exponerlo de la siguiente manera: el núcleo duro es la metodología de Mises, praxeológica, y el cinturón protector es la metodología de Hayek, estudio empírico de órdenes espontáneos.

Recordemos que la metodología apriorista de Mises rechaza la verificación empírica y entiende que la teoría es válida sin necesidad de contrastación. Además, adquiere un carácter de universal y necesario, por lo que las proposiciones son independientes de tiempo y espacio. Esto es compatible con la idea de núcleo firme. Por el contrario, Hayek está abierto a la observación empírica. Tras Economics and Knowledge (1937), Hayek entiende que la economía es una ciencia empírica puesto que la lógica de la elección o praxeología no puede explicar por sí sola la coordinación entre los individuos. Así, Hayek se acerca al falsacionismo de Popper en obras posteriores (Caldwell 2004). Esto es consistente con la idea de cinturón protector.

Volviendo a la propuesta de Zanotti, hemos de decir que a priori parece una reconstrucción bastante lógica. Sin duda alguna, lo es. Además, está fundamentada epistemológicamente de forma brillante por el autor. Sin embargo, tras leer algunos trabajos de Hayek sobre teoría de complejidad (Hayek 1967), que es una sofisticación epistemológica de su idea de órdenes espontáneos, salta ante mí una aparente contradicción que tiene que ver con la idea de contrastación de hipótesis que, en paralelo, afecta también a la conceptualización de cinturón protector de Lakatos. Veámoslo a continuación.

Complejidad, Hayek, Menger y el método analítico-compositivo

En su teoría sobre los fenómenos complejos, Hayek (1967) trata las implicaciones que una concepción compleja de la realidad tienen para la explicación científica. De esta forma, afirma que, a medida que entramos en el campo de los fenómenos complejos, el grado de falsabilidad necesariamente decrece. Esto se debe a que, según sea más complejo el fenómeno, más abstracta y general será su explicación. Puesto en términos matemáticos, como dice Hayek, la explicación de un fenómeno complejo permanece en su forma algebraica; los parámetros no pueden sustituirse por valores concretos. En ese sentido, al tratar enunciados generales y abstractos, estos pasan a tener poco contenido empírico (Popper 2002), puesto que son capaces de predecir solo características generales compatibles con una gran cantidad de circunstancias particulares. En este caso, el rango de fenómenos compatibles con una teoría será muy amplio, mientras que la posibilidad de falsarlo será pequeña.

La principal conclusión de lo que acabamos de mencionar es que cuanto más complejos son los fenómenos que explicamos, menor es la posibilidad de falsación de esa teoría. ¿Cómo afecta esto a la filosofía de Lakatos? Veámoslo a continuación.

Sabemos por Gabriel Zanotti que el cinturón protector lakatosiano se puede identificar con la metodología de Hayek. Una metodología más empirista, incluso falsacionista, que se posiciona a favor del método hipotético deductivo y de la inclusión de conjeturas. Como ya hemos dicho, el cinturón protector está lleno de hipótesis auxiliares que son falsables. Sin embargo, la metodología de Hayek, como acabamos de ver, aspira a la comprensión de fenómenos complejos. Para él, una vez que asumimos la interacción entre individuos y el estudio de la coordinación, entramos en el terreno de lo empírico y, al mismo tiempo, en el campo de lo complejo, de los órdenes espontáneos. En este sentido, a la luz de la teoría de Hayek, lo que me parece contradictorio es que el cinturón protector lakatosiano se asuma falsable cuando precisamente trata fenómenos complejos. Lo que de la teoría hayekiana se desprende es que, en realidad, el cinturón protector no es falsable en la medida en la que se conforma de teorías sobre fenómenos complejos.

Esto no es una crítica completa a la teoría de Lakatos. Más bien, estamos añadiendo un pequeño matiz. El problema aquí no se encuentra en el empirismo de Lakatos o Hayek, sino en la idea de verificación o falsación. El principio de verificación/falsación tiene grandes problemas lógicos como no ser un principio propiamente verificable o falsable (Gordon 1993). Además, como acabamos de ver, el principio parece descartado en tanto que asumimos la complejidad de la realidad. Este método de verificación/falsación se deriva de entender la realidad de forma simple y estática. Surge de la dicotomía positivista entre apriorismo y empirismo, lo analítico y sintético, realidad y tautología. En realidad, la teoría no es contrastable, sino aplicable (White 1985). Las teorías aplican en un momento determinado para explicar una realidad. Esto implica que la teoría puede ser contingente, es decir, que opera solo en determinadas circunstancias. Y es que, realmente, la dicotomía más importante a nivel epistemológico es la de necesidad/contingencia. Una teoría puede ser universal y necesaria, es decir, aplicar en todo momento y circunstancia, o puede no hacerlo y aplicar en determinados casos, por lo que será contingente. En ese sentido, el núcleo firme, representado por la praxeología en el caso de la Escuela Austriaca, se compone de proposiciones universales y necesarias. Como tal, al asumir que son proposiciones que se cumplen siempre, resulta inútil verificarlas. Por otro lado, el cinturón protector lo conforman teorías contingentes, que aplican en determinadas circunstancias. Entonces, la labor del científico no sería verificar o falsar estas teorías complejas, puesto que no se puede, sino comprobar si estas teorías del cinturón protector se corresponden con la realidad y aplican a ella, cubriendo así el hueco entre teoría e historia, para lo que seguramente tendría que recurrir a la hermenéutica: la interpretación de la historia desde la teoría (Mises 2007; Selgin 1990).

Este matiz a la teoría de Lakatos, que consiste simplemente en eliminar el falsacionismo para introducir al aplicabilidad de la teoría, puede entenderse mucho mejor desde la metodología de Menger. Las ciencias teóricas de Menger se dividen en una orientación exacta y otra empírico-realista. La primera trata fenómenos estrictos, universales y necesarios. Él mismo especifica que son fenómenos simples que ocurren siempre, de manera atomística. Por su parte, la orientación empírico-realista comprende los fenómenos en toda su complejidad y realidad, siendo estos contingentes y no estrictos ni atomísticos. Ambas orientaciones son fundamentales para conseguir una explicación completa de la realidad. De esta manera, el método que une ambas orientaciones es el que se denomina analítico-compositivo. Al final, este consiste en entender los fenómenos complejos y reales desde su formación y emergencia a través de las interacciones individuales de los agentes. En ese sentido, es un método que va de lo individual, atomista y universal, a lo complejo y realista que es resultado de la interacción humana entendida en un orden espontáneo.

Esta metodología es compatible con Lakatos. Si nos fijamos, la orientación exacta representa el núcleo firme, mientras que la empírico-realista representa el cinturón protector. Además, ya incluye también el análisis de fenómenos complejos en la orientación empírico-realista, implicando el matiz sobre la cuestión de la falsabilidad resaltada por Hayek. Esta orientación también se compone de teorías contingentes. Es más, Menger introduce el método analítico-compositivo, que se puede entender como un heurístico para ir de lo exacto a lo empírico-realista, de lo simple a lo complejo, en definitiva, del núcleo firme al cinturón protector y viceversa. Con ello, aquí podríamos incluso encontrar una aportación de Menger a la metodología de Lakatos. Entonces, en este punto, cabe hacerse varias preguntas: ¿puede la metodología de Menger entenderse al completo como un programa de investigación científica? Es más, ¿pudo concebir Menger un programa de investigación científica en términos metodológicos antes que Lakatos? Sería interesante que las respuestas a estas preguntas pudieran desarrollarse en futuros trabajos académicos. Por el momento, solo hemos esbozado un pequeño matiz; a saber, que la idea de falsabilidad en el cinturón protector de Lakatos es contradictoria a la luz de una compresión compleja de la realidad.

Referencias

Caldwell, Bruce J. 2004. Hayek’s Challenge: An Intellectual Biography of F.A. Hayek. Chicago and London: The University of Chicago Press.

Gordon, David. 1993. The Philosophical Origins of Austrian Economics. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

Hayek, Friedrich August. 1937. “Economics and Knowledge.” Economica 4 (13): 33–54. https://doi.org/10.2307/2548786.

———. 1967. “The Theory of Complex Phenomena.” In Studies in Philosophy, Politics and Economics, 22–42. London: Routledge & Kegan Paul.

Kuhn, Thomas S. 1970. The Structure of Scientific Revolutions. Chicago: University of Chicago Press.

Lakatos, Imre. 1999. The Methodology of Scientific Research Programmes. Edited by J. Worral and G. Currie. Volume I. Cambridge: Cambridge University Press.

Mises, Ludwig von. 2007. Theory and History: An Interpretation of Social and Economic Evolution. 3rd ed. Auburn: Ludwig von Mises Institute. www.mises.org.

Moreno, Vicente. 2020. “Caminos Abiertos.” Instituto Juan de Mariana. September 22, 2020. https://ijmpre2.katarsisdigital.com/ijm-actualidad/analisis-diario/caminos-abiertos/.

Popper, Karl. 2002. The Logic of Scientific Discovery. London and New York: Routledge.

Rizzo, Mario J. 1982. “Mises and Lakatos : A Reformulation of Austrian Methodology.” In Method, Process, and Austrian Economics : Essays in Honor of Ludwig von Mises, edited by Israel M. Kirzner, 53–74. Toronto: D.C. Heath and Company.

