De tanto en tanto los socialdemócratas de Suecia atacan a las escuelas libres (Friskolor, escuelas públicas de gestión privada). Más recientemente, con la propuesta de dar a las autoridades municipales poder de veto sobre el establecimiento de nuevas escuelas libres a fin de detener su supuesta sobreexpansión. Esto implica que las municipalidades tendrían atribuciones para impedir la creación de centros que compitan con los propios, lo que era justamente la idea de la reforma que en 1992 permitió, gracias a un sistema de cheque o voucher escolar, la creación de las escuelas libres. Por su parte, los socialdemócratas de Escania van mucho más lejos y quieren suprimir el derecho mismo a elegir escuela, sea esta de gestión pública o privada.
Se nota la nostalgia de los socialdemócratas por aquel tiempo en que regía el orden en el frente escolar y en tantos otros. Sí, aquel tiempo en que ellos podían decidir tanto y los ciudadanos tan poco. ¡Ay, tantas libertades –de elegir guardería, escuela, centro médico, forma de atención a los mayores o a los discapacitados, etc.– que han destruido el idilio socialdemócrata!
De todo ello, la pérdida de poder sobre la escuela es lo que sin duda más les duele. El proyecto socialdemócrata clásico tenía su eje en la socialización del individuo mediante la socialización (estatización) de la escuela. Es así como se crearía el hombre nuevo socialista, formado por el Estado desde la cuna hasta la tumba. Por eso es que la existencia de las escuelas libres es tan dolorosa para los socialistas de todo pelaje.
Eso hace del movimiento de las escuelas libres el verdadero héroe de la lucha por la libertad en Suecia. Empezó de manera muy modesta en 1992-93, pero hoy abarca unas 1.250 escuelas básicas y secundarias, a las que asisten más de 210.000 alumnos. A ello hay que agregar más de dos mil centros infantiles y las 55.000 personas que trabajan en alguna escuela libre para poder aquilatar el peso de este movimiento que no ha dejado de crecer desde su nacimiento y que ha sido la punta de lanza de la transformación del viejo Estado-patrón sueco en un Estado solidario, que amplía las libertades empoderando al ciudadano en vez de ponerse por sobre él.
La socialdemocracia sabe que le sería muy costoso lanzarse a una confrontación frontal con un movimiento popular tan significativo. Por ello elige una línea más cautelosa de ataque, consistente en tratar de frenar el aumento de las escuelas libres y, haciendo gran cosa de algunos ejemplos de mala gestión, sembrar la desconfianza hacia los emprendedores escolares y su legítimo afán de lucro.
Es lo que le queda cuando no se puede recurrir a ningún argumento serio contra el movimiento de las escuelas libres. De hecho, las investigaciones realizadas no han podido documentar ni un solo efecto negativo del surgimiento de las mismas. La segregación socioeconómica, por ejemplo, no ha cambiado de manera significativa, ya que el sistema sueco no permite el copago ni cobro extra alguno en las escuelas libres.
Pero no solo eso, la estadística de la Superintendencia de Escuelas muestra que la diferencia de resultados, medida por las calificaciones obtenidas, ha ido disminuyendo sucesivamente entre la escuelas básicas libres y las municipales, mientras que en las secundarias ha simplemente desaparecido. Esto se debe a los esfuerzos hechos por el sector municipal por crear centros atractivos ahora que no tienen que vérselas con súbditos o clientes cautivos, sino con ciudadanos libres y empoderados, de cuya elección depende la subsistencia de las escuelas.
Además, el personal de las escuelas libres está claramente más satisfecho con su situación que aquel de las de gestión municipal, y no se ha realizado ni una sola huelga contra la existencia de las escuelas públicas de gestión privada (claro, en Suecia los empleados públicos no forman un estamento privilegiado de funcionarios). Y esto para no hablar de lasatisfacción de los padres y los educandos que han elegido una escuela libre en vez de una municipal.
En vez de llevar adelante este tipo de campañas insidiosas contra las escuelas libres, la socialdemocracia debería honestamente reconocer que los verdaderos problemas de la escuela sueca tienen que ver con esa escuela de frivolidad (flumskola), basada en la ausencia de disciplina y exigencias, donde todo es juego y falta de autoridad y responsabilidad, que ellos mismos crearon. La escuela socialista es la escuela de la mediocridad, y con su herencia está lidiando Suecia todavía.
Este es el sonoro slogan de quienes dicen estar en contra de las políticas dictadas por el monstruo de tres cabezas integrado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional a aquellos países que solicitaron el rescate total, parcial, bancario, temporal o de cualquier tipo a esas mismas instituciones. Ahora está en las entrañas mismas de la política europea liderada por Elena Valenciano. La vida siempre supera a la ficción.
El origen político del movimiento Fuck The Troika
Cuando los gobiernos de diferentes países, la mayoría mediterráneos con la excepción de Irlanda, una vez acabada la resaca de la burbuja financiera y, en nuestro caso, del doble colocón consistente en la burbuja financiera y la inmobiliaria, miraron con la luz del nuevo día el enorme roto presupuestario de sus alcancías, debieron quedarse petrificados. "No puede ser" debieron pensar uno tras otro al darse cuenta del desastre. "¿Y ahora qué?", imagino que se dirían en las reuniones del gabinete. Y, como Venus que emerge de las aguas, ahí estaba la Unión Europea, unión de hermanos en lo bueno y en lo malo, para ayudarnos.
"Pero, mira lo que os digo" añadiría la Unión Europea como virgen prudente que ha guardado aceite para alumbrar su lámpara, "que esto os lo presto con vuelta, no es un regalito, que se lo hemos sacado a los votantes europeos de los países que se han organizado mejor". Y, antes de retirarse a sus aposentos de Bruselas, giraría la cabeza y preguntaría otra vez: "El caso es que, visto lo visto, no me fío mucho, creo que lo mejor es que os dibuje la ruta por la que ha de transcurrir la recuperación de manera que me devolváis lo acordado en tiempo y forma sin que pase algo peor. ¿Os parece bien?". "¡Sí, sí me parece fenomenal, pero dame el dinero que no tengo para cubrir lo mínimo!" dijeron al unísono los países quebrados. Y la Unión Europea, asociada al FMI y al BCE, formó la troika, porque parecía justo que la UE decisora y el BCE banquero estuvieran acompañados por una institución supranacional.
