Ir al contenido principal

El mensajero de los dioses: poder y comunicación

Cuenta la mitología griega que Hermes, el dios mensajero de los dioses, siendo aún muy niño, le robó unos bueyes a su hermano Apolo. A pesar del crimen, Apolo, al oír los sonidos que brotaban de la lira que Hermes había construido con el caparazón de una tortuga, aplacó su enfado, decidió regalarle los bueyes y perdonarle.

Probablemente desde entonces los mensajeros tratan de seducir al poder a costa de lo que sea, y quienes se resisten y se empeñan en informar verazmente sufren las consecuencias. En los países donde el poder del Estado está limitado se valora la libertad de expresión como una de las más fundamentales, precisamente para evitar que los medios de masas halaguen a los gobernantes con los sonidos de sus liras y de esta manera conseguir el favor de estos dioses paganos, dueños del poder de coacción ciudadana. Pero en países sometidos a la tiranía, sea a partir de unas votaciones manipuladas, sea a partir de un golpe militar, la libertad de expresión está en el centro de la diana desde el principio. Y la represión también evoluciona. Ya no se regalan mártires al enemigo, ahora se utilizan medios más ruines. Como dejar obsoleta a una persona en su puesto de trabajo y reducirle los extras hasta que tiene que irse para no perder práctica profesional. O como aplicar un castigo ejemplar a algún medio destacado (blogger, periódico, cadena de radio o televisión o simplemente ciudadano con talento para ser escuchado por la gente) para que los demás se autocensuren por sí solos.

A principios del mes de agosto el rey de Marruecos secuestraba dos semanarios que publicaban una encuesta de opinión sobre el rey Mohamed VI. Y eso que el resultado era favorable. Aunque sirvió de chascarrillo a los periódicos franceses como Le Monde, la cosa indica cuáles son las reglas: no se aceptan dudas, ni preguntas… mi poder no se cuestiona. Como el de los dioses griegos. Y los mensajeros mejor que toquen la lira.

En el caso de la Venezuela de Chávez cabe todo: la censura selectiva, la exhibicionista, la oficial, la extra oficial. Después de cerrar blogs como Sin Mordaza de la periodista Martha Colmenares y canales de televisión como RCTV hace dos años, Chávez ha puesto encima de la mesa la que ya se conoce como Ley Mordaza. Según esta ley, todo el que manipule una noticia generando una matriz de opinión y alterando la paz social, la salud mental o la moral pública es un delincuente y se expone a una pena de hasta cuatro años, y el responsable del medio de comunicación exactamente lo mismo. El resultado inmediato ha sido el cierre masivo de radios venezolanas. Supongo que el tirano preferiría que se dieran las noticias al estilo anglosajón, poniendo los verbos en infinitivo para resultar absolutamente asépticos.

Y no es el único caso. Aunque nos intenten convencer de que es accidental, uno de los socios de Chávez, el presidente Correa de Ecuador, está planteándose reconsiderar las concesiones de radios y televisiones, supuestamente vencidas o "clandestinas". Esa medida cuestiona la existencia de más de quinientas emisoras de radio en el país.

A quien le escandalice esta medida que recuerde que en España la prensa escrita, si no tiene subvenciones directas, las tiene indirectas (a la producción de papel), de manera que los medios más libres son los digitales. Las radios y televisiones se conceden a dedo como en Ecuador y, por tanto, es tan arbitrario como allí, tanto a nivel nacional como autonómico. El escándalo del ministro cuyo hermano periodista "toca la lira" descaradamente a favor del Gobierno, o las concesiones de imágenes de los Sanfermines de hija a padre, son parte de nuestro día a día.

Pero hay una censura exageradamente más grotesca en Venezuela que en España, la camuflada. Por ejemplo, para evitar marchas ciudadanas en la capital en protesta por la Ley Mordaza, la policía militar corta los accesos a Caracas. Y quien se atreva a protestar puede acabar mal. En especial si es una persona que se ha manifestado contrario al socialismo; entonces te ganas la paliza y la prisión por supuesto "ultraje al centinela".

