Che Guevara, un opresor en 10 citas
El Che Guevara es posiblemente el más importante agente de marketing que haya nunca existido sobre la faz de la Tierra. Desde héroe antiestablishment a rebelde con causa o icono de la contracultura, pasando por representante último de los pobres, lo que realmente vendría a personificar es aquella frase de “las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Cita por cierto pronunciada por un célebre alemán: Adolf Hitler.
Una de las máquinas más letales de Fidel Castro, “ayudó” a los cubanos contra el régimen de Batista para imponer uno mucho más totalitario. Según algunos autores, la idea de los campos de trabajos forzados en Cuba no fue de Castro sino de Guevara a imagen y semejanza del Gulag soviético. Lo cual no es extraño si tenemos en cuenta su profunda admiración por la Revolución Cultural de Mao que causó varias decenas de millones de muertos -aproximadamente 30 millones-.
Valgan sus siguientes citas de entre las quizás menos conocidas para radiografiar a un hombre, un tirano.
1.- “Para construir el comunismo es necesario, simultáneamente, crear un nuevo hombre y mujer”
Aparte del ya entonces progresista sexismo de hombres y mujeres, ellos y ellas, la cosa estaba clara: si había que crear un nuevo hombre es que había que acabar con todos los antiguos.
2.- “La sociedad como conjunto debe ser convertida en una gigante escuela”
La idea del adoctrinamiento está siempre subyacente en todo ideario socialista. En este caso, no puede ser más manifiesta.
3.- “El mito del hombre hecho a sí mismo es profundamente hipócrita”
Un hombre no debía estar hecho a sí mismo. Sólo Guevara era quien debía crearlo.
4.- “El individuo bajo el socialismo es más completo”
Esto debe aludir a la idea despectivamente religiosa del socialismo: con menos comida, ropa y bienestar uno, curiosamente, es más completo. Quizás aluda a las fases del marximo donde, cual sacado de la chistera, el blanco se convierte en negro. En cualquier caso, no sabíamos que el individuo existiera siquiera bajo el socialismo.
5.- “La arcilla de nuestro movimiento es la juventud”
Adorada siempre juventud, material siempre más sensible a la manipulación.
6.- “Mi marxismo ha llegado a ser purificado”
A los revolucionarios marxistas siempre les encanta purificar, depurar, purgar.
7.- “La alienada especie humana [en el capitalismo] es atada a la sociedad como conjunto por un invisible cordón umbilical: la ley del valor”
La misma ley por la que miles de imbéciles compran sus camisetas.
8.- “Enviar a los hombres al campo de concentración con prueba judicial es innecesario. Estos procedimientos son arcaicos detalles burgueses”
Para conseguir el Estado compacto del que también habló Guevara, qué mejor que unir al máximo todos los poderes en uno solo. Montesquieu fue otro “detalle burgués”
9.- “No podemos hacer una revolución con libertad de prensa”
Idea pensada, y a veces claramente expresada, por los totalitarios de nuestros días.
10.- “Es triste no tener amigos, pero es aún más triste no tener enemigos”
Tener enemigos, como reseñó Churchill, puede ser un síntoma saludable de abrazar sólidamente tus principios. Pero disfrutar del mero hecho de tener enemigos suena sin duda psicótico.
@AdolfoDLozano
Interconexiones: ¿otro disparate de la política energética?
Este miércoles, 4 de marzo, se reúnen en Madrid los principales representantes de los gobiernos y Estados de España, Francia y Portugal: Mariano Rajoy, François Hollande y Pedro Passos Coelho, en una cumbre a la que también asistirá el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para impulsar las interconexiones energéticas entre la Península Ibérica y el resto de Europa.
Aunque hay mucha falsa literatura sobre la conexión eléctrica entre Francia y la Península, ésta no es especialmente importante y la mayoría de la electricidad que se consume en la Península se produce en las centrales de generación que hay en ella. El pasado día 20 de febrero se inauguró una nueva línea eléctrica entre España y Francia, con presencia de Mariano Rajoy y Manuel Valls, más conocida como línea MAT (Muy Alta Tensión), que permite duplicar la capacidad de intercambio energético entre ambos países hasta los 2.800 MW, cifra que, a pesar de todo, seguiría siendo baja y para 2020 y 2030 se quiere incrementar en un 10% y un 15% respectivamente en términos de demanda.
Hay quien llega a hablar de un “aislamiento” de la Península, pero se me antoja excesivo, ya que España ha buscado en el gas del Norte de África su principal fuente de energía y no en las centrales nucleares francesas y del resto de Europa. Aunque es cierto que las interconexiones reducen el peligro de apagón, cosa diferente es que la nueva política diseñada en Bruselas quiera potenciar los mercados (es un decir) energéticos dentro de la Unión, dejando aparte a terceros países, sobre todo los problemáticos, quizá influida por los conflictos con Rusia y su gas, que alimenta la Europa más oriental, o los conflictos con Estados islámicos, cada vez más radicalizados o inestables, como es el caso de Libia, país que Francia desestabilizó con ayuda de la OTAN. En este sentido, la búsqueda de petróleo en aguas territoriales europeas y la potenciación del fracking, incluso contra los deseos del poderoso lobby ecologista, explicarían éstas y otras decisiones europeas.
