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Bruselas y la generosidad del prestamista

La deuda es la esclavitud de los libres” Publilio Siro

Llevábamos semanas oyendo las supuestas bondades de “relajar los objetivos de déficit” y escuchando a muchos gobiernos regionales comentar el “reparto del déficit” como si la deuda fuera una donación y no una responsabilidad. Hasta que llegó la Troika y nos recordó lo que nadie quería reconocer. Que las deudas se pagan y que los préstamos sin condiciones no existen. Ahora, tras años perdidos alimentando la burbuja de gasto político, vienen más problemas, porque haber retrasado lo inevitable –la reforma de las Administraciones Públicas y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria y de obra pública- nos lleva, probablemente, a una salida mucho más compleja.

Ante un escenario incierto no es de extrañar que los inversores extranjeros vendan deuda española ante nuevas medidas de ajuste que se temen que caigan por el lado impositivo.

Siempre que visito España me dicen que Bruselas nos exige esto y aquello. Sin embargo, Irlanda no lleva a cabo la misma política y está también en la UE y con problemas similares. Desde fuera da la impresión de que Bruselas simplemente acepta resignada los incumplimientos, y ante el riesgo de la implosión de una economía tan grande, propone medidas de prestamista, que aceptamos de buen grado porque sostienen un estado fragmentado e ineficiente, cuya reforma exige pelearse con muchos amigos y colaboradores.

¿Qué significa eso? Como decía muy bien Xavi Sala i Martin, “la UE piensa que no sólo el estado español gasta demasiado, sino que gasta mal”. Recomienda lo que todo el mundo pide a gritos, cortar gasto administrativo a todos los niveles, un plan de eficiencia de la Administración Pública antes de fin de año. ¿El problema? Los incentivos perversos.

Los aumentos de impuestos siempre son inmediatos y los recortes de gastos siempre son diferidos. De aquí a fin de año, y su implementación –si se lleva a cabo y no se disfraza-, nos vamos a 2015 gastando 70.000 millones más de los que ingresamos. Eso antes de contar el coste de rescatar autopistas inviables o posibles inyecciones adicionales al banco malo o las cajas.

Y como en Bruselas están preocupados de que incumplamos, se decide “trabajar en una reforma tributaria completa y sistemática que sirva para reordenar el modelo fiscal español”. Traducción: prepare la cartera, que vienen subidas.

Díganme si ustedes invertirían los billones de euros que necesitamos para recuperar el empleo y el crecimiento en un país en el que se van a reordenar –subir- y reformar –subir- los impuestos. Y España necesita inversión extranjera. Ya. Lo explicaba en mis Diez propuestas para atraer capital y promover el crecimientoUna crisis de balance sólo puede solucionarse recapitalizando, y esa inversión sólo va a venir con impuestos bajos y cortando burocracia.

El problema de las medidas de prestamista es que perpetúan modelos económicos endeudados y estructuralmente fallidos con tal de seguir con media cabeza fuera del agua.

Los gobiernos piensan que la solución más cómoda es incumplir, esconder y extender, esperando que el año que viene pase todo. ¿Y si incumplen? Pasa al siguiente. Es el problema de la falta de responsabilidad crediticia. Por eso no se puede solucionar una crisis de balance con más gasto. La burbuja inmobiliaria y de obra civil suponía en el pico casi un 15% del PIB. Eso, y no las entelequias de fraude fiscal que se cuentan, es lo que ha hundido nuestros ingresos. Una economía interconectada al ladrillo que generaba efecto multiplicador en infinidad de sectores, desde energía a telecomunicaciones y servicios. Intentar recuperarla es suicida.

Los parches crediticios de Bruselas evitan las medidas duras necesarias, retrasan la recuperación y ahogan más a empresas y familias con nuevos impuestos. Para el gasto siempre hay margen, pero para bajar impuestos e impulsar la economía, no.

Luego, cuando se entra en depresión, proponen más gasto público para “salir de la crisis” que ha creado el gasto excesivo. Primero ponen la zancadilla y después dicen que sin ellos usted no se puede levantar y andar.

Pero cuando se lleva la misma política durante años, cada vez duran menos los tiempos de bonanza y se extienden más los de crisis. Porque en periodos de crecimiento tiran las recomendaciones de Keynes –ahorrar en tiempos expansivos y bajar impuestos en recesión-. Al pobre John Maynard Keynes sólo lo leen para gastar.

No es ninguna casualidad que el mayor crecimiento de paro, gasto estatal y de deuda se produzca en países que disfrutan hoy de condiciones crediticias excepcionales, tipos mínimos históricos y todo tipo de paliativos a la hora de llevar a cabo reformas de calado. Los incentivos perversos de la generosidad del prestamista, ya que al final el que paga es usted, no el que gasta. Y mientras ocurre, esos países blindan sus estructuras anquilosadas atiborrándolas de “competencias” sin sentido.

Y en eso llegó la Troika

La “relajación” de los objetivos del déficit significa un 6,5% para este año, 5,8% en 2014, 4,2% en 2015 y 2,8% en 2016. Me van a permitir ustedes discrepar, pero si el paro en España se mantiene por encima del 20% en 2015, como esperan, no me sale por ningún lado cómo se va a conseguir ese déficit. Y eso que yo estimo un superávit por cuenta corriente sólido en 2014.

Para conseguir ese déficit, el esfuerzo estructural deberá ser del 1,1% del PIB este año, y casi un 1% anual en los siguientes. ¿Qué significa eso? Que hay que buscar 10.000 millones de euros cada año, solo para cumplir si todo va bien y la hoja de Excel de Bruselas no se equivoca.

¿Por el lado de los ingresos? No hay más que ver el éxito de las subidas de impuestos, vean la tabla inferior. Una caída del 6,6% anualizada. Menos ingresos por IVA, IRPF, sociedades… Perdón, que la subida del IVA ha sido un éxito “si quitamos las devoluciones”. Paciencia.

Por el lado de los gastos. .. Vamos a ver, 10.000 millones anuales… Oh, sorpresa. La cifra que nos gastamos en subvenciones. No, pero eso no se puede cortar, hombre. Bueno, entonces un tercio del gasto en “actividades económicas”. No, no, en eso tampoco se puede. Un momento, entonces un 45% del gasto en diputaciones, cabildos y consejos insulares. Que no, que eso no se puede recortar tampoco.

No hay margen. Habrá que subir impuestos. Que nadie mencione a Irlanda.

 

Sin embargo, el Gobierno tiene que cuidar como si su vida fuese en ello a nuestro sector exportador, pymes y autónomos. Nada más nos va a sacar de la crisis. La única manera de crear dos millones de puestos de trabajo es que sea atractivo montar nuevos negocios.

