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Limitación del déficit presupuestario, los tributos y el endeudamiento

La elaboración de presupuestos públicos equilibrados (o con superávit) es una condición necesaria para remontar una crisis económica y lograr un crecimiento socioeconómico sano con poco lastre impositivo y financiero por parte de las administraciones públicas.

Para lograr reducir el enorme endeudamiento acumulado no basta con reales decretos de mero maquillaje, ya que se necesitan recortes presupuestarios y reformas estructurales de hondo calado político.

Un análisis del Informe Económico Financiero de los Presupuestos Generales del Estado del año 2010 (PGE 2010) pone de manifiesto el desequilibrio presupuestario que padecemos en España. Durante el año 2010, los presupuestos generales del Estado de gastos consolidados ascienden a 386.400 millones de Euros, con un 85,5% dedicado a operaciones no financieras.

1. Déficit de la Administración Central:

Se ha realizado una previsión presupuestaria de pérdidas por operaciones corrientes en la Administración General del Estado de -38.235 millones de Euros que, se obtienen sustrayendo a sus ingresos corrientes de 157.448 los gastos corrientes de 199.213 millones de Euros. Seguramente, la previsión de los PGE 2010 será ampliamente rebasada por el crecimiento de las prestaciones de desempleo y por la disminución en las cotizaciones a la Seguridad Social.

Añadiendo las perdidas de -21.850 millones de Euros en operaciones de formación de capital del Estado (enajenaciones, transferencias, inversiones reales) y los Gastos del Fondo de Contingencia de – 3.745 millones de Euros, podemos comprobar que estamos tirando la casa por la ventana con un déficit presupuestario de -63.830 millones de Euros para el año 2010.

Sin embargo, con diversos ajustes contables como el aplazamiento de las liquidaciones de comunidades autónomas y entidades locales a favor del Estado, los PGE 2010 muestran una necesidad de financiación de la Administración central de 57.376 millones de Euros.

2. Déficit del Estado autonómico:  

Se supone que con los impuestos y tasas transferidos a las comunidades autónomas junto con las transferencias corrientes y de capital del Estado a las Comunidades Autónomas por importe de 53.525 millones de euros (año 2010), deberían ser capaces de sostener presupuestos equilibrados, dejando el déficit sobre las espaldas del estado central.

Sin embargo, merece la pena analizar también el despilfarro del Leviatán autonómico ya que su déficit  presupuestario conjunto alcanza los -26.932 millones de Euros según la agencia de calificación Fitch, lo que pone de manifiesto las tensiones de financiación que supone la organización territorial autonómica.

Y no debe sorprender que las mayores contribuciones al déficit autonómico en relación con la cantidad de población provengan de las regiones gobernadas por la casta política que ejerce un mayor intervención nacionalista sobre la vida de los ciudadanos, ya que se deben alimentar los excesos del Estado autonómico: Cataluña (– 7.661 millones de Euros), Andalucía (– 4.389), Valencia (– 2.127), Vascongadas (– 1.914 y contando con ingresos extras por el cupo vasco de 1.026 millones de Euros) o Galicia (– 1.532).

3. Déficit de los Entes Locales:   

Por otro lado, las transferencias corrientes y de capital a las Entidades Locales ascienden a 17.872 millones de euros (año 2010) y, sin embargo, con el beneplácito de Gobierno también los ayuntamientos se están aplicando en el despilfarro generalizado con políticas presupuestarias claramente deficitarias, aunque haya indicios de que algunos municipios maquillan contablemente las deudas por medio de operaciones con empresas públicas y mecanismos similares de ocultamiento del déficit y endeudamiento públicos.

Afrontar los déficit presupuestarios y el endeudamiento que generan requiere coger la tijera y eliminar partidas presupuestarias ociosas como la inmensa mayoría de las subvenciones, las televisiones públicas, los Ministerios florero, los asesores políticos,… Supone someter a una permanente dieta de adelgazamiento tanto a la administración central como a las autonomías y entidades locales, en vez de subir impuestos y constreñir aún más la economía de las familias.

A ese respecto, es preciso señalar nuevamente la utilidad de establecer una Constitución Económica que, entre otros aspectos, permitiese la limitación del gasto público, de los impuestos y del endeudamiento, introduciendo el principio de consentimiento de los ciudadanos ante determinadas decisiones políticas transcendentales para su futuro.

4. Limitación de presupuestos deficitarios

Por ejemplo, podría ser oportuna una nueva redacción del artículo 134 CE en donde se dificultasen los presupuestos deficitarios con algún apartado que explicitase la potestad de refrendo obligatorio por los ciudadanos:

Art. 134 CE  (propuesta):

  1. Corresponde al Gobierno la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y a las Cortes Generales su examen, enmienda y aprobación.
  2. Los presupuestos generales del Estado tendrán carácter anual, incluirán la totalidad de los gastos e ingresos del sector público estatal y en ellos se consignará el importe de los beneficios fiscales que afecten a los tributos del Estado.
  3. Siempre que exista déficit presupuestario, en un plazo de un mes desde su aprobación, los Presupuestos Generales del Estado deberán ser refrendados en un referéndum por una mayoría de dos tercios de los ciudadanos con derecho al voto. En caso contrario, serán prorrogados los Presupuestos Generales del Estado del año inmediatamente anterior, siempre que sean equilibrados (o con superávit) y hubiesen quedado debidamente refrendados.
  4. Análogamente, en el ámbito competencial de las Comunidades Autónomas y de las Corporaciones Locales, cualquier presupuesto público deficitario deberá quedar refrendado por una mayoría de dos tercios de los ciudadanos con derecho a voto que vayan a ser afectados por el mismo. En caso contrario, se prorrogará el presupuesto público inmediato anterior, siempre que sea equilibrado (o con superávit) y hubiese quedado debidamente refrendado. 

