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Cinco políticas socialistas que destruyeron la economía de Bolivia

Por Fabricio Antezana Durán. El artículo Cinco políticas socialistas que destruyeron la economía de Bolivia fue publicado originalmente por FEE.

La gente no suele pensar en Bolivia; es un país pequeño en el corazón de Sudamérica. Pero siempre que se menciona, aparte de montañas y llamas, la gente piensa en el socialismo y en Evo Morales. Algunos incluso llegan a calificarlo de «milagro socialista» por su estabilidad económica y monetaria en la década de 2010. Sin embargo, esta percepción dista mucho de la realidad.

El actual partido político de Bolivia, Movimiento al Socialismo, lleva más de 17 años en el poder, a excepción del gobierno temporal de Jeanine Áñez, que duró solo un año, de noviembre de 2019 a noviembre de 2020. Operar durante casi dos décadas bajo un régimen socialista ha pasado factura a la economía boliviana, y los síntomas apenas comienzan a manifestarse. Para dar una idea de los problemas, he aquí 5 políticas socialistas que han destruido la economía boliviana:

1) Nacionalización de los recursos naturales

Bolivia estaba a punto de experimentar uno de los mayores «booms económicos» y oportunidades de inversión con la industria de los hidrocarburos (gas natural), que fue construida por entidades privadas en la década de 1990 y principios de 2000. Sin embargo, la Constitución de 2009 del Movimiento al Socialismo, concretamente el artículo 311, nacionalizó esta industria y casi todos los demás recursos naturales, desde el agua y los minerales hasta la electricidad.

Cuando los precios del gas natural alcanzaron su punto máximo a nivel internacional en 2012, los ingresos, que habían pasado a formar parte de la industria pública, se dilapidaron en vanos proyectos públicos, subvenciones, salarios y, en general, en un gasto público excesivo (o «despilfarro público», como sería más preciso denominarlo).

2) Propiedad privada condicionada

En las décadas de 1980 y 1990, se realizaron esfuerzos para fortalecer los derechos de propiedad privada en Bolivia. Sin embargo, la constitución boliviana de 2009 reescribió las normas relativas a la propiedad privada, declarando en el artículo 56: «Toda persona tiene derecho a la propiedad privada individual o colectiva, siempre que cumpla una función social». Aunque el Estado no expropia deliberadamente la propiedad a los ciudadanos, el artículo 56 añade un nivel de ambigüedad a la hora de proteger este derecho fundamental.

No es inaudito que tu propiedad en el campo sea invadida y expropiada por los lugareños, que no puedas desalojar a un inquilino que lleva meses o incluso años sin pagar el alquiler, o que de repente te encuentres con gente construyendo una casa en tu propiedad (incluso dentro de la ciudad). La falta de derechos de propiedad ahuyenta a los inversores y dificulta enormemente las empresas bolivianas.

3) De 3 Ministerios a 17 Ministerios y 22 Viceministerios

Antes de que el Movimiento al Socialismo llegara al poder, el poder ejecutivo de Bolivia estaba gestionado por el Presidente, el Vicepresidente y «los tres grandes» ministerios. Esto cambió drásticamente tras su victoria en las elecciones de diciembre de 2005. Desde que asumió el poder en enero de 2006, el partido ha creado gradualmente más ministerios y oficinas públicas, cada uno más innecesario que el anterior. La creación de nuevas oficinas públicas sirve de excusa para crear más «parásitos estatales», como decía Bastiat, desviando a las personas capacitadas de la creación de valor en la sociedad. He aquí algunos ejemplos de estos ministerios para ilustrar su absurdo:

  • Ministerio de Medio Ambiente y Agua
  • Ministerio de Culturas, Descolonización y Despatriarcalización
  • Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural
  • Viceministerio de la Hoja de Coca y Desarrollo Integral
  • Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando

De estos ministerios aprendemos dos cosas: que no agregan valor a la sociedad y que los socialistas son muy creativos a la hora de nombrar cargos.

4) Más de 60 empresas estatales

El modelo económico del gobierno se llama Modelo Económico Social Comunitario Productivo. Este «modelo» es ambiguo, tiene un carácter social, y esencialmente pone al Estado en el centro del progreso y desarrollo económico, declarándolo su deber. Por esta razón, el gobierno ha creado más de 60 empresas, todas ellas deficitarias y arbitrarias para la economía.

Por ejemplo, Quipus, la empresa estatal de electrónica destinada a «promover el uso de la tecnología en Bolivia y las escuelas públicas», incurrió en pérdidas de alrededor de 5,5 millones de dólares en el lapso de cinco años desde su creación (y sigue funcionando). Estas empresas se mantienen a flote por avaricia y arrogancia, tal como sugiere El engaño fatal de Hayek.

5) Altos impuestos y un sistema fiscal burocrático

Bolivia tiene uno de los peores sistemas fiscales del mundo, en el puesto 186 de 190 países según el informe Doing Business del Banco Mundial.
Esto se debe a una mezcla de burocracia y «presión fiscal» excesivamente alta sobre sus ciudadanos. Según Doing Business, los bolivianos dedican 1.025 horas al año a pagar correctamente sus impuestos (¡más de 42 días!) y se arriesgan a pagar una tasa del 83,7% de sus beneficios si no los declaran correctamente.

Un estudio del analista económico Diego Sánchez de la Cruz calificó a Bolivia como el «infierno fiscal» de América Latina, situándola como la peor en presión fiscal y esfuerzo tributario. Sánchez de la Cruz realizó su estudio comparando el PIB y los tipos impositivos, explicando: «No es lo mismo recaudar el 30% del PIB en un país rico que en uno pobre». La situación fiscal en Bolivia ha llevado a que el 80 por ciento de la economía sea informal, o no esté registrada oficialmente en la economía.

Los frutos del socialismo

Bolivia está lejos de ser un «milagro socialista». Ha sufrido una serie de políticas socialistas que han lastrado fuertemente su economía, impidiendo su crecimiento y desarrollo. Puede que no hayamos visto estos daños en las décadas de 2000 y 2010, pero ahora que las reservas de gas natural se han agotado, seremos testigos de las consecuencias del socialismo más pronto que tarde. Los efectos económicos suelen verse a largo plazo, y Bolivia no es una excepción. El Movimiento al Socialismo cosechó los beneficios de las reformas económicas pro-mercado de los años 80 y 90, pero ahora Bolivia está empezando a recoger los frutos de casi dos décadas de socialismo: crisis, miseria y decadencia.

Ver también

El camino autoritario de Bolivia. (Mateo Rosales).

Bolivia: la construcción de un proyecto político. (Mateo Rosales).

¿Por qué a la extrema izquierda le entusiasma Bolivia pero aborrece Chile? (Juan Ramón Rallo).

Algunas cuestiones disputadas sobre el anarcocapitalismo (XCV): crisis en Venezuela

La actual crisis venezolana, causada por la falta de voluntad del régimen actualmente en el poder de querer aceptar los resultados electorales de las elecciones presidenciales celebradas a fines de julio, es un magnífico ejemplo para poder observar y comprender como es el funcionamiento de un estado e ilustrar alguno de los temas que se han ido tocando en otros artículos publicados aquí.

Parto, como siempre de algo que debería ser obvio, que si bien  no todos los estados son iguales en su comportamiento con la ciudadanía o con otros estados, si comparten algunos rasgos en común, y que se pueden percibir mejor en los que ejercen el poder en su forma más cruda y despiadada, como es el caso venezolano, que en los que ejercen su dominación de forma mucho más suave, y por consiguiente de forma mucho más inteligente.

Obviamente no simpatizo nada con el régimen actual de Venezuela y entiendo que sería deseable un cambio hacia una forma más suave de dominio. Básicamente porque entiendo que la situación material de los venezolanos mejoraría bastante, por lo menos para que no tuviesen que abandonar el país para poder sobrevivir, y también porque sus libertades se verían mucho menos recortadas y por lo menos podrían expresar sus reclamas sin verse encarcelados o disueltos a palos. No soy maximalista y sé ver cuando hay una mejora, aunque no se corresponda con la postura ideal que defendemos aquí. Y entiendo que un cambio de régimen lo sería sin duda alguna, por lo menos a corto y medio plazo.

Una élite bien cohesionada

Una vez establecida mi simpatía por el cambio de gobierno en venezuela, y establecido que el gobierno legítimo es el que ha ganado las elecciones, creo que es bueno analizar los mecanismos de poder del régimen de Maduro desde nuestro punto de vista, algo que no siempre es fácil de observar. Los fenómenos de transición y cambio de régimen, a veces acompañados de una disolución temporal del estado no abundan, y menos en nuestro entorno cultural en el que podemos leer los medios y entender los discursos y los gestos de los gobernantes. Al compartir idioma y algunos rasgos culturales se hace más fácil estudiar el fenómeno en Venezuela que en Birmania, por poner otro ejemplo de dictadura en problemas.

Lo primero que podemos constatar es la existencia de un bloque de poder muy cohesionado. Vemos que el aparato político del régimen, sus elites funcionariales, su judicatura y fuerzas armadas parecen respaldar de momento al régimen sin fisuras. Y esto hace que si quieren resistir, la contraélite, compuesta principalmente de políticos de oposición, esto es forman parte de la élite política pero hace tiempo que no desempeñan puestos de poder, tiene de momento poco que hacer. Salvo que la actual clase política gobernante se divida y se pase a la oposición para intentar de esta forma conservar sus puestos de mando.

El manual del dictador

No sería nada extraño, a cualquiera que observase la transición de dictaduras a democracias en la historia mundial reciente se daría cuenta de que muchos dirifentes de grado medio de una dictadura, incluyendo corruptos y represores, permanecen en sus puestos después de la transición. En las fuerzas de seguridad y servicios secretos el fenómeno destaca aún más dado que son ellos los encargados por los dictadores de reprimir a la población y a las fuerzas opositoras. O sea, que en caso de transición venezolana muchos cambiarían de bando, dirían que siempre fueron maduristas moderados y que cumplían órdenes a desgana y que compartían  en el fondo los ideales de los opositores.

La razón de que las elites estén tan bien cohesionadas ya fue explicada en esta serie de artículos hace tiempo, y se basa en que el cemento que los une es bien la ideología bien los intereses económicos, o ambos a la vez en proporciones variables para cada uno de los actores clave. Esta lógica de funcionamiento ha sifo magistralmente analizada en libros como El manual del dictador de Bruce Bueno de Mesquita, o aplicada a Iberoamérica por Stanislav Andreski: Parasitismo y subversión en América Latina. Libro, por cierto, reeditado el año pasado en Chile en Edisur. En esta edición, el autor figura como Andresky por si alguien está interesado en consultarlo.

Estabilidad por medio de la corrupción

La idea de estos autores es que los dictadores compran la lealtad del resto de la clase gubernamental permitiéndoles obtener rentas a través de prácticas corruptas o a través del control de empresas públicas de las que extraen beneficios. Podría ser el caso de la empresas nacionales de petróleo o de otras empresas extractivas como minas, la concesión de monopolios o barreras al comercio a los miembros clave de la clase dominante. Y por supuesto no hace falta decir que si es un narcoestado y vende su cooperación con las grandes bandas de traficantes (si no es que son los miembros del estado las que la organizan)  la cantidad de la que se dispone para comprar lealtades entre todos sus integrantes se multiplica.

Los integrantes del estado tienen así un gran incentivo a actuar de forma unánime y sin divisiones. Pues saben que si pierden el poder no sólo van a estar en peores condiciones con el nuevo gobierno, sino que pueden acabar presos o exiliados, de tener que irse por las malas. Y saben que otros, próximos al nuevo gobierno, ocuparán su lugar. Lo harán, sin duda, con menor grado de corrupción.

Pero sin eliminarla del todo. Pues incluso los gobiernos democráticos y transparentes hacen uso de ella como elemento de cohesión interna. Salvo, claro está que Venezuela se convirtiese, tras la transición, en el primer país del mundo en eliminar estas prácticas por completo. No existe estado en la tierra desprovisto del todo de estas prácticas. Lo que varía es el grado de penetración de la misma, esto es si afecta a los escalones bajos de la administración,como policías o funcionarios, o no.