Una crisis de balance

Los problemas de balance no se solucionan con devaluaciones internas, porque se desploma la renta disponible, cae el consumo y el agujero de deuda se agranda. No se solucionan subiendo impuestos, porque se repele a la inversión exterior. Y no se soluciona con más deuda. Porque mientras nos aferramos a los gastos de la burbuja, los ingresos fiscales de esa terrible época de la chequera en blanco no van a volver.

La salida de esta crisis empezará cuando los gobiernos europeos se den cuenta de que los ingresos que consideran “normales” eran producto de la expansión injustificada de crédito creada por el dinero gratis de la “construcción europea”, y que dichos ingresos no pueden retornar cuando todos los agentes, estados, empresas y familias ya están muy endeudados.

 

Nuestra deuda, nuestro problema

No es una casualidad que la deuda estatal en manos de los bancos españoles haya aumentado un 10% en el primer trimestre de 2013 y supere los 245.000 millones de euros –casi el 40% del total-, como muestra el gráfico (cortesía de perpe.es). Ni que la Seguridad Social y las pensiones tengan invertido el 90% en bonos del estado. Nuestro riesgo soberano y el de los miembros de la eurozona se están aislando para evitar contagios. Es nuestro. Y el Banco Central Europeo y Bruselas nos darán todas las facilidades para que la deuda en manos de entidades domesticas llegue al máximo posible. 

La fragmentación del riesgo de la eurozona, que mencionaba ayer el Financial Times y que comentábamos aquí hace meses en mi artículo Al día siguiente del rescate, lleva a la absorción interna de la mayoría de la deuda estatal. Nosotros solos sufriremos el riesgo si entramos en problemas graves. Evitémoslos.

 

De las crisis de balance solo se sale de tres maneras:

– Con una enorme quita –y eso se lleva por delante no solo a nuestros bancos atiborrados de deuda soberana, sino nuestra seguridad social y nuestras pensiones, invertidas hasta un 90% en bonos estatales-. Las quitas hunden la confianza inversora. No existe el concepto de quita “con confianza”.

– Con una devaluación enorme e inflación –el impuesto silencioso-. Y ya hemos visto la inutilidad de esas políticas en Reino Unido o Japón. No baja la deuda, de hecho aumenta, se gasta igual o más pero se empobrece a toda la gente, y tampoco evitan los recortes.

– Recortando gastos y bajando impuestos, atrayendo capital inversor y recapitalizando el sistema con dinero extranjero. Es lento, pero limpia el sistema.

Las dos primeras benefician al aparato político, que se mantiene o incluso aumenta. De hecho, ante el destrozo económico que generan ambas, siempre se acude al “gasto público”. Ya saben, primero zancadilla y luego “sin mí no puedes levantarte”. Argentina sin petróleo. Pero ya no funciona. Los estados europeos están tan endeudados que ya no pueden gastar centenares de miles de millones anuales en infraestructuras inútiles, y el coste de esas subvenciones y gastos desproporcionados sigue llevando a la desindustrialización y el paro, que son tan atroces que ponen en peligro el sistema completo.

Relajar el déficit, aumentar la deuda, seguir manteniendo el gasto político, no es generosidad de prestamista. Es esclavitud. Y a estas alturas, ni siquiera es políticamente rentable para el aparato burocrático. Ténganlo en cuenta. Buen fin de semana.

Venezuela post Hugo Chávez: misma precariedad, idéntico liberticidio

El fallecimiento de Hugo Chávez estuvo rodeado de un halo de secretismo interesado por parte del régimen. Lo mismo que sus frecuentes visitas a La Habana cuando se trató del cáncer. Una vez se consumó su muerte, además de las intrigas palaciegas dentro del PSUV, se convocaron elecciones, ganadas por el oficialismo.

Como resultado, Nicolás Maduro es la nueva figura del gobierno. Aún es pronto para determinar en qué sigue la senda del chavismo y en qué se aparta de la misma. No obstante, algunas y peligrosas constantes del pasado inmediato mantienen su protagonismo.

La primera de ellas, las continuas descalificaciones a la oposición, particularmente a la figura de Capriles Radonsky, al que acusa permanentemente de sabotear al gobierno, por ejemplo tras su reunión con el Presidente colombiano Juan Manuel Santos. La segunda, y en íntima relación con la anterior, afirmar que en Venezuela está creciendo la extrema derecha pero "él evitará que aparezca un nuevo Pinochet". Por tanto, Maduro no se ha apartado de la ortodoxia argumental de su predecesor, de quien ha heredado su carácter mesiánico.

Así, en los últimos días hemos asistido a denuncias de golpe de Estado y posibles intervenciones de sicarios para desestabilizar el sistema político. Frente a ello, la respuesta ha consistido en culpar a Estados Unidos de todos los problemas. Sin rubor, Maduro declaró a Le Monde que "Obama sonríe pero bombardea".

A nivel exterior, el nuevo caudillo tampoco se aparta de la senda marcada por Hugo Chávez. Se mantienen intactas las relaciones con Nicaragua, Cuba, Bolivia y Ecuador. De hecho, la primera visita oficial la ha efectuado a Bolivia, reuniéndose con Evo Morales. Este afrontará en breve elecciones, en un contexto de creciente desaprobación a su gestión política. Está por ver si la oposición es capaz de organizarse para plantear un programa y un candidato alternativo, algo que en los años previos no ha logrado.

En Cochabamba, hemos asistido a una diatriba incendiaria por parte de ambos. Términos como imperialismo (asociado principalmente a Estados Unidos), coparon los discursos. En cuanto a las líneas de cooperación que seguirán, apuesta clara por el intervencionismo en sectores como el de la alimentación, de tal modo que será el Estado quien controle la producción y exportación de los alimentos. Para ello se creará una empresa, cuyo nombre es tan rimbombante como ambiguo: "grannacional".

Lo paradójico del caso es que, mientras Morales y Maduro hablan de crear las bases para una nueva América Latina, los socios de su proyecto socialista no aumentan. Es más, naciones que hasta la fecha se han mantenido "neutrales", principalmente para evitar enfrentamientos con Caracas, apuestan por mirar comercialmente hacia el Pacífico y en concreto, hacia China. La Alianza del Pacífico se ha convertido en un rival claro para el ALBA.

Más allá de América Latina, Irán se atisba como su principal socio internacional. Desde el régimen de los Ayatolás se ha bendecido la nueva situación política venezolana. Al respecto, el intercambio de visitas ya ha empezado: si semanas atrás Ahmadineyad acudió a la investidura de Nicolás Maduro, ahora ha sido David Velásquez (Vicecanciller venezolano) quien se ha reunido en Teherán con el Ministro de Exteriores iraní Alí Akbar Saheli.

