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Haz lo que sepas hacer

Keteke es la red social creada por Teléfonica, que se posiciona en varios dispositivos: el ordenador, el teléfono móvil y la televisión a través de Imagenio. Su máximo impulsor es Hugo Giralt, director de Marketing Relacional e Interactivo de Teléfonica, que la ha bautizado como "la comunidad del buen rollo". Me consta que Hugo es un profesional que está haciendo un buen trabajo en la empresa, como ya lo hizo en Coca-Cola, pero creo que lleva a la operadora al mismo error que cometió hace poco más de dos años.

A mediados del 2006, la española auspició otro proyecto rocambolesco llamado Noxtrum; a algunas cabezas pensantes de Telefónica se les ocurrió la feliz idea de entrar en el mercado de los buscadores cuando Google ya era el predominante en todo el mundo y tenía un posición más que privilegiada en nuestro país. Entraban los últimos y con un proyecto sin pies ni cabeza. Noxtrum se presentó al mercado con estrategias de captación cuando menos curiosas, tales como que por cada número de búsquedas realizadas, le regalaban al usuario el envío de sms; desviándose así de los dos grandes apartados que podrían hacer que el proyecto fuera medianamente viable: la calidad de los resultados de búsqueda y la comercialización del buscador.

Los resultados eran bastante mejorables y, de hecho, se llegó a rumorear que los datos que mostraban podían partir de otro buscador, como Ask. En cuanto a la comercialización, en lugar de crear una plataforma de pago por click que se pudiera asemejar a la de Google Adwords, externalizaron la venta de pago por click y además vendieron directamente patrocinios a empresas.

Con Noxtrum, Telefónica cometió el error de perder el foco de su negocio, ser operadora de telecomunicaciones. Aunque en alguna ocasión le pueda "sonar la flauta", es bastante complejo para una empresa entrar en otros mercados que directamente no comprende. Con esta nueva red social, Keteke, Telefónica vuelve a cometer el mismo error, ¿quiere competir con Facebook? No creo que lo consiga, no por tamaño o por recursos, que pueden ser casi infinitos, sino porque sencillamente no es su negocio.

El Plan de Expolio Redistributivo

Bajo distintas siglas, los gobiernos socialistas, tanto central como autonómicos, tratan de resucitar el denominado PER, sólo que ahora se extenderá a actividades tales como la construcción, la limpieza de montes y obras sociales de diversa índole. El nuevo plan de Zapatero para estimular la economía inyectará cerca de 8.000 millones de euros en los ayuntamientos para ejecutar nuevos proyectos de obra pública.

Unos fondos muy similares al PER, tal y como reconoció sin ruborizarse lo más mínimo la consejera de Gobernación de Andalucía, Clara Aguilera. No obstante, la Junta que preside Manuel Chaves percibirá 1.400 millones de euros adicionales por este concepto.

Los subsidios agrícolas vigentes en el campo andaluz y extremeño nacieron con el pretexto de fomentar el empleo agrícola, generar puestos de trabajo y, en definitiva, crear riqueza para evitar el exilio de miles de trabajadores. ¿Resultado? Casi 25 años después, Andalucía y Extremadura siguen ostentando el vergonzoso honor de liderar las regiones más pobres de España y las tasas más elevadas de desempleo.

El PER tan sólo ha servido para comprar el voto socialista con el que se enriquecen cientos de cargos políticos de ambas regiones. De hecho, el citado plan se convirtió desde su nacimiento en un caldo de cultivo idóneo para fomentar la corrupción y mantener en la inactividad y en el mercado negro a miles de jornaleros que, gustosamente, se alimentan de la sopa boba que propicia el Estado.

Sin embargo, lejos de expiar sus culpas y reconocer sus errores, el Plan de Expolio Redistributivo –cuyos fondos proceden de los contribuyentes que trabajan en las regiones más prósperas– extiende sus redes. La Xunta de Galicia acaba de aprobar una medida muy similar. El Ejecutivo socialista de Emilio Pérez Touriño destinará 19 millones de euros a la contratación de 2.000 parados para el desempeño de tareas tan productivas como la limpieza y conservación de ríos, montes y carreteras.

