Ir al contenido principal

De Zara a Uterqüe, un éxito empresarial

La trayectoria de la empresa Inditex (matriz de Zara) ha representado para el sector de la indumentaria un auténtico revulsivo. Ha empleado su completa estructura al servicio de su propia red de tiendas mediante la integración vertical de todos los procesos de diseño, producción, distribución y venta al detalle. De esta forma ha logrado ofrecer masivamente prendas de vestir con una relación calidad-precio imbatible.

Gracias a Zara y a otras cadenas de fast fashion (1,2) ir bien vestido ha empezado a ser asequible a capas de población cada vez mayores. Tras los ochenta, ir a la moda comenzó a democratizarse. Ya no era necesario acudir a las –para muchos– inasequibles marcas de lujo (prêt-à-porter incluida); bastaba con entrar en una de aquellas espaciosas tiendas de pronto-moda y empezar a tocar, combinar y probarse libremente todo lo que allí se exponía.

Sus rivales más importantes, la sueca H&M y la gigante norteamericana GAP (que diseñan y venden pero no fabrican), siendo mucho más veteranas, se han visto superadas en ventas por el grupo español de industria textil (1,2,3). ¿Cómo ha sido esto posible? Por la integración vertical mencionada y por una variedad de factores combinados.

Zara ha sabido interpretar como pocos las diversas y cambiantes tendencias del mercado observando el comportamiento de la sociedad que reclamaba una moda práctica y variada, pero no sofisticada. Consecuentemente ofrece una moda a la carta y de gran consumo asequible para casi todos los bolsillos con su oferta flexible e innovación tecnológica.

Para ello cuenta con uno de los mejores y más complejos sistemas logísticos del sector (excelente cumplidor de la difícil fórmula just in time) que, junto a su eficiente sistema de producción (sus propias fábricas y las ya externalizadas compiten entre sí en “subastas internas”), le permiten adaptarse a la demanda en plazos muy cortos. Crea colecciones en cuatro semanas, incluso en dos si el mercado lo requiere. Ha dejado descolocadas a las tradicionales dos o cuatro colecciones por año que se ofrecían antes de la irrupción de Zara.

La empresa gallega, además, renueva semanalmente sus prendas en sus locales de todo el mundo y dos veces a la semana en los europeos. La mercancía no vendida se rota rápidamente en su propia cadena internacional de tiendas (incluida su outlet, Lefties) o se desecha. Su cliente sabe que siempre encontrará artículos nuevos, pero que seguramente ya no conseguirá aquello que se probó hace una semana. Se trata de crear acertadamente un clima de escasez y oportunidad, y encima a buen precio. Las ventas están aseguradas.

Otra peculiaridad de Zara es que apenas realiza campañas de publicidad; la propia tienda es la que se encarga de hacerlo, por ello se la cuida y se invierte mucho en ella. Sólo tiene unas pocas franquicias y acuerdos de joint-ventures en países de difícil penetración. En 1975 Zara abrió su primera tienda en La Coruña con un puñado de empleados; hoy Inditex posee, gracias a su fiel política de reinversión, cerca de 4.200 puntos de venta en cinco continentes y tiene contratadas directamente a unas ochenta y seis mil personas.

Las escuelas de negocio a veces olvidan, sin embargo, mencionar que de entre los factores que coadyuvaron al éxito del imperio de Inditex se encuentra también la escasa regulación del sector en general y, especialmente, la falta de intervención de los poderes públicos en dos aspectos claves que hubiesen arruinado dicho modelo de negocio: la dificultad de hacer valer los copyrights de los diseños de moda (1,2) y la pasividad de los organismos de defensa de la competencia (1,2,3,4) ante la integración vertical de su entramado empresarial que se ha llevado por delante a no pocos competidores ineficientes. Como vemos, ciertos derechos de propiedad intelectual y la pretendida (por quimérica) competencia perfecta son innecesarios para crear prosperidad y favorecer al consumidor.

Dos botones de muestra de aceptación de este modelo de negocio: cuando Zara se dio a conocer en París pocas veces se había visto allá semejantes colas en la calle aguardando para entrar en una tienda de ropa. Hay un registro en vídeo de la apertura de la primera tienda en Colombia mostrando que la gente, aglomerada, entró aplaudiendo.

