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Los impuestos a los ricos perjudican a los pobres

“Defendemos el Capitalismo laissez faire porque es el único sistema compatible con la vida de un ser racional”.

Ayn Rand

¿Qué hay que hacer para resolver la pobreza? Preguntemos a cualquier político -de derecha, izquierda o casi cualquier lugar del espectro existente- y de manera irremisible encontraremos una constante respuesta en una única dirección: la “solidaridad”. Lo cual debe entenderse –no hay otra forma- no ya como genuina solidaridad entre individuos de manera voluntaria, sino como una forzada por el Gobierno: éste quita algo a Pedro para dárselo a Juan. Resulta innegable que aquí ni quien da (el Gobierno), da algo producido por él, ni el justo propietario de lo que se da (Pedro) lo ofrece o da de manera libre y voluntaria. ¿Quién es solidario? Nadie.

El mero hecho de gastar dinero de esta manera, por su intrínseca naturaleza, conlleva problemas. Como bien expuso en su día Milton Friedman, todas las formas de gastar dinero pueden reducirse a cuatro, a saber:

  • El dinero propio para beneficio propio: Maximiza el valor, maximiza economización. Ej.: Compro con mi dinero algo para mí y mi familia. (Se busca lo mejor al menor coste).
  • El dinero ajeno para beneficio propio: Maximiza valor, NO maximiza economización. Ej.: Recibo subvenciones para mi negocio. (Se busca el mejor uso/valor despreocupándome del coste, pues lo costea otro).
  • El dinero propio para beneficio ajeno: NO maximiza valor, maximiza economización. Ej.: Compro con mi dinero un regalo para un desconocido (No busco lo mejor, pero me preocupo por el coste, pues lo costeo yo).
  • El dinero ajeno en beneficio ajeno: NO maximiza valor, NO maximiza economización. Ej.: Con el dinero de otra persona compro algo para un tercero (No busco el mejor uso/valor ni me preocupo por el coste, pues lo costea otro).

El ejemplo inicial del dinero que el Gobierno quita a Juan para dárselo a Pedro es epítome perfecto del último tipo de gastar dinero; esto es, aquél en que no hay economización ni búsqueda de buen uso/valor. Dicho claramente, se despilfarra y para colmo no se persiguen fines altamente valorados.

En resumen, este esquema representa lo que se denomina redistribución de rentas, pilar angular de cualquier programa intervencionista que valga. Así, eso nos dicen, se combate la pobreza: volviendo a distribuir por la fuerza lo que el mercado distribuyó pacíficamente. Sin necesidad de profundizar en economía, un mero vistazo a la historia de la humanidad hace que la experiencia encaje mal, muy mal, con la visión de que tal manida “solidaridad” es una receta contra la pobreza. Grecia y Roma en la Edad Antigua, los Países Bajos en la Baja Edad Media, Inglaterra, Japón, Hong Kong o Estados Unidos en el siglo XX, Indonesia en el XXI… son quizás los mejores ejemplos históricos de cómo una sociedad y sus ciudadanos pueden desatar el progreso y desarrollo. ¿Cuál de ellos salió de la pobreza anterior gracias a redistribuir forzosamente rentas o proceder semejante? Ninguno. Y Hong Kong, Indonesia o EEUU tampoco fueron colonialistas.

En el fondo, la creencia en la redistribución de rentas no es fruto más que de la incomprensión de los procesos sociales. Y de la historia misma. Dicha fe parte de creer que la riqueza es algo dado de antemano o estática, por lo que sólo se precisa de un Gobierno bondadoso para que modifique esa distribución para quitar a los que tienen mucho y dar a los que tienen poco. Tal, en suma y poco más, es la idea. Sin embargo, semejante concepción es francamente insostenible. ¿Realmente podemos afirmar que hoy tenemos simplemente una distribución de bienes y riquezas distinta a la de la Edad Antigua o incluso a la de hace 150 años?

Los intervencionistas por doquier parecen obviar de dónde han surgido los teléfonos móviles, coches y aviones, electrodomésticos, ropa en abundancia de mil estilos y colores… Obvian, sencillamente, la naturaleza del Capitalismo cuyas cotas ningún programa gubernamental puede soñar en alcanzar.

Característica fundamental del Capitalismo es la acumulación de capital (guiada por el libre intercambio). No es lo mismo cavar hoyos con palas que con máquinas excavadoras, lavar cien cubiertos a mano que con un lavavajillas o trasladar un producto en mula que en trenes y aviones. Es la acumulación de capital la que, al aumentar la productividad, aumenta los salarios y el nivel de vida de una sociedad. Es por ello que el salario real de un trabajador en Los Ángeles es superior al de Tanzania; porque la primera es más capitalista. Cuanto mayores sean las tasas de capitalización que disfruta una sociedad, más ricos son y pueden llegar a ser sus individuos, comenzando por los obreros y clases modestas. Así que, bien observado, puede afirmarse que todos acabamos siendo beneficiarios (free riders) de dicha acumulación de capital, incluyendo los propios trabajadores. La dedicación a los bienes de capital de los capitalistas redunda -aparte de en mayores salarios- en mejores y mayores bienes de consumo para todos como consumidores.

Por desgracia, el populismo que todo lo inunda recomienda, una vez sí y otra también, subir impuestos a los ricos. Lo oímos todos los días: el problema, nos aseguran, es que los ricos pagan pocos impuestos. No seré yo quien diga que los impuestos deben soportarlos los pobres. Empero, afirmo que los impuestos elevados a los pobres les perjudican a éstos; pero que los impuestos a los ricos también. Por la simple pero poderosa razón de que: 1) se esquilma la estructura de capital, y 2) se castiga la acumulación de capital. Todo error, como digo, está en pensar que la cantidad de capital disponible es algo fijo o estático, por lo que quien acumule mucho será un ‘avaricioso’ que ‘le ha quitado algo a alguien’.

Gracias al Capitalismo hoy tenemos más bienes y riquezas disponibles. Porque el Capitalismo es, eminentemente, un sistema y proceso de creación ex novo de riqueza y bienestar. Y es que la riqueza no es como la energía que sólo se transforma. La riqueza y el bienestar se crean y se destruyen. La irrupción del sistema capitalista ha hecho alcanzar cotas de bienestar y progreso inimaginables antes, ha producido coches, casas, ordenadores, vestido… donde antes no los había y sigue logrando, allá donde se recogen sus frutos, reducir más y más la pobreza absoluta. Si las revoluciones de la Ilustración nos trajeron la separación de la Iglesia y el Estado y con ello avanzaron nuestras sociedades, se dejó inacabada la gran revolución pendiente: la auténtica separación de la economía y el Estado.

