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I Congreso de Economía y Libertad: La Gran Recesión y sus salidas

La actual crisis económica ha resquebrajado algunos de los cimientos sobre los que se asienta nuestra sociedad. En concreto, la crisis nos ha obligado a replantearnos cuál debe ser el papel del Estado y cuál es el grado de libertad económica que necesitamos para construir una sociedad próspera. Por supuesto, en este debate social ha habido respuestas de todos los colores, pero, al contrario que en otras crisis y para sorpresa de muchos liberales, una parte de la sociedad está tomando conciencia de que la salida de la crisis requiere austeridad pública, menos intervención estatal, menos impuestos y, en definitiva, más libertad económica.

Es indudable que en estos momentos pueden llegar a hacerse reformas valientes que hace unos pocos años eran políticamente inviables. En este sentido, hoy tenemos la oportunidad de refundar la sociedad en la que vivimos sobre unas bases más sólidas que permitan evitar desastres como el que estamos padeciendo. Es necesario, por tanto, organizar foros de debate para reflexionar sobre la situación en la que estamos y sobre cuál es la dirección que debemos tomar.

Este es el motivo por el que la Universidad Católica de Ávila y el Instituto Juan de Mariana celebrarán el “I Congreso de Economía y Libertad: La Gran Recesión y sus salidas” los próximos 22, 23 y 24 de noviembre en Ávila. Nuestra intención es reunir durante tres días a los mejores expertos para reflexionar sobre la Gran Recesión. Por ello, en el Congreso participarán ilustres personalidades académicas como Juan Velarde, Carlos Rodríguez Braun, Victoriano Martín, Maximino Carpio y Juan Ramón Rallo, entre otros. Asimismo, queremos elaborar un breve documento que sintetice las principales conclusiones del Congreso y, en especial, que explique cuáles son las medidas concretas que debe tomar el Gobierno para acelerar la llegada de la recuperación económica. Este documento será posteriormente facilitado a los medios de comunicación.

Como puede verse en el programa, el Congreso tendrá seis ejes temáticos o hilos conductores: en primer lugar, “antecedentes de la Gran Recesión” a través del que analizaremos cómo hemos llegado a esta situación; en segundo lugar, “crisis mundial y crisis española” donde estudiaremos la magnitud de la crisis; en tercer lugar, “crisis monetaria” donde profundizaremos en la dimensión monetaria de la crisis; en cuarto lugar, “crisis de las políticas públicas” en el que analizaremos los problemas de deuda soberana así como las políticas anti-crisis que se han aplicado; en quinto lugar, “crisis ética”, donde analizaremos las implicaciones éticas de la crisis; y, finalmente, “crisis de paradigma” donde debatiremos sobre la dirección que estamos tomando y sobre cuáles son las bases de una sociedad más libre y más próspera.

Además, queremos que en el Congreso participe toda persona interesada en presentar una breve comunicación oral de 20 minutos. Aquellos que estén interesados pueden enviar un resumen de la comunicación a lo largo del verano (julio y agosto) y seguir las normas de presentación establecidas por el Comité Científico del Congreso. Todas las comunicaciones aceptadas y presentadas serán publicadas en un Libro de Actas con su respectivo ISBN.

Por todo esto, os invitamos a todos a asistir a este Congreso, que creemos que será una oportunidad única para la reflexión y el análisis de la dramática situación que vive la economía mundial y española.

¡Os esperamos!


Para más información, https://www.ucavila.es/I_congreso_economia o directamente contactar con David Sanz (david.sanz@ucavila.es).

Carencia de base microeconómica en Keynes y sus seguidores

En un comentario anterior, vimos cómo la competitividad internacional de España y Europa en las próximas décadas requiere un cambio cultural que, si arraigase entre las autoridades y los ciudadanos, implicaría la limitación de la estructura del gasto público y la implementación de reformas estructurales orientadas hacia el impulso del ahorro previo, la inversión y la empresarialidad del sector privado, porque son los impulsores principales del crecimiento económico.

