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Cuba y las dos monedas

El Gobierno de Raúl Castro ha declarado su intención de terminar gradualmente con la dualidad monetaria. Estupendo. Cuanto más rápido desaparezca esa cruel anomalía, tanto mejor. La estafa, comenzada en 1994, ha durado demasiado.

En la Isla hay dos monedas. Una es el peso o CUT, carente de valor adquisitivo, con el que pagan a los trabajadores. La otra es el CUC, o peso convertible, equivalente (más o menos) al dólar, en el que les venden a precios internacionales todo lo que es deseable comprar. Pese a que, oficialmente, el peso regular y el convertible tienen el mismo valor, en realidad los CUC se cambian por 24 CUT. Razón por la que el salario promedio de los cubanos es uno de los más bajos del planeta. Oscila entre los 10 y los 20 dólares al mes.

Sin embargo, el fin de la dualidad monetaria no acabará con los quebrantos económicos de la Isla. Todo lo que conseguirá es hacer más transparente el desastre. Cuanto más se sincere la economía, más obvias serán sus falencias. Entendámoslo: esa detestable trampa no es el problema. Es sólo el reflejo de un gravísimo mar de fondo: la improductividad tremenda del sistema.

La moneda cubana es la expresión fiel de su economía. Es una birria, porque el colectivismo planificado por los comisarios, basado en las supersticiones del marxismo-leninismo, provoca que la producción y la productividad de los cubanos sean bajísimas. ("Es el sistema, estúpido", diría James Carville).

Mientras existió el patrón oro, cualquier moneda que tuviera el respaldo de ese metal y admitiera la libre convertibilidad, como sucedía con el peso cubano hasta el triunfo de la revolución, era respetable. Cuando se abandonó el patrón oro, las monedas sólo quedaron amparadas por la solvencia, la estabilidad y el carácter predecible de la sociedad que las imprimía.

De ahí la despreciable insignificancia del peso cubano. De ahí, también, por la otra punta, la supremacía del dólar americano, pero también, en menor medida, del euro, el yen o la libra esterlina. Incluso del franco suizo, pese a los escasos ocho millones de habitantes radicados en el diminuto país. La imponente productividad de la nación alpina y la fortaleza de sus instituciones convierten al franco suizo en una moneda-refugio ante cualquier turbulencia económica internacional. Cada vez que tiemblan las rodillas, los expertos compran francos suizos.

¿Qué puede hacer Raúl Castro para, realmente, enderezar la economía cubana? Sin duda, enterrar ese disparatado modo de producir y organizar la sociedad. El sistema no es enmendable. Gorbachov, que también trató de salvar el comunismo, acabó por admitir que no era posible, como sucedió en prácticamente toda Europa Oriental.

¿Por qué Raúl Castro no lo hace? Supongo que, al menos, por tres razones: por confusas convicciones ideológicas que no ha conseguido sacudirse, por aferrarse al poder y (la de más entidad) por ser emocionalmente incapaz de aceptar que se ha pasado ochenta años defendiendo ideas equivocadas. Debe de ser muy duro admitir que la obra de toda la vida es un perfecto disparate que ha generado un daño inmenso.

Por supuesto, el fin del comunismo entrañaría la liquidación política de la casta dominante en Cuba, pero si Raúl Castro quisiera, realmente, que ese pobre país comenzara a producir como Dios manda, y los cubanos pudieran vivir decentemente, como asegura que son sus intenciones, no le quedaría más remedio que renunciar totalmente al error colectivista, admitir las libertades democráticas y regresar a la existencia de la propiedad privada como principal agente económico y al mercado como forma de asignar recursos, aunque tenga que liquidar el frondoso berenjenal en el que su hermano Fidel, irresponsablemente, internó a los cubanos.

Mientras los fundamentos del comunismo persistan, aunque hoy estén mitigados por algunas reformas laterales, da más o menos igual que haya una moneda o cuatro. El país seguirá patas arriba y los cubanos continuarán desesperados tratando de huir. El mal está en otra parte. A ver si se entera.

elblogdemontaner.com

Ojo con China: el Plan E con esteroides

The most scary thing is that even the central government doesn’t really know how large the size of the local government debt is. – Hu Yifan

Comentábamos la semana pasada en mi entrada Llueve dinero en España ¿o no? que la acumulación de deuda genera mayor fragilidad en el sistema económico. Los índices globales mantienen su fase expansiva, pero se empieza a percibir un cierto nivel de desaceleración. Fitch reducía sus estimaciones de crecimiento global tanto para 2013 –a 2,3%- como para 2014 –de 3,1% a 2,9%-, y las empresas más cíclicas que han publicado resultados siguen cautelosas con sus previsiones para 2014. Debemos tener en cuenta que algunas economías se mueven peligrosamente hacia el estancamiento. Brasil, presa de la política populista de Rousseff, con una inflación disparada, va camino de no crecer en 2015 y los problemas de India, con un creciente déficit por cuenta corriente y altísima inflación en el precio de los alimentos, ya los hemos mencionado en esta columna.

Pues bien, entre la euforia inversora, la trampa de liquidez creada por los estímulos monetarios eternos y los desajustes en países emergentes, nos habíamos olvidado de China. Merece la pena analizar algunos datos.

China sigue creciendo de manera planificada y ópticamente espectacular (9,1% anualizado en el tercer trimestre comparado con el mismo periodo de 2012). La máquina de la que depende el crecimiento global va ‘bien’ siempre que el Gobierno la mantenga bien engrasada. Es el triunfo de la economía masivamente endeudada y planificada. ¿Triunfo? Ahora veremos que no. El propio primer ministro, Li Keqiang, según Reuters, se refería al PIB chino como "artificial y solo relevante como referencia" (“man-made and for reference only”).

Un modelo a copiar… que ya copiamos en España, con resultados desastrosos, en la década de "la deuda no importa". No solo lo copiamos, sino que lo sobrepasamos… En deuda, en infraestructuras inútiles, en ciudades fantasma y en sobrecapacidad… que hoy pagamos. 