Durante los últimos años, ha habido un menor consumo, fruto de los efectos de la crisis, lo que ha hecho evidentes los excesos que se cometieron durante la planificación socialista, como la potenciación irreflexiva de las renovables o construcción de ciclos combinados para una demanda siempre creciente. Todo ello ha venido a confirmar que el keynesianismo económico, si acierta es de chiripa, no porque el planificador sea especialmente inteligente o previsor. Los políticos, por su propia idiosincrasia, son animales “optimistas”, que muestran ante el votante lo buenos que son y lo mucho que van a hacer crecer el país, la gran demanda energética que va a haber que cubrir y las ingentes inversiones creadoras de empleo que se van a tener que acometer.
En España, esto se tradujo en el boom renovable y la promoción de los ciclos combinados que iban a consumir el barato gas argelino. El resultado ha sido diferente, las previsiones irresponsables no se han cumplido y hoy los ciclos combinados languidecen sin actividad y las eléctricas ruegan al Gobierno que se les permita “hibernar” estas instalaciones para no perder tanto dinero, mientras que los pícaros renovables ven cómo sus expectativas de ingresos no se cumplen y no pueden pagar los créditos irresponsables en los que se metieron para sustituir sus girasoles por placas solares de dudosa eficiencia. Y en este caso, la gran cantidad de centrales paradas demuestra que las burbujas no sólo son inmobiliarias. En España hay instalados en torno a 100.000 megavatios de potencia, más de la mitad de lo que se necesita.
Volviendo a las interconexiones, hay agentes que consideran que éstas favorecen a los mercados franceses, ya que hoy por hoy, entra más energía desde Francia a España que la que sale de ésta hacia el resto de Europa septentrional. Pero lo cierto es que, si se pone en funcionamiento parte de lo que está parado, se podría dar la vuelta a la tortilla y, si el precio es el adecuado, que España empiece a vender energía fuera y así rentabilizar infraestructuras en el resto de Europa.
Pero como no es oro todo lo que reluce, llegaríamos a una paradoja: los españoles estarían subvencionando con sus recibos la energía renovable que se vendería fuera de España, ya que parte de lo que pagamos va dirigido a los productores de renovables, simplemente por serlo. En definitiva, que el dinero de los bolsillos españoles pasaría a los franceses.
La política energética que nos dejó el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero es una rémora que el Gobierno de Mariano Rajoy Brey no ha acometido con la contundencia que debía, como tantas otras cosas, y en los últimos tres años se ha limitado, en la medida de lo posible, a tapar el agujero del Estado y lo ha hecho a costa de consumidores y empresas. La política popular ha conseguido reducir el déficit eléctrico, mientras que el cliente, el contribuyente paga uno de los recibos más caros de Europa.
El peligro de los incentivos erróneos del QE europeo
Si el rol del Estado a lo largo de la historia económica de Europa ha sido importante se debe, entre otras cosas, a que, dependiendo del país, los gobernantes han sabido o no desarrollar un sistema de incentivos que favorecieran las decisiones de los ciudadanos. Estas decisiones, que siempre van a buscar su propio interés (y el de la prole), sea cuales sean las barreras que se presenten, afectarán positivamente o negativamente al grupo, en gran medida, dependiendo del entorno en el que se tomen: la legislación, la educación, la renta per cápita, las alternativas, etc.
Pero la acción del Estado no tiene por qué constreñirse a la intervención directa, que suele ser muy peligrosa, sino que también se manifiesta en cambios legislativos que disminuyen el coste de la inversión, o que favorecen la contratación, o que, simplemente, aseguran mediante instituciones judiciales eficientes, que cada cual va a poder trabajar sin que le roben su propiedad, sin que se incumplan los contratos, y sin sentir amenazada su vida o su integridad física.
De esta manera, en Inglaterra, un cambio en las condiciones de los contratos de arrendamientos de las tierras permitiendo contratos de larga duración supuso un incentivo para arrendadores y arrendatarios tal que favoreció una mejor explotación de la tierra y fue, a la larga, responsable de que la agricultura inglesa actuara como uno de los motores más importantes de la industrialización. Por el contrario, en España y otros países, la necesidad de encontrar un tamaño óptimo de explotación agrícola se hizo vía expropiación. Y además, los problemas parlamentarios llevaron a que se hiciera tarde y mal, así que ni siquiera se cumplieron los objetivos perseguidos por quienes creyeron que merecía la pena saltarse a la torera el respeto por la propiedad privada porque el fin pretendido suponía un bien mayor.
Pero parece que la historia económica, que está plagada de ejemplos de este tipo, no sirve. Y los gestores europeos siguen jugando con los incentivos de los ciudadanos de manera, a mi juicio, irresponsable por lo simplista del planteamiento. La última ocasión ha sido el llamado QE europeo, una medida de política monetaria que va a inyectar mucho dinero (y no voy a dar ni una cifra adrede) para lograr un objetivo de inflación determinado. Los expertos nos cuentan que la retorcida interpretación de los estatutos (el BCE no puede comprar deuda a los estados excepto en mercados secundarios), las condiciones especiales (no habrá esterilización compensatoria) y todo lo demás es fruto del mandato que tiene el BCE desde sus orígenes y que hace lo que debería haber hecho en el 2011.
