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En defensa de Bitcoin

Uno, que siempre se tuvo por clásico defensor de un dinero tan tradicional y confiable como el oro, ha terminado recalando en la defensa de una criptomoneda como Bitcoin. No porque considere que Bitcoin ya es un buen dinero, ni siquiera porque pronostique que vaya a terminar siéndolo, sino porque tiene propiedades monetarias bastante buenas para serlo y, sobre todo, porque sería una magnífica noticia para nuestras libertades que lo fuere.

En los últimos días, empero, la prensa se ha llenado de titulares sobre el colapso de Bitcoin. Se nos asegura que la divisa ha perdido más del 90% de su valor y que, en consecuencia, este experimento monetario se ha saldado con un rotundo fracaso. Debate cerrado. Sayonara Bitcoin. Pues no.

Bitcoin no colapsa, Mtgox sí

Lo primero es aclarar qué ha sucedido: Bitcoin no se ha depreciado más de un 90% desde máximos, sino alrededor de un 50%. No es que con ello pretenda minorar la magnitud de lo acaecido, pero el motivo de la confusión sí es profundo e importante: lo que se ha depreciado un 90% desde los máximos alcanzados en diciembre no es Bitcoin, sino los Bitcoin que se encuadraban dentro de Mtgox.

¿Qué es Mtgox? Un exchange de Bitcoins: uno puede obtener Bitcoins o minándolas, o intercambiándolas con alguien que posea Bitcoins, o comprándoselas a un intermediario (que a su vez debería habérselas comprado a alguien que posea Bitcoins). Un exchange es justo eso: un mercado donde comprar o vender Bitcoins contra otras divisas. Para operar en un exchange es necesario abrirse una cartera con la cual uno realiza las transacciones de compraventa de moneda. En el fondo, podemos ver el exchange como un banco y la cartera como una cuenta corriente multidivisa. Y, precisamente por ello, mientras nuestras Bitcoins (u otras divisas) sigan dentro de la cartera del exchange, lo único que poseemos realmente es un derecho de cobro contra el exchange (lo mismo que sucede con una cuenta corriente en el banco): un derecho de cobro que el exchange puede cumplir o incumplir.

Mtgox fue el primer exchange de Bitcoin y seguía siendo uno de los más importantes. Aparentemente, a mediados de 2011 sufrieron un robo masivo debido a la vulnerabilidad de su plataforma (no a la vulnerabilidad de Bitcoin: es como si averiguan las contraseñas de nuestro banco virtual y nos vacían la cuenta), lo que les generó un agujero colosal en su balance (a día de hoy, estimado en unos 400 millones de dólares). Pese a ello, siguieron operando en lo que algunos han llamado “régimen de reserva fraccionaria” (pero no deberíamos denominarlo así, pues el problema de Mtgox no era la reserva fraccionaria, sino que eran insolventes después del robo), por lo que las sombras de la duda pesaban sobre Mtgox hasta el punto de que sus obligaciones de pago en Bitcoins ya cotizaban con descuento desde hacía meses (lo que indicaba una creciente desconfianza en su capacidad de repago). Las últimas semanas, sin embargo, resultaron críticas: conforme sus clientes fueron sacando Bitcoins de sus carteras en Mtgox (el equivalente a un bank run no acelerado pero sí continuado), el intermediario se asfixió y este martes tuvo que suspender sus operaciones (el equivalente a unas vacaciones bancarias).

En ese sentido, lo que se ha depreciado un 90% desde los máximos de diciembre han sido las promesas de pago de Mtgox en Bitcoins (llamadas ahora goxcoins), no Bitcoin: sería como afirmar que el euro se depreció un 47% cuando los depositantes chipriotas sufrieron una quita del 47% en sus depósitos. Bitcoin ha caído un 50% desde máximos, aunque sólo la mitad de esa caída es atribuible al efecto colapso Mtgox (obviamente, la bancarrota de uno de los principales intermediarios de Bitcoin también afecta a su cotización). De hecho, desde el cierre del martes, Bitcoin ya ha subido cerca de un 10% (e incluso un 50% desde los mínimos intradiarios del martes). Es más, si midiéramos el aumento de precios en el último año (momento en el que los mismos que acusan ahora a Bitcoin de ser una burbuja ya decían que era una burbuja), la revalorización asciende al 1.800% aun después de la crisis Mtgox: curiosa burbuja ésa que, habiendo pinchado, todavía arroja unas ganancias de casi 20 veces la inversión inicial y que, de hecho, lejos de hundirse de valor debido a su presunta inutilidad monetaria, vuelve a tomar vuelo poco tiempo después del vociferado colapso (éste ni es el primer crash de Bitcoin ni probablemente será el último).

Bitcoin: un debate mal enfocado

Sucede que el debate está muy mal enfocado. Bitcoin no es un activo financiero cuya rentabilidad haya que maximizar. Bitcoin, en cambio, es un activo que aspira a convertirse en dinero, esto es, en un bien económico con un valor muy estable que diversos agentes económicos deciden incorporar en sus saldos de tesorería como reserva última de su liquidez. Mal hacemos en apuntar un tanto a los defensores de Bitcoin cuando su precio sube y en arrebatárselo cuando su precio baja: el objetivo de Bitcoin es estabilizar sus fluctuaciones de valor frente a aquellos bienes y servicios que sus tenedores desean adquirir con Bitcoin (es decir, el objetivo de Bitcoin es adquirir la propiedad de la liquidez).

Evidentemente, si Bitcoin va siendo progresivamente más usado como dinero por un mayor número de personas, su precio seguirá subiendo (a más demanda, mayor precio) y si, en cambio, la gente se desprende en masa de Bitcoin, su precio se hundirá (a menor demanda, menor precio): pero su viabilidad a medio plazo depende de que logre estabilizar su valor. Por esto último, dicho sea de paso, es incorrecto calificar a Bitcoin de burbuja: Bitcoin carece de valor fundamental (no tiene retorno como activo) y, por tanto, nunca está caro o barato con respecto a un valor fundamental que no existe. Bitcoin podrá subir o bajar de precio, pero no por ello cabrá calificarlo de burbuja: las Playstation 4 también se depreciarán en los próximos años y a nadie se le ocurriría calificar su precio actual de burbuja. Con Bitcoin pasa lo mismo: uno puede pronosticar que no se usará como divisa en el futuro y que, por tanto, su precio actual resultará insostenible en el futuro, pero esa afirmación —que si Bitcoin fracasa como divisa, se depreciará— resulta compatible con cualquier precio que alcance Bitcoin (es decir, si Bitcoin no se usa como divisa, el único valor fundamental al que tenderá es cero).

En ese sentido, esta criptomoneda todavía está muy en pañales: aunque es habitual en todo proceso de monetización de un activo con una base de clientes todavía reducida, su volatilidad sigue siendo muy alta (hoy sería imposible llevar una contabilidad en Bitcoin que nos blindara de consumir nuestro capital sin darnos cuenta) y fiascos como el de Mtgox no ayudan a mejorar su reputación (aun cuando, en puridad, no debería). Pero Bitcoin sigue en pie y lo sucedido con este exchange no altera significamente sus probabilidades de triunfar o de fracasar en el futuro.

