Ir al contenido principal

Pocas luces

No siempre que se enciende una bombilla es símbolo de una buena idea. En los próximos meses se van a encender miles que demuestran lo contario. En plena crisis económica, cuando los esfuerzos del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero deberían estar dirigidos a que los ciudadanos dejen de engrosar las listas del paro, las ideas brillantes se centran en salvar el planeta de nosotros mismos y si es posible a nuestra costa.

El Plan de Acción 2008-2012 de la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética en España (E4), del Ministerio de Industria es un fastuoso proyecto que se aprobó el 20 de julio de 2007 y cuyo objetivo se podría resumir en el eslogan de una de sus medidas "Con tu ahorro ganamos todos. Cada pequeño gesto cuenta". La idea está clara, el ciudadano es despilfarrador por naturaleza, desconoce cómo gastar adecuadamente la preciada energía, es consumidor compulsivo, no sabe ahorrar y para colmo, está destruyendo a la Madre Tierra. Hay que indicarle, recordarle, incluso obligarle a que vuelva al buen camino. Para ello, los poderes públicos han tomado de los contribuyentes la no desdeñable cantidad de 2.367 millones de euros y la han destinado a un plan que terminará con la madre de todos los despilfarros. Cabría preguntarse qué cosas hubieran hecho los españoles con tal cantidad de euros aún en sus bolsillos, pero hay quien diría que eso es antipatriótico.

Si todo sale bien y nada se tuerce, si nadie se convierte de la noche a la mañana en un saboteador peligroso, el plan reducirá las emisiones de CO2 a la atmósfera en 238 millones de toneladas. ¡Oigan señores, los españoles serán más pobres, pero el planeta estará más sano que es lo importante!

Como eran muchas las medidas a tomar –sólo en las de ahorro se alcanza la extraña cifra de 31–, por alguna parte había que empezar y que mejor manera de hacerlo que cambiando las bombillas de los españoles. El ministro Sebastián dio una alegría inmensa a la industria "bombillera". Convocó un concurso público para hacerse con 49 millones de bombillas de bajo consumo que repartiría gratuitamente a los titulares de un contrato eléctrico. No sé cuántos ciudadanos se han dado cuenta, pero si me quitan dinero antes de darme una cosa, gratis no me sale. De hecho he pagado porque sí, no ha sido voluntario; tampoco lo he hecho sólo yo, los que no son titulares de algún contrato también lo han hecho porque impuestos pagan hasta los niños que se compran chuches. Pero eso les pasa por despilfarradores.

Sebastián está contento porque las bombillas que nos ha "regalado" suponen un ahorro del 80%. Poco se podrá hacer con una sola bombilla, pero es que algunos dudan del carácter benéfico de semejantes armatostes. El profesor Ron Hui, de la Universidad de Hong Kong asegura que estas bombillas tienen mercurio y que al no reciclarse convenientemente terminan contaminando nuestro amado planeta. También afirma que el dispositivo electrónico que lleva no es tan bueno como se dice, que es demasiado sensible a los cambios de temperatura y que no dura la burrada de horas que los fabricantes certifican, o sea, que nos estafan con todas las de la ley.

Pero contamine o no, funcione 10.000 horas o sólo 1, a fecha de hoy hay dos cosas muy claras. Las bombillas de bajo consumo que entrega Sebastián y que nos han costado la friolera de 64 millones no las quiere ni el tato porque hasta la fecha se han entregado en toda España 3.271.814, de los 13.358.036 vales repartidos, es decir, un 24,5%. La previsión del Ministerio es entregar 22 millones de vales. La otra es que tenemos que tragar bombillas de bajo consumo, queramos o no.

A partir del 1 de septiembre ha quedado proscrito en la UE la fabricación de bombillas incandescentes de 100 W. La CE ha avanzado más: en 2010, serán las de 75 W. En 2011, las de 60W. Por último, para 2012, no podrá fabricarse ninguna bombilla de este tipo. Empresas como Phillips, General Electric u Osram deben estar dando saltos de alegría, Phillips asegura que en tres años el precio de las lámparas será mínimo, pero ¿dónde se situará ese mínimo? ¿Se habrán tenido en cuenta además los costes de sustitución y adaptación a las nuevas bombillas de los aparatos que usan las viejas y lo que parece más importante, las toneladas de CO2 que esto supone? ¿Se han previsto todos los efectos colaterales de tan magno proyecto? Ya sabemos que con la salud del planeta no se debe jugar.

