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La caridad como abuso moral: la zancadilla solidaria

Hablar de pobreza es tocar un tema que pellizca los corazones de la mayoría de las personas. La empatía de la que hablaba Adam Smith nos lleva a alinear nuestros sentimientos con los necesitados, los débiles y los afectados por la injusticia. El sentimiento de ayuda al necesitado es el resultado no esperado de la evolución de las relaciones humanas. Nuestra naturaleza, para los psicólogos evolucionistas, está preparada para el intercambio recíproco de manera que te doy sabiendo que antes o después me devuelves, y ese "o después" ha marcado la evolución de nuestra sociedad, ha permitido la aparición del dinero, del sistema financiero y nos ha enseñado a vivir con la mente puesta en el largo plazo. Un enorme avance que explica que yo no necesite conocer a las personas concretas que han fabricado mi café para comprarlo y beberlo sin desconfiar. La capacidad de dar incondicionalmente es un maravilloso subproducto de este entramado de intercambios, alianzas, aprendizaje que ha llevado al ser humano hasta donde estamos. Dar sin esperar nada a cambio muestra, en mi opinión, la medida del corazón de una persona.

Pero nuestra sociedad ha teñido de confusión los valores que todo el mundo entiende, convirtiendo cada acto humano en la consecuencia de una orden ministerial o un decreto ley. De esta forma tan enrevesada, la caridad, palabra que se ha convertido en anatema porque muchos la consideran peyorativa por razones que se me escapan, es patrimonio del Estado, no de los individuos. La solidaridad, antaño una virtud, no existiría si no se viera reforzada por la actuación coactiva del estado, dicen. Incluso si eso implica que desde el momento en que es forzada, la virtud deja de serlo para convertirse en obediencia.

Estamos en una mala época. Es ahora cuando más ayuda se necesita. Pero también es cuando hace falta formularse las preguntas más incómodas porque tenemos menos para todos. Por ejemplo: ¿hay que ayudar siempre a todos incondicionalmente? Mi impulso es responder que sí. Hasta que lees que hay gente sin recursos que estafa a gente sin recursos. Hasta que te das cuenta de que algunos encargados de repartir entre los menos favorecidos están trincando de mala manera. Entonces te planteas si a lo mejor dar todo a todos no es sino un unicornio más: ese animal mitológico, puro, inalcanzable que, simplemente, no existe.

Antes de que apareciera el Estado había ayuda: desde que existe el hombre. El ser humano es previo al Estado. También había Sol y Luna antes del Estado. ¿Es esta institución el mejor redistribuidor de los frutos de la virtud individual de la solidaridad? Pues no. El Estado, históricamente es una máquina expendedora de privilegios. Los Estados más comunistas y pretendidamente igualitarios han resultado ser, precisamente, los que han asegurado la pobreza de la mayoría y los atropellos más descarados. El que tenga algo que decir que hable un rato con Kim Jong Un y después me cuente.

Pero hay otra pregunta más incómoda aún. ¿Es un deber moral la caridad? Para Ayn Rand no lo era. Su explicación era clara: No hay nada malo en ayudar a otros, siempre que merezcan esa ayuda y te lo puedas permitir. Por más que su tajante afirmación suene tan cruel (es el momento de recordar que ella pasó hambre gracias al régimen soviético), bien vale una reflexión desnuda de prejuicios.

El primer escollo es el de considerar que hay personas que no merecen ser ayudadas. Un joven padre de familia pide ayuda para alimentar a sus hijos y se lo gasta en el bingo. Una señora anciana pide ayuda para curarse un mal y se lo gasta en vino. ¿Hay que ayudar a esas personas? Y añadamos un factor importante: no hay para todos. ¿A quién ayudamos? ¿A quien emplea la ayuda adecuada y responsablemente o a todos?

¿Por qué no es un deber moral para Ayn Rand? Porque es una actitud que uno puede tener o no, pero cuya práctica no te hace mejor persona. Lo que para Rand te hace peor persona, lo que sí es inmoral es vivir a costa de los demás y permitir que esa sea la norma en la sociedad. Por eso, para ella, incentivar que las personas se acostumbren a que otros trabajen para que tú salgas adelante es perverso, mina la moral del individuo (de todos, del rico y del pobre) y da lugar a sociedades guiadas por la molicie moral y la desidia. La virtud, lo moral, para Ayn Rand es vivir con tus propios medios, asegurar que no eres una carga para los demás, y enseñar a tus hijos a hacer lo propio, a no ser parásitos de la sociedad. Personalmente, yo sí creo que la generosidad y la caridad (bien entendida) son valores a transmitir, pero siempre unidos a la virtud randiana.

Y llegamos al meollo del asunto. ¿Son los impuestos la mejor forma de canalizar la solidaridad? No lo sabemos, no existe la posibilidad de elegir entre diversas instituciones. Estamos obligados a entregar nuestro dinero. Por eso nuestra sociedad no es generosa y solidaria, es aborregada y obediente. La crisis ha hecho bajar la marea y ha mostrado la desnudez del crowding out de la pobreza: gente necesitada que estafa a gente necesitada, redistribuidores que retienen la ayuda haciéndose pasar por samaritanos. ¿Hay algún sistema que históricamente haya demostrado que elimina los privilegios? Sí. El mercado libre. Pues eso.

Atracón fiscal, contrabando a la vista

No hay dos sin uno como no hay treinta y dos sin treinta y uno. El Gobierno Rajoy lleva ya treinta y dos subidas de impuestos consecutivas. Hágase cargo, treinta y dos, lo pongo en letras y no en números para que se recree leyendo la cifra y, ya de paso, para que al triste de Julio Sánchez, plumilla de cámara de Montoro, le dé un ataque de vergüenza ajena. Digo treinta y dos cuando bien podría decir treinta y tres porque al nuevo arreón fiscal en el tabaco, el alcohol y en las tasas medioambientales hay que sumarle la eliminación de deducciones para las empresas, lo que constituye de hecho una subida de impuestos, la trigésimo tercera de la era pluritributaria que Rajoy inauguró a mayor gloria de “lo estatal” hace ahora año y medio.

Este nuevo zapatillazo propinado con placer absoluto por parte del titular de Hacienda va a proporcionar al Estado unos 4.700 millones de euros de recaudación. Eso, claro está, según los recaudadores. Luego habrá que ver en cuánto se queda. Hay un principio en fiscalidad que, curiosamente, el ministro del fisco desconoce. Este principio dice que tipos impositivos, recaudación e ingresos fiscales van de la mano hasta cierto umbral. Este umbral es difícil de delimitar y, una vez se sobrepasa, aunque los tipos sigan subiendo la recaudación va inexorablemente a menos.

