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Los últimos éxitos del periodismo disperso

John Nolte hace notar una contradicción sólo aparente: no ha sido la flagrante parcialidad de los principales medios norteamericanos lo que los está llevando a la ruina, ha sido la aparición de internet, la blogosfera y sus altavoces radiofónicos y televisivos (Fox News, prácticamente en exclusiva) los que están destruyendo la credibilidad de la prensa. Walter Duranty podía alabar a Stalin en las páginas del New York Times y recibir un Pulitzer; hoy posiblemente terminaría despedido y el director del diario habría dimitido para afrontar nuevos retos en cierto puesto burocrático de la compañía editora. La diferencia entre entonces y ahora es que existe un quinto poder con capacidad para ejercer de contrapeso al cuarto y denunciar sus abusos: el periodismo disperso.

No obstante, hay que hacer notar que por sí sola la blogosfera no puede hacer nada. Necesita de altavoces mayores. Dispone en muchos casos de información extraordinaria, de gran valor, pero perdida entre un mar de datos falsos, opiniones y poca capacidad de llegar al gran público. Sigue siendo necesario que un medio tradicional ejerza de altavoz; en concreto, una televisión nacional, que siguen siendo las principales fuentes informativas del ciudadano medio. Esa es la principal diferencia entre Estados Unidos y España: allí existe Fox News, aquí no; los posibles candidatos a convertirse en la Fox española son demasiado pequeños, tienen poco dinero y escasa audiencia. Mientras, la gente se sigue informando en TVE, Antena 3, Telecinco, Cuatro y La Sexta. No son precisamente los sitios donde uno esperaría encontrarse en horario de máxima audiencia a alguien como Glenn Beck.

Ha sido este periodista, quien por cierto entrevistó hace unos meses a Gabriel Calzada, quien parece haber encontrado la fórmula perfecta. En cierto modo se parece al mecanismo descrito por Eric S. Raymond en su ensayo La catedral y el bazar mediante el cual se desarrolla el software libre. Beck acude a su programa con información de interés que afecta negativamente al Gobierno o a los demócratas y pide colaboración; personas de todo el país se ponen a buscar con ahínco y terminan encontrando cosas que Beck jamás habría podido hallar por sí mismo.

Es lo que ha provocado la caída de Van Jones, el "zar" de Obama para impulsar la llamada economía verde y las energías renovables. Mientras la prensa hablaba más bien poco de él, como no fuera para ponerlo como una de las 100 personas más influyentes del mundo en la lista de Time y con artículo apologético del gran intelectual Leonardo DiCaprio, Beck lo denunció por ser comunista. Algo que aquí le daría caché, pero es que en Estados Unidos son raros y miran mal a quienes comparten ideas con los asesinos de más de 100 millones de seres humanos. A partir de ahí el periodismo disperso comenzó a actuar y pronto pudo poner un vídeo donde llamaba gilipollas a los republicanos e informar de que en 2004 firmó una petición donde se exigía una investigación a fondo del 11-S y en la que se acusaba a Bush de haber permitido a propósito los ataques.

El resultado fue la dimisión de Jones, algo impensable, por cierto, por estos lares. En vista del éxito, Beck ha repetido un par de veces más la jugada. Primero, emitiendo un reportaje con cámara oculta hecho por dos aficionados veinteañeros ataviados de chulo y puta, respectivamente, en el que se demostraba que en las oficinas de ACORN se incitaba al fraude fiscal y se hacía la vista gorda incluso ante la trata de blancas. Consecuencia: el Senado ha votado retirarles los fondos públicos a esta organización con la que trabajó Obama.

En segundo lugar, Beck publicó un vídeo sacado a la luz en un blog en el que la directora del National Endowment for the Arts –la agencia que subvenciona el arte en EEUU– animaba a los artistas a hacer propaganda a favor de Obama. Consecuencia: Yosi Sergant fue "recolocada".

Mientras tanto, la prensa se dedicaba a buscar todo lo posible sobre el yerno de Sarah Palin, que ya no tiene ningún cargo público. No es de extrañar que la confianza del público en la profesión haya bajado al 29 por cierto, la peor cifra desde que comenzaron a medirla. La culpa, sí, es de la blogosfera y Glenn Beck y el periodismo disperso todo. Pero especialmente de unos periodistas que, ante la certeza de que no podrían seguir saliéndose con la suya haciendo lo de siempre, decidieron intentarlo unos años más.

¿Cuándo comprar piso?

Desde principios de 2008, el Ministerio de Vivienda, mes sí y mes también, anima insistentemente a la población a que se embarque en la aventura de convertirse en propietario, ya que el descenso de precios facilita la adquisición de vivienda. Sin ir más lejos, la ministra Beatriz Corredor afirmó el pasado 16 de septiembre que "los indicadores económicos muestran la tendencia a la estabilización del mercado inmobiliario".