Estados teleológicos

Los estados pueden estar cohesionados también por ideologías o creencias religiosas comunes. Sirven de refuerzo a los incentivos económicos. Y es algo relativamente frecuente en los estados que Oakeshott denomina teleocráticos; esto es, que están orientados a un fin concreto. Los estados socialistas, en teoría, estaban orientados a construir el socialismo dentro de sus respectivos países. Y las teocracias orienta la actuación de sus estados  a construir una sociedad orientada a principios religiosos, como podría ser el caso de Irán. Repito que la existencia de estos fines no excluye la necesidad de reforzar la motivación religiosa con algún tipo de privilegio económico para la clase política.

En el caso venezolano, no percibo en el discurso de sus dirigentes una clara visión telocrática. Pues más allá de ambiguas referencias al socialismo del siglo XXI, y que me perdone Atilio Borón, no las veo concretadas en ninguna parte, más allá de políticas circunstanciales y contradictorias orientadas a salir del paso en cada momento. No se puede constatar, al menos en el ámbito discursivo, un manejo fluido de las categorías socialistas ni un compromiso creíble con las mismas. Más bien veo un uso oportunista de esas ideas para intentar legitimar el poder. Pero nada comparable a lo que se podía ver en los antiguos regímenes socialistas del espacio soviético.

No es el caso de Venezuela

No me atrevo a valorar si esto es algo que pueda favorecer el cambio de régimen. Si la élite del poder venezolana está unida principalmente por factores económicos en principio bastaría con ofrecer a esta la conservación de sus rentas, sean estas obtenidas o no de forma honrada, para conseguir que acepten un cambio de régimen sin necesidad de derramamiento de sangre. Pero el problema podría ser que no se fiasen o que entendiesen que el cambio empeoraría su situación actual. Y viendo que la oposición carece de fuerza para arrojarlos del poder decidiesen mantenerse en el mismo.

Si estuviesen cohesionados por ideas, podría ser en algunos casos más fácil. Intentaré explicarme. Las personas ideologizadas se mueven por ideas y principios. Y aunque les guste el dinero, no es su principal preocupación. Las transiciones en al antiguo espacio comunista fueron facilitadas porque muchos de los miembros de la élite política primero fueron comunistas y luego, con el tiempo, se desencantaron de la idea y abrazaron ideas de mercado. Una vez abrazadas éstas, colaboraron de forma entusiasta, pero además con experiencia política, en las adopción de las medidas políticas y económicas que llevaron a la adopción en muchos de esos países de economías libres.

Una salida negociada para los dirigentes de la dictadura

No todos los cambios de ideas fueron con oportunismo, aunque también pudo haberlo. También por el cambio de ideas. Es por eso que intuyo que la transición cubana será también paradojicamente más fácil y contará con la cooperación de miembros de la actual élite. Nada de esto puedo percibir en la élite venezolana dado que intuyo no tiene una formación téorica semejante a la de los líderes comunistas europeos. Entiendo que se trata más de la típica elite extractiva, del estilo das que analizan Acemoglu y Robinson en El pasillo estrecho y en Por qué fracasan los  países. De modo que cualquier negociación con ella tendrá que hacerse en esos términos, con cooperación internacional para facilitar su salida, sin persecuciones penales. Es lo que se hizo siempre en esos casos.

Poco más que esto puede hacer la oposición, pues un pueblo desarmado poco puede hacer frente a una élite organizada y armada. Esto es un estado. Salvo que la rebelión sea masiva y en todos los órdenes, como quería La Boetie. O sea, la vieja idea anarquista de la huelga general. De darse, el gobierno caería por falta de recursos para sostener su aparato militar y represivo. Y este se descompondría. La presión internacional en forma de sanciones al país poco puede hacer. Pues, de darse, afectaría principalmente a la población, como ya se vio decenas de veces, y muy poco a los gobernantes.

No parece haber alternativa

Tendrían que ser diseñadas sólo para la clase dominante, y eso no es tan fácil. Rara vez consigue más objetivo que empeorar algo la vida de los tiranos de tener éxito. Nunca vi caer una dictadura por sanciones, lo normal es que caigan por diputas internas dentro de ella tipo golpe de estado, o que lo hagan por una negociación con la élite.

Sé que es injusto, pero es la lógica de funcionamiento de los estados y acostumbra a ser la más eficaz. Y, dentro de lo malo, también la más pacífica. No hay casi nada nuevo en política y me temo que esta no va a ser una excepción. Pero, eso sí, estoy seguro de que con todos sus males va a ser para mejor. Y de hacerse bien, Venezuela volverá a prosperar. No le veo mucho futuro a Maduro, pues lo costes de gobernar le son cada vez mayores al carecer de una mínima legitimidad y son este tipo de cosas las que hacen tambalear con el tiempo a la clase dominante.

Ver también

Conde-Pumpido o la apoteosis del Derecho alternativo (II)

A finales de los años 70 del pasado siglo, un periodo coincidente con el tardofranquismo y los primeros años de la transición política española, los vientos de cambio trajeron una ebullición de grupos e ideologías que se postulaban para ganar influencia y puestos en los poderes públicos, tan pronto como se produjera el “hecho sucesorio”[1].

Aunque prohibido durante la dictadura, el Partido Comunista de España (PCE)[2] había conseguido a la sazón articular una pléyade de intelectuales y profesionales que combinaban una ideología marxista repleta de consignas elementales, junto a una ambición política notable. De forma tentacular “el Partido” dominaba el sindicato clandestino Comisiones Obreras (CC.OO) el cual se había infiltrado en las estructuras de la organización sindical única, movimientos de cristianos de base, los clubes de amigos de la UNESCO, el Sindicato Democrático de Estudiantes, numerosas asociaciones profesionales y de vecinos, etc.

O democracia o terrorismo

Sus llamadas a la reconciliación nacional y su alineamiento, a finales de los años 60, tras la invasión de Checoslovaquia de agosto de 1968, con los postulados de los comunistas italianos de Enrico Berlinguer, en lo que dio en llamarse “Eurocomunismo” para marcar una distancia táctica de la organización Internacional al servicio de la Unión Soviética[3], dejaron abierto el camino a otras facciones marxistas revolucionarias ( maoístas, leninistas ortodoxos, trotskistas … ) que, en algunos casos, apelaban directamente al terrorismo como método corriente de actuación política.

Era el caso del FRAP, el GRAPO, la ETA nacionalista vasca y grupúsculos gallegos y catalanes similares, que salpicaron de atentados terroristas y asesinatos los últimos años de la dictadura. En el caso vasco la estrategia terrorista arreciaría durante el periodo democrático posterior con indudable éxito para sus integrantes, vista la consecución de tantos de sus objetivos políticos y de la pátina de oficialidad que les ha conferido detentar el poder en numerosos ayuntamientos del País Vasco y Navarra.

La estrategia de Antonio Gramsci

En ese efervescente contexto ya estaba presente el pensamiento de Antonio Gramsci, a quién invocaban como precursor los eurocomunistas por su revisión del marxismo. Como ha dicho el profesor Miguel Anxo Bastos Boubeta, la estrategia de este pensador consiste en crear socialistas para que no sea necesario hacer la revolución. Si la población es socialista va a pedir socialismo y entender lo que quiere. De ahí, su insistencia en controlar la educación y los medios de comunicación.

Asimismo, los posmodernos le consideran un inspirador por su noción de que la liquidación del capitalismo requeriría la iniciativa creativa de las masas, irracional e imprevisible, en vez del determinismo racionalista (en el peor sentido de la palabra) que profetizaban Marx y Engels[4] en el siglo XIX. Conviene recordar, por otro lado, que el marxismo no constituía un patrimonio exclusivo del PCE en aquellos años, pues otros partidos de la izquierda española como el PSP de Enrique Tierno y Galván o el PSOE asumían la doctrina marxista como parte de su acervo ideológico[5].

No es extraño, pues, que, al mismo tiempo, confluyeran en la burocracia académica y judicial del tardofranquismo juristas marxistas inspirados por la “teoría del uso alternativo del Derecho” italiano para ganar posiciones de poder y ofrecer a la sociedad española un “aggiornamento” (actualización) de mensajes para implantar el socialismo sin una revolución cruenta.

Agustín Andrés Ibáñez

A principios de 1976, Perfecto Agustín Andrés Ibáñez[6], un conspicuo miembro de “Justicia Democrática” primero y de “Jueces para la Democracia”, después, publicaba, una comunicación presentada en una reunión de filósofos del Derecho en la Universidad de Salamanca:

El “uso alternativo del derecho” supone algo así como un empeño táctico de reconvertir políticamente los instrumentos jurídicos a una orientación progresiva, de modo que puedan ser actuados como factor de cambio social. Un esfuerzo por ampliar los posibles espacios democráticos del ordenamiento jurídico, esfuerzo en el que, dentro de un común denominador que viene dado por el punto de vista del materialismo histórico, concurren orientaciones de una cierta, diversidad, lo que, unido a la diversidad también de las disciplinas y técnicas jurídicas sobre que es susceptible de proyectarse, hace que el tema sea en principio casi inabarcable.

(…) El uso alternativo del derecho supone ciertamente una postura beligerante, pero que, lejos de pretender con sus medios utópicos soluciones globales, promueve una actitud eminentemente práctica, tratando de llevar la lucha por la transformación social a un terreno que se ha manifestado siempre como especialmente poco asequible a la misma: el del Derecho.

Cándido Conde Pumpido Tourón

Años más tarde, en 2017, Cándido Conde Pumpido Tourón en la revista de Jueces para la Democracia homenajeando al anterior[7] supo atemperar retrospectivamente las pulsiones marxistas juveniles y ofrece curiosos detalles sobre la labor de aquellos jueces autodenominados democráticos:

(…) los Magistrados de Justicia Democrática profundizaban en el análisis de las normas hasta encontrar un significado democrático, una interpretación razonada y razonable del sistema jurídico vigente, que potenciara sus vertientes mínimamente garantistas. Con ello introducían, desde el ámbito interno del poder judicial, cuñas de democracia perfectamente articuladas y fundamentadas, que minaban un sistema de base profundamente autoritario y favorecían la labor de los abogados penalistas y laboralistas que defendían a los luchadores antifranquistas[8].

Foucault como argumento de autoridad

En la STC 19/2023, de 22 de marzo, dictada en el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de regulación de la eutanasia, la actual magistrada María Luisa Balaguer Callejón, formuló un voto concurrente a la sentencia denegatoria, donde se cita como argumento de autoridad para interpretar la Constitución española de 1978, nada menos que el concepto de biopoder de Michel Foucault. Toda una declaración de intenciones posmodernas[9]

Como vimos en el anterior análisis, la conocida mayoria de 7 magistrados del Tribunal Constitucional que vota al unísono, según los designios del gobierno, cuenta entre sus filas a “juristas” que deben abstenerse de resolver incontables asuntos por guardar intereses directos y carecer de la mínima neutralidad exigida en la Constitución para esos cargos. Ninguno de ellos se dio por aludido, lo cual parece especialmente grosero en el caso de Juan Carlos Campo Moreno y Laura Díez Bueso y el presidente Cándido Conde-Pumpido Tourón, por su intervención como fiscal general en su día, o la ponente Inmaculada Montalbán Huertas, condecorada por el expresidente de la Junta de Andalucía Jose Antonio Griñán en 2012.

En las sentencias dictadas sucesivamente desde junio, para dar la vuelta a la sentencia del Tribunal Supremo de 13 de septiembre de 2022, se argumenta de forma recurrente que los condenados no pudieron prever una interpretación del tipo delictivo de prevaricación administrativa. Y, no solamente eso. Casualmente, según deciden, esta “imprevisible” aplicación del artículo 404 CP[10] que tipifica el delito de prevaricación administrativa vulneró el derecho fundamental de los condenados a la legalidad penal, recogido en el artículo 25.1CE[11].

