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¿Más leña al fuego?

Decir siempre lo mismo es propio de tontos y locos, pero en su caso, que nada tiene ni de lo uno ni de lo otro, es un sufrido ejercicio de responsabilidad política, al menos tal como Rajoy la entiende.

El diario El Mundo revela que la crisis comienza a hacer mella en el apoyo de los españoles al Gobierno. Parece ser que al menos una parte de quienes votaron a Zapatero se empiezan a plantear si aquello de la memoria histórica, o crear una España a retazos estatutarios, o celebrar sesiones de odio con Rajoy y el PP en el papel de Goldstein, a lo mejor no es tan importante. Al menos, teniendo en cuenta que los precios de la cesta de la compra suben más del 7 por ciento, que pagar una hipoteca es como jugar a ahorcado, que el número de parados crece de forma alarmante y que todo lo que propone el Gobierno es que va a coger el dinero de cada uno de nosotros para repartirlo entre los bancos (por cierto, los votantes ¿socialistas? tragando este sapo porque se lo dice el jefe; se ve que son gente disciplinada y de orden).

Y hay quien votó a Zapatero hace menos de un año, pero preguntado en una encuesta dice ahora que no lo haría. ¿Tenía razón Rajoy frente a quienes le hemos criticado? ¿Le llevará ese discurso monótono de la economía al Gobierno? No soy un experto, pero creo que la crisis durará más allá de 2010, en contra de lo que muchos dicen, y puede que suenen los últimos estertores de la crisis en plenas elecciones. Pero para el 12, acaso en plena recuperación, la crisis no tendrá la importancia de ahora. Y entonces la cuestión no será qué responden un puñado de españoles a un encuestador, sino por quién entregan su papeleta electoral.

La gente se puede permitir negarle el voto al PSOE en las elecciones europeas, porque las ve (no sin razones) como unas elecciones sin coste, es decir, sin relevancia. Pero lo mismo puede hacer con el PP, y un resultado notable de UPyD puede dar la impresión de que hay una alternativa a la alternativa. Y Rosa Díez no le teme al debate ideológico, quizás porque no tiene miedo de que le acusen de ser la "derechona". Muchos votantes del PP, y no pocos del PSOE, la van a preferir a ella.

La derecha descreída y garbancil no tiene futuro. No heredará el poder ni de forma tutelada, que es lo más a que podría aspirar el actual PP. Por ese motivo, Mariano Rajoy tiene que ceder su liderato y convocar un nuevo Congreso en 2010.

La crisis se llevará al PP al garete

Se reirán unos de otros porque la autoadmiración que se profesan les impide reírse de sí mismos. Nicolas Sarkozy fue el encargado de poner orden en este tronchante encuentro en el que, sin duda alguna, Zapatero fue uno de los protagonistas. ¿Pudo algún mandatario europeo evitar reírse del presidente español en las actuales circunstancias? ¡Imposible! Las carcajadas debieron ser sonoras cuando recordaban aquello de que hablar de crisis era –en mayo de este año– "antipatriótico, inaceptable y demagógico". El mismo Zapatero que afirmaba hace semanas que los españoles estábamos en el mejor barco para sortear la crisis provocada por Bush acude ahora a París tras aprobar deprisa y corriendo un plan "no necesario" (¡sic!) para comprar activos de la banca por 50.000 millones de euros. Yo es que me parto sin necesidad de estar en París.

Pero Zapatero no fue el único payaso de la cita. Hasta allí también se desplazó Ángela Merkel. La maquinista de la locomotora europea llegó a Francia anunciando a gritos la nacionalización de la banca germana y pidiendo que se hiciera lo mismo con la europea después de haber estado proclamando durante meses que "en Alemania no había peligro de recesión". Tampoco faltó a la cita Durao Barroso, presidente de la Comisión Europea. Sin él la reunión no hubiese sido ni la mitad de tronchante. Me la juego a que nadie pudo evitar recordar que bien entrado el año 2008, Barroso seguía diciendo a los ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo que la crisis "no tendría consecuencias drásticas para la Unión Europea".

El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, no quiso perderse esta desternillante cumbre sin quizás darse cuenta de que él sería el principal hazmerreír de la velada. Y es que cómo no iban los invitados a recordar que a principios de año Trichet "descartaba una crisis inmobiliaria en la Unión Europea". Este señor es la monda. Cuando ya no tuvo más remedio que reconocer que la crisis nos había tocado de lleno sólo se le ocurrió culpar a los Estados Unidos.