Galicia, otro gran ejemplo de región próspera y desarrollada. Una comunidad que, año tras año, observa impávida cómo miles de jóvenes y brillantes universitarios emigran a otras regiones en búsqueda de un futuro más ambicioso y prometedor que el de limpiar las cunetas de zarzas y mierda de vaca. De ahí a emplearse en la vigilancia de los parques públicos para que nadie pise la hierba, tal y como sucede en la Cuba de los Castro, tan sólo hay un paso.

Aunque tampoco es de extrañar si se tiene en cuenta que la Administración autonómica es la mayor generadora de empleo de Galicia, ya que tiene a su cargo casi 88.000 trabajadores. Las trabas burocráticas para crear empresas y nuevas industrias restringen, en gran medida, el futuro laboral de los gallegos. Y es que, muchos de ellos tan sólo ven una salida: la preparación de oposiciones y, en última instancia, la emigración intrapeninsular.

Ahora el Gobierno central amenaza con ampliar este tipo de medidas, generadoras de pobreza y dependencia estatal a los ayuntamientos de toda España. De este modo, la Administración local podrá, al fin, saborear con mayor intensidad el poder que otorga el reparto artificial y arbitrario de empleo público entre sus ciudadanos.

España avanza hacia un PER nacional. El resultado será un fiasco y un ingente despilfarro de recursos, cuya factura será cobrada puntualmente a los contribuyentes. Si el expolio fiscal y la manutención gubernamental se instauran finalmente como medidas estrella para intentar frenar el paro, vayan preparando sus maletas. En pocos años veremos emigrar nuevamente a miles de trabajadores españoles. Sólo que esta vez los condenados al exilio se verán obligados a cruzar la frontera para encontrar un futuro mejor.

Izquierda y SGAE

Una organización cuya impopularidad crece con cada chulería de Teddy Bautista y Pedro Farré (y son muchas) y con cada noticia de que ha espiado a unos inocentes ciudadanos para cobrar a un salón de bodas o que un evento solidario que ha usado música ha tenido que pasar por su caja.

¿Y qué podemos hacer los ciudadanos españoles cuando una organización privilegiada por el poder político afirma tras una condena que repetirá todas las veces que sean necesarias el incumplimiento de la ley por el que ha sido multada? No se trata de un grupo antisistema, que quiera la destrucción del orden establecido, sino de una entidad que disfruta de un estatus legal privilegiado que le permite obligarnos a los demás a pagarle un diezmo. Un dinero que luego reparten entre sus socios o se quedan para abrir sedes y contratar detectives con los que espiar a sus críticos.

El problema es que esa "baja calidad" de la democracia es en buena parte culpa nuestra. No exigimos a los políticos que escuchen a sus votantes; les damos y volvemos a dar un papel en blanco para que hagan lo que les plazca al margen de lo decepcionados que estemos con ellos. Es cierto que nuestro diseño institucional de distritos plurinominales y listas cerradas, y de poderes judicial y ejecutivo que emanan del legislativo, provoca que nuestros representantes hagan más caso al líder del partido que a sus votantes, porque es a él a quien deben directamente el puesto.

Pero en este caso, el balón está en el tejado de la izquierda (y no sólo en el del PSOE, por cierto, que a la hora de la verdad IU prefirió votar en contra de la supresión del canon). Votantes, medios y el principal partido de la derecha, con distintos matices e insistencia, se han declarado ya en contra del canon, la SGAE y sus manejos. Pero no se ve ningún movimiento medianamente serio en la izquierda que pueda llevar a un final del canon y de los abusos de las entidades de gestión de derechos de autor. Les toca mover ficha, señores, si es que su sectarismo y dependencia de los zejateros se lo permite.

No a la Declaración Universal

No lo es. No hablamos de las Tablas de Moisés ni de las Leyes de Solón, ni de la codificación del Derecho Romano por Justiniano, ni de la Carta Magna Libertatum, ni nada que se asemeje. El texto de 1948 es un programa político sin voluntad de cumplirse en todo lo que tiene de bueno, y manipulable hasta el punto de justificar los ataques más directos a los Derechos Humanos.

El origen de la fe en que la persona tiene derechos inalienables está en el pueblo judío y aquello de que “El hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios”. Esto supone reconocer una dignidad esencial en cada individuo. El cristianismo heredó ese valor supremo de la persona y lo hizo universal al extenderlo a los gentiles. Santo Tomás hizo suya la idea de Derecho Natural de Aristóteles y los estoicos y lo incardinó en la tradición de pensamiento cristiano, para que los profesores españoles de la Escuela de Salamanca la perfeccionaran para dar lugar al Derecho de gentes. Construyeron un pensamiento que, como dice Luis Suárez en un reciente libro, basaba los derechos de la persona en “vida, libertad y propiedad, con todos sus derivados”.

