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Modelos de educación

La asignatura Educación para la Ciudadanía (EpC) se ha constituido en la polémica más importante del sistema educativo español desde que el Gobierno socialista de Felipe González aprobara la LOGSE en 1990. No sólo ha conseguido que se manifiesten cientos de miles de personas contrarias a su implantación, sino que ha movilizado a la sociedad civil hasta el punto de que se han creado innumerables organizaciones que luchan activamente por su desaparición y cientos de padres se han acogido al derecho a la objeción para sus hijos. Algunos tribunales les han dado la razón y el conflicto entre sociedad civil y poder político no ha hecho más que empezar.

Pero EpC es una consecuencia lógica del sistema educativo que sufrimos en España, de cualquier sistema educativo público. La instrumentalización de la educación para conseguir determinados fines políticos es una tentación demasiado fuerte como para que los gobiernos no la usen de manera interesada. En España, hay que unir a la EpC las políticas educativas de los gobiernos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco y de las coaliciones socialistas-nacionalistas en Galicia y las Islas Baleares. En todos ellos la educación en la lengua de la región (y no en castellano) se ha convertido, no en una opción, sino en una obligación para los residentes. Incluso en comunidades autónomas como la valenciana, gobernada por un PP que en teoría es contrario a este proceso, la educación pública en valenciano tiene un peso considerable.

La educación pública es, como vemos, un difusor del credo socialista, ecologista o nacionalista y olvida su labor docente. Poco importan los resultados si al final de la edad académica los jóvenes han aprendido los principios básicos del régimen. No importa que las pruebas que periódicamente se realizan para evaluar los conocimientos de los alumnos arrojen resultados cada vez más lamentables. Una ley que baje el listón de los conocimientos básicos o que permita la posibilidad de pasar de curso o incluso acabar todo el proceso con varios suspensos, resuelve en términos estadísticos el problema. La propaganda hace el resto.

La descentralización se ha convertido en un proceso nefasto para la educación española, pero no por su naturaleza policéntrica, sino por el carácter de las instituciones que compiten entre sí. De hecho, estamos ante una competencia entre estamentos públicos, que nada tiene que ver con la competencia entre empresas y particulares en un sistema de libre mercado. Los conflictos con y entre ellos se resuelven mediante el enfrentamiento directo y la coacción, no con la captación de los clientes de la competencia, y los gobernantes legitiman en las urnas políticas liberticidas, mientras que los ciudadanos tienen pocas opciones para revertirlas, salvo la protesta o largos y complicados procesos en los tribunales.

Como hemos visto, no importa la suavidad o la dureza del régimen, su legitimidad o su carácter ilícito, el sistema público es susceptible de corrupción en todos los casos, y su eficiencia está limitada por su propia naturaleza. La educación privada es la única opción razonable ante los desastres que aquejan a la pública, pues en ella confluye la actividad empresarial, la competencia por un servicio mejor y la voluntariedad de todas las partes. El problema es que para que cale esta idea hay que refutar uno a uno todos los tópicos que recaen sobre la educación privada.

Ni Rajoy ni ZP se atreven con las pensiones

Al lado del timo de las pensiones, lo de las estampitas de Afinsa y Forum es un juego de niños. Sin embargo, a MAFO ni se le pasa por la cabeza la posibilidad de cambiar a un sistema de capitalización en el que las personas se hagan responsables de su futuro mediante aportaciones continuas de una parte de las rentas del trabajo para invertirlas a largo plazo y crear un fondo del que poder tirar cuando uno ya no pueda –o no quiera– seguir trabajando. El principal problema que impide cambiar a un sistema sostenible de capitalización no es técnico sino de incorrección política. Cualquier cosa vale antes que defender públicamente una vía que impida que Papá Estado meta la mano en la cartera de los trabajadores más jóvenes para costear la pensión de los jubilados.