5.Limitación de los tributos

Evidentemente, una limitación de presupuestos deficitarios debe venir acompañada de una legislación que evite las arbitrariedades tributarias que intentan cuadrar las cuentas públicas coaccionando aún más el bolsillo del sufrido contribuyente. Es decir, en ese caso, cabría una nueva redacción del artículo 133 CE: 

Art. 133 CE  (propuesta):

  1. La potestad originaria para aprobar los tributos corresponde exclusivamente a los ciudadanos con derecho al voto que residan en un territorio, mediante la aprobación en referéndum de una propuesta legislativa, por mayoría de dos tercios y conforme al artículo 92.
  2. El Estado, Comunidades Autónomas y Corporaciones locales podrán establecer y exigir tributos en el territorio donde ejercen sus competencias, siempre y cuando cumplan el apartado anterior.
  3. Se establece un tipo único del 20%, tanto para el impuesto sobre la renta de las personas físicas como para el impuesto de sociedades. Se prohíbe la doble tributación. Cualquier subida de tributos deberá cumplir el apartado primero.

6.    Limitación del endeudamiento

Finalmente, el endeudamiento debería quedar también sujeto por medio de una modificación del artículo 135 CE, dado que los políticos intervencionistas emplean esta segunda vía para mantener presupuestos deficitarios y evitar el mayor desgaste electoral que suponen las subidas de impuestos:

Art. 135 CE  (propuesta):

  1. Para emitir Deuda Pública o contraer crédito durante un ejercicio presupuestario, sólo el Gobierno podrá ser autorizado por una ley aprobada en referéndum obligatorio, por mayoría de dos tercios de los ciudadanos con derecho al voto y conforme al artículo 92.
  2. En caso contrario, será prorrogada la ley de emisión de Deuda Pública o de crédito que hubiese quedado aprobada con anterioridad, según se indica en el apartado anterior.
  3. Los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de la Deuda Pública del Estado se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de los presupuestos y no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de una ley de emisión aprobada según el apartado primero.

Sin duda, la creciente incertidumbre de los mercados financieros no es ajena al roto presupuestario en España, generado por erradas políticas keynesianas que intentan estimular la demanda con gasto público en vez de reduciendo el gasto superfluo de las administraciones públicas.

Por ello, es preciso reflexionar sobre la necesidad de que los ciudadanos puedan interponer barreras normativas frente a los desmanes de los políticos irresponsables, para evitar que destrocen las finanzas públicas y lleguen a hipotecar el futuro del país en su afán por contentar a los votantes.

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Patentar la idiotez

Su argumento es discutible en la mayor parte de los casos, pero en otros es sencillamente estúpido. Esto es así, sobre todo, en lo referido al software y a internet. En estos supuestos lo que se patenta no es, por lo general, el modo concreto de realizar un proceso o un servicio on line determinado. El monopolio que se obtiene es sobre la idea misma de que ese proceso o servicio puede ser hecho.

El último ejemplo es la patente sobre las redes sociales que le ha sido otorgada a Amazon. El gigante de la venta minorista on line es ahora el "propietario" de la idea de que un servicio de internet permita que las personas se identifiquen unas a otras y se otorguen permisos entre sí para ver información personal de cada uno. En definitiva, las autoridades gubernamentales han transformado a una empresa en dueña de la idea sobre la que están construidas las redes sociales. Se trata de un absurdo absoluto, que permitiría a Amazon presentar demandas contra Facebook y otros servicios similares (como el fracasado Orkut de Google).

La lógica que permite este absurdo es la misma que permitiría patentar el unir por un lado muchas páginas de papel sobre las que hay palabras impresas que cuentan una historia o explican ideas o conocimientos técnicos. Esto es, producir libros. Nadie sería capaz de sostener que esto fomenta la innovación o la creatividad. Al contrario, cualquiera pensaría que supone un freno al desarrollo de la civilización. Sin embargo, en materia de internet o de software quieren hacernos creer que es positivo.

Puestos a patentar, a uno le entran ganas de registrar la idea de que alguien pueda perpetrar estupideces o actuar de manera absurda. Sería la patente de la idiotez. A quien se la concedieran podría forrarse. Para empezar, deberían pagarle aquellos que creen que Amazon tiene derecho al monopolio de la idea de las redes sociales.

Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.

¿Dónde está la reforma del mercado laboral?

Al no cumplirse sus esperanzas, han tenido que hacer algo. No les ha salido muy bien a juzgar por las reacciones. El mismo día que María Teresa Fernández de la Vega y Celestino Corbacho comparecían para anunciar la reforma, el diferencial del bono español con el bund alemán superaba los 220 puntos básicos. Otro máximo que transmite la poca confianza que tienen los países extranjeros en nosotros y en las medidas de nuestros políticos.