Desde otro prisma, Siria mantendrá en Venezuela su portavoz en la región. A comienzos de mayo, Maduro lanzó sus primeros ataques verbales contra Israel, lo que es muy del gusto de Al-Assad. En la Conferencia sobre Siria (29 de mayo), auspiciada por Irán, Venezuela será uno de los asistentes, aunque el protagonismo recaerá sobre Rusia (que se ha atrevido a denunciar doble moralidad de los países occidentales) y China (cuya política exterior no diferencia pragmatismo de relativismo).

En conclusión, los patrones de funcionamiento del Chavismo siguen vigentes en Venezuela, con un régimen que prefiere hablar de imaginarios enemigos externos, antes que solucionar los problemas de su población. A pesar de las campañas de maquillaje, muchas de ellas en Occidente, el descrédito del socialismo del siglo XXI sigue su curso.

El exilio es una opción

Soy licenciada de La Sorbonne, hablo tres idiomas y gano sesenta euros a la semana limpiando una casa.” Lo escribe mi amiga Isabelle en su blog personal y lo escribe llorando, tal vez por humillación, tal vez por el dolor de recordar que hace pocos meses era a ella a quien le limpiaban la casa en España. Pero se quedó sin trabajo, se fue gastando sus ahorros para sobrevivir y mantener a sus hijos y, finalmente, decidió regresar a su país de origen, Francia, donde pensó que las cosas serían más fáciles.

A ella al menos le queda Francia. A muchos no les queda nada porque no encuentran la forma de irse del país; muchos que se han quedado sin trabajo, sin casa y con deudas y ni siquiera pueden salir de aquí. Otros lo han logrado: se han ido y han triunfado en el extranjero y, sin embargo, se sienten exiliados forzosos. En estos días hemos conocido el caso de Urbike, la empresa catalana de bicicletas que no consiguió financiación aquí y terminó recalando en Dinamarca, donde se encargará de todo el sistema de alquiler público de bicicletas de la capital. Después supimos que una bióloga madrileña ha participado en el equipo de trabajo que realizó la primera clonación de células madre humanas en los Estados Unidos tras haber sido despedida a causa de un ERE que afectó a la plantilla de un centro de investigación en Valencia. Pero fue el caso del que es considerado el mejor físico joven de Europa, quien ni siquiera llegó a ser contratado aquí y tuvo que irse a Holanda. 

Lo triste, sin embargo, es que pretendamos depender del Gobierno para colocar a nuestros jóvenes, científicos o no. Lo triste es que, en general, exista en España una actitud pasiva en cuanto a la búsqueda  y a la creación de empleo, que tanta gente tenga una mentalidad acreedora cuya única ocurrencia consiste en exigir que se les de un puesto de trabajo o, en su defecto, que se les de una prestación por desempleo, porque es su “derecho”. Estamos extrañamente apegados a la tierra, nos cuesta demasiado esfuerzo siquiera pensar en la posibilidad de hacer las maletas y marcharnos. Fue descorazonador leer el resultado final del proyecto solidario de Nicko Nogués, autor de una iniciativa que llamó “Vete. Yo te pago el billete” y que presentó así: “Me llamo Nicko Nogués, español desde hace 10 meses en México, y estoy un poco cansado de tanto negativismo entre mis conocidos de España. Por eso, si de verdad estás harto de tu situación allí, deja de decir que te irías y vete. Es más, te quito una excusa: yo te pago el billete. Aquí no hay truco ni cartón, pero sí tres condiciones NO negociables: 1) Un único billete para una única persona. Tú eliges el destino, pero la fecha de salida la pongo yo: 1 de Enero. 2) El billete no es para que te pegues unas vacaciones de un mes, sino para que te vayas. 3) Tienes tiempo de pensarlo desde hoy 14 de diciembre de 2012, que es el día en que publico esto, hasta el día 24 de Diciembre de 2012.

Nadie estaba obligado a participar, como es lógico, pero participaron más de 700 personas. Además, se creó una especie de reacción en cadena y otras personas se sumaron al proyecto aportando cosas como un ipad para la persona que se fuera o incluso los gastos de alojamiento y dietas para la primera semana. Aún así, la persona seleccionada renunció a su billete con una excusa peregrina. Nogués, visiblemente decepcionado, decidió saltarse su propia norma de “un solo sorteo, un solo ganador” y repitió el sorteo. Nuevamente, la persona seleccionada declinó la oferta, así que el proyecto Vete se cerró sin que nadie se fuera. Parece que ya no nos queda ni París ni ningún lugar del mundo, porque no nos vamos de aquí ni aunque nos paguen el billete. El proyecto Vete se va a reabrir el 14 de diciembre de 2013, así que la excusa de que 15 días eran insuficientes para preparar un viaje así queda invalidada. La incógnita es: ¿se irá alguien esta vez?

Cat Wars in NZ

Después de haberme "consagrado" como el comentarista más seguido del Juan de Mariana por mi anterior artículo (nota a la Dirección del IJM: ¿Para cuándo un sobre con algo de dinero proveniente de los cuantiosos fondos que las multinacionales del petróleo entregan al instituto a cambio de su servicio en defensa de oscuros intereses…?), salto de nuevo a la palestra.

Pero, antes de ponerme a ello, quería comentar dos puntos sobre mi efímero y relativo "estrellato" mediático que, por un momento, me hizo pensar que incluso podría acabar, cual Falete, tirándome desde un trampolín en Antena 3.

En primer lugar, mi desagrado por el uso que se ha hecho de mi artículo desde blogs de signo progre para atacar al PP… Realmente, se me ocurren argumentos mucho mejores y contundentes para ello…

En segundo lugar, mi reconocimiento a la capacidad de difusión y agitprop de dichos blogs, pues sin ellos, mi artículo hubiese quedado circunscrito a las típicas dos docenas de ME GUSTA y, más o menos, veinte tweets de media que suele tener el resto de mis comentarios, gracias a los amiguetes a quienes digo que, "porfa", me marquen la tecla en el FB y a los cuatro gatos liberales que me leen y disfrutan dándole vueltas a enfoques diferentes, provocativos y políticamente incorrectos.

Dicho esto, y aprovechando la mención felina, vamos con el tema de mi artículo, la Guerra del Gato en Nueva Zelanda, literalmente en las Antípodas de mi anterior colaboración.

Pongámonos en antecedentes.