La otra cara de la moneda, el socialismo real con su redistribución pura y dura, ha demostrado con creces que-opuestamente al Capitalismo- es un sistema de destrucción de riqueza y bienestar. Si el socialismo es poco menos que las siete plagas de Egipto que dejan todo yermo y baldío, el Capitalismo representa la parábola de los panes y los peces que –como el capital- se reproducen y multiplican. El absurdo en el que vive el socialismo llega a puntos como el de denostar y atacar per se a los ricos y la riqueza; el socialismo ama a los pobres porque quiere que todos seamos pobres. Cuanto más, mejor.

Pretender abandonar el Capitalismo, y la consiguiente acumulación y reproducción del capital, supone ensalzar el consumismo puro: consumir todo el capital hasta extinguirlo. Por eso el socialismo maldice el ahorro, la previsión y la responsabilidad. No es en absoluto casualidad que el liberalismo siempre haya sido un adalid de la paz y el comercio, mientras al socialismo e intervencionismo en todas sus variantes (desde los neoconservadores americanos al comunismo, fascismo y keynesianismo) siempre le haya resultado seductora la guerra. Y es que la guerra y el militarismo es un edificio levantado sobre los cimientos ideológicos del socialismo: se dispara el gasto público, impuestos, controles de precios, proteccionismo, inflacionismo para financiar la guerra, sacrificio de la libertad individual en el altar de la seguridad absoluta…

Si el Capitalismo es un sistema de progreso y creación, el socialismo de todos los partidos no puede sino ser un camino de retroceso y destrucción. Pero no nos engañemos, el gran enemigo político del Capitalismo no es la Izquierda, sino la Derecha conservadora, que ora se avergüenza cuando no reniega del Capitalismo, ora lo defiende dialécticamente para, luego, atacarlo en la práctica.

El Capitalismo libertario, con su corolario la Libertad, es el sistema social de la humanidad. Si es que la humanidad tiene un futuro.

@adolfodlozano / david_europa@hotmail.com

Ensalada de grillos

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, se encuentra extremadamente preocupada por el hambre que pasan millones de personas y ha recomendado comer insectos para combatirla, ya que 100 gramos de orugas secas "poseen 53 gramos de proteínas, un 15 por ciento de grasas, alrededor de un 17 por ciento de carbohidratos y su valor energético ronda las 430 calorías", con una calidad proteica incluso superior a la proteína de la carne y el pescado, además de un montón de oligoelementos y vitaminas y sin subir el colesterol. Vamos, para chuparse los dedos.

Cuentan que los soldados americanos que eran capturados por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial en el frente del Pacífico no eran capaces de comer durante la primera semana el arroz con gorgojos que les daban sus captores. Después, cuando el hambre apretaba, eran capaces de apartarlos y comerse el cereal. Pasado el primer mes, ya no les importaba la accidental mezcla y se dice que los más veteranos que habían sobrevivido al maltrato nipón, no dudaban en comerse los gorgojos que los novatos despreciaban.

Como nos demuestra la FAO con datos, las orugas y la mayoría de los insectos comestibles son una estupenda fuente de alimento, como pronto descubrieron los soldados aliados. Y no ha sido el primero ni será el último animal de la lista de "asquerosos" que ha terminado saciando un estómago hambriento. Los barcos que se hacían a alta mar y estaban infectados de ratas, dejaban de estarlo cuando llevaban tiempo suficiente en altamar. "Molineras" les llamaban por su pelaje cubierto de restos de galleta.

Precisamente, el consejo de la FAO coincide con un programa de la República Popular de Laos para poner fin a los problemas nutricionales de los niños de la región. Aseguran que "las tasas de malnutrición de los niños menores de cinco años alcanzan, en la región de Asia Suroriental, el 40 por ciento, lo que se traduce en desnutrición crónica o en retraso del crecimiento", a lo que añade que la causa de desnutrición más común se debe "a la falta de proteínas y a las carencias de micronutrientes como la vitamina A, B1, hierro y yodo", por lo que se concluye, citando al experto forestal de la FAO, Paul Vantomme, que: "debido a su elevado valor nutricional, en algunas regiones se emplea la harina de orugas en la alimentación infantil para combatir la malnutrición".

En todo caso, que los insectos sean o no un manjar es una cuestión más cultural que una ventaja nutricional. Muchos países latinoamericanos, africanos y asiáticos tienen entre sus platos habituales a escarabajos, grillos, saltamontes y otros artrópodos que a la mayoría de los occidentales les produce más asco que apetito; y ello no ha evitado que algunos, la mayoría, estén en una peor situación nutricional que la de otros países con una alimentación menos exótica. En Occidente también tomamos artrópodos para comer, aquí los solemos llamar mariscos, e incluso así, productos del mar como los calamares o el pulpo, o de la huerta como los caracoles producen cierto asco a gente no muy lejana a nosotros.

Yerra la FAO cuando anima a comer insectos o, como más recientemente, ante una prevista plaga de medusas en el Mediterráneo provocada por el famoso calentamiento global, a comerse a estos venenosos animales marinos. Y digo que yerra, no porque los insectos o las medusas no puedan ser o sean una estupenda comida, sino porque esa medida no ataja las causas del hambre, sino que intenta aliviar los síntomas, hecho que, pudiendo ser necesario en el corto plazo, tiende a confundirse con la solución y se termina enquistando un problema solucionable.

De hecho, la FAO no debería hacer nada. Ni la FAO, ni la ONU, ni ningún gobierno u organismo estatal de la zona afectada o de más lejos. Sería más juicioso dejar la resolución de estas necesidades al orden espontáneo, a la empresarialidad de los que sufren esa hambre o de los que ven en ella una oportunidad de satisfacer necesidades de otros. Las razones del hambre no son por falta de alimentos, ya que en el mundo se producen suficientes alimentos para todos sus habitantes, sino coyunturales.

Hay hambre porque hay causas objetivas que evitan que los alimentos lleguen a los que los necesitan. Algunas de ellas son de carácter coactivo: algún gobierno, grupo guerrillero o mafia organizada impide por la fuerza, bien que los lugareños puedan cultivar y tener suficientes alimentos para su subsistencia, bien que los traigan/compren en otros lugares; otras veces tienen carácter administrativo: los gobiernos e instituciones estatales imponen políticas económicas y sociales que impiden su producción en cantidad suficiente para satisfacer las necesidades de los habitantes de la zona y, si es posible, la venta de los excedentes en otras zonas con carestía. El caso más reciente lo tenemos en la petrolera Venezuela, que presenta carencias en muchos bienes de primera necesidad y ya ha anunciado la cartilla de racionamiento.

