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Terapia de choque

Tras el pistoletazo de salida dado oficialmente por el Consejo de Ministros el pasado lunes, se abre uno de los periodos de mayor incertidumbre de la reciente historia de España, dentro de una generalizada crisis mundial.

El futuro nunca está escrito, pero, como en una pesadilla, parece que van concatenándose las peores consecuencias de las políticas gubernamentales con otros acontecimientos que conducen a un desastre de difícil arreglo por mucho tiempo.

No se repetirá bastante hasta qué punto el gobierno saliente ha emponzoñado la vida de los españoles, ha arruinado sus expectativas de prosperidad con sus recetas keynesianas de desenfrenado gasto público e intervencionismo, ha despedazado los escasos resquicios de sometimiento al Derecho que parecían salvaguardados en la Constitución y ha conculcado las libertades individuales. Su irrupción tras la conmoción por los crímenes de lesa humanidad del 11-M, cuyo esclarecimiento impide, no pudo ser casual.

El supuesto partido de la oposición tampoco se queda a la zaga de la culpa en todo este drama. En lugar de forjar un discurso alternativo consistente contra la degradación institucional y la destructiva gestión económica socialista, ha reculado en las ocasiones que planteaba críticas certeras, cuando no se ha prestado a seguir la corriente o al pasteleo más obsceno.

En este sentido, los estertores de esta agonizante legislatura de Rodríguez Zapatero al frente del gobierno muestran a las claras que la casta política española mantiene tratos similares a los clanes mafiosos. No solo el portavoz del Partido Popular en el Senado despidió al presidente del gobierno con unos inmerecidos buenos deseos, confundiendo la buena educación con el compadreo, sino que este partido pergeñó un apaño con el gobierno para aprobar por vía de urgencia una prevaricación legislativa que permitirá a jueces y fiscales que saltaron a la política volver directamente a sus anteriores puestos con efecto retroactivo. Esta medida de recolocación parasitaria, a expensas del contribuyente, privilegiará a diputados, ministros y ex ministros, así como a sus homólogos autonómicos, y anticipa aún más manipulaciones partidistas del poder judicial. Hace años la misma Ley del poder judicial se reformó –se dijo– para evitar casos de saltimbanquis como el juez Garzón. Aquella cínica frase acuñada por el ministro de Justicia (¿?) Bermejo para defender en un momento u otro los trapicheos con la ETA, "cuando lo aconseje la jugada", ha vuelto a desplegarse como auténtica fuerza motriz de la putrefacta política española.

Dentro de este panorama desolador, los españoles han sido llamados a las urnas el próximo 20 de noviembre por una casta política especializada en medrar para sí misma y sus amigos, gracias a la voladura de todos los controles, incluso en las condiciones económicas más penosas para los demás. Su miopía no resulta incompatible con la cruda defensa de los intereses más primarios de sus miembros.

La "gracia" de estirar la legislatura hasta hacer coincidir las elecciones generales con el aniversario de la muerte del anterior dictador impide en cualquier caso que cualquier gobierno presente un presupuesto para 2012 antes de fin de año. Ese presupuesto, dadas las condiciones del sistema, sería el principal instrumento para atajar el desbocado déficit fiscal por la vía de la reducción del gasto, habida cuenta de que la coyuntura internacional convierte en suicida el recurso al endeudamiento por parte de un gobierno que puede verse obligado a suspender pagos en cualquier momento. Todo ello suponiendo que ese gobierno eligiera políticas sensatas. Evidentemente, podría alargar la agonía del Estado del Bienestar, puesta de manifiesto con esta crisis económica, y prestar atención a las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) de subir los impuestos, al mismo tiempo que se prorrogan los presupuestos vigentes.

Paradójicamente, el mismo sistema democrático imperfecto, diseñado para tomar demasiadas decisiones colectivamente, se presenta como la única oportunidad de derrocar a un gobierno que quiere sucederse a sí mismo, encabezado por otro candidato que juega a ser antisistema cuando es uno de los principales muñidores del mismo. Las actuaciones del Partido Popular y la magnitud de los problemas acumulados hacen pensar, empero, que incluso una derrota sin paliativos de la actual mayoría social nacionalista (con la ETA al fondo) no redundaría por sí misma en una mejora de la situación. Para ello haría falta que el gobierno surgido de una mayoría distinta adoptara una terapia de choque valiente y escapara, despacio pero sin pausa, de la dialéctica política dominante forjada a lo largo de muchos años en los medios de comunicación y el sistema educativo formal. No puede aceptarse que la política gire alrededor de un pacto con una banda de asesinos dispuestos a sacar tajada de poder de sus crímenes y el terror impuesto durante muchos años. Ni que simplezas tan cacareadas por los socialistas de todo pelaje como la "preservación de lo público" o "los derechos sociales" oculten la realidad de lo que significan, que no es otra cosa que el aprovechamiento de la coacción estatal para otorgar ventajas particulares a grupos concretos que se convierten en clientes de la extorsión a los demás. Tampoco que los gobiernos autonómicos pugnen por sustituir la hidra del gobierno central ampliándola e impongan su corrupción aldeana y la arbitrariedad como práctica habitual en sus dominios.

Por el contrario, se trataría de gestionar la transición desde las ruinas de este estado del bienestar, liberticida e inviable, al Estado de derecho y a la economía de mercado. No hay nada malo en que ese estado mínimo adopte, además, una forma simétricamente federal. Y de plantearlo abiertamente. A medio plazo, estos cambios profundos conllevarían reformas constitucionales y de tratados internacionales, pues la positiva interdependencia alcanzada entre los pueblos de la tierra gracias a tímidas liberalizaciones del comercio mundial requiere zafarse del corsé ordenancista que los tiene sometidos a todos. Sería mejor que los encargados de pilotar esas reformas estuvieran convencidos de lo que tienen que hacer, ya que deberían explicarse eficazmente a personas que no han conocido otro sistema y no son conscientes de que la libertad y el bienestar general dependen de su desmantelamiento.

