Entrevistas en cuarentena: Antonella Marty – ‘Think tanks’ y populismo en Latinoamérica
Entrevista a Antonella Marty.
Entrevista a Antonella Marty.
Presentación Informe España de Market Trends.
¿Quién vigila en España a los vigilantes? El Gobierno al que deberían vigilar.
Ya ha transcurrido medio año de este accidentado 2020. Hoy se cumplen seis meses desde que se emitió la primera alerta científica sobre el virus de Wuhan. Desde entonces, 10 millones de personas han dado positivo y 500.000 personas han muerto a causa del coronavirus, sin entrar en la complicación de los datos oficiales.
La pandemia se ha instalado en nuestras vidas, junto con el miedo, el teletrabajo (quienes puedan) y una invitada a medio desvelar, que sólo ha mostrado una parte de su rostro: la crisis. Las consecuencias económicas del prolongado cierre decidido por el gobierno están, negro sobre blanco, en informes y artículos. Pero el limbo de los ERTE y la comprensible excitación ante las vacaciones de verano nos ciegan. No queremos saber nada. Ahora, no, por favor.
Con lo mal que lo hemos pasado, podrían darnos un poco de ‘vidilla’, al menos en el mes de agosto, y ya a la vuelta cargamos sobre nuestros hombros el madero de la cruz que, de nuevo, el gobierno considere que merecemos soportar, a costa de lo que sea. No estoy sola en esto: así estamos muchos.
Sin embargo, no está de más recordar algunas de las sombras que se ciernen sobre nosotros, y que irán materializándose, de aquí a finales de año.
La salida del Reino Unido de la Unión Europea está lejos de haber finalizado. Las negociaciones, durante los pasados cuatro años, desde el referéndum del año 2016, se han centrado en los términos de la salida. Pero no se concretaban los siguientes pasos ¿Cómo va a ser el día de después? Eso es lo que deberá decidirse de aquí a diciembre, ya que Boris Johnson ha expresado claramente su intención de no alargar más esta situación.
Hay varios temas delicados como, por ejemplo, el de la pesca. Los barcos europeos no podrán faenar en aguas británicas como siempre. Otro es la investigación: ¿se va a producir una fuga de cerebros en el Reino Unido si las condiciones de los investigadores comunitarios se endurecen?
En los meses de julio y agosto, ambas partes tendrán que concretar estos y otros desagradables flecos en una de las peores situaciones para ambas partes. La pandemia no está bajo control. Los científicos siguen sin poder responder a las preguntas que nos devolverían la confianza.
No está probado que el virus haya perdido fuerza, ni que los rebrotes lo sean o, por el contrario, se trate de reactivaciones de virus que no se han acabado de eliminar, y que han dado falsos negativos. No sabemos nada seguro acerca del tiempo que dura la inmunidad en quienes lo han pasado.
Desde el punto de vista económico, no sabemos cuándo vamos a poder lanzar la economía a pleno gas o si vamos a tener nuevos frenazos. Y, mientras, ahí está el coste del Brexit, mirando desde la puerta, mientras nos acercamos, sin remisión posible. Hay un centenar de personas en cada equipo de negociación y once sub grupos de trabajo que se encargan de limar diferencias para llegar a acuerdos. Eso no es gratis.
Ignacio García Bercero, negociador de la UE para el TTIP (Trasatlantic Trade and Investment Partnership) con Estados Unidos, tuiteaba el pasado 12 de junio que, una de las peculiaridades del Brexit es que la solución por defecto, si no se llega a un acuerdo, no se corresponde con el status quo actual, y por eso, ha de estar todo bien cerrado. Los medios británicos se hacían eco de las declaraciones de García Bercero con cierto brillo de esperanza en sus ojos.
La segunda sombra en nuestro horizonte es, precisamente, la situación económica de nuestro país y de nuestros socios de la Unión Europea, especialmente respecto a las ayudas. No es que los plazos europeos vayan lentos, es que lo que el gobierno español quiere es acogerse a las nuevas medidas, nuevos fondos, nuevos requisitos. Y eso sí tarda.
