Ir al contenido principal

El motorista de Rajoy

La única mancha en el casi impoluto expediente administrativo del famoso motorista la provocó Fraga, que, según cuenta en sus memorias, fue el único ministro cesado que obligó al motorista a que le llevara al Remitente una carta de respuesta.

Pero eso era en los tiempos bárbaros. En democracia no es ya que no dimitan los altos cargos, es que tampoco se cesa a nadie, así que el famoso motorista ahora reparte pizzas en lugar de cartas de agradecimiento y ya no está cuando se le necesita.

Todo esto tiene como consecuencia que cuando un político abandona su puesto ya no se sabe bien si dimite, le cesan, le dimiten o simplemente le sugieren que sus servicios son más valiosos en otras áreas de responsabilidad, como la asesoría personal del presidente del partido. Es el caso de Ricardo Costa, que a fecha de hoy no sabemos si dimite de forma forzosa o le cesan pero sólo un poquito.

Y el caso es que hace muy bien el secretario o ex secretario de los populares valencianos negándose a que la guillotina rajoyesca le rebane voluntariamente el pescuezo político porque, vamos a ver, si es un corrupto, lo suyo es que fuera cesado y expulsado del partido de forma fulminante, y si no lo es, no hay razón para que se le invite de forma tan indecorosa a abandonar sus responsabilidades en el PP.

Por lo que ha trascendido del sumario, horrorosamente instruido por Garzón como es habitual en el personaje, a Costa sólo se le puede acusar de hortera en virtud de unas conversaciones privadas que al propio implicado le producen cierta vergüenza, como ha relatado él mismo en su comparecencia. Sin embargo, la horterez no es un delito tipificado en el código penal ni aparece incluido en el código de buenas prácticas con que todo partido adorna sus estatutos, así que, o Rajoy y Camps detallan las corruptelas cometidas por el cesante o nos tememos que a la historia de este "dimicese" le quedan varios capítulos. Sólo falta que cuando se reúna el Comité de Dirección del Partido Popular de Valencia encima no haya unanimidad sobre el futuro político de Ricardo Costa y haya que incluirlo, como última solución, en el gabinete de asesores de Mariano Rajoy. Hasta mil doscientos que tiene Gallardón aún queda sitio.

¡Arriba los contribuyentes de España!

Ni una palabra altisonante ni atisbo de huelga general, no vaya a ser que el grifo de las subvenciones y prebendas decaiga. Y ello, pese a que España cuenta con la tasa de paro más alta del mundo desarrollado. Ni más ni menos que un 18,9%, y subiendo. En la actualidad, cerca de 4,5 millones de trabajadores sufren el azote del desempleo.

Resulta evidente, pues, la complicidad maniquea e hipócrita que coexiste entre poder ejecutivo y sindical. Sin embargo, pese a la execrable actitud de UGT y CCOO, la pasividad que muestran estas mafias sociales ante el drama que viven millones de familias tiene un aspecto positivo. Y es que lo último que necesita la economía española es el estallido de una oleada de huelgas generales y disturbios callejeros.

No obstante, si los sindicatos salen a la calle será, única y exclusivamente, para reclamar al Estado una mayor intervención pública. Esto es, más gasto social en forma de Planes E, del todo inútiles, y una mayor rigidez laboral, entre otros muchos "derechos sociales" que en nada favorecerán la recuperación económica.

Pero no todas las huelgas son negativas y, por tanto, condenables. La desazón y el desengaño que sufren empresarios y contribuyentes a causa de la profunda incompetencia del Gobierno amenaza con transformarse en un movimiento de protesta, casi inédito en España, cuya sola mención aterra a los organismos públicos.

Los empresarios amenazan con tomar la calle e, incluso, con llevar a término un "cierre patronal". España parece que se dirige hacia una huelga general… ¡de empresarios! Autónomos y pequeñas y medianas empresas están dispuestos a paralizar su actividad durante varias jornadas. Este colectivo reclama financiación, ésa que tanto escasea debido al despilfarro estatal, menos impuestos y, sobre todo, poner fin a la morosidad de los organismos públicos. Si bien es cierto que no todas sus demandas son positivas –como el rescate público de empresas–, muchas de sus exigencias son justas y legítimas.