El Shibor (el índice interbancario chino) se disparaba de nuevo esta semana, igual que lo hizo en junio. Los tipos de interés de una economía excesivamente apalancada volvían a subir, a pesar de las intervenciones pasadas del Banco Popular de China, poniendo en riesgo a un sistema económico donde no se conoce adecuadamente el riesgo de préstamos de difícil cobro ni la deuda real de las provincias.

– Efectivamente, la deuda de las provincias chinas, obligadas a acatar las órdenes de crecimiento impuestas por el gobierno central, no se conoce realmente. ¿Les suena a nuestro pasado reciente? Los análisis varían entre 2,5 billones de dólares y 5 billones, entre un 30% y un 60% del PIB –en Estados Unidos, por ejemplo, no llega al 18%-. Esta falta de transparencia e información también pone de manifiesto el poco control que tiene el Gobierno central sobre la deuda de las regiones. Tal vez por eso se ha aprobado la creación de bancos malos regionales, para intentar reducir el riesgo sistémico.

– La burbuja de crédito privado ya supera, según Credit Suisse, el 178% del PIB, un 26% por encima del máximo aceptable. La deuda total alcanza el 200% del PIB. ¿Se acuerdan de España en 2007? Teníamos cifras muy superiores. Y el nivel de gasto –inversión- es un 12% superior al de Japón en el cénit de su locura de estímulos. Las inversiones sobre PIB superan el 48%, casi un 10% superior a los países que se industrializaron más rápidamente en el siglo XX. Por supuesto, mucha gente justifica este nivel de inversión por la necesidad de modernizar el país. Sin embargo, en infraestructuras, China está tan sobrecapacitada como España, y con la misma densidad en autopistas, por ejemplo, que Reino Unido o EEUU.

– Todo este crédito no sería un problema si las empresas chinas se estuvieran “forrando” y los márgenes empresariales fueran espectaculares. Sin embargo, el 48% del Hang Seng (índice de las mayores empresas chinas) genera rentabilidades por debajo de su coste de capital y casi el 30% no cubre sus costes financieros con caja libre –es decir, se endeuda para pagar intereses-. ¿Les suena a nuestras "no importa porque la deuda es sin recurso" de 2007?. Los márgenes netos de las empresas chinas son los más bajos (2,5%) de todos los países emergentes (media 6%).

– Burbuja inmobiliaria muy similar a la española. La inversión inmobiliaria supone un 18,7% del PIB comparado con España en el cénit de nuestra burbuja (22%). Las ciudades fantasma que pueblan la geografía china también son conocidas, tanto como las nuestras. Y cuando el crecimiento ha empezado a ralentizarse, la construcción de vivienda nueva se ha disparado por arte de "ordeno y mando", superando en un 20% a las ventas.

– La agresividad en el proceso de endeudamiento. Hoy se necesita hasta cuatro veces más deuda que en 2010 en China para generar una unidad de PIB.

¿Y cuál es el problema? Los argumentos que sostienen los defensores –o justificadores- del modelo chino son: “Es usted un agorero, lleva siendo igual desde el año 2000”. “Mientras haya crédito y el Gobierno lo decida, China crecerá lo que tenga que crecer, y no hay problema”. “Mientras el riesgo se concentre en sus bancos, no hay contagio al resto del mundo”. “No hay burbuja, solo moderación del crecimiento”. “Mientras crezca por encima del 5%, el resto del mundo va bien”.

Sorpresa, es lo mismo que se oía en 2008 en España. Sólo que China tiene enormes ramificaciones al mercado de crédito global –el segundo mayor comprador de bonos norteamericanos- y al anémico proceso de recuperación industrial –Japón depende en gran parte de China para mejorar sus exportaciones-.

Pero, además, es que no es cierto que sea irrelevante. Estos datos, según Goldman SachsUBS o Credit Suisse en su magnífico informe China: Curb Your Enthusiasm, apuntan a una realidad incomoda. El Gobierno chino tiene ante sí dos alternativas: crecer por crecer y entrar en una crisis financiera de efectos impredecibles al subir los tipos de interés y empeorar la situación de sus bancos, o limpiar el riesgo sistémico de su banca, que, incuestionablemente, lleva a limitar la expansión de crédito, y con ello, parar su modelo de crecimiento endeudado.

A las afueras de nuestra oficina en Pekín se puede leer un cartel que dice Nosotros siempre decimos sí de una de las entidades financieras ‘no convencionales’.  La cifra de préstamos de difícil cobro en China ya supera los 88.000 millones de dólares. Una cifra que parece ‘contenida’ –ya que es “oficialmente” solo un 1% de los préstamos totales, comparado con un 12% en España- por la enorme cantidad de nuevos préstamos concedidos, y por la metodología, más que debatible, a la hora de considerar un préstamo de difícil cobro, y la enorme cantidad de préstamos ‘escondidos’. Pero todo el mundo, incluso el Gobierno central, reconoce que la magnitud del problema es preocupante.

Un empresario amigo mío, cuando le pregunté si se estaba planteando expandirse a China me dijo: “China es como la lotería, puede salir bien, pero la mayoría paga más de lo que recibe”. ¿Cuánto puede durar la burbuja china? Algunos años, o unos meses. Pero ya no es una cuestión de ‘alarmismo’ o de preocupaciones injustificadas. Bajos márgenes, mucha deuda y multiplicadores económicos que se desploman de manera alarmante siempre terminan en un susto. La magnitud del mismo depende de la decisión del Gobierno chino. Moderar la locura o una crisis financiera. Préstenle atención.

Wert, la educación y la pregunta que (casi) nadie se hace

Desde hace un año, la conocida marea verde llena las calles con asiduidad con el reclamo de la paralización de los recortes en la partida presupuestaria de educación y la mejora, o al menos mantenimiento, de las condiciones laborales del profesorado. Tras la reciente aprobación en el Congreso de la reforma educativa presentada por el ministro de Educación, Cultura y Deporte José Antonio Wert, muchos han sido los que han criticado con dureza la reforma por muy distintos motivos. Hacía mucho tiempo que no estaba una parte significativa de la población con la misma preocupación en mente: la educación. Y, sin embargo, el debate no podría ser más pobre, insustancial e irrelevante ya que las medidas para mejorar el sistema educativo aún no se han abordado en profundidad. Pero ¿por qué sucede esto?

