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Salvar a los yazidíes

Desde hace más de un año venimos escuchando cada vez con más frecuencia la cifra de que un tercio de las familias españolas pasa hambre. Todo comenzó cuando Unicef y la ONG Save The Children publicaron sendos informes en los que denunciaron que entre 2,2 millones y 2,8 millones de niños viven en hogares "en riesgo de pobreza o exclusión social". Bastó que, a partir de entonces, varios medios de comunicación equipararan riesgo de pobreza con pasar hambre para que en septiembre de 2013 el PSOE registrara una iniciativa parlamentaria en la que denunciaba que "tres de cada diez niños se van a la cama con hambre". Hoy la cifra ya constituye un lugar común en el debate político y es instrumentada recurrentemente por todos aquellos que se oponen a cualquier recorte del gasto público, incluyendo los de Podemos e Izquierda Unida. El mantra es recurrente: recortes = hambre.

Sin embargo, y a pesar de su muy extendido uso, la cifra de que un tercio de las familias españolas pasa hambre es radicalmente falsa. Como ya hemos indicado, se equipara familia que pasa hambre con familia que se halla en riesgo de pobreza o exclusión social. Ciertamente, la imagen que todos tenemos en la cabeza de pobre es la de una persona que tiene dificultades para alimentarse, pero Eurostat define en términos muchísimo más amplios qué es una persona o familia "en riesgo de pobreza o exclusión social". En concreto, se incluye a una persona o familia en esta categoría cuando se halla en al menos una de estas tres situaciones:

  • Renta por debajo del umbral de pobreza. El umbral de pobreza se define como el 60% de la renta mediana de un país; por tanto, una persona está por debajo del umbral de pobreza si cobra menos del 60% de la renta mediana del país. Así las cosas, en 2013 el umbral de la pobreza en España era de 9.300 euros anuales para un hogar unipersonal y de 19.600 euros para un hogar con dos adultos y dos niños. Todos aquellos que cobraran menos eran considerados personas en riesgo de pobreza o exclusión social.
  • Privación material severa. Se entiende que un individuo o familia se hallan en una situación de privación material severa cuando no pueden permitirse al menos cuatro de estos nueve gastos: 1) la hipoteca, el alquiler y otras facturas como la electricidad o el gas; 2) una semana al año de vacaciones fuera del hogar familiar; 3) consumo de carne, pescado, pollo (o su equivalente vegetariano) al menos una vez cada dos días; 4) imprevistos (definido como la doceava parte del umbral de pobreza: es decir, 775 euros en hogares unifamiliares y 1.633 euros en hogares con dos adultos y dos menores); 5) teléfono fijo o móvil; 6) televisión en color; 7) lavadora; 8) automóvil; 9) temperatura adecuada en el hogar (tanto frente al frío como frente al calor).
  • Baja densidad de empleo en el hogar. Un hogar exhibe baja densidad en el empleo cuando aquellos de sus habitantes con edades comprendidas entre los 18 y los 59 años trabajan en conjunto menos del 20% de los meses que podrían hacerlo. Por ejemplo, si en un hogar con dos adultos se ha trabajado en total menos de cinco meses al año, ese hogar se considera que exhibe una baja densidad en el empleo y que, por tanto, está en situación de riesgo de pobreza o exclusión social.

Como vemos, los criterios para calificar a una persona como "en riesgo de pobreza o exclusión social" son mucho más amplios que lo de pasar hambre. O dicho de otra manera, habrá mucha gente que no pase hambre y que entrará en la categoría de riesgo de pobreza o exclusión social; por ejemplo, una que lleve un año parada, que disponga de ahorros y que cobre la prestación por desempleo será calificada como "en riesgo de pobreza o exclusión social" (por el tercer criterio) y, sin embargo, no estará pasando hambre. De hecho, sólo uno de los elementos del segundo criterio (la privación material del consumo de carne, pescado o pollo al menos una vez cada dos días) se acerca a la definición de pasar hambre, si bien de manera muy incompleta: una mala alimentación (malnutrición) no es lo mismo que falta de alimentación (desnutrición); de hecho, en la malnutrición se incluye también la obesidad.

Sea como fuere, ¿sabemos cuántas familias en España se ven privadas de comer carne, pescado o pollo al menos una vez cada dos días? el 3,5% de todos los hogares y el 3,6% de todos los menores de 16 años: casi diez veces menos que el 33% divulgado por diversos políticos y medios de comunicación. Por tanto, estamos hablando de 640.000 hogares y no de más de 5,5 millones; y de 286.000 niños, no de 2,8 millones.

Evidentemente, no se trata de quitar importancia al asunto, pero tampoco de sobredimensionar y exagerar el drama: en 2006, en plena burbuja inmobiliaria y con el gasto público en plena expansión, ese porcentaje era del 3,9%, cuatro décimas superior al actual. Asimismo, en Suecia, el número de familias con incapacidad para comer carne, pollo o pescado al menos una vez cada dos días asciende al 2%, en Noruega al 2,5, en Finlandia al 3,2, en Francia al 7,4, en Alemania al 8,2 y en el conjunto de la Eurozona al 8,5. ¿Había una tragedia alimentaria en España en 2006? Si la había, nadie hablaba de ella, y, desde luego, la continua expansión del gasto público propia de esos años no consiguió aplacarla. ¿Hay una tragedia alimentaria en Finlandia, Francia o Alemania? No lo parece, y en todo caso no nos habremos enterado de que la tragedia alimentaria en España es la mitad de grave que en Europa y similar a la de los ejemplares países nórdicos.

Entonces, ¿por qué muchos de nuestros políticos y medios de comunicación utilizan como ariete el dato completamente falso de que un tercio de las familias españolas pasa hambre? Pues porque se trata de instrumentar política y electoralmente una tragedia como el hambre para llegar al poder. Lo verdaderamente relevante no es el número real de personas que sí sufren hambre en España, sino frivolizar la estadística y el sufrimiento ajeno para arañar votos. En el fondo, lo mismo les da ocho que ochenta hambrientos: lo que no les da en absoluto igual son ocho u ochenta votos.

¿Hambre en España?

En una entrevista concedida al periódico El Mundo, la portavoz de Oxfam/Intermón afirma que "la desigualdad mundial es la enfermedad del siglo XXI, ya que la mitad de las riquezas del planeta está en manos del 1% de la población mundial, como si la riqueza fuera un pastel partido en dos y el 1% más rico se apropia de una mitad mientras la otra corresponde al 99% de los habitantes del mundo". Según Consuelo López-Zuriaga, "la desigualdad social está aumentando en todo el mundo".

