Ir al contenido principal

El liberalismo es una cuestión ética

Este artículo ha sido publicado originalmente en el "Especial Liberalismo" de la revista universitaria La Pecera.


El profesor Carlos Rodríguez Braun cuenta que en una ocasión le preguntó a Karl Popper qué le parecía que la libertad fuera tan buena para aumentar la prosperidad económica. Ésa es una muy feliz coincidencia, respondió el filósofo austriaco. Como bien explicaba Rodríguez Braun, esto es una boutade, no es verdad. La ciencia económica nos explica por qué un sistema en el que impera la libertad tiende a ser más próspero que uno en el que no. No es ninguna coincidencia. Pero la ingeniosa respuesta de Popper es una acertada crítica al excesivo énfasis con el que los liberales solemos defender la libertad desde un punto de vista estrictamente económico. No hay que defender la libertad por sus consecuencias económicas, sino desde un punto de vista ético. Si por alguna casualidad el esclavismo fuera un sistema más próspero, aún así habría que combatirlo.

La libertad es la respuesta a la búsqueda de un sistema ético universal, es decir, un conjunto de normas de convivencia que aplique a todo el mundo por igual y que sea válido en todo momento. El liberalismo parte de que todas las personas son sujetos éticos iguales. Toda regla que aplique a un individuo o a un grupo necesariamente tiene que aplicar a todos los demás individuos o grupos. De este punto de partida se deduce un sistema de normas de convivencia con el que evitar o minimizar los conflictos entre personas. Ese sistema es lo que los liberales resumimos en el término libertad. Pero es necesario precisar. ¿Qué es exactamente la libertad?

La libertad hay que describirla desde tres puntos de vista, como si fueran los tres lados de un mismo triángulo. El primero de esos lados es el denominado principio de no agresión. Lo que dice es cada uno puede hacer lo que desee mientras no inicie el uso de la fuerza contra los demás. No se puede matar, violar, secuestrar, esclavizar, agredir, coaccionar, robar, cometer fraude o extorsionar a los demás. Este principio no es en teoría polémico. Si vamos a la calle y preguntamos a los diez primeros que pasen qué les parece este principio ético, estarán de acuerdo. Pero como dice el economista Walter Block, lo que define a los liberales es que nosotros lo decimos en serio. Lo aplicamos a todo y no hacemos excepciones. Ésta es la libertad desde el punto de vista de la acción, lo que a menudo se denomina "libertad negativa". Es lo que nos dice qué acciones podemos llevar a cabo y cuáles no.

Pero este principio queda incompleto si no definimos los medios a los que podemos aplicar esas acciones. Si por ejemplo vemos que Juan le quita la cartera a Pedro y sale corriendo, ¿quién está agrediendo al otro? Pues depende de quién sea el propietario de la cartera. Si resulta que ayer Pedro le robó la cartera a Juan y ahora Juan simplemente la está recuperando, estará en su derecho. Por ello, el segundo lado de ese triángulo que define qué es la libertad es el punto de vista de los medios, de las cosas materiales sobre las que ejercemos nuestras acciones: necesitamos una teoría de la propiedad. La propiedad es el ámbito material de control de cada uno, el ámbito en el que podemos hacer lo que queramos mientras respetemos el principio de no agresión. El derecho de propiedad sobre algo nos legitima a establecer normas sobre dicha cosa. Es necesario tener una teoría no arbitraria que asigne derechos de propiedad de la realidad material a los individuos o grupos de individuos.

Existen cuatro reglas generales de asignación de derechos de propiedad. La primera es que cada uno es dueño de sí mismo. La segunda, que cada uno pasa a ser dueño de los frutos de sus actos, entre otras cosas los bienes que producimos con nuestro trabajo o con factores productivos de nuestra propiedad. Cuando varias personas participan en la producción de algo, la propiedad se reparte entre ellas como previamente se haya pactado. La tercera nos permite hacernos dueños de las cosas, al hacer uso de ellas, cuando no tienen propietario previo y nadie antes usa, mediante el principio de primer uso. Y la cuarta forma es mediante la transferencia voluntaria y consentida de derechos de propiedad entre individuos, como por ejemplo intercambios o regalos.

Aunque muchos teóricos liberales definen el sistema ético de la libertad sólo con estas dos primeras patas, lo cierto es que así quedaría cojo. Tendríamos un sistema de normas demasiado general al que le falta un mecanismo para el establecimiento de normas más específicas. Es cierto que algunas se derivarían directamente del derecho de propiedad, puesto que cada uno puede poner las normas particulares que desee dentro de su ámbito de propiedad. Pero faltaría un mecanismo de generación de normas particulares más vinculantes entre personas. Por ello el tercer lado que completaría la definición ética de la libertad es precisamente la teoría de contratos. Francisco Capella completa esta teoría definiendo los contratos como compromisos formales exigibles por la fuerza. Los contratos son mecanismos que permiten que dos o más individuos pacten de forma voluntaria establecer normas particulares sobre sus propios ámbitos de propiedad y se comprometan a cumplir con ellas. Los contratos expresan nuestra capacidad para ligarnos mutuamente, nos permiten hacer uso de nuestra libertad para restringir nuestras propias acciones. Por ello, se requiere que los contratos sean voluntarios y consentidos, y que vinculen sólo a las personas contratantes y a sus respectivos ámbitos de propiedad.

La libertad, por tanto, no es un principio vago o que sea útil sólo en determinadas circunstancias. No es un eslogan vacío para campañas políticas. La libertad es un sistema ético universal, igual para todos y válido siempre, definido por el principio de no agresión, la asignación de legítimos derechos de propiedad y los contratos voluntarios. Este sistema es el que los liberales consideramos como válido. Y es, por otro lado, el sistema que los antiliberales atropellan cuando proponen excepciones. A menudo con buena intención, el antiliberal propone la agresión, la violación sobre el derecho de propiedad o la prohibición de determinados contratos libres y vinculantes sólo entre las partes, como medio para conseguir fines particulares. Quienes apoyan los atropellos al sistema liberal, a veces sin darse cuenta de que lo hacen, hacen de éste un mundo más arbitrario, menos justo y más violento. Hacen de éste, en definitiva, un mundo peor.

Hay que decir que no todo es sencillo dentro del sistema liberal. La realidad es compleja y presenta dilemas y casos de frontera que se interpretan de manera distinta entre los propios liberales. Hay muchos asuntos controvertidos, fundamentalmente en torno al papel del gobierno. Esto da lugar a distintas corrientes dentro del liberalismo, como el anarcocapitalismo, el minarquismo y el liberalismo clásico. Pero una cosa es segura. Todos los liberales compartimos un mismo principio ético, un mismo credo que hay que defender. Somos quienes de verdad, sin excepciones ni excusas, amamos la libertad. El liberalismo, como decía el profesor Walter Castro, es una cuestión ética.