El creador y alma mater del grupo, Amancio Ortega es el paradigma del esfuerzo y del empresario pro-mercado (la antítesis del empresario político). Sigue, por cierto, sin tener un despacho propio en la sede de Arteixo (su sitio de trabajo está en cualquier punto del informatizado almacén central y en contacto con sus diversos empleados). Él y su equipo están permanentemente atentos para descubrir, impulsar y plasmar los apetitos de moda de los clientes sin que prevalezcan sus propias preferencias (lejos de la actitud de los clásicos diseñadores). Escuchan, observan y actúan mundialmente en beneficio de todos, especialmente de los menos pudientes. En eso consiste la globalización de la moda (en donde todos participan) y el capitalismo global (que produce para las masas); dos fenómenos sociales denostados por los que rebosan de ideologías caducas o prejuicios mentales.

El grupo Inditex basa su actual estrategia en el crecimiento multiformato que le permite el acceso segmentado al mercado. Desde 1991 ha creado otras cadenas de moda (Pull&Bear, Zara Home, Bershka, Oysho y Kiddy’s Class) o bien las ha adquirido (Massimo Dutti y Stradivarius). En el verano de 2008 ha lanzado en plena crisis y desplome del consumo otra nueva enseña, Uterqüe, dedicada a los complementos y el calzado. El mercado, esto es, todos nosotros, los millones de consumidores de ropa repartidos por el mundo, tendrá (tendremos), como siempre, la última palabra.

El cómic como ejemplo empresarial

La actividad empresarial ha sido, si no la principal, una de las mayores causas de la prosperidad de la humanidad. Cuando ésta se ha visto limitada, perseguida o destruida, el nivel de riqueza de las personas ha disminuido e incluso el hambre y la enfermedad han vuelto a apoderarse de sus vidas. Pero la actividad empresarial es una labor individual; no existen las grandes fuerzas de la historia sino el trabajo, la suerte y la intuición de personas que han sabido ver y aprovecharse de situaciones que otros no pudieron o supieron aprovechar, beneficiándose a sí mismos y al resto.

Más allá de los grandes inventos que han moldeado nuestras sociedades durante los últimos doscientos años, existen otros que, menospreciados por algunos, han marcado la vida de millones de personas casi sin querer; el cómic, el tebeo de toda la vida, tiene una de las concepciones más curiosas e interesantes, su evolución, incluso sus enemigos y perseguidores son ejemplos de cómo los partidarios y los detractores de la libertad tienen una lucha eterna, casi como la de algunos héroes y villanos de sus páginas.

Nace casi sin querer, de una idea brillante a la vez que simple. Durante el siglo XIX, los periódicos habían incluido en sus páginas dibujos y viñetas que en algunos casos conllevaban una imagen satírica de algún hecho destacado. En la Inglaterra victoriana se crearon unas páginas denominadas "horrores a penique" que eran muy populares entre las clases trabajadoras. Pero fue la guerra personal entre los magnates americanos Hearst y Pulitzer la que popularizó la introducción de las tiras de dibujos en sus diarios, tiras que en unas pocas viñetas contaban aventuras, historias o simples chistes. The Yellow Kid (personaje que además dio "color" a la prensa sensacionalista) fue seguramente la más famosa de esta convulsa época de principios de finales del XIX y principios del XX, aunque rápidamente le siguieron una infinidad de nuevos personajes que hicieron las delicias de adultos y niños.

En una época de alta competitividad, algunos editores de pulp magazines decidieron editar las tiras en color de los periódicos dominicales en un nuevo formato, el comic book y para su sorpresa y pese a que ya eran material de segunda mano, se vendieron muy bien, pero no todos los editores de prensa querían pagar a los dueños de los derechos de estas historias. El siguiente paso fue rápido, Malcolm Wheeler-Nicolshon contrató a un grupo de guionistas y dibujantes con ganas de trabajar y les pidió crear un material diferente al de los periódicos. El cómic había echado a andar casi por casualidad de la mano de unos empresarios que supieron ver los gustos y necesidades del público y que contrataron a unos creadores para satisfacer los de millones de personas, que en plena recesión económica deseaban historias que les hicieran olvidar sus miserias.

Millones de personas en todo el mundo apostaron por este tipo de entretenimiento y los creadores y sus editores idearon multitud de personajes, situaciones y adaptaciones de obras que llegaban a consumidores compulsivos que esperaban semana a semana o mes a mes las aventuras de sus héroes. Las aventureros, los monstruos, los soldados, las bellas, despampanantes y en algunos casos casi desnudas protagonistas y los superhéroes poblaron sus páginas dando un vigor increíble a un negocio que prometía un futuro espléndido. Pero, como demuestran los propios argumentos de los cómic, el éxito suele atraer la atención de los malvados.