Llegados a este punto, querido lector, pensará que el que suscribe está soñando. Sin embargo, debe pronunciarse con claridad a dónde se quiere llegar para vencer las suspicacias de muchos denostadores del liberalismo y del libre mercado. La gravedad de la situación, en medio de la descomposición del malhadado estado de bienestar en todos los países donde se ha instaurado, exige esta terapia de choque con vagas resonancias de las políticas inconclusas emprendidas en los países del Este tras el derrumbamiento del socialismo soviético. Se trata de que la rapidez en los cambios permita percibir inmediatamente los efectos perseguidos, que son conseguir mayores cotas de libertad y prosperidad general.

¿Espía el Gobierno a los jueces incómodos para el Gobierno?

El hecho de que alguien del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) avisara a Ramoncín de que se estaba investigando a la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) resulta de por sí escandaloso. Al fin y al cabo, el cantante es un ex directivo de la organización sometida a escrutinio y amigo personal del principal sospechoso de los presuntos delitos. Pero hay algo que ha quedado relegado a un segundo plano en este asunto, y cuya gravedad puede ser mucho mayor.

Para poder filtrar dicha información a un interesado, los servicios secretos españoles debían de estar al tanto de la investigación de la Audiencia Nacional. Sin embargo, esta todavía no eran pública y el centro de inteligencia no tenía por qué haber sido informado de ella. Así que se plantea una cuestión importante: ¿Se dedica el CNI a espiar a la Audiencia General? Sospechamos que sí. ¿Somete a esta vigilancia, prohibida por la ley, al conjunto de dicho órgano judicial o tan sólo a algunos de sus magistrados en particular? Es de temer que nunca lleguemos a saberlo, aunque realmente se trata de algo secundario. Con independencia de cuál sea la respuesta, es algo que no debería ocurrir.

En cualquier caso, resulta llamativo que la investigación en cuestión estaba siendo llevada a cabo por el juez de instrucción Pablo Ruz. Se trata del mismo magistrado que está investigando a altos mandos de la Policía Nacional y del Ministerio del Interior por el chivatazo al grupo terrorista ETA conocido como "caso Faisán".

EL CNI está adscrito orgánicamente al Ministerio de Defensa, pero trabaja bajo la tutela de una Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos de Inteligencia. Esta está presidida por el Vicepresidente del Gobierno que designe el presidente del Gobierno, e integrada por los ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación, de Defensa, del Interior y el de Economía y Hacienda, además de por el secretario general de la Presidencia, el secretario de Estado de Seguridad y el director del propio Centro Nacional de Inteligencia, que actúa como secretario de la misma.

Dicho de otro modo, estamos ante la más que probable posibilidad de que el CNI, dependiente de forma directa del Gobierno, haya estado espiando las actividades investigadoras de un magistrado incómodo para ese mismo Ejecutivo. Se trata de un supuesto en grado extremo grave, puesto que podríamos estar ante un intento de adelantarse a cada paso de ese juez con el objetivo de borrar cualquier rastro incómodo que pudiera encontrar el togado en sus pesquisas.

La naturaleza de los servicios secretos es siempre conflictiva y sus actividades, por definición, siempre bordean el límite de la legalidad y en no pocas ocasiones los rebasan. Pero incluso ahí deben existir límites. Y uno de ellos es respetar el poder judicial y sus actuaciones. Resulta muy probable que el chivatazo a Ramoncín haya dejado al descubierto una evidente violación de las leyes y los principios más básicos de la democracia. Ahora sólo falta que algún político de la oposición o algún juez tenga el valor de actuar para intentar que estos hechos queden aclarados.

Dinero, deuda y banca

El dinero mercancía se atesora como depósito de valor o se entrega físicamente para comprar algo o saldar alguna deuda. El dinero es muy susceptible de ser robado: puede ser necesario protegerlo de algún modo, dificultando el acceso de los ladrones al mismo; pero las medidas de protección (esconderlo, custodiarlo personalmente o de forma colectiva en algún refugio) pueden dificultar su uso como medio de intercambio (y para entregarlo físicamente a otro es necesario llevarlo consigo, lo cual puede poner en peligro la integridad física del portador). Además atesorar dinero tiene un coste de oportunidad: no es un bien de consumo ni una herramienta para la producción de más bienes o servicios.

En la búsqueda de la eficiencia económica estos problemas se minimizan mediante agentes especializados, los bancos, que intermedian cobros y pagos utilizando su propia deuda como sustituto o complemento monetario.

El sistema de pagos y cobros de una sociedad puede ser descentralizado o centralizado en diversos grados (con varios centros o nodos más o menos importantes), y puede basarse solamente en dinero mercancía o utilizar también deuda (promesas de entrega de dinero mercancía) como medio de intercambio.

En un sistema completamente descentralizado con solamente dinero mercancía (por ejemplo monedas de metales preciosos), cada individuo guarda por su cuenta o lleva consigo dinero y lo entrega o recibe físicamente en los intercambios. La deuda puede existir si se producen intercambios diferidos (dinero o bienes presentes a cambio de promesas de entrega de dinero en el futuro), pero no hay agentes que se dediquen a compensar deudas para economizar los movimientos físicos de dinero.

La deuda emitida de forma descentralizada no circula (no se acepta por terceros como medio de pago) por varios problemas: es difícil estimar el crédito de una gran cantidad de emisores, y puede ser muy costoso localizarlos y exigirles el pago del dinero (quizás no se sabe dónde están o están muy lejos).

La deuda podría circular de forma limitada en la medida en que el sistema se centralice parcialmente, es decir si existen redes locales de confianza (los agentes son localizables con facilidad y tienen buena reputación gracias al cumplimiento satisfactorio de frecuentes relaciones comerciales previas). Para que la deuda se monetice debe estar emitida por acreedores fácilmente localizables (negocios establecidos) y de confianza (con suficientes garantías, avales o colateral líquido), como es el caso de las letras comerciales.

En un sistema centralizado (parcial o total) con solamente dinero mercancía algunos agentes (o uno solo si la centralización es total) están especializados en recibir el dinero del comprador y entregárselo al vendedor. Para economizar los movimientos físicos de dinero los intermediarios pueden guardar en un mismo lugar (almacén, depósito) el dinero de sus múltiples clientes, quienes pueden pagar a otros entregándoles certificados o resguardos de depósito u ordenando al almacén que cambie la titularidad de la cantidad correspondiente de dinero. Un almacén de dinero es un blanco muy atractivo para los ladrones, de modo que es necesario dedicar muchos recursos a su protección: los clientes deben pagar al almacén para que les guarde el dinero e intermedie sus operaciones.

