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¿Se podría haber hecho peor?

Nunca debería haberlo hecho a menos que quisiera suicidarse, que quisiera condenar a sus hijos y a los hijos de sus hijos a la mediocridad cuando no a la miseria.

Pero lo hizo. Es el típico drama de la fagocitación del sistema capitalista por las democracias populistas como la española: el sistema económico con mayor capacidad para generar riqueza y para elevar el bienestar de las masas es parasitado por el sistema político que de manera más sibilina genera una mayor cantidad de pobreza.

Ante cualquier dificultad económica, la parte de la sociedad más pobre siempre apoyará a los partidos políticos que prometan ayudarla a costa de los más ricos. Al fin y al cabo, su estilo de vida variará poco: el Estado puede asumir durante un tiempo el coste que suponían sus salarios. Lástima que para ello haya que matar a la gallina de los huevos de oro; una gallina que podrá dar mucha carne pero que se terminará acabando. A partir de ese momento, estancamiento, decadencia y a malvivir. Pero ¿quién relacionará entonces que la miseria de hoy es consecuencia del intervencionismo de ayer? En todo caso se culpará al ruin capitalismo, incapaz de crear riqueza si no es explotando a lo más pobres: incluso en los cementerios socialistas hay razones para pedir más cadenas.

Es un drama, sí, y un drama que gracias a Zapatero nos ha tocado vivir. La manera en la que el PSOE ha combatido la crisis difícilmente podría ser más desafortunada:

  • Acto primero, negacionismo y pasividad: La economía necesitaba que le facilitaran el reajuste y se cerraron en banda. Zapatero pretendió seguir navegando con un barco que hacía aguas por todos lados sin ni siquiera tratar de taponar los agujeros.
  • Acto segundo, aguantar el chaparrón a golpe de chequera: La rígida economía española responde con reestructuraciones bruscas y Zapatero se niega a facilitar los cambios. En su lugar, prefiere tirar de gasto y deuda para que nadie note que la existencia de la crisis y sigan viviendo como si no la hubiera. El barco se hunde y sólo nos proporciona unas bombonas de oxígeno para aguantar unos minutos más bajo el agua.
  • Acto tercero, volver a la realidad: La deuda es caprichosa. Tiene una característica en la que los gobernantes piensan poco hasta que les toca declararse en bancarrota; tarde o temprano hay que devolverla. Nadie nos presta el dinero para que no se lo repongamos (con intereses), por lo que conforme aumentan las dudas sobre nuestra solvencia, el grifo se va cerrando. La economía sigue sin reajustarse, el manantial del gasto se va secando y sólo queda subir impuestos. Bajo el agua sin oxígeno, hay que aguantar el peso de las bombonas, por lo que los náufragos españoles tratan de endosárselas los unos a los otros y de salir a la superficie pisoteándose sin miramientos.

Muchos dijimos que las medidas para combatir la crisis eran básicamente dos: liberalizar los mercados para facilitar los ajustes y reducir el peso del Estado (impuestos y gastos) para incrementar los recursos a disposición del sector privado. No nos hicieron caso o, más bien, nos hicieron caso para llevar a cabo todo lo contrario: misma rigidez y más gasto público.

No por casualidad, la economía sigue sin responder y con un estado cada vez más crítico sólo queda asestarle el último golpe: subir impuestos a los ricos para que se escapen con sus capitales del país y nos quedemos con una sociedad cada vez más proletarizada, esto es, una sociedad donde nadie dispone de ahorros para invertir y crear nueva riqueza y donde hemos de devorarnos entre nosotros.

Con cinco millones de parados nos vamos a poner a subir impuestos para comenzar a pagar parte de los millonarios despilfarros que nuestra clase política ha acometido en los últimos meses. Esa es la estampa de un país con un futuro cada día más negro y al que siguen machacando con aberrantes políticas contra el sentido común económico.

Crónica desde Aranjuez

Voy a referirme en esta columna a los Cursos de la URJC en Aranjuez, donde el IJM celebró su IV Universidad de Verano la penúltima semana de julio. Resumiré aquí la primera Jornada que tuvo lugar el lunes día 20, coincidiendo con las noticias tergiversadas del diario Público acerca del Instituto y el informe sobre energías renovables (sobre lo que se pueden leer las puntualizaciones de las notas de prensa y un artículo del presidente publicado justo ese mismo día en la página web).

Esa mañana se estuvo tratando sobre La tradición liberal. Gabriel Calzada abría las intervenciones con su ponencia sobre Juan de Mariana, dado que este año se celebran los 400 años de su tratado De monetae mutatione. Lo que el Instituto va a conmemorar con una edición trilingüe del texto (latín, español e inglés) al tiempo que participa en la organización del evento del Mises Institute "Salamanca: cuna de la teoría económica".

Después de resumir la vida y circunstancias históricas del Padre Mariana, Calzada explicó por qué son destacables algunas aportaciones de la Escuela de Salamanca a la tradición liberal, recordando las observaciones de Schumpeter, Mises o Hayek: desde las reflexiones más teóricas sobre la teoría del valor, del dinero y de los precios hasta sus consideraciones sobre los límites del estado y del poder político; sobre los ámbitos de decisión del individuo; sobre la coordinación espontánea de la sociedad; o sobre los mecanismos de cooperación y división del conocimiento como forma de luchar contra la escasez.