El temor lógico es que los poderes públicos colaboren con estas empresas, o sea subvencionen o ayuden de alguna manera su producción, de la misma manera que favorecen las energías alternativas frente a las tradicionales. No es la primera ni será la última alianza entre Estado y Empresa. Luego aseguran que estamos en un régimen de libre mercado y que si las cosas salen mal es por el ultraliberalismo aterrador que nos invade. Pues para muestra, un botón. Pero luminoso.

Voces libres contra silencios tiránicos

Voces que incluso salen de las duras prisiones castristas para, teléfono de por medio, dictar textos libres que alguien volcará en un blog. Voces que le son negadas a todos los cubanos que no quisieron o no pudieron salir de la isla.

Voces con rostros. Voces con unas caras más humanas que la que se esconde tras la barba del octogenario que publica sus "reflexiones" en Granma o la que está adornada por el bigotillo del anciano hermano menor del tirano mayor. Voces capaces de sortear los obstáculos creados por los dos hermanos carceleros, y hacer que el mundo conozca lo que ocurre en ese país convertido en prisión gigante. Voces que noblemente compiten para decidir cuál de ellas es la mejor voz.

Silencios impuestos desde siniestros despachos y mansiones de La Habana. Atronadores silencios forzados para que los cubanos no puedan oír las hermosas Voces que claman desde las bitácoras. Silencios forzados mediante el bloqueo a la telefonía por internet, más difícil de vigilar que la tradicional. Silencios logrados mediante la censura. Silencios conseguidos mediante el control de qué se puede visitar en Internet. Silencio logrado mediante el encarcelamiento de quien osa pensar y actuar por cuenta propia.

Silencios que no parecen merecer la condena de demasiados fuera de la isla. Silencios cómplices de políticos, periodistas, escritores y todo tipo de artistas que gritan "libertad" pero callan ante la tiranía comunista cubana. Silencios que intentan imponer quienes acusan a los exiliados o sus amigos extranjeros de ser fascistas, mercenarios y otras cosas similares o peores. Silencios que tratan de lograr pero que, sin el poder de coacción del régimen, no consiguen hacer realidad fuera del infierno castrista.

Queremos modestamente unir nuestra voz a aquellas voces mucho más valiosas que la nuestra que claman desde la isla. Queremos decirles, si los silencios impuestos no impiden que les llegue el mensaje, que no están solos. Que muchos escuchamos las hermosas y valientes voces cubanas. Unas voces que algún día serán totalmente libres y estarán a salvo de los silencios.

P.D: En otros sitios también algunos intentan imponer silencios. Afortunadamente no tienen poder y no pueden acallar las voces que odian.

Las mociones de mamá

El fenómeno del transfuguismo es inherente al sistema de partidos con listas cerradas, en que la aritmética política de las instituciones permite a veces combinaciones de lo más variopinto. Así pues, los integrantes de una lista electoral para el ayuntamiento aspiran a convertirse en concejal de Urbanismo si su partido gana las elecciones, y si las pierde rezan para que la alcaldía dependa de un solo voto corporativo, lo que abre un abanico de posibilidades a cual más nutritiva.

El pacto de los dos grandes partidos para erradicar el transfuguismo no soluciona nada, porque el mayor castigo con que pueden amenazar al insurrecto es expulsarlo del partido, y ese es un trámite que suele hacer el interesado motu proprio antes de dar carta de naturaleza a su repentina conversión ideológica.

La mamá de Pajín ha decidido contribuir personalmente al cada vez más nutrido inventario de cambios de gobierno, tránsfuga mediante, tal vez porque ver a la niña al lado de Zapatero y cobrando tres sueldos mientras la autora de sus días calienta banco en la oposición municipal es un trago difícil de aceptar para determinados espíritus. Además, lejos del presupuesto público se pasa bastante frío aunque uno viva en Benidorm, y a ciertas edades uno suele buscar instintivamente la calidez mullida del sillón de concejal delegado, con el sueldo, las dietas y los gastos de representación inherentes al desempeño de tan alta función.

Leire Pajín no va a verse en el trance de firmar la expulsión de mamá, porque la señora se ha borrado de "la PSOE" cumpliendo escrupulosamente el manual del cambio de gobierno gracias al voto tránsfuga, el de un tío que se presentó a las elecciones en la lista de un partido de derechas sin sospechar que unos meses más tarde iba a descubrir, para su asombro, que era de izquierdas de toda la vida. En todo caso, sospechamos que las próximas navidades en la casa de los Pajín-Iraola no van a ser las más entrañables de los últimos años. Pues nada, hasta que lleguen las felices sobremesas familiares.

Hasta los fachas

Cruzado de sumarios imposibles, abanderado de causas políticas, juez metido a político metido a juez metido a político, autoproclamado candidato al Nobel de la Paz y Castafiore de la Audiencia Nacional, como diría mi amigo Eduardo García Serrano, ese es Baltasar Garzón. Contra él, contra todos ellos, lleva tiempo Manos Limpias acudiendo a los tribunales.