Esa tradición la recogió, engarzada con las libertades inglesas, la Constitución de los Estados Unidos con sus diez primeras enmiendas, y la Declaración de Derechos de Virginia. La de Francia bebe de las mismas fuentes, pero con un cariz muy distinto. Los derechos no le pertenecen a cada individuo en cuanto tal; no le son inalienables, propios e innatos, sino que le son otorgados en cuanto ciudadano, en cuanto sujeto de una Soberanía popular, luego nacional, que como se los otorgó se los puede retirar de nuevo o redefinir en cualquier sentido. Esta visión positivista y transformadora de los derechos es la que se rescribe, y muy mal, en la Declaración de 1948.

Pues lo que recoje no es ese poder exclusivo e inviolable que nace con cada persona y se dereva de su derecho exclusivo sobre sí mismo, no es esa breve lista de derechos del individuo en cuanto tal y que tiene un carácter eminentemente negativo. No. La Declaración Universal pretende ser fundamento de los derechos, y no mero reconocimiento de los que nos pertenecen esencialmente. E incluye derechos positivos, es decir, derecho a que el proceso político robe a unos para dar a otros ciertos bienes o servicios. La esclavitud frente al Estado y el robo son la clave del texto. E impone a los individuos el deber de obedecer al Estado. Si no me creen, lean el artículo 29: "Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas". Esto es lo que celebra todo el mundo.

Que no cuenten conmigo.

Triángulo rosa sobre uniforme a rayas

Para aquellas ideologías que tienen soluciones totales para los problemas de la sociedad, la homosexualidad consentida ha de ser combatida. Es más, en casi todas las sociedades ha habido generalmente un sentimiento (y una legislación) hostil hacia dichas prácticas voluntarias. Nada es comparable a la opresión ejercida por los regímenes totalitarios al imponer coactivamente una moral al conjunto de sus subordinados.

Desde que Stalin promoviera la moral de la "familia socialista" y criminalizara la homosexualidad en 1933, la ortodoxia comunista dictaminó que ésta era fruto del vicioso capitalismo. Se tipificó como delito en el código penal soviético. El testimonio de dos o más vecinos contra alguien que vivía sin compañía femenina y que acogía por las noches sólo a hombres podía acarrearle hasta cinco años de prisión por tan "peligroso" delito. En enero de 1936, Nikolai Krylenko, comisario del pueblo para la Justicia, anunció que la homosexualidad era subversiva y propia de las clases explotadoras; no habría lugar para ese tipo de conducta en la "sana" sociedad comunista. Se vinculó, pues, a la contrarrevolución (Yagoda, un mujeriego jefe de la NKVD, la relacionó incluso con el espionaje y Gorki, pluma del realismo socialista, con el fascismo). Más tarde, las autoridades médicas y judiciales soviéticas corroborarían en multitud de ocasiones ese punto de vista moral ejercido desde el poder.

Durante el nazismo se endurecieron exponencialmente las penas ya existentes contra los homosexuales que acabaron por engrosar las listas de los colectivos que la GESTAPO pretendió exterminar (no menos de 10.000 personas fueron asesinadas por dicho motivo). En los campos de concentración se les identificaba, según el marcador nazi de prisioneros, con un triángulo rosa invertido y bordado en su uniforme-pijama. Su trato hacia ellos en dichos campos fue brutal. Eran, de entre todos los presos, los que menores posibilidades tenían de sobrevivir. Himmler fue un fanático perseguidor de homosexuales por considerarlos degenerados genéticos de la raza a los que había que erradicar completamente de la sociedad. Los experimentos hormonales y químicos llevados a cabo en 1944 por el médico de la SS Karl Vaernet en el campo de Buchenwald para la "cura" de la homosexualidad fueron viles y criminales.

En la China de Mao, por su parte, se les persiguió de manera inclemente especialmente a lo largo de la Revolución cultural. Se les encarcelaba durante años y, a veces, se les castraba o ejecutaba. En 1997 se descriminalizó la homosexualidad y sólo recientemente se ha eliminado de la lista oficial que recogía los desórdenes mentales (Rusia lo haría en 1999).

