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Hay que secuestrar el presupuesto

“A billion here, a billion there -sooner or later it adds up to real money." Everett Dirksen

“Deficit reduction is painful, so better to get it over with now”

Esta semana se han liquidado 12.000 millones de dólares en futuros bursátiles americanos. El jueves, un minuto antes del cierre, se vendieron 5.000. Hay miedo al “secuestro del presupuesto” y la incertidumbre del techo de deuda, que comentamos aquí. Y es un miedo infundado promovido por los defensores del gasto excesivo -bancos de inversión y analistas los primeros-.

Estados Unidos debe secuestrar el presupuesto, ya. Es imperativo. Si no, las dudas sobre las cuentas públicas pasarán a convertirse en certezas.

Hay muchas lecciones que podemos aprender del problema fiscal de Estados Unidos, que va camino de superar a Grecia en deuda sobre PIB. La primera es que imprimir moneda y monetizar deuda simplemente no genera crecimiento. La patada hacia delante solo aumenta la bola de nieve. La segunda es que los problemas estructurales de gasto deben afrontarse de manera decisiva, y casi quirúrgica, porque luego los parches son peores.

 

Un problema de gastos, no de ingresos

El problema en EEUU no es de ingresos –que se solucionó con el vencimiento de parte de las deducciones fiscales-, sino de gasto excesivo. Un gasto público, que -ajustado por inflación- ha sido el más alto desde 1951, durante el mandato del presidente Obama (datos Office of Management and Budget). Como comentábamos aquí, el gasto público se ha disparado durante la administración Obama a un 24% del PIB de media, comparado con un 22% en la época de Reagan, un 19% durante los mandatos de Bush padre e hijo, y un 17% con Clinton. En España, el gasto público es ya el 45% del PIB -algunos cálculos llegan al 52%-.

Los ingresos fiscales de EEUU en 2012 subieron –gracias fundamentalmente al sector de petróleo y gas y a los impuestos a las personas físicas- a 2,45 billones de dólares (trillones americanos), un aumento del 6%.Tras el vencimiento de los beneficios fiscales de diciembre 2012, los ingresos volverán a subir en 2013 un 7%… Pero, oh sorpresa, la máquina que lo fagocita todo, el gasto público, llevaría a EEUU a aumentar su déficit de nuevo, a pesar de las subidas de impuestos. ¿Les suena?

En Estados Unidos, muchos claman por subir impuestos “a los ricos”, el cuento del “sistema Buffett”. Es un engaño, porque lo que esconde es la destrucción de la clase media, que es la que sufre la represión financiera. Aumentar un 45% los impuestos a los ricos no reduce el déficit ni en un 0,1% -al ser progresivo-. Es un subterfugio para seguir gastando y exprimiendo a los trabajadores asalariados.

Es cuestión de matemáticas. Aumentar los impuestos a los ricos no sube los ingresos de un 16% del PIB a un 22%. La riqueza total de los mayores millonarios de EEUU aumentó en 2012 en 4.000 millones de dólares. Si les hubieras podido confiscar el 100% de ese incremento –irreal a todas luces- no se hubiera reducido prácticamente nada el déficit, que es de un billón (trillón americano).

Los gastos y por qué no es sostenible mantenerlos

Un 21% del presupuesto americano se gasta en un sistema de salud caro e ineficiente –Medicare, Medicaid y CHIP-. Supone 769.000 millones de dólares. Otro 20% del presupuesto americano (718.000 millones de dólares) se gasta en defensa y, finalmente, un 20% a la seguridad social, que sostiene a 35,6 millones de pensionistas.

Y ahí está el problema. El número de trabajadores por pensionista era de 5,1 en 1960, pero había descendido a menos de 3 en 2012, y se espera que caiga a 2,2 en 2030. ¿Les suena? En España ya es menos de 2 trabajadores por pensionista.

Aunque suene “políticamente incorrecto”, Mitt Romney tenía razón. Un sistema donde más del 40% de la población vive de apoyos estatales y no contribuye, hunde a la clase media si atacamos el problema desde los impuestos. Donde se equivocaba Romney era en pensar que podía aumentar o mantener el gasto de defensa, que es insostenible.

La solución está en cortar gasto y la independencia energética

Pero la solución, de nuevo, está en las materias primas y en reducir los gastos. Estados Unidos ya importa menos de 6 millones de barriles al día de petróleo, la cifra más baja desde 1992, gracias a la revolución de producción domestica. Si les interesa, lean aquí el camino a la independencia energética de EEUU. Esto tiene un efecto positivo adicional. Hay que gastar menos en ser el policía de Oriente Medio, que en mis cálculos supone casi un 12% del gasto de defensa americano anual.

Pero si se va a sostener el sistema de seguridad social y sanitario, los recortes deben ser quirúrgicos, continuados y sistemáticos. Por eso, el secuestro es un método que funciona. Porque quita poder decisor al que gasta, se corta matemáticamente y obliga a ser eficiente aunque no se quiera.

El impacto del secuestro

El gobierno federal tiene 2,2 millones de funcionarios y otros ocho millones contratados –compárenlo con nuestros 3,2 millones para una población varias veces inferior-. Se estima que el secuestro lleve a un recorte de al menos 800.000 empleados públicos. Y se puede hacer ahora, precisamente, que los sectores de alta productividad están generando empleo de calidad.