Los técnicos, expertos en modelización, obsesionados con la economía matemática (de lo cual alardean como si eso les hiciera ganar puntos), plantean contrafactuales muy peligrosos y modelos que, a sabiendas de que no indican más que la tendencia y no siempre la correcta, los gestores de política económica usan como bolas de cristal. Y algunos economistas politizados con ardor europeízante te cuentan que la mutualización de la deuda es una condición necesaria para la construcción de una unidad político-económica, en la que ni se plantea si es bueno, malo o regular distribuir las cargas, y que es un atraso mirar quién ha generado o cómo esa deuda y echárselo en cara. El famoso "todos contra el fuego".
Todos ellos te miran raro cuando hablas del riesgo del desincentivo al desapalancamiento que he oído y leído exponer a Juan Ramón Rallo, entre otros; o cuando expones tus dudas acerca del resultado final de esa medida porque no va a funcionar en todos los países igual ya que debe ir acompañada de otras reformas de carácter estructural, que suelen estar ligadas a intereses políticos espurios; o cuando cuestionas la mayor, es decir, ¿es mala la deflación siempre?, ¿y para quién?, ¿si no fuéramos deudores estaríamos tan felices con tasas mayores de inflación?
Y es en ese punto donde quiero hacer una reflexión. Los españoles nos posicionamos en el lado de los deudores por defecto. En nuestra mentalidad (y la historia económica de nuevo corrobora esta idea) somos los que pedimos, los que acudimos al mercado de capitales internacional, los que necesitaron capital francés para construir el ferrocarril en el siglo XIX. Eso no es necesariamente malo. Lo terrible es que justifiquemos penalizar a los ahorradores de otros países (Alemania, por ejemplo). Porque al final ¿qué incentivos van a tener para prestarnos? ¿que señales estamos mandando a los prestamistas de "la casa europea"? Probablemente tendrán más razones para prestar a países no europeos pero más considerados.
Y, para terminar, ¿cómo pretendemos replantearnos el modelo productivo español tras el fiasco de la construcción, con esa actitud ante los ahorradores y los generadores de capitales? Quienes penalizan el ahorro y la inversión deberían plantearse que hay un futuro más allá del corto plazo.
Inmigración (XX): Invierno demográfico en Europa
"Más que la superpoblación, el problema demográfico grave se encuentra en la esclerosis de las sociedades debida al envejecimiento de la población por las drásticas reducciones de los índices de natalidad". José Juan Franch.
"Hoy día somos nosotros el recurso que se agota, no el petróleo. Somos nosotros la especie amenazada, no el búho moteado". Mark Steyn.
"El descenso continuo global en las tasas de natalidad de los seres humanos es la fuerza más poderosa que afecta al destino de las naciones y al futuro de la sociedad en el siglo XXI". Philip Longman.
Es ya un lugar común entre los demógrafos hablar de la existencia de un invierno demográfico en Europa. No por ello deja de ser cierto. La mayoría de los países europeos está perdiendo población. Los indicadores no son nada tranquilizadores: bajas tasas de natalidad (casi todas muy por debajo del 2,1 que impide la renovación poblacional), edad media de la población (en torno a los 40 años y subiendo), modificación de la estructura de edades (cada vez habrá menos mujeres en edad reproductiva), tasa de dependencia de la población de más edad (un jubilado por cada cuatro personas activas y reduciéndose esa proporción con el tiempo). Todo ello nos confirma que dicho invierno se recrudecerá a medida que pasen los años.
Aunque ha habido una leve mejora de los indicadores poblacionales en los últimos quince años sólo en unos pocos países de la Europa atlántica (Francia, Holanda) y nórdica (Suecia, Noruega, Dinamarca), no ha supuesto realmente una claro aumento demográfico. Las tasas de nacimiento son notoriamente difíciles de predecir pero los demógrafos saben ya que las tasas de natalidad por debajo del nivel de reposición no son un fenómeno pasajero. Las naciones que alcanzan bajas tasas de nacimientos se mantienen por décadas. El declive poblacional es innegable. Es todavía mucho más preocupante en Europa central, mediterránea y del Este.
Los cambios de tendencia en este ámbito son siempre graduales; una vez que toman un rumbo no son nada fáciles de revertir y precisan de mucho tiempo para modificarlos. Si en los países desarrollados el envejecimiento de la población es una constante, es en Europa (y también en Japón) donde dicho fenómeno se muestra con mayor intensidad en el mundo. La historia no conoce ningún precedente de una población tan envejecida. Esto no ha hecho más que empezar. Estamos adentrándonos, pues, en terreno desconocido.
Y como siempre que se acerca uno a un desafío, las respuestas suelen ser de dos tipos: las catastrofistas, por un lado, y las que no quieren ver las amenazas, por el otro. Los alarmistas nos hablan de suicidio demográfico y de los problemas que ello acarreará (falta de renovación poblacional, gastos sanitarios disparados por población envejecida, deterioro económico, etc.). Los "atenuadores", por su parte, no dan importancia al asunto, ni toman en serio las advertencias de los primeros porque piensan que hay reserva poblacional suficiente en el mundo y que lo esperable es que vaya siempre creciendo en mayor o menor medida.