Se busca ilustrador para España

Hace más de doscientos años, el economista francés Jean-Baptiste Say se preguntaba: "¿Podrán ser ilustrados los que gobiernan no siéndolo los gobernados?". Esa pregunta, que por desgracia sigue tan vigente, me lleva a observar a nuestros gobernantes y sus gobernados y plantear posibles respuestas.

La ilustración en el gobernante

En una semana en que los dos principales partidos han tenido masivas reuniones con todos los convencidos de un lado y de otro, sentando bases, poniendo los puntos sobre las íes y tratando de mostrar su mejor perfil, no puede una más que rasgarse las costuras de la vestimenta y, como decía Martirio en su canción, "coger la puerta y salir… ¡corriendo como las locas!".

Si la novedad de un partido socialista es que gira a la izquierda, cuando en esencia es la izquierda dominante, en vez de hacer un repaso a sus dirigentes y separar los tocados por casos de corrupción, promocionar a los "ilustrados", retirar a los "asnos" por más que tengan la sonrisa blanqueada, hay algo en la izquierda que no va. Y ese es el partido que nos gobernaba hasta hace poco y que pretende tomar el relevo. Un partido quebrado, con porquería bajo las alfombras y de cuyo rumbo solamente se sabe que ha girado a la izquierda, según dicen ellos mismos. No sabemos cuántos grados y si saben leer las estrellas en el cielo.

También hemos tenido reunión en el Partido Popular. Tampoco han entonado el "mea culpa" ni han mirado sus entrañas. No ha dicho que giran a la derecha. No han dicho nada, básicamente. No hay más novedad que el "somos los mejores" y "estamos levantando España". Y mientras, España mira perpleja los codazos que los francotiradores, expresidentes con una pensión vitalicia de infarto, dan a sus compañeros de partido, una vez que ambos, y me refiero a González y Aznar, residen en el Olimpo de los dioses políticos. ¡Qué dorado retiro!

Y la pregunta que me inquieta es si esta gente de verdad sabe qué es lo que está haciendo. Lo peor es que no sé si preferiría que la respuesta fuera afirmativa o negativa. Porque, si no lo saben, cabe un cristiano perdón de la categoría "es que no saben lo que hacen". Pero si, como gobernantes ilustrados, que es lo que todos desearíamos que fueran, saben lo que hacen, entonces dan ganas de reclamar el invento de Monsieur Guillotin para que presida la Puerta del Sol, al lado del oso y el madroño, simplemente como elemento disuasorio para políticos ilustrados pero irresponsables.

La ilustración del gobernado

Pero escuchando a la gente, leyendo lo que se dice por las redes sociales y lo que se comenta respecto a unos y otros, me doy cuenta de que tampoco los gobernados demuestran mucho interés en ilustrarse. Y ya sé que la televisión está sesgada, unas cadenas miran al PP, otras al PSOE y todas a la subvención. Pero eso no es excusa. La gente compra el mensaje que le conviene atendiendo a su situación particular, no hay una ciudadanía que tenga como objetivo una sociedad más justa, más próspera, más civilizada y que se comprometa. La cortedad en los fines que se plantean los dirigentes es la misma que la de los dirigidos. Y es muy complicado distinguir qué fue antes.

Por eso abundan los libros facilitos sobre la crisis, la recuperación y las medidas que se toman, no se toman, se anuncian o se desean. Para que haya un mensaje para cada español, como hay un calcetín por persona bajo el árbol de Navidad. En ambos casos, a la espera de que algo caiga.

Pero no todo es oscuro. Esta semana sale a la venta el segundo libro de Daniel Lacalle, "Viaje a la Libertad Económica". Es uno de esos libros de los que uno piensa que ojalá lo lean gobernantes y gobernados. Y no es un libro académico, al revés, es divulgativo. Daniel es de esos tipos directos y claros, que te habla con la verdad en la mano y los principios éticos en el corazón. Como no es un tipo siniestro, ni va de pijo por la vida, ni es muy académico, sino divertido pero riguroso, le tienen censurado en los programas de quienes se proclaman súper plurales, abiertos y objetivos. No hay quien pueda con él. Ni el chico 10.

Pero a mí me entristece su éxito. No por inmerecido. Sino porque cuando hay que escribir libros divulgativos proclamando y explicando que la libertad crea riqueza y ese mensaje, después de los 200 años que nos separan de Jean-Baptiste Say, sigue sonando tan revolucionario, me lleva a concluir que ni educación, ni siglos de pensamiento económico son suficientes. Y me da mucha pena. Siempre nos quedará Lacalle. Y el rock.

En España, la ciencia, si no es pública, no es ciencia

Estamos tan acostumbrados a un modo de vivir que, cuando nos invitan a probar otro, se nos manifiestan los miedos. El Estado y sus políticas impregnan casi todas las facetas de nuestra vida y pensar en salir de la caja estatal suele generar sarpullidos, sofocos, ansiedad y malestar general. Si además, vivimos de ello, se nos manifiesta el "qué hay de lo mío", y no cabe en nuestra cabeza que a lo mejor lo que hacemos, que es distinto de lo que somos, lo puede hacer mejor otra persona, se puede realizar en otras circunstancias o simplemente, no es necesario.

La ciencia en España no se percibe de una manera muy distinta a la Sanidad o la Educación, una gran mayoría de españoles no la conciben si no es a través de un organismo público, sin que el ánimo de lucro la "contamine", aunque no duden en pedir un sueldo "digno" para los investigadores a cargo del contribuyente. Sin embargo y analizando los hechos, esta percepción tiene una base muy real.

La ciencia en España tiene tres bases fundamentales. Por una parte, está el Centro Superior de Investigaciones Científicas, más conocido como CSIC, organismo público creado por el Gobierno franquista, el tercero por peso en Europa y que cuenta con la simpatía de muchos que ven en él una especie de MIT, pero en público y castizo. Según se puede leer en su página web, "el CSIC desempeña un papel central en la política científica y tecnológica, ya que abarca desde la investigación básica a la transferencia del conocimiento al sector productivo", lo que parece indicar que para ellos mismos su actividad no es nada productiva.

El segundo pilar donde se crea ciencia lo conformarían las universidades. Como no puede ser de otra manera en España, casi todas son públicas y desgraciadamente no parecen dedicar muchos recursos a lo que nos ocupa, siendo más frecuentes las actividades sindicalistas, con especial predilección por las huelgas, las peleas políticas por las cátedras, el servir de trampolín para la carrera política de unos pocos o de cómodo destino de políticos casi retirados. En el fondo no dejan de ser grandes burocracias públicas, donde los recursos son malgastados sin vergüenza y donde los alumnos que salen "sabidos" son verdaderos héroes que han sabido luchar contra los elementos.

