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Alumnos del IJM tendrán acceso gratis a TradingView

La libertad financiera es uno de los elementos clave en el desarrollo personal. Por esta razón, dentro de nuestra área formativa, estamos desarrollando, entre otras muchas materias, cursos y seminarios para mejorar la cultura económica y financiera de la sociedad. Y para lograr este cometido queremos facilitar a nuestros alumnos las mejores herramientas posibles.

El IJM ha cerrado un acuerdo de colaboración con TradingView para que cien alumnos del Instituto del Curso de Finanzas Personales Inteligentes puedan disponer gratuitamente de esta plataforma durante un año. TradingView es una plataforma de gráficos y análisis bursátil y una red social utilizada por más de 60 millones de traders e inversores de todo el mundo para detectar oportunidades en los mercados globales.

Con esta herramienta nuestros alumnos podrán seguir los mercados en el calendario económico, aprender a utilizar el analizador de acciones, estar al tanto de las últimas noticias y construir sus propios gráficos.

El INI redivivo al servicio del tirano (I)

Apenas dos años de terminada la contienda civil española, mientras la II Guerra Mundial se encontraba en su punto culminante, el dictador Francisco Franco Bahamonde dispuso una Ley que estableció el Instituto Nacional de Industria (INI)[1] en España.

Inspirado en el IRI (Istituto per la Ricostruzione Industriale) fundado por el gobierno fascista italiano de Benito Mussolini, su propósito declarado (Art. 1) era «Propulsar y financiar, en servicio de la Nación, la creación y resurgimiento de nuestras industrias, en especial de las que se propongan como fin principal la resolución de los problemas impuestos por las exigencias de la defensa del país o que se dirijan al desenvolvimiento de nuestra autarquía económica».

Durante un largo periodo de tiempo, bajo el mando directo del ingeniero y militar Juan Antonio Suanzes Fernández[2], esta entidad – que funcionaría bajo las reglas del derecho de sociedades, pero sometido al control férreo del gobierno[3] – llegaría a ser el mayor grupo industrial español, con presencia en sectores económicos muy diversos[4], tanto  empresas concesionarias de monopolios del Estado[5], como explotadoras de negocios – con claros privilegios legales y financieros – en competencia con las privadas.

Empresas públicas antes del Plan de Estabilización

Por otro lado, los criterios políticos que guiaban la gestión de este conglomerado determinaron numerosas adquisiciones de compañías con pérdidas crónicas o nula rentabilidad[6]. Situación que no fue  revertida radicalmente por la liberalización económica posterior al Plan de Estabilización de 1959. Los motivos “sociales” tenían un gran predicamento durante el franquismo, de manera que el mantenimiento con subvenciones públicas de empresas ruinosas se prolongó durante lustros.

Conviene recordar, no obstante, que empresas monopolísticas, tan conocidas en su tiempo, como Campsa (luego Repsol) Renfe, Telefónica, o Tabacalera nunca formaron parte del INI. El caso de RTVE, fruto de la fusión de Radio Nacional y Televisión Española, reviste un carácter aun más peculiar. Desde que el gobierno republicano de Alejandro Lerroux declarase la radiodifusión una función “esencial y privativa del Estado” asignada a la Dirección general de comunicaciones en 1934[7], durante el franquismo pasó a depender del Ministerio de Información y Turismo; convertirse en organismo autónomo del Estado entre 1977 y 1980; Ente Público hasta 2007 y, finalmente, “Corporación”, con un capital perteneciente por entero a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI).

Teneo

Precisamente la aparición de ésta fórmula de reconfiguración del INI con el nombre de SEPI se tramó por el gobierno del PSOE de Felipe González Márquez, al mismo tiempo que se desarrollaba un proceso de restructuración industrial. Mediante un simple artículo de la ley de presupuestos para 1992[8] previó la creación de una sociedad anónima de titularidad pública, a la cual el Instituto Nacional de Industria (INI) transferiría las acciones de aquellas empresas públicas susceptibles de ser gestionadas con criterios empresariales homogéneos y que se regiría con estricta sujeción al ordenamiento jurídico privado.

Este grupo se llamaría Teneo, según sucesivos acuerdos del Consejo de Ministros. A continuación[9], el gobierno impulsó la creación en paralelo de la Agencia Industrial del Estado y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales. La primera agrupó las participaciones públicas en las entidades mercantiles sujetas a planes de reestructuración, mientras que la segunda recibiría las participaciones de titularidad pública en las restantes entidades mercantiles que le parecían al gobierno rentables.

Con la falta de transparencia característica de los gobiernos españoles respecto a los detalles, en aquel tiempo se esgrimió como argumento fundamental que la puesta en marcha del Acta Única de reforma de la Comunidad Económica Europea impedía las subvenciones a las empresas públicas por parte del Estado, a excepción de sectores muy concretos.

Repliegue sin liberalización

Este repliegue táctico de la participación estatal en la actividad económica no se acompañó de una simplificación regulatoria y una liberalización de los mercados, ni de reformas serias para reducir el tamaño ni los déficits públicos recurrentes en las cuentas de las administraciones públicas a largo plazo. Bien es cierto que, aparte de conseguir el cumplimiento de los criterios del Tratado de Maastricht para acceder al euro[10], el primer gobierno del PP de Jose María Aznar López decidió la disolución de Teneo, que vendría a ceder su balance a su único accionista en ese momento, la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales. Una medida insuficiente para un propósito más ambicioso de reducir estructuralmente el tamaño del sector público empresarial, si no eliminarlo.

Antes al contrario, la habilitación al gobierno, bajo la dependencia directa del Ministerio de Hacienda, para gestionar a su capricho una sociedad pública dirigida supuestamente a obtener la mayor rentabilidad de sus acciones y participaciones, simulando que el Estado es como un empresario más, sembró la semilla del desbarajuste y la arbitrariedad.

La extrema izquierda y los sindicatos atrincherados en las empresas públicas propagaron con evidente éxito propagandístico que el cierre de algunas que estaban en quiebra o las privatizaciones de Repsol, Endesa, Telefónica o Iberia supusieron el “desmantelamiento del Estado” y la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo. Obviamente, el efecto de expulsión sobre la actividad empresarial privada que provocan tanto el gasto público como los privilegios de las empresas públicas no se consideran por estos apologetas de “lo público”. Como tantos otros discursos, incluido el de la derecha mercantilista, estas falacias ocultaban lo que se estaba fraguando.

Empresas públicas: SEPI

En realidad, la SEPI, con los gobiernos siguientes de Jose Luís Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy Brey, continuó su proceso de huida de la fiscalización y de rendición de cuentas, tanto desde la perspectiva interna de la Administración pública como del Tribunal de Cuentas o, en última instancia, la política de las Cortes Generales.

Asimilar formalmente a las empresas estatales a sociedades mercantiles privadas significa no querer reconocer la radical diferencia entre unas y otras. Los estados o sus gobiernos no pueden identificarse con las personas que se asocian voluntariamente, arriesgan su capital y, usando su capacidad creativa, descubren oportunidades de ganancia que surgen en su entorno. La administración pública que aporta capital a una empresa tiene que extraerlo de forma coactiva de empresas y personas naturales o financiarse con sus privilegios. Los intereses generales no pueden confundirse con los particulares de los políticos que ostentan el poder en un momento determinado.

Gaspar Ariño Ortiz

Porque ésta última confusión interesada constituye el pilar sobre el que descansa la justificación de un conglomerado público que actúa tan pronto como un fondo de inversión o como un “audaz inversor” que quiere asumir la propiedad del capital de cualquier compañía que le interese y su dirección. Como señaló Gaspar Ariño Ortiz[11],

junto a los intereses teóricos de los propietarios o de los managers, en la normal relación de agencia, se interponen aquí unos intereses de nuevo cuño, que son los de los burócratas y políticos. Los primeros buscan ante todo maximizar su influencia, el tamaño y amplitud de sus departamentos (ya que no pueden elevar mucho sus salarios, amplían su influencia). Los políticos, sobre todo, lo que quieren es ser reelegidos y mantenerse en el cargo o posición que ocupen, para lo cual necesitan desesperadamente cultivar sus clientelas y asegurar votos para el futuro.

Gaspar Ariño Ortiz

Considero necesario este exordio histórico y teórico para abordar la situación actual. Si todo lo anterior resulta cierto con carácter general, imagine el lector lo que puede suceder cuando el tinglado de la SEPI se utiliza como ariete por un tirano.

Notas

[1] La Ley de 25 de septiembre de 1941, publicada en el BOE del día 30 siguiente. Téngase en cuenta que en ese momento todavía no se había aprobado la Ley constitutiva de las Cortes (17 de julio de 1942) que les atribuiría algunas competencias legislativas, sujetas, no obstante, al veto del Jefe del Estado. Éste, “mediante mensaje motivado y previo dictamen favorable del Consejo del Reino” tenía la potestad de devolver las leyes a las Cortes para nueva deliberación …

[2] Quién fue director desde la fundación del INI hasta 1961, en que presentó su dimisión por sus diferencias con el ministro Gregorio López Bravo. A lo largo de ese tiempo, de forma curiosa, compaginó en un par de periodos dicho cargo con el puesto de Ministro de Industria.