En cuanto al PIB, Macroeconomic Advisors (MA) espera un impacto del 1,3% en 2013 y del 0,6% en 2014. Irrelevante comparado con la mejora de la factura energética que EEUU está llevando a cabo por aumento de producción doméstica. Por ello, estoy convencido de que si se secuestra el presupuesto la caída del PIB no va a ser la que predicen algunos. Ahora, si se mantiene el gasto, el efecto destructor del endeudamiento sí va a tener un impacto en subidas de impuestos y caída de actividad económica.

Menos de un 10% de las ventas del índice S&P 500 depende del gobierno y un 75% de ese impacto recae en los sectores de defensa y farmacéutico-sanidad. De hecho, de los recortes anunciados, más del 50% son en defensa. Es decir, que el secuestro del presupuesto tiene un impacto muy limitado sobre los sectores que realmente generan empleo y riqueza en Estados Unidos, tecnología, servicios y petróleo.

Para mí, el miedo al secuestro es simplemente la reacción de un mercado adicto a la deuda y enganchado a las apuestas inflacionistas. Y, como tal, es una oportunidad para invertir en EEUU fuera de los sectores afectados –defensa y healthcare-.

Un mercado ‘yonki’ que pide deuda

Este no es un mercado de inversores y gestores públicos prudentes -sí, los políticos son también “el mercado”-. Es un mercado de yonkis esperando que se inyecte más droga al enfermo de la economía global. Y hay que temerlo por ello. Deuda con más deuda a costa de generaciones futuras, aunque todas las medidas de patada hacia delante no funcionen. Por eso, siempre digo que tengamos cuidado con legislar mirando a lo que pide un mercado adicto. Si premia el gasto y la inflación, como ocurre hoy, es pan para hoy y desastre para mañana.

¿Por qué defiendo el secuestro del presupuesto? Primero, porque el impacto máximo es de un 1,3%-1,5% del PIB, menos de un 1,2% en las empresas del S&P 500, pero extremadamente positivo para el déficit, ya que supone –junto a las otras medidas adoptadas- reducir hasta un 30% el déficit anual.

 

Por otro lado, lo defiendo porque no requiere tremendas negociaciones políticas y compromisos, es automático, incuestionable y –lo más importante- duradero. Es decir, su efecto en el gasto se extiende a más de un año.

¿Secuestrar el presupuesto en España?

Aprendamos a no llegar a una situación similar a la americana. No nos contemos el cuento de la lechera de las exportaciones, que además se están desacelerando, y como comentaba El Confidencial aquí, evitemos que España siga siendo el país de la eurozona con mayor déficit público, gastando unos 100.000 millones de euros más de lo que ingresa, a pesar de una subida de impuestos brutal que ha llevado a los ingresos del Estado a subir imperceptiblemente, incluidas las trampas en facturas y adelantos. Cuando los gestores son incapaces de administrar correctamente sus presupuestos, se les reduce. Si es automáticamente, mejor. Si dejamos la ejecución a su albedrio, siempre se llega a la trampa del “cuarto trimestre”. Gastar y esconder.

Secuestrar el presupuesto es sano. Obliga a ser eficiente y gestionar los recursos desde la realidad, no desde el cuento de “el año que viene todo sube”. La política del avestruz no sirve.

Sí, Estados Unidos seguramente subirá el techo de deuda en abril, pero su situación de gasto y deuda ya no es compleja, es dramática. Y la política de bajar tipos, imprimir, sostener un gasto inútil y monetizar deuda no funciona. Pero aún hay gente que pide repetir. No me cuenten historias de puestos de trabajo creados, que se hubieran creado igual sin esas políticas monetarias, porque vienen de sectores globales como sanidad y petróleo… o que “hubiera sido peor”, el engaño más insultante cuando se incumplen todos los objetivos de creación de empleo, reducción de déficit y deuda que se pretendían conseguir con las políticas expansivas.

Si Estados Unidos se “pone las pilas”, y por fin reduce gastos, tendrá un cierto impacto en las previsiones optimistas de todo el mundo. Pero ese impacto, si se aprovecha ahora que muchos de los sectores de alta productividad están funcionando, es parte de la solución. Adaptarnos todos, sobre todo los gobiernos, a un mundo que no es todo crecimiento, pero que tiene mucho futuro si se permite a las empresas florecer.

Pero si Estados Unidos, y nosotros con ellos, seguimos con la política del avestruz, los problemas volverán a presentarse unos meses después. Seguro.

Hacerse el sueco

Si hay un país que para el españolito medio ha representado un sueño inalcanzable, ese es Suecia. En primer lugar, porque hay suecas, y eso, en un país caracterizado por su “landismo”, ya es bastante. En segundo lugar, y desde una óptica más política, porque después de décadas de propaganda progre, Suecia es vista por muchos como el paraíso de lo social, de lo público, el paradigma del Estado del Bienestar.

Así, prueben a discutir con un progre sobre voracidad impositiva estatal y desmesurado gasto público. Rápidamente el modelo sueco saldrá a colación para demostrar que lo que necesita España es precisamente eso: más impuestos, más sector público… ¡Como en Suecia!