Ese cambio cultural hacia la competitividad requiere que se olviden los errores teóricos en el ámbito económico y se confíe en la importancia del ahorro y de la función empresarial.

1. La fatal arrogancia de los economistas keynesianos

Keynes y sus seguidores se olvidan del largo plazo y se ocupan exclusivamente del empleo de los recursos económicos en el corto plazo, no planteándose el problema de las distorsiones que los estímulos políticos de la demanda provocan en la estructura productiva del capital y, especialmente, recomendando a los políticos una visión pesimista tanto del ahorro privado como de la empresarialidad, lo que supone un error teórico grave puesto que son los motores de las economías de mercado.

Esta percepción errónea de la realidad económica se produce porque las recetas de la sobrevalorada obra Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (1936) de John Maynard Keynes carecen de una base teórica microeconómica al no tener en cuenta los desarrollos previos de Carl Menger y de Eugen Böhm-Bawerk.

Por un lado, Menger (1840-1921) analizó el principio de la utilidad marginal de los bienes en su obra Principios de Economía Política (1871) y, especialmente, profundizó en los aspectos subjetivos de la valoración de esos bienes en función de su escasez relativa y en las relaciones causales que explican la utilidad subjetiva y las fuerzas que impulsan las leyes de oferta y demanda de los bienes en los órdenes de preferencia temporal que configuran la estructura productiva del capital.

Por otro lado, Böhm-Bawerk (1851-1914) profundizó en las ideas microeconómicas previas de Menger y en su obra Teoría Positiva del Capital (1889) introdujo el gráfico de los círculos concéntricos que facilita que los economistas incorporen la variable tiempo y visualicen con facilidad la estructura del capital en economía.

2. La importancia de la estructura del capital en economía

Con el gráfico de Böhm-Bawerk se puede comprender mejor el concepto de la estructura productiva de los bienes que es temporal y capital-intensiva. Así, desde fuera y hacia adentro, se pueden observar los bienes que satisfacen necesidades personales (posición 1 o bienes de consumo), pasando por los bienes de capital intermedios (posiciones 2-3) y hasta llegar temporalmente a los bienes de órdenes superiores (posiciones 4-5 y posteriores), que son más capital-intensivos, necesitan más tiempo para producirse y requieren de ahorro e I+D+i previos para que se produzca la inversión del empresario, y que hacen posible un consumo cada vez más complejo y sofisticado propio de las sociedades más ricas.

A medida que los países se van desarrollando, los círculos interiores se ensanchan y los círculos exteriores se contraen porque se produce un aumento de la producción de bienes que incorporan más capital y más innovación. Por ello, son imprescindibles para lograr un crecimiento económico sano en las economías desarrolladas: tanto la acumulación del capital previo como la investigación, el desarrollo y la innovación para el adecuado impulso por los empresarios de la inversión (basada en ahorro previo) en productos y servicios de alto valor añadido.

3. Dos errores graves en contra de la estructura productiva del capital

 

Estructura productiva

De ahí el grave error que comenten los economistas keynesianos con sus políticas macroeconómicas de impulso de la demanda agregada en el corto plazo porque no tienen en cuenta la importancia de la microeconomía y, especialmente, se equivocan al pasar por alto la necesidad de que se produzca el ahorro privado previo que se requiere para que se produzca una inversión económicamente eficiente en la producción de los bienes capital-intensivos.

Teniendo en cuenta todo lo explicado anteriormente, desde el punto de vista del análisis microeconómico de la estructura productiva de un país desarrollado, se pueden extraer dos conclusiones importantes.

3.1. Primer error grave. La disminución de la inversión en I+D+i.

Por un lado, si un Gobierno reduce (o desincentiva o elimina) la inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), está cometiendo un error grave (e hipotecando el crecimiento futuro del país) porque se elimina la posibilidad de que los empresarios impulsen inversiones capital-intensivas (con know-how nacional) para la producción de los bienes de órdenes superiores, que son los que permiten aumentar el consumo y las exportaciones y, por tanto, impulsan el crecimiento económico en los países más desarrollados.

