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Entendiendo mal a Milei

Por G. Patrick Lynch. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

Han tenido que pasar casi 80 años. Ese es el tiempo que la economía y la sociedad argentinas han estado en caída libre. En cierto modo, es un testimonio de nuestros mayores temores sobre la democracia y el autogobierno que ningún líder político tuviera los incentivos políticos y el simple valor de romper el statu quo. Ochenta años de implacable inflación y déficit en espiral, seguidos de impagos, devaluaciones monetarias y reinicios antes del 19 de noviembre.

Pero finalmente, el pueblo argentino ha rechazado un statu quo fracasado. Javier Milei ganó públicamente por un margen casi aplastante para los estándares argentinos, y si se tiene en cuenta que la probabilidad de que los peronistas hicieran trampas es de aproximadamente el 100%, es probable que el margen fuera mucho mayor. Si la alternativa que han elegido los argentinos “arreglará la situación” o no, no viene al caso por ahora. Han ejercido la única opción que tenían: rechazar a los gobernantes de turno a cambio de la promesa de algo diferente. Eso es todo lo que promete la democracia.

¿Es Javier Milei ‘extrema derecha’?

Javier MIlei, a quien hoy llaman “extrema derecha”, “radical” y (los muy perezosos) “libertario de extrema derecha”, es ahora el presidente electo de uno de los mayores Estados fallidos de nuestras vidas. Es difícil explicar del todo lo mal gobernada que ha estado Argentina por su larga serie de gobiernos peronistas distinguidos por su derroche de gastos, su asombrosa corrupción, sus tendencias autocráticas y su nacionalismo económico. Las estadísticas económicas son alucinantes. Impagos, tasas de inflación anuales regulares superiores al 100%, un enorme estado del bienestar resultante, sindicatos del sector público parasitarios y políticos “centristas” en gran medida cómplices: todo esto es ahora el deprimente paisaje de la economía política argentina.

Sin embargo, si uno no viviera esta realidad, sino que se limitara a sacar conclusiones sobre la elección y Milei de la prensa internacional (sobre todo estadounidense), podría pensar que Argentina ha caído en un estado de delirio colectivo, eligiendo una versión latinoamericana de Trump demente y cubierta de patillas sin más razón que algunas vagas referencias a la inflación y el pago de la deuda. Como dice el refrán, la prensa internacional ha enterrado la cabecera.

Problemas de Reuters con el mundo de las ideas

Javier Milei intenta hacer frente a la desastrosa situación argentina, pero medios como Reuters lo calificaron de “terapia de choque” en una no tan sutil referencia al libro de Naomi Klein Doctrina del Shock. Klein argumenta que la naturaleza o la guerra pueden crear desastres y dar oportunidades al “capitalismo” (antropomorfizado a través de Milton Friedman) para dedicarse a la explotación mediante el establecimiento de políticas extremistas como los derechos de propiedad privada y los mercados.

En este caso, sin embargo, es el legado de las políticas exactas que Klein y los de su calaña apoyan lo que ha creado el desastre sin paliativos. La impresión de dinero, un Estado del bienestar inflado, el énfasis en la “independencia” económica y otras prominentes recetas económicas de la izquierda han provocado este desastre, pero la ironía se les escapa a la gente de Reuters.

Las principales propuestas políticas de Milei se enmarcan en este contexto. Su firme compromiso de abolir la banca central argentina y recortar el gasto social está sacado directamente de Ludwig von Mises y Milton Friedman, y es completamente apropiado dadas las circunstancias. La única forma de que un “anarco-capitalista” pudiera ser elegido era en una situación de fracaso de la gobernanza y de estatismo del bienestar tan grave que pudiera abrir ligeramente la puerta e introducir ideas desconocidas por la intelectualidad dominante, por no hablar del argentino medio de la calle.

Otro éxito como el de Chile no, por favor

El lenguaje utilizado por los medios de comunicación internacionales, el gigantesco amasijo de intereses del Banco Mundial y la comunidad de ayuda internacional, y los economistas de la corriente dominante que se oponen a él está diseñado para deslegitimar a Javier Milei. No quieren otra historia de éxito como la de Chile en la región.

Dos naciones que adoptan políticas “neoliberales” que funcionan significan que sus puestos de trabajo y sus narrativas están en peligro. Están aterrorizados, y así debe ser. El crecimiento del uso del término “extrema derecha” es un ejemplo más de cómo la honestidad intelectual, la coherencia filosófica y el respeto por el discurso liberal están completamente ausentes de nuestros debates públicos.

Bukele y Meloni

El problema es que sus términos son como los insultos que se lanzan en un patio de colegio. No son coherentes ni consistentes. Pensemos en los tres políticos más destacados que han recibido el tratamiento de “extrema derecha” por parte de la prensa dominante: el salvadoreño Nayib Bukele, la italiana Giorgia Meloni y, ahora, Javier Milei. ¿Qué tienen en común? Sustancialmente la respuesta es muy poco.

Bukele ha emprendido una ofensiva contra las bandas y la delincuencia que implica violaciones generalizadas de las garantías procesales y los derechos civiles, pero que ha provocado una caída en picado de los índices de criminalidad. Meloni es conocida como una cruzada antiinmigración, pero también apoya la guerra de Ucrania y, al igual que Bukele, tiene unos índices de aprobación por las nubes. Milei quiere abolir la banca central y, aunque está a favor de la vida, también es un soltero que alardea de su vida sexual y defiende la apertura de los mercados y el comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, para un periodista de los medios antiguos, todos ellos forman parte de lo que se ha dado en llamar la “extrema derecha”. No satisfechos con que describir a los políticos como “conservadores” o “de derechas” sea suficiente para asustar a sus lectores, las cadenas de noticias, los periódicos nacionales y los servicios de noticias han decidido añadir un calificativo al término. El crecimiento en el uso del término es un ejemplo más de cómo la honestidad intelectual, la coherencia filosófica y el respeto por el discurso liberal están completamente ausentes de nuestros debates públicos.

Izquierda, derecha, y extremos

Al tener raíces europeas, los términos que utilizamos para describir la izquierda y la derecha evolucionaron a partir de las divisiones durante una época de cambio democrático y consolidación nacional. Pero como los contextos eran diferentes en Europa y en otros lugares, los términos nunca se aplicaron de forma nítida. En el siglo XIX, el auge del socialismo, y más tarde del comunismo, junto con los debates sobre el lugar del liberalismo y la naturaleza del conservadurismo, provocaron considerables cambios en el significado de los términos.

Liberales como John Stuart Mill solían asociarse con algún tipo de límites a los mercados, pero se oponían a las arraigadas opiniones de los conservadores sobre la estabilidad del orden económico y social. Sin embargo, el comunismo soviético y el fascismo europeo en el siglo XX proporcionaron el tipo de contrastes superficiales que los términos parecían implicar, aunque ninguno de ellos proporcionó una gran alternativa en lo que respecta a la libertad. Ambas formas de gobierno apoyaban la planificación económica y limitaban la libertad individual.

Una vez derrotado el fascismo, las alternativas al socialismo se agruparon de repente en la derecha, incluido el liberalismo europeo. Cuando los liberales y los defensores del laissez-faire se reunieron en el primer Encuentro de Mont Pelerin en Suiza, el organizador, FA Hayek, buscaba una visión intelectual de consenso sobre cómo podría ser una alternativa liberal al apoyo abrumador a la planificación en todo el espectro. Como el fascismo estaba fuera, los “ganadores” de la izquierda empezaron a describir a los liberales pro-mercado como “conservadores”, sobre todo en EEUU.

Soluciones gubernamentales a problemas gubernamentales

Pero cuando vemos que los medios de comunicación fuerzan a estos políticos a meterse en una camisa de fuerza bidimensional, no se trata sólo de un problema de categorías. También se trata de los límites de la formación y la educación de las élites. Como señaló acertadamente David Brooks en su reciente columna del New York Times, los medios de comunicación nacionales se parecen mucho en formación y educación.

Las instituciones educativas que produjeron estas figuras apoyan las opiniones consensuadas y la creación de políticas por expertos, que concuerdan con sus propias preferencias. En pocas palabras, esto significa soluciones gubernamentales a problemas gubernamentales. Estas soluciones implican la contratación de expertos políticos para “arreglar” las cosas. Pero, ¿qué pasa cuando el consenso está equivocado? ¿Y si la teoría no se ajusta a la realidad? ¿Qué ocurre cuando la delincuencia campa a sus anchas en El Salvador a pesar de las mejores intenciones de los responsables políticos occidentales? ¿Qué ocurre cuando el banco central de Argentina lleva la inflación a niveles inimaginables con un inmenso coste social? Surgen respuestas poco convencionales y la democracia le da energía.

Cuando los responsables políticos ven que las políticas siguen fracasando y pueden vincular esos fracasos con oportunidades políticas, es cuando las cosas se ponen interesantes. Bukele, Meloni y Milei explotaron ese contexto.