No es para menos. Según de la Vega, el principal objetivo de la reforma es "reducir la temporalidad excesiva". Sorprendente. Esta mujer no lee los periódicos. El problema es otro. Hay una legión de parados, y somos los líderes de toda Europa en desempleo. En el mes de abril nuestro país llegó a una tasa de paro juvenil superior al 40%. También somos líderes indiscutibles en paro masculino y femenino, con casi un 20% en ambos casos.

El decreto ley que quieren aprobar no moverá nada. Ni siquiera a los sindicatos del Gobierno (CCOO y UGT), a juzgar por las encuestas de participación de la próxima huelga general. Uno de los principales talones de Aquiles de la nueva ley es que mantiene la litigiosidad actual. Si cualquier despido va a desembocar en el juzgado, a nivel práctico el mercado se quedará como ahora.

Es imperdonable que durante dos años el Gobierno no haya hecho nada y enfocado el problema de esta forma tan nefasta. Si quieren acabar con el paro juvenil, hay una solución fácil, y es eliminar el salario mínimo. Cuanto más caro sea contratar a los jóvenes, más les costará encontrar un trabajo. El salario mínimo pretende defender al laboralmente indefenso, pero lo único que hace es arrebatarle su principal baza, que es que cobra poco debido a su inexperiencia. Si queremos que los jóvenes cobren lo mismo que un senior con veinte años de bagaje laboral, sólo habrá seniors trabando en las empresas.

No tiene ningún sentido que los costes del despido ahora recaigan sobre la sociedad, sobre el erario público. Han magnificado el problema. Cada despedido le costará dinero a usted. De hecho, el Gobierno de Zapatero se ha centrado más en abaratar el despido que en reducir el coste de contratación, que sería lo normal.

Y es que con una tasa de desempleo superior al 20% es imperdonable que el Estado se quede con el 50% del salario de un empleado (sumando la parte que paga la empresa por el trabajador). Reducir esta confiscatoria parte abarataría la contratación y se podrían crear nuevos empleos de forma inmediata. Esto, que parece lo más razonable, es lo que ni se ha planteado el Gobierno de una forma seria. La razón es fácil de ver: bajaría su recaudación. Millones de desempleados justifican la recaudación del Gobierno. Pero no se preocupe porque un alcalde socialista se ha bajado el sueldo un 1%. Cobrará 700 euros menos sobre los 64.127,92 que percibía el año anterior. Otro político con los pies en la tierra.

Nos queda desempleo para rato; y más impuestos, más desconfianza de los inversores extranjeros, una deuda pública y privada de record Guinness, y un país que sigue cuesta abajo. Arruinados por un Gobierno de inútiles.

Los especuladores huyen de Zapatero

El Gobierno, sus adláteres y un gran número de intelectuales no han tardado en acusar a los especuladores de ser los culpables del sobrecoste en la financiación del estado y la caída de la bolsa. Con lo fácil que hubiera sido para el Gobierno mirarse al espejo para encontrar al culpable… Pero ya sabemos que es más fácil (y sobre todo más conveniente) para la casta política inventarse un chivo expiatorio sobre cuya cabeza se puedan cargar todas las culpas del pueblo y expulsarlo al desierto entre el griterío y las imprecaciones del pueblo contra él.

Y es que la condena de la especulación es un recurso que los políticos suelen llevar a cabo cada vez que la economía no funciona como ellos quisieran, es decir, cuando la realidad no se ajusta a sus deseos e intenciones políticas… El especulador suele aparecer siempre como el malo de la película, como un agente que crea escasez y pobreza aprovechándose de las necesidades de la sociedad. Vemos en los medios de comunicación como se les acusa de hacer que el precio de la gasolina, la comida y las viviendas aumenten constantemente. Al hacerlos parecer los enemigos públicos número uno, es fácil proponer que la especulación deba ser regulada e incluso prohibida.

Pero lejos de ser así, los especuladores son imprescindibles en la sociedad y la economía.

Todos, sin excepción, especulamos en el mercado debido al conocimiento incompleto que tenemos del futuro. En este sentido Ludwig von Mises decía “los capitalistas, los terratenientes y los trabajadores, todos ellos, por fuerza, son especuladores”. El inversor que compra unas acciones en lugar de otras porque cree que obtendrá más ganancias, especula de la misma manera que un agricultor que este año plante patatas en vez de arroz porque piensa que le será más rentable.

Especulamos económicamente, ya que debemos prever nuestras futuras necesidades. Por ejemplo: cuando compramos más leche esta semana porque sabemos que será más cara la semana que viene; cuando adquirimos bienes antes de julio porque en ese momento subirá el IVA; cuando compramos un casa porque vemos que puede revalorizarse y podremos venderla a un mayor precio; cuando pagamos un seguro de vida, médico o de coche aunque nunca lo utilicemos, etc.

No solamente eliminar la especulación es técnicamente imposible, sino que tendría consecuencias negativas para la sociedad.

El especulador tiene un papel fundamental en la economía básicamente por dos razones. Primero, porque reasigna recursos en el tiempo. Lo cual permite beneficiarse tanto al especulador como a los consumidores, ya que permite distribuir la oferta de bienes a través del tiempo. Si un especulador piensa/descubre que existirá una escasez en el futuro de petróleo, lo comprará hoy a precios bajos para venderlo en el futuro a precios mayores cuando exista esa escasez. Traspasa los periodos de abundancia relativa a los de escasez.