Además, "el esfuerzo requerido para adquirir una vivienda se ha desplomado más de nueve puntos en el último año, del 40,3% al 31% de la renta bruta disponible, llegando a niveles de 2006". Es decir, "hoy cuesta menos acceder a un hogar que hace un año".

Este tipo de mensajes no sólo son engañosos, sino que constituyen una gravísima irresponsabilidad institucional por el elevado riesgo que conllevan estas recomendaciones. El precio de la vivienda en España todavía no ha tocado suelo. Precisamente, éste es uno de los principales problemas que arrastra la economía nacional, ya que la recuperación económica se retrasará hasta que no se produzca el necesario ajuste de precios.

Así, tras sufrir una de las mayores burbujas a nivel mundial, España aún se sitúa a la cola del Top 10 de depreciaciones inmobiliarias, por detrás de EEUU, Reino Unido o Dinamarca. Desde mediados de 2008, el precio medio de los pisos apenas ha caído un 10%, por lo que la vivienda aún sigue sobrevalorada casi un 30% con respecto a sus fundamentales. Por ello, en caso de que se mantenga este lento ritmo de ajuste, el precio seguirá cayendo durante, al menos, otros tres años (entre finales de 2011 y principios de 2012).

Sin embargo, existen otras variables a tener en cuenta. España contaba a finales de 2008 con más de 1,6 millones de pisos sin vender (stock), mientras que la demanda apenas alcanzaba las 218.000 unidades. Es decir, a este ritmo de ventas, la oferta no se extinguirá hasta dentro de siete años. Y ello, sin necesidad de poner un solo ladrillo.

La clave, sin embargo, no radica tanto en el stock como en las dificultades financieras de familias y empresas del sector. El aumento del paro, la posible subida de tipos de interés en 2010 y el incremento de la morosidad amenazan con hundir el precio de los pisos por debajo, incluso, de sus fundamentales.

A 31 de diciembre de 2008, la banca acumulaba ya cerca de 32.000 viviendas procedentes de ejecuciones, mientras que otras 93.000 se encontraban en situación de mora por impago de hipoteca. El pasado junio, los bancos y cajas de ahorros acumulaban en sus balances activos inmobiliarios por valor de 20.256 millones de euros, según datos del Banco de España… Y creciendo.

En la actualidad, son las entidades financieras, no las inmobiliarias, quienes realmente están fijando el precio de los pisos, manteniéndolos artificialmente por encima de su valor de mercado con el fin de evitar la depreciación de sus balances y, por tanto, entrar en pérdidas. ¿Cómo? Por un lado, han endurecido las condiciones crediticias en el caso de la vivienda usada, al tiempo que refinancian los créditos morosos de propietarios y grandes inmobiliarias en quiebra.

De este modo, las entidades concentran la concesión de préstamos en condiciones favorables hacia las viviendas que mantienen en cartera (sobre todo, nuevas) con el fin de darles salida, al tiempo que tratan de retrasar, en la medida de lo posible, el impago de créditos mil millonarios por parte de las grandes empresas del ladrillo, en un proceso conocido como roll-over.

¿Problema? Varios. La falta de crédito presionará aún más a la baja el precio de la vivienda usada. Además, los promotores cuentan con un margen muy estrecho a la hora de hacer rebajas. Según los balances consolidados de las inmobiliarias a 2006/2007, el ratio de resultado de explotación se situaba entre el 15% y el 20%, con lo que la flexibilidad máxima de precios sería de ese orden, para no incurrir en pérdidas. Y es que, antes de vender el piso por debajo del precio de coste, las promotoras entregan sus activos a los acreedores para saldar la deuda.

Por otro lado, pese a la refinanciación masiva, el sector del ladrillo está en quiebra, por lo que la banca, finalmente, tendrá que asumir un gran volumen de activos inmobiliarios al vencimiento de los créditos concedidos a esas empresas (entre 2010 y 2012). De este modo, el desplome de precios y, por lo tanto, el necesario ajuste, se producirá cuando a la banca no le quede más remedio que desprenderse de los activos embargados a pérdidas.

Así pues, aún queda tiempo para buscar con calma un precio atractivo para comprar casa, como mínimo un par de años. De todos modos, existen dos indicadores útiles para saber si ha realizado una buena compra: por un lado, un PER (número de años que precisaría alquilar un inmueble para recuperar el monto inicial de la inversión) igual o inferior a 19; y por otro, que el valor del piso no supere en más de tres veces su renta bruta anual (salario).