Tómese esto no como una recomendación de compra de Bitcoin sino como la esperanzadora constatación de que la puerta de Bitcoin sigue abierta: Bitcoin es una especie de start-up monetaria tremendamente arriesgada y nadie debería inmovilizar porciones significativas de su patrimonio en proyectos de alto riesgo si, para más inri, no lo entiende. Pero al igual que tantas otras start-ups —monetarias o no monetarias— cuyo adecuado desarrollo promete cambiarnos a mejor la vida, ojalá Bitcoin termine triunfando: los mismos motivos que llevan a los estatistas a temerla deberían llevarnos a todos los demás a desear su exitosa implantación, hayamos invertido o no hayamos invertido desde el comienzo en ella. Una cosa es no pronosticar su éxito y otra muy distinta desear y alegrarse de su fracaso. De momento, por fortuna, Bitcoin está lejos de haber fracasado, aunque también de cantar victoria.

Comparaciones odiosas

En efecto, aunque el nacionalismo vasco, ayudado por sectores buenistas, se ha empeñado en monopolizar la atención del ciudadano de a pie con el mantra de la "paz" en Euskadi, lo cierto es que Cataluña sigue siendo el epicentro del liberticidio en el territorio del "Estado español". No se trata de una afirmación "fachosa" como gusta denominar a este tipo de aseveraciones la progresía. Por el contrario, han sido los propios empresarios alemanes, poco proclives a ser calificados favorables o contrarios a la singularidad catalana (o hecho diferencial) los que han puesto de manifiesto los riesgos de la tan añorada secesión.

La respuesta por parte del nacionalismo catalán no se hizo esperar. Joan Tardá, desde Esquerra Republicana, procedió a descalificar a una clase empresarial que da trabajo a muchos de sus "compatriotas" catalanes. La soez respuesta del político de ERC no debe sorprendernos puesto que no es la primera vez que lo hace. Antes fue "el Borbón", sin olvidar que su partido, con la inestimable ayuda de CIU, PSC y eco-comunistas estigmatizó al PPC (Pacto del Tinell) y después a Ciudadanos. En fin, esa es la libertad que se promete en el supuesto paraíso catalán independiente, donde cualquier disidencia recibirá como respuesta el insulto.

Mientras tanto, los "nacionalistas moderados" insisten en hablar de diálogo. Esto es ciertamente chocante, puesto que las veces que lo ha intentado el President Artur Mas, ha parecido más una suerte de chantaje que una apuesta por la conciliación, siempre con la envoltura victimista propia de los convergentes.

Difícilmente puede llegarse a buen puerto, es decir, a un acuerdo, cuando una de las partes al inicio de la conversación exige pacto fiscal o si no, rompe la baraja; o cuando amenaza con referendos ilegales o habla de elecciones plebiscitarias.

En toda esta dinámica, es curioso como se buscan establecer parecidos con lo que sucede en Reino Unido. En efecto, los hay, pero no en la dirección ni con el contenido que "explican" los impulsores del derecho a decidir (concepto que, por otra parte, nunca ha existido ni en el nacionalismo escocés ni en el unionismo británico). En las Islas se opta por el pragmatismo. El SNP siempre ha defendido su deseo de establecer un Estado escocés propio y así aparece en los diferentes manifiestos electorales, en los cuales lo que no encontramos son construcciones tan deliberadamente polisémicas como "estructuras de Estado" o afirmaciones más chabacanas del tipo "España nos roba" de uso cotidiano entre el establishment político catalán y que han calado entre amplios sectores de la ciudadanía.

En lo que sí coinciden ambos separatismos es en presentar la independencia como un paraíso en el cual los perros se atarían con longanizas, en mostrarse constructivos en su visión de la Unión Europea y en no plantear dudas sobre la moneda que emplearían. Como se observa, una independencia a la carta, financiada en última instancia por el gobierno central del cual se quieren separar. De consumarse, el resultado sería un nuevo Estado caracterizado por sus injerencias y por el intervencionismo, no la utopía que explican empleando para ello ingentes sumas de dinero público.

Sin embargo, esta situación que parece alarmar a muchos no es algo reciente ni susceptible de achacar exclusivamente a la crisis económica. Habría que retroceder un poco más en el tiempo para comprobar sus antecedentes inmediatos en ese Estatuto de 2006, perpetrado a partir de 2003 con el Tripartito y promocionado por la irresponsabilidad del primer gobierno de Rodríguez Zapatero. En aquellas fechas ahora tan lejanas, se empezó a jugar con fuego mediante el uso de conceptos tan "progres" como vacuos (España plural, España nación de naciones), más orientados a discriminar a quien no pensaba así que a realizar políticas tangibles que en última instancia dieran respuesta satisfactoria a las demandas reales, no imaginarias, de la ciudadanía.

La solución al drama del paro juvenil está en manos del Estado

Afirma María Fanjul en este artículo en el Huffinton Post que la solución al problema del paro juvenil está en manos de los propios jóvenes. María Fanjul es, a sus treinta años, la consejera delegada de entradas.com -empresa con una facturación cercana a los 110 millones de euros- y este pasado enero ha asistido al World Economic Forum celebrado en Davos, participando en un panel sobre paro juvenil en calidad de "Global Shaper", figura con la que el WEF señala a líderes del futuro menores de 30 años. María había sido previamente, con apenas veintiséis años, la directora ejecutiva de StepOne, una empresa que facilita a startups españolas triunfar en Sillicon Valley. Estamos por tanto ante una mujer con un precoz e innegable éxito profesional designada por el influyente foro de Davos como una voz digna de ser escuchada para aportar posibles soluciones al drama del paro juvenil. El problema estriba en que su diagnóstico del problema es erróneo y por tanto las soluciones que propone no acabarían con el 57% de paro juvenil que padece España.

A modo de resumen, María Fanjul define varios problemas que, según ella, son responsables del paro juvenil y propone soluciones para los mismos. Insiste en que, si bien no exclusivamente, gran parte de la solución a este problema está en manos de los propios jóvenes. El Estado y el sector privado pueden y deben ayudar también, argumenta. Según su opinión, la causa fundamental del paro juvenil en España es fruto de la ausencia de una cultura emprendedora. Como solución a ese problema, Fanjul plantea dos soluciones: fomentar el emprendimiento y cambiar el modelo educativo. Para fomentar el emprendimiento, propone dos medidas: incrementar la financiación disponible para startups a través de una cooperación público-privada y comenzar a despertar el espíritu emprendedor en las aulas a una edad temprana. Los cambios en el modelo educativo que sugiere Fanjul son principalmente metodológicos. En su opinión, la metodología tradicional del profesor explicando la lección se ha quedado caduca. Lo que el mercado laboral demanda es el desarrollo de habilidades que permitan el análisis de la ingente cantidad de información a nuestro alcance y su utilización para crear e implementar ideas.