La mayoría de las veces es una mezcla de ambas situaciones lo que condena al hambre a millones de personas, impidiendo no sólo la libre actividad empresarial, sino también limitando la inversión de los capitalistas, ligándola en muchos casos a los intereses del grupo que ostente en ese momento el poder, sea gobierno, guerrilla o mafia. Porque, seamos serios, qué puede evitar que, si una guerrilla ha confiscado el contenido de una explotación de aves para sus objetivos, no haga lo mismo con una de grillos, o de orugas, si ésta se ha convertido en la comida de la zona y amenaza con reducir el poder del grupo sobre la población.

Tampoco es casualidad que el régimen de Laos sea comunista, pese a que ha habido alguna apertura a cierta libertad económica en los últimos años, y que el comunista sea uno de los sistemas económicos que más apuestan por la regulación. Tampoco es casualidad que el régimen no haya construido suficientes carreteras ni caminos en todos los años que lleva gobernando el país, ni que buena parte de la región no tenga energía eléctrica, ni que, pese a ser un país agrícola, la mayoría de esta agricultura sea de subsistencia. A lo mejor el problema de la desnutrición radica en ello y no en si se van a servir más o menos ensaladas de grillos en los restaurantes laosianos.

No me llames dinero, llámame Lola

El hombre es el animal capaz de tropezar, no dos, sino dos millones de veces con la misma piedra. El laberinto del lenguaje, la mala definición de los términos (en este caso, económicos) y las medias verdades son, en gran parte, responsables de ello. La otra parte de culpa es nuestra. De las propias personas, que parece que tenemos querencia por según qué pedruscos del camino. En esta ocasión, hablo del Quantitative Easing y la inflación que no genera.

Vuelve el QE, como las oscuras golondrinas

Periódicamente, los estadounidenses alzan sus ojos y miran al máximo representante de su banco central, la Reserva Federal o FED, el señor Bernanke, para ver qué hay de lo suyo, si habrá un nuevo Quantitative Easing (QE) o no. Hace dos semanas, Bernanke desataba nuevos rumores acerca de un nuevo embiste de la FED al declarar que igual era muy pronto para retirar estímulos, no sea que se apague el Sol. Y de nuevo llueven análisis justificando la política de QE. Que no. Que no es emisión de dinero nuevo. Pero es que el dinero, los billetes… no son los únicos medios de pago.

El Estado quiere financiar el gasto que no puede asumir: emite deuda pública a largo plazo y la vende. El banco la compra en una subasta. Y, a continuación, el Estado, a través de la FED (¿en serio alguien cree que la autoridad monetaria es independiente?), compra esa deuda pública que está en el activo de los bancos, a cambio, no de dinero, sino de un depósito en el banco central. ¿Enrevesado? Pues sí, esas piruetas y otras más complejas son las que nuestros gobiernos hacen para financiarse. Hombre, lo que nos venden es que se trata de fomentar la inversión, porque las bajadas de tipos, ya ni fu ni fa. Así que, de alguna manera, los bancos ven sus tenencias de deuda pública a largo plazo disminuir y un depósito para ser utilizado en el banco central. Aunque, lo cierto es que eso permite que esos bancos respiren y sigan comprando deuda pública, que sirve para que el Estado siga gastando, y gastando mal.

Claro que, este encaje de bolillos no genera lo que conocemos estrictamente como inflación. Como decía Juan Ramón Rallo el pasado febrero: “en el fondo, igual da que sea contra billetes de nueva impresión o contra depósitos en la Fed, los dos son pasivos del banco central estadounidense que sirven como moneda de curso legal para saldar las deudas privadas nominadas en dólares”Pero generan otras distorsiones similares porque lo que ha aumentado son los medios de pago, que son como los dioses grecorromanos que contaban, cada uno, con cien mil advocaciones. ¿Y dónde están esos medios de pago extra? Adivinen… en deuda pública, disfrazados de unicornios.

El salto intertemporal: movimiento sexy

¿Hay inflación? Tal vez, aunque no escandalosa. Es decir, desde finales de 2008, cuando se inician los Quantitive Easing, los precios han subido casi una media anual del 2,2%. No es mucho, pero el día que la economía norteamericana esté en condiciones de volver a endeudarse y los bancos empiecen a hacer uso de esos depósitos de que disponen en la FED, subirán mucho más. Bueno, hoy no será. Eso dicen los defensores del QE, del gasto y de los unicornios. Pero, no solamente el aumento de los precios es inflación. También hay que considerar el exceso de liquidez, porque la inflación es la depreciación de los medios de pago, no el aumento de los precios. Lo otro es confundir el síntoma con la enfermedad. Y en nuestro sistema, crear crédito falso es crear dinero, en el momento en que ese crédito supone un mayor poder adquisitivo. Esa es la cruda realidad. Lo demás son apaños de quienes enseñan los datos para justificar su ineptitud.

Me admira que este argumento tan egoísta para con nuestros descendientes sea defendido por los mismos que te acusan de odiar la madre Tierra por proponer competencia energética, suspender subvenciones y abrir la puerta al fracking.

Es ilustrativo compararlo con lo que ha hecho Draghi en la UE. Sí, se parece más a una ‘barra libre’, pero no va a tener ese efecto ‘huevo Kinder’, que encierra una sorpresita en su interior. En la Unión Europea, el BCE ofrecía créditos a la banca comercial a unos tipos de risa. Y la banca comercial compraba deuda soberana a sus respectivos países para que el Estado pudiera seguir gastando y, también en esta ocasión, mal. Las empresas y particulares nos quedamos a dos velas, es verdad, pero no hay traslación de efectos perversos a generaciones futuras. Eso sí, tenga claro que se la están dando con queso, porque esa financiación privilegiada para gobiernos y bancos la obtienen a su costa, es menor crédito para el ciudadano.

Yo soy de las que eliminaría los bancos centrales, lo reconozco, pero entre una cosa y otra, igual me quedo con Draghi. Y más cuando le oí decir el otro día que “no hay que gastar lo que no se tiene”. Que es una frase que debería tatuarse cada ministro de Economía español, cada vez que se incumpliera el sano equilibrio presupuestario.

Otro gallo cantaría.

Superministras, pensiones y el fin del desempleo

La información económica es como el día de la marmota y Rajoy contribuye bastante a ello porque no se digna a tomar una decisión así lo maten. Esta semana hizo una excepción y se decidió por algo: nombró a Soraya superministra de Economía. Baldado se ha tenido que quedar, así que no esperemos crisis en el gabinete ni nada parecido hasta dentro de seis o siete meses. Entre Montoro y Guindos va a haber algo más que silencio, desprecios y mensajes vía terceros. Podría decir que eso es bueno, pero me temo que, conociendo el paño, de bueno nada y de malo mucho. Soraya ni sabe de economía ni le interesa lo más mínimo. Ella es, necesariamente por este orden, abogada del Estado y político. Eso ha sido su vida. Muy lejos de la España real que se levanta al punto de la mañana y se pone trabajar como un mulo para que a Hacienda no le falte de nada. De Montoro no digo nada porque creo que ya lo he dicho todo. Todo lo malo, bueno el hombre tiene poco. Respecto a Guindos todavía me estoy preguntando qué demonios hace un tipo válido y razonable como él en un camarote como el rajoyano. En fin, habrá que esperar a que publique sus memorias –si es que lo hace algún día– para salir de dudas.