[3] “El Instituto Nacional de Industria utilizará los métodos de las Sociedades Anónimas privadas para sus fines estatales, pero conservando siempre en la gestión y administración el control del Gobierno” (Art. 2 Ley)

[4] No solo los considerados “servicios públicos”, hiperregulados, como el agua, la energía, los transportes, las comunicaciones, los servicios urbanos o las infraestructuras de obra civil, en el sentido expansivo que la doctrina administrativista confirió a este concepto.

[5] Resulta muy interesante repasar el estudio pionero de Pedro Schwartz Girón y Manuel Jesús González González “Una historia del Instituto Nacional de Industria(1941-1976)“. Editorial Tecnos. Madrid 1978.

[6] Así, como ejemplos, tenemos mineras del carbón, siderúrgicas y astilleros como Uninsa, Hunosa, Altos Hornos del Mediterráneo, Hijos de J. Barreras o Astano.

[7] Ley de Radiodifusión Nacional de 26 de junio de 1934, publicada en la Gaceta de Madrid el 28 siguiente.

[8] El 107 LPGE 1992 de más que dudosa constitucionalidad por la especialidad de este tipo de leyes de presupuestos, que las inhabilita para reformar la estructura del sector público empresarial, por ejemplo.

[9] Mediante Real Decreto Ley 5/1995, de 16 de junio convalidado el 10 de enero por la Ley 5/1996.

[10] Relativos a 1) una Tasa de inflación que no podía ser mayor que un 1.5% respecto a la media de los tres Estados de la eurozona con menor inflación durante los últimos tres años precedentes al examen de la situación del país que quiere ser admitido. 2) el cumplimiento de un déficit presupuestario que no podía representar una cantidad mayor que el 3% del PIB al final de año precedente.

3) el cumplimiento de una Deuda pública que no podría superar el 60% del PIB 4) La obligación del estado a participar en el mecanismo de tipos de cambio del Sistema Monetario Europeo (SME) sin ninguna ruptura durante los dos años precedentes al examen de la situación ni devaluación de la moneda nacional y 5) el mantenimiento de un tipo de interés nominal a largo plazo que no podría exceder un 2% a la media de los tres estados con menores tasas de inflación (los mismos que los del punto 1) durante el año precedente al examen.

[11] “De la empresa pública a la empresa con participación pública: ¿privatización o reforma? Quizás ambas cosas”. Revista de Administración Pública. Núm. 138 Septiembre-diciembre de 1995.

Ver también

¿Por qué fracasan las empresas públicas? (Santos Mercado).

Deoleo, y el falso interés nacional. (Juan Ramón Rallo).

Cómo el Metro de Nueva York se convirtió en una pesadilla. (Gregory Bresiger).

Chanchullos políticos, pérdidas totales. (Jorge Valín).

Líos de faldas

José Luis Ábalos, firme candidato al Premio Juan de Mariana 2025, fue el encargado de defender, allá por el verano de 2018, la moción de censura que el Grupo Socialista había puesto a Mariano Rajoy para desbancarle de la presidencia del gobierno. No vamos a detenernos ahora en cuestiones sobre cómo los socialistas aunaron una mayoría con absolutamente lo mejorcito del arco parlamentario, incluido el mismo Partido de los Negocios Vascos que le había aprobado los presupuestos a Rajoy. Nos vamos a quedar con que el elegido para atacar al Partido Popular por la condena en el Caso Gürtel fue José Luis Ábalos, secretario de organización del PSOE.

La sentencia definitiva del Tribunal Supremo, mínimamente enmendada, establecía que el Partido Popular se había beneficiado “a título lucrativo” de la existencia de una trama corrupta comandada por Luis Bárcenas, el que fuera tesorero del partido. Esto es, los jueces no apreciaban que el partido tuviera conocimiento de esta trama corrupta de su tesorero, pero sí que se había beneficiado de ella a través del pago parcial de las obras de su sede con este dinero obtenido de forma ilícita.

Pues bien, Pedro Sánchez aprovechó este hecho para presentar una moción de censura, posteriormente victoriosa, sobre la base de que el PP era la corrupción personificada y que no podía seguir en el poder ni un minuto más. Y aquí llegamos a la inolvidable apelación parlamentaria del maestro Don José Luis Ábalos Meco.

Comienza la lucha contra la corrupción desde el PSOE

En política, desde la noche de los tiempos, Ábalos fue ascendiendo en el escalafón del partido hasta llegar la Secretaría de Organización, el número 3 de partido y el que confecciona las listas electorales, de la mano de Pedro Sánchez. Ahora lo tienen relegado al Grupo Mixto, sin secretaria y sin coche oficial (pobrecillo), aunque Sánchez ha olvidado que se pateó España buscando avales para su reelección como secretario general de partido, en una peregrinación con el propio Ábalos, Félix Bolaños y, oh casualidad, Koldo García. El personaje de Ábalos no se entiende sin Koldo, ni Koldo se entiende sin Ábalos.

Curtido en la seguridad privada como escolta en el País Vasco durante los terribles años del terrorismo, Koldo se ganó la confianza de Ábalos cuando se convirtió en su chófer allá por 2018. Su relación era tan amistosa que acompañó al ministro Ábalos a recibir a la vicetirana venezolana Delcy Rodríguez aquella noche de enero en Barajas, pese a la prohibición de pisar suelo comunitario, algo a lo que parece que ya se ha acostumbrado.

Ahora, Koldo es investigado por, entre otras cuestiones, la compra de un apartamento en Benidorm a nombre de su hija de dos años (que se ría la hija de Bono), según el juez, con dinero obtenido en las comisiones por la venta de mascarillas a precio de oro (nunca mejor dicho). Ahora mismo es repudiado y nadie se acuerda de él, aunque la investigación avanza y continuamente salen cada vez noticias más interesantes.

Jesica como empleada de compañía

Pero, lo más interesante del amigo Ábalos es lo que hemos conocido este mes. Resulta que el paladín contra la corrupción pepera, el azote de los poderosos que utilizan su cargo con beneficios personales, contrató a una amiga suya, Jessica, como auxiliar administrativo en Iveco, una empresa dependiente del Ministerio de Transportes del que Ábalos estaba al frente.

De hecho, esta persona acompañó a Ábalos en un viaje oficial por Emiratos Árabes a finales de 2018, cuando aún no tenía ningún cargo en empresas públicas o ministerio. Pero bueno, como hay que aparentar, en marzo de 2019 ya estaba colocada en dicha empresa pública. De momento, el gobierno se ha negado a hacer público su salario, aunque se han publicado correos electrónicos en los que esta persona pedía, más bien exigía, la nada desdeñable cifra de 1.500€ diarios por acompañar al ministro a viajes fuera de la Comunidad de Madrid.

Sin ir más lejos, desde que Sánchez llegó al poder y hasta 2022, los salarios nominales han aumentado de 1.714,93€, en catorce pagas, a 1.797,54€, la friolera de un 4,81%, mientras que, en el mismo periodo, la inflación acumulada ha sobrepasado un 10%. La pérdida de poder adquisitivo, especialmente entre jóvenes y clase media, es propia de una economía en recesión.

Pero lo peor de todo no es eso. Lo peor es que no hay visos de que esto cambie.

Ver también

Alemania: crónica de un suicidio anunciado

En pleno centro de Europa se cuece actualmente una de las situaciones sociopolíticas más convulsas de las últimas décadas; Alemania se encuentra al borde de un verdadero terremoto. A inicios de septiembre, las regiones de Turingia y Sajonia se convirtieron en los últimos ejemplos del auge de la extrema derecha de la mano del Partido Alternativa por Alemania. Mientras, analistas y “expertos” debaten el porqué de las causas, incluyendo temas como inmigración y encarecimiento del coste de la vida; el trasfondo, creo, es algo mucho más obvio e irónico en el país donde todo está perfectamente planificado: el caos y la esquizofrenia política.

Para explicar este fenómeno no hace falta remontarse mucho tiempo atrás, si se observa el gobierno de Angela Merkel, se pueden encontrar algunas claves más reveladoras sobre los males que aquejan al país actualmente y los síntomas extremistas que nuevamente lo acompañan, agitando viejos fantasmas de su conocido pasado.  

Clave migratoria: de la solidaridad a la esquizofrenia

Quizás el ejemplo más llamativo ocurre en 2016, cuando el gobierno conservador de Merkel llevaba tiempo comprometiéndose a recibir a más de un millón de refugiados, principalmente provenientes de Siria, debido a la guerra civil y el posterior éxodo masivo en dicho país[1]. Esa política se llevó a cabo de manera masiva. Pasó por alto un control adecuado sobre quién entraba al país, qué conocimientos tenía y sobre todo, cuál era su pasado.