Uso alternativo del Derecho

El razonamiento no puede ser más falaz. Un grupo que, precisamente, valiéndose del dominio del poder político regional – ejecutivo regional y mayoría del PSOE en el parlamento regional- y sus conocimientos jurídico contables y presupuestarios (directos o facilitados por sus altos cargos directivos) urdió un plan para incluir el programa 31 F en leyes anuales de presupuestos y eludir así el cumplimiento de normas autonómicas para la concesión de subvenciones (por no hablar de la CE y el resto del ordenamiento jurídico español y europeo)[12], puede cometer tal fraude de ley, invocando que no podían prever que se les condenaría por ese delito de prevaricación. Supuesto defecto de las sentencias jurisdiccionales al que se la da relevancia constitucional retorcidamente.

Hay algo particularmente irritante en estos arietes del uso alternativo del Derecho, el cual pretenden recubrir de garantismo[13]. Tanta verborrea no puede ocultar que quieren dar carta de naturaleza a los dobles raseros, a la parcialidad, el interés directo en los asuntos y a la dialéctica amigo/enemigo para favorecer a los suyos.

En definitiva. Después de más de 40 años de adhesión al partido que les ha promocionado a lo largo de toda su carrera, con los ascensos oportunos a magistrados en el CGPJ, quiénes comenzaron en los años 70 interpretando “a su manera” el Derecho se han convertido en los mandarines de la cúpula constitucional con tintes posmodernos. Controlan puestos claves para dirigir la política judicial, parte de la jurisprudencia del Tribunal Supremo y las decisiones ante casos individuales sensibles para el gobierno.

Notas

[1] En estos momentos de graves ataques a la libertad, al imperio de la Ley y a la inteligencia por parte de un tirano inacabado y su banda, conviene recordar con humor el pomposo eufemismo con el que la Ley 62/1969, de 22 de julio, de sucesión en la Jefatura del Estado, aludía al fallecimiento del dictador vitalicio Francisco Franco Bahamonde. La expresión alcanzó gran éxito entre círculos muy diversos, aunque con una clara connotación sarcástica.

[2] A ese partido comunista bajo la dirección del exiliado Santiago Carrillo Solares, el cual obtuvo un modesta representación parlamentaria en las primeras elecciones generales de 15 de junio de 1977, habría que añadir una sopa de letras de partidos marxistas leninistas de facciones distintas. Entre ellos la ORT (maoísta) el PTE (troskista), el POUM (  troskista ) el MC, la LCR (troskista) el PCOE de Líster y los abiertamente terroristas PCE(r) GRAPO, FRAP, ETA (m) y (pm). Vid. a este respecto los libros La lucha Final de Consuelo Laiz Castro y De un tiempo y de un país de Pio Moa Rodríguez.

[3] Sabido es que, tras el triunfo de la revolución bolchevique de 1917 en Rusia, Lenin – con el propósito declarado de “establecer la dictadura del proletariado y la República Internacional de los Soviets, abolir las clases sociales y realizar el socialismo, como primer paso a la sociedad comunista” – constituyó en Moscú la Internacional Comunista (o III Internacional, Komintern) en 1919 para distinguirse de la II, la cual agrupaba a partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas, heredera de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) fundada por Marx y Engels.

[4] “Explicando el posmodernismo” de Stephen R.C. Hicks. Traducción al español de 2014. Ediciones Barbarroja.

Buenos Aires. Argentina

[5] Para comprender la composición y el bagaje sentimental de quiénes acabaron recalando en el PSOE, no se olvide que absorbió en sucesivas oleadas no solo PSOE (histórico) y al PSP de Enrique Tierno Galván, Raúl Morodo Leoncio y Jose Bono Martínez, sino también a escindidos del PCE (Enrique Curiel, Diego López Garrido, Cristina Almeida) e incluso a militantes de la ORT o el PTE fulminados por el veredicto de las urnas. Ese proceso se completó con una pirueta poco recordada ahora, pero muy elocuente.

El mismo Santiago Carrillo Solares volvió a las puertas del partido de su juventud. En 1985 se separó del PCE y creó el Partido de los Trabajadores-Unidad Comunista. Tras sucesivos fracasos en las elecciones generales de 1986 y 1989, municipales y europeas de 11 de junio de 1987, celebradas el mismo día, en 1991 firmó el ingreso de los miembros de su partido en las filas del PSOE, aunque él decidió quedarse al margen.

[6] “Para una práctica judicial alternativa”, en Anales de la Cátedra Francisco Suárez, nº 16/1976, págs. 155 y ss. Actas de la II reunión de profesores de Filosofía del Derecho (abril de 1976). Actualmente magistrado emérito del Tribunal Supremo, juez de carrera por oposición, hijo de magistrado, vocal del CGPJ a propuesta del grupo socialista del Congreso de los Diputados desde el 8 de marzo de 1983 (en sustitución de Fernando Ledesma Bartret, quién fue nombrado Ministro de Justicia por el gobierno socialista de Felipe González Márquez) hasta 1985.

Tiempo después, tras mostrar públicamente críticas al método de elección de los jueces en la LOPJ y a la Ley de Seguridad Ciudadana impulsada por el gobierno del PSOE (Ley Corcuera 1992) mantuvo cierto distanciamiento con el PSOE. No obstante, el CGPJ le nombró magistrado del Tribunal Supremo en noviembre del año 2000 y estuvo hasta el 2017

[7] La pieza en cuestión, titulada con estrecha camaradería, “Nuestros comienzos: de Justicia Democrática a Jueces para la democracia (1974 -1984) ofrece una lista muy completa de los ministros, altos cargos, vocales y magistrados que los gobiernos del PSOE han ido nombrando o promocionando desde que se estableció el régimen constitucional en 1978. Todos ellos pertenecientes a estas asociaciones.

[8] Contrastar estas aseveraciones con lo sucedido en la realidad requeriría un estudio y cotejo de fuentes mucho más exhaustivo.

[9] La magistrada ilustra a quiénes tengan a bien leer su voto particular que puede citar algunos pasajes de Naissance de la biopolitique, 1979 del citado ideólogo posmoderno.

[10] A la autoridad o funcionario público que, a sabiendas de su injusticia, dictare una resolución arbitraria en un asunto administrativo se le castigará con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de nueve a quince años.

[11] Nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito, falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento.

[12] Lo que en términos jurídicos se denomina “fraude de ley” art. 6.4 Código Civil: Los actos realizados al amparo del texto de una norma que persigan un resultado prohibido por el ordenamiento jurídico, o contrario a él, se considerarán ejecutados en fraude de ley y no impedirán la debida aplicación de la norma que se hubiere tratado de eludir

[13] Como recuerda Stephen R.C Hicks, el uso de discursos contradictorios y los insultos para sorprender a los contrarios en los debates públicos constituyen claves básicas de la estrategia postmoderna.

Satanismo olímpico

El pasado día 26 de julio, París acogió la ceremonia de apertura de los XXXIII Juegos Olímpicos. Tras la celebración del pasado Mundial de fútbol en 2024 en Catar, Francia se convierte en el segundo país islámico en organizar un evento deportivo multitudinario a nivel mundial. Y no defraudaron.

Estas olimpiadas llegan en mitad de una crisis política, aunque Francia lleva así periódicamente desde que le cortaron la cabeza a Luis XVI. En las elecciones europeas, la lista oficialista del presidente Macron se pegó tal tortazo contra la derecha de Le Pen que el centrista convocó elecciones legislativas. La jugada le ha salido bien: pese a que la formación Agrupación Nacional sacó más de diez millones de votos, el endiablado sistema electoral francés le ha relegado a la tercera posición.

Todo ello es debido a que el liberal Macron, ministro de economía durante el gobierno del socialista Hollande que llevó la fiscalidad individual al 75% a partir del millón de euros, pactó con comunistas, socialistas y verdes (todos unidos en un Nuevo Frente Popular) que no se presentarían en aquellas circunscripciones donde ambas formaciones hubieran pasado a la segunda vuelta, siempre para evitar la victoria de Le Pen. La jugada ha sido victoriosa para Macron: no tendrá que nombrar un primer ministro conservador y podrá cumplir el sueño de María Guardiola: gobernar con los socialistas.

Francia: ir a misa con escolta

Volviendo al evento deportivo, a los franceses se les ocurrió sacar la ceremonia de apertura del estadio olímpico y, en su lugar, montar una especie de desfile con barcos por el Sena. Bueno, viendo los problemas de seguridad durante la celebración de la final de la Liga de Campeones en 2022, cualquier cosa que no sea andar por las afueras de París está bien pensado. Para culminar el despropósito, el comité organizador buscó la forma de herir los sentimientos de la forma más directa posible de los católicos. Católicos que tienen que ir a la Misa del Gallo escoltados por la policía.

Aquí, tras años de preparación, tuvieron a bien en parodiar el cuadro La Última Cena, la inmortal obra de Leonardo da Vinci que se puede disfrutar en el convento dominio de Santa Maria delle Grazie de Milán. Cambiando a Jesucristo por una DJ francesa con un cuerpo poco deportista, añadiendo drags queens y cualquier cosa que ofendiera lo máximo posible a los cristianos y ya de paso al espíritu olímpico.

Pero la cosa no termina aquí. En la competición de boxeo femenino (66 kg.), la italiana Angela Carini, campeona del mundo en 2019, se encontró en primera ronda contra la boxeadora argelina Imane Khelif. Esta boxeadora no pudo competir en el mundial de boxeo celebrado el año pasado porque, para competir en dicho torneo, había que realizarse dos test de ADN.

Imane Khelif, intersexual y medalla de oro

Hay que decir que esta luchadora no es transexual, en el sentido de nacer hombre y luego realizar la transición a mujer, con las inyecciones y operaciones que ello suponga. Lo que Khelif tiene es algo rarísimo: es intersexual. Nació con aparato reproductor femenino, pero tiene testículos internos y altos niveles de testosterona. Ello le hace obtener una ventaja física sobre sus rivales femeninas. Podríamos afirmar que tiene cromosomas XY, pero no diremos que eso es lo que tenemos los hombres porque no queremos que nos metan tal multa que tengamos que vender hasta el busto del padre Mariana para pagarla.

De hecho, como decimos, por eso la Federación Internacional de Boxeo no la dejó competir el año pasado en el mundial. Pero, el Comité Olímpico Internacional (COI) no realizó dichas pruebas. Simplemente, el COI ha dicho que puede competir en la categoría femenina porque ha presentado un pasaporte donde dice que es mujer. Parece que los del COI no saben que ahora en España uno se puede cambiar de sexo sin necesidad de presentar más que un papel en el Registro Civil donde dice que se siente mujer.

Juegos Wokelímpicos

En resumen, los Juegos Wokelímpicos han conseguido la cuadratura del círculo: para dar más visibilidad a los deportes femeninos, lo mejor es llenar la competición de deportistas masculinos con cromosomas XY. Ahora resulta que un hombre zurrando a una mujer es deporte olímpico. Una deportista de veinticinco años, un modelo de trabajo y esfuerzo para todo el mundo, se harta a trabajar durante tres años para buscar su momento en unas olimpiadas y, oh sorpresa, se encuentra un rival contra el que no tiene opciones por una cuestión genética, no deportiva. Por supuesto, al igual que la ceremonia de apertura, esto fue planificado durante años. No ha sido una consecuencia imprevista. Esto TIENE que ser así. El que se resista, sufrirá las consecuencias.

Ver también

Los juguos olímpicos. (José Carlos Rodríguez).

Contra los Juegos Olímpicos de Madrid 2016. (José Antonio Baonza).

Recuperación de Europa… y olimpiadas. (Daniel Lacalle).