Hay ayudas previstas a través de mecanismos aceptados por todos (nosotros también) que no pensamos tocar, porque el gobierno no quiere tener que aplicar reformas con alto coste electoral, a pesar de que, económicamente, es lo más conveniente, ahora mismo. Las reformas estructurales son dolorosas pero limpiar una herida infectada también. La clave de ambos procesos es que son imprescindibles para solucionar las cosas de raíz, con visión a largo plazo.
Si alguien tenía en mente que el recurso a la EU va a ser similar al de la pasada crisis del 2008, que se lo quite de la cabeza. Italia y España son los países más afectados, pero no los únicos. Por ejemplo, debido a las expectativas frente al Brexit, las exportaciones alemanas al Reino Unido se han desplomado. Un 30% de las empresas alemanas está asumiendo ya que no va a haber acuerdo: se preparan para el terremoto.
Los países de Europa del Este, conscientes de que el dinero no cae del cielo, no quieren que haya recortes de fondos estructurales que compensen las aportaciones extraordinarias previstas para los afectados por el Covid-19, principalmente, para Italia y España. Es un tema sin resolver.
Finalmente, no hay que olvidar la complicación añadida que suponen China y Estados Unidos. Ninguno de los dos colosos va a poder recuperarse sin el concurso de los países que estamos en medio de su guerra comercial. Es cierto que, desde el punto de vista sanitario, la situación de ambas naciones es muy diferente.
No me atrevo a decir que China lo tiene controlado. Estados Unidos está en plena eclosión. Y, aunque es cierto que el mercado laboral estadounidense, previsiblemente, se recuperará mucho más rápido que el nuestro, no sabemos cuál va a ser el calado del perjuicio económico debido a la pandemia allí, porque se encuentran en plena batalla.
Esta incertidumbre, tanto acerca de los rebrotes en algunos lugares de China como del futuro estadounidense, ensombrecen la guerra comercial abierta que arrastraban antes del Covid-19. Y nos pilla en medio.
¿Cómo vamos a afrontar estas tres tormentas que, sin duda, nos van a afectar de una u otra forma? No soy muy optimista. Me gustaría que, al menos, por una vez, lo hiciéramos con luz y con los ojos abiertos. Como personas adultas.
Recomendaciones de películas.
El caso iraquí muestra que no es necesario el apoyo de un Gobierno o Estado para que una moneda tenga valor.
El martes, 23 de junio, el Congreso de los Diputados aprobó por una abrumadora mayoría la proposición no de ley que insta al Gobierno a tomar medidas contra el negacionismo de la violencia de género. La petición, propuesta por el Grupo Parlamentario del PSOE, fue votada por los siguientes grupos parlamentarios, por orden de presencia en la Cámara:
En total, 298 diputados, más del 85 por ciento de la Cámara, votó a favor de la PNL. ¿Qué motivó este inusual consenso para un asunto que puede resultar polémico?
La proposición establece que hay algo llamado violencia de género. Me distancio de lo que recoge la PNL no porque yo niegue violencia alguna, sino porque lo que dice que se produce en España es algo muy concreto, una realidad, la que estaría amparada por el sintagma “violencia de género”. En resumidas cuentas, esa “violencia de género” está definida por lo siguiente:
Es una “violencia específica que se produce contra las mujeres por el hecho de ser mujeres”. Además es una violencia “estructural contra las mujeres [que] tiene su origen en la desigualdad”, y “el machismo apuntala esta violencia”.
No da más pistas, pero sí recoge que esa “violencia de género” (VdG) es una idea que está incrustada en “el marco normativo” y está respaldada por “las investigaciones académicas”, unas, “científicas”, otras. Además, sobre la existencia de tal VdG existe, según indican, un “consenso social y político”.