Con Soraya de superministra de economía nos espera más montorismo, política económica idéntica al socialismo cavernario pero cuyo secreto reside en presentarse por sorpresa, sin avisar, para que el palo duela más. El lenguaje montorista se descifra de un modo sencillo. Tan solo es necesario cambiar el sí por no, y el no por sí. Ejercicio práctico. Cuando Montoro dice que va a bajar impuestos es que los va a subir. Podría ser que Montoro dijese, en un momento de enajenación mental transitoria, que va a subir los impuestos. Eso implicaría que los va bajar, por eso el interfecto se cuida muy mucho de decir cosas imposibles en su universo. Resumiendo que Montoro y, por afinidad montorista, Soraya jamás dirán que van a subir los impuestos.

Lo primero que ha recibido la superministra son dos bofetones bruselenses. Uno de la comisión y el otro del BCE. El de la comisión era previsible. No se fían de Hacienda, así que quieren que otra “autoridad” supervise la maldita consolidación fiscal. Porque esto del 10% de déficit sine die no va a durar siempre, aunque Mariano crea que sí. Este año les ha cogido con el pie cambiado y el Gobierno se la ha vuelto a hacer, pero de 2014 no pasa. No es de recibo que hasta Grecia cumpla lo pactado y entregue un déficit del 6% mientras que aquí los “defensores de lo público” –no, no me refiero a Ada Colau, sino a los rajoyes– van a lo suyo y perseveran por segundo año consecutivo en seguir gastando mucho, muchísimo más de lo que ingresan.

Me contaba el jueves el maestro John Müller que el Gobierno se le antojaba como aquellos primeros parados de 2008 que juraban y perjuraban que nunca saldrían de casa por menos de 2.000 euros al mes. Bien, hoy lo hacen por mil… o menos. Esos parados tuvieron que ajustarse y el Gobierno tendrá que hacerlo en algún momento porque eso de no salir de casa por menos de medio billón de euros, que es lo que aproximadamente gasta en Estado anualmente, es un caprichito inexplicable que está prolongando artificialmente la crisis. Esta parábola mulleriana es perfecta para explicar nuestro abismo fiscal, así que, de aquí en adelante la utilizaré con permiso de su autor.

Claro, que podría ser que, de pronto, se empezase a crear empleo a lo bestia así, por arte de birlibirloque. Las cifras del paro en mayo vienen a crear esa impresión. “Ale, ya se ha acabado la crisis”, esa era la impresión el martes cuando se hicieron públicas, a 100.000 parados menos cada mes, dentro de un año 1,2 millones habrán salido de las listas del SEPE. Eso no va a suceder como es obvio, pero el cortoplacismo de esta gente roza lo enfermizo. No ya es que vivan pensando en el mes próximo, es que lo hacen pensando en mañana. Así nos luce el pelo.

Se cree o no se cree empleo lo que ya no se tiene en pie es el sistema de pensiones, piramidal y fraudulento como todos los de reparto. Hay que reformarlo, dicen un día sí y el otro también, hay que asegurar las pensiones de nuestros mayores, claman con voz engolada los del sable desde sus escaños. Bien, por mucho informe –que no reforma– que hagan los expertos lo que es, es, que decía el castizo. O convierten el momio en un sistema de capitalización, un fondo de pensiones digno de tal nombre, o aquí no va a cobrar la pensión más que el que se haya encargado de ahorrar por su cuenta.

Carta abierta al español medio

Queréis empleo pero despreciáis al empleador.

Despreciáis al empleador pero pedís subvencionarle para mantener puestos de trabajo.

Pedís subvenciones para mantener puestos de trabajo en empresas jerarquizadas mientras suspiráis por trabajar en entornos innovadores.

Suspiráis por entornos innovadores mientras pedís al Estado que regule los mercados donde consumís.

Pedís regulaciones en los mercados mientras os quejáis de precios altos por falta de competencia.

Os quejáis por falta de competencia mientras lamentáis la competencia desleal de los chinos.

Os lamentáis de la competencia desleal mientras mantenéis que la clave de la prosperidad económica es exportar al exterior.

Alabáis la exportación exterior mientras protestáis ante la menor liberalización del mercado laboral que baje los costes de producción.

Criminalizáis la liberalización del mercado laboral mientras os escandalizáis de que la tasa de paro se sitúe en el 25%.

Os escandalizáis ante la tasa de paro mientras criticáis que se permita la apertura de centros comerciales todos los días del año.

Deploráis que se permita la apertura en festivos mientras alabáis las ventajas de internet y las nuevas tecnologías.

Alabáis las ventajas de internet y las nuevas tecnologías mientras os rasgáis las vestiduras ante el cierre de un periódico de papel.

Lamentáis el cierre de un periódico de papel mientras vuestra fuente preferida de información son titulares o tweets.

Vuestra fuente preferida de información son titulares o tweets mientras consideráis que la casta política es la responsable de todos los males.

Consideráis que la casta política es la responsable de todos los males mientras creéis que las subvenciones, plazas públicas y demás privilegios que ha concedido durante décadas eran vuestros derechos.

Creéis que los privilegios eran vuestros derechos mientras culpáis a quienes no quieren seguir financiando esos privilegios de capitalistas sin escrúpulos.

Culpáis a quienes se ofrecen a refinanciar nuestra deuda mientras exigís que se respete vuestra soberanía en el gasto público.

Exigís que se respete vuestra soberanía en el gasto público mientras pedís fuertes regulaciones a los bancos a los que prestáis vuestro dinero.

Pedís fuertes regulaciones en los depósitos bancarios mientras protestáis por los altos tipos de interés y condiciones de esos mismos bancos a la hora de conceder créditos.

Protestáis por los altos tipos de interés y condiciones de los préstamos mientras exigís la dación en pago de las viviendas bajo hipoteca.

Exigís la dación en pago de las viviendas bajo hipotecas mientras no aceptáis que un banco pueda quebrar.

No aceptáis que un banco pueda quebrar pero os asombra ver los privilegios de los que disfrutan los banqueros.

En definitiva, no sabéis qué queréis. Para vosotros el mundo es un lugar mágico donde siempre tenéis que ganar o rompéis el tablero, donde el beneficio solo es legítimo si lo conseguís vosotros o los vuestros, donde lo justo se convierte en injusto al mismo tiempo que cambian vuestras circunstancias, y donde la realidad es ignorada o cubierta por una tonelada de estiércol en cuanto os estropea vuestros numerosos prejuicios.