Selgin, George A. 1990. Praxeology and Understanding: An Analysis of the Controversy in Austrian Economics. Auburn: Ludwig von Mises Institute.

White, Lawrence H. 1985. “Introduction to the New York University Press Edition.” In Investigations into the Method of the Social Sciences with Special Reference to Economics, vii–xviii. London and New York: New York University Press.

Zanotti, Gabriel J. 2013. Caminos Abiertos: Un Análisis Filosófico de La Historia de La Epistemología de La Economía, Desde Fines de Siglo XIX Hasta 1982. Madrid: Unión Editorial.

Zanotti, Gabriel J., and Nicolás Cachanosky. 2015. “Implications of Machlup’s Interpretation of Mises’s Epistemology.” Journal of the History of Economic Thought 37 (1): 111–38. https://doi.org/10.1017/S1053837214000777.

El problema de bitcoin

Recientemente se está criticando mucho a Bitcoin por su gran consumo de energía y, por ende, por su aportación a la emisión de CO2 y al calentamiento global. Esta crítica puede ser correcta pero no por los motivos ecológicos que habitualmente se achacan. En este articulo expongo y resumo un punto de vista del que no me había dado cuenta y que proviene del conocido Nassim Nicholas Taleb.

Bitcoin, mediante la unión de tres tecnologías (función hash, árbol de Merkle y la prueba de trabajo) consigue eliminar el problema de la ausencia de custodios y la falta de confianza entre los participantes en el mantenimiento de un libro de contabilidad público compartido permanentemente. Mediante este sistema, se consigue lograr la colaboración de diferentes agentes llamados “mineros” cuya función es la de validar las transacciones antes de añadirlas al libro de contabilidad a través del esfuerzo, gasto computacional y energético requerido por la prueba de trabajo para su validación. Este método requiere cantidades mayores de energía para su funcionamiento.

Los anteriores mineros obtienen su remuneración tanto de la recompensa que obtienen al minar un bloque nuevo (señoreaje) como de las comisiones de las transacciones. En el futuro, como la cantidad de bitcoins está prefijada desde el nacimiento de la criptomoneda, las únicas recompensas que recibirán los mineros por su trabajo serán únicamente las recibidas por las comisiones de las transacciones. Todo esto hace completamente dependiente a Bitcoin de los mineros de manera indefinida. Esto es un problema.

Bitcoin necesita que exista a perpetuidad una gran cantidad de mineros para que se puedan seguir realizando transferencias a través de su blockchain, pero estos mineros en el futuro lejano puede que no sigan interesados en participar dado que dejarían de recibir Bitcoins. Es decir, si el mantenimiento de la red no les genera beneficios en Bitcoin perderán el incentivo a mantener una red en donde se hacen transferencias en una moneda que no poseen. Por tanto, en el momento que los mineros se extingan, el valor de Bitcoin valdrá cero. Si al menos este activo produjese dividendos recurrentes, su valor futuro al menos seria el de la suma de los descuentos de esos dividendos traídos al presente.

No podemos esperar que una anotación en un libro de contabilidad que requiere un mantenimiento activo por parte de personas interesadas e incentivadas mantenga su presencia física, una condición para su valor monetario, durante un periodo de tiempo tan largo.

Por el contrario, los metales preciosos no necesitan mantenimiento continuo. Una joya de oro no se va a pudrir, ni desgastar ni apenas oxidar. Esa joya producida hoy será la misma dentro de 1.000 años. Su mantenimiento es mínimo si no nulo. Incluso en el peor de los casos en el que el precio de los metales preciosos disminuya enormemente, esa joya ha servido de complemento durante años.

Por el momento, el interés en la red por parte de los mineros depende más de la revalorización de la criptomoneda que de el volumen de las transacciones subyacentes. Eso deberá cambiar en algún momento futuro si queremos que esta moneda sobreviva por mucho tiempo.

Catolicismo, protestantismo, comunismo, capitalismo

En las redes circulan ‘opiniones’ identificando al catolicismo con el socialismo y marxism0 y al protestantismo con el capitalismo. La raíz de este planteamiento dicotómico representada en la imagen es frívola y falsa. Un atrevimiento. A mí me entristece. Aunque puede haber de todo en ‘las viñas’. En ambos contextos religiosos, en su perspectiva más material y social, ha habido y hay un gran caudal de pensamiento y de personas directamente contrario/as, y ponen reparos, al socialismo y al marxismo. Y no es igual, no es así respecto al capitalismo. Respecto a ésta forma de sistema socio económico la posición es más favorable o menor la entidad de los reparos.

Los Papas se han pronunciado respecto al liberalismo, capitalismo y al socialismo y comunismo. Ambos sistemas reciben sus reparos, aunque no es el mismo.

El socialismo y el comunismo real recibe la condena con Pio XI en 1931, en QA (117, 120), pero mucho antes ya el papa Pio IX en 1849 en (Nn 17) y en 1846 (QP), antes de que Marx sacara su manifiesto comunista en 1948, había advertido respecto estos sistemas. El socialismo y el comunismo real tienen muy serios reparos porque son un sistema ideológico contrario a la revelación cristiana, es decir, como sistema ideológico se trata de una concepción de cómo tendría que funcionar la humanidad e intentan llevarlo a la realidad imponiéndolo, quitando la libertad. Pues priva a la persona de su libertad en “beneficio” de la colectividad e imponiéndole la renuncia a toda aspiración a la trascendencia, la encierra en una perspectiva terrena y dirigida. ¿Se sostiene el ‘beneficio” colectivo privando a la persona de su libertad? Pues creo que no, ni eso, ni el beneficio individual, ni el colectivo. No existió, no existe ni existirá “el paraíso terrenal” comunista prometido por Marx. Su profecía se ha revelado falsa por ser un sistema insostenible y empobrecedor ya a corto y medio plazo, aunque por la fuerza haya sido mantenido en el tiempo con sus nefastas consecuencias medibles.

Respecto al capitalismo y la economía de mercado la iglesia hace una distinción. El papa Juan Pablo II en (CA 42b) dice: “Si por capitalismo se entiende el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva… Pero si por capitalismo se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa.” Mi impresión valorativa sigue la relación entre libertad, justicia, economía y política. La justicia debe cuidar a la libertad y la economía debe cuidar de la correcta política. Aunque a veces se descuidan.

Por otro lado, apreciamos cuando leemos a los primeros ‘economistas’, incluso anteriores a A. Smith, de la Escuela de Salamanca, como el historiador sacerdote Juan de Mariana (1536-1624), o al mismo A. Smith que escribió ‘la teoría de los sentimientos morales’ además de ‘la riqueza de las naciones’, cuando leemos a Mises en la Acción Humana, cuando leemos a León XIII en la RN, tratando `la cuestión social` no argumentan en términos de pugna mutua (lucha de clases), sino mediante la interdependencia entre agentes libres y distintos, con objetivos distintos, sujetos a restricciones endógenas y exógenas de manera que van actuando y van, vamos, tomando decisiones en búsqueda de acuerdos que se plasman en intercambios voluntarios, no impuestos.

En el marxismo las decisiones en cantidades y precios no las determinan las interacciones voluntarias entre personas libres buscando optimizar sus objetivos. Los objetivos los definen desde la imposición planificada centralmente desde lo público, en planes anuales o quinquenales, … Un trágala atroz. La persona es un factor, como persona, individuo, libre e integral no existe, su función es la de factor de producción. ‘El hombre queda reducido así a una serie de relaciones sociales, desapareciendo el concepto de persona como sujeto autónomo de decisión moral’ (CA, 13), S. Juan Pablo II.

Por otro lado, en el socialismo, aunque no haya planificación central, existe una multitud de intervenciones gubernamentales en los mercados. Estas intervenciones intentan o pretenden mejoras sociales estableciendo precios máximos o precios mínimos, regulando salarios, los precios de la energía, de materias primas, los tipos de interés, dando subvenciones a diversas industrias o grupos sociales, recargos o bonificaciones fiscales, etc.; así como recurriendo de forma permanente, con ávida adicción, al déficit público, lo que normalmente conlleva un crecimiento continuo de la deuda pública.

Estas políticas y reacciones de los agentes, sean tomadas por católicos o por protestantes, normalmente generan ineficiencias plasmadas en una menor actividad socio económica, aumentan el paro y reducen la riqueza.

La causa primigenia de ello no son las creencias religiosas, ciertamente coincidente con sus matices entre ambas lecturas dentro del cristianismo. Es la pretensión de fijar los precios de los bienes de manera discrecional por los gobiernos y la reacción espontánea de los agentes económicos a estas medidas.

Éste es el punto, muchos políticos y no políticos afirman que lo que hace falta es “voluntad política”, que con voluntad política “sí se puede”, y con estos eslóganes logran seducir a muchas personas. Los ‘fallos del Estado’ suelen ser mucho más graves que los ‘fallos de mercado’.