No hay duda de que el paro juvenil es un auténtico drama social. El desempleo es siempre una situación indeseable para alguien con ganas de trabajar. Pero en el caso de los jóvenes, el paro es aún más dañino por ser sus primeros años incorporados al mundo del trabajo y por el impacto tan negativo que puede llegar a tener en el futuro salarial de un profesional. No es lo mismo estar desempleado durante dos años cuando se tienen cuarenta años y se llevan cerca de veinte en el mercado laboral que hacerlo nada más acabar la carrera.

Analizando el diagnóstico que Fanjul plantea, discrepo con ella. ¿Es la ausencia de una cultura del emprendimiento en España un grave problema? Sin duda. ¿Explica este déficit el alto índice de desempleo juvenil? En mi opinión, no, e intentaré explicarlo. El paro (tanto el juvenil como el que padecen el resto de trabajadores activos en una sociedad) puede ser de dos clases: el friccional y el estructural. El paro friccional no es más que una desconexión entre trabajadores y empresarios, que no logran ponerse de acuerdo a corto plazo, fruto de cambios en las plantillas por parte de las empresas. Este paro no es problemático y si una economía sólo padece este tipo de paro se considera que existe pleno empleo técnico. El problema de la economía española es el paro estructural. El paro juvenil es un caso particular del paro estructural, que contabiliza el impacto del paro en un tramo concreto de la población activa (menores de 25 años). Fruto de la incapacidad por parte de los empresarios existentes de encontrar proyectos empresariales lo suficientemente rentables como para ofrecer a los trabajadores una remuneración que consideren adecuada y sea legal (igual o superior al salario mínimo). Solucionar este tipo de desempleo es complejo y exige dos medidas fundamentales. A corto plazo eliminar todo tipo de regulaciones salariales que puedan mermar la muy saludable flexibilidad salarial. A largo plazo, lo único que puede solucionar este tipo de desempleo es modificar la estructura productiva. Para que eso suceda, es condición necesaria que exista un entorno que propicie la inversión a largo plazo con medidas como una fiscalidad moderada y una gran seguridad jurídica, además de un buen sistema educativo.

Como pueden ustedes intuir, en España carecemos de ambos mecanismos: ni nuestro mercado laboral facilita la necesaria flexibilidad laboral (aunque la reforma laboral sí ha contribuido a mejorarla) ni se dan los ingredientes necesarios para el ajuste de una estructura productiva a todas luces inadecuada. De tal forma que, cuando una crisis económica azota nuestro país, los tradicionales mecanismos para reducir el paro brillan por su ausencia. Como colofón, acabamos siempre en la lista de los países con mayores tasas de desempleo de toda la Unión Europea. ¿Tiene algo que ver el paro juvenil con la cultura de emprendimiento? Atendiendo a la teoría económica y a los datos oficiales, parece difícil creer que si España tiene un paro juvenil del 56% y Alemania del 7,7% sea porque los alemanes sean siete veces más emprendedores que los españoles. Los españoles somos menos emprendedores en general que la media de la UE, tenemos, como bien señala Fanjul, un miedo al fracaso muy perjudicial, pero no somos siete veces menos emprendedores que nadie. Este factor por sí solo no explica el altísimo paro juvenil de nuestro país. Lo que lo explica es sencillamente el enorme intervencionismo estatal en la economía. El Estado interviene y distorsiona al no permitir la flexibilidad salarial, al fijar salarios mínimos por encima del nivel de equilibrio (lo que genera paro) y al no fomentar todos los mecanismos necesarios para impulsar la inversión a largo plazo. Según el Banco Mundial, montar un negocio en España es más difícil que en Zambia. La seguridad jurídica en España es escasa en comparación con otros países infinitamente más "business friendly". Que se lo pregunten a los inversores en renovables, que al calor de la garantía del Estado invirtieron cantidades ingentes de ahorro y han visto cambiada la Ley con carácter retroactivo sin salir de su asombro.

La cultura emprendedora es vital para el desarrollo de una sociedad próspera. Al cabo, son las empresas las que satisfacen las necesidades humanas más básicas y las generadoras de riqueza en una economía. Desarrollar y potenciar el espíritu emprendedor de los jóvenes es, coincidiendo plenamente con Fanjul, algo imprescindible, no ya por tener un paro juvenil desorbitado sino en cualquier circunstancia. Esta misma semana, en un taller sobre educación financiera que impartí a niños desescolarizados entre 6 y 14 años, la tarea principal era montar un puesto de helados, decidiendo cómo administrar el presupuesto inicial y atender a los gastos habituales como el alquiler, los suministros o la materia prima y elegir la carta a ofrecer y unos precios que cubriesen los costes. Cualquier medida que logre fomentar este espíritu será garantía de éxito. Cualquiera, salvo una que propone Fanjul y que pasa por la cooperación público-privada en materia de financiación de startups. Si algo debe aprender el ciudadano medio sobre economía es que el Estado es un terrible planificador y decisor. Miren si no la ruina de inversiones que tenemos en infraestructuras en España y que los políticos levantaron con nuestro dinero. España necesita muchas cosas, pero no al Estado financiando ni un sólo proyecto empresarial más. Si la mejor de las startups no logra financiación privada, o la startup no merece la financiación, o España no debe ser el mercado en el que la lancen.

Como mencionaba previamente, eliminar el miedo al fracaso de la mente de los individuos es otro objetivo muy beneficioso para desarrollar el emprendimiento. Por otra parte, mejorar el sistema educativo también tendría un impacto positivo en el sistema económico de un país pero, de nuevo, es el Estado el mayor responsable del fracaso del sistema y el que tiene la llave para revolucionarlo. Basta con privatizar la enseñanza y que el mercado empiece a ofrecer infinidad de ofertas educativas novedosas y a precios de asequibles. Pero todas esas medidas son insuficientes sin los dos mecanismos de ajuste mencionados con anterioridad.

Por todo lo anteriormente expuesto, no podemos exigir a los jóvenes que aporten soluciones para arreglar este problema. Ni ellos no son los responsables de esta situación ni la solución está a su alcance, por muy buena voluntad que tengan. La solución está en manos del socialdemócrata Gobierno de Rajoy y ni tan siquiera es necesario gastar un solo euro de dinero público: basta con eliminar leyes dañinas para los ciudadanos como el salario mínimo o la negociación colectiva y redactar de cero aquellas otras que despierten el interés por invertir en España a largo plazo con seguridad jurídica plena. ¿A qué esperas, Mariano?

El nacionalismo canario de siempre

Este domingo publicó ABC una entrevista a Juan Manuel García Ramos, presidente del Partido Nacionalista Canario. En ella se le preguntó «¿a qué se atribuye que el nacionalismo isleño sea tan intervencionista?».

A lo que respondió: «Las islas son espacios limitados y hay que desarrollar una sensibilidad jurídica especial para no agotar lo que la naturaleza nos ha concedido. Todos los esfuerzos por controlar y racionalizar el crecimiento son pocos». Es curioso que alguien que comienza su entrevista diciendo que «el nacionalismo es la defensa de un territorio, de una sociedad y una cultura» no niegue que defiende el intervencionismo, o lo que es lo mismo, que está en contra del mercado, la propiedad privada, la libre empresa, el comercio y, en conclusión, a favor de «una sensibilidad jurídica especial», es decir, de eliminar la libertad de los canarios para conseguir sus tan «nobles» objetivos.