Mariana destacó particularmente, lo sabemos ya bien en esta web, por su oposición al resellado y alteración metálica de las monedas, demostrando que era una forma ilegítima de obtener dinero de los súbditos; aparte del efecto distorsionador que producía en los precios, en los cambios y en el comercio. Como después ha quedado bien patente, este tipo de inflación es sencillamente un impuesto injusto y peligroso para la estabilidad económica.

El recorrido histórico de La tradición liberal siguió por la tarde por sendas conferencias de Paloma de la Nuez y de quien suscribe estas líneas. En mi caso, me referí a cómo llegó el pensamiento escolástico español hasta la Ilustración Escocesa, a través de los llamados filósofos iusnaturalistas (Hugo Grocio y Samuel Pufendorf) del siglo XVII. Y es que podemos rastrear perfectamente la pervivencia de muchas ideas salmantinas en los maestros de Adam Smith: Gershom Carmichael o Francis Hutcheson. En esta ocasión lo vimos en torno al concepto de valor y de común estimación, que muestran una sorprendente continuidad a lo largo de casi trescientos años; así como en el análisis del precio y los factores que intervienen en su composición.

Paloma de la Nuez, profesora en la URJC, nos llevó hasta el más cercano pensamiento político de Friedrich Hayek recordando su permanente vida de académico heterodoxo. Aunque recibiría el Premio Nobel de Economía en 1974, Hayek estuvo casi siempre al margen de las ideas "políticamente correctas" que triunfaron a lo largo de su biografía: desde la trágica aventura social-comunista (también denunciada por Mises), la propuesta keynesiana ante la Gran Depresión, o la consiguiente fascinación por el Welfare State después de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el tiempo le ha venido dando la razón, demostrando que la verdadera tradición liberal es lo que ha permitido la superioridad de Occidente; ya que radica en sus mayores cotas de libertad.

La ponencia de la doctora De la Nuez suscitó un copioso debate; lo mismo que las dos intervenciones del profesor compostelano Miguel Anxo Bastos. Con un estilo vitalista y lleno de fuerza reflexionó en voz alta sobre la libertad individual y la naturaleza del Estado. Explicaba que encuentra una carencia en la Escuela Austriaca: su Teoría del Estado. A pesar de todas las prevenciones hacia el abuso de poder, desde esa visión del "monopolio de la violencia legítima", considera que tan solo Rothbard formuló una teoría completa; claro que desde su perspectiva quasi-anarquista.

Para Bastos, el Estado es el enemigo de la libertad. Por tanto, hay que educar a la sociedad en una sana desconfianza hacia los poderes públicos. Particularmente en el aspecto económico, ya que no deberíamos hablar de "fallos del mercado" para justificar la existencia del Estado: si verdaderamente se dan intercambios libres entre los individuos, aquello no puede considerarse ineficiente (aunque lo matizaba con algunas consideraciones de tipo ético).

En definitiva, Bastos considera que no se puede justificar la existencia del Estado, ya que se ha convertido en una máquina de predación. Su herramienta es la violencia, como bien subraya la frase de Bourne: "la guerra es la salud del Estado" (que explicaba hace tiempo y con más detalle José Carlos Rodríguez en estos comentarios).

Sobre la asimetría entre trabajador y empresario

Hace unas semanas estuve hospedado en un hotel durante tres días. Se trataba de un hotelito familiar, de categoría baja, aunque bien atendido. Algo que siempre me interesa es la hora a que se puede desayunar, pues con ella empieza mi día cuando estoy en el extranjero. Así que me informaron puntualmente de que se podía desayunar a partir de las siete de la mañana.

En la práctica, este servicio se prestaba por una chica contratada por la dueña del hotel, que venía a llegar a las seis, limpiaba la cafetería, preparaba la terraza y, eventualmente, atendía las peticiones de desayuno. Así ocurrió los dos primeros días, y puntualmente disfrute de mi colación.

Pero al tercer día no ocurrió tal. En efecto, a las seis de la mañana nadie estaba limpiando el salón, y a las siete ni estaba la terraza puesta ni había a quien pedir el desayuno. Así que me acerqué a recepción a ver qué ocurría, obteniendo la evidente respuesta de que la chica encargada no se había presentado, y que estaban tratando de localizarla. Por acortar, la historia terminó con la recepcionista despertando a la empresaria de su seguramente merecido sueño, y con ésta abriendo el restaurante a las siete y media, y preparándome unas deliciosas crepes.

Esta simple anécdota revela importantes características sobre la relación entre empresario y trabajador, y que llevan a cuestionar la supuesta asimetría negociadora entre ambas partes que, entre otras cosas, justifica la regulación laboral y la existencia de sindicatos.

En primer lugar, no se debe de olvidar que de los dos recursos básicos u originarios (tierra, trabajo), únicamente es el trabajo el imprescindible. No hay forma de acometer un proyecto empresarial, por muy automatizado que sea, sin presencia humana. En cambio, sí se pueden acometer empresas sin disponer de recursos naturales (por ejemplo, la canción de un cantante, o el consejo de un abogado). Así que es evidente que el empresario necesita del trabajador: sin trabajador no hay empresa.

La ausencia de la limpiadora-cocinera el día de autos tenía que ser suplida como fuera por el empresario, que corría el riesgo de ver toda su inversión arruinada, activos que posiblemente le habían costado más de lo que pagaría a la chica en toda su vida laboral, si no tomaba ninguna decisión. En este caso, no le quedó más alternativa que levantarse a prepararme el desayuno.

¿Es mutua la dependencia? ¿Depende el trabajador del empresario? De forma irreflexiva, se podría responder que sí, pues es el empresario el que le paga el salario. Sin embargo, el trabajador es el único de los recursos de la empresa que la puede abandonar a su gusto sin ninguna pérdida. Si el empresario decide abandonar la empresa, perderá su inversión.