En 1953 se publicó en Estados Unidos el libro Seduction of the Innocent donde el Dr. Fredric Wertham denunciaba que estas publicaciones corrompían a la juventud al empujarles, literalmente, a la violencia. El senador Estes Kefauver, que presidía el Subcomité del Senado de Estados Unidos sobre la delincuencia juvenil, se hizo eco de la denuncia del libro, presentando pruebas que a su entender relacionaban ambos fenómenos, el de la delincuencia y el del cómic, y promovió la creación de la agencia Comics Code Authority (CCA). La presión de la agencia llevó a los editores a la creación de una serie de reglas que limitaban la creación dentro de unos límites aceptables. Los que sobrepasaban estos límites podían publicar, pero sus cómics no tenían el sello que los hacía aptos para todos los públicos y su venta se veía dificultada. La era de oro del cómic americano había tocado a su fin y la caída de ventas hizo que muchas editoriales tuvieran que quebrar. Pero con censura o sin ella, las mentes de los empresarios supieron adaptarse y a la edad de oro siguió una edad de plata. La CCA sigue existiendo porque los liberticidas siguen siendo unos miembros respetables de la sociedad, pero los que aman la libertad suelen ser más listos.

Estimado lector, cuando caiga un cómic en sus manos, cuando vea a un hijo suyo con una de estas publicaciones piense no tanto en el contenido del mismo, o en la calidad artística de sus dibujos, o en la originalidad de su guión, piense que está ante uno de los productos más maravillosos que pueda haber llegado a sus manos, piense que sin el emprendedor y el empresario nada de esto hubiera sido posible, piense que del cómic, y lo digo por propia experiencia, nace en muchos casos la atracción por la lectura y por el saber, permite el desarrollo de la imaginación y si se me apura, hay gente que asegura que a través de estas páginas puede enseñar física.

Prepotencia legislativa

Un ejemplo es la prohibición, vía artículo 69.7 de la Ley Electoral, de publicar encuestas de intención de votos los cinco días previos a la celebración de unos comicios. Quienes sí pueden, en cambio, acceder durante esas jornadas a estos sondeos son los partidos políticos. De esta manera, se establecen dos categorías de españoles con diferentes derechos. Por una parte, los electores, que ven recortada su libertad de acceso a información, y, por otra, aquellos que aspiran a ser elegidos.

En la actualidad, como sostienen desde la Asociación Nacional de Empresas de Investigación de Mercados y Opinión Pública, internet ha convertido la citada prohibición en obsoleta y discriminatoria. Antes ya era lo último, al negar a los electores un derecho que sí tienen los elegibles, pero ahora lo es de manera diferente y con menos perjudicados. A través de la red, como ya ocurrió en las últimas elecciones generales, cualquiera puede visitar los periódicos y otros sitios informativos extranjeros en los que se publiquen encuestas de intención de voto en España. En la actualidad, por tanto, los discriminados son aquellos ciudadanos que no tienen acceso a internet frente a los que sí se conectan, así como los medios de comunicación españoles frente a los foráneos, al competir los de aquí con unas restricciones legales a las que no están sujetos los de fuera.

La prohibición se fundamenta en una gran prepotencia por parte de los legisladores. Se considera que la publicación de los sondeos durante los últimos días puede afectar a la decisión de a quién votar o incluso a la de si acudir a hacerlo o no. Puede ser cierto, pero también lo es que influye el cómo se desarrolle la campaña durante sus últimas jornadas, y los datos de las encuestas escatimadas a los ciudadanos son claves a la hora de que cada partido decida su estrategia para esos momentos finales tan importantes. Así, desde el Estado se selecciona qué elementos debe tener en cuenta el elector y cuáles no a la hora de decidir su voto.

Por mucho que les disguste a los legisladores, todos los elementos que influyan en el voto son legítimos mientras no exista coacción. Algunos pueden ser equivocados, pero eso no justificaría que a través de la Ley se tratara de impedir su influencia. A nadie se le ocurriría prohibir sacar fotos o imágenes televisivas de los candidatos para evitar que algunas personas votaran al que consideran más guapo o que viste mejor. Tampoco hay nadie tan loco como para proscribir las intervenciones radiofónicas de políticos por el hecho de que ciertos votantes pudieran elegir a aquellos que tienen una voz más cálida o transmitan una mayor confianza. Por tanto, tan sólo la prepotencia de los legisladores puede explicar su prohibición.

El artículo 69.7 de la Ley Electoral es un atentado contra la libertad de información y comunicación desde el momento mismo en el que se redactó, pero en la actualidad se nota mucho más. Por lo tanto, si esta mayor visibilidad del recorte de tan fundamentales derechos sirve para que se derogue, otra cosa buena que habremos sacado los españoles de internet.