La prensa tiene un problema con Milei: no le entiende

La prensa y las élites políticas no pueden abordar quién es Milei o qué propone en cuanto al fondo porque no encaja en su visión del mundo. La hiperinflación no está causada por el cambio climático, el racismo o la oposición al desplazamiento de género. No es una construcción social ni un acontecimiento aleatorio, sobre todo cuando se produce de forma continuada durante casi 80 años y destruye una sociedad mayoritariamente de clase media alta.

Es el fracaso político y económico que resulta de la explotación política y la planificación central. La burocracia argentina y las clases parlanchinas han fallado a los ciudadanos durante décadas. Conocemos la causa, y Javier Milei también. Sus adversarios querían hacer las cosas un poco menos mal, posiblemente durante unos años hasta que volvieron a hacerlas mucho peor. El peronismo es la relación abusiva, la adicción, el concepto de que no es necesaria ninguna responsabilidad tras años de irresponsabilidad. Milei es la medicina, y no será una píldora fácil de tragar.

No será la tierra de John Galt

La posibilidad un barranco de Galt en Argentina es básicamente nula. Se enfrenta a desafíos políticos casi insolubles para lograr incluso un pequeño porcentaje de su agenda legislativa. Y, sin embargo, si logra un objetivo, podría permitir a Argentina iniciar un camino diferente. Dolarizar la economía podría obligar al Estado a la responsabilidad fiscal y poner fin a la locura monetaria que reina actualmente. Será doloroso, pero quizá no tanto como décadas más de efecto adormecedor de más estímulos que acaban degradando la moneda.

No hay soluciones fáciles, lo cual es parte de la razón por la que los medios de comunicación y sus anquilosadas influencias intelectuales no tienen soluciones que ofrecer. Sólo les queda el lenguaje vago, las tácticas de miedo y el etiquetado. Lo que se tardó 80 años en destruir se tardará décadas, quizá siglos, en recrear. Mucho antes de que ganara la primera vuelta electoral en septiembre, le preguntaron a Javier Milei cuál era su modelo para Argentina. Respondió que Irlanda. Irlanda, por supuesto, es famosa por haber recortado impuestos y regulaciones, liberando su economía y estimulando un rápido crecimiento económico. A Argentina le puede ir peor que a Irlanda, pero cualquier cosa que se aparte de su trayectoria actual será una mejora.

Ver también

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

PISA: una década de reformas educativas está dando frutos

Por David Thomas. Este artículo ha sido publicado originalmente en CapX.

Las clasificaciones internacionales de educación PISA son posiblemente las tablas de clasificación más importantes de la política pública del Reino Unido. Cuando Nick Gibb, el veterano ministro de Educación, estaba en la oposición, mencionó los resultados de PISA como la forma de saber si sus reformas funcionaban.

Éxito: del 27 al 11 del mundo

Hoy se tiene la sensación de que el trabajo de una década está dando sus frutos. Las escuelas y los profesores ingleses deberían estar fenomenalmente orgullosos de haber logrado su mejor clasificación histórica en matemáticas: del puesto 27 que ocupaban en 2009 al 11º del mundo.

Sin embargo, hay algunas nubes que arrojan sombras sobre las soleadas tierras altas. Nuestra puntuación real en matemáticas cayó, desde un punto álgido en 2018 hasta los niveles de 2012-15. Pero nuestra clasificación subió porque otros países bajaron. Pero nuestra clasificación subió porque otros países bajaron más. Nuestras escuelas hicieron un mejor trabajo que otras para mitigar el daño de Covid, pero el daño aún se ha hecho.

Esta ronda de PISA se centró en las matemáticas, por lo que tenemos una rica comprensión de lo que está pasando. En primer lugar, está claro que nuestro éxito en matemáticas no se debe a un aprendizaje memorístico a expensas de una comprensión más profunda. Esta crítica ha sido formulada a menudo por quienes se oponen al enfoque inspirado en Singapur y Shanghái adoptado en la última década. Pero nuestra puntuación en razonamiento matemático es una de las mejores de la OCDE.

Inspirado en Singapur

En segundo lugar, estamos obteniendo buenos resultados en áreas críticas de las matemáticas. El área más fuerte de Inglaterra es la de datos y estadística, cada vez más importante en el mundo moderno. En tercer lugar, lo estamos haciendo bien en el extremo superior, pero hay mucho margen de mejora. Casi una cuarta parte de los alumnos ingleses obtienen los mejores resultados internacionales. Es bueno verlo, pero en Singapur más de la mitad de los alumnos alcanzan este nivel. Nuestros alumnos no tienen menos talento que los de Singapur. Dado que la economía inglesa tiene 16.000 puestos vacantes especializados en STEM que necesitan un matemático de alto nivel para cubrirlos, cerrar esta brecha es realmente importante.

Una característica llamativa de los datos del Reino Unido es que el 15% de los alumnos desfavorecidos se encuentran en nuestro cuarto de rendimiento más alto. Es menos de lo que debería, y cada niño que falta es una tragedia, pero es una proporción mayor que en cualquier otro país del mundo desarrollado. No tenemos la segregación de ventajas y desventajas que se observa en tantos otros países.

Comparación con otros países

Parte de la razón para entusiasmarse con PISA es que nos permite comparar entre países. En 2010, Inglaterra optó por seguir los pasos de países de Extremo Oriente como Singapur. Ese enfoque se ha visto confirmado, ya que esos países siguen obteniendo buenos resultados. ¿Y los demás? Un grupo de presión presionó para que se siguieran las reformas que se estaban aplicando en Finlandia, tras el “milagro finlandés” de los altos resultados de PISA. Pero desde entonces Finlandia no ha dejado de empeorar, y ahora se sitúa muy por debajo de Inglaterra.

Estados Unidos, donde muchos estados han reformado su enfoque de las matemáticas en los últimos años, se encuentra en una situación desesperada. Su rendimiento está muy por debajo de la media de la OCDE y es uno de los peores de todo el estudio. Para un país que depende de la tecnología y la innovación, se trata de un riesgo casi existencial. Escocia y Gales también tienen problemas. Ambos han emprendido grandes reformas curriculares en dirección opuesta a Inglaterra, y ambos se están quedando más rezagados.

El sistema escolar inglés ha puesto el listón muy alto en matemáticas en los últimos años, pero seguimos por debajo de nuestro potencial nacional. Hemos hecho grandes mejoras y hemos resistido bien los daños de la pandemia. Lo hemos hecho empezando a ponernos a la altura de los mejores países del mundo, y tenemos que continuar ese camino. Si nuestros niños tienen el mismo talento que los de Singapur, nos estamos perdiendo la mitad de nuestros mejores matemáticos potenciales. Esto tiene un coste enorme para ellos personalmente y para nosotros económicamente. Hemos cerrado parte de la brecha. Ahora cerremos el resto.

Ver también

Las tres lecciones más importantes del informe PISA 2012. (Juan Ramón Rallo).

El inequívoco éxito del sistema escolar. (Laura Mascaró).

El lenguaje económico (XXXIV): Lo social (II)

El pasado mes vimos que el adjetivo social es espurio y que se utiliza principalmente para legitimar la acción redistributiva del Estado. La mayoría de la población ha aceptado como justo que el Estado (nunca los particulares) confisque la propiedad de unos —los más ricos— para entregársela a otros —los más pobres. De esta manera se crea una ética sui generis: un robo deja de serlo cuando: a) Lo perpetra el Estado, y b) El botín se emplea con fines sociales.

Bienestar social y conquista social

La acción intervencionista del Estado nunca produce un bienestar sobre el conjunto de la sociedad. La confiscación y su posterior redistribución no puede agradar a todos. Una parte de la sociedad —los consumidores netos de impuestos— aumenta su bienestar a expensas de la otra parte —los proveedores netos de impuestos—, que ve aumentar su malestar.

La expresión «conquista social» está asociada a la idea de progreso y mejora en diferentes aspectos de la vida social, conseguidos habitualmente mediante alguna forma de lucha: revoluciones, activismo, huelgas, etc. Por ejemplo, el sufragio universal puede ser entendido rectamente como una conquista social al haber promovido la igualdad jurídica para todos. En el ámbito económico la situación es distinta: las mejoras laborales, salariales o la erradicación del trabajo infantil (entre otras) no son fruto de la coacción gubernamental o sindical, sino de la mayor productividad del sistema capitalista.

Contrato Social

Para entender que el «contrato social» solo es una mala metáfora, podemos imaginar a un proveedor de seguridad que llamase a nuestra puerta y dijera: «Nuestra empresa no le garantiza protección en caso de una agresión criminal; si apresáramos al delincuente, tampoco le garantizamos que recupere lo perdido y además, le cobraremos un suplemento para mantenerlo entre rejas, bien alimentado y con todas las comodidades; por último, el precio lo fijaremos nosotros unilateralmente»; ¿firmaría alguien en su sano juicio un contrato de estas características? Una de las más prolijas refutaciones del mito de la Constitución como contrato social la realizó, en 1867, el anarquista y abogado estadounidense Lysander Spooner (2013) en su obra: No Treason: the constitution of no authority.