Si se traduce al ámbito político, los primeros suelen pedir la intervención del Estado para promover y sufragar políticas natalistas entre la población. Ven con desconfianza la llegada de inmigración que supla dicho declive poblacional y temen una oleada de inmigrantes indeseados que pueda cambiar el entono cultural existente (i.e. se habla exageradamente de la próxima Eurabia). Reclaman también la presencia del Estado para impedirlo. Son los conservadores.
Los segundos se alarman por otras cosas. Son lo que llevan décadas con su trasnochada cantinela de la explosión demográfica, de la escasez de recursos, de la degradación medioambiental, de la promoción del aborto y de los límites del crecimiento. Obviamente la reducción de población no la perciben como un problema pues ven al hombre consumista como si fuera una plaga y dan por supuesta su reproducción. Consideran egoísta e irresponsable tener más de dos hijos. Son los progresistas y anticapitalistas.
Los primeros hacen bien en alertar del desafío demográfico que se nos viene encima porque es una realidad, pero defraudan en sus propuestas constantes de llamar al Estado para resolverlo (subvenciones a los nacimientos de autóctonos y medidas restriccionistas a la inmigración y de asimilación de los ya existentes). Los segundos hacen mal en no tomarse en serio las advertencias de los primeros porque pueden acabar pareciéndose a la imprevisora cigarra de la fábula de Esopo.
En Europa hay una escandalosa contradicción entre un discurso paranoico y angustioso contra la inmigración y la realidad de las necesidades de mano de obra (cualificada o no) en sectores enteros de la producción de bienes y servicios. En los diferentes países del Viejo Continente se pueden apreciar estas mismas tendencias, con mayor o menor intensidad. Pareciera que se sufre una suerte de "bulimia poblacional": pese a tener escasez de gente (ciertos puestos de trabajo sin cubrir), se cree que hay exceso de la misma (sobre-inmigración).
Aunque la política migratoria sigue siendo facultad exclusiva de los estados-miembro, la estandarización y armonización de la legislación de la Unión Europea ha llevado a lo que polémicamente se denomina Fortaleza Europa. Mientras que la UE promueve la libre circulación de personas dentro de sus fronteras, cada vez es más difícil para los ciudadanos no pertenecientes a la UE entrar en dicha zona.
Ningún gobierno en el Viejo Continente fomenta la llegada de inmigrantes por muy diversos motivos pero todos ellos conservadores: para proteger su cultura autóctona, para conservar los puestos de trabajo o los niveles salariales, para blindar su caro Estado del bienestar…
Para todos ellos hay una mala noticia: el ritmo de crecimiento de la población mundial se ha ralentizado más de lo esperado desde hace un par de décadas y en algún momento en torno a 2060 empezará a decrecer. Los demógrafos muestran sorpresa por la velocidad con que están cayendo los índices de natalidad en todas partes, incluido los del Tercer Mundo. Es un fenómeno históricamente insólito. Nadie lo esperaba. Esto confirma una vez más que vivimos en un mundo gobernado por una lógica que es exactamente la contraria a las previsiones realizadas por el primer Malthus. La realidad humana es así de compleja y de impredecible.
Tras la Segunda Guerra Mundial Europa contaba con más del 14% de la población mundial, hoy no llega al 7%. El aumento poblacional en otras partes del planeta tiene mucho que ver con ello pero también la acusadísima caída de las tasas de natalidad europea (Billari, Kohler y Ortega la han llamado "lowest-low fertility") y las políticas desalentadoras de la inmigración.
Es probable que en el futuro no haya suficientes inmigrantes para cubrir los declives poblacionales ya existentes en Europa. Ahora parece ciencia ficción, pero habrá antes o después una feroz competencia mundial por atraer mano de obra extranjera cualificada o no. Con el agravante, además, de que muchos países emergentes se habrán ya desarrollado por entonces y se añadirán a dicha rivalidad por captarlos.
Europa puede que se encuentre entonces con un serio problema al descubrir que ya no es un destino tan atractivo para nuevos inmigrantes al preferir tal vez buscarse acomodo laboral en otras ciudades de EE UU, Australia, Brasil o cualquier país de Asia.
Aún se está a tiempo de mitigar (que no de resolver) el más que previsible crudo invierno demográfico de Europa mediante la flexibilización de las políticas de inmigración en sus respectivos países.
Algunos nos alertan que la fuerza laboral extranjera del mismo modo que viene, puede también marcharse masivamente en caso de crisis económica creando desequilibrios en la sociedad de acogida. Esto es cierto, pero es que también los propios nacionales pueden hacerlo (y de hecho lo hacen) en caso de que la economía entre en recesión. El mejor antídoto para invertir las proyecciones demográficas negativas es conseguir una recuperación económica sólida y duradera. No cabe, pues, establecer cupos en función de las posibilidades de dar empleo a un número predeterminado de trabajadores extranjeros. Alberto Recarte advierte a los nativistas que "los límites en verdad son fijados por el volumen de capital del país y las posibilidades de mantener la ley y el orden en una sociedad que recibe personas con otras ideas y culturas."