Pero hete aquí que cuando los jefes de gobierno de cada uno de esos países manirrotos empezaron a aplicar las medidas acordadas voluntariamente a cambio del dinero, y los ciudadanos que les habían votado empezaron a mirarles mal porque les tocaban el bolsillo, el trabajo, las comodidades y, a veces, servicios esenciales, los presidentes, todos a una como en Fuenteovejuna, miraron a la troika, que ya no eran tres dulces doncellas prudentes dispuestas a prestar sino una hidra de tres cabezas con lengua de fuego y mirada letal. Y estos ciudadanos protestaron: "Es que nosotros no hemos pedido ese dinero, no es nuestra deuda, no tenemos nada que devolver. Fuck the troika!", sin darse cuenta de que en realidad estaban diciendo "fuck" a esos ciudadanos honrados de otros países con cuyos impuestos están prestando a mi país para salir de esta bancarrota, propiciada, eso sí, por los políticos votados por la sacrosanta mayoría.
La otra troika de Elena Valenciano
Y entonces, cuando Portugal ya no necesita tutela, cuando Irlanda tampoco, cuando el rescate bancario español se ha completado y Grecia sigue luchando, llega Elena Valenciano y a menos de un mes de las elecciones al Parlamento Europeo, para el que es candidata del PSOE, propone una "troika social" y una suerte de nuevo Plan Marshall para Europa, porque ya está bien de tanto mercado, ¡hombre! Hagamos más caso a la sociedad (como si el mercado no fuera la sociedad o pudiera existir sin ella). "Parece que el Estado de bienestar se ha convertido, de la noche a la mañana, en un lujo que no nos podemos permitir. Y no es así. No podemos ceder ante quienes quieren instalar el dogma neoliberal del fin del Estado social". Esas son las palabras de Valenciano.
Primer error, no ha sido de la noche a la mañana, se ha ido macerando la catástrofe euro a euro, gastado en beneficio de los políticos (como ella), y ganado por los ciudadanos. El tema demográfico es otro matiz que esta mujer no tiene en cuenta, como tampoco el paro generado bajo mandato socialista, su partido. Eso sí que es antisocial.
Tampoco se acuerda Elena Valenciano del apoyo de Zapatero a la flexibilización del Fondo de Rescate para permitir que sucediera exactamente lo que ha sucedido, ni el dinero puesto a disposición de la banca bajo diferentes epígrafes. Desde 2008, la banca recibió 81.000 millones en avales del Estado para liquidez y unos 30.000 millones más de ayudas públicas y privadas para fortalecer la solvencia del sector. Y a pesar de eso, España tuvo que pedir rescate bancario. Eso sí, Zapatero ya estaba retirado contando nubes y escribiendo su libro. Uno de ficción.
Gary Becker, economista, premio Nobel, murió el pasado sábado a la edad de 83 años. Su vida se pareció a las de muchos otros profesores: cambios de universidad, obras, polémicas con otros autores… Pero tiene también un doloroso episodio en el que lo personal y lo profesional se entrelazan. El año en que decidió volver a la Universidad de Chicago, su mujer se suicidó. Ella temía el efecto que le produciría el duro clima de Illinois en su delicada salud. Y Becker empezó a estudiar la familia con los instrumentos de la economía.
Para contar quién ha sido Gary Becker, nos vamos a retrotraer a unos pocos años antes de que él naciera. Nos vamos hasta Frank Knight, quien leyó y estudió en profundidad la principal obra de Carl Menger, sus Principios de Economía. De ellos extrajo el concepto de coste como el valor de los cursos de acción no tomados por la persona. "Vivir, en el plano humano, es elegir", dijo Knight en su seminal Riesgo, incertidumbre y beneficio (1921). Knight y su obra fueron claves en la creación de la Escuela de Chicago; es uno de sus fundadores, si no el principal. Y de su mano hay una tradición del estudio de la relación entre la utilidad, el coste y la asignación de los recursos, un concepto lleno de prejuicios sobre los que no vamos a detenernos. Porque lo importante, ahora, es que entre quienes trabajaron en este conjunto de problemas de la microeconomía dentro de la Escuela de Chicago estaba Gary Becker. A estas cuestiones dedicó gran parte de su obra científica, y a ellas debe, también en parte, el premio Nobel.
Una idea relativamente sencilla, que ahora es moneda común, ocupó su tesis doctoral. El marxismo, bien lo sabemos, siempre ha tenido una relación conflictiva con la ciencia. Y el marxismo popular es poco más que un conjunto de comentarios de bar conspiranoicos: el empresario roba al trabajador, la gente piensa en función de lo que le interesa, los grandes intereses privados dominan la política, etc. Uno de esos saberes de almanaque que conforman el marxismo popular dice que los empresarios discriminan a los trabajadores para beneficiarse de algún modo. Gary Becker demostró que eso no es así. Si un empresario cercena parte de su clientela potencial porque no quiere compradores de otra raza está quitándose oportunidades de negocio. Ocurre lo mismo si no contrata a una persona con una especial valía también por el color de su piel. Pierde el valor extra que le habría aportado ese trabajador. Precisamente por ello, tal como observó Becker en su tesis doctoral, la discriminación tiene menos incidencia en los mercados abiertos y libres. Los racistas congruentes son expulsados del mercado.
Esta cuestión suponía ya extender el análisis económico un poco más allá del ámbito en el que se había movido. Becker, más que cualquier otro economista, ha asociado su nombre con lo que se ha llamado imperialismo económico, que es la extensión del análisis económico a otros ámbitos de la vida que no son estrictamente económicos. La microeconomía, la ciencia del comportamiento individual, es a ojos de estos autores una caja de herramientas adecuada para cualquier aspecto del actuar del hombre. Por eso se puede aplicar, y se ha aplicado, a ámbitos como el crimen, la familia, la ciencia, la felicidad, la política, la religión…
Por ejemplo, Becker se planteó, a mediados de los años 60, la decisión de cometer o no un crimen en términos de beneficios y costes. De nuevo, el economista rompió la baraja. Hasta entonces, la decisión de delinquir se había achacado a otros conceptos, como la falibilidad moral, las enfermedades mentales o la opresión de la sociedad. Evelyn Waugh, por ejemplo, dijo: "Todo crimen se debe al deseo reprimido de una expresión estética". Una interesante teoría sobre el crimen, o un honesto ejercicio de autocrítica sobre sus novelas, no lo sabemos. Becker está muy alejado de Waugh. El criminal, se planteaba el economista, es racional, y también lo son sus acciones. El crimen, en determinadas circunstancias, es racional desde el punto de vista económico. Y si queremos reducirlo tenemos que considerar esas circunstancias. Con esta idea, creó toda una nueva rama de la economía.
El método es un diálogo entre lo microeconómico y el análisis estadístico. Becker, como Milton Friedman y como otros muchos economistas, asumió que la economía era una ciencia entre la razón y el empirismo, y que los datos históricos, convenientemente pasados por la comprobación estadística, contribuirían a mejorar la ciencia económica, descartando algunas teorías, reforzando otras. Luego la realidad es más compleja. Puede ocurrir que, a partir de lo que se observa, o parece observarse, se construya una teoría económica, o con una base en el comportamiento económico, ad hoc. Esta es la sensación que me dio la lectura del libro de Gary Becker La economía de la familia. Esa, y la de que había leído uno de los peores libros que llegaría nunca a leer de cabo a rabo.