La relación entre el proveedor monopolista y el consumidor de protección no reúne la principal seña de identidad de un contrato: el consentimiento manifiesto de las partes. La presunción de que las cláusulas del contrato social, aunque «no hayan sido jamás formalmente enunciadas, son en todas partes las mismas y han sido en todas partes tácitamente reconocidas y admitidas» (Rousseau, 1998: 34) nos parece inverosímil. Todas las teorías contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau, Kant y Rawls) adolecen de los requisitos de un contrato genuino, a saber, que cualquiera de las partes —protector y protegido— puede unilateralmente denunciar el pacto. El mito del «contrato social» todavía persiste hasta el punto de que algunos políticos lo han plasmado «ante notario» en un claro ejercicio de trilerismo electoral.[1]

Economía Social de Mercado

Estamos ante un pleonasmo o un oxímoron. Primero, es una redundancia porque tanto la economía (ciencia) como el mercado (institución) son categorías sociales, pues se producen en el seno de la sociedad. Segundo, si por «economía social de mercado» entendemos un sistema económico que combine lo mejor del libre mercado con la acción «correctora» del Estado, estamos ante una profunda contradicción. La pacífica cooperación que caracteriza al mercado es incompatible con la coacción propia de la intervención gubernamental.

Sobre esta «tercera vía» o mezcla de sistemas (economía de mercado y planificación central) afirma Mises (2011: 845): «No es posible combinarlos ni entremezclarlos; ninguna transición gradual lleva de uno a otro; son mutuamente incompatibles». Nunca la violencia, aunque sea limitada, puede mejorar los resultados de la libre cooperación humana.

Justicia social

Dice Alberto Benegas Lynch (h) (2014) afirma que la «justicia social» tiene dos interpretaciones: o bien es una redundancia grotesca porque la justicia no puede ser animal, vegetal o mineral, es siempre social; o bien es una contradicción en los términos, pues resulta injusto robar a unos para entregar a otros. Algunos liberales critican la confiscación porque se produce una «redistribución negativa»: las clases medias y bajas —generalmente asalariados— soportan la mayor parte de los tributos. Este argumento resulta peligroso, dado que podría inferirse que existe otra «redistribución positiva»: confiscar a los ricos para entregar a los pobres.

Notables anarcocapitalistas —Benegas, Huerta de Soto, Rothbard, Hoppe— defienden los principios éticos de forma inequívoca: un robo es un robo, independientemente de quienes sean las víctimas, los victimarios o los receptores del botín. En definitiva, la justicia social es espuria porque la justicia genuina siempre es referida a específicos individuos y situaciones donde hay un conflicto de derechos. La justicia, según Ulpiano, es «dar a cada uno lo suyo», en singular.

Bibliografía

Benegas, A. (2014). «El rol de la desigualdad de ingresos y patrimonios». www.youtube.com/watch?v=ZZ-mfv9-Ohs&t=833s>.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial

Rousseau, J. J. (1998) [1762]. El Contrato Social. Barcelona: Edicomunicación.

Spooner, L. (2013). Sin traición. La constitución sin autoridad. [V. Kindle] Editorial Innisfree.


[1] En 2006, el líder de Convergencia i Unió (CiU), Artur Mas, tuvo la ocurrencia de firmar, ante notario, un «contrato con los catalanes», donde se recogían 21 compromisos electorales; los firmantes fueron Artur Mas i Gavarró y el notario Joan Carles Ollé i Favaró; incomprensiblemente, ni uno solo de los 5,3 millones de catalanes acudió a la notaría para firmar lo que, sin duda, era puro teatro: una promesa electoral disfrazada de contrato.

Serie ‘El lenguaje económico’

(XXXIII) Lo social (I)

(XXXII) El free rider

(XXXI) La eficiencia

(XXX) Los fallos del mercado

(XXIX) Gasolineras

(XXVIII) Dad al César lo que es del César

(XXVII) Humanismo

(XXVI) Publicidad (II)

(XXV) Publicidad (I)

(XXIV) El juego

(XXIII) Los fenómenos naturales

(XXII) El turismo

(XXI) Sobre el consumo local

(XX) Sobre el poder

(XIX) El principio de Peter

(XVIII) Economía doméstica

(XVII) Producción

(XVI) Inflación

(XV) Empleo y desempleo

(XIV) Nacionalismo

(XIII) Política

(XII) Riqueza y pobreza

(XI) El comercio

(X) Capitalismo

(IX) Fiscalidad

(VIII) Sobre lo público

(VII) La falacia de la inversión pública

(VI) La sanidad

(V) La biología

(IV) La física

(III) La retórica bélica

(II) Las matemáticas

(I) Dinero, precio y valor

¿Para quiénes representa el liberalismo un peligro?

La propaganda anti-liberal, desde luego, lejos de evocar el capitalismo cuando alude a la prodigiosa elevación del nivel de vida de las masas, la cita sólo cuando denuncia las tan lamentables realidades generadas precisamente por las limitaciones impuestas a la sistemática liberal.

Ludwig von Mises

Como nota introductoria sería pertinente hacer alusión a una importante reflexión del escritor Roberto Salinas León, aparecida en su artículo titulado El temperamento liberal. Según ésta, el liberalismo, ha sido y es objeto permanente de críticas. Provenientes de políticos, candidatos presidenciales, miembros de la intelligentsia, periodistas, miembros de la clase corporativista, líderes clericales, de la derecha, de la izquierda-estos, y varios otros” Roberto Salinas, La reinvención del liberalismo en México 1990-2014, México, Editorial Taurus.

Estos ataques señalados por el citado autor, han tenido una especial acogida en la tierra del perfecto idiota latinoamericano, parafraseando la obra titulada. Manual del perfecto idiota latinoamericano, ensayo de Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, publicado en 1996. No obstante, a esto cabría señalar que tales ataques no han sido privativos de las sociedades latinoamericanas, sino en que han estado muy presentes en el espectro político y socioeconómicos del continente europeo y los Estados Unidos, en especial a partir del año 2008, y en el marco del actual escenario de confrontación geoeconómica y política global.

¿Quién teme al liberalismo?

Nos planteamos, a la luz de lo arriba expuesto por el citado autor, las siguientes interrogantes: ¿cuáles serían los verdaderos intereses que estarían detrás de todos estos cuestionamientos, sean ideológicos, económicos y políticos, que han impulsado a los enemigos del liberalismo como corriente de pensamiento económica y política, a cuestionar al mismo? Y ¿por qué estos cuestionamientos han tenido una amplia acogida en el ideario cultural y social de las sociedades latinoamericanas en especial? 

Uno de los ataques más comunes al ideario político liberal, ha sido el de la supuesta exclusión y opresión política, que éste genera en detrimento de los menos desposeídos y a favor de la clase económica y política dirigente, según sus detractores. Nada más falso e inadmisible, pues la defensa de la libertad como un derecho natural e inmanente a la naturaleza humana, ha sido uno de los principales postulados del liberalismo. Al respecto, Giovanni Sartori, prominente teórico de la democracia, ha sostenido que la libertad política es la protección contra el poder autoritario y por ende despótico.

Amenaza al control estatal

Donde por antonomasia, según Sartori, “la situación de libertad, es aquella en la que la protección sustentada en un estado de derecho, les permita a los gobernados oponerse al abuso de poder por parte de los gobernantes”. Esta es la naturaleza de una sociedad por la cual aboga el liberalismo. En ella imperan la pluralidad política, el respeto al derecho ajeno, y de propiedad. También la libertad individual como un derecho natural del ser humano.

Esto nos obliga a plantearnos la siguiente interrogante, ¿es que acaso el liberalismo no representa una amenaza para los fundamentos totalitarios y de dominación social, de ideologías que van desde de la izquierda marxistaleninista pura, hasta las propuestas populistas sean de izquierda o de derecha?

Tal vez allí está la verdadera motivación de descalificación que emana de los espectros políticos señalados hacia el liberalismo. Pues el cuestionamiento que implícitamente le hace este, a esos modelos de control social y político respecto a los grados de libertad que los individuos deberían de poseer como un derecho natural inmanente a los mismos, representan un peligro para los idearios políticos de estas corrientes ideológicas.

Contra los monopolios mercantilistas

Otras de las grandes falacias esgrimidas contra el liberalismo ha sido, la ya reiterada y trillada idea marxistoide, y pseudo populista, que rotula al liberalismo como exponente primigenio del capitalismo, defensor de ciertos valores, como la libertad de los mercados, la propiedad privada y un individualismo egoísta. Valores y principios que indefectiblemente, según sus detractores, generan riqueza sólo para una clase económica en detrimento y a costa de las grandes mayorías sociales históricamente desposeídas y explotadas por el capitalismo.

Nada más falso que eso, pues podemos encontrar en la historia contemporánea, económica y política de las naciones, que ha sido el propio estado en el último siglo, en sus variantes populistas, totalitarias, marxistas-leninistas, autoritarias y keynesianas, él que históricamente ha creado las condiciones y distorsiones económicas estructurales en sus respectivas sociedades, que han coadyuvado a la generación de pobreza, falta de oportunidades para los estratos más pobres, y a la aparición de mercados capitalistas imperfectos.

