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Precedentes de la UE contra la tiranía

La presentación en el registro del Congreso de los Diputados de la denominada “Proposición de Ley Orgánica de amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña”[1] y, en general, los acuerdos para la investidura del secretario general del PSOE, han confirmado los peores temores sobre la madurez del autogolpe para permanecer en el poder. El Gobierno se ha burlado de los escasos controles y contrapoderes asentados en la Monarquía parlamentaria española, tal como ha evolucionado desde la aprobación de la Constitución de 1978.

Siguiendo el manual de otros caudillos autoritarios o totalitarios de diferente signo a lo largo de los dos últimos siglos, la manipulación de los mecanismos de elección democrática del Parlamento para auparse al poder, va seguida de la eliminación de todo atisbo de independencia judicial, separación de poderes o igualdad ante la Ley.

Sustitución de las normas por la voluntad arbitraria del caudillo

Se pretende consolidar una situación en la que no haya más reglas que los apaños para que el caudillo actual permanezca en el poder. La taimada negociación con un fugitivo de la Administración de Justicia para intercambiar investidura por impunidad e irresponsabilidad económica frente actos ilegales, mediante una “ley” de amnistía ad hoc[2] que se votará al alimón por ambas partes, rebasa, en mi opinión, la inconstitucionalidad para adentrarse en la categoría de acto preparativo de varios delitos[3].

Todo queda sometido a la conveniencia del tirano y de quiénes se alían con él mientras dure el apaño. Los comités de investigación parlamentaria de las actuaciones de jueces y tribunales que incorpora el pacto firmado por Junts per Catalunya y PSOE coronan el ataque más descarado contra el Poder Judicial que se recuerda. El cinismo y las mentiras de los dirigentes socialistas y sus propagandistas para justificar esta permanente impostura no tienen nada que envidiar a los dictadores más brutales de la historia.

Copados ya el Tribunal Constitucional por elementos dispuestos a bendecir cualquier legislación habilitante por la vía de urgencia de quiénes les han nombrado y el Tribunal de Cuentas en un sentido parecido, cabe esperar nuevos intentos de asalto al CGPJ[4] y redoble de planes para colonizar y promocionar a los fieles del nuevo movimiento en la judicatura, la fiscalía y la Administración pública, desde las primeras etapas, con mecanismos de selección sectarios.

Protesta ciudadana

En cualquier caso, además de otras formas de protesta y de manifestación pacífica, los concernidos por la supervivencia del Estado de Derecho y la libertad, debemos emprender las acciones prácticas más atinadas para detener y revertir el autogolpe protagonizado por esta disparatada conjura.

En este sentido, aparte de las reacciones del CGPJ y una larga lista de corporaciones, asociaciones, funcionarios públicos y catedráticos, conviene destacar la trascendencia de iniciativas como las emprendidas por varios ciudadanos, entre quienes se encuentra la catedrática Maria Teresa Freixes Sanjuán[5], para recoger firmas de apoyo a una comunicación dirigida al Parlamento Europeo o la abogada Guadalupe Sánchez Baena para canalizar cartas de ciudadanos individuales a los comisarios de la Unión Europea encargados de las materias de Justicia y Valores y Transparencia de la Comisión Europea. Parece también que, por fin, los europarlamentarios españoles de partidos de la oposición aparcan sus diferencias para denunciar en la Cámara europea los graves ataques a los principios del Estado de Derecho y el imperio de la Ley, consagrados en el artículo 2 del Tratado de la Unión, que está cometiendo el gobierno español actual.

El papel de los jueces

Merece la pena recordar a los jueces españoles, por otro lado, que los tratados constitutivos les vinculan en el ejercicio de su jurisdicción. Puede ser inaplicando normas con rango de ley por su contradicción con el Derecho de la Unión cuando juzgan su abierta incompatibilidad. Pero también, si existe una “duda objetiva, clara y terminante” sobre la posible contradicción entre la ley interna y el Derecho de la Unión, pueden plantear una cuestión prejudicial ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de acuerdo al artículo 267 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Repárese, asimismo, en que la adopción de medidas cautelares de suspensión de la aplicación de la norma cuestionada hasta que el Tribunal de Luxemburgo se pronuncie forma parte de la práctica habitual. 

Afortunadamente, si los jueces españoles comprenden mejor el alcance de su poder para sujetar la deriva autoritaria, pueden aprovechar la jurisprudencia derivada de los casos húngaro y polaco. Numerosas sentencias dictadas con motivo del planteamiento de cuestiones judiciales como de demandas interpuestas por la Comisión, acompañada por otros países miembros, han conformado una doctrina que se enfrenta no solo a los ataques frontales, sino también a los intentos de eludir el cumplimiento de las resoluciones judiciales dictadas por el Tribunal.

Sentencia del TJUE

En este sentido, la reciente Sentencia definitiva del TJUE de 5 de junio de 2023 (Caso C‑204/21)[6] repasa gran parte de las recaídas durante el pulso del ejecutivo saliente polaco y la Comisión europea y responde a sus trampas legislativas para tratar de eludir el cumplimiento de las sentencias.

Un detalle no menor durante estos años fueron las multas coercitivas impuestas a la República polaca mientras no adaptara su legislación y sus prácticas a los cánones europeos, decretadas mediante medidas cautelares durante la tramitación del procedimiento cuya sentencia definitiva confirma. En efecto, al no cumplir esos requerimientos, Polonia fue multada con una multa de un millón de euros por día[7], la cual, a fecha de mayo de 2023, ascendía a 500 millones de euros, que serán sustraídos por la Comisión de los fondos comunitarios de la UE ordinarios que recibe. Eso sin mencionar la suspensión de la tramitación de los fondos de reconstrucción para hacer frente a los efectos de la pandemia del Covid

Como la reacción del gobierno español actual podría ser muy similar a la desplegada durante seis años por el gobierno saliente polaco, conviene recordar las enseñanzas de su caso.


Notas

[1] Ya inconstitucional de raíz por usar esta vía, en vez del Proyecto de Ley, para evitar informes previos preceptivos de diversas instituciones como el CGPJ y una tramitación parlamentaria más pausada.

[2] La catedrática de Derecho Constitucional María Teresa Freixes Sanjuán insiste en este aspecto para considerar esta proposición de Ley no solo anticonstitucional, sino también absolutamente contraria a los fundamentos de la institución en los escasos países europea que tienen una regulación.

[3] Delitos, en concurso, de usurpación de atribuciones, cohecho y negociaciones prohibidas para los funcionarios públicos o las autoridades.

[4] A propósito, el actual CGPJ en funciones, aunque con sus competencias mermadas por el capricho de una ley aprobada en la pasada legislatura, no es “ilegal” o está “caducado”. La falta de renovación será una situación anómala, pero su responsabilidad es atribuible a quienes tienen que participar en su renovación.

[5] https://savespanishruleoflaw.org/. Quién, asimismo, preside la asociación Citizens pro Europe.

[6] https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/TXT/?uri=CELEX%3A62021CJ0204

[7] En abril se redujo a medio millón diario.

Ver también

A buenas horas. (Jaime Juárez).

Nos jugamos la libertad. (Instituto Juan de Mariana).

Golpe de Estado. Las altas magistraturas pueden delinquir. (José Antonio Baonza Díaz).

La cultura (con minúscula) de Javier Milei

Independientemente de las aportaciones que pueda hacer Javier Milei para que los argentinos vuelvan a recuperar las libertades personales y económicas que tuvieron hace tiempo, durante su presidencia va a tener un gran aliado, imprescindible para volver a recuperar la prosperidad de antaño, que es la cultura del “capitalismo, ahorro y trabajo duro”. 

Una cultura (nótese la minúscula) no se puede imponer ni crear, sino que tiene que surgir de un orden espontáneo mediante sucesivas interacciones voluntarias. Todo lo demás, está condenado al fracaso. Véase, pese a las escuelas públicas y la enseñanza dirigida por los gobiernos, la caída del peronismo en Argentina o las protestas que se están produciendo en España contra el golpe de estado. 

El poder nace del fusil, como dijo Mao en Problemas de la Guerra y de la Estrategia, pero, parafraseando la frase, posiblemente apócrifa, de Unamuno, las armas vencen, pero no convencen.

Claridad e interés

Es difícil resumir una campaña electoral, pero dos de las cuestiones que más se trataron en el directo de ayer sobre las elecciones argentinas en el canal del Instituto Juan de Mariana fueron, por un lado, los mensajes claros y directos de Javier Milei: “parásito”, “labura”, “agarrá la pala”… y, por otro, la profundidad de sus discursos y su bastísima cultura. Y la gran capacidad de Javier Milei para explicar de una forma sencilla conceptos complejos. 

Gracias a esta capacidad, ha conseguido despertar el interés por muchos temas a sus seguidores. Tanto es así, que, nos encontramos en Internet gran cantidad de seguidores de Milei fotografiándose con libros, y no sólo del propio Javier Milei. Incluso preguntándole por la reserva fraccionaria en plena calle. 

“¡Presidente, presidente!”

En esta misma línea, nos encontramos con que el libro escrito para la campaña, El fin de la inflación, en el momento de escribir este artículo, ocupe el puesto 869 en ventas de libros en español de Amazon y 63.793 en todos los libros de la plataforma. No se puede comparar con el libro de Sergio Massa, De la exclusión a la inclusión social, porque no está en Amazon, pero sí que podemos compararlos con libros de CFK: Sinceramente, en la posición 2.500.121 o Palabras de Cristina: Selección de discursos presidenciales, en la posición 3.622.811 de Kindle. 

Esto no indica que los votantes de Milei sean más lectores que los votantes oficialistas, pero sí que nos da una idea del interés que despiertan unos y otros candidatos y de los intereses que despiertan cada uno. Como cuando Milei fue ovacionado al grito de “¡Presidente! ¡Presidente!”, no en un mitin, sino en una feria del libro

Sus ideas viven en Argentina

Siempre he defendido que Milei no aporta ideas novedosas, sino las ideas del hispanismo, de la Escuela de Salamanca, y que, por hispánicas, siempre han estado en los argentinos

Pero veamos cuándo ha empezado a despertar interés Javier Milei en Argentina, al menos, cuándo se han empezado a disparar las búsquedas:

Si comparamos el mismo periodo de tiempo, 5 años, y la misma ubicación, Argentina, con la Escuela Austríaca:

Mises y Hayek

Vemos que Milei sólo ha hecho que aumentaran las búsquedas, ya que siempre ha despertado interés.