Segundo, el especulador cumple una función de estabilización de precios. El especulador (exitoso) compra cuando ve que los precios aparecen subvalorados, haciendo subir los precios. Por el contrario, vende cuando los precios están sobrevalorados, por lo que hace que el precio baje. De esta manera nivela los precios.

Los especuladores, o inversores como se les debería llamar, basan su acción en la previsión y en la anticipación. Están dispuestos a asumir riesgos (porque no pueden adivinar el futuro) en base a la información que disponen en ese momento. Y las noticias provenientes de España sobre las acciones de su gobierno no incitan mucho a invertir y apostar por ella. La mala atmósfera financiera española hace que los inversores teman interferencias arbitrarias en su capital y ganancias.

Como he dicho al principio, si el Gobierno quiere conocer al culpable de la situación, sólo hace falta que se mire al espejo. Así de fácil. En lugar de acusar a los especuladores de antipatriotas o desestabilizadores cuando mueven el capital financiero del país, deberían darse cuenta que lo hacen para protegerlo de la atroces medidas económicas que lleva a cabo el Gobierno español. Está claro que nuestros políticos no entienden el funcionamiento de los mercados. Cierto es que los mercados tienen un funcionamiento complejo que Zapatero (ni nadie) podrá aprender en dos tardes. Pero lo que sí que debería estudiar Zapatero son los motivos de la falta de credibilidad de su Ejecutivo. Igual así conseguiría que los inversores no huyesen despavoridos de España.

Cualquier escenario es posible

"No puede descartarse ningún escenario sobre el futuro de los bancos españoles, por muy impensable que hubiese sido hace seis meses, antes de la crisis griega".

Lo impensable, algunos lo llevamos temiendo desde hace años. Simplemente las cifras estaban ahí, para quien quisiera enterarse: el 60% de todos los créditos del sistema bancario español están vinculados directamente con el mercado inmobiliario, un mercado que vivió una burbuja de aproximadamente el 50% en sus precios. Si alguien pensaba que el especulador sistema bancario estadounidense iba a sucumbir ante una gripe de su ladrillo y el sólido sistema español iba a ser capaz de sobrevivir ante un cuadro clínico terminal del suyo, entonces es que le faltaba algo de perspectiva.

Desde luego, el proceso que describe el informe de JP Morgan no tiene nada de novedoso y se lo conoce desde antes aun de la Gran Depresión. Algunos economistas, como Irving Fisher, incluso convirtieron la trampa deflacionista como la base de su explicación del ciclo económico: sobreapalancamiento a corto plazo de los bancos, inflación de los activos que sirven como colateral a la banca, necesidad de refinanciación de las deudas a tipos de interés crecientes, liquidación de los activos a precios de descuento, pérdidas extraordinarias, quiebra de bancos y nueva liquidación de activos, aparición de mayores pérdidas, pánico entre los depositantes, otra ronda de liquidaciones y desaparición de la banca y de los ahorros de las clases medias que, en realidad, no estaban en ninguna caja fuerte sino inmovilizados en unas viviendas carísimas.

Es lo que tiene ese perverso proceso que alientan y sustentan los bancos centrales de descalzar los plazos del activo y del pasivo, de endeudarse a corto plazo y prestar a largo: las entidades españolas han de refinanciar este año la friolera de 64.000 millones de euros en papel comercial y cédulas hipotecarias, las cuales, no lo olvidemos, se emitieron con unos vencimientos de 10 años para sufragar hipotecas de 30 ó 40; y eso por no hablar de la eventual espiral de fuga de depósitos (otras deudas a corto plazo) que anticipan los analistas de JP Morgan.

No serán pocos quienes crean que este es un problema con una sencilla solución: bastaría, sostienen los inflacionistas, con que el Banco Central Europeo se ponga a prestar seriamente a la banca española para solventar su falta de liquidez; punto pelota. Pero me temo que no es tan sencillo: una cosa es proporcionar liquidez contra buen colateral (tal y como sabiamente recomendaba Walter Bagehot) y otra, muy distinta, es extender crédito contra cualquier basura que se presente a descuento. Quienes acusan al BCE de no expandir el crédito como ha hecho la Reserva Federal de EEUU olvidan un dato importante: durante el último mes a los bancos españoles se les ha cerrado el grifo del interbancario y ha sido el BCE quien los ha mantenido a flote con unos préstamos históricamente elevados.

¿Puede esta situación mantenerse en el tiempo, en torno a una década? Pues no. La diferencia entre la banca española y estadounidense no es que la Reserva Federal actuara a finales de 2008 exactamente igual que el BCE, sino que el gobierno de EEUU la recapitalizó con varios cientos de miles de millones –poniendo fin a los temores de insolvencia de sus grandes bancos– y en España el FROB sigue en un cajón.

No es que sea favorable a rescatar a los bancos a la Bush, pero es evidente que algo se tiene que hacer a menos que queramos declarar la quiebra voluntaria (mi propuesta pueden encontrarla aquí).