La  presión migratoria y la falta de adaptación cultural de muchos inmigrantes llevó a que en el año nuevo que daba inicio al 2016, alrededor de 1200 mujeres fuesen abusadas sexualmente, por lo que se calcula fueron más de 2000 sospechosos. En la ciudad de Colonia, donde fueron identificados 153 sospechosos, dos tercios eran de origen marroquí o argelino, 44% solicitantes de asilo, 12% personas en estado de ilegalidad y 3% menores de edad no acompañados[2].

Lo sorprendente no es sólo el hecho en sí, sino además que el gobierno central de Alemania encubrió los hechos, censurando su cobertura mediática y prohibiendo especialmente reportar el origen de los agresores, todo con el objetivo de no generar tensión social. Este encubrimiento masivo no fue algo denunciado por un multimillonario con ínfulas de grandeza, ni por periodistas amateurs, fueron los propios medios tradicionales como Kölner Stadt-Anzeiger y  Süddeutsche Zeitung[3] en un ataque de periodismo moral los que denunciaron las presiones brutales a las que se les quería someter so pretexto de proteger la convivencia cultural.

Crimen: oculto tu identidad, proclamo la mía

Es decir, un grupo de personas que han buscado una mejor vida en un país extranjero, cometen un acto brutalmente cruel y les tapan la identidad, mientras que si un local lo hace… se grita a los cuatro vientos. Ese tipo de corrección política e identitaria es un caldo de cultivo perfecto para que la población de un país termine con verdaderos sentimientos anti-migratorios; pues al tapar crímenes, se genera en el país una histeria colectiva producto de tapar el sol con un dedo.

Revelar la identidad de quien comete un crimen o admitir problemas de adaptación cultural no es una reivindicación racista; por el contrario, es querer separar la paja del trigo y dejar claro que en una democracia liberal todos deben respetar las leyes por igual y nadie recibe tratos de favor. Errar en eso equivale a dinamitar de manera letal la confianza que un país necesita tener en sus representantes políticos, de lo contrario, buscarán a alguien, quien sea, para hacerlo.

Clave energética en Alemania

Otro ejemplo de como los gobiernos moderados alemanes, aquellos “dignos” representantes del consenso político que llevó a la Reunificación, fue su política energética, que, en busca de luchar contra el cambio climático, se adelantó tanto que cerró todas sus centrales de carbón y centró sus fuentes en el gas provisto por Rusia (que como cualquiera sabe, nunca ha tenido problemas con Alemania). Merkel, antigua ministra de Ambiente y una luchadora incansable contra el cambio climático, hipotecó la independencia energética del país al hacer que el 55% [4]de la matriz energética correspondiente al gas viniese directamente de Rusia a través de gaseoductos como el Nord Stream 2 (aprobado y aupado por el gobierno de la CDU aun después de la invasión de Rusia a Crimea).

Al igual que el ejemplo anterior, es una manera de hacer política muy peligrosa, entregar la independencia energética de un país a un adversario políticamente hostil, aun cuando una buena parte de la economía del país depende de industrias que consumen grandes cantidades de electricidad, como es la automotriz.

Es decir, queremos coches eléctricos, ciudades inteligentes y energía limpia (siendo el gas el combustible de transición por excelencia)… ¿Quién se lo dará a Alemania? Rusia. ¿Problemas? Ninguno. Aquí el error no tardó en llegar, y si en el caso de los abusos sexuales la seguridad de la mitad de la población se veía amenazada, aquí eran los bolsillos de la gente. Tras la invasión de Rusia a Ucrania, se limitó el suministro de gas, los precios de la energía se disparan y hay que reabrir las contaminantes centrales de carbón.

Futuro inmediato

Todo era evitable, no era física cuántica o química en el caso de la señora Merkel, pero implicaba hacer algo valiente y no tan “trendy” como una transición más ordenada sin depender de potencias extranjeras y que tal vez no beneficiaran a políticos convertidos en ejecutivos de empresas rusas[5][6]. Sin embargo, una vez, los políticos de centro y “pragmáticos” optaron por una solución que ocasionó grandes problemas totalmente evitables.

Una sociedad democrática es tan fuerte como la capacidad de sus instituciones para dar respuesta a las demandas de sus ciudadanos de manera pronta y cumplida. El gobierno alemán no ha sido capaz de hacer eso. Durante las últimas décadas, en dos áreas clave como son inmigración y política energética, han caído en manos de políticos que han abdicado su deber de buscar la igualdad ante la ley, el bienestar y seguridad común, con tal de beneficiar modas o intereses personales.

Esa es la verdadera causa del auge de viejos fantasmas, que son aún peores, pero no son resentimientos infundados, racismo o discriminación, es la incapacidad de un sistema lo que lleva al límite a las poblaciones. Quizás aún los países europeos estén a tiempo de revertir sus errores, y de que el sistema vuelva a funcionar de manera efectiva. Las consecuencias de lo contrario, que todos conocemos, espero que no vuelvan a ocurrir.

Notas

[1] Refugees and asylum in Germany – statistics & facts- Statista (2024)

[2] German minister ‘told police to remove the word rape from Cologne sex assault report- Daily Telegraph (2016)

[3] Women in the Cologne Central Railway Station massively cornered. Kölner Stadt-Anzeiger

[4] How did Germany fare without Russian gas?- Brookings Institute (2023)

[5] El antiguo canciller Gerhard Schröder ha sido directivo de las empresas rusas estatales de energía Nord Stream AG, Rosneft, Gazprom.

[6] The Former Chancellor Who Became Putin’s Man in Germany- New York Times (2022)

Ver también

Alemania y Argentina: más señales de alarma. (Daniel Lacalle).

Algo está pasando en Alemania. (Luis Gómez).

La destrucción de la economía alemana. (Álvaro Martín).

Viendo los adolescentes de hoy, ¿cómo serían los empresarios del mañana?

Los adolescentes de hoy serán los empresarios del mañana, y consecuencia de las distorsiones acumuladas en el sistema durante las últimas décadas, ya enfrentan enormes desafíos económicos y políticos. El sobreendeudamiento, la inflación y el creciente intervencionismo han creado un entorno hostil para el desarrollo de los proyectos de vida de las generaciones más jóvenes. Los Estados, cada vez más inclinados a retener y exprimir a sus ciudadanos para sostener sus excesos políticos, han exacerbado estas dificultades. Aunque los adolescentes no siempre son plenamente conscientes de su situación de sometimiento, su frustración, desesperanza y conductas orientadas al corto plazo podrían ser respuestas a estas circunstancias.

Más allá de profundizar en los problemas acumulados del sistema, cuya solución reside en una mayor liberalización, un crecimiento poblacional, una mejora sustancial en la productividad y una tendencia hacia el ahorro y la inversión individual, este artículo tiene como objetivo identificar ciertos patrones de comportamiento en los adolescentes actuales que podrían ofrecer pistas sobre cómo serán los empresarios del futuro.

Adolescentes con menores riesgos, pero mayor sufrimiento.

Diversas investigaciones señalan una tendencia creciente entre los adolescentes de Europa y Estados Unidos que sugiere un aumento en su nivel de temor, una menor disposición a asumir riesgos y tener nuevas experiencias. Esto se refleja, en parte, en el menor consumo de alcohol, drogas duras y cigarrillos entre las nuevas generaciones, así como en una reducción de los encuentros sexuales casuales y las peleas físicas.

En paralelo, la generación Z conocida por ser menos conservadora y más progresista, esta mostrando señales alarmantes de ansiedad, depresión y desesperanza. Los datos del centro de control de enfermedades de USA, para las personas de 10 a 24 años, las tasas de suicidio aumentaron casi un 60% entre 2007 y 2018.  Es difícil encontrar investigaciones que comparen a las distintas generaciones en cortes de la misma edad, sin embargo, algunos datos intergeneracionales actuales son llamativos:

¿Hasta qué punto es bueno el miedo?

El hecho de que los adolescentes estén presentando menos conductas de riesgo podría interpretarse como una señal de que su situación ha mejorado. Si participan en más actividades deportivas, comunitarias, académicas y laborales, y reciben mayor apoyo familiar, es posible que disminuyan comportamientos como el consumo de drogas, la promiscuidad y la violencia física, lo que sería un indicio positivo.

Sin embargo, cuando se consideran otros factores psicológicos negativos, surge la pregunta: ¿y si la reducción de las conductas de riesgo es consecuencia de un mayor temor y una menor apertura a nuevas experiencias? ¿Y si la información en las redes sociales está teniendo un impacto perjudicial en su desarrollo? En este contexto, es válido cuestionarse si los adolescentes curiosos, audaces y abiertos al mundo tenían mejores cualidades emprendedoras que estos adolescentes más aislados, temerosos y, aunque bien informados, menos dispuestos a asumir riesgos.

El efecto de los pares y las redes sociales

No es del todo correcto caracterizar la disposición a asumir riesgos como una cualidad general, ya que esta depende en gran medida de variables contextuales, como la manera en que se presenta la decisión. Un ejemplo destacado de esta influencia es el famoso hallazgo de Kahneman y Tversky sobre el comportamiento asimétrico en la toma de decisiones frente al riesgo[1].