Por supuesto que el resto de nuestro Olimpo, los demás dioses paganos, y en concreto, los nuestros, no protestan ni se escandalizan cuando uno de estos dictadores hace una de las suyas. Mejor seguir escuchando los sonidos de sus Hermes nacionales, no vaya a ser que alguna voz libre e independiente les saque los colores.

Pues ya va siendo hora.

Hugo o el camino a la tiranía

Cuando Hugo Chávez Frías fue encarcelado tras su fallido intento de golpe de estado en febrero de 1992, debió pensar que en Venezuela había otras maneras más fáciles de conseguir el poder. "Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados", había manifestado y estaba lleno de razón. Hugo Chávez Frías se debió percatar, demasiado tarde, que la mejor manera para que un aspirante a dictador llegue al poder en un país con instituciones democráticas es la propia democracia.

Hugo Chávez Frías no es el primer tirano que llega al poder en una democracia, ni será el último. Tampoco será la última vez que un sistema democrático se torna en tiránico por el buen hacer (o quizá sea más acertado decir deshacer) de un lobo disfrazado con una piel de cordero. Hugo Chávez contaba con mucho a su favor. La Venezuela de Carlos Andrés Pérez era un nido de corrupción que hastiaba a muchos ciudadanos honrados y los gobiernos que le siguieron, pero también los que le antecedieron, no fueron mucho mejores. No es extraño que, ante tanta inmundicia, los demagogos sepan crear mensajes esperanzadores de un futuro mejor, de una utopía no muy lejana. Hugo Chávez vendió su golpe como una regeneración demasiado apresurada pero justa, se creó una carrera política entre el extremismo, la mentira y la esperanza, se aseguró el apoyo de Fidel Castro, apostó por el socialismo como sistema, consiguió el liderazgo de la izquierda, atrajo el voto de parte de la derecha descontenta y se presentó a las elecciones de 1998 en las que consiguió el 56,8% de los votos, acaparando el voto de castigo de una sociedad cansada.

Hugo Chávez Frías había dado su primer paso, quizá el más difícil, hacerse con el poder, y a partir de ahí siguió el guión básico de cualquier tirano. Ha ocupado con los suyos las principales instituciones democráticas. Ha subvertido la ley cambiando la Constitución con la intención de perpetuarse en el poder hasta que se haga realidad su sueño de gloria. Ha cerrado medios de comunicación y perseguido a los periodistas críticos. Ha aprobado una ley que controla la educación y que formará a los ciudadanos que quiere el régimen. Ha nacionalizado buena parte de los sectores más importantes de la economía, echando de Venezuela a las empresas molestas e interrumpiendo además el comercio con Colombia. Ha usado el petróleo para pagar y apoyar las campañas de políticos amigos que han usado sus mismos métodos para llegar al poder, en algunos casos con éxito, en otros con sonoros fracasos. Ha creado la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), una asociación de regímenes amigos que pretende en la práctica la extensión entre los países de América Latina y el Caribe de lo que tan estrambóticamente llama el socialismo del Siglo XXI. Ha encontrado enemigos externos a los que echar las culpas de sus fracasos, Estados Unidos y Colombia, y ha encontrado amigos en los enemigos de ambos, los narcoterroristas de las FARC, los regímenes genocidas de Irán y Corea del Norte y los "enemigos naturales" de los estadounidenses, Rusia y China. Ha iniciado una carrera armamentística y ha amenazado con la guerra y la desestabilización de toda Latinoamérica. Hugo Chávez Frías aspira a ser emperador de las Américas y en ese camino ha conducido a su país a una situación económica y social deplorable. Y todo ello con la legitimidad que le da vivir en una tiranía que sólo los locos y los doctrinarios pueden ver como democracia.

La democracia es tan débil (o tan fuerte) como lo son los principios morales de la sociedad que la asume. Si los ciudadanos no conciben la separación de poderes como un bien necesario, los poderes se fundirán en uno. Si los ciudadanos no conciben que la igualdad ante la ley es un derecho natural, se crearan castas de privilegiados. Si los ciudadanos buscan líderes que les salven de sus propias miserias, si no los vigilan, ni los controlan, ni les apartan del poder cuando se extralimitan, habrán ayudado a crear un monstruo, a su próximo carcelero.

