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Comulgar con ruedas de molino

Si hubiera que señalar la nota principal del sistema partitocrático, una subespecie de dictadura que durante treinta y cuatro años ha regido los destinos de España, ésta sería sin duda la falta de transparencia de la política. Resulta extraordinariamente difícil analizar cuáles son las razones reales de las decisiones con trascendencia pública que toman los políticos que se erigen en representantes de un país que, según las últimas estadísticas oficiales, cuenta con una población nacional de casi cuarenta y dos millones de habitantes.

Es un sistema apoyado en la perduración de numerosas mentiras sobre su origen, su legitimidad y la propia historia del país sobre el que se asienta; donde, no por casualidad, los políticos de la generación que se encontró con el poder después de la muerte del dictador Franco se llenaron la boca de frases grandilocuentes a propósito de la libertad y la democracia al mismo tiempo que construían un poder endogámico, cuyas bases se sustentarían en la cooptación de sus oligarcas. Las prescripciones de la malograda Constitución española de 1978 (art. 6) en el sentido de que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos debían ser democráticos ha tenido que suscitar carcajadas espasmódicas en las direcciones de los que componen el espectro político español. Grandes y pequeños. Nacionales y nacionalistas. Izquierdistas y derechistas.

En realidad, la dinámica de su funcionamiento (por no hablar de los sindicatos) se asemeja al centralismo democrático promovido por Lenin y sus secuaces. En este caso ese modelo de asociación disciplinada y sectaria buscaría el asalto al poder del Estado del (mal llamado) bienestar. Una forma de gobierno que cuenta con increíbles resortes de coacción sobre los individuos (¿no se propone hacerlos felices y saludables?) y que, como vía intermedia entre el socialismo y el liberalismo, bascula entre una y otra inspiración. Sin embargo, propende a la expansión del poder omnímodo del Estado en virtud de la clásica paradoja del intervencionismo vislumbrada por Mises.

Por otro lado, las relaciones de estos clanes entre sí y con la sociedad nunca se presentarían claramente ante la opinión pública y los tratos y apaños que considerasen necesarios para su supervivencia quedarían ocultos bajo un manto de impostada oficialidad. Cuanto más se repite que el parlamento constituye el centro de la vida política, menos debates serios se dan en él. Las ruedas de prensa hace mucho tiempo que no ponen en aprietos a los políticos. Bien es cierto que los maestros en este arte del engaño, los que han llevado la iniciativa de casi todos los desmanes acaecidos durante estos años, se han agrupado en torno a las siglas del PSOE. Resulta pasmosa la osadía y la temeridad con la que sus líderes transgreden las leyes de una manera u otra. Como pueden transitar del crimen de Estado contra los terroristas políticos a apoyarse en esos mismos terroristas para urdir una trama de apoyos externos a su grupo que les permita detentar el poder. O al menos ser la fuerza decisiva de todos los asuntos públicos. Por supuesto siempre subvirtiendo la legalidad en su propio beneficio.

Vienen al caso estas reflexiones a cuenta de la larga maceración del pacto con la ETA perpetrado por el gobierno con la aquiescencia del supuesto partido de la oposición. La pasada semana –un mes exactamente antes de la celebración de las elecciones generales– tenía lugar el penúltimo acto de este cambalache urdido en las bambalinas del poder político copado por unos pocos. La escenificación tiene ribetes de burla cruel. Solo unos malvados pueden ser los guionistas de esta farsa. Inmediatamente después de la celebración de una reunión con observadores internacionales, y nada menos que blandiendo el poder de la diputación foral de Guipúzcoa como evidente contraprestación anterior, los sempiternos encapuchados de la ETA, erigidos en representantes únicos de unos cuantos españoles –y de algunos franceses– como son los vascos, transmiten su decisión de dejar de matar y extorsionar porque, dicen, está en marcha un proceso de superación de un conflicto del que no ofrecen demasiados detalles. Sin embargo, piden (¿?) a los gobiernos de España y Francia la apertura de un proceso de diálogo directo para resolver "las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada".

Utilizan el típico lenguaje codificado tan común entre otros grupos marxistas que consideran el crimen como una faceta más de la lucha política. Como no cabía esperar menos, dado el largo tiempo de preparación de esta pantomima, se sucedieron las reacciones oficiales de la otra parte en ese conflicto virtual, perfectamente sincronizadas y de una pasmosa simetría.

Es difícil de prever las últimas consecuencias de este juego macabro de pillos. ¿Se producirá la temida "balcanización" de España? No creo que ningún grupo terrorista de los surgidos en Europa occidental en los años sesenta del pasado siglo pudiera haber soñado con conseguir un tratamiento igual al que han conseguido los etarras. Un trato basado en la infame mentira de considerar a las víctimas de sus crímenes como a los damnificados de una catástrofe natural o un accidente. Y, lo que es todavía más siniestro, por el que van a obtener, cuando menos, una sustanciosa cuota de poder estatal y la suelta de sus pistoleros de las cárceles como si se tratara de prisioneros de guerra. No comulgo con ruedas de molino.

La distancia que hay del Camp Nou a California

Dentro de ocho meses, comer foie en California será ilegal. Según una ley firmada en 2004 por el gobernador republicano Arnold Schwarzenegger, no sólo criar animales para este fin estará penado, sino que incluso traer el producto de fuera de sus fronteras para consumirlo dentro estará perseguido por la legislación. Los argumentos utilizados son los clásicos en la defensa de los animales: es una crueldad lo que se hace con las ocas y nadie debe disfrutar a costa del sufrimiento de otro ser vivo.