La disposición a asumir riesgos no es uniforme entre personas con características socio demográficas similares, lo que sugiere que se trata de una característica individual. No obstante, la interacción social influye significativamente en la alineación de las decisiones de riesgo entre adolescentes. En experimentos controlados, tanto los amigos como los compañeros de clase tienden a converger en sus decisiones después de discutirlas en grupo. Por lo tanto, aunque los adolescentes no tengan una aversión al riesgo similar, las interacciones presenciales o virtuales con pares, pueden hacer que sus decisiones convergen.

Por esta razón, es plausible especular que el “miedo” puede propagarse entre los jóvenes a través de las redes sociales, donde intercambian información sobre temores relacionados con emprender, mudarse, trabajar, conducir, comprometerse en una relación de pareja y, uno de los más comunes en adultos jóvenes, tener hijos. Las redes sociales pueden funcionar como una “estación de amplificación social”, en la que el volumen y el tono de los debates sobre los riesgos pueden intensificar la preocupación pública al cargar los mensajes con un fuerte componente emocional. Además, las interacciones en estas plataformas tienden a crear cámaras de eco, donde los individuos refuerzan mutuamente sus creencias acerca de los riesgos.

Perspectivas profesionales y el riesgo

Paradójicamente, pareciera que muchos jóvenes se arriesgan al tomar carreras que tienen pobres salidas laborales, algunos datos muestran que las carreras con mayor grado de arrepentimiento son Periodismo (87%), Sociología (72%), Artes y Estudios Generales (72%), Comunicación (64%) y Educación (61%). Sin embargo, es posible que la decisión detrás de estudiar este tipo de carreras no responda a una disposición a asumir riesgos por parte de los jóvenes o una excesiva autoeficacia percibida, sino a un desconocimiento por parte de los estudiantes de que existe un desfase entre los programas educativos ofrecidos y las habilidades laborales exigidas.

No es incorrecta la percepción de los jóvenes sobre el crecimiento del consumo de medios digitales, la aparición de nuevas formas y medios de storytelling, así como el aumento de la riqueza económica que permite a un mayor número de personas educadas dedicar su tiempo libre al consumo de contenido artístico y educativo. Sin embargo, cometen un error al suponer que las universidades —en algunos casos públicas, pero siempre marcadas por la burocracia y, por ende, resistentes al cambio— les ofrecerán programas de estudio que faciliten canalizar sus proyectos empresariales y profesionales hacia la creciente ola de los nuevos canales digitales de entretenimiento.

¿Qué puede perjudicar la función empresarial?

Las redes sociales son medios descentralizados en los que la información puede fluir y cambiar con mayor libertad que en los medios tradicionales centralizados, como la radio o la televisión. Como resultado, los adolescentes modernos viven en un mundo con mayor y mejor acceso a la información, lo que les permite identificar oportunidades de negocio más fácilmente. La individualidad y unicidad de los usuarios se reflejan en el contenido que los algoritmos les sugieren, lo que les permite combinar su estado de alerta con sus rasgos personales para evaluar y desarrollar nuevas ideas de negocio de manera más eficiente.

No obstante, el componente psicológico puede jugar en contra de los futuros empresarios. El aislamiento, la falta de experiencias vivenciales y la ausencia de logros tanto sociales como laborales pueden perjudicar las aspiraciones, la autoeficacia y la disposición a asumir riesgos entre los jóvenes.

El fracaso como camino hacia el éxito

Si bien la información puede ser muy útil para corregir el curso de nuestras acciones, el exceso de contenido filtrado por la deseabilidad social y la solidaridad sistemática en las redes sociales puede desincentivar la iniciación de proyectos empresariales. Paradójicamente, los grandes emprendedores han alcanzado el éxito a través del ensayo y error, un proceso que, intuitivamente, parecería generar más miedo que no intentarlo en absoluto. Sin embargo, quienes fracasan en sus primeros intentos suelen sentirse más cerca del éxito que aquellos que nunca lo intentaron.

En conclusión, los niños y adolescentes actuales necesitan una mayor exposición a experiencias desafiantes en el mundo real, desde el juego físico al aire libre en la infancia hasta experiencias laborales y de inversión durante la adolescencia. Me atrevería a afirmar que, en la formación de futuros empresarios, la educación ha pasado a un segundo plano, pues las mayores carencias residen en la capacidad de asumir riesgos, establecer compromisos y redes de apoyo, mostrar autocontrol (menor preferencia temporal) y manejar los conflictos interpersonales, la ansiedad y la incertidumbre.

Notas


[1] Según su investigación, cuando las personas se enfrentan a decisiones relacionadas con posibles ganancias, tienden a ser más conservadoras y aversas al riesgo. Por el contrario, en situaciones de pérdida, las personas suelen optar por decisiones más arriesgadas con la esperanza de evitar la pérdida. Esto se debe a que, psicológicamente, las pérdidas son percibidas como más intensas que las ganancias de valor equivalente.

Ver también

La fiebre de la empreduría. (José Hernández Cabrera).

Por qué Méjico va por el camino de servidumbre

Por Sergio Martínez. El artículo Por qué Méjico va por el camino de servidumbre fue publicado originalmente por FEE.

Hace ochenta años, Friedrich Hayek observaba con angustia cómo las democracias liberales occidentales parecían abrazar las tendencias autoritarias que habían dado origen al nazismo en Alemania. En Camino de servidumbre (1944), dedicó su obra «a los socialistas de todos los partidos», advirtiendo que tanto el socialismo de izquierdas como el nacionalsocialismo eran ramas del mismo árbol. Hayek temía que Inglaterra repitiera la historia que había presenciado en Alemania cuando escribió lo siguiente

Cuando uno escucha por segunda vez opiniones expresadas o medidas defendidas que ha conocido por primera vez hace veinte o veinticinco años, asumen un nuevo significado como síntomas de una tendencia definida. Sugieren, si no la necesidad, al menos la probabilidad, de que los acontecimientos sigan un curso similar.

Friedrich A. Hayek. Camino de servidumbre.

Paralelismos en Hispanoamérica

Hispanoamérica ha experimentado numerosas manifestaciones de gobiernos totalitarios, por lo que es fácil para los de la región, como yo, simpatizar con las advertencias de Hayek. Desde que el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) asumió el cargo en 2018 en México, mis amigos venezolanos han advertido repetidamente sobre las similitudes autoritarias entre el gobierno de Obrador y los de Chávez y Maduro. Obrador, un político de fuertes convicciones socialistas, publicó en 2018 un libro en el que denunciaba la corrupción como el principal problema de México. Lo que parecía una declaración inofensiva enmascaraba una creencia peligrosa: para Obrador, la corrupción era sinónimo de privatización y propiedad privada.

El gobierno de Obrador prometió inicialmente un alto crecimiento económico; sin embargo, durante su sexenio, el crecimiento del PIB per cápita de México apenas se movió, manteniéndose cercano a cero. A pesar de estos mediocres resultados, su partido obtuvo una aplastante victoria en las recientes elecciones presidenciales, en las que Claudia Sheinbaum, una leal aliada, se aseguró la presidencia. No sólo eso, sino que Morena, el partido de Obrador y Sheinbaum, se aseguró una mayoría legislativa capaz de realizar profundos cambios constitucionales.

Su éxito radica en una estrategia de aumentar las transferencias gubernamentales a los jóvenes y los ancianos, comprando eficazmente su apoyo electoral. Políticos como Obrador prosperan cuando la cultura económica de un país es débil, donde los beneficios a corto plazo ocultan los sacrificios a largo plazo necesarios para financiar estos programas.

Amenazas al poder judicial

Con una mayoría legislativa en la mano, uno de los últimos actos autoritarios de Obrador fue proponer una reforma constitucional al poder judicial. Durante el mandato de Obrador, el poder judicial mexicano bloqueó varias propuestas del gobierno, incluida una reforma del sector eléctrico que pretendía beneficiar a la empresa estatal Comisión Federal de Electricidad (CFE). Sin embargo, el 11 de septiembre, a pesar de la oposición civil generalizada, el Senado aprobó la reforma.

Esta reforma obliga a los mexicanos a votar por cientos de candidatos judiciales seleccionados por el poder ejecutivo, amañando el proceso desde el principio. El expresidente Ernesto Zedillo criticó la reforma diciendo: «Habrá jueces y magistrados que no obedezcan a la ley, sino al poder político dominante». El gobierno tendrá el poder de perseguir, censurar o castigar a los jueces que desafíen sus intereses.

Con la reforma, la próxima presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tendrá la capacidad de impulsar una amplia gama de leyes que promuevan la visión estatista de Obrador: mayor control sobre el sector energético, mayor centralización del poder político, medidas proteccionistas y una regulación más estricta de la actividad privada. Obrador cree en las falacias de las políticas económicas que históricamente han conducido al empobrecimiento, como la sustitución de importaciones, la redistribución y la confiscación de la riqueza. Las reformas corren el riesgo de tensar las relaciones comerciales de México con Estados Unidos y Canadá, ya que los inversores temen que sus inversiones estén mal protegidas.

¿Retorno al aislacionismo económico?