Y mientras el sector privado español tenía estos muy serios problemas para refinanciarse en los mercados de crédito, ¿qué se le ha ocurrido hacer al visionario Gobierno de España? Seguir la copla keynesiana de que endeudándose y tirando de demanda las cosas se iban a arreglar sin ningún ajuste en los precios y en la estructura productiva. Muchos inflacionistas se centraron en criticar la escasa laxitud monetaria del BCE durante 2009 y se despreocuparon de los agujeros presupuestarios de Zapatero, pues ahí tienen el resultado. Reza JP Morgan: "Es evidente que las capacidades y los costes para financiarse del Estado y de los bancos se han unido de manera indistinguible".

No será porque no se lo advertimos.

Lecciones eslovacas para el liberalismo hispano

Como otros países de la Unión Europea, Eslovaquia acaba de celebrar elecciones generales. Y como en otros lugares, se ha certificado que en el Viejo Continente la izquierda está en franco retroceso. A pesar de ser la fuerza más votada, el socialdemócrata SMER no podrá repetir la coalición de Gobierno que mantenía con el partido nacionalista y xenófobo SNS y el populista HZDS, que no ha logrado ningún escaño. El primer ministro saliente, Robert Fico, ha dicho que no quiere volver a gobernar junto con el SNS. Pero aunque quisieran, socialistas y nacionalistas juntos no logran conformar una mayoría suficiente como para formar gobierno.

Todo apunta, por tanto, a que se formará una amplia coalición del centro-derecha, en la que entrarán dos partidos democristianos, la formación magiar moderada Most-Hid ("puente" en eslovaco y húngaro) y los liberales de Sloboda a Solidarita (SaS, Libertad y Solidarita), que con un 12% de los apoyos electorales ha resultado la tercera fuerza más votada del país y la segunda dentro de la futura coalición gobernante. Estos últimos tendrán, casi con toda seguridad, el ministerio de Finanzas y otras tres carteras más. Lo sorprendente de SaS es que ha logrado estos resultados cuando ha pasado poco más de un año desde que vio la luz como partido político. Su congreso fundacional se había celebrado en marzo de 2009.

¿Dónde radica el secreto de un éxito tan rápido por parte de un partido liberal? Si somos capaces de desentrañarlo, tal vez podamos extraer lecciones útiles para el liberalismo hispano (sobre todo español, pero también de países americanos), con independencia de que se aspire a crear formaciones políticas o no. Una de las claves, y es en ésa en la que nos vamos a centrar, ha sido la comunicación. Esto se aplica tanto a los temas tratados como a la configuración de los mensajes.

El liberalismo español en demasiadas ocasiones resulta críptico y demasiado económico para el gran público, con sesudos análisis sobre política monetaria o fiscal. Por el contrario, y sin abandonar esas cuestiones, desde el eslovaco SaS se ha hablado de cuestiones que cualquier ciudadano puede entender y compartir: se exige el fin de la inmunidad parlamentaria (un privilegio comprensible en el siglo XIX pero totalmente injustificado en la actualidad), poner un límite al precio que se puede pagar por los coches oficiales o ampliar la libertad de prensa (que ha sido restringida durante el mandato social-nacionalista-populista).

Además, se apuesta por una imagen joven (casi todos sus candidatos son menores de 40) y en ocasiones muy gamberra. Muestra de ello es que en algunos de sus logos aparezcan unas figuras que están a medio camino entre unos espermatozoides y unos renacuajos, justificadas en un lema que proclama que se trata del partido "de las futuras generaciones". En las campañas personales de los candidatos hay una aspirante a diputada (que ha logrado su objetivo) que llegó incluso a tratar de convencer de las virtudes de su programa a unas muñecas hinchables con un humor y una irreverencia difícilmente imaginable en el liberalismo de habla española.

El que se presenta como el único partido de Eslovaquia "sin comunistas ni agentes de la Seguridad del Estado" (la KGB de la Checoslovaquia comunista) ha sabido conectar con amplios sectores de la población de su país. En buena medida lo ha hecho gracias a un mensaje claro, con temas de interés inmediato para muchos ciudadanos y lejos del elitismo intelectual (casi siempre inconsciente) que, por desgracia, caracteriza en demasiadas ocasiones al liberalismo de otros lugares. Ésta es tal vez la principal lección que se puede extraer de SaS para aplicar en España (y otros países) para la difusión de las ideas liberales, con independencia de que se trate de formar un partido o no. Esto es un debate para otra ocasión.

La globalización y la crisis española

En el trascurso de una conversación informal, la semana pasada, fui testigo de cómo un grupo de personas culpaba de la actual crisis económica a la globalización, hablando de ésta como si su génesis y desenvolvimiento no tuviesen que ver con España.

Al día siguiente, consultando un manual universitario sobre economía de la Unión Europea, pude comprobar como el autor del mismo acudía también a causas exógenas para explicar la crisis, culpando de ésta casi exclusivamente, a los bancos estadounidenses, por haber realizado préstamos hipotecarios a personas de baja solvencia, y a las agencias de calificación, por sobrevalorar la solvencia tanto de los bancos como de los productos asociados a los préstamos hipotecarios. Según este manual, cuando un número elevado de prestatarios se declaró insolvente, los bancos estadounidenses entraron en pérdidas y los productos basados en dichas garantías pasaron a tener un valor más reducido, originándose una reacción en cadena que ha acabado por afectar la estabilidad y solvencia del sistema bancario mundial y dando lugar a la crisis que ha acabado por perjudicar a todos los países del mundo.