Pasaría lo mismo con algunos de los autores más populares de la propia Escuela Austríaca, como Hayek:

O Mises:

El león es anarcocapitalista

Y, ahora, veamos las búsquedas de la palabra “anarcocapitalismo”:

El interés en el anarcocapitalismo existía en Argentina, pero Milei lo ha impulsado. Para ver hasta qué punto era un interés en abstracto o el votante argentino quería realmente estudiar el anarcocapitalismo podemos mirar las búsquedas de Murray Rothbard:

Y de Huerta de Soto:

Vemos cómo ha impulsado las búsquedas de ambos autores, mostrándoselos al gran público, potenciándolos y dándolos a conocer al gran público que, al aumentar su interés, ha forzado a los medios a escribir sobre ellos:

• El ‘liberal libertario’ Javier Milei, discípulo del catedrático de la URJC Huerta de Soto, nuevo presidente de Argentina

• Qué es la Escuela de Austria en la que se inspira Javier Milei y cómo influye en sus radicales ideas económicas

• Huerta de Soto, el economista español que inspiró a Milei en su programa para las elecciones de Argentina

• Murray Rothbard y la Escuela Austriaca, el darwinismo social con el que se nutre Javier Milei

• Quién es Murray Newton Rothbard, el gurú ideológico de Javier Milei

La dolarización, propuesta clave de Javier Milei

Como hemos visto, tanto la Escuela de Salamanca, como la austríaca, están presentes en el imaginario colectivo argentino. Tanto como el uso de dólares. Oficialmente, la moneda de Argentina es el peso, sin embargo, todo argentino que se lo puede permitir, tiene dólares. Pero la duda llega cuando se hace legal lo normal. Y, de nuevo, ante cualquier duda, actualmente, la tendencia natural es a buscar en Google:

Y aquí sí que vemos una clara influencia de Milei. Si superponemos ambas imágenes, la de las búsquedas de Javier Milei y la de las búsquedas de dolarización, si bien la escala que muestra Google Trends no es la misma, vemos que el pico coincide exactamente:

Lo cual nos muestra que, ante la duda que pueda generar una política de libre competencia de monedas, el votante racional de Milei lo que ha hecho ha sido comparar y corroborar las palabras de Milei en El Cronista:

«La claridad conceptual de los austríacos es superlativa y domina al resto de las escuelas de manera muy fuerte». 

El león debe cazar para sobrevivir

Los argentinos podían haber elegido un camino fácil, de pobreza y bajo esfuerzo. Represión a cambio de subsidios estatales. Recibir billetes que no les permiten comprar nada fuera de sus fronteras o tener que trabajar para conseguir dinero sano. 

Sin embargo, han preferido el camino difícil. El de la libertad y la responsabilidad. El del «laburar» para no ser «parásitos». El que les va a llevar a ser, de nuevo, una potencia mundial. El de la cultura del «capitalismo, ahorro y trabajo duro». 

Pero sabían lo que hacían.

Ver también

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

El politburó de Ferraz

No vamos a dedicar nuestro tiempo a analizar la cuestión jurídica de la amnistía, dado que contamos con análisis mucho mejores, como, por ejemplo, el de Jaime Juárez o Lupe Sánchez Baena junto a nuestro director, Manuel Llamas. En este caso, quisiera centrar la atención en la cuestión moral. Pedro Sánchez, en un alarde de despotismo, ha convertido la necesidad de su partido, que perdió las elecciones, en virtud. Milimétricamente, el gobierno ha convertido las necesidades de la población española en las de su partido.

Antes la amnistía era defenestrada. Inclusive a tres días de las elecciones. Pero en torno a las 20:05 h del 23 de julio, esta inconstitucional y absolutista medida se ha convertido en la necesidad nacional más acuciante. Ahí andan ahora socialistas y separatistas decidiendo si las negociaciones que comenzaron en marzo eran sobre la amnistía o no.

Opinión sincronizada

Para ello, ha sido necesario el concurso del equipo olímpico de opinión sincronizada. Han llegado todos del periodismo, pero que abandonaron tan noble profesión en favor de repetir el argumentario monclovita palabra por palabra. A medida que las negociaciones de socialistas, comunistas e independentistas avanzaban, el tono a favor de la ilegal amnistía iba cambiando.

Pero traca final llegará cuando Cándido Golpe Pumpido, padre de Cándido Hunter Pumpido, ese señor que pasa a disposición judicial no el día de su detención, sino tres días después, cuando una amiga de su madre estaba de guardia, realice unos malabarismos jurídicos que ríanse ustedes del contorsionismo propio del Circo del Sol para legalizar el cambio de régimen por la puerta trasera. A partir de ahora, la necesidad del gobierno dictará el Código Penal, aunque siquiera fuera arte del programa electoral. Los programas electorales se negociarán, una vez pasadas las elecciones, en hoteles y con la mediación de un fugado de la justicia.

Premiar el despilfarro, no la austeridad

Entrando en materia del pacto cambio de la impunidad por intentar subvertir el orden legal a través de medios ilícitos, justo la definición de golpe Estado que el padrino en la boda de Ludwig von Mises, Hans Kelsen, la cuestión se va a quedar en un indecoroso homenaje al sistema autonómico. El gobierno catalán, en manos de nacionalistas durante los últimos cuarenta años y pidiendo la independencia la última década, se va a llevar en esta investidura la condonación de 15.000 millones de euros a través del Fondo de Liquidez Autonómica.

Este dinero, puesto a disposición de las autonomías para aliviar sus necesidades de financiación junto a otros mecanismos, hace que Cataluña sea la región más endeudada con el Estado: un total de 71.852 millones de euros. Por el contrario, la Comunidad de Madrid nunca ha tenido que acudir a estos fondos de rescate. Pues bien, ahora la responsabilidad fiscal de una comunidad autónoma se da de bruces con la irresponsabilidad de otra. Vemoso cómo se le condonan las deudas a cambio de apoyo político.

El descenso del guindo

Hay otra cuestión relevante de este mes. Un sector, y no pequeño, de la derecha mediática está empezando a caerse del guindo al ver papel de la policía en la represión de las manifestaciones. Ya tuvimos un aviso bastante serio durante el secuestro al que nos sometieron durante tres años, imponiendo confinamientos ilegales o mascarillas inútiles al conjunto de la población, pero les costó despertar. Pero bueno, arrepentidos los quiere Dios.

Por último, mención aparte merece el 15-M, Podemos, Sumar, o como se llamen esta semana. Los acampados en Sol, que disfrutaron de la tolerancia policial de Pérez Rubalcaba (aquí no hubo botes de humo ni gas pimienta), exigían el fin de la socialización de pérdidas. Pues bien, ahora nos encontramos que forman parte del gobierno que va a perdonar la deuda para que las paguemos todos los que madrugamos. Ninguna operación política en la historia reciente de España ha tenido el éxito del 15-M.

Con un gobierno socialista a una semana de comerse una derrota electoral sin paliativos en unas elecciones municipales, la aparición de grupos de extrema izquierda exigiendo ante la sede del gobierno regional (nunca del gobierno central o del partido en el gobierno) cuestiones que luego han sido llevadas a cabo por el mismo color político, constituye un ejemplo de cómo la masa puede ser fácilmente moldeable. Ahora andan en el gobierno repartiéndose cargos con otro partido que ha conseguido que la renta española esté al mismo nivel que hace veinte años. Apabullante.

La hora de la verdad de Javier Milei

¿Hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia? Es la frase atribuida a quien es, quizás, uno de los políticos más formidables que ha dado luz la historia. Hoy trasciende en un símil inevitable en los recónditos paisajes del sur americano, ¿hasta cuándo abusarás, Cristina, de nuestra paciencia? Los resultados de la noche del domingo fueron una sentencia para los desafectos de la cosa pública, pero que, sin embargo, vivieron con creces a costa suya durante largos periodos de tiempo. En un ineludible ataque de conciencia, los argentinos hicieron presidente a Javier Milei, un outsider en toda regla que entendió el momento histórico que le tocó liderar, pero sobre todo –y he aquí su mérito– canalizó su ideología a los intereses de su país que, hasta hace dos días, era el reflejo de la decadencia política, social y económica, el desastre como paliativo, el error como regla de la clase política –más de setenta años de peronismo– equiparable a la debacle moral que atormenta Venezuela.

Pacto y adaptación política

Si algo se le puede reconocer a Javier Milei es su capacidad de adaptación, incluso cuando la marea corría en su contra con oleajes insalvables. Había moderado su discurso. Sabe que el anarquismo –donde él se sitúa ideológicamente– no es una receta hacia la victoria en un momento de fractura social tan profunda como la que vive Argentina. Y que pasar de un radicalismo a otro puede resultar incluso contraproducente para los proyectos deseados. Salvar un país requiere de tiempo, acuerdos y visión a largo plazo, lo que no quiere decir, por el contrario, un gradualismo taciturno y pacato cuyos resultados llevan a la nada absoluta.

No se puede negar que Javier Milei ha sido un candidato controvertido por sus mensajes lanzados constantemente contra sus adversarios. Esto es un síntoma de su poca experiencia. Estas imprecaciones van más allá de los lamentos que caracterizan a la izquierda más radical y perturbada en un ataque de pánico ante el hecho del posible corte definitivo de su grifo abierto. Meritorio es saberse reconocer equivocado cuando la política necesita de entereza en la emergencia. El pacto y perdón con Patricia Bullrich y su coalición fue clave, porque sin este votante la victoria del domingo pudo no haber sido posible. He ahí también la responsabilidad en la política.

Análisis de la victoria

En un análisis rápido del contexto electoral que aconteció este domingo en Argentina, sorprende la aplastante victoria generalizada en todo el país de La Libertad Avanza (LLA), que ganó en 21 de 24 provincias de Argentina. Estas tres excepciones fueron: Santiago de Estero, Formosa y Buenos Aires. En esta última, tradicionalmente considerada un feudo del peronismo/kirchnerismo, Sergio Massa obtuvo la mínima diferencia de 1,5 puntos. Una victoria ínfima del ministro candidato.

También en zonas geografías que sufren en carne propia las consecuencias del abandono y el retraso que se manifiesta en violencia, pobreza y corrupción, como el Gran Rosario o Gran Mendoza o ciudades como San Martín de Tucumán, salió airoso el candidato de LLA. En total casi 14 millones y medio de argentinos optaron por el cambio frente a la continuidad, por la voluntad de avanzar dejando atrás el camino pedregoso de la frustración, la mentira y la decadencia.

Agenda liberal

Es bien conocida la agenda liberal del futuro presidente de Argentina. Entre sus más sonoras propuestas destacan la dolarización o el cierre del Banco Central de Argentina, una vaca sagrada de los estatistas de nuestro tiempo. Pero en estas medidas, aunque parecen estrambóticas y poco probables, se sustenta una idea práctica del quid de la cuestión. El peso argentino cada vez pierde más valor e, incluso, entre los propios argentinos, con un desencanto entendible desde el punto de vista de la supervivencia.

Y, por otro lado, son la base de una agenda que defiende la autonomía del individuo frente al poder omnipresente del Estado, la propiedad privada y la libertad como principios primigenios del ser humano. Y cuando nos planteamos, entonces, estas tres sencillas cuestiones y las procesamos más allá de lo estrictamente ideológico, las iniciativas cobran otra sustancia. El ciudadano de a pie debe ser capaz de entenderlas y asimilarlas.