Si Chávez ha llegado al poder con un mensaje tan simple, pero tan efectivo; si ha sabido manipular tantas décadas de corrupción e instaurar un régimen más corrupto y peligroso que los anteriores, es porque buena parte de los venezolanos le han dejado y aún le dejan. Es absurdo que nos quejemos de la maldad de los políticos pensando que son una raza aparte sobre la que no tenemos control. Nadie debe convertirse en un espectador de su propia desgracia. Es difícil echar del poder a un tirano, pero Hugo Chávez ha demostrado síntomas de debilidad. Ha perdido uno de sus últimos referéndums y aún tiene que aguantar las múltiples manifestaciones que la oposición organiza. Además, la crisis en Honduras ha demostrado que sus alianzas en el extranjero no son tan firmes. El daño es evidente ya que en cada protesta, cada manifestación, hay un mayor uso de la fuerza, de coacción gratuita e innecesaria. Aún hay esperanza, la sociedad civil debe seguir presionando al tirano para que abandone, pero también reflexionar y preguntarse cómo es posible que el sueño de la democracia genere estos monstruos.

La democracia puede estar llena de valiosas instituciones, pero no deja de ser un sistema normativo hueco que se basa en la moral y en la ética de las personas. Si llenamos la democracia de contenidos como la educación pública o una economía estatalizada sólo estaremos dando herramientas muy útiles a los Hugo Chávez Frías que vengan después, en Venezuela y en otros países. Habría que preguntarse si la mejor democracia es la que está llena de cascarones vacíos, si es aquella en la que nosotros nos preocupamos de nuestros propios asuntos, apostamos por la libertad y no por la coacción ni el liderazgo de ningún iluminado y reducimos al mínimo esa cosa que llamamos "lo público".

Los verdaderos gusanos

Se hacen las damiselas ofendidas cada vez que alguien se burla o critica aceradamente a cualquier persona de izquierdas, pero permiten y alientan con su silencio que los suyos repitan un insulto década tras década, insulto dedicado a quienes no tienen otro pecado en su haber que el de oponerse tenaz y ferozmente desde hace décadas a una cruel tiranía.

Y es que parece que haya que darles las gracias a las buenas gentes de progreso por habernos hecho el favor de no mostrarse descaradamente a favor de la criminal dictadura de los Castro o incluso, en algunos casos, de oponerse tímidamente a ella. Resulta inaceptable hablar bien de Pinochet, pero siempre se perdonará que se alabe a Castro y se llame gusanera a un exilio que, por lo que se ve, carece de la legitimidad de quienes salieron de España en el 39. Será que unos robaron para irse dejando a sus seguidores sin nada que llevarse a la boca y otros se fueron cuando se lo quitaron todo. Será que los cubanos defienden la democracia mientras aquellos españoles defendían un régimen de esos que tanto les gustan a Víctor Manuel y Ana Belén, siempre tan dispuestos a apoyar la ideología que asesinó a cien millones de personas en el siglo XX.

A muchos nos duele Cuba más que ningún otro país, porque lo sentimos más cerca. Hace poco más de un siglo que dejó de formar parte de España y no olvidamos que muchos de nuestros antepasados fueron allí a ganarse el pan que su tierra les negaba. Escribía Adam Smith que un ser humano, "si mañana fuera a perder su dedo meñique no podría dormir por la noche pero, siempre que nunca los haya visto, roncaría con la más profunda seguridad sobre la ruina de cien millones de sus hermanos". Y tiene razón. Por eso cuando se estrella un avión siempre intentamos averiguar si había algún español entre los pasajeros. Los nuestros siempre nos importarán más, y para muchos, los cubanos son más nuestros que los naturales de ningún otro país.