Con todo lo anterior podéis entender que algunos no estamos hartos ni de los políticos, ni de los banqueros, ni de la troika; estamos hartos de vosotros y de vuestra incivilizada conducta que permite a los primeros mangonearnos a todos.

Así que, por favor, la próxima vez que queráis denunciar los males del mundo, nada de manifestaciones, panfletos, charlas en el café o en la sobremesa; simplemente id al espejo más cercano y quedaos un rato mirándolo fijamente. Nos haréis un favor y lo mismo aprendéis algo.

‘Fracking’ sí, por favor

 "Spain must be very rich or very stupid to reject oil and gas investments"

La energía es esencial para el crecimiento, pero debe ser competitiva, barata y abundante. El gas pizarra –shale gas– cumple las tres condiciones. En la Unión Europea lo de barata lo hemos olvidado y nos hemos disparado un tiro en el pie consiguiendo algo que parecería casi imposible: tener una energía más cara que otros países que importan más materias primas que nosotros. ¿Cómo? Hundiendo nuestra competitividad con enormes subvenciones -casi un 1,5% del PIB de la Eurozona- a todo tipo de tecnologías, alcanzando el objetivo inimaginable de tener una sobrecapacidad cercana al 30%, pero a la vez un coste inaceptable. Ineficiente, caro y de baja competitividad.

Según Eurostat, el precio medio de la electricidad y el del gas para los hogares en España se encuentra entre los seis más altos de la Unión Europea. Nuestra factura, además de unos impuestos enormes, incluye grandes costes fijos por mantener tecnologías, tanto las obsoletas como las nacientes, creadoras de sobrecapacidad y costes regulados que solo suben.

Pero, además en Europa la electricidad, según el presidente de la CE, Barroso, es un 50% más cara que en EEUU y el gas industrial, casi un 75% superior. Estados Unidos es autosuficiente en gas e importa menos petróleo que en 2007, y va camino de autoabastecersecomo vengo comentando en esta columna desde hace tiempo.

Desde que la revolución del fracking -fractura hidráulica- comenzó, el precio del gas en EEUU ha caído más de un 44%, mientras en Europa subía un 23% de media. Eso es un estímulo de verdad. No es una cuestión irrelevante. El coste de la energía supone casi el 30% de los costes totales de las industrias en Europa.

Podemos rompernos la cabeza echando la culpa a las renovables, al carbón o a la nuclear, unos y otros, que la realidad del problema es que en Europa y España no se permite la sustitución, la competencia y el desarrollo de fuentes de energía barata. No solo tenemos que dejar que funcione el mercado y que caigan las tecnologías obsoletas, como ha ocurrido con empresas de carbón, solar o viento ineficientes en EEUU. Tenemos que generar energía barata. El fracking, amigos míos, es la mayor fuente de mejora de competitividad de la economía americana (lean aquí), no imprimir moneditas.

No vale decir que una tecnología "es barata" si no consideramos todos los costes que genera, incluidos los subsidios y primas. Es engañar. Lo que importa es tener una factura final baja. Y el destrozo a la competitividad que estamos llevando a cabo mata las posibilidades de crecer y recuperar actividad industrial, puesto que las empresas se van a países más baratos.

Prohibir el fracking -la fracturación hidráulica para extraer gas- es suicida.

– La tecnología está probada y se desarrolla de manera eficiente y segura en más de 10.000 pozos anuales en EEUU. Antes de que se lancen a contarme historias de miedo de documentales -desmontados- como ‘Gasland’, y para los que quieran entrar en detalle sobre todos los riesgos y las aclaraciones a los miedos infundados, les recomiendo mi artículo con preguntas y respuestas sobre el fracking aquí.

– Ahorraría a Europa 900.000 millones en su objetivo de reducir importaciones y emisiones de CO2 a 2050 combinado con aquellas energías renovables que ya no necesitan subvención.

– En EEUU ha creado 76.000 millones de PIB y 600.000 puestos de trabajo. En Europa se estiman reservas suficientes para cubrir 90 años de demanda (156tcm de reservas de gas pizarra). En España, casi 40 años. Por supuesto, esa cifra aumenta con las mejoras de productividad, como hemos visto en EEUU. Inversiones de decenas de miles de millones que no necesitan primas, subvenciones ni historias. 

 

Europa depende en gran parte del gas ruso en invierno… pero parece preferir el riesgo de desabastecimiento si vuelve a enfadarse el Kremlin a desarrollar sus reservas de gas pizarra.

España importa casi el 55% de su gas de Argelia y depende, para tener flexibilidad, de países que cobran por su gas precios muy superiores a lo que costaría el gas pizarra. Incluso asumiendo un coste que duplicase al gas americano, $8/mmbtu, el gas nacional seguiría siendo mucho más competitivo. Casi un 40% inferior al gas licuado importado.

En España tenemos importantes reservas de gas pizarra, concentradas en regiones afectadas por un paro cercano al 30%, y que necesitan como el agua recibir inversiones y crear empleo. La industria del petróleo no solo atrae inversiones sin subvenciones, sino que crea empleo cualificado, además de traer extranjeros expatriados de alto poder adquisitivo. El Consejo Superior de Colegios de Ingenieros de Minas ha realizado un excelente informe que merece la pena leerse.

 

Competitividad, un objetivo posible… con energía barata

Decía un gestor en la conferencia global de Goldman Sachs del martes pasado que "Europa decidió intentar importar menos gas y petróleo subvencionando energías que cuestan el equivalente a $180/barril, y hoy no solo importa más, sino que lo que produce es más caro". Y no me hablen de crear "industrias y tecnologías nacionales" cuando importamos la mayoría de paneles solares y turbinas de China, Alemania y EEUU.

El coste en energía es todo

Algo muy bueno debe tener el fracking cuando entre los grupos que más lo atacan se juntan las empresas carboneras, los gasistas rusos y los sectores subvencionados. Porque son los que sufren si bajan los precios del gas y se desarrolla a gran nivel.

Sí, hay que monitorizar y regular los aspectos medioambientales, pero eso se hace desde la colaboración con la industria, permitiendo la innovación, no prohibiendo. Todo tiene riesgo, pero exagerarlo es rídiculo. Sorprende, por ejemplo, la vehemencia anti-fracking de gente que defiende con uñas y dientes a la minería de carbón. Si por ellos fuera, no tendríamos ninguna industria, que también tiene "riesgo". Y para ellos, el consumo de tierras raras para sus electrodomésticos no importa, porque si contaminase lo haría en China. Que se fastidien. Hoy en EEUU ya hay empresas que ofrecen fracking sin agua -con gas- y se usa agua reciclada de manera masiva. Los reguladores medioambientales norteamericano, polaco y británico lo certifican cada mes.