Esto lo dice el preámbulo de la PNL. Ya llegaremos a ella, pero corramos a decir que es absurdo negar su existencia. Sólo podría hacerse conociendo todos los casos de violencia de hombres contra las mujeres y, sobre todo, su motivación específica. Sin ese conocimiento holístico, ¿quién podría negar que hay casos de una “violencia específica, estructural, contra las mujeres, por el simple hecho de serlo”?
Pondré un ejemplo: El otro día vi un vídeo en el que un transeúnte se cruzaba con una mujer, de 99 años, con la que no tenía ninguna relación previa. El joven la vio, y le propinó un empujón que la derribó. ¿Lo hizo porque ella era mujer? ¿O quizás fue porque ella era blanca, y él negro en pleno furor de ‘Black lives matter’? Eso sólo nos lo puede decir la intimidad del podrido cerebro de ese joven. Pero insisto en que negar que ese tipo de violencia se dé es un absurdo.
Otra cuestión es su relevancia. ¿Cuántos de los hechos violentos de hombres hacia mujeres en España se deben a esa motivación? Si los hombres agrediesen a las mujeres sólo por el hecho de serlo, las agresiones serían aleatorias, y casi ninguna en el ámbito familiar, donde es fácil que el agresor sea identificado. Pero no es así, en todos los casos, o casi todos, hay una relación previa a la violencia entre ambas personas, por lo que aquí se juntan infinidad de motivaciones. Muchas serán comunes, porque la naturaleza humana es limitada, pero las hay muy diversas.
Si lo que pretende el preámbulo de la PNL no es afirmar que existe lo que describe como VdG, sino que todas las actuaciones violentas de hombres contra mujeres son de esa índole, entonces el asunto entra ya dentro del ámbito de lo debatible. Hay varias consideraciones que se pueden hacer para defender que esa pretensión no es evidente. Por ejemplo, hay muchos más hombres víctima de la violencia de otros hombres que mujeres. Los hombres son más violentos que las mujeres, lo cual es fácil de explicar por la psicología evolucionista. Aunque pueda haber razones puramente culturales, y por tanto matizables en alguna medida, hay un sustrato biológico indudable. Se sabe, por ejemplo, que la testosterona mitiga la empatía.
Pero si queda acreditada la mayor violencia de los hombres, no hay que recurrir a una explicación secundaria, como que el que ejercen sobre las mujeres es por el simple hecho de serlo. Subjetivamente es una idea extraña, la verdad. Y, en cualquier caso, plantearía la cuestión de si el grupo sexual que es más objeto de violencia por parte de los hombres, que son otros hombres, reciben esa violencia también por ser hombres. El preámbulo de la PNL nada dice al respecto, y son cuestiones que se debería plantear.
Por otro lado, hay violencia de algunas mujeres hacia algunos hombres o hacia otras mujeres; porque la naturaleza, o si prefieren la evolución, nos ha hecho distintos a este respecto, pero no tanto. ¿Cuánta de esa violencia es la imagen especular de la VdG, como la describe el documento?
Y, sobre todo, ¿cuántos de los 298 diputados que han votado la PNL del PSOE se han planteado en serio lo que pone? No hará falta que responda a esta pregunta.
Esto incluye al propio PSOE que, sin embargo, dice que negar que toda violencia de un hombre contra una mujer encaja en este estereotipo ideológico de VdG (estructural por el simple hecho de ser mujer) atenta contra el consenso político (lo cual, vista la votación, es innegable), contra el veredicto de la ciencia (no han visto un debate científico ni por asomo), y contra las propias víctimas. Sobre ellas sólo diré que un mal diagnóstico sobre la violencia, adoptado por la clase política como dogma, nunca puede ser una ayuda.
Pero llegamos a la propia proposición no de ley, y ya era hora. La voy a citar letra por letra: “El Congreso de los Diputados, reconociendo la existencia de una violencia específica contra las mujeres que se produce por el hecho de ser mujeres, insta al Gobierno de España a combatir discursos machistas y negacionistas de la violencia de género y seguir impulsando el Pacto de Estado contra la Violencia de Género”.