Ciertamente el sector público cobró mucho protagonismo tras la crisis de demanda que siguió al crack de 1929. En dicha crisis muchos creyeron ver la constatación del fin del “modo de producción” capitalista profetizado por Marx. Pero este fin no se produjo. Siguiendo la “orientación” de JM Keynes, el sector público ha cobrado con el tiempo un protagonismo tremendo, no sólo por su actividad legislativa en materia económica sino por su implicación directa en la producción de bienes y servicios y la cuantía del gasto. Aquella crisis de demanda fue resuelta en una economía en la que el sector público tenía un peso raquítico en comparación con el privado. En una crisis de esta clase se podría entender el tirón desde el sector público, pero el margen de maniobra de este sector merma por “asfixia” conforme crece su proporción en el PIB, porque la financiación del mismo puede “apabullar” y “sofocar” al sector privado, que es la fuente de financiación de todo lo público. Esto lo sabemos desde la economía, pero desde la política pueden intentar ignorar esta restricción apelando a la “voluntad política” y a los bolsillos y patrimonios ajenos. Todos somos conscientes de la cada vez menor laxitud de las restricciones derivadas de la escasez de recursos financieros, nos percatamos por la evolución de las primas de riesgo de la deuda soberana acumulada, que ya alcanza un 120% del PIB anual. Resultado derivado de la crisis de confianza en las instituciones financieras.

Bajo el capitalismo y el mercado, de bienes y servicios, de trabajo, de activos financieros (dinero, bonos y divisas), ¿es verdad que las cosas fluyen de mejor manera? Desde luego el mercado como mecanismo de asignación de recursos, como mecanismo de búsqueda de los acuerdos de intercambio voluntario entre personas libres, es la mejor de las garantías entre los experimentos llevados a cabo. Si yo tuviera responsabilidades políticas y le dijera una mañana a mi esposa: ¡lo tengo decidido, voy a fijar los precios y las cantidades de todos los bienes, servicios y factores! Su respuesta sería, con toda firmeza, ¡’loco, tú hoy no sales a la calle’! Las posibilidades de los mercados son indudablemente superiores a las asignaciones a dedo por colas o por racionamiento, aunque siempre hay que estar pendientes por si se producen conflictos entre los objetivos de libertad y justicia y las “leyes” de la economía y la política. Tenemos que estar atentos, como indica la encíclica de Juan Pablo II (CA 42b), en el cuidado de “un sólido contexto jurídico al servicio de la libertad humana integral…”

En esta clase de conflictos tienen un protagonismo especial las connivencias entre empresas y gobiernos, entre los que dirigen las grandes empresas y los políticos en connivencia, sobre todo cuando se trata de empresas con ‘poder de mercado’. En el arte de la economía y la política no debe haber margen para la ingenuidad. Y en la imagen que aparece al principio de este artículo hay mucha ingenuidad y estupidez con doblez de intención. Se necesita una gestión en la que cada quien tenga el arte y la sensibilidad de ver ‘la belleza’ del otro. No en vano, el otro para el otro soy yo. Y la verdad es que reconozco, como indiqué, que si la justicia cuida de la libertad y la economía cuida de la política  las cosas marchan mejor.

En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”. 

En un debate me indicó un conocido, “estoy muy de acuerdo con usted. Pero cuando el papa era Juan Pablo II creo que nadie osaría poner ese símbolo de la imagen, Francisco y su discurso, ese es el problema… que usa terminología de izquierda para hablar de temas económicos y políticos…”. 

La osadía siempre aparecerá en alguien por lo que diga o deje de decir cualquier papa. La verdad es que, como dije a principio, la imagen me entristece por su falsedad y perversidad. Pero tranquilos por eso. A Juan Pablo II también le criticaron cuando estaba en su puesto, por su posición ante el aborto y la eutanasia, y muchos comunistas y socialistas occidentales por su posición contra el comunismo por él experimentado, por su teología del cuerpo, por sus puntualizaciones sobre el capitalismo, por su oposición a la “ideología de género” … Así y todo, con su capacidad de convocatoria y seducción, cautivó a los jóvenes y a los mayores por igual.

Los papas y el cristianismo tratan los asuntos materiales y espirituales que nos mueven en nuestro interior como personas libres, sin perder el sentido de la trascendencia (el cielo) y sin pretender imponer sus creencias a nadie. ‘Dios es un caballero’ y su Iglesia podrá proponer, podrá sugerir, pero nunca, nunca imponer. Cuando se ha pretendido imponer algo inapropiado y se ha hecho desde la religión, ello ha sido causa de daños por los cuales los papas Juan Pablo II y Francisco han tenido el coraje de pedir públicamente perdón. El fallo en la gestión humana nos acompaña siempre. Nos caemos y nos levantamos.

El mundo cristiano, católico o protestante, Occidente, tiene sus raíces en las tradiciones judeocristiana y grecorromana. Pero es verdad que, estando atentos a todo, muchas veces en Occidente también se bebe y se vive “como si Dios no existiera,” “en el ardiente afán de novedades.” sin ser de izquierdas; o bien, se bebe y se vive así mismo de los postconceptos surgidos del ‘marxismo cultural’ tras la caída del muro de Berlín en 1989. Algunos, quizá muchos, desenfocan el análisis y quieren escuchar en Francisco cosas que el Papa dice mirando ‘al cielo’ y pisando el suelo. Si a Francisco se le escucha sin mirar ‘al cielo’ puede no entendérsele y ello es normal y debe aceptarse. Las interpretaciones son múltiples y la confusión aumentan el ruido. Es lo que hay. Los papas hablan no solo a los católicos, muchas veces se indica en sus textos que van dirigidos a las personas de buena voluntad. Pero ¿quiénes son estas personas? Para mí son todos los humanos.

Normalmente, la gente no se levanta por la mañana decidida a hacerse o a hacer daño, a menos que padezca algún trastorno mental. Pero, eso sí, los economistas, juristas y políticos cristianos tenemos una responsabilidad compartida y debemos apoyar al papa en su permanente ejercicio de discernimiento. Muchas conversaciones sobre ello he tenido con profesores, especialmente menciono aquí las que he tenido con mi querido compañero de departamento de la ULL el Dr. Eduardo Martínez Budria y con mi maestro de la UVA el Dr. José Miguel Sánchez Molinero.

Los cristianos, católicos y protestantes, con sus debilidades y fortalezas, tratan el compartir, la caridad, la ‘caritas’, a distintos niveles y siempre voluntariamente, nunca imponiéndola, ejerciéndola con discernimiento en libertad. Siempre sujetos a las restricciones exógenas vigentes (restricciones fiscales, monetarias, etc.); y también, por otro lado, a las restricciones propias de cada cual, las que cada quién se marque a sí mismo en su libre ejercicio solidario, con sus propios recursos económicos, con su bolsillo y patrimonio, no con el ajeno. Y en cada nivel de ejercicio de la caridad, el cristiano está llamado a realizarse, a ejecutarse de tal modo que ‘no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha y/o viceversa’.

Los papas apelan a esto, a despertar y avivar esta conciencia que libera y engrandece a quien la practica con alegría y explicitan el premio anunciado: ‘recibirás el ciento por uno’, eso sí con persecución. Estos creo son los puntos que fundamentan la posición de los papas: 1) El anuncio de la Buena Noticia, esto es, la predicación del Evangelio. 2) La libertad religiosa, es decir, la no imposición de la Fe a nadie. 3) La caridad con los recursos propios de cada uno, alentando la sensibilidad plasmada en el principio de ‘preferencia por los pobres’. 4) El principio que inspira toda la doctrina social de la Iglesia, resaltado por Juan Pablo II en su encíclica Laborem excersens; a saber, “La prioridad del trabajo sobre el capital y la exigencia de que el capital y los instrumentos de producción estén siempre al servicio del trabajo y del hombre,” lo cual conlleva el respeto a la dignidad humana por encima de todo.  Y 5) ‘Dejar a Dios ser Dios’, esto es, dejar que Dios cumpla sus planes con respecto a cada uno de nosotros, aunque nosotros no podamos entenderlos. Mi opción es el discernimiento en cada momento con los pies en el suelo y mirando, con mucha Esperanza, “al Cielo”. Ánimo y a Servir.

I. Economías planificadas: El caso cubano

He querido enfocar mi primer artículo en el IJM hacia la economía planificada, aquella por la que a lo largo del s.XX se justificaron (y se justifican) ad nauseam todo tipo de fines independientemente de las laceraciones y estragos que tal modelo pudiera conllevar. Así pues, antes de empezar hay explicar qué es la planificación central. Se trata de uno de los sistemas económicos imperantes a lo largo y ancho del globo durante el s.XX, del cual aún hoy quedan vestigios. Basada en establecer bajo criterios estatales la asignación de X recursos teniendo in mente el consumo actual y la inversión futura, así pues, el gobierno dice qué producir, en qué cantidad, cómo distribuirlo, para quién, etc. En definitiva, el mercado deja de ser la mejor forma de asignar recursos y estos pasan a estar subordinados a los designios de los burócratas de turno, lo que conocemos bien mediante la aserción “hayekiana” de la fatal arrogancia.

Puesto el punto de partida, hace unos meses leí el paper “Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance” (2018), de los economistas Hugo Jales, Thomas H. Kang, Guilherme Stein y Felipe García Ribeiro. Su metodología está impregnada de estadística y de modelos matemáticos, pero el punto fuerte de la pesquisa (y a la vez su debilidad) es precisamente su carácter hipotético y el uso de controladores sintéticos con los cuales se crean países ficticios para hacer comparativas de cómo hubiera sido Cuba sin la Revolución de 1959 (ceteris paribus en el contexto internacional).