Las principales críticas de la marea verde y así como de una parte de los ciudadanos son varias, pero difieren según el grupo que las exponga. Los profesores están en contra del despido de funcionarios interinos y de cualquier otro tipo de medida que busque la reducción de personal. Además, se oponen a rebajas salariales y a un aumento de sus horas lectivas obligatorias. También critican que tengan que dar clase sobre materias que no conocen por imposición. Los alumnos (y sus padres), se quejan de tener que elegir a una edad muy temprana una rama académica, lo que condiciona las posibilidades formativas que el alumno tendrá en un futuro próximo. También critican que las tasas hayan subido de forma sustancial, ya que esto supone una gran traba para el acceso a la formación universitaria independiente del nivel económico de sus familias. Una de las mayores polémicas de la llamada "Ley Wert" de educación ha sido precisamente la propuesta de exigir una nota mínima de 6,5 para poder solicitar una beca escolar. Hasta la fecha, la nota exigida era de un 5. Junto con el endurecimiento para poder tener acceso a una beca, se une la eliminación de multitud de ayudas sobre transporte, comida y libros. Estos recortes presupuestarios han enfurecido a muchos padres, que han visto cómo sus posibilidades económicas limitan los servicios que sus hijos reciben. Tras la eliminación de la polémica asignatura Educación para la Ciudadanía impulsada por el PSOE, ahora toca adoctrinar según los cánones ideológicos del PP y la asignatura de Religión vuelve a ser obligatoria y a tener un peso muy importante a nivel curricular. Para rematar los principales puntos que critica la población sobre la polémica Ley, faltaría mencionar el tema lingüístico. Todos los partidos políticos utilizan su influencia política para favorecer o perjudicar el idioma que les interese por motivos de lo más diversos, ninguno de ellos siendo la mejor formación del alumno. Pues bien, éstos son los aspectos en los que se centra el debate que hay en este país sobre educación y su mejora, como rezan las absurdas siglas de la LOMCE (Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza).

Hagamos por un instante un ejercicio mental. Imaginemos por un momento que absolutamente todas las exigencias del colectivo de la marea verde se cumplen por arte de magia. Imaginemos que no se recorta un solo euro y que se gasta por alumno lo mismo que antes de la crisis. Imaginemos que ni un solo profesor es despedido. Imaginemos que no ven aumentadas sus horas lectivas, que tan sólo dan clases sobre las materias que son de su competencia. Imaginemos también que los niños no ven recortadas las ayudas que reciben. Comedor, libros y transporte, según el caso, igual que antes de la crisis. Las clases de religión eliminadas del curriculum. Y los padres eligen los idiomas en los que sus hijos son educados. Y ahora, hagámonos esta pregunta, ¿dejaría de haber un serio problema con el sistema educativo en este hipotético escenario? En mi humilde opinión, no. El problema de fondo seguiría estando sin resolver.

Entonces, ¿cuál es el verdadero problema, qué es lo que falla en el sistema educativo español? Lo que falla puede que moleste a los amigos de lo público y defensores a ultranza del mal llamado sistema de bienestar: el sector público controla de forma salvaje la educación. Sin entrar en consideraciones históricas de cómo hemos llegado al sistema actual y cuál fue su origen, conviene simplemente recordar que nace como un poderoso instrumento adoctrinador y homogeneizante, en donde la diversidad no tiene cabida y la uniformidad es un objetivo. El problema fundamental del control de la educación por parte del Estado es doble. Por un lado, la legislación educativa persigue satisfacer los particulares intereses del Estado y no las necesidades concretas de los alumnos. En segundo lugar, el férreo control estatal y la maraña legislativa en esta materia impide todo atisbo de innovación educativa de cualquier índole. Ya sea un rejuvenecimiento de las materias, incluyendo temas tan interesantes como emprendimiento, desarrollo personal, educación emocional, educación financiera, habilidades sociales y profesionales como la oratoria, la comunicación, la persuasión o la mejora de la productividad en el trabajo; ya sea introducir igualmente cambios sustanciales a nivel metodológico, explicando las materias de forma transversal, fomentando la colaboración y el trabajo en grupo de los alumnos, intentando hacer las materias atractivas para despertar la curiosidad intelectual de los alumnos, poniendo un mayor énfasis en lo práctico sobre lo teórico, reduciendo la importancia de la memorización en el proceso de aprendizaje y dando un mayor peso a la comprensión y combinación que posibilite la integración de los nuevos conocimientos con los ya existentes.

El alumno debe ser el centro de todo este debate y queda siempre relegado a un tercer plano. Al igual que en la prestación de cualquier servicio en cualquier ámbito de la economía, el cliente es el que manda, el mercado debe esmerarse por darle al cliente lo que desea al mejor precio posible. Todos estos deseables cambios son una utopía si el Estado no se aparta por completo y permite que padres, alumnos y pedagogos sean total y absolutamente libres de decidir cómo, cuándo y a qué precio desean educar y ser educados. Toda la innovación necesaria necesita ser legal, como es lógico, pero también precisa algo tan importante como es el ánimo de lucro. Mientras el Estado subvencione la educación a toda la población tiene la sartén por el mango. Su poder es total, ya que los ciudadanos no tienen, salvo que paguen dos veces, otra alternativa. Y uno se pregunta ante esta situación, ¿quién es Wert -o el ministro de turno- y el Estado en general para decirle a los padres de un niño cómo debe de ser educado su hijo?, ¿por qué no son totalmente libres de educar a sus hijos de la forma que ellos deseen sin que tenga que cumplir con una extensa, torpe y limitante regulación impuesta por el Estado?