Tan sólo falta que a este incipiente movimiento se le acabe sumando otro, cuyo calado sería incluso mucho mayor, para que el Gobierno se vea forzado a reaccionar. Se trata de la insumisión o protesta fiscal que, en este caso, estaría protagonizada por una masa creciente de contribuyentes indignados. No hay nada que asuste más a un gobernante que una rebelión civil de este tipo. Y es que, sin impuestos, la parálisis de los poderes públicos es casi insalvable.

Al igual que el ilustre Juan de Mariana defendía el tiranicidio como un derecho legítimo de los individuos para defenderse de los abusos del poder, los contribuyentes tienen plena potestad para oponerse al pago de un tributo que consideran excesivo. De hecho, la Revolución Americana, de marcado espíritu liberal, constituyó un levantamiento social armado contra el despotismo tributario ejercido entonces por la Corona británica.

Existen algunos antecedentes en España. "Que no entre ni una peseta en las arcas de Hacienda ni en la de los ayuntamientos en 1993", fue el grito de guerra de la asociación empresarial Copyme –Confederación General de las Pequeñas y Medianas Empresas– del Estado Español en la última crisis económica de mediados de los 90. Este tipo de lemas es el que precisa la economía nacional para combatir con eficacia y contundencia el ataque depredador que pretende poner en marcha el Gobierno socialista a nivel nacional o el gallardonita en Madrid, entre otros muchos entes autonómicos y locales. ¡Arriba los contribuyentes y empresarios de España!

Obama pone internet en peligro

Hace pocos días se dio silenciosamente el primer paso de ese camino, y está por ver si esto es una de esas pendientes resbaladizas que nos vayan conduciendo a un internet completamente distinto, controlado por los políticos. Y como todas las cosas malas de las que no tenemos casi noticia, el responsable es Obama.

Las actividades del llamado gobierno de Internet son, por ahora, muy limitadas, reservándose sólo el reparto de números IP entre naciones (algo así como si repartiera los prefijos telefónicos) y la decisión de quien se encarga de gestionar los nombres de dominio. Lo ejerce ICANN, una organización sin ánimo de lucro situada en Estados Unidos y hasta ahora dependiente del Departamento de Comercio del Gobierno federal, que tenía derecho de veto sobre sus decisiones. No es que lo ejerciera mucho, de hecho no tengo noticia de lo que lo hiciera nunca aunque sus objeciones al dominio pornográfico .xxx posiblemente fueran la causa de que la propuesta se rechazara. Pero su mera existencia impedía que se hicieran propuestas que se sabía que jamás prosperarían. Ahora ese freno ha desaparecido.

Desde el 1 de octubre el Departamento de Comercio ha perdido voluntariamente ese poder y la supervisión la ejercerá un grupo de expertos nombrado por la misma ICANN. Está por ver qué consecuencias tendrá esto. Pero se han quitado los frenos que impedían que el gobierno de internet acabara en manos de la Naciones Unidas.

Lo que cabe esperarse de una ICANN en manos de la ONU quedó claro en 2003 cuando Paul Twomey, el presidente del ICANN, tras un vuelo de veinte horas para ver qué se cocía en las conversaciones preliminares de una cumbre donde se podía decidir el futuro del organismo que preside, fue expulsado de las mismas tras decidir los gerifaltes del contubernio, que "no querían observadores". Aunque el observador fuera el entonces primer ministro de internet, por llamarlo de algún modo. Mientras, los funcionarios responsables de la censura de la red disfrutaban de la amable compañía y camaradería de los demás delegados.

Uno de los principales defensores de controlar la ICANN desde la ONU ha sido China, que criticó en 2005 el "monopolio" de Estados Unidos sobre el sistema y argumentó que los asuntos referentes a internet "debían ser resueltos por los estados soberanos en conjunto en el marco de la ONU". Fue como volver al pasado. En los 70 y 80 los países "no alineados" protestaron por el sesgo pro-occidental de los medios de comunicación e incluso estudiaron la implantación una licencia mundial para ejercer el periodismo expedida por la UNESCO. Así, la sensible mayoría de dictaduras en la ONU podría llevar a internet a desaparecer como el medio libre que conocemos y convertirse en algo más parecido a lo que tienen en China.