En un sistema centralizado con monetización de deuda un banco no es simplemente un almacén de dinero mercancía sino un intermediario o gestor de pagos y cobros que emite su propia deuda o pasivo a la vista (billetes como documentos al portador o depósitos como apuntes contables) para ser utilizada por sus clientes como medio de pago; además cada banco actúa como cámara de compensación de deudas entre sus clientes.

El banco guarda ciertas reservas de dinero mercancía para facilitar la convertibilidad de los billetes o depósitos si sus dueños así lo requieren, pero estas reservas son solamente la parte más líquida de los activos que respaldan el valor de ese pasivo, los cuales pueden venderse (liquidarse) en caso de necesidad. La reserva fraccionaria (que los pasivos del banco no estén respaldados al cien por cien por dinero mercancía) no es ninguna estafa sino un rasgo esencial del sistema de monetización de deuda.

Los activos que respaldan los billetes y los depósitos a la vista de un sistema bancario solvente deben ser muy líquidos: tener un plazo semejante al pasivo correspondiente (a la vista o muy corto) y muy poco riesgo (valor estable). Así los depositantes confían en el banco (no corren a retirar sus depósitos porque todos están adecuadamente respaldados), y sus pasivos circulan sin descuento.

Un depositante puede protegerse de un banquero imprudente (que incrementa el plazo o riesgo de sus activos para intentar obtener mayores beneficios) cancelando su cuenta y llevando su negocio a la competencia, y de todo el sistema de monetización de deuda saliéndose del mismo al convertir sus billetes y depósitos en dinero mercancía. Pero no son solamente los depositantes de un banco quienes lo vigilan: todos los agentes económicos (incluidos otros bancos) pueden negarse a aceptar sus medios de pago o aplicarles un descuento.

Diversas formas de intervencionismo estatal (subvenciones y protecciones a los bancos) desactivan de forma progresiva estos mecanismos de protección frente a la imprudencia bancaria: si los bancos no pueden emitir sus propios billetes, los agentes económicos no pueden elegir entre ellos y rechazar los peores; si todos los depósitos están garantizados por igual, entonces los bancos son prácticamente indistinguibles para el depositante; la supresión de cláusulas de convertibilidad en dinero mercancía y las leyes de curso legal forzoso impiden salirse del sistema a un dinero no manipulado ni por los bancos ni por el gobierno; las garantías de refinanciación a bajos tipos de interés de los bancos por el banco central incentivan la toma de riesgos de entidades que además nunca quiebran por ser demasiado grandes e interconectadas.

El sistema de banca libre queda así distorsionado o destruido, se envilece la moneda, se expande el crédito de forma insostenible y se genera el ciclo económico. Pero el problema no está en la reserva fraccionaria.

Las formas del Estado

A estas alturas de la crisis parece que todos deberíamos estar de acuerdo en que hay que reducir los gastos del Estado, mejorar su eficiencia, eliminar las muchas corruptelas que se esconden bajos sus alfombras y -algo bien complicado- acostumbrarnos a reclamar menos servicios gratuitos; que luego han resultado no serlo tanto. Porque ofrecer unas sofisticadas coberturas de sanidad, educación o ayuda a la dependencia puede llevar a la ruina a un país que no cuente con los recursos suficientes para mantenerlas; a no ser que se entrampe con la deuda pública, municipal o autonómica. Lo que implica que de gratuidad nada; y que el coste final será mucho más elevado que si los ciudadanos hubiésemos pagado de nuestro bolsillo los estudios, medicamentos o intervenciones quirúrgicas. Quedan exentos, de acuerdo, los casos de necesidad; que pueden ser razonablemente cubiertos con el dinero de todos: siempre que no haya otra alternativa (como esa falacia que explica con ingenio Carlos Rodríguez Braun sobre el niño pobre y enfermo que vive alejado en las montañas… y que descubre la existencia de una Fundación privada que justamente se dedica a financiar estas situaciones; y con mayor eficacia que la gestión pública). Aquí no puedo dejar de señalarles que tuve la oportunidad de estrenar mi colaboración con esta web escribiendo sobre esas mismas cuestiones, hace ya tres años.

Pero este largo introito en realidad es un desahogo que Uds. me permitirán antes de hablarles del Estado y sus manifestaciones históricas. Porque lo que pretendo es contarles la publicación de un interesante libro del profesor Dalmacio Negro: Historia de las formas del Estado (El buey mudo, 2010). Asistí a la explicación del propio autor en una iniciativa de AEDOS llamada "Seminario Permanente Bibliográfico", donde un grupo de académicos conversan con escritores de actualidad, y que les resumo.

El libro se puede dividir en dos apartados: uno primero de fundamentación de la vida política; y varios capítulos que narran las diferentes formas del Estado en la historia: las monarquías estatales, el Estado moderno, el Estado nación y los diversos estados totalitarios que frecuentan la era contemporánea. En seguida comentaremos la situación actual.

Dejo aparte todas las reflexiones sobre teoría política, en las que no soy experto. Quería simplemente destacar algunas referencias a nuestros escolásticos de Salamanca que, como vengo escribiendo últimamente, no solo fueron pioneros en una concepción moderna (y libre/liberal) de la Economía; sino que trasladaron muchas de aquellas novedades al terreno de la organización política. Por encima de la exitosa "razón de Estado", iniciada por Maquiavelo o Botero (y que "con Bodino transformó la posesión del poder en una propiedad del soberano"), los Doctores de Salamanca consideraban que "el titular del poder era el pueblo y éste lo cedía en fideicomiso al gobernante, por lo que no cabía pensar en concentrarlo sistemáticamente para separarlo de aquél" (p. 160). Pone el famoso ejemplo de Jacobo I de Inglaterra, con su doctrina del derecho divino de los reyes como una especie de monopolio; que fue rebatida por Francisco Suárez (en su Principatus Politicus de 1613), como unos años antes había hecho Roberto Bellarmino en una Apología (1609), menos conocida, y que desarrolla según Dalmacio Negro "la mala solución de la potestas indirecta de la Iglesia sobre el poder civil" (p. 144. Tema que me parece de enorme interés y del que seguiré escribiéndoles en cuanto pueda).