Quizás mi impresión fuera entonces injusta. Pues es verdad que hay conceptos como bien, escasez, valor, coste, beneficio o bien de capital que son propios de la acción humana, y no sólo de la acción económica. Y no se puede estudiar una institución como la familia desconociendo esos ámbitos de nuestro actuar. Por otro lado, gran parte de las decisiones que tomamos tienen carácter económico. Sea como fuere, Becker llevó a la familia, primero en dos artículos de mediados de los años 70 y luego en un libro (1981), el análisis económico. En su obra plantea la seducción y la búsqueda de pareja como una inversión a largo plazo en la que, en un modelo de equilibrio, beneficio marginal y coste marginal se igualan. Si usted no cree haber pasado por esa experiencia, tendrá todos los elementos para decir que estos economistas se han vuelto locos. Es cierto que es un ejemplo de hasta dónde se puede llevar el modelo neoclásico, tan lato en su comprensión del hombre, al absurdo. Pero también lo es que no debemos echar por el desagüe todas las contribuciones de la economía de la familia, ni las de Gary Becker ni las de sus seguidores, especialmente en cuestiones como la decisión de tener más o menos hijos o las referidas al reparto de tareas en casa. También encuentra una explicación en la solidaridad entre los miembros de una familia, más allá del amor que se puedan tener, en los intereses egoístas de todos ellos.
Discriminación, crimen, familia… y aún queda un ámbito, el del capital humano. Becker incidió en que la educación es una inversión que nos acompaña, y estudió su rentabilidad a largo plazo. El capital humano marca la segunda mitad del siglo XX como pocos aspectos del desempeño económico. La evolución de la población es uno de ellos. Y a él también se dedicó el economista chicaguense.
Escribió una columna económica en Newsweek durante dos décadas. Y desde 2004 era autor, con Richard Posner, de un celebrado blog de Economía. En 1992 recibió el premio Nobel de Economía. Fue el economista de la frontera, de la frontera de la ciencia económica.
El tema de las preferentes ha centrado la atención de la opinión pública a lo largo de los últimos tres años. El caso ha generado una intensa polémica política y, sobre todo, numerosas protestas por parte de los afectados. En este sentido, Bankia ha copado buena parte de las críticas debido al tamaño de la entidad y, por tanto, al elevado número de clientes que, de una u otra forma, se vieron entrampados en la contratación de productos híbridos (deuda subordinada y preferentes) tras aflorar los graves problemas de solvencia que sufría la entidad.
Sin embargo, el mecanismo de arbitraje puesto en marcha por el Gobierno para resarcir a los inversores minoristas, unido a la fuerte relavalorización que ha experimentado la cotización de Bankia tras el rescate público, han permitido que la mayoría de los afectados haya recuperado su inversión e incluso muchos estén ganando dinero. En la actualidad, y tomando como referencia un precio de 1,5 euros por acción, algo más del 65% de los afectados ya ha recuperado lo invertido, mientras que el resto, si bien acumula un pérdida próxima al 19,5%, lo hará en cuanto la cotización supere los 1,8 euros.
Bankia llegó a acumular preferentes y deuda subordinada por valor de 6.231 millones, en manos de de 294.905 titulares. De éstos, 192.268 (65%) ya han recuperado su inversión por la vía del arbitraje tras obtener la opinión favorable del experto independiente. En concreto, el árbitro ha resuelto a favor un total de 137.480 expedientes, solo que el número de clientes beneficiados es mayor puesto que muchos de estos contratos estaban a nombre de dos personas (doble titularidad, como en el caso de un matrimonio, por ejemplo).
Del total de solicitudes de arbitraje (182.942), el experto resolvió en contra 45.460 casos ante la evidencia probada de que el titular conocía perfectamente la naturaleza y los riesgos del producto contratado.
Ahora bien, dentro del total de afectados (294.905), cabe distinguir claramente entre dos grupos:
Aquellos que, voluntariamente, decidieron canjear sus productos híbridos por acciones de Bankia en marzo de 2012, poco antes de la nacionalización de la entidad.
Y quienes fueron obligados a convertir sus títulos de deuda (subordinada y preferentes) en acciones (capital), previa aplicación de quitas, durante el proceso de reestructuración que tuvo lugar en 2013, después de que el Estado inyectara unos 22.000 millones de euros en la entidad para evitar su quiebra.
Al canje de 2012 acudieron un total de 115.541 clientes. En este caso, el problema es que el valor de las acciones recibidas se vio diluido casi por completo tras la nacionalización y la posterior ampliación de capital de la entidad. Sin embargo, de estos clientes, el 95% de los que solicitaron el arbitraje ha recuperado el 100% de su inversión. Es decir, casi la totalidad de inversores.
Mientras, el canje obligatorio de 2013 se aplicó a los restantes 179.364 afectados. De éstos, el 42% gana dinero con la subida de la acción y el 58% restante sufre una pérdida inferior al 20%. Aquí cabe tener presente que dicha cifra incluye tanto a los titulares de deuda sobordinada como de participaciones preferentes, pertenecientes a distintas emisiones y a las diversas cajas que, en su día, se fusionaron para crear Bankia.
El análisis de la tres emisiones principales, cuyo volumen suma un total de 4.800 millones de euros, refleja la recuperación de ahorros que está propiciando la fuerte revalorización bursátil de Bankia. No en vano, las nuevas acciones de la entidad en su segunda salida a Bolsa, hace casi un año, cerraron su primera sesión en 0,60 euros, mientras que hoy rondan los 1,50 euros. El presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, ya ha expresado en diversas ocasiones que su principal objetivo es generar el máximo valor posible para devolver el dinero del rescate público.
Las tres grandes emisiones citadas, ordenadas por importe de menor a mayor, son las siguientes:
Deuda Subordinada de Caja Madrid emitida en 2010 por valor de 800 millones de euros: se aplicó una quita del 10% y el resto se canjeó por nuevas acciones a un precio de 1,35 euros. A la cotización actual de 1,5 euros, y una vez descontados los intereses cobrados por dichos bonos menos lo que hubieran percibido por un depósito tipo, estos inversores han registrado una ganancia del 11,3%. Son unos 25.000 clientes.
Deuda Subordinada de Bancaja emitida en 2009 por valor de 1.000 millones de euros: también sufrieron una quita del 10%. En este caso, la ganancia asciente al 22,6%. Son unos 39.000 clientes.