En Nueva Zelanda, desde filas ecologistas se está planteando acabar con la presencia de gatos en las islas, considerada un peligro para la exclusiva fauna endémica. Liderados por Gareth Morgan, un economista convertido al ecologismo , desde su blog Cats to Go, los defensores de Piolín vs Silvestre sueñan con una Nueva Zelanda "cat free" en la cual el kiwi, el kakapo (ave que incluso es denigrada en un medio como La Sexta) y demás avifauna campen a sus anchas sin el peligro que representa la presencia gatuna, acusada de ser la responsable de extinguir especies como el chochín de la Isla de Stephen y de poner en peligro la biodiversidad local…

Así, se han lanzado campañas de concienciación sobre la amenaza felina dirigidas a los dueños de gatos, proponiendo su confinamiento domiciliario y castración (… de los gatos, no de los dueños). Y, ¿cómo no?, se ha invocado el apoyo del gobierno para unas medidas que van desde cuantiosas multas para los propietarios de gatos cuyas mascotas sean sorprendidas pululando fuera de su domicilio , hasta una "solución final" para acabar con los gatos ferales, valorada en 20 millones de dólares…

El problema es que muchos neozelandeses aman a sus mascotas, con sociedades de protección animal al frente… La Guerra del Gato está servida, polarizando a la opinión pública.

Sin duda, un tema complejo, que plantea dos cuestiones (… y vaya por delante mi simpatía hacia las aves).

Primera cuestión: ¿Tienen los animales nativos algún tipo de derecho exclusivo sobre las tierras neozelandesas, un derecho innato basado en "nosotros estábamos primero, evolucionamos de forma autónoma y no tenemos por qué competir con recién llegados"? ¿Vale más objetivamente la vida de un kiwi que la de un gato? No, no hay nada de ello. Es una cuestión de nuestros gustos y preferencias. Entre el partido pro kiwi y los "cat fans" solo se dilucida eso.

Unos argumentan el desastre ecológico que acarrearía la reducción de la biodiversidad, otros dicen que, sin gatos, nos comerían las ratas. Pero solo son manifestaciones de, repito, los variados deseos e intereses de nuestra especie, de cada individuo…

Segunda cuestión: ¿Tiene una de las partes, en este caso, el partido pro kiwi, derecho a que el gobierno, con el dinero de todos, amantes de los gatos incluidos, lance el programa de erradicación gatuna definitivo? ¿Tiene derecho a crear una legislación que vulnere, mediante multas y coacciones, los derechos de propiedad, de uso y disfrute felino de una parte de la población?

Sinceramente creo que no. "Die Kittenfrage" debería ser resuelta mediante los métodos propios del libre mercado, es decir, estoy absolutamente a favor de las campañas de concienciación, con fondos privados; de la creación de reservas privadas, etc.

Sin duda, más difícil, complejo y con resultados menos garantizados que cuando se cuenta con el favor del aparato de coacción estatal…, pero es que los derechos de las personas, dueños de gatos incluidos, están antes que los de los kiwis.

PD: Espero que este artículo no acabe difundiéndose bajo el título "Un think tank cercano a Esperanza Aguirre (?) defiende que los gatos extingan a los pájaros en Nueva Zelanda", pero quién sabe…

La reconciliación aún no ha comenzado

En septiembre de este año se cumplirá el 40º aniversario del golpe militar que llevó al general Augusto Pinochet al poder, y cabe por ello preguntarse si Chile se ha reconciliado consigo mismo. Mi respuesta es que la verdadera reconciliación aún no ha comenzado.

Reconciliar es algo más que convivir, tolerar o aceptar, y algo muy distinto de olvidar, condenar, hacer justicia, reparar o perdonar. Todo ello se puede hacer sin reconciliarse. Reconciliar es recuperar la confianza en el otro, o en una parte de nosotros mismos, si se trata de una comunidad o una nación. Pero la confianza no puede restablecerse si no entendemos lo que nos llevó a la desunión y no realizamos un esfuerzo por enmendar lo que cada uno puso de sí para que ello ocurriese. Solo así, entendiendo, reconociendo y enmendando, podremos estar seguros de que no vuelva a repetirse.

En este sentido, reconocer los crímenes y las violaciones de derechos humanos cometidos bajo la dictadura militar, así como hacer justicia y reparar a las víctimas, es la antesala necesaria de la reconciliación, pero no debe ser confundida con ella. Eso es lo que hasta ahora se ha hecho y ahí estamos, en la antesala de un esfuerzo por alcanzar una verdadera reconciliación.

Sin embargo, no es seguro que emprendamos ese esfuerzo, ya que nos involucra a todos los que de una u otra manera aportamos algo a esa lamentable marcha de Chile hacia la destrucción de su vieja democracia. Probablemente no sean muchos los que estén dispuestos a reconocer y asumir, con franqueza, valentía y generosidad, su parte en el drama que culminó en septiembre de 1973. Pero no hacerlo implica que nunca podremos alcanzar aquello que es el sentido final de la reconciliación: entender, enmendar y, por ello, poder decir "Nunca más".

Hace ya tiempo llegué al convencimiento de que si algo le debemos a Chile quienes participamos en los hechos que desembocaron en el golpe es justamente esa reflexión sincera y autocrítica. Especialmente si uno proviene de esa izquierda radical que apostó por la destrucción de la vieja institucionalidad chilena y la lucha fratricida como medio para crear una sociedad acorde con sus ideales revolucionarios. Nuestra responsabilidad no fue pequeña, y de ella no nos exime el que después hayamos sido víctimas de las tropelías de la dictadura.

Pongamos las cosas claras. La democracia chilena y la convivencia cívica que era su condición indispensable no se hundieron repentinamente el 11 de septiembre de 1973. La verdad es que ya se habían derrumbado como consecuencia de aquel proceso de ideologización y división irreconciliable de nuestro pueblo que se inicia durante los años 60 y se va profundizando hasta crear un ambiente de guerra civil mental entre los chilenos.

Es hora de sincerarnos sobre el cómo pudo ocurrir. No para hacer más leves las responsabilidades del régimen militar, sino para entender cómo se legitimó el uso de la violencia y quiénes fueron los que realmente abrieron las puertas a aquellos que luego no trepidarían en usarla sistemáticamente para alcanzar sus propósitos. Pero hay algo más. Nuestra experiencia puede servir para que nuevas generaciones de chilenos deseosos de luchar por una sociedad mejor no se dejen conducir por un camino que nuevamente pueda llevar a un Chile en guerra consigo mismo, ya que entonces todos volveremos a perder.