La medida es sorprendente por su carácter liberticida y porque con argumentos similares se podría prohibir casi cualquier otro alimento de origen animal. Es evidente que vacas, cerdos, pollos o corderos sufren (si se puede utilizar este verbo humano para referirse a un animal) para proporcionarnos alimento y placer. Algunos dirán que es una exageración pensar que se va a ilegalizar el consumo de carnes y pescados, pero una vez que le abrimos la rendija a la intervención estatal, nadie es capaz de imaginar adónde llegará su intrusión.

En España, décadas de intervencionismo público nos habían habituado a aceptar con más o menos resignación cualquier tipo de legislación caprichosa que se le ocurriera al político de turno. Cualquier alcalde, presidente autonómico o ministro sólo tenía que encontrar una excusa (nuestra salud, el bienestar de nuestros hijos, nuestra seguridad…) para imponernos una nueva obligación y una nueva forma de control. Hasta hace poco, sólo el tiempo de ocio estaba casi por completo libre del asfixiante abrazo del Estado. Como esto era intolerable, las comunidades comenzaron a sacar normas que prohibían la compra de alcohol a determinadas horas (las leyes antibotellón) y luego el Gobierno decidió establecer por su cuenta dónde se podía fumar y dónde no. Poco falta para que se metan también en qué alimentos podemos o no comer.

Pensaba en todo esto el otro día cuando me encontré con la noticia de que el F. C. Barcelona había prohibido fumar en el Camp Nou. La asamblea de socios había decidido en votación que su estadio será a partir de ahora un lugar libre de humos. Por curiosidad, entré en algunos de los foros de internet asociados a la noticia y allí me encontré con profundas discusiones sobre la medida, sobre si se puede prohibir fumar al aire libre, sobre los beneficios que ha aportado en estos meses la ley antitabaco o sobre lo que molesta el humo de un puro durante un partido de fútbol.

Aunque en parte me lo esperaba, me pareció muy preocupante lo que encontré en estos foros. Los argumentos utilizados a favor y en contra de la decisión de los socios del Barça son prácticamente los mismos que se emplearon cuando entró en vigor la Ley Antitabaco hace casi un año. Casi todos los que se posicionaban a favor de la normativa estatal aplaudían también la medida de auspiciada por Sandro Rosell. Y al revés, los críticos de una también lo eran de la otra.

El problema es que una cosa y la otra no tienen nada que ver. La distancia que separa las dos medidas es mayor que los 9.660 kilómetros que hay entre Barcelona y Los Ángeles.

Yo no sé lo que habría hecho si hubiera sido socio del Barça. Por una parte me parece un poco exagerado prohibir fumar al aire libre; por otra, he sufrido la molestia de tener a un fumador de puros a mi lado a lo largo de las dos horas que dura un partido y no es agradable. Lo que sí que tengo claro es que no tengo nada que decir sobre una votación de los dueños del F. C. Barcelona acerca de lo que se puede o no se puede hacer en su estadio. Es como si prohibieran ir de amarillo porque da mala suerte o servir productos derivados del cerdo en sus bares. Cualquiera de las dos decisiones podría parecerme una estupidez o una concesión absurda a lo políticamente correcto, pero están en su derecho de fijar las normas que se aplican en su propiedad.

De hecho, pocos días después me encontré esta otra noticia. Algunos fumadores están pensando en impugnar el acuerdo de la asamblea azulgrana porque según una Ley autonómica "sólo el Parlament" está capacitado para prohibir fumar en espacios abiertos. Es el colmo: no sólo prohíben ellos, sino que prohíben a los demás que prohíban en su casa lo que les dé la gana. Los mismos que criticamos la Ley Antitabaco o la Ley Anti-Foie de California debemos defender el derecho del F. C Barcelona a impedir que se fume en su estadio. En realidad, el principio que subyace es el mismo: la defensa de la propiedad privada y de la autonomía del individuo a tomar decisiones sobre su vida.

Lo preocupante no es que el Estado se tome licencias que no le corresponden. Siempre lo hizo. Lo que nos debe aterrar es la condescendencia con que el ciudadano medio lo admite. Incluso aquellos que detestan la forma en la que se mata a las ocas o el olor del tabaco deberían estar en contra de estas leyes. Puede que ahora les gusten sus resultados, pero una vez que han dejado entrar al ogro del intervencionismo, les será muy difícil hacerlo salir.

Posdata: no es casual que esta Ley del Foie se haya aprobado en EEUU y que sea apoyada por demócratas y republicanos por igual. A muchos nos apasiona este país, su historia de libertades y la promesa de sus fundadores de construir "una ciudad sobre una colina" en la que los hombres libres pudieran vivir. Sin embargo, no debemos ignorar que de unos años a esta parte, casi todas las normas liberticidas han surgido allí y se han extendido después al resto del mundo (absurdos excesos de seguridad en los aeropuertos, antitabaco, cuotas, discriminación positiva…). Puede que sigan teniendo una economía más desregulada que la europea, que su mercado de trabajo sea más flexible y que sus ciudadanos sean más conscientes de este ataque a sus libertades. Pero no nos engañemos, el poder político norteamericano es tan asfixiante como el europeo y su afán controlador no deja atrás al de los burócratas del Viejo Continente.

Nación, estado y libertad

Este es el título de la última Reunión Mont Pelerin, celebrada en Estambul, a la que he tenido la oportunidad de asistir este mes de octubre. Se trataba de un Special Meeting, bastante enfocado hacia los retos que afrontan los países del Este de Europa y del Cercano Oriente. Por lo menos, en cuanto al origen de los asistentes, ya que -además de Turquía, el país anfitrión- había gente de Kirguistán, Siria, Azerbaiyán, Kosovo, Tayikistán, Montenegro, Rusia, Bulgaria, Georgia, Ucrania, Serbia, Kazajstán, Polonia, Rumanía, Lituania o Bulgaria. Muchos de ellos, por cierto, gente joven.