El tercer pilar de la ciencia española debería ser el empresarial. Y digo "debería ser" porque la empresa española dedica poco a la ciencia. Las pymes apenas nada, que bastante tienen con sobrevivir a los impuestos de Montoro, y las grandes no se caracterizan por sus cuantiosas inversiones en Investigación+Desarrollo+innovación. No hace demasiado, el consejero delegado de Telefónica I+D, Carlos Domingo, criticó la baja inversión en innovación de las empresas españolas. Además, apostilló que los recursos públicos invertidos en este área están mal repartidos, porque hay muy pocas investigaciones que tengan retorno en la economía real.

Tiene mucha razón el directivo de Telefónica. La economía real la conforma el mercado, es decir, las necesidades de gente e instituciones, que se expresan en demandas, algunas veces muy concretas, otras veces vagas e imprecisas, y que son satisfechas por las ofertas de las empresas, de los proveedores de servicios. Es en ese intercambio donde los científicos pueden ver oportunidades para desarrollar la actividad que tanta alegría y satisfacciones les genera.

Lo que diga un político, como mucho satisface las necesidades de la "política" real, que no se corresponde con las necesidades de la gente. La ciencia pública termina sirviendo a una ideología, a un partido, a las necesidades del Estado o incluso a las necesidades del pequeño grupo que tiene el poder, de la misma manera que termina haciéndolo la Educación pública. En definitiva, Carlos Domingo tiene razón, pero con un matiz: a la larga, todo termina siendo mal repartido, porque los criterios son políticos y, si alguna vez se acierta, es casi por casualidad.

Pero como decía al principio a modo de introducción, sacar a las personas de la caja, de su caja personal, es muy complicado. Los recortes propios de la crisis han llegado a todos; primero al sector privado, que lo ha hecho sin ruido, sin pausa. Ahora, le está tocando al público, incluyendo a las empresas privadas que trabajan con presupuestos públicos, y los ajustes están poniendo en la calle a muchos y quitando recursos a otros, recursos que ya no existen. La situación es tal que el "qué hay de lo mío" inunda los medios de comunicación, ávidos de desgracias ajenas.

En un acto reivindicativo realizado por investigadores de la Universidad de Granada y del CSIC, Roque Hidalgo, profesor del Departamento de Física Aplicada y uno de los convocantes, ha asegurado que "todo lo que usamos, desde el teléfono móvil a la pintura de estas paredes o los alimentos que comemos, viene de un proyecto de investigación. Si no investigamos en España, lo harán en otros países".

Es interesante cómo se mete por medio el patriotismo cuando conviene. ¿Y cuál es el problema de que se consigan logros en otras partes? Eso no impide que, si no se crean barreras regulatorias artificiales y se "protegen" industrias nacionales poco eficientes, lleguen a la economía nacional tarde o temprano, posiblemente a precios muy competitivos. Seguro que los teléfonos móviles que han usado para convocar el acto están basados en tecnologías no desarrolladas en España y están contribuyendo a la economía española tanto como la industria del aceite de oliva. De hecho, es posible que el sueldo que está recibiendo cada uno de esos investigadores y catedráticos esté perjudicando la economía nacional, ya que si su labor no es adecuada, ni responde a las necesidades de mercado, es decir a la de la gente, a éstos se les están sustrayendo recursos, vía impuestos, que podrían ser invertidos/gastados en sectores mucho más rentables y solicitados, pero que pagan estos sueldos. A lo mejor es el momento de salir de la caja y hacer las cosas de otra manera, aprovechando la crisis, y no mirarse tanto el ombligo.

Silencios inaceptables

La sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo supuso un test perfecto para comprobar el posicionamiento de muchos sectores sociales, ideológicos y políticos en España. Muchos de los que han dicho algo han valorado la sentencia, aspectos de la sentencia, la no retroactividad, la posibilidad de fraudes de ley y otras piezas jurídicas como si de principios esenciales se tratara o como si su aplicación en este caso estuviera fuera de toda duda. No cabe duda de que el principio de legalidad es digno de respetar hasta límites que están más allá de la comprensión de la mayoría. Dura lex, sed lex, reza el brocardo latino. Pero es igual o más cierto aún el hecho de que quienes han esgrimido la obligatoriedad de la sentencia del TDH aferrándose a este principio lo han hecho bien con las cartas marcadas por una intencionalidad política, bien por una inaceptable ingenuidad armonista común a variopintos divagantes de salón.

Esta sentencia se erige como un mojón importante en uno de los hilos de la negociación del PSOE de Rodríguez Zapatero con los nacionalismos antiliberales que en España padecemos con objeto de que se conviertan en un apoyo de poder para el PSOE y con la imposible esperanza de que el vínculo que les une a España no se rompa. Si lo hace, la jugada del PSOE se vuelve contra él. El hilo de la sentencia forma parte del entramado vasco en el que también figura el chivatazo a ETA, así como la sentencia del TC favorable a la presencia de Bildu en las instituciones. Cierto que esta última solo les permitió concurrir a las elecciones, mientras que fueron los electores quienes les han aupado a los cargos. Pero determinados liberticidas deberían estar fuera de estos. Los sistemas jurídicos y las leyes electorales deciden más cuestiones casi que los propios votantes. Modificarlos en beneficio de todos es una potestad de los políticos.

La parte vasca de los hilos de la negociación no es más que la mitad de esta y no la más importante. La otra mitad está en Cataluña, donde el proceso de ruptura con España presenta más avances políticos y hacia donde se mira desde Vascongadas para coordinar aquellos tiempos y modos de secesionismo que sean coordinables. La imbecilidad socialista en este proceso es notable y la pasividad de muchos españoles ante el mismo, sea por indolencia ignorante, sea por apatía ilustrada, es también notoriamente culpable del mismo mal.

¿Qué supone el nacionalismo separatista para las libertades de los españoles? Un fracaso en toda regla. España es una nación histórica y política mientras que ni Cataluña ni Vascongadas lo son. Para constituir a estas en nación hace falta un esfuerzo de coacción ciudadana en tantos ámbitos que la merma en libertades respecto de las existentes dentro de España es inevitable. Ya es un hecho que, en Cataluña y en al País Vasco, algunos derechos básicos están desaparecidos mientras que ETA sigue armada, no lo olvidemos; y con armas, siempre hay coacción.

El Partido Popular de Rajoy es el agente suavizante de este proceso de ruptura liberticida de España. Es el que apela al brocado una y otra vez. Reconoce su primera parte delante de las víctimas de ETA y repite la segunda ante todos los demás españoles. Calla ante quienes dicen que la sentencia del TDH es un fraude de ley en sí misma pues utiliza la ley para un objetivo contrario al que se pretende conseguir a la misma, lo mismo que la no aplicación de una doctrina interpretativa como la llamada "Parot" era un fraude de ley. Con su silencio Rajoy evita reconocer que sí puede hacer más por evitar las consecuencias de la sentencia y que nada quiere hacer ante el escenario de progreso del separatismo.