El concepto de capital en los ‘Principios de economía’ de Carl Menger

El punto de partida típico del análisis del concepto de capital de Carl Menger en Principios de Economía (1871) es que el concepto de capital de Menger es la combinación de bienes de capital al servicio del hombre economizador con el fin de llevar a cabo un proceso de transformación de bienes de orden superior en bienes de orden inferior. Esta concepción llevó a la conclusión de que, para Carl Menger, el capital significaba bienes físicos (Braun-Lewin-Cachanovsky 2016). Sin embargo, en 1888, en un crítico artículo sobre la teoría de Eugen von Böhm-Bawerk, Menger cambió su concepto de capital y esta vez argumentó que el capital es, ante todo, sumas de dinero dedicadas a la adquisición de ingresos (Braun 2020). En este ensayo, sostengo que esta descripción es una imagen unilateral del concepto de capital de Menger en Principios de Economía.

El punto de partida de Menger para formular su visión de lo que podría considerarse capital fue el concepto de Adam Smith. El capital es un bien económico escaso que puede utilizarse para satisfacer necesidades humanas al servicio de la persona que desea utilizarlo y que produce ingresos (1871, p. 157). Sin embargo, Menger distinguía entre la concepción del capital desde un punto de vista “técnico” y desde un punto de vista “económico”.

Bien de capital desde los puntos de vista ‘técnico’ y ‘económico’

Desde el punto de vista técnico, todos los bienes económicos que se emplean para producir ingresos pueden tratarse como capital. No obstante, según Carl Menger, hay que distinguir entre un bien, como un terreno o un edificio, que se presta o se alquila para producir una renta permanente y fija, y un bien que se utiliza en un proceso de producción para producir un nuevo bien de orden inferior. Este último caso es lo que él denomina capital desde punto de visto económico. Así, el capital, en este sentido, es la cantidad de bienes económicos que se dispone en la actualidad para unos periodos de tiempos futuros.

La productividad del uso del capital es el concepto fundamental para el punto de vista económico del capital (1871, pp. 303-05). La productividad del capital significa que el uso del capital está asociado al éxito o fracaso de los esfuerzos empresariales por descubrir la oportunidad de empleo del capital para producir un bien económico de orden inferior con la esperanza de alcanzar el valor prospectivo estimado mediante la satisfacción de las necesidades humanas (1871, pp. 157-159).

Capital en forma de dinero

Carl Menger sostuvo que el capital monetario es una forma especial y cómoda de capital que está disponible para adquirir bienes de capital dedicados. Esta forma de capital es singularmente adecuada a las situaciones de alta evolución comercial (1871, pp. 303-4). Así, desde un estricto punto de vista económico, el capital consiste en dinero o en factores de producción a disposición del capitalista-empresario, con el propósito de producir un nuevo bien económico con perspectivas de venta con ganancias en el mercado. Esta inversión también podría acarrear pérdidas.

Es importante destacar que Menger, ya en Principios de Economía, dejó claro que el concepto de capital incluye aquellas sumas de dinero que se destinan a adquirir bienes de capital dedicados necesarios a la producción de un bien en particular. Menger sostenía que los bienes de capital solo producen ingresos en combinación con otros bienes económicos, como el trabajo y la actividad empresarial. La rentabilidad del capital, en sentido económico, depende del cálculo empresarial; de las perspectivas de éxito y del precio del producto final. 

El papel de la productividad

Sin embargo, Menger se concentró en el proceso de producción para descubrir los vínculos de causa y efecto de la acción económica en el mercado. Así, al hacer especial énfasis en la producción, parece que solo los bienes de capital físico son los componentes del capital al servicio del hombre economizador y que el dinero es un factor ausente. No obstante, el concepto de productividad, que él consideraba factor clave en la diferenciación entre capital en sentido técnico y económico, ya señalaba que para Carl Menger el concepto del capital, en el sentido económico, es el valor de la riqueza expresada en dinero que debe ser invertido para obtener ganancias (véase Hayek 1935).

Como ya hemos analizado, el concepto de capital de Carl Menger también tiene un alcance más amplio si incluimos su concepto de capital en sentido técnico. En este sentido, el término capital se refiere a todos los activos que producen rentas. Menger subrayó que los bienes duraderos, como la tierra o los edificios, son aquellos activos que pueden utilizarse para generar rentas o interés.

La principal diferencia entre los elementos de riqueza alquilados para producir renta o interés y los bienes de capital en el sentido económico es que la naturaleza de los rendimientos producidos es diferente (1871, p.304). Los elementos de riqueza que se alquilan en el mercado para obtener ingresos suelen producir un rendimiento más estable en forma de renta y el interés en el caso del dinero prestado como crédito. Por otro lado, Adam Smith consideraba la renta o tipo de interés como un rendimiento algo inferior a la tasa natural de ganancia. Esta última incluye la compensación de los esfuerzos de gestión y el riesgo.

Los servicios laborales como capital

Philip Wicksteed (1906), que estudió economía en Viena y estuvo muy influido por Menger y Eugen von Böhm-Bawerk, sostenía que el nivel relativamente estable del tipo de interés es el principal punto de referencia para evaluar la rentabilidad de un negocio arriesgado de producción de bienes para un mercado incierto.

En este sentido técnico más amplio, el concepto de capital puede ampliarse para incluir las prestaciones de trabajo o servicios laborales. Menger se refirió en Principios de Economía a una lista de distinguidos economistas alemanes de su época que incluían los servicios laborales en sus conceptos de capital. El propio Menger sostenía también que la categoría de bienes económicos incluye no solo los bienes materiales, sino también los inmateriales. Entre los bienes intangibles, los servicios laborales era la categoría más importante (1871, p. 55).

Así pues, los servicios laborales pueden clasificarse como capital humano cuya prestación tiene un valor y, en consecuencia, un precio en el mercado que produce rendimientos. De hecho, Adam Smith (1776) ya trataba la destreza y la habilidad de los trabajadores como capital y la literatura económica moderna discute ampliamente la importancia del capital humano (Becker, 1964)

Carl Menger trató la actividad empresarial como una forma especial de servicio laboral (1871, p. 172). Sostuvo que la actividad empresarial es un factor de producción tan necesario como los bienes de capital o los servicios laborales (1871, p. 161).

El papel del empresario

Así, en el concepto de capital de Menger se pueden distinguir dos tipos principales de capital: capital desde el punto de vista económico y capital desde el punto de vista técnico.

  1. El capital desde el punto de vista económico consiste en los bienes de orden superior o en el dinero al servicio de un emprendedor para producir un bien económico de orden inferior. La rentabilidad del capital en sentido económico depende del cálculo empresarial, de las perspectivas de éxito y del precio del producto final.
  2. El capital desde el punto de vista técnico tiene tres subcategorías:
    • Bienes económicos, incluido el dinero, utilizados para producir un rendimiento relativamente estable en forma de renta o interés.
    • El capital humano, que incluye la destreza en el trabajo, las habilidades y la competencia que pueden adquirirse invirtiendo en las capacidades humanas mediante el aprendizaje y la adquisición de nuevas habilidades. Parte de este proceso de «inversión» es el buen desempeño laboral que crea prestigio social y conexiones en el mundo del trabajo (Tóth 2017).
    • Actividad empresarial o rasgos empresariales, que son versiones especiales del capital humano.

Una sociedad que aspire a alcanzar el máximo nivel de riqueza y que quiera garantizar la mejor satisfacción posible de las necesidades humanas debería preocuparse por disponer de todas las formas de capital, ya que la falta de cualquiera de ellas es perjudicial para el bienestar económico.

Es importante señalar que la necesidad de alcanzar un nivel adecuado de bienes de capital y de capital humano bien formado es una premisa aceptada por todos. Sin embargo, a pesar de esta opinión generalizada, la actividad empresarial es vista por muchos como una actividad sospechosa. Es esencial entender que la actividad empresarial es una forma de capital humano y que una sociedad necesita ese tipo de capital para garantizar la productividad del capital físico.

Bibliografía

Becker, Gery. 1964. Human Capital : A Theoretical and Empirical Analysis, with Special Reference to Education. The University of Chicago Press.

Braun, Eduard. 2020. “Carl Menger: Contribution to the Theory of Capital (1888).” Journal of Institutional Economics 16 (4): 557–68. https://doi.org/10.1017/S1744137420000132.

Braun, Eduard, Peter Lewin, and Nicolas Cachanosky. 2016. “Ludwig Von Mises’s Approach to Capital as a Bridge between Austrian and Institutional Economics.” SSRN Electronic Journal. https://doi.org/10.2139/ssrn.2748937.

Hayek, Friedrich A. von. 1935. “Introduction.” In Menger, Carl: Principles of Economics, 2007th ed., 11–37. Auburn (Alabama): Mises Institute.

Menger, Carl. 1871. Principles of Economics. 2007th ed. Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Elecbook Classics.

Tóth, András. 2017. “Workers as Life-Entrepreneurs.” Intersections 3 (1). https://doi.org/10.17356/ieejsp.v3i1.245.

Wicksell, Knut. 1906. “The Influence of the Rate of Interest on Prices.” Economic Journal XVII:213–20.

En defensa de los mercenarios y la población civil armada

Un rasgo definitorio del pensamiento libertario es su rechazo visceral a los conflictos bélicos, al intervencionismo militar y a la guerra en general. Esta postura explica, en parte, el apoyo de algunos libertarios a la candidatura de Trump. El verdadero problema de las guerras en los Estados modernos no radica únicamente en que se financien mediante impuestos y la inflación, sino en que amplían el poder estatal de manera profunda y generalizada.

Los mayores saltos en pérdidas de libertades individuales han sido, sin excepción, consecuencia directa o indirecta de las guerras. Además, al examinar cada conflicto sin caer en teorías conspirativas, es evidente que estos parecen beneficiar a los cuerpos políticos en el poder, especialmente cuando la guerra se prolonga indefinidamente, dando la impresión de que los políticos son quienes más se benefician de sostener el conflicto.

La guerra moderna es, en gran medida, una empresa socialista: es forzosa, pública y estatal. Esto no significa que no puedan existir guerras de guerrillas apoyadas indirectamente por Estados, ni que muchas empresas no estén detrás incentivando o beneficiándose de los conflictos armados. Sin embargo, solo los políticos tienen el poder de iniciar y terminar una guerra. Esto implica que, como cualquier acción socialista, los conflictos armados modernos sufren de problemas inherentes a los sistemas centralizados: incentivos perversos, desinformación y fallos en el cálculo económico.

El caso venezolano

Consideremos el caso actual de Venezuela (agosto de 2024). ¿Por qué sólo el gobierno de Estados Unidos puede poner precio a la cabeza de Maduro? ¿Por qué sólo otro Estado puede autorizar una intervención? Y ¿por qué los cubanos o venezolanos en el exilio no pueden organizar una empresa privada que se enfrente al chavismo o al castrismo? El monopolio de la violencia legítima se extiende al plano internacional, en forma de Estados que bloquean sistemáticamente toda forma de autodefensa civil.

Es comprensible que los libertarios se opongan a una intervención extranjera en Venezuela por las razones ya mencionadas. Sin embargo, esto es equivalente a no apoyar tratamientos médicos en hospitales públicos en un país donde la salud privada es ilegal. Los mecanismos privados alternativos, como los mercenarios o la población civil armada, han sido neutralizados, dejando a los tiranos y dictadores con un camino más despejado que nunca. La idea de unos Estados Unidos con una política exterior menos intervencionista sería verdaderamente una buena noticia solo cuando se reactiven otros mecanismos privados que contrapesen la violencia estatal.

En Venezuela, la población civil está desarmada. Al igual que en otros países donde las armas son ilegales. No es que las armas no existan, pero el proceso de selección adversa asegura que solo los peores las posean. Los buenos, nobles y valientes en Venezuela están desarmados, en gran parte gracias a figuras como María Corina Machado.

Los mercenarios y la población civil armada facilitarían la salida de Maduro

El régimen de Maduro encuentra poca resistencia en reprimir a una población desarmada, a pesar de que los opositores sean mayoría y estén bien organizados. El contrapeso no reside en una guerra civil, que sería el escenario menos deseado. El contrapeso real está en los costos y riesgos, tanto potenciales como reales, que enfrentan la policía y el ejército al intentar someter a una población civil armada.