Hay que seguir apostando por las tecnologías punteras. Todas. Como hace EEUU. Permitiendo la sustitución, no dando subvenciones y primas, sino deducciones fiscales –tax credits-, haciendo que sea el mercado el que determine si una tecnología es valida o no, así se previenen los ‘efectos llamada’ falsos de regulaciones excesivas y se evita la sobrecapacidad. Mostrando al consumidor el verdadero coste de la energía, no escondiéndolo en una tarifa que difiere los costes reales al infinito -como el déficit de tarifa español-…Y, por supuesto, dejando que quiebre el ineficiente.

No se puede sustituir el consumo de gas y petróleo al 100% por energías renovables. Por coste, tanto de subvenciones como por la enorme inversión necesaria en redes, que todo va a su factura. Mientras se siguen desarrollando alternativas que no cuesten hoy los ahorros de dentro de cien años, tenemos la obligación de desarrollar nuestros recursos naturales, como hace el Reino Unido, China, Australia o EEUU.

Decir que los americanos son tontos por crear riqueza y aprovechar de manera exitosa sus recursos naturales, o mejor aún, decirles a empresas petroleras privadas multinacionales que sus negocios son una burbuja y "no son rentables" -se lo juro- es de una petulancia y paternalismo de nuevo rico que no nos podemos permitir.

España necesita inversión y crear empleo ya. Rechazar capital es un lujo que no nos podemos permitir. Escondernos en el "no en mi jardín" subvencionando costes inaceptables esperando que algún día la demanda crezca y nuestro bolsillo lo pague, solo nos hunde más en el agujero de desindustrialización y falta de competitividad en el que estamos. No nos dejemos llevar por historias de miedo y soluciones mágicas. Tenemos soluciones en casa. Buen fin de semana.

Cuatro frentes

Separatismos, economía, corrupción y oposición interna. Estas son, quizá bien ordenadas por importancia, las cuatro cuerdas flojas en las que bailan los dirigentes, bien del PP, bien del gobierno, que en este régimen de no división de poderes, viene a ser lo mismo.

La inevitable aparatosidad de las fuerzas independentistas catalanas y vascas amenaza al gobierno y a la unidad de España. No podemos menospreciar este peligro porque sería casi estúpido no leer y tampoco escuchar lo que claramente dicen los líderes de esas fuerzas. La pretensión de los radicales vascos parece más sólida siendo menos mediática. La catalana, traspasada de corrupción, se presenta parcialmente como el negocio familiar Pujol-Mas. La actitud de Rajoy parece perseguir que el proyecto catalanista pierda fuelle y se desgaste poco a poco ante la indiferencia, más que oposición, de los españoles, también los de Cataluña. Perfil bajo de Rajoy que, por eso, cubre menos flancos y estimula la confianza separatista. Los separatistas de las Vascongadas se asientan en las instituciones rehabilitando las figuras de los terroristas que, no habiendo entregado sus armas, siguen contando con ellas para, sin mencionar la vuelta a los atentados, dejar sin refutar su posibilidad. Y Rajoy, en esto, cubriendo aún menos huecos. Para esta no estrategia cuenta con dos PPs nada incómodos para los independentistas.

En la economía se apunta a las recetas menos liberales posibles. No se trata de que Rajoy deba ser un dogmático partidario de menos Estado y más mercado porque sí, sino porque a esta fórmula se la puede denominar por sus efectos: menos pobreza, más prosperidad. Una visita al Índice de Libertad Económica muestra la correlación, la coincidencia, la evidencia empírica o lo que sea que vincula, año tras año, la prosperidad con la libertad en la política económica y en la reducción de regulaciones. Si en el contraste con los hechos advertimos que menos estas aumentan la libre entrada de empresarios al mercado, Rajoy regula más y más. Si los elevados impuestos son la salud del funcionariado y de los políticos pero no de los ciudadanos, va y los sube. Ya que la expansión sin control del crédito supone inflación, más o menos oculta tras las mediciones de los IPCs o tras las mejoras tecnológicas que la absorbe pero no la eliminan, el Presidente reclama al BCE poco menos que una monetización de su deuda. Da igual. Solo le importa que el gobierno absorba el escaso crédito circulante y carga al BCE con la culpa del estancamiento esperando que este se desboque, inunde el mercado de dinero y no podamos ver al gobierno de España succionando los préstamos que se deniegan a, por ejemplo, las pequeñas y medianas empresas. Por último, en esta línea, si la mínima racionalidad económica y, sin duda, institucional, aconsejan exigir el mismo déficit autonómico a todas las regiones incluidas las de los sedicentes "hechos diferenciales" basados en distinciones y privilegios propios del Antiguo Régimen, pues no; para qué intentar construir un estado moderno bajo el principio, también moderno, de igual trato para todos.

Con la corrupción el Partido Popular tiene un grave problema. Lo tiene porque cada vez con más fuerza se traslada la idea de que tanto o más que un partido se trata o se trató de una máquina de hacer dinero para goce particular de sus dirigentes. Es lo que hay y, ahora, que lo nieguen. Ya no vale. Por mera higiene, en principio, pero por sentar las bases de una forma honesta, es decir, moderna y eficiente, de afrontar la organización del Estado, la corrupción debe dar un vuelco importante. Seguro que nunca se podrá erradicar por razones que hoy no vienen al caso, pero sí debe quedar claro que, a la vista de los logros en otros países (ver los datos que ofrece Transparencia Internacional al respecto) se puede hacer mucho más; y ese más redundará en seguridad jurídica y estabilidad institucional. No hay, por el contrario, duda de que quienes viven de la niebla harán lo posible para que nunca escampe.

Y por último, la oposición aznarista. A muchos, liberales y/o partidarios simples de la unidad de España, les resulta grata la presencia pública de Aznar sustituyendo y desbordando en impacto, aunque no en calidad, a Esperanza Aguirre. Creo que esa ilusión levantada es un espejismo, no porque la estrategia de "caña flexible" de Rajoy esté resultando muy eficaz contra los enemigos internos, sino porque el aznarismo, la vieja guardia, carece prácticamente de posibilidades de ser ni mayoritariamente minoritaria. Los viejos éxitos no valen si aparecen mezclados con Bárcenas y otras fealdades. No obstante, aunque la estrategia de Rajoy ante su exjefe presente pocos riesgos, es eficaz y se intuye tras ella el plumero de la nomenklatura política. Que personajes como Durán i Lleida le defiendan frente Aznar revela el terror que le produce a esa casta la remota posibilidad de que el Estado del cual viven, y muy bien, mengüe con una reforma radical y liberal.