Esto ha pasado con varios de los nuevos impuestos inventados por ese artista de la ruina ajena conocido en la Corte como Cristóbal y en la Villa como Montoro y asociados. El caso del tabaco es de manual. Hace diez años, cuando en Alemania gobernaba Gerhard Schröder, les dio por pegar un subidón de infarto al tabaco. De la noche a la mañana fumar en Alemania se puso imposible. El canciller necesitaba fondos urgentemente y pensó que el mejor modo de allegárselos al Finanzministerium era subir las labores del tabaco, un impuesto que, además de muy jugoso, es relativamente popular porque penaliza el vicio.

El hecho es que, hasta aquel momento, había funcionado. Era subir los impuestos al tabaco y automáticamente empezaban a entrar marcos a raudales en la caja registradora. Pues bien, en aquella ocasión sucedió exactamente lo contrario. Las ventas de tabaco bajaron drásticamente y, con ellas, la recaudación fiscal. Una mala noticia para el ministerio de Hacienda que, sin embargo, era un titular excepcional para el de Sanidad. El impuesto era, en definitiva, bueno para todos. Pero no, el gozo de Schröder en un pozo. Los alemanes seguían fumando alegremente aunque, esta vez y debido a los impuestos, se habían pasado al tabaco de contrabando.

Por primera vez desde la posguerra se veían estraperlistas por las calles de las ciudades alemanas. En un país donde comprar un DVD pirata es algo simplemente impensable, los dealers de tabaco se apoderaron de la calle. Y no sólo Berlín y Hamburgo –capital y primer puerto del país respectivamente–, sino ciudades de provincias como Núremberg, Maguncia o Duisburgo se llenaron de mantas callejeras regentadas por inmigrantes en los paseos comerciales. No ofrecían todas las marcas del tabakwaren de la esquina, pero si las suficientes como para hacer un roto colosal al estanquero… y a Hacienda. El escándalo que se armó fue mayúsculo. Tan pronto como empezaron a aparecer los primeros “camellos” de tabaco, los periodistas dieron la voz de alarma. El Schleichhandel había vuelto tras medio siglo de ausencia. Durante semanas se sucedieron los reportajes en la televisión y los periódicos. Los alemanes se hacían sólo una pregunta: ¿qué o quién era el culpable de aquel desaguisado que tanto les ruborizaba cuando salían de compras por la Königstrasse?

El Gobierno culpó al crimen organizado y anunció medidas policiales para contener aquella intolerable ola que sacudía los cimientos de la civilizada Alemania. En la calle, sin embargo, el mensaje que caló fue otro. El contrabando era un efecto directo e indeseado de la brutal y repentina subida de impuestos. Si el paquete de West, marca predilecta del obrero fabril de la cuenca del Ruhr, había pasado de costar 3 marcos a costar 6 lo normal es que una parte se quitase de fumar, pero otra, la mayor, en lugar de quitarse lo que buscó fue un proveedor alternativo. Y ahí es donde aparecía el contrabandista, el socorrido schleichhändler que vendía el paquete a 4,5. Más caro que antes pero más barato que ahora. ¡Ah!, y un detalle, los de Hacienda no veían ni un pfennig de las transacciones.

La ley universal de las consecuencias indeseadas se puso a funcionar con diabólica eficacia. El contrabando se adueñó de un mercado que hasta ese momento había sido 100% legal y, para colmo, la recaudación fiscal disminuyó. Dos por el precio de un solo impuesto. La ceguera de los políticos sólo es superada por su infinita soberbia, por su creencia en que mediante la ley se puede conseguir todo. Y en parte esto es cierto, se consigue todo lo contrario.

Historias como esta podrían relatarse de mil productos y mil países. Los del Gobierno se quejan con amargura de la economía sumergida sin plantearse el hecho de que ellos son quienes la han sumergido, ya sea vía impuestos o vía regulaciones absurdas. Si somos de los que damos por bueno que el Estado disponga de recursos para redistribuir, deberíamos pedir que los impuestos fuesen bajos, aunque solo fuera por una cuestión puramente utilitaria. A fiscalidad más laxa una base imponible más ancha. Elemental querido Montoro.

Lincoln, la película y el glorificado déspota racista (I)

Siempre que Abe es divinizado, el gobierno crece, la libertad sufre y el individuo se siente profundamente herido.

Una noche del pasado febrero fui al cine y, después de casi 3 horas viendo el último trabajo de Spielberg, dejé la sala sintiéndome muy incomodado por el guión. La crítica estaba encantada con la película, que fue nominada a 12 premios Oscar, y que acabó por llevarse unos cuantos a casa. Creo que la narrativa es demasiado lenta. Sally Field y su hijo son un poco molestos y algunos de los personajes balbucean todo el tiempo. De todas formas, no quiero entrar en si me gusta o no la película, pues esto es algo pertinente solamente a la indiscutible valoración individual y subjetiva de cada uno de nosotros. Aun así, me gustaría señalar lo poco pulida que es la película, cómo se beatifica a Lincoln y cómo se alaba al gobierno federal de EEUU. 

Empezaré por la autora del libro en que se ha basado la película. Haciendo una búsqueda rápida en internet, al poco tiempo, uno se encuentra con que Doris Kearns-Goodwin es una plagiaria confesa que fue expulsada del comité de los premios Pulitzer. Ha escrito libros acerca de varios famosos demócratas americanos: FDR, los Kennedy (el caso de plagio), Lyndon Johnson (trabajó como becaria durante su presidencia), y siempre ha mantenido una estrecha relación con el poder estatal. En su introducción de la biografía de Lyndon, hace referencia a que el ex presidente se recostaba con ella por las mañanas temprano diciéndole que le recordaba a su madre fallecida. Un poco raro, ¿no? Bueno, al final, la cuestión es: puesto que Lincoln es posiblemente el presidente americano más estudiado en la historia, con varios reconocidos académicos dedicando sus vidas profesionales a él, ¿fue este libro la mejor opción en la que basar la película?

Ejércitos de estudiosos que investigan minuciosamente todos los aspectos de la vida [de Lincoln] no han logrado encontrar un solo acto de intolerancia racial de su parte.

Doris Kearns-Goodwin, Team of Rivals: El genio político de Abraham Lincoln.