La realidad es que la falta de apego por la libertad de la mayoría de los nacionalistas no es algo nuevo. Por lo general, el nacionalismo, que cometió grandes atrocidades en el siglo XX, lo que busca es precisamente el control total de las sociedades que ellos supuestamente defienden, pues no creen que los sujetos de derecho sean las personas, sino los territorios.

No les oiremos nunca pedir la independencia de las familias o los individuos de un determinado lugar, sino más bien lo contrario, pues lo que buscan es el control de la sociedad, como tan bien explica el señor García Ramos.

El remate viene al afirmar que «todos los esfuerzos por racionalizar o controlar el crecimiento son pocos». Es decir, que cuando los distintos individuos de la sociedad intercambian libremente bienes y servicios creando riqueza lo hacen de forma equivocada porque sus preferencias temporales son incorrectas e irracionales. Sin embargo, un gobierno nacionalista sí va a saber qué es lo que hay que hacer para crecer económicamente de forma racional. ¡Claro!

Pero como esto no era suficiente, no tiene ningún reparo en afirmar que hay que controlar el crecimiento o, lo que es lo mismo, que está contra el crecimiento, pues sus ideales políticos, además de ser contrarios a la libertad de los canarios, lo que pretenden es que Canarias no pueda crecer, sino más bien lo contrario.

Con estas declaraciones parece que el presidente del Partido Nacionalista Canario tenía que haber afirmado que «el nacionalismo consiste en la eliminación de la libertad de la sociedad que habita en un territorio y la imposición de una cultura por parte de un grupo organizado de poder conocido como nacionalista».

El problema de agencia y el mercado de take-overs (I)

En el ámbito económico, se habla de una relación principal-agente cuando un individuo (el principal) encarga a un segundo (el agente) la realización de una determinada acción. El problema de agencia consiste, básicamente, en resolver de qué forma puede el principal asegurar que el agente lleva a cabo la actuación de forma óptima para sus intereses (del principal), y no de los propios.

Una típica relación principal-agente es la del empresario que contrata a un trabajador. Y, como es sabido, hay muchas formas de atenuar o tratar de resolver el problema de agencia. En el fondo, se trata de buscar mecanismos para que los intereses del agente se alineen con los del principal, que es quien a la postre le ha elegido y le paga.

En este artículo, sin embargo, me voy a centrar en la relación principal-agente que es quizá más conflictiva, y la que originalmente hizo que los economistas se fijaran en el problema, empezando ni más ni menos que con Adam Smith en su "La riqueza de las naciones"[1]. Me refiero a la relación que se establece entre los accionistas de las sociedades anónimas, y los ejecutivos que gestionan dichas empresas.

Es evidente que la asimetría de información entre ambas partes es brutal, entre unas personas que están en el día a día de la gestión de la empresa, y otras que, en el mejor caso, pueden estar tratando de adivinar la situación de la empresa mediante las cuentas anuales que publican. Ello da numerosas oportunidades de lucrarse a los primeros a costa de los segundos, como por ejemplo las prácticas de Inside-Trading que fueron analizadas aquí[2] mismo hace unos meses.

Hay otras prácticas cuya calificación es menos ambigua. Por ejemplo, imaginemos que el Consejo de Administración de la empresa LoVuestro S.A. decide realizar un contrato con la empresa LaMía S.L, propiedad de alguno de dichos consejeros, de forma que LoVuestro externaliza un servicio a LaMía por un precio muy por encima del mercado. Está claro que el agente está aprovechándose de su posición para desviar valor propiedad del principal a su posesión, y a lo mejor lo hace públicamente, pues el contrato con LaMía S.L. aparece en las memorias anuales de LoVuestro.

Por supuesto que algunas de estas conductas podrían ser consideradas inmorales, e incluso delictivas en algún caso, pero basta con que sean actuaciones ineficaces o negligentes para que atenten contra el interés del principal. Lo que nos interesa es analizar de qué forma, en qué condiciones, puede el accionista impedir que esto pase o evitar que se reproduzca, no porque sea delito, sino porque atenta contra sus intereses.

Sin duda, es clave que para impedir estos sucesos, el principal pueda disciplinar al agente, prescindiendo en el momento que desee sus servicios. Esto, que puede resultar sencillo en algunos casos, no lo es tanto en las empresas por acciones, donde cambiar al agente es equivalente a cambiar la mayoría del Consejo de Administración.

Esto no está al alcance de la gran mayoría de los accionistas que, para conseguir tal cambio, deberían agruparse y organizarse, algo que a su vez tiene un coste elevado para ellos que seguramente no quede compensado por los beneficios que pueda conseguir su participación tras el hipotético cambio. La mayor parte de los accionistas, por tanto, tratarán de disciplinar al Consejo simplemente vendiendo sus acciones y empujando el precio a la baja, hasta reflejar un valor menor para la empresa que él que le correspondería de no hacer la práctica extraña el Consejo.

Sin embargo, ello no impide a los gestores negligentes (o simplemente ineficaces) mantener esta conducta perniciosa para el accionista. Lo que sí puede pasar es que, ante la bajada en el precio de los títulos, algunos emprendedores se planteen como oportunidad de negocio la toma de control de la empresa para ponerla en valor eliminando la práctica negligente.

En resumen y en principio, parece claro que hay un mecanismo de disciplina entre el principal y el agente (esto es, el accionista y el Consejo de Administración): la venta de la acción por parte del accionista, que conduce a un menor precio de la misma, facilitando así la toma de control por terceros y su consecuente eliminación de los consejeros negligentes.

¿Qué tiene que hacer el Consejo para evitar que esto ocurra? Tratar de gestionar la empresa de la mejor posible, que es precisamente lo que quiere el accionista. Y este debería ser el fin de la historia, con la alineación de intereses entre principal y agente.

Claro que si ese fuera el final de la historia, seguramente no estaría escribiendo estas líneas. La realidad es, por supuesto, mucho más compleja. Y ello es así porque el Consejo de Administración tiene otras herramientas para conseguir protegerse de las veleidades de sus accionistas sin necesidad de mejorar su gestión.

A ellas dedicaremos la segunda parte de este comentario.

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Las reflexiones realizadas se generaron en una de las Sesiones del X HARVARD COURSE IN LAW AND ECONOMICS, organizado por la Fundación Rafael del Pino y el Harvard Law School, por lo que es de justicia expresar agradecimientos a sus organizadores y especialmente al profesor Guhan Subramanian, quien dirigió la citada sesión.



[1] "The directors of such companies, however, being the managers rather of other people’s money than of their own, it cannot well be expected, that they should watch over it with the same anxious vigilance with which the partners in a private copartnery frequently watch over their own." Ver el Libro V, capítulo 1, parte III, artículo 1.

