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El Bretton Woods del siglo XXI

El papel moneda siempre tiende a su valor intrínseco: cero
Voltaire(1694-1778)

La escuela austriaca de la economía siempre ha sido inflexible en sus posicionamientos y postulados teóricos. A diferencia de la gran mayoría de escuelas económicas, no se ha dejado llevar por las modas ni por el socialismo. En el plano del dinero, los austriacos siempre hemos defendido que los ciclos se producen por constantes oleadas crecientes de liquidez que emiten los bancos centrales por medio de políticas monetarias expansivas, ajustando los tipos de interés por debajo de su tasa natural. Todo ello crea una falsa sensación de ahorro que da lugar a aumento de las inversiones.

Este proceso no se respalda en producción real, sino en inflación que lleva a un colapso del sistema. La razón impulsora del proceso radica en un fraude: creación de dinero de la nada. Expresado de otra forma, los crecimientos económicos que acaban desembocando en burbujas no se deben a un ahorro o capital de dinero físico y real acumulado, sino a la promesa que ese capital existe. El problema es que los bancos no lo tienen, ya que han sido generados de la nada por el consentimiento de los bancos centrales.

Este sistema consigue engañar los mecanismos de mercado haciendo crecer las economías muy por encima de sus posibilidades reales. El mecanismo desatado provoca inexorablemente inflaciones crediticias que se expanden por toda la economía de forma desigual, encareciendo el precio de los sectores–burbuja como si ese ahorro ficticio existiese. La debacle ocurre cuando la demanda dice “basta” debido al fuerte aumento de los precios y posteriormente se contrae. Es lo que ahora llamamos crisis de liquidez. Ese es el momento en el que la burbuja pincha.

Casi cien años después que Ludwig von Mises plasmase esta teoría, (que le permitió predecir junto con Friedrich von Hayek la debacle de 1929), ahora algunas cabezas pensantes parecen haberse dado cuenta del daño que puede llegar a hacer el sistema actual de reserva fraccionaria gubernamental basado en falsas promesas.

Desde la política, Gordon Brown, primer ministro británico, ha hecho una llamada para crear el Bretton Woods del siglo XXI. Difícilmente los poderosos decidirán volver a un sistema parcial de patrón oro como ocurrió en el Bretton Woods original o aboguen por quitarse poderes. Lo interesante es que la idea de un sistema de patrón oro, real o alternativo, se está planteando como idea más allá de la escuela austriaca. El  llamamiento más destacado ha ocurrido esta semana de la mano de Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo. Lea atentamente la nota que publicó Juan Ramón Rallo en su blog. Trichet habla de una vuelta a la disciplina monetaria de Bretton Woods (moneda convertible a oro). No es que fuese el mejor sistema precisamente, pero es un cambio de visión importante.

También, algunos analistas hablan de un decoupling progresivo del dólar a nivel internacional creando una cesta alternativa basada en materias primas de difícil convertibilidad (petróleo, uranio, etc.). No es una buena solución final ni mucho menos, pero dotaría al sistema en primera instancia de transparencia limitando los crecimientos crediticios. En definitiva, esta crisis nos ha de enseñar algunas cosas:

  1. El sistema de reserva fraccionaria gubernamental no inspira confianza y está basado en el fraude.
  2. Es un sistema que tiende totalmente a la opacidad, no es nada transparente.
  3. La fuente del crecimiento no puede ser el crédito fiduciario, sino el ahorro.
  4. La moneda ha de tener un respaldo más tangible que la promesa de una oligarquía política. El dinero ha de sustentarse en activos reales y convertibles.
  5. El dinero no es diferente a cualquier otro producto del mercado. Los monopolios por ley perjudican a una mayoría para satisfacer a una minoría. En algún punto se ha de permitir la competencia real entre monedas en un mismo espacio geográfico.
  6. Si el proteccionismo y la economía dirigida son nefastas para la comunidad, también lo es para el sector que usa como materia prima el dinero. Bancos centrales y organismos supranacionales compuestos por estados han de ser abolidos. Son parte del problema. Ellos han generado esta crisis con sus políticas de “estabilización de precios” y dinero barato.
  7. Es vital crear un sistema responsable. Los bancos centrales, como prestamistas de última instancia, y la continua intromisión de los Gobiernos diluyen toda responsabilidad hacia las empresas privadas. El sistema monetario ha de ser descentralizado y desnacionalizado. No tiene las mismas necesidades monetarias Alemania, que Grecia o España.

Curiosamente, mucha gente ya ha empezado a crear su particular patrón oro. En Alemania, Suiza, Austria y España, las reservas de oro se están agotando debido a la impresionante demanda que tienen. Como siempre, el hombre común es mil veces más sabio que toda la horda de burócratas que juegan cada día con nuestro dinero, bienestar y vidas.

El SIMO que ya no volverá

La crisis, la palabra de moda, se asociado inmediatamente como motivo principal de la cancelación de la feria y creo que es justo al revés, la actual crisis económica lo que ha puesto es la puntilla a la feria tecnológica más importante de España y que aspiraba a ser uno de los referentes de Europa.