La verdad es que si miramos el nivel de vida de los suecos, la lógica de usar a Suecia como modelo es inapelable… El problema es que dicha Suecia, la Suecia de un sector público desmesurado, de un estado omnipresente, ya no existe, como bien dice Maurico Rojas, pero bueno, ya sabemos que para la progresía lo importante no es la realidad, sino la ideología…

Y el caso es que, durante unos años, aquí en España hemos sido ¡por fin! suecos. Y de los de antes… Hemos vivido en una cálida y divertida Suecia mediterránea, disfrutando de una sanidad, una educación, unos servicios sociales públicos de niveles cuasi escandinavos… Y con un coste similar (o muy superior si le añadimos comisiones…).

Pero, a diferencia de dicho país nórdico, que ha sido capaz de pagárselo a base de elevados impuestos, eso sí, pero aplicados sobre una economía muy liberalizada y, por tanto, muy productiva, en España, los ingresos vinieron de tasar una economía muy intervenida y en consecuencia improductiva, basada en el endeudamiento generado por la triple burbuja…

Si encima, a esto le sumamos el contar con una clase política hispana que en su forma de manejar el erario público, en vez de a los sobrios y honestos suecos, se parece más bien a sus antepasados vikingos, está claro que, después de unos años gloriosos, el sueño sueco se nos ha acabado.

Esto no da para más, volvemos a ser españoles, improductivos, deficitarios y en el paro.

Pero la sociedad española no quiere verlo… Presa de la demagogia, con unos niveles de formación económica tercermundistas, no está dispuesta a renunciar a un sector publico desmesurado e insostenible, a unos niveles de gasto público que, basados en una actividad económica inflada e irreal, son absolutamente inasumibles.

Y una vez más, con la clase política al frente, recurrimos a Suecia como fuente de inspiración, para directamente “hacernos los suecos”…

Pero esta vez, y van dos seguidas, tampoco el “modelo sueco” nos va a funcionar… A lo mejor, deberíamos mirar a la otra orilla del Báltico.

La barcenitis galopante de Cuatro y Gabilondo

Los telediarios del canal en abierto que Zapatero regaló al grupo Prisa están últimamente muy entretenidos. Y todo gracias al caso Bárcenas, que los redactores de Cuatro ya no saben cómo denominar, por sus constantes esfuerzos en relacionarlo con todos los casos de corrupción que ha habido en España en los últimos setecientos cincuenta años.  A veces tienen un arrebato de originalidad y lo llaman el caso Gürtel-Bárcenas, que escuchas a Hilario Pino pronunciarlo y es que parece que estás viendo el guión entre los dos sustantivos.

Desde que el periódico de Prisa sacó en portada las fotocopias de unas hojas manuscritas con los sobresueldos que Bárcenas estaría pagando a los jefes del PP, todos los esfuerzos del grupo mediático han estado dirigidos a mantener vivo este asunto a cualquier precio. Espoleados por el ridículo histórico de su portada con una falsa imagen de un Hugo Chávez moribundo, en Prisa son capaces de las mayores astracanadas para que se siga hablando de un asunto que, por más que se empeñen, y a salvo de futuras revelaciones de verdadera enjundia, ya sólo parece reducirse al enriquecimiento de origen dudoso de un exmiembro del PP, de los muchos que hay circulando en estos momentos por los distintos juzgados de España.

Este viernes, sin ir más lejos, Hilario Pino dedicó un par de minutos de su noticiero a comentar la imagen de una concejala socialista de Alicante que acudió al pleno con una camiseta serigrafiada con la imagen de las fotocopias de la famosa libreta de Bárcenas publicadas en su día por El País. ¿Qué aporta este hecho a las investigaciones sobre la corrupción en el PP? Nada, salvo la constatación de que la concejala en cuestión tiene un concepto discutible de la elegancia formal y que, con seguridad, es muy fan del periódico de Prisa, cosa por otra parte muy común entre la izquierda instruida. A continuación, un periodista de la casa desplazado a las Fallas de Valencia relataba la primera mascletá a los espectadores explicando que la presencia de jóvenes con sobres vacíos protestando contra la corrupción el PP "había quedado deslucida por la presencia de la lluvia" (sic). No la mascletá; la algarada política, que es lo que cuenta en una pieza sobre el arranque de una de las festividades más populares de España.

Pero el que peor lo está pasando es Iñaki Gabilondo, incapaz de entender que sus videocabreos monumentales en la web de El País a cuenta del caso Bárcenas no encuentren el eco debido en la sociedad española, más allá de algún grupúsculo de radicales o de socialistas ociosos en busca de un sueldo oficial. Cuando no hace tantos años el Gobierno de España estaba involucrado en crímenes de Estado y aquí se robaba hasta la caja de los huerfanitos de la Guardia Civil, Gabilondo optó por un perfil bajo marcadamente institucional. Después fue de la opinión de que, cuando manda el PP, es muy bueno que en la calle exista "tensión". Que alguien le explique que, con esa biografía, es difícil que la gente se lance ahora a las barricadas simplemente porque él lo exija con tono exaltado. Salvo que la policía detenga esta semana a Cospedal en la frontera de Andorra con bolsas de basura llenas de billetes de 500 y tres mudas de ropa interior, claro. Entonces, y sólo entonces, aquí sí que podría pasar de todo. 