Más aún: el trabajador puede decidir hacer la competencia al empresario, puede integrarse verticalmente hacia delante y formar su propia empresa. Así que no solo el trabajador puede decidir no trabajar, o cambiar de empresa, es que tiene en sus manos crear su propia empresa. Compárese con las posibilidades del empresario al respecto del trabajador.

Realmente, no sé qué pasó con la protagonista ausente de la anécdota. Pero podemos imaginarnos que tal vez encontró un puesto de trabajo mejor, más cerca de su casa o mejor remunerado o más interesante, y no juzgó necesario comunicárselo a su jefa. O a lo mejor ese día no tenía ganas de trabajar. Sea como fuera, la situación deja a la empresaria en su verdadero lugar, como una persona con gran parte de su patrimonio invertido en una finalidad y dependiendo para su recuperación completamente de los caprichos de otro ser humano.

Evidentemente, los "caprichos" del trabajador se ven atenuados por su deseo de mejorar su vida y por la competencia que le suponen los restantes trabajadores, en esencia, por su instinto de supervivencia. Pero eso no cambia el análisis realizado: existe una asimetría de dependencia entre ambas partes del mercado, que no es tan aparente en los mercados de otros tipos de bienes y servicios.

Lo curioso es que, a mi modo de ver, esa asimetría en el mercado libre es contraria a la que encontramos en los mercados intervenidos. En el mercado libre, el empresario depende del trabajador; en el mercado intervenido, con la regulación de un salario mínimo y demás derechos sociales, se produce un exceso de oferta del factor trabajo, y la asimetría pasa a ser la contraria: es el trabajador el que depende para su subsistencia del empresario, que puede encontrar con (cierta) facilidad sustitutos.

Una vez más, reluce en todo su esplendor la gran paradoja del intervencionismo: la regulación implementada para equilibrar el poder de negociación entre empresario y trabajador, nominalmente para mejorar la posición de éste, son la causa última del mayor poder de negociación del empresario.

La dificultad de las predicciones económicas

En el anterior artículo comentaba algunas de las limitaciones del análisis empírico en la economía, poniendo de manifiesto la compleja y esquiva relación de causalidad entre los fenómenos económicos y sociales. Al fin y al cabo, suele ser la "visión" –que, según Schumpeter es el "acto cognoscitivo pre-analítico"– o los biases del analista –o prejuicios, de los que tanto le gusta a hablar a Russell Roberts– los que en muchos casos configuran la perspectiva sobre la realidad de éste.

Así, por ejemplo, para algunos el llamado "milagro asiático" de las décadas pasadas es prueba de que la planificación estatal puede favorecer el desarrollo, mientras que para otros es prueba de las bondades de la libertad económica. No es casualidad que entre los primeros estén economistas intervencionistas como Joseph Stiglitz, y entre los segundos liberales como Benjamin Powell. No obstante, esto no significa que no exista una explicación más certera que la otra, ni que sea imposible acceder a la versión más adecuada de los hechos. Simplemente muestra cómo a un mismo episodio histórico se le pueden dar interpretaciones contrapuestas según los esquemas teóricos e ideológicos del analista.

Relacionado con la limitación de los estudios empíricos está la extrema dificultad de la predicción: en pocas palabras, el futuro que se intenta predecir no existe, y lo más probable es que las circunstancias que existen hoy, ya no existan mañana ("el futuro no es un por-venir, sino un por-hacer"). Así, las teorías económicas no deberían buscar predecir, sino establecer marcos de explicaciones de fenómenos. La predicción correspondería a analistas que aplican esas teorías y utilizan elementos de juicio propios para estimar el futuro (ejerciendo la función empresarial).

Pero a pesar de esto, la predicción es una de las metas que ansía (vana y malamente) conseguir la economía matemática y sofisticada que caracteriza el actual mainstream. No en vano, en uno de los artículos que más han influido a la metodología de la línea dominante, La metodología de la economía positiva (1953), Milton Friedman decía que "El objetivo último de una ciencia positiva es el desarrollo de una ‘teoría’ o ‘hipótesis’ que genere predicciones válidas y significativas sobre fenómenos que todavía no se han observado". Curiosamente, si utilizáramos su propio criterio (y también otros alternativos) para validar o refutar sus ideas y teorías en relación a la coyuntura económica y a la macroeconomía en general, éstas deberían desecharse sin ninguna duda. Solo hace falta ver las pésimas predicciones que realizó el mismo Milton Friedman en una entrevista de 2005.

Desafiando frontalmente esta visión están los teóricos cercanos a la Escuela Austriaca. Sin embargo, aquí, como en todo, nadie está libre de pecado. En la ponencia de clausura de la fantástica IV Universidad de Verano del Instituto Juan de Mariana, Carlos Rodríguez Braun nos deleitó con un poco de autocrítica, exponiendo cinco errores que él percibe en los liberales. El primero de ellos se refería a la predicción y la teoría del ciclo económico, y en concreto, a la presente crisis. Según Braun, ni quienes disponen de una correcta teoría del ciclo (los austriacos) pueden predecir, por lo que advirtió de los peligros de ello. Así, no se debería poner énfasis en el potencial predictivo de la teoría del ciclo, afirmó, ya que eso sería abrir un flanco a los intervencionistas en caso de que la predicción no resulte del todo correcta, o aun siendo correcta, haya fallado el timing.