Así las cosas, las soluciones propuestas se apretujan en un estrecho abanico. Por un lado tenemos la versión ZP, que consiste en taparse la nariz para no oler la podredumbre del sistema y decir que el modelo goza de salud. El modelo a lo mejor, pero las pensiones seguro que no. Según los partidarios de esta corriente, el sistema es sólido porque la capacidad del Estado de quitar dinero a cada vez menos trabajadores para pagar la pensión de cada vez más jubilados es casi ilimitada.

Muy cerca de éstos tenemos a los expertos en maquillaje y lanzamiento de balones de oxígeno como el gobernador del Banco de España, Solbes o el señor Pizarro. En términos más técnicos, los que quieren cambios para que todo siga igual tratan de ampliar los años de cotización mínima (incurriendo en una clara suspensión de pagos parcial y encubierta), ampliar el periodo de cálculo de las pensiones hasta llegar a toda la vida laboral, retrasar la edad de jubilación y poner el fondo de reserva público a generar algún tipo de renta. Vamos, alargar la estafa y rezar para que la gente vaya dándose cuenta del timo a pesar del Pacto de Toledo y la propaganda oficial de manera que empiecen a ahorrar de manera privada para evitar el desastre.

Ni los ZP ni los MAFO ni los Pizarro ni los Rajoy de la vida están dispuestos a dejarnos salir del timo piramidal de las pensiones públicas de reparto para que tratemos de capitalizar nuestros ahorros y escapemos al impuesto inflacionista al que nos somete el Banco de España junto a sus aliados europeos. Y, sin embargo, esa es la única posibilidad que tenemos de llegar a tener unas pensiones dignas. Como de los políticos de este país no podemos esperar ese cambio liberador, los ciudadanos tendremos que ir pensando en encogernos de hombros y dejar de colaborar con este chiringuito fraudulento al que nos tienen atados de por vida.

La buena sociedad de la izquierda

Suena muy bien y muy liberal el que se conceda el derecho a las personas a ser como quieran; pero resulta extraño en un colectivista que enfatice las relaciones de las personas consigo mismas en lugar de las asociaciones de unos con otros.

Intenta aclararlo con sus propias palabras: "en la buena sociedad los ciudadanos deben poder ser lo que quieran ser, sin pasar por las experiencias dolorosas del desprecio y de la negación del reconocimiento". No sólo hay que poder alcanzar "la plena realización personal"; es crucial no sufrir por no gustar a los demás: y como parece sensato suponer que no se trata de atiborrar de analgésicos al personal para que no les duela el rechazo ajeno, habrá que aceptarlo todo, o quizás se permita sentirse disgustado por algo siempre que sea en silencio.

Ramoneda está preocupado por si la izquierda cae en la "aceptación incondicional del paradigma liberal" (risas) y la anima a defender "su herencia más sólida: el Estado de bienestar". Hemos pasado de respetar a los demás a la burocratización y la dependencia del Estado en sectores clave como educación, sanidad y pensiones. Pero demos un paso atrás: la "política asistencial" debe superarse y ser sustituida por el "reconocimiento", que resulta que se ejemplifica con "la ley de matrimonios homosexuales, la legislación de género o las regulaciones masivas de inmigrantes"; o sea que no se trata de que las personas se respeten unas a otras sino de que el Estado intervenga en todo lo que al socialista no le guste.

Hemos avanzado del sentimentalismo al materialismo económico: "reconocer al ciudadano su derecho a ser como quiera es otorgarle un cierto amparo tanto ante los vértigos de cambio". Y ¿cuál es ese amparo? Respuesta: "el derecho a un mínimo social garantizado, la renta básica, parece la última defensa para que la idea de igualdad tenga todavía sentido". Como la idea de igualdad tiene perfecto sentido si se refiere a igualdad ante la ley (y no mediante la ley), cabe preguntarse si este problema semántico se debe a incompetencia o deshonestidad intelectual.