Grosso modo, el objetivo era medir el papel de la Revolución en términos económicos siguiendo un hilo histórico de cómo se llegó a ese punto. Se dejan al margen costes sociales, principalmente la represión del régimen, y la pregunta que impregna la investigación es: ¿qué hubiera sucedido sin este hecho histórico? En primer lugar, se menciona que Cuba tenía una economía bastante desarrollada en su contexto antes que la hoz y el martillo se instaurasen manu militari. Se enfatizan cosas como: el bagaje económico de la isla desde la segunda mitad del s.XIX, que antes de 1959 sus índices de desarrollo eran superiores a los del sur de Europa, el hecho que fueron el primer país de América Latina en tener un sistema de ferrocarriles (con el primer tranvía), etc.

Todo eso se truncó mediante los procesos de colectivización, propaganda, expropiación de todo tipo de empresas (especialmente petroleras y americanas), planificación estatal, partido único, represión ideológica, élite extractiva alrededor de la familia dominante, poca diversificación de los productos para exportar (cosa que a lo largo de su historia había sido la tónica dominante), ínfima innovación tecnológica, rol soviético en las ayudas a la isla con la venta de petróleo a precios muy por debajo del valor de mercado y compras de azúcar a precios muy por encima del valor de mercado. De esta forma, Cuba estaba generosamente subsidiada por el Bloque Comunista y, por ende, 1991 fue su annus horribilis.

El fin de la URSS provocó la desaparición del sustento básico de la economía cubana la cual acabó en una profunda crisis y tuvo que optar por introducir elementos promercado para paliar el cataclismo económico que se estaba produciendo. Es importante decir que estas medidas se tomaron con mucha reticencia por parte del gobierno el cual nunca quiso facilitar la obertura económica de la isla. Justo en ese fatídico año para el socialismo real, Estados Unidos reforzó su Embargo (Nota Bene: no es un Bloqueo, como sigue insistiendo la propaganda castrista) mediante leyes aprobadas por el Congreso Americano (especialmente la Torricelli Act, 1992 y Helms-Burton Act, 1996).

Sea como fuere, uno de los puntos cardinales del paper es el intento de crear un análisis de Cuba con y sin la Revolución mediante la elaboración de un PIB hipotético. Como es lógico, es imposible saber con exactitud el crecimiento y desarrollo de países con tanta opacidad, por lo tanto, el modus operandi de los investigadores está muy enfocado al estudio de las exportaciones de la isla. Uno de los temas que impregna el estudio es, sobre todo, el efecto de las políticas de los EEUU respecto a Cuba, especialmente con el polémico Embargo. Al hacer diversas estimaciones macroeconómicas, se concluye lo siguiente, “we do not observe a particularly large effect in 1962, the year when the USA strengthened its embargo against Cuba […], the contemporaneous effect of the embargo on Cuba’s GDP is small” (Jales, Hyeono Kang, Stein, & Garcia Ribeiro, 2018, pág. 13).

Hay que tener en cuenta que faltan datos oficiales, sin estos, difícilmente se pueden hacer estudios en profundidad sobre la amalgama de medidores económicos que pueden encontrarse en un país. Tanto es así que el profesor Giovanni A. Cornia, en un estudio sobre la desigualdad en América Latina dice lo siguiente sobre Cuba (dedicándole un escueto pie de página), “Due to data limitations we do not include this country in the analysis” (Cornia, 2014, pág. 335). No sólo los economistas padecen de este mal respecto a Cuba, sino que los historiadores también, por ejemplo, Silvio Pons pone a la misma altura a Cuba y Corea del Norte en cuanto a estados aislados que suponen un reto para el investigador (Pons, 2014, pág. 11).

Podría concluirse que el impacto de la Revolución hizo que Cuba divergiera de la tendencia histórico-económica que había tenido hasta el momento. El movimiento nacionalista encabezado por Castro supuso un shock a todos los niveles. Sin duda, el punto cúlmine del artículo es la desaparición de la URSS, la búsqueda de nuevas políticas económicas muy enfocadas al exterior (como el turismo) y en nuevos partners internacionales. El rol soviético fue sustituido por el de Venezuela con la llegada de Chávez. En definitiva, Cuba continuará siendo un foco de debate y polémica por todo lo que per se implica y las sensibilidades que atrae.

Sepa el lector que los experimentos de ingeniería social tienen costes imperecederos, al menos para unas cuantas generaciones, en este caso, de cubanos. Para los demagogos con ínfulas utopísticas recuérdenles que no se puede jugar a ser Dios. Como afirmaba Bruno Leoni en su libro Il pensiero político moderno e contemporáneo “la direzione di una società socialista non è concepibile senza una limitazione sostanziale della libertà degli individui, ad opera di un ristretto numero di individui, che in quella società assumono la funzione di direttori” (Leoni, 2008, págs. 185-186), ergo, si quieren socialismo, prepárense para la dictadura.

Bibliografía

Cornia, G. A. (2014). Falling Inequality in Latin America. Oxford: Oxford University Press.

Jales, H., Hyeono Kang, T., Stein, G., & Garcia Ribeiro, F. (2018). Measuring the role of the 1959 revolution on Cuba’s economic performance. World Economy , 1-39.

Leoni, B. (2008). Il pensiero político moderno e contemporáneo . Macerata: Liberilibri.

Pons, S. (2014). The Global Revolution: A History of International Communism, 1917-1991. Oxford: Oxford University Press.

Entrega de premios de la I edición de los premios Mayte Juárez a la educación financiera

Madrid, a 16 de junio de 2021.-

https://ijmpre2.katarsisdigital.com/wp-content/uploads/2021/06/20210615-NP-Value-School-Premios_entrega.pdf

Value School, la escuela de formación financiera del grupo Santa Comba, ha acogido la entrega de la primera edición de los Premios Mayte Juárez 2021, que fue fallado en Madrid el pasado 15 de junio. El acto ha contado con la participación de los patrocinadores, Magallanes Value Investors, Azvalor Asset Management, Cobas Asset Management y el Instituto Juan de Mariana.

Francisco García Paramés, presidente y CEO de Cobas Asset Management y cofundador de Value School, abrió la ceremonia recordando la labor de Mayte Juárez: “Mayte era entrañable, sincera, defensora de la libertad y muy vinculada a la educación financiera. Se involucró con la educación liberal clásica española y fue siempre una auténtica convencida de que la libertad financiera es la condición necesaria para un futuro mejor y que debe estar al alcance de cualquiera que tenga la inquietud de ser dueño de su destino mediante el conocimiento independiente. No encontramos mejor manera de honrar su memoria que crear estos premios y darles su nombre.”

El Jurado, compuesto por representantes de la Universidad Pontificia Comillas, Universidad Rey Juan Carlos, Inverco, Magallanes Value Investors, Azvalor Asset Management, Cobas Asset Management y el Instituto Juan de Mariana, coincidió con el voto popular de más de 700 votos. Otorgó los premios a las mejores iniciativas que han mostrado un compromiso excepcional en acercar el conocimiento financiero a la sociedad a:

Premio al mejor autor
José Carlos Rodriguez, director del Instituto Juan de Mariana, entregó el premio al mejor autor a David Nuñez por su blog ‘Quiet Investment’ orientado a la difusión de la independencia financiera como base material de nuestra libertad individual, así como al análisis de valores desde la perspectiva del value investing. Además del blog y de su presencia en medios, David es el coautor de La Guerra Financiera Asimétrica, un manual sobre inversión indexada que ha sido Bestseller en Amazon y del que surgió el curso homónimo en Value School.

El galardonado agradeció el reconocimiento y destacó que “El dinero sirve para comprar más que cosas. Si por algo puede ser importante el dinero es porque compra tiempo. Y muchas veces tiempo es lo que más falta nos hace.”

Premio al mejor comunicador audiovisual
Beltrán Parages, socio director de Azvalor, entregó el premio al mejor comunicador audiovisual a Esmeralda Gómez por su labor que lleva los mensajes de libertad y educación financiera a través de todas las plataformas que están a su disposición. Como matemática, descompone conceptos financieros para luego reconstruir el mensaje aderezado con simplicidad, eficacia, impacto, atractivo y cercanía.

La galardonada recibió con emoción el premio: “Es un profundo honor recibir el premio Mayte Juárez a la educación financiera, por la inolvidable experiencia que supone, así como el impulso de mi trayectoria para poder seguir contribuyendo con todos mis medios, energía y recursos a crear un mundo mejor en el que mi hijo, y las futuras generaciones puedan y aprendan a vivir en él respetando, con valores, la realidad del momento”.

A la mejor iniciativa dentro del ámbito escolar
Blanca Hernández, consejera delegada de Magallanes Value Investors, entregó el premio a la mejor iniciativa dentro del ámbito escolar al proyecto ‘Educación Financiera Básica’ que responde a la misión de la Fundación María Jesús Soto de promover y difundir la educación económica y financiera básica, así como trasmitir ideas y valores que fomenten el emprendimiento. Entre los resultados más destacados del proyecto figuran la publicación de seis libros, la creación de la plataforma educativa Educación Financiera Básica y una notable labor docente a ambos lados del Atlántico.

Raquel López Varela, responsable de proyectos educativos de la Fundación MJ Soto, recogió el premio destacando “La necesidad de una educación financiera básica se ha hecho especialmente relevante tras la ultima gran crisis financiera y económica que han vivido los países occidentales. Sus terribles consecuencias en las economías domesticas hicieron saltar todas las alarmas, ante la certeza de que nada se iba a resolver con eficacia si los ciudadanos no mejoraban sus conocimientos en estas materias sobre las que toman decisiones cada día.”