SIMO vivió sus tiempos gloriosos en la década de los 90, cuando en nuestro país el ordenador personal era accesible para el usuario y para las pequeñas y medianas empresas. También la irrupción de Internet hizo que SIMO albergara a las primeras empresas relacionadas con Internet que nacían en nuestro país. Muchos recordamos los espectaculares stands que tenían empresas como Terra en la feria y como durante varios años había un pabellón entero dedicado al denominado e-Business. En esos años había razones para asistir a la feria, sobre todo por que se podían ver cosas que no podías ver en otro lugar, auténticas novedades tecnológicas que hacian que miles de personas visitaran la feria. Y se acudía a la feria en esos años aunque ya tuviera muchos inconvenientes, como que en los días dedicados a profesionales estuvieran desde jubilados hasta estudiantes o la saturación publicitaria a la que estaba expuesto el visitante, desde la misma salida de la estación de metro.

SIMO no ha sabido en un principio centrar sus focos de atención. Una feria que tiene desde pabellones dedicados a la repografía o a Internet hace que el visitante acabe perdido entre tanta oferta que no ha solicitado y, en lugar de ser una gran feria tecnológica, acabe naufragando entre el ocio digital y los profesionales de la industria tecnológica. Esa falta de foco ha hecho que muchos otros sectores hayan decidido apostar por ferias muchos más segmentadas y prácticas, en el caso de Internet encontramos eventos como Online Marketing España o Search Marketing Expo en Madrid, o en el caso de la telefonía móvil el Mobile World Congress de Barcelona. Lo segundo, es que SIMO no ha sabido ver la transformación que han vivido las ferias y congresos en todo el mundo. Internet ha hecho que tengamos acceso a todas las novedades que nos ofrece la industria tecnológica y las ferias se han reconvertido en espacios dedicados a profundizar en temáticas específicas y al networking.

Por lo tanto, que no nos vengan hablando de la crisis, por lo menos económica. Lo que existe desde hace varios años en la organización de SIMO es una crisis de ideas, que ha coincidido con que en este año muchas empresas, al ver lo poco que les aportaba la feria, hayan decidido retirar su inversión. Los organizadores se han puesto ya en manos de una consultora para hacer que la edición de 2009 cuente con una feria totalmente renovada, cuentan con mi apoyo y mi deseo de que SIMO sea por fin un referente en España y en Europa.

El inflacionismo, causa última de la crisis

La mayoría de prestaciones suele consistir en la entrega de un bien o servicio a cambio de una contraprestación monetaria. Sin embargo, las leyes actuales en España establecen que el euro se configura como moneda de curso legal,1 esto es, cualquier deuda podrá saldarse en euros, con independencia de lo pactado.

Por si esta limitación fuera poca, el Banco Central Europeo se constituye como la única autoridad (monopolio) que puede autorizar la emisión de euros2 sin necesidad de que, además, estén respaldados por activos líquidos como el oro o las letras de cambio.

Estas disposiciones no sólo violan la autonomía de la voluntad para configurar la contraprestación monetaria, sino que, al mismo tiempo, favorecen una política de incumplimiento generalizado de las obligaciones pactadas: el inflacionismo.

El inflacionismo consiste en una política deliberada y sistemática de envilecimiento de la moneda que permite al deudor entregar un dinero de calidad inferior al que se había comprometido.

Aunque tradicionalmente el inflacionismo se ha implementado de maneras muy diversas (devaluación del contenido metálico de las monedas, impresión de nuevos billetes, devaluación del tipo de cambio…), la táctica más habitual en los últimos 40 años ha consistido en empeorar la calidad de los activos de los bancos centrales.

Las divisas son, en última instancia, pasivos del banco central (el hecho de que sean inconvertibles no modifica su naturaleza, del mismo modo que una emisión de deuda privada en suspensión de pagos no elimina su status de deuda). Como todo pasivo, su valor depende de la perspectiva de pago por parte de su emisor, lo que a su vez viene determinado por la calidad y cantidad de sus activos.

A partir del año 2001, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo propiciaron un rapidísimo envilecimiento de sus emisiones monetarias al aceptar descontar los activos de la banca comercial a unos tipos de interés ridículamente bajos (2% y 1% respectivamente). Dicho de otra manera, los bancos privados podían convertir en dólares o euros actuales el valor de sus activos (por ejemplo, préstamos hipotecarios) que viene justificado por flujos de caja futuros que todavía no se habían generado.

La consecuencia fue un crecimiento exponencial del crédito privado en forma de burbuja inmobiliaria, que provocó que los pasivos de los bancos centrales estuvieran respaldados por activos con un valor artificialmente inflado por la burbuja. Precisamente cuando esos activos han comenzado a resultar impagados (por ejemplo, las hipotecas subprime), el valor de los nuevos pasivos que respaldaban se vino abajo (reciente depreciación del dólar).