Dos breves comentarios bibliográficos: este libro es uno de los pocos que conozco en los que se cita a Hans Herman Hoppe (aparte de, por supuesto, la escuela de Jesús Huerta de Soto); aunque se discuta su concepción de la monarquía. Como también se cita y discute al autor español casi desconocido Ángel López Amo (uno de los primeros preceptores del príncipe don Juan Carlos); recuerdo un texto antiguo: La monarquía de la reforma social, y una edición reciente: El principio aristocrático. También reconoce el profesor Negro a los austríacos Mises y Hayek. A este último se refiere cuando critica la Constitución, "entendida como una suerte de planificación de la conducta política" y no el resultado de "la prudencia y la sabiduría ilustrada por la experiencia" como escribía Jovellanos a su amigo Lord Holland (p. 261).

Termino con la visión de Dalmacio Negro sobre la época que nos ha tocado vivir: "El Estado Totalitario era un tiránico estado paternal. El Estado del Bienestar es un tiránico Estado maternal. El Estado Minotauro, la última figura del Estado, es un tirano andrógino" (p. 418). Lo describe como señor de las haciendas, dictador de las conductas y dueño de la vida y la muerte. Proviene de la sustitución del "obrerismo" por el "hedonismo" en los objetivos de la socialdemocracia, convertida ya en lo políticamente correcto (recordemos la intuición hayekiana de 1944: "a los socialistas de todos los partidos"). Citando a Etienne de la Boetie, el Minotauro recoge aquella antigua idea de Ciro que, tras apoderarse de Lidia, a fin de mantener el orden ahorrándose una numerosa guarnición permanente, "estableció burdeles, tabernas y juegos públicos, obligando a sus habitantes a frecuentarlos… Desde entonces nunca más fue necesario utilizar la espada contra los lidios: estas pobres y miserables gentes se entretuvieron en inventar todo tipo de juegos" (p. 412). Es la nueva servidumbre voluntaria.

La cuestión de la convergencia en el crecimiento económico

Una de las cuestiones que ha atraído gran interés y discusión dentro de la economía del crecimiento económico es la convergencia en niveles de desarrollo entre países. ¿Existe una tendencia hacia la eliminación o reducción de las desigualdades de renta internacionales, es decir, tienden los países pobres a crecer más rápidamente que los ricos?

Al igual que con las desigualdades interpersonales de renta, se suele considerar como algo positivo siempre que un país pobre se acerque en renta a un país rico. Y en la mayoría de casos puede ser así, pero no tiene por qué serlo necesariamente. En la última década, por ejemplo, la riqueza per cápita en los países menos prósperos ha crecido a una tasa siete veces por encima que la de los países más prósperos, según el Informe de Riqueza Global 2011 de Allianz. ¿Es esto bueno? En parte sí, dado que revela el dinamismo de los países en vías de desarrollo. Pero en parte no, dado que se debe al débil desempeño de las economías desarrolladas, especialmente afectadas por la Gran Recesión. (El alegrarse de que a unos les vaya mal porque se ha reducido la desigualdad tiene un nombre: envidia, y es algo muy humano).

En el análisis de los modelos teóricos formales de crecimiento se dedican reflexiones respecto a sus predicciones sobre la convergencia. Así por ejemplo, en el modelo básico de Solow se habla de que entre los países hay una tendencia hacia la convergencia, debido a la existencia de rendimientos marginales decrecientes (RMD) del factor capital –adicionales incorporaciones de capital conducirán a aumentos en la producción cada vez menores-. En pocas palabras, el crecimiento se produce por la acumulación de capital, y ésta contribuirá a aumentar la producción tanto más cuanto menor sea el stock de capital (por los RMD). Por tanto, en países con menor stock de capital, que son los menos desarrollados, habrá grandes oportunidades de inversión, y la tasa de crecimiento económico será mayor que la de países con elevados stocks de capital –por lo que existe convergencia en el largo plazo-.

En los modelos de crecimiento endógeno, en cambio, una vez suavizado el supuesto de RMD e introducidas las externalidades a través del capital humano o la I+D, desaparece la predicción de convergencia, dado que no existe relación entre la tasa de crecimiento de la economía y el nivel alcanzado por el nivel de renta.

Desde el punto de vista empírico se ha tratado de analizar si los datos permiten constatar una relación clara entre niveles de renta y tasas de crecimiento: ¿han sido los países más pobres los que han crecido a tasas más rápidas, y viceversa? Los resultados, como suele ocurrir en los estudios econométricos, son variados, y dependen mucho de qué muestra de países y periodo temporal se escoja, entre otras cosas. No obstante, sí se han encontrado algunos resultados interesantes, como que no se observa convergencia si se toman todos los países del mundo, pero sí si se incluyen solo "clubes de países".

Asimismo, la observación señala que los países que crecen más rápidamente nunca son aquellos que disfrutan de rentas per cápita mayores, sino siempre un subconjunto de los países de bajos ingresos, como en la segunda mitad de siglo XX han podido ser Singapur, Corea del Sur, Botswana, China y más recientemente India o incluso países africanos.

¿Por qué sucede esto? Hayek en La competencia como proceso de descubrimiento ofrece una hipótesis persuasiva, afirmando que "las posibilidades de crecimiento tenderán a ser mayores cuanto más extensas sean las posibilidades aún no utilizadas de un país… una alta tasa de crecimiento es, con frecuencia, prueba de que las oportunidades han sido descuidadas en el pasado. En esta forma, una alta tasa de crecimiento puede testimoniar, a veces, las políticas erróneas del pasado antes que las buenas políticas del presente. En consecuencia, no es razonable esperar en los países altamente desarrollados una tasa tan alta de crecimiento como la que puede alcanzarse en los países donde la utilización efectiva de los recursos fue impedida durante mucho tiempo por obstáculos legales e institucionales".

Así, las tasas altas de crecimiento en un periodo determinado, según Hayek, son consecuencia del cambio institucional favorable, y reflejo del potencial económico que había sido obstaculizado –o desviado hacia fines no productivos, añadiría- previo a este cambio. La cuestión complicada, más allá de saber qué es un cambio institucional favorable, es conocer cómo se produce éste, los mecanismos causales que actúan detrás del mismo, y si existen posibilidades de precipitarlo de alguna forma.