[2] https://ijmpre2.katarsisdigital.com/comentario/6349/solucion/libre/mercado/insidertrading/

Derecho, legislación y reptilianos

La primera entrega de Viajando con Chester, la nueva aventura televisiva del siempre polémico Risto Mejide, quedó este domingo inaugurada con una no-entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero. El propio presentador se encargó de fijar los términos del programa advirtiendo a su ilustre invitado de que no iba a realizarle una interviú al uso, sino que aquello iba a ser una conversación descarnada en la que Mejide le iba a poner en aprietos haciendo honor a su trayectoria por todos conocida. Sin embargo, el resultado fue una entrevista todavía más anodina de lo que suele ser habitual cuando el protagonista es un político de relumbrón, como sin duda todavía lo sigue siendo el gran ZP.

Mejide recibió a Zapatero con gafas de sol y un par de andanadas de inicio, pero fueron sólo fuegos de artificio para cumplir con su personaje porque, en el fondo, Risto es muy de ZP. En realidad esa es la prueba involuntaria del perfil iconoclasta de Mejide, pues a estas alturas ya nadie se identifica con Zapatero, ni siquiera dentro de su partido o lo que todavía queda de él.

La entrevista tuvo no obstante momentos de gran interés, porque la ventaja de llevar a un programa al expresidente socialista es que lo dejas hablar y él solo se encarga de dar espectáculo. Es asombroso escuchar a Zapatero valorar su mandato al frente del Gobierno de España y comprobar su incapacidad para atisbar siquiera las grandes catástrofes provocadas por su gestión directa en los casi ocho años que estuvo en el poder. No es que niegue su responsabilidad; es que todavía no ha entendido de qué se le acusa. La negociación con la banda terrorista ha sido un éxito absoluto, su gestión de la crisis económica la correcta y el separatismo catalán un problema creado por el Tribunal Constitucional, que decidió matizar su deseo de que se aprobara el proyecto remitido por el parlamento regional catalán sin cambiar una coma. En todos los casos Risto no podía estar más de acuerdo con él, como dejó claro con sus apostillas, lo que dice mucho de los dos.  

Mejide sólo se vino arriba y puso en algún aprieto a Zapatero cuando le reprochó su absoluto desconocimiento del idioma inglés, una cuestión que, comparada con las demás carencias del personaje, a estas alturas no pasa de ser una anécdota. Pero Zapatero no se dejó impresionar por el argumento y contraatacó con una nueva teoría, de las muchas que el expresidente ha brindado a la ciencia política durante su larga carrera, según la cual la meritocracia es contraria a la democracia porque, si pedimos un cierto nivel para ejercer la representación política, los hijos de los obreros no podrían llegar nunca a presidentes del Gobierno y, lo que es peor, él tampoco habría alcanzado tan alta magistratura. Que esto lo diga un dirigente socialista después de 30 años mangoneando la educación para evitar precisamente esos agravios de origen, esmalta perfectamente cuál es la opinión que los progresistas tienen sobre el resultado de sus operaciones de ingeniería social y la farsa sentimental de tan baja estofa a la que tienen que recurrir para ocultar su fracaso. La falta de preparación, la carencia de estudios y la ausencia de un bagaje profesional es, según ZP, un triunfo de la Democracia, y quien insinúe lo contrario, como el pobre Mejide, un reaccionario. Si un triunfito con acné hubiera aducido su incapacidad para el canto como una conquista democrática el Mejide de otros tiempos lo hubiera agredido físicamente, pero el tiempo pasa y uno se acomoda, sobre todo si está en una cadena de mucho progreso y tiene al fundador del nuevo progresismo patrio sentado junto a él en el sofá.

Zapatero quiso hacerse pasar por un estadista y no le salió. Mejide intentó convertirse en la versión malafollá de Jordi Évole y el resultado fue incluso peor. Además, al escritor y experto en comunicación se le escapó un solemne "de motu propio" (que el procesador de texto se empeña en sustituir por la expresión correcta), con lo que quedó claro que anoche Zapatero encontró, por fin, alguien a su altura. Como dúo es difícil que volvamos a verlos reunidos en la pantalla, ni siquiera para presentar las campanadas de Nochevieja en cualquiera de las cadenas de Berlusconi.

Zapatero encuentra por fin un entrevistador a su altura

Desafortunadamente, la semana informativa ha estado de nuevo teñida de violencia y sangre, ofreciendo imágenes de muertes de civiles, torturas, detenciones infundadas y todo tipo de atropellos por parte de los responsables en el poder. Una de las cuestiones que quienes no quieren ver, o quienes están a favor del gobierno oficial, ponen encima de la mesa a quienes clamamos por la sangre derramada es el tema del cumplimiento de las leyes.

Derecho y legislación no son lo mismo

Porque resulta que a Maduro lo eligieron los venezolanos, y no puede ser que hubiera fraude. Simplemente Jimmy Carter es infalible y de ver algo raro en esas votaciones no lo habría consentido. Porque resulta que hay unas leyes que deben ser respetadas o, de lo contrario, los demócratas deberíamos defender que se reforzara ese cumplimiento y se penalizara a los infractores. Y parece que las cosas están al revés. Desde el punto de vista de algunos, Maduro es el representante legítimo que debe cumplir y hacer cumplir las leyes. Y ese es el punto clave.

¿Siempre hay que cumplir las leyes?

Este es un tema que abordó Friedrich von Hayek, entre otros, distinguiendo entre derecho y legislación. Esa distinción es importante porque cuando se habla del "estado de derecho" hablamos del derecho, pero cuando nos referimos al cumplimiento de las leyes como normas de derecho positivo, en realidad hablamos de la legislación. La diferencia es que uno está fundamentado en principios sólidos y la otra en normas positivas contingentes, que dependen de quien las establece, que es quien las diseña. Así, no matar no es una norma que haya sido diseñada por un legislador, es una norma de derecho. Pero la prohibición de salir a la calle a partir de las seis de la tarde, pertenece a la legislación, es una norma positiva. Lo que los gobiernos de Ucrania y Venezuela están haciendo es aprovecharse de la confusión que reina en nuestros días a este respecto.

La defensa propia y la violencia civil

El escolástico y fundador de la Escuela de Salamanca, Juan de Mariana, consideraba que un individuo estaba legitimado para acabar con la vida del tirano si éste estaba atentando contra su pueblo. Un pueblo masacrado tiene derecho a defenderse, y si un ciudadano toma la decisión de asumir la defensa de todos, para el padre Mariana, ese acto de violencia es legítimo. Eso sí, el jesuita definió de manera precisa a qué llamaba tirano, de forma que no hubiera dudas a quién y cuándo.

Las cosas han cambiado y los tiranos se han amoldado a los nuevos modos de jugar a la política como el agua al vaso. Supuestamente se someten a las reglas del juego democrático, pero ocultan lo que hacen bajo cuerda para que los observadores internacionales sonrían y certifiquen. No sabemos cuánto de miedo había en el ciudadano que votó en un sentido o en otro. No sabemos la violencia civil en las calles de Caracas o de cualquier otra ciudad, debido al reparto de armas entre los hampones por Chávez y Maduro. No sabemos nada.