Está por ver si el concierto de Juanes que se celebrará nada más y nada menos que en la Plaza de la Revolución, el escenario preferido por el castrismo para sus manifestaciones obligatorias, será bueno o malo para las libertades en la isla de las mil cárceles. Lo tiene en sus manos el cantante colombiano; si entra de Cuba como salió, sin haber dicho nada contra el monstruoso régimen que lleva hundiendo a sus súbditos desde hace ya cincuenta años, sabremos que fue a callarse y apoyar con su presencia a los Castro. Si algo dice, si usa su libertad de expresión para decir lo que no dejan decir a los cubanos, habrá merecido la pena. Nada sabemos sobre lo que Juanes hará o dejará de hacer, aunque su historial no nos haga ser optimistas. Criticarlo será acertado o no, ya lo veremos; pero lo que está claro es que no es nada más.

De hecho, en toda esta historia, no hay más gusano que Castro ni más gusanera que quienes lo apoyan e insultan a sus críticos. Del cantautor que ha pasado de glosar una dictadura de derechas a postrarse ante una de izquierdas poco más se puede decir. Si no estuviéramos de vuelta de su capacidad para arrastrarse por el lodo en defensa del crimen de estado, sorprendería su preocupación porque a los cubanos les pueda faltar Juanes mientras mira hacia otro lado cuando nada tienen que llevarse a la boca. Pero si algo he llegado a aprender estos años es que ser de izquierdas significa tener una compasión infinita por la humanidad en abstracto y un absoluto desprecio por los seres humanos de carne y hueso.

Luz en medio de la crisis

Desde que los índices bursátiles empezaron a desplomarse han ido surgiendo grandes oportunidades de invertir los ahorros de quienes no siguieron a la masa manirrota. Así es como se han hecho la mayoría de las grandes fortunas: ahorrando en los años locos de burbujas y gasto desmedido e invirtiendo cuando los valores caen alocadamente ante la retirada de quienes están endeudados hasta las cejas. No es que todas las familias puedan hacer fortunas en las crisis pero sí pueden aprovechar para aumentar el patrimonio familiar.

Otra buena noticia de la crisis es la pérdida de confianza de la población en los políticos. Durante los años de crecimiento artificial, los gobernantes se empeñan en proclamar que el crecimiento se produce gracias a su política y cuando el castillo de naipes se desploma, la ciudadanía tiende a pensar que sus políticos no sabían lo que hacían cuando crecíamos y mucho menos pueden saber cuál es la solución a la crisis. Esta sana desconfianza en los gobernantes es quizá la más importante de las consecuencias que estamos experimentando en España a raíz de la recesión económica. Es posible que una vez llegue la recuperación, la idolatría del político vuelva a ser la tónica general pero por ahora la confianza de los españoles en su Gobierno y en su capacidad para sacarnos de la situación ha bajado hasta el 3,8 en una escala del 1 al 10 y sería fantástico que no subiera nunca de ahí estuviera quien estuviera en La Moncloa.

Otro efecto positivo provocado por la mala situación económica es el cambio de actitud de los españoles respecto al consumo y al ahorro. Mientras los políticos no paran de lanzar proclamas incitando a la ciudadanía a consumir y a gastar en lo que sea, la mayoría de los españoles se ha apretado el cinturón y ha rehecho sus cuentas para adaptarlas a la situación y sentar una sólida base sobre la que poder prosperar. Desafortunadamente, los políticos, descontentos con esta desobediente actitud de la ciudadanía, se han lanzado a gastar todo lo que han podido sacarnos a través de los impuestos. No contentos con el lavado de coco y el gasto de tantos impuestos como han podido arrebatarnos, han gastado el dinero de nuestros hijos y nietos a través de un escandaloso déficit público.

En EEUU, el Gobierno de Barack Obama no ha tenido tiempo de derrochar más que un 14% de sus faraónicos planes de gasto cuando la recuperación les ha cogido por sorpresa. Y es que allí el cambio de actitud de la ciudadanía (gastando menos y ahorrando más), la rapidez de la justicia a la hora de liquidar proyectos en quiebra (en comparación con la paralítica justicia española) y la rápida corrección de los precios y los salarios (en mercados mucho más libres y dinámicos que los españoles) han permitido que los ciudadanos estadounidenses aprovecharan la crisis para purgar gran parte de los errores del pasado que les condujeron a su recesión.