Desafíos

Javier Milei tendrá serios desafíos por delante. Carece de una mayoría parlamentaria. No tiene ninguna provincia gobernada por su partido. Y todo el aparato del peronismo está en su contra y su rabia contenida. En primer lugar, tiene que entender ‘la calle’ deberá ser la tarea de todos los días y ganársela a pulso. Debe comprender que la sociedad se construye basándose en el intercambio constante y ofrecer a la gente soluciones con mensajes sencillos. Es necesario resolver cuanto antes la crisis económica para que el ciudadano pueda llegar a fin de mes.

Segundo, puede parecer que hoy Javier Milei no tiene dónde reclinar la cabeza. Se encuentra en franca minoría política, aunque con ‘la calle’ a su favor por un tiempo indeterminado, cuyo termómetro es volátil e imprevisible. La gobernabilidad deberá ser la hoja de ruta de un outsider libertario con grandes intenciones, pero que ha decidido ejercer la política desde su seno. Los pactos con las facciones de JxC o el ala menos radical del peronismo serán inevitables si quiere que su programa tenga éxito. Al fin y al cabo, ¿qué son la política y la democracia si no acuerdos y consensos donde las minorías también ejercen el poder?

Los primeros días de mandato

Aquella idea que ha cobrado relevancia entre los consultores políticos de estos tiempos modernos acerca de la política de los 100 primeros días parecer ser una realidad en un contexto de expectación y determinación, como es el caso de Argentina. Por ello, deberá impulsar las medidas que decida ejecutar en el menor tiempo posible si el futuro presidente entiende que el ánimo social suele desvanecerse con facilidad. Más aún teniendo en cuenta que las fuerzas de la izquierda más radical estarán al acecho para reconquistar esa ‘calle’ que ellos conocen a la perfección.

Javier Milei supo interpretar el hartazgo generalizado de la gente y personificar esta desafección con la política tradicional a su favor. Entendió que hace falta dar una vuelta de tuerca profunda para satisfacer las carencias de esta ciudadanía. No será fácil. Si es resultado final le es favorable, se convertirá en una experiencia paradigmática e imitable para todo un continente y el mundo. En el caso contrario, será un pretexto más para la larga lista de desavenencias que los defensores del intervencionismo usan para achacar a otros su propia incapacidad. Que el tiempo la razón al próximo presidente de Argentina.

Ver también

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

La gran contradicción en ´La gran transformación´ de Karl Polanyi

En el artículo anterior sobre Karl Polanyi, hemos demostrado el texto de La gran transformación es el testigo de un temor acallado. Las realidades del régimen estalinista le afectaron más profundamente de lo que expresó en su libro. Temiendo las consecuencias del ilimitado poder tiránico del Estado planificador centralizado, la principal preocupación de Polanyi pasa a ser cómo asegurar la libertad individual frente al poder preponderante del Estado. En relación con su nueva preocupación por el Estado represivo, Polanyi también replanteó su concepto sobre el papel de los mercados y su relación con la libertad humana en comparación con los capítulos anteriores.

Mercados, a favor y en contra

Polanyi hasta el último capítulo del libro, argumentaba que los mercados eran una institución sin alma, en la que el juego de la oferta y la demanda destruye las comunidades humanas y la estructura social. Así, siguiendo esta lógica, en el último capítulo en el que esboza su sociedad planificada compleja ideal, concede solo aparentemente un pequeño papel a los mercados haciendo incluso hincapié al papel de la fijación de precios para limitar el impacto de los mercados (pp.392-3).

Después de poner límites a los mercados, Polanyi afirma que “los mercados continúan asegurando de diferentes formas la libertad del consumidor, indicando cómo se desplaza la demanda, influyendo sobre los ingresos del productor y sirviendo de instrumento de contabilidad” (p.394). Esta afirmación es sorprendente porque contradice sustancialmente su posición anterior sobre el papel de los mercados en la vida humana.

De los productores y sus intereses, al consumidor y su libertad

La primera sorpresa es que Polanyi admite que los mercados garantizan la libertad del consumidor, lo que implica una nueva percepción. Hasta ahora se hacía creer a los lectores que los mercados aplastaban a los individuos. Esta vez, sin embargo, los mercados aparecen como garantes de la libertad del consumidor.  Es importante señalar que existe un asombroso parecido entre el concepto del “libertad del consumidor” y el concepto de “soberanía del consumidor” desarrollado por Mises (1940). El hecho de que Polanyi hable de consumidor también representa un cambio importante en comparación con su posición anterior, en la que sólo consideraba el interés de los productores.

A continuación, en la frase citada, Polanyi explica que los mercados son claves de la libertad del consumidor porque indican la evolución de la demanda. La exposición de esta relación causal es aún más sorprendente por parte de Polanyi porque ahora afirma que los mercados son vehículos de información que señalan a los productores los deseos de los consumidores.

La implicación de este nuevo planteamiento por parte de Polanyi es que la oferta y la demanda no son un mecanismo sin alma, como se había pintado antes, sino que existe una jerarquía, una conexión causal: es la demanda la que regula la oferta, y empuja a los productores a satisfacer la demanda de los consumidores. Aunque Polanyi no hace referencia, esta conexión causal es le clave de la teoría de valor subjetivo de Menger (1871). Esta afirmación también implica que el Estado planificador es ineficiente para calibrar la demanda de los consumidores.

Beneficio e interés del consumidor

La tercera parte de la frase al respecto de los ingresos de productores es aún más importante en evaluar la importancia del papel de los mercados in la vida humana. Polanyi afirma que la demanda de los consumidores en el mercado influye los ingresos de los productores. Hasta ahora, Polanyi consideraba que la producción movida por el lucro y este motivo es el principal mal de los mercados. Al contrario de su tesis anterior, ahora expone claramente que el beneficio de productores depende de la capacidad de los productores para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Así pues, la fuerza motriz de los mercados es la demanda de los consumidores y la ganancia es la consecuencia del éxito en satisfacer esta demanda. Es importante señalar que esta concepción del beneficio fue desarrollada por Mises, aunque Polanyi no indicó su deuda intelectual. Había sido Mises (1940) quien teorizó que el mercado es un sistema de ganancias y pérdidas y que la clave de la ganancia es servir los deseos de los consumidores.

Karl Polanyi en el debate sobre el cálculo económico

La afirmación final y clave de Polanyi del concepto que se refiere a la libertad del consumidor es que los mercados son importantes porque sirven de instrumento de contabilidad. Esta afirmación también está relacionada con Mises (1920). Mises en el debate sobre el “cálculo” a principios de los años veinte, opinaba que era imposible calcular los precios y dar sentido a las pérdidas y ganancias sin mercado y sin propiedad privada de los bienes. Por esta razón, la economía socialista planificada de propiedad estatal conduce a la pobreza y al colapso de la sociedad, y no a la producción racional y a niveles de vida más altos.

El propio Polanyi (1922) también participó en el debate sobre el cálculo con el artículo La contabilidad socialista (Huerta de Soto, 2008). En el debate, Polanyi aceptó algunas de las críticas de Mises y, en lugar de continuar el debate, cambió su enfoque hacia nuevas áreas (Dale 2010, pp.81-2). En consecuencia, la descripción muy esquemática de la sociedad compleja planificada con varios mercados es, posiblemente, la consecuencia de este debate anterior en los años veinte en dos sentidos.

Por un lado, su percibida debacle en el debate influyó Polanyi para proporcionar solo un breve esbozo sobre algunos principios y no proporcionar un plan institucional detallado de la sociedad planificada en La gran transformación, a diferencia de lo que hizo en su artículo de 1922. Por otra parte, aparentemente, Polanyi aceptó algunos argumentos de Mises: la necesidad de tener en cuenta los deseos individuales de los consumidores y la importancia del funcionamiento del mercado para poder calcular los precios y obligar a los productores a buscar la satisfacción de los consumidores mediante la existencia de alguna forma de sistema de pérdidas y ganancias aplicada a través del mecanismo de mercado.

La gran… contradicción

Esta frase, que hemos analizado detallado, representa el giro de 180 grados comparado con la gran narrativa de Polanyi y es la raíz de la gran contradicción de La gran transformación. Polanyi había construido su gran narrativa sobre la idea de que los mercados son fuerzas sin alma que imponen la dinámica de la oferta y la demanda; ahora reivindica el papel crucial y beneficioso de los mercados con conexiones causales opuestos de su planteamiento anterior.

Estas afirmaciones sobre el impacto positivo de los mercados fueron confirmadas aún más fuertemente unas páginas más adelante en las que declara

El valor económico asegura la utilidad de los bienes producidos. Debe existir previamente a la decisión de producirlos. Es un sello fijado a la división de trabajo. La fuente de valor económico radica en las necesidades humanas y en la escasez. Y, ¿cómo se puede esperar que no prefiramos unas cosas a otras? Cualquier opinión, cualquier deseo, nos convertirá, pues, en participantes de la creación de poder y de la constitución del valor económico y no es concebible ninguna libertad para poder actuar de otro modo

Karl Polanyi, La gran transformación, p. 403.

Teoría del valor subjetivo de Menger

Polanyi, con esas palabras realizó un resumen de la teoría del valor subjetivo de Menger (1871) sin hacer ninguna referencia a él. Con esta afirmación, refuerza de nuevo el rol principal de los individuos y sus deseos en la vida económica. También, refuerza, al nivel teorético, su anterior postura que la valoración y los deseos de los individuos impulsan las decisiones de producción.

Polanyi reitera aún con más fuerza que no hay libertad posible sin garantizar la existencia de la valoración individual. Así, la consecuencia practica de esta posición teorética es, que los mercados son necesarios para asegurar la libertad del consumidor en la evaluación y para obligar a los productores a satisfacer los deseos de los consumidores, como ya explicó anteriormente (ibid., p.394). Esta declaración es la opuesta a la que había utilizado en su gran narrativa, ya que los mercados destrozan a los individuos.

Karl Polanyi, seguidor de Menger y Mises

Polanyi, en el último capítulo del libro, adopta la teoría del valor subjetivo de Menger y Mises, y expresa el papel clave de los mercados que garantizan la libertad individual de deseo para obligar a los productores a satisfacer los deseos de los consumidores. La teoría de Menger y Mises adoptada por Polanyi da un nuevo significado a la búsqueda de la ganancia: el capitalista puede obtener beneficios inventando, anticipando y satisfaciendo las necesidades de los consumidores, y el beneficio del capitalista depende de su capacidad para satisfacer las necesidades de los consumidores.