Lo que sí conocemos son los signos económicos de colapso, el desabastecimiento de productos básicos, la inseguridad ciudadana y la indignación de la ciudadanía que sale a las calles, no solamente en Venezuela sino en Ucrania también, donde las bajas se cuentan por cientos. Independientemente de la legitimidad de esa defensa propia de los ciudadanos y de la libertad de expresar su descontento, es necesario, para no repetir ambos casos, detenerse a pensar cuándo empezó todo. 

No empezó hace un par de semanas. Tampoco empezó cuando cada uno de los pueblos se acercó a votar, coaccionados o no. Todo empezó cuando alguien uso su sillón parlamentario para su propio beneficio y no hicimos nada. Empezó cuando aceptamos la terrible excusa de consentir el mal menor y justificamos una "pequeña" falta de nuestros gobernantes. Y empezó cuando los gobernantes pasaron a ser nuestros "responsables" políticos, cuando les cedimos demasiada responsabilidad.

Está claro que no hemos establecido mecanismos de contrapeso, monitorización y vigilancia de esos poderosos. Eso lo sabemos por la parsimonia y falta de pudor con que miran a cámara mientras roban, agreden y mienten. Pero, a esos tiranos hay que unir aquellos que miran a otro lado mientras se completa el abuso, esos gobiernos que dirigen su atención a otro lado, esos políticos que distraen a la opinión pública aludiendo a los oscuros intereses que hay tras los estudiantes venezolanos. La conspiración siempre vende muy bien. La existencia de una raza de reptilianos en la Tierra que solamente unos pocos pueden ver también. En un caso y en otro, alguien gana dinero a costa de la ingenuidad de la gente. Pero en el primero, los que se esconden tras esa idea son cómplices de muertes y abusos.

Me quedo con los reptilianos.

Maduro y los cubanos

¿Qué hará Nicolás Maduro? Heinz Dieterich, el marxista alemán que parió la loca utopía del socialismo del siglo XXI, suscrita por Hugo Chávez en algunos de sus delirios orales más agudos, le recomendó que creara un gobierno de salvación nacional que incluyera a Henrique Capriles. Lo dijo por CNN desde su refugio académico mexicano.

Tonterías. Maduro hará lo que le recomiende La Habana. Lo escribió con toda claridad la periodista Cecilia Valenzuela en El Comercio de Lima. Es un hombre de Cuba. No tiene otro apoyo que los cubanos. No es militar. No es político. No es intelectual. Habla con los pajaritos. Ve a Chávez en las paredes. Se le traba la lengua y multiplica los penes y los disparates. Es un desastre. Una mala imitación de Hugo Chávez. Pero tiene a los cubanos de su parte.

¿Qué le recomendará La Habana a su pupilo? Obviamente, lo que le ha permitido a la dictadura cubana sobrevivir durante 55 años: mano dura. Matar, golpear, encarcelar, intimidar. Someter a la sociedad mediante el terror hasta que se convierta en un coro afinado de súbditos que aplauden sus propias desventuras. Como sucede en Cuba o en Corea del Norte.

Cuanta más crueldad y fiereza, mejor para ellos. Los venezolanos saben que pueden reprimir impunemente. Se protegen bajo un manto retórico totalmente impermeable. Los enemigos son fascistas y nazis que quieren entregar el país al imperialismo. Leopoldo y María Corina son asesinos. Es la burguesía pagada y entrenada por Estados Unidos. Quieren quitar a los pobres el poco pan que se llevan a la boca.

Ellos defienden la democracia frente a los embates de las mafias. Lo dice el chavismo y lo repite sin pudor la izquierda procomunista en todas las latitudes. La revolución es así. Un chorro turbio de palabras pronunciadas para ocultar la sangre derramada.

Los demócratas, salvo unos pocos, en cambio, callan. También han sido intimidados. Contra tanta ignominia protestan los sospechosos habituales: Óscar Arias, Luis Alberto Lacalle, Mario Vargas Llosa. Los de siempre. Unas pocas docenas. Los que no temen ser acusados de ser agentes de la CIA. Insulza, como los tres monos de la fábula, se tapa la boca, los ojos y los oídos. La OEA es una vergüenza pública.

No me creo, sin embargo, la historia de los batallones de policías cubanos, las tropas de avispas negras trasladados a Venezuela para matar demócratas. ¿Para qué? Si algo sobra en Venezuela son asesinos locales. Los cubanos están en Venezuela para asesorar, para dirigir el control social, para espiar masivamente, no para el trabajo sucio y menudo de la calle. Ése lo hacen en la Isla.

Están allí para sostener un poder dócil que continúe alimentándolos. El negocio de ellos es mantener viva la vaca lechera de la que extraen todos los años trece mil millones de dólares en subsidios. Raúl Castro ya no cree en el colectivismo, pero sí cree en mantenerse en el poder a cualquier precio. Luchará hasta el último venezolano.

A mi juicio, esa noticia, la de los avispas, forma parte de las operaciones sicológicas encaminadas a aterrorizar a los venezolanos. Durante la Guerra de las Malvinas los ingleses lo hicieron astutamente. Difundieron el rumor de que en la expedición iban los gurkas nepalíes, unos crueles guerreros que desorejaban y sodomizaban a los prisioneros antes de degollarlos. García Márquez hasta llegó a escribir una nota sobre la crueldad infinita de estos diablos orientales contra los pobres argentinos. Tras el fin de la guerra se supo que nunca desembarcaron gurkas en el remoto archipiélago. La mentira era un arma psicológica.

¿Por qué el poder venezolano –Maduro, Cabello, los militares– está en las manos de los cubanos? Porque ellos, fragmentados en pequeñas tribus, también tienen miedo, y Cuba es la única autoridad externa que sujeta los pedazos. Es el extraño poder de los albaceas en medio de las familias rotas por las desavenencias.

Los chavistas venezolanos temen a los informes de inteligencia, a las escuchas telefónicas, a los tentáculos de la policía política cubana. A la DEA, porque algunos de los militares y políticos están metidos hasta las cejas en el narcotráfico. Antes se reunían para conspirar. Ahora no lo hacen por miedo a una delación.

Menos mal que también hay cubanos nobles. Me conmovió que Leopoldo López diera su discurso final a los pies de la estatua de José Martí. Ése era de los buenos. Los avispas le hubieran disparado a la cabeza.

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En recuerdo de David Taguas

David Taguas no dejaba indiferente a nadie, ni a extraños ni, especialmente, a propios. Los propios no entendían sus ideas y muchos de los extraños las rechazaban por esa simple filiación sectaria de oponerte a todo aquello que no venga de dentro de tu grupo. A mí, no adscribiéndome ni a unos ni a otros pero sí hallándome muy alejado ideológicamente, siempre me cautivó su capacidad, habilidad y acierto a la hora de defender durante esta crisis la verdad. Una verdad tan sencilla como generalmente ignorada, a saber: que el ahorro es la base de toda prosperidad, especialmente para una economía que, como la española, tiene completamente abierto el grifo del déficit a la vez que la bañera de nuestra deuda se halla a punto de rebosar (por emplear una de sus más felices expresiones).