En la actual crisis, que ha cogido desprevenidos a la mayoría de economistas (aunque luego traten por todos los medios de sacarse alguna explicación de la chistera), los teóricos de la Escuela Austriaca han sido quienes de manera generalizada mejor han visto venir la crisis económica y financiera. Los ejemplos de artículos austriacos alertando sobre lo artificial y peligroso del boom son numerosos; Jesús Huerta de Soto, Peter Schiff o Ron Paul, desde sus distintos ámbitos, vieron de manera bastante acertada lo que estaba sucediendo durante los años de auge, y pronosticaron la actual recesión, siguiendo el esquema de la teoría austriaca del ciclo económico. Los análisis del Observatorio de Coyuntura Económica también se han mostrado muy atinados desde sus comienzos allá por noviembre de 2007, cuando pocos alcanzaban a ver lo que se nos venía encima.

A la vista de estos ejemplos, parecería que las predicciones que han realizado estos autores han sido, o deberían ser, muy positivas para dar crédito a las ideas austriacas. Pero por el otro lado, también ha habido predicciones que hasta el momento no se han materializado, y que podrían servir como descrédito de los autores que las realizan, y las teorías que defienden. Me refiero, especialmente, a los pronósticos de hiperinflación casi inminente (al ver la explosión de la base monetaria) que han realizado numerosos analistas cercanos a la Escuela Austriaca, como Thorstein Polleit del Mises Institute, Robert Higgs del Independent Institute, Peter Schiff, Jim Rogers o James Turk de GoldMoney.

Estos fallos a la hora de intentar predecir mostrarían los peligros que existen de difundir este tipo de estimaciones sobre el futuro, especialmente si se acompañan con referencias temporales concretas. Sin embargo, ¿son estos errores predictivos (e.g. "habrá hiperinflación") causados por la dificultad de predecir per se? Podría ser, pero otra posibilidad es que existan inadecuaciones en la teoría que manejan los autores que realizan las predicciones, y que por tanto el error sea teórico.

Con todo, aun con el mejor aparato teórico que pueda existir, ¿quién se atrevería a pronosticar cuándo acabará la crisis? ¿A qué tasa de paro llegará nuestro país? ¿O cuál será la siguiente estupidez que se les ocurra al escuadrón de incompetentes que tenemos la suerte de tener como gobernantes y autoridades?

Como es habitual, el profesor Rodríguez Braun ofreció un punto de vista apasionante para la discusión.

Problemas en alta mar

En el anterior artículo, A la conquista del océano, explicaba en qué consiste la colonización del mar que promueve Patri Friedman y su Seasteading Institute. La idea es crear comunidades en el océano que escapen a la jurisdicción del Estado, experimentando con nuevos sistemas políticos y disfrutando de libertades que los gobiernos no respetan en tierra firme. Friedman opina que los intentos de crear comunidades liberales en el pasado fracasaron por no emplear una estrategia incrementalista (Freedom Ship, Aquarious Project) o reivindicar parcelas de tierra que ya están bajo la jurisdicción de algún Estado (República de Minerva, Laissez Faire City). Alta mar es el salvaje oeste de nuestro tiempo.

En este artículo destacaré las principales objeciones a la iniciativa de Friedman y algunas contra-réplicas, no siempre convincentes.

¿De dónde obtendrán la energía las plataformas marinas? ¿No se balancearán con el oleaje? ¿Qué sucede si algún ocupante se pone enfermo? ¿No son un blanco fácil para los piratas? Friedman recuerda que más de 30 millones de personas anualmente ya viven en ciudades flotantes en forma de cruceros con energía, comida, servicios diversos y protección contra las olas por precios tan bajos como 60 dólares la noche. Solo en aguas estadounidenses hay 1500 plataformas de gas y petróleo. El concepto de la ciudad flotante, por tanto, no es ciencia ficción. Los ingenieros del Seasteading Institute están adaptando los diseños existentes a los objetivos del proyecto colonizador, que implica nuevos retos en materia de confort, estabilidad y seguridad.

En cuanto a los piratas, ellos también hacen análisis de costes/beneficios: ¿por qué atacar plataformas con gente armada dispuesta a defender su hogar cuando puedes atacar barcos de carga de una corporación, con pocos tripulantes, escasamente armados y nada dispuestos a arriesgar su vida por un cargamento que no es suyo? Friedman arguye que las plataformas, siendo residenciales, serán más parecidas a un crucero que a un buque de carga, lo cual significa más peligro y menos recompensa para los criminales. Las plataformas tampoco son vendibles o utilizables como lo es un barco capturado, y frente a armas de poca envergadura (estamos hablando de piratas, no de un ejército) su defensa es análoga a la de un castillo de hormigón.

Hay, no obstante, dos críticas fundamentales al seasteading de las que no está claro que el proyecto salga indemne. La primera la formula Mencius Moldbug: para ir a vivir a una plataforma en medio del océano no basta con que seas un apasionado de la libertad, tienes que ser un apasionado del mar. Hasta que no construyan plataformas capaces de albergar aeropuertos con vuelos regulares los habitantes de las colonias estarán tan aislados como las comunidades dispersas en el interior de Alaska. ¿Quién está dispuesto a emigrar a Alaska? Una de las principales dificultades a las que se enfrenta el Free State Project es reclutar a liberales dispuestos a dejar atrás su casa, su trabajo, sus amigos etc. para desplazarse a otro territorio. El seasteading tiene el mismo problema al cuadrado, pues demanda de los partícipes un sacrificio aún mayor. No solo se trata de ir a vivir a una plataforma apartada, sino que además es en un medio físico distinto al que hay que adaptarse, y no dispondrá de la mayoría de comodidades de la vida moderna, al menos al principio.