Lo que me choca es que Sarkozy no invitara a Joaquín Almunia. Su presencia hubiese permitido risotadas espectaculares. Hubiese bastado que alguien le recordara al comisario europeo su previsión oficial de finales de diciembre del año pasado asegurando con rotundidad que "descartaba crisis económica en 2008" para que las carcajadas se escucharan por todo el Sena.

Lo grave es que estos payasos del circo político europeo, que son quienes han provocado la crisis en la que estamos a través de sus políticas y regulaciones sobre nuestro intervenido sistema financiero, sean quienes vayan a diseñar un plan de salvación. Eso ya no debería hacer gracia a nadie.

Fernando Herrera – Mises y el mercado de las telecomunicaciones

Fernando Herrera explica  la teoría del control de precios de Mises, aplicándola al caso de los servicios mayoristas de telecomunicaciones, demostrando que la regulación establecida conduce a la planificación central. La conferencia se basa en un artículo del ponente publicado recientemente en The Journal of ITP, posiblemente la primera vez que Mises es citado en un Journal sobre telecomunicaciones. 10/10/2008.

¿De la crisis al liberalismo?

Naomi Klein, en su libro La doctrina del Shock, sostiene que los gobiernos, auspiciados por ideólogos liberales, aprovechan los contextos de crisis para liberalizar la economía y reducir el tamaño del Estado. Las políticas liberales son impopulares y las crisis menoscaban la resistencia ciudadana a esas reformas.

Murray Rothbard considera que una situación de crisis es potencialmente ideal para un cambio de sistema social. En For a New Liberty Rothbard señala: "Para que tenga lugar un cambio social radical –un cambio a un sistema social distinto– debe haber lo que se denomina una ‘situación de crisis’. Debe haber, en resumen, una quiebra del sistema existente que llame a una búsqueda de soluciones alternativas".

Siguiendo a Klein y a Rothbard parece que la actual crisis económica debería llevarnos directos al liberalismo. Además, la Escuela Austriaca, bastión del liberalismo, está siendo reivindicada por su teoría del ciclo económico y es hoy bastante más popular que en el 29. ¿Veremos un resurgir del liberalismo después de la crisis?

El principal problema con la tesis de Klein y la propuesta de Rothbard es que la historia demuestra que el Estado se engrandece durante las crisis, se introducen medidas intervencionistas excepcionales que nunca se hubiera aprobado en períodos de normalidad y que luego son muy difíciles de suprimir.

Bryan Caplan, cuyo principal campo de estudio es la irracionalidad de los votantes, tiene una interesante hipótesis: las malas ideas producen malas políticas, las malas políticas producen un menor crecimiento económico, y un menor crecimiento económico produce malas ideas. Es un círculo vicioso que a veces solo la suerte puede romper.

La tercera proposición es la menos intuitiva. Caplan explica que, en el plano individual, un crecimiento de la renta personal (que no un nivel de renta más alto) se traduce estadísticamente en un mayor conocimiento económico. Los pobres que ven crecer su riqueza (como los inmigrantes) tienen de media más conocimientos económicos que los ricos cuyas rentas disminuyen. Este fenómeno se debe, presumiblemente, a que las personas que ven crecer su renta experimentan el proceso de creación de riqueza del mercado y aprenden de comportamientos económicos sanos.

La conexión entre empobrecimiento y malas ideas, sostiene Caplan, no es lógica sino psicológica: "No es lógico abrazar ideas contraproducentes solo porque las condiciones están empeorando, pero la gente lo hace igualmente. Quizás la mejor explicación es que la gente piensa en una metáfora militar: debemos evitar un Gobierno agresivo cuando son buenos tiempos, pero durante una crisis tenemos que enseñar a nuestros enemigos una lección en lugar de perder el tiempo cavilando contemplativamente sobre la causas de la crisis."

Pero si la gente recurre a esta metáfora es porque ya tiene unos conocimientos económicos erróneos, por tanto la metáfora no sirve para explicar el origen del error. Caplan menciona otra idea que me parece más interesante: en períodos de crisis o de condiciones económicas deterioradas, las personas son más receptivas a las proclamas emocionales y más proclives a la irracionalidad (lo cual conecta con "el romance de la gente"). Por el contrario, en períodos de calma y crecimiento económico la gente está más dispuesta a escuchar y a razonar sosegadamente sobre cómo puede mejorarse el statu quo.