En ellos, los grupos oligopólicos y monopolios mercantilistas, han nacido y crecido, bajo la sombra del favoritismo y los privilegios del poder, que la corrupción política de los estados excesivamente controladores e interventores les ha permitido explotar. Estos detractores suelen ubicarse en lo que Roberto Salinas de León denomina la clase corporativista. Clase que solo buscan defender sus intereses sectoriales a costa de las grandes mayorías sociales.

Confusión con el mercantilismo

Situación esta que le ha hecho mucho daño a la causa del liberalismo. Sus críticos de oficio han identificado muy eficazmente al liberalismo-capitalista con el mercantilismo capitalista y Keynesiano. Son estructuras pseudo capitalistas estas, que se amparan en un círculo vicioso de relación político-clientelar, de empresarios, gremios de cualquier especie,   y una excesiva intervención gubernamental. Frente a este escenario, el liberalismo representa una amenaza, pues, él mismo tiene como uno de sus postulados básico la libre competencia, sin la intervención distorsionadora del estado en favor de ningún sector o grupo económico en cuestión, en función del bienestar de la masa de consumidores de bienes y servicios.

Sería pertinente citar para los efectos de la gravedad y efecto pernicioso que ha tenido para la causa liberal los señalamientos arriba descritos, la siguiente reflexión hecha por el premio Nobel de Literatura 2010 y prominente escrito peruano Mario Vargas Llosa, en el marco de la clausura del 25° aniversario del Centro de Divulgación Económica (CEDICE) de Venezuela, llevado a cabo en la ciudad de caracas los días 28 y 29 de mayo del 2009, al abogar por mejorar y eliminar la mala imagen de “insolidaridad social” como textualmente lo llamo el citado escritor, que se ha ganado el liberalismo, y según él Si queremos cambiar a la sociedad lo que tenemos que cambiar son las ideas equivocadas que están detrás de las políticas que atrasan y subdesarrollan a nuestros países“.

Igualdad ante la ley

En consonancia con la destacada reflexión de Vargas Llosa, es importante resaltar que el libre mercado ha sido el sistema más efectivo que ha desarrollado la humanidad para generar el mayor número posible de riqueza en términos de igualdad de oportunidades y condiciones para todos los estratos de una sociedad. En especial para aquellos que por los avatares de tipo histórico, económico, político, social y cultural han quedado renegados a vivir en condiciones de miseria e injusticia social.

De igual forma, el liberalismo político defiende a ultranza la igualdad de todos frente a la ley, sin importar su origen social, étnico-religioso, credo político, o estrato social, a través, de un estado de derecho independiente que defienda los derechos naturales más elementales del hombre.  Idearios estos que echan por tierra todos los falsos y perniciosos cuestionamientos hacia el liberalismo como corriente de pensamiento económico y político a lo largo de su historia.

Hoy es el Día de la Deuda

España agota todos sus ingresos fiscales y vivirá del déficit hasta fin de año

  • Hay siete países de la UE que alcanzan el Día de la Deuda antes que España, pero su deuda media es del 53,8% del PIB, la mitad que la española
  • La deuda pública crece en España a un ritmo de 164,8 millones de euros cada día, lo que supone 6,8 millones por hora, 114.155 euros por minuto y 1.903 euros por segundo
  • Por Comunidades Autónomas, el peor resultado es el de La Rioja, donde el Día de la Deuda llega el 17 de noviembre. Galicia, por el contrario, es la mejor situada, ya que agota sus ingresos el 28 de diciembre
  • La Seguridad Social registra el mayor déficit de caja de toda la UE. La deuda del sistema público de pensiones se ha multiplicado por cinco. El Día de la Deuda de la Seguridad Social se adelanta al 10 de octubre

30   de noviembre de 2023

El Instituto Juan de Mariana (IJM) publica hoy el Día de la Deuda, que refleja la fecha a partir de la cual el conjunto de las Administraciones Públicas españolas agota todos sus ingresos fiscales para poder hacer frente a sus gastos, de modo que el Estado vivirá a crédito, generando déficit y deuda, hasta fin de año.

Si comparamos todos los ingresos y gastos previstos por las Administraciones Públicas españolas para 2023, encontramos que el saldo negativo es del 8,6%. En términos de calendario, esto significa que, si tomamos todos los ingresos del Estado y los distribuimos a lo largo del año, dichos recursos solamente cubren once meses de gasto. Por lo tanto, el Día de la Deuda llega el 30 de noviembre y el equivalente a un mes entero de gastos se financia por entero vía déficit y deuda.

Hay siete países de la UE que alcanzan el Día de la Deuda antes que España, pero su deuda media es del 53,8% del PIB, más de un 50% por debajo de nuestro país. Además, si nos comparamos con las economías del Club Med, vemos que nuestro Día de la Deuda (30 de noviembre) se compara muy desfavorablemente con la fecha observada para Grecia (22 de diciembre), Croacia (28 de diciembre) o Portugal (30 de diciembre).

Si desagregamos por Administraciones, el Día de la Deuda llega el 5 de octubre en el caso del Gobierno Central, el 17 de diciembre en el de las Comunidades Autónomas y el 19 de diciembre en el de la Seguridad Social. Las Corporaciones Locales son las únicas que tienen un ligero superávit.

Por Comunidades Autónomas, el peor resultado es el de La Rioja, donde el Día de la Deuda llega el 17 de noviembre. Cataluña lo alcanza el 12 de diciembre y Madrid el 16. El mejor resultado es el de Galicia, que agota sus ingresos el 28 de diciembre.

España va camino de enlazar 21 años consecutivos (2008-2028) con el presupuesto público en situación de déficit. La cronificación de dicho diferencial negativo se traduce en un crecimiento continuado de la deuda de nefastas consecuencias para la economía.

El volumen de deuda acumulado por las Administraciones Públicas se ha disparado de menos del 40% a más del 110% del PIB entre los años 2008 y 2022. Las reglas de la Eurozona exigen que los pasivos del Tesoro no superen el 60% del PIB. Cumplir dicho objetivo mejoraría el PIB en 4,6 puntos, es decir, más de 62.000 millones de euros. Por lo tanto, la deuda está suponiendo un lastre muy importante para el desarrollo económico del país.

España es el segundo país de Europa con mayor aumento de la deuda pública desde finales de 2019 hasta el primer trimestre de 2023. La subida, de 14,6 puntos del PIB, está muy por encima del incremento observado en el conjunto de la Unión Europea, donde el aumento ha sido de 6 puntos del PIB.

La deuda pública asciende ya a 29.500 euros por habitante y 74.500 euros por hogar. A lo largo de 2023, los pasivos del Estado habrán aumentado en 60.000 millones de euros. Si expresamos estas cifras con un reloj de deuda, encontramos que la deuda sube 164,8 millones de euros cada día, lo que supone 6,8 millones por hora, 114.155 euros por minuto y 1.903 euros por segundo.

El endeudamiento enmascara el verdadero coste del gasto público, al trasladar su financiación al futuro. Esta ilusión fiscal equivale a 8.478 euros por asalariado. Además, la vida media de la deuda española es de 7,9 años, de modo que no estamos traspasando tales obligaciones “a las próximas generaciones”, sino que nosotros mismos las enfrentaremos también a medio plazo, en forma de más impuestos.

La Seguridad Social española presenta el mayor déficit de caja de toda la UE. Su deuda ha crecido de forma espectacular en los últimos años, multiplicándose por cinco y pasando de menos de 20.000 a más de 100.000 millones de euros. Además, la verdadera situación contable de la Seguridad Social se enmascara por las transferencias que llegan de los Presupuestos Generales del Estado. Si se ajustan los datos para considerar su efecto, el Día de la Deuda del conjunto de las Administraciones Públicas permanece inalterado (30 de noviembre), pero la fecha del Gobierno Central se retrasa del 5 de octubre al 26 de noviembre, mientras que la de la Seguridad Social se adelanta del 19 de diciembre al 10 de octubre. Pagar las pensiones exclusivamente con los ingresos del sistema supondría reducir casi 60 euros la prestación media percibida mensualmente por los jubilados españoles.

Puede leer el informe completo aquí.

La historia de las Lebacs y Leliqs: tres soluciones posibles

Según el informe diario del Banco Central de la República Argentina, al día 21 de noviembre de 2023 la suma de Leliq y Notaliq es de 12.344.520 millones de pesos, a lo que debemos agregar los pases pasivos por 11.411.983 millones de pesos. Esto suma 23,7 billones de pesos, lo que doce meses antes apenas sumaba 9.1 billones de pesos. Casi se triplicó el volumen nominal de estos pasivos en un año.

23,7 billones de pesos equivale a 63.700 millones de dólares (si lo dividimos por el tipo de cambio oficial a 373 pesos, o bien equivale a 23.900 millones de dólares (si lo dividimos por el tipo de cambio libre o blue en 995 pesos).

Si a la misma fecha la base monetaria es de 7.696.992 millones de pesos, el lector debe comprender que existen tres bases monetarias que están fuera del sistema, pero que mantenerlas allí -para evitar una hiperinflación (si es que no estamos en una)- requiere un pago de tasas de interés del orden del 130 % anual. Esto significa que en un año, céteris paribus y pagando esta tasa de interés, el volumen de estos pasivos más que se duplicaría respecto del presente, lo que de ningún modo soluciona el problema, sino que lo posterga y lo agrava.