La prostitución en las calles

La prostitución vuelve a ser noticia después de la publicación de fotografías en las que se observa la práctica explícita de la prostitución en plena vía pública en la zona de la Boqueria en el Raval de Barcelona. En ellas se puede ver a jóvenes mujeres inmigrantes manteniendo sexo con clientes.

Como los gobiernos legislan a golpe de titular, han tenido que ponerse a pensar sobre el tema, llegando a una montaña burocrática de propuestas arbitrarias (algunas verdaderamente ridículas) para esconder y difuminar el problema. Evidentemente, la experiencia nos hace pensar que no arreglarán absolutamente nada.

Desde mi punto de vista, la solución pasa por dos cuestiones: la legalización de la prostitución y la clara definición de la titularidad de las calles.

Primeramente, la prostitución debe ser aceptada como una profesión y debe ser legalizada. Una prostituta es simplemente una persona que intercambia voluntariamente servicios sexuales a cambio de dinero. La relación entre prostituta y cliente se establece porque ambos creen subjetivamente que saldrán beneficiados con el intercambio. Si el intercambio (practicar sexo a cambio de dinero) no viola los derechos de nadie, nadie tiene derecho a inmiscuirse y prohibir por la fuerza un acuerdo voluntario y libre entre dos personas.

Es totalmente legítimo que las personas mantengan relaciones sexuales con quien consideren oportuno siempre que las dos partes estén de acuerdo. Ninguna opción moral concreta puede utilizarse para justificar la prohibición y la ilegalización de la prostitución. En este sentido, la posibilidad de prostituirse es un derecho humano independientemente de si lo consideramos indeseable desde el punto de vista moral. La prostituta tiene todo el derecho de explotar su cuerpo como quiera. Si el Estado prohíbe la prostitución está convirtiendo actividades pacíficas en criminales.

Por otro lado, la prohibición nunca ha conseguido que la prostitución cese. Lo único que ha hecho ha sido desprotegerlas porque las ha dejado sin derechos (ni obligaciones), además de obligarlas a trabajar en malas condiciones de seguridad, limpieza, higiene y tranquilidad. Sobre la necesidad de legalizar la prostitución y las consecuencias de su prohibición hablé más en detalle en otro artículo.

En cuanto a la prostitución en las calles, lo primero que conviene señalar es que es discutible que a las calles sólo se les deba dar el uso transitar por ellas y no otros posibles usos como pueden ser el de comerciar, mendigar, vivir, prostituirse, hacer grafittis o colgar carteles. Esto es así porque la sociedad no es un bloque compacto homogéneo, sino que las personas tienen distintos gustos y preferencias dependiendo de sus valores morales.

El problema surge porque estamos hablando de un bien cuya utilización o consumo es compartido por muchas personas. En el caso concreto de la prostitución, habrá gente que considere su práctica en la calle como una cosa normal y corriente, mientras que habrá otros que lo considerarán degradante y no desearán pasear con sus hijos (o sin ellos) por calles en las que se puedan ver prostitutas.

Ante esta situación, creo que el debate que surge está mal planteado. Normalmente la discusión gira en torno a la moralidad o no de la práctica de la prostitución. ¿Debe prohibirse del todo? ¿Debe permitirse pero no en la calle? ¿Sólo en lugares determinados? Pese a ser cuestiones importantes que se plantean automáticamente, en mi opinión son secundarias de cara a solucionar el problema, ya que el debate debería estar dirigido a reflexionar sobre la titularidad de las calles. Todas las preguntas anteriores se resuelven al tratarse este aspecto, ya que el titular será quién imponga las reglas y normas morales que han de cumplirse.

Pues bien, ¿de quién son los bienes públicos? ¿A quién pertenecen (realmente)? Aunque parezca que nos pertenece a todos los ciudadanos y que, por tanto, no hay propietarios reconocibles, en realidad sí que los hay: el Gobierno (o ayuntamiento). Los gobiernos son los que deciden los usos de las calles. A efectos prácticos son los verdaderos dueños y propietarios, pese a que se denomine a esos bienes "públicos" o "colectivos" para dar la sensación de que tenemos la posibilidad de influir en las decisiones.

Lo que suele suceder en estas ocasiones es que el Gobierno asume un rol totalmente pasivo hasta que se forma un conflicto o problema social. Y en ese momento decide actuar. Pero si ya hemos comentado que existen infinidad de diversas preferencias en la sociedad, ¿en base a qué criterios va a actuar?