Habiendo libertad de emprendimiento, un entorno institucional que favorezca la estabilidad jurídica y crecimiento económico se tendrá la seguridad de que tanto nacionales como extranjeros permanecerán en un determinado país para cubrir los puestos de trabajo necesarios que demande una economía saneada. Por tanto, desde todos los puntos de vista, la llegada y rotación de inmigrantes es síntoma de salud de una sociedad próspera y abierta. Por supuesto que la inmigración no es origen de la prosperidad (más bien es su efecto) ni puede resolver por sí sola el gran problema de la crisis de envejecimiento de las poblaciones desarrolladas, pero puede hacer que sea mucho menos grave.
Multitud de luces de advertencia nos indican que la "temperatura" poblacional en Europa no hace más que descender progresivamente así como que se da en ella una alarmante pérdida de competitividad en los nuevos mercado globales, pero seguimos creyendo que nuestras antiguas "estufas" van a seguir calentándonos como sucedía en el pasado. Houston, tenemos un problema…
Este comentario es parte de una serie acerca de los beneficios de la libertad de inmigración. Para una lectura completa de la serie, ver también I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII, XVIII y XIX.
Los dueños del relato
"Ya es hora de que tengamos igualdad de salarios de una vez por todas e igualdad de derechos para las mujeres en los Estados Unidos de América". Patricia Arquette se llevó el Oscar a la Mejor Actriz de Reparto por su papel en Boyhood. Pero su discurso fue protagonista. Probablemente, su minuto delante del atril y las imágenes de Meryl Streep y Jennifer López levantándose de sus asientos para jalearla han sido el momento más repetido de la gala de los premios de la Academia.
La actriz no está sola en su reivindicación. La polémica sobre el gender gap (brecha salarial) se ha reavivado en los últimos meses, especialmente después de que Barack Obama incluyese un anuncio en su última campaña electoral en el que aseguraba que las mujeres ganan "77 centavos" por cada dólar que cobran los hombres "por hacer el mismo trabajo". Además, el presidente de EEUU volvió sobre el tema en su Discurso sobre el Estado de la Unión del pasado año. De hecho, la Casa Blanca asegura que éste es uno de los asuntos alrededor de los que girarán los dos últimos años de su mandato.
Éste siempre es un tema polémico, en el que reina la corrección política. Cualquiera que duda de estas cifras sabe que corre el riesgo de ser acusado de querer discriminar a las mujeres. Por ejemplo, la semana pasada, en España, se publicó un informe de UGT que aseguraba que "por trabajos del mismo valor" las mujeres cobraban un 24% menos que sus colegas masculinos. Incluso aunque el estudio incluía varias tablas que desmentían sus propios titulares, el mensaje principal que llegó a la opinión pública fue el del 24%.
Especialmente en los grandes medios, es muy complicado encontrar una opinión disidente; en parte porque un economista que manifieste una opinión contraria sabe que se está metiendo en un jardín que le traerá más quebraderos de cabeza que otra cosa.
Los 77 centavos
La polémica por el gender gap se inició en EEUU en los años 60 y también en este país es donde el debate más ha crecido en los últimos años. No hay más que ver la reacción de los grandes medios norteamericanos al discurso de Patricia Arquette, en lo que ha sido una continuación de la discusión que siguió a las palabras de Barack Obama. Partidarios y detractores se enfrentan en las tribunas de la prensa con datos y argumentos.
Lo primero que hay que apuntar es que nadie duda de la famosa cifra de los 77 centavos (si tomamos como referencia cada dólar que obtiene un hombre). Del mismo modo, en España todo el mundo acepta el 24% de diferencia que el INE recoge entre los salarios medios de uno y otro sexo. La discusión está en la coletilla "por igual trabajo". Eso es lo que no está tan claro.
Los críticos presentan dos tipos de argumentos. El primero es casi de teoría económica. No tiene sentido decir que las mujeres cobran menos por hacer el mismo trabajo, porque si así fuera no habría paro femenino. Los empresarios tienen como objetivo número uno la obtención de beneficios. Por lo tanto, si un colectivo cobrase menos por hacer exactamente lo mismo, las compañías sólo contratarían a integrantes de ese colectivo, porque eso dispararía sus ganancias frente a la competencia.
Esto tiene su reflejo en las cifras de casos reales demostrados de discriminación. Tanto en EEUU como en España los ministerios correspondientes han abierto numerosos expedientes de investigación, pero sólo han encontrado situaciones de discriminación en un porcentaje pequeñísimo de los casos. Por ejemplo, según la Equal Pay Act, en 2014la Comisión de Igualdad de Oportunidades del Gobierno norteamericano emitió 1.024 resoluciones. Sólo 79 (un 7,7%) implicaron una sanción. En España, en 2009, el Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído realizó un estudio similar con datos de las inspecciones del Ministerio de Trabajo.