México depende de unas relaciones comerciales sanas con sus vecinos para cosechar los beneficios de la especialización y el intercambio. Sin embargo, las políticas de Obrador complican estas relaciones. Como mexicano, economista y libertario, no puedo evitar sentirme descorazonado por la dirección que está tomando mi país. El colectivismo gana terreno y el gobierno ha convencido a millones de mexicanos de que los críticos de sus reformas son enemigos del pueblo.

México ha realizado importantes esfuerzos institucionales desde la década de 1990 para abrirse al comercio, desnacionalizar empresas, proteger los derechos de propiedad y garantizar una democracia participativa con controles más estrictos. La autonomía del banco central ha protegido al país de una grave inflación, y la integración económica internacional ha mejorado el nivel de vida. Sin embargo, el gobierno actual ha hecho más por empeorar los problemas más acuciantes de la nación (es decir, la violencia de las bandas criminales y un mercado laboral hiperregulado) que por resolverlos.

Las condiciones institucionales necesarias para el crecimiento económico de México y la reducción de la pobreza requieren un gobierno que respete los derechos de propiedad y evite las acciones arbitrarias. Con la reciente reforma judicial, México parece estar retrocediendo, adoptando las mismas políticas que durante mucho tiempo han obstaculizado su desarrollo.

Mi esperanza es que los esfuerzos educativos que hacemos en organizaciones como la FEE alerten a la población sobre los peligros de un gobierno que concentra demasiado poder. Es crucial que los ciudadanos reconozcan los riesgos y aboguen por políticas que fomenten la libertad económica. México está a punto de convertirse en un régimen colectivista. Pero no todo estará perdido si hay suficiente valor en mis compatriotas mexicanos para seguir luchando por la libertad individual.

Ver también

Ponerse la soga al cuello. (Santos Mercado).

Los frutos podridos de López Obrador. (José Carlos Rodríguez).

Verdaderas repúblicas y falsas democracias

Por James Hanskins. El artículo Verdaderas repúblicas y falsas democracias fue publicado originalmente en Law & Liberty.

En un ensayo publicado recientemente en The Free Press, el comentarista político Martin Gurri respondía con un bonito arco a las lamentaciones de moda sobre las supuestas amenazas a «nuestra democracia».

Vengo con buenas noticias. No podemos perder nuestra democracia porque nunca la hemos tenido. Nuestro sistema se llama «gobierno representativo». Goza de breves espasmos de participación democrática -elecciones, juicios con jurado-, pero en general se enorgullece de estar densa y opacamente mediado, y muchas de sus operaciones son claramente antidemocráticas -los jueces designados, por ejemplo, o el Colegio Electoral-. Esta es una característica del sistema, no un defecto. Al asegurarse de que la mano derecha del poder rara vez sabe lo que hace la izquierda, los Padres Fundadores trataron de evitar varios tipos de tiranía, incluyendo, en palabras de James Madison, «una combinación injusta de la mayoría».

Martin Gurri

Dilo, Martin: es una República

Supongo que fue para evitar la apariencia de partidismo por lo que Gurri llamó a nuestro régimen político «gobierno representativo» en lugar de utilizar el nombre que usaron los Fundadores, es decir, república. Sin duda fue una prudente elección de palabras por su parte. El conocimiento de la historia es tan superficial entre nuestros políticos, periodistas y la nación política en general que la mayoría tendría dificultades para describir la diferencia entre una república y un bocadillo de jamón.

Sin tener en cuenta las mayúsculas, lo asociarían inevitablemente con el nombre de uno de nuestros partidos políticos, cuya estructura no es más republicana de lo que los órganos del Partido Demócrata son democráticos. O podrían pensar en el Staatsname de otras repúblicas actuales como la República Democrática de Corea del Norte, o la República Islámica de Irán. Estas asociaciones también serían poco esclarecedoras. Así que «gobierno representativo» fue sin duda la mejor elección de Gurri, pero dista mucho de ser adecuada como descripción de cómo los Fundadores pretendían que se gobernara el país.

¿Qué significa?

¿Qué significaba para ellos el término «república»? A diferencia de los políticos modernos, nuestros Fundadores eran grandes estudiosos de la historia. La Compañía de Bibliotecas de Benjamín Franklin de Filadelfia, fundada en 1731, que se convirtió de hecho en la Biblioteca del Congreso durante la larga residencia de esa asamblea en la ciudad, estaba bien surtida de historias. Las estanterías de la biblioteca de John Adams, la mayor de la América colonial, también estaban repletas de obras de historia. Sus escritos, como los de Jefferson y Madison, rebosan de referencias a las repúblicas de épocas pasadas: sobre todo a la antigua Roma, pero también a las repúblicas medievales italianas, a las repúblicas veneciana, suiza y holandesa, y a la Commonwealth inglesa (la palabra no es más que una traducción inglesa del latín respublica).

Algunos de los fundadores leían latín, griego y francés, además de inglés. Leyeron a Tucídides (a menudo en la traducción de Hobbes), Livio, Salustio, Cicerón y Tácito; leyeron las Vidas de los nobles griegos y romanos de Plutarco en la traducción de Sir Thomas North; leyeron a Polibio en la traducción de James Hampton (en cuyas páginas pudieron aprender sobre las repúblicas federales de la antigua Grecia); leyeron las Reflexiones sobre el auge y la caída de las antiguas repúblicas de Edward Mortley Montagu; de los italianos, leyeron la Historia del pueblo florentino de Leonardo Bruni, la Historia de Italia de Guicciardini y la Historia de Florencia de Maquiavelo; leyeron la Historia de los antiguos germanos de John Jacob Mascou; leyeron la Historia de Inglaterra en seis volúmenes de David Hume y el Ensayo histórico sobre la constitución inglesa de Obadiah Hulme.

Edward Gibbon

Tan pronto como cada volumen de Decadencia y caída del Imperio Romano de Edward Gibbon salía de las prensas, entre 1775 y 1788, las copias volaban a través del Atlántico y eran consumidas con avidez por los estadounidenses. Los estadounidenses tenían buenas razones para interesarse por el colapso de los Estados en aquellos años, cuando la nueva Confederación de Norteamérica estaba siendo desgarrada por la debilidad de sus instituciones centrales.

¿Qué interpretación del término «república» podrían haber extraído de su lectura? En primer lugar, serían conscientes, como Gurri, de que una república no es una democracia. (Esto no es tan obvio como parece: recuerdo que un estudiante -¡un licenciado en Historia de Harvard!- escribió en un examen que hice hace unos años que «república es sólo un nombre antiguo de democracia»). Los Fundadores sabían lo que era una democracia y no tenían ningún interés en dotar a Estados Unidos de una constitución democrática. Conocían su historia. Como John Adams escribió en una carta a John Taylor en 1814, «La democracia nunca dura mucho. Pronto se gasta, agota y asesina a sí misma. Nunca hubo una democracia que no se suicidara».

La experiencia histórica de la Atenas clásica fue tomada por casi todos los historiadores que conocían los Fundadores para demostrar la afirmación de Adams. Los grandes teóricos políticos del siglo IV a.C. -Platón, Aristóteles, Isócrates y Jenofonte- habían propuesto varias soluciones para los defectos de la democracia. El más influyente fue el régimen «mixto» de Aristóteles, en el que elementos de la democracia y la oligarquía se equilibraban entre sí para producir estabilidad.

Polibio

Más tarde, Polibio y otros escritores de la tradición aristotélica añadieron un principio monárquico para mayor estabilidad. Aristóteles denominó politeia a su régimen mixto.

Cuando el historiador florentino Leonardo Bruni tradujo su Política al latín hacia 1436-37, politeia se convirtió en respublica. La traducción de Bruni fue la versión latina más popular durante siglos. La edición ginebrina de 1597 se encontraba en la biblioteca de John Adams. (Adams también poseía la edición de 1776 de la Política en la traducción inglesa de William Ellis, impresa por primera vez en 1597, donde la constitución llamada politeia se traducía, inútilmente, como «estado»).

Cuando los romanos conquistaron el Mediterráneo en el siglo II a.C., el historiador Polibio explicó el crecimiento de su poder en gran medida en términos de su constitución (no escrita), que reconocía como una forma de régimen mixto. Los romanos se sentían orgullosos de su república incluso en las oscuras décadas de la guerra civil, y achacaban la lamentable situación de Roma a los defectos morales de los poderosos caudillos más que a cualquier debilidad de su constitución.

Cicerón

Según Cicerón, los principios constitucionales básicos de Roma se habían establecido por uno de los primeros reyes, Servio Tulio. Servio había establecido el principio básico de que el poder político debía ser proporcional a los ingresos de un hombre y a su contribución al poder militar de Roma. Los ciudadanos más pobres podían participar en las asambleas, pero el poder de decisión se mantenía en manos de los ciudadanos más influyentes. Los censores, una magistratura encargada (entre otras cosas) de decidir qué ciudadanos podían pertenecer al Senado, los juzgaban aptos no sólo en función de su rectitud moral, sino también de sus ingresos. Un hombre sin ingresos suficientes para mantenerse a sí mismo y a su familia cómodamente sin dedicarse al comercio o a una profesión remunerada no era elegible.