Y este riesgo lo estamos corriendo… no se sabe bien por qué. Quizá por eso de que Obama está muy a favor de mejorar las relaciones entre los pueblos y tal, y le sonaba muy mal eso de que Estados Unidos tuviera control sobre internet, demasiado unilateral, ya saben. Contra la estupidez toda lucha es vana.

Alemania también tiene sus cuentos verdes

Es más, quizás el Nobel se le quede pequeño. Zapatero quiere enmendar nuestras almas desde la escuela, apartarnos del tabaco y los malos hábitos. Entran en nuestra casa y nos quieren quitar desde una hamburguesa al vino. Es un moralismo sin hábitos ni agua bendita; un puritanismo progre, la neoinquisición de izquierdas.

Al estilo, eso sí, de la vieja derecha. Lo último es que quieren prohibir la exhibición en abierto de la pornografía en los medios audiovisuales. Siempre se trasluce la idea de que nosotros, los ciudadanos, no podemos hacer un uso responsable de todo lo que está a nuestra mano.

Pero todo eso ya lo conocíamos. Lo que es nuevo es esa deriva contra el cine español. Por un lado, dedican el 80 por ciento de todas las ayudas del Ministerio de Cultura al cine, y por otro prohíben la típica españolada, en la que hay "pornografía y violencia gratuita" como la que quieren prohibir, a granel.

Al final, de tanta memoria histórica, el Gobierno socialista acaba por identificarse con aquello contra lo que dice luchar.

Zapatero contra el cine español

La idea de que el Estado puede crear empleo sostenible y riqueza desviando fondos del mercado a proyectos que los ciudadanos no financiarían voluntariamente, suena a chiste para cualquier persona que haya pasado por un curso de introducción a la Economía.

Hasta ahora sólo conocíamos los datos oficiales de empleo alemán en la industria renovable pero nadie había afrontado el reto de estudiar el coste de oportunidad de las gigantescas ayudas públicas a ese segmento del sector eléctrico. Un equipo de doctores en Economía del Rheinisch-Westfalisches Institut für Wirtschaftforschung ha venido a cubrir esta laguna. El resultado es, como no podía ser de otro modo, un jarro de agua fría para quienes esperaban que el caso Alemán contradijera las leyes de la naturaleza (económica). Alemania uso las mismas herramientas que España para ayudar a las renovables: precios tasados para la producción muy por encima del precio de mercado y obligación de compra para los distribuidores de electricidad.

Los resultados también son bien parecidos a los que se produjeron en nuestro país. Cada empleo verde ha costado a los alemanes la friolera de 175.000 euros, la prima a la producción solar supone ocho veces el precio de mercado de la electricidad, la prima a la energía eólica es un 300% el coste convencional de la electricidad y el coste neto de la subvención solar se estima en algo más de 53.000 millones de euros y el de la eólica en 20.500 millones. Los autores advierten de que si lo que se pretende es reducir las emisiones de CO2, no puede encontrarse una forma más cara. En la actualidad, las formas alternativas cuestan 53 veces menos en el mercado. En resumen, tampoco en Alemania ha sido capaz de hacer milagros con las subvenciones. La supuesta maravilla renovable alemana lograda gracias a las subvenciones públicas no pasaba de ser otro carísimo cuento verde.

El oro del César

A mediados de mayo de 2002, los entonces presidentes del Gobierno, José María Aznar, y el de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, inauguraron con pompa y boato la remodelación del intercambiador de transportes de Nuevos Ministerios. Entre las principales novedades que presentaba, una terminal de facturación que permitiría a los usuarios del aeropuerto dejar las maletas en el centro de Madrid, y libres de bultos, dirigirse a tomar sus vuelos. Sobre el papel era un sistema cómodo y rentable y las autoridades públicas, la Comunidad y el Ministerio de Fomento, seguros de su éxito, lo publicitaron con exceso. Pero la realidad es cabezona. Siete años después los mostradores de facturación permanecen cerrados.