Ojalá en España hubiésemos contado con un Gobierno que hablara mucho y no hiciera nada para permitirnos buscar una rápida salida a la crisis. Solbes abogó por esa opción y por eso fue decapitado. Quizá el desplome de la confianza en el Gobierno termine abriendo la puerta a la paralización de los planes manirrotos de Zapatero y otorgando el papel protagonista de la crisis al frugal cambio de actitud de los españoles.

Objeción (de conciencia) a El País

El editorialista del diario socialdemócrata está preocupado porque España sufre un virus que ni la gripe A. Se trata de un mal que se extiende por toda la piel de toro y que infecta al más pintado. Resulta que "a la sociedad española le han crecido los problemas de conciencia por doquier" y la gente se pone a objetar a mansalva. Intolerable.

El editorial dice que "el protocolo que permite a las farmacias negarse a vender la píldora poscoital es un despropósito" y se duele de que la conciencia llegue "al interior de las boticas". Es decir, que si a un farmacéutico le da por tener conciencia y ésta le indica que vender una píldora poscoital es un acto inmoral, eso es lo de menos en la decisión, suya, de vender, él, la susodicha pastilla en la farmacia, suya también. Para El País no hay ningún problema de conciencia (¡por supuesto!) en defender que el Gobierno sí entre en las boticas para imponer comportamientos contrarios a la moral de sus dueños.

El País tiene que justificar, de algún modo, que se disfrazara de liberal cuando defendía la objeción de conciencia ante la mili obligatoria. Y alega que la Constitución sólo reconoce la objeción para el Ejército. El derecho a no seguir un comportamiento contrario a los propios principios no vale nada ante lo que el diario llama "el debido respeto democrático a la voluntad de los ciudadanos". Es decir, que si la voluntad democrática de los ciudadanos pasa por que el Gobierno entre, no al interior de las boticas sino al interior de las redacciones para decirle a El País lo que debe publicar o no en sus páginas, el diario global en español escribirá un editorial sumiéndose genuflexa y mansamente ante tan democrático mandamiento. Pues ha de saber que es un Gobierno democráticamente elegido el que le ha robado la cartera para dársela a Roures. Aunque cuando de dinero se trata, le entra toda la epidemia de conciencia que el diario condena para los españoles de a pie.

Estupideces y censuras electrónicas

Y del caudillo autoproclamado bolivariano resulta llamativo que coincida con los ministros del Interior de los länder alemanes.

La estupidez políticamente correcta viene del desconocimiento del leguaje. Este último es una institución que se forma a través del modo de expresarse de quienes lo utilizan, no de las directrices de gobiernos o instituciones tan impresentables y liberticidas como la Unesco. A las féminas apoyadas por el consistorio barcelonés les gustaría que Facebook revisara la "construcción gramatical del género", puesto que según ellas "el lenguaje, la comunicación y las redes sociales sólo tienen sentido si son inclusivas, nunca exclusivas".

Lo cierto es que, más allá del malgasto del dinero de los contribuyentes en apoyar este tipo de cosas, no hay nada objetable a que estas mujeres actúen para intentar lograr sus objetivos como lo hacen. Recurren a la acción privada para enviar sus sugerencias sin tratar de imponer la coacción política contra lo que no les gusta. Lo mismo ocurre con las ONG que han criticado el videojuego de rol online Mendigogame. Solidarios para el Desarrollo, Fundación Rais y Acción en Red consideran que este entretenimiento virtual es una burla y que deforma la realidad. Mientras se limiten a hacer campaña en este sentido, con independencia de que se comparta o no su visión, actúan dentro de lo admisible.

Caso muy contrario es el del régimen chavista, que pretende prohibir los videojuegos, y los juguetes, bélicos en Venezuela. El proyecto de ley incluye incluso la penalización del mero uso; no se limita a su venta o fabricación. No deja de resultar irónico que un Hugo Chávez que ha hecho de la violencia un arma política contra sus detractores, y que la primera vez que intentó llegar al poder lo hizo mediante un golpe de Estado, quiera proscribir este tipo de entretenimientos por considerarlos nocivos. Algo que, por otra parte, no es cierto. Millones de seres humanos los tienen como elementos de ocio sin convertirse en personas violentas.