Rajoy juega a no aparecer como responsable de los fracasos posibles de sus alineamientos políticos pero sí, claro, si hay éxitos. Para ello deja hacer, acepta lo que le dicen pero no tanto, amenaza con Aznar y carga las tintas pidiendo más Europa, es decir, más respiración asistida.

Bachelet y la tentación chavista

La campaña para la elección presidencial chilena de finales de año está tomando un rumbo preocupante. Como una forma de enfrentar una serie de dificultades en el lanzamiento de su candidatura, Michelle Bachelet está dando un peligroso giro hacia el chavismo que puede terminar tensionando la sociedad de una manera que no se había experimentado en décadas.

A su regreso al país, a fines de marzo, la candidata socialista apostó por prolongar ese silencio ambiguo que parecía ser la fuente mágica de su popularidad. Y esto era indudablemente cierto. La popularidad de Michelle Bachelet se alimentaba de un silencio que le permitía a quien lo quisiese proyectar en ella sus aspiraciones y deseos. El silencio de Bachelet se llenaba así de otras voces, por más contradictorias que fuesen entre sí.

La estrategia del silencio era parte de un mensaje en que la candidata aparecía como un ser providencial, una especie de mito viviente que bajaba de sus alturas olímpicas conmovido por el clamor de su pueblo. Si algo quedaba claro era que Bachelet estaba apostando por una forma personalista de definir su campaña, con fuertes ribetes populistas en cuanto buscaba una relación directa y plebiscitaria con el pueblo. Así las cosas, trató de colocarse por sobre los partidos, sin siquiera aceptar que personeros políticos destacados participasen en el recibimiento que se le hizo a su regreso.

Pero el encanto del silencio y del mito no podía durar. Se basaba en un error fundamental, en no entender que la cercanía mata la ilusión y que los mitos no aterrizan. Al poco, su silencio la puso a la defensiva frente a los emplazamientos cada vez más comunes sobre su gestión anterior: su imperdonable falta de liderato frente al terremoto y el tsunami del 27 de febrero de 2010, su incapacidad de poner coto a los abusos en la educación superior o en el mundo financiero, la mediocridad de sus logros en el combate contra la pobreza y la desigualdad.

Finalmente estalló el escándalo de los supuestos exonerados políticos, que involucra a Bachelet y al conjunto de la izquierda chilena. Se trata de una malversación masiva no sólo de fondos públicos sino, lo que es peor, de aquel amplio y generoso sentimiento ciudadano de solidaridad con las víctimas de la dictadura que ha imperado en el Chile democrático. Con ello se hundía la retórica de Bachelet contra el abuso ("No más abusos" fue su consigna inicial) y, más en general, la superioridad moral de la izquierda.

Ante este escenario desfavorable, la opción de Bachelet ha sido tomar una deriva chavista que puede costarle caro a Chile. Su gran caballo de batalla ya no es la lucha contra el abuso o por más igualdad, sino un desafío frontal a la institucionalidad vigente concretado en su promesa de una nueva Constitución, aunque para lograrlo deba recurrir a la convocatoria ilegal de un plebiscito que le abra las puertas a una Asamblea Constituyente.

En una entrevista reciente afirmó: "Yo no le cierro la puerta a ninguna opción", incluida la de salirse de los marcos de la Constitución vigente. Agregó que el camino elegido "va a ser una vía chilena, no va a ser una vía copiando a nadie de ningún otro país"; es decir, será una versión chilena del chavismo, tal como algún día se enarboló la vía chilena al socialismo.

Aún más explícito fue Fernando Atria, uno de los miembros de la comisión por una nueva Constitución creada por Bachelet, al decir: "el problema constitucional chileno es algo que tendrá que resolverse por las buenas o por las malas".

Son malas noticias para Chile. El populismo de los caudillos mesiánicos que se sienten por sobre la ley es un viejo mal latinoamericano que siempre se ha pagado muy caro. Como recientemente dijo Mario Vargas Llosa comentando "cierto extremismo retórico" de los últimos pronunciamientos de Bachelet: "Desde luego, si Chile retrocede hacia alguna forma de chavismo sería una catástrofe no solo para los chilenos sino para toda América Latina".

Las verdaderas lecciones sobre Grecia

Siempre que el FMI habla, sube el pan. Y lo hace aun cuando casi nadie escucha lo que en realidad está diciendo. Como máximo representante del neoliberalismo salvaje –por mucho que se trate de una burocracia internacional creada por Keynes, alimentada con el saqueo de los contribuyentes y cuyo cometido esencial es el de rescatar a gobiernos manirrotos para que sigan despilfarrando– cumple su función social dentro del marco dominante del pensamiento único estatista proporcionando tendenciosos titulares de prensa que, casualmente, permiten cargar contra el libre mercado pero jamás terminan de ser lo bastante contundentes como para proceder al muy necesario cierre del Fondo.

Ya sucedió con el famoso ‘paper’ del economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, donde si bien reconocía errores de cálculo a la hora de anticipar los efectos contractivos de la austeridad, también admitía que no existía alternativa a los ajustes fiscales. Ciertamente, no estoy diciendo que el FMI tenga razón por el hecho de ser el FMI (debería, ciertamente, existir una presunción de lo contrario), sino que claramente resulta sesgado resaltar la primera parte de la información y ocultar la segunda. Pues bien, el mismo patrón de desinformación se ha vuelto a reproducir con la reciente publicación del informe de evaluación de la asistencia financiera proporcionada a Grecia desde 2010.

La mayor parte de los medios han titulado con aspavientos que el FMI reconoce que subestimó el impacto de la austeridad en Grecia y que habría sido preferible que Grecia contara con una mayor asistencia financiera de sus socios comunitarios para minimizar los ajustes. No es que la exposición sea absolutamente falsa –bien sabido es que una media verdad resulta mucho más efectiva que una falsedad absoluta– pero desde luego oculta buena parte del razonamiento y de las conclusiones.

El informe del FMI sobre Grecia

De entrada, el FMI expone que el modelo de crecimiento de Grecia durante los primeros años del siglo XXI era del todo punto insostenible. El crédito barato permitió basar su ‘boom’ económico “sobre enormes déficits fiscales financiados con crédito extranjero que permitieron que el gasto del país se situara por encima de su producción”. Sólo es necesario constatar que el gasto público se duplicó entre el año 2000 y el 2008 (pasando de 63.000 millones de euros a 117.000) gracias a unos déficits públicos que en 2008 alcanzaron el 10% y que, a su vez, se sufragaban con un endeudamiento exterior que incluso superó al español (el déficit exterior en 2007 y 2008 rozó el 15% del PIB). En suma, Grecia era un país que producía mucho menos de lo que consumía y que por tanto no paraba de endeudarse con sus acreedores extranjeros para mantener un insostenible tren de vida. Sí, a lo loco se vivía mejor, pero las locuras terminaron con la crisis.