Según la aproximación incrementalista de Friedman no es necesario un desplazamiento masivo como el que exige el Free State Project, basta que haya unas decenas de pioneros que sean seguidos por otros cientos a tiempo parcial (segundas residencias, vacaciones etc.) y luego por más gente a tiempo completo, conforme las comunidades crezcan y las plataformas dispongan de más servicios. La colonia en alta mar puede resultar atractiva a quienes desean experimentar con nuevos sistemas sociales o quieren disfrutar de servicios singulares gracias a su estatus exclusivo (hospitales desregulados con precios más baratos, casinos no sujetos a impuestos, consumo legal de drogas etc.). Pero aún así es necesaria una masa crítica de pioneros, y hasta ahora el proyecto parece haber llamado más la atención de apasionados de la tecnología que de amantes del mar. Como advierte Moldbug, un buen test para cualquier proyecto de "evasión" es su habilidad para atraer a gente normal y razonable, cuya visión del proyecto no es excesivamente romántica o ideológica.

La segunda crítica la han expresado numerosas voces: aunque la jurisdicción de los Estados termine en la actualidad a 10 kilómetros de la costa, no tolerarán que surjan comunidades que amenacen su legitimidad o su fuente de ingresos. Pueden permitirse el lujo de ignorar la iniciativa mientras no tenga repercusión, pero si llega a tener visos de éxito pondrán su maquinaria de propaganda en marcha para convencer a la sociedad de que las comunidades seasteading son sectas peligrosas o libertinas que hay que eliminar. A la derecha se la puede asustar acusando a las colonias de ser factorías de marihuana o refugios de terroristas. A la izquierda basta decirle que son paraísos fiscales con libre mercado irrestricto que drenan recursos a su Estado del Bienestar. Los colonos tendrían a la mayoría de la sociedad en su contra.

En realidad, no es tan simple. Hoy existen numerosos paraísos fiscales y países con leyes laxas en materia de drogas blandas, prostitución, eutanasia etc. y su soberanía ha sido respetada por los demás Estados. No obstante, sí se está ejerciendo presión sobre los paraísos fiscales para que suspendan el secreto bancario y armonicen sus impuestos y regulaciones. Si la mayoría de Estados grandes se sienten legitimados para someter así a pequeñas naciones soberanas con más motivo intentarán sojuzgar a comunidades privadas que supongan una amenaza, aunque se ubiquen en alta mar. Una posibilidad para los colonos sería aliarse con empresas o grupos de interés poderosos que pudieran dotar de legitimidad al proyecto, influir en la sociedad o presionar al Estado. Por ejemplo, si en una plataforma o en un navío en la costa californiana se ofrecieran servicios sanitarios al margen de las leyes estatales la American Medical Association (AMA) seguramente pediría la ilegalización del navío o la prohibición de que entrara en puertos americanos. Pero si la colonia se asocia con una compañía de cruceros o de seguros médicos podría adquirir más legitimidad e influencia para contrarrestar el poder de la AMA.

Patri Friedman argumenta que no hay que dar a los Estados excusas para que les invadan. Por ejemplo, sería obviamente insensato permitir que grupos terroristas o guerrillas blanqueen dinero en la colonia, producir drogas para exportarlas a países donde son ilegales, o investigar o fabricar armas de destrucción masiva. Pero es probable que al Estado le basten excusas mucho más espurias para intervenir y la única forma de evitar una confrontación sea replicando su estructura y marco legal con ligeras diferencias, echando por tierra la aspiración de Friedman de experimentar con leyes y sistemas políticos.

El joven viejo político

La respuesta que obtuvo fue igual de contundente: "Cuando alguien se afilia, yo no le exijo que deje de pensar por sí mismo". La bitácora en cuestión sigue activa y mantiene el tono irreverente, y en ocasiones vulgar, que causó el enfado de ese político al que no le gusta que sus compañeros de partido opinen por cuenta propia.

Los dos protagonistas de la anterior conversación son una buena muestra de la forma en que afrontan la comunicación por internet todos los partidos españoles y de cómo deberían hacerlo en cambio. El primero de ellos es un joven viejo político, que pareciera tener el doble de años que su edad real. Pese a su juventud, sigue anclado en la concepción dominante en todas las formaciones políticas importantes del país. Esta es, además, un reflejo de cómo consideran muchos que deberían comportarse todos los militantes. Trata de llevar a la red el modelo clásico en el que los temas que deben tratarse y cómo hacerlo se deciden desde arriba. En este esquema, el afiliado tan sólo debe ser un altavoz que repita de forma acrítica lo que se le indique desde la cúspide.

El segundo es justo lo contrario. Para empezar, considera que afiliarse a un partido no significa sumisión ni renunciar a pensar por cuenta propia. Y esto tiene reflejo –no puede ser de otro modo– en la comunicación online. Los afiliados de su zona no están obligados a ser meros altavoces de la dirección nacional o territorial de la organización. Pueden, en sus bitácoras o cuentas de redes sociales, tratar los temas que prefieran, tengan que ver o no con la política, y además son libres de crear su propia forma de transmitir los mensajes. Se abre así un potencial creativo que puede ser utilizado tanto por otros miembros del partido como por los órganos de dirección del mismo.