Es decir, si los rangos medios y bajos de la policía y el ejército ya tienen dudas sobre su apoyo a Maduro, estas dudas se intensificarán si se les ordena reprimir a una población civil armada. De igual manera, los incentivos para volverse contra el gobierno aumentarán si cuentan con el respaldo de una ciudadanía armada. En cualquier caso, las armas son un elemento de disuasión y equilibrio en el conflicto, facilitando la defensa de una causa justa.

La defensa y la agresión pueden ser bienes públicos, nunca un monopolio

Idealmente, el uso de la fuerza se limita a la autodefensa. Pero también puede ser necesario emplearla para defender a otros, lo que podría ser visto como una agresión para quienes no son agredidos directamente. ¿Por qué es crucial que, en ciertos sistemas, sean anárquicos o no, se defienda a terceros? Una razón podría ser que quienes financian o participan en la defensa tienen un sentido de justicia y desean hacerlo valer. Es el caso de personas adultas que utilizan sus propios recursos para atrapar pedófilos. También puede ser conveniente defender a un tercero para evitar que el agresor se fortalezca, una estrategia evidente en geopolítica.

Existen diversas líneas de argumentación que justifican que la defensa o la agresión sean bienes públicos que el Estado debe proveer. Puede ser porque se cree que el mercado no puede proveer por sí mismo la seguridad necesaria para prosperar, debido a los problemas de exclusión, o porque un enemigo armado forzosamente tendría ventaja sobre uno armado voluntariamente. En cualquier caso, incluso si aceptamos estos argumentos como válidos, la defensa y la agresión no deben convertirse en un monopolio estatal.

La provisión pública de seguridad y defensa no justifica que esta se convierta en un monopolio. Convertirla en un monopolio estatal sólo somete a la población a una situación de vulnerabilidad extrema. En esa situación, la única opción para defenderse de delincuentes o del propio Estado es recurrir al mismo Estado o a otro. La justicia puede ser tal, sin importar si la ejecuta una mano civil, policial o militar. Las armas equilibran todo tipo de fuerzas, ya sea entre virtuosos y delincuentes, entre gobernantes y gobernados, e incluso entre hombres y mujeres.

Incentivos para los mercenarios

Cuando se habla de mercenarios, la imaginación suele evocarnos imágenes de hombres crueles, salvajes y sin escrúpulos, al servicio de los ricos y poderosos, ayudándolos a eliminar a quienes se interponen en su camino. Sin duda, ser mercenario no es un servicio común, pero eso no significa que esté exento de principios cooperativos que regulen su conducta.

  • Justicia: El mundo está lleno de injusticias que el Estado, por desinterés o ineficiencia, deja de lado. ¿Qué incentivos tiene el Estado para hacer justicia en delitos que no lo afectan directamente? Principalmente, satisfacer a sus ciudadanos y mantener la paz y la prosperidad. ¿Qué incentivo tienen los mercenarios para actuar con justicia? ¿Por qué los mercenarios preferirían aceptar un trabajo justo y no cualquier trabajo? Porque los mercenarios que aceptan trabajos injustos incrementa el precio de su propia cabeza.

El popular videojuego Assassin’s Creed Odyssey ilustra esta dinámica de manera exagerada: en el juego eres una especie de mercenario griego (Misthos) que puede apoyar causas nobles que han sido desatendidas y donde alguien está dispuesto a pagar, pero también te ofrecerán trabajos sucios. Si aceptas y ejecutas estos trabajos sucios, haciendo lo que es injusto, te conviertes en un delincuente, un problema más que una solución. Esto provoca que otros agentes se interesen en eliminarte, poniéndole precio a tu cabeza y atrayendo a otros mercenarios que se interponen en tus misiones y buscan acabar contigo en el juego.

Reputación y financiación

  • Reputación: Al igual que en cualquier negocio, la reputación es crucial para un mercenario. Si realiza su trabajo de manera eficiente, minimizando bajas y enfocando los recursos de manera precisa, ganará prestigio y podrá seguir operando. Desde esta perspectiva, si el ejército estadounidense o la DEA fueran mercenarios, tendrían una pésima reputación; rara vez logran evitar que los conflictos se prolonguen y consuman más recursos de los necesarios, evitando el fortalecimiento del bando contrario y concentrándose en el objetivo. En pocos casos, como el de Bin Laden, las fuerzas armadas se enfocan en atacar directamente la cabeza de los conflictos o hacer misiones quirúrgicas; por lo general, las intervenciones militares convencionales acarrean enormes costos en vidas civiles. Un mercenario que se concentre en atacar la cabeza de un conflicto sería el más reputado. Incluso un mercenario que opta por capturar en lugar de matar protege tanto su reputación como la de quienes lo contratan.
  • Financiamiento: Para financiarse, un mercenario puede recibir grandes sumas de dinero de una sola persona o pequeñas sumas de muchas personas. Lo segundo presenta un reto típico de coordinación económica, que puede requerir soluciones costosas o avances tecnológicos, pero no es imposible de ejecutar.

Conclusión

La descentralización y la competencia son fundamentales para la innovación y la eficiencia. Sin embargo, a menudo tenemos la impresión de que, cuantas más personas participen en asuntos de defensa y justicia, más violento y menos justo será el mundo. El estudio de los mercados libres y abiertos nos demuestra lo contrario: muchos agentes abordando un problema de manera descentralizada generan soluciones cada vez mejores.

De manera similar, en el plano político, es esencial comprender que la verdadera división de poderes es también una división de fuerzas y lealtades. Las divisiones internas de poder en el Estado son una herramienta para fortalecer las instituciones, pero no son suficientes; los contrapesos extraestatales son igualmente necesarios. Esto es algo que los liberales y libertarios pueden apreciar, y que incluso se puede valorar desde principios democráticos y republicanos: una población civil que se siente fuerte y capaz de enfrentarse a un tirano es una población más libremente comprometida con la participación en los asuntos públicos.

Ver también

Sobre las empresas de seguridad de Nozick. (Miguel Anxo Bastos).

Viviendo en ancapia. (Sergio Ballester Marco).

En Nottingham, tres personas mueren apuñaladas por un fallo del Estado

Por Ian Acheson. El artículo En Nottingham, tres personas mueren apuñaladas por un fallo del Estado fue publicado originalmente en CapX.

Fue una atrocidad que conmocionó a la nación. En junio del año pasado, Valdo Calocane mató a puñaladas en Nottingham a los estudiantes de 19 años Barnaby Webber y Grace O’Malley-Kumar, y a continuación mató a Ian Coates, de 65 años. A continuación, Calocane robó la furgoneta del Sr. Coates y la utilizó para herir de gravedad a otras tres personas acribillándolas en la calle antes de que la policía lo detuviera.

El atentado tenía todas las características de un atentado terrorista, y los habitantes de Nottingham y de otras localidades se sintieron aterrorizados en las primeras horas y días posteriores al suceso. Los tribunales decidieron que Calocane era culpable de homicidio en grado de tentativa, una decisión muy que dolió a las familias de los fallecidos. Es probable que nunca salga del hospital de seguridad donde se encuentra recluido.

La brutal trayectoria de este ataque se expuso ante el tribunal, por lo que el cómo de estos asesinatos es fácil de determinar. Es mucho más difícil averiguar el porqué de tales sucesos, y desde luego menos cómodo. Lo que está surgiendo ahora, con deprimente inevitabilidad, es que los procesos que ya estaban disponibles y que deberían habernos mantenido a salvo de este hombre fracasaron estrepitosamente. Calocane fue dado de alta por el Nottinghamshire NHS Trust para ser trasladado a la comunidad a pesar de las claras pruebas de que su enfermedad mental podía llevarle a hacer daño o incluso a matar a alguien.

Incidencia en la igualdad y la diversidad

Los inspectores del regulador legal, la Comisión de Calidad de la Atención, entraron en el centro sólo 13 días después de la matanza de Calocane. En ese momento, encontraron una organización que «requería mejoras» en general, pero que funcionaba razonablemente bien. Sin embargo, identificó la gestión de riesgos organizativos como una debilidad particular, declarando: «No siempre había disposiciones sólidas para identificar riesgos, problemas y acciones de mitigación. No vimos que se hubieran cuestionado y validado los riesgos elevados».

De las personas cuyo trabajo literal era cuestionar la gestión de riesgos y ser el canario de la organización en la mina de carbón, se dijo lo siguiente:

Los directores no ejecutivos elogiaron ampliamente la forma en que el presidente había aportado orden y calma al consejo. Había intentado aumentar la diversidad del consejo mediante el nombramiento de directores no ejecutivos asociados y se había centrado más en la igualdad y la diversidad.

La autocomplacencia por este enfoque no sobrevivió a la siguiente visita de la CQC a principios de este año. En esta ocasión, se trataba específicamente de examinar cómo había funcionado el servicio de salud mental de la fundación a la luz del ataque perpetrado en Nottingham por un hombre que estaba bajo su supervisión. El pliego de cargos resultante resulta tristemente familiar para quienes nos pasamos la vida intentando evitar daños.

Valoración de los riesgos

Las evaluaciones de riesgos eran incoherentes y omitían detalles clave sobre la amenaza que representaba Calocane. Sus planes de atención eran inadecuados y no utilizaban las facultades pertinentes disponibles para obligar al tratamiento. Los registros sobre si tomaba medicación y cuándo lo hacía eran caóticos o inexistentes. La institución minimizó o no comprendió cómo su comportamiento anterior podía influir en sus acciones futuras. Y, lo que es más importante desde la perspectiva de por qué el Nottingham NHS Trust falló a sus víctimas. La arraigada creencia ideológica de que las personas gravemente enfermas y peligrosas casi siempre pueden ser tratadas en la comunidad. Este incumplimiento mató a personas.

Este último fallo empieza a explicar por qué cambiar la cultura en las organizaciones que fracasan es posiblemente más importante que procesos, protocolos e informes adicionales. Sin embargo, esto también es notoriamente difícil de hacer. He pasado gran parte de mi vida profesional estudiando la gestión de riesgos, desde la sala de juntas hasta la sala del tribunal. Invariablemente, los resultados catastróficos se deben a que las personas no utilizan correctamente los sistemas existentes, no a la falta de otros nuevos.

No es sólo “gobernanza”

Esta patología se manifiesta en organizaciones cansadas, aisladas, asediadas y herméticas en las que se impide a las personas examinar críticamente su propia práctica. La falta de tiempo, la baja moral de la primera línea, la falta de formación, la falta de transparencia, la arrogancia y la arrogancia de la alta dirección, la falta de recursos, la escasa supervisión de los trabajadores, el miedo a las repercusiones, la anteposición de la reputación personal y de la organización a las prioridades éticas. Algunos de estos factores, o todos ellos, operan en las organizaciones de alto riesgo para crear un «pensamiento de grupo» interiorizado que en ocasiones resulta ruinoso para la protección pública.

El Nottingham NHS Trust contaba con todos los elementos teóricos de la gestión de riesgos. Tenía estructuras de «gobernanza» que le salían por las orejas. Toda la podrida arquitectura de la burocracia estaba en su lugar antes de que alguien decidiera que un enfermo mental florido era adecuado para ser tratado en la comunidad con un toque ligero. Calocane convirtió esa inexcusable ligereza en homicidio. Todos estos factores predictivos del desastre organizativo pueden detenerse y revertirse. Pero se necesita un enorme compromiso desde la dirección hasta el sótano para hacerlo realidad. También requiere un riguroso control independiente de los avances, algo de lo que no han sido capaces los actuales directores no ejecutivos.

Si fuera un entorno empresarial

¿Podemos arreglar organizaciones como esta fundación del NHS Trust? Nottingham fue la primera fundación con un hospital de alta seguridad dentro de su ámbito en recibir ese cacareado estatus en 2015. Qué grotesca ironía. Una de las ventajas del estatus de fundación es que la organización puede comportarse con mayor autonomía y de forma más empresarial. Si eso fuera cierto en un entorno comercial, veríamos cómo el precio de las acciones se desploma y el consejo se marcha junto con los altos ejecutivos. Pero estamos hablando de personas muertas, no de widgets.