¿Respaldan los datos esta visión pesimista? De acuerdo con los célebres trabajos de Xavier Sala i Martín sobre esta cuestión, no solamente no es cierto que la desigualdad social esté experimentando un gran avance a nivel mundial, sino que la tendencia apreciada desde los años 80 hasta hoy es de progresivo retroceso en las diferencias de ingresos.

El economista catalán, que debe su prestigio académico a los trabajos que ha publicado sobre estas cuestiones, ha explicado que, tanto si aplicamos el Coeficiente Gini como si calculamos el Coeficiente Atkinson, la evolución de la desigualdad global ha sido la opuesta a la que describe López-Zuriaga, con una progresiva caída desde los años 80

Los estudios de Sala i Martín no cubren la evolución de la última década, por lo que es conveniente actualizar los datos. Este reto ha sido asumido por la Cámara de Comercio de Canadá, que ha publicado un exhaustivo análisis sobre esta cuestión, concluyendo que "incluso si no ajustamos la evolución de la desigualdad al aumento de la población, la tendencia experimentada en los últimos años es positiva".

Evidentemente, la metodología más apropiada es la que considera el boom demográfico a la hora de analizar la evolución del Coeficiente Gini. Sin embargo, la línea negra de la siguiente gráfica deja claro que, incluso sin hacer ese cálculo, la tendencia apreciada en la última década es demenos desigualdad global.

El caso de Estados Unidos es especialmente llamativo. Si acudimos al Coeficiente Gini y a otras formas de medir la desigualdad, encontramos que la desigualdad en el país norteamericano apenas ha experimentado cambios a lo largo de los últimos treinta años. A esto se unen los altos niveles de movilidad social que mantiene el país del Tío Sam, lo que desmiente la visión estática de la riqueza que expresa la portavoz de Oxfam/Intermón cuando habla de la economía como una "tarta", ignorando la naturaleza creciente y cambiante de la riqueza.

Tyler Cowen pone en perspectiva los datos

En un interesante artículo publicado por el New York Times, el economista Tyler Cowen insiste en que "los datos no muestran que la desigualdad esté aumentando a nivel global. Hay casos de países en los que sí se han dado aumentos, pero cuando nos referimos a todo el mundo, la tendencia a la baja está en continua evolución desde hace veinte años. Es importante explicar esto, quizá no se ha incidido lo suficiente en explicar esta evolución".

Cowen se apoya en los estudios de Christoph Lakner y Branko Milanovic, subrayando que "el modelo exportador que han adoptado países como China se ha traducido en una reducción drástica de la pobreza en muchas economías en vías de desarrollo. Esto ha suavizado el crecimiento del ingreso medio en Occidente, y es que estas políticas a veces aumentan la desigualdad dentro de algunos países pero, en suma, hacen del mundo un mejor lugar".

En este sentido, el autor de Average is Over subraya que "aunque los indignados mantengan que el capitalismo ha fallado y que la desigualdad está aumentando, una valoración más correcta y serena incidiría en que, si bien seguimos enfrentando muchos retos, vivimos en tiempos de crecientes oportunidades para todo el mundo, lo que supone un cambio que, en general, implica una mejora".

Además, Cowen destaca que "países como EEUU muestran que un mayor nivel de desigualdad no tiene que ir de la mano con un mayor nivel de problemas sociales, incluyendo escenarios violentos o revolucionarios". Sobre este punto, podemos citar el caso de España, donde los índices de criminalidad han caído a mínimos históricos en plena crisis.

La evolución de la pobreza

A lo largo de la entrevista, Consuelo López-Zuriaga también ofrece una visión pesimista sobre la evolución de la pobreza. Aquí también hay una importante desconexión entre las declaraciones de la portavoz de Oxfam/Intermón y los datos disponibles. De hecho, los estudios de organizaciones multilaterales como el Banco Mundial coinciden con los informes de economistas como Laurence Chandy a la hora de señalar que la tasa mundial de pobreza acumula décadas a la baja.

Como vemos en la gráfica que sigue, tanto las previsiones en las que se basa la ONU como otros estudios independientes anticipan que la tendencia positiva se mantendrá a lo largo de los próximos quince años. La única duda radica en la intensidad de esa reducción de la pobreza.

The Economist, la prestigiosa revista británica de análisis político y económico, ha analizado muchos de estos estudios, llegando a la conclusión de que el fin de la pobreza extrema es un objetivo realizable en el medio plazo.

"El mundo ha experimentado un progreso extraordinario a la hora de reducir el alcance de la extrema pobreza. De 1990 a 2010, esta tasa bajó del 43% al 21%, afectando ahora a 1 de cada 7 habitantes del Planeta. La clave para esta evolución es el crecimiento económico, como muestra el ejemplo chino", explica el semanario británico.

La desigualdad social desciende a nivel global desde hace décadas

Setecientas mil personas, los yazidíes, corren el riesgo de ser asesinadas. Los criminales militantes del Estado Islámico –esa entidad sanguinolenta que ha surgido súbitamente en el Medio Oriente– ya han matado a unos cuantos centenares. No han sido más porque huyeron y se escondieron. Los liquidan y a veces violan a las mujeres antes de degollarlas.

La persecución se afinca en una horrenda tradición medieval todavía vigente dentro de una buena parte del islamismo árabe: rechazan toda expresión del pluralismo religioso. Los yazidíes tienen otro Dios y otras creencias muy antiguas, así que está en marcha su exterminio. No hay más Dios que Alá ni más profeta que Mahoma. Al que crea o diga algo diferente, literalmente, le arrancan la cabeza. Con los cristianos, calificados como nazarenos, tienen la extraña cortesía de crucificarlos antes de matarlos.

Los yazidíes son kurdos, pero la inmensa mayoría de sus compatriotas profesa el islamismo y hace la vista gorda cuando los masacran los fanáticos empeñados en revivir el Califato. Los peshmergas, el Ejército kurdo, no los quieren. La población los acusa, falsamente, de adorar al demonio. Mientras los kurdos claman por su derecho al autogobierno, le niegan la sal y el agua a los yazidíes, una minoría dentro de la minoría. 