Decía Nelson Mandela que la mejor forma para cambiar el mundo es a través de la educación. No podría estar más de acuerdo. En lo que queda de siglo vamos a ver grandes avances en cuanto a aprendizaje y conocimiento se refiere. Pero la educación estatal será un mero obstáculo de este progreso y no lo habrá facilitado de ninguna manera. Internet está suponiendo una auténtica revolución en temas educativos. Iniciativas como Khan Academy, iTunes University, coursera, edX y multitud de MOOC (clases online abiertas masivas) son sólo el principio. Los costes de la educación van a caer de forma dramática para aquellos que decidan educarse lejos del control del Estado. Pero en España nos cuesta mucho ver esto. Aquí seguimos hablando de las notas de corte para recibir una beca o de si los docentes deben tener 18 horas lectivas y no 20. Si nada cambia en el debate sobre educación en España, si no se empiezan a tratar las cuestiones importantes y dejamos de lado lo superfluo del debate, si los ciudadanos no logramos tener el control de la educación en detrimento del Estado, nos espera un futuro ciertamente incierto con un sistema educativo de tercera división y del siglo pasado para el competitivo mercado global en el que las nuevas generaciones tendrán que competir. ¿A qué esperamos entonces para exigir al Estado que no se entrometa en la educación de nuestros hijos?

Cuando la “paz” insulta a la libertad

Se veía venir. Ciertamente, no ha sido una novedad. La etarra Inés Del Río tenía el petate preparado para salir de la cárcel de manera automática y, como suele ser habitual en estos casos, entre vítores y alabanzas de los suyos. Igualmente, su puesta en libertad tan rápida contradecía al tópico de la lentitud de la justicia en España. 24 asesinatos y está en la calle. La palabra vergüenza para definir el escenario (presente y futuro) se queda corta.

Para ETA, la aludida terrorista era, nada más y nada menos, que una víctima del Estado de Derecho, apelativo que con menos virulencia argumental, viene compartiendo desde años atrás el buenismo progre, que aprovecha estas ocasiones para reclamar su espacio mediático, desde el que sienta cátedra y reparte carnets de buenos y malos demócratas e incluso de buenas y malas personas. Dentro de esta última tipología, integra a quienes osaron cuestionar la enfermedad terminal del etarra Bolinaga.

Los que apostamos por la libertad estamos infinitamente peor que antes del 21 de octubre. No por repetir una mentira mil veces (que ETA ha sido derrotada) ésta se convierte en verdad. Al contrario, cada vez parece más claro que es el subterfugio en el se cobijan quienes son incapaces de plantar cara al terrorismo, buscando ocultar su cobardía patológica.

Asimismo, Estrasburgo ha humillado a las víctimas de ETA pero ¿cabía esperar otra cosa si frecuentemente se las menosprecia y ningunea en España? Por tanto, llueve sobre mojado. Bajo el reiterado empleo de mantras y sofismas, como su supuesta instrumentalización por parte de los partidos políticos, las víctimas se han convertido en verdugos. Paralelamente, en el País Vasco las diferentes marcas políticas de ETA, gobiernan, con lo cual, hablar de libertad allí es una broma de mal gusto.

¿Hay razones para el optimismo? Mirando al lejano 2001 sí que las hubo. Entonces, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros desafiaron al nacionalismo obligatorio, al tiempo que apostaron por el Pacto por las Libertades y Contra el terrorismo, es decir, por una confianza a ultranza en la ley y en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Junto a ello, se arremetió contra el entramado económico y el aparato mediático etarra. El resultado de esta estrategia no pudo ser más positivo. Sin embargo, la victoria del nacionalismo vasco en las autonómicas de 2001, marcó el inicio del fin de la colaboración entre los dos grandes partidos nacionales, entre otras razones por el complejo de inferioridad que históricamente ha mostrado el socialismo español frente al PNV y también por los réditos electorales que podría obtener caracterizando al PP como una fuerza intransigente ("derecha extrema" fue el vocablo utilizado).

El siguiente paso todos los conocemos: el "proceso de paz" iniciado por Rodríguez Zapatero, del que tan orgulloso se sintió el ex presidente y que su entorno (político y mediático) jaleó hasta la extenuación. Quienes rechazaron ese modus operandi, aunque fueron estigmatizados, diseñaron un movimiento transversal que sirvió para quitar la careta a muchos.

Todo aquello pasó y actualmente se ha impuesto la comodidad de decir que "ETA ha sido derrotada" (¿?). Un tranquilidad irreal, una libertad ficticia es lo que conlleva tal premisa. Sin lugar a dudas, España está viviendo uno de sus peores momentos como nación, no tanto por el panorama económico, sino por la decrepitud ética y moral que se aprecia.

En definitiva, la excarcelación de Del Río es sólo un ejemplo. Probablemente, en los próximos días asesinos etarras abandonen las cárceles, sin que de entregar las armas o pedir perdón a las víctimas haya rastro alguno. Hablar hoy en día de victoria sobre ETA no sólo es falso, es cínico.

Rebote engañoso

Tras cinco años de crisis, la esperanza y el optimismo se cotizan muy baratos. La mayoría de españoles están deseosos de encontrar un halo de luz al final del túnel que les permita seguir adelante y el Gobierno necesita ofrecérselo con tal de levantar electoralmente cabeza. Mala combinación, ésa donde se junta el hambre con las ganas de dar de comer y el alimento ofrecido no está en sus mejores condiciones. Pero, ciertamente, en apenas dos días se han amontonado dos datos indudablemente positivos: uno, que España ha dejado atrás la recesión, creciendo un 0,1% en el tercer trimestre del año; dos, que seguimos creando empleo según la EPA, y lo hacemos al mayor ritmo desde 2005. Notable, ¿no?

Un exiguo crecimiento

De entrada, conviene colocar el dato de crecimiento en su adecuado contexto. Entre el segundo trimestre de 2011 y el segundo trimestre de 2013, el PIB español, según las estadísticas oficiales, se contrajo un 3,2%. En este contexto, rebotar una décima no debería ser algo tan extraordinario, máxime si de momento Mario Draghi nos ha despejado el riesgo de suspensión de pagos y salida del euro. Sin ir más lejos, recordemos que Irlanda creció un 0,4% en el segundo trimestre de este año y Portugal lo hizo un 1,1%. Nosotros nos vanagloriamos ahora por haberlo hecho un 0,1%.