No solamente su actuación es arbitraria, sino que está guiada y comandada por los grupos de presión. La decisión no es colectiva, no la toman los ciudadanos, sino que la toman grupúsculos de presión, pequeños en número pero muy organizados, que ejercen presión sobre los políticos. Los distintos grupos intentar presionar para imponer su moral particular. Unos estarán a favor de la legalización y otros totalmente en contra; unos desearán que se pueda ejercer en la calle y otros en lugares apartados. En cualquier caso, su poder e influencia decantarán las acciones de los gobernantes. Y el ciudadano, inconsciente de este hecho, se sitúa (aunque no quiera) del lado de alguno de ellos.

La realidad es que no es posible determinar a priori los usos que se les dará a las calles si no son de titularidad privada, es decir, si no tienen un dueño claro y reconocible. La titularidad privada podría recaer en una comunidad de vecinos, personas individuales, empresas o asociaciones de comerciantes, entre otros.

La solución pasa por establecer derechos de propiedad claros que permitan evitar y solucionar conflictos entre las personas, y dejar que los procesos de mercado, espontánea y evolutivamente, acaben estableciendo qué opciones son las preferidas por un grupo de personas. De esa manera, los propietarios de la calle podrán decidir si se puede ejercer la prostitución, si no se puede ejercer en absoluto, o si solamente se puede ejercer en unas determinadas zonas.

Esta es la única manera de averiguar realmente cuál es el fin más adecuado que los propietarios creen que debe tener un bien (en este caso, las calles). Es la única posibilidad de conciliar pacíficamente distintas subjetividades. Mientras siga sin realizarse mediante este proceso, la decisión será política, es decir, coactiva y arbitraria. Y los problemas persistirán aunque se intenten enmascarar o tapar.

Se pide por favor

Zapatero ha precisado, acaso contagiado de la cara marmólea de su anfitrión Berlusconi, que será "un pequeño esfuerzo". Caldera le viene a La Sexta con el mantra: "Lo que hay que hacer ahora es un pequeño esfuerzo (…) y aportar un poquito más a través de la vía de los impuestos".

El Gobierno gasta el doble de lo que ingresa en partidas como el Plan E, que permite a los ayuntamientos abrir y cerrar zanjas y al Ejecutivo presumir tres meses de estadísticas del paro deshinchadas. Contrata a funcionarios a mansalva cuando las empresas se ven obligadas a renunciar a parte de sus trabajadores. Y se endeuda a velocidades jamás vistas en nuestro país y acapara el crédito que los bancos no pueden ceder a familias y empresas. Pero nos pide a los demás que hagamos un esfuerzo.

Mal está que lleven una vida de gasto sin medida y sin sentido y nos pidan "por solidaridad" (con ellos, claro), que le paguemos los excesos. Mal está que nos pida a los ciudadanos que hagamos lo contrario de lo que hace el Gobierno. Pero el colmo es que no tengan la cortesía de pedirnos las cosas por favor. Yo, por mi parte, diré que, aunque me lo pidan por favor, no pienso hacer voluntariamente ese esfuerzo.

Sólo que, claro está, no es voluntario. Porque, como dice Pedro Ugarte en El País, "El Estado nunca pide. El Estado exige. Y exige porque amenaza. Y no contento con la victoria física, se atribuye la victoria moral y denomina insolidaria cualquier objeción a sus dictados". Es decir, que reviste de esfuerzo por parte de la sociedad su latrocinio. Que además de meter su mano en nuestro bolsillo, una vez llenadas las arcas, nos dice que, en realidad, le hemos dado el botín de buena gana. Nos deja la cuenta tiesa, en plena crisis, pero quiere que nos contentemos colgándonos la medalla de "solidarios". Se lleva nuestro dinero y nos deja el consuelo de los tontos.

Dejen de tomarnos el pelo. Se lo pido por favor.

Adiós a la Fed

Ron Paul es un caso para estudiarlo. Es el único congresista de los Estados Unidos que votó contra la guerra de Irak. Es el único que hace suyos, de verdad, los valores de los padres fundadores de aquel país. El país que querían los Madison, Jefferson, Washington y demás era una nación de hombres libres en Estados libres, unidos por los tenues lazos de las instituciones federales: la presidencia, el Congreso y el Tribunal Supremo.

El presidente, en concreto, tenía como principal misión hacer cumplir la Constitución y dirigir al Ejército cuando el Congreso, único que podía hacerlo, declarase al país en guerra. Ni un asomo del enjambre de agencias que rodean al presidente. Y, desde luego, no concebían la posibilidad de haber ganado una revolución republicana para erigir, andados los siglos, un nuevo Rey.

Paul ama a su país tal como se concibió. No con la tecnología del XVIII, pero sí con sus ideas. Y ha intentado acercar ese ideal a la política con el poderoso aliado de la Constitución, o lo que queda de ella. Recientemente ha pedido que se lleve a cabo la primera auditoría de la Reserva Federal, cuya política es la causa mediata de la crisis financiera que vienen aquel país y el mundo. Y ha pedido en un libro que se cierre la Fed. Su propuesta se ha colocado en el segundo libro más vendido en Amazon de no ficción.