Egoísmo de Estado

Los liberales estamos acostumbrados a recibir lecciones morales por parte de los socialistas de todos los partidos. La réplica a los argumentos a favor de la libertad suele caer en el sentimentalismo demagógico para tachar de egoístas a todos los que discuten que el Estado es el encargado de prestar una serie de servicios.

Normalmente apelan a la necesidad de ayudar a los más necesitados para curar graves enfermedades o escolarizar a los niños que de otra forma no tendrían oportunidades. Olvidan que los costes de estos servicios ofrecidos por el Estado son muy superiores a los mismos que el sector privado oferta pese a esta competencia desleal e ilimitada de los que tienen el presupuesto público de su parte. Además de resultar más baratos, la calidad del servicio y la satisfacción de los usuarios suele ser mayor. La trampa aquí reside en que los costes de los servicios estatales no se perciben como tales, pues los impuestos se recaudan en base a un hecho imponible en lugar de pagarse por la contraprestación de un servicio como las tasas. El acceso a muchos servicios estatales no está regulado por ningún precio (aunque sea menor del coste como las tasas universitarias) y, por tanto, no se percibe como tal. Cuando pagamos impuestos, desconocemos a dónde va a parar nuestro dinero y cuando utilizamos muchos servicios prestados por el Estado se crea una ilusión de falsa gratuidad por aquello que en realidad ya hemos pagado o tendremos que pagar a base de endeudarnos.

No se discute, en cambio, que otros servicios esenciales como podrían ser la alimentación y su distribución se deje en manos del "capitalismo salvaje". Hoy podemos comer prácticamente cualquier cosa por exótica que sea y el sustento básico tiene precios bajos en relación a la renta media impensables en otros tiempos. El libre mercado ha propiciado que tengamos comida barata y abundante sin que el Estado tenga que planificar nuestra alimentación a través de comedores sociales o cartillas de racionamento. Ha ocurrido lo mismo en otros sectores básicos para nuestro día a día como es el textil. En los sistemas capitalistas comprar ropa de abrigo o calzado no es un problema cuando no hace demasiado tiempo era una preocupación vital y desgracidamente en muchos países comunistas continúa siéndolo.

No es comprensible que quienes defienden la libertad política persigan la libertad económica para hacernos creer que el Estado es capaz de garantizar y prever nuestras propias necesidades. Pero es que además se trata de un sistema egoísta en el que se pretende ayudar al prójimo con el dinero ajeno, el de los contribuyentes. No hay grandeza en ayudar a tu vecino si para ello necesitas robar a un tercero.

En la última gala de entrega de los premios Goya, tuvimos que escuchar a actrices que propugnaban "terminar con un sistema que roba a los pobres para dárselo a los ricos". Estoy de acuerdo, la distribución de la riqueza consiste en saquear a los contribuyentes para repartir prebendas, entre otros, a los cineastas subvencionados. Se trata de un sistema egoísta que impide que cada cual sea generoso o egoísta con lo que gana gracias a su trabajo y esfuerzo. Una vez más, el Estado sustituye la responsabilidad individual en su más íntima humanidad, el altruismo, por una falsa solidaridad colectiva que tan solo sirve para limpiar conciencias atormentadas con las desgracias que ocurren a nuestro alrededor. Si creemos que los impuestos son bajos, nada nos impide hacer donaciones al Estado y si queremos ayudar a los demás podemos socorrer al prójimo en lugar de confiar en que otros lo hagan por nosotros. Lo contrario, es puro egoísmo.

Leonardo Polo: filosofía y economía

Este mes de febrero ha fallecido Leonardo Polo, un profesor de Filosofía en la Universidad de Navarra, seguramente no muy conocido en estos foros más económicos. Aunque se trata de una persona reputada en su campo (existen publicaciones y congresos que estudian el pensamiento poliano), la verdad es que no puedo hablarles con seguridad sobre los problemas metafísicos del ser y la esencia, o la profunda antropología que desarrolló en sus obras. Pero al menos les voy a copiar (en homenaje a mi compañero de columna, Paco Capella) las líneas que ha escrito una antigua alumna suya, Blanca Castilla, antes de referirme al título de este Comentario:

"Como a otros pensadores del siglo XX le preocupaba el formalismo en el que había derivado la Filosofía desde la tardía Escolástica. Lo cierto es que consiguió ir a la raíz del problema y, cuando en la década de los 60, algunos neotomistas re-descubren la piedra clave del pensamiento de Tomás de Aquino, la distinción esse-essentia, intuyó un método de acceso al SER. ¡Cuántas veces repitió que "una vaca pensada no da leche", o que "el yo pensado no piensa"!, rebatiendo idealismos y enseñando la importancia de abandonar el límite mental para llegar a la REALIDAD, al ámbito propio del SER…

… Estaba acometiendo la tarea de ampliar la ontología desarrollada por la Metafísica clásica, para poder pensar al ser Humano, que es distinto, de otro nivel decía, que el Cosmos, donde la Unidad es monolítica y el ser jerarquizado, y no da cabida a una la pluralidad de iguales, aunque sean irrepetibles. Y fue desarrollando una Antropología enraizada en el SER Personal, que por eso denominó Antropología Transcendental".

