Esperanza y escepticismo ante el Brexit
La red de la libertad no necesita de mastodontes supraestatales y funcionariales para ser desplegada.
La red de la libertad no necesita de mastodontes supraestatales y funcionariales para ser desplegada.
Como si de una profecía autocumplida se tratase, el socialismo crea economías de suma cero con la falsa percepción de que así funciona toda economía y de que el reparto de la riqueza es necesario.
Hay un Estado dentro del Estado con plena autonomía operativa y agenda propia, capaz de colarse en el despacho del ministro del Interior.
El problema no es el presupuesto de la UE, que no llega al 2% del PIB comunitario, sino que los eurocrats han logrado diseñar una estructura política sin casi rendición de cuentas y con una capacidad hiperreguladora arbitraria y desigual.
La principal razón de ser de la educación hoy no es el desarrollo individual del ser humano según sus aptitudes y herencia cultural, sino el adoctrinamiento en la obediencia al Estado.
Nos encontramos con la aparente paradoja de un país de baja densidad y abundante terreno baldío, donde no se ofrecen viviendas a precios asequibles, incluso tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.
Ojalá ocurra; ojalá otros países sigan pronto la estela al Reino Unido en el desmantelamiento del poder de la CE.
La política económica de Unidos Podemos, tal cual se materializa en sus ayuntamientos del cambio, no es otra que la del muy castizo caciquismo español: clientelismo a cargo del presupuesto público.
Resulta que los impuestos son muy elevados fuera de los refugios fiscales.
Sería muy lamentable y peligroso que a medio o largo plazo se deshaga este extraordinario organismo surgido de los escombros de la II Guerra Mundial.