Habiendo alcanzado en 2009 una ratio de deuda del 130% sobre el PIB y contando con el mismo modelo de ‘crecimiento’ asentado en el pelotazo crediticio, parece claro que el país estaba condenado y que jamás podría devolver todo aquello a lo que se comprometió. De ahí que los acreedores extranjeros comenzaran a retirarle la financiación y que Grecia estuviera a punto de caer en 2010 en suspensión de pagos. Fue aquí donde comenzaron los errores: la Troika se obsesionó con evitar que Grecia quebrara (debido a la reciente mala experiencia con Lehman Brothers) e iniciaron un plan de salvamento dirigido a estabilizar al país saneando sus finanzas. Sólo había un problema: la magnitud del desequilibrio presupuestario era tal que, simplemente para cuadrar las cuentas antes de proceder al pago de los intereses (equilibrio primario), se requería un ajuste de 14,5 puntos de PIB.

Debería haber resultado evidente que un ajuste de esta magnitud por necesidad tenía que hundir el PIB en medio de una depresión internacional. Eran habas contadas: alrededor del 15% de todo el gasto del país se financiaba con deuda (no con producción) y tocaba proceder a desenganchar al drogadicto de esa adicción. A menos que repentinamente el sector privado griego comenzara a crecer a tasas irrealmente elevadas (rellenando con producción el hueco dejado por dejar de gastar a deuda) era inexorable que el PIB se hundiera. Es como si uno se acostumbra a vivir con un crédito bancario por el que gastan mes a mes un 20% más de lo que ingresa: obviamente, cuando ese crédito laxo desaparezca, su gasto mensual se hundirá a menos que encuentre un empleo complementario que le permita aumentar su salario mensual un 20%. Siendo el ajuste imprescindible (el país nunca fue rico sino que vivía de la deuda), no habría estado mal presentar estimaciones más realistas sobre el crecimiento y el empleo (aun cuando el ajuste hubiese seguido siendo igual de inaplazable con otras estimaciones: o, en palabras del Fondo, “en cualquier caso, una depresión profunda resultaba inevitable”).

Pero el FMI se empeñó en afirmar que un ajuste de casi 15% en las finanzas griegas simplemente iba a generar una caída del gasto total del 5,5% hasta 2012, cuando finalmente ha sido del 17%. ¿El motivo de que la caída fuera 12 puntos superior a la estimada? Pues el que hemos dicho: “Parte de la contracción no estuvo relacionada con el ajuste fiscal, sino más bien con la ausencia de crecimiento en el sector privado derivado del aumento de la productividad y de la mejora en el clima inversor que se esperaba que resultara de las reformas estructurales”. Vamos, que pasar de una economía privada esclerotizada y ‘deudómana’ a una productiva basada en el ahorro interno no se logra en un santiamén. ¿Por qué, entonces, el FMI presentó estimaciones tan irreales de los efectos del ajuste? Pues porque eran necesarias para engañar a todo el mundo de que la situación financiera griega podía reconducirse sin una quita sobre su deuda. ¿Y por qué quería engañar a todo el mundo? Para que los tenedores extranjeros de deuda griega (bancos alemanes y, sobre todo, franceses) tuvieran tiempo para desprenderse de ella, traspasándosela al contribuyente europeo. El propio FMI lo reconoce: “El retraso [en la quita de deuda] proporcionó una ventana a los acreedores privados para que redujeran su exposición a Grecia y le trasladaran sus pasivos a manos gubernamentales”.

Errores y lecciones

El primer error fue rescatar a Grecia; el segundo error, fue rescatarla sin imponerle desde un comienzo una quita de caballo, dado que a todas luces tal carga de deuda resultaba impagable (al menos, sin proceder a privatizar los milmillonarios activos estatales que posee el país o sin transformar de arriba abajo el modelo de Estado griego, algo que ni siquiera se planteó). De nuevo, el FMI reconoce, a toro pasado, este segundo error: “El no haber afrontado el problema de deuda pública desde el comienzo ha creado incertidumbre sobre la capacidad de la Eurozona para resolver el problema y ha agravado la contracción. Una quita inicial habría sido mejor para Grecia, si bien no resultaba aceptable para sus compañeros de la Eurozona”.

Tercer error: si bien el ajuste presupuestario de caballo y la ulterior depresión eran inevitables, la manera lógica de afrontarlo era exclusivamente por el lado del gasto público. Si el Estado se había sobredimensionado durante la burbuja, qué menos que volver a meterlo en vereda. Pero no, la mitad del ajuste se realizó subiendo impuestos, lo que machacó todavía más a un sector privado que debía reestructurarse para volver a generar riqueza lo antes posible: “La gestación del déficit durante la década que comenzó en el año 2000 fue casi enteramente debida a un aumento del gasto público. Cabe cuestionar la numerosa presencia de medidas dirigidas a aumentar los ingresos dentro del programa de asistencia financiera”.

Con todos estos matices, el FMI concluye que “las políticas adoptadas han sido a grandes rasgos correctas”. Por mi parte, no coincido con el FMI, pero sus opiniones no deberían presentarse de manera sesgada e interesa. A mi entender, el informe del FMI da la razón a lo que muchos veníamos repitiendo desde hace tiempo: no hay que rescatar a ningún Estado, sino que éste tiene que afrontar las consecuencias de su propia irresponsabilidad; Grecia nunca estuvo dispuesta a acometer el duro ajuste financiero que era necesario para evitar el default, de manera que las quitas resultaban indispensables desde el comienzo; y, sobre todo, los imprescindibles ajustes presupuestarios han de hacerse bajando el gasto y no subiendo impuestos. Nada de ello evitará que el PIB caiga –porque, señores, el PIB tiene que caer cuando se lo ha estado cebando con deuda y un país ya no es capaz de devolver esa deuda–, pero sí minimizará el tiempo de reestructuración y asignará las pérdidas a aquellos que las merecen.

La Troika, sin embargo, optó por solventar el problema griego a la muy estatista manera: no dejando que el mercado actuara (quiebra y reducción del gasto), sino socializando las pérdidas de la banca europea invertida en Grecia entre todos los contribuyentes europeos y apretándole las tuercas al sector privado griego con impuestos mucho más altos. Un disparate estatista injusto e ineficiente. Ahora bien, lo más inquietante son los paralelismos en las maniobras de la Troika para con España: rescatarla, dar tiempo a los bancos europeos para que liquiden sus posiciones, y ‘sablar’ a impuestos a los españoles para efectuar gran parte del imprescindible ajuste. Aprendamos de Grecia: cerremos toda línea artificial de rescate (especialmente la OMT) y evitemos la suspensión de pagos recortando exclusivamente gastos.