Hasta aquí mi excursus más filosófico. Porque de lo que pensaba hablarles es de un Seminario sobre Leonardo Polo: Filosofía y economía, al que justamente asistí el pasado mes de enero. El motivo era la presentación de un reciente libro del profesor Polo (con ese mismo título), que recoge diversas intervenciones o escritos suyos en relación a estos temas.

No pude quedarme hasta el final, y tampoco he podido comentar con otros ponentes el resultado de la Jornada. De manera que les voy a resumir mis impresiones en el rato que pasé con varios profesores universitarios, expertos en el pensamiento de este maestro que acaba de dejarnos. Sobre todo, voy a contarles la ponencia de Juan Fernando Sallés, también profesor de Filosofía en esa Universidad de Navarra, quien además prologa el libro del que hablamos, y que recoge (como se indica en la Introducción) catorce trabajos de Leonardo Polo sobre temas de economía y empresa: algunos ya publicados, otros inéditos o bien resultado de la transcripción de sus cursos y conferencias.

La obra (bien gruesa: casi quinientas páginas) se articula en torno a tres partes: "Bases antropológicas de la economía", "Sociedad y empresa" y "Ética y empresa". Siendo la primera la más extensa, con un largo e interesante trabajo sobre el "Esquema de la evolución de las organizaciones en la Edad Moderna". Se trata de un recorrido histórico desde los finales de la Edad Media hasta el siglo XX; pero no es una simple descripción de historia económica: contiene reflexiones más profundas como ésta que les transcribo: "Hay que subordinar la organización del espacio -tema del interés- a la del tiempo. La clave de la organización temporal radica en el perfeccionamiento intrínseco humano" (p. 17). Y continúa: "La libertad personal humana organiza el tiempo, organización más difícil que la del espacio, porque organizar el espacio es organizar los medios, pero organizar el tiempo es ordenar la propia vida en orden al fin personal" (p. 19).

En este mismo apartado encontramos otros capítulos muy interesantes como "La libertad humana y la organización de sus ámbitos", "Tener, dar, esperar" y "Los radicales humanos en la economía". Este último, un tema muy característico del discurso poliano, al que se refirieron varios profesores en la Jornada que comentamos: Leonardo Polo habla como de tres grandes momentos en la orientación de la vida humana. La época clásica, con su descubrimiento de que el hombre es un ser con una naturaleza racional, algo que está en los orígenes de nuestra cultura. El radical cristiano, que añade el descubrimiento de algo más importante, que el hombre es un ser personal (ser persona es lo más digno, más que ser animal racional). Y un tercer momento, la modernidad: cuando el hombre descubre que puede progresar construyendo, produciendo; pero este radical sólo, como se basa en que el hombre sin los resultados de su acción no es nada, establece una descompensación según la cual el hombre se subordina a sus obras.

Me salto la Segunda Parte y concluyo con "Ética y empresa". Aquí se abordan cuestiones tan relevantes como "El mando", "La acción de gobierno", "La ética y las virtudes del empresario" o "El valor de la veracidad como condición de la actividad empresarial". Verán que se trata de asuntos de plena actualidad, aunque por desgracia poco valorados, debido al progresivo deterioro moral de nuestra sociedad. Y en torno a ellos, el profesor Sellés proponía nueve consejos a los directivos: respetar la persona (y su intimidad); hacer equipo; buscar y formar a tus sucesores; mejorar la propia formación (el estudio); cultivar las virtudes importantes (aquí engarzaba las cuatro clásicas -prudencia, justicia, fortaleza y templanza- con la veracidad y la responsabilidad); tener objetivos realizables; la acción: fin del conocimiento; considerar el dinero como un trabajo en potencia y, por último, servir al bien común.

En fin, todo un reto para estos tiempos de crisis. Vaya aquí mi recuerdo al profesor Leonardo Polo.

Marea roja

A río revuelto, ganancia de pescadoresEl populismo sigue ganando adeptos entre el electorado de los países más débiles de la Zona Euro. Las elecciones italianas son la última prueba de esta peligrosa deriva. El regreso de Silvio Berlusconi, tras el éxito que ha cosechado su discurso germanófobo, y la significativa irrupción del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo, que se ha situado como tercera fuerza, pone en el disparadero las tímidas reformas del tecnócrata Mario Monti.

La clave de estos comicios, más allá de la posible ingobernabilidad de Italia y una nueva convocatoria electoral, es que la mayoría de los votantes mostró en las urnas su rechazo explícito a la austeridad pública, incluso a la permanencia en el euro.

Desde hace meses Italia parecía terreno abonado para lo que finalmente ha sucedido. No en vano casi la mitad de los electores (unos 23,5 millones) son jubilados, parados o empleados públicos, contrarios todos ellos a recortar el gasto. El problema de fondo es que la receta adecuada para salir de la crisis resulta muy impopular en sociedades que llevan décadas instaladas en el paternalismo intervencionista de la subvención y el mal llamado Estado del Bienestar. Sociedades como la italiana, la griega, la portuguesa y la española.