Voy a decir entonces que no estoy, ni nunca he estado a favor de lograr de ninguna manera la igualdad social y política de las razas blanca y negra, porque no soy ni nunca he sido partidario de que los votantes o jurados de los negros, ni de calificarlos en sus funciones, ni a casarse con el hombre blanco (…) yo tanto como cualquier hombre estoy a favor de la posición superior asignada a la raza blanca.

Abraham Lincoln, Primer Debate Lincoln-Douglas, Ottawa, Illinois, 18 de septiembre de 1858, en las Obras Completas de Abraham Lincoln.

Ambas citas han sido recogidas por Thomas DiLorenzo en sus artículos sobre Lincoln. 

Entonces, llegan Lincoln, la guerra, la Unión y la esclavitud. La película presenta a Abraham Lincoln como el padre de la Abolición Americana, el hombre que liberó a los esclavos, pero es difícil pensar en algo más alejado de la realidad que eso. De hecho, sus partidarios afirman que sus acciones antes de la Guerra de Secesión (y antes de su eventual apoyo a la abolición de la esclavitud) no deberían tenerse en cuenta. Al fin y al cabo, él hizo lo que fue necesario para llegar a la presidencia y eso es lo que un “genio político”, como reza el título del libro de Kearns-Goodwin, hace. También dicen que un tiempo antes de la Guerra, alguna revelación le golpeó concienciándole de que el fin de la esclavitud era lo correcto. Este cambio inexplicable de su mente va en contra de los pensamientos que abrazó la mayor parte de su vida.

¿Quién liberó a los esclavos? En la medida en que alguna vez fueron “liberados”, lo fueron gracias a la Decimotercera Enmienda, que fue escrita e impuesta no por Lincoln, sino por grandes emancipadores a quienes nadie conoce, los abolicionistas y los líderes del Congreso que crearon el clima y la presión que aguijoneó, pinchó, condujo, forzó a Lincoln hacia la gloria al asociarlo con una política a la que se había opuesto firmemente, por lo menos, durante cincuenta y cuatro de sus cincuenta y seis años de vida.

Lerone Bennett, Jr., ex editor de la revista Ebony y autor de Forced into Glory: Abraham Lincoln’s White Dream.

Bennett señala: “Hay una encantadora ficción de que Lincoln (…) se convirtió en un ferviente defensor de la enmienda y empleó el poder de su cargo para comprar votos que aseguraran su aprobación. No hay ninguna evidencia, como David H. Donald ha señalado, para apoyar tal ficción…”. En la medida en que, finalmente, Lincoln apoyó, aunque de forma vacilante, esta enmienda, Bennett afirma que fue él quien se vio obligado -literalmente- a hacerlo por otros políticos, y no al revés, como se puede observar en la película de Spielberg (cabe destacar que David Donald es el más destacado estudioso de Lincoln de nuestro tiempo y ganador del premio Pulitzer como biógrafo de Lincoln).

Thomas DiLorenzo, Lincoln the Racist.

Es importante mencionar que, mientras estuvo en Illinois, el Sr. Lincoln apoyó leyes que prohibían a los negros vivir en ese Estado; estaba en contra de matrimonio interracial y dijo que los negros podían ser iguales, pero no en los EEUU. En su parte final, la película muestra a un presidente dedicado a la causa de otorgar el derecho de voto de los negros, pero se olvida de mencionar su proyecto más importante. En sus últimos meses de vida, el conocidísimo presidente “microgerente se encontraba muy centrado en su proyecto “Liberia”. Sí, su único objetivo era enviar a tantos negros como fuera posible fuera del país, de vuelta a África, a Liberia. A menudo se preguntaba si dispondrían de suficientes barcos para llevar a cabo su propósito. Al final, no parecen estas las acciones de un hombre que había recibido una revelación divina y que había cambiado su punto de vista sobre cuestiones raciales. 

Bennett menciona que Lincoln declaró públicamente que “Estados Unidos se construyó para la gente blanca y no para los negros” (p. 211) y “al menos veintiuna veces, dijo públicamente que se oponía a la igualdad de derechos de para los negros”. “Lo que más deseo es la separación de las razas blanca y negra”, dijo Lincoln (Obras Completas de Abraham Lincoln, vol. 2, p. 521).

Thomas DiLorenzo, en Lincoln the Racist

El Partido Republicano de la época, su partido, tenía una facción abolicionista fuerte y creciente que constantemente hacía presión sobre el tema. No fue hasta que surgió la oportunidad de ir a la guerra y de usar la esclavitud como pretexto cuando el presidente Lincoln finalmente se une a los abolicionistas. De hecho, en su discurso inaugural, el nuevo presidente manifestó su apoyo a enmiendas a la Constitución que defendían que la esclavitud no era un tema del que debiera encargarse el Gobierno Federal, sino un tema de discusión por parte de los Estados.

Si no era un abolicionista, ¿por qué la guerra? Siempre fue para mantener y aumentar el poder de la Unión sobre los Estados. El fin de la esclavitud era simplemente la justificación oficial, y un favor necesario para obtener apoyo político. ¡Simplemente eso! Además, es importante mencionar que a lo largo del siglo XIX, la mayoría de los países pusieron fin a la esclavitud de forma pacífica. Aun cuando se produjeron conflictos violentos, en comparación con la matanza de Lincoln, no fueron más que pequeñas gotas de agua que caen en el océano. ¡Nueva Inglaterra y Ohio lo habían conseguido pacíficamente! Entonces, ¿por qué los EEUU no podían hacerlo de la misma forma?

La guerra duró más de 4 años; acabó con una cifra de entre 650.000 y 850.000 fallecidos (en cifras actuales –comparando la población de la época y la de hoy–, tendríamos que multiplicarlo por 10, siendo el resultado de ¡8,5 millones de muertes!), familias destruidas y hundimiento de la economía durante años. Aun en números absolutos es, con bastante margen, el mayor número de bajas sufridas por los EEUU en su historia bélica. ¡Es incluso más que la suma de todas las otras guerras juntas! Y sólo en la Segunda Guerra Mundial el país sufrió un montante de víctimas en la misma escala.