En última instancia, por tanto, la crisis económica actual es una consecuencia de la manipulación crediticia que practican unos bancos centrales monopolísticos sobre sus emisiones monetarias de curso legal.

En un sistema libre de divisas competitivas, el respaldo en oro o cualquier otro activo tangible hubiese limitado mucho antes la brutal expansión crediticia que dio lugar a las malas inversiones colectivas que ahora estamos purgando mediante la crisis.

Este artículo fue publicado originalmente en ElCato.org el 15 de octubre de 2008

Referencias:

1. “Los billetes y monedas denominados en euros serán los únicos de curso legal en el territorio nacional.”, art. 3.2 de la Ley 46/1998, de 17 de diciembre, sobre introducción del euro.

2. “El BCE tendrá el derecho exclusivo de autorizar la emisión de billetes de banco en la Comunidad. El BCE y los bancos centrales nacionales podrán emitir billetes”, art. 106 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea.

Paul Krugman: un Nobel a la ortodoxia

Ayer se falló el premio Nobel de Economía 2008. Contra todo pronóstico fue Paul Krugman el agraciado. Las apuestas en Internet rondaban a Eugene Fama, Robert Barro, Jagdish Bhagwati… pero el elegido ha sido Krugman.

Son indudables sus aportaciones a la teoría del comercio internacional a partir de la teoría clásica de David Ricardo en el siglo XIX y de Hecksher y Olin más adelante; a la teoría de la localización geográfica, que ha derivado en la famosa teoría de los clusters; y a la teoría del comercio estratégico basándose en ideas de Avinash Dixit (otro de los perdedores). Y la elección "temática" sigue la línea de los Nobel ya concedidos a Bertil Ohlin y James E. Meade (1977), Robert A. Mundell (1999) o Paul A. Samuelson (1970). Tampoco es la primera vez que se premia a un economista manifiestamente de izquierdas, como Gunnar Myrdal (que compartió podium con Hayek, nada más y nada menos), John K. Galbraith o Joseph Stiglitz.

Y, sin embargo, hay cierta incomodidad en gran parte de la profesión. Por un lado, hay que apuntar que sus trabajos sobre comercio internacional pusieron de nuevo encima de la mesa la pregunta que los economistas arrastramos desde el siglo mercantilista: ¿a quién beneficia el comercio? Los mercantilistas, negociantes del siglo XVII en su mayoría, que escribían informes al soberano para asesorar acerca de la política a seguir y de paso, medrar en sus asuntos, defendían la falacia del comercio contemplado como un juego de suma cero (en un intercambio bilateral, uno gana y otro pierde). Esta idea tenía consecuencias peligrosas, en primer lugar, si de dos participantes en el intercambio uno va a perder, ya puestos, que pierda el otro y no yo. Y segundo, si el otro participante está ganando, es porque yo estoy perdiendo. Y el resultado fue la conocida guerra mercantil entre naciones.

Si bien en el siglo XIX David Hume, Adam Smith, David Ricardo y otros autores consiguieron desmontar estas ideas erróneas y demostraron que el comercio es un juego de suma positiva en el que todos ganan, quedaba la cuestión de quién gana más. Paul Krugman defendió que el libre comercio teóricamente podía dar lugar a concentración empresarial debido a los rendimientos crecientes, y además, planteó la subvención de determinadas empresas exitosas en el mercado internacional, el proteccionismo estratégico, para ganar este juego mercantil. Y aquí aparecen los primeros mohines. A pesar de esta demostración teórica, en notas a pie de página, Krugman advertía que estas conclusiones no dejaban de ser artefactos del modelo y no conclusiones de política económica, de manera que no debería interpretarse su teoría como un ataque al libre comercio. Sin embargo, no debió ser muy claro, ya que así fue como se interpretó su teoría, favoreciendo el retorno a la era mercantil.

Este doble rasero es típico de una generación de economistas teóricos que aceptan y rechazan a un tiempo el libre comercio, se apuntan al carro del capitalismo, pero sin respetar por completo la propiedad privada de los medios de producción (que es lo que define este sistema económico), y respaldan, de esta manera, la ficción llamada "socialismo de mercado", que no es otra cosa que el mercantilismo del XVII con ropas del siglo XXI.

Por supuesto, los economistas austriacos, que están presenciando una nueva ratificación de que su teoría del ciclo es válida le pese a quien le pese, no salen de su asombro. Krugman hizo una crítica a esta teoría austriaca con no mucha fortuna, como lo pone de manifiesto Juan Ramón Rallo (entre otros).

Sin embargo, entiendo que este Nobel sigue la línea de otros que simplemente premian la ortodoxia, la corriente principal que desafortunadamente triunfa en nuestros días: el neokeynesianismo. Personalmente, no creo que el Nobel sea tan representativo, excepto como pulso de la actualidad. No es significativo como muestra de talento económico o científico. Pero no seamos hipócritas, eso se aplica a todos los Nobel, tanto a Al Gore como a Friedrich Hayek, James Buchanan o Vernon Smith… La Academia apuesta por la innovación o por la corriente principal o por la vanguardia, y en este caso, ha apostado por el mainstream, que efectivamente, es lo que se lleva.