No es una PNL, es un bodrio sobre el que se agolpan infinidad de consideraciones. La primera es, ¿cómo se puede llamar a la opinión contraria a que toda violencia hombre-mujer encaje en una definición tan estrecha, “negacionismo”? La palabra “negacionismo” tiene un significado preciso: la negación del hecho histórico del holocausto, el genocidio específico del pueblo judío llevado a cabo por los nacionalsocialistas. Por ejemplo, Irán, socio estratégico de Podemos, que ha apoyado esta PNL, organiza simposios negacionistas. Y, por cierto, asume un discurso hacia el pueblo judío y en particular hacia Israel que suena, como en un sombrío eco, en los discursos del propio Podemos.
Pero estar en desacuerdo con que esa definición de violencia encaje en todos los casos no se parece ni por asomo. Afirmar que las motivaciones de la violencia son complejas y que no todas se ajustan a una definición puramente ideológica, creada como ariete contra la sociedad actual, no es lo mismo que negar que esta violencia se produzca. Por cierto, que hay otras violencias, las que no son del hombre hacia la mujer, que las feministas sí niegan u ocultan.
Es más, la propia PNL hace referencia, ¡Ay!, a la ciencia. La ciencia tiene por misión entender la realidad y ello le lleva a poner en duda, y en ocasiones a enfrentarse abiertamente, a todo tipo de consensos. Especialmente a los consensos lysenko-políticos.
Pero hay más efectos estupefacientes de esta proposición. ¿Qué medidas puede adoptar el Gobierno? Aún reconociendo sin reservas toda su voluntad censora, ¿qué instrumentos puede utilizar el Gobierno para prohibir que otros expresen su opinión distinta a la proclamada como verdad oficial?
Y ¿Qué hacen Partido Popular y Ciudadanos votando este dislate? ¿También se suman a esta estrechísima definición de violencia para hacer pasar por ella a toda manifestación de la misma? ¿Será cierto que desean que el Gobierno ponga todos los medios a su alcance en contra de quienes sospechan que no todos los casos son como pretende esta posición ideológica? Este atentado al debate, este ataque desmedido contra la misma ciencia, ¿les parece a estos partidos algo merecedor de apoyo? Se ve que Pablo Casado, desde que ha elogiado públicamente la figura de Mariano Rajoy, ha dado por buena la expulsión de los liberales del partido. Pero ¿Y Ciudadanos? Aquel partido de dos almas, socialdemócrata una y liberal la otra, pero ambas ancladas a un (endeble) fondo ilustrado, ¿dónde ha quedado? El único partido que ha levantado la voz (literalmente) contra esta proposición no de ley ha sido Vox. Tengo muchas reservas hacia esta formación, pero aquí ha aportado todo el sentido común que le ha faltado al resto de la Cámara.
Conferencia de Miguel Anxo Bastos.
“The best things in life are free, so you can give them to the birds and bees”. Berry Gordy.
El Gobierno más caro de la historia, con más ministerios y cargos públicos, dice que “hay margen para subir los impuestos” y que “recaudamos menos que la media de Unión Europea”. De hecho, nos dicen que recaudaríamos hasta 60.000 millones más “adecuando la fiscalidad a la media europea”. Es una falacia de cuento de la lechera.
El Gobierno sabe que con la subida brutal de impuestos que planean no recaudaría ni un 5% de los más de 115.000 millones de déficit de 2020. Es que no recaudarían ni siquiera la cantidad en la que se desviaron del objetivo de déficit en 2019. Es decir, con medidas que ponen más escollos a la recuperación, expoliando a empresas y familias ni siquiera reducirían el déficit excesivo… de 2019.
El engaño, como siempre está en hablar de presión fiscal (ingresos sobre PIB) en vez de esfuerzo fiscal (impuestos pagados sobre renta per cápita) y sin atender a la realidad económica del país.