El congreso organizó luego un encuentro menor para tratar el problema de la libertad en los países árabes, ya que asistieron también personas de Marruecos, Egipto, Jordania, Palestina (creo que no había ningún israelita), Malasia, Pakistán o Arabia Saudí. Por supuesto, entre los doscientos cincuenta asistentes había muchos norteamericanos (EEUU), de Canadá, y unos pocos representantes europeos. Hay que decir que solo estábamos apenas cuatro hispanoparlantes de origen: el matrimonio Alfaro, de la UFM, Gonzalo Melián y yo (o sea, ¡el IJM y la Marro!). En fin, siento haberme alargado con este descriptor geográfico; pero no va mal echar un vistazo al mapa de los institutos liberales por el mundo…

Con el rigor en el control del tiempo de las exposiciones que es característico de la MPS (¡ni un minuto más allá de lo previsto! Ojalá se extienda esta costumbre), estuvimos escuchando conferencias en torno a la libertad individual, los límites del Estado o el dilema del multinacionalismo. Tal vez, por la mayor cercanía con los problemas españoles, seguí con atención esta Mesa, en la que hablaron un profesor de Historia (Stephen Davies, del IEA en Londres), un filósofo (Chandran Kukathas, de la LSE) y el Director Ejecutivo de la Free Market Foundation en Sudáfrica (Leon Louw).

Este último reflexionaba sobre la paradoja del multinacionalismo (algo que conoce bien por razones obvias): mientras que en teoría los estados multinacionales podrían conducir mejor a la libertad, porque requieren mayores mecanismos de respeto y comprensión entre las minorías, la realidad histórica nos muestra una gran cantidad de ejemplos en los que ha sido más frecuente el abuso de unas minorías sobre el resto. Por eso concluía que el multinacionalismo en muchas ocasiones reduce la libertad. Mientras que en las sociedades homogéneas ésta se consigue con mayor naturalidad.

Todo ello me recordaba esa obsesión tan frecuente (entre los nacionalistas de nuestro país) por buscar elementos diferenciadores en una sociedad que siempre ha sido más homogénea de lo que se quiere pensar. La imposición de un nacionalismo forzado no impulsa la libertad, más bien la constriñe. Es el típico caso de unas minorías que acaban abusando de su poder, incluso reeducando a las nuevas generaciones (de manera que con el tiempo ya empiezan a ser mayoritarios); predican un multiculturalismo, pero en realidad expulsan de su territorio a los que no piensan como ellos. Lo que, desde esa aparente perspectiva de múltiples opciones, empobrece la diversidad ya que los otros terminan por marcharse del país de manera forzada. Habría que hablar aquí de una homogeneidad que no produce libertad, ya que ha sido impuesta desde la falsa prédica del multinacionalismo…

En su paper, Leon Louw advierte que es un error pensar que las leyes que promueven la diversidad mejorarían siempre la libertad. Y apoya esta idea con el Index of Economic Freedom de la Heritage Foundation. Los países más homogéneos tienden a estar en la cabeza del ranking (con la excepción de Suiza que, una vez más, “confirma la regla”). Entre las posiciones finales se alternan, por otra parte, países aparentemente multiculturales (como algunas caóticas naciones centroafricanas) con férreas dictaduras monolíticas, como el caso de Corea del Norte.

Como posibles soluciones, Louw proponía una reflexión en torno al federalismo y la devolution (no soy capaz de traducir esta palabra: es algo así como llevar el poder a los niveles más bajos de la organización social). Recordando que la organización federal tampoco supone per se una mayor libertad, sin embargo estaría de acuerdo con la postura de Mises sobre la necesidad de reducir los poderes del Estado ofreciendo a la población muchos estadios intermedios que les permitan tener mayor capacidad de elección, un control más directo sobre las cosas que les atañen, etc.

Termino con alguna referencia a dos autores que tal vez les resulten más conocidos. Samuel Gregg (Acton Institute) expuso un consistente y reflexivo alegato a favor de la libertad religiosa como una de las maneras de reducir el peso de los estados. Y con una interesante llamada de atención contra el peligroso secularismo, que con la excusa de una falsa libertad en realidad restringe el ejercicio de la opción religiosa personal.

Por su parte, Peter J. Boettke (George Mason University) tituló la conferencia con una pregunta (Is State intervention in the Economy inevitable?), que respondía en seguida: “No, la intervención del Estado en la economía no es inevitable”. Aunque nos avisaba de que es algo frecuente y, por lo tanto, probable. Su charla discurrió en la línea de resaltar las cuatro aparentes excusas para la intervención pública: los monopolios, las “externalidades”, los public goods (bienes públicos) y la inestabilidad macroeconómica. Ciertamente, no toda la intervención estatal es mala; solamente aquella innecesaria o arbitraria (aunque, lamentablemente, ambas suelen ser bastante frecuentes). Así, una intervención demasiado constante del Estado en la economía de libre mercado puede considerarse como una de las causas de la presente crisis, unida a la irresponsabilidad fiscal y el desorden monetario. Por lo que reclamaba una vuelta a los argumentos clásicos del liberalismo sobre el control de la acción estatal. Y con una llamada a la responsabilidad personal, que me parece muy adecuada en estos tiempos.

Laura Pollán, víctima del comunismo castrista

El fallecimiento de la valerosa dama de blanco Laura Pollán ha llenado de tristeza a todos los cubanos que luchan por la libertad y a quienes nos sentimos próximos a ellos. Bajo su amable sonrisa y la dulzura de su trato, tenía una gran fortaleza que hizo de ella una de las líderes de las valientes damas de blanco que se convirtieron en un símbolo vivo de la resistencia al totalitarismo de los hermanos Castro. Con el encarcelamiento de 75 opositores y periodistas independientes en 2003, la tiranía comunista no logró silenciar esas voces que clamaban por liberar a los cubanos. Tan sólo consiguió cambiar las caras de la oposición.