Prontuario para no iniciados

Los políticos, por regla general, tienen un gran talento para gastar el dinero, pero muy poco para trasladar sus "logros" a los ciudadanos en un lenguaje inteligible, así que las administraciones necesitan la colaboración de los varios miles de agencias privadas especializadas en imagen corporativa, cuya facilidad para dar una sensación grandiosa a cualquier chorradita ideada por el político de turno hace que sus servicios estén cada vez más solicitados.

Los cartelones con que el Gobierno de Zapatero está publicitando su famoso Plan E son una pieza magnífica del agit-prop posmoderno, pero lo que sorprende es que lleguen a extremos que pueden calificarse sin desdoro como un insulto a la inteligencia de los contribuyentes. Hay algunas obras incluidas en el plan de reactivación del empleo municipal cuyo importe no llega al coste de instalación del cartel que las anuncia, pero como lo que importa es la imagen y no el bien público, probablemente nos toque ver algunos carteles con leyendas como las que se detallan a continuación.

  • Reestructuración del dispositivo de hidrocanalización perimetral del templete ubicado en zona de esparcimiento: Han reparado la cañería de la cantina del parque.
  • Instalación de dispositivo de sellado en acceso al sistema subterráneo de higienización pública: Han colocado una tapa de alcantarilla.
  • Acción coordinada para la ecosostenibilidad del sistema lumínico en dispositivo regulador del tráfico urbano: Han cambiado las bombillas de un semáforo. Las nuevas son de bajo consumo.
  • Instalación de colector de residuos con sistema de clasificación para reciclaje en zona de especial interés paisajístico: Han puesto una papelera en el mirador del pueblo. Lleva dos bolsas, una de ellas para el plástico.
  • Reforma e integración en las modernas tendencias estéticas de la imagen frontal del edificio de la concejalía de juventud. Han pintado un graffiti.
  • Modernización de acceso peatonal al centro de educación ciudadana y adaptación a las nuevas disposiciones en materia de seguridad vial. Han pintado de rojo el paso de peatones del cole.
  • Reubicación estratégica del dispositivo público aglutinador de las acciones destinadas a la mejora de la salud reproductiva: Han cambiado de sitio la máquina de condones. Ahora está pegada al instituto.

Lo último será un cartel anunciando la instalación de otro cartel que anuncie, a su vez, la colocación de la primera piedra de la última ocurrencia del consistorio. ¿Que no?

La universalidad de las normas éticas

Las normas éticas sirven para regular las acciones de los seres humanos, especialmente respecto a sus efectos sobre otras personas. Una de sus características fundamentales es que son universales, válidas para cualquier sujeto ético en cualquier instante y lugar. Algunas normas pueden referirse sólo al agente y a la acción (prohibido fumar), pero son mucho más completas e interesantes las normas que también explicitan a los sujetos receptores de los efectos de la acción.

Algunos intentos de universalización se refieren solamente a los agentes: que todo el mundo utilice las mismas normas de conducta. La universalidad es parcial o incompleta, ya que el contenido de las normas distingue y discrimina diversos grupos particulares de personas receptoras de las diversas acciones (todo el mundo está obligado a ayudar a los necesitados, está prohibido maltratar a las mujeres).

Universalidad de causantes y receptores

La universalidad completa se refiere no solamente a los agentes causantes de las acciones reguladas, sino también a los receptores (beneficiarios o perjudicados) de los efectos de dichas acciones. Las normas valen para todos respecto a todos, y esto implica que los enunciados de las normas sólo puedan referirse a cada ser humano en abstracto, independientemente de sus características particulares que le encuadrarían en algún grupo subconjunto de la humanidad (sea de forma más estable, como ser negro, o más circunstancial, como estar enfermo).

La universalidad también significa que la norma debe cumplirse en todo momento y lugar; si se ordena alguna acción, esta no puede dejar de realizarse, y si se ordena respecto a una persona, se ordena respecto a todas las personas. Por eso no tienen sentido los deberes naturales, el obligar a hacer algo, porque es imposible realizar acciones constantes sobre todo el mundo. Las prohibiciones naturales sí tienen sentido y son posibles: es factible no agredir nunca a nadie, basta con no hacer nada.

Poderosos y débiles

Si las normas no son universales, habrá beneficiados y perjudicados por las mismas. Históricamente, los poderosos suelen imponerse sobre los débiles y exigir normas que los privilegien a costa de los demás. Pretender que las normas beneficien a los débiles a costa de los fuertes es muy ingenuo: ya resulta difícil conseguir que los poderosos acepten normas iguales para todos, y a menudo ocultan su depredación tras normas que presuntamente son por el bien común o en ayuda de los más necesitados.