Cualquier empresa que con su dinero hubiera acometido tal proyecto, además de cesar o despedir a los responsables, hubiera analizado las razones del fracaso. Pero los poderes públicos no juegan con su dinero, sino con el del contribuyente, y los fracasos raramente tienen un precio político. Pese a las previsiones, a la gente no le gustaba dejar sus maletas tan lejos de los aviones en los que iban a embarcar. Pero la ineficacia iba más allá, el trazado del metro sólo llegaba a las terminales que en ese momento existían. Cuando el Ministerio de Fomento inició y construyó la terminal T4, que acaparó Iberia, la facturación en Nuevos Ministerios dejó de tener sentido, pues este medio de transporte no llegaba hasta allí. La aerolínea española anunció su intención de no facturar en estos mostradores, dada la dificultad logística de llevar las maletas a la T4 y poco después el resto de aerolíneas siguieron su ejemplo.

La terminal de facturación fue un rotundo fracaso, pero en muchos casos es difícil establecer cuando una obra pública es rentable o no, porque no vende nada. Por mucho que la M-30, autopista de circunvalación de Madrid, sea usada por miles de usuarios todos los días es difícil establecer si semejante infraestructura podría generar beneficio. La remodelación que ha acometido el ahora alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, para mejorar su trazado y reducir los problemas de atascos y accesibilidad ha endeudado a los madrileños que deben en su conjunto más de 7.000 millones, hipotecando así la capacidad de futuras administraciones, pero sobre todo, arrebatando a los ciudadanos la capacidad de invertir ese dinero en negocios o actividades que sí que son rentables, que son los que generan empleo y riqueza.

Otro macroproyecto de Alberto Ruiz-Gallardón, la celebración de los juegos olímpicos en 2016 que se ha llevado Río de Janeiro, ha tenido un fin que no ha sido de su agrado, pero ha evitado que la deuda de Madrid se haya disparado aún más. De todas formas, la promoción ha costado a los madrileños la no desdeñable cantidad de 17 millones de euros, cantidad que, invertida en negocios rentables, hubiera ayudado a hacer más llevadera la grave crisis financiera que sufre España.

Y quién paga estos excesos si no los contribuyentes, los ciudadanos. Tanta deuda no ha traído otra cosa que un incremento de impuestos, (IBI, tasa de la basura) y un sospechoso aumento del número y la cuantía de multas. Los ayuntamientos, los ministerios, no tienen otras formas de financiarse salvo la enajenación de sus activos, como el uso del suelo y que tras la burbuja inmobiliaria ha perdido valor. No venden nada y no entienden de rentabilidad. Sólo tienen planes, una burocracia que alimentar, cada vez mayor y en el peor de los casos, un megalómano o un visionario al mando. El oro del César es el de todos, pero lo maneja uno, para nuestra desgracia.

El absurdo Nobel de la Paz

Recibí un SMS esta mañana, una alerta informativa. Lo leí y no podía creerlo. Le habían dado a Barack Obama el Nobel de la Paz. Un gobernante que lleva ocho meses y medio en el cargo ha recibido un premio que lleva tiempo convirtiéndose en el blanco de las burlas de medio mundo, pero que con este galardón podría por primera vez unir al mundo y ponerlo de acuerdo en una idea: habéis hecho el ridículo, machos.

El Premio Nobel de la Paz nunca ha estado exento de polémica. Podría decirse que estaba destinado a ello. Es un premio pensado para ser recibido por diplomáticos, políticos y activistas; en las palabras del testamento de Alfred Nobel, debía entregarse "a la persona que haya hecho el mayor o mejor trabajo por la fraternidad entre las naciones y la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz". Pero si en lo referido a campos como la Química, la Medicina o la Física la duda suele estar en si los galardonados lo merecen más o menos que otros candidatos, en el caso de Nobel de la Paz siempre hay quien piense que el elegido ha trabajado activamente… en contra de la paz.

Y es que posiblemente haya pocos campos como el de las relaciones internacionales en el que coexistan dos cosmovisiones tan distintas y contradictorias. Unos piensan que el objetivo de la paz se consigue dialogando, logrando un entendimiento mutuo y evitando "malentendidos" que puedan echar al traste estos procesos, como pudiera ser un rearme. Los otros que la mejor forma de querer la paz es preparándose para la guerra, que los conflictos armados se producen porque alguien cree que ganará algo con ellos y que la mejor forma de evitarlos es hacer tu país tan invulnerable que el precio de actuar contra él sea demasiado alto como para reportar beneficio alguno.