Y bajo este enfoque, con perfecta cabida entre los mecanismos de acción del Gobierno, Mariano Rajoy podría preparar la no aplicación de la sentencia. ¿Por qué no lo ha hecho y no lo hará? Por la misma razón por la que carece de estrategia jurídica y política para desalojar a Bildu de las instituciones políticas vascas y por la que no recurre la sentencia del "caso Faisán": está a hacerse perdonar por el nacionalismo. No plantea la misma abierta actitud negociadora con él, pero habla de la unidad de los españoles mientras cede a los nacionalistas los instrumentos que los afianzan. Pretende que de esta manera la ruptura no se alcance en esta legislatura y, luego… ya se verá.

No cabe terminar de otra manera que afirmando que quienes se han mostrado tibios o legalistas a la hora de opinar sobre la sentencia del TDH, han dicho sí al proceso secesionista en el que está incardinada. O eso o que propongan cómo frenar ese proceso.

Hacia una dieta de la libertad

"La raza humana se divide políticamente entre aquéllos que quieren que la gente esté controlada y los que no".

Robert Heinlein.

En 2010, el New York Times publicó un reportaje sobre la paleodieta o dieta tipo paleolítica en el que describía a los integrantes de este movimiento nutricional como "jóvenes, individualistas y liberales".

Por qué tantos paleos conectan con el liberalismo y tantos liberales y libertarios se interesan por la paleodieta en el fondo no es nada extraño. Antes al contrario, parece natural. Y lo parece si tenemos por ejemplo en cuenta que las dietas oficiales de donde nacieron las pirámides alimenticias oficiales lo hicieron de un acto de intervención política y gubernamental. Concretamente en 1977, con los Objetivos Dietéticos del Gobierno de EEUU. Tanto demócratas como republicanos hicieron su parte y los políticos de aquel país sellaron a fuego una alianza con unas industrias poco o nada "paleolíticas": las del trigo, soja y maíz, entre otras.

Todo esto tuvo como antecedentes una pugna en el campo científico. En concreto, la del estadounidense Ancel Keys -enemigo de las grasas y apasionado de los carbohidratos- contra el mundo entero. Fue el anglosajón Keys –también anglosajón fue el antiliberal Keynes- quien acalló como pudo la teoría de y contra los carbohidratos que provenía de la Escuela Austrogermana de medicina –Keynes hizo lo propio con la liberal Escuela Austriaca de Economía-. Además, ambas pugnas tuvieron lugar en la misma época: en la etapa posterior a la II Guerra Mundial. El socialismo del anglosajón Keynes y el procarbohidratos del anglosajón Keys triunfaron académicamente tras la II Guerra Mundial, a pesar de que los paleos/anticarbohidratos y los liberales sintieron que aquella victoria fue un fraude intelectual.

Los liberales desdeñan al Gobierno, y éste ama los carbohidratos. El 95% de los subsidios alimentarios del Gobierno de EEUU va a la agricultura, no a la ganadería. Una sociedad ganadera es más independiente e individualista que una agrícola: es fácil tener una pequeña granja o unos animales propios, pero no lo es tener un campo de cereales para cada habitante del campo. Por eso, el Gobierno adora la industria agrícola, porque su deseo de controlar a la población a través de los monopolios agrícolas (recordemos la alianza sellada) es más factible.

El vegetarianismo, en las antípodas del movimiento paleo, encumbra la agricultura sobre la ganadería, claro, y se alinea con frecuencia con movimientos que desean un Gobierno Grande: los antiglobalización y anticapitalistas. Los liberales, que deslegitiman al Gobierno, tienen por naturaleza un difícil encaje intelectual con el vegetarianismo oficial.

Los liberales y libertarios desprecian al Gobierno porque creen en el orden espontáneo y los mercados libres. Los paleos reconocen que el ser humano es fruto de la evolución y éste debe ir adaptándose a los distintos ambientes. Libertarios y paleos consideran que alejarse del natural y espontáneo proceso de evolución y adaptación supone una amenaza para nuestra propia civilización: el progreso socioeconómico se frena y el progreso del cuerpo humano se estanca.

Los paleo y los liberales confían en el individuo y asumen su responsabilidad personal. Ambos son curiosos, y generalmente llegan al liberalismo y a la nutrición paleo por una investigación y lecturas personales al margen de los dictados oficiales. Ni en escuelas ni en universidades –sobre todo las públicas comandadas por el Gobierno- apenas se enseña liberal-libertarismo ni nutrición paleo. Más bien, todo lo contrario. Además, los paleos y los liberales tienen su principal foco de difusión en el mismo lugar: internet. Por antonomasia un sitio muy libre y poco regulado, donde el Gobierno está –aún- muy al margen.

Los paleos se beneficiarían de una sanidad libre y desregulada: obtendrían primas mucho más ventajosas de sus seguros por estar sanos. Y los liberal-libertarios se beneficiarían de una nutrición paleo: estarían más sanos y practicarían cierta contraeconomía gubernamental (al decantarse como consumidores por alimentos menos subvencionados). Y ambos grupos ganarían adeptos del otro grupo.

Si eres paleo, te animo a interesarte por las ideas de la libertad. Y si eres liberal, lo congruente es que comas de acuerdo con tus ideas.

Si la libertad es una cosa, es la disolución de los monopolios. Acabemos con el monopolio del Gobierno paternalista y el monopolio de los carbohidratos. Porque no puede haber verdad sin libertad.

@AdolfoDLozano /david_europa@hotmail.com.

Obamacare, o por qué el Gobierno no funciona

El elevado número de demócratas que acudió a las urnas de 2012 sorprendió a muchos que, como un servidor, preveíamos unas elecciones bastante más ajustadas. Una de las principales causas fue la extraordinaria infraestructura informática con la que contó la campaña de Obama, capaz de localizar votantes e individualizar los mensajes que les llegan, además de ayudar a los voluntarios en sus esfuerzos por movilizar a los votantes en los días antes de las elecciones, el momento crucial. Después de este extraordinario logro técnico y humano, el Gobierno de Obama está sufriendo posiblemente sus peores días por el pésimo funcionamiento de la web healthcare.gov, central para la reforma sanitaria conocida popularmente como Obamacare.

¿Cómo es posible que los mismos que en 2012 lo hicieron tan bien la hayan cagado tanto en 2013? Pues porque aunque la cabeza sea la misma lo que hay por debajo es muy distinto. La primera es una iniciativa privada y la segunda es pública. La primera se elaboró atendiendo las necesidades del cliente, la campaña electoral de Obama; la segunda, obedeciendo una ley punto por punto y tomando las consideraciones políticas por encima de las necesidades de los usuarios finales. La primera la llevaron a cabo quienes mejor podían hacerlo; la segunda, las empresas que tenían los mejores contactos con el Gobierno federal y los políticos y burócratas elegidos a dedo por su compromiso con la reforma, al margen de su capacidad.