Más tremendo es lo de Alemania. El proyecto de Chávez parece en buena medida una copia de la norma propuesta por los ministros del Interior de todos los länder de la República Federal. También ellos pretenden prohibir los videojuegos violentos, y con muy parecidos argumentos. La norma, que será debatida dentro de poco en el Parlamento nacional, pretende incluso proscribir su programación. Argumentan que algunos episodios como tiroteos en escuelas son producto del uso de este software de entretenimiento. Es como si pretendieran prohibir el cine bélico o las novelas policíacas debido a que la violencia que contienen hay podido influir de forma negativa a algún perturbado.

En ambos casos se trata de pura y dura censura producto de considerar al ciudadano como un incapacitado mental. En un sistema como el venezolano era de esperar. Que ocurra en una democracia como Alemania resulta más llamativo y revelador. Hay demasiados políticos que se creen superiores al resto de los humanos y pretenden controlar sus mentes.

Cuernos imperiales

El diario El País, que tradicionalmente opina sobre los asuntos importantes con dos días de retraso (los progres son venenosos pero algo lentos), ha reaccionado en este caso con asombrosa celeridad para recetarle a ZP un par de páginas en todo el morrillo y un editorial hasta la bola, adornado con un hueco preferente en la misma portada para que no se diga. La sospecha de que los "brujos visitadores" estaban operando por debajo de la mesa durante las negociaciones para unir las dos plataformas de referencia de la izquierda mediática se convirtió en certeza tras este último consejo de ministros con la concesión de un canal de TDT de pago a Mediapro, y eso es algo que Prisa no puede tolerar bajo ningún concepto aunque sólo sea para honrar la memoria de su fundador.

Tras la concesión de Zapatero de un canal de TDT de pago a Roures y Milikito, el diario de Prisa habla de una decisión "escandalosa y abusiva" para "satisfacer los intereses de un grupo de amigos", que, curiosamente, es lo mismo que pensamos muchos millones de españoles cuando Felipe González concedió a Prisa un canal analógico de pago, suceso inédito en toda Europa hasta ese momento. En aquél momento, El País no consideró la decisión del Gobierno felipista ni "abusiva" ni "atropellada" como hace ahora con Zapatero, sino por el contrario todo un acierto que ampliaba el derecho a la información de los ciudadanos. La coherencia está bien hasta que a uno le tocan el bolsillo, y no hay nadie más celoso de sus intereses económicos que un empresario de izquierdas.

Con todo, lo más divertido de todo este asunto es el motivo aducido por la vicepresidenta para haber concedido a Roures un canalito de pago justo antes del comienzo de la liga, de forma que pueda explotar el fútbol a la carta ya desde el primer partido. Según "la represaliá", es una medida más entre las muchas puestas en marcha por el Gobierno para luchar contra la crisis económica que nos azota a causa de Bush, Aznar y el neoliberalismo salvaje.

Desde luego, los amigos de Zapatero van a poder capear las actuales "dificultades transitorias" (Solbes dixit) de una forma ligeramente más confortable que los prisaicos, a los que han arrebatado el monopolio del fútbol de pago. Esto nos sitúa ante un panorama muy divertido en el que veremos al buque insignia de la izquierda mediática atizar a Zapatero una y otra vez hasta que rectifique o proporcione a Prisa una compensación suficiente. Con un poco de suerte es posible que incluso El País comience a editorializar la actualidad sin dejar pasar las preceptivas cuarenta y ocho horas marca de la casa. Si es que el grupo no quiebra antes, claro, terrible pérdida de la que los españoles de bien no nos recuperaríamos en muchos años.

El Gobierno, el mejor aliado de la crisis

Inconmensurable la cita de Celestino Corbacho, ministro de Trabajo:

Llegará un día que cuando el sector del automóvil se recupere y llegue a una cierta normalidad, no será razonable que de los impuestos de los ciudadanos demos una parte a otros ciudadanos para que se compren un coche.