España, según el Banco de España, recauda un 4% de PIB ‘menos’ que la media de la Unión Europea. ¿Por qué? Porque tiene más del doble de paro, empresas más pequeñas y mucha más economía sumergida. Por lo tanto, no es que recaude poco, recauda y extrae mucho de los contribuyentes cautivos.
Tenemos una fiscalidad muy alta para los que contribuyen, y esto supone un escollo para reducir el paro y fortalecer el tamaño empresarial y, con ello, las arcas públicas.
Si el Gobierno se dedicase a favorecer la creación de empleo, permitir la reducción de la economía sumergida y aumentar el tamaño empresarial con una fiscalidad competitiva, no estaríamos siempre debatiendo si recaudamos poco o mucho. Porque lo que se recauda es simplemente el reflejo de la realidad económica del país. Si imponen una fiscalidad desconectada de esa realidad, ni recaudan, ni crecemos, ni creamos empleo. Y luego nos repiten la falacia de que el gasto público es bajo y recaudamos poco.
La medición del gasto público y los ingresos no debe hacerse sobre el PIB, que además se infla simplemente gastando y endeudándose, sino en base a la realidad de las empresas y familias del país.
La fiscalidad no se calcula en base a lo que quiera recaudar el Gobierno, sino a la capacidad y proporcionalidad inherente a la economía. Y España es un país de pequeñas empresas y pocas rentas altas con una administración para millonarios.
Un país donde la mayoría de las empresas son microempresas y que solo tiene 7.000 personas entre las rentas altas (menos de 90.000 si llaman ‘rentas altas’ a más de 125.000 euros anuales) no se puede permitir una administración extractiva que solo piensa en recaudar aunque se haya devastado el tejido empresarial y el empleo en el cierre forzoso más incompetente del mundo, que nos va a llevar a una caída del PIB del 13% y un paro del 26% mientras el gobierno más caro de la historia sigue intacto.
El estudio publicado por el Instituto de Estudios Económicos (IEE) muestra claramente la realidad de una fiscalidad en España que está muy lejos de ser competitiva y que además es muy superior a la media de la UE y la OCDE:
– La mayoría de los países nórdicos (Finlandia, Noruega, Suecia) tienen una fiscalidad más competitiva que la española en cuanto a empresas, creación de empleo y capital y en fiscalidad de la propiedad. Lo que siempre nos ocultan de los países nórdicos es que recaudan más porque tienen un IVA e impuestos indirectos más altos.
– El Impuesto de Sociedades en España supera los promedios de la OCDE, la UE-28 y el conjunto de las economías del mundo. La falacia de que las grandes empresas pagan “pocos” impuestos viene de sumar a los beneficios en España los generados –y tributados– en el resto del mundo y llegar a un tipo implícito falso. La realidad es que los grandes grupos pagan un 18,96% y las entidades financieras en su conjunto un 22,43% sobre su base imponible, según datos de la AEAT.
– La presión fiscal que soportan las empresas en España es 1,2 puntos porcentuales superior a la de la media de la Unión Europea. La presión fiscal normativa derivada de la carga del Impuesto de Sociedades es un 16% superior a la media de la Unión Europea.
– España tiene una presión fiscal normativa que es un 8,1% superior a la media de la Unión Europea y muy superior a la media de la OCDE.
Incluso si utilizáramos el argumento basado en el cálculo de presión fiscal usado por la ministra, el propio Banco de España desmonta que estemos siete puntos por debajo de la media, es muy inferior, y nos revela que estamos en la media o por encima en ingresos de empresas, patrimonio y renta.
El Banco de España, en un estudio de López-Rodríguez y García Ciria, Estructura Impositiva de España en el contexto de la Unión Europea, resalta lo siguiente sobre España:
1. Impuestos al trabajo: “En la imposición sobre el trabajo, la recaudación en porcentaje del PIB en España es inferior a la media de la UE-28 (…) No obstante, el peso de las cotizaciones sociales sobre el PIB es superior”, “especialmente la parte a cargo del empleador”. En España se “recauda” menos porque tenemos impuestos al trabajo demasiado altos que reducen el potencial de empleo y la capacidad de contratar. Y, con ello, tenemos más del doble de tasa de paro que la media con la que nos quieren comparar para expoliarnos.