Corresponde actuar a Wes Streeting, que se ha declarado «conmocionado» por las últimas revelaciones. Una investigación dirigida por un juez, aunque bienvenida, no puede proporcionar la seguridad que el país necesita ahora para que una repetición de este fracaso sea lo más cercana a lo imposible, no «cruzar los dedos». Las familias que se han quedado sin hijos y sin abuelo nunca podrán ser compensadas por el daño causado. Pero una intervención rápida y decisiva puede dar algún sentido a la dolorosa pérdida que han sufrido a manos del Estado.

Hacia el abismo reaccionario

Por James M. Patterson. El artículo Hacia el abismo reaccionario fue publicado originalmente en Law & Liberty.

El 2 de julio de 2024, la cuenta X del obispo Robert Barron de Winona-Rochester publicó un fragmento de una entrevista más larga que había realizado con el profesor de la Universidad de Notre Dame Patrick J. Deneen. Barron es famoso por su increíble ministerio católico Word on Fire. En el clip, Deneen se refería a tres figuras opuestas a la Revolución Francesa -Louis de Bonald, el ex cardenal Louis Billot y Juan Donoso Cortés- que, en su opinión, proporcionaban críticas convincentes del liberalismo.

Hizo referencia a estas figuras con muy poco contexto. Se hizo creer a los espectadores que se trataba simplemente de hombres perspicaces que reconocieron tempranamente muchos de los defectos del gobierno liberal. Aunque estos pensadores eran realmente críticos con el liberalismo, era imprudente recomendarlos a un público general sin advertir primero de los graves defectos de su obra, especialmente el antisemitismo de Bonald, la teoría de la conspiración de Billot y el autoritarismo de Cortés. Si no estaba dispuesto a proporcionar estos antecedentes, Deneen, en mi opinión, no debería haber recomendado a estos pensadores. Si de todos modos insistió en plantearlos, el obispo Barron no debería haber incluido esta parte de la entrevista.

Cuando planteé estas preocupaciones en X, Deneen me acusó de intentar «anularle» como antisemita, como, según él, había intentado hacer Yasha Mounk en el pasado. Uno podría sospechar razonablemente que Deneen hizo esta acusación para desviar la atención de sus dudosas recomendaciones y, en cierto sentido, funcionó: lo que siguió fue un acalorado debate sobre el antisemitismo y la cultura de la cancelación.

Deneen lanza acusaciones de ‘cancelación’

Sin embargo, Deneen no abordó mis principales preocupaciones. ¿Era consciente de lo profundamente problemáticos que eran estos pensadores? ¿Tiene Deneen alguna razón para recomendárselos al obispo Barron en lugar de, por ejemplo, a Edmund Burke? No lo dijo. Que yo sepa, todavía no lo ha hecho (aunque no puedo investigar el asunto por mí mismo, ya que Deneen me bloqueó en las redes sociales).

Si Deneen no está dispuesto a dar información importante sobre los escritores que recomienda, alguien debería hacerlo. Este artículo, en consecuencia, repasará las tres figuras en cuestión. Bonald fue uno de los arquitectos del antisemitismo francés moderno. Condenó la Revolución Francesa no sólo por su tremenda violencia y derroche, sino también por la emancipación de los judíos, que en su opinión debían permanecer en guetos hasta su conversión al catolicismo. Billot perteneció al partido monárquico antisemita Action Française y fue uno de los principales opositores a la herejía modernista en Francia. Su estridente oposición al modernismo acabó por abrumar su sentido de la responsabilidad eclesial, llevándole a desafiar al Papa al que una vez pidió a los demás que obedecieran.

Por último, Cortés abogó por la dictadura como solución a los desacuerdos parlamentarios y la formación de partidos políticos opuestos a la monarquía española. Esta recomendación fue profundamente preocupante, y tampoco funcionó, ya que los españoles pasaron por hombre fuerte tras hombre fuerte hasta la muerte de Francisco Franco en 1975. Destacar una de estas figuras sería un error honesto. Tres parecen más deliberadas.

Bonald y «Sur les Juifs» (Sobre los judíos)

Louis de Bonald (1754-1840) fue un pensador antirrevolucionario francés. Sus obras más famosas en inglés están recopiladas en The True and Only Wealth of Nations (La verdadera y única riqueza de las naciones). En el ensayo titular y en otros, sostiene que la verdadera riqueza procede de un orden jerárquico establecido, arraigado en la propiedad de la tierra de la aristocracia, el papel indirecto de la Iglesia en la legislación francesa y la preservación de la familia. La Revolución Industrial había cambiado este orden a peor. En pocas palabras, Bonald veía la Revolución Industrial y sus consecuencias como un desastre para la raza humana. Bonald aborda el tema con una actitud reaccionaria. En los viejos tiempos de los latifundios agrícolas reinaba la paz, pero el orden industrial había dado paso a una nueva era de malestar social.

La causa de este malestar, según Bonald, era el énfasis en la producción y la eficiencia por encima de las cosas más importantes de la vida. En su opinión, economistas como Adam Smith consideraban que la productividad era superior a la virtud, y las naciones que adoptaran el marco smithiano alcanzarían rápidamente la productividad a expensas de la virtud. El vicio escalaría entonces, dando lugar al conflicto. La vieja aristocracia era impotente para impedirlo porque había sido desbancada por una nueva clase de comerciantes que ejemplificaban lo que él llamaba el «triunfo de la mente pequeña», prefiriendo las normas administrativas a las relaciones personales.

Confundir los privilegios propios con la virtud en una comunidad

Bonald parecía culpar a Smith del hundimiento y la disolución parcial de las clases aristocráticas durante la Revolución Francesa. Sin embargo, nunca llegó a establecer la conexión entre ambas cosas. Además, en Bonald hay poco que explique el increíble bien que Smith había observado en Escocia. La aparición del comercio y los mercados había mejorado espectacularmente la calidad de vida de los escoceses de a pie, aunque los aristócratas, como Bonald, tenían motivos para lamentar el declive de los monopolios que antaño los habían sostenido. No es de extrañar, pues, que viera el ascenso de los «hombres nuevos» como una usurpación de su posición.

Esta no es la opinión más desagradable de Bonald. Su «Sur les Juifs», aún sin traducir al inglés, es una teoría antisemita de la conspiración publicada en 1806 en la Mercurie de France, en la que vincula los principios de la Revolución a la emancipación de los judíos, diciendo: «La Asamblea declaró provisionalmente a los judíos ciudadanos activos del Imperio francés, un título que -en consideración a los derechos del hombre recientemente decretados- se consideraba entonces como el más alto honor y bendición a los que podía aspirar una criatura humana».

La causa original de su publicación fue una controversia sobre la posición económica de los judíos en Alsacia. En respuesta a la emancipación revolucionaria de los judíos franceses de las duras leyes antisemitas, Bonald declaró que no sólo era un escándalo, sino una amenaza para la supervivencia de la nación francesa. Al igual que los esclavos negros franceses emancipados, los judíos, para Bonald, eran parásitos del modo de vida francés y una clase de gente extraña.

Cuando los judíos despierten

Como él decía:

Si los judíos se hubieran extendido por toda Francia, unidos entre sí como todos los que sufren por una causa común, y en buenos términos con los judíos extranjeros, habrían hecho uso de su riqueza para adquirir una vasta influencia en las elecciones populares y luego habrían utilizado su influencia para adquirir mayores riquezas. Creo que hasta ahora, más centrados en la riqueza que en el poder, han llevado a cabo parcialmente tal esquema empleando su capital en grandes adquisiciones.

La Revolución, según Bonald, fue «siempre amistosa con los judíos» y les permitió dedicarse a la usura que había despojado a gran parte de la alta burguesía francesa. Su emancipación fue «una falta enorme y deliberada… en contradicción con las leyes y la moral». Consideraba a los judíos como la máxima expresión de la sociedad comercial smithiana, señalando con nostalgia cómo, bajo el antiguo régimen, habían permanecido con razón en guetos hasta su conversión. Bajo la emancipación, utilizando la sociedad industrial y comercial como fuente de poder, florecieron mientras la aristocracia se desmoronaba.

Un nuevo feudalismo judío

Bonald creía que los judíos franceses utilizarían el éxito comercial para establecerse como un nuevo tipo de señor feudal, como creía que habían hecho con Alsacia:

Hubiéramos visto a los mismos legisladores, al mismo tiempo que suprimían una nobleza feudal que se había vuelto irrelevante e inofensiva, extender toda su protección a este nuevo feudalismo de los judíos, los verdaderos altos y poderosos señores de Alsacia, donde reciben hasta una décima parte de los ingresos, así como las cuotas señoriales. Y en efecto, si en términos filosóficos feudal es sinónimo de opresivo y odioso, ¡no conozco nada más feudal para una provincia que once millones en hipotecas debidas a usureros!

Según Michele Battini,

Bonald inició la campaña de propaganda contra los judíos del Imperio francés y del Reino de Italia, que pronto condujo a graves limitaciones de la igualdad jurídica y de los derechos de ciudadanía de los judíos. Este era el nuevo paradigma que surgió en aquellos años: los antiguos enemigos de la Cristiandad se habían igualado a todos los demás ciudadanos y constituían de hecho un poder hostil dentro de la comunidad nacional cristiana; gracias a las garantías democráticas que habían obtenido, los judíos podían ahora conspirar impunemente para utilizar su poder económico para conquistar el poder político. En consecuencia, la lucha contra el capitalismo «judío» debería haberse dirigido contra sus principales protectores, a saber, las instituciones liberales y el Estado constitucional.

En resumen, el artículo de Bonald en el Mercure de France no era una posición casual que se pudiera separar de su obra más amplia. Por el contrario, constituyó el núcleo de la teoría de la conspiración que atribuyó a figuras como Adam Smith, Voltaire y los judíos; además, esta teoría de la conspiración, más tarde conocida como la teoría de la conspiración «judeo-masónica», dominó las narrativas políticas reaccionarias desde entonces.

Billot, Maurras y la conspiración judeo-masónica

El ex cardenal Louis Billot argumentó contra el liberalismo en su folleto de 1921 Liberalismo: A Criticism of Its Basic Principles and Divers Forms, en el que cita extensamente a los vehementes antisemitas Louis Veuillot y Charles Maurras (amigo personal). Billot era integralista católico, teólogo, principal opositor a la herejía modernista y miembro del partido protofascista y antisemita francés Action Française. En una primera lectura, su panfleto contra el liberalismo parece relativamente libre del antisemitismo que cabría esperar de un miembro de Action Française, pero es visible si uno sabe qué buscar y dónde encontrarlo.

Una pista está en la introducción en inglés del P. G. B. O’Toole, del Seminario de San Vicente (ahora Colegio de San Vicente). O’Toole introdujo el libro de Billot con una discusión sobre la libertad predicada por la Iglesia y «la libertad, igualdad y fraternidad masónicas» que eran «las más veraces caricaturas de esos sublimes ideales a los que el cristianismo católico aplica los términos». La mención de la masonería podría parecer extraña al lector, ya que la mayoría de los estadounidenses no se preocupan por una asociación fraternal secreta de hombres más conocida por recaudar fondos para hospitales y ser el tema de la franquicia cinematográfica National Treasure. Sin embargo, entre un subconjunto de católicos especialmente tradicionales, los francmasones se consideraban parte de una cábala internacional, junto con los judíos, para socavar los estados confesionales católicos.

Bonald no sólo era antisemita en sus opiniones personales, sino que integraba ese antisemitismo en una visión apocalíptica que anticipaba el triunfo final del liberalismo.

Una ideología reaccionaria

Desde los escritos de Bonald, figuras de la ideología reaccionaria francesa como Louis Veuillot, Henri Roger Gougenot des Mousseaux y Édouard Drumont habían abrazado esta teoría como explicación de por qué el trono y el altar no tuvieron culpa del inicio de la Revolución Francesa. Billot utiliza la misma mitología pastoril para explicarse a sí mismo: antes de la Revolución, había un orden adecuado en los asuntos franceses, y la conspiración que Bonald temía había comenzado en cooperación judía con los liberales de la Ilustración, que más tarde fueron agrupados por Veuillot, Mousseaux y Drumont en la Logia Masónica.