Sus conclusiones fueron: "De las 241 empresas analizadas, sólo en 12, menos del 5%, ‘se observa discriminación salarial’. Si tomamos a los trabajadores, de los 46.239 estudiados, sólo se discrimina a 590 (el 1%), de los que ¡245 son hombres! De hecho, en 2009 sólo hubo 7 ‘infracciones por discriminación salarial". Tanto en el caso estadounidense como en el español hay que tener en cuenta que hablamos de departamentos que tienen como objetivo la lucha contra la desigualdad. Es decir, puestos a que exista un sesgo, no sería el de minimizar estas cifras.
El segundo gran argumento contra los 77 centavos es que esta cifra no mide trabajos de igual valor. La explicación de la diferencia sería que hombres y mujeres tienen carreras profesionales diferentes. Independent Woman Forum (un think tank estadounidense conservador) recuperaba este vídeo (en inglés, 3 minutos de duración, pero muy claro en su exposición) tras el discurso de Arquette.
En la misma línea, hace unos meses, el fact checker de The Washington Post criticaba con dureza a Barack Obama por este tema. Este columnista, una especie de defensor del lector, cuestiona la afirmaciones de los políticos con una tabla de sanciones que van de uno a cuatro Pinochos, según el nivel de manipulación de sus palabras. Pues bien, al presidente norteamericano le daba dos pinochos (significativas omisiones o exageraciones) rozando el tercero (errores de facto significativos o contradicciones obvias).
Este artículo del Post es interesante porque resume bastante bien los argumentos contra la brecha salarial desde una posición no combativa. Básicamente recopila los datos que existen para explicar esta diferencia. Las siguientes son algunas de sus conclusiones más interesantes:
- Entre hombres y mujeres solteros, la brecha salarial desaparece virtualmente. Incluso sin atender a otras consideraciones, ellas ganan 96 centavos por cada dólar de ellos.
- Las mujeres tienden a escoger trabajos peor pagados pero con superiores beneficios sociales (por ejemplo, más flexibilidad en los permisos de paternidad o maternidad).
- Nueve de las diez titulaciones mejor pagadas son mayoritariamente masculinas (los hombres son más del 50% de los alumnos de estas carreras). Al mismo tiempo, nueve de las diez titulaciones que dan paso a los trabajos peor pagados para universitarios están dominadas por mujeres.
- Incluso en la Casa Blanca existe una brecha salarial del 9%. Es decir, las mujeres ganan 91 centavos por cada dólar de los hombres. Cuando se le preguntó, el portavoz de Barack Obama se quejó de que esa cifra era injusta, porque sólo media el agregado, sin tener en cuenta las circunstancias de cada trabajador… exactamente lo mismo que se puede decir de los 77 centavos que su jefe tomó como lema de campaña.
El resumen es que la mayor parte de la brecha salarial puede explicarse por las diferentes elecciones que hombres y mujeres hacen a lo largo de su carrera profesional. De hecho, ni siquiera hablamos de hombres y mujeres en general, porque las diferencias llegan con el matrimonio y los hijos. Por ejemplo, este artículo de Time recoge una sorprendente estadística: "En 147 de las 150 mayores ciudades de EEUU, los ingresos salariales medios de las mujeres de menos de 30 años solteras son un 8% superiores que los de los hombres en su misma situación".
¿Por qué, entonces, hay esa disparidad en el agregado de hombres y mujeres? Pues porque una vez que se casan y, sobre todo, tienen hijos, "hombres y mujeres escogen diferentes carreras [mejor pagados los sectores masculinos], ellos trabajan más horas a la semana y acumulan más experiencia porque no tienen interrupciones a lo largo de los años [sobre todo para el cuidado de familiares, tanto menores como ancianos]".
La discusión
No todos están al 100% de acuerdo con este razonamiento. En este artículo de The Wall Street Journal publicado a raíz de las palabras de Obama, Gary Burtless, economista del Brookings Institution (un think tank que podría calificarse como centrista dentro de la política norteamericana), asegura: "Nunca he visto a nadie que haya hecho un estudio equilibrado que no logre encontrar que existe una cantidad de discriminación residual contra las mujeres. Una diferencia que no puede ser atribuida a explicaciones inocentes [como las horas trabajadas o el sector escogido]".
Un informe oficial realizado por el Departamento del Trabajo durante la etapa de George W. Bush establecía que la brecha salarial real (es decir, no explicada por factores objetivos) por hora trabajada era del 5%. Como vemos, hay economistas que defienden que sigue habiendo un pequeño margen no explicado en las diferencias salariales hombre/mujer. Eso sí, ya no es el 23%. Es una cifra muchísimo más reducida.
Los anteriores datos no terminan con la discusión, pero la sitúan en un contexto diferente. En EEUU, hay otra cuestión que ha ocupado el centro del debate en los últimos años. Probablemente sea más interesante que el mero cálculo de salarios medios como incluso se admite en este artículo de Hanna Rosin en Slate (una de las referencias de los progresistas estadounidenses). Podríamos resumir sus principales argumentos:
- Si tienes en cuenta las diferencias en las carreras profesionales, "la brecha salarial es de 91 centavos frente a un dólar".
- Rosin asegura que el punto importante no es la desigualdad salarial. Las mujeres no deberían centrarse en una "estadística mal enfocada" porque pierden de vista el verdadero reto. La estadística del 91% sugiere problemas mucho más profundos: ¿Escogen nuestras mujeres profesiones peor pagadas o nuestro país valora menos las "profesiones femeninas"? "¿Por qué las mujeres trabajan menos horas? ¿Es discriminación o, como dice la economista Claudia Goldin, un resultado de elecciones racionales de hombres y mujeres?"