La confusión entre permisos y garantías es típica del socialismo: se comienza reclamando que ciertas cosas dejen de estar prohibidas (perfecto si se trata de actividades pacíficas) y se termina exigiendo que se financien adecuadamente para asegurar su realización. El discurso de la legitimidad moral ("justicia social", "justicia distributiva") no es más que una excusa para ocultar el robo masivo que implica la confiscación y redistribución estatal de riqueza.

A Ramoneda no parece importarle la consistencia intelectual: habla de "autogobierno" y al mismo tiempo reclama que la izquierda lidere el cambio social para el progreso (que además hay que saber dónde está para dirigirse hacia allí) mediante la capacidad normativa de la política. Es difícil autogobernarse cuando los políticos ordenan a toda la sociedad hacia dónde deben ir.

El fin de la era Aznar

Aznar llevó al PP a un liberalismo tamizado, pero que le dio una base ideológica razonable y que le ponía en sintonía con lo mejor del centro derecha europeo. La defensa de la libertad y de los derechos civiles, aunque nunca ha sido abrazada hasta el final, le ha dado al PP la oportunidad de tener un discurso coherente y que, frente al discurso de privilegios de los nacionalistas, le ha permitido hacer suyo un discurso verdadero de solidaridad. Todo ello engarzado en la defensa de la nación española. Aznar apostó también por el atlantismo  y una proyección importante de España en el exterior. Súmese a ello la convicción de que se debe y se puede derrotar a ETA policialmente dentro del Estado de Derecho, así como moral, ideológica y socialmente, y tenemos los elementos principales del PP aznarí.

Rajoy no reniega de todo ello. Simplemente ha llegado a la convicción de que no es suficiente. Además de ser bueno hay que parecerlo, y por ello incide en la necesidad de ser aceptado por los demás partidos y por la sociedad. Por eso habla de pactos antes de tiempo, como le ha reprochado Aznar. Por eso centra su discurso en la economía, vuelve a la derecha garbancil, de perfil bajo, que mitiga las diferencias del PP respecto de otros partidos.

Ese es el verdadero significado del XVI Congreso del PP: la ruptura de la era Aznar. Las ideas, que con Aznar se convirtieron en el principal reclamo para ganar elecciones, se postergan frente a la necesidad imperiosa de hacerse querer. Me da la impresión de que Mariano Rajoy, a quien tengo por una persona honesta, pese a sus 30 años en la política, pese a la manipulación de los atentados del 11-M que él sufrió el primero, no acaba de comprender a la izquierda con la que quiere tender puentes. Su vocación es constructiva, pero no se da cuenta de que la izquierda no transige y no permitirá que el PP forme parte del paisaje. Tampoco se percata de que no tiene por qué aceptar que ese paisaje lo pinten otros, especialmente cuando tenemos el marco de la Constitución. No se da cuenta de que la firmeza en las ideas de libertad y derechos civiles, aunque sea en solitario, es su única salvación. Y la nuestra.

Entendiendo Internet, o no

La red está marcando la agenda de multitud de sectores, pero especialmente la de los medios de comunicación, radio, televisión y prensa escrita. Pero aunque las transformaciones a las que obliga internet se están produciendo, hay muchas empresas que se defienden de una manera numantina ante los cambios. Por ejemplo, hemos conocido esta semana que Telecinco va a demandar a YouTube por piratear sus programas.

Los derechos que tiene Telecinco sobre sus contenidos son innegables, y es entendible que quiera defenderlos ante un tercero que se está beneficiando de ellos sin pagar nada a cambio. El problema reside en el modelo de televisión y, en concreto, en el de la televisión por internet. YouTube ha demostrado a las cadenas de todo el mundo cuáles son los nuevos hábitos de consumo audiovisual y la reacción de estas ha sido acudir a los tribunales, sin molestarse en ofrecer alternativas al consumo audiovisual por internet.