Cabría preguntarse si estas explicaciones son ciertas, falsas o deberían matizarse. Si se compara la situación de España con la de otros países afectados por la crisis económica se puede apreciar la existencia de algunos factores comunes. Entre ellos, sin duda, se encuentra el hecho de que las inversiones realizadas con anterioridad a la crisis fueron muy elevadas, financiándose en su mayoría con recursos ajenos.

En el caso de España, incurrieron en este endeudamiento tanto particulares (fundamentalmente para la adquisición de bienes inmuebles) como empresas y administraciones públicas. Esta preferencia por la inversión, sin duda, estuvo motivada por el bajo coste que durante años han tenido los préstamos. En este aspecto, sin duda, aparece un factor exógeno, ya que, en última medida, los tipos de interés aplicados por el Banco Central Europeo repercuten en los aplicados por las entidades financieras a sus clientes.

También se pueden apreciar circunstancias especiales en España. Aunque el endeudamiento de los agentes privados para la adquisición de inmuebles se ha producido en otros países del mundo, en el caso español, la subida de sus precios ha sido más elevada, llamando la atención por la relativa baja densidad de España y la abundancia de suelo teóricamente disponible, que debería haber hecho que la oferta hubiese reaccionado con mayor flexibilidad y rapidez. El segundo factor diferenciador, es el elevado nivel de desempleo al que se ha llegado en un plazo muy breve de tiempo. Así, en otros países con una contracción del PIB superior al de España las repercusiones en la tasa de empleo no han sido tan severas.

Es cierto que ha existido un origen común de la crisis, que se encontraría en los bajos tipos de interés que han mantenido los bancos centrales y que han provocado que se hayan acometido inversiones de dudosa rentabilidad, sin existir un ahorro para financiarlas. No obstante, en el caso español han existido factores particulares que la han agravado, como las peculiaridades del mercado inmobiliario o los altos niveles de desempleo que se han alcanzado.

Sin duda el primer factor puede calificarse como exógeno al depender los tipos de interés de las decisiones del Banco Central Europeo, aunque cabría plantearse la duda de si en el caso de que España no se hubiese integrado en el euro la política del Banco de España hubiese sido distinta con respecto a la fijación de los tipos de interés. Sin embargo, tampoco debe olvidarse que la decisión de acometer inversiones de escasa o dudosa rentabilidad fue tomada por los agentes económicos españoles, o que la infravaloración de riesgos que se pudo cometer a la hora de conceder dichos préstamos correspondió a instituciones financieras españolas.

Asímismo, fueron factores internos los que incrementaron los efectos de la crisis, y son ellos los que debe analizase para estudiar qué hace a España distinta de otros países que tienen menos dificultades a la hora de hacer frente a la crisis.

Posición Común, fracaso singular

Ambos se habían marcado el ambicioso, difícil e inmoral reto de sustituir la posición común sobre Cuba (que molesta al régimen castrista por incluir el diálogo y el apoyo a los disidentes del interior) por un nuevo marco de cooperación con la dictadura totalitaria de La Habana. Para desgracia del inquilino de La Moncloa y su ministro, el resto de gobiernos europeos han optado por la dignidad democrática y no se cambiará la citada posición común.

En un desesperado intento de minimizar su fracaso y de justificar su posición, Moratinos se agarra a la liberación del muy enfermo preso político Ariel Sigler Amaya. Horas antes de que los ministros europeos de Asuntos Exteriores aprueben mantener la posición común, el jefe de la diplomacia española dice esperar que se inicie una nueva etapa en las relaciones con Cuba tras lo que considera el inicio de un "proceso esperanzador" por parte del Gobierno cubano. Es un gesto felizmente inútil, en Europa son demasiados los gobiernos que no están dispuestos a dejarse embaucar por el portavoz español de la dictadura castrista.

El "proceso esperanzador" del que habla Moratinos no es tal. El único responsable del lamentable estado de salud de Ariel Sigler Amaya (uno de cuyos hermanos, Guido, sigue en prisión) es la dictadura castrista. Fue ese régimen el que le encarceló y le maltrató. Según distintos organismos de Derechos Humanos, en las cárceles cubanas siguen encerrados unos doscientos presos políticos, 26 de los cuales están enfermos en situación de extrema gravedad. Ésa es la auténtica cara del sistema totalitario con el que Moratinos y Zapatero pretenden que colabore la Unión Europea.

En política exterior la presidencia española de la UE se resume en un largo listado de fracasos, pero ninguno tiene la importancia de éste. Sin embargo, el mantenimiento de la posición común hacia Cuba no es una derrota de España, sino de su Gobierno. Numerosos españoles rechazan la amistad del Ejecutivo de Zapatero con el castrismo y la colaboración con la dictadura. Para ellos, como para el resto de demócratas europeos y cubanos, ha sido una victoria.

A perro flauta todo son pulgas

Esto, después de un invierno de chuzos de punta, una primavera de truenos y pantanos hasta los topes, desaguando alegres desde el Ter hasta el Guadalfeo, que es un río granadino al que no le hace justicia el nombre. Los del lugar se quejan, con razón, de que así no hay quien viva, que esto no es plan, que para ver llover no hacía falta tomar medidas tan urgentes, ni firmar protocolos de Kioto, ni observatorios sobre el cambio climático ni nada de nada.