Preferentes de Caja Madrid emitidas en 2009 por valor de 3.000 millones de euros: sufrieron una quita media del 37% y el resto se canjeó por nuevas acciones a un precio de 1,35 euros. Al precio actual de 1,5 euros, su pérdida media ronda el 19,5%, descontados los intereses cobrados por las preferentes (7% anual) menos lo que hubieran percibido por un depósito. Son 102.000 clientes.
En cuanto a estos últimos preferentistas, recuperarían el 100% de la inversión en caso de que Bankia supere los 1,8 euros por acción. Sin embargo, conviene advertir que ya habrían recuperado todo el dinero si el canje se hubiera efectuado a 1 euro por acción, que era el valor en libros de Bankia en su segunda salida a Bolsa, en lugar de 1,35. Dicho precio fue fijado por el Fondo de rescate bancario (FROB) para que acreedores y el propio Estado, que también entró a 1,35 euros en el capital del grupo financiero, asumieran parte del agujero patrimonial que presentaba la entidad (algo más de 4.000 millones de euros) como consecuencia de las abultadas pérdidas registradas en 2012.
Ejemplo: 100.000 euros en preferentes
El siguiente ejemplo muestra un caso tipo en el que un particular invierte 100.000 euros en las preferentes de Caja Madrid emitidas en 2009:
Tras la quita del 37%, su inversión nominal queda reducida a 63.000 euros. Dicho importe se canjea por acciones de Bankia emitidas a 1,35 euros por acción.
A cambio de sus preferentes, recibe un total de 46.667 acciones.
A los 100.000 euros iniciales cabe restar los intereses cobrados por la emisión (7% anual) menos lo que hubiera percibido por un depósito tipo (Euribor a 12 meses), lo cual arroja como resultado unos 86.950 euros.
A una cotización de 1,5 euros, el precio de las acciones recibidas ronda los 70.000 euros, con lo que la pérdida implícita se situaría en el 19,5% (16.950 euros).
Si la acción sube a poco más de 1,8 euros, recuperaría el 100% de la inversión. De hecho, si el canje se hubiera hecho a 1 euro en lugar de 1,35, ya estaría ganando dinero.
Si, además, hubiera acudido al arbitraje y su solicitud resultara favorable, el particular ya habría ganado dinero en función de la fecha del laudo. Tomando también como referencia 100.000 euros:
El árbitro resuelve que el particular tiene derecho a que se le devuelva la inversión, una vez descontados los intereses abonados menos el interés que habría obtenido en un depósito (los 86.950 euros citados en el anterior ejemplo).
Se le abona en efectivo dicho importe, pero descontando el valor de las acciones que recibió en el canje, tomando como referencia la cotización de Bankia el día anterior a la firma del convenio de arbitraje.
Los primeros laudos se abonaron en junio de 2013, cuando la acción rondaba los 0,60 euros. De este modo, teniendo en cuenta que el valor de sus 46.667 acciones sumaba entonces 28.000 euros, el preferentista recibió en metálico 58.950 euros -la diferencia entre la cuantía que marca el laudo y el precio de sus acciones en esa fecha-.
Si hubiera vendido entonces sus acciones, habría recuperado el 100% de su inversión en preferentes. Pero, si hubiera esperado, hoy valdrían 70.000 euros que, sumados al abono de 58.950 euros en efectivo, arrojarían como resultado un total de 128.950 euros (28.950 euros más que la inversión inicial en preferentes).
Un anuncio de Desigual ha provocado una fuerte polémica en internet. Una mujer se pone un cojín en la tripa, se prueba ropa de la marca en un probador y, satisfecha con lo que ve, agujerea unos condones para ser madre. La indignación, como siempre, se ha centrado en lo denigrante y machista del anuncio, que pinta a las mujeres como idiotas irresponsables que únicamente se fijan en su aspecto. Pero es justo aquello de lo que no se ha hablado lo que debería movernos a la indignación.
Al fin y al cabo, lo que la protagonista del anuncio de Desigual se propone es forzar a un hombre a una paternidad no deseada. El pobre tipo que se acueste con semejante pájara se verá forzado a mantener económicamente a un hijo que no quería, y cuya fecundación quiso evitar tomando medidas anticonceptivas. Un mensaje que se refuerza con el eslogan de la campaña: "Tú decides", y las excusas de la marca, que afirma que el spot es una invitación a que la mujer “coja las riendas de su vida”. Sí, la mujer. Al hombre que le vayan dando.
Este anuncio es un ejemplo de la situación que la psicóloga Helen Smith denuncia como una auténtica guerra contra los hombres. Smith se solía considerar feminista porque cree en la igualdad entre los sexos, pero ya hace tiempo que el feminismo se ha convertido en una ideología que busca una situación de privilegio de la mujer sobre el hombre, y es ahora éste quien necesita justicia. Men on strike es el producto de esta preocupación, un libro que si bien flaquea en el estudio de hasta qué punto están extendidas las situaciones que denuncia, resulta bastante efectivo como llamamiento a que los hombres, y las mujeres decentes, despierten de una vez y reclamen los derechos de la mitad de la sociedad.
El punto de partida de este ensayo es la huida de los hombres ante el compromiso, el matrimonio y la paternidad. Pero en lugar de culparlos por ello por ser unos inmaduros irresponsables y egoístas, que es lo habitual, Smith se hace una pregunta incómoda: ¿y si fuese una reacción completamente racional a los incentivos a los que se enfrentan? ¿Y si los hombres, como los protagonistas de La rebelión de Atlas, han decidido encogerse de hombros y dejar de cargar con el peso de un mundo que los desprecia y humilla?
Así, las leyes que regulan el matrimonio y la familia y los jueces que deciden sobre esos casos obligan al hombre a tener una fe casi ciega en su pareja para cometer el suicidio económico y emocional en que puede convertirse su matrimonio. Existe incluso una asociación que lucha para que las leyes no obliguen a los hombres que han sido engañados para criar a un hijo que no es suyo a pagar una pensión por él, una situación de la que no estamos muy lejos. Porque, por supuesto, en el caso de que una mujer pinche el condón para ser madre sin el consentimiento de su pareja ni siquiera se contempla que el hombre pueda dejar de afrontar los gastos de su paternidad. Las feministas se ponen estupendas con eso del derecho a elegir ser madre, pero jamás las verán defendiendo que los hombres tengan opción alguna en esa materia: su trabajo es pagar y callar. Algunos estados llegan tan lejos como para permitir a las mujeres ser madres sin informar al padre y esperar hasta veinte años para exigirle una pensión retroactiva.