Según este razonamiento sobre la estructura productiva del capital, un ajuste fiscal del gasto público debería recortar en todas las políticas de gasto y, sin embargo, sólo en último término y cuando fuese estrictamente imprescindible, entrar a recortar en las políticas de I+D+i [1].

Evidentemente, lo anterior no quita que se establezcan prioridades, se racionalicen y optimicen programas y se logren rendimientos crecientes en el gasto de I+D+i, lo que se gestiona de un modo más eficiente desde el sector privado.

3.2. Segundo error grave. Las subidas de impuestos.

Por otro lado, si un Gobierno elimina (o bien penaliza) el ahorro con impuestos (o con legislación) sobre las personas físicas y jurídicas, está cometiendo un error grave porque se disminuye la acumulación previa de capital, que es lo que permite que se realicen las inversiones en la etapas más alejadas en la estructura de producción del capital y, por tanto, se imposibilita la realización de la función empresarial en los productos y servicios de alto valor añadido (más capital-intensivos), sin los cuales el crecimiento económico es imposible en las economías desarrolladas.

Por tanto, según este razonamiento sobre la estructura productiva del capital, un ajuste fiscal del gasto público debería realizarse solamente con recortes de las partidas presupuestarias de todas las administraciones públicas (centrales, regionales, provinciales y locales) y, en último término y después de haber agotado todas las posibilidades ejecutivas y legislativas, recurrir a los impuestos.

Como estamos viendo, los aumentos de impuestos distorsionan gravemente la estructura productiva del mercado que se basa en la previa acumulación de capital (ahorro) y en la inversión privada para permitir la realización de la función empresarial y, por tanto, impulsar el crecimiento económico.

En todo caso, subir los impuestos en la etapa recesiva de un ciclo económico resulta económicamente poco inteligente (y hasta suicida) porque, el efecto que se produce es justo el contrario al buscado, se disminuye la recaudación tributaria [2][3][4][5] y se imposibilita el sostenimiento de las cuentas públicas lo que lleva a la quiebra del Estado, salvo un rescate internacional vía BCE y FMI. Por ello, una política financiación del gasto pública tan equivocada se suele denominar espiral de la muerte o, en inglés death spiral y, desgraciadamente, pudiese ser el camino de servidumbre en el que se estaría introduciendo la economía de España.

Esperemos nuestras autoridades reaccionen a tiempo, olviden las erróneas recetas de los economistas keynesianos y modifiquen sus políticas económicas con base en los principios del crecimiento económico y, por tanto, con impulso de la estructura productiva del capital que se ha explicado en este artículo.

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Que no me toque a mí

El gobierno de Mariano Rajoy ha despertado tras seis meses de letargo con una ristra de medidas para podar el Estado y… recaudar más. Tarde y mal, como buen burócrata, ha preferido aumentar la presión fiscal y mantener en la medida de lo posible un Estado del Bienestar que no podemos financiar.

Es verdad que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades pues durante los últimos tiempos los gobiernos nos han endeudado para poder ofrecer lo que la ciudadanía les exigía elección tras elección. Se trata de la trampa democrática que en ningún caso sale gratis y, en nuestro caso particular, se ha mantenido gracias al dinero prestado del exterior. Ahora quieren que se lo devolvamos y alguno lo llama la dictadura de los mercados (sic) pero no deja de ser algo lógico, quieren asegurarse de que se les devuelve lo que nos dejaron.

Entre tanto, los recortes y ajustes han empezado a afectar a todos los sectores de la población y cada vez son más los que salen a la calle a protestar por el atraco que perpetran los políticos en sus bolsillos. Unas quejas que llegan precedidas por años de silencio en los que el cuerno de la abundancia les confería lo que creían que eran derechos irrenunciables. Lamentablemente el cuerno de la abundancia del Estado del Bienestar no tiene nada que ver con Zeus y la cabra Amaltea pero mucho con la expansión crediticia.