Al mejor proyecto
Raúl Cameo, director de Value School, entregó el premio a la plataforma de finanzas e inversión personal ‘Más Dividendos’. Su foro y su podcast son una referencia en el ámbito de la inversión particular en el mundo de habla hispana. El objetivo principal de Más Dividendos es ofrecer información real y compartir conocimiento sin publicidad. El proyecto se mantiene gracias a las aportaciones tanto de sus propios integrantes como de personas que apoyan la comunidad.

José Vicente Aguilar, CEO de la plataforma independiente, creada en 2017, comenta que ese premio le motiva seguir “su sueño de crear un lugar donde aprender del conocimiento conjunto para ayudar a tomar decisiones y pensar por uno mismo”.

Los premiados han recibido una dotación de 1.000 euros o su equivalente en material y herramientas para el desarrollo del proyecto ganador.

Confiar antes de huir

Según nos contaba Bloomberg hace apenas diez días, Rusia quiere eliminar el dólar americano de su fondo soberano. No debería sorprender a nadie. Muchos pensarán que se debe a los últimos datos sobre la evolución -y las expectativas puestas de manifiesto por la Universidad de Michigan-  de la inflación en Estados Unidos; a la evolución, tras el Covid, de su déficit público y el consecuente espectacular aumento del balance de la FED; al aumento de un sentimiento “mercantilista” -de “nacionalismo económico”-  en el país, incompatible, según algunos, con el papel que el dólar juega como reserva global… Puede que incluso algunos crean que es por el miedo a que las criptomonedas -tan de moda últimamente, con el Bitcoin a la cabeza- acaben con el sistema financiero internacional según lo conocemos.

La amenaza de Rusia que recoge Bloomberg no hace sino revelar una actitud que viene de lejos, anterior a Biden, al virus o a Trump. La intención de China y de Rusia, entre otros, de sustituir al dólar como divisa de referencia en el comercio internacional lleva años comentándose. No deja de ser paradójico que hasta en la página web del Fondo Monetario Internacional -institución creada en Bretton Woods para ayudar a mantener el nuevo sistema monetario que consagraba al dólar como moneda de reserva, aunque con su precio anclado al oro- aparezcan artículos en los que se desliza el SDR (“Special Drawing Right” del propio FMI) como posible alternativa. También llama la atención la actitud, durante los últimos años, de varios países importantes respecto del oro (ya sea porque aumentan de manera importante sus reservas, como parecen hacer -a pesar de la opacidad de los datos- China, Rusia, o India, entre otros, ya sea porque lo repatrían a marchas forzadas, como Alemania. España, como siempre, a sus cosas).

La posible sustitución del dólar, sin embargo, no se producirá de la noche a la mañana. Es verdad que, en los últimos 20 años, el papel del dólar como divisa global de reserva se ha reducido de manera sustancial (de más del 70 %, a menos del 60 %), alcanzando niveles que no se veían desde mediados de los 90, y que la situación fiscal y de deuda en Estados Unidos debería preocupar a algunos. Pero también es cierto que ese porcentaje sigue por encima del 50 %, que el resto de las economías “avanzadas” no estamos mucho mejor, que no hay una clara alternativa (el mercado de activos financieros en yuanes no es en absoluto comparable) y que cuando el mundo se paralizó hace algo más de un año, la gente acudió en masa al dólar, quizás porque sigue siendo considerado el activo refugio por excelencia, o quizás simplemente porque el monto de deuda denominada en dólares (tanto en EE.UU. como en el extranjero) sigue siendo estratosférico (de ahí la necesidad de que la FED articulase un programa de “líneas swap” para aliviar la tensión).

El declive de la libra esterlina hasta su caída definitiva del primer puesto duró más de 30 años: al menos desde el comienzo de la primera guerra mundial hasta el final de la segunda y Bretton Woods (1914-1944);  siendo sustituida por la moneda de un país aliado -y culturalmente muy cercano- y sin que mediase una guerra entre los dos poderes hegemónicos al pasarse el testigo (en contra de lo que ha ocurrido en otros muchos casos en los que se ha dado la “trampa de Tucídides”). Un proceso similar de declive del dólar parece haber empezado ya a pesar de su “privilegio exorbitante” (o quizás por él, como anticipó Triffin): la confianza general, dentro y fuera de sus fronteras parece estar menguando; la situación de su déficit y deuda ha alcanzado cotas nunca vistas; su economía no parece reaccionar lo suficiente a pesar de los fortísimos estímulos que lleva años recibiendo; la hegemonía militar parece estar también debilitándose; cada vez son más quienes se atreven a contestar al dólar, y a su dueño, abiertamente; y quienes lo hacen parecen tener firmeza, y fuerza militar -y económica (lo que no ocurría durante la Guerra Fría)-, como para hacerle cierta pupa. Y, en contra de lo que ocurrió con Inglaterra, no tengo tan claro que los “desafiantes” sean tan amigos.

Como decía Mises, el hombre no reacciona con patrones puramente regulares y elige de forma no siempre previsible, abocándonos a la incertidumbre permanente. Pero lo cierto es que los ánimos están cada vez más enrarecidos, que perder la confianza es muy sencillo, y que a los seres humanos nos gusta ir juntos en rebaño. Basta con que comience una tímida estampida para que corramos todos como locos para no quedar los últimos. El problema es que no está tan claro hacia dónde podríamos, o nos dejarían, correr, al menos por ahora.

El Mar Negro (III): el intervencionismo económico turco

En el Mar Negro, como en casi todos los mares del mundo, se ha producido la conocida tragedia de los comunes. Mientras que la población es lo suficientemente pequeña como para no alterar significativamente los ecosistemas, tomar un determinado recurso vivo de los mares no tiene por qué producir un daño irreversible, ya que los ecosistemas poseen una capacidad natural de recuperación, seguramente más poderosa de lo que los ecologistas sugieren habitualmente, aunque no menos cierto es que resulta limitada. Por el contrario, cuando la presión es excesiva y no es capaz reponer los animales pescados, el recurso tenderá a desaparecer y alterará el ecosistema. Poner solución a esto es complicado.

En primer lugar, hay que ser consciente de que existe el problema; y esto no es tan fácil, ya que no todos tendrán suficiente información y perspectiva para percibirlo y otros ven en cualquier acción un acto incalificable de agresión al medio. Para el progresismo ecologista, siempre hay un problema que abanderar, ya sea porque existe realmente o porque estamos cerca de alcanzar ese punto de no retorno que conduce al desastre[1]. Para los que viven de este recurso, cualquier alteración de la manera que tienen de explotarlo suele ser vista como una amenaza para su forma de vivir, sus negocios y su prosperidad[2].

En segundo lugar, hay que estar determinado a actuar para solventarlo. En los ambientes liberales, se invoca la propiedad privada como principal herramienta, ya sea del semoviente o del territorio, donde gozaría de la protección de su dueño o dueños, propiciándose acuerdos con otros propietarios que amplíen la protección. Los más intervencionistas apelan a la regulación, a poner límites legales, y esta forma de actuar es la más habitual. Ambos sistemas tienen sus limitaciones, sus problemas y sus ventajas[3].

El éxito o fracaso de la regulación medioambiental depende de tres cosas. En primer lugar, de si la Ley está basada en un conocimiento exhaustivo de lo que se quiere regular. La ecología como ciencia está en desarrollo desde hace unas décadas y, aunque los conocimientos son profundos, aún se están aprendiendo cosas, y una de ellas es cómo influye realmente el ser humano y sus actividades en la capacidad de recuperación de los ecosistemas. En segundo lugar, la legislación medioambiental está muy influida por la ideología imperante y, a veces, es complicado o imposible distinguir entre la ciencia y el dogma de lo políticamente correcto. Esta influencia, sobre todo en las políticas más intervencionistas, supone que la legislación pasa a ser una herramienta de ingeniería social, evitando o limitando un comportamiento en el corto plazo y consiguiendo un nuevo y teórico estado del territorio en el largo plazo[4]. En tercer lugar, e íntimamente relacionado con el punto anterior, se puede entrar en colisión con otras leyes existentes.

La protección del medioambiente puede entrar en conflicto con la legislación que protege la propiedad, al perder el dueño el control de algunos aspectos de lo poseído. Esto nos lleva a poner en duda la coherencia del sistema legal, además de limitar la empresarialidad responsable, reduciendo la protección del medioambiente a una simple cuestión de actuar según indican las leyes y no a una cuestión de responsabilidad sobre nuestros actos y los daños que podemos cometer. Basta echar una ojeada a la prensa para ver que este tipo de daños casi siempre se achaca al libre mercado, al capitalismo y a una falta de regulación de nuestro “espíritu depredador”, nunca a al sistema político y a las normas que promulga. Esto es lo que ocurrió en Turquía en los años 80 y que tuvo como consecuencia una disminución peligrosa de la fauna marítima del Mar Negro.