La propuesta parece a muchos descabellada. ¿Es acaso posible? Cuando Gran Bretaña se vio atrapada entre la revalorización de su moneda y el desempleo, ciertos economistas se plantearon la posibilidad de salirse del patrón oro. Los sindicatos, estupefactos, preguntaron entonces: “Pero… ¿eso es posible?”. Estamos tan habituados a ver cómo imprimen billetes los bancos centrales, tan habituados a llamar dinero a trozos de papel, que cuesta aceptar la posibilidad de que se disuelvan los bancos centrales y no implosione el sistema y nos devuelva al trueque. Cuesta imaginarse un sistema monetario anterior a la Reserva Federal; pero esa institución no tiene ni un siglo de existencia.

El simple hecho de plantear el debate, de mostrar la posibilidad de que esta agencia, como muchas otras, puede suprimirse sin mayor riesgo y acaso con enormes beneficios, es una gran victoria.

¡Sionistas jugando al tenis!

Nos quedamos sin saber qué es lo que Zapatero podría hacer por Obama además de aumentar las tropas en Afganistán, que es lo que nuestro presidente se preguntaba en voz alta semanas atrás, pero al menos ya hemos descubierto lo que Barack Hussein puede hacer por Zapatero. Y es que cinco minutos en todos los telediarios y en horario de máxima audiencia charlando con Obama y la encantadora Michelle bien valen el envío de un contingente destartalado a "construir la paz" en territorio afgano.

Es de esperar que los asesores monclovitas consigan hacer entrar en esa cabecita leonesa que las efusiones amistosas no quedan bien en pantalla y que los norteamericanos, por lo general, son menos dados a las expresiones de cariño que los europeos del sur, no sea que Zapatero se deje llevar por la euforia y tengamos otro sofoco internacional de nivel moratinesco.

Para enseñarle qué es lo que no se debe hacer cuando se está con un presidente norteamericano, sólo tienen que mostrarle el vídeo de la entrevista que concedió en 2003 a un programa de televisión presentado por un progre de segunda fila, actualmente exiliado en su Cataluña natal. Zapatero compartía plató con Almodóvar, que no es Barack pero también tiene su puntito, y mientras el conductor del programa decía obviedades supuestamente graciosas, se escuchaba a Zapatero diciéndole al director manchego "te admiro tanto", mientras le ponía la mano en el antebrazo. José Luis, por Dios, moderación.

En todo caso, va a ser realmente divertido ver a todos los progres antiamericanos, valga la redundancia, levitar de entusiasmo con las imágenes del evento cósmico de la Casa Blanca, la sede del maligno hasta que llegó Obama para hacer exactamente lo mismo que Bush en política exterior y enfrentar a los norteamericanos entre sí con medidas radicales, o sea, como Zapatero por estos pagos.

No conocemos aún la agenda de la reunión, pero son dos tipos predestinados a caerse bien. El radicalismo infantil y la metafísica en política internacional son argumentos suficientes para que el próximo 13 de octubre sea "el inicio de una gran amistad". Y si hay que enviar más tropas a cualquier otro lugar del globo se mandan inmediatamente, faltaría más. Y los progres a callar y a trincar la subvención.

Zapabama y Obatero

Por supuesto el dato impresiona, sobre todo después de haber oído a lo largo de casi una década que la globalización y los mercados libres habían conseguido sacar de la miseria a la mayoría de la población y que la pobreza iba siendo cada vez un problema menor.

Para rematar, el PMA relacionó este ininterrumpido crecimiento en el número de hambrientos con la progresiva disminución de las ayudas alimentarias de la comunidad internacional. Las dudas pues resurgen, ¿acaso el capitalismo no es capaz de promover el desarrollo del Tercer Mundo de manera tan eficiente como el intervencionismo estatal?

Bueno, no tan rápido. En realidad es falso que ésta sea la primera vez en la historia en la que sucede esto: en 1970, con la mitad de la población que ahora, el número de hambrientos también se situó en 1.000 millones, cifra en la que prácticamente permaneció durante toda la década. Vamos, que el titular de la FAO y de la PMA –organismos encargados de gestionar parte de esas ayudas– no pretende transmitir una (manipulada) información al mundo, sino promover el alarmismo para continuar, como observaba Peter Bauer, quitando el dinero a los pobres de los países ricos para dárselo a los ricos de los países pobres.