Los atenienses postclásicos, por el contrario, siguieron llamando democracia a su ciudad-estado incluso después de que todo el poder real pasara a ser ejercido entre bastidores por oligarcas adinerados. La gran autoridad en la Grecia helenística, Peter Green, comentó en una ocasión que los atenienses llegaron a considerar la democracia como un privilegio reservado a las clases altas.

Se me ocurren paralelismos modernos. Los romanos, por su parte, no se avergonzaban en absoluto del poder preponderante de los ricos en su sistema. Era una característica, no un defecto. Pero en Roma, la posesión de riqueza y poder preponderante imponía a los grandes la responsabilidad de ponerse a sí mismos y su tesoro al servicio de la república. Se suponía que los ricos serían también los mejor educados, los que más experiencia tendrían en asuntos civiles y militares y, como personas de larga residencia en Roma, los más leales y de espíritu público.

Sobre la república

Si volviéramos a utilizar el término histórico correcto para referirnos a nuestro régimen -una república- podríamos al menos mantener un debate honesto sobre quién ostenta el poder en el sistema estadounidense.

En la república media (siglos III y II a.C.), el principio del mérito se añadió a la constitución serviana: el servicio distinguido al Estado debía ser también fuente de dignitas o estatus meritorio. De este modo, «hombres nuevos» como Cicerón podían formar parte de la élite gobernante en función de sus excelentes capacidades y su contribución al bienestar de la república, la salus reipublicae.

Para evitar que los poderosos oprimieran al pueblo llano se inventó una nueva magistratura, el tribunado, formado por diez tribunos de la plebe. La existencia de esta magistratura propició la aparición de una política populista a finales del siglo II a.C., pero Roma nunca llegó a ser una democracia. El populismo romano acabó llevando al poder a Julio César y Augusto, frente a la oposición del Senado. Los populistas romanos estaban casi siempre liderados por nobles que se dedicaban más a adquirir poder para sí mismos que a servir a los intereses del pueblo llano.

Cicerón, en su diálogo Sobre la república (54-51 a.C.), elogiaba a la antigua república por favorecer a los mejores hombres u «optimates», observando «el principio que siempre debe respetarse en la república, que el mayor número no debe tener el mayor poder» (ne plurimum valeant plurimi). Roma nunca debería ser una democracia; eso sería demasiado peligroso para la libertad ordenada, que estaba garantizada por la ley, no por el poder popular.

El gran James Harrington

En una democracia, creía Cicerón, la deliberación pública sensata era imposible. En uno de sus discursos, Cicerón se burló de las democracias griegas por su estúpida práctica de reunir a un gran número de ciudadanos comunes en anfiteatros y permitirles gritarse unos a otros. Los romanos, más sensatos, deliberaban en el Senado, entre hombres cultos con experiencia de gobierno. El Senado proponía la legislación y el pueblo, en sus asambleas, tenía derecho a votar las propuestas del Senado, a favor o en contra.

Esta práctica, que los sabios deliberen y propongan, y el pueblo apruebe, era el procedimiento normal utilizado por la mayoría de las repúblicas europeas en los siglos anteriores a la fundación de nuestra república americana. La recomendó, entre otros, James Harrington, una autoridad británica del siglo XVII en materia de repúblicas. Muy leído en América.

Al establecer una Cámara de Representantes que dirigiera sus propias deliberaciones y propusiera toda la legislación que implicara impuestos (un principio ahora aparentemente olvidado en Washington, DC), los Fundadores intentaban reequilibrar la tradición republicana que heredaron en una dirección popular, de modo que los intereses de los ricos nunca pudieran prevalecer sobre los del pueblo.

Thomas Jefferson

No obstante, siguieron defendiendo la idea de que los hombres presumiblemente más sabios y mejor educados del Senado -la «aristocracia natural» de Jefferson- debían prevalecer en asuntos de política exterior y en la supervisión de los otros poderes del Estado. Originalmente, el elemento aristocrático también debía prevalecer en la elección del presidente, aunque el Colegio Electoral pronto se vio corrompido por la política partidista, momento en el que perdió su poder de deliberación y la mayor parte de su poder de decisión.

Pero, ¿las únicas democracias de la historia se encontraban en la Grecia clásica? No. Cuando la historia del Sr. Gibbon empezó a leerse a principios de la república, los estadounidenses tuvieron acceso a otro concepto de democracia, diferente del asociado a la Atenas clásica, uno que podría denominarse democracia honorífica o, menos educadamente, democracia falsa. Este concepto podría recordarnos la forma en que utilizan el término algunos de nuestros contemporáneos.

Gibbon es famoso por considerar el siglo II d.C., el periodo entre los reinados de los emperadores Domiciano y Cómodo, como «el periodo de la historia del mundo durante el cual la condición de la raza humana fue más feliz y próspera». El texto en el que el gran historiador basó este juicio (al que, como defensor de la monarquía constitucional, estaba predispuesto) fue una oración titulada Un Encomio de Roma (hacia 154-55), escrita por Aelio Arístides.

Arístides

Arístides, el intelectual griego más destacado de su época, elogiaba a Roma como el mayor imperio que el mundo había conocido. Conseguía combinar una autoridad incuestionable regulada por la ley con una ciudadanía libre. Y su gobierno no se entregaba a príncipes extranjeros, sino que se administraba por ciudadanos-funcionarios justos y desinteresados, capaces de gobernar y ser gobernados a su vez, como en los mejores tiempos de la Grecia clásica. Para Arístides, el imperio romano se parecía más a una ciudad-estado a gran escala que a un despotismo tradicional.

Sin embargo, sus tribunales de apelación, administrados por gobernadores romanos, suponían una mejora respecto a la justicia de las ciudades-estado, y trataban a todos por igual, independientemente de su estatus. Este fue un logro sin precedentes en la historia de la humanidad, y una gran prueba del genio de Roma para el gobierno. El gobierno virtuoso había hecho florecer el imperio como ningún gobierno humano lo había hecho antes. Al extender ampliamente los derechos de los ciudadanos, el imperio aumentó enormemente la reserva de talento de la que podía echar mano.

Caer en la adulación

A Arístides no se le ocurrió mayor elogio que decir que el imperio romano era como una democracia sobre toda la tierra, bajo un único y mejor magistrado y portador del orden cósmico. El sistema romano, escribió, es el estado final de la humanidad: «no queda otra forma de vida», era el fin de la historia, por así decirlo. Ninguna ciudad desea ya rebelarse contra él y gobernarse a sí misma, y los romanos han hecho desaparecer incluso el recuerdo de la guerra al acabar definitivamente con las luchas locales por la preeminencia. El mundo entero se ha convertido en un jardín con ciudades resplandecientes que disfrutan de un perpetuo festival de bendiciones del emperador y de los dioses.

Esto, por supuesto, es adulación bajo una máscara de retórica altisonante, decorada con conceptos de filosofía política. No importaba que el uso que Arístides hacía de la palabra «democracia» -y no era ni mucho menos el único súbdito imperial que utilizaba la palabra en este sentido- no se correspondía con ningún régimen democrático conocido en la historia y no tenía nada que ver con el poder político en manos del pueblo. Era sólo una palabra que tenía connotaciones positivas en griego; sonaría bien a sus oyentes y los halagaría. Arístides era un orador-animador profesional que recorría el mundo griego dando discursos ante audiencias educadas para apreciar el fino arte de la elocuencia. En este caso, Arístides hablaba ante la corte imperial y sabía qué decir para ganarse su aprobación.

La falsa democracia

Que yo sepa, la generación fundadora nunca discutió la falsa democracia de Arístides. Eran hombres serios que entendían la historia de los regímenes políticos. Pero quizá haya llegado el momento de revivir el concepto de Arístides. A los políticos modernos que hablan alegremente de «nuestra democracia» habría que pedirles que nos expliquen qué creen que es la democracia. ¿Es sólo una palabra bonita para halagarse a sí mismos y a sus aliados políticos, o son partidarios de poner el poder real en manos de asambleas populares sobre la base de la igualdad? Si ninguna de las dos alternativas les parece aceptable, tal vez podrían valerse del adjetivo correcto para describir nuestra constitución: republicana.

Martin Gurri tiene razón: no somos una democracia. Somos una república, y eso no es malo. Las repúblicas tienen varios sabores: aristocráticas, populares y mixtas. No todas son militaristas y están dominadas por los señores de la guerra y los ricos, como la república romana tardía. A finales de la Edad Media y principios de la Moderna, la mayoría de las repúblicas preferían el comercio y la industria a hacer la guerra. Aun así, algunas de estas repúblicas comerciales duraron mucho tiempo, como Venecia, que perduró 1.100 años, o Lucca, que duró casi 650 años. (Ambas fueron aplastadas por Napoleón.)