Los años 70 del siglo XX habían sido para la república turca muy malos, más preocupado de su enfrentamiento con Grecia y la invasión de Chipre que de mejorar la calidad de vida de los turcos. La economía se había precarizado y, en el contexto de la Guerra Fría, habían surgido movimientos extremistas, tanto religiosos como de extrema derecha y extrema izquierda. Esta inestabilidad, con casi 7.000 muertos, se solventó el 12 de septiembre de 1980 con un golpe de Estado a manos del ejército, uno de los poderes reales dentro del país, que instaló una dictadura que duraría hasta 1983, año en el que volvió a la senda democrática, eso sí, con una constitución hecha por los golpistas, cuyo líder, Kenan Evren fue presidente hasta 1989.

La economía turca en estos años, que supuestamente se liberalizó, tomó la dinámica de crecimientos rápidos y fuertes recesiones y esto puede ayudar a entender su impacto en el ecosistema, impacto que tiene poco que ver con el egoísmo o el interés del empresario-pescador, sino más bien con la planificación económica. La política turca de estos años era una mezcla de renacimiento del nacionalismo, cierta tendencia a la autarquía, una gran presencia de corrupción institucional y, en el asunto que nos lleva, ignorancia científica. En los años 80, había una gran demanda de tierras en torno al Mar Negro, lo que estaba suponiendo un problema para la inestable democracia turca, así que el Gobierno decidió dirigir el interés de estas personas hacia la pesca, que siempre se ha visto como un recurso “infinito”. Los pescadores tradicionales se vieron, sin comerlo ni beberlo, compitiendo con nuevos pescadores que habían recibido concesiones gubernamentales. El Gobierno subvencionó la actividad, dando préstamos a bajo interés sin demasiado control, típico de un régimen corrupto. Los pescadores turcos se unieron a los soviéticos y empezaron a pescar sin limitación de capturas. Incluso instituciones como el Banco Mundial ayudaron al gobierno turco en la financiación del sector y, de esta forma, la burbuja crecía con ayuda de las instituciones internacionales. Inevitablemente, se creó rápidamente una industria conservera que aprovechaba esta aparente abundancia.

Fueron unos años donde se crearon fortunas rápidas o se ampliaron otras: bajos costes, abundancia de recursos, poca competencia…, ya que los pescadores tradicionales no tenían barcos lo suficientemente dotados (ni recursos financieros para comprarlos) como para enfrentarse a los nuevos “empresarios”. Las flotas abastecían a las conserveras y volvían a la carga. Sin embargo, en no muchos años, los peces empezaron a escasear. Los primeros afectados fueron los pescadores tradicionales, cuyos caladeros habían sido esquilmados. Es posible que algunos pudieran ver dónde iba todo esto y se bajaran del carro antes del desastre, pero no todos lo hicieron e incluso otros se sumaban al carro de la inversión. Los barcos altamente tecnificados para detectar los cada vez más escasos bancos de peces subieron su precio astronómicamente, pues con tecnología más antigua era casi imposible conseguir algo, tal como evolucionaban las circunstancias. Las inversiones eran altas, pero los beneficios empezaban a escasear. Para hacernos una idea del expolio, la captura de anchoa en 1984 fue de 320.000 toneladas métricas, mientras que, en 1989, la cantidad se redujo a 15.000. La ruina se abatió sobre todos; los pequeños pescadores no tenían dónde pescar, los grandes tenían unas deudas con los bancos que habían financiado sus flotas y las industrias conserveras ya no tenían qué conservar. Y parte de la economía y la sociedad turca entró otra vez en crisis.

Alguien podía preguntarse por qué no se hizo nada desde la Administración, ya fuera la central o las regionales. Todo sistema político conlleva corrupción. Ciertas personas intentan aprovecharse para sí mismos o para otros del poder que ostentan y la financiación que mueve su parte del sistema. Los políticos de la democracia turca estaban más interesados en conseguir el voto de las comunidades costeras que de denunciar el daño que estaba haciendo una política promocionada por el propio sistema, así que era preferible hacer la vista gorda a lo que ocurría. El resultado fue catastrófico, pero no por los malvados empresarios ávidos de dinero que se saltaban una regulación protectora, sino por una confluencia de políticos ávidos de poder, o al menos de votos, que vendían a amigos y gente sin escrúpulos favores que les permitían conseguir a todos, mientras todo fuera bien, pingües beneficios[5]. El daño no fue sólo para el ecosistema, fue también para los que vieron invadida su forma tradicional de vida y para gente que, con poca vista, decidió invertir en algo que su Gobierno aconsejaba. Puede que alguno diga que estos últimos se lo merecen, por no fijarse en quién es el enemigo y confiar en trileros, pero no menos cierto es que no todo el mundo tiene esa perspectiva del liberal que vigila a los vigilantes.

Quizá deberíamos empezar a distinguir entre ciencia e ideología, entre ecología y ecologismo. Cuando se produce un daño, es deber del que lo hace, repararlo. Esto tiene que ver con la responsabilidad y con el sistema moral. Los problemas en los ecosistemas casi siempre se han abordado desde la perspectiva de la intervención y la prohibición, raramente desde la prevención responsable, la asunción del daño y su reparación. Si dejamos en manos del Estado la protección exclusiva del medioambiente, o cualquier otra cosa que consideremos esencial, nos estaremos inhibiendo del problema, relegando su solución e incluso su planteamiento a una institución oportunista. Seremos incapaces de ver el problema y, mucho menos, de ser críticos con las medidas propuestas y de participar en el sistema con nuestra acción individual. Estamos acostumbrados a pensar que estas grandes “gestas políticas” dependen de otros y que nuestro rol es obedecer lo que se dice. Con estos artículos he querido mostrar, más que demostrar, a través de varios ejemplos, que las instituciones públicas son incluso más dañinas que los actores privados, pues su daño afecta a todo el territorio, incluso más allá del que controlan. El ecologista es un personaje que se ha convertido en una marioneta de intereses más altos y es una pena, porque no siempre sus reivindicaciones son una majadería ideológica; por el contrario, pueden ser un aviso muy serio de que algo va realmente mal. Y no me estoy refiriendo a esta religión que se ha montado en torno al cambio climático, estoy refiriéndome a daños que se pueden constatar con datos científicos y a los que hay que hacer caso con proporcionalidad, no con un alarmismo injustificado. Es una pena que el cuidado del medioambiente haya caído en manos de un intervencionismo político aterrador.


[1] Es una estrategia habitual de los movimientos progresistas, ya sea por temas medioambientales o sociales. Rozar el desastre supone la atención de los medios, de ciertos sectores sociales y, sobre todo, de los políticos, que son quienes mayoritariamente les consiguen los recursos financieros necesarios para la supervivencia y la prosperidad de sus organizaciones.

[2] En este caso, se les considera egoístas, debido a que dan prioridad a sus intereses económicos frente a los problemas globales, pensando en el corto plazo frente al larguísimo plazo, que es en el que se mueven las instituciones con argumentos medioambientales. Es cierto que habrá personas y empresas creadas por dichas personas que optarán por conseguir beneficios a costa de, en este caso, la extinción de un recurso en una zona concreta. El problema es que se suele asignar este comportamiento al libre mercado y al capitalismo, y esto no es cierto. Un empresario partidario del libre mercado entenderá que su prosperidad recae en que el recurso necesita recuperarse y no de cualquier manera, sino en unas condiciones adecuadas para poder seguir explotándose, así que estará abierto a entender las razones que argumenten los medioambientalistas y podrá incluirlas en sus sistemas productivos. También podrá hacer campaña a favor de estas medidas y no por ello dejará de ser partidario de la libertad, ya que esta irá acompañada de la responsabilidad.

[3] En el ámbito marítimo que nos incumbe es más complicado, pero no imposible, aplicar la propiedad privada. Las especies marítimas, en especial las que se pescan, van y vienen y recorren miles de kilómetros. La acuicultura marina sólo se puede aplicar a algunas especies y dado que no se pueden compartimentar y aislar del resto de mar, se producen epidemias en las explotaciones que se extienden a los ecosistemas, como, por ejemplo, el piojo marino, un parásito que arrasa sin piedad. Entiendo la filosofía subyacente, que comparto, pero me cuesta no pocas veces ver su implantación. En tierra, los cotos de caza privados, con un buen mantenimiento, son ricos ecosistemas que se conservan bien. Al final, el éxito depende de aspectos morales de dueños y visitantes, de cumplimiento de acuerdos y de una vigilancia de los aspectos técnicos que permitan un estado adecuado del terreno según cambian las circunstancias, así como de una perspectiva en el largo plazo de la empresa.

[4] Este tipo de ingenieros suelen obviar algunos efectos no deseados y daños colaterales sobre otros aspectos de la sociedad, daños que ven, pero consideran menos importantes que sus objetivos largoplacistas. Es más, suelen ser incapaces de detectar tales efectos y daños colaterales, por lo que los daños suelen ser muchos más de los previstos. Un ejemplo reciente lo tenemos con la tarifa eléctrica y sus nuevos horarios, que todos estamos padeciendo.

[5] En el colmo de la desvergüenza, algunos políticos turcos echaron la culpa de la falta de pescado a los delfines que, por otra parte, también estaban siendo capturados masivamente por las flotas pesqueras, pues, todo hay que decirlo, a la hora de pescar, les cuesta discriminar entre especies pescables y otras que no deberían serlo. Aunque en este caso, la tecnología es cada vez más eficiente.