Los militantes políticos de la disidencia, los activistas de derechos humanos y los periodistas independientes encarcelados en aquella ocasión fueron sustituidos por un grupo que la dictadura no podía imaginar y que se convirtió en uno de sus mayores quebraderos de cabeza: las Damas de Blanco. Durante los más de siete largos años que aquellos opositores pasaron en prisión, sus mujeres, madres, hermanas e hijas se convirtieron en una presencia visible con sus valientes marchas por las calles cubanas para reclamar la libertad de sus familiares injustamente presos.

La dictadura se encontró con algo que no podía imaginar que existiera: sociedad civil en Cuba. Las Damas de Blanco son, en efecto, sociedad civil en estado puro. Son un grupo de ciudadanas unidas de forma voluntaria con un objetivo común, que en este caso es el más noble que puede existir: la libertad. Y lo que consiguieron tiene un mérito difícil de medir. Sus marchas con gladiolos en la mano lograron concienciar a gran parte de la opinión pública mundial sobre el horror de la tiranía castrista. Y lo hicieron a pesar de los insultos y agresiones que sufrían procedentes de los agentes del régimen comunista. Tal fue el pulso que echaron a los hermanos Castro que su constante actuación fue una de las claves que explican la excarcelación de los miembros del Grupo de los 75.

Entre aquellos liberados tras más de siete años y medio en prisión, está el marido de Laura Pollán, Héctor Maseda. Sin embargo, la alegría duró poco. La portavoz de las Damas de Blanco falleció este fin de semana, víctima de graves problemas de salud. En sentido estricto, no fue asesinada por el castrismo, pero sí es una víctima de este régimen comunista.

Durante su largo periodo como cara visible de las Damas de Blanco, sufría numerosos cortes en el agua corriente de su casa. Esto último es algo común para muchos cubanos, pero en su caso le ocurría incluso cuando sus vecinas sí disponían del líquido elemento accesible en sus grifos. Esto tiene, no puede ser de otra manera, un efecto negativo en la salud de cada persona. Súmese el daño que supone para cualquier ser humano la tortura permanente del encarcelamiento injusto, en unas prisiones con unas condiciones infrahumanas, de un ser querido.

Su salud no pudo dejar de resentirse. La neumonía se juntó con el dengue y una diabetes que supusieron una mezcla mortal. Para hacer frente a todos estos problemas de salud tan sólo contó con la sanidad pública cubana. Aunque en este caso no se hiciera como con otros disidentes y se pusiera todo el empeño por salvarla, el sistema sanitario cubano es lo contrario de lo que cuenta la propaganda. Para quien no es un alto dirigente, los recursos son muy limitados y las condiciones son pésimas. Cualquier problema de salud que puede ser tratado con facilidad en otros lugares, en Cuba se agrava hasta puntos difíciles de imaginar.

La dictadura es incapaz, y tal vez no esté interesada, de dar el tratamiento médico adecuado a los cubanos. Ha destruido su propio sistema sanitario. Por tanto, muchos de los cubanos que fallecen tras ser atendidos en los hospitales de su país son víctimas del comunismo castrista. Entre ellos está Laura Pollán, la valiente Dama de Blanco.

¿Cómo poner en apuros a dos flamantes Premios Nobel en Economía?

Hace un par de semanas concedieron el Premio del Banco Central de Suecia en memoria de Alfred Nobel (lo que viene a llamarse Premio Nobel en Economía) a Chris Sims y Thomas Sargent, por sus contribuciones a la macroeconomía en la línea de los modelos de expectativas racionales de la Nueva Macroeconomía Clásica. En Libre Mercado escribí un artículo haciendo un breve, y por supuesto incompleto, perfil de los premiados y de algunas de sus ideas. Los interesados en saber más sobre ellos pueden acceder a los enlaces del artículo.

En primer lugar quisiera matizar el titular del artículo, "Los nuevos Nobel de Economía, grandes críticos de Obama y el keynesianismo". El titular se justifica por las críticas de hace un año que Sargent (desconozco si Sims también las criticó) vertió sobre los planes de estímulo fiscal de Obama, y porque el programa de investigación de ambos asestó un nuevo golpe -después del monetarismo- al programa Keynesiano.

Aunque, como dice Tyler Cowen, los premiados puedan considerarse en general dentro del campo de economistas pro-mercado, son economistas académicos que poco se mojan en general y meten en política: "es un error ver su trabajo desde el prisma de la política". No obstante, el premio sí puede considerarse sin miedo como "No-Keynesiano".

Tras el galardón a Sims y Sargent, éstos dieron la conferencia de prensa pertinente, donde los periodistas preguntan a los premiados sobre las cuestiones de más actualidad e interés público. Al ser economistas especializados en macro, las preguntas, al menos las primeras, no sorprendieron demasiado. Se presupone que deben de tener un conocimiento e ideas interesantes sobre el estado actual de la economía norteamericana.

La primera vez que vi el vídeo no di más importancia a las "respuestas" de los flamantes Nobel a la pregunta sobre su opinión respecto a las políticas del gobierno y banco central para aliviar la crisis. Pero Peter Schiff pone algunos puntos sobre las íes en este vídeo.

En la entrevista telefónica que le hicieron tras anunciar el galardón, Sims afirmó que su trabajo tenía implicaciones para encontrar una salida a la situación actual, aunque dijo que la respuesta a estas cuestiones está lejos de ser sencilla.