Desde esta perspectiva, el mercado no es un mecanismo impersonal y antihumano, sino, como decían Menger y Mises, la forma más eficaz conocida de satisfacer las necesidades y los deseos de los consumidores. Es, de hecho, una garantía de libertad, como teorizó Polanyi. Esta nueva conceptualización de los mercados, basada en las teorías de Menger y Mises, contrasta fuertemente con su argumentación en los anteriores capítulos del libro, en los que Polanyi sostenía que, en el capitalismo liberal, los mercados se rigen simple y únicamente por la búsqueda de la ganancia, y que el individuo es vulnerable a las fuerzas ciegas y desalmadas de la oferta y la demanda desencadenadas por los mercados desenfrenados.

Los seguidores de Polanyi no le leyeron con suficiente atención

Esta reconceptualización del papel del mercado también supone una ruptura con su postura de 1922. Por aquel entonces, Polanyi imaginaba negociaciones de precios entre organismos corporativos de asociaciones de productores y consumidores. En las ultima páginas de La gran transformación, Polanyi claramente opina que el rol de los mercados es garantizar la libertad individual, porque las valoraciones y decisiones de los consumidores individuales afectan a los productores mediante el sistema de beneficios y pérdidas. [1]

Cabe señalar que la nueva apreciación del papel de los mercados era tan velada, que hasta ahora no fue detectado por admiradores de Polanyi. Esta nueva posición del autor sobre la importancia de los mercados, y la libertad individual revelan la unilateralidad con la que ha tratado la era del capitalismo liberal en sus capítulos anteriores, y revelan que Polanyi en realidad ha fracasado dibujar una gran narrativa que ayudara a los lectores encontrar un camino que no los lleva a la servidumbre. En la próxima entrega analizamos este gran fracaso de Polanyi.

Bibliografía

Bockman, J., Fischer, A. and Woodruff, D. (2016) ‘“Socialist Accounting” by Karl Polanyi: with preface “Socialism and the embedded economy”’, Theory and Society, 45(5), pp. 385–427.

Dale, G. (2010) Karl Polanyi: the limits of the market. Cambridge: Malden, MA: Polity Press

Menger, C. (1871) Principles of Economics. New York: New York University Press

Mises, L. (1920) Economic Calculation in The Socialist Commonwealth. 1990th edn. Auburn (Alabama): Ludwig von Mises Institute.Mises, L. (1927) Liberalism. Auburn: Mises Institute.

Mises, L. (1940) Nationalökonomie: Theorie des Handelns und Wirtschaftens. Unveränd. Nachdr. d. 1. Aufl., Genf 1940. Flörsheim: buchausgabe.de Kastner.

Polanyi (1922) ‘“Socialist Accounting” in.: Bockman, J., Fischer, A. and Woodruff, D. (2016) ‘“Socialist Accounting” by Karl Polanyi: with preface “Socialism and the embedded economy”’, Theory and Society, 45(5), pp. 385–427.

Polanyi, K. (1944) La Gran Transformación Critica del liberalismo económico. 2007th edn. www.quipueditorial.com.ar: Quipu editorial.


[1] Esta diferencia entre el artículo de 1922 y el concepto expuesto en el último capítulo de La gran transformación no fue detectada por Bockman (2016).

Ver también

Karl Polanyi entre los posliberales. (James Rogers).

Serie sobre Karl Polanyi

¿Cuáles han sido las grandes transformaciones de la humanidad?

Cómo considerar el trabajo una categoría ficticia: Carl Menger sobre Karl Polanyi

Socialismo: el temor acallado de Karl Polanyi

Victoria de Milei: lo que puede aprender España

Este domingo, el mundo conoció un hecho histórico que probablemente quedará en los registros y que será recordado por muchos a nivel mundial. Javier Milei, economista austriaco y libertario, ha ganado las elecciones de Argentina convirtiéndose en el primer presidente anarcocapitalista del globo. La fórmula que le ha llevado al poder tiene muchas variables, la mayoría completamente ajenas a España. Sin embargo, hay cuestiones del proceso que ha llevado a cabo La Libertad Avanza que son extrapolables a Europa o, por lo menos, sirven como guía e inspiración en algunos asuntos.

Conectar con su pueblo

Por ejemplo, Milei ha sabido conectar con su pueblo entendiendo quién es su compañero de batalla. El libertario ha sido capaz de combinar la libertad con las características sociológicas de su nicho y, sobre todo, no ha rechazado jamás relacionarse con el lado conservador. El ahora presidente ha entendido desde el primer momento que su nicho estaba a la derecha, algo que le ha llevado a conformar – de una forma sana y para nada hipócrita- su programa, formas y discursos en base a sus verdaderos compañeros. Lejos están de esto aquellos que se dedican a insistir constantemente en que el libertarismo no es ni de derechas ni de izquierdas sino una simbiosis entre ambos conceptos que trata de superarlos. La solución, tal y como ha demostrado Milei, pasa solamente por entender que la libertad sólo llega con responsabilidad y este valor es intrínsecamente conservador.

Tanto es así que el propio Milei ha centrado sus ataques en “los zurdos”. Hoy en Argentina no hay un 54% de libertarios puristas sino un sector conservador con características libertarias, caldo de cultivo perfecto para ejecutar un programa dirigido hacia la libertad y la prosperidad. En cambio, en España el libertarismo se desinfla desde hace años políticamente – si es que alguna vez tuvo alguna relevancia-.

El problema reside en no saber dar respuesta a los problemas que se plantean desde su nicho objetivo: la derecha. Algo que otros, con objetivos más claros, si están sabiendo aprovechar. Me estoy refiriendo a los nacionalistas, rama de la derecha que absorbe el natural descontento conservador y ofrece respuestas a sus demandas. No sirve para nada, en definitiva, enrocarse en lo teórico o hacer pasar por racional lo que en verdad son pasiones y prejuicios en contra del público objetivo de las ideas libertarias.

Dolarización

Por otra parte, Milei ha destacado en el ámbito económico con su propuesta más ambiciosa: la dolarización. En la eurozona nos encontramos con un problema que ni el libertarismo ni el nacionalismo ha sabido resolver: la pauperización del euro por la irresponsabilidad de las autoridades monetarias. En concreto, El Banco Central Europeo (BCE) ha reconocido a través de su último Boletín Económico que el euro se ha depreciado desde el pasado 14 de septiembre un 3,1% frente al esloti polaco, un 1,5% frente a la corona sueca, un 1,4% frente al dólar americano y un 0,9% frente al renminbi chino. De hecho, la cotización de la moneda de la eurozona ha rozado los 1,04 dólares durante el mes pasado. 

El BCE ha ido siempre a rebufo de la Reserva Federal, manteniendo, incluso, los tipos de interés mientras Estados Unidos continuaba aumentándolos. Además, los datos del tercer trimestre de 2023 reflejan un estancamiento en el Producto Interior Bruto de la Unión Europea y una caída del 0,1% en la zona euro. El crecimiento económico del gigante americano, en cambio, fue del 4,9%, por encima de las expectativas.

En ese contexto, los inversores están provocando un flujo de capital hacia el país que dirige Joe Biden, algo que aumenta la demanda de dólares y que penaliza al euro. El único dato positivo para Europa ha sido el enorme descenso de la inflación en octubre. La tasa de crecimiento del nivel de precios pasó de un 4,3% en septiembre al 2,9% en octubre en la zona euro. Esto ha provocado una corrección en la cotización euro-dólar que ha llevado a la moneda europea a situarse en los 1,1 ‘billetes verdes’.

Así en España como en Argentina

Es decir, España -y el continente entero en general- necesita a un Milei que exija a las instituciones oficiales una mayor responsabilidad y rectitud. Los constantes récords de deuda pública, los aumentos sistemáticos del gasto público o la reacción tardía de las autoridades monetarias cuestan dinero a los ciudadanos de hoy y de mañana. Por tanto, es necesario un ejercicio pedagógico similar al que el nuevo presidente argentino realizó en prime time durante años en el país hispanoamericano para poder dar una solución. Mientras no se haga, la única oportunidad será esperar un efecto contagio del fenómeno Milei que, con toda probabilidad, capitalizarán otros sectores.

Ver también

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

Las protestas como estrategia política

Las manifestaciones publicas o protestas son una estrategia de presión política ciudadana que al ser analizada en detalle puede determinarse que presenta una serie de ventajas y limitaciones desde el punto de vista político, de cooperación grupal y psicológico personal.

Aspecto político de las protestas

Por lo general la protesta busca cumplir una serie de objetivos políticos:

  1. Manifestar descontento hacia el gobierno, ya sea por una sería de errores acumulados o por uno en concreto. También hay manifestaciones contra el statu quo, como las manifestaciones contra el machismo, el calentamiento global, etc. que buscan influir sobre el gobierno o a la población en general. Desde el punto de vista político son ineficientes porque las protestas por objetivos difusos o abiertos no llevan a cambios políticos concretos, únicamente a la instrumentalización política de las mismas para le beneficio de los dirigentes. Ese tipo de manifestaciones perecen tener únicamente sentido mediático y psicológico personal y grupal para quienes las protagonizan.
  2. Incomodar, idealmente al gobierno. Si pensamos que las personas pueden manifestarse por medios de comunicación siempre y cuando no estén censurados, el hecho de hacerlo a través de la vía pública indica que el objetivo es generar costes de algún tipo para le gobierno y el resto de los ciudadanos pasivos. El problema evidente es que generarle costes al gobierno es sumamente difícil, en última instancia los paga el contribuyente, a los políticos no les duele directamente y, lo más importante, incomodar en 1 punto al gobierno suele costar incomodar en 3 puntos a la ciudadanía.
  3. Sacudir el orden político establecido. La expresión publica es una invitación al caos para establecer el orden, una invitación a que otros actores se sumen y hagan aportes desde sus posiciones estratégicas. La expectativa es que el rechazo abierto y masivo a las acciones del gobierno sirva para que miembros del partido, políticos del oficialismo o la oposición, gremios, cuerpos armados, etc. se sumen o hagan aportes a la causa en cuestión.
  4. Obtener privilegios o perjudicar a otro sector de la sociedad. Aunque los grupos de presión suelen exigir intervenciones económicamente perjudiciales, las protestas con este fin tienden a tener mayor éxito político porque no son directamente contra el Estado, sino que son una petición de intervención estatal, que el gobierno no suele desaprovechar.

La efectividad de las protestas

La protesta como mecanismo de presión política es, de hecho, un mal síntoma. A pesar de asociarse con el ejercicio de la libertad de expresión, en realidad denota una incapacidad de materializar o comunicar los deseos de cambios por parte de algunos sectores dentro de la unidad política, ya sea democrática o no.

Además, la protesta tiene dificultades importantes para incidir en la esfera política de decisores. Por lo general para los miembros del Estado es muy fácil emplear los recursos del Estado para su propia defensa y asegurarse que la protesta no los alcance, ni a ellos personalmente, ni a las infraestructuras estatales más importantes.