Sobre todo esto deberíamos ser capaces de iniciar una reflexión sincera, ya que para reconciliarse Chile necesita de una memoria histórica sin silencios, que no se adecue a las conveniencias de unos u otros ni se quede a medio camino. Una memoria trunca distorsiona la verdad y da pábulo a una distribución unilateral de las responsabilidades que no nos ayuda a avanzar hacia aquello que le debemos a Chile: un relato verídico de cómo llegamos a separarnos y odiarnos a tal punto que un día nos arrogamos el terrible derecho a destruirnos los unos a los otros.

Mauricio Rojas, exmiembro del Parlamento sueco y profesor adjunto de Historia Económica de la Universidad de Lund (Suecia).

Ni España es insolvente ni el Reino Unido nos ataca

Dissent is the highest form of patriotism”; Howard Zinn.

Mucho revuelo se ha generado en España por un artículo de opinión de The Daily TelegraphSpain is officially insolvent 

¿De verdad creemos que un artículo va a cambiar algo?

El artículo, seamos claros, no dice nada nuevo o que no diga CitigroupExaneJP Morgan o varios analistas nacionales.

Yo vivo en Londres y trabajo en la City, y como español me solivianta ver cómo hacemos trampas al solitario, cambiamos los datos, esperamos que nadie se entere y aguantamos la respiración otro mes. No, la falta de confianza no es cuestión de prensa, sino de nuestro historial.

Sobre el Daily Telegraph merece resaltar que el nivel de crítica que muestra con el gobierno de David Cameron y otros es muy similar. Un periódico que ha destapado casos de corrupción en primera página que en nuestro país no darían ni para columnas interiores porque las cantidades robadas nos parecerían “ridículas”. También he visto titulares en otros medios como Subprime Britain (City AM), pero en cuanto nos tocan nuestro país, ah no. No vale.

Lo que tenemos que hacer es demostrar con datos nuestra credibilidad. No exigir lealtades ciegas y decir que “ellos están peor” o “todos cambian sus datos” -que además es falso-.

 

Así, me permito aclarar algunos conceptos del artículo sobre España sin entrar en el voluntarismo. España no es insolvente, pero si seguimos gastando esperando que nos solucionen los problemas fuera, podemos correr el riesgo de serlo.

Por qué España NO es insolvente

– España tiene el 50% de su deuda privada concentrada en 28 empresas del Ibex 35. Todas cotizadas, multinacionales. Esas empresas gastaron enormes cantidades en activos –mucho en el extranjero- con deuda. Pero esos activos se pueden vender. Ya lo están haciendo, a buenos precios además, y bajando la deuda a niveles de 2006. Además, esas mismas empresas y bancos se están financiando a tipos bajos, incluso en los peores meses de la crisis. Todos pueden hacer ampliaciones de capital si lo precisaran. Aparte de esos casos concentrados, la mayoría de nuestras empresas mantiene una situación financiera cómoda.

– Es cierto que el índice de cobertura de intereses -capacidad de atender el servicio de la deuda- de las empresas y bancos cotizados españoles es muy bajo, como indica el FMI, pero esa media la distorsiona el hecho de que nuestro índice bursátil contiene muchas eléctricas y constructoras, que tradicionalmente tienen índices muy ajustados. Esas empresas, por supuesto con grandes dificultades, también están haciendo sus deberes.

– El problema de la banca en España se concentra en el desastre que fue el modelo político de las cajas. Es cierto que el coste de su rescate es enorme y que deberían haber quebrado ordenadamente, pero también es cierto que España solo ha dispuesto de un 40% del dinero concedido por Europa para su rescate, con lo cual queda colchón, incluso si consideramos el 20% de los 160.000 millones de préstamos zombi como impagables. Nuestros grandes bancos, por otro lado, mantienen ratios de capitalización superiores a muchos bancos franceses o alemanes.

– La burbuja de gasto político es un enorme problema. Lo reconoce toda Europa. 493.000 millones de gasto y 110.000 millones de déficit son inaceptables para una economía cíclica y orientada a servicios en la que ha pinchado una burbuja que suponía el 15% del PIB –la inmobiliaria y la de fantasma-infraestructuras de obra civil-. El estado central hasta marzo de 2013 ha gastado 43.334 millones, casi el doble de lo que ingresa. Cierto. Pero todos sabemos que si el estado reconoce una economía de “crisis” y quisiera, podía cercenar 10.000 millones en subvenciones, 35.000 millones en “actividades económicas” –la caja negra del gasto de CCAA y estado, “mis abalorios” como yo la llamo-, administraciones duplicadas, cerrar embajadas regionales, eliminar miles de asesores, etcétera. 

El Reino Unido y las comparaciones inútiles

Entrar en el “y tú más” para recordarle a los ingleses que la política de imprimir, devaluar y provocar inflación de Reino Unido no funciona es simplemente ridículo. Lo dicen ellos cada día (“Never mind the triple-dip recession, the double dip may have been an illusion too”). En España eso nos encantaría. Curioso.

 

Recordarles el coste de la ayuda a sus bancos (512.000 millones de libras según National Audit Office) no es necesario. Lo repite la prensa día tras día, y fue precisamente la BBC, pública, la que alertó del agujero de Northern Rock. ¿Se imaginan ustedes a TVE alertando sobre la debacle de las cajas hace cinco años cuando éramos el “mejor sistema financiero y mejor regulado”?

No hace falta decir que la política de aumentar deuda, déficit, propulsar la burbuja ladrillera y el gasto es suicida. Aquí en Londres lo critican constantemente. Pero un déficit como el británico se explica parcialmente por el peso de su sector financiero y la solida balanza financiera lo soporta. Aun así, los recortes son urgentes. El nuestro es gasto corriente y el deterioro es muy superior en magnitud y calidad (de +5% a -10% en dos años y seguir cavando es atroz).

Lo curioso es que los que repiten día tras día que hay que copiar al Reino Unido son nuestros líderes de cheque en blanco y tijera de inaugurar puentes. Dicen que hay que imprimir “como los ingleses”. Pero de copiar el dinamismo, libertad de comercio, atractivo inversor, nada. 

Lo que nos negamos a copiar del Reino Unido es:

– El impuesto de sociedades más bajo de cualquier economía occidental (21% a partir de 2014), según PWC. No hay impuestos a los dividendos, las grandes inversiones no pagan por ganancias de capital y se dan enormes beneficios fiscales a la inversión en I+D y en empresas británicas. Un entorno impositivo que no es depredador para el capital y permite que las pymes crezcan y lleguen a gran empresa en porcentaje varias veces superior al español.