Las cadenas se niegan a que haya un nuevo intermediario que no sean ellos y se encierran en estrategias que proponen modelos cerrados de televisión por internet, cuando el presente y el futuro pasan por la distribución de contenidos en la mayor parte de sitios posibles. Es cierto que algunos contenidos escapan a los derechos territoriales que han adquirido, pero se ha demostrado que, por ejemplo, la distribución de resúmenes de partidos de fútbol se puede filtrar por países y por tenedores de los derechos.

El cambio empuja tanto a las televisiones como a otros medios de comunicación a adaptarse. No es que esté en contra de la demanda de Telecinco, pero la misma denuncia encierra un profundo desconocimiento de lo que sucede actualmente en su sector y no aclara que estrategias seguirán cadenas como la de Mediaset en el nuevo mapa de medios de comunicación que empresas como YouTube están construyendo.

¡Que juzguen a Google y Yahoo!

En cuanto a la legislación, el artículo 17 de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico (LSSI) deja claro que no hay responsabilidad de los responsables de un sitio web por los contenidos a los que enlaza cuando "no tengan conocimiento efectivo de que la actividad o la información a la que remiten o recomiendan es ilícita o de que lesiona bienes o derechos de un tercero susceptibles de indemnización". Y se explica que se entiende que hay conocimiento "cuando un órgano competente haya declarado la ilicitud de los datos, ordenado su retirada o que se imposibilite el acceso a los mismos, o se hubiera declarado la existencia de la lesión, y el prestador conociera la correspondiente resolución".

Hasta donde se sabe, ningún "órgano competente" (que no es otro que un juez) ha declarado la ilegalidad de la página a la que enlazaba el sitio web del procesado, por lo que éste no podía tener "conocimiento efectivo" de que desde ella se podía acceder a los deleznables contenidos en cuestión. Para que la persona ahora juzgada tuviera alguna responsabilidad penal, previamente tendría que haberse dictado una sentencia, de la que el acusado tuviera conocimiento, declarando ilegal el sitio web al que se podía acceder desde el suyo por incorporar links a pornografía infantil. Y parece que esto no es así.

Pero vayamos al puro conocimiento de internet. Según la doctrina del ministerio público, que defiende que desde Chicaerotica.net facilitó de "alguna forma" el acceso a los contenidos de pornografía infantil, Google y Yahoo deberían ser juzgados por la misma razón. En ambos buscadores se puede acceder a la página por la que el procesado ha sido llevado ante los tribunales. Al fin y al cabo, enlazan a una página, que enlaza a una página, que enlaza a una página con contenidos delictivos. Ya puestos, no habría por qué romper la cadena de responsabilidades en el segundo enlace. De hecho, yo podría ser juzgado por enlazar a dos buscadores en los que se enlaza a una página que enlaza a una página… Y si a alguien se le ocurre incluir un vínculo a este artículo, pues lo mismo.

De hecho, seguramente el 99% de los sitios web de todo el mundo podrían ser juzgados. Al fin y al cabo, internet es una inmensa tela de araña en la que unas páginas enlazan con otras que al mismo tiempo ofrecen vínculos a terceras y así indefinidamente. Así que ya sabe el señor fiscal, ¡que juzguen a Google y Yahoo! Y después a todos aquellos que tengan alguna página en la que aparezca un vínculo a otra distinta.

Antitrasvasista, pero muy de centro

Sus votantes levantinos, en cambio, han recibido la noticia con cierta prevención. No porque la chica sea mala persona ni mucho menos, de hecho parece más buena que el pan, sino por su particular forma de entender la solidaridad interterritorial en materia de recursos hídricos.

Cospedal, recordemos, fue la primera en estampar su firma en el nuevo estatuto de Castilla-La Mancha, que sitúa el límite de la vigencia del trasvase Tajo-Segura en el año 2015. Dentro de siete años escasos, gracias a la flamante secretaria general del PP, se acabó el trasvase, sean cuales sean las condiciones de los pantanos de la cabecera del Tajo, y sea como sea también de dramática la escasez de agua en las provincias de Almería, Murcia y Alicante.

