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¿Neocolonialismo chino?

Su elevada demografía, su cultura milenaria, su aparente lejanía han generado una mitología que se ha mezclado con la realidad y aún en pleno siglo XXI, en la época de Internet y de las autopistas de la información, esta sensación es si cabe más intensa.

Cuando cayó el Imperio soviético, los chinos y buena parte de sus aliados comunistas pusieron sus barbas a remojar para que no les pasara lo que a sus camaradas e íntimos enemigos rusos.  Imitando a su manera la Perestroika de Gorbachov, los dirigentes del Partido Comunista Chino decidieron permitir cierta libertad económica a sus ciudadanos y surgieron así pequeñas y grandes empresas que empezaron a aventurarse en los mercados mundiales. La propaganda china se encargó desde ese momento de alentar esa imagen de gigante económico mundial y los occidentales se la compraron, y a puñados. Sin embargo, hay que dejar claro que la economía china es una economía planificada y si se deja cierta libertad de empresa, ésta se ejerce bajo los parámetros que marquen los planes y los objetivos del Partido, lo que paradójicamente imita el modelo nacionalsocialista alemán o el fascista italiano. Un chino puede iniciar una labor empresarial si esta se adecúa a los principios del Partido o al menos, si no los entorpece.

La libertad, aunque sea poca, tiene la costumbre de incrementar la riqueza del que la ejerce y China, después de varias décadas de férreo control comunista ortodoxo, ha experimentado un evidente crecimiento económico. Lo que es más dudoso es que el ritmo de crecimiento de la economía fuera y sea el anunciado por la dictadura  en términos de crecimiento de PIB. Es cierto que ha partido de niveles muy bajos y relativamente fáciles de elevar, pero no menos cierto es que las estadísticas económicas de las dictaduras son como poco, dudosas, porque no tienen mecanismos adecuados para hacer mediciones, si es que existen, y sí mucho miedo de que los fallos puedan suponer un peligro para el que ha errado en la planificación y una tacha para el dictador.

Este desarrollo chino ha provocado dos trascendentes efectos. Por una parte, un importante desequilibrio económico dentro de su territorio, una zona con crecimientos elevados y un desarrollo industrial y urbanístico desmesurado que coincide con la costa oriental y otra, el interior, donde no ha llegado esta “revolución” y que mantiene un nivel de vida muy parecido al que ya tenían en tiempos de Mao. Estos desequilibrados conllevan, sobre todo en las zonas más desarrolladas, que convivan los grandes rascacielos y las grandes fortunas con las infraviviendas y los sueldos míseros. Algunos trabajadores empiezan a reclamar mejoras salariales y seguridad en los empleos a la vez que recelan de tan evidentes diferencias.

China puede ser una de las principales economías mundiales en conjunto pero su PIB per cápita era en 2009 según el Banco Mundial de 6.675 dólares, lejos de los 29.800 de Taiwán (Fuente: CIA World Factbook), los 32.545 de España o los 46.436 de Estados Unidos. Esta desigualdad, que no es fruto del capitalismo y del libre mercado, sino de todo lo contrario, puede generarle problemas internos con el tiempo porque una vez que se abre la espita de la libertad, las consecuencias pueden ser sorprendentes. China se enfrenta también a problemas similares a los que han provocado la crisis económica actual. Subvencionar o favorecer ciertos sectores provoca burbujas y recientemente se ha tenido imponer el errado control de precios para evitar que se dispare la inflación, sin olvidar la guerra de divisas entre el yuan y el resto de monedas que pretende favorecer las exportaciones pero que podría tener consecuencias no previstas.

El segundo efecto del crecimiento chino es la necesidad imperiosa de materias primas que puedan permitir su mantenimiento. Esta necesidad ha provocado una apertura del régimen hacia el exterior como no había ocurrido antes. China está tan necesitada de materias primas como de países que se las puedan proporcionar y ello ha llevado a acusaciones de neocolonialismo sobre países del Tercer Mundo, en cuyos territorios se encuentran buena parte de las reservas de petróleo, minerales y otras materias necesarias. ¿Es esto cierto y China está ejerciendo en papel de nueva potencia colonial en buena parte de Asia, África y Latinoamérica? Semejante afirmación es poco verosímil pues no está en condiciones de administrar o controlar todos estos territorios de forma física como hacían las potencias colonizadoras europeas durante los siglos XIX y XX o cómo se permitía la Unión Soviética durante la Guerra Fría, pero sí es cierto que ha incrementado su influencia en estos continentes a través de acuerdos económicos y políticos que se centran en directrices geoestratégicas, lo que en el mundo sajón se denomina “soft power”.

China no ha dudado en aliarse con gobiernos corruptos cuando ha sido necesario o con la facción que en ese estado fracasado, como suelen ser los africanos, controlaba la materia que quería obtener, lo que es malo para los africanos, porque ayuda a mantenerlos en el poder, impidiendo la evolución social del país y que la riqueza que supone el uso de ese recurso llegue a sus ciudadanos. Un ejemplo sería el apoyo al Gobierno sudanés, bloqueando en la ONU las resoluciones contrarias a sus propios intereses en la región.

China no ha dudado en pagar por un recurso mucho más que sus competidores occidentales. Esto, que en un proceso de libre mercado no sería especialmente importante ya que el riesgo real es sólo del que aporta el capital, es en este caso mucho más complejo. Esta es la situación en Latinoamérica donde por ejemplo, Venezuela ya ha comprometido buena parte de su producción petrolífera de los próximos años, o donde el incremento de los ingresos en exportaciones ha sido por el de los precios de las materias primas y no por la venta de un mayor volumen. Esta estrategia responde a dos razones, la de hacerse, sí o sí, con el recurso y por otra, desplazar del mercado a sus principales competidores, las empresas o gobiernos occidentales que también necesitan recursos, pero que en algunos casos no están dispuestos a pagar tanto.

Otras veces los acuerdos con ciertos países responden a intereses geoestratégicos como su alianza con el régimen totalitario de Myanmar (antigua Birmania) o los acuerdos para construir puertos en ciertos países africanos y asiáticos, como el puerto pakistaní de Gwadar, futura cabecera de un gasoducto procedente de Asia Central, pero también utilizable por la flota de guerra china o una presencia en los puertos sudaneses cada vez mayor y que tienen por objetivo el tener infraestructuras “exclusivas” para sus barcos mercantes y militares, incrementando su control sobre el Índico y poniendo en aprietos a su viejo enemigo y uno sus principales rivales, La India.