A la pregunta de la prensa respecto a las medidas tomadas hasta el momento, Sims respondió que precisamente su programa de investigación (por el que han recibido el Nobel) consiste en analizar sesudamente gran cantidad de datos, por lo que el periodista no podía esperar de ellos que respondieran así, a "bote pronto". Vamos, que evadió la pregunta sin mucho disimulo. Sargent no fue mucho mejor cuando dijo que "tenía poco que añadir a lo dicho por Sims" y luego con toque humorístico dijo: "pensaba que iban a preguntar sobre Europa".

Schiff es muy crítico con la reacción ante la pregunta: "¿cómo que a bote pronto? ¿Es que no han pensado y se han matado la cabeza en estos años de crisis sobre esta pregunta tan básica y clave? ¿Es que, pudiendo hacerlo, no se han parado a analizar los datos, teniendo en cuenta que ahí podría estar, según su enfoque, la respuesta a los problemas actuales?".

En realidad no creo que, como parece sugerir Schiff, no hayan pensado en la que ha caído y está cayendo y en las propuestas para salir de aquí. Las críticas de Sargent a los estímulos de Obama a las que me refería, por ejemplo, sugieren que sí han pensado sobre ello, y que, al menos Sargent, tiene una opinión al respecto. Quizás simplemente no quisieron responder a la pregunta por no comprometerse y evitar polémicas.

Una reflexión última. Una cosa es ser humilde y modesto siguiendo la advertencia de Hayek sobre el premio Nobel –cuando dijo que "El Premio Nobel confiere sobre un solo individuo una autoridad que en economía ningún hombre debería poseer"-, pero otra muy distinta es no tener casi nada que decir sobre asuntos de gran relevancia práctica para tu propio país y que no están demasiado lejos de tu especialidad -comprendería perfectamente que un microeconomista no quisiera responder a cuestiones de macro, aunque pienso que encerrarte en tu campo de especialización es limitarse-.

Cantones, fueros y ciudades-estado

El modelo cantonal suizo es todo un ejemplo de descentralización política y fiscal, al igual que los históricos fueros españoles o las más recientes ciudades-estado. Estas tres formas de organización territorial tienen un punto en común: la fragmentación del monopolio gubernamental en pequeñas unidades muy próximas y cercanas a sus residentes y, por tanto, bajo la atenta mirada del contribuyente.

Y es que el poder real del Estado no radica tanto en el monopolio del uso de la fuerza sino, más bien, en su capacidad para acaparar, sin competencia alguna, los recursos tributarios de una determinada población delimitada territorialmente. En este sentido, la fiscalidad viene a ser la sangre del organismo estatal. Sin recursos económicos, ya sea de forma indirecta (impuestos) o directa (posesión de los medios de producción y de sus habitantes), su capacidad para ejercer el uso de la fuerza se debilita.

En este sentido, al igual que para combatir la corrupción suele aducirse desde el liberalismo la necesidad de limitar a la mínima expresión los ámbitos de actividad en los que es precisa la intervención gubernamental, a nivel territorial podría argumentarse, igualmente, la posibilidad de reducir a pequeños núcleos geográficos la actuación fiscal del estado. En este sentido, el federalismo e, incluso, el municipalismo -al estilo de los cantones suizos- darían como resultado un sistema político-estatal mucho más favorable a la libertad individual que el gran poder centralizado propio del tradicional estado-nación. Como dato curioso, cabe señalar, por ejemplo, que Suiza carece de primer ministro o jefe del Estado. Su Gobierno adopta la forma de un órgano colegiado, formado por siete ministerios con idéntico poder (un ministro, un voto), pero la mayor parte de las competencias (fiscales inclusive) son desempeñadas por cada cantón.

Asimismo, dentro del modelo foral es la provincia y no el Gobierno regional el principal ostentador del poder fiscal. Así, en el País Vasco, por ejemplo, las diputaciones son las encargadas de recaudar los principales tributos. Algo similar acontece con las ciudades-estado, configuradas a modo de provincias o municipios con potestad impositiva plena. Es evidente que España precisa reformar de forma profunda su actual modelo territorial. Unos abogan por regresar el modelo centrípeto, otros defienden el actual sistema autonómico y algunos reivindican la necesidad del federalismo e incluso la secesión. Curiosamente, éstos últimos, que tan legitimados se sienten para declarar de forma unilateral la independencia de pueblos enteros y la anexión de territorios ajenos, rechazan de plano la secesión dentro de las fronteras que reclaman para sí, lo cual evidencia su ansia totalitaria.

Pero, curiosamente, dentro de todo este debate político se ha olvidado por completo la posibilidad de avanzar hacia un municipalismo o provincialismo real, en el que cada ente goce de potestad plena para recaudar impuestos al estilo cantonés, de modo que sean éstos quien en última instancia financien al estado para el desempeño de una funciones mínimas, y no al revés, tal y como acontece ahora.

Inmoral rendición del Estado ante la coacción de los terroristas

Hoy, lunes 17 de octubre de 2011, se escenificará en San Sebastián una inmoral conferencia internacional, auspiciada por el socialismo y aplaudida por el nacionalismo, que pretende que un Estado democrático y multipartidista se rinda y negocie en igualdad de condiciones con los terroristas de ETA que han asesinado hasta la fecha a 858 personas, quemado negocios, extorsionado a empresarios, coaccionado municipios, perseguido a familias no-nacionalistas y han logrado que cerca de 300.000 ciudadanos hayan huido en diáspora hacia otras regiones de España en donde su derechos fuesen garantizados por las instituciones.

A aquellos que duden de la inmoralidad de los terroristas y de sus cómplices internacionales, les invito a que visiten In Memoriam para que no olviden nunca lo inolvidable, que existen víctimas que merecen memoria, dignidad y justicia.