Es la vieja lucha entre los irreconciliables partidarios del apaciguamiento y de la disuasión. Un rearme puede ser para unos motivo de tensiones que pueden llevar a la guerra, mientras para otros un encarecimiento de emprenderla que en la práctica reduce las posibilidades de que comiencen las hostilidades. Una negociación puede ser para unos la única vía en que puede llegarse a un acuerdo que impida que cada uno intente lograr lo que quiere por métodos violentos, mientras para otros es una muestra de debilidad que hace más probable que alguien lo intente. Así, quienes para unos es un héroe de la paz, para otros puede ser alguien cuyas acciones ­–al margen de su intención– han colaborado eficazmente en sembrar las semillas de las que crecerá la próxima guerra.

El Premio Nobel de la Paz ha tendido siempre a premiar más a los partidarios del apaciguamiento. Incluso el otorgado a Kissinger en 1973 –junto al dirigente comunista vietnamita Le Duc Tho, cosa que se suele olvidar– tuvo como motivo unas negociaciones de paz que concluyeron en la conquista de Vietnam del Sur por sus vecinos totalitarios del Norte. Tampoco es de extrañar; las mismas palabras del testamento de Nobel priman esa cosmovisión sobre su contraria. Visto así, no resulta tan extraño que hayan premiado a quien hasta ahora ha ofrecido principalmente palabras y cuya única acción real en este campo haya sido retirar el programa del escudo antimisiles de Polonia y la República Checa. Palabras y desarme; las dos principales vías de llegar a la paz según los apaciguadores.

Pero aún así, los apaciguadores intentan mantener un mínimo de racionalidad, como demuestra su reconocimiento de que Churchill tenía razón y no Chamberlain, aunque sea el único caso en que lleguen a una conclusión favorable a los partidarios de la disuasión. Y bajo esos estándares, un premio a Barack Obama resulta completamente ridículo. No ha tenido tiempo siquiera para apaciguar como Dios manda.

Y Zapatero, Nobel de Economía

Es una cosa así como nuestros premios Príncipe de Asturias, pero a lo bestia y mejor dotados económicamente, condición necesaria para que los iconos progresistas acepten ir a recogerlos.

Excepto Castro y Chávez, que incomprensiblemente todavía no han recibido su Nobel de la Paz, no hay zascandil encumbrado por la izquierda que no haya sido obsequiado con el famoso galardón. Cualquier distinción internacional que incluya en su elenco a personajes como Arafat queda desprestigiada automáticamente, pero en el caso de los Nobel asistimos a un declive progresivo que actualmente entra ya de lleno en el terreno de lo patético.

A Obama se le puede inculpar de muchas cosas, pero no de haber hecho algo por la paz como reza la acusación del Parlamento noruego en el texto con que ha hecho pública su elección de este año. El presidente norteamericano prometió cerrar Guantánamo, salir de Irak y acabar con "la misión humanitaria" de Afganistán, pero la base norteamericana en Cuba sigue a pleno rendimiento, los soldados en Irak haciendo exactamente lo mismo que con Bush y Afganistán sigue siendo un avispero de terroristas en guerra abierta contra la fuerza internacional, aunque Zapatero y su ministra sigan insistiendo en que aquello es una tarea de reconstrucción en la que las tropas sólo hacen trabajos humanitarios. Ciertamente no hay nada más humanitario ni pacifista que acabar con un batallón de terroristas islámicos, pero todos sabemos que el "humanitarismo" tiene un significado peculiar para los progresistas, aunque hasta el momento no se hayan dignado a bajar de la metafísica y explicar de forma coherente en qué consiste eso exactamente para ellos.

Con la concesión del Nobel de la Paz al estafador intelectual de Al Gore hace dos años, medio mundo soltó la gran carcajada. El listón estaba alto, pero debemos reconocer que los parlamentarios han superado el reto con gran solvencia. De paso se harán todos una foto con Obama –el verdadero motivo de la concesión–, que lleva camino de convertirse en el manto de la Virgen del Pilar para los progresistas, aunque más sonriente y menos milagroso, como acredita su trayectoria política desde que se convirtió en presidente. Sólo falta completar la nómina concediendo el Nobel de Economía a nuestro Zapatero, que se ha cargado la prosperidad de un país entero con sus medidas absurdas, pero, como buen progresista, lo ha hecho con la mejor de las intenciones. Si el Parlamento utiliza el mismo rasero que con Obama, con eso debería ser suficiente.