China no es un adalid del libre mercado ni del capitalismo. Los chinos como individuos físicos o jurídicos tienen pocas opciones de ejercerlo en ciertos sectores de los denominados estratégicos. En ellos, la planificación y los intereses del Estado chino son el marco principal y ello no es bueno ni para los chinos ni para los habitantes de estos países. Desde otra perspectiva, se da la paradoja de que es posible que ciertos países que venden materias primas a China desincentiven la apenas desarrollada industria manufacturera propia a favor de la china que es la que necesita estas materias primas.

Emprendedores destructores

La figura del emprendedor es tal vez la principal característica de la teoría económica austriaca. El emprendedor es el verdadero pivote sobre el que se sustenta toda la dinámica del mercado, el que hace que las distintas magnitudes económicas se "muevan" en el sentido que predicen los distintos teoremas.

No se olvide que la teoría económica austriaca se basa en la acción humana, y esta es necesaria para que se fijen precios, cantidades, tipos de interés y estructuras productivas. Pues bien, es el emprendedor, mediante su actuación, el que impulsa todo ello para que se adapten a las preferencias manifestadas por los individuos.

Lo que mueve al emprendedor es la posibilidad de obtener beneficios, sean monetarios o psíquicos, o una combinación de ambos. En un mercado no intervenido, la única forma de conseguir beneficios es la identificación de recursos infravalorados para, a continuación, ponerlos en valor mediante el proceso productivo adecuado (p. ej., mediante la combinación con otros factores). De esta forma, el emprendedor es capaz de retener para sí la diferencia de valor creada, en tanto otros emprendedores no le imiten de una u otra forma, y hagan que el valor de los recursos se actualice para reflejar el nuevo uso hallado.

Desafortunadamente para el emprendedor, el proceso está sujeto a incertidumbre. Esto hace que, en lugar de los deseados beneficios, su apuesta pueda dar lugar a pérdidas. En efecto, el emprendedor ha de acopiar los recursos que presume infravalorados antes de combinarlos y ponerlos a la venta en su nueva forma. Ello implica que ha de hacer un sacrificio de sus propiedades actuales, que podrá o no verse recompensando en el futuro. Si su apreciación era equivocada, sufrirá pérdidas, y en lugar de aumentar el valor de los recursos, lo habrá destruido.

Así pues, no todos los emprendedores son constructivos, los hay que también destruyen valor. Lo que ocurre es que en el mercado libre, los emprendedores destructores tienen sus días contados: conforme se van equivocando, su propiedad desaparece, así como el crédito que podían tener entre sus allegados, y eventualmente les es imposible seguir emprendiendo. Es la forma educada en que el mercado les dice que se han de dedicar a otra cosa. El "daño", por tanto, que un emprendedor destructor pueda hacer en el libre mercado está muy acotado; realmente, el principal perjudicado será él.

Me apresuro a aclarar que la calificación de "destructor" no se emplea con ningún matiz peyorativo. En el libre mercado, no hay ningún emprendedor que quiera ser destructor, solo lo es a posteriori. Y tanto respeto merece el que acierta como el que se equivoca, pues ambos pretendían legítimamente mejorar su posición mediante la mejora del bienestar de los demás individuos.

Sin embargo, la situación es completamente distinta cuando el mercado está intervenido. Recuérdese: lo que mueve al emprendedor es la posibilidad de obtener beneficios, no que se revaloricen los recursos. Esto último es la consecuencia lógica en un mercado libre.

En un mercado intervenido, el emprendedor también busca beneficios. Pero en este caso aparecen posibilidades inexistentes en el mercado libre, relacionadas con la regulación que imponen los gobiernos. El emprendedor no tiene (necesariamente) una perspectiva económica de la realidad: para él, es indistinto que la oportunidad venga de las preferencias de los individuos, o de las injerencias gubernamentales. No se plantea la diferencia, y trata de aprovecharla si la detecta.

Es más, puede ser activo y emprendedor en la generación de la regulación que precisa para obtener sus fines. Dicho de otra forma, puede que detecte oportunidades de negocio, no ya en la normativa existente, sino en la posibilidad de incentivar la creación de nueva normativa. Ejemplos los hay a patadas. Estoy seguro de que a muchos les sorprendería conocer el origen de muchas iniciativas del "regulador", hechas aparentemente con el fin de mejorar el bienestar de los ciudadanos.

¿No es una maravillosa oportunidad de negocio que todos los conductores estén obligados a llevar chalecos reflectantes en sus vehículos? ¿O que solo se pueda consumir alcohol en recintos cerrados? ¿O que solo haya un número determinado de farmacias por área? ¿O que solo puedan diseñar edificios los arquitectos titulados? ¿Qué decir de las limitaciones para instalar plantas fotovoltaicas?

Aquí tenemos otra instancia del emprendedor destructor, que detrae recursos hacia usos menos valorados por la sociedad. Pero, contrariamente a lo que ocurre en el mercado libre, este emprendedor destructor sí es capaz de obtener beneficios y mantenerse en el sistema. Por ello, su actuación es mucho más dañina para sus congéneres.

De todas formas, estas líneas no pretenden cargar contra este tipo de emprendedor destructor. No: los individuos emprendedores son una bendición para cualquier sociedad. Este tipo de personas va a emprender allá donde encuentren una oportunidad de hacerlo, y no se va a parar a mirar el origen de la misma. Lo importante es que toda su potencia como emprendedor se dirija allá donde es más útil para los demás individuos. Y esto solo ocurrirá en ausencia de intervención gubernamental que les proporcione oportunidades "destructivas".

Valga esto para contestar a todos los que piensan que en España no hay emprendedores. Sí los hay, y tan buenos como en el resto del mundo. Lo que pasa es que muchos de ellos son especialmente efectivos en generar y atrapar oportunidades de negocio procedentes de la regulación. Elimínense estas posibilidades, y esos mismos tipos que ahora denostamos se transformarán en inmensa fuente de riqueza para todos.

4,5 millones de razones para acabar con la rigidez laboral

La trayectoria de ambos países no puede ser más desigual, no sólo en cuanto a contención del déficit y austeridad presupuestaria, sino también en la capacidad de adaptación ante el shock que para las economías ha supuesto la crisis.