Smith habla también la huida de los hombres de las universidades y del trabajo, de la desaparición de lugares reservados para ellos tanto dentro como fuera de casa y del trato que reciben en los medios de comunicación, donde son rutinariamente calificados de potenciales violadores y culpables de toda la violencia del mundo, cuando no ridiculizados en los anuncios por no ser capaces de hacer bien las tareas más sencillas.
Pero, como indicaba, este no es un libro de análisis, sino una llamada a la acción. Smith recuerda que, aunque para un hombre puede ser mejor hacer huelga de sus responsabilidades tradicionales, para la sociedad en conjunto es un mal negocio: significa una menor tasa de natalidad y menos prosperidad, y no digamos ya de la felicidad de unos y otras. De modo que exige a los hombres que dejen de permitir que sean ellas quienes controlen la conversación sobre sexo, reproducción y relaciones, que luchen por un mejor trato por parte de sus parejas, que clamen por cambios legales o que denuncien los retratos negativos que se hacen constantemente del hombre y la masculinidad en los medios. Porque, como dice Camille Paglia, "la masculinidad es agresiva, inestable y combustible. También es la fuerza cultural más creativa de la historia".
En España, siempre tan dispuestos a copiar lo peor de Estados Unidos, no hemos llegado a algunos de los extremos que describe este ensayo, pero en otras cosas les hemos sobrepasado generosamente. Tenemos una ley de violencia de género que da más valor a la palabra de una mujer, que puede enviarte a la cárcel sólo con una denuncia sin pruebas y que castiga el mismo hecho de forma distinta dependiendo del sexo del agresor. Y, naturalmente, compartimos la tendencia a ver en anuncios como el de Desigual aquello que afecte a la mujer, y no al hombre. Smith tiene razón. Ha llegado la hora de denunciarlo.
¿Cuál es la pieza clave en la construcción de la jaula totalitaria? Sencillo: la eliminación real de la separación de poderes, aunque se mantenga la fantasía formal de que continúa existiendo.
Lo explico.
Max Weber describió el fenómeno y acuñó la frase "monopolio de la violencia". Lo hizo en La política como vocación. Era la facultad que tenían los Estados para castigar. Sólo a ellos les correspondía la responsabilidad de multar, encarcelar, maltratar y hasta matar a quienes violaban las reglas.
Podían, eso sí, delegar esa facultad, pero sin renunciar a ella. Permitir mafias y bandas paramilitares que actúan al margen de la ley descalificaba totalmente al Estado. Era una disfuncionalidad que lo convertía en una entidad totalmente fallida, en la medida en que abdicaba de una de sus responsabilidades esenciales.
No obstante, el Estado, si se acomodaba al diseño republicano, incluso si se trataba de una monarquía constitucional, no podía recurrir a los castigos sin que lo decidiera una corte independiente. Este tribunal, a su vez, debía interpretar una ley previa, y sancionar de acuerdo con un Código Penal igualmente aprobado por un Parlamento independiente.
El Barón de Montesquieu, lector de John Locke, lo había propuesto en 1748 en el Espíritu de las leyes: el Estado debía fragmentar la autoridad en tres poderes independientes y de rango similar para evitar la tiranía. Las monarquías absolutistas reunían en el soberano esas tres facultades y eso, precisamente, las hacía repugnantemente autoritarias.
Si quien castigaba se arrogaba las facultades de hacer las reglas y de aplicarlas, la sociedad, carente de protección, se convertía en rehén de sus caprichos. Los gobernantes podían hacer de ella y con ella lo que les daba la gana.
Ese elemento –la separación de poderes– era la médula de las repúblicas creadas los siglos XVIII y XIX tras las revoluciones norteamericana, francesa y, por supuesto, latinoamericanas. De alguna manera, era la garantía de la libertad.
Este preámbulo viene a cuento del bochornoso espectáculo de la Venezuela de Nicolás Maduro, donde los paramilitares en sus motos, amparados por la complicidad del Gobierno, asesinan impunemente a los manifestantes que ejercen su derecho constitucional a manifestarse pacíficamente.
Viene a cuento de un Parlamento convertido en un coso taurino en el que se lidia a la oposición, se le clavan banderillas, se golpea a los diputados que protestan, o los expulsan arbitrariamente, como hicieron con María Corina Machado, y se dictan medidas ajustadas a las necesidades represivas de la oligarquía socialista que gobierna.
Si Maduro necesita eliminar las manifestaciones de los estudiantes o encerrar a los alcaldes que protestan, o a los líderes a los que teme, como a Leopoldo López, solicita las normas, hechas a la medida por tribunales o por parlamentarios obsecuentes, y da la orden a los cuerpos represivos para que actúen.
Viene a cuento de unos tribunales que sentencian con arreglo a la voluntad del Poder Ejecutivo, porque la ley ha dejado de ser una norma neutral para convertirse en un instrumento al servicio de la camarilla gobernante, empeñada en arrastrar por la fuerza a los venezolanos hacia "el mar de la felicidad" cubano.
Un país, Cuba, donde, como en cualquier dictadura totalitaria, sencillamente no creen en las virtudes de la separación de poderes y repiten, con Marx y con Lenin, que ésa es una zarandaja de las sociedades capitalistas para mantener los privilegios de la clase dominante.
Esta falsificación de las ideas republicanas –las de Bolívar y Martí, las de Juárez– van gestando una nueva facultad propia de este tipo de Estado: desarrollan el monopolio de la intimidación. Gobiernan mediante el miedo. Ese es el elemento que uniforma a la sociedad y la convierte en un coro amaestrado.
Como quienes mandan hacen las leyes y juzgan e imponen los castigos, acaban por generar un terror insuperable entre los ciudadanos e inducen en ellos una actitud de sumisa obediencia que suelen transmitirles a los hijos para que no se metan en problemas.
La víctima termina por colaborar con su verdugo. Ése exactamente es el objetivo. Una vez que las tuercas han sido convenientemente apretadas y la jaula perfeccionada, el común de la gente, con la excepción de un puñado de rebeldes, aplaude y baja la cabeza.
En ese punto ya no existen vestigios de la separación de poderes.
Michel Barnier, comisario europeo de Mercado Interior, conservador, declaró:
Se había desregulado todo desde hacía 30 años, en una especie de ola ultraliberal, una caricatura del liberalismo, apoyada tanto por la izquierda como por la derecha. Ahora regresamos a una economía social de mercado, a una regulación inteligente.
Y la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, también de la derecha peronista, celebró la designación de su secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad, Juan Manuel Moreno, como candidato a la presidencia del PP en Andalucía y a la presidencia de la Junta en las elecciones autonómicas con estas palabras:
Es un compañero comprometido, valiente y con gran sensibilidad social.
