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La libertad, el camino hacia la moral

Uno de los aspectos que más ha interesado a los lectores de mi libro Bajo el Signo de Fidel. Miradas sobre La Habana ha sido la degradación moral que vive Cuba y el obstáculo que esto va a suponer para la recuperación del país cuando se vea liberado de la dictadura. Lo han destacado algunos autores al publicar sus reseñas, al recomendarlo por la radio o incluso al entrevistarme. Pero hubo alguien, Fonseca, que me lanzó hace ya un tiempo la pregunta del millón de dólares: "¿Cómo se reconstruye la moral de una sociedad?"

No había respondido hasta ahora, pero lo voy a hacer. Le he dado muchas vueltas al asunto desde entonces, pero la clave me la ha dado un maestro en asuntos cubanos, liberalismo e incluso en calidad humana y caballerosidad: Carlos Alberto Montaner. En su estupendo libro recopilatorio de artículos, conferencias y papeles varios Cuba. La batalla de las ideas, este autor trata la cuestión en diversas ocasiones. Señala Montaner que "la conducta (una de las pocas cosas en las que Marx acertó) es un modo racional de adaptación a la situación en la que se vive (…) A ninguna persona normal –exceptuados los psicópatas– le gusta mentir, fingir, prostituirse o robar". Efectivamente, la degradación moral es producto de una situación en la que se convierte en algo heroico el ser sincero (conduce a la cárcel), no cometer algún hurto o estafa o entregar el cuerpo a cambio de dinero (de ello depende el tener algo para comer).

Además, y también de eso habla Montaner, cuando no existe propiedad no se respeta lo ajeno. En el momento en que alguien posee algo, respeta lo que pertenece de las demás personas. Ser inmoral es producto, por tanto, de falta de libertad, de una eliminación antinatural de la propiedad y de la miseria. Cuando estos factores desaparecen comienza la recuperación moral de los individuos que forman parte de una sociedad; el abandono de unas reglas de convivencia que permiten una relación basada en la confianza y el respeto tanto hacia uno mismo como hacia los otros deja de ser necesario para salir adelante.

El caso extremo de degradación moral causada por la necesidad lo cuenta Primo Levi en Los hundidos y los salvados, donde narra como él mismo ocultó a sus compañeros del campo de la muerte donde le recluyeron los nazis la existencia de un grifo que goteaba para poder así beber alguna gota más de agua. Sin embargo, los supervivientes volvieron a ser personas morales tras ser liberadas de los campos nazis. Miserias ha habido entre las víctimas los más brutales sistemas represivos, pero, cuando se sale de éstos, esas mismas personas vuelven a ser buenos ciudadanos.

La recuperación moral de Cuba, como de la cualquier otra sociedad azotada por la miseria o el terror, será producto de la libertad. Cuando el cubano no tenga miedo de decir lo que piensa, dejará de fingir que cree en lo que no cree; cuando vea que puede ganarse la vida de forma honrada, lo hará. Cuando comprenda que el respeto a la propiedad es bueno para él, respetará la propiedad ajena. Para que todo ello ocurra es necesario que las leyes de una Cuba liberada del castro-comunismo sean iguales para todos y destinadas a garantizar la libertad y la propiedad de todos y cada uno de los cubanos. No será un proceso corto.

El daño hecho tras décadas de dictadura tardará años en corregirse, como se ha visto en muchos países del antiguo bloque soviético, pero se logrará si se instaura una auténtica democracia con igualdad ante la ley y respeto por la propiedad privada. Siempre habrá quienes mantengan conductas inmorales, pero serán la excepción y no la norma. Aquellas que dañan a un tercero deberán ser perseguidas, como el robo o el asesinato; y las que tan sólo causen daño (si es que lo hacen) a quienes las cometen, como la prostitución, deberán ser respetadas.

¿Dónde está la burbuja que no estalla?

Ya no hay duda de estábamos viviendo en una burbuja, sobre todo porque ha estallado. El primer indicador, que siempre precede a la depresión, es la Bolsa. Estos mercados son posiblemente los más eficientes en la sociedad, por lo que son los que mejor anticipan el devenir de la economía. Los gobiernos se han estado guiando por estos indicadores para tomar sus acciones, como si la solución a los problemas de la crisis se pudiera conseguir corrigiendo los indicadores.

Se está viendo que no es así. En algún momento, los mercados bursátiles tocarán fondo. En ese momento, significará que los inversores consideran que esa es la nueva valoración de las empresas cotizadas, a la luz de sus expectativas en el ajuste de la riqueza del futuro. Cuanto mayor sea la caída de las Bolsas, mayor será el ajuste necesario de la riqueza nominal (el dinero falso) a la riqueza real, y más dura será la depresión. En cuanto a la duración de ésta, dependerá de la capacidad de ajuste de los individuos a la nueva situación, así como de su capacidad de emprendimiento para buscar formas de mejorar la calidad de vida. En definitiva, la duración del ajuste depende de la regulación.