En consecuencia, muchas veces sin quererlo, las protestas terminan siendo un mecanismo de presión política hacia el resto de los ciudadanos para que se unan a éstas y así lograr impactar sobre el Estado. Ello constituye una formula fallida porque implica presionar a la victima para enfrentar al victimario.

La capacidad de la protesta de tener efecto sobre la política real. Para mal de los manifestantes, depende de que tan bien puedan la protesta complementarse con las acciones de otros actores políticos nacionales o extranjeros. En otras palabras, para que la protesta tenga efecto, es cuestión del timing. También lo es de las sinergias, de la capacidad que tenga el resto de los actores políticos de emplear la protestas como herramienta de negociación y presión. De lo contrario, cuando las protestas quedan aisladas de una estrategia política conjunta, tienden a agotarse y disolverse sin tener efecto político alguno.

Aspectos psicológicos de las protestas

  1. Protestar puede exacerbar la polarización política, con importantes consecuencias psicológicas. Quienes protestan se expone a la agresión policial y se suelen sentir frustrados, humillados, vulnerables y molestos. Al compartir con relativa homogeneidad los ideas políticas y sentimientos con el resto de las manifestantes, se percibe un endogrupo que se enfrenta a un exogrupo, ello aumenta la radicalidad emocional y política frente al exogrupo, distorsionando los juicios morales a favor del endogrupo y en contra del exogrupo.

A esto hay que sumarle que, por lo general, los grupos de oposición a las protestas suelen aprovechar cualquier oportunidad para hacer burlas e invalidad las experiencias de los manifestantes. Hay un aumento de los sesgos o fallas en la percepción del exogrupo, que se suele observar, por ejemplo, en los sesgos de confirmación en la selección de información donde los manifestantes solo registran agresiones policiales y los anti-manifestantes solo registran agresiones por parte de los manifestantes.

  • Identificación con la estrategia. Cuando las protestas no son puntuales, sino que se prolongan en el tiempo como estrategia de presión, los manifestantes suelen haberse identificado con su rol, se definen e identifican como los «nombre que recibe en cada situación específica» (Ejm: guarimberos). En esos momentos se popularizan ideas como «la calle es la única solución/salida» o «yo soy de los que protesta y da la vida por la patria».

Crisis de identidad

La identificación con la estrategia tiene dos consecuencias: en primer lugar, el manifestante se polariza en relación con otras estrategias de presión y pasa a rechazar alternativas como las negociaciones, los  acuerdos o incluso las elecciones, porque solo quiere que el cambio ocurra como consecuencia de su protesta y cuando la frecuencia o magnitud de las protestas decaen, suelen insistir en sostenerlas a toda costa.

En segundo lugar, cuando las protestas se acaban aparece una crisis de identidad, especialmente los jóvenes, pasadas las protestas, quedan en un limbo “ahora no se quién soy”, “me siento vacío, ya no se que hacer”, “me siento culpable, un traidor por no estar en las calles”. A pesar de que el fracaso en la consecución de los objetivos políticos es doloroso, para quienes se identificaron con la estrategia aparece como un duelo personal, una crisis emocional y de la identidad.

  • Frustración y deuda: Los periodos de protestas que no llevan a cambios políticos (como suele ocurrir), dejan a su paso una enorme frustración porque durante el periodo de protestas se suele transitar entre la esperanza y desesperanza con volatilidad, se sumen costes personales materiales y no materiales, se sufre violencia policial y se experimentan conflictos con las instituciones (familia, trabajo, la universidad, etc.). Cuando se acaban las protestas, todo ello deja a quien ha protestado con la sensación de estar «cargado de energía» por seguir luchando, pero esa energía ya no puede emplear en otra cosa. Además, carga el peso y la culpa por la deuda emocional, social y financiera de haberse esforzado tanto.

La cooperación y coordinación en las protestas

Partiendo de que la protesta requiere de un fin concreto o un plan correctamente formulado y de la coordinación de los planes de muchos individuos y actores políticos, entonces no hay duda de que protestar para alcanzar un cambio es un reto de cooperación y coordinación. En este sentido hay algunos puntos importantes para tener en cuenta:

  1. El poder de convocatoria suele decrecer con el avance de las protestas, por lo que el éxito de los primeros encuentros y la capacidad de construir un relato alrededor de ellos es crucial para su sostenimiento.
  2.  Los grupos con mayor facilidad para protestar sostenidamente son los jóvenes, pensionados y empleados públicos. Es muy difícil que las cabezas del hogar, emprendedores o personas en plena edad productiva puedan poner a un lado su trabajo para manifestarse. Por lo tanto, el foco de convocatoria debe estar sobre los grupos mencionados.
  3. La policía, el instrumento de agresión del Estado, se presenta como un estimulo ambiguo o incomprensible para muchos, lo que dificulta la cooperación al generar una divergencia en la opinión pública. Los policías son agresores a sueldo del Estado que, por selección adversa e incentivos perversos, son una de las instituciones con las que es más difícil que los ciudadanos cooperen exitosamente. Sin embargo, muchas personas tienden a tener expectativas altas o erróneas de la policía y asumen que sirven a la ciudadanía, al orden, a la constitución, etc. En realidad, la policía sirve a las órdenes del gobierno de turno y quienes esperan otra cosa no comprenden la agresividad e indiferencia a la hora de protestar, lo que tiende a desanimarles, confundirles y desesperarles aún más. Si entendiesen qué es la policía y qué pueden esperar de ella, lo afrontarían con menos dificultades.
  4. La violencia deslegitima la protesta, por lo que el autocontrol es un reto. La violencia es una forma eficaz de presionar al Estado, y los grupos agitados que perciben un conflicto de intereses intergrupales son más propensos a actuar violentamente. Así, aunque pueda parecer una vía sencilla y eficaz, el éxito de las protestas (pero no de otras estrategias como la guerra de guerrillas o el terrorismo) depende de que los manifestantes no inicien ni respondan a la agresión. Esto se debe a que los grupos violentos suelen ser sectarios y minoritarios, lo que reduce el poder de convocatoria de las protestas, y a que las manifestaciones violentas afectan negativamente al apoyo de otros actores políticos a las manifestaciones, que suele ser crucial para que se produzca el cambio político.

Conclusión

Protestar es una estrategia política costosa cuya capacidad de impacto político depende de su combinación con otros factores que escapan al control de los manifestantes. Los jóvenes suelen poner mucho empeño e ilusión en las protestas, y una vez que terminan quedan muy afectados psicológicamente, aunque no perdure en el tiempo. Una segunda fuente de frustración para el manifestante proviene de no comprender o haber idealizado al Estado y a la policía. Las protestas son un reto de cooperación porque implican la coordinación de muchas personas bajo un mismo objetivo, buscando que puedan protestar de forma consistente, manteniendo la calma y la apertura a diferentes escenarios.

Ver también

La política de las turbas. (Alberto Illán Oviedo).

La decadencia del capitalismo del bien común

Por Richard M. Reinsch II. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

El senador Marco Rubio siempre ha estado a la vanguardia de varias tendencias dentro del Partido Republicano y del movimiento conservador. Fue miembro original de los republicanos del Tea Party que se alzaron con la victoria en 2010 en oposición a los intentos del presidente Obama de ampliar el tamaño del Gobierno federal en numerosos frentes. Como joven y emergente senador por Florida, Marco Rubio respondió bien a la imperiosa exigencia de impugnar enérgicamente el tamaño y el alcance del poder federal durante la presidencia de Obama.

El giro republicano hacia el populismo

El fracaso de la campaña presidencial de Mitt Romney en 2012 desencadenó algo dentro del Partido Republicano y su base conservadora que se desarrollaría lenta y rápidamente en los años siguientes. Lo que siguió fue el ahora muy documentado giro de los republicanos hacia el populismo, el nacionalismo y el proteccionismo, con un enfoque decididamente menor en el gasto y las cuestiones regulatorias. El senador Rubio, sin embargo, tomó lo que parecía un camino predecible para un político ambicioso tras la derrota de 2012.

Buscó la aplicación de un elemento importante del ahora infame “informe autopsia” postelectoral del Comité Nacional Republicano, que recomendaba al partido aceptar mayores niveles de inmigración para llegar a la creciente población latina, entre otros cambios en la política republicana. Rubio se unió a la llamada “Banda de los 8” senadores bipartidistas en apoyo de mayores niveles de inmigración. Parecía que estaba “liderando” un tema difícil, ayudando a su partido a unirse en torno a una solución a un problema muy espinoso.

El viento sopla contra Marco Rubio

Pero esto le acarreó problemas persistentes en las primarias de 2016, cuando hacía campaña por la candidatura republicana a la presidencia. El electorado primario del partido se había vuelto firmemente contrario a la inmigración, al parecer de cualquier tipo. A Rubio se le consideraba un squish por haber promovido el aumento de los niveles de inmigración legal en respuesta al enfoque disfuncional que nos sigue gobernando. Su afición a estar a la cabeza de las tendencias percibidas se volvió contra él, a medida que el partido se ordenaba en su postura crítica con la inmigración en general. Y Trump hizo sonar con fuerza la campana contra Marco Rubio por este error aparentemente imperdonable.

Rubio, que había vuelto al Senado tras las elecciones de 2016, no se dejó amilanar y le tomó la medida a un partido populista convencido de que nuestra situación económica estaba estancada, si no en declive, y requería la intervención afirmativa del Gobierno para remediarlo. Surgieron nuevas cuestiones que pasarían a enmarcarse en términos de qué nuevas políticas debería aplicar el Gobierno federal en relación con China, el comercio, los ingresos personales, la disolución de las familias, el descenso de las tasas de natalidad y la disminución del número de hombres en edad laboral que realmente trabajan en lugar de cobrar transferencias.

Capitalismo del bien común

Una vez más, el senador Rubio ha decidido timonear el barco. El nuevo libro que acaba de publicar, titulado Decades of Decadence (Décadas de decadencia), articula sus esfuerzos de los últimos años por definir una noción que denomina “capitalismo del bien común” (CGC), que pone una economía supuestamente libre al servicio de la nación, la familia y la comunidad. Marco Rubio planteó por primera vez el concepto en un discurso pronunciado en 2019 en la Universidad Católica de América, donde lo entrelazó con el pensamiento social católico que se remonta al siglo XIX sobre la dignidad del trabajo y el fundamento ético de la propiedad privada. Condenó el socialismo, pero también añadió el propósito nacional y el bien de los trabajadores a los objetivos de las empresas corporativas, afirmando que los mercados laborales en Estados Unidos eran en muchos casos injustos para los trabajadores.