El presidente Obama ha hecho bien en tratar de amparar a los yazidíes. Toda nación seria y compasiva tiene "la responsabilidad de proteger", como establece el departamento de la ONU dedicado a la prevención del genocidio. Es un derecho nuevo que cristalizó abonado por la sangre copiosa de las víctimas ruandesas cuando los hutus aniquilaron a un millón de tutsis a mediados de la década de los noventa. Es verdad que Estados Unidos no puede proteger a todo el mundo todo el tiempo, pero sí puede y debe, cuando es factible, impedir estas obscenas carnicerías.

Los yazidíes, lógicamente, están tratando de emigrar a donde los acojan. Escapan para salvar sus vidas. Se sienten, supongo, como los judíos alemanes tras las Leyes de Núremberg dictadas por Hitler en 1935. Era cuestión de tiempo que los asesinaran. Tenían que irse, comprar visas hacia cualquier parte, adquirir pasajes a precio de oro. Era obvio que la pesadilla nazi terminaría en el Holocausto.

Bastaba leer los papeles de Hitler para confirmarlo.

Los yazidíes saben lo que les espera y están tratando de emigrar a Estados Unidos, Canadá y Europa. Nadie habla de América Latina. ¿Por qué? Si los latinoamericanos fueran, realmente, solidarios y tolerantes, deberían extenderles visas de residencia a muchas familias yazidíes.

Al fin y al cabo, casi todos los grupos de inmigrantes asentados en América Latina han sido benéficos para el país que les abrió los brazos. Y no sólo se trata de los españoles y los portugueses, parientes cercanos fácilmente asimilables, sino de los japoneses, chinos, libaneses, sirios y judíos que llegaron a América Latina en un número considerable, sin saber el idioma y devotos, además, de dioses y ritos ajenos a la tradición nacional, lo que no impidió que crearan considerables riquezas con su trabajo intenso e innumerables familias mixtas.

¿Es tan difícil que cada país latinoamericano se proponga salvar a unos cuantos millares de familias yazidíes? Como los gobiernos no suelen ser buenos samaritanos, quienes tienen que organizar esa labor de rescate son los miembros de la sociedad civil. Dese el visto bueno y pídase colaboración a las iglesias, a las logias masónicas y a los clubes cívicos, para que contribuyan a salvar a los yazidíes, y mostrarán sus mejores instintos.

Los cubanos podemos entender mejor que nadie esta "responsabilidad de proteger" por una razón mala y otra buena.

La mala sucedió en 1939 cuando el gobierno de La Habana rechazó el barco Saint Louis, que traía a bordo 936 judíos que habían pagado por sus visas para poder escapar del horror nazi. El gobierno no los dejó desembarcar y debieron regresar a Europa. Pocos meses después estalló la Segunda Guerra y una buena parte de esas personas que los cubanos no quisieron proteger murió en la cámara de gas. Vergüenza eterna.

La buena ocurrió veinte años más tarde, cuando se instauró un régimen estalinista en Cuba y comenzó un éxodo que no ha cesado hasta hoy. Estados Unidos ha acogido y protegido a casi dos millones de refugiados cubanos. Sumados sus descendientes, la cifra debe de andar por los cuatro o cinco. A otra escala, pero generosamente, también lo hicieron la Venezuela democrática prechavista, España y Costa Rica. Fue en esta terrible circunstancia cuando muchos cubanos aprendimos lo que vale una mano amiga cuando se cierran todas las puertas.

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El sector público se aúpa como el mayor deudor de España en 2014

En 2008, la inmensa mayoría de la deuda española era deuda privada: veníamos de una burbuja de endeudamiento barato financiada por ese monopolio público llamado BCE y los pasivos de las Administraciones Públicas apenas suponían el 18% del total, mientras que los pasivos de familias y empresas no financieras ascendían al 82%.

Fruto de aquellos polvos, los distorsionados lodos actuales. Tras cinco años de crisis, el sector privado ha ido desapalancándose con fuerza (382.000 millones de euros de menor deuda, desde finales de 2008), y el sector público ha pasado a hiperendeudarse (560.000 millones de mayor deuda desde entonces), con lo que la radiografía del endeudamiento en España debe cambiar. 

A junio de 2014, y a partir de los datos del Banco de España, la deuda privada familiar es de 772.000 millones de euros, la deuda privada empresarial es de 0,98 billones de euros y la deuda pública de 1,058 billones de euros. Conviene aclarar que los algo más de 50.000 millones de pasivos de empresas públicas los he incluido, a diferencia de lo que hace el Banco de España, entre la deuda pública y no entre la deuda privada empresarial.

De este modo, los porcentajes cambian un poco: la deuda pública ya no es el 18% del total, sino el 37,5%, y el peso de la deuda empresarial cae del 48% al 35%. A partir de enero de 2014, el sector público pasó a ser el sector institucional con más deuda en España, superando no sólo al sector de las familias, sino también al de las empresas no financieras.

Tal vez deberíamos pensárnoslo dos veces antes de afirmar que el problema de España es la deuda privada y no la deuda pública. Evidentemente, la deuda privada es un problema, pero la deuda pública también es un problema. Diría más, la deuda privada va siendo cada vez un problema menor, mientras que la deuda pública se está convirtiendo en un problema expansivamente mayor. Confío en que el último gráfico termine de aclarar el muy peligroso camino que estamos siguiendo.

Claro que tengo miedo a Podemos

 Uno de los argumentos preferidos por el fan boy medio de Podemos es que se critica a su partido porque se le tiene miedo. Eso, al parecer, justificaría todas las barbaridades que defienden Pablo Iglesias y los suyos, que den miedo a la casta. Una casta a la que, en perfecto razonamiento circular, perteneceríamos todos aquellos a quienes se nos haya ocurrido, válgame el cielo, la osadía de criticar a Podemos.

Que sí, que la casta es muy mala. España es un país con unas instituciones bastante deficientes, donde al votar el Parlamento estamos eligiendo los tres poderes del Estado y una división territorial del poder que parece construida para fomentar el caciquismo y el separatismo. Pero aun así prefiero mil castas como la que padecemos a un solo Podemos. Porque sabiendo en qué han derivado todos los populismos que en el mundo han sido, lo que me pregunto es cómo puede una persona racional no tener miedo a Podemos.