Corbacho hizo referencia a las transferencias de capital forzosas de ciudadanos a empresas para afirmar que el nuevo subsidio de 420 euros a los parados será temporal. A propósito, cuando Keynes definió su estrategia de ingeniería social en su Teoría General, también decía lo mismo una y otra vez. Todas las medidas han de ser temporales. Nunca fue así.

Para la izquierda, los tiempos de crisis son épocas de gloria donde la miseria de los ciudadanos da pie a satisfacer a sectores estratégicos para conseguir más votos. 400 millones de euros del pagador de impuestos costará el nuevo subsidio; todo para ganar ¿cuántos votos? En otra parte ya analizamos qué repercusiones económicas conlleva alargar las prestaciones por desempleo (penalización del trabajo, destrucción de capital, parasitismo, más crisis…).

Déjenme anunciarles una cosa. El socialismo como doctrina murió a la hora y media de ponerse en marcha. No es de extrañar, es un absurdo teórico.

En todos los países fue sustituido por la tiranía de las buenas intenciones. Da igual de qué color sea el Gobierno de turno. Como expresa la cita de Corbacho todos reducen su mediocre ideología sentimental a lo mismo: transferencias de capital forzosas de una parte de la sociedad (empresas y clase media) a otra (lobbies económicos y sociales). Bien, no sólo de la sociedad. Con la globalización hemos llegado más lejos. El actual Gobierno español –que desde que se impuso nos hace pagar 355 euros más en el IRPF, y ni qué decir en multas– también considera "razonable" que nosotros, los ciudadanos, transfiramos más de 250 millones de euros, queramos o no, a países extranjeros o paguemos programas internacionales para luchar contra el paro cuando España es líder europeo en crear desempleados alcanzando cotas inauditas en paro juvenil, duplicando el de la UE.

Ministro Corbacho, todos esperamos el día en el que la mayoría de hombres libres no tengan que dejarse robar por la gran Mafia del Estado para contentar los intereses partidistas del Gobierno. Critican el liberalismo por ser la jungla, el caldo de cultivo de terratenientes, lobbies y monopolistas. La ley de la jungla es la tiranía de las buenas intenciones. El Estado del Bienestar es la mejor base para crear monopolios protegidos por leyes, barreras de entrada económicas y transferencias de capital del ciudadano a la oligarquía apolítica y sus amigos, ya quieran llamarse banca, sector del automóvil o ecológico. El Estado del Bienestar, su buenismo y solidaridad a punta de pistola premian al vocero, al parásito, al incompetente, al vividor de rentas gubernamentales, al sindicalista. En definitiva, al lobo vestido con piel de cordero.

Todas las medidas de este Gobierno son tan populares como directamente contraproducentes para el ciudadano. Recibir dinero gratis es bienvenido por su receptor (consumidor de impuestos), pero si castigamos a quien produce para darlo al que no produce lo único que lograremos será suicidarnos económicamente, más aún con la crisis que tenemos encima.

No me lo creo

Es decir, que la crisis ha tocado fondo y que a partir de ahora no tenemos que seguir bajando los ojos cuando nos hablen de economía.

El relato es el siguiente: los hechos se presentan, desnudos, inanimados y objetivos ante los ilustrados burós que, con su análisis wertfrei y su refinado instrumental, no habrían podido evitar la conclusión, contenida ya en la marcha de las cosas, de que a partir de ahora sólo podemos ir a mejor. ¿Y la coincidencia en la fecha? No podía ser de otro modo cuando es la misma realidad que, claro es, no puede dar las mismas noticias más que en el paso del tiempo en que tienen lugar. Fed y BCE, atentos a la marcha de los acontecimientos, ¿por qué iban a retrasar la noticia, más cuando con ella nos alegra los corazones, tan arruinados como nuestros bolsillos?