Dicho todo esto, la gran cuestión es ahora identificar aquellas actividades o bienes que pensábamos que eran riqueza, pero que no lo son, o, al menos, no en tanta medida. En una primera aproximación, se podría pensar que la Bolsa nos puede aportar información sobre este aspecto. Y así es, lo que pasa es que circunscrito únicamente a actividades cotizadas.

Así como para medir el ajuste necesario para la economía la Bolsa puede resultar un buen predictor (basta extrapolar) no es tan válido para identificar burbujas, pues muchos sectores económicos están fuera de su alcance. Entre ellos, las actividades del Estado.

Ya hemos visto que hay un fuerte ajuste en inmobiliarias y constructoras: hemos sobrevalorado los inmuebles, y ahora hay que ajustar su valor a la riqueza real. También nos hemos dado cuenta de que el sector financiero, empezando por los bancos de inversiones, estaba realizando actividades sobrevaloradas, y se ha de proceder a su ajuste al valor real.

Pero, ¿termina aquí el ajuste? ¿Quedan por ahí actividades sobrevaloradas que se han de ajustar a la nueva realidad? Por ejemplo: el sector turístico y de restauración: ¿estábamos pagando demasiado por comer por ahí, o irnos de vacaciones? O son las telecos: ¿a quién se le ocurre pagar eso por llamar por teléfono, ver la tele o conectarse a internet? ¿Tal vez los coches?

Muchas de estas actividades probablemente tendrán también que ajustarse a la nueva realidad, aunque no sabemos todavía si están o no sobrevaloradas (su sobrevaloración implica que creíamos que eran más riqueza de la real).

Ahora bien, hay unas actividades económicas que indudablemente están sobrevaloradas, como bien nos enseña la teoría económica, y, en concreto, Rothbard en su The Power and the Market. Se trata de las actividades del Estado (entiéndase, administraciones públicas en general).

Como bien sabemos, son actividades que no están regidas por la valoración del mercado; por tanto, no sabemos realmente cuánto valen. Sin llegar al extremo de Rothbard que, directamente, las califica como desperdicio (waste), sí que me atrevo a decir que están muy sobrevaloradas. Su riqueza real supone, quizá, menos de un 10% de la aparente. En una fase de depresión como la actual, estas actividades tendrían que ajustarse brutalmente. Posiblemente, son las que un mayor ajuste precisan.

Sin embargo, son precisamente las más rígidas al ajuste. Los gobiernos no van a ajustarse a las nuevas condiciones, como están demostrando sus continuas declaraciones de intenciones. Vamos a seguir teniendo multiplicidad de actividades sin valor y vamos a tener que pagar por ellas un precio que no tienen. Van a consumir una riqueza para dar lugar a una ilusión.

Si aquí acabara la historia, no habría mayor problema. Las restantes actividades sobrevaloradas se ajustarían a la nueva valoración del mercado; las justamente valoradas se quedarían como están; y las estatales se mantendrían sin afectarnos demasiado.

Pero, por desgracia, el ajuste a la riqueza real es inevitable. El forzoso mantenimiento de actividades de valor irreal como las de la administración pública desperdiciará parte de la riqueza real, forzando un ajuste más severo en actividades que sí la constituyen. En esencia, nos hará la fase de depresión aún más dura.

Rothbard decía que tenemos tantos pobres como podemos permitirnos. ¿Cuántas actividades estatales nos "podremos" permitir en esta crisis?

Todos contra el iPhone

Creó así un nicho completamente nuevo y totalmente propio: era un teléfono con un aire elitista, un interfaz de usuario mucho más consistente y amigable que los habituales Symbian y Windows Mobile y con innovaciones en la pantalla multitáctil que inmediatamente provocaban la envidia entre los amigos del orgulloso propietario del móvil de Apple. Y todos sabemos que la envidia y la compra de gadgets de última generación van muy de la mano.

Los rivales que podían plantarle más cara en este nuevo segmento eran dos: Nokia, por el simple detalle de que vende el 70% de todos los teléfonos móviles del mundo, y RIM, que es el principal jugador dentro del mercado de los smartphones y cuyas BlackBerry son sin duda los teléfonos preferidos de aquellos que más jugo sacan a su móvil (y, por tanto, más dinero aportan a las operadoras). Ambos han tardado en reaccionar más de un año, lo que deja bien claro que sin la entrada de este nuevo competidor seguramente nunca habrían creado teléfonos tan jugosos como parecen ser la BlackBerry Storm y el Nokia 5800 XpressMusic.

De los dos, quizá sea el aparato de RIM el más interesante, porque es el único que realmente aporta algo nuevo: una pantalla táctil que se hunde un poco al presionar y hace click, solucionando así la principal carencia de este tipo de móviles, como es la falta de respuesta física al pulsar sobre ellos, que se echa mucho de menos al utilizar estos aparatos.