Fidel Castro la combatió tenazmente en su isla. Durante algún tiempo fue ilegal en Cuba y estaba penalizada con cuatro años de encarcelamiento. Se requirió a los padres para informar a las autoridades cuando observaran a un hijo "desviado"; el no hacerlo era un crimen contra la revolución. A mediados de los años sesenta hubo detenciones en masa de homosexuales, sin cargos ni procesos. Muchos fueron internados en campos de trabajos forzados (las UMAP) con el objeto de ser reeducados, para "hacerse hombres" según pontificaban los agentes del Gobierno cubano (los catetos revolucionarios siempre idealizando la vida rural). A pesar de que el código penal cubano de 1979 la despenalizó formalmente, su situación legal en Cuba sigue siendo hoy delicada. La conducta homosexual "causante de escándalo público" puede ser castigada con hasta doce meses de cárcel y esta sanción se utiliza caprichosamente para arrestar a hombres afeminados o travestidos. Periódicos u organizaciones de homosexuales están completamente prohibidos en el paraíso progre caribeño.

Incluso hoy día en los países del antiguo bloque comunista persiste aún mucho prejuicio e intolerancia hacia los vínculos homosexuales fruto de la estela de la antigua moral colectivista e inquisitorial.

En las complejas y civilizadas sociedades de hoy la homosexualidad ha dejado de ser, por fortuna, un problema comunitario. En este contexto, el actual socialismo desdentado defiende el "otorgamiento" de derechos a los homosexuales como mero señuelo para ganarse el voto de dicho colectivo, que es lo que verdaderamente interesa. Por el contrario, en su programa político la defensa de las libertades individuales, en general, no parece ser una prioridad. Las ideologías colectivistas son "maravillosas" pues les resulta sorprendentemente fácil apoyar una cosa y la contraria en su estrategia hacia la toma o permanencia del codiciado poder.

Es siempre amenazador aleccionar en asuntos morales desde el Estado. El liberalismo, pese a renunciar al "punto de vista privilegiado sobre el mundo", reconoce que la moral constituye un factor humano relevante, si bien recela que su difusión sea ejercida desde el poder. Se sabe que el ser humano es hipersocial y, al tiempo, que su conocimiento es falible. Su aspecto práctico se encuentra diseminado y tácito entre todos los millones de personas vivas. El ejercicio efectivo de la libertad del individuo amparado por reglas generales y no discriminatorias se torna, pues, imprescindible para el progresivo aumento pacífico de medios y fines del hombre. Sólo así se evidencia realmente un respeto integral por la persona, inquietud primera del liberalismo.

Los tontos y el tonto de Gil Calvo

Pero conviene recordar que es sociólogo: en pocos ámbitos del saber el prejuicio, la ignorancia y el sectarismo campan tan a sus anchas. Además es funcionario y autor de Lógica de la libertad (Por un marxismo libertario).

No le avergüenza comenzar su exposición mostrando su ineptitud sobre economía: "el BCE bajaba el precio del euro 0,75 puntos y, pese a ello, las bolsas continuaron cayendo, lo que abre perspectivas depresivas para el año que viene". El tipo de interés es la tasa de intercambio intertemporal (entre bienes presentes y bienes futuros) y no es el precio del dinero; no existe una relación causal infalible entre los descensos del tipo de interés por el Banco Central y la subida de las bolsas; las perspectivas depresivas ya estaban abiertas antes de estos hechos.

Siendo sociólogo podría quizás presumir de disponer de algún que otro dato correcto y relevante para sus análisis; observemos: "la mayor parte de la protección social (guarderías, geriátricos, dependencia, integración de inmigrantes, etc.) se presta por cuenta y a cargo de los servicios municipales". Sorpresa: resulta que los pilares clásicos del Estado del bienestar (educación, sanidad, pensiones, seguro de desempleo) son calderilla o no son protección social.

Pero lo esencial del asunto es que Gil Calvo es un fino, objetivo e imparcial analista político que califica de "cruzada inquisitorial" y de "reacción desproporcionada" por una "causa nimia" las críticas del PP contra el alcalde de Getafe, Pedro Castro, ese agudo intelectual que se ha preguntado coloquialmente "¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?". Este insulto le parece al sociólogo "tan machista como desafortunado": o sea, que ha tenido mala suerte de que le hayan pillado, sino tal vez sería afortunado; y más importante que la estupidez es su genitalidad masculina.