Lo que podremos constatar con el intento de maquillaje político de los actos terroristas es que los políticos intervencionistas han olvidado el significado real del concepto de Ley, ya que su relativismo y su carencia de valores morales les impide concebir que existen límites que no se pueden rebasar en una democracia, algo que:

…tiene mucho que ver, pues, con el declive del derecho privado (en el que Hayek, al estilo anglosajón, incluye el derecho penal) y con el auge del derecho público, en el continente sobre todo…porque la ley se entiende como instrumento del poder y no como su límite.

La profesora Paloma de la Nuez, en su excelente libro La Política de la Libertad (Unión Editorial, 2010: páginas 244 y 245), comenta lo anterior a propósito del pensamiento político de Friedrich A. Hayek respecto de la decadencia del Estado de Derecho.

De hecho, un Estado de Derecho, digno de tal nombre, existe sólo cuando las instituciones respetan y protegen los derechos a la vida, a la propiedad, a la libertad y a la igualdad ante la ley de los ciudadanos, dado que son instituciones morales inmanentes e inseparables de la naturaleza del hombre libre. Los derechos individuales son responsables de la LIBERTAD, escrita con mayúsculas y, por tanto, son más importantes que la propia democracia.

De las premisas anteriores se deduce que el triunfo del Estado de Derecho en España incluye un respeto irrenunciable por los derechos individuales de las víctimas del terrorismo con los que no puede jugar ningún Gobierno ni ningún Parlamento. Lo anterior significa que es imprescindible una disolución incondicional y absoluta del grupo terrorista ETA y una solicitud expresa de perdón a las víctimas de su barbarie, como pasos previos para poder recibir, años después, cierta clemencia en donde un Ministerio de Justicia debiera siempre preguntar por el consentimiento previo de las víctimas que fueron objeto de la barbarie criminal.

Una sociedad civilizada se caracteriza, esencialmente, por el respeto de las instituciones y de la mayoría de la población hacia los derechos individuales y por la lucha contra la violencia con una aplicación estricta del Código Penal para castigar a los delincuentes y, entre ellos, especialmente a los asesinos.

Por dichos motivos, es una auténtica irresponsabilidad permitir que los terroristas, sin haber abandonado definitivamente las armas, sin renunciar a la violencia y sin interiorizar las reglas del juego democrático, puedan participar en elecciones democráticas, acceder a los datos fiscales de los contribuyentes españoles, gobernar ayuntamientos y diputaciones, obtener escaños en un Parlamento, recibir fondos públicos y seguir buscando su utopía, haciendo uso de las propias instituciones democráticas para seguir coaccionando a los ciudadanos de bien.

Sin embargo, sería un error político aún mayor, imperdonable por la inmensa mayoría de los españoles de bien, que se negociase y se diese interlocución oficial a la banda terrorista ETA junto con concesiones mayores en materia penitenciaria porque, al día siguiente, estarían solicitando reclamaciones en materia política al recibir del Estado réditos al uso de la violencia. Significaría no comprender la naturaleza psicopática e inmoral con la que actúan los terroristas y daría nuevos bríos al uso del terror contra los ciudadanos para conseguir utopías nacionalistas, comunistas, islamistas o de cualquier otro tipo de colectivismo.

Es una esperanza que, tal y como reflejaba ayer la encuesta de NC Report para el diario La Razón, un 81,6% de los españoles exigen la derrota de ETA y que se produzca un final digno, lo que sólo se producirá si se respetan las leyes y los terroristas no obtienen contrapartidas políticas como consecuencia del cese de su violencia.

Cuando se observan el terrorismo y los comportamientos inmorales de muchos políticos, conviene recordar el libro Camino de Servidumbre del genial Hayek y su célebre dedicatoria a los socialistas de todos los partidos, porque nos recuerda la importancia de luchar y no rendirse frente a las amenazas totalitarias, actuar con contundencia desde las instituciones democráticas y no hacer concesiones que hagan triunfar la violencia.

Sin embargo, como ejemplo de moral y apego a los derechos de las personas, los millones de ciudadanos que distinguimos entre el mal y el bien, respaldamos la labor de las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo (1, 2) y apoyamos sus movilizaciones, mostrando nuestro más sincero agradecimiento a las personas que contribuyen a mantener viva la llama de la LIBERTAD entre todos los españoles: Memoria, Dignidad y Justicia.

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Adiós al adiós al petróleo

La idea de que nos quedaremos sin recursos es muy vieja, pero ha tenido momentos de auténtico esplendor. Tuvo mucho predicamento en los años 70 y ha vuelto con fuerza en los últimos años. Períodos ambos marcados por la crisis económica y la inflación, que lleva a los precios de los recursos a niveles muy altos. La escuela técnica, o ingenieril, o más bien estática de los recursos ve la subida de precios como un indicador de que hay una escasez creciente, que se ve como resultado ineluctable entre un numerador fijo, la cantidad de los recursos, y un denominador creciente, la población más la demanda añadida por la mayor prosperidad. Estas ideas han sido desmentidas muchas veces. No sólo por las ideas, sino principalmente por la historia.

Pero el veredicto de la historia, aunque debemos tenerlo en cuenta para hacer un juicio sobre la adecuación de nuestras propias ideas (y de las ajenas, claro está), no puede servirnos como ilustración de una ley inmutable, porque siempre se podrá decir desde la visión estática de los recursos que esta ocasión sí es la buena. Por eso es necesario recordar las ideas que demuestran que esa visión de los recursos es errónea. Y por eso es oportuna la publicación del libro The Quest, “La Búsqueda”, que ha escrito uno de los principales expertos en la materia, Daniel Yergin.