El Mar Negro (I): Un acercamiento

El Mar Negro (II): El impacto soviético

El mito del Gran Enriquecimiento

Recientemente he tenido oportunidad de leer un par de libros en que se habla de un concepto con él que no me había tropezado anteriormente. Me refiero al llamado Gran Enriquecimiento (“Great Enrichment”), que parece deberse a Deirdre McCloskey, coautor de una de las obras[1], y bastante citado en la otra[2].

Este Gran Enriquecimiento es el término usado para describir la multiplicación de la renta per cápita en los últimos 200 años, en el que habría pasado de ser 3 USD diarios a unos 130 USD. Como se puede apreciar, el periodo histórico viene a ser el transcurrido desde lo que la gente conoce como Revolución Industrial hasta la actualidad. O sea, sería algo iniciado en los países del norte de Europa, principalmente Holanda e Inglaterra. ¿Y por qué aquí de entre todos los países? Pues porque habría sido aquí donde surgió una nueva actitud respecto a cómo progresar o mejorar en la vida, gracias sobre todo al espíritu de la Reforma protestante. Vamos, que el Gran Enriquecimiento se produjo en estos países precisamente por la actitud ante la vida del protestantismo y el calvinismo, en comparación con la de los católicos.

Lo primero que llama la atención, y fue por lo que me puse a dar vueltas al tema, es el reconocimiento de una singularidad de este calado por un autor como Ridley. En efecto, uno de los temas dominantes en su maravillosa obra citada es que el proceso de innovación no es algo puntual, basado en genialidades de determinados individuos (aunque pueda haber alguna), sino que es continúo siendo normalmente difícil identificar dónde empieza una aportación y comienza otra. De hecho, los grandes inventores que conocemos son muchas veces aquellos que obtuvieron la patente del invento (con independencia de que fueran sus verdaderos inventores o no). En suma, que estos nombres afloran únicamente como consecuencia de un hecho singular, la concesión de la patente, que es algo meramente administrativo. En lugares sin sistemas de patentes resulta prácticamente imposible identificar inventores. ¿Es quizá por esto que la mayor parte de los inventores son anglosajones, no fueron ellos los primeros en tener un sistema de patentes?

Si aceptamos que la innovación es un proceso más o menos continuo, y puesto que la innovación es la principal, si no la única, forma en que se puede generar riqueza[3], ¿cómo es posible que surja una singularidad en el proceso económico de enriquecimiento? ¿Puede algo gradual dar lugar a algo singular? El sentido común te dice que no.

Cosa distinta es que se definan umbrales más o menos arbitrarios en ese proceso continuo, como pueda ser la concesión de una patente, o que se supere el umbral de que se genera una riqueza suficiente para el ahorro. Por ejemplo, se podría decir que hay un antes y un después una vez de alcanza un ritmo de generación de riqueza tal que la riqueza generada per cápita es superior a las necesidades mínimas per cápita, para todas las personas del mundo. Quizá fue este el umbral que se superó con el Gran Enriquecimiento. Pero en ningún caso se podría atribuir a singularidades de determinados países, pues ese umbral se iba a superar tarde o temprano dada la naturaleza continua del proceso de acumulación de riqueza que comenzó hace muchos milenios, cuando a alguien se le ocurrió llevar a cabo un intercambio directo con otra persona.

Ello nos lleva a otro punto importante: la cualificación de las innovaciones. No voy a negar la importancia de las que se produjeron en Inglaterra u Holanda durante la Revolución Industrial. Sin embargo, ¿son acaso más importantes que la invención del intercambio directo, del dinero o de la agricultura, por poner algunos ejemplos? Y eso por no hablar del ámbito institucional: ¿qué pasa con el invento de la propiedad privada?

Debate que podríamos trasladar fácilmente a la actualidad, donde acumulamos revoluciones a diario, la última la de los datos. ¿Alguien puede defender seriamente que todos los inventos de Internet han generado más riqueza que la creación del dinero? Si el inventor de dinero hubiera podido cobrar royalties por su invención, ¿cuánto se estaría llevando del negocio de Amazon? Sí, ya sé que es absurdo, pero no soy yo el que se empeña en ver las invenciones del momento como las más revolucionarias de la historia.

De nuevo nos tropezamos con que el proceso de enriquecimiento de la humanidad tiene las suficientes componentes de continuidad como para hacernos dudar de posibles singularidades ocurridas en un sitio u otro, y debidas a un cambio cultural traído por una religión.

Y ya que hablamos de historia, resulta un poco sorprendente que un autor como McCloskey pase de largo sobre uno de los eventos de emprendimiento más épicos de la historia de la humanidad. Me refiero, no puedo evitarlo siendo español, al descubrimiento y conquista de América. ¿O es que no considera emprendedores a los cristianos católicos que mayormente llevaron el peso de estas empresas? Nadie ha medido qué multiplicación de la renta se produjo en el mundo como consecuencia de que, de repente, se pudiera comerciar con un tercio de la Tierra hasta ahora desconocida. Quizá, si lo hiciéramos, nos llevaríamos la sorpresa de que ahí fue dónde ocurrió el verdadero Gran Enriquecimiento. A lo mejor la renta per cápita se multiplicó por mil en vez de por 40. Y cómo vemos, llevado a cabo por gente que no tenía ideales de “mejora” (según McCloskey, claro) pues eso solo pudo ocurrir tras el protestantismo.

Como no quiero incurrir en el chauvinismo de McCloskey y Mingardi, me apresuraré a reconocer que la expansión de la República romana pudo tener un efecto similar en su momento, o más atrás el imperio persa de Ciro. O tantos otros innovadores anónimos que sea por la vía tecnológica o institucional posibilitaron la generación de riqueza como nunca se había visto hasta ese momento.

El último punto que quiero resaltar es el de la acumulación de capital producida durante toda la historia de la humanidad desde el momento en que algunos de los individuos fueron capaces de ahorrar parte de su renta porque no precisaban su consumo para sobrevivir. Como es bien sabido, el capital acumulado tiende a incrementar la productividad, con cuyo incremento se acelera la acumulación de capital y así sucesivamente. Esto quiere decir que no es lo mismo partir de 0 que de 100, y que es mucho más fácil crear riqueza y multiplicarla cuando partes de mayor capital acumulado que si lo haces de menos. Que se lo digan a Robinson Crusoe cuando llega a la isla desierta: lo que sufre hasta conseguir la primera vara. Sin embargo, una vez la consigue, el exceso de producción de frutas del bosque que tal vara permite le posibilitará abordar proyectos inviables antes, como por ejemplo una choza. Esta choza parecerán aporta más riqueza que la vara, pero solo si se mide la creación de riqueza en términos absolutos en vez de relativos al capital previamente disponible, que es lo relevante a estos efectos.

En resumen, podemos constatar qué también en el ámbito de la economía austriaca existe la mitología. Espero que las líneas anteriores hayan contribuido a poner en duda este mito del Gran Enriquecimiento, cuya autoría, casualmente, se puede trazar al mismo origen que la leyenda negra española[4].


[1] McCloskey D. y Mingardi A. (2020). The Myth of the Entrepreneurial State.

[2] Ridley M. (2020). How innovation works.

[3] Puesto que la riqueza únicamente se crea mediante transacciones voluntarias y cada una de éstas en un acto de emprendimiento o de innovación.

[4] Véase, por ejemplo, Roca Barea M.E (2016). Imperiofobia y Leyenda Negra

Bitcoin jamás debería ser moneda de curso forzoso

Ayer miércoles día 9 de Junio la asamblea legislativa de El Salvador aprobó una ley que declara Bitcoin como moneda de curso legal en el país.  Esto implica que todo ciudadano de El Salvador está obligado a aceptar Bitcoin como pago de cualquier deuda. También que el gobierno tiene la obligación de aceptar Bitcoin para el pago de cualquier tasa o impuesto.

En mi opinión, fuera de la relevancia o publicidad mediática que esto pueda tener, creo que desde un punto de vista estrictamente económico no es demasiado relevante. Como ya he explicado anteriormente, ser medio de pago no es lo que confiere valor a un activo. No es condición necesaria ni tampoco suficiente.   

Para que un activo como Bitcoin tenga valor, y teniendo en cuenta que no es una cosa que se pueda consumir, sino que se posee con el único propósito de intercambiarlo más adelante, la gente tiene que querer atesorarlo.  ¿Y por qué alguien querría atesorar Bitcoin?  Pues porque volatilidad aparte, pueda considerar que es un activo seguro en el concepto más amplio posible.  Es decir, te da seguridad en el sentido de que tu parte del pastel no se va a diluir porque la oferta total es fija, te da seguridad ante impago porque no tiene riesgo de contrapartida (no es una deuda), te da seguridad ante que un tercero pretenda confiscártelos o impedir que los atesores o los transmitas cuando lo consideres oportuno, etc.

Por tanto, que un gobierno obligue a sus ciudadanos a aceptar Bitcoin como medio de pago sirve de bien poco o incluso es contraproducente si quien tiene que aceptarlo no quiere o no necesita atesorarlo, pues lo que va a hacer según lo acepte es venderlo inmediatamente por dólares o por otra cosa.   Con lo cual, se está obligando por la fuerza a incurrir en unos costes de transacción que son innecesarios.