Los políticos populares le parecen "profesionales en el arte del insulto político" con "ensañamiento" hacia pobres víctimas inocentes y cumbres de la educación, el escrúpulo moral y la inteligencia como ZP y Pepe Blanco. Nuestro pseudointelectual olvida que las trifulcas entre políticos son de lo más normal, y además suelen tener todos gran parte de razón en sus ácidas críticas mutuas; lo excepcional del caso es que el político, que normalmente babea, sonríe, promete y procura que no le crezca la nariz delante de los ciudadanos, en este caso insulta a los votantes del partido contrario.

La escuela de la elección pública investiga en profundidad acerca de la ignorancia racional de los votantes, sea cual sea la dirección de su voto. Pero llegado Gil Calvo, su tarea epistemológica puede darse por concluida: "Castro tenía razón: los madrileños son tontos al votar al PP contra sus propios intereses". El sociólogo da y quita razones y evalúa inteligencias. Es tan sabio que conoce los intereses de todos los madrileños que votan al PP, pobres engañados que no saben lo que les conviene (habla incluso de "intereses esenciales", nada de detallitos accesorios). Tal vez por llevar tantos años en eso de las encuestas los conoce personalmente y con precisión: da miedo. "Las clases medias bajas y los restos de la clase obrera (el antiguo cinturón rojo de Madrid) votan contra natura a la derecha". O sea que está en la naturaleza de una clase social a quién votar: la psicología evolucionista nunca llegó tan lejos. Y lo hacen "por la exitosa guerra cultural emprendida contra la izquierda progresista por el fundamentalismo neocon, que ha seducido al pueblo llano con su populismo campechano". Seductores y algo de memética, eso es lo que quiere el pueblo ahora, nada de pan y circo.

Los sociólogos suelen recurrir a impersonales y aburridas estadísticas en sus disertaciones, pero Gil Calvo prefiere el análisis personal contra la mala de su película, Esperanza Aguirre, "la Sarah Palin española", "una mujer de armas tomar que blande el lipstick para hacer creer a los electores que es una de ellos" cuando en realidad exhibe "ignorancia política" e "irresponsabilidad temeraria" destructiva. No queda claro si la ignorancia política es por falta de lecturas de filosofía política o por solamente haber ganado unas cuantas elecciones por mayoría absoluta; y la irresponsabilidad temeraria se refiere a las muy tímidas privatizaciones del Estado de bienestar en Madrid, que para Gil Calvo son doctrinarias (el colectivismo estatista no tiene nada de ideología o doctrina, nada de nada) e inaceptables, faltaría más.

Gil Calvo intenta heroicamente iluminarnos contra los poderes establecidos: "esa verdad como un puño es la que a Esperanza Aguirre no le conviene que se sepa, por lo que prefiere matar al mensajero para poder taparla". Intriga, misterio, asesinatos, mensajes interceptados: qué gran ficción. Hace tiempo confesaba nuestro "pensador" en una entrevista: "Una vez publicado, casi siempre me arrepiento de lo que escribo". No me extraña nada.

Por el anarquismo artístico

Quien haya vivido la Movida Madrileña recordará la proliferación de grupos que surgían de la noche a la mañana, los que sólo conseguían grabar un disco, los eternos, los que se dedicaban a actuar en los antros de moda, los que tras muchas desavenencias se separaban para formar otros con los restos de otras bandas rotas. También recordará los estilos musicales, las tribus urbanas, los comics sin censura, las publicaciones pulp, las señoras mayores pensando que se acercaba irremediablemente el fin de la civilización, un nuevo estilo de hacer cine, una nueva forma de hacer literatura, ambas tan viejas pero a la vez tan nuevas.

La Movida no fue un fenómeno novedoso; venía de Barcelona, donde había echado sus primeros brotes, y lo hacía huyendo del oficialismo y de un nacionalismo de nuevo emergente. Pero ni siquiera aquella fue una novedad, pues las décadas de los 60 y los 70 habían protagonizado movimientos parecidos en todo el mundo, en especial en el anglosajón, en la Gran Bretaña obrera y laboralista, en el Sur profundo y en el Norte noble y snob de los EEUU. Un rápido vistazo, un somero análisis de todos estos movimientos culturales y artísticos descubren una diversidad descomunal de creadores, estilos, necesidades, intereses, reivindicaciones, gustos, realidades, amores e incluso odios. Era puro caos, una especie de anarquismo artístico, una ola novedosa y antigua, destructora y creadora, todo a la vez.