Los contratos permiten construir normas particulares (no universales), y en concreto constituir grupos con reglas que distingan a los miembros de los no miembros. Pero en los grupos legítimos estas distinciones no otorgan privilegios a los miembros a costa de los no miembros, sino que los miembros negocian relaciones mutuamente beneficiosas entre sí que sólo les obligan a ellos mismos. Algunos grupos especialmente interesantes e importantes adoptan normas de conducta más estrictas para sus miembros no sólo respecto a otros miembros, sino respecto a todo el mundo: su reputación de integridad y fiabilidad es una garantía de confianza que puede fomentar su éxito en las relaciones humanas.

Propiedad intelectual

El hombre es dueño de sí, de las cosas sin otro dueño sobre las que pueda llegar a extender su dominio efectivo (los límites son discutibles), o de las que adquiera mediante pactos de transmisión firmados con sus legítimos dueños. El hombre es dueño de sus creaciones autónomas, logradas a través de acciones que involucran bienes o elementos sobre los que ejerce previo dominio. El hombre es dueño del fruto de las creaciones que llegue a realizar y comunicar socialmente, y merece pleno reconocimiento en cuanto a la autoría y el renombre respecto a las composiciones, ideas y demás creaciones de las que sea capaz.

Si consideramos semejantes aseveraciones como ciertas y fuera de toda duda (postura en exceso arrogante, por cierto), quizá logremos concluir algunos aspectos en cuanto a la posibilidad o imposibilidad de una propiedad de tipo intelectual.

Debemos desplegar el concepto en dos vías distintas, complementarias, pero autónomas: el derecho moral de todo autor de una idea original, por inaudita, a ser reconocido socialmente como padre de la creación. Ante la pugna entre aspirantes o el cuestionamiento de la autoría, en vida o una vez muertos uno o varios de los candidatos en lid, cabe el juicio imparcial y la resolución emitida por un tercero dotado de la suficiente autoridad.

Por otro lado podemos hablar de derechos económicos derivados de la presunta autoría. Una vez probada o no discutida aquella, entra en cuestión si la idea o receta, por intangible y reproducible o aplicable sin límite, puede ser tomada o puesta en práctica industrial por cualquiera con ánimo de lucro.

La disputa se complica y dudamos sobre el concepto mismo de lucro. La copia para consumo privado debe ser libre, en este sentido, pero no está tan claro que la puesta a disposición de dicha copia en una red estable de intercambios donde se espera que otros hagan lo propio con copias de otras creaciones no despliegue beneficios mutuos y conocidos o estimados a priori. Si esto es o no lucro solo puede resolverse a la luz de la definición que quiera darse de él; si es pecuniario y mercantil, obviamente no lo es.

Hecha la distinción se abre la controversia en cuanto al derecho del autor a extender su dominio sobre los rendimientos pecuniarios que genere su obra o creación. Siguiendo la lógica desarrollada al comienzo parece razonable que así sea. Sucede entonces que el autor se enfrenta a la difícil tarea de excluir y perseguir al explotador que no le transfiera una parte de los beneficios logrados. Si así fuera es de suponer que un tercero imparcial no censuraría la libertad de proceder a la obtención de rendimientos de la idea por un tercero cualquiera, pero sí que el reparto de los beneficios alcanzados no enriqueciera al padre de la creación. Coinciden en este caso tanto creaciones artísticas intangibles, literarias en sentido amplio (incluida la música), con las creaciones con aplicación industrial.

Surgen dos figuras contractuales que pretenden delimitar satisfactoriamente la exclusión, dotando a explotador y creador de las garantías y el sosiego necesarios: en el caso de la edición se pactan el número de copias, el ámbito territorial y el tiempo de oferta al público de las mismas. En cuanto al contrato de patente, el autor logra que el explotador admita la novedad de su creación y de igual modo se pacta la aplicación y el ámbito espacial y temporal de la comercialización. Aclaremos que las ideas patentables son aquellas caracterizadas por gozar de novedad, actividad inventiva y aplicación industrial.

Sucede entonces que a pesar de estas figuras contractuales terceros siguen explotando la creación de dos formas: bien reconocen al autor abonándole una parte de los beneficios unilateralmente fijada, o por el contrario, no reconocen al autor ni moral ni económicamente, o aun admitiendo la autoría, no comparten su beneficio derivado de la explotación de la creación.

Dada la conflictividad y las dificultades de exclusión efectiva surgen dos instituciones coactivas que procuran la constitución de un orden exigible erga omnes de reconocimiento y exclusión: como es obvio únicamente una estructura de dominación irresistible (Estado) puede instaurar un monopolio de este tipo.

La patentabilidad y la regulación de los derechos de propiedad intelectual en sentido amplio, previenen la incursión y la persiguen en su infracción. Sistemas de acceso al reconocimiento institucional, a través de registros con procedimientos tasados y requisitos de inscripción, garantizan el dominio del creador.