El propio Gobierno, de hecho, estima una senda de crecimiento realmente deprimente para España: un 0,7% en 2014, un 1,2% en 2015 y un 1,7% en 2016. Dicho de otro modo: a este ritmo, recuperaríamos el PIB de 2011 a finales de 2016. Sucede, claro, que con el PIB de 2011 España estuvo a punto de suspender pagos por un volumen de deuda pública cercano a la mitad del que terminaremos teniendo en 2016. ¿Realmente nos hemos salvado? Como ya escribimos en su momento, la recesión ha terminado, la crisis no.

El empleo, ¿al rescate?

Los datos de la EPA parecen confirmar la narrativa de la recuperación: en seis meses, el número de parados se ha reducido en más de 300.000, de los cuales unos 73.000 se adscriben a este tercer trimestre. Cifras aparentemente espectaculares, sí, pero con bastantes matices por detrás. Repitamos, pues, la autopsia que ya le realizamos a la EPA del trimestre anterior:

1) Casi la mitad del descenso del paro durante este trimestre se debió a que la gente está desistiendo de buscar empleo. La población activa se redujo en 33.000 personas, de modo que el aumento de la ocupación fue simplemente de 40.000. Si extendemos el cálculo a los seis meses que han transcurrido desde marzo a septiembre, las cifras son similares, aunque algo menos malas: 109.000 de los 300.000 parados que han desaparecido de la EPA son personas que han dejado de estar en activo, es decir, la ocupación creció en unas 191.000 personas.

2) En realidad, el empleo en el sector privado (el que realmente cuenta para sostener una economía) se ha comportado algo mejor: subió en 52.000 personas en los últimos tres meses y en 203.000 en el último semestre. Se trata del mayor aumento tanto en términos absolutos como sobre todo relativos desde el inicio de la crisis. Para que nos hagamos una idea: el sector privado todavía no había creado empleo neto entre julio y septiembre a lo largo del último lustro. En términos semestrales, la tasa de variación del empleo también es la más potente en cualquier semestre de los últimos años: el empleo aumenta un 1,4% frente a la mejoría del 0,42% que se dio intersemestralmente en el tercer trimestre de 2010. Ahora bien, y aquí llega el gran perosi eliminamos los componentes estacionales, la economía española sigue destruyendo empleo: la ocupación desestacionaizada cayó un 0,42% en este tercer trimestre, más del doble que en el tercer trimestre de 2010 (caída del 0,19%). No en vano, en los últimos seis meses, más de la mitad de todo el empleo generado se ha concentrado en la hostelería; por el contrario, el empleo se reduce en 18.000 personas en la agricultura, en 36.000 en la industria y en otros 36.000 en la construcción.

3) Las cifras anteriores están en consonancia con el tipo de empleo creado en este trimestre: los puestos de trabajos indefinidos cayeron en 146.000, mientras que los temporales crecieron en 169.000 y los autónomos, en 26.000. Tomando todo el semestre, los indefinidos se redujeron en unos 196.000, mientras que los temporales y autónomos se incrementaron en 385.000. Nótese que la reducción de empleos fijos no es algo necesariamente malo: en muchos casos se trata de puestos de trabajo con unas condiciones laborales simplemente inasumibles en la nueva coyuntura de la economía española; se sustituyen empleos con salarios demasiado altos en relación con su productividad por otros empleos con menor remuneración. El perfil de creación de empleo parece confirmar esta tendencia: el número de ocupados entre 25 y 54 años sólo ha aumentado un 0,37% en el último semestre (la ocupación en esta franja incluso ha caído entre julio y septiembre), mientras que el empleo entre los menores de 25 años lo ha hecho en más de un 10%. La preocupante, por tanto, no es que se siga despidiendo a algunos trabajadores con empleo fijo que lastran la productividad de nuestras empresas, sino que sólo se esté contratando en régimen de empleo temporal. Este sesgo ilustra dos problemas: primero, las empresas siguen viendo la “recuperación” actual como extremadamente frágil; segundo, la reforma laboral ha fracasado estrepitosamente a la hora de erradicar la dualidad del mercado laboral (el coste del despido de los temporales sigue siendo muy inferior al de los fijos, de ahí que continúe habiendo una preferencia por contratar temporales con tal de minimizar pérdidas en caso de que vengan mal dadas).

4) Y, por último, como ya constatamos durante el trimestre anterior, la reducción del empleo público ha tocado fondo de facto. En este tercer trimestre, el empleo público se ha reducido en 13.000 personas, y en el anterior apenas lo hizo en 2.000. El ritmo de ajuste de las plantillas estatales durante 2013 ha estado muy alejado de lo que había sucedido en 2012 (cuando la minoración fue de entre 50.000 y 70.000 empleados públicos por trimestre). Todavía peor: durante estos tres meses, siete autonomías (Andalucía, Baleares, Cantabria, Castilla y León, Galicia, Murcia y Navarra) han incrementado sus plantillas. Es más, desde marzo, estas autonomías más Castilla-La Mancha ya han contratado a más de 40.000 personas. Si la plantilla global del Estado sigue cayendo aunque sea pálidamente es, en esencia, porque la Comunidad de Madrid continúa comportándose de manera bastante responsable y ha prescindido de 35.000 personas durante ese mismo período. Parece claro que la mayoría de gobiernos regionales han caído bien rápido en la autocomplacencia: dado que nos estamos recuperando, no hay necesidad alguna de seguir apretándose el cinturón.

Optimismo desequilibrado

Los datos que estamos conociendo indican una mejoría del sector privado español. No hay ninguna duda al respecto. Pero en gran medida se trata de un simple rebote frente a la situación de cuasi colapso absoluto (quiebra y salida del euro) que vivimos el año pasado. En términos de PIB, hemos rascado una décima de las 32 que habíamos perdido desde mediados de 2011, y en términos de ocupación hemos recuperado en un semestre 190.000 puestos del millón y medio que se destruyeron entre el tercer trimestre de 2011 y el primero de 2013.