Así pues, no parece haber mucha esperanza para la revolución liberal en tiempos de crisis. Los titulares se limitan a anunciar nacionalizaciones, garantías estatales de depósitos, más creación artificial de dinero… y las ideas liberales (dejar que el mercado depure los bancos y las malas inversiones hechas durante la burbuja, recortar el gasto público y liberalizar el mercado para que los factores de producción se recoloquen y la crisis se acorte) apenas se escuchan fuera de los foros liberales.

Es cierto que el liberalismo hoy está en mejor posición que durante el crack del 29 para hacerse oír, y quizás cuando pase la tormenta crece el interés por esta doctrina visto que es la única que tiene una explicación coherente de las causas de la crisis, explicación que está siendo ampliamente reivindicada. Pero hoy por hoy el estatismo sigue siendo el mejor amigo de las crisis.

Google no es culpable

No se conforman con denunciar a este último por el hecho de que les dé visitas (ellos no lo reconocen pero es la realidad), además viajan por el mundo quejándose de eso mismo. La secretaria general de la entidad de gestión de derechos de los editores de prensa diaria Copiepresse, Margaret Boribon, ha viajado a Madrid con tal fin.

Madame Boribon se ha lamentado en la capital de España de que los buscadores rompen con la tradicional relación entre el lector y el periódico. Según la jefaza de la SGAE de los periódicos belgas, los jóvenes toman como fuente de información el buscador a través del cual llegan a las páginas digitales del diario, no a este último. Eso puede ser cierto, pero la culpa no es de Google o en Yahoo. La responsabilidad es sobre todo de la propia prensa. Si un lector es incapaz de distinguir una cabecera de otra es que éstas han hecho mal su trabajo, al menos en lo que se refiere a Internet.

La tradicional relación entre lector y periódico, que también se da entre algunos diarios digitales o versiones on line de los tradicionales, se debe a que el primero encuentra en el segundo algo que le distinga de su competencia. Si una persona es incapaz de distinguir lo que lee en un sitio u otro, es que ambos se parecen demasiado y así no se puede producir una fidelidad hacia cualquiera de ellos. Cuando los productos se diferencian entre sí, se produce la fidelidad a unos y el rechazo a otros y las personas los distinguen de forma clara. ¿O acaso alguien piensa que alguien confundirá Libertad Digital con Público.es? Los lectores de uno no se fiarán del otro y viceversa.

Servicios como Google News o Yahoo Noticias, que es a lo que se refieren los señores de Copiepresse cuando hablan de "buscadores", suponen una gran oportunidad para los periódicos en Internet. Les redirigen una gran cantidad de tráfico y por tanto les generan un aumento de los ingresos por publicidad. Si no saben convertir esas visitas esporádicas en lectores permanentes el problema es suyo, no de unos servicios que resultan muy útiles a los internautas. Por tanto, es cada diario on line el que tiene que buscar una solución, mejorando su calidad o dando a los usuarios algo que no vayan a encontrar en la competencia.

Denuncias como las que presentaron contra Google o lamentos como el que han llevado a Madrid tan sólo demuestran que los editores belgas de periódicos no quieren evolucionar. Ellos, que deben estar pegados a la actualidad, no se enteran de cómo es ésta. Pretenden que el mundo se adapte a ello, en vez de adaptarse ellos al mundo. Hacen mal su trabajo y pretenden culpar a otros. Lo mismo que ocurre con tantos otros que viven del negocio de los derechos de autor.

Los liberados por fin “trabajan”

Este escaso aprecio hacia la condición racional de los que cada cuatro años le dan su confianza les lleva a organizar campañas tan bochornosas como la que está sufriendo el consejero madrileño de Sanidad desde hace varios meses, que roza lo delictivo pero por el lado de allá del código penal.