Tiende a ser estricto y constitutivo en el caso de creaciones con aplicación industrial, dejando al resto la posibilidad de registrar, por seguridad, pero sin carácter constitutivo. De igual modo la regulación restringe la reproducción y comercialización de la idea forzando a autor y explotador, en su caso, a cumplir la previsión contractual establecida en la norma pertinente. No existe ya la libre reproducción quedando a merced de un tercero imparcial la fijación de una parte específica del beneficio, o en su caso, a través de una transacción que zanje el conflicto.

Analizado el problema de este modo, resumo: existe la propiedad intelectual. Su existencia despliega complicaciones en cuanto a la exclusión. Espontáneamente surgen mecanismos morales y jurídicos para mejorar el dominio. La incursión del Estado, la pugna de intereses sectoriales o la coyuntural infracción masiva, empujan a la constitución de mecanismos de exclusión monopolísticos, y por tanto, estatales e "irresistibles". No existe, en todo caso, derecho del autor a lucrarse por el tráfico de copias privadas, e incluso, y así lo queremos ver, en situaciones donde existiendo lucro, el tipo de red de intercambios no guarda con exactitud los elementos propios del trueque: intercambio de un bien definido por otro igualmente definido, donde dos partes identificadas quedan satisfechas obteniendo un beneficio subjetivamente considerado.

La propiedad intelectual, con especial intensidad la considerada como industrial, ha sido extirpada del proceso social. El Estado, extendiendo su monopolio, impide el descubrimiento de nuevos, justos y eficientes mecanismos de definición y defensa de los legítimos derechos de propiedad intelectual. Su alternativa es estática e ineficaz. No sabemos qué formas de exclusión podrían surgir en un ambiente de libertad y competencia, lo que no debe llevarnos al argumento más sencillo: puesto que hoy por hoy resulta harto complicado no identificar propiedad intelectual con estatismo, neguemos su existencia en base a argumentos utilitaristas que ignoran por completo la naturaleza ética de la misma.

Emilio Gutiérrez y la violencia

Pero nadie puede ser considerado un pedazo de hombre-masa cuando le conocemos. Todas las personas son, por uno u otro motivo, extraordinarias, aunque sólo sea en algún momento de su vida. Un Emilio Gutiérrez se disponía a vivir con su novia en su casa y seguir con una de esas vidas “del montón” que son objeto de desprecio de intelectuales y escritores.

Un día suena un estruendo y su vida se tuerce. Detrás del estallido hay una banda de apocalípticos e integrados a un tiempo, un grupo terrorista que es la vanguardia de la sociedad vasca, esa minoría que ha hecho suyo el discurso permitido y que lo ha llevado hasta sus últimas consecuencias. Esa minoría animada por un sentido del deber que va más allá del conformismo y de las necesidades del día a día. “Se pasan”, claro está, pero siguen el camino correcto. Es más, lo desbrozan, lo limpian de la maleza que aún queda en la sociedad vasca. Matan a un millar, amedrentan al resto. Siga las indicaciones. El dedo índice se queda corto. La sociedad vasca, siempre mirando al futuro, es amiga de la tecnología. El cañón de una pistola será quien indique el camino.

Emilio Gutiérrez había visto las indicaciones, como todos los demás. Pero una bomba estalló en su interior cuando vio destrozada su vida. Bajó con una maza y la emprendió con uno de esos templos del nacionalismo y del socialismo, donde se disfrutan los atentados sin pay per view. Son como los salones del oeste; la ley no se atreve a cruzar la puerta. Créanme cuando les digo que ni siquiera la SGAE entra en esos bares para cobrar su protección, como hace en el resto de España. Ya se sabe que las mafias van por barrios y una no cruza la frontera invisible que le protege de la otra si no sabe que vencerá en una guerra sangrienta. Y aquí la sangre la decide ETA. Pero Gutiérrez se saltó todas las indicaciones. Rompió todos los códigos. Tocó a los intocables. Décadas de chantaje, de nacionalismo bien entendido, que han secuestrado moralmente una sociedad, que la han humillado, puesto de rodillas y ejecutado, de repente quedan a la intemperie por un par de cristales rotos. ¿Qué pasaría si fuesen miles los Emilio Gutiérrez?

Una parte de la nobleza de la persona es el uso de la violencia. Una persona noble ha de estar dispuesta a recurrir a la violencia. Para defenderse, claro está. Pero esta sociedad, y no sólo la vasca, ha proscrito la violencia del hombre común, de los Emilio Gutiérrez. Y sólo quienes están dispuestos a comerse crudas esas ñoñerías, sólo quienes harán un mal uso de la violencia, la utilizan finalmente. Su mismo uso les legitima, en cierta medida. La proscripción de la violencia lleva al triunfo de los violentos frente a los nobles.