Yergin, en un profuso repaso por la situación de la energía y del petróleo en el mundo, echa abajo una vez más la idea del pico del petróleo. La idea de que hemos alcanzado un máximo en la producción del petróleo al que no volveremos jamás y que, en consecuencia, nos enfrentamos a un futuro con menos petróleo. Yo mismo he hecho varias críticas a esa idea. Una de ellas es la vuelta al argumento de que la historia no presupone la evolución futura: el que estemos en un tramo descendiente no prueba por sí solo que pueda haber más tramos ascendentes en el futuro. Otra es que se pueden extraer cantidades decrecientes de petróleo y aun así obtener más y mejores servicios del petróleo que produzcamos por la mejora de los rendimientos. Otros varios procesos que pueden ponerse en marcha: La caída en el consumo, el estímulo a los nuevos descubrimientos o la sustitución de ese recurso por otro.

La prueba de que el hecho de que un pico pasado no presupone que no vaya a haber cumbres más altas en el futuro es que picos del petróleo ha habido ya varios. Yergin hace referencia al de 2005, que luego debió retrasarse hasta dos años después. Como la curva de la producción se resiste a mirar hacia abajo, luego se ha fijado en 2011. Ya se habla de que llegará antes de 2020. Yergin apunta que se extrae petróleo por la tecnología tradicional de un 35 a un 40 por ciento del total. El número de nuevos pozos ha caído, pero la mayoría de la nueva producción, apunta Yergin, no proviene de éstos, sino de la mejor explotación de los ya existentes. Se calcula que en el mundo se ha extraído desde el Siglo XIX un billón de barriles y que hay todavía al menos cinco billones de los cuales 1,4 billones son, con los métodos actuales, técnica y económicamente explotables.

Esta cuestión es muy importante por un motivo muy claro. Los profetas del peak oil siempre hablan de un futuro de escasez más o menos inmediato; desde luego en un plazo que comprende la vida de la gran mayoría de nosotros. Eso es importante porque de otro modo no tendrían la opción de asustarnos, que es el objetivo político más allá del análisis que hagan de la situación.

Pero si tenemos, con lo que sabemos hoy y con las tecnologías de hoy, un 40 por ciento más de petróleo accesible del que ya hemos consumido desde mediados del siglo antepasado, y podríamos ampliar la cantidad de petróleo explotable si mejoramos la tecnología, está claro que tenemos aún muchas décadas por delante de consumo de petróleo, incluso aunque lo devoremos a ritmos crecientes. Ese espacio de tiempo es esencial; mucho más importante de lo que puede parecer. Porque nos da un amplio margen a que se produzcan cambios muy importantes en la producción y el consumo de la energía. No queremos petróleo. Ni siquiera queremos gasolina. Lo que queremos es que un coche nos desplace de un lado a otro. Y si eso se puede hacer con cantidades más pequeñas de los derivados del petróleo, o incluso sin ellos porque hemos logrado la combinación perfecta entre la energía nuclear y el coche eléctrico, todo eso que hemos ganado. Y con ello volvemos a ampliar el margen antes de que se agote el petróleo.

Por eso lo esencial no es detener el sistema capitalista, sino por el contrario permitir su libre juego. Porque así los precios recogerán la situación de la escasez relativa, la transmitirán al conjunto de la economía y esto nos permitirá adaptar nuestro comportamiento, mientras los empresarios ponen en marcha todos esos procesos que nos alejan del frío futuro sin petróleo que todavía predicen algunos.

Praxeología e Historia: diferencias

Las ciencias de la acción humana se dividen en dos ramas principales: la Praxeología y la Historia[1]. A esta distinción podemos denominarla dualismo metodológico de segundo orden. La diferencia básicamente está en que utilizan dos procedimientos metodológicos diferentes: la Historia sigue el método timológico de "comprensión" (Verstehen) mientras que la Praxeología sigue el método praxeológico de la "concepción" (Begreifen). Mientras que la comprensión timológica es a posteriori, la Praxeología es a priori. ("Timología" se deriva del griego thymos, que Homero y otros autores usaron para referirse al centro de las emociones y a la capacidad mental del ser vivo, que hace posible el pensamiento, la voluntad y el sentimiento).

Praxeología

La Praxeología estudia la acción humana en general, desde el punto de vista de sus implicaciones formales. La captación interna, a modo de introspección, de nuestro actuar, nos brinda la categoría a priori de lo que es la acción humana, como intento deliberado de pasar de una situación menos satisfactoria a otra que lo es más[2].

Interesa destacar que su método es el de la "concepción" o pensamiento conceptual y deductivo. Se refiere "a cuanto es obligado en toda acción humana. Implica invariablemente manejar categorías y conceptos universales".

Historia

La historia consiste en la recolección y sistematización de todos los datos de experiencia de la acción humana. Estudia las acciones humanas específicas en el tiempo y lugar. Trata el contenido concreto de las acciones de los hombres en el pasado. Carece, por tanto, de leyes. Examina las empresas humanas en toda su multiplicidad y variedad,

… and all individual actions with all their accidental, special, and particular implications. It scrutinizes the ideas guiding acting men and the outcome of the actions performed.[3]

Comprende cada uno de los aspectos de la acción humana. Así, no sólo hay una historia general, sino también existe historia sobre campos humanos más concretos. Podemos concebir una historia política, una historia militar, una historia de las ideas y la filosofía, una historia de las actividades económicas, de la tecnología, de la literatura, del arte, de la ciencia, de la religión, de la moral y de las costumbres y de cualesquiera otros aspectos de la vida humana. También la etnología, la sociología y la antropología en la medida en que no forma parte de la biología, son ciencias históricas; así como la psicología, en la medida en que no sea epistemología o filosofía. Igualmente, la lingüística, en tanto y en cuanto no sea lógica o fisiología de la palabra, forma parte de la historia[4].