Guerra
Fallecidos
% población
Guerra de la Independencia
25.000
+- 0,9 %
Guerra de Secesión
650.000 – 850.000
 +- 2% – 3%
Primera Guerra Mundial
116.000
+- 0,1%
Segunda Guerra Mundial
405.000
+- 0,3%
Guerra de Corea
36.000
+- 0,02%
Guerra de Vietnam
58.000
+- 0,03%
Guerra del Terror
6.300
+- 0,003%

Es más, repasando algunos periódicos de la época, se pueden hallar constantes ataques de la prensa y de sus enemigos políticos, calificando a Lincoln de dictador. En muchos sentidos, actuaba como tal. Durante la Guerra de Secesión se suspendió el Habeas Corpus, se detuvo a miles de personas que se oponían al conflicto o defendían el derecho a la secesión, y se cerraron más de 300 periódicos. ¡Qué respeto a la primera enmienda! Es difícil entender cómo reputados intelectuales pueden llegar a encontrar excusas tontas para justificar sus ataques a la libertad. Mientras muchos de estos simpatizantes, con razón, se oponen a estallidos parecidos en la “Guerra contra el Terror”, dan una salida gloriosa a un Lincoln santificado.

Gobierno y autonomías: la amenaza fantasma

El ministerio de Montoro explicó la semana pasada que las autonomías podrán ser intervenidas también si incumplen el pago a proveedores. Hacienda suma esta advertencia a otras en las que se autoriza a la intervención del Gobierno si las CCAA no cumplen el objetivo de déficit. Pero se trata de un gesto sin contenido, como tantos, que pretende transmitir una sensación de control que la realidad se empeña en contradecir.

El orgullo de mamá

Cantaba David Summers en una canción de los 90: "aquí viene ya, el orgullo de mamá, con la paga en el bolsillo, quiere colarse para entrar…". Esa es la imagen que año tras año, déficit a déficit, exigencia a exigencia ofrecen al mundo las autonomías españolas. Tratar de explicar cómo funcionan, cuál es su presupuesto y para qué lo utilizan a una persona sensata de fuera de España es una ardua tarea: todo suena a ciencia ficción.

Instituciones repetidas que dan un aire solemne pero son, en realidad, un agujero negro presupuestario y una fuente de ineficiencia más para el ciudadano; aeropuertos, universidades, obras públicas que hinchan el pecho de políticos locales y vacían los bolsillos de la gente… Todo huele a las películas de los geniales Martínez Soria o Alfredo Landa, en las que si un pueblo construía una fuente, el pueblo vecino construía dos y con luces de colores. Es decir, la manifestación de un complejo no asumido.

Y en estos tiempos que corren, algunos de estos 17 "orgullos de mamá" están ofreciendo un panorama particularmente penoso. Se trata de los escándalos de corrupción. Los principales partidos políticos autonómicos han hecho lo que les ha venido en gana sin que  la dirección nacional se enterara. Para el ciudadano de la calle no versado en temas jurídicos, como yo, que lee la prensa sin pretender más que informarse, la trama Gürtel, los EREs andaluces, las corruptelas regionales suponen tal laberinto que resulta muy complicado seguirles la pista en condiciones.

En una situación así, debería ser un motivo de esperanza y regocijo que el gobierno central haga frente a los caciques regionales.

El partido del gobierno, el gobierno del partido

Sin embargo, el director de orquesta de las autonomías no está por la labor y cada una de ellas va a lo suyo.

No es solamente que en materia educativa la situación sea caótica. No es cuestión nada más de que las incompatibilidades sanitarias te obliguen a mirar en qué comunidad autónoma te pones enfermo. Ciñámonos a los dineros. Por simplificar, no porque todo lo demás no sea importante.

Los gobiernos regionales juegan al mismo juego que los países de la Unión Europea en su entorno. La regla máxima es la misma: ingresos centrales (más los impuestos autonómicos), gastos independientes. Es decir, el "orgullo de mamá" con la paga en el bolsillo se gasta el dinero, que es de todos los españoles, en lo que cree oportuno. Y lo que cree oportuno muchas veces es de carácter partidista y sirve para asegurarse la reelección.

Desde un punto de vista exclusivamente político, como estrategia de partido no está mal. Tenemos esta comunidad autónoma, para evitar que el partido de enfrente nos la quite vamos a llenar las panzas locales y a presentar unas cuentas chapuceras pero "vendibles", y que el poder central trague con ello. Y si no, transferimos competencias a ayuntamientos pero no disminuimos nuestro presupuesto y así tenemos más margen de gasto.

En este tipo de situaciones, lo lógico sería cerrar el grifo del dinero (de todos los ciudadanos) a las comunidades ineficientes, gastosas, chapuceras y/o corruptas. Pues no. No se hace. Eso sí, se amaga y no se da. ¿Qué razón puede haber para esa falta de rigor presupuestario y de respeto al sudor de la frente de los españoles? La razón de los votos. De manera que una ya no sabe si el Gobierno pertenece a un partido o es un partido que está en el Gobierno.

La gravedad de amagar y no dar

Pero en esta ocasión, el tema no es presupuestario. Se trata del cumplimiento en el pago a proveedores, esos empresarios que decidieron firmar un contrato con la administración y pensaron que un contrato es un contrato y se cumple siempre. Cuando un gobierno tiene que presentar un anteproyecto de ley de Control de la Deuda Comercial y amenaza con recuperar los tributos transferidos a las CCAA en el caso de que sigan sin cumplir los contratos con sus proveedores es que la cosa es muy grave.

Pero no es que sea grave, es que el tema es peor, va mucho más allá. No solamente se está quitando el pan de la boca a quien firmó un contrato con la administración. Es que la exigencia del cumplimiento es de un timorato insultante. Exactamente igual que las amenazas fantasma de los incumplimientos de déficit. La comunidad autónoma será advertida, dispondrá de 7 meses y entonces si no depone su actitud será sancionada. ¿Qué ha sido del proveedor para entonces? Otra empresa cerrada, familias en el paro, drama social.

Pero recuerden… los culpables son los hedge funds, los mercados, Merkel y el chachachá.

La PAC sólo favorece a unos pocos

Según publicó un diario local, Gabriel Mato, eurodiputado del PP, ha expresado, como si fuera un gran éxito para los canarios, que la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) ha tenido en cuenta los intereses de los productores y que salvaguarda las producciones de Canarias.

En las sociedades libres, los empresarios saben que si quieren que sus productos sean comprados, necesitan cumplir las siguientes condiciones: proveer lo que los distintos individuos de la sociedad demandan; hacerlo con la mejor calidad y precio posible; y hacer ricos a los demás.

Por esta razón, Bill Gates es el hombre más rico del mundo, y sabe que si deja de cumplir esas tres premisas, la democracia del mercado lo convertirá en un hombre pobre. El mercado, es decir, los distintos individuos de nuestra sociedad, intercambiando bienes y servicios de la manera más ventajosa posible en cada momento de tiempo, no sólo no premiará a los productores ineficientes, sino que los eliminará, porque no son buenos para el conjunto de la sociedad.