Los populismos crecen en épocas de zozobra porque aciertan al reducir problemas complicados a unas pocas consignas simples que llegan a la gente. No logras pasar de la nada a porcentajes de voto de dos cifras analizando y explicando razonadamente el origen de los problemas. Tampoco aportando soluciones realistas y racionales, al estilo, por ejemplo, del contrato único como forma de mejorar nuestro deficiente mercado laboral. No, se hace exculpando a los votantes de toda responsabilidad y asignándosela a unos malvados a los que derrotaremos entre todos dando nuestra confianza a los buenos, es decir, ellos.

Lo malo es que no, no son buenos. No pueden serlo cuando su líder, Pablo Iglesias, acudió a la Venezuela chavista a recibir su formación política y su cabeza pensante, Juan Carlos Monedero, ayudó a ese mismo régimen a empobrecer y destruir las libertades del sus antaño ciudadanos, hoy súbditos. No pueden serlo cuando alaban a la Argentina peronista, el único país donde gobiernan de forma casi ininterrumpida los representantes de un partido genuinamente fascista, que logró reconducir hasta el subdesarrollo a la que fuera una de las naciones más ricas del mundo. No pueden serlo cuando abogan por un "leninismo amable", oxímoron perfectamente equiparable al nazismo amable.

El leninismo creó la Cheka, que en pocos meses ya había ejecutado a más gente que el zarismo, que no era precisamente un régimen amable con el disidente. Creó el Archipiélago Gulag, red de campos de concentración donde murieron millones de personas. Fue el responsable de la primera hambruna provocada por el régimen soviético. Cuesta ver, sinceramente, una versión amable de semejantes atrocidades. Quizá un encarcelamiento masivo de disidentes en el que te den una palmada en la espalda antes de fusilarte o te sonrían mientras prohíben otro partido político que no sea el suyo.

¿Miedo a Podemos? Naturalmente. En Venezuela también había una casta y un sentimiento mayoritario, muy razonable, que pedía acabar con la corrupción de un régimen podrido. Hoy son más pobres, carecen de libertades políticas, asesinan a los manifestantes. Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo, con un número de asesinatos muy por encima que el de muchas ciudades en guerra. Pero se supone que si tengo miedo a eso sólo puede ser porque soy casta.

Antisionismo, claves para distinguir al antisemita actual

El conflicto de Oriente Medio ha vuelto a sacar a relucir los prejuicios judeófobos que tan extendidos están en algunas sociedades occidentales —a pesar de que en España apenas haya judíos, este país no es una excepción, sino más bien uno de los casos más fuertes—. Sin duda alguna, en ello tiene mucho que ver la actitud de muchos profesionales de los medios de comunicación, profesores de universidad, miembros del autoproclamado “mundo de la cultura” y determinados dirigentes políticos. Como ya explicamos en otras ocasiones, el antisemitismo es un odio que además de responder a un profundo rechazo a la libertad tiene la característica de ser elitista.

Todos estos antisemitas que tienen la capacidad de expresarse en público, y en muchos de los que lo hacen en privado por no disponer de altavoces mediáticos o académicos, suelen negar que son antisemitas. Se justifican diciendo que son “antisionistas”, ocultando que el denominado “antisionismo” es la más moderna y políticamente correcta forma de antisemitismo. Ante esto, y puesto que la crítica al Gobierno de Israel o algunas de sus políticas es sin duda legítima, se hace necesario saber distinguir dicha crítica legítima (que puede ser acertada o no) de la judeofobia.

En algunos casos resulta evidente que estamos ante un antisemitismo sin disimulo alguno. Ocurre, por ejemplo, cuando se llama al boicot de “productos judíos” y se ofrece un listado de comercios de lo más variopinto, incluyendo algunos que no tienen entre sus principales accionistas a nadie que profese la religión de Moisés.

En otros casos, sin embargo, no resulta tan sencillo diferenciar. Suele decirse que el mejor modo de determinar cuándo se trata de antisemitismo es el doble rasero. Así, por ejemplo, si se niega la legitimidad de Israel para existir como Estado pero no la de otros países, es judeofobia. Lo mismo se puede decir si se montan todo tipo de acciones de protesta contra la intervención en Gaza mientras se guarda silencio ante las masacres en Siria o el verdadero genocidio de cristianos a manos de los integristas islámicos en Irak. El problema de esta técnica es que, funcionando en muchas ocasiones, nos topamos con que también se emplea el doble rasero con otros países o cualquier otro que genera antipatía por parte de alguien. Entonces necesitamos un método con menos excepciones. Y para eso nada mejor que mirar al pasado.

El antisionismo es la tercera forma histórica de la judeofobia europea (y, por extensión, occidental). Por lo tanto, lo mejor es mirar qué tiene en común con las anteriores expresiones de ese tipo de odio: el antijudaísmo religioso de raíz cristiano (en el caso católico superado oficialmente, aunque queden reaccionarios que no se han enterado, por la declaración conciliar Nostra Aetate, de 1965), mayoritario hasta bien entrado el siglo XIX y con fuerza incluso en el siglo XX, y el antisemitismo racial de los siglos XIX y XX, muy vinculado además a los nacionalismos y que llegó a su apogeo con el nazismo alemán. En contra de lo que pudiera parecer a primera vista, hay una continuidad entre las acusaciones que se lanzan contra los judíos desde esos tres tipos de judeofobia. Y es ahí donde puede radicar la clave que buscamos.

Una de las acusaciones históricas tradicionales de los antisemitas contra los judíos es la de ser un “cuerpo extraño”, y por ende dañino, en la que debía de ser una comunidad armoniosa. Así, en la primera etapa eran negadores de Cristo en sociedades cristianas, en la segunda fase eran percibidos como un grupo ajeno a la raza propia de la nación (da igual que fuera la alemana, la francesa, la española o cualquier otra) y para el antisionismo es un Estado artificial inserto en el mundo árabe o islámico por las fuerzas coloniales.

Vinculado con la anterior está la más dura de las acusaciones, la de cometer el peor crimen que la mente humana pueda llegar a concebir. Durante siglos fue el deicidio, en sociedades muy influidas por la religión nada podía ser más grave que asesinar al mismísimo Dios hecho hombre. De ahí se pasó, en un mundo dominado por los sentimientos racistas y nacionalistas, a la acusación de ser traidores a la patria. Así surgió el Caso Dreyfus, al ser acusado dicho oficial francés de religión judía de espiar para Alemania. O en el caso germano, los nazis acusaban a los hebreos de la famosa e inexistente “puñalada” por la espalda que explicaría la derrota en la I Guerra Mundial.