La deriva populista de Berlusconi y el discurso antisistema del payaso Beppe Grillo han acaparado ni más ni menos que el 55% del voto. En Grecia, las últimas encuestas arrojan un empate técnico entre el primer ministro, Antonis Samaras (Nueva Democracia), y el líder de la coalición comunista Syriza, Alexis Tsipras, con casi un 29% para cada uno, mientras que los nazis de Amanecer Dorado se mantienen como la tercera fuerza, con un respaldo próximo al 12%. Comunistas y nazis comparten el mismo mensaje: oposición frontal a la política de recortes y liberalización económica y, llegado el caso, suspensión de pagos y salida del euro. Ambos se nutren del amplio descontento social que existe en Grecia, donde el 64% de la población cree que el país va en la dirección equivocada. Sin embargo, la prolongación de su particular crisis no es culpa de Merkel ni de los mercados, sino de una sucesión de Gobiernos incapaces de aplicar la amarga medicina recetada para salir cuanto antes del atolladero.

El populismo todavía no se ha hecho un hueco visible y significativo en el arco parlamentario español, pero ya hay indicios preocupantes. El apoyo soterrado del Gobierno a las plataformas que proponen el impago generalizado de hipotecas, la subida que está experimentando IU en las encuestas y el viraje izquierdista del PSOE son, sin duda, señales a tener muy en cuenta.

En el fondo de este tipo de movimientos subyace un creciente descontento social, materializado en forma de protestas como la del 23 de febrero. Bajo lemas como "Recortes no", "Tu sobre es mi recorte", "Su botín es mi crisis", "Sin pan no hay paz", "Ladrones" o "Viva la lucha obrera", se está generando una marea roja que puede anegar España en el populismo que ya están sufriendo Grecia e Italia. 

No con mi dinero

Tuve que frotarme los ojos al leer en la prensa local el siguiente disparate: «Metropolitano y el Cabildo (de Tenerife) proyectan tranvías en el extranjero». Las mal llamadas empresas públicas están abocadas al más estrepitoso fracaso por muchas razones; las dos principales son que no disponen de los incentivos adecuados y que se mueven por decisiones políticas y no económicas.

El mercado es un proceso por el que los distintos individuos que lo conforman tienen incentivos para descubrir las ineficiencias existentes y convertirlas en beneficios empresariales que revierten en el conjunto de la población. Este fenómeno es conocido entre los economistas como el de eficiencia dinámica del mercado. Así, cuando un empresario descubre que existe una descoordinación en el mercado, se juega su capital para lograr un beneficio a la vez que satisface las necesidades de la sociedad.

Voy a intentar explicarlo con más claridad con el siguiente ejemplo. Cuando Bill Gates, en 1983, crea Windows, lo hace porque descubre que el uso de los ordenadores sólo estaba al alcance de unos pocos debido a los complejos sistemas operativos que existían hasta la fecha. De ahí que decide crear un nuevo sistema para que hasta su madre pudiera usar un ordenador. Sin duda, Bill Gates es uno de los hombres más ricos del mundo gracias a ello, pero también ha satisfecho las necesidades del conjunto de la sociedad y nos ha hecho más ricos a todos.

Sin embargo, las empresas públicas como Metropolitano, que actúan con el dinero exigido a los ciudadanos, no se mueven por decisiones económicas, sino por decisiones políticas, que frecuentemente persiguen réditos electorales, y en algunos casos por intereses personales de políticos, que suelen terminar en corruptelas que les enriquecen a costa de los recursos generados por la sociedad.

Además, los dirigentes políticos de estas empresas carecen de incentivos económicos para reducir los costes y maximizar los beneficios y así encontrar soluciones eficientes, debido a su incompetencia y al abuso de poder, que termina muchas veces llevando a un incremento del gasto público, o sea, que los ciudadanos tendremos que pagar más impuestos.

El Cabildo de Tenerife en vez de seguir despilfarrando el dinero de los tinerfeños en trenes, yogures o parques eólicos, lo que lo llevó a deber a los bancos, según publicó ABC, cerca de 300 millones de euros, debería dejar la producción de los servicios a la ciudadanía y preocuparse de eliminar las trabas empresariales que existen en Canarias para evitar la quiebra que se avecina y en la que nos han metido los políticos imprudentes que llevan gobernando nuestras islas más de 20 años.

¿Qué fue de Guinea Ecuatorial?

A pesar de haber sido colonia española durante más de 200 años, la historia de Guinea Ecuatorial como estado independiente permanece bastante desconocida.

Después de convertirla transitoriamente en Comunidad Autónoma en 1964, el gobierno de Franco culminó el proceso de descolonización al que se había comprometido en las Naciones Unidas tratando de establecer previamente los mimbres de una nueva república en una conferencia en la que participarían grupos diversos del país bajo la guía "técnica" de la potencia colonial. Los desacuerdos llegaban incluso al punto de considerar la propia partición de la colonia en dos estados; uno insular basado en Isla de Fernando Poo, defendido por líderes de la etnia bubi y colonos españoles, y otro en la provincia continental de Rio Muni, donde la población de origen fang o panwe es mayoritaria. Se impuso la idea de mantener un único estado en coherencia con la posición de la metropolí en las organizaciones internacionales y, finalmente, tras desechar otros proyectos, se aprobó en referéndum una constitución redactada por una comisión de tecnócratas reclutados por Fernando María Castiella, Ministro de Exteriores de la época. Uno de sus miembros, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, presume de haber participado en la comisión y al mismo tiempo se desentiende del resultado final.