Evidentemente, todas las recuperaciones comienzan con un rebote y en el caso de España habría verdaderos motivos para esperanzarse si no fuera porque la bomba de relojería del sector público sigue ahí: un déficit público estancado en el 7% del PIB y una deuda pública que rebasará el 100% en apenas unos meses. En otras palabras, si España estuviese rebotando habiendo solventado todos sus desequilibrios, habría fundados motivos para la esperanza. Dado que uno de nuestros grandes desequilibrios (la burbuja estatal) sigue completamente enquistado, si hay motivos para algo es para la cautela. Por desgracia, parece que políticos, medios de comunicación y ciudadanos se han convencido de que en estos momentos necesitamos una borrachera de optimismo, es decir, un castillo en el aire de expectativas infundadas: una nueva burbuja que nos permita patear la pelota unos años hacia delante.

Poverty cure

El pasado 3 de octubre se presentó en Madrid el programa Poverty Cure, una colección de vídeos sobre las mejores experiencias para combatir la pobreza y crear riqueza, donde se exponen también algunos efectos negativos generados por medidas y subsidios de ayuda al desarrollo que, aun bien intencionados, acaban perpetuando la dependencia y la pobreza de los receptores de dichas ayudas.

El acto estaba patrocinado por el Centro Diego de Covarrubias, y tuvo lugar en la Fundación Rafael del Pino, que prestó generosamente su Sede. Fue presidido por Vicente Boceta Álvarez (Director del Centro Diego de Covarrubias), acompañado por Vicente Enciso de Yzaguirre (Gerente de la Universidad Católica de Ávila). Dirigió la exposición Mario Šilar (General Manager de EBEN –European Business Ethics Network–, profesor de Filosofía y RSE), introduciendo uno de los seis reportajes: "La vocación emprendedora", que se proyectó a continuación.

Voy a resumirles las palabras del profesor Šilar, quien explicaba los ejes principales sobre los que se apoya la misión y la visión de Poverty Cure:

  • Conectar buenas intenciones con un análisis racional y riguroso del problema.
  • Respeto y fomento de las iniciativas personales y comunitarias: procurando un conocimiento local y cercano de los problemas, detectando sistemas informales de cooperación y coordinación, o procurando el descubrimiento de oportunidades.
  • Emprendimiento vs. asistencialismo dependiente.
  • Cooperación vs. paternalismo.
  • Integración en redes sociales de intercambio vs. visión pasiva de los agentes menos favorecidos.
  • Instituciones de libre mercado y sana competencia vs. cultura del subsidio y la ayuda paralizante. 

Comenzó señalando una reciente y mediática adhesión: el cantante Bono, quien declaraba este mismo año que "commerce is real. That’s what you’re about here. It’s real. Aid is just a stopgap. Commerce, entrepreneur capitalism takes more people out of poverty than aid". Y siguiendo con las citas, recojo otra de Doug Bandow que Šilar recordaría al final de su charla: "La ayuda internacional supone tomar dinero de los pobres de los países ricos para dárselo a los ricos de los países pobres."

Es un discurso que conocemos bien en esta web: hay que dejarse de preguntar cuáles son las causas de la pobreza y animarnos a descubrir cuáles son las condiciones de la riqueza y prosperidad. Que pasan por la consolidación de mercados libres, instituciones sólidas, apoyo a la iniciativa privada, respeto a los fundamentos morales, etc. Por el contrario, sabemos las consecuencias no deseadas de la caridad convertida en simple ayuda: desaliento del espíritu emprendedor, corrupción, incentivos perversos o perpetuación de los sistemas injustos. 

Conviene también señalar que Poverty Cure emerge de una antropología cristiana (en perspectiva anglosajona, podrán ver que los protagonistas pertenecen a distintas confesiones dentro del cristianismo católico y reformado: llama la atención, por ejemplo, un pastor ucraniano explicando que "tu ayuda nos perjudica"; o un evangelista africano con el lema "business as a mission"). Pero les une un acercamiento común a la persona humana, desde esta perspectiva: "… creemos que el pobre es una persona igual que nosotros solo que sin dinero, pero no es así. El pobre es pobre en amigos, en afecto, en alimentos, en historia, en educación, en introspección, en retrospección, en experiencia adquirida, en fuerza, en ilusiones, en entusiasmo… y encima no tiene dinero, ¡es distinto!" (Abel Albino). Por ello, el programa se focaliza en el ser humano: personas que crean riqueza ("no soy el problema, soy la solución" expresa el cartel junto a la cara de una niña que nos mira fijamente); y con la siguiente pregunta: ¿son más bocas que alimentar o más inteligencia creativa?

Samuel Gregg escribió a este respecto la falacia del "juego de suma cero", que representa políticas económicas destructivas. No piensan en las personas como productores en potencia, sino consumidores. Y si no tienen recursos para consumir, entonces sobran; son las políticas de control de población (que, además, afecta principalmente a las niñas por nacer).

Yendo a las iniciativas concretas (son más de 200 en 143 países), en el vídeo se nos presenta por ejemplo Partners Worldwide, un proyecto de buscar socios emprendedores entre países ricos y pobres: se trata de alentar el espíritu empresarial y fortalecer los mecanismos de transformación de abajo hacia arriba (bottom-up). O el impactante comienzo, con una orquesta de instrumentos hechos a base de materiales reciclados de los vertederos de un suburbio en el Paraguay, que se va presentando con la Suite para cello de Bach: con este fondo musical nos explican que no hay que desechar cosas ni por supuesto desechar a las personas.

Pueden encontrar más información en www.povertycure.org, así como en la web del Instituto Acton Argentina, que comercializa los vídeos en versión original con subtítulos.

La gran trampa de los políticos al emprendedor

Pese a toda la alharaca y propaganda del gobierno y medios afines, la crisis económica sigue aquí, con nosotros y con los millones de parados que siguen sin trabajo, y los cientos de empresas que cierran. Algunos políticos son conscientes de ello y de que, pese al mensaje oficial, hay que seguir pagando pensiones, nóminas de funcionarios, intereses de la deuda y, bueno, algún que otro caprichito para los compadres.