Para las mentes contemporáneas, el peor crimen imaginable es el genocidio. Y de eso se acusa de forma constante a Israel, sin que los acusadores se paren a pensar en que ningún pueblo que sufre un genocidio gana constantemente población, que es lo que ocurre con los palestinos. Se llega al extremo de perversión al comparar a Israel o “los judíos” con los nazis y sostener que cometen un Holocausto igual al cometido contra el Pueblo de Israel. Este último es un genocidio que, sin ser el mayor en términos numéricos (el ucraniano a manos de la URSS o el ocurrido en la China de Mao son peores cuantitativamente), tiene unas características únicas que hacen que para muchos represente el grado máximo de maldad y que, al menos, hacen de él algo históricamente único.

Vinculado a la acusación de cometer el peor crimen posible, no faltaba en el caso nacionalsocialista la acusación de contaminar la pureza racial alemana. Esto es similar a cuando el antijudaísmo cristiano reprochaba al hebreo tratar de alejar a los buenos católicos de la fe en Cristo o cuando el antisionista acusa a Israel o los judíos de comprar voluntades de políticos o creadores de opinión. Esta, la perversión de los no judíos, sería la tercera acusación que nos permite detectar judeofobia.

Una cuarta, también recurrente de forma histórica, es la de manipular en beneficio propio a los gobiernos y los creadores de opinión de todo el mundo. Dicho de otra manera, se reprocha al conjunto de los judíos ser un poder oculto que trata de dominar el mundo y machaca sin piedad a quienes se oponen a sus designios. No era raro que en la Edad Media hubiera clérigos que acusaran reyes y nobles, incluso a obispos o cardenales, de estar manejados por los judíos. En los siglos XIX y XX la acusación se repite, y llega a articularse de una forma muy elaborada en Los protocolos de los sabios de Sión, una obra creada por los servicios secretos zaristas en 1902 a los que algunos todavía dan credibilidad.

En la actualidad no faltan quienes sostienen que Estados Unidos está al servicio de Israel, o que la industria del cine y los grandes medios de comunicación de todos los países están controlados por judíos —a pesar de que resulta imposible encontrar, por ejemplo, un director de periódico o un empresario de comunicación hebreo en España— y responden a los intereses de ese supuesto “lobby”. Por supuesto, se sostiene que todas las grandes empresas y los grandes bancos están en manos de judíos. Si para eso hay que hebraizar a los gentiles Amancio Ortega o Emilio Botín, se hace sin problema alguno.

No vamos a decir que todos los que hagan alguna de las acusaciones contra Israel indicadas a lo largo de este artículo sean necesariamente antisemitas —puede tratarse de un mero desconocimiento que facilita la intoxicación—, pero sí están ayudando a extender el odio antijudío. Otros, sobre todo quienes se escudan en el clásico “lo que soy es antisionista”, sí son abiertamente judeófobos aunque no quieran reconocerlo abiertamente.

La crítica a un Gobierno, el de Israel o cualquier otro, es algo positivo, pero no la difusión de un odio tan profundamente dañino y contrario a la libertad como la judeofobia. Es bueno tenerlo en cuenta a la hora de analizar la actualidad.

Desafío institucional en Cataluña por oligarquías extractivas y destructivas

En la Díada del 11 de septiembre de 2014 se escenificará un nuevo acto del vodevil que constituye el desafío nacional-separatista en Cataluña en defensa de los intereses particulares de las oligarquías extractivas y destructivas de la región.

Desafío institucional en Cataluña

La movilización de los hombres-masa en la Díada sirve para incidir nuevamente en los lugares comunes de la falsificación histórica y pretende ser el preludio de un desafío institucional a la Constitución de 1978 que podría concretarse con la celebración de un referéndum ilegal previsto para el 9 de noviembre de 2014 o bien podría transmutarse en unas elecciones municipales y autonómicas a modo de plebiscito independentista en 2015 con el mismo objetivo final de tomar el poder sobre todas las instituciones en Cataluña por parte del “hereu” de Jordi Pujol, Arturo Mas y sus consejeros.

Se trataría de escenificar la huida final hacia el paraíso en la Tierra de los Països Catalans como salida posible para intentar evitar las posibles responsabilidades morales, políticas, jurídicas y/o penales de los políticos nacionalistas de todos los partidos en la corrupción, la prevaricación, la malversación y el robo sistemático de los recursos del resto de catalanes y españoles.

Probablemente, el escenario servirá para publicitar una vez más el Weltsaunschauung, el Zeitgeist y del Lebensraum del nacional-separatismo catalán, ideados entorno a la lengua, la cultura y el territorio, supuestamente superiores. Debidamente orquestada desde los medios de comunicación serviles a los subsidios públicos del poder regional, la propaganda intentará engañar y radicalizar aún más a los ciudadanos sin-valores-inclusivos desde las posiciones de apoyo a las oligarquías extractivas hasta las barricadas de asalto al poder político de las oligarquías destructivas.  

Involución institucional en Cataluña

La conquista del poder político absoluto en Cataluña requiere la construcción del nuevo hombre catalán con un cambio de los valores morales de la mayoría de un nuevo pueblo catalán tejidos sobre el idioma, la cultura y la territorialidad, como instrumentos de desencuentro en lugar de como medios de comunicación, de expresión de sensibilidades y de convivencia pacífica, a lo que se añade una historia-ficción contada en las escuelas y universidades para distorsionar la realidad en beneficio de los intereses particulares de las oligarquías en el poder regional y sus redes clientelares de prebendas públicas.

En Cataluña, al igual que en otros territorios, el proceso de involución institucional consta de tres fases:

1) Fase 1 o fase de destrucción de los valores morales [A][B][C] que favorecían la inclusión de todos los ciudadanos y la integración de todas las regiones. Se imponen los derechos sociales (lengua, cultura, territorio, paisaje…) sobre los derechos individuales a la vida, a la libertad, a la propiedad privada y a la igualdad de trato ante la Ley. Se controlan la educación y los medios de comunicación para que favorezcan los intereses particulares de aquellas oligarquías extractivas y destructivas que instrumentalizado el poder político en un territorio. 

2) Fase 2 o fase de degeneración de la democracia mediante leyes que atacan e instrumentalizan los derechos individuales [D][E] y, consecuentemente, deterioran otras instituciones morales como la familia, el lenguaje, el comercio, la función empresarial…

3) Fase 3 o fase de aumento del tamaño del Estado-Administración [H][I][K][L][M] por las oligarquías extractivas y destructivas que “guían” el proceso de secesión para perseguir sus fines particulares de dinero y poder absolutos en un latifundio de su única propiedad, lo que permiten que, con total impunidad, sigan medrando de los recursos detraídos del resto de la población.