El objeto de la historia es el análisis de los múltiples acontecimientos referentes a la acción humana. Para ello, el historiador necesita interpretar los sucesos utilizando varios instrumentos. El primero son las disciplinas no-históricas apriorísticas, es decir, la Praxeología, la lógica y las matemáticas, que nos proporciona las herramientas lógico-deductivas. En segundo lugar, la comprensión, que permite abordar las notas individuales que cada evento histórico presenta[5].

Existe gente que afirma que la historia debería ser wertfrei (ausente de juicios valorativos), y que el historiador debería aproximarse a los hechos históricos sin valorar ni prejuzgar. Pero, como hemos dicho, el historiador interpreta los hechos y "jamás aborda las fuentes históricas sin suposiciones previas".

La compresión timológica que utiliza el historiador es aquel conocimiento experimental sobre los fines y el contenido de los juicios de valor que han determinado y motivado las acciones y respuestas de los individuos en el pasado. Este análisis es primordial para el estudio de la historia. Nos informa de las valoraciones y preferencias que han provocado que un individuo (o grupo) actúe de una determinada manera para alcanzar ciertos fines. Esta compresión permite al historiador introducirse en el interior del individuo como método de conocimiento de sus valoraciones concretas. Esto es impredecible mediante la Praxeología y las demás ciencias.

The scope of understanding is the mental grasp of phenomena which cannot be totally elucidated by logic, mathematics, praxeology, and the natural sciences to the extent that they cannot be cleared up by all these sciences. It must never contradict the teachings of these other branches of knowledge.[6]

La Praxeología no tiene una relación especial con la timología, ya que es wertfrei (no le conciernen los objetivos últimos que la acción pueda perseguir). Estudia la teoría de la lógica de la acción en sí misma. No investiga los acontecimientos que producen una decisión específica, es decir, los motivos por los cuales una persona actúa. Al respecto, Mises señaló:

Its subject is not the content of these acts of choosing but what results from them: action. It does not care about what a man chooses but about the fact that he chooses and acts in compliance with a choice made. (…) The subject matter of praxeology and of that part of it which is so far the best developed—economics—is action as such and not the motives that impel a man to aim at definite ends.[7]



[1] Mises, L., Human Action: A Treatise on Economics, Foundation for Economic Education, Irvington-on-Hudson, New York, 1996, pp. 30.

[2] Íbidem, pp. 13.

[3] Íbidem, pp. 30.

[4] Íbidem, pp. 30-31.

[5] Íbidem, pp. 49.

[6] Íbidem, pp. 50.

[7] Mises, L., Theory and History, Yale University Press, New Haven, Conn., 1957, pp. 271-272.

Irresponsabilidad ciudadana

La justicia islandesa está juzgando a su ex primer ministro, Geir H. Haarde, acusado de gestionar con "negligencia grave" la crisis económica que en 2008 llevó a la quiebra el sistema financiero de Islandia. Mientras tanto, los políticos europeos intentan evitar el colapso del hermano pobre griego cuando en España nos encontramos envueltos en un proceso electoral en el que muchos vuelcan sus esperanzas para que un nuevo gobierno les saque de la crisis.

Para que una sociedad sea justa debe cumplirse la máxima dictada por el Barón de Montesquieu según la cual "la ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie". No obstante, cabe preguntarse si esos tipos delictivos ya son imputables, como por ejemplo la falsificación de las cuentas griegas por parte de sus gobiernos para engañar a la Unión Europea y así poder entrar en el euro. Si esto es así, las leyes en estos asuntos no tendrían que reformarse pues la Justicia ya puede actuar en caso de robos, prevaricaciones o falsificación de documentos públicos. Lo que muchos de los nuevos arquitectos sociales indignados exigen es una cosa bien diferente: un juicio político.

Los políticos llevados por su sectarismo ideológico pueden equivocarse y perjudicar a sus propios ciudadanos. Encerrados en su propio esquema político, algunas medidas que tomaran, o dejaran de tomar, podrían ser consideradas como "negligencia grave" en procesos judiciales contra su gestión. Seguir esta senda podría despeñarnos por un precipicio en el que, por poner un ejemplo, los políticos que aplicasen medidas socialistas, en cuanto a errorintelectual, podrían terminar entre rejas.

Este razonamiento conlleva además una derivada, los políticos están legitimados democráticamente por los ciudadanos y, por tanto, sus decisiones son el fruto maduro de la voluntad popular expresada en las urnas. Conducir a un abismo a toda una comunidad política podría ser el resultado de una mala decisión de un pueblo soberano en un momento de su historia. No se pretende juzgar la gestión concreta pues al fin y al cabo el político prometió lo imposible pero fuimos nosotros quienes irresponsablemente lo elegimos ¿Por qué tendría que pagar el representante de la voluntad general por un suicidio colectivo? El hombre que aparecía como todo un hombre de Estado en nuestra papeleta al depositarla en la urna pasaría a convertirse en nuestro chivo expiatorio eludiendo la responsabilidad última; nosotros le elegimos porque nos regaló los oídos con lo que nosotros queríamos escuchar.

No hay que buscar por tanto una cabeza de turco para salvar la trampa democrática sin atajar el problema de fondo. Cuantos menos sean los ámbitos en los que los burócratas tengan competencias, menores serán las probabilidades que tendrán de equivocarse al planificar nuestras vidas. La verdadera irresponsabilidad, el delito impune, es el de mantener un sistema apuntalado en la irresponsabilidad de todos, no sólo de los políticos.