Y es que en los temas de crecimiento suele existir un grave problema de perspectiva que los intervencionistas suelen emplear para embaucarnos. Cuando hablamos de pobreza extrema, malnutrición o insalubridad, buscamos soluciones inmediatas y definitivas. Sin embargo, en estos asuntos, el tiempo es esencial y lo es por dos motivos.

Primero, debemos recordar que el estado natural del ser humano es lo que hoy llamaríamos pobreza, esto es, una carencia casi absoluta de medios materiales con los que satisfacer sus necesidades. La espectacular prosperidad económica de la que ahora disfrutamos las clases medias haría enrojecer de envidia a los faraones o a los monarcas absolutos del pasado; el crecimiento sostenible de nuestra riqueza es un fenómeno casi anecdótico en la historia del ser humano, apenas 200 años que realmente no superan los 40 si de auténtico desarrollo global hablamos.

No en vano, el tema preferido de los economistas clásicos en el s. XVIII y el s. XIX era estudiar por qué unas naciones se enriquecían mientras otras no despuntaban. Adam Smith denominó su obra Una investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones, lo que denota que su mayor preocupación era explicar la dispar evolución de las sociedades de su época.

Y desde luego no es casualidad que unas naciones sean ricas y otras pobres. El enriquecimiento de una sociedad es un proceso muy lento y complejo que no puede resolverse con cuatro soluciones facilonas arbitradas desde una burocracia política. Si lo que deseamos es que una sociedad salga por sus propios medios de la pobreza –esto es, que no malviva parasitando a las economías ricas–, es necesaria la confluencia de un entramado institucional respetuoso con la propiedad privada y de una progresiva acumulación de capital a través del ahorro. Ambos factores pueden promoverse, aunque no imponerse, mediante la liberalización del comercio y de los flujos internacionales de capital –la maldita globalización–, pero por sí solos no son garantía ni de que un Estado tercermundista vaya a ser respetuoso con la propiedad de nacionales y extranjeros, ni de que la población abandone su cultura de autoabastecimiento para integrarse en un esquema de división internacional del trabajo.

De momento, por desgracia, el librecambismo está en retroceso en el mundo y las ínfulas proteccionistas están resurgiendo con la excusa de la crisis económica. No es que hayamos gozado hasta la fecha de un auténtico comercio libre –sin restricciones arancelarias, cuotas a la importación, sectores, como el agrícola, artificialmente mantenidos con subvenciones…–, pero los tiempos no parecen propicios para que los mercados sigan abriéndose camino.

El segundo motivo que hace necesaria una cierta perspectiva en temas de desarrollo es que, precisamente por la complejidad y la lentitud del proceso, los cambios de un año a otro no suelen ser demasiado relevantes, y se vuelve preciso observar series con un mayor recorrido histórico.

Sin entrar a valorar las definiciones y las mediciones que la PMA –una agencia dependiente de las Naciones Unidas– realiza sobre el número de hambrientos, la aparente evolución catastrófica que se desprende de la noticia exagera la realidad. En este gráfico, por ejemplo, podemos observar un inquietante aumento de su número en el mundo: de 857 millones en 2001 a 1.002 en 2009. En una de las décadas de mayor crecimiento (al menos aparente) de nuestra historia, el número de hambrientos ha aumentado en casi 150 millones.

Lo que oculta el gráfico es que, durante ese mismo período, el número de individuos en el mundo se ha incrementado en más de 600 millones. Dicho de otra manera, unos mercados relativamente libres, a pesar de sufrir la mayor crisis de la historia reciente, han sido capaces durante la última década de crear riqueza y alimentos para 450 millones de nuevas personas. De hecho, entre 2001 y 2006 pese a que la cifra absoluta de hambrientos se incrementó ininterrumpidamente, su porcentaje sobre el total de la población en el Tercer Mundo disminuyó desde el 16% al 15%. Sólo con la crisis ha vuelto a repuntar este año hasta el 16,6%.

Aunque, como digo, no conviene perder la perspectiva. En 1970 este porcentaje alcanzaba el 37%, en 1980 el 29%, en 1990 el 20% y en 1996 el 18%. Pero tampoco se trata de que, como parece, hayamos perdido con la crisis más de una década, es que en esa década han aparecido en el mundo mil millones de bocas más que alimentar.

Y los problemas, pese a las cifras, se concentran cada vez más en el África subsahariana. Hace 40 años el 43% de la población asiática –gracias a la impagable impronta del comunismo– pasaba hambre, hoy sólo el 15% (y ello pese a que su población se ha duplicado); en el África subsahariana, sin embargo, el porcentaje apenas ha variado del 35% al 31%.