Bien es cierto que, pese a las apariencias, la web de Obamacare es más complicada de elaborar que la aplicación de la campaña de Obama. Al margen de cumplir las especificaciones de una ley de más de 2.000 páginas, debe conectarse a distintas bases de datos del Gobierno para comprobar la identidad del usuario –que en un país sin carnet de identidad es más difícil– o investigar a qué subvenciones tiene derecho; bases de datos en su mayoría antiguas y que no están hechas para ser consultadas en tiempo real por muchos usuarios simultáneos. Como la reforma eleva los precios de los seguros médicos, y políticamente eso es un hecho inconveniente, no hay manera de acceder a dichos precios, como sucedería en cualquier web normal, sin registrarse, porque el Gobierno quiere que esos precios vengan ya con la subvención incluida si es posible. Así, la web te obliga a dar tus datos para conectarse ella a esas bases de datos obsoletas de la agencia tributaria o la Seguridad Social simplemente para acceder a la información, aunque luego no hagas nada con ella, lo que aumenta el volumen de usuarios y hace imposible el proceso. Como además existía una fecha límite que Obama no hubiera retrasado aunque los republicanos quitaran los fondos para mantener el Gobierno si no lo hacía, la web se acabó apurando los plazos y sin hacer pruebas de estrés.

Además de funcionarios de varios departamentos, para levantar healthcare.gov se han requerido los servicios de al menos 55 empresas, sin contar con las que éstas hayan decidido subcontratar, unos trabajos que debían coordinarse. El resultado no puede ser más demoledor: en el país de Google, Amazon y Facebook, el principal proyecto político de ocho años de presidencia se derrumba a las primeras de cambio porque el Gobierno no sabe hacer una web. Aunque en los últimos días las críticas se han desviado a una de las promesas incumplidas de la reforma, que quien estuviera satisfecho con su seguro podría conservarlo, el impacto de este fiasco dejará una impronta duradera. El público norteamericano empieza a preguntarse cómo pretenden hacerle creer que el mismo Gobierno que no puede hacer funcionar una web tres años y medio después de aprobar la ley será capaz de gestionar la sanidad de 300 millones de personas. Algo bueno tenía que salir de todo esto.

Reino Unido: recuperación o burbuja inmobiliaria

La estampida que protagonizaron los diputados el pasado jueves para aprovechar el puente de Todos los Santos ha levantado una nueva oleada de críticas entre la opinión pública, en un momento en el que la clase política sufre, además, un inédito desprestigio. La imagen de sus señorías saliendo a la carrera del Congreso e incluso votando de pie en la última sesión para disfrutar al máximo del largo fin de semana ha generado indignación y airadas burlas en las redes sociales.

Ante tal revuelo, no han faltado diputados que han tratado de justificarse en Twitter. Así, por ejemplo, Joan Coscubiela (IU) se defendía afirmando que "tengo derecho a dormir con mi familia […] Estoy en el Congreso desde las 9 […] no he salido a comer". No fue el único. "¿Qué hay de malo en querer volver a casa después del trabajo? Llevamos días sin ver a nuestros hijos y familia", señalaba Susana Camarero (PP). "Creo que el trabajo se mide no por lo que corres al salir sino por el trabajo que se hace o no se hace", espetaba Patricia Hernández (PSOE). "¿Dónde está la noticia? Sí, cuando acabamos nuestro trabajo tenemos la mala costumbre de querer irnos a casa", añadía Germán Rodríguez (PSOE), para luego insistir: "Desconocía que el trabajo de los diputados/as se medía por la rapidez o lentitud con que abandonamos el hemiciclo".

Así pues, poca o nula autocrítica entre sus señorías. Los que no defendieron su actitud, simplemente, dieron la callada por respuesta. Sin embargo, lo más llamativo de tal suceso radica en el hecho de que los diputados españoles no se caracterizan, precisamente, por sufrir maratonianas jornadas de trabajo ni intensos calendarios laborales en donde los festivos brillan por su ausencia, ni mucho menos. Más bien todo lo contrario. Los políticos nacionales son también unos privilegiados en este ámbito.

Su principal tarea como diputados, al margen de su actividad privada como políticos en sus respectivas formaciones, es acudir a los plenos para ejercer su derecho a voto en representación de los ciudadanos. Según el calendario de sesiones del Congreso correspondiente a 2013 (aquí y aquí), sus señorías tan sólo dedican 78 días al año a acudir al Parlamento. Es decir, su trabajo como diputados -estrictamente hablando- equivale tan sólo a un tercio del calendario laboral del resto de españoles. En el caso de los senadores, su calendario apenas asciende a 49 jornadas al año -casi cinco veces menos que el empleado medio-.

Fuente: Boletines oficiales y blog Un espía en el Congreso

En una semana normal de sesiones, los diputados sólo tienen que acudir al Congreso de martes a jueves, librando, por tanto, lunes y viernes, más el correspondiente fin de semana. Pero es que, además, disfrutan de largos puentes y vacaciones mucho más amplias que el resto de españoles. Así, por ejemplo, el Congreso de los Diputados cerró sus puertas el pasado 24 de abril y no regresó a la actividad hasta el 7 de mayo, otorgando así 12 días de asueto, aprovechando que el 1 de mayo era fiesta (Día del Trabajo). Y algo similar sucedió poco después, ya que tuvieron otros 11 días de vacaciones, desde el 9 al 21 de mayo, con la excusa de la celebración de San Isidro (15 de mayo), pese a que sólo es festivo en Madrid capital.

Y ello sin contar las particulares semanas blancas que suelen disfrutar sus señorías los primeros días de cada mes o las extraordinarias vacaciones parlamentarias de verano y Navidad. Frente al tradicional mes de vacaciones estivales que tienen los españoles, los diputados gozan de dos meses (julio y agosto) y de otro largo mes y medio en invierno (finales de diciembre y todo enero) a cuenta de las Navidades, frente a la corta semana del resto de trabajadores. Y a cambio de estas intensas jornadas parlamentarias, los diputados cobran más de 6.000 euros limpios al mes y tributan como si fueran mileuristas.

Los diputados disfrutan de puentes de 12 días y sólo trabajan 2,5 meses al año

El Banco de España (BdE) reconoce que el drástico ajuste adoptado por los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) para salir de la crisis y reducir el déficit público ha sido todo un "éxito", tal y como en su día avanzó Libre Mercado. La senda escogida por España, consistente en disparar los impuestos y aplicar tímidos recortes de gasto, ha sido desmontada por los expertos de la Comisión Europea, ya que consideran que dicha estrategia ralentiza la recuperación económica. Por el contrario, la receta contra la crisis consiste en apostar firmemente por la austeridad pública y la liberalización económica. Y el mejor ejemplo de tal modelo son, sin duda, los bálticos.