Con todo, y volviendo a la cuestión de la convergencia, siempre es oportuno recordar las sabias palabras de Peter T. Bauer: "No hay ninguna regla general que asegure el que todos los países o regiones deban alcanzar el mismo nivel de prosperidad económica o el mismo ritmo de progreso en cualquier momento o a lo largo de cualquier periodo de tiempo".

Los invernaderos de El Ejido

Hayek, con la brillantez que le caracteriza, explica claramente cómo los resultados del proceso histórico son impredecibles para los individuos, y que, en consecuencia, es imposible atribuir los resultados observables a la razón. Se han de explicar, por el contrario, mediante procesos espontáneos en que confluyen las voluntades de muchos individuos. Lo contrario, esto es tratar de explicar un resultado histórico, exclusivamente en base a la razón, es lo que él llama "fatal arrogancia", que da título al tratado en que estos puntos se explican.

Cuando uno se asoma a las planicies de El Ejido, Almería, lo que ve es el plástico blanco de sus invernaderos. Sus productos son de fama mundial y el caso de desarrollo económico es también paradigmático. Viendo estos invernaderos uno puede caer en la fatal arrogancia de Hayek y asumir que era lógico y previsible que esto ocurriera, habida cuenta de las condiciones climatológicas del área.

Pero abandonemos las reflexiones individuales y asomémonos a la historia. Esta nos la contó Lola Gómez, de CLISOL, en una de las visitas guiadas a los invernaderos que esta empresa organiza, y que aprovecho para recomendar a todo el que visite el área, esté o no interesado en la agricultura (www.clisol.com).

La historia comienza con el viento y las viñas: el viento de El Ejido que malograba muchas veces el trabajo de los agricultores de la zona, y los viñedos, cuyo producto dejó de ser demandado en el momento en que empieza la historia. Estos últimos se cultivaban en El Ejido mediante una estructura elevada de postes.

A algún emprendedor de la zona se le ocurrió utilizar estos postes, ya abandonados, para instalar unos plásticos que protegieran su nuevo cultivo del viento. Su sorpresa debió de ser mayúscula cuando pudo comprobar que, gracias al calor acumulado por su precaria edificación, el ciclo de crecimiento de las hortalizas se aceleraba, dando lugar a un mayor número de cosechas al año.

Como se observa, el uso de invernaderos en El Ejido no obedeció originalmente a su función actual, sino a algo tan simple como la disposición de activos sin uso y al viento.

Los beneficios, casuales, obtenidos por el emprendedor inicial, llamaron la atención de sus vecinos, y poco a poco todas las tierras de El Ejido se fueron cubriendo de plásticos, llevándonos al paisaje actual.

En este ámbito tan competitivo, es lógico que se siga generando mucho conocimiento empresarial. Los vecinos y competidores luchan constantemente por perfeccionar sus técnicas y mejorar sus productos, y pueden proclamar con orgullo (¿o envidia?) que no reciben ningún tipo de ayuda pública.

El Ejido es pionera en muchas de las técnicas agrícolas innovadoras, según parece al menos a un completo desconocedor del tema, como un servidor. Por ejemplo, no utilizan pesticidas, si no métodos biológicos para aplacar las plagas: esto es, poner otros bichos en los invernaderos que se coman a los bichos malos.

Pero lo más curioso es que están dejando de usar la tierra. Sí, parece que el agricultor moderno ya no planta en los tradicionales surcos. Ahora lo hacen en pequeños cubos de material neutro (lana de roca, le llaman) cuando no directamente en agua. Y son complejos ordenadores los que distribuyen a las plantas los adecuados nutrientes en los momentos oportunos. Todo ello se experimenta y explota, en su caso, en El Ejido, siempre buscando el mayor rendimiento para la escasa superficie de que disponen.

El lector atento se preguntará porque sigue siendo escasa la superficie, si ya no plantan en tierra. De hecho, el visitante del área podrá constatar invernaderos en los sitios más insospechados, con pendientes de imposible explotación. La cuestión es: ¿por qué no hay emprendedores que implanten estas técnicas en otras áreas más extensas, como las que proporcionan las Castillas?

No puede ser por la tierra, en El Ejido no se usa. ¿Será por el calor? Aunque no lo parezca, El Ejido no es especialmente cálido, si lo he de comparar con otras zonas de España. ¿Tal vez la abundancia de agua? Bueno, Almería es reconocida como una de las áreas más secas de España, y de hecho los emprendedores agrícolas dedican grandes esfuerzos a ahorrar en el líquido elemento, con datos de evolución en el consumo de agua espectaculares.

Desvelemos la razón: el viento. Efectivamente, el benéfico viento de El Ejido permite refrescar de forma natural el gran calor acumulado en los invernaderos, que podría llevar a la muerte a las plantas. De hecho, una parte importante de la labor del agricultor consiste en el juego de apertura y cierre de las ventanas de los invernaderos, en respuesta a las condiciones atmosféricas. Una vez más, se va sustituyendo el esfuerzo manual por el control computerizado.

El viento que impedía el cultivo hace unos años, es el factor diferencial por el que El Ejido mantiene su ventaja competitiva. El viento, que hizo necesaria la protección de la que surgieron los invernaderos, es el que en la actualidad hace viable la gran producción de El Ejido. Esta deliciosa paradoja, impredecible para la razón, hubiera deleitado a Hayek casi tanto como los pepinos con miel que nos ofrecieron al final de la visita.

Profesores, más preocupados por su sueldo que por la enseñanza

Una de las grandes falacias que usan los lobbies para mantener sus privilegios es apelar al miedo y al “bien común”. Nadie dice: “si eliminan mi puesto de trabajo, la empresa irá mejor”, o “si privatizamos el sector donde trabajo, éste será más competitivo, económico y ofrecerá más opciones al consumidor y ciudadano”. Claro, algo así iría contra el propio “privilegiado”. Los lobbies mantienen sus privilegios con un estado de amenaza constante. Le dicen al Gobierno: “si me elimináis mi estatus, haré manifestaciones y diré lo malo que eres en la tele”. Dicen a la gente: “si permitís que el Gobierno toque mis privilegios, os quedaréis sin servicio”, o “éste degenerará”.