No es nuevo que España todavía vive inmersa en los efectos de una burbuja que Alemania, mal que bien, supo capear durante su gestación y, sobre todo, durante su pinchazo. A la postre, los problemas de nuestro país no sólo le vienen de lo mal que lo hizo durante los años de la fiesta loca de la burbuja crediticia engendrada por los bancos centrales, sino también durante los últimos cuatro años de crisis. El recetario que el dogma socialista nos impuso –gasto público y rigidez en los mercados– ha sido destructor para nosotros y también incluso para nuestros vecinos; pues si hoy Alemania sufre por algo es por el incierto futuro de sus deudores y, en especial, de España.

¿Pero tan mal lo hemos hecho los españoles como para sufrir esta sangría laboral? ¿Tanta diferencia hay entre nosotros, el milagro europeo por antonomasia, y los fracasados teutones, esos a los que ya deberíamos haber superado en renta per capita? Pues sí. Miren si no la evolución de los costes laborales ajustados por inflación entre 2001 y 2009 en ambas economías:

Dos rasgos resultan interesantes del gráfico. El primero, el obvio, es que los costes laborales en España subieron entre 2001 y 2009 un 11% en términos reales (¡un 40% en términos nominales!), mientras que en Alemania descendieron un 3,5%. ¿Se entiende ya, en parte, por qué ellos son más competitivos que nosotros? Pues añada a este nada despreciable detalle que las industrias que supuestamente habían de sustentar esos costes laborales inflados –aquellas de cuyas ventas habían de abonarse los salarios y las cotizaciones a la Seguridad Social– tenían una enorme relación con la burbuja inmobiliaria: si no se venden pisos, no hay trabajo en el sector de la construcción y si los salarios se mantienen artificialmente altos en la mayoría de sectores, no hay lugar donde se pueda recolocar a los parados de manera rentable. La sangría en el sector del ladrillo va seguida de una esclerosis en el resto de la economía a la espera de que los costes laborales bajen (no necesariamente todos, pero sí muchos de ellos) o de que los precios de venta de sus productos se incrementen.

El segundo rasgo de interés en el gráfico es que cuando más subieron los salarios en términos reales en España no fueron los años de la bonanza irracional de la burbuja, sino los años de penuria de la crisis: en los 36 meses de crisis que transcurren entre 2007 y 2009 los costes laborales crecieron más que en los 60 meses de boom artificial que van desde 2002 a 2006. En Alemania, como es razonable, los costes laborales reales siguieron descendiendo en general durante los años de crisis, que para algo son tiempos difíciles en los que todos deben ajustarse de un modo u otro el cinturón; y en ese todos incluyo a las administraciones públicas (la diferencia, claro está, se encuentra en que en Alemania el sector público también se apretó el cinturón, mientras que en España tuvimos que hacerle nuevos agujeros).

¿Y a qué se debe esta dispar evolución de los salarios tanto en bonanza como en crisis? Obviamente a la mayor flexibilidad del mercado laboral alemán, entre otros motivos por la declinante presencia de convenios colectivos, por la exclusiva aplicación de los mismos a los trabajadores sindicados, por la mayor descentralización de las negociaciones y por las facilidades para descolgarse de tales regulaciones. En Alemania del Este apenas el 38% de los trabajadores están sometidos a un convenio sectorial y en Alemania occidental el porcentaje ha descendido en más de doce puntos durante la última década, hasta situarse en el 56%. Amén del uso generalizado por parte de las compañías de las llamadas "cláusulas de no aplicación", las cuales permiten en momentos de dificultad modificar jornadas laborales, recortar salarios y bonus o retrasar el pago de ciertas retribuciones.

Nada que ver con España claro. La economía que ha de reajustarse de arriba abajo y que, en consecuencia, debería ser con diferencia la más flexible es la que más trabas ("derechos de los trabajadores") impone a los empresarios. Resultado: ellos tienen pleno empleo y nosotros 4,5 millones de parados. ¿Sorpresa?

Los incentivos del parásito

Hubo, o habrá, cierta vez un mundo compuesto por iso-individuos agrupados en iso-unidades autogobernadas. Lo de "iso" no quiere decir que fueran esencialmente iguales, sino sólo formalmente. Eran esos individuos y unidades diferentes aunque autónomos por igual e igualmente productivos. Su modo de sobrevivir se basaba, o se basará, en asociarse libremente y, aprovechando sus capacidades desiguales, intercambiar libremente el fruto de éstas en beneficio mutuo. Por una mutación evolutiva sólo existía o existirá un modo de sobrevivir, que no es otro que la división del trabajo productivo y el libre intercambio de los productos resultantes de él.

Pero en el proceso de división de los conocimientos, de los incentivos y, por ende, del trabajo, un individuo o grupo descubre un oficio rentable aún no aplicado. Un descubrimiento empresarial puro en el que alguien ofrece a otro mejorar su ventaja en el intercambio amenazando violentamente a la otra parte de éste. O, mejor, en el que ese empresario se convierte también en capitalista y, armado, extorsiona y roba viviendo mejor a expensas de ese robo.

Los robados, al comprobar lo sistemático de su sufrimiento, se dividen en dos ramas con diferentes estrategias. La primera opta por invertir en armas para defenderse –en principio–, en una carrera de fuerzas con los parásitos que perturba las otrora transacciones libres e introduce parasitismos recíprocos y multidireccionales, bien violentos, bien pactados.

La segunda opta, en lugar de invertir en armas, hacerlo en aumentar la productividad y los beneficios y tener, así, un colchón de éstos que permita subsidiar a los parásitos extorsionadores.

Ambas estrategias intentan mejorar su posición frente a los parásitos, pero la colusión de los intereses de éstos con algunos productores y el empeño de la estrategia parásita en saltarse las barreras que se les ponen acaban configurando un escenario harto conocido.

La primera división del trabajo fue celular, sexual. Los isogametos, sin diferenciación sexual, se reproducían por fusión. El incentivo de los que aleatoriamente eran de menor tamaño estribaba en aparearse con los de mayor tamaño. Dicho de otro modo, los que invertían menos energía se apareaban con los que invertían más con un margen muy alto de beneficio.