El BdE analiza en detalle la evolución de estos países en su último boletín económico, desde sus graves problemas estructurales hasta sus políticas concretas para tratar de solventar tales desequilibrios. En primer lugar, cabe señalar que Estonia, Letonia y Lituania sufrieron una burbuja crediticia muy similar a la acontecida en los países periféricos de la zona euro, especialmente España, tras disfrutar de unas "condiciones financieras muy laxas" durante un largo período de tiempo. Como resultado, crecieron muy por encima de su potencial, a ritmos anuales superiores incluso al 10%, debido al fuerte empuje de la demanda interna. Durante ese "boom económico", el endeudamiento del sector privado se disparó hasta niveles insostenibles, al igual que el precio de determinados activos, sobre todo inmobiliarios.

El problema es que ese período de éxtasis, caracterizado por la pérdida de competitividad (elevados déficits exteriores), tipos de interés negativos y abundancia de crédito, "ocultaba serios desequilibrios" que, posteriormente, salieron a la luz tras el estallido de la crisis financiera internacional, en 2008, cuando el grifo del crédito externo dejó de fluir hacia estas economías sobreendeudadas. La abrupta fuga de capitales y el brusco incremento de los costes de financiación hundieron a los bálticos en una gravísima crisis económica que llegó incluso a poner en duda la propia solvencia de estos países. De hecho, Letonia tuvo que ser rescatada por Bruselas y el FMI para evitar su bancarrota a finales de 2008.

Los efectos del derrumbe no tardaron en llegar. Entre 2008 y 2009, el PIB se contrajo un 20% en Letonia, un 17% en Estonia y un 14% en Lituania. El ajuste fue generalizado, aunque afectó especialmente al sector de la construcción (caída del 50% anual en Letonia y Lituania, y de un 40% en Estonia), que también había experimentado un incremento excesivo en la etapa previa a la crisis.

La recomendación de los organismos internacionales fue clara: devaluar sus monedas para ganar competitividad y salir de la crisis por la vía del aumento de las exportaciones. Pero, lejos de seguir tales dictados, las autoridades nacionales de estos tres países optaron por la devaluación interna (ajuste relativo de precios y salarios), mediante la aprobación de profundas reformas estructurales tendentes a liberalizar sus respectivas economías y un drástico plan de austeridad pública, centrado en reducir de forma muy sustancial el gasto.

Cabe recordar que los países bálticos tenían entonces sus monedas ancladas a un tipo de cambio fijo al euro. Es decir, tenían monedas distintas, pero, en la práctica, es como si estuvieran dentro del euro, y lo llamativo es que decidieron mantenerse en él pese a que pudieron optar, libremente, por la devaluación.

Flexibilidad y austeridad

Su estrategia, por el contrario, consistió en aumentar la competitividad, apostar por reducir el déficit público de forma intensa y rápida, garantizar la solidez del sistema financiero y mejorar la flexibilidad estructural de sus economías. Eligieron, por tanto, la senda de los sacrificios: recortes de salarios, depreciación de activos, fuerte reducción del gasto público e intenso desapalancamiento del sector privado. En resumen, las medidas que, hoy por hoy, critican la inmensa mayoría de políticos y economistas de los denominados países periféricos (Grecia, Portugal, España e Italia), además de grandes potencias como Francia o EEUU.

Así, durante 2009 y 2010 los costes laborales unitarios revirtieron el fuerte crecimiento de años anteriores, con caídas muy intensas en los tres países (especialmente Letonia). Dicha corrección descansó tanto en el recorte de salarios como en la mejora de la productividad vía despidos. Como es lógico, este proceso disparó la tasa de paro, pasando del 5 % en 2007 hasta el 18% en Estonia y Lituania y el 21 % en Letonia en 2010.

La flexibilidad laboral de estos países facilitó mucho este particular ajuste relativo, ya que las empresas contaron con un amplio margen para reequilibrar sus costes laborales, adaptándose así de forma ágil y rápida al nuevo contexto económico, caracterizado por el desplome de la demanda interna y el encarecimiento de la financiación.

Pero no sólo sufrió el sector privado. La crisis también se tradujo en un histórico aumento del déficit público como consecuencia del hundimiento de la recaudación fiscal y el incremento del gasto público asociado a prestaciones sociales y pago de intereses por la deuda. Sus agujeros fiscales llegaron a rondar el 10% del PIB.

Nada nuevo bajo el sol si se compara con lo acontecido en España. Sin embargo, en lugar de elevar los impuestos, los gobiernos bálticos optaron por una vía muy distinta: recortes intensos del gasto público. Entre 2008 y 2009, justo después de estallar la crisis, aprobaron de inmediato "medidas muy duras, que suponían una consolidación por valor del 6% del PIB en Estonia, del 8% en Lituania y del 11% en Letonia", tal y como destaca el BdE. Dicho ajuste incluyó algunas subidas de impuestos indirectos, pero, "fundamentalmente", se centró en recortar gastos.

"Todos los programas incluyeron una fuerte reducción de la remuneración de asalariados públicos". En Letonia, por ejemplo, "los presupuestos de 2009 incluyeron una reducción de los salarios públicos del 25% y un elevado número de despidos". También redujeron gastos corrientes y de capital.

Asimismo, lejos de frenar la austeridad, prosiguieron el ajuste fiscal entre 2010 y 2012, logrando el pasado año, "con el respaldo de una recuperación vigorosa, reducir los déficits por debajo del 3% establecido por la Comisión, en los casos de Estonia y Letonia (-1,1% y -1,7% del PIB, respectivamente), y situarlo en Lituania ligeramente por encima de ese valor de referencia (-3,1%)", añade el informe. Nada que ver, por tanto, con el lento y tímido ajuste fiscal de España.

Además, gracias a esta fuerte disminución del déficit, "tanto Letonia como Lituania, que vieron incrementar su deuda de forma rápida en el momento más álgido de la crisis, han logrado estabilizar la ratio de deuda pública sobre el PIB en niveles en torno al 40%. En Estonia se ha mantenido por debajo del 10% del PIB durante todo el período".

Un modelo de "éxito"

¿Y qué resultado ha tenido esta receta que tanto rechazan los países periféricos del euro?

  • Estonia, Letonia y Lituania crecieron en 2011 y 2012 a un ritmo anual del 5% y 6%, "las tasas más altas de la UE", enfatiza el BdE.
  • "Apoyados en el repunte de la actividad, los mercados laborales han mostrado un comportamiento favorable en los últimos años, con mejoras en el empleo y reducciones en la tasa de paro, después del importante deterioro de los años de la crisis, cuando la tasa de paro ascendió a niveles cercanos al 20%".

  • "Los elevados déficits por cuenta corriente que acumularon los tres países bálticos han experimentado un ajuste rápido y pronunciado".