- La escritora recoge un estudio de Goldin y Lawrence Katz, los estudiantes de MBA de la Universidad de Chicago entre 1990 y 2006 mostraban pocas diferencias en cuanto a sus salarios al año de terminar sus estudios. Pero 10-15 años más tarde, el margen se ampliaba al 40%, "casi todo debido a interrupciones en la carrera e menos horas trabajadas. La brecha se ampliaba cuando estas graduadas se casaban con hombres graduados también en un MBA".
- Por eso, cree que lo preocupante es la "más profunda y sistemática discriminación en las políticas familiares. O de mujeres dando por supuesto que ellas tienen que dejar sus carreras. O mujeres decidiendo que están mejor preparadas para ser enfermeras o profesoras que doctores. Y, en esta discusión, que es mucho más complicada, tienes que dejar espacio para que cada uno elija libremente [y admitir] que quizás las mujeres simplemente no quieren trabajar como los hombres".
Las propuestas
En este terreno de juego, la discusión ya no es tanto sobre la cifra de la brecha, que parece claro que no existe o es muy pequeña si lo que medimos es "el mismo trabajo" o las mismas circunstancias. La clave estaría en las causas que provocan esa diferencia en las carreras profesionales. También en este tema podemos encontrar dos posiciones enfrentadas.
Por un lado, están los que piensan que las diferencias en los sueldos se deben a las elecciones que libremente hacen mujeres y hombres. Los que así opinan recuerdan que incluso en los países más avanzados en este tema, como los nórdicos, las mujeres siguen siendo un porcentaje relativamente bajo de directivas o miembros de los consejos de administración (entre el 25 y el 30%).
En estos países, hombres y mujeres tienen muchas de las facilidades que siempre se han pedido para conseguir la igualdad entre sexos (permisos de paternidad, guarderías públicas de alcance casi universal, etc…) Pues bien, incluso así, el porcentaje de mujeres que escogen reducción de jornada, que interrumpen su carrera o que escogen los sectores con salarios más bajos es muy superior al de los hombres.
En este sentido, cuando se plantean estos temas se habla de que las mujeres "renuncian" a sus carreras. Hay quien prefiere dar la vuelta a esta visión y hablar de "prioridades". Desde esta perspectiva, no tendría nada de malo que haya más o menos mujeres en un sector determinado o en los consejos de administración si eso es resultado de que sus prioridades, en su vida y en su carrera, son diferentes a las de sus compañeros masculinos. Para los que así opinan, no habría nada más que hacer desde el punto de vista legal. Ni todas las mujeres ni todos los hombres se comportarán igual y la estadística no recogerá más que el sumatorio de sus decisiones.
En el campo contrario, están los que se preguntan si realmente las mujeres son libres cuando toman estas decisiones o están tan condicionadas que no puede hablarse de una prioridad real. El ejemplo sería el de un matrimonio con hijos que trabaja en la misma empresa; ambos reciben una oferta similar para un ascenso y se plantean que sólo uno de ellos puede aceptar, porque es necesario que el otro cubra el frente familiar.
Las estadísticas dicen que en una situación como ésta, más del 90% de las veces sería el marido el que aceptaría el ascenso. Los que defienden que sigue habiendo una discriminación implícita en la sociedad se preguntan: ¿de verdad hay tanta disparidad? Su respuesta es que este matrimonio sabe que el Consejo actual es un 90% masculino por lo que creen que será el marido quien tendrá más posibilidades de seguir avanzando en su carrera.
Así, toman la decisión de que sea ella la que dé un paso atrás, pero no tanto porque quiera el ascenso menos que su pareja, como porque siente que no se la tratará igual en un futuro. Es decir, está tomando una decisión económicamente racional para su familia empujada por un sesgo exterior que no controla.
Los que defienden esta postura sí piden que los poderes públicos intervengan para compensar esa supuesta desigualdad de origen. La propuesta más conocida es la de igualar la duración del permiso de paternidad y maternidad y hacerlos obligatorios, para así limitar el posible miedo de la empresa a contratar o ascender a una mujer antes que a un hombre.
El problema es que con una medida así quizás lo que se podría es generar un miedo a contratar o ascender a cualquier persona con probabilidades de ser padre o madre (es decir, extender la discriminación a cualquier joven con pareja estable), con el efecto indirecto, no buscado y peligroso de desincentivar los matrimonios y la natalidad.
Otra alternativa es la que se ha planteado en Italia, el país europeo en el que las mujeres estaban menos representadas en los consejos de administración. Hace unos años se aprobó una nueva norma que obliga a las empresas cotizadas a tener un 33% de presencia femenina en su máximo órgano de decisión, pero sólo durante nueve años (Fedea presentó hace unas semanas en Madrid un estudio sobre la implantación de la ley).
El punto de partida de los defensores de la norma es que no puede ser que sólo el 5% de los miembros de los consejos de administración sean mujeres, como pasaba hace unos pocos años. Esto no puede deberse sólo a que las italianas tengan prioridades diferentes a sus colegas masculinas, sino que tiene que haber algún tipo de discriminación.