Pero hay otro mensaje en esta elección verdaderamente preocupante. Tal y como plantea Peter Boettke en su artículo publicado ayer en la revista Forbes, lo que diferencia a Stiglitz de Krugman es que mientras que el primero dejó de lado la investigación puramente académica para dedicarse a la propaganda política tras ganar el Nobel, Krugman no ha escrito prácticamente ningún artículo científico desde hace una década, y se ha implicado desde entonces en el activismo político pro-demócrata y anti-Bush en exclusiva. El peligro de esta elección es que, mientras que para algunos se trata de un galardón a toda una carrera, para otros, la Academia sueca hace un guiño a los demócratas a semanas vista de las elecciones en Estados Unidos. Y desde ese momento se pierde el carácter científico del asunto. Ya no se trata de una cuestión de tendencias teóricas, de modelos o de heterodoxias, es un tema político y de incentivos a la investigación. ¿Dónde queda el trabajo del economista investigador que se lo toma en serio? ¿Qué tipo de tesis doctorales esperamos presentar cuando el supuesto máximo galardón económico es una cuestión de moda política? Eso sí me parece muy peligroso.

Por mi parte, presiento que si no nos centramos en lo relevante, terminaremos asistiendo a la concesión del Nobel de Economía a personajes insospechados pero muy a la moda y afines con el buenismo y las recetas de todo a cien, a un gurú de gurúes.

Deepak Chopra, por ejemplo.

El rescate bancario lo pagará usted

Además, los Gobiernos se arrogan la potestad de comprar acciones de las entidades que así lo soliciten en caso de que requieran urgentemente capital para sanear sus deteriorados balances. Es decir, los contribuyentes asumirán las malas inversiones crediticias efectuadas por la banca al calor de la expansión crediticia desarrollada durante los últimos 15 años.

Pero vayamos por partes. ¿Culpables? Sí. Los bancos centrales, liderados por la Reserva Federal de EEUU (Fed) y el Banco Central Europeo (BCE), manipularon arbitrariamente los tipos de interés, situando el precio del dinero a niveles bajísimos durante un largo período de tiempo. No obstante, la masa monetaria en forma de billetes y depósitos (M3) ha registrado incrementos medios superiores al 10% anual durante los últimos años, llegando a multiplicar el volumen total de dinero que circula en el sistema.

Dicha sobredosis de liquidez se ha materializado a través de la concesión de créditos a un interés muy bajo. Este proceso, conocido en la teoría austríaca del ciclo como expansión crediticia, ha incitado a todos los agentes económicos (promotores, bancos, familias y empresas en general) a caer en grandes errores de inversión. El dinero fácil ha generado un elevado endeudamiento sin la necesidad de contar con un ahorro previo y ha atenuado en gran medida la percepción del riesgo que conlleva la realización de toda inversión o proyecto empresarial.

La abundancia de dinero es lo que ha originado las distintas burbujas, inmobiliarias, bursátiles y crediticias, que ahora están explotando a nuestro alrededor. Y es que, tarde o temprano, el mercado impone su ley, tras demostrar que la elevada rentabilidad que ofrecían ciertos negocios tan sólo era posible bajo el paraguas de la laxa política monetaria aplicada por los reguladores financieros.

El error aquí radica en que, si bien los bancos centrales tienen como principal misión controlar los precios de los bienes y servicios de consumo, no se han percatado, o no se han querido percatar, de que la inflación, en este caso, se ha materializado en una espectacular subida de precios en determinados activos, como los inmuebles o los títulos hipotecarios respaldados por éstos.

Ahora, el castillo crediticio se derrumba y con él los sectores que más han crecido al abrigo de la citada política monetaria, tales como la vivienda, la automoción, la bolsa, los fondos de inversión y productos derivados y, por su puesto, la banca. Como consecuencia, asistimos al actual crack. Un brusco ajuste que, a su vez, se traducirá en una intensa recesión y, posiblemente, un prolongado estancamiento económico.

Por ello, es más necesario que nunca depurar las malas inversiones y reorientar el ahorro de los ciudadanos hacia sectores de la economía más rentables y productivos. Sin embargo, la caída crediticia está tambaleando los cimientos del sistema bancario. Ante la crisis de solvencia financiera, que no sólo de liquidez, los Gobiernos se han lanzado al rescate. Primero de las entidades en quiebra y ahora del sistema en su conjunto.

En esencia, los recientes planes de nacionalización y garantía pública del mercado interbancario están trasladando al bolsillo de los contribuyentes el elevado riesgo asumido por ciertos sectores de la economía. La Espada de Damocles está ahora sobre nuestras cabezas. Las medidas aplicadas por los bancos centrales para frenar la crisis no han servido de nada, puesto que la raíz del problema no era la liquidez, y ante su incapacidad los Gobiernos (usted y yo) han tomado el relevo.