Menos interesante resulta, a corto plazo, el esperado "Google Phone". El monstruo que ha fabricado HTC para T-Mobile no se ha granjeado muchas simpatías, pero es de suponer que siendo Android un sistema operativo para móviles abierto y de uso gratuito, las compañías experimentarán con él y sacarán sus propios teléfonos Google, como ya se ha sabido que hará Motorola. El gigante de las búsquedas ha hecho una apuesta a más largo plazo que RIM o Nokia, pues su objetivo es estar presente en un número cada vez mayor de terminales de diversas marcas y acabar desbancando a Windows Mobile, el sistema de referencia para los móviles de gama más alta. Sin embargo, mientras apunta sus armas contra Microsoft, la versión reducida del Mac OS X que usa el iPhone podría ser una baja colateral. En poco tiempo, hacer teléfonos con las aplicaciones y el atractivo del aparato de Apple resultará mucho más barato que ahora, porque no habrá que pagar el software, sólo adaptarlo.

En resumidas cuentas, los usuarios que quieran un teléfono siguiendo la moda iniciada por el iPhone no sólo disponen ya de alternativas, sino que tendrán muchas más según pase el tiempo. Apple deberá reaccionar, porque ha perdido la exclusividad en el nicho de mercado que la propia compañía de la manzana se inventó. Está por ver si ese aura de marca exclusiva y chic le permitirá mantenerse por encima de sus nuevos competidores, como logró con el iPod, pero la única forma de asegurarse que continúa marcando la línea a seguir en la telefonía móvil será mejorando continuamente su producto estrella. Es lo que tiene ese capitalismo que todos condenan en los parlamentos.

En cualquier caso, todos estos competidores que le han salido a Steve Jobs han llegado un poco tarde para mí. Ya tengo mi iPhone.

¡Es el intervencionismo, estúpido!

Sólo un ignorante pude culpar al liberalismo de los males económicos y financieros que hoy padecemos. Ni la avaricia, ni la especulación, y mucho menos la supuesta desregulación financiera, son responsables del actual supercrash. Para aquellos que realmente deseen entender la causa y origen de nuestros males presentes y futuros deben centrar su atención en dos aspectos clave cuyo desarrollo han terminado por suprimir todo atisbo de auténtico liberalismo en las finanzas mundiales.

Por un lado, el monopolio que, desde hace décadas, poseen los bancos centrales para crear dinero de la nada (es decir, emitir billetes sin la necesidad de contar con un respaldo real como el patrón oro). En este sentido, existe un vídeo explicativo, elaborado por el Ludwig von Mises Institute, que resume y explica a la perfección las graves carencias de las que adolece el sistema monetario contemporáneo.

En diversos periodos de la historia de EEUU, la Reserva Federal (Fed) ha contado con poderes excepcionales para expandir el crédito mediante diversos mecanismos, tales como la reserva fraccionaria, la adquisición de deuda pública al Gobierno norteamericano o el mantenimiento de una laxa política monetaria basada en tipos de interés excesivamente bajos.

La historia demuestra que la manipulación monetaria de los bancos centrales ha sido empleada por el poder político para la consecución de sus propios fines, como por ejemplo en la financiación de campañas bélicas o la aprobación de amplios programas de gasto público. Ésta, y no otra, es la raíz de los ciclos económicos. Y es que, tras un largo período de crecimiento basado en la concesión de crédito fácil sin contar con el respaldo de ahorro previo, surge la corrección, el necesario ajuste que, de una u otra forma, termina por imponer el mercado.

De este modo, el Gobierno y su brazo financiero (banca central) son los auténticos culpables de la recesión e, incluso, de la depresión que siempre acontece tras el pinchazo de una burbuja irreal, generada gracias al intervencionismo económico. Tal y como explica el profesor Murray N. Rothbard, la "Reserva Federal controla el sistema monetario de la nación, sin embargo no tiene que rendir cuentas a nadie".

La manipulación arbitraria llevada a cabo en este ámbito provoca una constante depreciación del dinero y del ahorro de los ciudadanos o, lo que es lo mismo, genera inflación y erosiona el poder adquisitivo. Thomas Jefferson adoptó el dólar como moneda oficial de EEUU en 1792, pero ésta contaba entonces con el respaldo del oro. Ya por entonces, los Padres Fundadores advertían de los grandes riesgos del papel moneda.

Y es que, el valor de los billetes respaldados (canjeables) por oro no puede ser manipulado para incrementar el gasto público del Gobierno. No por casualidad el presidente Abraham Lincoln se desvió de esta norma en 1862 y ordenó imprimir papel moneda inconvertible (Greenbacks) para financiar su campaña contra el Sur durante la Guerra Civil de EEUU.

La restauración del patrón oro en 1879 permitió la mayor etapa de crecimiento y prosperidad económica que haya vivido la mayor potencia mundial. Sin embargo, en 1913, bajo la presidencia de Wilson, nace el Sistema de la Reserva Federal. La burbuja que aconteció durante los Felices 20 fue impulsada, en gran medida, por la antigua Fed. El crack del 29 era sólo cuestión de tiempo.

Pese a ello, la banca central logró imponer desde entonces sus reglas con el apoyo de los Gobiernos para operar sin restricciones en su política monetaria. La eliminación de Bretton Woods en 1971, debido a la suspensión de pagos implícita que sufrió entonces EEUU, ha disparado la inflación casi un 300% desde entonces.