 El incentivo de este descubrimiento empresarial se generalizó y muchos gametos redujeron su tamaño mientras que otros lo mantuvieron oponiendo barreras o, para compensar, lo engrosaron. Los ataques reproductivos resultaron tan exitosos que la división por tamaño acabó en diferenciación sexual.

Debemos indagar en cómo esa carrera sin fin en contra del parasitismo estatal puede ser contrarrestada, pero aún no ha llegado el día en que descubramos cómo hacerlo definitivamente, cómo lograr que la estrategia socialmente estable sea solamente la de la libertad productiva.

Pajín permite fumar en casa

Éste bien podría ser el resumen de la nueva Ley Antitabaco aprobada por el Gobierno socialista a través de su ministra de Sanidad, Leire Pajín. El resto del articulado, simplemente, sobra, ya que tan sólo enumera toda una amalgama de restricciones absurdas, arbitrarias y jurídicamente deleznables con el fin de limitar hasta el extremo el derecho a fumar tabaco más allá de la vivienda particular.

Señores, bienvenidos al comunismo tabaquil. Y es que la legislación antitabaco, lejos de regular el derecho o no de un individuo a tragar humo –propio o ajeno– como, por ejemplo, la prohibición de fumar a los menores, vigente en numerosos países, invade de forma creciente y violenta la propiedad privada de cada sujeto, y ya no sólo de su cuerpo sino también de sus bienes.

Así, tras casi 20 años de prohibicionismo sobre esta materia, las distintas leyes promulgadas en España para limitar este hábito han ido conquistando, sin prisa pero sin pausa, ámbitos privados que hasta hace poco se pensaban intocables: la primea ley (1988) prohibió fumar en colegios y hospitales; en 1992 comenzó la restricción en los aviones (vuelos de menos de 90 minutos); en 1999 se prohibió totalmente en aviones y autobuses; desde 2006, se extendió a todos los lugares de trabajo (empresas privadas y administraciones públicas) y se restringió en bares y restaurantes de más de 100 metros cuadrados, entre otros, tales como estaciones, trenes, barcos, taxis…

Pero es ahora cuando la nueva Ley Antitabaco rozará su plenitud. A partir de 2011, el Gobierno amplía los espacios libres de humo a bares y restaurantes, parques infantiles (aire libre), las proximidades de ambulatorios, hospitales y colegios (aire libre), aeropuertos, autobuses turísticos y hasta coches particulares –siempre y cuando viajen menores de edad–. Además, la norma añade un nuevo apartado por el que "se prohíbe en todos los medios de comunicación […] la emisión de programas o de imágenes en los que los presentadores, colaboradores o invitados […] Aparezcan fumando […] Mencionen o muestren, directa o indirectamente, marcas, nombres comerciales, logotipos u otros signos identificativos o asociados a productos del tabaco".

Traducido a román paladino, el Estado, bajo la excusa de proteger a los fumadores pasivos, restringe aún más la libertad de empresarios y particulares a la hora de decidir si permiten o no fumar en sus esferas de propiedad. La prohibición se ha ido ampliando progresivamente a todas las empresas, desde las aerolíneas hasta el pequeño comercio, e incluso limita ya este hábito en la conducción particular de vehículos. Así, la ley vulnera, al menos, dos derechos fundamentales, como son la propiedad privada y la libertad de expresión (emisión en medios de comunicación). El Gobierno aspira, pues, a convertir España en un país sin humos a costa, eso sí, de restar libertades.

Quizá por ello la norma introduce una nueva definición acerca de lo que debe considerarse de ahora en adelante "espacios de uso público". A saber, "lugares accesibles al público en general o lugares de uso colectivo, con independencia de su titularidad pública o privada". Se trata, sin duda, de una interpretación altamente peligrosa, además de errónea e ilegítima. Una empresa (incluidos bares y restaurantes) no es, en ningún caso, un "espacio de uso público" siempre y cuando siga vigente el fundamental "derecho de admisión" del que goza todo propietario. De seguir esta deriva, el siguiente paso será restringir el hábito del tabaco en las casas… ¿Por qué no? ¿Qué se lo impide ya?

Por último, el espíritu de la ley consiste en "promover las medidas necesarias para prevenir y evitar el inicio del consumo", pero nuevamente esta oleada prohibicionista ha logrado un rotundo fracaso, ya que España cuenta con 300.000 fumadores más desde 2006.

Sarkozy reinventa el control de precios romano

Por eso aboga por un control de precios a nivel mundial de las materias primas.

La situación actual es similar a la que se produjo en el imperio romano. A finales del S. II d.C., una fuerte crisis azotaba Roma. Se debió a la sobrecreación de moneda por parte de los emperadores. Tal situación llevó a una sobreoferta de dinero que no pudo diluirse en la economía creando inflación. La crisis fue la reacción a tal exceso. Es lo ha ocurrido recientemente con el boom inmobiliario (exceso de dinero que se ha canalizado hacia las inversiones más lucrativas convirtiendo tales beneficios en poco más que inflación).

La ofensiva política para aliviar la crisis fue la misma que ahora practican los actuales gobiernos y bancos centrales: crear más dinero. El emperador Claudio II llegó a dejar el denario con un miserable 0,2% de plata. Fue el Quantitative Easing (QE) bernankiano de la época. El objetivo no era estimular la economía como ahora, sino aumentar el señoraje (beneficio obtenido de la acuñación de la moneda).

El emperador Diocleciano en el año 301 d.C. pensó igual que Sarkozy: "hemos de hacer algo". Para hacerse una idea de la situación, el trigo egipcio llegó a experimentar una inflación del 15.000% en cincuenta años.

Para controlar el fuerte aumento de precios que habían creado sus predecesores subió los impuestos y centró su lucha contra los especuladores y la inflación. ¿Le suena? Diocleciano fue el primer político que estableció controles de precios contra la especulación de forma masiva. El Edicto sobre Precios Máximos no fue una ley baladí. La normativa contemplaba precios máximos para más de mil productos, básicamente materias primas. Aquel que vendiese por encima de lo establecido por ley, se enfrentaba a la pena de muerte incluso.

Las consecuencias fueron hambre y pequeños comerciantes asesinados por el Gobierno; y, sin embargo, los precios siguieron subiendo en el mercado negro con una inflación rampante. En muchos lugares se abandonó la moneda y los comerciantes volvieron al trueque. Había empezado el declive de Roma.