El señor Mato ha preferido ir a Europa a defender a esos productores ineficientes en vez de a los consumidores canarios, bajo la farsa de que si no existiera una economía planificada con subsidios agrícolas, cuotas de producción e importación y aranceles, se extinguiría el plátano canario y los trabajadores del campo perderían sus empleos por la competencia de los productos del tercer mundo.

Sin embargo, la realidad es bien distinta. El plátano canario casi ha desaparecido, pues como las ayudas priman el peso y no la calidad del producto, la mayoría de los agricultores se han dedicado a suplantar la platanera tradicional canaria por una que produce frutos de menor calidad pero con mayor tamaño y peso.

Esto difícilmente hubiera sucedido si no existieran las ayudas, porque el plátano canario hubiera tenido un hueco como producto de gran calidad en el mercado.

Pero no sólo los canarios somos los perjudicados, sino que además los habitantes del tercer mundo ven cómo para favorecer a unos pocos en las economías desarrolladas se les impide a ellos salir del subdesarrollo, al prohibirles vendernos productos con mejores calidades y precios, lo cual hace que tengan que emigrar a nuestros países para trabajar en nuestros campos en vez de hacerlo en los suyos. Eso sí, nuestros políticos se sienten satisfechos enviando ayudas que pagamos todos, como la del 0,7%.

Por esta razón, la frase del señor eurodiputado tendría que haber sido que «la reforma de la PAC ha tenido en cuenta los intereses de los productores canarios a costa de los consumidores de nuestras Islas, nuestros productos y la pobreza de otros países».

La mediación, justicia de tercera generación

La vida está llena de conflictos. Es impensable vivir sin ellos porque no existe un mundo perfecto y porque nuestros intereses pueden ser y de hecho son contrapuestos. Los métodos tradicionales para resolver los litigios han sido la violencia o la justicia. Las sociedades que han ido dirimiéndolos de forma civilizada sin recurrir a la violencia se han adaptado mejor y progresado más que aquéllas que no lo han sabido hacer.

La justicia moderna, sin embargo, está basada en un modelo fundamentalmente punitivo en el que suele haber un único ganador. Adolece, además, de serios problemas como el creciente asalto político al poder judicial, el encarecimiento progresivo del acceso a los tribunales de justicia, la sobrecarga de trabajo de los juzgados y su incapacidad para ser más eficaces y eficientes. Para eludir dichos problemas, desde hace décadas han ido formalizándose en diferentes países métodos alternativos de resolución de conflictos (alternative dispute resolution, en inglés). Las dos herramientas principales han sido el arbitraje y la mediación. Me detendré en la segunda al ser el método menos conocido.

La mediación no es una negociación pues en ésta participan sólo las dos partes. Es, en cambio, un encuentro entre tres partes: el requirente, el requerido y el mediador que buscan entre sí una solución compartida en el que hay dos posibles ganadores. El mediador no tiene poder decisorio en el conflicto (no es un juez ni tampoco un árbitro). Es un profesional de la negociación cooperativa que trabaja para beneficio de ambas partes en disputa. Es imprescindible que éstas vayan a la mediación de forma voluntaria. Si cualquiera de ellas no acude de buena fe, la mediación es impracticable.

La mediación es apta para conflictos de todo tipo, tanto privados como públicos. Comenzó a aplicarse en conflictos familiares, vecinales, escolares, laborales, de consumo, etc., para luego extenderse a todo el ámbito civil y mercantil. Hoy se aplica ya en algunos países incluso en el entorno administrativo, penitenciario y penal (generalmente para faltas y delitos de carácter leve). Eso sin contar con su papel ya contrastado en los conflictos internacionales. Se ha consolidado como una alternativa extrajudicial muy sensata y cívica para resolver casi cualquier disputa.

El mediador no trabaja en problemas intrapersonales (eso es tarea de un psicólogo) sino en los interrelacionales. Su objetivo es ayudar a los enfrentados por cualquier tipo de conflicto a intentar entender la posición del otro y facilitar que ellos mismos encentren una solución. No es labor del mediador imponer una solución, como mucho, la puede sugerir. El objetivo del mediador es lograr que cada parte "vea" el punto de vista del otro –que antes era incapaz- para, de esta forma, puedan los implicados acordar por sí solos una solución.

La mediación es un procedimiento que no tiene por qué terminar necesariamente en un acuerdo; pueden también rubricarse acuerdos parciales sin llegar a resolverse por completo el conflicto. Es la vía más idónea antes de llegar a la vía arbitral o judicial. Las sesiones de trabajo son informales y flexibles, pero no deja de ser un instrumento pautado en el que deben ser respetadas una estructura y unas reglas de trabajo explicadas por el mediador al iniciar la mediación. Se centra en resolver un litigio concreto de manera colaborativa. El fin del mediador debe ser conseguir que las partes se comuniquen adecuadamente. El mero hecho de llevarse a cabo la escucha activa entre ellas en presencia de un mediador experto, prefigura muchas veces la solución. Existe incluso la mediación electrónica o por vía de la videoconferencia, especialmente recomendables para conflictos transfronterizos.

Con la mediación se tiene siempre el control de los resultados a diferencia de las otras vías litigiosas. Al igual que el arbitraje, es confidencial, privada y expedita pero la mediación no cierra la vía jurisdiccional, a diferencia de aquél que sí lo hace siendo además dirimido el arbitraje en única instancia. La mediación puede iniciarse incluso cuando esté abierta la causa en sede judicial. Por ello, más que un método alternativo diría que es un método complementario de resolución de conflictos entre personas, familias y empresas.

Su coste y su plazo de resolución son imbatibles. Otra gran ventaja de la mediación es que da satisfacción a ambas partes, en contraste con lo que sucede en la justicia o el arbitraje que, al ser procesos litigiosos, suelen dar la razón sólo a una de ellas. Esto no implica ni mucho menos que la mediación tienda a soluciones salomónicas, como ocurre a veces en los laudos arbitrales. Los que recurren a la mediación para resolver un conflicto suelen mantener luego una relación normalizada ya que contribuye a recobrar la confianza entre las partes. Todo lo contrario a lo que sucede con los que se han visto sometidos a sentencia judicial o a laudo arbitral. No por casualidad cada vez son más los jueces que recomiendan y derivan los casos a mediadores (mediación intrajudicial) pues desgraciadamente a veces se abusa de los procedimientos judiciales. Recordemos que en los órganos judiciales de nuestro país entran, por lo menos, nueve millones de asuntos cada año.