El segundo eje que permite comprender correctamente la actual debacle subyace en la estrategia de endeudarse a corto plazo e invertir a largo desarrollada hasta el extremo por la banca comercial, tal y como expone el profesor Antal Fekete. Por desgracia, ambos puntos son ignorados por la gran mayoría de analistas, economistas y, por supuesto, autoridades gubernamentales. Como resultado, estamos condenados nuevamente a repetir los errores del pasado y, por ello, a sufrir igualmente sus consecuencias. Así pues, recuerden a quién culpar cuando las dificultades económicas llamen a su puerta… ¡Es el intervencionismo!

¿Mucha avaricia y muy poca información?

Como casi todas las explicaciones, esta hipótesis izquierdista tiene un ápice de verdad que no conviene descartar por completo. Es cierto que muchos inversores, especialmente los bancos, fueron devorados por unas ansias de beneficios tan grandes que les llevaron a acometer operaciones fraudulentas: tomar los fondos a corto plazo de sus depositantes e invertirlos a largo plazo. Esta práctica no contaba con la aceptación de los depositantes, ya que creían que el banco estaba utilizando su dinero de manera prudente y que, por tanto, podrían recuperarlo sin ninguna dificultad; dicho de otro modo, también existió un problema de información por parte de los depositantes y demás acreedores a corto.

Sin embargo, tampoco conviene centrarse exclusivamente en la avaricia de los banqueros y la cándida ignorancia de los depositantes. En cierto modo, los banqueros también fueron ignorantes, al creer que siempre podrían refinanciar sus deudas a corto plazo en el mercado interbancario (debido a que desconocían la teoría austriaca del ciclo económico), y los depositantes, codiciosos, al aprovecharse de las fraudulentas operaciones bancarias para, en muchos casos, hipotecarse con unos tipos de interés reducido.

Un sistema financiero más sólido, por consiguiente, requiere de una nueva regulación que limite el arbitraje de los tipos de interés y de la difusión de las teorías de la escuela austriaca, lo que mejoraría la cultura económica de los operadores de mercado. De esta manera, los proyectos de inversión se sufragarían con cargo al ahorro real y no haciendo uso de los puntuales saldos de tesorería.

Sin embargo, este escenario horroriza a las gentes de izquierda e incluso a algún autodenominado liberal, que observan cómo el chiringuito financiero que se han montado lentamente durante todo el siglo XX se les puede venir abajo. Recordemos: en 1920 la Fed empieza a manipular los tipos de interés con las primeras operaciones de mercado abierto (algo que no tenía permitido por su ley constitutiva de 1913); durante la década de los 30 la mayoría de bancos centrales abandonan el patrón oro (lo que les permitió una mayor autonomía para manipular los tipos de interés) y el Gobierno alcanzó un tamaño hasta entonces desconocido (en buena medida, gracias a la adquisición de deuda pública por parte del sistema bancario intervenido); y en 1973 se rompe Bretton Woods, la última conexión oficial entre el dinero y el oro, lo que terminó por facilitar la expansión crediticia del sistema bancario y del endeudamiento estatal (fíjense en la evolución exponencial de ambas magnitudes desde mediados de los 70).

Los antiliberales (de izquierdas y derechas) quieren conservar todo este esquema fraudulento para seguir apropiándose del dinero de los ahorradores: tanto el Gobierno como la banca salen beneficiados. Es decir, se ha impuesto un consenso entre izquierdas y derechas para conservar la configuración básica de este sistema financiero. Y dado que este núcleo resulta intocable para unos y otros, deben recurrir a chivos expiatorios, como la codicia y la falta de transparencia, sobre los que verter su furia legisladora.

Se nos dice que esta crisis no se repetirá si se controlan los riesgos que pueden asumir los inversores (especialmente los bancos), y si se informa a los ahorradores sobre el nivel riesgo de los distintos productos financieros.

En abstracto, todo esto suena muy bien. Los problemas comienzan a surgir cuando bajamos un poco a la realidad. El riesgo es un concepto totalmente subjetivo: lo que para unos puede ser un proyecto muy arriesgado (como crear un buscador de internet en 1998), para otros puede ser un negocio claramente rentable y seguro. Del mismo modo, lo que para unos puede ser una inversión muy segura (como adquirir una vivienda en España en 2005 o meter dinero a plazo fijo en 2006), para otros puede tratarse, sin ningún género de dudas, de un brutal error de análisis sobre las condiciones de mercado.

Por consiguiente, restringir el riesgo que pueden asumir los inversores es muy delicado. ¿Se imaginan que en 1998 el Estado hubiera impedido a Sergey Brin y a Larry Page que crearan Google (o que alguien les prestara dinero para crearlo) aduciendo que se trataba de un proyecto excesivamente arriesgado? A menos que el supervisor público se convierta en un comité de planificación central, se me antoja complicado que pueda desempeñar esta tarea.