– Lo más importante y diferenciador, que muchos olvidan, una cuenta financiera robusta y creciente (vean el grafico de @_perpe_ )

 

– Se abre una empresa en una semana por el coste de un par de Happy MealsSer autónomo no cuesta prácticamente nada. Se paga a los proveedores a 30 días.

– Una reducción del número de funcionarios del 22% desde 2005.

– Reguladores independientes, no controlados por partidos y gobiernos.

– Una legislación laboral flexible de verdad que permite que, a pesar de la recesión y más de cien mil inmigrantes netos anuales, el paro sea de 2,5 millones (7,9%).

– Atrae capital inversor extranjero -más de un billón de euros-, abriendo puertas a que se compren sus empresas y a financiación privada. 

 

– Credibilidad institucional y responsabilidad crediticia. Todo el mundo sabe a quién echarle la culpa del déficit. No se reparten 17 tartas de deuda sin responsabilidad sobre sus consecuencias. 

 

Decir que la deuda del Reino Unido está peor pero cotiza a tipos bajos exclusivamente porque devalúa y monetiza -una política inútil, digámoslo de nuevo- es simplemente mentir. Y es mentir decir que así se evitarían recortes si lo hiciéramos nosotros. Si la panacea fuera crear inflación e imprimir, el país más rico del mundo sería Venezuela Argentina y el más pobre Alemania.

Sin credibilidad institucional, industrial, responsabilidad crediticia, seguridad jurídica y un entorno inversor adecuado, todas las intervenciones que quieran son irrelevantes.

¿Reino Unido contra la Unión Europea? ¿O al revés?

Todo este lío del articulo viene por la crisis de la eurozona y cómo se percibe desde Londres.

Estar en Europa le cuesta a Reino Unido 13.600 millones de euros al año. Desde Londres, se ve a la Unión Europea como un accidente a cámara lenta, con horror, pero sin poder dejar de mirar. Y el debate es lógico (lean aquí).

Las constantes cumbres para solucionar problemas de deuda, ineficiencia y burocracia con más deuda, burocracia e intervención no hacen atractivo el modelo que se está imponiendo. No vale decir “lo tomas o lo dejas”. Pagar por un club donde te sirven mala comida, el portero es impertinente y te cambian las reglas cada mes no es la solución.

¿Que Reino Unido defiende la City? Pues claro. Y Francia a sus granjeros subvencionados y nadie les critica. La City genera más ingresos que Escocia para el país, como para no defenderla.

Tras casi diez años en este país, no he conocido a un solo británico que apoye la Unión Europea. Pero eso no es un ataque a sus países. Es una preocupación por el rumbo intervencionista que está tomando. “Más Europa” no tiene por qué ser pérdida de soberanía, menos libertad, más planificación y menos democracia.

Una Europa diseñada desde el modelo del Estado “sobre todo y para todo”, de economía “dirigida” a la francesa, donde todo se decide por comité, chirría con la cultura de comercio y libertad no solo de Reino Unido, sino de Finlandia y Holanda.

Muchos ven el desastre que se impone, y lógicamente no quieren ni ese problema para ellos ni se lo desean a los países que cayeron en la trampa. Lo decía Margaret Thatcher en 1990, “The single currency will be fatal to the poorer countries because it will devastate their inefficient economies”. 

Para mi es esencial que Reino Unido permanezca en la Unión Europea. Para evitar que se convierta en un Titanic planificador centralista, y sea lo que siempre debió ser, una unión para facilitar el crecimiento, no diseñarlo en un comité. Apertura y libertad. Buen fin de semana.

 PD: Mil gracias a @_perpe_ y PWC por sus gráficos

España sigue sin pinchar su burbuja

Los últimos meses están dejando clara la divergencia entre las economías europea y estadounidense. Mientras la primera continúa en contracción, la segunda sigue capeando bien el temporal, mostrando datos macroeconómicos mucho más positivos que el viejo continente.

Las causas son diversas y complejas, pero un elemento nos llama la atención: el excelente comportamiento del sector inmobiliario, hasta el punto de que algunos ya se lanzan a ver los primeros síntomas de sobrecalentamiento. Este sector está siendo un importante factor en el moderado crecimiento de la economía norteamericana, atrayendo a inversores en masa. Algunas de las regiones que más sufrieron en el pinchazo de la burbuja, como Las Vegas, ya han registrado notables subidas de precios desde mínimos.

Independientemente de que esta expansión de la actividad inmobiliaria vaya a sostenerse en el tiempo, lo cierto es que el ajuste del sector –pese a los obstáculos que el gobierno federal puso sobre el mismo- ya finalizó el pasado año, pasando a contribuir de forma positiva en la economía. No hace falta que les diga que la situación en España dista mucho de ser como la del país norteamericano. Lamentablemente, nuestras perspectivas son considerablemente peores y el inmobiliario juega un papel relevante como lastre de la recuperación.

Tal y como publicamos desde el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, el precio de la vivienda mantiene todavía una sobrevaloración que va desde el 15% al 35%, según el escenario que nos planteemos. A esta estimación llegamos a través del llamado PER de la vivienda, indicador que mide la relación entre los precios de la vivienda y los de alquiler. Este múltiplo nos indica cuántos años es necesario esperar para recuperar la inversión en vivienda (precio de adquisición) con su rendimiento anual (alquiler). De hecho, si hacemos la inversa del PER llegamos a la rentabilidad anual de la vivienda como inversión.

Así, a finales de 2012 este ratio se situó en niveles de 22,8, cifra aún alejada del 19,5 (que refleja el promedio desde 1985 hasta 2001, año en el que podríamos situar el comienzo de la burbuja de precios inmobiliarios), pero sensiblemente inferior al máximo de 32,3 que marcó en 2007. La caída de los precios de la vivienda de obra nueva de más del 20% es todavía muy insuficiente para ajustar la enorme burbuja inmobiliaria que vivió nuestro país. A este ritmo de ajuste podríamos hablar de dos años más de caídas, como mínimo.

El enfoque de política económica utilizado por nuestras autoridades políticas y financieras de no reconocer los problemas, primero, y negarse a solucionarlos de manera rápida y drástica, segundo, es en buena parte responsable de que aún nos queden varios años de ajuste inmobiliario. La próxima vez, esperemos haber aprendido la lección: ralentizar el ajuste no es la solución, sino el problema.

Rodríguez Braun, Honoris Causa en la Marroquín

Los lectores de esta página web ya conocerán que nuestro Instituto acaba de conceder el Premio Juan de Mariana 2013 al catedrático de la Complutense Carlos Rodríguez Braun. Premio que se entrega todos los años durante la Cena de la Libertad, y que justamente se celebró el pasado viernes día 24 en el Casino de Madrid. Sin embargo, no voy a hablarles sobre este acontecimiento (del que podrán obtener más información desde este foro), porque les escribo el mismo viernes antes de la Ceremonia.