Diocleciano no fue el único que lucharía contra los especuladores. El decreto de precios máximos también se produjo en la Revolución Francesa, en la Unión Soviética en el S. XX, en la Alemania de Hitler, la España de Franco, en Estados Unidos repetidas veces… Ha sido una constante en la historia. Los resultados siempre han sido los mismos: estrepitoso fracaso. Las medidas siempre se acabaron abandonando de forma oficial u oficiosa.

Sarkozy quiere reinventar los errores de la historia pero a lo grande. Quiere un control de precios mundial gobernado por él y sus colegas. Por más bases de datos y leyes que haga, ninguna va a superar el castigo de pena de muerte que impuso Diocleciano a los especuladores. La medida no sirvió para nada bueno entonces, ni lo hará ahora.

El Estado no abarca la conciencia y necesidades de la gente. La crisis no se debe a los especuladores. Éstos son una consecuencia de un mercado destrozado por las políticas inflacionistas de los gobiernos y bancos centrales, es decir, de la creación de moneda de la nada. El control de precios de Sarkozy solo creará desabastecimiento, un mayor mercado negro y más inflación. Está disparando contra el objetivo equivocado y, por lo tanto, no puede solucionar nada.

Diocleciano tenía una excusa para equivocarse, fue el primero en afrontar el problema. Sarkozy tiene 2.000 años de experiencia que demuestran que el control de precios es un fracaso con resultados muy negativos. Lo más irónico de todo es que su voluntad de "hacer algo" es lo que nos llevará a la situación que quiere evitar. Cuando eso ocurra, dirá que la culpa es de los especuladores, otra vez.

Un brindis por el gran 2010 y por un mejor 2011

Termina para el Instituto Juan de Mariana un año cargado de noticias, eventos y actividades y se abre ante nosotros un nuevo año que vamos a afrontar con la ilusión de superarnos en la defensa de la libertad individual.

Si miramos ahora a los últimos doce meses, lo primero que a muchos nos viene a la mente es la muerte de Manuel "Muso" Ayau. Con el fallecimiento de Muso, el Instituto perdió a uno de sus cuatro galardonados por una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad, a un generoso benefactor y a un amigo que siempre nos animó en nuestros proyectos. Sin embargo, por paradójico que pueda parecer, el recuerdo de su persona nos da una enorme energía y optimismo para afrontar con entusiasmo los retos que tenemos ante nosotros.

Durante el año que dejamos atrás, consolidamos nuestros principales programas académicos. Sacamos adelante la quinta universidad de verano, con una alta participación de estudiantes de 6 nacionalidades con currículum excepcionales. Realizamos un nuevo curso de formación avanzada en el Gran Hotel Bali de Benidorm. Carlos Rodríguez Braun, a quien tuvimos la suerte de tener como profesor, analizó el importante campo de la retórica económica y la defensa del liberalismo. Mantuvimos también por tercer año nuestro compromiso con la educación universitaria como institución colaboradora del Máster en Economía Austriaca, de la URJC, que está resultando ser un nuevo éxito tanto por el número de estudiantes como por la diversa procedencia de los mismos. Asimismo, celebramos nuestro III Congreso de Economía Austriaca, que en esta ocasión logró suscitar el debate en torno a una treintena de investigaciones sobre temas tan diversos como la responsabilidad social corporativa, las telecomunicaciones o la crisis económica.

Este fue sin duda el año de Carlos Alberto Montaner, nuestro Premio Juan de Mariana 2010. Durante la Cena de la Libertad se dieron cita cerca de 200 liberales para homenajear a este cubano universal cuyo recorrido supone un brillante ejemplo de cómo defender la sociedad libre en las condiciones más complicadas. Tuvimos la suerte de contar con Zoé Valdés aquel día, que acudió desde París para presentar a Carlos Alberto y celebrar el premio con los muchos liberales españoles que acudieron a la cita.

Junto a la Cena, organizamos la tercera edición de LIBERacción, la feria de libros liberales. El evento, que volvió a celebrarse en el Círculo de Bellas Artes, ofreció presentaciones de una veintena de autores y contó con gran afluencia de público. En esta edición, el tema central fue la realidad de las libertades en Cuba, pero no faltaron presentaciones sobre las causas y consecuencias de la crisis.

El tramo final del año ha venido marcado por trabajos internos con los que tratamos de prepararnos para las actividades de los próximos meses. Hemos trabajado en mejorar la web, los boletines y la comunicación del Instituto. También hemos trabajado para empezar a vender nuestros libros a través de Amazon y disponer de versión electrónica de nuestros títulos, algo que por ahora hemos podido hacer realidad con la edición electrónica de Armonías Económicas, de Bastiat.

Curiosamente, hemos vuelto a ser consultados por políticos norteamericanos. En esta ocasión ha sido desde el Caucus Hispano, formado por un extenso grupo de legisladores demócratas y republicanos, que nos pidieron que les expusiéramos nuestro punto de vista en materia de política energética.

Además, hemos continuado con nuestra labor investigadora y esta misma semana hemos publicado un informe que trata de desmontar la falacia de los bajos impuestos en España. En primer lugar, se hicieron eco de las conclusiones del informe los diarios Expansión y ABC y, durante su primer día, ha sido recogido por la gran mayoría de la prensa española. Esperamos que el estudio sirva para detener la ola de endurecimiento impositivo con la que el gobierno pretende volver al equilibrio presupuestario.

En cierto modo, 2010 fue el año de la confirmación del IJM como un think tank con presencia internacional. Diarios como el Wall Street Journal, Washington Post o San Francisco Chronicle volvieron a hacerse eco de nuestros trabajos y nuestras campañas. Nuestros trabajos empezaron a ser citados también en libros e investigaciones académicas de todo el mundo. Matt Ridley mencionó nuestro estudio sobre los empleos verdes en su último éxito, The Rational Optimist. Precisamente, la enorme cantidad de referencias en los medios de comunicación a la campaña de comunicación sobre el coste de los empleos y de la energía verde nos valió el prestigioso premio Templeton Freedom Award, otorgado por Atlas Economic Research Foundation.

Pero si 2010 ha sido un año excitante y cargado de eventos, estamos convencidos de que 2011 lo va a ser aún más. Llevamos meses preparando actividades para el próximo año. Entre las más destacables, están el relanzamiento del Observatorio de Coyuntura Económica con sus boletines periódicos, la publicación en español de Power and Market (de Murray Rothbard) o la colaboración con universidades de verano extranjeras con la vista puesta en dar más oportunidades a los jóvenes miembros del Instituto.