Esta sociedad podrida supura intelectuales que condenan la violencia. “Cualquier tipo de violencia”, dicen, sin discriminar. El acto de violencia de Emilio Gutiérrez, ha dicho un innombrable, pone en marcha una espiral peligrosa. Imagino que teme que en esa espiral una de las partes puede llegar a matar a un millar de personas. Y todo por culpa de Gutiérrez y su espiral.

Es mucho más cómoda la espiral del silencio ante el espectáculo del terrorismo. Miserables.

El peor asesor de la historia

Con un formato más original, y no tan elitista, es a lo que se dedica el canal Cuatro con el reality Ajuste de Cuentas. Si jamás ha visto el programa, se lo resumo diciendo que Vicens Castellano y su equipo usan el sentido común y la contabilidad financiera más básica para sacar a las familias adelante.

Si pasamos por una mala situación económica y nuestros gastos son superiores a los ingresos, no necesitamos un asesor para saber que hemos de replanificar nuestro estilo de vida: reducir los gastos, amortizar deuda, ahorrar e incrementar los ingresos en la medida de lo posible. Es algo que parece sencillo y obvio, ¿no? Pues no siempre.

Cuando llevamos este principio tan elemental a la política, la situación cambia radicalmente. Miren cómo actúan los gobiernos y muy especialmente el de Estados Unidos. Tienen una situación económicamente desastrosa y en lugar de suprimir los costes inútiles, ahorrar, reducir el endeudamiento y orientar nuestra producción a cosas realmente productivas (que sólo se consigue con más libertad de mercado), nos obligan a endeudarnos más para producir, además, cosas totalmente superficiales.

Barack Obama ha centrado su plan en el crecimiento económico basado en la inflación crediticia; en la creación artificial de empleo; en la estabilización del sistema financiero (lo que significa ampliar el monopolio bancario); en promover a golpe de talonario del contribuyente a empresas ecológicas; y en socializar el sistema sanitario. Para todo ello, va a robar a los americanos 787.000 millones de dólares (aunque se comenta que podría llegar a los 1,1 billones), que se suman a los 1,3 billones de dólares que ya tienen en cola.

Imaginemos que Obama se hubiese dedicado a asesor personal y ante una mala situación económica, nosotros le contratásemos. Siguiendo su particular filosofía keynesiana, nos diría que hemos de ingresar más dinero. Hasta aquí normal, pero ¿cómo? ¿Tal vez consumiendo menos o trabajando más? No, pidiendo más créditos al banco, es decir, endeudándonos más.

También nos diría que en lugar de destinar nuestros ahorros a lo esencialmente básico para nuestra familia, hemos de vender nuestro coche contaminante y gastarnos tres veces más en uno ecológico. (El primer experimento verde con los biocombustibles ha llevado el hambre a centenares de miles de personas. ¿Es el momento de seguir matando a más gente con esta excusa?)

También nos diría que todos los miembros de la familia han de trabajar para aportar más dinero. Y dado que nuestros hijos se han quedado sin empleo por la crisis, les hemos de asignar un sueldo para que hagan las tareas del hogar… y con esto incrementaremos nuestras rentas familiares. Cuando Obama habla de creación de empleos se refiere a esto. Paga con dinero del contribuyente el sueldo de otro americano dedicado a la construcción que vive a mil kilómetros de distancia. ¿Eso genera riqueza? La constructora OHL ya ha dicho que le parece perfecto, ¿pero es necesario? Lo que no cuenta Obama es que ese dinero en realidad sale de nuestro bolsillo y por tanto lo que se crea por un lado se destruye por otro.

Finalmente, para que todo sea perfecto y armónico, nos obliga a destinar parte de nuestro dinero a los gastos médicos del vecino del quinto. Ante su más que probable cara de estupor, Obama llama a este "saneamiento", Plan de Estímulo. Incluso nos monta una web con el grandísimo nombre de Recovery.gov donde sólo se habla de los beneficios de este plan, pero no de sus costes reales que son muy superiores.

Tal vez tendríamos que pedir a alguien como Vicens Castellano y a su reducido equipo que sustituya al Gobierno entero y aplique sus recetas a las cuentas públicas para reducir el peso del Estado en un 99,9%. Que dejen de robarnos el dinero para cosas que sólo repercuten en un futuro más negro y confuso. Todos estos "planes de estímulo", "ayudas" o como quiera llamarlos van contra el más elemental sentido común y sólo nos preparan para una siguiente crisis.