Su visión de los grandes asuntos de estado en clave nacional es, digamos, algo peculiar. En realidad, y por lo que refiere al caso concreto del agua, su punto de vista no es distinto de los nacionalistas catalanes, pues si el trasvase Tajo-Segura tuviera que empezar a construirse ahora, Cospedal sería, sin duda, la primera en encabezar las manifestaciones oponiéndose a su realización.

En declaraciones a las agencias de noticias, la política manchega ha estrenado su cargo arremetiendo nuevamente contra el trasvase del Tajo. En su opinión es una obra que "tiene que desaparecer". Por su parte, la ponencia económica del congreso "titánico" del PP, afirma respecto al problema del agua la necesidad de "recuperar la planificación hidrológica y el carácter nacional del recurso, rompiendo la actual tendencia a su "territorialización". Pero no se preocupen, dice Mariló, que no hay ninguna contradicción. Es sólo un arcano más del centrismo renovador, cuyos efectos sociopolíticos se escapan al común de los mortales. Los centristas, en efecto, no tienen ningún problema en votar una ponencia que afirma el carácter nacional de los recursos hídricos y, al mismo tiempo, reclamar la desaparición de uno de los grandes proyectos vertebradores de la nación sólo porque los recursos naturales provienen de la región en la que se presentan a las elecciones.

La prueba del nueve de que la chica está en la onda del nuevo régimen, que convierte España en un conjunto de nacioncitas mal avenidas, la hemos tenido al día siguiente de su cooptación a la Secretaría General del PP: De la Vega está encantada con su nombramiento. Como Camps. Como Valcárcel. ¡Viva el centrismo! Y el que no tenga agua que se fastidie. Haber nacido más al norte.

Acción intencional, memes y ciencia

La psicología evolucionista explica la estructura y funcionalidad de la mente humana como una sociedad de agentes especializados que constituyeron adaptaciones útiles para la resolución de problemas relacionados con el éxito en la supervivencia de los ancestros humanos en su entorno vital. Rasgos esenciales de la mente humana son la capacidad de acción intencional, la producción y transmisión de cultura y la coordinación social mediante el lenguaje.

Un agente intencional diseña mentalmente un plan de actuación basado en sus deseos y su conocimiento de la realidad; el plan es una estructura de acciones intermedias a partir de un estado inicial cuya ejecución conduce a un estado final deseado; la acción intencional persigue los objetivos subjetiva y relativamente más valiosos, utiliza medios escasos y puede fallar; los medios utilizados son bienes naturales, bienes de capital (herramientas previamente producidas) y la propia capacidad de trabajo del ser humano. La capacidad de acción humana se incrementa si dispone de más y mejores herramientas y conocimiento acerca de la realidad (tanto generalidades teóricas como concreciones empíricas).

El ser humano es capaz de imitar conductas ajenas y de este modo puede aprovechar las innovaciones exitosas de otros sin tener que aprender todo por sí mismo. La producción y copia de patrones de información genera los memes (las ideas estudiadas como reproductores) y la cultura. El lenguaje es un sistema memético que sirve como vehículo de expresión de ideas y herramienta de coordinación social. Algunos memes objetivos se utilizan para representar la realidad y expresar conocimiento; la ciencia es un sistema de obtención y comprobación metódica de información sobre la realidad; la tecnología aprovecha el conocimiento científico y lo incorpora en herramientas utilizables para la acción humana.