Herencia del Ubú President

Pues bien, Jordi Pujol, ex presidente autonómico de Cataluña, ha puesto de manifiesto su peculiar contribución a la integración de España en fechas recientes con un bochornoso comunicado en lo que parece una línea argumental defensiva por las causas judiciales abiertas a sus hijos ([1][2][3][4][5][6][7][8][9][10][11][12][13][14][15][16][17][18]), dado que se han dedicado con verdadera pasión a los negocios vinculados a los recursos y concesiones públicas.

Obviamente, un juez ya ha pedido al ex president que aporte el testamento de su padre y la aceptación de la herencia y existen indicios investigados por la UDEF (Unidad de Delitos Económicos y Financieros) de la Policía sobre el origen de semejante fortuna, que no habría tributado y que convierte a la familia Pujol en la séptima más rica de España, dado que es valorada por algunos medios en 1800 millones de Euros.

Ahora todo el mundo se lleva las manos a la cabeza, pero, sin embargo, los tejemanejes del nacional-separatismo eran rumores bien conocidos desde hace muchos años, lo que motivó al dramaturgo Albert Boadella a escribir la obra Ubú President sobre las ansias de poder y dinero absolutos de las oligarquías en Cataluña, que empleaban el discurso nacional-separatista como excusa para sus negocios particulares.

La obra fue representada desde 1981 y hasta el año 1997 por el grupo teatral Els Juglars que dirigía Boadella y es magnífica tanto en su primera versión Operación Ubú (1981) como, también, en la segunda Ubú president (1995), donde se incorporan nuevos personajes como Maragall, Arturito Más y los Excelsitos o hijos del Excelso, y donde el personal de servicio es inmigrante en vez de andaluz.

Considero imprescindible la lectura del libro Ubú President, publicado por Ediciones Cátedra, para entender la realidad de la política en Cataluña y en España. Por ello, permítanme que cierre estas reflexiones con unos párrafos bastante divertidos de esta obra que crea una burla, ácida y descarnada, del poder en forma de sátira y, al mismo tiempo, es una descripción de la perversión humana por el afán de poder desmedido, la bajeza moral y la mediocridad intelectual de las oligarquías:

“EXCELS.- ¿Dónde vais? ¿Dónde vais pecadores? No os podéis marchar en pecado, ¿eh? Os tenéis que purificar, aquí, delante del Señor. ¡Venga! Confesad públicamente todos vuestros pecados y quizás seáis perdonados. ¡Bonet, empieza!

BONET.- ¿Yo, Excels? Pobre de mí, yo no he hecho nada.

EXCELS.- Hombre…, hombre…, cuenta aquello del Delta del Ebro, cuéntalo…

BONET.- ¡Caray! No…, que recalifiqué unos terrenos en el Delta del Ebro y me dejé regalar una finca.

EXCELS.- ¿Lo sabe alguien?

BONET.- No. Todo está a nombre de mi cuñada.

EXCELS.- Pues perdonado, Bonet. Perdonado. Si está a nombre de tu cuñada, perdonado. Escuchad ya veis que Dios vuestro señor tiene gran capacidad de comprensión, ya lo veis. ¡Venga!, ¡seguid el ejemplo de Bonet! ¡Confesad todos vuestros pecados! Sin miedo. ¡Venga!

ARTURITO MÁS.- Bueno, yo he hecho expropiar unos terrenos que ya estaban expropiados.

CONSEJERA 1.- Yo me he quedado las subvenciones de la Unión Europea para los parados.

CONSEJERO 1.- Yo he comprado 10.000 depuradoras obsoletas.

CONSEJERO 2.- Yo me he quedado con las comisiones de casinos y bingos.

CONSEJERA 2.- Yo he facturado una autovía que sólo tiene un carril

BONET.- Yo he quemado los análisis de las aguas contaminadas y he cobrado de los ganaderos.

EXCELS.- Bueno, ya está, ¡basta! Ya me hago una idea. ¿hay alguna cosilla más?

ARTURITO MÁS.- Bueno, puestos a decir nimiedades, he de confesar que me he beneficiado a la esposa de Bonet.

BONET.- (Muy agresivo.) ¡Sujetadme, que lo mato!

ARTURITO MÁS.- Bonet, pagando, ¿eh?, pagando

BONET.- (Calmado.) ¡Ah!, así me callo…

EXCELS.- (Al Excelsito menor.) Niño, ¿a qué sube todo esto, más los cuernos de Bonet?

EXCELSITO.- Pues sube al doble de la deuda de la Institución.

EXCELS.- El doble… de la deuda… de la Institución. ¡Madre mía! Esto no es nada. Esto lo dejaremos en herencia a los socialistas. Ya se lo encontrarán, esto. Escuchad, supongo que de todo esto no hay papeles, ni documentos, ni comprobantes, ¿verdad?

CONSEJEROS.- No.

CONSEJERO 1.- Hombre, Excels, ¡que son 21 años de práctica!

EXCELS.- Bueno, pues aquello que dicen: pecado ocultado, siempre perdonado.

CONSEJEROS.- ¡Gracias!, ¡muchas gracias Excels!

BONET.- ¿… Y ahora qué hacemos?

EXCELS.- ¿Qué, que hacéis? Lo de siempre, Bonet. Pero…, por Cataluña.

BONET.- (A los Consejeros.) Señores vamos a saquear el país.

CONSEJEROS.- (Salen todos por la izquierda.) ¡Por Cataluña!”

 (Boadella, A.: 2006, pp. 222-223)

 

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Las consecuencias sociales de las propuestas de Podemos

Pese a lo que pudiera parecer, la aparición de un partido político populista como Podemos no es novedosa. En periodos de inestabilidad económica y/o política siempre surgen partidos que proponen políticas de gobierno populares que tienen por objetivo ganarse la simpatía de la población aunque sean claramente irrealizables o antidemocráticas. 

De llegar al poder (que ocurre pocas veces) suelen acabar en dictaduras (reales o disfrazadas de democracia). Platón ya indicó el momento en que la democracia pasa a tiranía: los demagogos se apoderan del gobierno y comienzan a esquilmar las arcas del Estado, con la aquiescencia del pueblo, que espera recibir su parte.