Las garantías gubernamentales se harán cargo de la abultada factura, sustituyendo el papel que, hasta ahora, correspondía a las aseguradoras de crédito privadas. En este sentido, la crisis se ha cobrado ya la insolvencia de compañías de la talla de AIG, Ambac o MBIA. Aseguradoras que, en la actualidad, están en situación de quiebra técnica. La cuestión ahora será dilucidar qué Estados se salvarán de la bancarrota.

Islandia ha sido el primer país en caer. Su Gobierno ha nacionalizado la banca del país y acaba de decretar un corralito. De hecho, ha recibido la ayuda financiera de Rusia. Pese a ello, su bolsa se ha desplomado más de un 70 por ciento y su moneda se ha depreciado en extremo. Hungría ha solicitado un crédito urgente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y las dudas se ciernen ahora sobre algunos países del Este de Europa (Rumanía) y América Latina (Argentina), entre otros.

Y es que la deuda estatal y las divisas nacionales también cotizan en los mercados y su calidad depende de la situación económica del país, del la salud y equilibrio de las cuentas públicas y, en definitiva, de la confianza de los inversores. Muy bien, ya tenemos plan de rescate bancario. Y yo me pregunto, llegados a este punto y gastada la última bala, ¿quién nos rescatará a nosotros?

Zopa y el intervencionismo en EEUU

No obstante, casi todos los que lo han intentado apuntaron al "aplanamiento" del que hablara Thomas Friedman: en la web 2.0 podemos hacer por nosotros mismos cosas que antes requerían de una serie de intermediarios que, además, salían bastante caros los jodíos. Piensen, por ejemplo, en Bubok o Lulu, donde cualquiera puede autopublicarse un libro sin necesidad de pasar por una editorial.

Una de las actividades que más sorprende que se lleven a cabo, al menos en otros países, gracias a esa web 2.0, es el llamado P2P lending, que consiste en poner en una web a quienes tienen dinero para prestar y a quienes quieren un crédito para que lleguen a un acuerdo sin necesidad de intermediarios. Un eBay de los préstamos, por así decir. De todas las compañías dedicadas a esto (hay una española, PartiZipa, pero está limitada a la financiación de nuevas empresas), destaca por su veteranía la británica Zopa.

En estos momentos en que la práctica de los bancos de prestar a largo plazo el dinero que sus clientes depositan a corto está provocado quiebras por todo el mundo y un gasto público brutal que estaremos pagando durante décadas para evitar la desaparición del actual sistema financiero, parece que tiene sentido que quienes puedan dar un préstamo a largo plazo y quienes lo necesitan lleguen a acuerdos entre ellos de forma directa.

Estos días, los corresponsales que nada saben de economía y los periodistas progres que están encantados de haberse conocido no hacen otra cosa que echarle la culpa al capitalismo de la crisis que actualmente padecemos. En los informativos de Antena 3 –que se supone que es la única cadena de televisión nacional que no es de izquierdas–, la presentadora y el corresponsal en Estados Unidos se frotaban las manos relatando como "el país del capitalismo" se hacía europeo y copiaba las medidas de Gordon Brown. Como tantos mitos acerca del gigante norteamericano, presumir que no impone regulaciones y que las empresas operan allí sin restricciones es ridículo. Son los estadounidenses quienes aprecian más el capitalismo que los europeos y se comportan de una forma más acorde con ese sistema, más emprendedora. Eso es lo que hace de Estados Unidos un país, si se quiere, más "capitalista" que las naciones europeas. Pero en esto no tienen mucho mérito sus políticos y gobernantes. No digamos ya Bush.

De hecho, Zopa acaba de cerrar sus puertas en Estados Unidos. La razón es que no operaba allí de la misma manera que en Japón, Italia y Reino Unido, los demás países donde está presente. Debido a las exigencias regulatorias, todo el negocio debía pasar a través de una entidad financiera establecida y aprobada por las autoridades y éstas no pasan por el mejor momento, como todo el mundo sabe, así que los clientes serán recolocados en las distintas cooperativas de crédito con las que tuvo que asociarse. Así que aquello que puede hacerse en toda la reguladísima Europa no puede llevarse a cabo en los liberales y salvajemente capitalistas Estados Unidos.

Es mejor no creerse los mitos sobre Estados Unidos. Ni lo que se refieren a la pobreza ni otros muchos. Tampoco estaría de más dejar de creerse que el sistema capitalista es el culpable de esta crisis. Porque el sistema financiero es, en todo el mundo, un oligopolio regulado por el Estado que trabaja con una materia prima, el dinero, que es un monopolio gestionado por los bancos centrales. Pero supongo que es mucho pedir a la casta de opinadores profesionales de este país.

Una democracia inmadura

A la democracia en España aún le quedan muchas décadas para hacerse mayor; las visiones intervencionistas y totalitarias aún ocupan buena parte del espacio político aunque se revistan de un supuesto espíritu democrático que no pasa de plebiscitario. Los gobernantes españoles consideran el voto como un cheque en blanco que les permite saltarse cualquier principio ético o moral que les impida conseguir sus particulares objetivos políticos, es decir, la simple posesión del poder, ciertas cosmovisiones utópicas o procesos de ingeniería social que buscan una sociedad aparentemente perfecta o incluso exclusivista.