En las elecciones celebradas en septiembre, Francisco Macías Nguema, fue elegido Presidente después de una segunda vuelta a pesar de los esfuerzos del gobierno español por promover candidatos proclives a mantener lazos amistosos. No obstante, el 12 de octubre 1968 se concedió oficialmente la independencia a Guinea Ecuatorial y se reconoció su autoridad al presidente electo. Éste no tardó en autoproclamarse presidente vitalicio, prohibió toda oposición política y rompió las relaciones con España. Además, implantó una dictadura comunista y dirigió uno de los regímenes más despóticos y sanguinarios de África, persiguiendo sistemáticamente a intelectuales y religiosos. Una de sus contribuciones más notables a la planificación económica fue la prohibición de la pesca a sus infelices súbditos y la orden de destruir todos los barcos pesqueros. Llegó a convertirse en un Pol Pot africano. Durante su régimen de once años, 100.000 exiliados huyeron del país (más de un tercio de la población en aquel tiempo), se condenó a más de 40.000 personas a trabajos forzosos y 50.000 fueron asesinadas. Forjó una alianza con la Unión Soviética y otros países de su órbita –a cambio de concesiones pesqueras en la zona económica exclusiva que, al parececer, encubrían objetivos militares– sin despreciar tampoco el asesoramiento chino.

La situación cambió cuando su sobrino, Teodoro Obiang Nguema (a la sazón jefe de las cárceles de Guinea) dio un golpe de estado y se alzó con el poder en agosto de 1979. A las pocas semanas, Macías fue juzgado en un consejo de guerra y ejecutado junto a otros altos jerarcas.

En el momento del golpe que depuso a Macías, ya se hablaba del enorme potencial petrolífero que albergaba el país. A partir de 1996, se vio confirmado por unos espectaculares resultados que le han convertido en el tercer mayor productor de crudo del África subsahariana. Sin embargo, el régimen de Obiang ha venido ocupando durante estos treinta y tres años los puestos más deleznables entre los violadores de derechos humanos del mundo. Según los informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, se producen detenciones arbitrarias de forma rutinaria y los detenidos por la policía y el ejército son torturados sistemáticamente. A lo largo de los treinta y cuatro años ininterrumpidos, la represión política se ha cobrado la vida de más de 10.000 ecuatoguineanos. En el índice de corrupción de Transparencia Internacional, Guinea Ecuatorial ocupa el puesto 162 de una lista de 176 países.

Un ejemplo de la corrupción dominante que beneficia al clan de Obiang son los procesos de investigación que se siguen en Francia y Estados Unidos contra su hijo, "Teodorín", por delitos de lavado de dinero procedente de la extorsión, sobornos y malversación de fondos públicos, donde se han embargado bienes de lujo y cuentas corrientes localizados en esos países.

En 2004 se produjo un intento de golpe de estado no esclarecido para derrocar al dictador Obiang, en el que subyacían las luchas por hacerse con el control de los recursos petrolíferos. Según ha declarado el correoso Obiang, el gobierno chino se ha convertido en el principal financiador de Guinea Ecuatorial, a cuenta de esos futuros ingresos derivados del petróleo.

Dentro de ese contexto, no puede sorprender la celebración la semana pasada de la III Cumbre de los países del ASA (Africa y América del Sur) en Malabo, sustituyendo a Trípoli como sede tras la sangrienta guerra que derrocó al Coronel Gadafi en Libia. Con reminiscencias del antiguo grupo de no alineados, agrupa a los gobiernos suramericanos de la Alianza Bolivariana (incluidos Brasil y Argentina) y a un gran número de países de África. En sus resoluciones estos gobiernos no tienen empacho en recoger una amalgama ideológica de marxismo leninismo y crudo mercantilismo para justificar el sometimiento de sus pueblos al pillaje de una casta que envía directamente el importe de los sobornos, pagados principalmente por empresas extranjeras, a bancos del "Norte".

Los saqueadores que no respetan otra propiedad que no sea la suya y la de sus allegados se ungen en el papel de víctimas de sus pueblos por la colonización y los agravios de unas relaciones económicas dominadas por los países del "Norte". Esa retórica no va acompañada de una petición por eliminar totalmente las trabas al comercio internacional.

Al contrario, su raza o el pasado colonial de sus países les sirve para responder a periodistas occidentales lo que respondió Obiang recientemente a un corresponsal inglés cuando éste le inquirió sobre el número de palacios y mansiones que posee: "Usted lo que quiere es yo viva en un choza". Llegado el caso lo mismo responderían Evo Morales o Hugo Chávez, aprovechando su raza. Claro, Cristina Fernández tendría que apelar a las Malvinas y Raúl Castro al embargo norteámericano. Pero resume, como pocos gestos, la impostura y la doblez de estos granujas, y sirvió para que el habitualmente duro interrogador cambiara de tema.

Por el empleo, Bilma

 Al diputado por UPyD Toni Cantó lo quieren empalar. Un concejal comunista, concretamente, haciéndose eco de un sentir muy extendido en las filas de la izquierda, que ha hecho de su concepción del feminismo un dogma incuestionable bajo pena, ya ven, de empalamiento. En el PSOE, en cambio, sólo piden su dimisión, porque entienden que sus mensajes en la red poniendo en duda los datos sobre el machismo agresor en España suponen sólo una incitación a la violencia contra las mujeres. Se trata del mismo partido que tiene en la presidencia de una delegación territorial a un señor condenado, no por incitar a la violencia de género sino por practicarla contra su mujer, y cuya permanencia en la vida pública no excita el prurito democrático de los socialistas tanto como la del diputado Cantó, que jamás ha sido acusado de agredir a nadie.