Es difícil definir el concepto de arte, es demasiado subjetivo como para que haya un consenso generalizado. Es posible que sí podamos estar de acuerdo con la calidad artística de Velázquez, pero es más discutible la de Andy Warhol o la de Miró, de los que no es difícil encontrar detractores que los consideren una tomadura de pelo. Si apostamos por la crítica especializada, estamos tirando a la basura películas como Con la muerte en los talones (North by Nortwest) de Alfred Hitchcock, que no tuvo un estreno muy afortunado. Si consideramos que el éxito comercial es lo determinante ¿acaso el actual gobernador de California no tiene buena parte de sus películas entre las más exitosas del cine de todos los tiempos? ¿No son programas de televisión como Gran Hermano ejemplos de lo que la gente quiere y debe ver?

Todos y cada unos de nosotros tenemos nuestros propios intereses, gustos y necesidades culturales, intelectuales o artísticas, que serán diferentes de nuestros vecinos, amigos y familiares. Si hay un sistema lógico y coherente para permitir que los creadores entren en contacto con sus potenciales clientes es el del mercado. La proliferación artística es fruto de la libertad y la libertad es un atributo necesario en el libre mercado. Será el entorno adecuado para aquel que quiera ganarse la vida con ello, pero también lo será para el que sólo quiera expresarse sin más reivindicaciones y aspiraciones que las meramente artísticas. Pintores como Van Gogh o escritores como John Kennedy Toole sólo triunfaron después de muertos y con éxito apabullante, dadas las cifras que alcanzan los cuadros del primero y el número de libros vendidos por los herederos del segundo.

Pero el arte y la cultura en general es, además de una fuente de satisfacción personal, una enorme herramienta para los que quieren transmitir una idea, un mensaje ideológico o un credo político. Las grandes dictaduras controlan ciertos movimientos artísticos y desacreditan o persiguen los que les son peligrosos y contrarios a sus intereses o dogmas. En las democracias, el Estado tiene más dificultades para este tipo de manipulaciones, pero existen y en algunos casos de manera muy exitosa. La creación de políticas estatales que favorecen un determinado estilo en forma de subvenciones y otras ayudas no es nueva; la creación de grupos de artistas cercanos a ciertas causas sociales y políticas, tampoco. Su consecuencia directa es la aparición de parias que, de no seguir las indicaciones ideológicas, terminarán alejados de los dineros públicos que, debemos recordar, vienen de todos los contribuyentes. Las empresas, como en otros casos, acuden gustosas a estos recursos inmorales, relativamente fáciles de conseguir si se sabe pelotear bien; los grandes holdings de la comunicación buscan mantenerse cercanos al poder o al menos no enfadar al Gobierno de esos cuatro años. Las políticas estatales son elementos que desactivan la proliferación artística, que callan a aquellos que molestan, que imponen gustos, que terminan adoctrinando y que a la larga, producen un arte mediocre, homogéneo y regular.

El ciudadano es el principal perjudicado, ese ciudadano al que dicen proteger, ese ciudadano al que aseguran que de esa manera se está defendiendo su cultura, su arte y su forma de vida. El arte es básicamente anarquía y cada uno cogemos lo que nos gusta y desechamos lo que nos repele o lo que no nos llama la atención, y de ese proceso saldrán grandes bombazos comerciales, eternos movimientos artísticos, celosos defensores de la pureza artística, rompedores de la tradición establecida, puristas fanáticos, buscadores de mitos, tribus absurdas, idiotas snobs, aprovechados, y si se me apura, hasta artistas.

Hay que parar a la SGAE

Aunque, ya puestos, podría hacer lo mismo con Luis Candelas y demás. Pero adaptado a los nuevos tiempos, claro está, cobrando por el uso de todo tipo de aparatos electrónicos.

La SGAE está absolutamente desatada. Siente el amparo desde el poder, y eso envalentona al más cobarde. Pero una cosa es sentir su aliento y otra lo que se haga a su amparo, y eso último depende de las ideas y los objetivos que se tengan. Por lo que se refiere a las primeras, la SGAE es un precipitado del izquierdismo patrio, y por tanto cree que los derechos individuales tienen un valor instrumental. Si hay que colarse donde no están invitados, pues lo hacen, porque es por una buena causa: denunciar a cualquier ciudadano que no haya pasado por caja; por su caja.