La cara pública de la conspiración judeo-masónica era, según estos teóricos de la conspiración, el propio liberalismo. Los liberales prometían una vida sin restricciones por la tradición y, por tanto, con el poder de la expresión personal, pero eran promesas vacías destinadas a ocultar el verdadero objetivo del liberalismo, que era sentar las bases para establecer un vasto Estado opresor destinado a aniquilar a la Iglesia católica. El espejismo de la libertad era una artimaña para engañar al pueblo y establecer ese Estado.

El libro de Billot sobre el liberalismo se inscribe perfectamente en esta tradición más amplia. El propio término «liberalismo» hace referencia a la conspiración judeo-masónica en sus esfuerzos públicos por socavar la posición de la Iglesia en Francia.

El estilo de la escritura de Billot lo ilustra. Habla del «liberalismo» como una fuerza unida cuyas verdaderas intenciones no han sido declaradas, pero que sin embargo se observan en sus ambiciones políticas.

El liberalismo como órgano destructor del cristianismo

Los liberales pueden hablar de libertad, igualdad y fraternidad, pero lo que realmente quieren es el poder de destruir el modo de vida cristiano tradicional, en Francia y en todo el mundo:

No fue hasta la primera parte del siglo XVIII que la infidelidad se convirtió en un poder real. A partir de entonces, se extendió con increíble rapidez a todos los ámbitos. Desde el palacio hasta la cabaña, se insinúa por todas partes, lo infesta todo; tiene canales invisibles, una acción secreta pero infalible, de tal modo que el observador más atento, al presenciar el efecto, a veces no acierta a descubrir los medios.

Mediante una especie de prestigio incomprensible, consigue hacerse querer por aquellos mismos de los que es enemigo mortal, y la misma autoridad a la que está a punto de inmolar, la abraza estúpidamente justo antes del golpe. Pronto un simple sistema se convierte en una asociación formal, que por rápida transición se transforma en un complot, y finalmente en una gran conspiración que cubre toda Europa. …

La libertad es el pretexto, la libertad es el ídolo para seducir a las naciones; el ídolo que tiene manos y no siente, que tiene pies y no camina; un dios inanimado detrás del cual Satanás se prepara para reducir a las naciones a una servidumbre mucho peor que la que había atado al mundo por medio de los ídolos materiales del paganismo. …

Esta es, pues, la conclusión final del presente artículo: que el Liberalismo busca el derrocamiento de la religión, cuando bajo el nombre mentiroso de libertad, entra en el orden doméstico, económico o político.

Una gran conspiración satánica

El lector atento observará que el momento de la «propagación de la infidelidad» de Billot -principios del siglo XVIII- coincide con la fundación de la logia masónica en 1717, cuando llegó a Francia a través del exilio de los Estuardo de Inglaterra, desde el palacio a las cabañas de los franceses de a pie que ignoraban lo que les iba a suceder. Como ilustra este fragmento, Billot no se compromete sustancialmente con las ideas liberales, sino que trata de exponerlas como una gran conspiración satánica contra la Iglesia. Para ello, atribuye constantemente al «liberalismo» una agencia conspirativa, tratándolo como una entidad infernal que coordina a una multitud de actores en la sombra sobre un vasto número de naciones. No se trata de una obra seria, ni de crítica cultural ni de teoría política. Es un ejemplo más de construcción narrativa reaccionaria.

Billot era un miembro influyente de Action Française, como uno de sus aliados mejor situados y más comprometidos en la jerarquía católica francesa. Era íntimo amigo de Maurras, el fundador del partido, que forjó la posición definitoria del partido durante y en respuesta al asunto Dreyfus, un esfuerzo profundamente antisemita del gobierno francés por condenar por traición a un judío alsaciano y oficial del ejército francés. (Obsérvese que Alfred Dreyfus, el oficial judío falsamente acusado, era precisamente de la misma región de Francia que dio ataques a Bonald por los judíos franceses).

Dados los orígenes del partido y las propias opiniones de Maurras, no sorprende saber que Action Française se oponía a lo que Maurras llamaba los «cuatro estamentos confederados» de protestantes, francmasones, extranjeros y judíos.

Pío X

Cuando circularon rumores de que el Papa San Pío X condenaría a Maurras y sus escritos en 1914, Billot intervino con una audiencia personal con el Papa, a quien presentó un ejemplar especialmente encuadernado de L’Action française et la religion catholique, para persuadir al Papa de que cambiara de opinión. La respuesta de Pío X fue que Maurras era «un buen defensor de la Santa Sede y de la Iglesia».

¿Qué decía Maurras en el libro que Billot entregó al papa? Explicaba cómo:

¡Ay! El anticlericalismo liberal, radical y judío masónico ha avanzado lo suficiente -desde los tentadores de Luis XVI hasta ciertos agentes turbios durante la crisis monárquica de 1910- como para que ya no se diga que la fidelidad al catolicismo, que plantea ciertos obstáculos inmediatos al designio monárquico, lo simplifica o facilita».

Al igual que Billot, Maurras ve una «infidelidad en expansión» que se desplaza de palacio a cabaña bajo la nefasta dirección de agentes en la sombra. Al describir lo que Action Française había hecho para desbaratar a los liberales en la Tercera República, Maurras se jacta: «Junto a los ataques dados al masón [Amédée] Thalamas o al judío [Henry] Bernstein, protegidos por todas las fuerzas del Estado, hay una serie de campañas dirigidas por Maurice Pujo» contra una serie de enemigos del catolicismo francés.

La condena papal de Action Française

Aquí, Maurras se jactaba de las hazañas de los Camelots du Roi, una banda integralista francesa dirigida por Pujo que utilizó la violencia para intimidar a los oponentes de Maurras durante el asunto Thalamas de 1904. Este fue el libro que Billot eligió para regalar al Santo Padre. Es triste que le indujera a perdonar a Maurras en lugar de condenarle aún más enérgicamente. Como ha escrito el P. Martin Rhonheimer, los papas de este periodo tampoco fueron inmunes a estas ideas.

Sin embargo, el sucesor del Papa, Pío XI, no se inmutó y condenó Action Française en 1926, cuatro años después de que el panfleto antiliberal de Billot apareciera en inglés. La condena obligaba a todos los católicos a abandonar el partido. Muchos miembros de Action Française, al menos al principio, se resistieron. En respuesta, Billot envió un mensaje a Léon Daudet, político de Action Française, antisemita y entonces futuro colaborador nazi, elogiándoles por su negativa. El mensaje se filtró posteriormente. Pío XI montó en cólera y exigió a Billot que anulara su declaración. Billot se negó.

En un compromiso con el Papa, Billot decidió dimitir como cardenal y se retiró a la vida privada en un noviciado italiano. Tan comprometido estaba con la visión política de Action Française que renunció a su propia posición en la Iglesia en una especie de martirio equivocado al autoritarismo de derechas y al antisemitismo. Fue un desenlace trágico a la luz del tremendo trabajo de Billot en teología dogmática, pero él mismo se lo buscó.

Cortés y la dictadura

El tercer pensador de Deneen, Juan Donoso Cortés, fue un importante político y diplomático en la España de mediados del siglo XIX. Descendiente del explorador Hernán Cortés, fue un monárquico liberal al principio de su vida, pero la naturaleza anticlerical del republicanismo español le llevó cada vez más a la derecha, empujándole finalmente a posiciones políticas reaccionarias tras la Revolución de 1848. Cortés era amigo de Veuillot, quien le animó a publicar sus ensayos contra el liberalismo y el socialismo. También mantuvo correspondencia con el Papa Pío IX y, según R. A. Herrera, el contenido de los argumentos de Cortés se incluyó en la encíclica papal de 1864 Quanta cura y en el Syllabus of Errors.

En sus ensayos, Cortés defendía la dictadura como solución a la amenaza que los liberales españoles suponían para la preservación de la monarquía española. Inspirándose en figuras como Joseph de Maistre, defendió una visión negativa de la libertad humana. Cortés predijo que, una vez emancipado, el pueblo se entregaría a tremendos vicios como los que se dieron en revoluciones anteriores del siglo XIX. El resultado sería una dictadura liberal. Si había que elegir entre dictaduras, Cortés razonaba que la católica era claramente preferible. De los tres autores recomendados, Cortés parece ser el que menos dice sobre los judíos o los masones. En el caso de los judíos, puede que se deba a que habían sido expulsados de España en 1492, algo que Cortés lamentaba en una carta a su amigo el conde Raczynski.

Contra las revoluciones

Cortés adopta un discurso más genérico sobre la Revolución Francesa y sus revoluciones posteriores. Volviendo a un tema ya familiar, detalla cómo España fue una vez una gran nación unificada antes de que la Revolución lo destruyera todo. Cortés se pronunció el 30 de diciembre de 1850:

España fue constituida nación por la Iglesia, formada por la Iglesia para los pobres; los pobres han sido reyes en España. Los que eran labradores arrendatarios tenían tierras a perpetuidad con la renta más baja, en realidad, eran propietarios. Todas las fundaciones religiosas de España eran para los pobres. Los labradores tenían lo suficiente para dar pan a sus hijos con los jornales que ganaban trabajando en los gloriosos y espléndidos monumentos de que España está llena. ¿Y qué mendigo no tuvo un pedazo de pan mientras hubo un convento abierto?

Pues bien, señores, la revolución ha venido a cambiarlo todo.

El imaginario pastoril que describe es simplemente ficción. España conoció la inestabilidad y la guerra antes de cualquier revolución moderna, como se vio durante la Reconquista, la Guerra de los Treinta Años o la Guerra de Sucesión española. El último ejemplo es especialmente revelador. Desde 1701 hasta 1714, decenas de miles de españoles murieron o resultaron heridos, mientras que los pobres que no servían en los ejércitos y armadas sufrían un acceso limitado a las necesidades debido a la baja productividad y a los ceses del comercio. Esta revolución no fue fruto de las perniciosas ideologías políticas modernas, ya que se libró en torno a la cuestión de quién debía suceder en el trono después de que el último rey Habsburgo de España muriera por problemas de salud causados por generaciones de endogamia. Nadie discutía en ese momento si España debería haber tenido alguna vez reyes endogámicos.

La libertad, entorpecida por la corrupción y la impiedad

Durante un discurso pronunciado el 30 de enero de 1850, Cortés afirmó que quería que España tuviera libertad, pero que la libertad era imposible debido a la corrupción política y a la impiedad popular. Curiosamente, Cortés insistió en que la decadencia de la que tanto se lamentaba había comenzado ya en Constantino, y que las condiciones morales de la religión ya eran bastante malas cuando la Iglesia sentó las bases de España. La coherencia no era uno de los puntos fuertes de Cortés.

Sin embargo, tenía razonablemente clara la solución que prefería. Las únicas opciones reales que veía eran los distintos tipos de dictadura. Cortés insistía en que «la dictadura, en determinadas circunstancias… es un gobierno tan legítimo, tan bueno y tan beneficioso como cualquier otro. Es un gobierno racional, que puede defenderse tanto en la teoría como en la práctica». Incluso llegó a argumentar que los milagros podían entenderse como una especie de aprobación divina de la dictadura, a saber, «manifiesta Su voluntad directamente, quebrantando clara y explícitamente las leyes que Él mismo se impuso, cambiando el curso natural de los acontecimientos. Y cuando Él actúa así, Señores, ¿no podría decirse que Él… actúa dictatorialmente?».

La dictadura es menos opresiva que la insurrección

Concluyó con una de sus declaraciones más famosas (si es que algo de Cortés puede llamarse realmente «famoso»):

Pero la cuestión es ésta: ¿se trata de elegir entre la dictadura de la insurrección y la dictadura del gobierno? En este caso, elijo la dictadura del gobierno, por ser menos opresiva y vergonzosa.