Marco Rubio define la CGC como “una forma de capitalismo atendida por las partes interesadas para garantizar que los resultados que produce nuestra economía redundan en beneficio de nuestra gente, nuestras familias, nuestras comunidades y nuestra nación”. Lo compara con la transformación de las reglas en la NFL, que condujo a un juego más orientado al ataque al limitar la forma en que los defensas pueden atacar al quarterback. Por supuesto, el objetivo del fútbol y la norma que define el éxito no han cambiado: ganar. Su propuesta de CGC cambiaría no sólo la estructura de incentivos, sino aparentemente la norma por la que se juzga a las empresas. Los beneficios están bien, pero el nebuloso interés nacional y el bien común también deben ser sopesados por los líderes empresariales, y para que eso importe de verdad, el gobierno ciertamente debe poner sus pulgares en la balanza.

Muchas cuestiones abiertas

A este respecto, un ejemplo es instructivo: la recompra de acciones. A veces las empresas recompran sus propias acciones en el mercado, reduciendo así el número de acciones disponibles y devolviendo dinero a los inversores actuales. Rubio insiste en que las recompras de acciones deberían desincentivarse (¿gravarse?) porque no “impulsan la creación de empleo ni la remuneración de los trabajadores”. Sin embargo, las razones por las que las empresas realizan recompras de acciones varían. En muchos casos, se diseñan como un dividendo a un plazo, recompensando a los accionistas e impulsando los precios de las acciones.

¿Es un defecto fatal que no todas las recompras de acciones funcionen como las empresas las planean? ¿La solución óptima es regularlas para que dejen de existir? ¿Acaso quienes toman estas decisiones en nombre de las empresas saben más y conocen mejor cómo beneficiar las operaciones de la empresa? ¿El uso sistemáticamente deficiente de las recompras de acciones por parte de las empresas no tendría un precio fijado por los inversores, lo que haría problemático el empleo de tales decisiones? ¿Acaso los mercados financieros con mayor volumen de negociación del mundo no tienen formas de hacer frente a lo bueno y lo malo de las recompras de acciones?

Los límites de las recompras de acciones

Incluso si estamos de acuerdo con Marco Rubio en que impulsar la creación de empleo y la remuneración de los trabajadores es lo más importante, no es claramente cierto que las recompras de acciones no consigan eso. Si ayudan a una empresa a tener éxito, la creación de empleo y el aumento de los salarios de los trabajadores podrían estar absolutamente entre los bienes que se derivan de ello.

Rubio no se pregunta si tal vez los efectos de segundo o tercer orden de desincentivar las recompras de acciones podrían dar lugar a malos resultados para la inversión empresarial en general. Asume que hay una respuesta y que la SEC debería imponerla. A su favor, Rubio no respalda el capitalismo accionarial. Pero en realidad no necesita hacerlo, dados los pesos regulatorios que su CGC seguramente impondrá a las empresas.

Externalización

Otra mala práctica: la “externalización”. ¿Por qué? “Nuestro interés nacional y el bien común se ven amenazados por la pérdida de estas industrias y capacidades”. China ha utilizado “subvenciones y proteccionismo” para construir sus industrias a nuestra costa. Y de ahí se deduce que debemos devolverle el favor. Su juicio aquí es que nuestras élites, “en lugar de apuntalar nuestra capacidad de fabricación … exportaron puestos de trabajo a lugares como México y China, dejando a muchos trabajadores estadounidenses sin los medios para mantener a sus familias”.

No es difícil entender por qué muchos pueden pensar que nuestro sector manufacturero ha decaído. El empleo total en el sector ha disminuido de 19,5 millones en 1979 a 13 millones en 2023. Por supuesto, muchos aún pueden observar las cáscaras de esa antigua economía en las plantas abandonadas que salpican nuestros paisajes, quizá sin darse cuenta de la inmigración de nuevas fábricas que operan ahora fuera del Cinturón del Óxido de Estados Unidos.

Falsedades sobre las mabufacturas

La acusación de Marco Rubio de que ya no fabricamos cosas es una conclusión falsa. Está desmentida por un conjunto de hechos más precisos y esperanzadores sobre la fabricación y la economía en general. En resumen, en el sector manufacturero seguimos haciendo más con menos. Como informó recientemente Colin Grabow sobre el estado de la industria manufacturera en Estados Unidos:

En 2021, ocupaba el segundo lugar en la cuota de producción manufacturera mundial, con un 15,92% -mayor que Japón, Alemania y Corea del Sur juntos- y el sector por sí solo constituiría la octava economía del mundo. Estados Unidos sería el cuarto productor mundial de acero en 2020, el segundo fabricante de automóviles en 2021 y el mayor exportador aeroespacial en 2021.

Marco Rubio. Decades of decadence.

Seguimos siendo líderes mundiales en valor añadido manufacturero por trabajador, según Grabow. La capacidad industrial total de EE.UU. está casi en su máximo histórico. Además, autoridades que van desde el Banco de la Reserva Federal de San Luis hasta la Oficina Presupuestaria del Congreso y la Oficina de Estadísticas Laborales han descartado la noción de una prima salarial manufacturera entre los puestos no supervisores del sector privado. Un documento de la Reserva Federal de 2022 sostenía que los salarios del sector manufacturero se sitúan en la mitad inferior de todos los empleos de Estados Unidos.

La larga mano de China

Rubio señala acertadamente la propiedad china de una gran parte del mercado de minerales de tierras raras, y el aspecto potencialmente problemático de esta propiedad por su conexión con la seguridad nacional. Podemos y debemos asegurar otros mercados para estos minerales para nuestro uso económico y militar. Pero nunca reconoce que muchos responsables políticos habían llegado a la conclusión en 2015, si no antes, de que sacar el comercio de China era ahora una preocupación legítima de seguridad que había que abordar. Se trataba de un caso en el que las élites siniestras reconocían de hecho que la política hacia China de las últimas tres décadas no había logrado lo que pretendían. Este era todo el sentido de la Asociación Transpacífica (TPP) que fue acordada por el presidente Obama pero nunca fue ratificada por el Senado. El presidente Trump retiró a Estados Unidos de ella en 2017.

El TPP era una política mucho mejor que la costosa y casi imposible noción de que podemos desvincular el comercio con China por completo y simplemente trasladar la mayor parte o la totalidad a Estados Unidos, malditos sean los costos. No debemos ignorar los retos que China plantea a Estados Unidos, pero también por eso el TPP dio a las empresas estadounidenses una forma de trasladar sus cadenas de suministro a una serie de otras naciones de Asia, que también se beneficiarían de una alianza más estrecha con nosotros a medida que China incrementa sus propias políticas anticrecimiento y autoritarias. Ahora es una cuestión discutible, o eso parece.

Más allá de la seguridad nacional

Marco Rubio va más allá del punto legítimo de una excepción de seguridad nacional al libre comercio cuando enumera “la industria aeroespacial, las telecomunicaciones, los vehículos autónomos, la energía, el transporte y la vivienda” como las industrias “donde la promoción del bien común requerirá políticas públicas que impulsen las inversiones en industrias clave, porque los principios puros del mercado y nuestros intereses nacionales no están alineados”. Lo que cuenta, sin embargo, como parte del interés nacional es casi ilimitado, cuando crees, como Rubio se esfuerza en decirnos, que tu “élite” te ha llevado a propósito al declive para poder beneficiarse a costa de las comunidades y familias de estadounidenses trabajadores. El argumento en sí está horneado en el resentimiento y apunta claramente a la mano central del gobierno federal para moldear las políticas comerciales, tributarias, fiscales y financieras en la dirección del bien común de Rubio.

El senador más veterano de Florida no tiene en cuenta el periodo de 1979 a 2016, cuando se produjo un descenso del empleo en el sector manufacturero y el empleo en el sector civil del país creció de 99 a 151 millones de puestos de trabajo. Incluso el 40-50% del valor de la temida importación china es añadido por trabajadores estadounidenses una vez que esa importación llega a nuestras costas, creando puestos de trabajo en numerosos campos. En ninguna parte Rubio valora lo que muchos han concluido: que la tecnología, y no el comercio, explica la mayor parte de los empleos perdidos en la industria manufacturera.

¿Bien común sin crecimiento?

Los economistas Michael Hicks y Srikant Devaraj concluyen que, en la primera década de este siglo, alrededor del 13% de la pérdida de empleos en el sector manufacturero estadounidense se debió al comercio; casi el 88% desapareció por el desarrollo tecnológico. El sombrío informe de Marco Rubio no sólo es incompleto, sino lamentablemente erróneo.

Rubio afirma defender el bien común, pero no parece apreciar que el crecimiento económico en sí mismo, que se basa en la libre toma de decisiones basada en el conocimiento local, la libertad de precios y la fiabilidad del Estado de Derecho, es el mejor amigo que tienen las personas y las familias cuando se trata de aumentar sus recursos materiales.

El pensamiento económico debe empezar por gestionar la escasez inherente de recursos que limita a todos los agentes económicos. Cuando se hace bien, redunda intrínsecamente en beneficio de las familias, las comunidades y las asociaciones voluntarias, incluida, como sabía Adam Smith, la riqueza de una nación. El estribillo populista de que las economías deben ponerse al servicio de las familias parece cierto, pero la economía consiste en la toma de decisiones en condiciones imperfectas por parte de individuos que persiguen su propio interés. Si se impone una serie de condiciones a las empresas y a los individuos para poner la economía al servicio de las familias, el resultado podría ser que todo el mundo saliera perdiendo. El crecimiento económico ya es bastante difícil.

Contra los “fundamentalistas del libre mercado”

La acusación formulada por Marco Rubio es, en última instancia, contra los “fundamentalistas del libre mercado” y los “puristas del mercado” que, según él, se tragaron la tesis del “fin de la historia” de Francis Fukuyama, según la cual la derrota de los dioses totalitarios dio paso al reinado de la democracia liberal, el libre mercado y el fin de las enemistades y los odios entre naciones. Lo que se necesitaba, según los zombis de Fukuyama, era la libre circulación de capitales, empleos y personas a través de las fronteras para garantizar una prosperidad sin fin. Rubio juzga que “la sensación de que la historia estaba superada cambió la forma en que los políticos estadounidenses pensaban sobre nuestro lugar en el mundo”. Hay algo correcto, aunque exagerado, en esta conclusión.

La afirmación de Fukuyama no era ni mucho menos tan abarcadora e inmediata como muchos, incluido Rubio, insisten ahora. Los intelectuales públicos de la posguerra fría hicieron afirmaciones extraordinarias y poco realistas sobre la promoción de la democracia y el comercio. En general, Fukuyama pensaba que podríamos convertirnos en ángeles, divorciados de nuestra naturaleza de seres sociales y políticos ubicados en lugares concretos con nuestro orgullo, lealtades y amores, portadores de todos los rasgos de las personas humanas caídas. El comercio, los derechos humanos y la democracia podrían convertirse en los pilares de la humanidad y anegar todos los demás factores que conducen a la inestabilidad política.

Fukuyama

Se equivocó de cabo a rabo y los acontecimientos lo han demostrado ampliamente. Pero eso no significa que no deban esgrimirse argumentos más realistas sobre el comercio y el crecimiento económico en respuesta a esta arrogancia. No tenemos que ponernos en plan Fukuyama, pero tampoco tenemos que convertirnos en discípulos de Pat Buchanan.