También estamos cargados de ilusión con la celebración de la Cena de la Libertad de 2011, de la que daremos detalles en los próximos días. Y tenemos puestas enormes esperanzas en el proyecto de la creación de una universidad online, de la que el Instituto es un importante impulsor y que esperamos que esté en marcha después del verano. Manuel Ayau alentó siempre este proyecto y confiamos que el resultado esté a la altura de sus expectativas.

Con el entusiasmo renovado con el que comenzamos el año y con tu apoyo, estamos seguros de que contribuiremos a hacer de 2011 un año lleno de éxitos para la difusión y la defensa de los principios liberales. En nombre de todos los que colaboramos con este proyecto, agradecemos enormemente tu colaboración y aprovechamos la ocasión para desearte un nuevo año rebosante de felicidad y libertad.

Mujeres y fútbol

Este es un artículo dedicado a lectores masculinos, principalmente. Las razones son dos.

En primer lugar, en el Instituto Juan de Mariana el predominio masculino es abrumador (nota: animaros las escasas chicas que leáis este artículo, los liberales austriacos tenemos un lado sexy cuando se nos conoce…).

En segundo lugar, el mismo título de este artículo, señalando dos de las grandes aficiones masculinas, aunque no por ese orden, hará que los lectores XY se interesen más en el mismo, mientras que los lectores dotados de doble X, ya desde el mismo encabezamiento, mostrarán menos interés por su contenido.

Una vez aclarado el sexo del lector al que me voy a dirigir de forma mayoritaria, y que sin duda va a influir en el propio estilo del artículo, directo y sin historia romántica paralela, vayamos a la pregunta clave que constituye su eje.

¿Por qué el deporte femenino interesa menos, mucho menos, que el masculino?

Algun@ dirá que no es cierto, pero las pruebas a favor del deporte masculino son abrumadoras. Un ejemplo: mientras que la Liga de Fútbol Profesional mueve cifras millonarias y arrastra multitudes a los estadios, su equivalente femenino sobrevive en un precario semiprofesionalismo. Otro: todos conocemos el equipo que ganó la NBA, los Angeles Lakers. Por el contrario, el nombre del equipo ganador de la WNBA, Seattle Storm, es un completo desconocido para el aficionado medio…

Y no solo a nivel de deporte espectáculo. Como practicantes, el dominio masculino vuelve a ser muy superior, teniendo mayor número de licencias en la gran mayoría de los deportes, excepto en algunas especialidades muy concretas como la gimnasia rítmica (en España, solo hay un chico que la practica y se enfrenta a las reglas de la propia Federación que excluyen a los hombres… Sic).

Así, mientras que en los colegios es relativamente fácil sacar equipos masculinos de cualquier especialidad y en cualquier categoría de edad, en el caso de equipos femeninos es un tema mucho más complicado. Incluso desde la propias federaciones, en muchos casos se reconoce dicha disparidad, creando competiciones por equipos en las cuales el número de jugadoras requerido para participar es menor que el número de jugadores.

Se pueden buscar muchas razones, sociales, culturales, educativas, pero finalmente la raíz de esta disparidad es puramente biológica, evolutiva.

Somos mamíferos y, como tales, somos herederos de un linaje evolutivo que ha generado una diferenciación sexual que hace que en el 99% de las especies (las hienas manchadas son el único ejemplo de lo contrario) los machos segreguen mayores cantidades de testosterona y sean más grandes, más fuertes, más agresivos, es decir, más dotados para la lucha, la violencia… y para la mayoría de los deportes.

De paso, mencionemos que en nuestra especie, esta diferencia intersexual no es muy marcada si la comparamos con la que se da en nuestros parientes antropoides más cercanos y, ridículamente pequeña, si nos fijamos en otras especies más alejadas evolutivamente como los elefantes marinos… (luego, no os quejéis tanto chicas… peor estaríais en una playa de las Georgias del Sur).

Y, aunque somos animales hiperculturales, dicha cultura se ha creado sobre un sustrato biológico que fija intereses, estrategias y comportamientos muy diferentes para cada sexo.

Así, el juego, preludio del deporte y básicamente una forma de adiestramiento para los requerimientos biológicos del futuro, es marcadamente diferente en machos y hembras, y el interés social hacia él también responde a dicha dicotomía.

Efectivamente a las mujeres también les gusta el fútbol, pero mira tú por dónde, insolidarias ellas y con poca conciencia de género, prefieren asistir a partidos de fútbol masculino que a partidos femeninos. Así, el glorioso Bernabéu acoge en sus gradas cada domingo a más mujeres jaleando a Cristiano que espectadoras hay en todos los estadios de primera división femenina en una jornada entera. Y no solo porque el futbolista masculino tenga más calidad absoluta, corra más, salte más, chute más fuerte… sea mejor atleta, en resumen, sino porque el fútbol y la gran mayoría de los deportes requieren una serie de aptitudes, digamos masculinas, muy valoradas por el sexo contrario.

Pero veamos deportes en los cuales el desequilibrio en interés y seguimiento es menor, por ejemplo, el tenis. Aquí, de nuevo el interés de las propias mujeres hacia los Nadal, Federer & Djokovic es muy superior al seguimiento que hacen respecto a sus equivalentes femeninas. Incluso, cuando una niña que está empezando a jugar elige a una jugadora como ídolo, suele fijarse en aquellas que, además de jugar bien, tienen cierto atractivo como patrón femenino. Y esto lo saben muy bien las marcas. Así, Anna Kournikova, una jugadora que nunca ganó un torneo profesional, tuvo unos contratos de patrocinio que jugadoras con mejor récord tenístico solo pudieron soñar… y se hinchó a vender zapatillas y modelitos. Por su parte, Martina Navratilova, posiblemente la mejor jugadora del tenis moderno, nunca tuvo un gran respaldo publicitario.

A continuación hay una pequeña serie de deportes muy seguidos por las mujeres y absolutamente olvidados por el público masculino, en los cuales se valoran unas aptitudes físicas como la elegancia, la agilidad, la sensibilidad artística, que las mujeres admiran y en las que los hombres… ni caen. De nuevo, hablaríamos aquí de la gimnasia rítmica, de la natación sincronizada o del patinaje artístico.