  • "Los déficits se situaron por debajo del 3% del PIB en 2012, salvo en Lituania, donde se mantiene ligeramente por encima de ese valor de referencia".

Según el BdE, el "éxito de esta estrategia se ha basado en varios aspectos": la "prontitud" y "determinación" de las autoridades en la adopción de las "medidas de ajuste necesarias"; la "flexibilidad de sus mercados de factores y productos"; la "flexibilidad de los precios y salarios”; la “apertura comercial” (las exportaciones son un 50% del PIB), su “especialización productiva”; una “orientación del comercio exterior hacia mercados dinámicos”; el “mantenimiento de la exposición de la banca extranjera” a estos países; los “reducidos niveles iniciales de deuda pública”; el “reducido porcentaje de endeudamiento de los hogares”, etc.

Los ‘peros’ del Banco de España

Por último, no todo son halagos por parte del BdE. "A pesar del aparente éxito de la estrategia adoptada por los países bálticos, ésta no ha estado exenta de costes", indica. Por un lado, según dicha entidad, "estas economías no han solventado sus problemas estructurales y aún tienen desafíos pendientes en su aspiración de incorporarse al área del euro, o de seguir viviendo con un tipo de cambio fijo". Además, presentan "importantes cuellos de botella que hacen difícil reducir más el aún elevado desempleo".

Por todo ello, advierte el estudio, es "esencial que avancen en el proceso de reformas estructurales que les permita continuar su convergencia real con la UE -su renta per cápita es aún del 50%-60 % de la media de la UE-15-, para poder afrontar la adopción del euro desde una posición sólida".

Los países bálticos demuestran al mundo que la austeridad funciona

Relying on ever-rising house prices pushing home values up via artificially cheap lending creates only the illusion of growth – Ros Altmann

Como saben ustedes, resido en Londres desde hace diez años. Reino Unido es el experimento keynesiano que los defensores de los estímulos, inflación y devaluación siempre ‘olvidan’, mirando a otro lado, por el fracaso que supuso. Mucho Abenomics y mucho Obama pero nos olvidamos del destrozo inflacionista de Gordon Brown, y el agujero de las cuentas públicas que causó… y del que aún no se ha salido, llevando a cabo una política de estímulos monetarios brutal con un Banco de Inglaterra que compra casi el 70% de la deuda pública.

Sin embargo, y para sorpresa de muchos expertos dentro de la isla, el Reino Unido parece que empieza a despegar con fuerza. Se estima que la economía ha crecido un 1,5% en los primeros nueve meses, con una marcada aceleración trimestre a trimestre, hasta un 3,2% anualizado, y que seguirá avanzando un 3% en 2014.

Teniendo en cuenta que en 2012 la economía solo creció un 0,2%, los resultados son, cuando menos, espectaculares. Al fin y al cabo, los socios del Reino Unido en ‘el club de la impresora’ –Japón Estados Unidos– siguen decepcionando con resultados macroeconómicos muy cuestionables, desde un déficit comercial y endeudamiento brutal y creciente, en Japón, a un crecimiento y mercado laboral ‘tímido’, según la propia Reserva Federal, en EEUU.

¿Cuál es el milagro de la economía británica? Probablemente una burbuja inmobiliaria de proporciones peligrosas, de la cual ya alertan periódicos tan ideológicamente dispares como el Daily TelegraphThe Guardian o City Am (Subprime Britain, titulaba un artículo).

Existen elementos positivos:

– Ya en 2012 Reino Unido pasó a exportar más fuera de la Unión Europea (52%) que dentro de la misma, quedando menos expuesto a la crisis de la Eurozona. Pero las exportaciones no explican el crecimiento. A pesar de haber alcanzado un record histórico en junio de 2013, y crecer a un ritmo 3% anual, las exportaciones son alrededor del 32% del PIB.

– Las ventas de coches se han disparado y casi han vuelto a niveles pre-crisis, mientras que en la Unión Europea siguen a niveles deprimidos. El tipo de cambio libra-euro favorece las ventas de coches europeos, sobre todo alemanes, en Reino Unido.

– Tras las bajadas de impuestos y facilidades para la creación de empresas, el nivel de desempleo alcanza las cotas más bajas desde 2009, 7,7%, a pesar de la inmigración creciente. Además, el consumo empieza a crecer, con datos de Coffer Peach mostrando subidas de ventas en restaurantes (+1,9% en agosto) y hoteles (+4% en la primera mitad del año).

– El déficit del Estado empieza a reducirse de manera importante. Bajan los impuestos, se atrae capital, se pone alfombra roja a los emprendedores, se recauda más. Sencillo. 25.000 millones de libras más, de hecho según HMRC (por favor, que se lo envíen a alguien en la UE o en España). Vean el grafico de déficit (de -10% a -5.8%). Las olimpiadas, sin embargo, crearon muy poco recorrido de ingresos fiscales y menor de estímulo.

– Pero ninguno de esos datos es comparable con el impacto que ha tenido en la economía la política de apoyo a la compra (Help to Buy), también conocido en Reino Unido como el ‘Viagra de la burbuja inmobiliaria’. Los efectos han sido muy rápidos. Los precios de las casas han superado los máximos de 2008, y eso que ya habían subido de manera importante con la entrada de dinero extranjero que salía de la UE ante el riesgo de ruptura del euro –y que llevó a que en zonas como Richmond Wimbledon hasta el 80% de las casas se vendieran a griegos, españoles, portugueses o italianos en 2011-2012, según Foxton’s-. Compañías como Grafton, suministradores de construcción, han visto crecer sus ventas en Reino Unido un 5,5%. Cemex comentaba que sus ventas en el país crecían un 9% en el segundo trimestre. La demanda de viviendas, según Crest Nicholson, subía un 46% desde la implementación del Help To Buy…. Y el sueldo medio de los obreros de la construcción subía un 20% en la primera mitad de 2013. 

Vean el índice Nationwide de precios de vivienda:

¿Todo es bueno? Sube la demanda, crece la economía, se recuperan los precios de las casas, la gente ‘percibe riqueza’, se venden más mesas y cortinas…

Pero hay varias señales de alarma:

– La garantía de dinero barato del Gobierno aumenta el riesgo de impago. Se han dado 210.000 millones de ayudas disponibles en el Funding for Lending y Help To Buy, mientras el ratio de deuda sobre ingresos de los primeros compradores se disparaba de 3 a 1 a 4,4 a 1. Es decir, por cada libra de ingresos, se endeudan en 4,4 para comprar la primera casa. Un amigo malagueño, que es CEO en una empresa británica, siempre me dice que “los ingleses van pegados a las curvas”.

– La mayoría de las ventas de casas –más del 50%- se hacen sin hipoteca y las llevan a cabo inversores extranjeros buscando alquilar. Pero el precio de los alquileres ha aumentado mucho más que los salarios durante cinco años consecutivos, llevando a un riesgo de impago o exclusión que haga que, aunque haya disponibilidad, no se den condiciones para alquilar.