Con la Causa General contra el franquismo levantada por Garzón, parece que Manos Limpias ha mordido en carne. Por el momento el juez gossip se ha visto obligado a declarar ante el Supremo. Todos los periodistas de carril se han puesto en guardia, y han comenzado a insistir en que Manos Limpias es un falso sindicato y, sobre todo, en que es una organización ultraderechista. La Secta ha ofrecido una buena porción de su informativo del día de marras (y que, paradójicamente, no se titula "los minutos de la basura"), a demostrar que la tal organización es, efectivamente, abierta y descaradamente ultraderechista. Efe, que trabaja con un sectarismo efervescente que pone en aprietos al periodista desatento, no para de deslizar el adjetivo.

Juegan con el entendido; tienden un puente invisible entre el epíteto y el derecho. Si son ultras… Pues eso me planteo yo. Si son ultras, ¿qué? Atrévanse a decirlo, no se queden con la sugerencia. Los ultras, ¿tienen los mismos derechos de los demás a recurrir a la justicia? ¿Tienen los mismos derechos que los demás a manifestarse en la calle? Secretamente su respuesta les quema. Ellos (que, paradójicamente, no se considerarían ultras), tienen claro que no. Pero por un lado no se atreven a sincerarse por no romper la máscara democrática, y por otro se dejarían quemar vivos antes de decir que tienen tanto derecho como cualquier otro ciudadano.

El alcalde de Arenys de Munt ha convocado un referéndum sobre la independencia de Cataluña. La ONU observa, atenta, el desarrollo de los acontecimientos. Obama no irá a mear en todo el día, no sea que le pille la noticia lejos del teléfono rojo. El caso es que Falange ha organizado en la localidad una marcha nacionalista española. Montilla ha reconocido que "hasta los fachas" tienen ese derecho.

Digámoslo claramente. Tiene razón. Tiene toda la razón. Hasta los fachas tienen derechos. Es más, hasta los comunistas tienen derechos. Oh, y por si ello fuera poco. ¡Hasta los políticos tienen derechos! ¿A dónde iremos a parar con tanto fuero?

El mercado libre hace la economía sostenible

Este cambio de actitud merecería ser bienvenido por todos, si no viniera acompañado de una fatal arrogancia intervencionista. En lugar de desmantelar el sinfín de regulaciones que ha forzado al sistema a ser como es, Zapatero está convencido de que conoce el modelo que necesitan los españoles y está dispuesto a imponerlo a golpe de ley.

De cara a la venta de su plan, el Gobierno ha enrollado las medidas para la "transformación" de la economía española en un envoltorio "sostenible". El problema es que la economía sostenible se usa en el discurso político como cajón de sastre. Según Zapatero, su plan perseguirá la sostenibilidad económica, la social y la ambiental. Pero la viabilidad a largo plazo de un modelo económico depende de factores que nadie puede conocer. ¿Cuál será la forma de transporte del futuro? ¿Cómo nos comunicaremos? ¿Qué tecnologías nos proveerán de energía en el año 2100?

Paradójicamente, grandes avances científicos pueden convertir en chatarra grandes sumas de dinero invertidas en procesos productivos que se pensaba que tenían un prometedor futuro. Por eso, lo único sensato en este sentido sería hacer todo lo posible para que las decisiones en el tiempo de ahorradores, inversores y consumidores estén lo más coordinadas posibles.

Para lograrlo, nada mejor que no interferir en las señales que los consumidores van dando en el mercado y que se traducen –en función del grado de acierto– en premios y en castigos para aquellos inversores que procuran satisfacer sus futuras demandas con el mínimo uso de recursos posibles. Para lograr la sostenibilidad económica y social convendría desarrollar un ambicioso plan de liberalización que permita que los deseos de consumidores y ahorradores sean soberanos en el mercado. Lo que seguro que no es sostenible es liderar el ranking mundial en incremento del déficit público.

Incluso la sostenibilidad medioambiental, que da color a todo el plan, se logra mejor en un entorno de mercado libre que en ningún otro. Grandes investigadores como Julian Simon o Bjorn Lomborg han probado que los índices de calidad medioambiental mejoran allí donde hay libertad económica. Y no es de extrañar.

Los precios libres indican la escasez relativa de los recursos, incentivando a ahorrar los más escasos, a usar los más abundantes y a poner el acento (y el dinero) de la investigación en I+D allí donde realmente es necesario y tiene posibilidades reales de éxito para evitar cuellos de botella tanto productivos como medioambientales.