Esto es lo que ha ocurrido este martes en Madrid con la manifestacióndelosprofesores. Este tipo de amenazas están tan trilladas ya que difícilmente se las cree alguien ya. Seamos serios, ¿es que puede ir peor la educación en España? Los profesores hacen el horario que les da la gana y no se adaptan para nada a las necesidades de los padres. Sus enseñanzas se basan en los libros que el Estado considera “aptos”, adoctrinando a los niños, adolescentes y jóvenes en el pensamiento único. Los colegios y universidades públicos son fábricas con el único propósito de crear borregos. Votantes en masa.

Recientemente un padre me dijo que la maestra de su hijo había dicho a la clase que los reyes magos no existen, que son los padres. Toda la clase lloró y la profesora se justificó afirmando que ya tenían edad para saber esas cosas. ¡No tanta si todos lloraron! Y es que, ¿es función de un profesor decir esas cosas? Se ve que en la escuela pública, sí.

En realidad, todo lo que dicen los “profesores públicos” es falso. Viendo los estragos que causan en las mentes de los pequeños y los resultados que está dando la enseñanza de cualquier ciclo en este país (hasta Grecia está por delante nuestro en el Informe PISA), solo podemos concluir que la educación pública ha de ser abolida de forma urgente. Las principales razones:

  1. La educación pública solo crea una casta de privilegiados, los profesores, que siempre lucharán primero por sus intereses corporativistas (sus privilegios) que por los valores ligados a su trabajo al no depender del favor de los padres. No es el ciudadano quien ha de elegir, ni el Estado, sino la unidad familiar, tenga la forma que tenga ésta.
     
  2. La educación es soberanía individual, de los padres, no del Gobierno ni ningún profesor. Un mecánico nos ha de arreglar el coche, pero no tiene derecho a manipularlo como le venga en gana en pos de “una sociedad mejor, más justa, más igualitaria…”. Un profesor es un técnico y ha de estar a las órdenes de los padres y tutores. Punto.
     
  3. La educación pública es un monopolio que no deja avanzar la diversidad. Solo hay las materias que el Estado dicta. Abolir la educación pública no solo significa que se privatice el sector, sino apartar al Gobierno del todo y para siempre de la enseñanza. Ésta la eligen los padres, no burócratas.
     
  4. La educación pública nace del latrocinio y del crimen. Desde que nacemos hasta que morimos estamos pagando la educación de otra persona sin ni siquiera conocerla. Es la máxima irresponsabilidad de esta sociedad. Cada persona ha de pagar por aquellos servicios que consume. De no ser así, la complacencia, dejadez y empeoramiento de la enseñanza irá en crecimiento. España lo ha visto muy bien.
     
  5. La enseñanza no puede estar a merced de los políticos. Cada vez que cambia el Gobierno, nos encontramos con un modelo educativo diferente basado en los valores del Estado que ningunea a los padres. El Estado no crea buenos ciudadanos, el ciudadano crea buenos ciudadanos.
     
  6. La enseñanza puede ser un sector lucrativo que cree puestos de trabajo y riqueza. Todo lo que regula el Estado queda inerme y devastado. Las escuelas no son un negocio debido al efecto expulsión (crowding out). No puede haber competencia, ni diversidad de precios. En un sistema donde el Estado domina la producción en monopolio, toda alternativa siempre será carísima.
     
  7. La educación pública no es gratis. Es cara e ineficiente. Si la enseñanza fuese “gratis” significaría que los recursos son ilimitados y los profesores no tendrían que cobrar por ello, o que, al no valorarla nadie, se “regalaría”. No es así, todos los padres quieren una buena educación para sus hijos. Buena educación que el Estado, hasta ahora, no ha podido dar.
     
  8. La educación obligatoria no garantiza un futuro mejor. En este país tenemos educación obligatoria hasta los 16 años y una de las tasas más altas de desempleo juvenil del mundo. Sí, más que en Palestina, Marruecos, Egipto o Túnez. El “pleno empleo” lo da el nivel de desempeño, capacidad de autoformación y ambición, no pasarse media vida estudiando tonterías desvinculadas del mundo real que nunca usaremos.
     
  9. La educación pública no ha hecho que los pobres dejen de serlo por sus profesores. Quien no quiere estudiar no lo va a hacer aunque lo metan siete horas en un aula. Una escuela no es un correccional. La sociedad ha de crear incentivos para que los jóvenes vean útil estudiar. Otro gran fracaso del Estado al tomar esta responsabilidad bajo su mandato. ¿Para qué estudiar si luego pasamos de curso, no encontraremos trabajo o podemos vivir de ayudas?
     
  10. En estas épocas de crisis, Cáritas ha dado de comer a más de un millón de personas. La iniciativa y empuje privado es millones de veces más fuerte que las burdas promesas y leyes del Estado. Si apartamos para siempre a los políticos de la enseñanza, cientos y miles de organizaciones, mecenas y empresas que promocionen el talento pagarán los estudios de niños, adolescentes y jóvenes.
     
  11. Los profesores no son un fin, sino una herramienta. El actual sistema estatal de educación protege al lobby de los maestros para recaudar votos. Los niños y padres son instrumentos que sufren cada día los desvaríos de este colectivo. El profesor es un técnico. Trabaja por un sueldo, como todos hacemos; y ha de depender de los padres, de sus clientes. Si depende del Estado, la sociedad está desamparada.

La educación pública es muy conveniente para los funcionarios que la ejercen, los profesores con amplios privilegios sociales y dinerarios; pero nada tiene que ver con el bienestar y nivel de excelencia que buscan los padres. Sospeche del “profesor público”, no quiere ningún bien para su hijo ni para usted, solo pretende vivir de usted disfrazando sus privilegios de “bien común”.

Cada ’empleo verde’ que crea Obama cuesta $5 millones

El presidente de EEUU, Barack Obama, se he empeñado en seguir el ejemplo despilfarrador de España en materia de energía renovable. Como buen keynesiano, ha acabado destinando miles de millones de dólares a impulsar la producción de electricidad a través de fuentes limpias, sin atender en absoluto a los nefastos resultados cosechados en este campo por el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Los resultados de este tipo de políticas comienzan ahora a ser visibles para los norteamericanos.