En los últimos días se han producido dos situaciones que corroboran esta visión tan pesimista. El Partido Popular (PP) lleva varias semanas negociando con sus actuales socios de Unión de Pueblo Navarro (UPN) para que voten en contra de los Presupuestos Generales del Estado, pero éstos, que dependen del Partido Socialista de Navarra (PSN) para gobernar esta región, anuncian su abstención. Las consignas oficiales de las dos organizaciones son dogma y la situación entre populares y navarros es tensa, existiendo un serio peligro de ruptura.

En España existe en teoría separación de poderes, aunque en la práctica el ejecutivo domine sin problemas al legislativo y ambos controlen un poder judicial cada vez más político. Pero más allá de este importante desarreglo institucional, en España lo que no existe es libertad de conciencia, la disciplina de partido hace que se vote monolíticamente y el que se opone a la decisión oficial termina fuera de la siguiente lista electoral. Es lógico pensar que la mayoría de los componentes de un partido político votarán afirmativamente a una determinada propuesta de su líder, pero también es cierto de que si existiera verdadera libertad, habría un conjunto de votos que no seguirían la consigna oficial y que se basarían en principios propios o en la mejor defensa de sus representados. El poder exagerado de los partidos políticos y la dificultad que tiene la sociedad para castigar los comportamientos inapropiados de sus representantes (las elecciones son cada cuatro años y eso es demasiado tiempo para la memoria colectiva) castiga la libertad de conciencia y de rebote al ciudadano.

No menos importante ha sido la actitud del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que ha anunciado una ordenanza prohibiendo, entre otras cosas, los hombres-anuncio. La razón que ha trascendido a la prensa, y así lo ha declarado el propio alcalde, se reduce a una cuestión de dignidad. La pregunta es si una persona que se gana la vida de esta manera, temporal o definitivamente, es más digna en el paro. El poder político, en este caso municipal, ha vuelto a imponer la moral por ley. La dignidad es un término subjetivo y por tanto opinable. No es la primera vez que desde este ayuntamiento se aborda un tema moral: su cruzada contra la prostitución (y no contra la delincuencia que la rodea) es otro ejemplo.

Sin embargo, no todos están de acuerdo en las razones que han impulsado al alcalde a tomar esta medida, el hecho de que también quiera prohibir la publicidad en coches privados y regular aún más los anuncios por toda la ciudad, invita a algunos afectados a pensar que el alcalde quiere monopolizar este mercado publicitario y aliviar la elevada deuda municipal que sus faraónicas obras han provocado. Y es que un madrileño endeudado tiene mucha dignidad, aunque sea más pobre.

Artificios electro-tarifarios

En el sector eléctrico, a diferencia de lo que ocurre en cualquier otro no tan intervenido, no existen precios determinados por las fluctuaciones del mercado sino tarifas establecidas por el humor del Ministerio de Industria de cada gobierno. En su deseo de proteger paternalmente a los usuarios ante al aumento de los costes de generación, se imponen artificialmente a las compañías eléctricas precios tasados por kWh mediante su publicación periódica en el BOE. Una de las consecuencias de este dirigismo económico es que, al facturarse la electricidad a un precio inferior del que realmente cuesta producirla y distribuirla, se acaba arrastrando en las cuentas de las eléctricas un déficit creciente.

El Ejecutivo reconoce, empero, el derecho que tienen dichas eléctricas a cobrar ese déficit tarifario y a recuperarlo progresivamente mediante un recargo en la propia tarifa durante los tres lustros siguientes al ejercicio en que se genera.

El mecanismo ideado por el PP en su paso por el Gobierno para contener la inflación cuando los tipos de interés eran bajos es el siguiente: para no tener que esperar tanto (15 años) a que las compañías eléctricas cobren la diferencia del déficit se les permite titulizar los derechos de cobro de dicha deuda y obtener los créditos correspondientes. Así, el regulador del sector (la CNE) organiza actualmente unas subastas más o menos trimestrales en el mercado financiero internacional para que los bancos hagan sus ofertas. Una vez conseguidos los créditos bancarios viene la distribución millonaria que tiene que realizar la CNE entre las eléctricas que entran en una guerra sin cuartel (no exenta de fraudes) por determinar cuáles han sido los costes de generación de cada compañía para repartirse ese codiciado botín. Como cada grupo eléctrico tiene un conjunto muy variado de plantas y centrales de producción y su contabilidad es compleja, es un verdadero galimatías determinar fehacientemente el déficit generado en cada una de ellas. El Gobierno intenta “fijarlo” a golpe de regulación. Al final se ha decretado como uno de los criterios básicos de reparto el de la cuota de mercado de cada eléctrica; como si ésta no pudiera cambiar con el paso del tiempo (la sombra de la competencia perfecta es alargada).