La banca con reserva fraccionaria

La banca con reserva fraccionaria de los depósitos a la vista es perfectamente legítima y compatible con el liberalismo, no es resultado de ningún privilegio legal concedido a la banca por el Estado, y no es la causante del ciclo económico. La exigencia de una reserva 100% es un grave error intelectual, una violación de la libertad contractual y un obstáculo al crecimiento económico al dificultar el crédito e impedir el desarrollo tecnológico de las finanzas.

Las equivocaciones respecto a la reserva fraccionaria son múltiples: el depósito no puede ser un préstamo; la reserva fraccionaria es una estafa; un préstamo sin plazo predeterminado es una aberración; los contratos son transferencias plenas de derechos de propiedad; los contratos de depósitos a la vista generan múltiples e incompatibles derechos de propiedad sobre los mismos bienes y además son imposibles de cumplir en su conjunto; mediante la reserva fraccionaria se produce dinero de la nada que genera inflación, distorsión crediticia y el ciclo económico; la banca libre con reserva fraccionaria es inestable.

Un problema esencial del debate sobre la reserva fraccionaria es la determinación de la esencia del contrato de depósito, qué tipo de contrato (o contratos) existe entre un banco y los clientes que realizan ingresos monetarios en sus cuentas, si le están aportando financiación (operación de pasivo del banco, le están prestando dinero al banco como intermediario financiero) o si le dan el dinero para que se lo guarde y custodie sin poder utilizarlo (banco como almacén). En la actualidad el depósito a la vista se considera legalmente como un préstamo sin plazo prefijado del depositante al banco. Se denomina a la vista porque el depositante puede reclamar la devolución de su dinero al banco en cualquier momento. Para aquellos que falazmente afirman que un préstamo sin plazo predeterminado es una aberración jurídica o ética, se podría considerar que el depósito a la vista es un préstamo con plazo muy corto (segundos o minutos, por ejemplo), pero con renovación automática.

Con la reserva fraccionaria de los depósitos a la vista no se generan dobles o múltiples derechos de propiedad sobre el dinero, los cuales generarían conflictos éticos (varias personas intentando tener control total y exclusivo sobre un bien) y problemas de descoordinación económica (creación de dinero de la nada y distorsiones sobre los tipos de interés). Este error se debe a la errónea interpretación de los contratos como transferencias plenas de títulos de propiedad (en lugar de modificadores de normas y generadores de derechos y deberes sobre acciones), y a considerar que el depositante no transfiere la propiedad sobre el dinero al banco y que el banco sí transfiere la propiedad del dinero a sus prestatarios, sin más.

La presunta paradoja o incompatibilidad se resuelve si se realiza un análisis contable del balance financiero (activo y pasivo) de los participantes en estos contratos: los depositantes, los bancos y los prestatarios. Al realizar un ingreso en su cuenta el depositante deja de ser propietario del dinero y pasa a ser dueño de un derecho de cobro a la vista: intercambia dinero por una promesa de pago de dinero ejecutable cuando lo desee según las condiciones del contrato de su cuenta bancaria (puede haber limitaciones en las cantidades que se puedan retirar en un plazo de tiempo o requisitos de preaviso para cantidades grandes). El banco a su vez presta el dinero recibido a un prestatario que recibe la propiedad del dinero pero que asume un deber de pagarlo de vuelta con intereses en algún plazo, tiene el dinero pero también una deuda que probablemente implique además alguna hipoteca o restricción legal sobre algún bien o garantía personal para asegurar el cobro del préstamo. El banco tiene en su pasivo los depósitos que sus clientes han realizado (sean a la vista o como imposiciones a plazo fijo), y en su activo los préstamos que ha concedido (y otros activos financieros que pueda haber adquirido).

La creencia de que el pago simultáneo a todos los depositantes de un banco es imposible parece basarse en creer que sólo se les puede pagar con las reservas monetarias existentes en el mismo, pero esto es totalmente falso: si el banco lo necesita puede vender sus activos a cambio de dinero, o reclamar el pago de deudas pendientes como acreedor, o puede solicitar nuevos préstamos a otros bancos o intentar atraer a otros depositantes con tipos de interés más altos. El porcentaje de reservas que un banco necesita mantener para atender a las retiradas de efectivo de sus depositantes depende de la cantidad y la frecuencia de esas retiradas y de la dificultad de captar nueva financiación en el mercado de fondos prestables.