La economía social de mercado tiene una larga tradición en Europa, y en particular en Alemania, donde la noción fue inventada en los años 1940, tuvo un considerable auge político gracias a la figura de Ludwig Erhard y se ha mantenido allí en pie hasta hoy. En su origen estuvo la primera aparición de la expresión neo-liberalismo, porque la economía social de mercado buscó distinguirse del liberalismo decimonónico manchesteriano y apoyó a la vez la competencia y la intervención política, empezando, precisamente, por la defensa de la competencia, porque ya entonces se había impuesto la ficción de que el mercado tiende a autodestruirse generando monopolios.
Por eso algunos denominaron a la economía social de mercado la tercera vía entre mercado y Estado, entre capitalismo y socialismo, y ha tenido el respaldo de pensadores vinculados al cristianismo en general y al catolicismo en particular, cuya Doctrina Social también alberga elementos partidarios y hostiles al liberalismo (cf. "Tensión económica en la Centesimus Annus"). Incluso podemos sospechar que tiene que ver con la llamada síntesis neoclásica, que, como es sabido, simpatizó algo, o a veces bastante, con el mercado en la microeconomía a la hora de asignar recursos pero reclamó la imprescindibilidad del intervencionismo en la macroeconomía no sólo por fallos del mercado, descubiertos astutamente en la micro, sino por un abanico de razones macro que iban desde la estabilidad financiera hasta la justicia social.
Todo esto es estupendo y tranquiliza muchas conciencias, que para eso están las doctrinas al fin y al cabo. Lo malo que tiene es que parte de una falacia y termina ofuscando la comprensión de la realidad. Es una falacia sostener que el mercado y el Estado sean males análogos de los que convenga equidistar. Partiendo de esto es fácil resbalar hacia el disparate del señor Barnier, que seriamente cree o pretende hacernos creer que en las últimas tres décadas (justo después de la caída del Muro, lo que no es casual) hemos vivido sin impuestos, sin gasto público y sin Estado, en una "ola ultraliberal" donde se desreguló… ¡todo! Esto no es verdad, y es imposible que don Michel no sepa que no es verdad.
Pero en política, y en lo relativo a los asuntos humanos, importa tanto la verdad como lo que prefiramos pensar que es la verdad. Y en eso llega Fátima Báñez y se pone a describir a una persona que es como ella, es decir, que no tiene oficio conocido más que el de la política, ni pensamiento conocido más que la corrección política antiliberal. ¿Cómo describir a una persona así? Pues, lógicamente, asegurando que tiene "gran sensibilidad social". Eso es, social. Vamos, como la Madre Teresa de Calcuta.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lleva una semana prometiéndonos que entre 2015 y 2016 el Partido Popular honrará sus malogrados compromisos electorales y, finalmente, bajará impuestos. En concreto, Montoro ha cifrado la rebaja fiscal en 7.600 millones de euros: un guarismo apreciable que previsiblemente hará las delicias de aquellos simpatizantes desengañados con un Ejecutivo más socialista que el de Zapatero. Un rayo de esperanza ante tanto oscurantismo fiscal: ¿acaso no terminará siendo cierto que, tal como prometió el ministro de Hacienda tras el primer rejonazo en el IRPF, "al final de la legislatura todos los contribuyentes pagarán menos impuestos que al comenzarla"?
Por supuesto, y dado el historial embustero de Montoro, la devaluada palabra del ministro no constituye un asidero de credibilidad demasiado robusto. Lo ideal sería encontrar otras referencias algo más confiables para poder contrastar obras con razones. Y, por fortuna, el propio Gobierno de Montoro ha remitido recientemente a Bruselas la Actualización del Programa de Estabilidad: 2014-2017, donde especifica con cierto detalle los movimientos tributarios que realmenteplanea efectuar el PP a lo largo de los próximos años.
Así, el cuadro de la página 42 del mentado documento contiene el desglose recaudatorio de las principales modificaciones tributarias practicadas desde 2012 y previstas hasta 2016. En él, efectivamente, se contempla una merma de recaudación por IRPF y Sociedades de 0,68 puntos del PIB entre 2015 y 2016: aproximadamente, los 7.600 millones de euros prometidos por Montoro.
Parecería que, por una vez, el ministro de Hacienda sí ha dicho la verdad. Mas echándole una segunda ojeada al cuadro, las dudas deberían comenzar a asaltarnos muy seriamente. Por ejemplo, es verdad que en 2015 se modificará la legislación tributaria para que el IRPF se reduzca en 0,23 puntos del PIB y el Impuesto de Sociedades en 0,06, pero es que, simultáneamente, también se reformará el IVA, los impuestos autonómicos y municipales o las cotizaciones sociales para recaudar 0,44 puntos adicionales, de manera que la prometida rebaja de impuestos en el año 2015 se quedará, en realidad, en una subida de 0,15 puntos del PIB (unos 1.600 millones de euros más).
Todavía peor: el cuadro anterior sólo refleja los efectos recaudatorios de las reformas fiscales sobre el año en el que son aprobadas. Eso no significa que sus efectos queden circunscritos a ese año, sino simplemente que el cuadro no los presenta de manera acumulativa. Por ejemplo, en el año 2012 el Gobierno modificó el IRPF con unos efectos recaudatorios estimados de 0,35 puntos del PIB; a su vez, en el año 2013 el Gobierno volvió a modificar el IPRF para recaudar, esta vez, 0,22 puntos del PIB adicionales: pero esos 0,22 puntos no eran sustitutivos de los 0,35 de 2012, sino aditivos, es decir, a finales de 2013 el IRPF recaudaba 0,57 puntos sobre el PIB más que a comienzos del 2012 como consecuencia de los rejonazos tributarios practicados por Montoro.
Con tal de arrojar algo de claridad a las cifras presentadas por el Gobierno a Bruselas, vamos a convertir el cuadro anterior en uno nuevo donde se presente el efecto acumulado con respecto a 2011 de las reformas tributarias de Montoro y de sus sosias autonómicos y municipales (para no herir sensibilidades, no incluimos como aumento de impuestos las rúbricas relativas a la lucha contra el fraude fiscal). Así, por ejemplo, la celda de IRPF del año 2015 contendrá la recaudación adicional del IRPF en el año 2015 como consecuencia de todas las reformas practicadas sobre esta figura tributaria (tanto al alza como a la baja) con respecto al año 2012.
Pues bien, una vez traducido el cuadro a unas cifras más inteligibles, el escenario que arroja es simplemente deplorable: en el año 2016, Montoro decretará una rebaja neta de impuestos de 800 millones de euros tras haberlos aumentado, entre 2012 y 2015, en 43.000 millones de euros.