Y, en cualquier caso, me parece que será imposible que tenga éxito en sus estimaciones de riesgo: a partir de 2004, por ejemplo, los distintos Estados han ido incorporando en sus ordenamientos el Tratado de Basilea II, por el que se regula el sector bancario. Este tratado consideraba –y se trata sólo de uno de sus errores– las hipotecas residenciales uno de los activos menos arriesgados para los bancos. ¡En plena burbuja hipotecaria mundial, los Gobiernos sancionaban que las hipotecas no eran una inversión arriesgada!

Por otro lado, y por los mismos motivos, pretender informar a los ahorradores sobre el riesgo exacto que están asumiendo no deja de ser un objetivo irrealizable. Exactamente, ¿quién medirá y cuantificará ese riesgo? ¿Los bancos que están quebrando gracias a sus exitosas inversiones? ¿Las agencias de rating que en 2005 y 2006 dijeron que la mayoría de los activos que están siendo impagados eran de máxima seguridad? ¿Los bancos centrales, que no sólo crearon la burbuja actual, sino que esperaban que nunca tuviera fin? ¿Los Gobiernos, que se sumaron al carro de una falsa prosperidad y declaraban unidos, en 2007, que no había crisis seria alguna en el horizonte? ¿Acaso no es evidente que si los ahorradores hubieran seguido –más de lo que lo hicieron– las indicaciones de todos estos organismos, el batacazo actual sería aun mayor?

La codicia y la ignorancia parcial de los seres humanos no pueden eliminarse, ya que son parte de su naturaleza. Lo que sí puede y debe hacerse es corregir las regulaciones que conviertan esa codicia y esa ignorancia en los engranajes centrales del sistema financiero. Dicho de otra manera, no podemos evitar que los seres humanos vayan a equivocarse, pero sí podemos dejar de empujarles e incentivarles a que se equivoquen de manera recurrente y generalizada (lo que constituye el típico ciclo económico). Para ello sobran las regulaciones inútiles que pretendan fiscalizar y cuantificar los riesgos concretos, individuales y personales, y se necesitan otras que proscriban estrategias financieras insostenibles y fraudulentas, a saber, endeudarse a corto e invertir a largo.

¡Enhorabuena a todos!

El Instituto Juan de Mariana ha ganado el Premio Templeton otorgado por Atlas Economic Research Foundation. Este prestigioso galardón reconoce el esfuerzo realizado por los miembros del Instituto durante los poco más de tres años en que hemos tratado de llevar el ideario liberal tan lejos como nos ha sido posible.

El galardón, que otorga la Fundación Atlasgracias a la financiación de la Fundación John Templeton, premia la excelencia en la defensa de la libertad en 8 categorías distintas. La categoría por la que el instituto estaba nominado premia los "destacados logros alcanzados por un think tank joven" (como máximo de cinco años) y es la única que no reconoce un proyecto específico sino los éxitos alcanzados en sus múltiples actividades.

El jurado, formado por un elenco de personalidades independientes de diversos campos, tuvo que elegir entre las más de 180 organizaciones que se presentaron a la edición de este año. Después de un pormenorizado escrutinio de las actividades realizadas por cada instituto, los miembros del jurado eligieron al IJM porque "está logrando producir cambios positivos con su impresionante diversidad de actividades". Uno de los componentes del panel que ha decidido los ganadores de este año afirmó que "lo que esta organización (Instituto Juan de Mariana, España) ha hecho en tres años es asombroso y da la impresión de que hubiesen estado trabajando una década. […] Creo que con este historial, su proyección futura será realmente brillante. Fue fácil poner al IJM el primero de la lista."

Los logros a los que se refieren los miembros del jurado son bien conocidos para los visitantes de esta página que han participado en nuestras actividades, bien sea activamente, bien con su apoyo moral y económico. Aun así, merece la pena hacer un breve repaso para analizar qué nos ha hecho merecedores de este reconocimiento internacional y qué debemos hacer para afrontar los retos futuros con mayores garantías de éxito.

Los encargados de elegir a los premiados valoraron muy positivamente los esfuerzos del instituto por influir en el mundo académico. Ya son tres las universidades de verano organizadas por el IJM. En estas tres ediciones hemos contado con la presencia de medio centenar de distinguidos conferenciantes y hemos ido aumentando las becas para estudiantes hasta alcanzar el medio centenar de ayudas. El esfuerzo de los miembros del instituto por mejorar en cada edición ha contribuido a que la evaluación anónima que realizan los estudiantes nos sitúe entre los mejores programas de verano con reconocimiento académico. En el último año, el IJM ha llegado a acuerdos con la Universidad Francisco Marroquín para tratar de establecer un puente por el que puedan transitar estudiantes y profesores entre ese paraíso académico guatemalteco y los eventos del instituto. Además, el intento por tener presencia de calidad en el mundo académico se ha visto coronado a lo largo del último año con el Primer Congreso de Economía Austriaca y la colaboración del Instituto Juan de Mariana en el Master de Economía Austriaca dirigido por Jesús Huerta de Soto en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

El instituto también ha mantenido un programa de premios que por un lado apoyan las obras de jóvenes valores y por otro reconocen la labor de individuos con una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. En este segundo aspecto, el instituto ha entregado el Premio Juan de Mariana a Luis Reig Albiol y a Manuel Ayau Cordón, dos hombres sin los que sería imposible entender gran parte del avance del liberalismo en los países hispanoamericanos.