Taguas jamás se cansó de reclamar al sector público que cambiara radicalmente de rumbo e hiciera lo poco bueno que podía hacer para no entorpecer nuestra recuperación: dejar de deglutir y de machacar fiscalmente el magro ahorro que conseguíamos amasar. A la postre, nuestra economía sigue adoleciendo de dos problemas fundamentales que están lejos de haberse solucionado y que, mientras sigan enquistados, nos mantendrán colgando del filo de la navaja japonesa: un excesivo endeudamiento público y privado, y un esclerótico modelo productivo que, pese a su mejorada competitividad, es completamente incapaz de reabsorber a varios millones de parados.

Para ambos problemas –para amortizar nuestra deuda y para incrementar nuestra inversión– necesitamos de ahorro. Taguas fue de los pocos que se atrevió a cuantificar la magnitud del capital requerido: 11 puntos adicionales del PIB, hasta lograr que el ahorro nacional represente el 30% de toda nuestra producción anual. No era una cifra que se sacara de la chistera, sino del cráneo de su sentido común: su propósito era amortizar unos 4 puntos anuales de deuda exterior (para dejarla dentro de una década en un nivel todavía alto pero manejable: el 50% del PIB) y aumentar la inversión interna desde el 18% actual al 25%. Sólo de ese modo, amortizando deuda e invirtiendo, tendría España margen de maniobra para despejar definitivamente las dudas sobre su solvencia y para transformar su hoy colapsado aparato productivo.

Mas el objetivo, por razonable que suene, no resulta nada fácil de alcanzar. España no ha conseguido ahorrar desde 1980 más del 23% del PIB y Taguas pedía que, en medio de esta profunda depresión, llegáramos al 30%. ¿Cómo? Por un lado, reduciendo el gasto público en 5 puntos del PIB (de manera que el Estado dejara de dilapidar esa parte de nuestro ahorro privado); por otro, mejorando la tributación sobre el ahorro con el objetivo de que las familias dispusieran de incentivos para ahorrar el equivalente a 6 puntos más del PIB.

Imprescindible y razonable programa de saneamiento el de Taguas, pero tremendamente impopular para una sociedad que, como la española, ha caído presa de la poligámica adicción a la sopa boba del gasto público, a la preferencia cortoplacista del consumo sobre el ahorro, a la oposición visceral a cualquier ajuste salarial y, en general, a vivir de prestado enchufados al crédito barato. Cuatro bodas que no sólo nos han conducido al inexorable funeral del hiperendeudamiento y del desempleo masivo, sino que amenazan con complicarnos un divorcio que, en el fondo, seguimos convencidos de no precisar.

Por eso la rota y apasionada voz de Taguas era tan necesaria: porque para vencer primero hay que convencer. Y Taguas convencía, y convencía para bien. Esta semana no sólo hemos lamentado lo esencial –la pérdida personal– sino lo no menos esencial en una coyuntura tan crítica como la actual —la pérdida de un intelectual que remaba en la dirección correcta: a contracorriente—. Descanse en paz.

Juan Manuel López Zafra: “Somos esclavos de la deuda que nos han dejado”

El oro vuelve a estar de moda. Más allá de la fluctuaciones en el precio del metal, la crisis financiera ha desatado el furor por las cuestiones monetarias: las QE de la Fed, bitcoin, Abenomics… Todos ellos tienen su sitio en el debate en la red. Y cuando se habla de dinero, de monedas, de inflación o de reservas, el oro sigue siendo el rey. Pocas cuestiones desatan tantas pasiones entre economistas, académicos y público en general.

Juan Manuel López Zafra irrumpe estos días en esta controversia con Retorno al patrón oro (Deusto), un libro de divulgación en el que asegura que es posible recuperar lo que hace ochenta años John Maynard Keynes despreció como una "bárbara reliquia". El volumen es corto y claro. Perfecto para el aficionado a la materia, pero también para aquél que se acerque a ella por primera vez.

Libre Mercado habló con el autor este jueves, y le preguntamos si realmente piensa que es posible que todos los billetes que utilicemos estén respaldados por un lingote del metal dorado. López Zafra está convencido de que sí. 

– Hasta hace poco, nadie hablaba del patrón oro. Parecía un debate superado. De hecho, el otro día, ojeando el libro, pensaba que hace veinte años un libro así hubiera sido impensable.

– Estaba fuera del debate político. De hecho, éste es el primer libro divulgativo en español (aparte de Huerta de Soto, que toca el tema aunque no escribe sólo sobre patrón oro) desde hace muchos años. Yo no he encontrado otro, ni siquiera en Sudamérica. Artículos científicos sí, pero libros en español, en los últimos 40-50 años, creo que no.

– Es cierto. Sin embargo, ahora no suena raro. Hay mucho debate en las redes sociales, artículos en los medios, monedas virtuales, discusiones sobre el papel de los bancos centrales… ¿el patrón oro vuelve a estar de moda?

– Hay un gráfico en el libro que incluye la evolución de las solicitudes en Google de "gold standard". Es brutal ver cómo ha crecido en el último año la búsqueda de estos términos. La política de la Reserva Federal ha inflado la moneda a unos niveles insostenibles. La gente se plantea qué va a ocurrir con sus ahorros y su futuro, qué puede ocurrir en el momento de la jubilación.

Nos preocupamos, porque tenemos sentido común. Ni yo ni ningún español vivo se ha criado bajo un patrón oro. Pero el otro día en Twitter me preguntaban, "¿me quiere usted decir que los billetes que emite el Banco de España no están respaldados por unas reservas de oro?" Pues no. La gente sigue pensando que detrás de los billetes hay valor.

– De hecho, el ciudadano corriente actúa como si hubiera patrón oro. A lo mejor es consciente de que no existe un patrón oro de verdad, pero cuando abre una cuenta o reclama su dinero en el banco, lo hace como si hubiera un respaldo.

– Eso es. La gente va al banco y dice: "Yo he dejado aquí mi dinero y mi dinero está aquí, ¿verdad?". "Pues no mire. Su dinero lo hemos prestado entero". Esto ocurre ahora y ha ocurrido en los últimos cien años, desde el momento en el que el coeficiente de caja se reventó.

La gente va al banco y trata de recuperar su dinero. No pasa nada siempre que no haya una crisis de confianza. Lo que plantea Bernanke es que tenemos una crisis de confianza, pero ésta es una consecuencia, no una causa.

¿Por qué hay una crisis de confianza? Porque la política de expansión del crédito ha sido tal que hay muchas personas con una cierta influencia (menos de las que deberían ser) que en los últimos cinco o diez años piensan que estamos cruzando una serie de líneas rojas peligrosas.