La idea de imponer cuotas temporales es que una vez que se logre la igualdad (aunque sea a la fuerza) ésta se mantendrá sin necesidad de que la ley obligue a ello. Los partidarios de la medida, además, creen que tendrá efectos beneficiosos no sólo en los consejos, sino en todos los niveles, a través de un efecto cascada.
Los críticos con la norma alegan que limita la capacidad de las empresas para regirse con autonomía y que sólo tendrá un efecto cosmético (más mujeres en el Consejo, la parte más visible de una empresa) sin que eso se traduzca en cambios en las posiciones intermedias. Además, alertan de que las normas temporales tienen una sorprendente tendencia a hacerse permanentes, pervirtiendo de esta forma sus objetivos iniciales.
¿Cobran menos las mujeres por hacer “el mismo trabajo” que los hombres?
Este fin de semana nos visitó en el Instituto Juan de Mariana el abogado e investigador rosarino Garret Edwards. En su charla acerca de los problemas de Argentina desde una perspectiva institucional y de la disciplina denominada Law&Economics, hubo una palabra que se repitió varias veces: el relato.
El relato se refiere a ese discurso acerca de la realidad que los políticos en el poder se empeñan en repetir hasta el punto que la gente acaba por defenderlo aunque lo que vive sea otra cosa. En el caso que explicaba Garret se trata de un relato peronista, contrario al respeto por las bases de la democracia, tomada ésta como algo más que un sistema de elección.
El análisis de este concepto de “relato político” es extrapolaba sin problema a otros países, como el nuestro.
La realidad y los relatos
En España no hay un único relato sino que cada facción política defiende uno distinto. La culpa del sufrimiento del pobre pueblo griego es de Luis de Guindos y Merkel, y simultáneamente, la culpa de que el resto de los europeos miremos con reticencia los planes populistas de los políticos griegos es la chulería y las amenazas de incumplir lo pactado de esos mismos políticos.
La recuperación está llegando y a la vez no está llegando. Los dos partidos que se han turnado en el poder y a quienes se les han descubierto escándalos de corrupción sea en el ámbito nacional o regional, lideran estudios sobre transparencia y se les llena la boca defendiendo la regeneración política. Los salvadores del pueblo del horror de la casta política se inspiran y reciben financiación de los caciques que sangran a sus pueblos en Venezuela y Cuba.
Los trabajadores españoles, empobrecidos más de un 30% desde el comienzo de la crisis, azotados por el desempleo, se lanzan a la calle para protestar por las mínimas restricciones y consecuencias de los trabajadores privilegiados de nuestro tiempo: los funcionarios. Cada vez que se pospone el cobro de una paga extraordinaria de los funcionarios o que se ven afectadas las condiciones de su empleo, incluso si tienen el enorme privilegio de que su continuidad laboral es intocable, las protestas son continuas, multitudinarias, y atraen a los políticos más populistas que tratan de sumarse a toda costa a sus actos y estigmatizan a quien ose defender a los otros trabajadores. Eso sí, los millones de parados no protestan cuando se anuncian medidas que perjudican a los autónomos o a los empresarios, que son los que tienen la clave del empleo.
La ficción y los relatos
Lo más sorprendente del relato es que aunque haya medios de comunicación que saquen a la luz datos o hechos que desmientan la historia oficial, no importa, la voz de los políticos se mantiene imperturbable y potente defendiendo que por el mar corren las liebres y por el monte, las sardinas. Y si en Argentina se trata del asesinato del fiscal que iba a imputar a la Presidenta, en España se trata de la situación económica, de las intenciones futuras, de subir los impuestos o tocar las pensiones, por fortuna para nosotros. Pero todo se andará. Una vez que ya existe esa estructura, esa fractura que separa la realidad de cada cual de lo que se ve en la televisión, el relato aparece como un continente presto a ser rellenado con el contenido que en cada caso sea necesario.
Los ciudadanos se dejan llevar por la mentira y la impostura. Y, como me explicaba Garret en el turno de preguntas, han superado la barrera de la memoria política, que suele ser de tres meses. Cada semana surgen nuevos escándalos, reales o ficticios, para distraer a la gente y, de la misma forma que dicen que sucede en cuestiones de desamor, un clavo saca otro clavo, en política, un escándalo difumina otro escándalo y los ciudadanos ya no recuerdan porque no pueden, porque no quieren, o por la razón que sea, el vía crucis de barbaridades que los políticos que manejan nuestros impuestos, que diseñan la educación de nuestros hijos, que designan a quienes administran la justicia, perpetran un día sí y otro también.
En esta democracia occidental en decadencia, solamente la regeneración institucional, especialmente aquellas instituciones medulares de justicia que sirvan de contrapeso del poder, puede mostrarnos la luz al final del túnel. Pero está tan bien diseñado el sistema, se enrosca sobre sí mismo cerrando el circuito con tal perfección, que no se me ocurre qué partido político con intención de ganar se atrevería a llevar algo parecido en su programa electoral. Hasta entonces sólo queda el estudio y la difusión de las ideas. Pero no las elecciones, al menos para mí.