Todo el dinero necesario, o al menos una parte importante, tiene que seguir saliendo de los impuestos y similares. Esto es, de quedarse con una parte de los resultados de la actividad productiva y creadora de valor. Es más, si consideramos que la deuda pública puede que haya que devolverla en algún momento, es obvio que, de hecho, todos esos gastos que haga el gobierno van a tener que pagarse, tarde o temprano, de dicha actividad productiva. Como, por otro lado, es lógico: de donde no hay, no se puede sacar, y en la sociedad solo genera riqueza e ingresos la actividad privada, generada por los empresarios, y no la pública.

Así las cosas, algunos políticos avispados ya se han dado cuenta de que, con cada empresa que cierra (gracias a los impuestos que nos ponen) y con cada trabajador en la calle (gracias a la regulación laboral que establecen), el tesoro se está agotando. Por tanto, llega el momento de abducir a algunos individuos para que emprendan y traten de culminar sus proyectos, sus sueños, y creen de nuevo unos cuantos cofres del tesoro que vaciar.

Quizá sea la ley del emprendedor el buque insignia de esta oleada, pero no es la única manifestación. Las distintas "ayudas" que dan algunas administraciones territoriales también se pueden enmarcar aquí. Incluso los anuncios de supuesta "desregulación" de sectores que llegan desde la Comisión Europea, como la iniciativa del mercado único de telecomunicaciones.

Sí, todo ello puede facilitar la entrada y la vida al emprendedor, hacer que invierta, que cree riqueza y, por qué no, que incluso se salga de la crisis Y, siendo así, ¿cuál es la trampa?, se preguntará el lector.

La trampa está en los llamados costes hundidos, esa inversión en recursos que ha de realizar el emprendedor para iniciar su actividad, y que normalmente se queda enterrada allí donde se hace, por lo que resulta muy difícil su movilización.

Una vez el emprendedor ha realizado esta inversión, el coste hundido ya no tiene influencia directa en sus decisiones. Como dijo un conocido economista, bygones are bygones, y ya no se puede hacer nada. El empresario tratará de vender el producto al precio que le suponga mayores ingresos, y esa es toda la historia.

Y sería toda la historia si no fuera por el Estado. El emprendedor que ha realizado su inversión está en cierta forma encadenado a ella. Veamos un ejemplo sencillo: me compro una panadería por 10.000 euros con vida útil de 10 meses. Creo que voy a obtener de 1.500 euros al mes por la venta de mercancías, 1.000 para recuperar la inversión, los otros 500 para mi supervivencia. Imaginemos que no obtengo 1.500, si no tan solo 1.200. ¿Dejaré de trabajar?

Es obvio que no: sigo pudiéndome mantener, aunque solo saco 800 para recuperar la inversión. Seguramente no reinvertiré al cabo de los 10 meses, pero por el momento sigo trabajando. Es más, seguiré haciéndolo mientras la panadería me permita obtener el mínimo de subsistencia de 500 euros[1], y ello porque los 10.000 de la inversión inicial ya están perdidos, lo único que cuenta es el futuro.

Pues bien, aquí se ve con claridad el "margen" que puede obtener el gobierno de mi panadería. Una vez realizada la inversión inducida por las promesas de los políticos, esos 10.000 euros quedan atrapados en el dominio fiscal o impositivo, y ya no se pueden escapar de la voracidad recaudatoria. Porque yo seguiré trabajando mientras la panadería funcione y obtenga 500 euros, aunque ello sea el resultado de pagar 1.000 euros vía impuestos al Estado, tras la prevista venta de 1.500.

¿Qué pasará con la panadería a los 10 meses cuando se estropee y yo no tenga dinero para reinvertir? Eso ya no es problema del político, sobre todo si éste prevé que ocurra después de su mandato.

Por si alguien no lo tiene suficientemente claro, que recuerde que según el artículo 128.1 de nuestra Constitución: "Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general". Así que, emprendedor que inviertes en España, advertido quedas.



[1] En rigor, aquí habría que hablar de costes de oportunidad, pero es mejor no complicar el ejemplo.

Wałęsa: el hombre hecho de esperanza

Hace pocas semanas se ha estrenado en las pantallas polacas el homenaje matizado de Andrzej Wajda a un héroe de nuestro tiempo: Lech Wałęsa. La película (Wałęsa. Człowiek z nadziei) adopta un estilo narrativo en flash-back aprovechando el relato de su protagonista a la periodista y escritora italiana Oriana Fallaci en una entrevista imaginaria. Cubre exclusivamente los años que transcurren desde las protestas obreras en Gdynia y otras ciudades del Báltico en diciembre de 1970 -aplastadas por los disparos de las fuerzas especiales del régimen comunista que dejaron un saldo de más de 39 muertos y 1.000 heridos (dependiendo de las fuentes)- hasta su célebre discurso ante el Congreso norteamericano en noviembre de 1989, poco después del derribo del muro de Berlín y antes de convertirse en presidente democrático de Polonia.

De esta manera, contemplamos las peripecias de un electricista de los astilleros de Gdańsk que es detenido por la temida policía secreta [Służba Bezpieczeństwa (SB)] durante las olas de represión que siguieron a esos disturbios. Casado y padre de varios hijos, acaba por firmar bajo coacción un acuerdo de colaboración con sus captores para que le dejen en paz. No obstante, veremos que no se sentirá vinculado por el trato (Wajda defiende al personaje frente a las acusaciones de colaboración inicial con el SB de sus detractores). Rápidamente se verá envuelto en las luchas dentro del sindicato oficial, al que todos los trabajadores pertenecían obligatoriamente, así como en operaciones clandestinas de movimientos opositores que, asimismo, querían ganarse el apoyo de los trabajadores. Se pueden observar las primeras discrepancias tácticas de un hombre práctico con los "intelectuales" e "ideólogos" de esos movimientos de oposición. En un momento dado, con una confianza en si mismo notable, se dirige al local donde departen esos idealistas y librescos conspiradores, tumbados entre cojines y literalmente sumergidos en humo de tabaco, para decirles abruptamente que tienen toda la razón del mundo, pero hacen todo mal y que, si continuan así, es mejor que no cuenten con él.