África sigue siendo el farolillo rojo del desarrollo precisamente porque no se ha incorporado a la globalización: sus índices de libertad económica siguen siendo desastrosamente bajos y ello impide, en última instancia, cualquier tipo de prosperidad. De hecho, a poca libertad que se les conceda a los africanos, como en el caso de Botswana, rápidamente saben aprovecharla para generar riqueza.

Pero esto supone un proceso lento, para el que no existen vías rápidas. La PMA se queja de que los gobiernos han dejado de dar tanto dinero como antes en ayuda al desarrollo, sin embargo esta crítica está lejos de ser imparcial, ya que, como apuntaba, la PMA es uno de los organimos que gestiona esas millonadas.

Desde 1950, los países ricos han entregado a los pobres 2,3 billones de dólares en ayudas, algo así como dos veces el Plan Marshall. Y, sin embargo, el resultado ha sido decepcionante. En el gráfico puede observarse la destructiva influencia que la ayuda a África ha tenido sobre el crecimiento del continente: a más ayudas, más estancamiento.

Como explica el experto en temas de desarrollo William Easterly, la ayuda al Tercer Mundo, aparte de los nocivos efectos que pueda tener a la hora de consolidar regímenes tiránicos, promueve la especialización económica de las sociedades pobres, no en bienes y sevicios que les permitan insertarse en la división internacional del trabajo, sino en los bienes y servicios que los burócratas creen que son mejores para ellos, lo cual dilapida su tiempo, sus recursos y su riqueza.

Puede que la crisis –consecuencia, no lo olvidemos, de las políticas intervencionistas en materia monetaria– haya supuesto un parón en el desarrollo y en la reducción de la pobreza que se inició hace cuatro décadas. Pero desde luego, la erradicación del hambre no vendrá de la mano de gobiernos y burocracias ahítos de quitarle más dinero al empresario, sino de la continua extensión de los mercados a todos los lugares del mundo… incluyendo a África.

1.000 millones de hambrientos

Curioso. La única política económica posible pasa por subir los impuestos cuando están despilfarrando el dinero ajeno con ferocidad. Será porque para el PSOE –en realidad, para todos los partidos políticos– las reducciones de las exacciones tributarias son meras tácticas dentro de una estrategia mucho más ambiciosa destinada a incrementar el poder y el tamaño del Estado.

Sin embargo, siendo grave que Zapatero quiera arrebatarles 16.000 millones adicionales a los españoles cuando casi le golpean la cara los 20.000 millones que está dilapidando en variadas subvenciones que sólo distorsionan la economía española y la extranjera, querría echar la vista un poco más atrás.

Estos 30.000 prescindibles millones de euros equivalen a casi la mitad de la recaudación por IRPF en 2008, a casi dos tercios de los ingresos por IVA y a más de la totalidad de los impuestos especiales y del de sociedades. O dicho de una manera más sencilla, en 2008 Zapatero podría haber reducido en un 50% el IRPF o haber dejado el tipo máximo del IVA en el 6% o haber eliminado todos los impuestos especiales o el impuesto de sociedades.

A la luz (u oscuridad) de lo anterior se impone la pregunta. ¿Cuántos impuestos superfluos, redundantes, innecesarios y absurdos hemos estado pagando durante años los españoles para que nuestra casta política se montara su particular cortijo? Ni siquiera estoy hablando de la muy necesaria privatización del Estado de bienestar y su progresiva sustitución por una sociedad de propietarios. No. Me refiero a esas partidas que se han ido adhiriendo al presupuesto como garrapatas y cuya finalidad es comprar votos y crear mantenidos del régimen.

Repito, ¿cuánto dinero nos han estado quitando impunemente los burócratas apelando a nuestro bienestar cuando en realidad lo estaban machacando con fruición? ¿Cuánto han lastrado nuestro desarrollo y nuestra prosperidad esos agujeros negros anuales de 30.000 millones que cada familia y compañía española tenía que sufragar para que nos compliquen la vida financiando a fanáticos sindicatos, improductivos colectivos culturales, empresarios ineficientes, promotores necesitados y tiranos extranjeros?

Dicen que vivimos en la era del ultraliberalismo y del retroceso permanente del Estado. Que se lo digan a nuestros políticos y a sus clientes.

El botín de los 30.000 millones

Y es precisamente ese humor el mejor arma que un grupo de jóvenes españoles, hebreos o no, han encontrado para responder a través de internet al antisemitismo de Ahmadineyad y al de aquellos que, escudándose en la forma moderna y políticamente correcta de judeofobia llamada antisionismo, proclaman el boicot contra Israel y algunos de sus cantantes como Noa.