El conocimiento otorga poder. El ser humano es instintivamente curioso, desea aprender nuevas cosas, descubrir, inventar. La investigación como exploración de lo desconocido es una acción intencional peculiar, ya que el estado final objetivo es imposible de concretar con precisión: se trata de saber más pero no se conoce a priori exactamente el contenido concreto de lo que se va a aprender, es un proceso parcialmente aleatorio de prueba y error (selección de resultados de ensayos cuyos resultados no son perfectamente previsibles). Muchos descubrimientos científicos importantes son consecuencias imprevistas o no intencionadas de diversos programas de investigación, y en ocasiones resultan más de la observación atenta que de la acción planificada.

Los memes alcanzan éxito reproductivo en función de múltiples factores entre los cuales es especialmente importante la utilidad: que la idea tenga aplicación práctica para su portador. El meme es más exitoso si su portador lo comunica y lo comparte con otros; pero en ocasiones el ser humano prefiere mantener secreto su conocimiento para obtener una ventaja competitiva respecto a otras personas, o hacerlo público pero exigiendo derechos especiales sobre su uso (propiedad intelectual, derechos de copia, patentes). Las ideas nuevas no siempre son bienvenidas aunque sean correctas y útiles, ya que pueden amenazar la supervivencia de ideas establecidas atrincheradas como prejuicios en las mentes de sus portadores.

El conocimiento incrementa la capacidad de acción humana, pero esto no implica que sea sistemáticamente beneficioso, ya que la acción puede consistir en destruir o dañar a otras personas o sus posesiones. La valoración de cualquier realidad es subjetiva y relativa: algunas personas pueden preferir la ignorancia (propia y ajena) en ciertos ámbitos; que algo sea valorado positivamente no implica que deba actuarse para obtenerlo, ya que quizás el coste sea excesivo y no merezca la pena.

La austeridad se consigue con menos Estado

Una de las principales críticas que recibe recurrentemente España es la fuerte rigidez burocrática que impide hacer nada. Si la solución a los problemas económicos está en la reducción de leyes absurdas contra el libre comercio y el descenso en el número de funcionarios, el Estado ha hecho lo contrario. En España hemos pasado de 1,2 millones de funcionarios en 1990 a casi 2,6 millones en 2008, y quienes trabajan en el sector público no pueden emplearse a la vez en el privado. Esto significa una menor producción, más impuestos y un fuerte lobby que no para de absorber privilegios como el poder trabajar desde casa o recibir primas por no faltar al trabajo. En la economía privada, si no trabajas, te despiden. Los funcionarios son una casta privilegiada. ¿Cree que Gobierno y administraciones locales van a recortar cargos públicos arriesgándose a huelgas de todo tipo?

Todas las reacciones que ha tenido Zapatero para hacer frente al actual "problema de dificultades", esto es, crisis con atisbos de recesión, se han centrado en gastar más: más obra pública, más subsidios de desempleo, más funcionarios para crear cosas como el "observatorio de precios" y más subvenciones para los lobbies sociales y empresariales. Si el Gobierno ya está recaudando menos debido a la contracción económica y sigue gastando como un ludópata en un bingo, ¿de dónde sacará el dinero para su despilfarro? La respuesta es evidente: de nuestra cartera. Padeceremos una presión fiscal mayor y el peso de la deuda pública sobre el PIB crecerá, lo que significa que pagaremos aún más impuestos en el futuro.

Por definición, el Estado sólo sabe aplicar la fuerza. Es función de los medios de producción privados servir a la sociedad adaptándose constantemente a nosotros, independientemente de la situación económica en la que estemos. No lo hacen por amor, como dice el establishment socialista que hace el Gobierno, sino porque en ello les va su bienestar material.

Si el Gobierno se decida a llenar los bolsillos de las empresas con subvenciones y ayudas, éstas dejarán de esforzarse en crear empleo y servir al consumidor y al accionista. El principal benefactor de las empresas privadas será el Estado, no nosotros. Si de igual forma Zapatero considera, como ya ha hecho, que los subsidios de desempleo han de crecer, lo único que hará será premiar la baja productividad y el no trabajo. La sociedad y economía funcionan cuando se retroalimentan de forma natural y autónoma, no con transferencias de los actores económicos productivos hacia los no productivos. Esto sólo nos llevará a acentuar la crisis e invertir el proceso natural.