En este modelo existe, es cierto, el peligro de que alguna persona haga vídeos de mal gusto (aunque, por ejemplo, esto último es marca de la casa en el caso de Juventudes Socialistas como organización) o transmita mensajes poco convenientes. Pero es un riesgo menor. El resto de afiliados sólo aprovecharán los videos, argumentos y similares que les parezcan adecuados. De esta manera se producirá un efecto viral que difundirá rápidamente lo bueno y descartará lo malo. Frente a esto, en el modelo anquilosado que trata de trasladar a la red los viejos esquemas, la dirección sólo está sometida a sí misma para ver lo idóneo o no de lo que se transmite. Y como quienes forman parte de ella son quienes han decidido de esta manera, por lo general pensarán que han acertado.

Cuanto más tarden los partidos españoles en aceptar que en la red no sirven los viejos esquemas, más tardarán en poder aprovechar el potencial que les ofrece. Tal vez el joven viejo político al que nos referíamos más arriba esté cómodo así y luche para que nada cambie. Si le hacen caso, habrá dañado a su formación. Antes o después el resto de partidos reaccionarán y ganarán varios puntos de ventaja sobre el suyo.

¿Y ahora qué?

El presidente gallego, en cambio, parece tener una confianza muy limitada tanto en el orden constitucional como en la sensatez de los ciudadanos, no de otra forma cabe explicarse que haya sometido a una especie de referéndum la necesidad de modificar la legislación educativa aprobada por su antecesor, el socialista Touriño en compañía de su socio Quintana, ambos eliminados por el desagüe de la política tras el brillante batacazo electoral del pasado mes de marzo.

Pero si Núñez Feijoo creía que la encuesta realizada a los padres gallegos va a darle una mayor legitimidad para introducir las reformas que prometió en la pasada campaña electoral, mucho me temo que el resultado no va a coincidir con sus deseos. Y es que mientras los gobiernos se encarguen de "planificar" la educación a despecho de las decisiones individuales de los padres de los alumnos, siempre habrá un número importante de afectados que verán suprimido su derecho a elegir. Y ya hemos comprobado la capacidad de victimismo y agitación de los nacionalistas cuando resultan perjudicados por una decisión democrática.

El problema se resolvería devolviendo a los ciudadanos las competencias que los distintos gobiernos se arrogan en exclusiva, como el tipo de sanidad o educación que quieren recibir. En este segundo caso serían las decisiones individuales de los padres con hijos en edad escolar lo que ordenaría el mapa educativo, que es lo que pide la admirable organización cívica Galicia Bilingüe, y no al revés, como ocurre ahora. Es la administración la que debe someterse al criterio de los contribuyentes libremente expresado y no al contrario. Los políticos, como empleados nuestros que son (y además con contrato temporal), deben dar la máxima libertad a los que les pagamos el sueldo y limitarse a cumplir con nuestras exigencias.

Sólo falta que los jefes de los gobernantes, es decir usted y yo, decidamos que hay cosas en las que un empleado no se debe meter jamás. Igual algún siglo de estos lo conseguimos.

La velocidad del dinero, un concepto a abandonar

La velocidad del dinero es uno de los conceptos que tiene una mayor raigambre dentro de la ciencia económica. Richard Cantillon o Henry Thornton ya se referían a la "rapidez de circulación" para explicar los movimientos de los precios en función de si la "cantidad de dinero" se movía más o menos veces en una economía.

La finalidad de estos economistas al desarrollar el concepto de velocidad de circulación era, en un principio, refutar las falacias mercantilistas de que la actividad comercial de un país dependía de la cantidad de metales preciosos. Tanto Cantillon como Thornton, el primero un banquero privado, el segundo hermano del gobernador del Banco de Inglaterra, querían demostrar que un volumen minúsculo de metales preciosos permite realizar transacciones sobre un volumen enorme de mercancías si esos metales circulaban con la suficiente rapidez (lo que generalmente sólo sería posible con el incipiente sistema de crédito bancario que Cantillon y Thornton presenciaron).

Obviamente, el análisis de la velocidad de circulación del dinero también iba ligado al estudio de cómo la mayor o menor circulación (esto es, cómo la mayor o menor extensión del crédito bancario) influía a medio plazo sobre los precios.

Hasta aquí podríamos hablar de un uso legítimo y apropiado del concepto. El problema es cuando, bajo la influencia del cuantitativismo y de su mecánica ecuación, tratamos de utilizar la velocidad de circulación como un determinante del valor del dinero.

El valor del dinero, como el de cualquier otra mercancía, depende de su utilidad marginal, esto es, de la intensidad de la demanda sobre la oferta existente. En la ciencia económica actual, incluso entre muchos austriacos, se habla con soltura de "oferta monetaria" pero rara vez se menciona el término de "demanda monetaria". Lo sustancial parece ser cuántas "vueltas" da una cierta cantidad de dinero en la economía y no durante cuánto tiempo el agente económico está obteniendo utilidad de una determinada cantidad de dinero.

Y, sin embargo, lo esencial para un economista que acepte el individualismo metodológico debería ser estudiar cómo las decisiones individuales (que pueden tener muy variadas influencias) afectan a su entorno social. El estudio de la velocidad del dinero se fija en el resultado agregado de las acciones humanas, pero no es capaz de explicar cómo las acciones humanas concretas dan lugar a ese resultado agregado. Al fin y al cabo, lo agregado no es obra de nadie en particular, sino de todos en conjunto; difícilmente, pues, podremos establecer un nexo entre la acción humana individual y las "vueltas" que una determinada cantidad de dinero da en la economía. Es decir, no estamos haciendo ciencia sino metafísica.