Bienvenidas sean si estas protestas se traducen en una sociedad que vigila y controla con celo a sus políticos oponiéndose frontalmente a los impuestos confiscatorios, en sus palabras y en las urnas. Porque el comportamiento hasta la fecha no ha sido el de una sociedad de propietarios responsables sino el de una sociedad de irresponsables dependientes de la teta estatal.

De hecho, parece más bien que la gente no quiere darse cuenta que la burbuja estatal se está desinflando y que el mundo en el que creían vivir ya no existe. La pirámide se desmorona y nadie quiere perder sus privilegios, ni los que ocupan posiciones intermedias ni los de arriba. Quienes coronan el sistema aprietan las tuercas a los que tienen abajo y estos a su vez acusan a los de arriba. Los de más abajo, los trabajadores ahorradores, no saben hacia donde mirar porque les están sacando el dinero de sus bolsillos desde diferentes posiciones. En realidad todos están dispuestos a recortar los privilegios ajenos a cambio de blindar los propios.

El Estado conlleva burocracia que lo mantiene y gestiona; no se puede mantener el Estado sin políticos ni se puede prescindir de los políticos si se pretende seguir viviendo del Estado. Son los intérpretes necesarios para mantener el sistema. La vía socialdemócrata para salir de la crisis consiste exactamente en lo que se está haciendo, redimensionar el Estado para hacerlo viable sin cuestionarlo. Entre tanto, y mientras dure, todo seguirá igual bajo el poco ejemplar principio "que no me toque a mí".

A vueltas con el IVA

Supimos que sufriríamos una fuerte subida del IVA desde el preciso momento en que Cristóbal Montoro lo negó rotundamente. Pues bien, ya la tenemos aquí: el tipo general pasará del 18 al 21%; el tipo reducido pasará del 8 al 10%; y el tipo superreducido se quedará en el 4%. Todo esto entrará en vigor a partir de 1 de septiembre.

El pretexto, el de siempre: reducir el déficit. Pero la subida del IVA no sólo no reducirá significativamente el déficit, sino que impedirá aun más la salida de la crisis. ¿Por qué? Porque dilapida la renta de los ciudadanos y/o empresas, con lo que evita que salden sus deudas y que puedan reestructurarse financieramente. Despilfarra los recursos necesarios para que la crisis se vaya superando progresivamente. El gobierno debería favorecer el ahorro privado, pero no para consumirlo él en nuevos programas de gasto público prescindibles y subvenciones a sectores, sino para que pueda ser puesto a disposición de los intermediarios financieros y, de esta manera, favorecer la inversión.

¿Y quién acabará soportando y pagando este IVA? Pues dependerá de si las empresas pueden repercutirlo en los precios o no, que dependerá del sector en el que se encuentren. Hay sectores en los que las empresas podrán trasladar la subida del IVA a los precios finales, porque en su sector hay menos competencia, porque su producto está muy diferenciado del resto y es ‘único’, porque todo el sector traslada a precios el impuesto, o porque vende sus productos únicamente a otras empresas (con lo que el IVA es ‘neutro’).

Pero no siempre es así, sobre todo en empresas muy cercanas al consumo final. En muchos de estos sectores los empresarios no podrán repercutir el 100% de la subida al consumidor debido a que la gente no consumirá lo mismo (ya sea porque se decantará por productos ‘sustitutivos’ o porque la competencia decidirá no trasladará el impuesto a los precios), con lo que deberán absorber el incremento del impuesto ellos mismos, con las consiguientes pérdidas y reducciones de márgenes. En algunos casos eso significará una pérdida de competitividad y la descapitalización de la empresa, y en otros casos se traducirá en el cierre de la empresa y la destrucción de empleo.

Pague quién pague finalmente este impuesto, la sociedad se empobrecerá en su conjunto y la salida de la crisis será cada vez más difícil, costosa y dolorosa.