En su afán por difundir las obras de los defensores de las libertades individuales el Instituto organizó este año la primera Feria del Libro Liberal, un evento que reunió en el Círculo de Bellas Artes a casi una veintena de autores con ávidos lectores liberales. El éxito de la primera edición con un formato en el que autores y lectores pueden aprovechar para intercambiar opiniones y reflexionar acerca de los intereses comunes nos ha animado a ampliar el evento el próximo año.

Otro campo en el que el Instituto se ha esforzado enormemente es el de la medicina. Gracias a la cooperación con un nutrido grupo de médicos liberales pusimos en marcha los proyectos Medicina en Libertad y MedEcon con los que tratamos de proponer reformas liberalizadoras en esta importante área. Esta nueva aventura la hemos diseñado en cooperación con un grupo de médicos liberales suizos que persiguen unos objetivos afines. Después de un año trabajando en el lanzamiento de las secciones española y suiza, a la que se irán sumando grupos en otros países, el próximo 7 de noviembre Medlib realiza su primer congreso en Ginebra a través de Medlib.ch.

Por último cabe destacar la creación del Observatorio de Coyuntura Económica. El Observatorio pretende continuar la impagable tarea que en la Austria de entreguerras realizó el "Instituto Austriaco para la Investigación de la Coyuntura" (Österreiches Institut Für Kojunturforschung) de la mano de los de los miembros más prominentes de la Escuela Austriaca. El vicepresidente y fundador del Instituto fue Ludwig von Mises y el director Friedrich Hayek, quien décadas más tarde recibiría el Premio Nobel de Economía precisamente por sus investigaciones en este ámbito. Fruto de un riguroso análisis de la coyuntura económica fundamentado en la teoría monetaria y del capital propuesta por Carl Menger, este centro de estudio del ciclo económico fue uno de los pocos en advertir de los riesgos de una inminente crisis tanto bursátil como bancaria, finalmente desencadenada entre 1929 y 1931.

Para cumplir con nuestra finalidad el Observatorio publica boletines trimestrales de coyuntura, donde se estudiarán los acontecimientos económicos más importantes de ese periodo gracias al manejo de la teoría austriaca del ciclo económico, la teoría de la liquidez y el análisis de la inversión en valor. Asimismo, los investigadores del Observatorio han realizado otros seis estudios e informes destinados a examinar y divulgar temas concretos que puedan resultar de interés a quienes se interesan por la evolución del ciclo económico.

Todas estas actividades han sido acompañadas por más de medio centenar de eventos con los que cada año tratamos de acercar nuestra labor a todos los ámbitos de la sociedad española. Además, los miembros del instituto se han realizado un enorme esfuerzo por presentar una diversidad de perspectivas liberales a través de la colaboración con los medios de comunicación. La brillante labor de nuestros miembros permitió que el año pasado lográramos tener una media de más de 3 repercusiones diarias en medios como El País, El Mundo, ABC, La Razón, Expansión, La Vanguardia, Público, La Gaceta de los Negocios, El Economista, Libertad Digital, Época, Antena 3 TV, TVE2, Libertad Digital TV, Televisión Española, Intereconomía TV, Intereconomía Radio, Punto Radio, La Cope y Onda Cero.

El premio Templeton que hoy nos ha otorgado Atlas Economic Research Foundation no debe hacer que nos durmamos en los laureles ni hacernos bajar la guardia. Más bien todo lo contrario. El galardón debe darnos más ánimos para trabajar duro en estos tiempos de crisis económica y social provocada por los socialistas de todos los partidos, que gracias a su trabajo diario contra la libertad individual y la propiedad privada han convertido el mundo monetario y financiero en el reino del intervencionismo. Que el premio lleve el nombre de quien probablemente haya sido el mejor inversor global de todos los tiempos nos tiene que llenar de esperanza y confianza en nuestras posibilidades de hacer avanzar el ideario liberal. Y es que John Templeton se caracterizó por invertir a nivel mundial en jóvenes empresas con gran potencial que multiplicaban sus resultados en cortos períodos de tiempo.

Las cinco Rumasas de Zapatero

Los socialistas, a base de hacer del reparto el centro de su discurso, lo han convertido, en un ejercicio sublime de coherencia política, en el núcleo de su política. Eso sí, un reparto de los pobres a los ricos (y a ellos), del ciudadano de a pie al conectado políticamente (y a ellos) y de todos a las regiones y grupos que les apoyan políticamente. Y a ellos, naturalmente.