El portavoz de UPyD en la Comisión de Igualdad del Congreso desgranó en su twitter algunos datos sin contrastar, ofrecidos por una asociación de afectados por la Ley Orgánica 1/2004 contra la violencia de género. Como decía el filósofo, una mala tarde la tiene cualquiera, claro, pero el problema es el asunto sobre el que versó el error. Si hubiera dicho que en España se aborta todavía muy poco o que las mujeres que quieren abortar están discriminadas, el desliz hubiera sido aplaudido por los que ahora quieren empalarlo, pero al cuestionar el dogma de la discriminación positiva selló su destino, o al menos el de cierta parte de su anatomía.

A pesar de este celo empalador de los progres más devotos, lo cierto es que los propios datos de la administración judicial justifican cierto grado de sospecha acerca de las consecuencias que la aplicación de la ley de violencia de género tiene sobre la población masculina. Según las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, desde 2006 en los juzgados de lo penal se han dictado 188.484 sentencias sobre violencia de género, 90.344 de las cuales fueron absolutorias. Por supuesto, eso no quiere decir que las más de noventa mil denunciantes acusaran falsamente a sus parejas por venganza o para obtener ciertas ventajas en el proceso de separación, pero sí que en todos esos casos se procesó a personas finalmente declaradas inocentes de los cargos que se les imputaban. El asunto no tendría más relevancia que en cualquier otro orden jurisdiccional si no fuera porque, a causa de la ley de violencia de género, muchos de esos noventa mil inocentes tuvieron que abandonar su hogar, privándoseles en muchas ocasiones también de poder ver a sus hijos hasta serles notificada la sentencia absolutoria.

Denunciar una ley injusta como la de violencia de género es un derecho de los ciudadanos y un deber de sus representantes políticos. A Cantó se le podrá afear que descuidara la necesidad de contrastar datos sensibles antes de hacerlos públicos, pero pedir su empalamiento político y físico es sólo la típica amenaza represora que la izquierda suele emplear contra los disidentes. El objetivo no es defender a las mujeres maltratadas, sino dejar claro a lo que se expone cualquiera que se atreva a poner en cuestión su visión sectaria de la convivencia. Desde este lunes, el diputado Cantó está también al corriente de cómo se las gastan los ungidos.

El ataque de los progres empaladores

Casi seis millones de personas sin trabajo es una cifra sin precedentes en nuestra historia. Este desastre tiene multitud de causas, entre las que cabe destacar la comprobada ineficiencia del servicio público de empleo (SPE): ¡las empresas de trabajo temporal (ETT) colocan 4,8 veces más gente que el SPE, con sus 22.000 funcionarios y un presupuesto de 37.941 millones de euros (2012)!

Mi experiencia en el mundo nórdico del empleo, y lo que conozco que ocurre en otros lugares, me permite creer que la ampliación de la oferta a través de la colaboración público-privada, junto con una libertad de elección real, podría dar paso a un sistema de apoyo al desempleado más dinámico y eficaz.

Con las reformas introducidas por la Ley 35/2010, de 17 de septiembre 2010, hoy sería posible, sin alterar el marco legal, llevar a la práctica una propuesta que elaboré en 2010 pensando en una comunidad tan dinámica como la de Madrid. Estaba centrada en el Bilma (Bono de Inserción Laboral Madrileño), financiado con fondos públicos, que otorgaría a los desempleados la libertad de elegir, dentro del ámbito de colaboración público-privado, al proveedor de su preferencia.

Los objetivos del Bilma serían los siguientes:

  • Crear un sistema más dinámico y eficaz a través de la competencia y la libre elección de los usuarios. Las empresas privadas de colocación (acreditadas ante el Servicio Regional de Empleo Estatal) se sumarían a la elaboración y gestión de los programas de orientación, formación e intermediación laboral de responsabilidad pública.
     
  • Ampliar la oferta para apostar, especialmente en tiempos de crisis, por la formación ocupacional, con el fin de incentivar la pronta vuelta al mercado laboral y no las subvenciones por desempleo.
     
  • Conferir al usuario libertad en la elección de un plan de reinserción laboral basado en sus necesidades específicas y asistido por las agencias profesionales, que competirían entre sí y por ello se verían obligadas a poner al usuario en el centro.

Una fórmula para incentivar la obtención de logros reales en términos de acceso al empleo podría ser que el cobro del bono fuera del 50% por cada usuario que haya establecido un plan de reinserción laboral y participado en alguno de los momentos de formación ocupacional contemplados en el mismo. El cobro del 50% restante se haría efectivo una vez lograda la inserción laboral y probado el seguimiento del cliente, a fin de que mantenga el empleo.

Lo importante no es quién tiene la gestión, sino que los programas de formación e inserción laboral de responsabilidad pública sean de calidad y eficaces, y que los usuarios estén satisfechos y también, por supuesto, que las leyes y las reglas se cumplan.

La experiencia de otros países es un excelente referente a la hora de pensar en reformas, con la certidumbre de que al final todas las sociedades se han visto enfrentadas a problemas similares.