– En Londres la burbuja está bien alimentada por dos factores: la City, que aguanta subidas de precios y lo que haga falta, y la llegada de millonarios extranjeros de cualquier país. Como dice un amigo de una agencia inmobiliaria, “siempre hay un país al que le va bien, y esa gente cuando decide comprar, se va a Londres como primera opción”. Por eso Londres se ha convertido en la ciudad más cara del mundo, sobrepasando a Tokio. Pero esa ‘burbuja retroalimentada’ se disipa al salir de la M-25 (la autopista de circunvalación que rodea Londres), lo cual genera el riesgo de ‘implosión de burbuja’ como vimos en 2008. Los precios se disparan empezando en Londres y en ondas expansivas alcanzando hasta Accrington, que está donde el viento da la vuelta, y luego van explotando de la periferia hacia el centro.

En el año 2004, cuando llegué a la City, me ofrecieron una hipoteca millonaria en la que solo pagaba intereses, repagando el capital con el bonus –prima de resultados- de cada año. Ese tipo de hipotecas desaparecieron prácticamente en 2009. Hoy han vuelto.

Por supuesto, el Banco de Inglaterra “monitoriza con cuidado la creación de una posible burbuja”. No ve peligro hoy porque las transacciones y las hipotecas firmadas son muy inferiores a los máximos de 2008, y porque una gran parte se venden sin ningún tipo de préstamo. Pero en ese elemento es donde está el riesgo… Cuando esos fondos que compran riesgo inmobiliario pensando generar rentabilidades altas por alquiler se encuentran con que existe un exceso de viviendas sin vender –que nunca se reconoce- y, a la vez, la posibilidad de vender esas casas se dificulta porque la capacidad de la población mayoritaria para adquirirlas simplemente empeora… entonces salta el stock escondido.

He vivido en Reino Unido en tres etapas, finales de los 70, mediados de los 90 y desde 2004. He visto en al menos diez ocasiones el drama de personas con negative equity (personas que tienen hipotecas muy superiores al precio real de la casa, y cuyo riesgo afecta a todo el resto de su capacidad crediticia). Tal vez este crecimiento sea más sostenible, como argumentan algunos, por ser menos agresivo en deuda. No lo tengo claro.

Pero el crecimiento de la economía liderado por un aumento desproporcionado del precio de los casas pensando que solo va a aumentar porque (ejem) “se necesitan construir mucho más para atender la demanda futura”, lleva en casi todas las ocasiones a que explote de manera agresiva. Esta vez, además, el riesgo es en el balance del Estado –que garantiza- y por tanto, si sale mal, se paga en impuestazos… y coincide con una represión financiera que hace que la renta disponible de las familias no mejore. Hay que vigilarlo, y mucho. Pero sobre todo, a los países que no atraen gestores de fondos, millonarios rusos o árabes ni cantantes de rock, por favor, no copien la formula.

Vade retro, Nicolás Maduro!

El presidente Nicolás Maduro lo contó estremecido por la emoción. Hugo Chávez se apareció a los obreros que excavaban el metro de Caracas. Hay muchas incógnitas. Se discute si fue un fenómeno paranormal o para anormales. Su rostro se dibujó misteriosa e inesperadamente en una pared. Luego se esfumó. Fue sólo una visita fugaz, pero hubo tiempo de retratar al aparecido. Le enviaron la foto a Maduro. No está claro si la mandó el mismo Chávez o si fue un detalle del proletariado. Ahí estaban los ojos vigilantes del bolivariano, acaso asombrados de que haya venezolanos que todavía trabajen en el país.

Chávez, como Dios, está en todas partes. Maduro lo dijo. Chávez somos todos. Como se sabe, Chávez habla con Maduro a través de los pájaros. Tal vez se consiga que a partir de ahora las paredes participen del diálogo. ¿Por qué no? ¿Qué le cuesta a Chávez, si va a salir en una pared, decir unas cuantas palabras? Las paredes oyen, aseguraba Ruiz de Alarcón. Maduro espera que, además, hablen. Y que lo hagan claro.

En todo caso, es muy probable que, en el futuro, Maduro incorpore a los gatos entre sus interlocutores con el más allá. Los gatos se adaptan muy bien al mundo esotérico. Los egipcios los consideraban animales sagrados y decapitaban a quienes los maltrataban. Cuando las comunicaciones extrasensoriales lleguen a ese punto, sin embargo, será conveniente separar a los gatos parlanchines de los pájaros conversadores para que los felinos no se los coman. Los instintos son los instintos.

No es factible, en cambio, que Chávez hable a Maduro por medio de los perros. Chávez y Maduro se llevan muy bien con los islamistas y los perros no son muy queridos por la tribu de Mahoma. Los perros no son interlocutores fiables. Mienten mucho. Salvo los san bernardo, tal vez por respeto al santo que le da nombre a la raza, el resto dice cualquier cosa. ¿Quién puede confiar en un mensaje transmitido por un cocker spaniel? Se les ve la doblez, la banal intención de conquistar a quienes les transmiten el mensaje mientras mueven la cola aviesamente.

Es posible, sin embargo, que todo se trate de una broma. La aparición de Chávez en la pared milagrosa ocurrió la víspera de la fiesta de Halloween. Chávez, en vida, fue un bromista infatigableTrick or treat. Dulce o truco. Chávez nombró sucesor a Maduro y canciller a Jaua, más o menos como Calígula, que también disfrutaba del humor negro, hizo cónsul a su caballo Incitato. Ni a Groucho Marx, el nieto de Karl, se le hubiera ocurrido algo así.

Tampoco puede descartarse que todo esto sea una maniobra del Demonio encaminada a confundir a Maduro y a sus huestes. Belcebú es capaz de todo. Belcebú, también, somos todos. Tiene una mala leche legendaria, como atestiguan Adán y Eva. (Adán Chávez no, sino el legítimo, el de la manzana, la serpiente y la pudorosa hojita de parra). Este año se cumplen cuatro décadas del estreno de El exorcista y tal vez el Diablo quiere vengarse del jesuita que extrajo al demonio Pazuzu de las entrañas de la malhablada niña Regan McNeal, la criatura con el pescuezo más flexible de la historia de las vías repiratorias.

En ese caso habrá que exorcizar a Maduro. Uno de los conjuros más eficaces es colocarse a la altura de su boca (es conveniente, antes, darle una pastilla de menta) y gritarle la oración de San Miguel Arcángel, invocando los nombres de los cinco demonios más dañinos: Satán, Lucifer, Belcebú, Belial y Meridiano (no consta que Diosdado Cabello forme parte del grupo): "Oh príncipe de la multitud celestial, arrojad al infierno a todos los malos espíritus que rondan por el mundo buscando la ruina de las almas". Amén.

elblogdemontaner.com