XVII Enmienda

Si los defensores modernos de «nuestra democracia» se consideran amantes del pueblo, podrían apreciar el hecho de que nuestra república en el momento de su fundación ya estaba más inclinada hacia lo popular de lo que lo habían estado las anteriores repúblicas de principios de la Edad Moderna. La Decimoséptima Enmienda a la Constitución lo hizo aún más. Si volviéramos a utilizar el término histórico correcto para referirnos a nuestro régimen, al menos podríamos mantener un debate honesto sobre quién ostenta el poder en el sistema estadounidense y si se lo merece, en lugar de jugar a fingir con términos que ocultan más de lo que revelan.

Ver también

Leo Strauss y la promesa de la filosofía política. (Daniel J. Mahoney).

Republicanismo, guía para perplejos. (José Carlos Rodríguez).

La economía a través del tiempo (XIX): el error de Marx con el comercio griego

Karl Marx también realizó sus propias interpretaciones sobre la economía griega. En este texto, se revisará la concepción que tenía sobre el comercio precapitalista y Grecia, así como estudios posteriores al autor que pueden inducir a pensar que sus comentarios padecían de cierto sesgo. Y es que Marx (2009) interpreta que no se podía denominar capitalismo al sistema griego, algo que, por cierto, colisiona con el pensamiento weberiano (Weber, 2015, 109)1. Las razones que da son las siguientes:

No obstante, este error no es de ningún modo mayor que el de todos los filólogos, p. ej., que hablan de capital en la Antigüedad, de capitalistas romanos, griegos. Eso es sólo otro modo de decir que en Roma y Grecia el trabajo era libre, lo que difícilmente estos señores estarían dispuestos a afirmar (p. 116).

Es decir, el problema que tenía Marx para denominar el sistema económico griego como capitalista es la mano de obra esclava. Para él, esto era algo determinante, pues para que hubiera capitalismo era necesario el trabajo libre. Por tanto, al negarle a Grecia la entidad de sistema capitalista, le niega también la posibilidad de que su comercio tenga aspiraciones expansionistas.

Comercio precapitalista en Marx

Así diferencia Marx (2009) el comercio actual con el precapitalista:

La tendencia a crear el mercado mundial está dada directamente de la idea misma de capital. Todo límite se le presenta como una barrera a salvar. Por de pronto someterá todo momento de la producción misma al intercambio; es decir, pondrá la producción basada sobre el capital en lugar de los modos de producción anteriores, más primitivos desde el punto de vista del capital. El comercio ya no aparece aquí como función que posibilita a las producciones autónomas el intercambio de su excedente, sino como supuesto y momento esencialmente universales de la producción misma (p. 360).

Lo importante en este texto es el contraste que Marx ve entre el comercio capitalista y precapitalista, siendo su principal diferencia el objeto mismo del intercambio. En el caso moderno, la misma producción tendería al intercambio como fin. En el caso antiguo, la producción tendería al consumo y su excedente sería el susceptible de ser intercambiado.

Expansión del comercio en Grecia

No obstante, estudios recientes (Izdebski et al., 2020) apuntan a que el comercio griego podría haber sido mucho más sofisticado. Y es que varios científicos analizaron el polen de seis lugares en Grecia correspondiente a los años que se encuentran entre el 1.000 a.C. y el 600 d.C. y encontraron restos de cereales, olivos y viñedos que les mostraron los cambios agrícolas de la época. La conclusión fue la siguiente:

Presentamos evidencia de que hubo una economía de mercado en la antigua Grecia y una importante expansión comercial varios siglos antes de la conquista romana. Nuestros resultados son consistentes con datos auxiliares sobre dinámica de asentamientos, naufragios y antiguas prensas de aceite y vino (p. 2597).

Es decir, la evidencia científica apunta a que realmente sí hubo expansión comercial, algo que contrasta con las afirmaciones de Marx. Si bien no podía considerarse un mercado mundial (especialmente por las limitaciones técnicas y de transporte de la época), sí se puede hablar de un mercado regional en expansión dentro de sus posibilidades. Desde luego, no coincide con la idea de que el comercio se limitaba al excedente y de que no tenía aspiraciones más allá de perpetuar su propia existencia, sino que para expandirse necesitaba entrar en algún tipo de lógica capitalizadora, todo lo contrario de lo que Marx pensaba cuando llamaba a estos tiempos “precapitalistas”.

Notas

1 Dice el sociólogo e historiador:

En este sentido específico se usa aquí el concepto “espíritu del capitalismo”. Naturalmente: del capitalismo moderno. Pues a la vista del planteamiento que seguimos, es evidente que sólo estamos hablando de ese capitalismo de Europa occidental y América del Norte. “Capitalismo” ha habido en China, la India y Babilonia, en la Antigüedad y en la Edad Media. Pero como veremos, le faltaba aquel ethos peculiar.

Max Weber. La ética protestante y el espíritu del capitalismo (2015).
Bibliografía

Izdebski, A., Słoczyński, T., Bonnier, A., Koloch, G., & Kouli, K. (2020). Cambios en el paisaje y comercio en la Antigua Grecia: evidencias a partir de datos sobre Polen. The Economic Journal, 130(632), 2596-2618. https://doi.org/10.1093/ej/ueaa026

Marx, K. (2007) Grundrisse. Siglo XXI Editores

Marx, K. y Hobsbawn, E. (2009) Formaciones económicas precapitalistas. Siglo XXI Editores.

Weber, M. (2015) La ética protestante y el espíritu del capitalismo. AKAL

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (XCVI): sobre ‘La opción benedictina’ de Rod Dreher

Alasdair MacIntyre al final de su más celebrado libro, Tras la virtud, reclama la necesidad de un nuevo San Benito para que los cristianos puedan afrontar los desafíos que la modernidad y sobre todo la posmodernidad tienen que afrontar los cristianos de hoy en día. La vieja Ciudad Católica, tan querida por tradicionalistas como Rubén Calderón Bouchet, que consiste en un orden social y político que refuerce a través de leyes e instituciones la visión cristiana del mundo, hace ya algunos años que ha dejado de existir.

El poder político y las costumbres sociales de hoy no sólo no corroboran los valores cristianos, sino que en buena medida se le oponen. Es muy difícil en los tiempos que corren cumplir sus principios sin ser confrontado de una forma u otra por poderes políticos que implantan por la fuerza los suyos o por una opinión pública que a veces los ve con agresividad otras tras con desprecio y las más de las veces veces indiferente. Vivir de forma cristiana requeriría de espacios propios en los que poder cultivar esos valores.

‘La opción benedictina’

Rod Dreher en su libro La opción benedictina, y también John Senior en su La restauración de la cultura cristiana afrontan el reto e intentan ofrecernos soluciones para poder vivir de forma coherente en un mundo poscristiano. Pero, como analizaremos a continuación, sus propuestas también pueden inspirar a quienes estuviesen inspirados a construir una hipotética sociedad sin estado. Pues bien adaptadas podrían servir también para una hipotética comunidad inspirada en los valores del anarcocapitalismo, sean estos o no cristianos.

Aunque, de serlo, su adaptación sería, en mi opinión mucho más fácil. El motivo es que compartirían al compartir valores morales comunes ya de inicio muy compatibles con este ideario. Incido en el aspecto de la comunidad, pues sin entrar en discutir en profundidad el comunitarismo filosófico que impregna a estos autores, creo que la configuración inicial de una sociedad de estas características requiere de cierto compromiso con la causa y de un conocimiento previo,  algo más que superficial, de los valores que lo impregnan, para que los pioneros superen las dificultades, que serían muchas. Las soluciones propuestas por Dreher serían esencialmente dos, que no son incompatibles entre sí, aunque podrían funcionar de forma autónoma dependiendo de las circunstancias.

La creación de comunidades cristianas apartadas del mundo

La primera es la creación de comunidades cristinas apartadas del mundo en las que vivir voluntariamente de acuerdo con los principios cristianos. Dreher no lo afirma explícitamente pero cabe deducir que serían comunidades privadas, esto es partiendo de un territorio comprado o cedido configurar una sociedad regida por normas libremente aceptadas por sus habitantes, en este caso inspiradas en los valores cristianos.

El modelo es el de las comunidades monásticas organizadas por San Benito de Nursia en el siglo V en plana descomposición del Imperio Romano. San Benito, para poder llevar a la plenitud sus principios, decidió crear comunidades de frailes, masculinas y femeninas, regidas por una regla que deberían aceptar los que en ellas quisiesen vivir. Establecía esta cierto compromiso con la orden  en el sentido de aceptar la autoridad (no el poder) de abades y abadesas, la división del tiempo entre trabajo y oración y liturgias en común a las horas marcadas.

Normas que superan a las romanas, y las desplazan

Se establecieron en tierras cedidas por nobles, heredadas o compradas y que incluían además de los edificios para el culto y la vida común, tierras de trabajo en las que podían obtener bienes para la vida material o incluso para el intercambio con aldeas y ciudades vecinas. No me resisto a recordar, como lo hace Rodney Stark en su libro sobre el triunfo de occidente (How the west won, no traducido al castellano) que de estas comunidades surgieron los primeros gérmenes del moderno capitalismo industrial, al organizarse estos  de forma adecuada para la producción a escala y con la aparición de gerentes profesionales, cálculo económico e incipientes sistemas de crédito.