Finalmente habría que señalar los deportes femeninos que interesan a los hombres. Y sin duda el primero que nos viene a la cabeza es el voley playa… Pues en él se ponen de manifiesto unas características femeninas irresistibles para el sexo opuesto e independientes del marcador…

Y si esto es así. ¿Cómo se puede luchar contra ello? ¿Cómo podríamos conseguir que un Rayo Vallecano vs. Atlético de Madrid en chicas interese lo mismo que su equivalente masculino? ¿Que a los hombres les interese la natación sincronizada y se vayan todos los domingos a un bareto a verla con sus colegas? ¿Que Larissa Riquelme muestre sus encantos no solo cuando juegan los chicos de Paraguay?

Como todo, es una cuestión de educación. Siguiendo la loable labor de Consejería de Educación e Igualdad de Andalucía con su catálogo de juegos no sexistas, si desde Educación para la Ciudadanía se impartiesen a cada alumn@ 400.000 horas de clase de identidad de género, con aplicación de electrodos genitales si sus respuestas no son las correctas, las cosas empezarían a cambiar…

Y si desde Igualdad se promoviese un movimiento eugenésico que restringiese la reproducción humana a aquellos individuos que presentasen caracteres sexuales menos marcados (y en España tenemos una pareja que es el ejemplo ideal…), iríamos en la correcta dirección y en unas cuantas generaciones, aproximadamente 50.000, habríamos conseguido la igualdad real entre los sexos.

Sin duda es un largo y doloroso camino, pero ¿qué quieren? ¡¡Hay que desandar 225 millones de años de evolución mamífera políticamente incorrecta!!

PD. Feliz Año… y disculpas a Reme por haberme metido en su campo.

La fortaleza de la Sra. Darwin

Emma Wedgwood ocupó un lugar relevante en la culminación de la obra de Charles Darwin que, probablemente, no se hubiera producido sin su apoyo desde que se desposaron.

Al venir de familia acomodada, de soltera pudo realizar un tour de varios años por Europa junto a su hermana Fanny. Era una pianista aceptable y en París recibió clases de Chopin. Le encantaba todo tipo de deportes al aire libre, destacando verdaderamente en el tiro con arco. Su tímido primo Charles quedó pronto deslumbrado ante la cautivadora Emma.

En agosto de 1831, ella y su familia ayudaron a Charles Darwin a convencer al padre de éste –tío de Emma– para que levantara sus objeciones a que su hijo partiera en el Beagle. Darwin era una persona religiosa cuando empezó dicho viaje; se había graduado en teología, única titulación oficial que obtendría a lo largo de su vida. A bordo del bergantín, solía citar pasajes de la Biblia a los marineros para insuflarles ánimo. Sin embargo, después de aquel largo viaje de casi cinco años se convirtió en una persona menos religiosa.

En enero de 1839, una vez regresado Darwin de su periplo por el mundo y habiéndose granjeado cierta celebridad en los círculos científicos de su país, se casó con su prima carnal, un año mayor que él. Ésta había rechazado no pocas ofertas matrimoniales, incluidas varias del propio Charles. El matrimonio vivió inicialmente en Londres para trasladarse finalmente a una casa rural en el condado de Kent, en donde llevaron una vida recluida.

Emma se ocupó puntualmente de todo el personal femenino contratado en la casa y su marido, de los asuntos relacionados con el mayordomo, el jardinero, el mozo de cuadras y demás servicio masculino, así como de los pagos de sus salarios. La típica división de trabajo doméstico de una familia de próspera clase media de aquella sociedad victoriana.

Tuvieron diez hijos, de los cuales les sobrevivieron siete. Dos vástagos murieron prematuramente, pero el repentino fallecimiento por escarlatina a los diez años de su hija Anne, en 1851, fue un verdadero mazazo para el matrimonio que, además, le llevó a Darwin a perder completamente la fe en Dios. "Hemos perdido – escribió – la diversión del hogar y el consuelo de nuestra vejez. Si sólo ella supiera cuán profunda y tiernamente aún amamos y amaremos su hermoso rostro…".  Pese a todo ello, y aunque dejara de acudir a la iglesia los domingos para disgusto de su Emma, cuya fe afortunadamente la sostenía, siguió ayudando Charles a su iglesia local al reconocerle utilitariamente relevancia civil.

En una de las cartas de Darwin conservada aún en Londres se puede leer: "Aunque soy un fuerte defensor de la libertad de pensamiento en todos los ámbitos, soy de la opinión, sin embargo –esté equivocado o no–, de que los argumentos esgrimidos directamente contra el cristianismo y la existencia de Dios apenas tienen impacto en la gente, es mejor promover la libertad de pensamiento mediante la iluminación paulatina de la mentalidad popular que se desprende de los adelantos científicos". Esa sí que era tolerancia, y de la buena, no como cierto laicismo antirreligioso hodierno, trufado de ideología sectaria.

El agnóstico observador de los seres vivos y su devota esposa, seguidora de la iglesia unitaria inglesa, discreparon en no pocas ocasiones sobre el cristianismo, pero no fue en ningún momento motivo de conflicto serio entre la pareja. Emma asistió a su esposo en la ardua redacción de sus libros y en la clasificación de sus numerosas notas, pese a no estar de acuerdo en buena parte de sus conclusiones. Valoraba la amabilidad mostrada siempre hacia ella y sus hijos por parte de su marido; la única pena que sentía era el saber que su Charles no podría acompañarle en la otra vida por culpa de su obstinado escepticismo. 

Éste, además, era un hombre quejumbroso debido a la mala salud que sufrió de adulto. A pesar de ello, recibió constante cuidado y atención por parte de su mujer. En sus notas personales, el naturalista confesaba sin ambages la superioridad de su esposa debido a sus cualidades morales y reconocía su inmensa suerte por haber compartido la vida con aquella mujer excepcional.

La Sra. Darwin sobrevivió catorce años y medio a su marido. Uno de sus bisnietos, el psicólogo Richard Darwin Keynes, miembro de la Royal Society y sobrino de un también célebre economista británico (aunque no muy jaleado por estos lares), permitió la publicación de los diarios de su enérgica bisabuela Emma. Así pudo conocerse mejor la vida doméstica de los Darwin.