Sin embargo, Zapatero está convencido de que la sostenibilidad ambiental se logra con todo lo contrario: una intervención pública visionaria que dirija al mercado a la hora de usar los recursos evitando despilfarros.

En esta línea, el Gobierno prepara una ley que persigue el ahorro energético y el impulso de las energías renovables, todo ellos dentro de lo que llama "la economía del cambio climático". Sin embargo, alguien debería advertirle al Gobierno que, si bien la sostenibilidad medioambiental es deseable, la imposición artificial de una determinada idea de viabilidad puede provocar más problemas económicos y medioambientales que los que observa en este momento.

Despilfarro energético

Poca gente se para a pensar que ningún productor tira energía por placer. Lo que muchos llaman despilfarro energético no es más que el consumo de grandes cantidades de energía bruta para producir pequeñas cantidades de la electricidad más manejable, más fiable y más productiva.

Desde la máquina de vapor hasta el láser, la humanidad ha ido consumiendo más y más energía para lograr un producto final que le permite la consecución de fines mucho más importantes para el hombre.

Las energías renovables representan a nivel mundial bastante más del 20% de las fuentes energéticas que España y la UE quieren alcanzar en el año 2020. Esto es así porque en los países subdesarrollados no tienen sentido económico otras formas de energía más intensivas en capital. Fuera de esos países, las energías verdes son aún muy caras e inestables; consumen demasiados recursos valiosos para la poca energía que producen comparado con otras tecnologías alternativas.

Podría ser que en el futuro la tecnología de las fuentes renovables mejore tanto que sean la principal forma de producción en los países desarrollados.

Sin embargo, a día de hoy esta es una cuestión incierta, y jugarse miles de millones de euros en una apuesta política bien puede meternos en una nueva burbuja que, si estalla, habrá hecho un flaco favor al medio ambiente y al empleo.

La idea de una España más sostenible está muy bien, pero la forma de conseguirla no es imponer sectores líderes o nuevas formas políticamente favoritas de producción, sino permitir que el recurso más escaso, el ser humano, se coordine con otros seres humanos en su continua lucha por mejorar. Y para lograrlo, no hay un mejor entorno que el libre mercado.

El timo del socialismo

Cada cierto tiempo aparecen en los periódicos noticias de víctimas del timo de la estampita, o del tocomocho. Y la pregunta que nos hacemos es cómo puede alguien a estas alturas caer en timos tan viejos, tan evidentes y tan cutres. Pero los liberales también nos hacemos otra pregunta. ¿Cómo puede haber gente que aún caiga en el timo del socialismo, tan viejo, tan evidente y tan cutre?

La respuesta es la misma tanto para los timos tradicionales como para el socialismo, pues todos los timos se basan en los mismos principios. Desde los timadores de baja estofa que consiguen que un pardillo les entregue su dinero a cambio de unos papeles de periódico sin valor a un presidente del Gobierno que promete "más de todo para todos" el mecanismo del timo es el mismo y está basado en un pecado capital de la naturaleza humana, la avaricia.

Cuando un incauto cree estar haciendo negocio quedándose con las "estampitas" de un "falso pobre subnormal", realmente los timadores están sacando partido de su avaricia, pues la posibilidad de obtener un beneficio fácil obnubila su capacidad crítica y lo convierte en una presa fácil.

El socialismo también se basa en la avaricia; si votas socialista, le van a quitar a otros el fruto de su trabajo para dártelo a ti. ¡Menudo chollo! O sea, que sin tener que trabajar más, sin tener que ser más eficiente y productivo, simplemente por votar a estos tipos accedes a unos bienes y servicios que realmente no eres capaz de permitirte. Así, el incauto les vota… Y cuando se quiere dar cuenta, no les están quitando a otros para dárselo a él, sino que está en el paro, le han subido los impuestos y la inflación se ha disparado.

Pero aún así, muchas veces la victima no reacciona. Otro pecado capital, la soberbia, le mantiene en el error. "Yo no me he equivocado al votar socialista", se consuela, "la culpa es de Bush, de los empresarios, de Aznar… yo nací socialista y siempre lo seré". Sin duda, es el timo perfecto, pues el timado no quiere reconocer que ha caído como un palomo.

Además, el socialismo también recurre a los "ganchos", a los compinches que distraen al incauto y que obtiene su recompensa llevándose su parte del botín. En el caso del socialismo, la lista de ganchos es muy extensa, desde medios de comunicación afines que sacan partido de las prebendas del poder, hasta artistas solidarios que con sus canciones, sus películas (subvencionadas) y sus declaraciones públicas tratan de reafirmar a la víctima en su error, pasando por sindicatos cómplices y subvencionados que, al igual que los tipos mal encarados que están a los lados del trilero, son un último recurso de coacción física por si el timado reacciona a tiempo.