La única virtud de esta movilización de los cuadros de la izquierda para acosar al consejero es que, por una vez, estamos viendo a los liberados sindicales hacer algo, aunque sea malo. Últimamente tienen que andar corriendo de un hospital a otro para insultar al consejero, hacer fotocopias de carteles, llevar la cuenta de los compañeros de comando que se escaquean y gritar durante casi una hora para que los jefes no les quiten de la lista de liberados (drama del que un verdadero profesional del sindicalismo tarda mucho en recuperarse). Vean al operario de impresión y tipografía, liberado por la CGT, con su frondosa melena recogida en una elegante cola de caballo y disfrazado de médico y se harán una idea aproximada del nivel ético y estético de los profesionales del sindicalismo español, a los que, por cierto, pagamos el sueldo entre todos.

Quieren una sanidad pública. No que los ciudadanos tengan las mejores prestaciones sanitarias posibles, sino que el servicio se preste por funcionarios en régimen de monopolio, sea cual sea el resultado y el nivel de satisfacción de los usuarios. La izquierda no tolera que la gente prospere con recetas ajenas. Quiere imponer su doctrina, caduca, costosa y clamorosamente inservible, aunque sea a costa de la calidad de vida de sus propios votantes, esos que no tienen dinero para ir a una clínica de lujo o enviar a sus hijos al colegio al que don José Blanco envía a los suyos.

En la cartelería que exhiben últimamente sus algaradas, seguramente obra de Míster Ponytail, piden que el Gran Wyoming sea el consejero de Sanidad. Se conoce que el ritmo de trabajo que la agenda de Juan José Güemes impone a los comandos de liberados les está agotando mucho y ya les está empezando a salir la vena chorra. Por cierto, prefieren al locutor de La Secta antes que al insigne doctor Montes, su icono progresista hasta hace unos meses. Es una prueba más de que ni siquiera el vivir del cuento suprime el instinto de supervivencia.

Actividad e investigación militar

Lo militar es un ámbito especialmente importante y problemático de la investigación científica y la producción de tecnología. Las sociedades y los mercados libres funcionan y generan prosperidad y armonía, pero las agresiones colectivas a gran escala son posibles y es necesario invertir ciertos recursos para repelerlas. Un mundo sin enemigos es un ideal deseable, pero puede resultar letal creer ingenuamente que es cierto cuando no es real (desarme pacifista unilateral frente a agresores sin escrúpulos).

La unión hace la fuerza, pero la propia existencia de los estados colectivistas concebidos como monopolistas territoriales de la jurisdicción y la coacción incrementa las probabilidades de agresiones violentas a gran escala. Los gobernantes suelen recurrir a demonizar a colectivos extranjeros y presentarlos como enemigos para excusar sus sistemáticos fracasos domésticos. Las relaciones comerciales entre individuos de diferentes naciones, la apertura o difusión de barreras políticas y la flexibilidad de la organización social en libertad fomentan la paz.

En el mercado los consumidores premian o castigan a los productores a posteriori, cuando ya existen y están disponibles los bienes y servicios ofertados, y los procesos productivos pueden tener una extensión temporal muy larga. La función empresarial es esencial para intentar prever cuáles serán las preferencias futuras de los participantes en el mercado, anticiparse y realizar propuestas acordes a ellas.

El montaje de una estructura de capital es un proceso costoso y que lleva mucho tiempo, no es algo que suceda de forma instantánea en función de la aparición de una determinada demanda. Este desfase puede resultar fatal en ámbitos como la defensa: no se puede organizar un sistema militar eficiente de la nada cuando un ataque es inminente. En la actividad mercantil ordinaria el fracaso produce pérdidas monetarias que pueden suponer un problema más o menos grave y corregible o recuperable; respecto a la actividad militar el fracaso puede implicar la muerte (irreversible) o el sometimiento (quizás difícilmente superable). Un empresario que sufre pérdidas puede al menos haber aprendido y volver a intentar otros proyectos productivos; una persona o colectividad agredida incapaz de defenderse puede morir o arrepentirse demasiado tarde por no preocuparse adecuadamente de su seguridad.

La preparación militar adecuada en tiempo de paz puede servir como disuasión contra potenciales agresores (si quieres paz prepárate para la guerra), pero otros grupos pueden considerar (de forma correcta o incorrecta) la capacidad bélica ajena como una amenaza. Es importante demostrar la intencionalidad exclusivamente defensiva y legítima del uso de la fuerza por parte de individuos y grupos.