Los derechos de televisión, la “guerra” que no acaba

Desde hace varios años somos espectadores de lo que se ha denominado como "guerra del fútbol", la pugna de dos grupos de comunicación, Sogecable y Mediapro, por el monopolio de los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol de la liga española. Aunque esta "guerra" debería tener el mismo interés que cualquier otra rivalidad empresarial, el debate está contaminado desde hace mucho tiempo por la implicación de los poderes públicos en el mismo.

Así, asistimos a la compra de derechos multimillonarios por parte de televisiones públicas, gracias a lo cual clubs como el Real Madrid o el FC Barcelona se embolsan entre 350 y 450 millones de euros por temporada. En esta compra no se salva nadie, ni TV3 ni Telemadrid, pues esta última ha comprado los derechos de televisión del Atlético de Madrid y Getafe a partir de la temporada 2009/2010, además de intentar adquirir sin éxito los del Real Madrid.

¿Necesitamos que las televisiones públicas pujen por los derechos deportivos? O como se preguntaba en un excelente artículo Ana Ortiz del GEES: ¿debe existir una televisión pública en la sociedad de la información? Muchos creemos que no, que no es necesaria una televisión pública y menos con el modelo actual, supeditado a los diferentes intereses políticos y a los que les rodean. Pero aunque muchos estemos en contra el problema no deja de existir, por lo que derechos deportivos y política estarán unidos por mucho tiempo.

Uno de los aspectos más interesantes de esta "guerra del fútbol" es como internet vuelve a colarse sin que, ni grupos de comunicación ni políticos, se enteren de que por el negocio por el que luchan puede llegar a desaparecer cuando se erija finalmente un vencedor. Mientras muchos hablan de "multiplex" o de televisión digital de pago, existen sitios web como Roja Directa que están poniendo a disposición de los usuarios todo tipo de emisiones deportivas de manera gratuita, por lo que están pasando por encima de cualquier operador que esté cobrando por estas emisiones.

No puedo entrar en los aspectos legales de sitios web como este, pero sí apuntar un dato, Roja Directa ha tenido en estos últimos tres meses más tráfico que los sitios web de Plus.es (Digital +) y LaSexta.com (Mediapro) según datos de Google Trends. Y este dato creo que arroja algunas reflexiones, por de pronto que los operadores tendrán que pensar en otros modelos de comercialización de las emisiones deportivas y que van a tener que ofrecer las emisiones de calidad en los nuevos soportes: internet, móvil, etc.

Bermejillo de Triana

El hecho cinegético propiamente dicho no es algo que preocupe al ministro, aunque éste se haya producido en compañías poco recomendables dada la relevancia institucional de su cargo. En cambio, lo de que le hayan pillado cazando en la comunidad andaluza sin la preceptiva licencia territorial le tiene desolado. No ha aclarado si la multa prevista para este tipo de delitos la pagará él de su bolsillo, correrá a cargo del Sazatornil que organizó el hecho cinegético o se sufragará con el presupuesto del Ministerio, pero dado lo abultado de su cuantía, que puede llegar a los 6.000 euros, tal vez lo más apropiado sería que las asociaciones españolas de caza hicieran una colecta para solventar el contratiempo de uno de sus más destacados compañeros de afición. Bermejo se justifica declarando que "se le pasó", algo que nos ocurre a todos a menudo en otros ámbitos de nuestra vida. A usted le para la Guardia Civil circulando por encima de la velocidad permitida y con decirle al agente "se me pasó mirar el cuentakilómetros" se supone que todo queda arreglado, como hace el ministro de Justicia, que de estas cosas sabe mucho más que un simple sargento de la Benemérita.

En su última comparecencia parlamentaria, en la que los diputados pidieron hasta cuatro veces su dimisión, Fernández Bermejo estaba sólo en la bancada azul, gesto insolidario dónde los haya por parte del resto de componentes del Consejo de ministros que a otro hubiera sumido en una cierta melancolía. Pero no a Mariano Fernández, el gran Bermejo, que después de redondear una faena de aliño fue despedido con aclamaciones de "torero, torero" por parte de los diputados socialistas, a las que se vio obligado a corresponder lanzando un beso al tendido como los grandes matadores en tarde triunfal. En próximas comparecencias no es descartable que desde la bancada socialista le lancen ramos de flores, una bota de vino o un conejo vivo al terminar su discurso mientras da la vuelta al hemiciclo, sobre todo si acierta con el estoque a una pregunta aviesa del grupo popular. Si se afeitara la barba y se hiciera una coletilla, Bermejo pasaría perfectamente por una gloria del toreo, como Antoñete o Curro Romero. Hasta los andares los tiene de artistazo el tío.