Pero sí quiero aprovechar para contarles otra muy reciente distinción que también acaba de recibir el profesor Rodríguez Braun: el doctorado honorario por la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala (UFM) durante la graduación de sus alumnos. Para ello, voy a emplear alguna información que se ofrece en la web El Amigo de la Marro. El acto de graduación contó con la participación de más de doscientos graduandos que recibieron sus correspondientes diplomas en este semestre y se celebró el sábado 4 de mayo de 2013 en el Jardín Manuel F. Ayau de La casa de la libertad, como se conoce a la UFM.

Las palabras de agradecimiento del nuevo Doctor fueron precedidas por el discurso de Encomio del Decano de la Facultad de Económicas, profesor Wenceslao Giménez Bonet, quien destacó la capacidad de reflexión y de comunicación de Rodríguez Braun, así como su compromiso en la búsqueda de la verdad. Quien contestaría recordando el lema de la Universidad Francisco Marroquín, que promueve el cultivo de los principios para ser hombres libres y responsables: Veritas, Libertas, Iustitia. Pero no puede haber libertad sin el ejercicio de la responsabilidad: son las dos caras de la misma moneda.

Durante su visita a La casa de la libertad, el doctor Rodríguez Braun también participó en distintas actividades académicas. A estudiantes del Centro Henry Hazlitt les ofreció una charla titulada Estado contra mercado. A estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas les habló sobre Adam Smith y el liberalismo clásico, tema que también abordó con profesores de esa unidad académica en otro encuentro. Finalmente, Rodríguez Braun les dedicó unas palabras a los setenta graduandos distinguidos durante el acto en su honor, previo a la Graduación: "Habéis conseguido graduaros en esta universidad, que es muy buena y muy exigente…y eso os convoca a grandes tareas y misiones en el futuro, donde vais a tener que combinar dos cosas que os da esta universidad: los conocimientos y los valores de una sociedad de personas libres y responsables". Así, continuaba a su vez con el mensaje de la presentación, hecha por el Rector Giancarlo Ibargüen, quien destacaba el valor de las ideas: tienen consecuencias, y son poderosas por sí mismas. Cuando te propones algo, ya has avanzado en el camino.

Coincidiendo con su estancia en Guatemala, Rodríguez Braun participó en un coloquio del Liberty Fund titulado Charles V and his Bankers, Fiscal Crisis and Institutions, celebrado en la histórica Casa Popenoe (Antigua). Igualmente asistió a un encuentro con columnistas en donde abordó el tema de la retórica de la economía. He aquí una conversación con él acerca de la comunicación de las ideas de la libertad.

En la nota de prensa institucional nos recordaban que Carlos Rodríguez Braun es profesor visitante de la UFM, académico correspondiente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de la Argentina, profesor visitante de la Universidad Católica Argentina, miembro de la History of Economics Society, de la European Society for the History of Economic Thought, de la Asociación de Historia Económica y de la Sociedad Mont Pèlerin. En España le conocemos bien por su trabajo de divulgación periodística en la radio, prensa y plataformas digitales. Es autor de veinte libros; los más recientes son: Grandes economistas (Pirámide, 2ª ed. 2007), Diez ensayos liberales (LID, 2008), Una crisis y cinco errores (con J.R. Rallo, LID, 2009), Economía de los no economistas (LID, 2011), El liberalismo no es pecado: la economía en cinco lecciones (con J.R.Rallo, Deusto, 2011), y Economía para andar por casa (con O. Macías, I. Rodríguez Burgos y P.P. González Vicente, LID, 2012).

Termino añadiendo que Rodríguez Braun comparte ese doctorado honorífico de la Marroquín con varios premios Nobel de Economía (como Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Buchanan o Vernon Smith), así como con otros académicos españoles, como Rafael Termes o Jesús Huerta de Soto. La cercanía de nuestro Instituto con la UFM queda de manifiesto en este enlace a la entrega del premio Juan de Mariana (2008) al fundador de aquella Universidad, Manuel F. Ayau, cuya ceremonia estuvo precisamente enmarcada por un discurso de Carlos Rodríguez Braun.

El As de Espadas, secreto de la recuperación

Echar una ojeada por el mundo le pone a uno en su sitio. Los problemas de tu país, que te parecen terribles, se ven de otra manera cuando charlas con un mexicano que se ríe de tu crisis. Con un argentino la experiencia es mucho más intensa. “Ustedes aún no saben qué es una crisis de verdad”.

El mito del español intrépido

Y es cierto. En España no sabemos prácticamente nada de recesiones de verdad. Llamamos revuelta social a cuatro “escraches”, corrupción a unos sobres, unos trajes… calderilla. Tonterías… ¡comparado con lo de México, claro! Por eso es interesante aprender de quienes han sobrevivido no a una ni a dos, sino a una retahíla de crisis económicas, sociales, institucionales y de todo tipo.

La gente que antes alardeaba de su origen español porque eso explicaba su espíritu intrépido, aventurero y “echado para delante”, ha dejado de hacerlo. La imagen del español ha cambiado. Ahora se nos mira como personas paralizadas ante la adversidad, que se niegan a devolver deudas y observan por la ventana, embobados, cómo se deshace su castillo construido en el aire.

“¿Y por qué no miran lo que hacen los países a los que le va mejor? ¿Alemania, por ejemplo?”. Parece lógico ¿no? Pues no. En España miramos con lupa los países con mejores datos y cuestionamos, airados, cómo lo lograron. Es más, en el caso de Alemania, menos cuatro gatos (que merecemos la hoguera), la mayoría de la gente está convencida de que su éxito lo obtuvieron a nuestra costa y su unificación, sobre los lomos de Europa. Nadie habla de lo que le hemos sacado los españoles a Europa, las infraestructuras (no siempre eficientes) con dinero europeo que, eso sí, rendían beneficios monetarios, o no, a determinados alcaldes. Ni se dice que hay comunidades autónomas que dependen no solamente del dinero de los españoles sino de las subvenciones europeas, y que en el caso de Castilla-León, por ejemplo, constituyen el 21% de los ingresos de la región. Nos preocupa mucho más demostrar que “ellos también” para no tener que resolver nuestros defectos.