En los mercados libres y competitivos los precios coordinan las decisiones de grandes cantidades y tipos de participantes que adaptan sus acciones a las condiciones cambiantes. Los precios de mercado son plenamente informativos y coordinadores solamente si surgen de las interacciones voluntarias entre personas que contratan libremente y respetan los derechos de propiedad ajenos. Cuando hay muchos participantes más o menos iguales en un mercado los precios son poco sensibles a las decisiones de un actor concreto. Si existen pocos participantes (en el lado de la oferta o en el de la demanda) o algunos tienen mucho más poder que los demás, entonces los mercados son especialmente sensibles a sus decisiones. En algunos ámbitos sociales no existen precios de mercado libre que puedan guiar la actividad productiva.

Una persona realiza una decisión individual cuando elige por y para sí mismo en sus circunstancias particulares y según sus propios intereses, recibiendo directamente las consecuencias de su conducta. Es posible delegar una decisión a otra persona, pero entonces surgen problemas de interacción entre el principal y el agente (diferencias de conocimiento e incentivos). En algunos grupos unos pocos dirigentes o representantes deciden en nombre de muchos miembros de la asociación.

Las relaciones sociales de intercambio pueden ser compraventas puntuales o asociaciones contractuales extendidas en el tiempo que integran, comprometen y restringen a las partes contratantes. Algunas asociaciones contractuales estables emplean jerarquías de mando como estructura de organización (una empresa, un ejército).

En el ámbito de la defensa estatal unos pocos políticos y asesores militares toman decisiones que afectan a todos sus ciudadanos utilizando grandes cantidades de recursos confiscados a los contribuyentes. El Estado es un monopsonio (único comprador) de recursos bélicos, especialmente cuando por razones estratégicas prohíbe a sus empresas la venta al extranjero. La actividad militar estatal implica planificación central y jerarquías de mando sobre soldados voluntarios o reclutados a la fuerza. El cálculo económico basado en la contabilidad monetaria se sustituye por el triunfo o la derrota en la guerra (o en procesos electorales en los cuales se dirimen de forma inseparable muchos otros asuntos).

Los políticos pueden intentar aferrarse al cargo e incrementar su poder en lugar de administrar el ámbito de lo colectivo. Los funcionarios militares no dependen de la satisfacción de los defendidos sino de la discreción política, y su lealtad o patriotismo no garantizan su eficiencia. Los productores industriales de material militar pueden transformarse en grupos de interés oligopólicos que fomenten el gasto bélico.

Parte de una estrategia competitiva exitosa (tanto en empresas como en ejércitos) es gestionar la información (y la desinformación), averiguando la estrategia de la competencia (espionaje) y ocultando la propia (secretos, confidencialidad) para aprovechar el elemento sorpresa y dificultar la respuesta del adversario o enemigo. Se produce un conflicto de difícil resolución entre las restricciones militares por seguridad y confidencialidad y la difusión libre necesaria para el avance científico. Las medidas de seguridad pueden ser necesarias pero probablemente serán exageradas o distorsionadas por las burocracias estatales obsesionadas con el cumplimiento de reglas para intentar justificar su existencia pese a su manifiesta ineficiencia o incompetencia.

¿Maquillaje para curar la ictericia?

– Doctor, desde hace unas semanas que tengo la piel amarilla.
– A ver… Sí. Le daré algo.
– No me va a hacer pruebas, análisis… no sé, tal vez sea ictericia o algo del hígado. ¡Estoy amarillo!
– Tranquilo, no hace falta. Lo único que ha de hacer es ir a un supermercado, se compra cualquier maquillaje, se lo aplica por la piel y el amarillo ni se le verá… Problema solucionado.
– Ehhh…

Esta es más o menos la solución que han tomado los Gobiernos de occidente para tapar la crisis financiera actual. Inyecciones de dinero, rescates y otras subvenciones no son soluciones de fondo a un sistema enfermo, son parches que no curan nada y que a la larga sólo provocan su empeoramiento.

En estos días hemos oído de todo. Estamos confiando nuestro destino y bienestar material a personas que tras sus ilustres cargos sólo ocultan a alguien con una cultura económica muy decepcionadle. Es el caso de Joaquín Almunia, que ha llegado a decir que el problema de fondo de la crisis es la avaricia. Prohibamos pues trabajar más para conseguir mayor sueldo, que nos podamos comprar mejores coches o dar mejor educación a nuestros hijos. La avaricia, señor Almunia, es un factor humano que nos pide maximizar nuestro bienestar material por medio de nuestro esfuerzo. Esta es la avaricia del libre mercado. La avaricia del socialismo es la que ahora vemos: la expropiación del dinero y la producción de unos (pagadores de impuestos) para otorgarlo a otros (consumidores de impuestos). Esa es la avaricia que fomenta el Estado, la de la fuerza y violencia del políticamente débil a favor del lobby y el "capitalismo de Estado".