Rumasa, se dijo entonces, vivía una situación al borde de la quiebra, con relaciones incestuosas entre bancos y grupos empresariales. Lo más que hubiese sucedido es que sus bancos quebrarían y se tendrían que cerrar varias de sus empresas, con lo que una parte de los más de 60.000 puestos de trabajo que antes había creado Rumasa se destruirían. Y todo lo que hubiese ocurrido de haberle abandonado a su suerte es que los activos de las empresas en quiebra serían absorbidos por otras mejor gestionadas. Y parte del empleo que se destruyese se incorporaría de nuevo a empresas económicamente más sanas y con más futuro. Fue lo que acabó sucediendo, pero con el socialismo, es decir, la corrupción, de por medio. Gustavo Cisneros, el amigo de González, compró Galerías Preciados por 200 millones de pesetas y la revendió a los tres meses por 30.000 millones.

Toda la operación costó a los contribuyentes un billón de pesetas. ¿Cuánto es eso? 6.000 millones de euros. El Gobierno Zapatero ha recurrido, como González con Rumasa, a la fórmula del Decreto Ley para poner en marcha un plan de 30.000 a 50.000 millones de euros (de cinco a ocho veces el coste de Rumasa) para sacar a los bancos de una situación complicada que se han buscado ellos. Cinco Rumasas en una operación que no pasa por el robo y el reparto, que eso lo entiende todo el mundo, sino entre otras cosas por la compra de activos bancarios a precios que sólo los expertos sabrían valorar. ¿Qué banquero español venderá al Gobierno un activo por un precio que sea el de mercado o menos? ¿Qué banquero no le colocará al Estado un activo degradado a precios de oro, si le dejan?

Como ha señalado el Instituto Juan de Mariana, "al fin y al cabo, el Gobierno y la Dirección General del Tesoro deberán decidir qué empresas deberán reflotarse y qué compañías tendrán que quebrar. Esto constituye el caldo de cultivo perfecto para el amiguismo, la corrupción y la redistribución masiva de la renta". Sólo que estamos hablando de unos volúmenes de renta y riqueza desconocidos. Son de tal medida, que el PP sólo puede tomar dos posturas: jugársela a enfrentarse al poder y estar permanentemente vigilante, o participar del reparto. Mariano Rajoy, en su último encuentro con Zapatero, seguro que se mantuvo firme en la primera opción.

Obama en un videojuego

Se trata de una manera brillante de llegar a una cantidad muy alta de potenciales electores, puesto que son muchos los hombres de entre 18 y 35 años que pasan más tiempo jugando que frente al televisor o leyendo el periódico.

La utilización de las llamadas nuevas tecnologías como instrumento de campaña electoral ya es común en casi todo el mundo, pero en Estados Unidos está más desarrollada y demuestra mayor frescura que en otros países. Eso es especialmente evidente si se compara, por ejemplo, con España. En nuestro país todavía es muy cutre.

La utilización de las nuevas tecnologías se limita al envío de mensajes a móviles, páginas web de partidos políticos que no destacan por su calidad, redes de blog (como La blogosfera progresista del PSOE o I Love IU) caracterizadas por la disciplina de partido, las bitácoras de algunos destacados miembros de cada formación política (que en más de un caso ni tan siquiera escriben ellos), videos con tan mala calidad como mal gusto (especialidad de Juventudes Socialistas) y canales en YouTube como el del PP. En un alarde de supuesta originalidad, eso sí, todos entraron en SecondLife, e incluso Llamazares dio en ese mundo virtual un mitin tan raquítico como sobredimensionado mediáticamente.

Se echa de menos la frescura y la originalidad. Todo discurre por los esquemas que dominan la política tradicional española: falta de innovación, estructuras piramidales y disciplina de partido. Es la formación política la que dice lo que se debe hacer, sin dejar lugar alguno a la iniciativa de simpatizantes y afiliados. Por si fuera poco, dado que los partidos están dirigidos por personas formadas en la política tradicional, se siguen esquemas más propios de la era pre-Internet y no se aprovechan las posibilidades que ofrecen la red y tecnologías cercanas.

No sólo es difícil imaginar que Rajoy o Zapatero incluyan un anuncio en un videojuego, también resulta casi inconcebible que los partidos toleraran sin desmarcarse de sus promotores iniciativas como los exitosos vídeos sexys protagonizados por la Obama Girl y otras seguidoras de políticos norteamericanos. En el caso de que algo parecido surgiera en España en próximos comicios, sería sin duda dirigido desde Génova, Ferraz o la sede de cualquier otro partido. Eso significaría más consigna, falta de originalidad y poca frescura. Algo, esto último, de lo que está muy necesitada la política española.

¿Llamará a declarar a Su Majestad?