Aun con todo, él mismo sucumbirá a la tentación de las interminables reuniones en su modesto piso con periodistas y activistas, donde, pitillo en mano, pontificará y aleccionará a sus contertulios con la afectación –miméticamente aprendida por el actor Robert Więkiewicz- de quién, henchido de vanidad, comienza a gustarse a sí mismo. De ahí surgen algunas discusiones con su mujer, Danuta, quién, encargada de preparar y servir las viandas de los encuentros para tantos comensales, estalla ante un desaire de su marido y expulsa a los congregados, él mismo incluido. Aunque se halla sometido al constante acoso de la policia secreta, que le vigila, escucha sus conversaciones con todo tipo de dispositivos (incluyendo la entrevista que mantiene con la periodista italiana) y le detiene discrecionalmente cuando quiere aumentar su presión, el astuto electricista utiliza toda su locuacidad para no decirles nada sustancial.

En octubre de 1978, llega la elección del cardenal Karol Wojtyla como Papa de la Iglesia Católica, un acontecimiento que impulsará a los movimientos de la oposición polaca por encima de los demás países satélites de la Unión Soviética. Sus fotografías y sus enseñanzas inspirarán a esos disidentes para escándalo de tantos reporteros occidentales. Su participación en comités de huelga, jornadas de recuerdo de los asesinados en 1970 y otras actividades ilegales para el régimen le habían costado el despido de los astilleros Lenin de Gdańsk en junio de 1976, por lo que tuvo que buscar trabajo en otras empresas donde, asimismo, sufrió represalias por su activismo. Como refleja la película, no siempre ese proselitismo concitaba un apoyo entusiasta de los trabajadores, más preocupados por su bienestar inmediato. Durante ese año colaboró con el Comité de Autodefensa Social (KOR) una organización creada con el propósito de ayudar a los represaliados por su participación en las huelgas.

Sin embargo, el momento estelar que le daría renombre mundial ocurrió en agosto de 1980, cuando se sumó a la huelga planeada por Bogdan Borusewicz para protestar contra un decreto del gobierno de subida de precios. El día 14 de ese mes trepó la valla de los astilleros de Gdańsk para irrumpir en su recinto, jaleado por sus compañeros. El éxito rotundo de los convocantes, logrando la extensión del movimiento a otros centros industriales del país, llevó al gobierno comunista a negociar con sus representantes encabezados por Wałęsa. Las imágenes reales de aquellos encuentros se mezclan con las ficticias ante nuestra vista en un ocurrente montaje. Finalmente, el gobierno comunista, representado por el vicepresidente Mieczysław Jagielski, y los miembros del Comité de huelga llegaron a un acuerdo, firmando los Pactos de Gdańsk el 31 de agosto que garantizaban a los trabajadores sus derechos de huelga y de constitución de un sindicato independiente del oficial.

Esa legalización de Solidaridad creaba obviamente una peligrosa vía de agua en el monolitismo de los regímenes comunistas de partido y sindicato únicos. No esperen una mirada omnisciente a las reacciones en las estancias del Kremlin o las sedes de los demás gobiernos del Pacto de Varsovia. La película se centra en los recuerdos del protagonista. Así, tras la declaración del estado de guerra, el 13 de diciembre de1981, por el general Wojciech Jaruzelski, Wałęsa, como otros líderes de Solidaridad, sufre su enésima detención. Esta vez la reclusion se prolonga 11 meses durante los cuales le trasladan a distintos puntos del país. Como sucede en otros pasajes de la película, un sentido del humor amargo fluye en las imágenes. Cuando pide ayuda a unos campesinos por la ventana del coche policial que le traslada por carretera recibe toda clase de improperios.

Vuelto a casa, recibe la llamada de la embajada noruega comunicándole que se le ha concedido el premio Nobel de la Paz de 1983. El galardón lo recogería su esposa, acompañada del hijo mayor, pues Wałęsa pensó que si le dejaban salir del país no volvería a entrar. Las autoridades comunistas reservaban a Danuta una sorpresa desagradable a su llegada al aeropuerto.

Transcurren los años ochenta con las actividades clandestinas. Los espectadores españoles se sorprenderán al escuchar a grupos de rock que recuerdan el estilo de Siniestro Total, aunque en este caso canten en polaco para pedir libertad (Wolność). A finales de la década la organización de Solidaridad alcanzó un estatuto de semiclandestinidad. Nuevas huelgas, esta vez en una situación diferente por los cambios impulsados por Gorbachov en el bloque soviético, conducen a nuevas rondas de negociaciones entre el gobierno comunista y la oposición, convertida ya en un movimiento más político que sindical y dirigida por Lech Wałęsa. De febrero a abril de 1989 se celebran reuniones (presentadas otra vez entre la realidad y la ficción) que culminan con el acuerdo de convocatoria de unas elecciones semilibres en las que los comunistas se reservaban un porcentaje de puestos en la futura Asamblea (Sejm). En junio de ese año se produce el triunfo clamoroso de las candidaturas apoyadas por el Comité ciudadano de apoyo a Solidaridad, que llevarían a la elección de Tadeusz Mazowiecki como primer ministro.

Con independencia del mérito artístico de la película y la consustancial simplificación de procesos complejos que conlleva el lenguaje cinematográfico, su argumento nos presenta la apasionante vida de un individuo sumido en sus dudas y miedos que, a pesar de ellas y sus muchas limitaciones, consiguió convertirse en el líder indiscutido de la oposición contra el gobierno comunista polaco. El comunismo habría caido en cualquier caso en Polonia, como en los otros países de Europa Central y del Este, pero la determinación de este hombre catalizó una transición pacífica y pionera hacia una situación nueva que todavía no ha terminado.