Otros nos dicen que los rescates son injustos pero necesarios para salvar al sistema. Presuponen que el sistema actual de reserva fraccionaria gubernamental es el adecuado, pero que la economía no se sabe adaptar a ella, por lo que necesita de bomberos gubernamentales que les vayan a apagar el fuego con nuestro dinero. Quieren mantener el mismo sistema, pero con más controles, más Estado. Llevamos cien años así y las crisis siguen igual. El dinero barato de los bancos centrales, las políticas expansionistas y la economía dirigida es lo que nos ha llevado a esta situación.

La Escuela Austriaca nos enseñó que ni la avaricia del hombre corriente ni el de las empresas son las culpables de las crisis y ciclos, sino el monopolio de la moneda y el no respaldo de esta por ningún activo real. No se puede culpar a la gente por comprar pisos cuando los bancos les ofrecían préstamos baratos. Tampoco se puede culpar a las empresas por endeudarse y tampoco se puede culpar a los bancos por tomar las toneladas de dinero que creaban los bancos centrales. Todos ellos trataban de maximizar su bienestar material confiando en un sistema que es puramente insolvente y piramidal. El problema va más allá.

La Escuela Austriaca nos dice básicamente que la moneda ha de estar ligada a la productividad y no la productividad a la expansión de la moneda barata. De usar el último principio, el neoclásico y el del establishment, lo único que tendremos son ilusiones de crecimiento que algún día u otro tendrán que pasar cuentas con la realidad.

Los economistas del establishment defienden su modelo aunque, una y otra vez, veamos inexorables y violentos ciclos junto con crisis recurrentes que siempre se producen por lo mismo: falta de dinero en el sistema, desconfianza y, en definitiva, fuertes contracciones de la demanda que obligar a reajustar los precios a una velocidad de vértigo. Estos economistas no ven la enfermedad en su modelo económico, sino en el mercado y sociedad: avaricia, consumismo, exuberancias irracionales… La solución evidente a esta postura es expandir más la dictadura de la producción con más soviets que controlen a la gente, a las empresas y una economía más dirigista.

El sistema monetario está enfermo y no se va curar con maquillaje. Si no queremos dejar que ocurra lo mismo en el futuro hemos de apostar por un sistema sano, transparente y totalmente diferente. La historia nos muestra como el patrón oro fue un sistema muy sólido y sano, pero hay otros.

En realidad, sólo es cuestión de abolir el curso legal de la moneda estatal y permitir la privatización del dinero junto a un mercado monetario y financiero no intervenido. En el peor de los casos, si falla, al menos serán estas empresas quienes tendrán que tragarse sus malas gestiones y asumir irrevocablemente las consecuencias. Nosotros al menos mantendremos los activos reales respaldados que podremos comercializar en el mercado libre. No hará falta que ningún político de turno monte circos reuniéndose con la banca, aumentando el Fondo de Garantía de Depósito como si esto fuese la solución mágica a todo o apostando por rescates totalmente opacos que nadie sabe cómo se articularán y que vamos a estar pagando durante años a un alto precio.

De no ser así, volveremos a ver esta crisis en el futuro donde los malos gestores serán los ganadores de la crisis. Tal vez la imagen que más representa el sistema neoclásico actual es la fiesta de 450.000 dólares que se han dado los directivos de AIG para celebrar el rescate a costa del contribuyente. Algo así no se ha de repetir.

¿Pondrá Vodafone las puertas al campo?

Evidentemente, el punto más atractivo era el precio, pero no, desde mi punto de vista, el más sorprendente. Vodafone ofrece dicha tarifa plana, siempre y cuando no se utilice la capacidad de datos para hablar por teléfono con tecnología de Voz sobre IP.

Dejando de lado las dificultades técnicas que tal control pueda suponer para el operador, lo que hace Vodafone es impedir que el cliente utilice un determinado servicio mediante su acceso a internet. Sería como si, digamos, un operador de ADSL vendiera un acceso a internet que no permitiera conectarse a los bancos o a Google.