Será interesante comprobar el celo real del juez de la audiencia cuando ordene abrir algunas fosas comunes en Cataluña (hay varias asociaciones catalanas personadas en la causa) y descubra que los asesinos de los anarquistas y republicanos allí enterrados no son las tropas franquistas sino los aguerridos escuadrones de la muerte del bando frentepopulista, cuyos sucesores ideológicos aparecen precisamente como denunciantes. ¿Abrirá una causa separada para encausarles o se trata sólo de ajustar cuentas con Franco más de treinta años después de su muerte? Porque si bien as organizaciones de izquierda mataron a mansalva a católicos, curas y burgueses, entre ellas se asesinaron incluso con mayor saña, especialmente en la Barcelona de Mayo de 1937. Hay abundante bibliografía, obra no precisamente de franquistas, que relata pormenorizadamente todo lo que ocurrió en ese periodo sin que se sepa dónde están enterradas muchas de las víctimas. Es una pena que Garzón no haya incluido en su auto, como documento probatorio, algún libro de anarquistas y trostkistas, que los hay, en los que se relata con todo lujo de detalles cómo fueron reprimidos, encarcelados y asesinados sus compañeros por tropas de la Generalidad y del NKVD al alimón. En su lugar, el juez cita al periodista Jay Allen, grotesco farsante, totalmente desacreditado después de mentir groseramente respecto a los sucesos de la toma de Badajoz por las tropas franquistas, que relataba en primera persona a pesar de que escribía sus crónicas desde Portugal.

Por otra parte, el actual Jefe del Estado, sucesor de Franco a título de Rey, llegó a España dentro del periodo de tiempo objeto del escrutinio garzonita. ¿Se cuestionará también la legitimidad de su nombramiento, realizado ex novo por Franco, un criminal, tras haber sido despojado Alfonso XIII de sus derechos dinásticos por decreto de la II República? El mismo Rey de España, en su discurso de proclamación como jefe del Estado dijo de Franco:

Una figura excepcional entra en la historia. El nombre de Francisco Franco será ya un jalón del acontecer español y un hito al que será imposible dejar de referirse para entender la clave de nuestra vida política contemporánea. Con respeto y gratitud quiero recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del Estado. Su recuerdo constituirá para mí, una exigencia de comportamiento y de lealtad para con las funciones que asumo al servicio de la patria.

Si Franco, como afirma Garzón, cometió crímenes contra la humanidad, el párrafo podría interpretarse como una justificación de esos graves delitos e incluso como apología del genocidio, por lo que sería necesario incoar el preceptivo expediente a despecho de lo que diga la Constitución sobre la figura del soberano. Ahí te queremos ver Garzón. Salud y República.

Un camino de un solo sentido

Un economista, al recordar sus años en la London School of Economics, se refería a Paul Sweezy como “el más hayekiano de los hayekianos”. Hayek, como es bien conocido, es el intelectual liberal más influyente del siglo XX, mientras que Paul Sweezy es uno de los pocos economistas marxistas de cierta relevancia. Un caso más conocido, prácticamente único para un intelectual de su talla, es el de John N. Gray, que pasó del liberalismo (con elogios a John Stuart Mill, todo hay que decirlo) a convertirse en uno de sus críticos más conocidos. Curiosamente, también tiene cierta relación con Hayek, ya que le ha dedicado un libro y, en el último que ha publicado, aún a costa de exponerse al público sonrojo por quienes hayan leído al austríaco, le dedica varias páginas tan críticas como alejadas del pensamiento real de Hayek.

Gray es una excepción. Mill lo es, también. Habitualmente los pensadores liberales no abjuran de la defensa de la libertad para pasarse con armas y bagajes al socialismo. Lo contrario, sin embargo, es una experiencia común. Mario Noya y Javier Somalo acaban de publicar un libro en el que han recogido una docena de testimonios en torno a la pregunta ¿Por qué dejé de ser de izquierdas?, un tránsito que requiere siempre el abandono del socialismo. Yo salí del reconfortante terreno del socialismo muy joven. ¿Por qué el viaje es siempre en el mismo sentido? ¿Qué hace que la experiencia de dejar atrás el socialismo sea muy común pero que el camino inverso sólo lo hayan transitado unos pocos?

El socialismo nos llama desde nuestros atávicos instintos tribales, que repelen la complejidad, el cambio incesante, la diversidad propia de las sociedades libres y extensas. Más allá de los méritos que pueda tener el pensamiento socialista, en gran parte está subordinado a un llamado de nuestros genes, a un recuerdo ancestral impreso en el alma humana. El socialismo pretende eliminar todas las manifestaciones de ese mundo complejo y antiintuitivo e imponer una sociedad igualitaria, pulcra, racional, comprensible. La imagen de la nueva sociedad, la indignación por las injusticias propias de las sociedades libres queman el alma del socialista, le convencen de que cualquier paso hacia la nueva sociedad es justificable.

Por ello vemos a legiones de personas que en su vida diaria son perfectamente razonables, pero que en cuestiones políticas mienten sin ningún reparo o justifican un sistema que ha causado cien millones de víctimas de pura represión mientras se ven a sí mismos moralmente superiores a quienes se duelen de tales crímenes. Pero no todos resisten. Habitualmente alguno de tales excesos lleva al socialista a preguntarse qué habrá llevado a sus correligionarios a cometerlo. Y cuando obtiene la respuesta, aparece su propio comportamiento pasado bajo una nueva luz. Por eso los ex socialistas son menos transigentes con la moral de que el fin justifica los medios, tan propia del socialismo.

¿Por qué son contadísimas las excepciones a la norma de que los liberales nunca dejan de serlo? Quien ama la libertad, lo sabe.