La consecuencia fue que al final, con el paso de los siglos, fueron los valores impulsados por el monacato los que acabaron impoiniendose en la vida social. Y los que desaparecieron fueron las modas y formas de vida propias del fin de la civilización romana. Dreher se ha inspirado en las nuevas comunidades monacales, como la de Nursia, que han atraído a muchos jóvenes, desencantados del mundo moderno, a comunidades religiosas organizadas. Y propone la creación de comunidades de este tipo para por lo menos mantener en algún lugar los viejos valores.

Comunidades en barrios convencionales

Una variante de esta propuesta es crear comunidades en ciudades y barrios convencionales, pero próximos a algún templo. La proximidad física es esencial, para que sirva de tal forma que sus valores pueden ser vividos en comunidades densas, no apartadas de todo del mundo, pero que tampoco estén inmersas del todo en él. También creación de escuelas con valores acordes al cristianismo. Pero sobre todo el hecho de desenvolver de forma continuada (la permanencia y fidelidad al proyecto es también clave) muchos aspectos de la vida cotidiana en una comunidad que respalde y refuerce los principios contribuye a su viabilidad. Principios que pueden ser un refugio en un mundo despiadado para los que quieren vivir su fe de forma coherente.

Como vemos, muchos de estos principios pueden ser perfectamente válidos para una comunidad sin estado, sea del tipo que sea. Recordemos que para los defensores de la opción de vida benedictina, el estado ya no es un aliado sino uno de los principales enemigos de su forma de vida. Se trataría de no confrontar directamente las normas estatales, sino de vivir en los intersticios del sistema, al margen de las mismas. Vivir aprovechando los restos de propiedad privada que el actual sistema estatal aún permite. De funcionar como los antiguos monasterios, bien podrían convertirse en un punto focal que sirva de inspiración al resto de la sociedad, por lo menos a los más descontentos con ella.

Segunda opción: una sociedad en paralelo

La segunda opción es más ambiciosa. Dreher muestra la posibilidad de crear una sociedad en paralelo a la mayoritaria, que comparta los valores cristianos. Esto es, no adopta necesariamente la forma de una comunidad cerrada, sino de una red más o menos organizada de relaciones en las que se puedan compartir principios, y compartir experiencias. Una vez más el modelo son los primeros cristianos en los tiempos en los que el cristianismo no sólo no gozaba de consideración oficial alguna sino que eran perseguidos de forma generalizada en el territorio del imperio romano, como en los tiempos de Galerio y Diocleciano.

Dreher encuentra en aquellos tiempos un modelo de organización, en el que los primitivos cristianos contaban con lugares donde ocultarse y practicar el culto: las famosas catacumbas. De ellas, los jóvenes libertarios de los tiempos actuales parece que no han oido hablar nunca (el desconocimiento de la cultura religiosa entre los jóvenes de hoy es a veces  abrumador). También creaban redes comerciales y lugares de culto bien conectados entre sí. De tal forma que aún viviendo al margen de la sociedad oficial, los cristianos de la época contaban con una red de apoyo.

Vivimos el siglo católico

El diseño original de la Iglesia clandestina se ha revelado muy útil en tiempos de persecución, que fueron varias a lo largo de la historia. En ellos, los cristianos recuperaron las viejas estructuras y fueron capaces no sólo de sobrevivir sino también de mantener de una forma u otra el culto y la organización. Lograron volver a florecer después de pasados los momentos de tribulación. Recordemos que los primeros cristianos tuvieron que vivir en ambientes en los que la moral social, con su esclavitud o espectáculos sangrientos de gladiadores por poner un par de ejemplos, eran no sólo muy diferentes a los cristianos sino radicalmente opuestos. No sólo el estado les era adverso sino también buena parte de la sociedad civil, que gustaba de sus juegos en el anfiteatro de sus bacanales. Y veían  mal que se les quitasen sus diversiones tradicionales.

La Iglesia, de hecho, es una organización pensada desde sus orígenes para vivir al margen del estado. Una lectura al libro de Manlio Graziano, El siglo católico, nos muestra cómo a pesar de la opinión común, que piensa que lo que pasa en Occidente se da también en le resto del mundo, el número de católicos, y de cristianos, en general, no ha dejado de aumentar en el mundo en los últimos decenios. Su descenso se circunscribe a Europa occidental y en menor proporción a los Estados Unidos.

Protección del Estado, y muerte

Los católicos aumentan especialmente en países asiáticos y africanos donde la religión católica no tiene una especial consideración por parte de los estados. Funciona mejor donde opera al margen del estado que donde tiene o tuvo algún tipo de reconocimiento oficial. Parece que su espíritu evangélico se despierta cuando tiene que competir en un terreno no propicio, o incluso hostil. El caso de la Iglesia en la Polonia comunista es otro buen ejemplo de creación de una red social de apoyo en entornos adversos. Allí la Iglesia mantuvo su influencia. Llegó incluso a ser capaz de crear sindicatos o organizaciones clandestinas que desafiaron al poder estatal. Donde languidece es en entornos como el nuestro, donde la Iglesia acostumbrada a la protección, tácita o explícita del poder, y donde muchos de sus valores se convirtieron en la base  de la legislación, no es capaz de adaptarse a vivir sin ella.

Esta forma de organización al margen del poder podría inspirar nuevas formas sociales, para los cristianos de hoy, pero también para los que buscan nuevas formas de organización económica, religiosa o cultural como pueden ser grupos libertarios. También comunistas o utopistas que deseen practicar de forma pacífica sus creencias. No necesariamente contra el estado sino en buena medida al margen de él. Rod Dreher es un paleoconservador. Escribe habitualmente en The American Conservative. No es excesivamente partidario del anarcocapitalismo, pero quizás sin saberlo ha escrito un magnífico libro lleno de ideas para la construcción de una nueva sociedad.

Ver también

Ética y finanzas. (León Gómez Rivas).

La fundamentación del liberalismo desde el derecho natural. (Jaime Juárez)

Índice de Miseria 2024 | Paro e inflación en España y Europa

El Instituto Juan de Mariana publica el Índice de Miseria, un informe dedicado a medir la incidencia del paro y la inflación en España y Europa. Sus principales conclusiones son las siguientes:

  • En situaciones de estanflación como la que ha venido arrastrando España, es preciso medir la incidencia de variables como el paro y la inflación, en línea con las investigaciones del académico estadounidense Arthur Melvin Okun, que popularizó el cálculo del Índice de Miseria en las décadas de 1970 y 1980. El Índice de Miseria del Instituto Juan de Mariana agrega la tasa de paro al Índice de Precios del Consumo, replicando la metodología original de Okun.
  • A cierre de 2023, y frente a un promedio de 9,5 puntos en la UE-27, España alcanzó un resultado de 15,2 puntos. Esto nos convirtió en el país de la Unión Europea con mayores niveles de miseria económica, superando la media comunitaria en un 60 por ciento. Los resultados de nuestro país contrastan negativamente con los de Portugal o Italia, que cerraron el pasado ejercicio con Índices de Miseria de 8,4 y 7,7 puntos, respectivamente. Por su parte, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, Malta y Alemania figuran en las cinco mejores posiciones del ranking, con niveles de miseria económica que resultan un 50% más bajos que los de España.
  • Actualizando los datos a julio de 2024, último mes con datos disponibles para el conjunto de la UE, vemos que el promedio europeo asciende a 8,8 puntos, mientras que España alcanza los 14,4 puntos y se consolida como el país de la UE con peor desempeño en el Índice de Miseria. Nuestros niveles de miseria económica son un 60 por ciento mayores que los de la Unión Europea y la brecha con respecto a la UE apenas se ha reducido en 0,1 puntos a lo largo de 2024.
  • En el caso de España, el paro tiene más incidencia que la inflación en el resultado obtenido en el Índice de Miseria. Por tanto, resulta especialmente preocupante que la contrarreforma laboral impulsada por Pedro Sánchez y Yolanda Díaz haya “maquillado” la tasa oficial de paro hasta situarla en torno a 5 puntos por debajo de los niveles reales o efectivos de desempleo. Esto significa que, sin el maquillaje estadístico del paro, el Índice de Miseria de España es un 35 por ciento más alto y rondaría los 19,5 puntos, muy por encima de los 8,8 puntos alcanzados en promedio por la UE.
  • Si calculamos el Índice de Miseria de julio de los años 2019 a 2024 y agregamos los resultados, vemos que, durante el periodo de gobierno de Pedro Sánchez, España aparece en primera posición de la tabla, como el país con mayor miseria económica de Europa, situándose hasta un 57 por ciento por encima del dato promedio para la UE.
  • A nivel autonómico, la evidencia disponible para los años anteriores a la pandemia confirma que las comunidades autónomas con menos esfuerzo fiscal han tendido a exhibir mejores indicadores de paro e inflación. No sorprende, pues, que España se sitúe en posiciones de cabeza en los indicadores de miseria económica, puesto que somos el socio de la UE que más ha aumentado su presión fiscal en los cinco últimos años, complicando de tal manera la reducción del paro y la inflación.

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