Pero es que han llegado al extremo de espiar a los críticos. Daniel cree que con él no ha ido la cosa. Un amigo común me ha contado recientemente que alguien le dijo unas palabras como estas: "un amigo mío, directivo de la SGAE, quiere que sepas que saben dónde trabajas". Inconfundible estilo; hay todo un género de películas trufadas con frases como ésta. Creo que Daniel no debería sentirse discriminado. Si alguien se les enfrenta, que sepa que no le saldrá gratis. Si llegaron a exigir que se pidiera el DNI para navegar por la red, es que tienen una ideología totalitaria.

La SGAE desconoce lo que sea una auditoría externa independiente. Y si el Estado le ha cedido una licencia para cobrar impuestos, que no otra cosa es el canon, lo menos que se podía exigir es que sus cuantiosos ingresos pasaran por un cuidadoso examen. Y los gastos, claro está; ¿dónde va todo ese dinero que, en principio, se destina en exclusiva a los autores? ¿Cuáles son los negocios de la SGAE, cuál su entramado empresarial, sus conexiones con la política? Esta sociedad de autores, que se cree con el derecho de espiar al ciudadano de a pie, debería ser la fiscalizada, o acabará convirtiéndose en un microestado dentro del Estado.

Entre gángsters y marcianos

En medio de las reuniones con la industria eléctrica para estudiar los graves problemas que atraviesa el sector, el que fuera candidato a la alcaldía del Ayuntamiento de Madrid dijo que "si no hay acuerdo [sobre la contribución de las empresas eléctricas a la eliminación del déficit tarifario] no habrá subida de la luz", a lo que añadió un chulesco "va totalmente en serio". Sólo le faltó decir que mandaría hacerles una oferta que no podrían rechazar.

Vayamos por partes para no dejarnos enredar. ¿Qué es eso del déficit tarifario? En este sector, intervenido hasta la médula, el Gobierno impone el precio de venta final de la electricidad al consumidor minorista. A su vez, los políticos añaden sobrecostes a las empresas eléctricas de tal modo que en ocasiones el coste que asumen por kilowatio producido es superior a lo que las empresas recuperan con la venta de la electricidad al precio fijado por la Administración. Esa diferencia entre lo que debería ser el beneficio "normal" y el que resulta de los sobrecostes impuestos constituye el déficit tarifario. El responsable de dos tercios de ese déficit es la subvención a las energías renovables totalmente ineficientes. Y no es moco de pavo. Hablamos de una deuda que a finales de este año rondará los 17.000 millones de euros –después de que en los últimos doce meses hayamos añadido otros 4.500 millones– y que mantiene en jaque a todo el sistema eléctrico español.

Pues bien, a pesar de que el Gobierno reconoce esta deuda y se ha comprometido a pagársela de alguna manera a las eléctricas, ahora que las cosas vienen mal dadas Sebastián quiere obligar a las empresas del sector a asumir parte del coste impuesto por la clase política. La única forma de que alguien renuncie a parte de lo que el Estado le debe es que éste le amenace tras agarrarle por las partes más íntimas. Y eso es precisamente lo que ha hecho Miguel Sebastián condicionando la subida de la tarifa –que él determina como si fuera un ser omnipotente– a la aceptación por parte de las eléctricas de tragarse parte del déficit tarifario que se les había prometido cobrar.

El ministro presenta este déficit como si fuese un meteorito que cae del cielo y a las empresas eléctricas como unas estructuras insolidarias que no quieren arrimar el hombro para evitar un desastre natural. Así se permite el descaro de afirmar que las compañías deben asumir una parte porque "no van a ser los consumidores los únicos que resuelvan el déficit". La verdad es que tiene algo de razón. Hasta cierto punto es injusto que el consumidor pague los platos rotos de un sobrecoste que no ha pedido (aunque sí se haya beneficiado del precio tasado). Por tanto, para que no paguen sólo los consumidores deberíamos exigir el embargo de todas las cuentas y bienes de los políticos que aprobaron este sistema eléctrico socialista que ha provocado el déficit tarifario. Y cuando a la casta gobernante no le quede ni un duro y al consumidor ya se le haya exigido un esfuerzo razonable a cambio del precio artificialmente reducido de la electricidad, habría que saldar cuentas con quienes se hayan forrando gracias a las subvenciones para producir tecnologías ineficientes que sólo recibían el apoyo político por ser las que más gustan a los ecologistas.