Así pues, y según las propias previsiones del Partido Popular, en el año 2016 los españoles pagaremos 42.000 millones de euros más que antes de su llegada al poder. En contra de lo que ha prometido Montoro, los impuestos ni siquiera bajarán en el período de 2015-2016 con respecto a 2014: es verdad que la recaudación por IRPF y Sociedades menguará en unos 7.500 millones de euros, pero a cambio el IVA y el resto de figuras tributarias aumentarán su voracidad en 8.200 millones de euros.
Oh sorpresa, el ministro de Hacienda ha vuelto a mentir y lo ha hecho por partida doble. Primero, porque el conjunto de los impuestos no bajarán en el período 2015-2016 con respecto a 2014 sino que, por el contrario, seguirán aumentando en 700 millones de euros. Segundo, y principal, porque es rematadamente falso que los contribuyentes españoles vayamos a pagar a finales de 2015 menos impuestos que a finales de 2011: el Partido Popular (al frente del gobierno central y de prácticamente todos los estamentos autonómicos y municipales) hará que paguemos en 2015 43.000 millones de euros más que en 2011. O si prefieren conocer el saldo acumulado: entre 2012 y 2015, las reformas fiscales capiteneadas por el PP habrán saqueado a los españoles 132.000 millones de euros. Todo por negarse a pinchar la burbuja estatal. He ahí el saldo tributario del partido que ondeaba la bandera de las rebajas de impuestos.
"The key to good decision making is evaluating the available information -the data- and combining it with your own estimates of pluses and minuses” Emily Oyster
El pasado miércoles el gobierno de España presentó el Plan de Estabilidad 2014-2017, revisando al alza las estimaciones de crecimiento de la economía al +1,2% para 2014 y +1,8% para 2015, con una creación de empleo de 600.000 puestos de trabajo, como explicaba Carlos Sánchez en El Confidencial.
Las reacciones inmediatas han sido de todo tipo, incluyendo acusaciones de electoralismo ante los comicios europeos. Por ello me voy a centrar en explicar qué es lo que está moviendo al alza las estimaciones, que parece sorprender a muchos.
El consumo y la riqueza de las familias.
Este dato explica más del 65% de las revisiones del PIB y justifica por qué hayan sido son tan amplias en tan poco tiempo. No en absoluto, sino la variación interanual. Y es el consumo la razón por la que la recuperación es extremadamente frágil y debe vigilarse con extrema cautela.
Mi amigo David Cano de AFI comentaba en Twitter la importancia de la siguiente diapositiva como elemento que demuestra cómo se generan los déficits excesivos y cómo se sale de una crisis de deuda. Reducir el gasto y reactivar la actividad económica. Si se cumple, claro.
En lo que llevamos de año, el consenso de analistas macroeconómicos -23 bancos en nuestra base de datos- ha tenido que revisar al alza un 60% sus previsiones sobre España. El propio Fondo Monetario Internacional ha tenido mejorar sus expectativas un 30% en solo cuatro meses. A pesar de ello, el FMI (+0,9%) se sitúa muy lejos de las previsiones del gobierno (+1,2%) y del consenso internacional (+1,1%) porque venía de expectativas muy bajas, cercanas a cero hace unos meses. Por supuesto, todos se pueden equivocar. El consenso para mí es irrelevante. Lo importante es si el escenario es creíble.
Nadie niega los enormes problemas estructurales de la economía española ni la fragilidad del proceso de recuperación tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y de obra civil. Entre 2007 y 2013, el peso en el PIB del sector constructor y vivienda ha caído desde el 22% hasta casi la mitad. La obra civil ha pasado de un 4% del PIB a un 1,5%. El agujero creado por el ladrillo en la economía y en el empleo no se soluciona en dos años.
¿Por qué difieren tanto las estimaciones de crecimiento de una entidad y otra?
Porque son estimaciones basadas en diferentes correlaciones de indicadores. Y, desde hace tiempo, la evolución del consumo de hogares y afiliaciones a la seguridad social ha cambiado con respecto al pasado, porque ya no depende tanto de endeudamiento y gasto público.
Vayamos a las estimaciones para 2014 y 2015.
Empezando por las bases del cuadro macroeconómico, cabe resaltar que no son sospechosamente optimistas. Son razonables, tanto en el tipo de cambio Euro/dólar, como de crecimiento global y precios del petróleo, que son tres elementos esenciales en una economía cíclica, importadora de materias primas y orientada a servicios. Siendo razonables, son bases distintas a las que usan el FMI o algunos bancos. Y ello explica hasta un 30% de las diferencias entre unos y otros analistas (especialmente el precio del petróleo).
Pero, ¿por qué se han mejorado las previsiones cuando “todo va mal” según algunos?
Aquí hay que diferenciar entre indicadores adelantados -que pueden predecir el crecimiento futuro- y atrasados. Estos últimos son los que suelen poblar los agresivos debates mediáticos. Y además se acentúan según las preferencias ideológicas del analista de turno. Ustedes son los que deben juzgar.
Centrémonos en lo que ha llevado a subir las previsiones. Discutiendo con un buen amigo y gran analista sobre los motores del crecimiento en previsiones, comentábamos que son fundamentalmente tres indicadores:
– Las afiliaciones a la Seguridad Social, no el dato de paro. Uno de los errores típicos es la famosa frase “si no crecemos al 3% no creamos empleo neto”. Los datos muestran que antes de la Reforma Laboral el empleo se creaba a partir de un crecimiento del PIB de 1,3%, habiendo descendido ese umbral a finales de 2012 hasta el 0,6% en la actualidad. El empleo ahora crecería con mayor intensidad con menor crecimiento del PIB porque no viene de sectores ultra-endeudados (Estado, construcción). Para un crecimiento del 1-2%, se crearían anualmente en la actualidad más de 150.000 empleos comparado con el periodo previo a la reforma, lo que explica las estimaciones de empleo del plan 2014-2017. El crecimiento interanual de las afiliaciones a la Seguridad Social tiene una correlación con el crecimiento interanual del PIB que es casi del 99%. Vigilémoslo.
– La riqueza de las familias en Activos Financieros Netos como motor de consumo. Se percibe erróneamente que las familias españolas son pobres e insolventes en media y es incorrecto. La riqueza en activos financieros netos ha alcanzado el billón de euros en 2014, y no es maquillaje estadístico, es ahorro en efectivo y depósitos. Las familias empezaron a ahorrar y reducir su endeudamiento ya en 2007. La diferencia entre depósitos y deuda de hogares ha bajado de -20% a -5% del PIB. El aumento de los activos financieros netos no es el mal llamado “efecto riqueza” de subidas bursátiles. El 47% de dichos activos financieros netos son depósitos y efectivo, y solo un 23% fondos de inversión y bonos. Un euro fuerte, tipos bajos y unos hogares que han ahorrado han hecho más por la recuperación que la bolsa. No hay país que se haya hundido por tener una moneda realmente convertible “fuerte”. Nadie niega que existan enormes desequilibrios ni el sufrimiento de las clases bajas y medias, pero el efecto agregado de esta riqueza es el que se espera que mueva el consumo. La correlación entre el aumento interanual de consumo minorista y los activos financieros netos sobre PIB es del 80%.