Han bastado nueve meses para que la pamema del calentamiento global, ese edificio construido con esfuerzo, dedicación y toneladas de dinero ajeno se venga abajo. Al final, el tiempo ha hecho lo que lleva eones haciendo: ir a lo suyo, especialmente en España, donde el clima a es tan caótico y caprichoso como el carnavalesco espíritu de sus habitantes. Los difusores de la trola, milenaristas de nuestro tiempo, llevan una década tocando la flauta, con o sin su perro reglamentario, con tal acierto que los socialistas de todos los partidos bailan embobados la tonadilla. Y lo seguirán haciendo aunque ya con menos ritmo y convicción, porque resulta que el fin del mundo nos ha concedido una prórroga.

Por si lo del clima no fuese suficiente, este año trae un regalo envenado para los apóstoles de la falacia insostenible del desarrollo sostenible. Ha quedado claro que no se puede gastar lo que no se tiene, y que poner a una cuadrilla de albañiles a pavimentar aceras que estaban como nuevas no es generar riqueza, sino destruirla. Con las reservas de grasa consumidas, el perro, la flauta y el amo empiezan a advertir que no hay de dónde sacar. La tozuda realidad amarga el sueño de los asaltantes de nuestra cartera que, por un momento, se creyeron tomando el Palacio de Invierno a lomos de un Audi A8 tuneado como aquel que Benach se puso para pasearse por Reus. 

Sin más Apocalipsis que la presupuestaria, hasta Obama, la gran esperanza negra en la que cifraban la salvación de su tontería congénita, les ha fallado. Al del teleprompter le sale todo mal. Le han quitado su Blackberry y la derechona le monta manifas que, casi, casi, se diría que son antifas. El aborrecido ejército yanqui sigue en Irak y en Afganistán; Guantánamo, por su parte, sigue abierto porque los prisioneros yemeníes prefieren quedarse allí que ser trasladados a un penal de Illinois. Ese otro mundo posible ha terminado siendo demasiado parecido al imposible de los bushes y los aznares al que, con bongo y flauta pero sin perro, atacaban sin piedad hace sólo cinco años. Una eternidad.

Guerra y censura en los EEUU

Las dos primeras enmiendas a la Constitución de los Estados Unidos protegen dos derechos que son, a su vez, valladar del resto de los derechos individuales: el de la libre expresión y el de la autodefensa. Las dos, y especialmente la primera, han sufrido en aquél país en época de guerra. No en todas. No en la guerra con Inglaterra de 1812, pero sí en el ambiente pre bélico de 1798. También en la Guerra entre los Estados y en las dos guerras mundiales. Pero a partir de ahí, la censura, que llegó a aplicarse con gran dureza, ha ido perdiendo eficacia y por tanto se ha dejado de utilizar.

Hay varios elementos que siempre se repiten. Uno de ellos es la acusación a quienes son críticos con la guerra de que son desleales al país. En un salto lógico fácilmente evidenciable, se arguye la propia guerra como razón suprema y argumento suficiente para descalificar inmediatamente cualquier crítica. Ante las críticas de los republicanos de Jefferson de que la eventual guerra con Inglaterra era “un espantajo” con el que los federalistas justificaban su militarismo, la respuesta de éstos era que Albert Gallatin y el resto de republicanos no amaban verdaderamente su país y habían caído en una “vil sumisión” a Francia. Durante la guerra fría se estableció un programa de lealtad que preveía, en la orden ejecutiva número 10450, que a cualquier empleado de la Administración con “cualquier comportamiento, actividad o asociación que tienda a mostrar que el individuo no es de fiar”, se le despediría.

También se ha recurrido a denunciar a los críticos como subversivos y de mermar el esfuerzo de la guerra. El congresista Harrison Gray Otis dijo en 1798 que “un Ejército de soldados no sería tan peligroso para el país como el Ejército de espías e incendiarios que hay por todo el continente”. Clement Vallandigham fue encarcelado y deportado al Sur por “declarar sentimiento y opiniones desleales con el objeto y el propósito de debilitar el poder del gobierno en su esfuerzo de suprimir una rebelión ilegal”. Durante la guerra se arrestó a decenas de miles de ciudadanos, y a una parte de ellos por expresar opiniones contrarias a la guerra, y se cerraron no menos de 300 periódicos.

Wilson dijo que en caso de guerra, “si hubiese deslealtad, tendrá que lidiar con una severa represión por una mano firme”. Quienes sean desleales, “han sacrificado su derecho a las libertades civiles”. Durante la II Guerra Mundial, aunque antes de la implicación de EEUU, se creó un Comité de Actividades Antiamericanas, cuyo primer objetivo fue acabar con la propaganda nazi, pero que pronto se volcaría hacia la incidencia del comunismo. En un mensaje al Congreso, Roosevelt advirtió sobre “una quinta columna sediciosa” en la sociedad estadounidense. El senador Thomas Dodd dijo, en plena guerra del Vietnam, que manifestarse contra la guerra “era lo mismo que una insurección”.