El As de Espadas empresarial

“Lo que se conocía de España en vacas gordas eran dos o tres bancos y alguna constructora”. Y con esa frase se resume la falta de actividad sólida que nos respalde. “Un ingeniero de una fábrica española no puede cobrar lo mismo que uno de una alemana. No son de la misma calidad ambas fábricas. Tienen que darse cuenta de eso”. Los alemanes lo saben. ¿Y nosotros? El valor del trabajo cualificado no lo da el título en sí, sino el sello del título. Y nuestras universidades no dan la talla. Nuestros empresarios hacen lo que pueden. Esperan que la nueva ley de emprendedores sea su As de Espadas, la carta que simboliza la presencia de la inteligencia, la razón, la justicia, la verdad y la fortaleza. Es ese espíritu el que muestra un joven empresario que te dice “Gracias a la crisis hemos salido fuera de España y hemos tenido resultados históricos en la empresa”. No es, por el contrario, la voz de quienes consideran que emigrar es lo peor que te puede pasar, como si al nacer en España te adjudicaran un lote compuesto de trabajo en la esquina de tu barrio, un pan multicereal, un pisito y un futuro venturoso. Lo peor que te puede pasar es que no tengas nada de valor que aportar: esfuerzo, inteligencia, capacidad. Y si has hecho lo esperable, estudiado una carrera y resulta que no te han enseñado, la culpa no es de quien no te contrata, sino de quien no te formó.

¿Parálisis permanente?

Los ciudadanos en España hemos vivido mirando al techo, mientras los políticos entre los que podíamos elegir apostaban con nuestro dinero, como dice Mötorhead en su canción Ace of Spades: “…bailando con el diablo, siguiendo la corriente, todo es un juego para mí… sabes que he nacido para perder, y que jugar es de locos…”. Y todos, voto en ristre, mirando. Ahí seguimos, perplejos, indignados, pero esperando todavía, que alguno de los jugadores haga una maniobra milagrosa.

“Son los ciudadanos los que acaban superando a los políticos pero eso sucede cuando el hambre acaba con la parálisis”. Eso me decía mi amigo Alonso para rematar. Mientras el Estado siga manteniendo una renta de miseria con la que el españolito medio esté contento, no hay nada que hacer. Mientras sigan convenciéndonos de que nos dan gratis la educación y la sanidad, las calles y los parques, y no nos preguntemos si es lo mejor que pueden ofrecernos los gestores de nuestro dinero, o si hay mejores modos de hacer las cosas, estará todo perdido. La percepción siempre corre el peligro de convertirse en realidad. Y, en este caso, el pueblo español sigue teniendo la percepción de que el Estado, sea cual sea el gobierno (si éste no va ponemos el otro, como quien cambia pilas) es el garante. El garante de nuestro pan, de la estabilidad, de la certeza y, dentro de nada… de la vida eterna. 

Eurobonos, un viejo amor que no se olvida

Llevan con lo de los eurobonos desde hace por lo menos tres años. Aquí, donde eso de anteponer euro a cualquier cosa con intención de ennoblecerla nos encanta, parece estar todo el mundo a favor de ellos. Los políticos porque saben de qué va el tema y les interesa tenerlos en la mano cuanto antes. La gente normal porque si lleva como prefijo el palabro “euro” es que seguro que se trata de algo bueno. Pues no, no lo es, al menos para la gente normal, trabajadora y productiva que pasa las de Caín para llegar a fin de mes y dedica medio año a deslomarse para que Montoro reparta suerte entre los sátrapas autonómicos.

Un eurobono es lo mismo que un bono soberano normal pero con la garantía de todos los Estados de la eurozona. Eso son palabras mayores. Los politicastros del sur podrían endeudarse sin límite colocando como avalistas a los contribuyentes alemanes y holandeses. A los Rajoyes, los Rubalcabas y los Cayoslara se les hace la boca agua. Podrían reinflar la burbuja crediticia y gastar a manos llenas durante un par de legislaturas. Podrían seguir creando clientelas, financiando Marinaledas, levantando estaciones de AVE en los páramos y, ya que están en el gasto, contratar a otro millón de empleados públicos, que tres millones son pocos y hay que garantizar las “conquistas del Estado del Bienestar”.

Nunca reconocerán que ese crédito regalado a instancias del BCE, ese chorro de millones que entró de prestado en España durante los primeros años de la década pasada es el que, en primera instancia, nos condujo a este drama. Eso no lo van a reconocer jamás porque la crisis, ya se sabe, es cosa de la codicia de los empresarios y la recodicia de los defraudadores fiscales, que quieren hurtar con arteras mentiras lo que es de Hacienda y de nadie más.

Los eurobonos les permitirían hacer todo eso, pero, claro, para poder meter la mano en el bolsillo del contribuyente alemán hace falta que, previamente, los amos y señores de este último les dejen hacerlo. Zapatero y Salgado lo pidieron insistentemente en 2010, cuando el “in Spain we trust” se les fue de las manos y casi envían el invento, su invento, al garete. Desde entonces estaban medio olvidados, básicamente porque Frau Merkel dijo que ni hablar, que su recrecida base fiscal es para ella sola y no piensa compartirla con nadie. Lo cual tiene toda la lógica del mundo.

Ser político, a fin de cuentas, es ese privilegio de poder saquear a tus paisanos con la ley en la mano y, al que se oponga, meterle en la cárcel. Los privilegios por principio no se comparten. Pero en estas apareció el irresponsable de Hollande, ese hombrecillo aparentemente inofensivo que está arruinando Francia a mucha más velocidad que el mismísimo Luis XIV, para volver a poner sobre el tapete la cantinela de los eurobonos, esta vez con el precioso eufemismo de “Gobierno económico del euro”.

Las palabras “gobierno” + “económico” + “euro” significan, traducidas al román paladino, “déjame la imprenta de billetes que ya me encargo yo del resto”. Un “Gobierno económico del euro” significaría que los gobernantes manirrotos y desmadrados que padecemos en el sur de Europa apretarían para que el banco central crease euros. Euros salidos de la nada, sin más respaldo que la voluntad política de pervivir en el machito, con los que compraría deuda de todos estos Gobiernos de saltimbanquis, una deuda perfectamente sindicada entre los golfos de siempre que aspiran a vivir eternamente por encima de las posibilidades productivas de su respectiva población. Eso son los eurobonos y lo demás pura palabrería de políticos que no quieren privarse de nada.

Normal que Guido Westerwelle, antiguo vicecanciller, histórico líder del liberalismo alemán que quiere hacerse perdonar de cara a su electorado algunos pecadillos de lesa estatidad, haya salido por la tangente pidiendo lo obvio. “No se puede resolver la crisis de la deuda con nuevas deudas”, dijo esta semana a un diario francés. La lógica más elemental es ahora revolucionaria. La sensatez es liberal, la locura socialista. No está de más recordar que vivimos en el mundo de la chifladura más absoluta