Pero hay que reconocer su mérito a los timadores. Sin duda, para ser timador hay que tener madera. Igual que no todo el mundo vale para mantener la compostura mientras está tratando de vender la Torre Eiffel a un pobre paleto, no todo el mundo es capaz de mentir compulsivamente ante el Parlamento, ante los periodistas y la opinión pública; poner caritas, arquear las cejas y que no te tiemble la voz mientras niegas la crisis económica o prometes 420 euros a los parados es algo que no está al alcance de cualquiera.

Incluso disfrazarse de minero y levantar el puño, después de haberse bajado del coche oficial y tener un sueldazo de primera es algo que requiere, en primer lugar, una absoluta falta de escrúpulos, pero sin duda un alma de timador de primera. Y eso es algo que a ZP y a su cuadrilla hay que reconocerles.

Zapatero contra Hesíodo

¿Por supuesto Keynes? Los políticos llevan ochenta años aplicando sus desastrosas políticas con grandes dosis marxistas. ¿Qué espera encontrar de nuevo? ¿Que el socialismo es el mayor fracaso de la historia? ¿Por qué no probamos algo nuevo?

Almunia y demás burócratas, lean algo que ha desaparecido de la memoria de la humanidad: que la libertad es fuente de prosperidad, justicia y riqueza. Les recomiendo Los Trabajos y los Días, del filósofo griego Hesíodo (S. VIII–VII a.J.C.). El primer libro de carácter liberal que nos ha llegado hasta ahora. En este opúsculo el autor lanza una serie de recomendaciones a su hermano Perses que se dedica a vivir de los demás y del propio Hesíodo, ya que pretendía quedarse con toda la herencia. Hesíodo le recomienda que viva de sí mismo. Trabaja y sé justo, porque si vives a costa del rendimiento del trabajo de los demás, sólo obtendrás miseria, enfrentamientos y te encontrarás con la perdición del hombre: "Sé justo para que el trabajo sea provechoso".

La obra de Hesíodo es tan actual como la crisis que sufrimos en España, y sin duda tiene más sentido común que Marx o Keynes. Hesíodo somos los ciudadanos, los currantes, las pymes, las grandes empresas, los autónomos, los comercios… Los que cada día trabajamos para llegar a final de mes y sólo contamos con el rendimiento de nuestro trabajo, nuestros ahorros y nuestras inversiones. Nadie tiene derecho a sacarnos a punta de pistola estos logros personales.

Perses, el hermano crápula y vago, el hedonista, el parásito son los políticos, los burócratas, los sindicatos, la patronal, los bancos centrales, los del Plan E. Son los lobbies económicos y sociales, los portavoces del pensamiento único y políticamente correcto que sólo subsisten y se enriquecen de las subvenciones. Los rentistas del Estado son incapaces de que su "trabajo sea productivo" y han de vivir del erario público sin dar palo al agua.

Ahora, que es cuando tendríamos que recordar que nuestro mayor baluarte es nuestro capital financiero, intelectual y laboral –el de cada persona– viene el Gobierno y le da un martillazo mortal. Quieren sacarnos más de mil euros por familia de media con subidas de impuestos, y sólo es el principio. Con el elevado gasto de Zapatero –un 12% de déficit esperado para 2010– el Gobierno lo tendrá que gravar todo y a todos. No le queda más remedio, no puede sacar el dinero de otra forma ni de otra parte, ya que es incapaz de producir algo útil como un empresario.

Zapatero prepara una ley de economía sostenible que sólo va a generar trabajos inservibles pues tendrán que financiarse con más impuestos. Eso significa distorsionar los incentivos del mercado, eliminando los proyectos que se demandan, los productivos, para irse a estos otros improductivos, pero más rentables debido a los grandes márgenes de las subvenciones. El beneficio se lo volverán a llevar unos pocos con el dinero de todos. El Gobierno dirige el mercado. Este fue el sistema que llevó a la URSS a su ruina, el de economía planificada, y nosotros lo volvemos a instaurar.

Reflexione cómo funcionan los sectores donde el Estado se ha involucrado. Por ejemplo, el gran grito del socialismo: "educación gratis". No es gratis, nos dedicamos a pagar la escuela (que no educación) de otras personas con un alto coste monetario y de formación. El resultado de tal proeza nos lo dio ayer la OCDE. En Estados Unidos, el porcentaje de alumnos que no pasa de la enseñanza obligatoria es sólo de un 12%. En España el fracaso es del 49%. Eso sí, el Gobierno quiere regalar a los chicos un portátil. Lo usarán para conectarse a Facebook y subir a YouTube los insultos y golpes que proporcionan a sus maestros.