Como vemos, son muchas las bondades de la mediación frente al coste emocional, económico y temporal que tiene la vía judicial y frente al coste económico y jugárselo todo a una sola baza que tiene la vía arbitral. Aunque no todas las jurisdicciones reconocen la fuerza ejecutiva del acuerdo privado alcanzado por las partes a través de la mediación, debería tenerla sin duda alguna. En España es así si el acuerdo es elevado a público ante notario.

La mediación ha cuajado en el sistema anglosajón, lo está haciendo con fuerza también en Europa continental (especialmente en Holanda y Francia), así como en algunos países de la OCDE. En España dicha institución ha tomado carta de naturaleza en nuestro ordenamiento jurídico hace solo un año a través de la ley de carácter general de julio 2012, aunque antes existían ya leyes sobre mediaciones sectoriales (mayormente de carácter autonómico) y queden aún algunas cuestiones por consolidar.

La mediación implica un cambio de mentalidad que modifique el enfoque del litigio por el de la cooperación en la que entran en juego variables emocionales y cognitivas ausentes en los otros medios de resolución de conflictos. Es posible, así, encontrar soluciones imaginativas e innovadoras a disputas que sirvan de modelo a otros casos semejantes en el futuro. Acostumbrados a que se nos impongan siempre soluciones desde fuera, las posibilidades que nos ofrece la mediación son desafiantes. Con ello, los actores se convierten en una suerte de coparticipantes y descubridores de la justicia, mejorando la calidad de ésta.

Dicha técnica autocompositiva favorece las resoluciones autónomas entre las partes que son protagonistas en la regulación de sus propios intereses. Además de fomentar la desjudicialización de los litigios, también lograría en algunos casos la deslegalización de los mismos en la medida en que las soluciones acordadas entre particulares no tienen por qué coincidir siempre con las previstas por el legislador. La mediación se nos presenta, pues, como una oportunidad -aún poco explorada- para dar participación a la sociedad civil en el ámbito de la resolución de conflictos sin necesidad de que tasazos e injusticias recientes en nuestro país nos empujen a ello.

La educación y el cinismo

Los estudiantes universitarios chilenos suelen protestar contra el Gobierno de su país. Lo hicieron contra la señora Bachelet, que es de izquierda, y lo hacen contra el señor Piñera, que es de derecha. A veces las protestas son pacíficas y a veces, como las más recientes, devienen en considerables actos vandálicos cometidos por minorías violentas infiltradas en el movimiento estudiantil.

Los jóvenes chilenos demandan buenas universidades y enseñanza de calidad, pero no quieren pagar por esos servicios. Exigen que otros se los paguen. (Eso siempre es estupendo). Tienen 18 años o más. Son mayores de edad. Pueden votar, elegir y ser electos, ir al ejército, casarse sin autorización de nadie, crear empresas, invertir, engendrar hijos a los que están obligados a cuidar, ir a la cárcel si cometen delitos, consumir alcohol o tabaco, pero suponen que la responsabilidad de pagar por su educación es cosa de otros. Son, o deben ser, adultos responsables en todo, menos en eso.

Realmente, es una conducta incoherente o, por lo menos, extraña. ¿Por qué el conjunto de la sociedad debe pagar los estudios universitarios de una minoría de adultos privilegiados que, a partir de la graduación, ganará una cantidad de dinero considerablemente mayor que la media de quienes no han pasado por esos recintos académicos? ¿No es una hiriente inmoralidad que los trabajadores de a pie paguen con sus impuestos los estudios de quienes luego serán sus jefes y empleadores?

Pero hay otra incongruencia todavía peor: los estudiantes universitarios chilenos pretenden que la educación no pueda ser objeto de lucro. Si Platón y Aristóteles hubieran ejercido su magisterio en el Chile de estos tiempos, y no en la Atenas de los siglos V y IV antes de Cristo, los hubiesen acusado de codiciosos explotadores por haber creado la Academia y el Liceo con el propósito de ganar dinero formando a sus alumnos.

Los estudiantes chilenos no advierten que están planteando un contrasentido. No hay nada moralmente censurable en el lucro.Lucro es sinónimo de logro, de misión cumplida. Si ellos quieren una educación de calidad, creativa, original, oficiada por profesores competentes, la mayor parte de las veces tendrán que atraer a los mejores con buena remuneración, con reconocimientos públicos y con posibilidades de enriquecimiento.

Hay algunos seres excepcionales, dotados de una intensa vocación, generalmente religiosos, dispuestos a enseñar por un plato de comida, una cama de tabla y dos palmos de techo, pero son pocos.A Einstein lo reclutaron en Princeton enviándole un cheque en blanco que él rellenó a su capricho.

¿Dónde está la falta en que unas personas decidan crear una empresa para vender enseñanza si hay otras criaturas dispuestas a pagar el precio que les piden para adquirir esos conocimientos? Una de las mejores universidades de Centroamérica es la Francisco Marroquín de Guatemala, una institución que es y se maneja como una empresa privada. ¿Por qué es inmoral vender educación y no vender agua, comida, medicinas o zapatos, bienes, sin duda, más importantes para la supervivencia que los conocimientos universitarios?

El argumento de que las universidades privadas con fines de lucro a veces no tienen suficiente calidad y deben clausurarse carece de sentido. Tampoco cerramos los restaurantes malos con fines de lucro, y mucho menos los comedores populares, que suelen servir unos platos espantosos a los indigentes. ¿Por qué no permitir que los consumidores de esos servicios educativos decidan libremente con su dinero cuáles universidades triunfan y cuáles fracasan?

En América Latina muchas universidades públicas sonrematadamente malas y no por eso pedimos que las cierren. Como no se cansa de denunciar Andrés Oppenheimer, entre las 500 mejores universidades del planeta apenas comparecen tres o cuatro latinoamericanas, y están a la cola del grupo.

Hay algo terriblemente autoritario e hipócrita en el comportamiento y las demandas de esos estudiantes chilenos. Lo terrible es que ellos, que esperan que otros les paguen sus estudios, y que condenan a quienes están dispuestos a arriesgar su capital y su trabajo para crear instituciones educacionales lucrativas, cuando terminan sus carreras suelen o intentan convertirse en profesionales económicamente exitosos. Para ellos el lucro sólo es malo cuando lo persigue el otro. Eso se llama cinismo.

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Otro torpedo a la solución de la banca

“The rules enshrined in countless pages behind the Basel Capital Accords did not prevent the crisis… In effect, faith in markets has given way to faith in regulation” – David T Llewellyn

“Vamos a ser los más sanos del cementerio", decía un banquero tras escuchar las conclusiones del acuerdo europeo de esta semana.