Han elaborado un video en el que subtitulan un discurso del fanático presidente de Irán para "hacerle" dirigir un mensaje al pueblo español en el que le anima a hacer boicot a las semifinales de la Copa Davis entre España e Israel. Para hacer más evidente la broma le atribuyen a Ahmadineyad frases como "¿Acaso alguna vez habéis visto un judío jugando al tenis? ¿Qué va a ser lo siguiente, pelota vasca?" o que "este partido no es más que una excusa para llenar Murcia, la perla de Al-Andalus, de espías homosexuales". Lo realmente lamentable es que, de conocer algo de España y la competición deportiva en cuestión, el integrista mandatario persa sería capaz de decir frases así.

Este vídeo forma parte de una original y bien hecha campaña que no requiere muchos recursos. Hazle boicot al boicot trata de mostrar de manera amena y didáctica la verdadera naturaleza radicalmente antisemita de aquellos que desde Occidente llaman al boicotear todo lo que tenga que ver con Israel. A la hora de combatir la judeofobia, tanto en sus variantes más antiguas pero todavía vivas como en la versión moderna antisionista, es fundamental la explicación. Sin embargo, muchos no escuchan argumentos estructurados o no leen textos de más de unas pocas líneas. Por eso iniciativas como la que ahora comentamos, que es una buena muestra de cómo se pueden transmitir a través de la red ideas, resultan especialmente interesantes.

El humor es uno de los mejores vehículos para transmitir ideas, pero también prejuicios. La contraparte es que también sirve para contrarrestarlos. Y en eso consiste el Mensaje de Ahmadineyad al pueblo español. Junto con el resto de la campaña, demuestra cómo con pocos medios, inventiva e ingenio se puede responder de modo inteligente y efectivo a una de las ideas preconcebidas que más daño ha hecho en los dos últimos milenios, el antisemitismo. Este modelo sirve para transmitir cualquier tipo de pensamiento, por lo que hay que felicitarse por el hecho de que en esta ocasión se haya utilizado para algo positivo.

Si después de ver el vídeo y visitar la web de la campaña sigue pensando que el boicot a Israel es algo justo, le recomiendo que visite Rap2Spain. Tal vez eso le aclare algo más las cosas.

70 años de Estudio

No diré con libertad, porque Estudio nació en el albor de la dictadura, de un régimen que aún continuaba la guerra por otros medios. Aquél 1940, Jimena Menéndez-Pidal fundó Estudio junto con Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro. Jimena, su solo nombre ha impuesto el respeto de tres generaciones de alumnos de Estudio, tuvo las mejores oportunidades para formarse como una gran intelectual. Tenía en su casa al filólogo e historiador por excelencia de la generación del 98.

Se formó en la Institución Libre de Enseñanza, cuyos métodos llevó, en parte, a su obra más destacada, y que no es otra que Estudio. La ILE, como ha contado recientemente Alicia Delibes, resultó en un fracaso educativo notable. Por eso, entre otras cosas, tiene tanto mérito que Estudio no sólo no haya compartido con la Institución Libre de Enseñanza el fracaso, sino que incluso se convirtiese en una institución de relevancia, con una calidad educativa reconocida. Quizá sea porque Jimena, como su madre, fue una gran pedagoga.

Estudio busca un equilibrio entre la formación intelectual de los alumnos y su aprendizaje físico y estético. El colegio busca el desarrollo integral de la persona, más allá de la simple instrucción que, claro es, no se deja de lado. También busca que sus alumnos tengan un contacto con la naturaleza fruto del conocimiento, o al menos de la curiosidad.

Se dice de Estudio que es una institución liberal. Será porque ha sido el primer colegio en que chicos y chicas compartían clase, en una clara violación de la ley que el régimen sólo le permitía a Jimena. Será, también, porque es un colegio laico, aunque esté fundado por tres catoliconas y se represente entre sus muros un bellísimo Auto de Navidad. Será por los rastros de tradición republicana. Liberal o no, lo cierto es que está inspirado en una concepción del ciudadano que es más rica de lo que pueda enseñar una asignatura específica.

En este año cursarán alumnos que son ya la cuarta generación de Estudio. Hoy, este colegio no es tan descollante como lo fue en la dictadura porque, afortunadamente, muchas de las características que le son propias se han extendido a todo el sistema educativo.

Es inevitable pensar qué hubiera pasado si no se hubiera dado la paradoja de que la llegada de la democracia no viniese acompañada de la libertad de enseñanza, que es empresarial y educativa. El Estado se viste con nuevos ropajes, pero se resigna a controlar las mentes de nuestros hijos. ¿Qué nuevas formas de enseñar, qué nuevas propuestas, qué experiencias no podríamos haber ganado si fuera plenamente libre crear un colegio y elegir el modo de instruir a sus alumnos? Sólo lo podemos imaginar cuántos Estudios habrían surgido en los últimos 30 años.