En Estados Unidos Obama ha planteado una sanidad pública más extensa que los actuales Medicare y Medicaid. El rechazo de la población ha sido contundente. Son los adinerados de aquí que se van a Estados Unidos a operarse y no los estadounidenses los que vienen a España. Los datos desmienten el mito de que en Estados Unidos la gente está desamparada ante la sanidad. El libre mercado funciona, el Estado sólo genera colas y desesperación.

España tiene uno de los mercados laborales más proteccionistas de Europa y, en consecuencia, dobla la tasa de paro europea. La filosofía de vivir de las rentas de otro, como ya nos advirtió Hesíodo, sólo forja la miseria y enfrentamiento.

Las reformas que necesita España no pueden significar más Estado productor, ni planificador ni paternalista. Estamos a la cola de Europa por creer en estos anacronismos de ingeniería keynesiana. España necesita más responsabilidad individual, competitividad y que cada uno viva de su producción. España necesita más libre mercado. Las pruebas son patentes.

Encíclica Caritas in veritate

Casi coincidiendo con el inicio de las vacaciones (está fechada el 29 de junio, festividad de San Pedro y San Pablo), Benedicto XVI publicó su tercera encíclica sobre la caridad, "vía maestra de la doctrina social de la Iglesia". Se esperaba con interés este documento acerca de cuestiones económicas, sociales y políticas, después de dos cartas de mayor contenido teológico; y también después del intenso magisterio social desarrollado por Juan Pablo II (que conmemoraba en la Centesimus Annus un siglo de doctrina social desde la Rerum novarum de 1891, y que recuerdo ahora con permiso de Juan Ramón Rallo y sus dos interesantísimos comentarios al respecto).

No es posible resumir aquí todo su contenido, del que por otra parte ya se ha venido tratando este verano (recomiendo leer el comentario distendido de Carlos Rodríguez Braun en Actualidad Económica: 17-23/07), y espero que con el comienzo del curso volvamos a seguir analizando. Quizás la primera reacción ante la Encíclica ha sido conjeturar sobre el "grado de liberalismo" que muestre en ella el Papa, buscando también una mayor o menor condena del capitalismo salvaje (coincidiendo con estos tiempos de crisis); o bien alguna referencia a otras alternativas pseudo-socialistas… Pero ocurre que no es ése el objetivo de un escrito pontificio de teología moral, orientado a ilustrar a los fieles católicos (y a todos los hombres de buena voluntad) sobre su actuación y responsabilidad personal ante las realidades concretas de su vida en sociedad. Aquí no se trata de proponer sistemas o ideologías: como sus antecesores, Benedicto XVI insiste en que "la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer"; sino de acuciar a cada persona individual para que resuelva en conciencia los pequeños asuntos de convivencia diaria con sus semejantes (o grandes: esto también atañe a los presidentes de los bancos, jefes de gobierno o directores de multinacionales).

En este sentido, la propuesta del Papa retoma algunos argumentos ya iniciados por Juan Pablo II en cuanto a las relaciones entre la caridad, la verdad, la fe y la razón. Desde la óptica cristiana, el amor necesita de un contenido verdadero para conocer la "sustancia de las cosas" y evitar así la "difundida tendencia actual a relativizarlo todo". Con esos cimientos se construye una doctrina social que, en palabras del Papa, "es indispensable para un verdadero desarrollo humano"; y que deberá responder al desafío de nuestra sociedad en vías de globalización desde los principios de la justicia y el bien común.

Hasta aquí un capítulo introductorio, más doctrinal, y que da paso a otras consideraciones en las que vemos la trayectoria académica del cardenal Ratzinger en su formación teológica: un repaso del mensaje de Pablo VI en la Populorum progressio (1967); una actualización de su análisis con la perspectiva del siglo XXI; y una propuesta de soluciones ante ese nuevo escenario en el que destaca el protagonismo de la técnica. Ya en el primer capítulo había señalado las limitaciones de una "ideología tecnocrática" que, por otra parte, no puede menospreciarse ni tampoco considerarla neutral respecto a la moral de las personas. Ahora insiste en esa idea, aplicada particularmente a los medios de comunicación y a la bioética. En ambos casos reclama la responsabilidad de adecuarlos a un desarrollo humano integral.