Marco Rubio centra acertadamente su atención en el declive del matrimonio, la fe religiosa y la tasa de natalidad. Se trata de problemas graves, que implican que una cierta cepa de individualismo ha superado nuestra naturaleza relacional y social. Reformar y rehacer estas instituciones, sin embargo, realmente no puede hacerlo el gobierno federal o estatal. Lo que podrían hacer en muchos casos es quitarse de en medio y dejarnos vivir una rica vida asociativa. Rubio enmarca en gran medida estos problemas en términos de política económica que puede rehacer las instituciones y darnos una América más tocquevilleana, si tan sólo tuviéramos el coraje y la moralidad para lograrlo.

El senador Rubio intenta liderar, una vez más, y esta vez muchos parecen dispuestos a seguirle. Todos podríamos ser más pobres por ello.

La permanente relevancia de Hayek

Por Allen Mendenhall. Este artículo ha sido publicado originalmente en Law & Liberty.

Hay una tendencia a vituperar el liberalismo histórico o clásico. Un destacado crítico del liberalismo, Patrick Deneen, escribe en Regime Change que el liberalismo occidental buscaba “una nueva clase gobernante”, “una nueva élite gobernante” o “clase dirigente” que constriñera a las mayorías al tiempo que impulsaba “el progreso en un mundo en proceso de modernización”. Y añade: “La base cognitiva de la nueva clase dirigente acabaría manifestándose en un conjunto de posiciones filosóficas y políticas distintas, una visión del mundo integral cada vez más necesaria como base del orden social, político y económico” (cursiva suya).

Friedrich Hayek no encaja en esa caricatura. Tampoco sus ideas.

El liberalismo de Friedrich A. Hayek

El liberalismo de Hayek no se basa en la capacidad intelectual superior de una élite con una Weltanschauung coherente, sino en las limitaciones de la mente y la falibilidad de la razón. Desaprobó el constructivismo racional y describió los mercados como un proceso epistémico para ordenar el conocimiento distribuido que ninguna persona o grupo de personas podía poseer. En su opinión, los mercados emitían señales sobre información dispersa relativa a circunstancias locales que ningún planificador experto comprendía plena o adecuadamente.

El paradigma hayekiano no implica el gobierno de una panoplia gnóstica de élites superdotadas con planes totalizadores para las masas. Por el contrario, celebra la descentralización y la difusión del poder, así como el conocimiento cotidiano y tácito de innumerables agentes que toman decisiones ordinarias sobre sus circunstancias inmediatas.

El último hombre del liberalismo

El relato de Vikash Yadav sobre Hayek, El último hombre del liberalismo, es un correctivo bienvenido. Sólo que no llega lo suficientemente lejos como para redimir las enseñanzas seminales de Hayek porque es “principalmente una lectura detallada de Camino de servidumbre“, que incluso el autor califica de “panfleto político” más que de tomo. ¿Cuánto más gratificante habría sido este esfuerzo si se hubiera centrado en los tres volúmenes de Hayek Derecho, legislación y libertad y en los ensayos que componen Individualismo y orden económico?

Sin embargo, criticar el libro que Yadav no escribió es injusto. Es mejor centrarse en sus persuasivos argumentos a favor de la continua relevancia de Hayek y de un liberalismo revitalizado en sentido más amplio. Aquí lo consigue admirablemente.

¿Por qué Hayek mantiene su poder? En pocas palabras, porque habla de nuestra realidad actual de populismo y nacionalismo ascendentes, con economías emergentes en los países en desarrollo. Yadav invoca a Hayek para reanimar el liberalismo bien entendido. Profesor de relaciones internacionales y estudios asiáticos, advierte que “el desafío al liberalismo en el siglo XXI no vendrá del socialismo y la planificación estatal centralizada, sino de una cepa divergente del capitalismo que evolucionó en Asia Oriental”. Su nombre es capitalismo político, y prevalece en China, Vietnam y Singapur.

El capitalismo político

El capitalismo político, dice Yadav, está “asociado a una burocracia tecnocrática eficiente, a la ausencia del Estado de Derecho y a la autonomía del Estado en asuntos de capital privado y sociedad civil”. Suele ser “el producto de una revolución comunista o de un Estado revolucionario de partido único que consiguió eliminar los impedimentos culturales precoloniales para lograr la transformación económica y la soberanía política”. Su carácter corporativista es también nacionalista, y busca erradicar la disidencia con el poder del Estado. Presenta una economía mixta, que reconoce la necesidad de los mercados para la fijación de precios y la asignación eficaz de recursos. Sin embargo, el Estado sigue siendo su centro de control y sus dirigentes gozan de un estatus de élite como tecnócratas de gestión.

En otras palabras, el capitalismo político -que Yadav considera una amenaza para el liberalismo- se parece al sistema que Deneen denomina liberalismo. Ambos no pueden estar en lo cierto. ¿Es el capitalismo político el epítome del liberalismo o su opuesto?

El Hayek de ayer sobre los problemas de hoy

Yadav aborda numerosas cuestiones relevantes para los lectores contemporáneos (por desgracia, sin spoilers): ¿Mejora la política industrial las economías en desarrollo? ¿Puede la inteligencia artificial ordenar los datos agregados para resolver el llamado “problema del conocimiento” de Hayek? ¿Requiere el progreso la estandarización obligatoria de nuevas tecnologías como los vehículos electrónicos o los paneles solares? ¿Puede florecer el Estado de Derecho en Estados político-capitalistas como China, Vietnam o Singapur? ¿Ofrece Hayek soluciones al cambio climático, un tema que no aborda?

Yadav disipa varias ideas populares erróneas. Explica por qué los países nórdicos no son socialistas, por ejemplo, y por qué el comunismo chino implica mercados y privatizaciones estratégicas. Describe el socialismo y el fascismo como derivados similares: “El control estatal de industrias clave, los límites a la obtención de ingresos, las restricciones al flujo internacional de personas y bienes y, por supuesto, una dictadura centralizada marcan el fascismo y el socialismo como consanguíneos”. Atribuye el éxito de ciertas economías de Asia Oriental, como la china o la japonesa, no a la gestión burocrática o a las empresas controladas por el Estado, sino a la renuncia táctica a tales restricciones gubernamentales. Y establece distinciones entre capitalismo político y nacional socialismo, concluyendo que ambos son antiliberales.

Un liberalismo no conservador

Tanto si lo pretendía como si no, Yadav demuestra que Hayek no encaja fácilmente en los esquemas políticos actuales. Sobre todo cuando la base republicana y los expertos conservadores se dividen en torno a la economía, en concreto la política comercial e industrial. Sin darse cuenta, Yadav proporciona munición a los críticos en algunas de sus interpretaciones del liberalismo hayekiano. “El liberalismo no es conservador”, afirma, calificándolo de “progresista” y “universal”. “Hayek”, además, según Yadav, “se eleva por encima de las preocupaciones provincianas de la civilización occidental para defender una perspectiva internacionalista”. Deneen probablemente estaría de acuerdo. Sólo que él vería en estos aspectos de Hayek síntomas de decadencia, oikofobia y desarraigo.

Las descripciones que hace Yadav de Hayek también podrían alienar a quienes se inclinan por el libertarismo puro. Celebra en Hayek lo que Murray Rothbard condenó, a saber, que “Hayek no era hostil a las regulaciones del mercado aplicadas uniformemente”. Por ejemplo, Hayek apoyaba “una forma de renta mínima para todos los ciudadanos”. Además, “Hayek admite fácilmente que el Estado podría y debería hacer más para difundir el conocimiento y ayudar a la movilidad social.” Yadav insiste, correctamente, en que “el liberalismo hayekiano no es intrínsecamente reacio a la planificación para la competencia de mercado, la regulación de la industria, una renta mínima o incluso un capitalismo popular (thatcheriano)”. Lo dice como un cumplido.

“Incluso Hayek…”

Sin embargo, en un memorándum para el fondo Volker en 1958, Rothbard se preocupaba de que los oponentes al mercado prologaran sus argumentos proclamando que “incluso Hayek cree” en tal o cual forma de intervención gubernamental. Y así ha sucedido. Presumiblemente, el atractivo para Yadav reside en la moderación de Hayek, como si le preocupara un público que pudiera tachar a Hayek de extremista o indecoroso. Casi se puede imaginar esta seguridad: “Está bien que os guste Hayek, amigos progresistas. No es uno de esos libertarios”.

Sin embargo, hay muchas cosas con las que “esos libertarios” estarían de acuerdo. Considere esta acusación: “Es hora de actualizar y revigorizar la causa del liberalismo económico y político, de desprenderse del amiguismo y de la protección estatal que desangran la economía y de enfrentarse a los retos intelectuales que emanan de todos los partidos en el horizonte”. Nótese, asimismo, su optimismo de que un “liberalismo revisado” restaure “el prestigio atribuido al individualismo como componente esencial de una gran civilización”.

El último hombre del liberalismo debería interesar a teóricos de la política, economistas, historiadores y estudiosos de las relaciones internacionales. En cuanto a la calidad de la obra de Yadav, coincido con Pete Boettke en la contraportada: “Es una obra muy original y refrescante, ya que se toma en serio a los críticos de Hayek, al tiempo que se abstiene de menospreciar a Hayek por sus supuestos pecados intelectuales”.

Hayek es una figura compleja. Un análisis cuidadoso de su obra es necesariamente complejo. Yadav aporta claridad y comprensión en torno a este intelectual a menudo incomprendido, que es demasiado importante para ser malinterpretado o tergiversado.

Ver también

¿Son peores los políticos que llegan arriba? (Fernando Herrera).

Camino de servidumbre. (José Carlos Rodríguez).

Hayek, Friedman, y la renta mínima. (Alejandro Ruiz).

José Larráz y el concepto de Escuela de Salamanca

La idea, el concepto y la expresión “Escuela de Salamanca” son recientes, muy recientes. Su origen puede fijarse casi con la precisión del día y de la hora. Su autor fue José Larráz López (1904-1973). No fue exactamente un pensador o un teórico de la economía, del derecho o de la historia. Fue, más bien, un gran abogado y un estudioso que realizó algunas investigaciones de relevancia suficiente, como para ser acogidas y valoradas por algunos de los más destacados economistas de su tiempo, como Schumpeter (1883-1950) o Hayek (1899-1992).

En las historias de la filosofía generales, al igual que en las del pensamiento español, nunca antes de él se había denominado “Escuela de Salamanca” a los autores clásicos españoles de la filosofía del derecho y del estado, y de la filosofía en general, de los siglos XVI y XVII. Se los estudiaba separadamente y sin muchas conexiones internas ni exteriores, pese a que algunos, como Suárez (1548-1617), fueron trascendentales para el pensamiento europeo posterior. No le faltaba razón a Julián Marías al decir que, durante dos siglos, los europeos aprendieron la metafísica en Suárez, pero no aprendieron la metafísica de Suárez.  