Para empeorar aún más las cosas, varias subastas han quedado parcial o totalmente desiertas a pesar de haber respaldado el Estado las condiciones de garantía de la deuda y pese a poder cobrarse ya el déficit antes de que se produzca. Se estima que para finales de 2008 habrá un déficit acumulado desde el 2002 de unos 14.000 millones de euros (casi un 1,3% de nuestro PIB y un 48% de los ingresos anuales de todo el sector eléctrico). Ha alcanzado tales niveles que ya no es colocable en los mercados financieros con la crisis y la estrangulamiento del crédito que padecemos. Para colmo, el déficit seguirá aumentando unos 4.000 millones de euros cada año si seguimos con las acostumbradas electro-tarifas. El sistema de regulación tarifaria y su financiación ideado por los políticos ha hecho aguas.

Además, otra consecuencia indeseada de las tarifas es que impiden lisa y llanamente que aparezca más competencia en el sector eléctrico; no hay incentivos para ello. Se olvida, por lo demás, que los precios son los mecanismos más eficaces para fomentar el ahorro y la eficiencia entre los consumidores. El ministro Sebastián cree que esto se logra mediante la aplicación de las tarifas sociales progresivas aprobadas recientemente que penalizan los consumos juzgados por la casta política excesivos de las residencias habituales o bien regalando masivamente bombillas de bajo consumo a la población durante el 2009. Puro diseño de planificador social para eludir la (menos imperfecta) coordinación informativa de los factores de producción llevada a cabo por los precios libres.

El funambulismo paranoico del intervencionismo político se refleja en que junto al abaratamiento artificial de la factura eléctrica vía tarifas irreales se grava, por otro lado, el recibo eléctrico indebidamente con variopintos impuestos como los debidos por emisiones de CO2, por subvenciones regaladas a otras energías renovables e ineficientes o los que financian a las autonomías por solidaridad interterritorial. Puro artificio interventor.

Mientras, sigue la comedia: la CNE (poli malo) presenta inútiles informes proponiendo subidas de tarifas eléctricas al Ejecutivo (poli bueno) que las lima como si de precios se trataran para embridar el IPC y lograr réditos electorales sin importarle la evidente desconexión creciente entre la evolución de los costes de producción y el pago del consumidor. Las eléctricas, por su parte, sacan todo el partido posible a dicha trampa tarifaria con decenas de vericuetos mientras los usuarios pagan su factura maquillada a la baja pensando que disponen de abundante energía barata sin percatarse que, con el tiempo, terminan pagando diferidamente (y con intereses) lo que han consumido y no han pagado en su momento, a modo de una segunda hipoteca oculta. Eso sí, el progre siempre puede consolarse y pensar que va a traspasarse el déficit a las generaciones venideras como si de distribución de cargas sociales se tratara; será por falta de escrúpulos…

Habría que recordar a todos ellos lo más grave: la falta de precios verdaderos desincentiva las inversiones necesarias en plantas y redes. La merma de beneficios así como el agujero creciente en la tesorería de las compañías eléctricas producido a causa de todo este desaguisado interventor puede poner en serios apuros la propia seguridad y calidad del suministro que ha de atender a una demanda siempre creciente.

Desde el pasado 1 de julio 2008 el consumo industrial de alta tensión se guía por precios, no por tarifas, para cumplir parcialmente con la directiva europea de 2003/54. Pero para garantizar la seguridad del suministro en su conjunto es necesaria una completa y verdadera liberalización del sector y no la farsa que tenemos en escena actualmente. Para ello habría que tirar a la basura todo el sistema de tarifas y dejar que hablen esas inestimables señales del mercado que son los precios amén de permitir la libre entrada a otros operadores en el sector. Mientras ambas cosas no sucedan, a pesar de las buenas intenciones de la Ley del Sector Eléctrico y sus desarrollos reglamentarios o la existencia del OMEL, perdonen que me carcajee cada vez que oiga hablar del “mercado eléctrico”.

Coda final: no faltarán los demagogos que sigan pidiendo intervención para proteger al desvalido usuario o para erigir campeones o barreras nacionales en el sector. Una pena.

Crisis del liberalismo y austroliberalismo para la crisis

Con el avance de la crisis proliferan los artículos en los que se vaticina un negro periodo antiliberal tras el triunfo de la política intervencionista de la administración Bush y demás mercantilistas y socialistas que, por desgracia, abundan. Sin duda que estos torticeramente llamados rescates de bancos y entidades, que malinvirtieron el dinero inflacionario y el crédito expandido artificialmente por los gobiernos, serán letales para quienes proponen políticas económicas liberales. Malos tiempos para el liberalismo, dicen.

Pero viendo las cosas menos groseramente me atrevo a avanzar que, a pesar de no poder proponer alternativas políticas definidas al actual sistema político en el que lo liberal ha fracasado, la Escuela Austriaca puede, mejor que ninguna otra, destacarse, definirse e, incluso, incrementar su ámbito de influencia con la recesión económica. Puede porque explica mejor que nadie las raíces del problema, su teoría del ciclo es profunda y es capaz de predecir tendencialmente con más fiabilidad que los keynesianos, los friedmanitas y demás. Por tanto, ¿por qué resignarse a ser arrastrados por el descrédito del mercado?