Las razones del límite que pone Vodafone son evidentes desde el punto de vista comercial: si no los establece, la gente podrá llamar por teléfono desde su móvil con esta tarifa plana de datos y no utilizar la forma convencional. Vodafone no podría cobrar por estas llamadas y su tráfico de voz pasaría a cursarse mediante la tarifa plana de internet, que se constituiría así en una tarifa plana de voz. Esto afectaría a sus ingresos minoristas, pero muy especialmente a los mayoristas (terminación en su red).

La acción de Vodafone únicamente debería presentar dudas desde el punto de vista de la demanda: ¿habrá gente a la que interese el producto en estas condiciones? ¿Cómo hará para evitar el fraude que seguro se va a producir? Estas son las incógnitas a las que se enfrenta todo empresario cuando saca un producto al mercado. Si le va bien, se forra; si le va mal, vuelta a empezar.

Sin embargo, el mercado de las telecomunicaciones dista de ser un mercado libre y la incertidumbre parece venir más del lado regulatorio. ¿Cómo responderán los distintos entes supervisores ante esta oferta? ¿Tendrán algo que decir al respecto la Comisión Europea, nuestro Gobierno o el regulador independiente?

Porque lo que se discute en el fondo es si los operadores pueden o no hacer lo que quieran con las redes de su propiedad. El término técnico es "neutralidad de red", los derechos de los bits a los que se hacía referencia en esta misma columna hace unas semanas. Y seguro que los reguladores algo van a querer decir.

Si dejan a Vodafone progresar con su oferta, significará que se aceptan la libertad de los operadores para configurar sus ofertas de la forma que consideren oportuna, sólo respondiendo ante sus clientes, de modo que enterrarán el debate sobre la neutralidad de red. Si Vodafone desea ofrecer una tarifa plana de 1 Euro para llamadas nacionales e internacionales, sólo válida cuando el cliente esté debajo de un ciprés, podrá hacerlo, serán los clientes quienes le juzguen.

Pero, ¿y si no sucede así?, esto es, ¿y si le fuerzan a permitir la voz sobre IP en esa tarifa? Pues resultará que Vodafone posiblemente retire su oferta, por las razones de negocio expuestas más atrás y habrá un montón de clientes que no podrán acceder a esa tarifa plana de datos a un precio atractivo, gracias al regulador. Y además, muchísimos más nos quedaremos sin conocer otros posibles lanzamientos que tal vez nos hubieran interesado a los consumidores, ya sean de Vodafone o del resto de operadores. Todo ello, por cortesía del regulador.

Lo que parece claro es que alguien va a poner "puertas al campo". Esperemos que sea Vodafone.

Conde-Pumpido amenaza de nuevo

Va ya para veinte años que se propagó en los círculos más totalitarios de los profesionales del Derecho español el mantra de reformar, en un sentido muy determinado, el proceso de instrucción criminal basado en la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882.

El apremio para poner en marcha esa "modernización" comenzó con las incompletas investigaciones judiciales sobre los asesinatos y robos de estado de los años ochenta del pasado siglo. El hecho de que unos jueces de instrucción decretaran la prisión provisional de un par de jerifaltes se antojó intolerable para la incipiente nomenclatura. Sus terminales ideológicas acuñaron la letanía de que el procedimiento penal dirigido por un órgano casi independiente –como es el juez de instrucción– adolecía de vicios inquisitoriales. Poco importaba que esa falacia fuera de una grosería poco común y que se encargase para uso del Gobierno que tenía responsabilidades directas o indirectas por los delitos investigados. A renglón seguido, los inspiradores de esa doctrina aducían que esos defectos solo podrían subsanarse si se encomendaba la función instructora al fiscal. Soslayando admitir que esa preparación del juicio penal implica concatenar juicios preliminares al tiempo que se investigan los hechos con apariencia delictiva, sus planes dejaban al juez la misión de autorizar, en su caso, las medidas cautelares que comportaran una intromisión en los derechos fundamentales del imputado. Sería "un juez de garantías".

No obstante, un somero análisis del marco institucional del llamado "ministerio fiscal" en España bastaba para evidenciar que tal cambio buscaba principalmente tres objetivos entrelazados: laminar la separación de poderes, socavar el control judicial sobre el Gobierno en el ámbito penal, donde las desviaciones y abusos son más graves, y conceder al Ejecutivo el desiderátum de todos los déspotas: el poder de autocontrol.