Fue allá por 2009 cuando la Universidad Rey Juan Carlos, en colaboración con el Instituto Juan de Mariana, lanzó el Estudio de los Efectos del Apoyo Público a las Energías Renovables sobre el Empleo, con una enorme repercusión mediática a nivel internacional, sobre todo en EEUU. Y es que, por entonces, Obama anunció su intención de imitar el nefasto modelo energético español con la excusa de que ayudaría a generar cientos de miles de puestos de trabajo.

Las conclusiones del informe, sin embargo, eran -y siguen siendo- demoledoras: cada empleo verde creado en España ha necesitado subvenciones por valor de 571.138 euros desde el año 2000; entre 2000 y 2008, el Gobierno español inyectó un total de 28.671 millones de euros –descontada la inflación- en subsidios públicos al fomento de energías renovables, un dinero sufragado íntegramente por el bolsillo del contribuyente, bien mediante subidas en el precio de la luz bien mediante aumento de impuestos; este despilfarro provocó la destrucción neta de 113.000 puestos de trabajo, es decir, 2,2 trabajos destruidos por cada empleo verde generado vía subvención; la acaparación de estos recursos por parte del Estado impidió que la economía privada pudiera emplearlos en la generación de puestos de trabajo productivos.

El estudio causó una enorme polémica en Washington, hasta el punto de que Obama se vio obligado a dar marcha atrás en sus pretensiones iniciales gracias a la presión de los republicanos y algunos influyentes medios de comunicación. Aun así, el presidente consiguió poner en marcha determinadas medidas para fomentar las renovables en EEUU. Uno de estos programas consistió en la concesión de créditos blandos -a fondo perdido- para financiar proyectos eólicos, solares, etc. El importe total de este plan asciende a 38.600 millones de dólares, y su objetivo es crear 65.000 puestos de trabajo en el sector. Una vez ejecutada casi la mitad de esta partida, el resultado es el siguiente: la concesión de 17.200 millones de dólares tan sólo ha logrado generar 3.545 empleos nuevos y permanentes.

Hagan las cuentas: cada empleo verde generado por Obama ha costado a los contribuyentes de su país una media de 4,85 millones de dólares. Todo un éxito. Ahora extiendan esta medida al nuevo Plan E anunciado por Washington, dotado con casi 450.000 millones de dólares, y comprenderán por qué la otrora fructífera economía estadounidense carecerá de futuro mientras permanezca bajo el yugo socialista del Zapatero hawaiano.

La crisis de deuda en la eurozona

La moneda de curso legal que denominamos Euro es el principal mecanismo con el que se articula un ambicioso proyecto de integración económica y monetaria de los 17 países que forman parte de la eurozona dentro de la Unión Europea.

Sin embargo, una unión monetaria sólo es económicamente factible en el caso de que los países miembros de la misma constituyan un área económica homogénea. Por ello, desde su inicio en el año 1999, lejos de darse una situación idílica, se ha puesto de manifiesto la existencia de dos grupos de países claramente diferenciados.

Un primer grupo de países del norte y centro de Europa, liderados por Alemania, que impulsan su crecimiento económico vía exportaciones y que se ven favorecidos por un tipo de interés bajo por parte del Banco Central Europeo (BCE). Y un segundo grupo de países periféricos europeos que han estado basando su crecimiento en el consumo interno y la inversión  exterior y que hubiesen requerido un tipo de interés mucho más alto por parte del BCE para evitar la inflación y el sobrecalentamiento de sus economías.

Podemos afirmar con claridad que la responsabilidad directa de la crisis financiera es de los políticos que han presionado irresponsablemente y de las autoridades del BCE que se dejaron influir para sostener una política monetaria expansiva, especialmente aplicada desde el año 2001, con tipos de interés bajos y situados por debajo del débil incremento anual del Producto Interior Bruto (PIB) en Europa.

Es decir, el BCE ha venido estableciendo un tipo de interés real, incluso negativo, muy por debajo de la generación de bienes y servicios de los países europeos periféricos, lo que significa que el BCE ha estado inflando "artificialmente" la masa monetaria en la eurozona por encima de la capacidad de la misma para crear riqueza.

Colapso de la zona Euro

Si se observa la evolución del crecimiento del PIB de la eurozona, empleando como fuente los datos del propio BCE, se puede trazar un gráfico que pone de manifiesto una línea de tendencia descendente hacia el estancamiento o, incluso, hacia el decrecimiento económico en la eurozona:

Intervencionismo monetario

Por un lado, como se observa en el gráfico, se ha producido una peligrosa desaceleración del crecimiento económico que debería corregirse con reformas estructurales que doten de competitividad a los países europeos frente a los países competidores internacionales. Pero, sin embargo, algunos Gobiernos han eludido las reformas porque la existencia del crédito ilimitado del BCE facilita no encarar la adopción de medidas impopulares.

Por otro lado, la falsa sensación de "riqueza" que ha fomentado el BCE ha supuesto que los gobiernos y, también, las empresas y familias aplicasen políticas de gasto más allá de sus ingresos ordinarios.

Significativamente, la política monetaria expansiva del BCE ha permitido el sostenimiento de un tamaño de Estado excesivamente grande y ha pospuesto la obligada adaptación de la sociedad de bienestar, que ha funcionado durante varias décadas en Europa, pero que ahora debe transitar desde un modelo público de prestación de servicios sociales (pensiones, sanidad, desempleo…), hacia un modelo privado o mixto (público-privado) para lograr su viabilidad a medio y largo plazo.

El BCE ha permitido que la eurozona viviese por encima de sus posibilidades, porque no implementó una política monetaria restrictiva que obligase a los gobiernos (y a otros agentes económicos) a aprobar presupuestos equilibrados y afrontar con seriedad las reformas que precisaba Europa para competir internacionalmente con las economías emergentes.

Por tanto, podemos afirmar que el intervencionismo monetario del BCE ha sido la causa principal tanto de los problemas de competitividad como de la crisis de endeudamiento que puede llevar a la ruptura de la eurozona.

Las consecuencias no queridas del dinero barato se han significado en una pérdida de  competitividad de países como España y en un excesivo apalancamiento financiero, tanto público como privado y, principalmente, de los países europeos con peores factores competitivos (flexibilidad laboral, facilidad empresarial, I+D+i…) respecto de países europeos netamente exportadores como Alemania y de áreas económicas más pujantes. 