Cuento en un capítulo de Nosotros los Mercados que, en medio de la crisis financiera, un banquero francés me comentó lo siguiente: "Al Estado no se le estudia un crédito, se le concede". Por eso no es extraño que, acostumbrados a no sufrir nunca la falta de crédito y disponer siempre de recursos financieros, gran parte de nuestros políticos europeos simplemente no entiendan que la banca no puede soplar y sorber a la vez. Es decir, reducir deuda –recapitalizarse- y dar crédito a diestro y siniestro mientras, por supuesto, les atiborran de deuda soberana.

Sin embargo, eso es exactamente lo que se le pide al sector financiero. Soplar y sorber. 

Esta semana, otra resolución. Unos cientos de páginas más de reglas.

El proceso de cambios regulatorios constantes no fortalece los balances del sector financiero, sino que los debilita. Porque se torpedea el proceso de desinversiones, se introduce incertidumbre, que espanta a la demanda, y se sigue erosionando valor ahondando en la recesión.

Sí, la crisis financiera europea no es una crisis de "poca regulación" ni de sectores privados –un 50% de las entidades financieras europeas eran semi-estatales o controladas por políticos en 2006-. Miles de páginas de regulación publicadas cada año desde la creación de la Unión Europea y la Asociación Bancaria Europea (EBA).

Es una crisis de un modelo económico bancarizado -320% del PIB de la Eurozona- muy intervenido. Excesiva, compleja y burocrática regulación que ha prolongado la agonía del sector durante muchos años, en vez de facilitar las condiciones de mercado para las ampliaciones de capital y ventas de activos necesarios. 

A pesar de la regulación más detallada y compleja de la OCDE, entre 2008 y 2011 Europa gastó 4,5 billones (un 37% del PIB de la Unión Europea) en ayudas a instituciones financieras, una gran parte de ellas –las cajas, por ejemplo- públicas y muy supervisadas.

Más regulación no lo va a solucionar.

Es lo que se llama "el problema endógeno" -"endogeneity problem"– (lean el excelente análisis Regulation of European Banks and Business Models del Centre for European Policy Studies). Y es precisamente ese exceso de intervención lo que impide una solución rápida y quirúrgica a las dificultades del sector financiero. La regulación debe ser efectiva y sencilla.

Otra patada hacia delante…  El acuerdo del Eurogrupo.

La resolución del Eurogrupo esta semana es otro ejemplo de dicho problema endógeno. Se ha vendido como un éxito, que recupera la solución Chipre que comentaba yo aquí en El precio de la estupidez para la resolución de problemas de capitalización de la banca.

"El triunfo del rescate interno", me decía un analista. No, no lo veo así. Porque no cierra las puertas a la intervención de los estados unilateralmente y además no permite que la banca se adelante y cree sus propios mecanismos de defensa.

Es un acuerdo que debilita, pero no elimina, la necesidad de rescates o de dinero del contribuyente.

¿Por qué?

– Al llevar a cabo constantes revisiones regulatorias –ya van más de veinte en seis años- y crear incertidumbre, el Eurogrupo no ayuda, porque los bancos no pueden llevar a cabo la limpieza de sus balances lo suficientemente rápido.

– Esa zancadilla sin mala intención –nunca la tienen- ocurre a la vez que los estados se endeudan más, tirando del balance de la propia banca, que llega a acumular hasta el 45% de la deuda soberana de cada país. Por ello, el "circulo vicioso" –palabras del BCE, no mías- de riesgo financiero-soberano se dispara.

– Los precios de los activos y de la cartera de créditos se deterioran a la vez que la situación económica empeora por las constantes subidas de impuestos y reducciones de renta disponible, creando un efecto nada sorprendente. La represión financiera empeora la mora en el sector financiero.

– Para evitar ese deterioro, se introducen nuevos tomos de cientos de páginas de regulación que vuelven a retrasar cualquier solución de mercado para la banca.

Hace ya más de seis años que la banca europea tenía que haber reducido su endeudamiento agresivamente. Según BNP, no llega al 30%.

Nuestro ministro, Luis De Guindos, tenía razón al buscar a toda costa que se protegiesen los depósitos de más de 100.000 euros y se evitasen declaraciones maximalistas de solución Chipre. Porque sabe que primero hay que atraer inversión, compradores y depósitos para que la banca pueda aumentar su capitalización y desapalancarse. Hacer lo contrario, poner encima de la mesa el palo antes que la zanahoria, lleva a nuevos shocks.

De hecho, al debilitar a una banca tocada poniendo énfasis en los riesgos para accionistas, bonistas y depositantes, pero sin haber promovido antes la recapitalización y el mecanismo de colchón, se generan aún más probabilidades de rescates con dinero público, porque corren el riesgo de que no haya suficiente dinero privado cuando se necesite, creando el efecto perverso de acelerar lo que el acuerdo busca evitar. 

 

Los números son claros. Sin recapitalización y atraer inversión primero, la solución a lo Chipre que defiende el Eurogrupo simplemente es imposible. Porque no hay suficiente dinero entre accionistas, bonistas y depósitos mayores de 100.000 euros en caso de que un gran banco tenga dificultades. Ni de lejos, en una banca endeudada entre 25 y 40 veces.

El sistema bancario europeo tiene un volumen de activos de 26 billones de euros, de los cuales Francia es el mayor (€8,5 billones) y Alemania el segundo (€8 billones), seguido de Italia y España, con 4,1 y 3,5 billones aproximadamente. 

Francia es el país donde el sector financiero ocupa mayor peso, tanto comparado con los depósitos que lo soportan, como en relación al PIB.

Y es el sistema bancario de Francia la razón por la que Europa no llega a un acuerdo de solución de mercado, no España –tercer país de Europa donde la banca tiene mayores depósitos con respecto a sus activos-.

¿Por qué? Porque Francia quiere estar en misa y repicando. Mantener el control férreo y estatizado de su sector financiero, no recapitalizarlo con ampliaciones, fusiones o inversión extranjera, y que además se lleve a cabo una unión bancaria en la que los problemas se repartan. No es el único país que quiere seguir teniendo su sector financiero "atado y controlado" pero, además, con acceso al monedero de los demás. Por eso es imposible la "recapitalización directa".

La banca europea ha sido un arma esencial de los estados para expandir artificialmente las economías más débiles y, como el instrumento ya no les sirve adecuadamente, hoy –sin pretenderlo- lo ponen en peligro sin pensar en las consecuencias. Bueno, aun peor, pensando que no va a pasar nada y que en Bruselas "generan confianza".