Creador de la Escuela de Salamanca

Menéndez Pelayo (1856-1912), en su monumental Historia de los Heterodoxos Españoles, obra juvenil, se limitó a mencionarlos en el epílogo del Libro V, bajo la rúbrica de Resistencia Ortodoxa, pero sin referencia alguna a una concreta escuela de pensamiento. Por su parte José Luis Abellán, en su no menos monumental Historia Crítica del Pensamiento Español (1979), tampoco la empleó. Abellán abordó separadamente el estudio de todos estos autores, sin establecer muchas conexiones entre ellos. Por ejemplo, trata a Juan Luis Vives (1492-1540), como máxima expresión del erasmismo español, pero desconectado de Francisco de Vitoria (1483-1546) o de Domingo de Soto (1494-1560), y sin ninguna conexión con los autores jesuitas de la segunda época de la Escuela de Salamanca definida por Larráz.

Antonio Truyol y Serra (1913-2003), en su imprescindible Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado (1975), sí utilizó la expresión “Escuela de Salamanca”, aunque la reservó para los autores de la primera época de la misma, o fase de los Dominicos, como Vitoria o Soto. Pero estudió a estos separadamente de Vives, a quien sitúa en el Humanismo Político, junto con Erasmo de Rotterdam (1466-1536). Al igual que trató, también al margen de Vives y de los dominicos salmanticenses, a los tratadistas de la Compañía de Jesús que conformaron la segunda época, o fase jesuita, de la Escuela de Salamanca, tal como la definió Larráz.

José Larráz

Larráz había estudiado Derecho en la Universidad de Madrid, donde obtuvo al licenciase el Premio Extraordinario de Fin de Carrera. En marzo de 1926, ingresó con el número uno de su promoción en el Cuerpo de Abogados del Estado. Gracias a su brillante currículo, fue becado por la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, para ir a Bélgica. Allí trabajó sobre la economía belga en el Instituto de Sociología Solvay de Bruselas (1927-1928), y estudió las razones históricas del enriquecimiento. Buscó un modelo real para el análisis de las causas de las que depende el desarrollo económico. Resultado de sus trabajos fue su libro La evolución económica de Bélgica, publicado en 1930.

Como Abogado del Estado ejerció en las Delegaciones de Hacienda de Barcelona y Madrid, y en la antigua Dirección General de lo Contencioso del Ministerio de Hacienda. En 1929, en los meses finales de la dictadura de Primo de Rivera, fue nombrado asesor jurídico de la Presidencia del Consejo de Ministros, por recomendación de José Calvo Sotelo. En 1930 entró en el Servicio de Estudios del Banco de España, que dirigió junto con Olegario Fernández Baños (1886-1946), aunque sólo estuvo un año. Tras la victoria de las derechas en las elecciones de 1933, accedió a puestos destacados de la política económica, como colaborador de Gil Robles, contribuyendo a reorganizar el Consejo Nacional de Economía, cuya vicepresidencia ocupó desde 1934. En 1935, fue nombrado para dirigir la Comisaría Nacional del Trigo.

Guerra Civil

De profundas convicciones religiosas, ya de joven se integró en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, en cuyo consejo rector figuró en 1935. Desde 1931 dirigía la sección de economía del diario católico El Debate y, a partir de 1936, presidió el consejo de administración de la Editorial Católica.

La Guerra Civil 1936-1939, le sorprendió en Madrid, de donde pudo escapar a mediados de 1937. Ya en Zona Nacional, se incorporó al grupo de técnicos que empezaban a formar el equipo económico que hizo frente a los problemas financieros y económicos del gobierno de Franco, en Burgos. En noviembre de 1937 se reorganizó el Servicio de Estudios del Banco de España en Burgos, encargándose a Larráz de su Dirección. Allí, propuso las políticas y las leyes necesarias para hacer frente a las consecuencias financieras de la guerra. En 1938 fue nombrado director del Servicio Nacional de Banca, Moneda y Cambio. Una destacada trayectoria técnica que culminaría con su nombramiento para Ministro de Hacienda, el 9 de agosto de 1939.

Reunificación de las monedas nacional y republicana

El 19 de mayo de 1941, José Larráz López, presentó a Franco su dimisión como Ministro de Hacienda y abandonó la política para siempre. El motivo, sus hondas discrepancias con la opinión general del Consejo de Ministros respecto a la política económica que debía seguir España entonces. Una salida tan sorpresiva como lo había sido su ascenso al Ministerio, en 1939. En los 21 meses que ejerció de ministro, desplegó una notable actividad. Al hacerse cargo de las finanzas del Estado su objetivo fue alcanzar una situación de economía de paz.

Desde el Ministerio de Hacienda resolvió la reunificación monetaria de España, tras la Guerra Civil (1936-1939), entre la peseta republicana y la peseta nacional, con la Ley de 7 de diciembre de 1939, de desbloqueo de saldos bancarios en moneda republicana. Norma que complementó con la refinanciación de la deuda pública y con una reforma fiscal redistributiva, muy necesaria. Y con el control de la inflación. Gran parte de ello se plasmó en la Ley de Reforma Tributaria, de 1940, que dotó a España de un sistema tributario eficaz. Y, tras 21 meses de ingente actividad al frente de la Hacienda Pública española, abandonó la política para centrarse en la abogacía, en el estudio, en la investigación y en la docencia.

Abogacía, investigación y docencia

Al abandonar el gobierno, rehusó aceptar las ofertas que recibió, entre otras, la Presidencia de Telefónica, la de Renfe o la Embajada de España en Washington. Salió de la política para adentrarse en la abogacía, en el estudio y en la docencia. A él se deben algunas importantes aportaciones que lograron alcanzar resonancia internacional. Ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas al poco de su cese, en abril de 1943. También fue académico de la Real de Jurisprudencia y Legislación, en 1952, dedicando su discurso de ingreso a la Metodología aplicativa del Derecho Tributario. Y no perdió la confianza de Franco, que le consultó en numerosas ocasiones, por lo menos hasta el Plan de Estabilización de 1959. Pero jamás volvió a tener responsabilidades públicas.  

Desde 1942, además de a la abogacía, se dedicó al estudio y a la investigación, y a participar activamente en las sesiones de las Reales Academias de las que era miembro. La faceta docente de Larráz fue importante, pues impartió clases en la Escuela Social de Madrid y dio cursos libres de Economía en el Centro de Estudios Universitarios (actual Universidad San Pablo CEU). En la recién creada Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, tuvo a su cargo la cátedra de Sociología, en 1947, aunque solo dictó un curso académico. Y también impartió conferencias, como la dictada en el Ateneo, el 22 de febrero de 1947, sobre La crisis de la sociedad contemporánea, citada en la última Historia del Ateneo de Madrid, de Víctor Olmos. Una conferencia importante por lo que dijo, ante quien lo dijo y desde donde lo hizo.

La época del mercantilismo en Castilla

Pronunciada ante el entonces Ministro de Educación, José Ibáñez Martín, la disertación de Larráz se centró en la crisis social del siglo XX, fruto a su juicio de los excesos de la economía liberal del laissez faire, laissez passer, del siglo XIX, que no atendió la cada vez más acuciante cuestión social. Un análisis que recuerda las tesis del alemán Wilhelm Roepke (1899-1966), en su obra La Crisis Social de nuestro tiempo (1942), que quizá Larráz conocía. También subrayó la importancia de los autores españoles clásicos de los siglos XVI y XVII, a los que él había denominado Escuela de Salamanca, en 1943, en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y a los que Larráz consideraba los verdaderos teorizadores de la economía moderna.     

En ese discurso de ingreso, leído el 5 de abril de 1943, y titulado La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700), incorporó una profunda investigación histórica. Con esta obra, Larráz impulsó la recuperación de los clásicos españoles del Siglo de Oro, a los que agrupó en una única escuela de pensamiento. En el capítulo III de dicho discurso, titulado El cuantitativismo monetario de Salamanca, empleó la expresión de “Escuela de Salamanca” por primera vez, que pronto se difundiría, al acogerla Schumpeter en Historia del Análisis Económico (1954).

Escuela de Salamanca

La utilización de la expresión “Escuela de Salamanca” y su concepto de escuela de pensamiento económico, fue una aportación indiscutible de Larráz. Aunque podría objetársele que, tan importantes fueron para esta escuela las Universidades de Coimbra, de Granada o de Alcalá de Henares, como la de Salamanca. Y, además, también mantuvieron esos autores importantes relaciones con las Universidades de la Sorbona (París), de Lovaina o de Bolonia, etc. 

Esta referencia de Schumpeter a la Escuela de Salamanca procedía de Marjorie Grice-Hutchinson (1909-2003), personaje fundamental para recobrar a estos clásicos españoles, no siempre adecuadamente estimados en la historiografía, tanto en la filosófica, como en la teoría política o en pensamiento jurídico, pese a su trascendencia. Grice-Hutchinson (1909-2003) desempeñó un gran papel en esa recuperación.

Por azar, conoció el discurso de Larráz y, no sólo lo utilizó para su tesis, sino que lo divulgó. Su obra La Escuela de Salamanca (1952), constituyó un hito en el pensamiento económico, pues su director de tesis, Friedrich Hayek, consideró de interés su trabajo. Grace-Hutchinson, con La Escuela de Salamanca, abrió una línea de investigación que proseguiría con el estudio de los precursores medievales de dicha escuela.

Marjorie Crice-Hutchinson

Unos 25 años después publicó una segunda entrega de sus estudios titulada El Pensamiento Económico temprano en España, 1177-1740 (1978), obra casi de mayor interés. En ésta, pese a su propósito de rastrear los antecedentes medievales del pensamiento económico de los escolásticos españoles del Renacimiento, realizó una importante aportación. En su obra, Grice-Hutchinson situó ante su espejo histórico a la ciencia económica que, hasta entonces, tenía datado su origen en Adam Smith (1723-1790), en Cantillon (1680-1743), en los mercantilistas o en sus precedentes inmediatos. Y el espejo reflejaba a otros personajes anteriores, como los adustos monjes dominicos y jesuitas españoles que conformaron la Escuela de Salamanca.    

Gracias a estos estudios se pudo recuperar, en el siglo XX, el pensamiento económico de los clásicos españoles del Siglo de Oro, agrupados por Larráz en su concepto de “Escuela de Salamanca”. Fue su más relevante aportación teórica. Sin ser exactamente un pensador o un teórico, Larráz hizo con ello una importante contribución a la historia del pensamiento económico y, en un sentido más amplio, a la historia general del pensamiento.

Ver también

Balmes y el marginalismo en España. (León Gómez Rivas).

Schwartz y la Escuela de Salamanca. (León Gómez Rivas).