Otro elemento que se ve habitualmente es la desconfianza hacia los extranjeros, que con su venida traen ideas que corrompen el ser nacional y amenazan sus instituciones. En la cuasi guerra con Francia, la Administración Adams elevó el número de años necesarios para ser natural del país de dos a 14 años y aprobó dos Leyes de Extranjería, una de las cuales permitía al presidente detener y deportar a un ciudadano de una nación foránea con la que se estuviese en guerra, sin mediar la intervención de la justicia.

Gray Otis dijo, adelantándose dos siglos a Hungtinton, que la llegada de inmigrantes “contamina la pureza del carácter de América”. En 1940, el Congreso aprobó la Ley Smith, que obligaba a los extranjeros a registrarse, y permitía a la Administración a deportar a quienes “abogaran, amparen, aconsejen o enseñen la necesidad, deseabilidad o conveniencia de derrocar o destruir cualquier gobierno de los Estados Unidos por fuerza o violencia”. De nuevo se identificaba a los inmigrantes con portadores de ideas foráneas que contaminaban la verdadera cultura americana, como las leyes de extranjería de John Adamns, o el fallido intento de revivirlas por el fiscal general Palmer, en 1920. Ahora, en plena “guerra contra el terrorismo”, se teme a la incidencia del Islam.

También ha evolucionado la idea de la verdad y del papel de la libertad de expresión. Los federalistas leían la primera enmienda a la luz de la doctrina de la common law inglesa, que prohibía la censura previa, pero sí entendía que se podía condenar una publicación que albergase una “tendencia perniciosa”, en expresión del jurista Blackstone. Madison, en un informe sobre la Ley de Sedición, concluyó que en los Estados Unidos es esencial “una mayor libertad de animadversión”, pues su sistema político está basado en que los políticos “son responsables ante sus electores” y por tanto han de someterse a la crítica.

La primera enmienda no llegaría al Tribunal Supremo hasta la I Guerra Mundial. En ese contexto es cuando el juez Holmes dictaría su famosa opinión: “Admitimos que en muchos sitios, y en tiempos ordinarios, los defensores, al decir todo lo que han declarado en la circular, estarían dentro de sus derechos constitucionales. Pero el carácter de cada acto depende de las circunstancias en que se produce. La protección más estricta de la libre expresión no protegería a un hombre que gritase falsamente ‘fuego’ en un teatro, y causase un pánico. (…) La cuestión en cada caso es si las palabras utilizadas en tales circunstancias son de tal naturaleza que crean un peligro claro e inmediato”. De este modo, se recuperaba el criterio de verdad, que no estaba en la Ley de Sedición de 1918, y por otro lado se fijaba un límite a la libertad de expresión en la inminencia de un peligro claro. Luego, el propio Holmes diría que ni siquiera una guerra podría marcar una excepción al principio de la libertad de expresión.

Este derecho se fue afianzando en la doctrina del Tribunal Supremo hasta su decisión Gertz vs. Robert Welch Inc., de 1974, en la que resolvió que “bajo la primera enmienda no hay tal cosa como una idea falsa”. Y “por muy perniciosa que pueda parecer una idea, dependemos de su corrección no por la conciencia” de los votantes, de los legisladores o de los jueces, “sino de la competición con otras ideas”. Ya no habría opiniones peligrosas, pues éstas pueden ser contrarrestadas por otras. Es el fin de la censura legal en los Estados Unidos.

La censura ha ido cediendo ante otras fórmulas. Ley de Sedición de 1798 castigaba con una pena de hasta 20 años a quienes vertiesen opiniones falsas que atentasen contra la fama del presidente o de las instituciones. Con ella en la mano, y con una justicia adicta, los federalistas pudieron encarcelar a los principales periodistas republicanos, en lo que Jefferson llamó “la era de las brujas”. Woodrow Wilson promovió la Ley de Sedición de 1918, que ni siquiera exigía que una información fuese falsa para condenar a alguien por expresar una información o una opinión. Con ella y con la Ley de Espionaje, se llevó a más de 2.000 ciudadanos ante los juzgados por tener un discurso contrario a la guerra.

Como la censura iba perdiendo eficacia, las Administraciones han ido recalando en la manipulación y la propaganda para apoyar su discurso. Wilson se encontró con que el pueblo americano no se sentía amenazado por Alemania, ni sentía indignación hacia ella. La Administración crearía esa animadversión merced al llamado Comité de Información Pública, cuya labor era doble: alimentar el odio de los estadounidenses hacia los enemigos y cubrir de sospecha a cualquiera que fuese “desleal”. Esto no es cualquier cosa, porque se crearon varios clubs de ciudadanos dedicados a identificar y denunciar a los desleales. Sólo uno de ellos, la Liga de Protección Americana, tenía 200.000 miembros. Otra vía para ahogar las opiniones contrarias al gobierno o al sistema fue la que se siguió con la Ley de Seguridad Interior de McCarran, que obligaba a registrarse a las organizaciones comunistas y asimiladas, para luego ir quitándoles un privilegio tras otro.

Tras la guerra de Vietnam, el recurso a la censura se ha dejado de practicar. En parte porque la sociedad es más compleja y en parte porque cuenta con muchos más medios de expresión; censurarlos sería inviable desde el punto de vista práctico, y se volvería contra la misma Administración. Ya no se quiere acallar a una parte de la opinión pública, pero sí ahogarla bajo un manto de manipulación y propaganda.