El confuso “no-mercado” energético español

La política energética de José Luis Rodríguez Zapatero está tan embarullada como el resto. Un observador objetivo, más que lógica y planificación, vería un conjunto de decisiones que se sustentan, unas veces en cuestiones ideológicas, otras en las presiones de diferentes lobbies y/o empresas y en algunos extraños casos, en dolorosos baños de realidad.

A estas alturas, todavía me sorprende que se hable de mercado energético español. Supongo que para un marxista convencido o para un progre descerebrado el sector energético español será un mercado salvaje, pero cuesta encontrar uno donde los precios se establecen de forma oficial a principio de año, donde el Gobierno dicta qué tipo de energías se van a subvencionar, qué instalaciones consiguen autorización, qué empresas van a operar y cuáles no van a conseguir los permisos necesarios. Es difícil encontrar un mercado libre en el que el 20% del capital de Red Eléctrica Española, única empresa que se encarga del transporte eléctrico de alta tensión, esté en manos públicas, siendo ésta la participación mayoritaria, favorecida además por una ley que obligó a las eléctricas a venderle las pocas redes de transporte que tenían incluso en sistemas extrapeninsulares. Es difícil encontrar un mercado libre en el que las empresas del sector se comporten como un oligopolio nacional o como monopolios regionales o en el que las fusiones, compras o participaciones del capital pueden ser supervisadas y vetadas por el gobierno a través de mecanismos, cuando menos, poco éticos. A lo mejor es más acertado hablar del no-mercado energético nacional, un no-mercado que fue "liberalizado", paradojas de la vida, en 1997 con la Ley del Sector Eléctrico.

Industria ha tomado la decisión de subir un 9,8% el precio de la electricidad en 2011 y la ciudadanía, harta de apretarse el cinturón para pagar los excesos de los políticos, ha puesto el grito en el cielo, y con razón. Semejante decisión no es fruto de la casualidad sino de la acumulación de errores y decisiones que han beneficiado a unos pocos y perjudicado a muchos. La apuesta por las energías alternativas del Gobierno de Zapatero ha supuesto unos gastos desorbitados que han ayudado, junto a otros factores, a elevar el precio de la energía un 53% desde 2006 y por los datos que se mueven, este incremento se va a seguir produciendo. Igualito que la evolución de precios en los mercados libres.

Hasta septiembre de este año, las primas de las renovables han sumado 5.886 millones y de ellos la mitad ha ido a parar a la energía fotovoltaica, que apenas representa el 12% de la potencia instalada. En un leve ataque de realidad, el Ejecutivo ha decidido reducirlas, lo que ha despertado la indignación de las empresas y ciudadanos que viven de ello, y sin ninguna razón. El elevado coste de estas tecnologías podría hacer pensar que aún hay mucho que investigar para abaratarlo, o que la labor comercial debe ir dirigida hacia los sectores que están dispuestos a pagar más por una energía aparentemente limpia. Zapatero ha anunciado un descenso de las primas para las renovables en unos 3.300 millones: 232 para las eólicas, 891 para la termosolar y 2.220 para la fotovoltaica. La mala noticia es que las primas siguen existiendo y que la fuente del problema no desaparece, sólo se reduce lo que, como ya demostró el Instituto Juan de Mariana, está ayudando a generar más paro.

El Gobierno ha decidido reducir el déficit tarifario, que por ley no puede ser más de 5.000 millones, y ha decidido repartirlo entre todos los actores, los contribuyentes y las empresas, que son las malas malísimas en todo ejercicio de propaganda progresista. A algunos les parecerá maravilloso que este dinero salga de los beneficios de las empresas, pero me temo que no es tan sencillo. Ya se encargarán de ajustar donde se pueda, como en inversión y mantenimiento. Una de las ventajas de las empresas energéticas españolas es que tienen el negocio diversificado en varios países. La empresa seguirá ganando sin necesidad de invertir en España más allá de los acuerdos que tenga con el Gobierno y de otras inversiones que se hagan para salvar la imagen. Otro ejemplo de mercado libre y salvaje.

Menos revuelo ha generado una decisión del Gobierno sobre la propiedad de las centrales nucleares españolas de Almaraz, Cofrentes, Ascó, Santa María de Garoña, Trillo y Vandellós. De salir adelante, la nueva legislación obligará a cambios en la titularidad de las centrales que exigirá uno por central (actualmente la gran mayoría está compartida), cuentas separadas y detalles de las inversiones. Siempre hay una justificación para cualquier imposición y, en este caso, es la responsabilidad en caso de accidente. Lo interesante de esta nueva normativa radica en la posibilidad, remota, pero posibilidad, de que se pudiera autorizar la construcción de una central nuclear en suelo español. La titularidad única dificultaría la construcción de una central que supone una inversión muy elevada, lo que es una manera indirecta de dificultar este tipo de energía.

Todo esto enlazaría de alguna manera con el empuje que han recibido las cuencas mineras españolas. Porque de nuevo, en este mercado tan salvaje y libre, el Gobierno ha decidido qué tipo de combustible deben gastar las empresas españolas. A principios de diciembre de 2009, Bruselas decidió alargar las ayudas para el carbón europeo hasta 2018, lo que fue muy bienvenido por nuestros subvencionados mineros. El 21 del mismo mes, el Ministerio anunció la prórroga para 2011 de las ayudas a la industria minera del carbón de los ejercicios de 2008, 2009 y 2010, sobre las ayudas estatales a la industria del carbón. Además, por ley, las eléctricas españolas deben usar el carbón nacional.

Con estas condiciones es más fácil construir una térmica o una central de cogeneración que una nuclear. Además, se produce una nueva paradoja, centrales más eficientes y limpias como los ciclos combinados tienen que permanecer paradas para que las térmicas, más contaminantes y menos eficientes, quemen carbón nacional, que además tiene menos capacidad calorífica que el importado y es mucho más contaminante.

¿No estamos en una situación confusa, casi irracional? El Gobierno favorece la ideología ecologista y los intereses de las empresas ligadas a las renovables durante años, luego les da la espalda, al menos aparentemente, reduciendo ayudas y favoreciendo un sector tan lejano a los intereses de ambos grupos y, por último, da una última estocada a la energía nuclear, que ya lo tenía difícil, pero que podría echar una mano en objetivos como la menor emisión de dióxido de carbono a la atmósfera. Lo dicho, un mercado de lo más salvaje.