Para empezar a salvar al liberalismo es necesario que los austroliberales no transijan con gobiernos que liberalizan sin más ciertos mínimos ámbitos de la economía. Si el Estado no abandona su monopolio de creación de dinero, si el sistema bancario no deja de ser el fraude ético que es desde hace décadas, no hay mercado libre. Por tanto, ni siquiera gobernando el PP con Aznar o con quien sea, ni si dirigiera la maquinaria estatal una reedición de Reagan o Thatcher, es aceptable entusiasmarse con sus políticas. Si hay keynesianismo o una conjunción de éste y de monetarismo seudoliberal, no hay libre mercado.

Cuando en tiempos de bonanza económica muchos liberales se lanzan a proclamar a ésta como resultado del triunfante liberalismo económico, sin más, no cabe lamentar que la depresión necesaria y subsiguiente sea achacada igualmente a la misma doctrina. No vale bendecir un sistema y, en las malas, desmarcarse de él diciendo que "no era esto". O se conjuga "ser" en presente o se calla después. Y es que, cuando hay crecimiento del PIB, vaca sagrada de los paradigmas políticos y económicos hegemónicos, los austroliberales pueden y, a mi juicio, deben, censurar abierta y prioritariamente el monopolio monetario del Estado y la expansión piramidal del crédito con aval gubernamental. En la recesión posterior la teoría saldrá reforzada y podrá desmarcarse de los liberales que no pueden contradecir la marea intervencionista con que los políticos aprovechan las crisis.

En un anterior artículo mostraba preocupación por la escasa, aún, implantación del austroliberalismo, sin el necesario desarrollo de propuestas políticas aplicables. Ser políticamente viable es necesario, imprescindible, para, además, ser aceptado. Pero no es la única premisa para el triunfo pues, si fuera así, cualquier otra solución de las que más se compran en el mercado –no libre– de lo político, sería más aceptable. El fundamento iusnaturalista es imprescindible para avanzar e impulsar un cambio hacia la libertad. Aunque es cierto que ser palpablemente viable ayuda mucho, en épocas de "bonanza" económica, cuando se gesta la crisis, ayuda mucho acompañar los diagnósticos y críticas de una defensa ética del derecho natural a la propiedad, alterado y perturbado, enormemente ya en la fase álgida.

Imperturbable en el acierto económico el austroliberalismo puede construir una teoría, también de lo político.

¿Más leña al fuego?

Decir siempre lo mismo es propio de tontos y locos, pero en su caso, que nada tiene ni de lo uno ni de lo otro, es un sufrido ejercicio de responsabilidad política, al menos tal como Rajoy la entiende.

El diario El Mundo revela que la crisis comienza a hacer mella en el apoyo de los españoles al Gobierno. Parece ser que al menos una parte de quienes votaron a Zapatero se empiezan a plantear si aquello de la memoria histórica, o crear una España a retazos estatutarios, o celebrar sesiones de odio con Rajoy y el PP en el papel de Goldstein, a lo mejor no es tan importante. Al menos, teniendo en cuenta que los precios de la cesta de la compra suben más del 7 por ciento, que pagar una hipoteca es como jugar a ahorcado, que el número de parados crece de forma alarmante y que todo lo que propone el Gobierno es que va a coger el dinero de cada uno de nosotros para repartirlo entre los bancos (por cierto, los votantes ¿socialistas? tragando este sapo porque se lo dice el jefe; se ve que son gente disciplinada y de orden).

Y hay quien votó a Zapatero hace menos de un año, pero preguntado en una encuesta dice ahora que no lo haría. ¿Tenía razón Rajoy frente a quienes le hemos criticado? ¿Le llevará ese discurso monótono de la economía al Gobierno? No soy un experto, pero creo que la crisis durará más allá de 2010, en contra de lo que muchos dicen, y puede que suenen los últimos estertores de la crisis en plenas elecciones. Pero para el 12, acaso en plena recuperación, la crisis no tendrá la importancia de ahora. Y entonces la cuestión no será qué responden un puñado de españoles a un encuestador, sino por quién entregan su papeleta electoral.

La gente se puede permitir negarle el voto al PSOE en las elecciones europeas, porque las ve (no sin razones) como unas elecciones sin coste, es decir, sin relevancia. Pero lo mismo puede hacer con el PP, y un resultado notable de UPyD puede dar la impresión de que hay una alternativa a la alternativa. Y Rosa Díez no le teme al debate ideológico, quizás porque no tiene miedo de que le acusen de ser la "derechona". Muchos votantes del PP, y no pocos del PSOE, la van a preferir a ella.

La derecha descreída y garbancil no tiene futuro. No heredará el poder ni de forma tutelada, que es lo más a que podría aspirar el actual PP. Por ese motivo, Mariano Rajoy tiene que ceder su liderato y convocar un nuevo Congreso en 2010.