La historia de estos pasivos comienza con las Lebacs

Su historia fue bien resumida recientemente en un tweet (o hilo) del 6 de noviembre por Federico Sturzenegger. El origen data de 2002, bajo la gestión de Mario Blejer y durante la presidencia de Eduardo Duhalde. El kirchnerismo le dejó al macrismo 30.000 millones de dólares de Lebacs, además de los futuros.

Las Lebacs permitían absorber los pesos que emitía el Banco Central de tal forma de evitar reconocer la consecuente inflación. En otros términos, los sucesivos presidentes del BCRA monetizaron los déficits fiscales de los sucesivos gobiernos, pero luego los esterilizaron reprimiendo la inflación. La inflación reprimida siempre es pan para hoy, pero hambre para mañana, y en esta historia no hay inocentes.

La responsabilidad de Sturzenegger en la creación de las Leliqs

Siempre recuerdo la visita de Federico Sturzenegger a la reunión anual de la Asociación Argentina de Economía Política, de la que participo desde hace años. Allí nos dijo a unos 500 economistas que su único objetivo en la gestión del BCRA era que la inflación dejara de ser un problema. Claramente fracasó.

Sturzenegger no pudo cumplir su objetivo porque no interrumpió la dinámica de las Lebacs. Es cierto que cambió el concepto Lebacs por Leliqs -lo que fue bienvenido por los bancos-, y es cierto también que al tiempo que se incrementaba su volumen acumuló reservas internacionales por un valor semejante, pero la historia terminó muy mal.

Sturzenegger argumenta que cuando dejó el BCRA, las Lebacs habían sumado unos 40.000 millones de pesos adicionales a los que había recibido, pero que en su historia la emisión de Lebacs se utilizaban únicamente para comprar reservas. Al llegar, las reservas eran -5000 millones, pero al irse eran de 23.000 millones de dólares. “En síntesis -agrega Sturzenegger- de los 35.000 millones de pasivos cuando llegamos (Lebacs – Reservas) se convirtieron en un pasivo de 17.000. Una mejora nada despreciable para dos años.” Lo que no se menciona allí es cómo se redujeron esas Lebacs, en medio de una crisis cambiaria que terminó con el sueño de la reelección.

Con Alberto Fernández la gestión del Banco Central fue aún peor. No sólo que el mecanismo de expansión sirvió nuevamente para financiar al Tesoro, sino que la pérdida de reservas fue continua, llegando a un negativo de 9000 millones de dólares. El deterioro en el Balance del BCRA es mayúsculo. Los datos del primer párrafo de esta nota muestra una evidencia concluyente.

3 posibles soluciones

En este contexto pienso que está claro que no hay soluciones mágicas que permitan evitar el costo social sobre la población y el costo político sobre el gobierno. Será importante, eso sí, que el gobierno ponga foco en la manera de comunicar este problema para no apropiarse de un problema heredado sobre el que hay que hacerse cargo.

Observo tres posibles escenarios de solución, de acuerdo a la manera en que se deseen asumir los costos. Descarto que el nuevo Presidente electo desee seguir pateando la pelota hacia adelante pagando un 130 % de tasas de interés por año, pues la bola de nieve terminaría explotando sobre sus hombros en un mediano plazo.

Escenario 1: bajar la tasa de interés por estos pasivos a 0%

Escribía un tweet el pasado domingo donde resumía esta propuesta:

“El peso agoniza. El respirador artificial de las Leliqs es demasiado caro. Mi propuesta (no la de la LLA) es apagar el respirador, bajando la tasa de Leliqs a cero. Dejemos morir al peso, como ya paso con el Austral. Luego dolaricemos!”

Este escenario es el más abrupto. Muchos lectores de X señalaron el impacto hiperinflacionario que tendría la medida, pero el impacto puede mitigarse por varios factores:

1.      Bajar la tasas de estos pasivos a 0 % termina con la bicicleta financiera. Esto es importante comprenderlo, pues hoy a mucha gente le conviene colocar su dinero a plazo fijo más que invertir en la economía real. Si se termina esta renta financiera, se le cierra a los bancos una ventana de renta segura, y deben buscar otros canales de inversión prestando dinero a empresas las que deben invertir en la economía real. Esto significa que la tasa de interés que pagan los bancos no necesariamente baja a 0 %, sino que se abre un abanico de opciones que canalizan el crédito a la economía real, algo deseable.

2.      De este modo, los bancos ofrecerán una tasa de interés positiva, aunque más baja, y los depositantes a plazo fijo deberán evaluar esa rentabilidad para definir si sacan el dinero del banco o esperan.

3.      En cualquier caso, está claro que bajar la tasa de estos pasivos a 0 %, implica monetizarlos, lo que implica incrementar fuertemente el circulante, con un impacto inflacionario enorme, que se canalizará también sobre la cotización del dólar, saltando la divisa y generando una inflación alarmante de corto plazo.

4.      Este escenario es el fin de las Leliqs, pero también es el fin del peso. Si en este contexto se acompaña la medida con el levantamiento del cepo cambiario, y el anuncio de levantar toda medida contra la libre circulación de divisas, el mercado avanzaría rápida y paralelamente en un proceso de dolarización.

5.      Sería algo similar al escenario de 1991 previo a la Ley de convertibilidad. La hiperinflación que se desató fue el paso previo a una Ley que le devolvió a la economía estabilidad monetaria. En este caso, ya no con una Ley de convertibilidad, sino con un programa de dolarización. En otros términos, la hiperinflación se desata por unos meses, pero luego sobreviene la estabilidad con la nueva moneda de referencia que será el dólar, al tiempo que se recupera el crédito y con ello se recuperan rápidamente la actividad económica, el empleo y los ingresos reales. Recordemos que 1992-1994 tuvo una alta tasa de crecimiento, sólo interrumpida por “el efecto tequila de 1995”, y recuperando luego el crecimiento en 1996-1998, de nuevo con altas tasas.

Escenario 2: rescatar el total de Leliqs tomando una nueva deuda de unos 24 mil millones de dólares

El mismo día del tweet del escenario 1, y a los pocos minutos de recibir un vendaval de críticas por el efecto hiperinflacionario que ocasionaría, escribí un segundo tweet con el siguiente comentario:

“Bien. Si ya todos descartaron este escenario como indeseable, bienvenidos los 30.000 M de usd de Caputo para rescatar las Leliqs. Sepamos que esa nueva deuda va a implicar un esfuerzo fiscal de muchos años para poder pagarla, y que la misma también es herencia kirchnerista.”

Este escenario se puede parecer un poco más al que aplicará Milei en los próximos días, donde juega un rol central Luis Caputo, a quien el nuevo Presidente calificó como “el mayor experto financiero.”

1.      En este escenario, Argentina debería conseguir una suma de 24.000 millones de dólares como nueva deuda, la que sustituye una vieja deuda del Tesoro con el BCRA. De este modo, el Tesoro asume esta deuda para mejorar el Balance del BCRA, lo que pueda contribuir en estabilizar la economía, o bien, puede contribuir en mejorar el esquema de dolarización que Milei viene trabajando hace años.

2.      Al momento, Caputo dijo a banqueros en su primera intervención como “posible” Ministro de Economía que este paso previo es importante, sea para dolarizar o estabilizar, postergando ese debate para unos meses más adelante. De mi parte, no interpreto que Milei se esté des-diciendo de su propuesta de campaña de dolarización, pues nunca afirmó que dolarizaría en los primeros días. Simplemente se afirma que este paso es indispensable en este contexto, cualquiera sea el camino que se desee tomar después.

3.      Para que este monto sea de 24.000 millones de dólares, y no de 64.000 millones de dólares (ver primeros párrafos de esta nota) está claro que Argentina necesita una devaluación del tipo de cambio oficial hacia el tipo de cambio libre o “blue”, que hoy podríamos fijarlo en 1000 pesos por dólar.

4.      Con esos fondos, Argentina podría estar habilitada a levantar el cepo cambiario sin sobresaltos. Esto también implicaría la unificación de los múltiples tipos de cambio.

5.      Un paso paralelo e incluso “previo” a estas medidas es el ajuste fiscal del presupuesto 2024, donde Argentina pueda mostrar al mercado global equilibrio fiscal. En este sentido, Milei ha dado señales claras de shock, a diferencia del gradualismo que caracterizó al macrismo en 2015-17.

6.      Dado que el riesgo país viene bajando y el mercado está creyendo en el modelo Milei, pensamos que el descuento de estos nuevos bonos será bastante menor al que se podía proyectar con este gobierno que termina, en línea con lo que explicaba en aquella entrevista del 24 de septiembre de 2023.

Ver también

En Argentina no basta con el equilibrio fiscal. (Adrián Ravier).

Dolarizar Argentina es posible e imprescindible. (Adrián Ravier).

Si todo es extrema derecha, el término ha perdido todo su significado

Por Joanna Williams. Este artículo fue originalmente publicado por CapX.