Posibles soluciones a la crisis de deuda

La crisis de la eurozona podría ser resuelta con quitas sobre la deuda soberana que permitan afrontar los pagos y con un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para negociar préstamos, acompañados de políticas de austeridad presupuestaria, privatizaciones e impuestos que garanticen el pago de los mismos.

Sin embargo, los intervencionistas que han generado la crisis de deuda no aprenden de sus errores pasados y quieren imponer nuevamente soluciones que suponen una huída hacia delante que posterga (y empeora) la salida de la crisis económica y financiera.

Pretenden engordar la bola de nieve del endeudamiento con más política monetaria expansiva, mediante la emisión de eurobonos por una Agencia Europea de Deuda y con el reforzamiento del fondo de rescate soberano para recapitalizar países (Grecia) y entidades financieras (BNP, Credit Agricole, Société Générale…) que están en quiebra técnica.

Los planteamientos keynesianos no son, en modo alguno, ni altruistas ni solidarios, si tenemos en cuenta que el mismo BCE es uno de los principales acreedores de Grecia con 50.000 millones de euros al igual que los principales bancos de Alemania y Francia.

En todo caso, los mercados ya están descontando que la eurozona no está funcionando porque tiene un endeudamiento insostenible con respecto a las previsiones de crecimiento del PIB.

De hecho, los inversores abandonan los mercados de capitales europeos y están invirtiendo sus ahorros en las bolsas y los mercados de deuda de EE.UU. y de Asia, dado que tienen presente el elevado riesgo de suspensión de pagos de Grecia, porque no está logrando cumplir sus compromisos de ajuste presupuestario y, con muy alta probabilidad, quebrará en los próximos meses, dado que ni siquiera tiene liquidez para pagar las nóminas de los funcionarios o las pensiones del próximo mes de octubre.

Veremos salir a Grecia de la eurozona y, tal y como señalan expertos reconocidos, sería recomendable entregar Grecia al FMI y negociar su salida para evitar que el incendio se extienda y ardan más países en el infierno del endeudamiento. 

Cambio de modelo económico en la eurozona

Incluso en el supuesto de que el rescate financiero de Grecia fuese bien desarrollado, la situación de la eurozona es crítica y, si no se actúa con rapidez, podría producirse un efecto dominó y la quiebra de otros países endeudados lo que provocaría el colapso del Euro como moneda fiduciaria, ante la inacción de Gobiernos irresponsables y una mayoría de ciudadanos que desean seguir viviendo por encima de sus posibilidades.

Los siguientes países en la lista son Italia y España y, posiblemente, Francia por la elevada exposición de sus bancos con hasta 600.000 millones de euros de deuda soberana de Grecia, Italia y España y con deudas de las entidades financieras francesas por hasta 4,7 billones de euros lo que representa un 250% del PIB de Francia.

Con los anteriores datos en la mano, los Gobiernos de la eurozona deberían adoptar un cambio de modelo económico basado en la austeridad presupuestaria, en la desregulación de mercados y en la competencia empresarial, comenzando con una reducción adicional del gasto público que tranquilizase a los inversores y siguiendo con reformas estructurales que mejoren la competitividad.

En caso contrario, con o sin eurobonos, se incrementará el riesgo de una intervención de sus economías por el FMI, lo que paradójicamente exigirá la aplicación de medidas aún más severas que aquellas que hubiesen sido incapaces de llevar a efecto los Gobiernos.

Las irresponsabilidades en política monetaria se pagan en el largo plazo y, como siempre, las clases medias y emprendedoras serán los chivos expiatorios que padezcan las facturas intervencionistas de los políticos y autoridades monetarias de la eurozona. En los próximos meses, comprobaremos si el paraguas de los Eurobonos es capaz (o no) de soportar el peso del endeudamiento y evitar el colapso de la eurozona.

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Predicción económica: Empresario versus Científico económico

Conviene hacer una distinción entre la predicción que realiza el empresario y la que realiza el científico económico.

La predicción científica (cuantitativa) no es posible en el campo de la ciencia económica. La predicción en economía es de naturaleza distinta que la de las ciencias naturales. En Economía sólo es posible realizar predicciones cualitativas. Nunca las predicciones serán de carácter cuantitativo, es decir, predicciones concretas sobre hechos futuros.

Sin embargo, el empresario (y el ser humano en general) necesita trazar sus diferentes planes de acción continuamente. Necesita, por tanto, predecir la evolución de los acontecimientos. Para ello, además del conocimiento praxeológico, necesita la comprensión timológica. La compresión timológica es aquel conocimiento experimental sobre los fines y el contenido de los juicios de valor que han determinado y motivado las acciones y respuestas de los individuos en el pasado. Este análisis, por ejemplo, es primordial para el estudio de la historia. Nos informa de las valoraciones y preferencias que han provocado que un individuo (o grupo) actúe de una determinada manera para alcanzar ciertos fines. Esta compresión permite al historiador introducirse en el interior del individuo como método de conocimiento de sus valoraciones concretas. Esto es impredecible mediante la Praxeología y las demás ciencias. Además de por el historiador, el método timológico de comprensión (Verstehen) debe ser utilizado por el empresario, ya que como dijo brillantemente Mises: el empresario es aquél que mira al futuro con ojos de historiador.

Pese a que todo ser humano siempre se enfrenta a una incertidumbre inerradicable, el empresario puede realizar unas predicciones "más acertadas" que el científico económico. El conocimiento relevante para ejercer la función empresarial es de tipo práctico, no científico (según la distinción de Oakeshott). Es todo aquél que el actor va adquiriendo a través de la práctica, es decir, de la propia acción humana ejercida en sus correspondientes contextos. Se trata, como dice Hayek, del conocimiento relevante en torno a todo tipo de circunstancias particulares en cuanto a sus coordenadas subjetivas en el tiempo y en el espacio. En suma, estamos hablando de un conocimiento sobre valoraciones humanas concretas, es decir, tanto de los fines que pretende el actor, como de su conocimiento en torno a los fines que él cree que pretenden o persiguen otros actores. El empresario conoce las circunstancias concretas de la situación en la que se encuentra. Posee una mejor comprensión timológica debida a su experiencia, y por eso puede tener más éxito en las predicciones concretas que el científico económico.