Por otro lado, la calificación de Bitcoin como moneda de curso legal por parte de un Estado sí podría tener implicaciones contables en otros países y en los distintos sistemas bancarios, pues al pasar a ser una divisa oficial, aunque sea extranjera, el tratamiento contable y regulatorio podría ser distinto y es posible que permitiera una mayor flexibilidad en la gestión de saldos de Bitcoin por parte de los departamentos de tesorería de las empresas y las entidades financieras.  En cualquier caso, aún es pronto para valorar estas implicaciones. Habrá que dejar a los especialistas en estas cuestiones que lo digieran para saber hasta qué punto es relevante para los demás países el hecho de que Bitcoin pueda tener el mismo tratamiento que cualquier otra divisa extranjera.

Sí que me atrevo a valorar como netamente positivo que El Salvador haya eliminado los impuestos de ganancias patrimoniales para Bitcoin.  También que el país se obligue a sí mismo a aceptar el pago en Bitcoin para abonar cualquier tasa o impuesto.

Pero creo que sobra totalmente el artículo 7 donde se obliga a los demás, a los ciudadanos, a aceptar Bitcoin. Si el gobierno quiere obligarse a sí mismo y dar ejemplo, estupendo, pero no veo por qué tiene que obligar a nada a los demás. Me parece un ataque inaceptable a la libertad de las personas, y además, la propuesta de Bitcoin es totalmente contraria a este tipo de cosas, pues su funcionamiento se basa en la voluntariedad de las partes, y en funcionar al margen de que nadie pretenda prohibir u obligar a usarlo.

“No creo que volvamos a tener un buen dinero hasta que se lo quitemos al Gobierno de las manos, es decir, no podemos quitárselo violentamente, todo lo que podemos hacer es introducirlo astutamente de tal forma que no lo puedan parar.”

F.A. Hayek, 1984

La mochila austriaca: una vieja y muy necesaria idea

En España llevamos casi una década hablando de la mochila austriaca y son ya varios los partidos que han llevado la implementación de dicho modelo en su programa electoral. Aún así, nunca ha existido consenso político suficiente para su introducción, y la dificultad que supondría la transición desde el sistema actual a la mochila austriaca, ha terminado por mandar la idea al cajón de varios ministerios. Hasta hace poco. Recientemente se ha vuelto a hablar de la mochila austriaca, los beneficios que esta supondría para el mercado laboral español e incluso algunas propuestas de financiación. Todo ello ha ocurrido a raíz del informe anual del Banco de España (2021) y la posterior defensa en el Congreso de los Diputados de la implementación del sistema de mochila austriaca, por parte de Pablo Hernández de Cos. Según el Banco de España, la mochila austriaca beneficiaría al 70% de los trabajadores de España y ayudaría a paliar en gran manera uno de los mayores problemas de la economía española: la dualidad en el mercado laboral. Para comprender los beneficios de la mochila austriaca primero hemos de comprender su funcionamiento. Vamos a ello.

La mochila austriaca, o su implementación, se trata de intercambiar el actual sistema de indemnizaciones por despido por uno de cuenta de despido individual. El funcionamiento de dicho sistema se basa en que, desde el inicio de una relación contractual entre empresa y trabajador, el empresario destina mensualmente dinero a un fondo que en caso de despido o jubilación puede ser reclamado de manera íntegra por el trabajador, siendo este fondo portable entre empresas, en caso de que el trabajador decidiera cambiar de empleador. Asimismo, la introducción de dichos fondos iría acompañada de una reducción sustancial e incluso eliminación de las indemnizaciones por despido, ya que el trabajador las recibiría directamente de su fondo individual al ser despedido.

Al ser personal, dicho fondo no se vacía al cambiar el trabajador de empresa. Si un empleado decide cesar su relación laboral con una empresa y moverse a otra, el nuevo empleador será el encargado de aportar mensualmente al fondo sobre lo aportado por la anterior empresa. Por lo tanto, el sistema favorece la movilidad laboral y geográfica dentro del territorio nacional. Esto facilita que las empresas, en caso de tener que reducir sus plantillas no se vean siempre forzadas a prescindir de aquellos trabajadores que menos tiempo lleven en la compañía (a causa de un menor coste de indemnización) y podría por lo tanto ajustar sus plantillas en base a la productividad de cada trabajador.

Por otro lado, los trabajadores no perderían derechos, ya que acumularían su derecho de indemnización de la misma manera, solo que, en lugar de producirse en un solo pago, se produciría a través de la acumulación de aportaciones periódicas al fondo, el cual podría ser liquidado por el trabajador bajo el supuesto de despido o jubilación. Respecto a este último punto, cabe destacar el hecho de que no sólo es que el sistema de mochila austriaca no reduzca ni los beneficios ni derechos de los trabajadores, sino que incluso añade algunos adicionales. En caso de llegar a la jubilación sin haber liquidado la totalidad del fondo, el trabajador puede recibir el valor de dicho fondo íntegramente, como si de un fondo de pensiones se tratase.

El sistema recibe el nombre de “mochila austriaca” a raíz de su implementación en Austria en 2003, donde parece que ha funcionado de manera efectiva, en base a los dos objetivos principales por los que se decidió introducir este sistema: facilitar la movilidad laboral, especialmente de aquellos trabajadores de mayor edad, contribuyendo  así a una reasignación más eficiente del factor trabajo, aumentando la productividad laboral y, construir una muleta adicional para el sistema de pensiones.

Hofer et al. (2012) mostraron que el impacto sobre la movilidad laboral fue positivo, partiendo de niveles previos de movilidad laboral muy reducidos. Por otro lado, el rol del sistema de mochila austriaca como complemento adicional a las pensiones de jubilación habría sido algo más reducido, ya que para aquellos trabajadores que hubiesen liquidado el fondo a causa de despido en una o más ocasiones durante su vida laboral, la cantidad acumulada al llegar a la jubilación era menor (Koman et al. 2005). Aún así, dichos trabajadores seguían recibiendo íntegra su pensión estándar del sistema público, ya que la mochila austriaca no pretendía en ningún momento sustituir o modificar el sistema de pensiones, sino simplemente actuar como un complemento adicional. Algunos economistas como Kettemann et al. (2017) han extraído conclusiones más amplias sobre el sistema de mochila austriaca. Dichos investigadores afirman que la transición de un sistema de indemnizaciones por despido como el actual (presente en la gran mayoría de naciones del sur de Europa) a uno de mochila austriaca contribuiría a reducir la tasa de desempleo y la temporalidad del mercado laboral.

Un punto clave si realmente se pretende reducir la dualidad del mercado laboral con la introducción de un sistema de mochila austriaca sería el cierre de la brecha de costes de despido. Es decir, lo ideal sería que las aportaciones mensuales al fondo fuesen de la misma cuantía para trabajadores temporales e indefinidos. Aún así, en el proceso de transición, dichos aportaciones se podrían adaptar para cerrar la brecha de manera progresiva.

A pesar de todo, la implantación de un sistema “completo” de mochila austriaca resultaría muy complejo, al menos en la actualidad, por lo que seguramente habría que optar por un sistema parcial, en el cual el fondo y las indemnizaciones por despido supongan la mitad cada cual de lo recibido por el trabajador en caso de cese contractual. La cuantía seguiría siendo muy similar, pero con una distribución intertemporal de los costes diferente, lo cual permitiría a las empresas y trabajadores adaptarse paulatinamente al nuevo sistema.

Una de las mayores dificultades y trabas en la transición al sistema de mochila austriaca lo encontramos en el coste de dicho proceso de evolución del sistema actual a un sistema de cuenta de despido individual, independientemente de si este finalmente fuera completo o parcial. Para facilitar dicha transición, el Banco de España propone que el Estado aporte temporalmente a los fondos de los trabajadores españoles: 5 días por año trabajado en el primer año de transición, 4 días en el siguiente, 3 días en el tercero y 2 días en el último año que el Estado contribuiría a co-financiar el sistema de mochila austriaca, cubriendo la empresa el diferencial hasta alcanzar una cuantía similar a la del sistema actual pero pagada en forma de cotizaciones al fondo en lugar de un pago único por indemnización. El coste total de dicha co-financiación estatal de la transición del sistema actual al sistema de mochila austriaca ascendería hasta los 8.031 millones de euros, según los propios cálculos del Banco de España. El organismo propone asimismo financiar dicha cuantía con dinero procedente de los fondos europeos, lo cual es posible, ya que la CE autoriza a emplear dichos fondos para financiar reformas estructurales asociadas al mercado de trabajo, como sería la descrita.

Por lo tanto, la mochila austriaca contribuiría a incrementar la eficiencia y el dinamismo del mercado laboral español, a la par que promovería un posible aumento de la productividad laboral, a través de un incremento de la movilidad laboral y geográfica del factor trabajo. La mochila austriaca, además, no solo no mermaría los derechos a prestaciones e indemnizaciones de los trabajadores, sino que los aumentaría al ser este fondo acumulativo, portable y liquidable tanto en caso de despido como de jubilación.

REFERENCIAS:

Hofer, H., Schuh, U., & Walch, D. (2012). effects of the Austrian severance pay reform. Reforming Severance Pay, 177.

Kettemann, A., Kramarz, F., & Zweimüller, J. (2017). Job mobility and creative destruction: flexicurity in the land of Schumpeter.

Koman, R., Schuh, U., & Weber, A. (2005). The Austrian Severance Pay Reform: Toward a Funded Pension Pillar. Empirica32(3-4), 255-274.

Banco de España (2021). Informe anual 2020.