El jueves pasado, el centro de Dublín parecía una zona de guerra. Turbas violentas se amotinaron durante más de tres horas en lo que se ha descrito como “los peores disturbios vividos en décadas”. Se incendiaron vehículos, incluidos coches de policía, y se destruyeron tres autobuses y un tranvía. La “enorme destrucción” dejó tiendas gravemente dañadas y ventanas rotas. Siguieron los saqueos.

Se cree que la violencia fue desencadenada por un ataque con arma blanca que tuvo lugar en la ciudad ese mismo día. Tres niños y dos adultos resultaron heridos, cuatro de los cuales permanecen hospitalizados. Entre ellos hay una niña de cinco años, que se encuentra “en estado crítico”, y una profesora auxiliar que “utilizó su cuerpo como escudo” para proteger a los niños del apuñalamiento. El sospechoso es “un ciudadano irlandés de unos 40 años que lleva 20 viviendo en el país”. Pero más allá de esto, poco se sabe sobre el ataque. La policía y los políticos han advertido a quienes quieren saber más sobre la “desinformación”.

Comparece la “extrema derecha”

Sin embargo, sorprendentemente, en medio de la destrucción de los disturbios y la violencia del ataque con cuchillo, un hecho ha quedado firmemente establecido. Parece que tanto la policía como los políticos están absolutamente seguros de los motivos de los alborotadores. Eran de “extrema derecha”. El jefe de la policía irlandesa, Drew Harris, declaró a la prensa que los responsables de la violencia habían sido una “facción lunática y gamberra impulsada por una ideología de extrema derecha”. Además, anunció que había un “elemento de radicalización” en los disturbios, derivado de “suposiciones de odio” basadas en material que circuló por Internet tras los apuñalamientos.

El Presidente de Irlanda, Michael D Higgins, compartió esta información sobre las afiliaciones políticas de cada uno de los aproximadamente 500 alborotadores. El apuñalamiento, sugiere, estaba siendo “abusado por grupos con una agenda que ataca el principio de inclusión social”. Resulta sorprendente que, mientras las víctimas de los apuñalamientos permanecen en estado crítico en el hospital, y con las llamas apenas extinguidas en O’Connell Street, los dirigentes irlandeses hayan encontrado tiempo para completar un análisis exhaustivo de la ideología política que impulsaba a la turba amotinada.

O, al menos, esto sería notable si “extrema derecha” no se hubiera convertido en una etiqueta comodín, utilizada repetidamente cada vez que nuestra élite política y cultural quiere expresar su desprecio por un grupo de personas y, al mismo tiempo, cerrar cualquier debate.

“Extrema derecha” allí donde mires

¿Recuerdas a los manifestantes en el cenotafio, descontentos por el hecho de que se hubiera permitido la celebración de marchas pro Palestina el fin de semana del recuerdo? “Extrema derecha”, nos dijeron. Estaban actuando sin sentido las palabras de la exministra del Interior, Suella Braverman, que también es, al parecer, de “extrema derecha”. Antes de eso, eran los votantes del Brexit, las feministas críticas con el género y cualquiera que cuestione los altos niveles de inmigración o apoye el derecho de Israel a la autodefensa. Todos “extrema derecha”. Esta etiqueta es simplista, pero sirve para algo. Distingue a los virtuosos de las masas y, al mismo tiempo, erige una señal retórica de “peligro” para ahuyentar a los curiosos.

La belleza de gritar “extrema derecha” es que también funciona en el escenario mundial. ¿La elección de Javier Milei en Argentina? Extrema derecha. ¿Geert Wilders en Holanda? También extrema derecha. Igualmente, Orbán en Hungría y la italiana Georgia Meloni. En realidad, Meloni, según un columnista de The Guardian, no es simplemente de “extrema derecha”, sino “fascista adyacente”. Y luego, por supuesto, está Donald Trump, que no es ni de “extrema derecha” ni “fascista adyacente”, sino directamente fascista. Por supuesto, no se está menospreciando sólo a estos líderes elegidos democráticamente, sino a todos los millones de ciudadanos que les votaron.

Los peligros del insulto comodín

Pero lanzar el término “extrema derecha” con tanto desenfreno entraña ciertos peligros. Cuando un término se vuelve tan elástico que abarca a representantes electos, feministas, vándalos nihilistas y 17,4 millones de ciudadanos británicos que votaron a favor de abandonar la UE, pierde su significado. No cabe duda de que algunos de los líderes, manifestantes o ideas mencionados aquí merecen realmente la etiqueta de extrema derecha. Pero si todos lo son, entonces la frase no es más que un insulto de patio de recreo.

El problema de este insulto comodín es que elimina cualquier necesidad de examinar más a fondo los argumentos o quejas de la gente: la etiqueta es a la vez explicación y conclusión. La forma en que una turba violenta arrasó el centro de Dublín anoche fue censurable. Pero “extrema derecha” sirve de poco para explicar sus acciones.

¿Quiénes son? Cómo se ven? ¿Por qué fueron?

Necesitamos saber: ¿Quiénes eran los implicados? ¿Qué les motivó a unirse y actuar de esa manera? ¿Se ven a sí mismos como manifestantes? ¿O tienen más en común con los bromistas y ladrones de Oxford Street? ¿Fueron los disturbios producto de la política, la furia o el nihilismo? El mero hecho de gritar “extrema derecha” impide que se plantee cualquiera de estas preguntas.

Mientras tanto, se dice a la opinión pública que centre su atención en estos despreciables alborotadores y se olvide del hombre realmente responsable de acuchillar a niños y hospitalizar a personas. Pero también debemos preguntarnos qué le motivó. Por mucho que nuestros líderes políticos y jefes de policía hagan todo lo posible por aplastar la emoción, es comprensible que la gente se enfade cuando se entera de que han apuñalado a unos niños. No se trata, por supuesto, de condonar la violencia de anoche en Dublín. Pero enfadarse porque un niño se enfrente a un posible asesinato no convierte a alguien en una persona de extrema derecha.

Ver también

¿Qué es la ultraderecha? (José Carlos Rodríguez).

Ultraderechistas de izquierda. (Albert Esplugas).

Inmigración y ultraderecha. (José Carlos Rodríguez).

Fauci dice ahora que debes poder elegir si quieres vacunarte contra el Covid

John Miltimore. Este artículo ha sido publicado originalmente en FEE.

Los nuevos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades muestran que los casos de COVID-19 están aumentando de nuevo en algunas partes del país. El mapa de los CDC indica que varios estados están experimentando un “aumento sustancial” de casos (más del 20%), entre ellos Texas, Nuevo México, Kansas y Nebraska, que experimentaron un repunte del 57,3% con respecto a la semana anterior.

Los repuntes locales de COVID nos recuerdan que, aunque mentalmente la pandemia haya terminado para muchos de nosotros, el virus sigue cobrándose víctimas. A lo largo de septiembre y octubre, más de cien estadounidenses murieron cada día de COVID de media, según las estadísticas. Y la historia sugiere que esas cifras aumentarán bruscamente durante los meses invernales de enero y febrero.

Anthony Fauci cambia la partitura

A pesar de ello, apenas se habla de restablecer las diversas medidas draconianas que el gobierno utilizó para imponer el cumplimiento de 2020 a 2022. De hecho, incluso el Dr. Anthony Fauci está cantando una melodía diferente.

Fauci, antiguo director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, es ahora profesor en la Universidad de Georgetown. Pero el hombre que fue el arquitecto de la respuesta gubernamental a la pandemia sigue trabajando ocasionalmente como experto en el circuito televisivo y, en los últimos meses, las prescripciones políticas de Fauci han dado un giro radical. En una entrevista con Jonathan Karl, de la ABC, en el programa This Week a principios de otoño, Fauci fue preguntado sobre quién debería tomar el nuevo refuerzo COVID. “Creo que deberíamos dar la opción a las personas que no pertenecen a los grupos de alto riesgo de que dispongan de la vacuna”, respondió Fauci.

“Elección”

Elección es la palabra clave aquí. Es un marcado contraste con el anterior apoyo de Fauci al mandato de vacunación de la Casa Blanca, que obligaba a las empresas privadas a exigir la vacunación como condición para el empleo. “Sabemos que los mandatos funcionan”, dijo Fauci a Wolf Blitzer en octubre de 2021. “Así que, aunque te gustaría que la gente lo hiciera por voluntad propia, a veces los mandatos realmente pueden ayudar en ese sentido”.

Sin embargo, la nueva postura de Fauci no se limita a que las personas de bajo riesgo puedan elegir, como podría dar a entender su declaración. Fauci insinuaría posteriormente que incluso las personas de alto riesgo deberían poder elegir. “Que [la vacuna] esté disponible para todo el mundo, pero sin duda recomendarla a las personas de alto riesgo”, dijo Fauci a Karl.

Es un cambio radical. Fauci utiliza ahora palabras como “elección” y “recomendar” en relación con las vacunas, incluso para las personas de alto riesgo. Los argumentos sobre la eficacia de los mandatos han desaparecido (incluidos los mandatos de máscara).