Las propuestas de Podemos no son novedosas en absoluto, siendo apoyadas por todos los partidos populistas ya sean de extrema izquierda o de extrema derecha (ver Le Pen en Francia). Los extremos se tocan y coinciden en prácticamente todas las medidas económicas.

Algunas propuestas de Podemos son las siguientes: establecimiento de una renta básica para todos los ciudadanos, aumento del salario mínimo, establecimiento de salarios máximos, adelantamiento de la jubilación, prohibición de despido en las empresas con beneficios, introducción de la Tasa Tobin, impuesto sobre el patrimonio, supresión de las SICAV, nacionalización de la banca, energía, educación, sanidad, telecomunicaciones y demás sectores “estratégicos”, salida del euro, impago de la deuda, expropiación de viviendas, supresión de cualquier límite de déficit e incremento notable del gasto público entre muchísimas otras medidas.

Todas estas medidas implican una inmensa (e irrealizable) redistribución de la renta. Me gustaría centrarme en algunas de las innumerables consecuencias sociales que tendrían estas medidas de transferencias de ingresos:

– Se desincentiva la producción y la generación de ingresos ya que los individuos saben que van a perder una gran parte de las ganancias. Una dedicación y esfuerzo extra ya no compensan.

– Aumenta la evasión fiscal y la economía sumergida. Los agentes están dispuestos a correr riesgos debido a la gran extracción de renta que sufren.

– Se desalienta que los beneficiarios de las transferencias generen ingresos en el presente, ya que pueden recibir un ingreso realizando menos esfuerzo o incluso ninguno. Si desean un mayor ingreso, generalmente éste se consigue en la economía sumergida.

– Los beneficiarios de ingresos se desentienden de producir bienes y servicios que la sociedad demande. Por tanto, se vuelven agentes antisociales.

– También desincentiva la producción de ingresos futuros, por lo que cualquier inversión actual destinada a proporcionar más renta en el futuro se paraliza o ni siquiera se plantea: educación, experiencia laboral, etc.

– Relacionada con la anterior, los individuos ya no se centran en crear valor en la sociedad sino en extraer rentas de la sociedad a través del Estado.

– Crea individuos totalmente dependientes de los gobiernos al provenir sus ingresos de éstos.

– Producen conflictos políticos ya que los distintos grupos de presión luchan entre sí por obtener más transferencias a costa del resto.

– Se crean conflictos sociales entre grupos productores de ingresos y los destinatarios de los mismos. Unos intentan defender su producción y los otros actúan políticamente para aumentar las transferencias.

– Los productores de ingresos se vuelven más desapegados de la comunidad al sentirse explotados.

– Relacionado con la anterior, los productores de ingresos participan menos en las instituciones sociales. Sociedad civil menos participativa.

– Los productores de ingresos que generan más valor en la sociedad son atraídos del exterior y abandonan el país por la escasez de oportunidades y la situación económico-político-social.

– Se destruyen las asociaciones privadas voluntarias de ayuda y asistencia, ya que el gobierno monopoliza coactivamente todas esas funciones por demanda social.

– Aumenta el populismo y se diluye la oposición política al existir una creciente parte de la población que depende económicamente del gobierno.

– Un aumento de transferencias produce un aumento constante de burocracia, que consume recursos (escasos) y defiende sus intereses.

– Paradoja del intervencionismo: los problemas crecientes causados por el intervencionismo político intentan ser resueltos creando más burocracia y controles, es decir, aumentando el peso y las dimensiones del Estado.

– Aumento creciente de la corrupción y el clientelismo.

– Los gobiernos se vuelven cada vez más invasivos, reduciendo libertades individuales.

Las conclusiones sociales de estas propuestas son claras y evidentes: sociedad más pobre, más rencorosa, más politizada, más desapegada, más enfrentada, menos cooperativa, menos unida, menos autónoma y menos libre.

Comercio y consumismo desmedido

El columnista de «Canarias7» Rafael Álvarez Gil dice en un artículo lo siguiente: «Detesto la expresión marca España. Ningún país es una marca. Además, dicha denominación cobija ese afán por comercializarlo todo. Cualquier cosa se convierte en un producto».

El comercio es la base de la cooperación social y la prosperidad. Cuando las personas intercambian bienes y servicios libremente, es decir, comercian, no están haciendo otra cosa que cooperar. Aquellos que son contrarios al comercio son realmente enemigos de la libertad. Es fácil de comprobar. Si nos diéramos una vuelta por la tiranía comunista de Corea del Norte veríamos cómo el libre comercio está totalmente prohibido.

Desprecio de los consumidores…

Por ello, cuando el señor Álvarez Gil critica el «afán por comercializarlo todo», lo que realmente está mostrando es un desprecio absoluto a la libertad de las personas. Por si esto fuera poco, añade que nuestra patria está «malograda por los excesos, el consumismo desmedido y las bajas pasiones tras siglos endomingados haciendo gala de ser la cuna del virtuosismo y la puridad ignaciana».

El consumismo ni es desmedido ni irracional. El ser humano no es un salvaje consumidor, si fuera así, estaríamos todavía viviendo en las cavernas y no habríamos alcanzado el nivel de vida actual en muchos lugares del planeta. No existirían hospitales, carreteras, ordenadores… ni se hubiese creado nada, dado que todo se habría consumido. Pero la realidad es otra, las sociedades desarrolladas no son consumistas, sino que son creativas y capitalistas, y por eso son ricas.

… y de la libertad

Por ello, lo que, aparentemente, lamenta este columnista, al igual que muchos de la flor y nata de los ilustrados canarios, no es el consumo, sino la libertad y la riqueza, pues cuando habla en estos términos lo que está realmente diciendo es que somos unos insensatos y que él sabe qué nos conviene, es decir, el socialismo. Es en los países socialistas precisamente donde el consumo es casi inexistente, puesto que no hay nada que consumir porque son pobres. Qué casualidad que el libre comercio esté también prohibido en ellos.

Por cierto, la gente no sólo piensa en ir endomingado y se cree la cuna del virtuosismo y la puridad. No sé con qué tipo de personas se relaciona usted. Además, ¿qué tiene de malo ir bien vestido y arreglado? No obstante, en algo tiene razón, nuestro país ha pecado y peca de excesos, precisamente de los que suele defender en su columna: de gasto público.