2. Ya pagamos demasiado. Sigue el Banco de España: “De este modo, la cuña fiscal media, medida como cociente entre la suma de los impuestos sobre la renta personal derivados de las rentas del trabajo y las cotizaciones sociales, por un lado, y el salario medio bruto de los empleados a tiempo completo en el sector privado, por otro, se sitúa en España por encima de la media del conjunto de las economías de la OCDE para todos los tramos de renta y tipos de individuos de acuerdo con su situación familiar”.
3. ¿Y los ricos, las empresas y el patrimonio? “Por su parte, el peso sobre el PIB de la recaudación derivada de la imposición sobre el capital es más elevado en España que en la media de la UE-28, debido a una imposición sobre la riqueza superior, mientras que los ingresos derivados de las rentas de las empresas, así como los obtenidos de las ganancias y las rentas del capital de los hogares y los autónomos, se encuentran, en términos agregados, en niveles similares”.
¿Dónde está la diferencia que la ministra calla? En el IVA e Impuestos indirectos: “Esta menor tributación sobre el consumo se debe principalmente a la menor recaudación por IVA como consecuencia, sobre todo, del hecho que el tipo general del impuesto afecte a un porcentaje más reducido del gasto en consumo que en la mayor parte de los países de la UE-28. De manera adicional, la recaudación en impuestos especiales también es inferior, en particular en hidrocarburos, transporte, tabaco y alcohol, bienes en los que los tipos implícitos sobre su consumo son inferiores a los tipos implícitos promedio en la UE-28. Asimismo, España cuenta con una menor recaudación en términos del PIB derivada del conjunto de los impuestos medioambientales”. Todos estos impuestos los pagamos todos y, por supuesto, los subirán.
En impuestos al trabajo (cotizaciones sociales), empresas y riqueza estamos en la media o por encima. La razón por la que ópticamente “recaudamos menos” que la media de la Unión Europea viene de tener menor IVA y menos impuestos verdes y especiales. Es decir, impuestos que paga sobre todo la clase media. Lo que la ministra esconde es que van a subir todas estas figuras, que pagaremos todos, como siempre.
Incluso con ese análisis, España no debería subir estos impuestos indirectos y mucho menos ahora, porque añadiría a las trabas a la inversión y el empleo, un escollo a la recuperación del consumo.
España se enfrenta a un desastre económico sin precedentes. Subir impuestos, como ocurrió en el pasado, retrasaría la recuperación y nos volvería a poner en la cola de crecimiento y empleo.
Los aristócratas del gasto público siempre piensan que ellos gastan poco y usted gana demasiado. Ahora exigen economía de guerra a todos y administración de bonanza para ellos. Toca reducir gasto superfluo y pensar en atraer inversión, creación de empresas y empleo.
Solo lo conseguiremos si dejamos de hacer cálculos de ciencia ficción sobre ingresos imposibles y la administración empieza a enterarse de la elevada fiscalidad que ya sufrimos. Subirán los impuestos, no recaudarán casi nada y mucho menos para cubrir el enorme déficit acumulado, y cercenarán el potencial de crecimiento y empleo del país.
España solo saldrá de la crisis atrayendo inversión y facilitando la creación de nuevas empresas y empleo. Hemos perdido más de 120.000 empresas y 20.000 millones de euro de capital entre amenazas a los creadores de empleo, acusaciones y el cierre forzoso peor coordinado del mundo. El Gobierno debe parar la batería de subidas de impuestos y empezar a priorizar y hacer lo que pone en su descripción: administrar recursos escasos, no expoliar de lo que sobreviva a la crisis.
Entrevista a Luis Torras.