Las promesas de políticos y científicos

Ahora bien, se podría argumentar que muchas cosas han cambiado desde 2021, y hay algo de cierto en ello. Sabemos mucho más hoy de lo que sabíamos en 2021, incluido el hecho de que las vacunas no hacen lo que los funcionarios del gobierno dijeron inicialmente que harían. “No vas a contraer COVID si tienes estas vacunas”, dijo el presidente Joe Biden en julio de 2021. “Nuestros datos de los CDC hoy sugieren que las personas vacunadas no son portadoras del virus, no se enferma”, dijo la entonces directora de los CDC, Rochelle Walensky .

https://twitter.com/therecount/status/1376950399232573442?ref_src=twsrc%5Etfw

Las vacunas no previenen la infección ni la transmisión del COVID. Y aunque pueden reducir el riesgo de hospitalización y muerte por COVID, conllevan riesgos, incluida la muerte, razón por la cual el Departamento de Salud y Servicios Humanos está contratando a un montón de abogados para defenderse de la avalancha de casos legales presentados por aquellos que dicen que fueron heridos por las vacunas.

Quién decide qué es mejor

Todo esto, así como una serie de derrotas legales de varios mandatos de vacunas, ayuda a explicar por qué Fauci es de repente un defensor de permitir que la gente elija si vacunarse o no. Pero la razón principal del cambio de opinión de Fauci es casi con toda seguridad la siguiente: La política de vacunación ha cambiado.

Durante mucho tiempo, la gente estaba dispuesta a seguir los interminables mandatos gubernamentales y las estrategias de mitigación, muchas de las cuales no sólo eran éticamente dudosas, sino patentemente sin sentido, en gran parte por miedo. Esos días han pasado. El terror a la vacuna COVID ha pasado, y la confianza en la sanidad pública se ha desplomado, lo que sin duda explica en parte por qué el mes pasado sólo el 3,5% de la población había recibido la nueva vacuna COVID.

Para ser claros, esto no debe tomarse como prueba de que las vacunas COVID sean buenas o malas. Esa es la pregunta equivocada. “La cuestión más básica no es qué es lo mejor, sino quién debe decidir qué es lo mejor”, ha observado el economista Thomas Sowell. El hecho de que Fauci ya no se arrogue el derecho de decidir por los ciudadanos lo que deben introducirse en el cuerpo es algo muy positivo. Es una pena que haya tardado tanto.

Ver también

‘No va a funcionar, porque no es obligatorio’. (José Carlos Rodríguez).

Algunas cuestiones disputadas del anarcocapitalismo (LXXXVII): sobre la guerra en Palestina

El historiador militar de la Universidad Hebrea de Jerusalen Martin van Creveld es célebre en círculos libertarios, aún sin serlo él del todo, por sus muy originales escritos sobre el ascenso y caída del estado moderno y por sus obras sobre la transformación de la guerra. Sin contar sus poco políticamente correctas obras sobre el feminismo, Sexo privilegiado, o sobre la cuestión de la igualdad. No me consta que ninguna de las grandes obras de Van Creveld esté traducida al castellano excepto su libro sobre Los abastecimientos en la guerra publicado por el Ministerio de defensa.

Martin van Creveld

La tesis principal de Martin van Creveld es que el estado nació a consecuencia de la guerra y que la transformación de la guerra lo transformará también a él hasta hacerlo desaparecer o mutar en otro tipo de forma política. Según afirma, los estados modernos están concebidos para defenderse o atacar a sus semejantes pero no están concebidos para otras formas de combate o para proteger a sus poblaciones de riesgos que no esten circunscritos a su espacio de  dominio. De la misma forma que no están bien concebidos para atender pandemias o riesgos existenciales, como el cambio climático (de serlo). tampoco se adecuarán a amenazas estas ya de corte militares que operen a otra escala o con otra forma.

Los ejemplos que ofrece el profesor Van Creveld son variados. La moderna piratería en el Índico es uno de ellos. No parece muy razonable enviar grandes buques de guerra para luchar contra piratas que se desplazan en pequeñas, pero muy veloces. El problema se solucionó en buena medida con la contratación de un par de soldados profesionales de las muchas empresas que existen al respecto, dotados de armamento automático perfectamente adaptado a este tipo de combate. Fue mucho más barato y eficaz dimensionar correctamente la fuerza defensiva a la naturaleza de la amenaza. Pero aquí se pudo comprobar la dificultad con la que los estados se enfrentan a nuevas amenazas. Y cómo tuvo que ser relevado de sus funciones por fuerzas privadas.

Las redes

Las modernas redes de terror en red sería otro excelente ejemplo de cómo evoluciona la guerra y de cómo los estados convencionales tienen dificultades para confrontarla. Redes del estilo de Al Qaeda, a pesar de que sus valores que defienden están muy anclados en el pasado, son el culmen de la modernidad organizativa en forma de guerras, como ya apuntó hace unos años John Gray en su célebre Al qaeda o lo que significa ser moderno.

Células de combatientes durmientes  en el interior del propio país, habitando en grandes ciudades ferales donde se pueden confundir con el resto de la población, coordinadas por medios telemáticos y que se activan o desactivan siguiendo instrucción de la jefatura del grupo son desafíos muy difíciles para un estado que está acostumbrado a combatir en frentes convencionales contra enemigos más o menos compactos. Los estados modernos  no pueden atacar o bombardear sus propios barrios por lo que estos activistas precisan de acciones quirúrgicas para ser neutralizados.

No sólo eso. El daño que un terrorista residente en el territorio del propio estado puede infligir es muy elevado en comparación con los costes que requieren sus atentados. Pensemos en los ataques en Francia hace unos años en los que poco más de una docena de terroristas, armados con armas ligeras de poco precio no sólo causaron más de un centenar de víctimas sino que paralizaron por unos días los transportes en todo el país, pues se cortaron autopistas y aeropuertos para poder neutralizar a los terroristas. Un atentado que costo unos miles de euros implicó costes de decenas de millones al estado y a los ciudadanos afectados.

Van Creveld: los estados no están preparados ante el terrorismo

Esto corrobora las teorías de Van Creveld según las cuales los estados modernos no están adecuados en forma y tamaño a los nuevos desafíos de seguridad. Es más, cuanto mayores son las dimensiones de un estado, en población y territorio, no sólo  el daño causado se multiplicará sino que le será más fácil a los grupos moverse y pasar desapercibidos.

Sin que pueda establecerse una ley general, el grupo atacante muy probablemente consiga más repercusión mediática y dañe más al estado atacando en Francia que en Islandia, usando iguales medios. También muy probablemente su libertad de movimiento sea mayor en el primer caso y su capacidad de detección y neutralización previa menor, pues habría que discutir donde es más fácil ocultarse si en un gran o pequeño estado y no digamos en una comunidad privada. Podrían darse pequeños estados proclives al terrorismo o incluso comunidades privadas, pero dudo que los demás tuviesen buenas relaciones con ellos o facilitasen su movimiento fuera de sus fronteras.

El atentado de Hamas

Volviendo al tema del análisis, lo cierto es que un grupo terrorista Hamas, llevó a cabo un atentado de gran crueldad y de una dimensión poco conocida en este tipo de actuaciones. No sólo el número de fallecidos es relevante sino también la forma en que se produjeron los asesinatos, que parece ser pensada para aterrorizar (fuentes de inteligencia han afirmado que los atacantes tenían instrucciones previas sobre la forma de  actuar, aunque las fuentes de Hamas lo desmienten).

Desde luego iban dotados de cámaras personales. Compartieron rápidamente el contenido de sus crímenes en las redes sociales. Se asemeja a la forma de funcionar del Daesh que guionizaba sus ejecuciones y luego las grababa haciendo alarde de grandes medios técnicos. Las llevaba a cabo usando cuchillos y con gran efusión de sangre. No buscaban aterrorizar por el número de ejecutados sino por la forma en la que lo hacían pensada para atemorizar a una población occidental que tiene aversión a la visión de sangre y a formas pretecnológicas y manuales de ejecución.

Este uso de la psicología les dió muchos réditos en cuanto a difusión de su causa. Intuyo que los terroristas de Hamas han aprendido de estas técnicas y buscaron la difusión global de sus crímenes, pensado más bien cara el exterior que hacia el interior. Recordemos que hasta hace poco este tipo de crímenes eran negados por sus autores culpando a la propaganda del enemigo y buscando confundir en cuanto al número de bajas. Recordemos el caso de Srbenica en la guerra de los Balcanes. En cambio ahora lo que se busca es exhibir la barbarie, muy probablemente como arma de guerra psicologica.

La estrategia de Hamas

A todos los efectos, como han manifestado varios especialistas en asuntos militares, se trataba de una provocación para condicionar la respuesta de Israel. Israel se involucró en una guerra de destrucción de los terroristas de Hamás en Gaza. Supongo que con la intención de romper los incipientes tratados de paz que Israel había comenzado a establcer con algunos países árabes, objetivo que los de Hamás consiguieron de momento, aunque no del todo.

Como vimos los ejércitos modernos no están bien dimensionados para el combate con estos tipos de grupos. Cuando se destruye a los terroristas, que además se camuflan en medio de la población civil, y combate en ocasiones sin uniforme y mezclándose después entre ella, tienen casi forzosamente que dañar infraestructuras civiles. También por desgracia acaban con muchos inocentes. No es ya que tengan que aguantar el dominio dictatorial de Hamas. Además, tienen que morir o resultar heridos, además de arruinados, por su culpa.