La cumbre de esta semana, donde se trató el espinoso asunto de las recapitalizaciones bancarias, ha sido un ejemplo más de desconocimiento absoluto de los mecanismos de riesgo a los que se enfrenta el sistema financiero después de casi seis años de pasos en falso.

– Un desconocimiento preocupante de lo que es el capital de un banco y lo rápidamente que se extingue si no se dan condiciones económicas y de mercado positivas.

– Que a pesar de la crisis de Chipre y su mala resolución, aun piensen que entre bonistas, accionistas y grandes depósitos se cubren las pérdidas.

– Pensar que la deuda soberana no sufriría un brutal shock cuando los bancos con problemas tengan que vender sus carteras.

 

Vasos comunicantes

Lo he dicho muchas veces, el sector financiero europeo depende peligrosamente de que la deuda estatal sea segura. Pocos bancos de la Unión Europea sobrevivirían a una quita en la deuda soberana de su país, y el impacto sobre empresas y ciudadanos sería enorme. Sin embargo, la deuda soberana no hace más que crecer en casi todos los países miembros porque se torpedea el crecimiento, el consumo y la inversión con represión financiera.

Permitir el crecimiento y abrir las puertas al capital inversor es la solución de todos estos vasos comunicantes que confluyen en el sector financiero. Atrayendo capital, creando un entorno inversor favorable, con aumento de renta disponible y crecimiento económico, la banca se recapitalizaría, sus activos recobrarían valor, empresas y familias pagarían sus deudas y todo el sistema reduciría su deuda.

Sin embargo, con represión financiera, regulación depredadora e intervencionismo, podemos acordar lo que queramos en otro comité que el agujero de la economía y de los estados endeudados, crecerá, y con ellos el agujero de la banca, en una espiral descendente, The Downward Spiral recordando a Trent Reznor. 

Comentaba el lunes en una conferencia que el modelo de absorción de la banca inviable que se está llevando a cabo en España es positivo. Un modelo de reducción del sistema que se llevaría a cabo más rápida y eficientemente si en Europa se preocuparan menos de dar titulares diciendo que los contribuyentes están salvados, porque primero no es cierto y segundo es imposible de conseguir si seguimos creando una Europa intervenida y sin crecimiento.

Europa necesita ser un centro de atracción de capital, no de susto o muerte. La banca tiene una responsabilidad incuestionable en la crisis, pero no se puede desligar el empuje y la intervención de los estados en esa expansión de crédito artificial y excesivo. No lo olvidemos. Son dos caras de la misma moneda. La solución a una década de exceso no se iba a dar en dos años, pero tampoco perpetuemos el problema eternamente. Buen fin de semana.

Los frentes británicos

La situación económica británica sigue sin mejorar o, cuando menos, no lo hace de una forma tan sobresaliente como desearía el binomio Cameron-Clegg. En consecuencia, los ataques que viene sufriendo el Canciller George Osborne aumentan. Al respecto, un nuevo "paquete de austeridad" fue aprobado con la finalidad de reducir el gasto público, que, tras el control inicial de los dos primeros ejecutivos laboristas (1997-2005), se disparó cuando Gordon Brown se convirtió en Primer Ministro (junio de 2007).

Con este tipo de medidas impopulares, la imagen del gobierno se deteriora y en paralelo mejora la de la oposición. Sin embargo, las recetas que propone Ed Miliband no suponen novedad alguna. Por el contrario, prefiere centrarse en la ortodoxia intervencionista, rememorando con nostalgia los tiempos de Harold Wilson y James Callaghan que dejaron como "legado" la imagen pésima del Labour Party como gestor de las arcas públicas. Les llevó dos décadas recuperarse, para lo cual optaron por la mimetización, en algunos aspectos, con políticas propias del Thatcherismo (entre ellas también las relativas al orden y la seguridad interior o las relaciones con Estados Unidos).

Sin embargo, poco queda actualmente de la Tercera Vía. Los sindicatos han recuperado parte del protagonismo que perdieron en los años 80 y 90, aunque, entre otras razones por la existencia de un gobierno conservador, no tienen la capacidad para dictar la política económica como en los setenta. Tampoco hay un Arthur Scargill que monopolice la demagogia con un discurso de corte marxista, más preocupado en el bienestar de su gremio que en el del país.

Con respecto a la Unión Europea, el Labour Party está apostando por una equidistancia deliberadamente calculada. Ataques a Cameron por su deseo de renegociar las relaciones entre Londres y Bruselas, pero sin hacer una defensa a ultranza del proceso de integración europea, más allá de repetir ciertos tópicos, como que Reino Unido debe jugar un rol clave en las instituciones comunitarias. En este punto, es probable que en la estrategia, compleja y comprometida, seguida por el líder tory, los principales adversarios no sean ni Clegg ni Miliband ni Merkel ni el mediático y populista Farage, sino sectores de su propio partido. Por tanto, los próximos años serán testigos de un intercambio de reproches, ataques y acusaciones. Es predecible que cuando lleguen las elecciones generales (2015), Europa sea uno de los asuntos fundamentales de la campaña, compitiendo en protagonismo con la propia economía.

Sin embargo, existe un tema donde la clase política británica ha dado una nueva lección al resto de democracias occidentales. Nos referimos a su capacidad de unirse para defender la soberanía de la nación ante la amenaza rupturista liderada por el nacionalismo escocés y secundada, aunque con menor protagonismo y más ambigüedad, por los Verdes y los socialistas republicanos. De hecho, para estos dos últimos partidos, formar parte de ‘Yes Scotland’ es una manera de cobrarse un protagonismo que su discurso les niega. Aun así, la constante que se está apreciando, y que indica que serán fagocitados por el SNP, aumentará conforme nos acerquemos al 18 de septiembre de 2014.

Autorizar el referendo no es sinónimo de que David Cameron quiera desmembrar el país y sí de la fe que muestra en los argumentos unionistas. Ésta viene respalda por los hechos que tienen su máximo exponente en la creación de la plataforma ‘Better Together’ que aglutina a conservadores, laboristas y liberales bajo el liderazgo de Alistair Darling, peso pesado del Blairismo.

En definitiva, puede percibirse un consenso alrededor de un objetivo (derrotar al independentismo) que hace que los nombres sean secundarios ante el fin. Además, la exaltación de un pasado común no implica etiquetas tipo "facha" como en otros lares no tan lejanos geográficamente de las Islas.