Frente a quienes esperaban alguna condena fulminante del liberalismo y la globalización, pienso que el mensaje pontificio sigue las coordenadas de Juan Pablo II al reconocer las ventajas del orden económico basado en la empresa, el mercado, la propiedad privada y la libre creatividad humana. Benedicto XVI también recuerda las ventajas del mercado, como lugar de libre intercambio de bienes entre los individuos (justicia conmutativa). Ahora bien, añade dos matices que tal vez puedan discutirse: el papel del Estado o la política (justicia distributiva) y el papel de la gratuidad o el don (justicia social). Esta última palabra me gusta menos, pues no creo tanto en la justicia de la sociedad sino en la de las personas individuales: desde esa perspectiva me gusta más apelar a la caridad desinteresada, como una forma espontánea de solidaridad. Que históricamente ha mostrado numerosos y eficientes ejemplos en los campos de la sanidad o de la educación, donde la iniciativa privada ha llevado adelante proyectos que ya quisiera el mejor de nuestro Welfare State. Y a este respecto, solamente señalar que las referencias de Benedicto XVI al Estado pueden dejar tranquilo a cualquier liberal, porque matiza claramente el papel subsidiario que tiene, allá donde no lleguen la "inalienable libertad humana" y la "autonomía de los cuerpos intermedios", frente a "cualquier forma de asistencialismo paternalista".

Derechos ahumados

Según Jiménez, el 70% de la sociedad española apoya una prohibición total y "a casi todo el mundo le apetece entrar en un lugar en el que no le moleste el humo, fume o no fume, porque siempre será un espacio más agradable".

Las intenciones de la ministra evidencian (por si alguien tenía alguna duda) que la legislación antitabaco siempre tuvo una vocación básicamente paternalista. Su objeto es proteger a los fumadores de sí mismos y no, como sostienen algunos, proteger la salud de los fumadores pasivos. Si el propósito fuera ése permitirían que empresas y locales habilitaran espacios aislados para fumadores, o directamente se permitiría fumar sin restricciones en locales de ocio, cuya esporádica frecuentación es probable que no tenga ningún efecto perjudicial sobre la salud de los fumadores pasivos. Los estudios que apuntan a un riesgo para la salud de los fumadores pasivos suelen referirse a individuos expuestos al humo en el hogar o en el puesto de trabajo, donde pasan muchas horas al día, no a individuos que ocasionalmente acuden a restaurantes, bares o discotecas.

La Ley Antitabaco y su eventual endurecimiento, por tanto, no es defendible desde una posición liberal que rechaza que el Estado trate a los adultos como si fueran niños. Si alguien considera que el placer de fumar compensa los costes o los riesgos que tiene sobre su salud, es libre de hacerlo aunque pensemos que se equivoca. No es nuestro hijo ni nuestra mascota. No vale argüir que el paternalismo es necesario porque el tratamiento de su cáncer en la sanidad pública lo pagaríamos todos. En balance seguramente el Estado se ahorre dinero con los fumadores, pues mueren antes, y si el argumento es válido para prohibir el tabaco, lo es igualmente para imponer una dieta a la gente u obligarles a hacer ejercicio.

No me sorprende que un 70% de la sociedad española apoye medidas liberticidas y además crea estar defendiendo los derechos de alguien, en este caso de los no-fumadores como yo. "Los consumidores tenemos derecho a estar en un local libre de humo", dicen. "Los fumadores atentan contra nuestra libertad al invadir nuestros pulmanos con sus malos humos". El problema es que confunden el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad con el derecho a no inhalar humo en contra de tu voluntad en una propiedad que no es tuya. Un invitado no tiene ningún derecho a exigir que en mi casa no fume en su presencia. Yo decido si en mi casa se fuma o no se fuma, si no le gusta esta condición es libre de marcharse o no entrar en ella. ¿Estoy violando la libertad de mi invitado? En absoluto, estoy ejerciendo la mía: es mi casa, mi propiedad, y yo decido cuáles son las normas, que por algo es mía. Equiparar el derecho a no inhalar humo involuntariamente con el derecho a no inhalarlo en la propiedad ajena es igual que equiparar el derecho a la libre circulación con el derecho a pasearme a discreción por la casa de mi vecino, o equiparar el derecho a la libertad de expresión con el derecho a publicar artículos en un periódico que no es mío.

Un detalle que también confunde a muchos es el calificativo de "público" que se aplica a los locales comerciales o de ocio. Al argumento de que las empresas, restaurantes y bares son propiedad privada y corresponde al dueño decidir, replican que son "espacios públicos" y que por lo tanto corresponde al Estado y no al dueño dictar normas. Pero la propiedad no es menos privada por el hecho de que vendas en ella un producto, emplees a trabajadores o cobres la estancia a los huéspedes. Que un local de ocio sea un "espacio público" sólo significa que está "abierto al público". Es una propiedad privada abierta al público, y el dueño debería tener en justicia los mismos derechos de propiedad.