La posición de fuerza de Israel

Martin van Creveld, a pesar de son ser ni mucho menos un halcón, quiere a su pueblo. Por lo que escribe entiendo que le gustaría ver ganar la guerra a su país. Pero quiere que la gane no que se desangre en el proceso y por eso es cauto a la hora de afrontarla, pues una victoria que debilitase a su país en el proceso no sería buena para el país a medio y largo plazo.

De ahí que advierta sobre los riesgos de confrontaciones de este tipo y reclame una modulación de la respuesta. Digo victoria porque es indudable que la va a ganar. Y no sólo por la superioridad militar del ejército hebreo sobre una fuerza guerrillera, sino porque precisamente este tipo de guerra en condiciones modernas requiere del suministro constante de armamento y munición. Este suministro no puede mantenerse en una Gaza bloqueada por completo. Por lo tanto durará lo que le duren las reservas de material a los milicianos palestinos. De tener acceso a material de guerra no cabe duda de la que  el conflicto no sólo duraría mucho más sino que sería enormemente gravoso para la sociedad y la economía de Israel.

Diplomacia estadounidense

La guerra asimétrica no se trata tanto de victorias militares como de los costes en vidas y económicos que se le pueden infligir a la economía ya la moral de la población, y dado que la capacidad de sufrimiento de poblaciones occidentalizadas es mucho menor que la de sus rivales esta podría ser una de las principales causas de que las fuerzas regulares del estado israelí  no pudiera  conseguir sus objetivos últimos. De ahi que las milicias islamistas busquen abrir nuevos frentes al conflicto. Puede ser en el Líbano, en Siria, con la implicación abierta de Irán o otras ejércitos de la zona como los huthies del Yemen.

De momento parece que estas estragias no están teniendo éxito pues la diplomacia norteamericana parfece haber actuado para evitar la apertura de esos nuevos frentes y salvo que Israel cometa algún error grave de estrategia es muy improbable que se involucren de lleno en el conflicto más allá del uso de una retórica incendiaria.

El frente de la opinión pública

En el ámbito de la opinión pública tanto interna en Israel como mundial, tampoco parece que, salvo algunos países árabes y latinoamericanos que han roto relaciones, se de una internacionalización del conflicto que presione a Israel en su campaña. Recordemos que las nuevas guerras asimétricas hacen uso también de la debilidad relativa de unos de los contendientes para posicionar a la opinión pública a su favor. En este caso no se ha dado un viraje masivo, salvo repito algún error de Israel. La victoria militar de este aparece a día de hoy clara por los factores antes apuntados, pero sólo falta ver a que coste y comprobar en que medida las teorías de Van Creveld se cumplen o no.

El problema vendrá después y aunque es pronto para anticiparlo derivará con el destino futuro de la franja y de su población. Las intervenciones militares, con razón o sin ella , son intervenciones estatales y acostumbran a tener consecuencias inesperadas donde menos s elo espera. Esperemos que acabe pronto el conflicto y con la menor cantidad de sufrimiento posible.

Ver también

El día más negro de Israel. (David Goldman).

Israel, o la lucha contra la infamia. (Carlos Alberto Montaner).

¿Hacemos mejor teoría y filosofía del derecho?

Resulta realmente absurdo que los juristas –y los no juristas que entran también, por qué no, en estos importantes debates- no seamos capaces de centrar metodológicamente el objeto de nuestro estudio. Esto es, que tengamos tan serias dificultades para definir lo que el Derecho es.

Como destacó el profesor Herbert Hart, de la Universidad de Oxford, a comienzos de la década de 1960, éste es un problema que no se le plantea a los ciudadanos medianamente informados. Ellos, sin problema, pueden identificar en qué contextos se manifiesta el derecho. Tampoco se le plantea a los teóricos de otras disciplinas, tales como la medicina o la química, quienes no suelen desacuerdos tan enconados sobre su objeto de estudio.

The concept of law, de Herbert Hart

Hart, en su obra definitiva, The Concept of Law (1961), acusó las exageraciones que suelen hacerse en teoría y filosofía del derecho para escoger algún atributo de los sistemas legales y señalarlo como el elemento “definitorio” o contentivo de la “quintaesencia” de lo jurídico. Así, por ejemplo, evoca autores como Llewellyn (“lo que los funcionarios hacen respecto de las disputas… es el derecho mismo”), Holmes (“las profecías de lo que los tribunales harán es lo que entiendo por derecho”), Gray (“las leyes son fuentes de derecho… no partes del derecho mismo”), Austin (“el derecho constitucional no es otra cosa que moral positiva”) y Kelsen (“no se debe robar; si alguien roba deberá ser castigado… si existe, la primera norma está contenida en la segunda, que es la única norma genuina… el derecho es la norma primaria que establece la sanción”). 

Filtrar el derecho con valoraciones personales

Otro elemento que perturba seriamente el esclarecimiento del derecho como objeto de estudio es el permanente intento de incluir ideales valorativos (sean morales, políticos, económicos y hasta estéticos) en su definición. Poco ayuda en el intento de definir lo que es una casa, si nos empeñamos en decir que “sólo las casas bellas son verdaderas casas”, “sólo las casas donde impera la moral son auténticas casas”, o “sólo las casas funcionales son genuinas casas”.

¿Tiene importancia la belleza, el respeto de valores morales o el aprovechamiento eficiente del espacio para llevar a cabo la labor definitoria de lo que una casa es (i.e. que permita llamar “casa” –sólo eso- a un determinado objeto de nuestra atención)? Al parecer, la respuesta es afirmativa para una serie de doctrinas legales, tales como el iusnaturalismo (sea en sus versiones de inspiración metafísico-religiosa, o de inspiración racionalista), los nuevos “iusmoralismos” (Dworkin, Nino, Alexy), los recientes productos académicos hispanoamericanos tales como el  “neoconstitucionalismo” (Carbonell, García Figueroa, et. al.) o el “postpositivismo” (Atienza, Ruíz-Manero), o la hermenéutica alemana (Kaufmann, et. al.).

Según estas corrientes del pensamiento no es posible definir el derecho sin un previo criterio de corrección valorativo. Y más concretamente, sin la implicación de valores morales. Para hacer la situación peor, estas posturas y sus respectivos autores tienen que recurrir a la defensa de algún tipo de objetividad en materia moral. Vale decir que están forzados a defender como “verdadera” y “correcta” una determinada moral.

Evolucionismo

Por su parte, la relativamente poca (en cantidad, aclaro) teoría y filosofía del derecho, elaborada desde el pensamiento liberal contemporáneo, insiste en extrapolar al campo del Derecho sus apreciaciones sobre el orden espontáneo (o cataláctico, en términos de Hayek). También en la aproximación típicamente escocesa sobre las instituciones como resultados no intencionados o planificados, sino como consecuencia de la acción humana libre e individual (Smith, et. al.). Ello ha dado importantes contribuciones, sobre todo en el campo del Análisis Económico del Derecho (Posner, Cooter, Ulen, et. al.). La aplicación de la teoría neoclásica de los precios de mercado que resulta muy útil para dotar de razonabilidad a la práctica judicial.

El liberalismo ha asumido la muy justificada y acertada posición política de combatir el expansionismo gubernamental en detrimento del Estado mínimo en materia económica. Y también ha resistido –de nuevo, de forma meritoria- los embates contra el Estado de Derecho (aquellos principios y reglas que impiden la expansión autoritaria, cuando no totalitaria, del Estado).

Liberalismo y positivismo no se empecen

Esas posiciones han llevado al liberalismo a expresar posiciones que no son sostenibles en materia jurídica. Por ejemplo, que la legislación, o las regulaciones estatales “no son verdadero derecho”. Ello –en materia de teoría y filosofía jurídica –devaluaría al liberalismo al mismo nivel de sus contrapartes “iusmoralistas” contemporáneas. Confunde las labores analíticas o descriptivas (las que esclarecen el derecho como objeto de estudio), con las tareas evaluativas, normativas o incluso críticas (una vez que se señale con claridad al derecho como objeto de estudio).

Este error, a mi juicio, sería solventado por el liberalismo jurídico si acepta las premisas metodológicas de la tradición analítica, o positivista. Estas premisas vienen a diferenciar el sistema jurídico de otros sistemas (e.g. la moral, la economía) con los que guarda innegable relación. Cuando los liberales aceptemos que asumir los postulados de dicha tradición analítica o positivista no implica en modo alguno aceptar o justificar moral o políticamente un orden jurídico determinado, sino describir el derecho “como es”, para luego proponer el derecho “como debe ser”, empezaremos a hacer teoría y filosofía jurídica mucho más relevante, incluso de la que hemos venido haciendo hasta ahora, sin renunciar al Estado de Derecho en materia política e institucional, o al Estado mínimo en materia económica. 

Ver también

Positivismo jurídico y tiranía. (José Antonio Baonza).

Positivismo jurídico y tiranía (II). (José Antonio Baonza).

A vueltas con el positivismo jurídico (IV): sus antecedentes filosóficos en Comte y Hegel. (Jaime Juárez).