Entonces, te planteas, ¿tiene sentido seguir inflando la burbuja de crédito y no basar el crecimiento en el ahorro? Y que el consumo no sea un objetivo sino una consecuencia; que puedas decidir qué hacer con tu dinero, si invertir a uno o tres años o consumir; si ahorrar y no gastar… ¿Por qué tienes que consumir? Y, sobre todo, ¿con qué estás consumiendo? Estás consumiendo con una promesa de pago, no con otra cosa.

– Usted inicia el capítulo 2 con una cita de Antal Feteke: "A menos que el dinero fiduciario se estabilice al volver al patrón oro, se derrumbará después de haber causado mucho daño". ¿No es un poco exagerado? El capitalismo ha demostrado una fuerza enorme para superar dificultades.

– La fuerza del capitalismo se respalda en el ahorro y la inversión, no en el consumo. ¿Puede derrumbarse el capitalismo? Pues se están poniendo todos los medios para que ocurra.

En Venezuela la gente está saliendo con carteles de "Queremos capitalismo". La gente es consciente de que la propiedad privada y los ahorros están ahí para acumular una riqueza que va en beneficio de uno mismo y de los demás. Hay una parte de los economistas que están denigrando eso desde hace años. El capitalismo como tal, entendiéndolo como respeto a la propiedad privada, ahorro e inversión, sobrevivirá. El capitalismo actual es un capitalismo un tanto extraño. Este sistema es el que tiene problemas de mantenimiento. Por eso cada vez nos piden más control: tasa a las transacciones extranjeras, control de los depósitos en el BCE…

Si regulamos toda la actividad económica y a eso le llamamos neoliberalismo estamos confundiendo el mensaje. Esto no es la URSS, no hay una economía planificada; pero en economías como la española o la francesa, con el 50 o el 57% del PIB en manos del Estado, llamar a eso capitalismo es algo arriesgado.

– Respecto a la actuación de la Fed o el Banco Central Europeo, incluso personas que pueden no creer en el patrón oro o que no son seguidores de la Escuela Austriaca están muy preocupadas sobre la bomba de relojería que se ha creado con las sucesivas emisiones de los últimos años. ¿Cómo vamos a salir de ésta?

– El problema es que hemos acostumbrado al sistema financiero al crédito fácil. Quiebras como la de Lehman Brothers son excepcionales. El sistema sabe que van a acudir a su rescate. Por lo tanto, introducimos un factor de riesgo moral enorme.

Un peluquero sabe que si lo hace mal va a quebrar. Pero si alcanzas un determinado volumen, jamás quebrarás. En el sector de la producción, el Estado dirá que eres un "sector estratégico". Cada vez que el Estado usa el término "estratégico" es para subir los impuestos. En el sistema financiero, pasa exactamente igual. Si tomo demasiados riesgos y luego el Estado me salva, no tengo incentivos para hacer las cosas bien. Eso la gente lo sabe y protesta.

Estamos gastando (no invirtiendo) ingentes cantidades de dinero en equilibrar un sistema financiero que los gobiernos se han dedicado a minar en la base. No estamos purgando las inversiones que han salido mal.

– ¿Y es posible drenar todo ese dinero que se ha inyectado en el sistema?

– Sí, no sólo es posible, sino que es muy necesario.

– ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Nos esperan dos décadas de estancamiento?

– Haber cebado una bomba como la que hemos cebado no nos garantiza que no vaya a haber dos décadas de estancamiento. Una situación como la que hemos vivido hasta hace seis años no se va a volver a repetir. No lo vamos a ver nosotros y no lo verán nuestros hijos. Haber cebado el crédito como la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón y haber premiado a los que lo están haciendo mal no nos va a llevar a una recuperación.

Vamos a una forma de L, con picos en momentos, pero con una situación muy delicada durante muchos años. ¿Veinte? Pues estamos en el 2014, al menos hasta 2025-2030 calculo que estaremos en una situación complicada. El ahorro no está generando inversión. Es complicado que eso vaya a generar empleo.

– Sobre el rescate a los bancos. La gente protesta mucho, pero en realidad lo que se ha hecho ha sido rescatar a los depositantes e inversores para que no perdieran lo que habrían perdido si hubieran sido acreedores de una empresa normal.

– No debemos pensar sólo en el plazo inmediato. Cuáles son los efectos y el mensaje que se manda cuando se rescata a un sistema financiero, a un banco o a una caja. Se manda un mensaje que es "usted no se preocupe, que sus ahorros están garantizados". Pero por otro lado, se lanza un mensaje al sistema diciendo "no os preocupéis. Si pasa cualquier cosa, aquí estamos".

Es complicado valorar las consecuencias a corto plazo de una medida tan nefasta como rescatar a una entidad financiera que lo ha hecho mal.

– Volviendo al patrón oro. Muchas personas se preguntan, incluso estando de acuerdo, ¿es posible volver? ¿se puede hacer la transición?

– Sí, se puede hacer. En el libro hay un epígrafe entero dedicado a la transición. No es algo que se pueda hacer en un plazo breve. Requiere de tiempo, hay que readaptar todo el sistema financiero a esa realidad. A las empresas y las entidades bancarias no les puedes pasar de un sistema basado en el crédito a un sistema basado en el ahorro. Eso requiere tiempo y un acuerdo internacional.

Un país en la actualidad, hoy por hoy, no podría permitirse decir "respaldo mi moneda en oro". Tiene que haber un acuerdo. ¿Y es posible que haya ese acuerdo? Pues creo que sí, lo vamos a ver, aunque no mañana ni pasado. Yo no he planteado el libro como una utopía.

– ¿Seguro? Porque lo que parece imposible es que los políticos acepten un sistema que les limita tanto.

– Hay dos prismas: el del político y la economía financiera (por un lado) y el del ciudadano y la economía no financiera (por el otro). La economía financiera ha crecido en los últimos años con un sistema basado exclusivamente en el crédito. Y el político no va a poder regalar autopistas ni trenes. Se va a tener que apretar el cinturón a lo que tiene realmente en las reservas y a una deuda muy limitada.

El oro es el principal extintor de deuda. Que no puedas endeudar a generaciones futuras, a un político le tiene que costar. No puede haber una subasta de trenes, hospitales, colegios… Porque si hago ese tipo de políticas, el oro va a salir de mi país.

– Y, sin embargo, ¿me dice que aunque sea tan malo para los políticos, tiene esperanza de que éstos cambien el sistema?

– Es posible si hay un acuerdo. Al final, hay una serie de políticos que intentan traer un mensaje de ahorro y racionalidad. Y hay algunos financieros que también. La gente se va a dar cuenta de que no podemos utilizar el euro, porque puede llegar a tener el mismo valor que un billete de Monopoly.

Esperemos que no ocurra, porque puede ser grave. Pero es necesario absolutamente que haya una transición ordenada a un sistema de respaldo de moneda. No se puede esperar que la economía siga creciendo a base de emitir deuda y moneda, endeudando a las generaciones futuras. No puede estar naciendo un niño en España con más de 20.000 euros de deuda a sus espaldas. Es denigrante. Somos esclavos de la deuda que nos han dejado los demás. La gente va a tratar, en algún momento, de romper esas cadenas.