Ciertamente. Sólo que en este relato faltan otras muchas coincidencias que, en conjunto, dibujan un cuadro muy diferente. Pues, ¿hasta qué punto son estos dos bancos centrales diferentes? Desde el estallido de la crisis han actuado al unísono, ya sea al alimón, ya con el concurso de otros bancos centrales. Siempre para inflar las respectivas monedas, inundar el mercado de liquidez y retrasar el colapso inevitable del castillo de naipes financiero que crearon ellos mismos. Ahora no sólo coinciden en el acelerador hacia el abismo, sino que ofrecen, gustosos, el mismo mensaje de optimismo a lo Telma y Louis.

Pero, ¿y la realidad? Ella tampoco es independiente de los bancos centrales. No es un objeto que se observa por un microscopio. La crisis es el muerto tendido en el suelo y los bancos centrales el asesino con la pistola humeante en sus manos. "Hay síntomas de resurrección", declaran circunspectos a los medios de comunicación como si fueran un CSI y no el criminal.

Luego la realidad, a la que tienen secuestrada, puede darles la razón o no. Como la libertad interior del reo, la economía guarda, atada y drogada como está, ciertas libertades que la hacen discurrir por caminos distintos a los que buscan sus captores. Pero esa no es ahora la cuestión. Lo que no me creo es el relato. No me creo ni la objetividad, ni la independencia ni la circunspección ni la honradez de los bancos centrales. Es a ellos, más que a sus palabras, a quienes no me creo.

Calentamiento global en un futuro incierto

Internet y la web han supuesto un cambio en nuestras vidas, por una sencilla razón: la gran facilidad, sin precedentes, con la que permite la creación de riqueza. En este sentido, es una verdadera gallina de los huevos de oro. Me explico.

Sólo existe una forma de generar riqueza: el intercambio libre entre los individuos. Cuando una persona vende a otra persona un objeto o un servicio, ambas personas se benefician, pues las dos valoran más lo recibido que lo entregado (si no, no se produciría el intercambio). Tras cada intercambio libre la riqueza de la sociedad aumenta, los recursos se han aproximado más a aquel sujeto que más los valora.

La mera fabricación o construcción no supone la creación de riqueza: que se lo digan a todos los constructores que tienen sus inmuebles sin vender. Esas casas no son riqueza hasta que no se vendan: de momento, son solo recursos mal utilizados; dichas casas posiblemente supondrán destrucción de riqueza, si el vendedor no consigue recuperar en su intercambio los recursos invertidos en la construcción.

Ocurre que para generar riqueza, hay que tener cierta capacidad de anticipación, tratar de adivinar lo que necesita la gente, y de qué forma se puede mejorar el uso de los recursos disponibles para satisfacer dichas necesidades mejor. Esto es lo que hacen los empresarios: localizan recursos que creen que están mal utilizados; que creen, por tanto, poder utilizar mejor, y los compran a un precio que necesariamente es inferior al que ellos creen poder obtener. Asumen todo ese riesgo, y, si aciertan con la mejor utilización del recurso, obtienen un beneficio, derivado precisamente de haber mejorado la satisfacción de los clientes. Ambas partes, como en todo intercambio, se benefician del mismo, y la riqueza ha crecido.

Antes de internet, lo de llevar ideas de negocio a la práctica era bastante costoso, aunque solo fuera por la necesidad de algún tipo de soporte físico para el negocio (un local, una nave…), o de darse a conocer. Esto es justo lo que ha cambiado con internet: ahora el lanzamiento de una idea de negocio es tan sencillo (o complicado) como realizar una página web en Java. Nada más es necesario. No hay que buscar local, ni decorarlo, ni nada por el estilo. Además, por el mismo precio, tienes presencia internacional y publicidad incorporada. Con estos mimbres, la actividad del emprendedor tenía necesariamente que explotar.

Y así ha sido. Por supuesto, se han cometido y se cometerán muchos errores durante esta explosión. Pero el resultado es palpable casi desde el inicio: nuestra sociedad se enriquece y se enriquece con cada iniciativa de los millones de personas que pueblan el planeta. Y esa sí es riqueza de verdad, no la que hacen nuestros gobiernos con inyecciones de dinero y demás zarandajas.