Se trata de elegir entre una dictadura que viene de abajo y una dictadura que viene de arriba. Elijo la que viene de arriba porque procede de regiones puras y serenas. Se trata de elegir la dictadura de la daga y la dictadura del sable porque es la más noble.

¿Por qué Deneen recomendaría tal pensador político al obispo Barron? ¿Está a favor de la instauración de una dictadura católica? La historia de tales esfuerzos está repleta de fracasos, y también ha provocado la desafiliación de un número incalculable de católicos de la Iglesia; los efectos aún son visibles en Europa y América Latina hoy en día. Cabe señalar también que Cortés ejerció una gran influencia sobre el jurista nazi Carl Schmitt, que adoptó como propia la visión de Cortés sobre la dictadura y la amplió en una dirección decididamente antisemita. Está claro que las decisiones de Schmitt no son culpa de Cortés, pero la facilidad de su aplicación debería al menos hacer reflexionar a alguien antes de recomendar a Cortés, especialmente desde que todos los trabajos recientes sobre Cortés lo agrupan ahora con Schmitt.

Deneen no separa el trigo de la paja

Deneen recomendó al obispo Barron críticas profundamente erróneas del liberalismo, y lo hizo sin advertencias, asideros o cualquier otra advertencia sobre los desafortunados compromisos en el corazón de estas críticas. Sin embargo, algunos, incluido Deneen, han respondido a mis preguntas y críticas llamándome «antiintelectual», sugiriendo que prefiero «cancelar» a los pensadores por tener malos argumentos en lugar de salvar los buenos. Aristóteles, después de todo, es una figura fundacional de la filosofía, pero también tenía opiniones sobre la esclavitud y las mujeres que ofenden a los lectores contemporáneos. Incluso los más grandes filósofos se equivocan de vez en cuando.

Pero, ¿dónde están esos buenos argumentos? La «criba» en el caso de estos tres pensadores socava gravemente las propias críticas al liberalismo que Deneen desea recomendar. Bonald no sólo era antisemita en sus opiniones personales, sino que integró ese antisemitismo en una visión apocalíptica que anticipaba el triunfo final del liberalismo. Tamizar» aquí significa dejar la crítica de Bonald en el montón de polvo de la historia, donde pertenece. Billot no era sólo un amigo ocasional de Maurras, sino un miembro comprometido de Action Française cuyo compromiso con las teorías conspirativas antisemitas enmarcó sus opiniones políticas y, en última instancia, destruyó su carrera clerical. Cortés veía las dictaduras como la respuesta necesaria e inevitable al liberalismo, por lo que su defensa de la dictadura era fundamental para su crítica.

¿Por qué elige Deneen estos tres autores?

La pregunta que uno debe plantearse en este punto es: «¿Por qué estos tres?». ¿Qué hay en ellos que Deneen encontraba tan atractivo? No puedo responder a esta pregunta, pero al menos puedo plantearla. Hay mucho que criticar en el liberalismo contemporáneo, pero la emancipación judía de las leyes represivas es sin duda una de las piezas que deberíamos conservar. Merece la pena recuperar algunas tradiciones históricas, pero no los partidos antisemitas organizados. Los liberales pueden cometer errores, pero tienen razón al reclamar un gobierno libre de ciudadanos iguales.

Deneen ha intentado en el pasado evitar el ángulo antisemita y conspirativo «estructurando» el liberalismo como una fuerza social y no como un instrumento para nefastos conspiradores. Con esta incursión en el pensamiento reaccionario europeo, Deneen parece estar deshaciendo su propio trabajo. Por el bien de sus propios argumentos, debería recomendar mejores críticos que estos tres.

Por lo tanto, mi oposición se mantiene. Deneen no debería haber recomendado a Bonald, Billot o Cortés, pero al menos debería explicar más claramente por qué, a pesar de todo lo que he esbozado, pensaba que merecían la pena. Está más que claro que estos pensadores no son adecuados para criticar los problemas políticos estadounidenses contemporáneos ni los que afronta la teoría liberal. Corresponde a Deneen demostrar que merece la pena leer a los teóricos de la conspiración antisemita y a los defensores de la dictadura.

Ver también

Los reaccionarios culturales. (Fernando Parrilla).

Podemos ser aún más reaccionarios. (Carlos Rodríguez Braun).

Lo que los libertarios podemos aprender del carlismo. (Daniel Morena Vitón).

La economía a través del tiempo (XVIII): la Escuela Austriaca y los sofistas

Continuando con la posición que ha mantenido la Escuela Austriaca sobre la antigua Grecia, toca hablar de los sofistas. En este sentido, Huerta de Soto (2022, pp. 6-7) hace un alegato a favor de los sofistas. Según él, entendieron mucho mejor los procesos del mercado y del orden social que los filósofos posteriores, y hace hincapié en el cambio que se produce tras la irrupción de los socráticos. Para el profesor, tanto Sócrates como Platón y Aristóteles cayeron en una serie de ideas que hoy relacionaríamos con el estatismo. Por su parte, Rohtbard (2006) también ve a los sofistas como una especie de precursores de lo que en la actualidad se conocen como ideas de la libertad, algo que ejemplifica con el caso de Protágoras:

Según Protágoras, corresponde a los ciudadanos de un Estado decidir lo que constituye el bienestar social y cómo lograrlo. Contra la autoridad absoluta de Platón, Protágoras ensalzó el proceso democrático. Creía en el sentido común frente a la ciencia, y en la experiencia social práctica de la humanidad, en oposición a las doctrinas de los teóricos morales y políticos (20).

Huerta de Soto (2022) sigue a su precursor y también considera que el subjetivismo de Protágoras tiene más que ver con los postulados de la Escuela Austriaca que otros griegos:

El punto de vista subjetivista, en torno al cual pensadores más modernos, como Protágoras en la época de Pericles, teorizaron sobre la necesidad de la cooperación social, insistiendo en que “el hombre es la medida de todas las cosas”, lo que, llevado filosóficamente a sus últimas consecuencias, podría haber dado lugar al surgimiento natural del subjetivismo y del individualismo metodológico, imprescindibles puntos de partida de todo análisis económico de los procesos sociales (7).

ἄνθρωπος

Así, la idea de Protágoras de que el hombre es la medida de todas las cosas, que más que referirse al valor subjetivo económico tiene que ver con un sistema complejo y con la ontología, figuró en un libro que no ha llegado a nuestros tiempos titulado Los discursos demoledores. Sin embargo, cuando el pensador hablaba de la idea de hombre (ἄνθρωπος) no queda claro si se refiere al individuo o al colectivo, es decir, al Ser Humano en su conjunto. Si así fuera, su pensamiento no se acercaría tanto a ese individualismo metodológico que menciona Huerta, sino a posiciones más relacionadas con la construcción cultural, es decir, a los postmodernistas, algo que el propio Huerta de Soto llega a reconocer.

Tanto es así, que Lowry (1987) llega a relacionar el concepto del hombre como la medida de todas las cosas con la semilla del valor-trabajo que posteriormente inspiraría al marxismo, una corriente económica completamente opuesta a la de la Escuela Austriaca. Sea como sea, parece difícil no pensar en lo que la Economía conoce hoy como utilidad al escuchar la idea de Protágoras. Sin embargo, el propio Marx reconocía la existencia de la utilidad como dadora de valor, es decir, como principio que posibilita que un producto tenga valor económico, como veremos en otra ocasión.

En definitiva, dada la escasez de información concreta sobre este tipo de ideas, es no resulta fácil relacionar a los sofistas con una u otra escuela económica, aunque se puedan establecer conexiones hipotéticas, como hacen los autores austriacos o Lowry.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2022). El pensamiento económico en la Antigua Grecia. Cuadernos Para el Avance la Libertad, 11.

Lowry, S. (1987) The archaeology of economic ideas: the classical Greek tradition. Duke University Press

Rothbard, M. N. (2006). Todo comenzó, como es usual, con los griegos. Mises Institute. https://mises.org/es/mises-daily/todo-comenzo-como-es-usual-con-los-griegos

Serie La economía a través del tiempo

Un orden global en retroceso

Cuando se analiza el estado de las relaciones internacionales y la geopolítica en general, es inevitable plantearse horizontes basados en la experiencia histórica y el presente. La realidad global a la que hoy asiste el mundo es muy distinta a la que vivió las décadas anteriores y, más aún, el siglo XX. Para situarnos en este nuevo proceso, es importante entender cómo se están configurando las fuerzas en el nuevo orden global.

Tradicionalmente, han sido los Estados Unidos y Europa quienes abanderaron la estrategia y ejecución para la defensa de lo que se entendió como ‘orden liberal’. Un orden que partía de una idea de generación de riqueza, incentivos y de una ampliación de una clase media sólida para la construcción de un estado de bienestar frente a los radicalismos. La democracia juega un papel trascendental en todo este proceso. Es el sistema que pone a la persona en el centro del debate, tanto desde la representación como desde la participación. Y le acerca a sus dinámicas donde el Estado es subsidiario, en el que todos los individuos son iguales ante la ley, y en cuya lógica estructural priman los Derechos Humanos y la libertad de las personas frente a las premisas antagonistas.

Un orden global en retroceso

Este orden global está retroceso. La política de ‘retraimiento’ asumida por Estados Unidos desde la presidencia de Obama ha marcado de forma determinante un nuevo ciclo en las relaciones de poder existentes hasta entonces. Esta política significó un aislamiento del país americano de las dinámicas globales y afectado su campo de influencia y acción en todo el mundo. A ello hay que sumar el deplorable papel desempeñado en las sucesivas crisis en Oriente Medio y Próximo: Siria, Irán y Afganistán significaron el fracaso de la política exterior de Estados Unidos.

Pero no solamente los hechos endógenos fueron un motivo para asimilar el papel de Estados Unidos en el panorama global. El asalto al Capitolio en 2021 significó un punto de inflexión en la imagen internacional de la mejor democracia del mundo, y la todavía mayor potencia económica y militar. Fue la evidencia de que sufría del mal que aqueja a gran parte de las democracias del mundo. El cúmulo de insatisfacciones, la incapacidad de articular una estrategia global sobre la base de los principios creadores, la globalización y sus resultados inesperados y la falta de competitividad en términos generales son algunos de los síntomas que padece el orden liberal, Occidente y sus democracias.

Falta de liderazgo

A ello hay que sumar la ausencia de una estrategia común con Europa respecto al avance del frente contrapuesto que no concibe los estímulos en la configuración de las sociedades occidentales tal y como hoy las conocemos. China tiene en abundancia lo que Estados Unidos y Europa carecen, una estrategia formal, conjunta y definida a largo plazo.

Para poder ejercer liderazgo es importante saber quién se es y a dónde se quiere ir. Y tanto los Estados Unidos como las potencias occidentales que pertenecen a este bloque de poder, incluidas las europeas, atraviesan una profunda crisis cultural y social que conlleva inevitablemente a una división a la hora de hacer política.

El bloque formado por aquellos que cuestionan abiertamente el orden liberal sabe lo que quiere y asume el liderazgo de China. El ‘bloque occidental’ carece de cohesión y de liderazgo. Su incoherencia asusta a potenciales aliados, que tratan de refugiarse en una complicada equidistancia. Distancia y aislamiento del que padecen los países de la región iberoamericana o el área indo-pacífica en el contexto de las dinámicas globales.

El proceso de reconfiguración de las fuerzas a nivel internacional está en marcha y parece ser que no se detendrá ni sufrirá cambios abruptos los próximos años, sino que seguirá el camino iniciado hace décadas atrás, en un contexto en el que la crisis cultural de Occidente se agudiza cada vez más y donde la polarización política surte efectos, sobre todo, en las democracias que atraviesan esta misma crisis existencial.

Ver también

La interdependencia y el libre mercado, ¿amortiguan los conflictos internacionales? (George Youkhadar).

Expansionismo: China en el nuevo orden geopolítico. (Mateo Rosales).

Un nuevo marco necesario de política económica. (Álvaro Martín).