Sin embargo, este embrollo tiene fácil solución sustituyendo las reflexiones sobre la velocidad del dinero por el análisis sobre la demanda de dinero. El gran economista inglés Edwin Cannan definió, con acierto, la demanda de dinero no como la cantidad total de transacciones en una economía sino como la demanda de dinero destinada a mantener saldos de caja. Lo explicaba lúcidamente así ya en 1921:

Debemos conceptualizar la demanda de dinero no como la cantidad total de transacciones, sino como la habilidad y el deseo de las personas para mantener saldos de caja, de la misma manera que pensamos en la demanda de casas no como el número de personas que compra y revende o arrienda y subarrienda inmuebles, sino como el número de personas que ocupan las casas. La simple actividad en el mercado inmobiliario –comprar y vender– en cierto sentido sí implica un "incremento de la demanda", pero de la misma forma en que implica un "incremento de la oferta"; ambos fenómenos se cancelan mutuamente.

Dicho de otra manera, la división que hace Keynes de tres fuentes de demanda de dinero (transacción, especulación y precaución) es parcial y errónea. Lo importante no es para qué vamos a utilizar el dinero, sino cuánto tiempo lo mantendremos en caja hasta que decidimos utilizarlo para cualquier propósito. En otro caso, como ya nos advirtió Mises, hablar de demanda de dinero no tendría ningún sentido porque el dinero siempre se encuentra en los saldos de caja de alguien.

En general, y como en cualquier otro bien, un incremento de la demanda de dinero no contrarrestada por un aumento de su oferta supondrá un incremento del valor del dinero (y por tanto una caída de los precios del resto de bienes) y viceversa. Si, por ejemplo, los consumidores aumentan sus saldos de caja para consumir en el futuro (no es necesario que sea ni para especular ni como motivo de precaución), el precio de los bienes presentes tenderá a caer y el valor de las unidades de dinero que no se retengan en los saldos de tesorería aumentará. En absoluto necesitamos, pues, la idea de velocidad del dinero.

Ahora bien, ¿significa esto que todas las reflexiones sobre la velocidad del dinero efectuadas hasta la fecha resultan inútiles y pueden desecharse en nombre de la demanda de dinero? Como suele suceder en economía, empezamos con un problema de enfoque y, a partir de ahí, las ramificaciones suelen ir degenerando, por lo que regresar al origen y separar el grano de la paja no suele estar de más.

En este caso, el economista sueco Knut Wicksell ya se dio cuenta en 1898 de la fuerte relación entre ambos conceptos al sostener que la demanda de dinero es la inversa de la velocidad del dinero. Si un euro cambia de manos cuatro veces en un año (es decir, si su velocidad es 4), entonces significa que ha estado una media de tres meses en los saldos de tesorería de alguien (es decir, su demanda monetaria es de ¼).

En realidad, por tanto, la idea de velocidad del dinero o de rapidez de circulación tal y como la pergeñaron Cantillon y Thornton sigue siendo útil para los propósitos que cumplía. Sin embargo, como he señalado, supone un serio corsé para el desarrollo de la ciencia económica (como siempre lo ha supuesto el abandono del subjetivismo y del individualismo metodológico). No en vano, quienes han estudiado el valor del dinero desde la perspectiva de su velocidad, como por ejemplo Irving Fisher, han tendido a relacionar el valor del dinero con las condiciones del sistema monetario (densidad de población, desarrollo de las comunicaciones, hábitos de la gente…), mientras que quienes han estudiado el problema desde la perspectiva de la demanda, como Charles Rist, Benjamin Anderson o el propio Cannan, han incidido más en las expectativas y en la actitud de los agentes económicos frente al entorno (expectativas de apreciación o depreciación del dinero y de las mercancías), donde también tiene cabida, pero como una influencia más, la estructura del sistema financiero que analiza Fisher.

La diferencia, por consiguiente, puede reconducirse a un cierto entendimiento, pero teniendo presente la suma importancia que tiene usarlas indistintamente. De hecho, como explicaré en un próximo artículo, esta confusión impide comprender en toda su profundidad la realidad económica, en este caso la realidad de la crisis actual. Y es que, como también concluyó Henry Hazlitt hace 41 años: "La teoría monetaria se enriquecería enormemente si el concepto de una velocidad de circulación independiente o causal fuera del todo abandonado. La perspectiva del valor y de los saldos de caja son más que suficientes para explicar todas las cuestiones que giran a su alrededor."

Abusos buenos y abusos malos según la SEC

Ha convertido en permanente una medida temporal que aprobó en otoño de 2008, prohibir las posiciones bajistas cuyo préstamo no se haya hecho efectivo en el momento de la operación. No es que prohíba directamente las posiciones cortas (bajistas en acciones), pero sí que las restringe. También ha comunicado que mantendrá esta línea en el futuro.

Los grandes operadores no han prestado mucha atención a la regulación. Desde que se aprobó la normativa el año pasado, han encontrado otros métodos similares de ponerse cortos y que ya usaban, como comprar ETFs bajistas, vender futuros, comprar puts (opciones de venta), etc. Como siempre, se trata de una medida que llega tarde e ineficiente.

La opinión popular ha celebrado tal restricción porque comparte la idea de la SEC, a saber, las ventas al descubierto son operaciones desleales y hacen bajar las acciones. En realidad, prohibir las ventas al descubierto, en esencia, significa prohibir vender.