Si todos los depositantes reclamasen todo el dinero depositado en todos los bancos, el problema surgiría si no hubiera nada de dinero fuera de los bancos, pero esto es muy improbable, y el sistema en su conjunto puede intentar captar ese dinero para efectuar los pagos reclamados (sin garantías de éxito, sobre todo durante las crisis económicas y las corridas bancarias, en las cuales la gente quiere en general retirar dinero de los bancos y no ingresarlo en ellos).

El problema esencial de un banco no es ser temporalmente ilíquido sino ser insolvente, ser incapaz de atender a todas las reclamaciones de pago que se le pueden presentar al no poder vender sus activos rápidamente a precios suficientemente altos.

Un problema esencial de la banca actual es el descalce de plazos, el desajuste de madurez entre sus créditos: los bancos toman prestado a corto plazo y prestan a largo plazo, son sistemáticamente ilíquidos, operan con fondos de maniobra negativos y dependen sistemáticamente del banco central para su financiación. El descalce de plazos permite el deterioro de las posiciones de liquidez de los bancos y es una de las causas fundamentales del ciclo económico.

Leer más

Eurócratas contra la sordera

Los eurócratas tienen la fea costumbre de querer dirigir hasta el mínimo detalle la vida de los ciudadanos. Aunque la mayor parte de los millones de ciudadanos sometidos a los caprichos de esos señores no lo sepamos, en los despachos y pasillos y salones de las costosas instituciones de la UE se llegan a regular cosas como las medidas que puede tener el gallinero que alguien se construya en su granja del pueblecito burgalés de Incinillas, a las afueras de la eslovaca Šahy, o en cualquier otro lugar de los Veintisiete.

Encuentran siempre, eso sí, excusas para sus intromisiones en nuestra vida. En el caso de los gallineros, del que supimos gracias al gran conocimiento sobre la UE que tiene Emilio J. González, suponemos que será el bienestar de esos animales que nos proporcionan huevos para hacer nuestras tortillas. En el de los MP3 acuden a la salud auditiva de los ciudadanos. Sin embargo, los motivos reales son muy diferentes. Por una parte, entre los políticos del Viejo Continente está muy extendida la idea de que los ciudadanos necesitamos ser guiados por ellos, aunque no haya prueba alguna que confirme que están dotados de una especial clarividencia para comprender las necesidades del resto de la humanidad. Por otra parte está la imperante necesidad de todo aparato político-burocrático de justificarse a sí mismo, que en el caso de la Eurocracia llega a extremos casi imposibles de igualar.

Los Estados y organismos como la UE comenzaron a inmiscuirse en la vida de los ciudadanos con la excusa de protegerles de terceros (para lo que les ayudó a limitar la capacidad de autodefensa de los individuos a través de todo tipo de prohibiciones). Pero hace tiempo que dieron, producto del doble síndrome de prepotencia y necesidad de autojustificación, un salto cualitativo tremendo. Pretenden proteger a las personas de sí mismas, aunque éstas no se lo pidan. Y aquí entra la pretensión de regular el volumen de los MP3. Los eurócratas han decidido que los habitantes de los Veintisiete dañan su salud auditiva por escuchar música demasiado alta y, por lo tanto, gastarán millones de euros en implementar alguna norma que impida que esos aparatos alcancen un volumen que ellos no consideran adecuado para "nuestro bien".

Si los fabricantes de MP3 quieren hacerlo por cuenta propia no hay problema, los consumidores decidirán si compran todos los productos o no. Pero los políticos y burócratas (sean locales, regionales, nacionales o europeos) deberían quedar fuera de esto. Tampoco sirve la pretensión de la organización de fabricantes Digital Europe de que se alcance una norma a nivel global que imponga estándares en todo el mundo. Si las empresas quieren ponerse de acuerdo, perfecto, pero que no pretendan que los Gobiernos se gasten el dinero de los ciudadanos en algo que tan sólo les corresponde a ellos.