Mientras tanto, al portavoz de industria del Partido Popular en el Congreso, Antonio Erias, sólo se le ocurre proponer la congelación de las tarifas eléctricas en 2009. ¡Como si eso fuese a solucionar el problema! Si los que gobiernan son gángsters, los otros deben de ser marcianos, porque parecen estar en otro mundo. Acusan al Gobierno de "no apoyar a los consumidores en algo tan importante como el consumo eléctrico" si se suben las tarifas. Al fin y al cabo, ¿qué íbamos a esperar? Si resulta que hasta Esperanza Aguirre, que dice ser la más liberal entre los populares, se ha llegado a dar la mano con el ecologismo radical para oponerse a la construcción por parte de Electrabel de una limpísima y verdísima central de ciclo combinado en Morata de Tajuña.

Si los ciudadanos no empiezan ya a pedir voz en la política energética, el panorama seguirá siendo igual de desolador. Gángsters y marcianos se alternarán en el poder mientras los individuos de a pie asistiremos a oscuras a tanta demagogia.

Los efectos relajantes del Tute

Como siempre, a pesar de que los pistoleros asesinaron a su amigo a plena luz del día y a las puertas de un restaurante concurrido, nadie vio nada, ni las caras de los asesinos, ni la matrícula del coche en que huyeron. Nada. Todos estaban demasiado concentrados en la mano de cartas, actitud habitual cuando se oyen disparos y un amigo cae reventado a unos pocos metros de distancia. La fotografía que mostró el periódico El Mundo al día siguiente del asesinato es la perfecta radiografía de una sociedad que lleva cuarenta años jugando al tute, mientras una parte de sus vecinos va siendo asesinada meticulosamente en un ambiente de impunidad moral, que es mucho peor que la de tipo legal.

Y si alguien organiza una protesta, las ursulinas del nacionalismo llamado –vaya usted a saber por qué– democrático elaboran un documento lo suficientemente ambiguo para poder dar cabida a los argumentos de quienes dan por buena la situación, siempre que los que caigan sean "los otros". Porque no hay agallas para denunciar directamente a la ETA sin incluir oscuras referencias a la existencia de un conflicto que conviene resolver por procedimientos políticos, como si después de casi mil seres humanos asesinados a sangre fría, civiles, mujeres y niños incluidos, no hubiera quedado suficientemente claro cuál es el objetivo político de los terroristas.

Siempre la equidistancia. Como la del amigo de la víctima que al día siguiente llamó en directo a un programa de Telemadrid para decir que los de la ETA son criminales, pero Franco también (¿?) y acusar de franquista a una de las periodistas presentes en la tertulia. Esa fue la reflexión que le sugirió el cuerpo de su amigo ensangrentado por los disparos no precisamente de Franco. A esta gente les molesta la presencia de ETA, pero también la de la Guardia Civil y otras "fuerzas represoras" del Estado español. Quieren que desaparezca el terrorismo, una vez recogida la cosecha de nueces ensangrentadas, pero a cambio de hacer realidad su delirio de una Euskal Herría independiente que jamás existió. A los excarlistones burgueses del PNV parece no importarles que el proyecto político de los radicales vascos, los que empuñan las pistolas a riesgo de pasar veinte años en la cárcel, sea la creación de una república marxista-leninista. Ante todo la autodeterminación. Después ya se verá.

Con su actitud corren el riesgo de que el proceso se invierta y que un día el resto de España decida autodeterminarse de una región cuya mayoría de habitantes, por acción u omisión, apoya el proyecto soberanista de Ibarreche y Otegui. Ya han obligado a exiliarse a casi el veinte por ciento de la población, así que cada vez irá siendo más fácil tomar una decisión histórica como esa, que colmaría los deseos de los que, cuando un vecino cae reventado de un disparo a unos metros de distancia, sufren una ceguera y sordera temporales que les impide denunciar al autor.

A lo peor llega el día en que, por mayoría aplastante, el resto de España se autodetermina de "los vascos y vascas", para que disfruten de su nueva realidad nacional dirigida por pistoleros sin escrúpulos bajo los principios del marxismo-leninismo más ortodoxo. Y a seguir jugando al Tute.