El dueño de un bar para fumadores no obliga a nadie a tragar humo más de lo que un restaurante vegetariano obliga a comer verdura, una discoteca obliga a escuchar música electrónica, o un bar gay obliga a relacionarse con homosexuales. A quien no le guste la verdura, la música electrónica o relacionarse con homosexuales, que vaya a otro restaurante, a otra discoteca o a otro bar. Pero no tiene ningún derecho a cambiar el menú, a escoger la música que va a pinchar el DJ o a convertir el bar gay en un local hetero. Aunque el 70% de la gente lo apoye.

El humo del tabaco es un claro ejemplo de externalidad negativa que se resuelve mediante la ejecución de los derechos de propiedad. No hay ningún "fallo del mercado" a corregir, pues no se ha dejado al mercado ofrecer su solución. Antes de que el Estado interviniera ya proliferaban los bares y restaurantes que restringían el uso del tabaco o habilitaban espacios separados para fumadores y no-fumadores, y muchas empresas no permitían fumar a sus trabajadores dentro del recinto. Esta tendencia a la especialización sólo podía incrementarse en la medida en que la gente empezara a escoger un local en función de sus preferencias sobre el tabaco, pero el Estado tuvo que "anticiparse" imponiendo a todos una ley uniforme, socavando los derechos de propiedad y privándonos de la oportunidad de una oferta diversificada que realmente se ajuste a lo que quieren todos los consumidores, fumadores y no-fumadores.

Las incógnitas de Gol TV

La creación y lanzamiento del Gol TV ha sido uno de los culebrones del verano, con los reales decretos del Gobierno y la airada reacción de los principales competidores/afectados por la intervención. Como es bien sabido, Gol TV se dedica de forma casi monográfica a la retransmisión de partidos de fútbol, incluyendo entre ellos los principales de los equipos españoles: Liga, Copa del Rey y competiciones europeas. El resto van, por así decirlo, de relleno.

Gol TV es, por tanto, el paquete comercial en el que se pretende vender uno de los contenidos más atractivos para la gente de nuestro país. Tradicionalmente, eran dos los contenidos considerados Premium por espectadores y, consecuentemente, cadenas de TV: el fútbol y las películas de estreno de los grandes estudios americanos. En la actualidad, las segundas han cedido su posición de prestigio, debido entre otras cosas a la inmediatez que proporciona internet para el acceso a estos contenidos, lo que hace innecesaria la espera a su emisión en TV para poder ver la peli.

Así pues, en España únicamente queda como contenido Premium el fútbol. Es el único contenido audiovisual por el que parece que el españolito medio esté dispuesto a rascarse el bolsillo y pagar. De ahí la gran importancia que los derechos sobre los equipos de fútbol tienen para las cadenas de TV, tal como se ha reflejado en las continuas desavenencias entre Mediapro y Sogecable a las que hemos asistido este año.

El problema para Mediapro era y es cómo dar salida a su producto: vale, tiene el contenido, pero no cómo llevarlo al cliente y, mucho menos, cómo ser capaz de cobrar por él. Aquí es donde entraba el gobierno con su autorización urgente para permitir el uso de un canal de TDT de pago. Desgraciadamente para Mediapro, esta autorización distaba de ser suficiente, pues es necesario que los posibles consumidores dispongan también de un aparatito, el infame descodificador. Para más inri, la mayoría de los aparatitos, de reciente adquisición en muchos casos, no valen para TV de pago, pues carecen de los interfaces adecuados. Así que al consumidor futbolístico hay que convencerlo primero de que cambie el cacharro recién comprado por otro ligeramente mejorado, pero más caro.

En estas condiciones, tenía pinta de que Gol TV iba a ser disfrutado por una escasa minoría, y posiblemente con negocio de restauración. Así que Mediapro ha optado por permitir a todos los operadores interesados que lo distribuyan a sus clientes. De hecho, Gol TV está accesible para los clientes de todos los cableros y operadores de telecom, incluidos Ono y Telefónica.

Y esto es lo nuevo: el gran valor de Canal + (y Digital + después) era el contacto directo con el cliente. Para obtener ese contacto, podía tener sentido el gran desembolso realizado en contenidos Premium. Sin embargo, Gol TV sacrifica el control del cliente, al que no va a facturar directamente, en aras de la mayor base potencial. Es un cambio radical de planteamiento para el contenido más cotizado en España.

Evidentemente, sería interesante ver los resultados de la apuesta del grupo mediático en el libre mercado. Sin embargo, tengo la ligera sospecha de que alguien juega con las cartas marcadas. Y eso significa que ellos ganarán su apuesta, y que los demás españoles, sin haber participado en el juego, la perderemos.