Por último, tengo dos malas noticias que darle: sus artículos son un «producto» que se «comercializa y consume» y usted mismo es una marca que aspira previsiblemente a ser comercializada.

España debería imitar a Gibraltar

Gibraltar se ha convertido en una auténtica tradición veraniega. Es llegar agosto y el Peñón pasa a ocupar las portadas de los principales periódicos. En 2013 el protagonismo recayó en los polémicos bloques de hormigón lanzados por el Gobierno gibraltareño en la bahía de Algeciras, pero en 2014 la atención se centra en el increíble descubrimiento realizado por la Oficina Europea de la Lucha contra el Fraude (OLAF).

Resulta que el citado organismo comunitario sospecha ahora que en Gibraltar podrían desarrollarse actividades relacionadas con el contrabando de tabaco y el blanqueo de capitales. ¡Oh, sorpresa! Los investigadores… bien merecido tienen su sueldo ante tamaña revelación, sin duda. Sin embargo, lo interesante no radica en la veracidad o no de tales acusaciones, sino en la absurda y retrógrada reacción que ha suscitado entre las autoridades políticas españolas. El PP, en un nueva muestra de la liberticida y profundamente estatista ideología que profesa, se ha apresurado a aplaudir el citado dictamen porque, de este modo, puede justificar los rígidos controles policiales aplicados en la Verja a lo largo de los últimos meses, pese a los graves inconvenientes causados a la población de La Línea. Pero lo más triste es que los dirigentes populares se han agarrado al informe de la OLAF para culpar a Gibraltar del bochornoso drama económico que padece la provincia de Cádiz y del dinero que deja de recaudar Hacienda a causa del contrabando de tabaco. Es decir, los políticos patrios vuelven a usar el Peñón como excusa para esconder sus propias vergüenzas.

No en vano, más allá del histórico conflicto que mantienen España y Reino Unido sobre la soberanía del territorio, si en algo coinciden PP, PSOE y hasta IU es, precisamente, en criticar su baja fiscalidad, acusando a Gibraltar de "competencia desleal" y, por tanto, de dañar la economía situada a este lado de la Verja, incluso de restar recursos a las arcas públicas, sin pararse a reflexionar mínimamente en el origen real del problema, a saber: que el atraso de Andalucía, especialmente en Cádiz, y la menor riqueza de España frente a Gibraltar radican en la elevada fiscalidad y el intenso intervencionismo que ejercen tanto PP como PSOE. Además, el espectacular aumento que ha registrado el contrabando de tabaco en los últimos años –protagonizado, en todo caso, por españoles– no se debe a la existencia del Peñón, sino a la brutal subida de impuestosaplicada por los distintos Gobiernos nacionales, hasta el punto de duplicar el precio de la cajetilla.

¿Cómo es posible que la renta media de los gibraltareños ronde los 50.000 euros al año y en Cádiz, cien metros más allá, apenas supere los 17.000? ¿Por qué la tasa de paro en Gibraltar es del 3% y, sin embargo, los gaditanos sufren un desempleo superior al 40%? ¿Qué explica tales divergencias? La respuesta no es otra que el marco institucional. El Peñón, con una población de apenas 30.000 habitantes, ha sabido aprovechar sus ventajas competitivas respecto a España ofreciendo una tributación mucho más atractiva y simple a empresas e inversores, al tiempo que garantiza la seguridad jurídica y facilita el desarrollo de la actividad empresarial. Todo lo contrario de lo que sucede aquí.

Su marco legal y jurídico se rige por la legislación británica (Common Law), la principal referencia mundial en el ámbito de los negocios debido a su certidumbre y agilidad, lo cual permite proteger eficazmente los derechos de propiedad privada y dirimir de forma rápida los posibles conflictos que surjan entre los agentes; su sistema monetario, basado en la libra esterlina, es estable, con una inflación baja, y libre circulación de divisas, sin restricción alguna en los tipos de cambio; su mercado laboral es muy flexible y libre; con grandes facilidades a la hora de crear empresas y poder desarrollar libremente su actividad; pero su principal punto fuerte es su baja fiscalidad, ya que ofrece un entorno muy atractivo para empresas e inversores: su Gobierno no aplica IVA ni tasas indirectas sobre la compraventa de bienes y servicios, las plusvalías están exentas de impuestos, al igual que el patrimonio o las herencias, el Impuesto de Sociedades es del 10%, sólo se tributa por los ingresos obtenidos en el Peñón, y, bajo ciertas condiciones, los trabajadores altamente cualificados desplazados a Gibraltar se pueden beneficiar de un pago máximo en IRPF, con independencia de lo que ganen, además de ofrecer grandes ventajas a los fondos de inversión para poder competir con la poderosa e influyente City londinense.

Por último, es cierto que Gibraltar es un centro financiero internacional de primer orden, pero, a diferencia de lo que se aduce habitualmente, no está calificado oficialmente como paraíso fiscal -entendido como un centro para lavar dinero procedente de delitos-, ya que cuenta con acuerdos de colaboración con los principales países desarrollados. De hecho, figura en la lista blanca de la OCDE en cuanto a transparencia tributaria. Así pues, culpar a Gibraltar de los males que padece Cádiz o del contrabando de tabaco es tan absurdo como acusar a los empresarios de explotar a sus trabajadores, a los países ricos de la desdicha que sufren los pobres, a Andorra del elefantiásico Estado francés o a España del progresivo deterioro económico que padece Cataluña.

Dicho de otro modo, Cádiz no es pobre porque Gibraltar sea rica, al igual que la miseria de Corea del Norte no se debe al progreso de Corea del Sur ni la extrema pobreza que padece Cuba responde al imperialismo norteamericano, tal y como sostienen las teorías socialistas de la explotación y la redistribución. Más bien al contrario, puesto que muchos gaditanos dependen, de una u otra forma, de Gibraltar. Su economía generó el 18% de los empleos y más del 12% del PIB del Campo de Gibraltar en 2007, así como el 0,42% del PIB de Andalucía, según loestudios realizados al respecto. La solución, por tanto, no estriba en que el Peñón dispare los impuestos hasta equipararlos al confiscatorio nivel de España, tal y como defienden los comunistas del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) de Diego Cañamero y Sánchez Gordillo, sino en imitar las políticas que han llevado a Gibraltar y a otros muchos países hacia la senda de la riqueza y el empleo. El enemigo de la prosperidad de España no está fuera, sino aquí, muy cerca, entre nosotros…