Imagínese que usted quisiera vender un inmueble de su propiedad adquirido hace un par de años. En la situación actual, si la vende al mismo precio, nadie se la va a comprar, por tanto, si le urge sacárselo de encima, tendrá que rebajar el precio. Si lo hiciese, y hubiese una SEC que regulase sus propiedades, se lo prohibiría. Razón: eso hará bajar el precio de los inmuebles del sector. ¡Claro, es que están sobrevalorados!

Las ventas al descubierto sólo facilitan que los precios vuelvan a sus precios reales. Son posiciones temporales, no crónicas. En estos casos alguien vende porque cree que el activo en cuestión bajará. Pero cuando ese actor económico cierra la posición, esto es, compra, el activo sube. Las grandes subidas de la última semana se han debido precisamente a cierre de cortos que han tenido que deshacer posiciones (comprar) a toda prisa con pérdidas.

Hace un año aproximadamente, Rusia fue más allá en la lucha contra las caídas bursátiles y decidió clausurada la bolsa cuando bajaba (no descartamos que Estados Unidos aplique la misma medida también en el futuro). Rusia llegó a mantener cerrada la bolsa durante una semana. ¿Cuál fue la consecuencia? Cuando abría, el mercado se desplomaba y el capital se iba del país. Las crisis no se arreglan con decretos ni prohibiéndolas por ley.

Tal vez la SEC tendría que haber hecho algo antes. ¿Por qué no prohibió comprar cuando había empresas que estaban cotizando a PERs de 50, 60 o 70 veces sus beneficios? ¿Por qué no puso coto a los créditos sobre acciones y a los derivados en aquel entonces?

Lo más hipócrita de este caso es que la SEC, el Gobierno americano y resto de primos hermanos de este último (Reserva Federal, Commodity Futures Trading Commission, Federal Deposit Insurance Corporation…), acusen ahora al mercado de practicar operaciones abusivas y poco transparentes (según se lee en su nota). Señores reguladores, todo lo que hicieron los hedges funds, bancos, grandes carteras, aseguradoras… estaba amparado por la ley, es decir: por ustedes.

¿Qué legitimidad tienen estas organizaciones paraestatales para hacer tales acusaciones? Ven la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.

Cambian leyes según sople el viento. Hablan de manipular el mercado cuando el propio Gobierno americano se dedica a regalar cientos de miles de millones de dólares a bancos que tendrían que estar quebrados según las reglas del libre mercado. ¿No es esto distorsionar la trayectoria natural del mercado? ¿No es mezquino que el Gobierno robe al hombre común su dinero para dárselo a bancos con nefastos e ineptos gestores? A propósito, ¿se acuerda de que Obama se quejó de los altos bonus que cobraban los ejecutivos a cargo de las TARP? No se preocupe, ya lo ha solucionado. No hay bonus para ellos. Sólo se subirán el sueldo un 50% (Citigroup, Morgan Stanley y UBS).

¿No es una manipulación del mercado tirar por los suelos los tipos de interés para estimular el crédito? ¿No cree que una de las razones por la que se explican las fuertes subidas de la bolsa en estos meses se debe precisamente a que "los grandes", ante el escaso margen de la renta fija, huyen hacia la renta variable comprando de todo? ¿No tendría que hacer algo la SEC? ¿No estarán creando ya otra burbuja?

Los medios políticos no sólo son la fuerza, se han convertido en la moral. En los sacerdotes de la religión prohibicionista del s. XX y XXI. Para ellos, una acción no es "mala" en la medida en que sea éticamente reprobable, sino en la medida de quién la realice. Si la lleva a cabo alguien de la sociedad ha de ser prohibida. Si la realizan ellos, es lo que se ha de hacer por justicia. Su justicia, claro.

ETA, 50 aniversario

Medio día del jueves. Dos guardias civiles acaban de entrar en un coche cargado de muerte. No llegarán a comenzar su jornada. A una distancia física prudencial y a una distancia moral intergaláctica, unos terroristas aprietan el botón. Todo se acaba para Carlos Sáenz de Tejada García y Diego Salvá Lezaun.

Apenas 36 horas, un día y medio, pasan entre ambos crímenes. Pero entre esas horas también pasan cosas. Pasan muchas cosas. Ocurre que de forma casi unánime se señala a ETA diciendo que quería provocar una masacre y que si no lo ha hecho es por impericia. Juicio audaz, vive Dios, ya que se dirige contra una banda que hoy, 31 de julio de 2009, cumple 50 años. ¿Qué grado de error y cuál de cálculo hay en ese edificio fachada en suelo? Pues la que habla, a las horas, es la propia ETA por boca de Batasuna: Este atentado, dicen, demuestra que es "una quimera" acabar con ellos. Y que la única vía de salida es el diálogo. Si quieren el diálogo, es decir, la negociación, ¿no hubiera sido un obstáculo el recuento de víctimas con las manos? Ese atentado sin víctimas, ¿no recuerda el enorme poder mortífero que tienen, sin necesidad de haber matado a nadie?

Pero todos los análisis apuntan a la matanza frustrada. Y, sin embargo, se repite: están aislados. Están debilitados. Hacen todo cuanto pueden. Son pocos, torpes, inexpertos. Pero ETA tiene su propio lenguaje, que es una combinación entre nacionalismo y sangre. Dos muertos en Mallorca. También los terroristas se apuntan a la moda del "yes, we can".

Amanece el viernes con España en vilo. Cincuenta años. ¿Los dejarán pasar sin traca final? Nos levantamos y ponemos la radio con temor. Abrimos nuestro diario favorito en Internet con temor. Ponemos la televisión con temor. Vivimos con temor. Han conseguido su objetivo.