– El crecimiento de las exportaciones estimado es positivo (+5% en 2014, hasta +6,5% en 2017), pero puede variar con el comercio global, como es normal, aunque lo harían de igual manera las importaciones siempre que no las hipertrofie algún Plan E o similar. Aumentar artificialmente la demanda interna “sostiene el PIB”, pero debilita toda la economía. Lo que importa, a efectos de estimaciones positivas y de fortaleza, es la contribución al crecimiento del sector exterior (saldo exterior +0,6% hasta +0,3% en 2017, según el Gobierno). Es decir, mientras el balance sea positivo, mejora la calidad de la recuperación. Otro signo de normalidad “post burbuja” es una balanza de pagos equilibrada. Olvidar las importaciones al analizar las exportaciones de la década pasada es engañarse. Las exportaciones tanto de bienes como de servicios suben, y el superávit comercial aumenta entre 2013 y 2014. La correlación del aumento interanual del saldo exterior con el aumento interanual del PIB es del 65%.
España tiene una posición internacional negativa de casi el 100% del PIB. Si asumimos un rendimiento anual, incluyendo deuda pública, similar al actual, la balanza de rentas debería dar un déficit del 2,5% del PIB anual. No es para tirar cohetes, pero es reducir dicho déficit a menos de la mitad y otro signo de normalización esencial en las previsiones.
¿Qué nos dice todo esto? Que el agregado español, aunque siga en un entorno frágil, muestra mejoras en empleo, ahorro y consumo. Sí, lento, insuficiente y duro, pero las mejoras relativas a 2010-2012 son muy relevantes.
Lo que tendemos a olvidar es que en la ecuación de estimaciones importa la diferencia entre variables fortalecedoras (consumo hogares, inversión y exportaciones) y debilitadoras (gasto publico corriente, importaciones, demanda interna innecesaria) y su impacto en un crecimiento sostenible.
En el crecimiento del PIB los principales factores son el gasto de los hogares, con un peso del 59%, el gasto de las administraciones públicas (20%) construcción residencial y civil (10%), comercio exterior (5%) y resto de inversiones (6%). Si hundimos el consumo a impuestos y estimulamos el gasto público “para sostener el PIB” –la política favorita de Europa 2004-2011- se debilita la economía y se agranda el agujero de deuda.
Por lo tanto, el mayor impacto sobre las estimaciones de crecimiento –y la razón por la que difieren unas y otras estimaciones- es esencialmente la expectativa de gasto de los hogares. Por eso es urgente mejorar la renta disponible de los ciudadanos, porque es el indicador más importante en las estimaciones, con mucha diferencia.
Los principales analistas y un servidor consideramos que este plan 2014-2017 es realista (Barclays, Citi, UBS, JP Morgan…). Pero son previsiones hechas desde confortables despachos. Hace falta realidad, y mucha más.
El Gobierno, sabiendo que depende del consumo como motor, debe centrar urgentemente toda su política económica y fiscal en un solo sentido: aumentar ya la renta disponible de las personas.
El argumento de que “reducir impuestos no mejora la economía porque las familias pueden decidir ahorrar en vez de consumir” y por lo tanto “es mejor gastárselo” es, además de inmoral, falso. El efecto multiplicador del consumo y la inversión privada es muy superior al gasto público. Se ha comprobado entre 2005 y 2013. De hecho, los estímulos públicos fueron depresores.
Las familias y empresas han ahorrado y se han ajustado a la crisis. El Estado aún no lo ha hecho. Hasta mediados del 2011, el empleo público crecía el 4% anual, según la EPA. Ojalá el gasto publico llegue al 40% del PIB en 2017, como asume el plan de estabilidad, pero va a ser el consumo privado el que reactive la economía y cree las condiciones para contratar más.
Mientras en los medios seguimos equiparando equivocadamente economía y exportaciones con gobierno y partido A o B, como si los gobiernos fueran los Reyes Magos, los hogares y las PyMEs, que son los héroes de esta crisis, van a ser los que demuestren si estas estimaciones son correctas o no.
El papel del Estado en la recuperación es fácil. No entorpecerla.
En el lenguaje común entendemos “Estado de Derecho” como la garantía de nuestros derechos individuales, igualdad ante la Ley (isonomía) y la seguridad jurídica. Ello se debe a una confusión en la que colaboran muchas traducciones, ya que en el mundo anglosajón Estado de derecho se traduce como “Rule of law” y viceversa. Se entiende que son conceptos equivalentes, pero muchos autores no lo consideran así y supone una distinción interesante que nos ayuda a entender la evolución del Estado, que sólo es una de las formas de gobierno (Dalmacio Negro escribe que “el Estado no es lo Político, sino una de las formas de lo Político”).
Simplificando bastante, el Estado de derecho se impone con la Revolución Francesa y se consolida con el paso de los años en el siglo XIX con la formulación del Rechsstaat alemán hasta lo que tenemos actualmente. Es un concepto que se contrapone al de Imperio de la Ley, lo que los ingleses entienden como “Common Law”. De hecho éste puede existir sin Estado y no se puede decir que exista Estado de derecho antes de la propia “creación” -entrecomillada porque en realidad se trata de un proceso de siglos- del Estado.
Imperio de la Ley
Se trata de un matiz importante, ya que las dos perspectivas conllevan modelos diferentes. En el Estado de Derecho, y su desarrollo en la Teoría Pura del Derecho de Kelsen, toda creación legislativa se reduce a que cumpla formalmente con la jerarquía legal que deriva de la hipotética Grundnorm materializada en las Constituciones de las que emanan el resto de leyes. El resultado es un modelo centralizado y artificial que puede derivar en cualquier forma legal de acuerdo al procedimiento (la puerta de entrada legal de las dictaduras).
Por el contrario, el Imperio de la Ley basado en el Derecho Común es anterior a la “creación” de los Estados y se basa en el descubrimiento del Derecho más que en su creación. Podría decirse que es un proceso espontáneo, siempre inacabado, en continuo perfeccionamiento, que permite el autogobierno en lugar de necesitar alguna forma estatal que lo imponga. De hecho, el surgimiento de un Estado tiene que amoldarse al Derecho Común o terminar con él para imponerse.
En última instancia, ambas visiones son profundamente contradictorias y termina imponiéndose la del Estado de derecho, ya que tiene la fuerza de su lado. No es casual que Estado se defina como monopolio, sin dejar lugar a que nada ni nadie le haga sombra.
Miquel Roselló
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