A este respecto, la constitución confirma un modelo de fiscal –derivado del francés original– propenso a ser manipulado por el Gobierno. Dependiente de éste, por cuanto nombra al Fiscal General del Estado, el artículo 124 de la constitución predica que actuará bajo los principios de unidad de actuación y dependencia jerárquica. En román paladino, el seguimiento de esas prescripciones significa que los fiscales actúan indistintamente –lo cual les confiere una práctica inmunidad en su actuación individual, más allá de la responsabilidad disciplinaria individual interna– y están sometidos a las órdenes e instrucciones de sus superiores, con el fiscal general en la cúspide de su pirámide jerárquica. Su organización tiene evidentes semejanzas con la cadena de mando militar. El perfil de los miembros de la carrera fiscal resulta equiparable al de los funcionarios de alto nivel de la administración, aunque el recurso a los "fiscales sustitutos" no sólo ha rebajado el umbral de exigencia y el rigor del proceso de selección, sino que alienta la sospecha de reclutamiento de entusiastas del Gobierno de turno.

De cualquier modo, la intervención de los fiscales en los procedimientos penales –aunque no solo en éstos– para "promover la acción de la justicia en defensa de la legalidad" ha venido ampliándose sin pausa como consecuencia de reformas parciales de las leyes procesales. Frente a su inicial papel de promotor y supervisor de la instrucción judicial y defensor de un inasible interés público, se fue abriendo paso una atribución de potestades para realizar investigaciones preprocesales. La ley del Jurado les permitió compartir la función instructora con el juez en ese proceso especial y, en un paso más allá a modo de catastrófico ensayo, la ley de responsabilidad penal del menor –promovida por un gobierno del PP– les encomendó la instrucción de las causas por delitos donde participen menores de edad. Desde hace poco tiempo, una reforma de su estatuto orgánico permite a los fiscales practicar esas diligencias preprocesales sin dar cuenta al juez, durante un plazo de entre seis y doce meses. La influencia de los fiscales en todos los procesos donde intervienen va más allá de su competencia técnica.

Dentro de ese contexto, el actual Fiscal General del Estado anunció en el acto de apertura del año judicial la intención del Gobierno que lo nombró de promover el golpe definitivo en la legislación. Llama la atención la doblez de su actuación al respecto. Aunque en la memoria oficial de la fiscalía los detalles del asunto quedaron sobreentendidos, es evidente que Conde-Pumpido hizo llegar a los medios de comunicación –especialmente a sus turiferarios– el auténtico sentido de sus propuestas.

Un factor material influye a la contra de esta reforma. La virulencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria va a traer un incremento de las obligaciones del Estado y el hundimiento simultáneo de su recaudación. Dado que la atribución a los fiscales de la instrucción de los procedimientos penales exigiría multiplicar su plantilla y aumentar exponencialmente su presupuesto de gastos, las dificultades económicas para ejecutar esos planes no son menores.

Sin embargo, las ansias infinitas del Gobierno actual por apuntalar un poder omnímodo para moldear y controlar a la sociedad no pueden subestimarse. Sin ir más lejos, el Fiscal General del Estado dejó entrever en la memoria citada que los cambios en marcha para implantar una organización del fiscal "tentacular" tienen como objetivo replicar la plantilla de los juzgados de instrucción, para luego sustituirla o fagocitarla.

La actual mayoría parlamentaria ha dado pasos muy firmes para subvertir la Constitución y sustraerse del tímido control judicial del Ejecutivo y el Legislativo perfilado en ésta. Si el reparto de los puestos del CGPJ con el otrora partido de la oposición tiene un efecto devastador, la asunción por el Gobierno –a través del fiscal y con la policía a sus órdenes– de la tarea de decidir qué delitos se investigan y persiguen tendría unas consecuencias letales para la libertad y los derechos individuales. Algunos ejemplos sobre sus actuaciones preprocesales pueden ayudar a comprender este hecho.

En conclusión, aunque son necesarias algunas reformas en la organización del proceso penal y la propia burocracia judicial, la consumación de la propuesta del señor Conde Pumpido conduciría a un Estado de Derecho en descomposición hacia una vulgar dictadura.