Entonces, si el bienestar material nos viene a través de los intereses de cada uno de los actores económicos que interactúan entre ellos demandando y ofreciendo productos y servicios, lo mejor será fomentar la empresarialidad y el esfuerzo personal. En este terreno, lo mejor que puede hacer el Gobierno es empezar a permitirles más libertad a la sociedad y al mercado para que cada uno use los mejores métodos de producción posibles para satisfacer al resto de la sociedad. Si el Gobierno actúa como un dictador de la producción controlando los medios de forma arbitraria por el simple hecho que no le gustan, como por ejemplo cuando se niega a que se emplee la energía nuclear, sólo conseguiremos menos innovación, menos bienestar y un mercado autárquico y cerrado a las necesidades reales del ciudadano.

Las crisis se deben a los falsos incentivos de los medios políticos, ya vengan de los bancos centrales –que crean ilusiones de crecimiento respaldadas por inflación– o del propio Estado. Los que han provocado esta situación sólo nos pueden ayudar disminuyendo sus funciones o desapareciendo de nuestras vidas. El número de funcionarios ha de disminuir drásticamente. Las subvenciones han de ser reducidas o incluso abolidas. Las leyes medioambientales no generan ningún beneficio que el mercado pueda valorar y nos acarrean un sinfín de costes, por lo que deben ser derogadas. Que elija el consumidor y no un burócrata en la Moncloa que vive de nuestro dinero. Y todo para que encima tampoco cumplamos nuestros compromisos ecológicos. Si lo que nos importa es nuestro bienestar material y no el de los burócratas, los impuestos han ser fáciles de recaudar y transparentes, lo que significa, en el corto plazo, crear un solo impuesto directo al consumo y bajo.

En fin, la mejor manera para superar la crisis es que el Estado se siga una estricta dieta y empiece a recortar sus funciones cediéndonoslas a nosotros, la sociedad civil.

A lo que nos enfrentamos

¿Creyó usted que el derribo del muro de Berlín reduciría la batalla intelectual a dirimir las diferencias entre las distintas tendencias del liberalismo? Si en su día así lo pensó, parece claro que lo sucedido desde entonces le habrá hecho cambiar de opinión.

Pudiera haber sucedido de otra manera, pero mientras el socialismo fracasaba estrepitosamente durante el siglo pasado, se fueron larvando varias teorías que, tomadas por separado, parecían refutadas y apostilladas como vulgar charlatanería esotérica. Amalgamarlas y adoptar nuevas formas con las que superar la refutación del socialismo ha sido la misión de los postmodernos. Eso se desprende, al menos, del fascinante estudio filosófico de Stephen R.C Hicks, titulado Explaining Postmodernism.

La obra repasa las ideas que han confluido en ese movimiento autodenominado postmodernismo –más político que filosófico, según veremos– a través, principalmente, del análisis de los textos de pensadores de distintas épocas, desde Rousseau a Foucault, pasando por Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger y tantos otros. Hicks enuncia su tesis al comienzo de la obra: las quiebras en la epistemología hicieron posible el postmodernismo y el fracaso del socialismo hizo al postmodernismo necesario.

A grandes rasgos, modernismo y postmodernismo se diferencian desde una doble perspectiva, metafísica y epistemológica. El primero parte de una concepción realista y naturalista y supone que puede conseguirse el conocimiento objetivo con la ayuda de la experiencia y la razón, mientras que el segundo parte de lo inaprensible de la realidad y mantiene que todo conocimiento es subjetivo.

Podría parecer que una escuela de pensamiento con unos fundamentos tan romos no alcanzaría crédito alguno y, por lo tanto, aventurar que su presencia en el mercado de las ideas de las ciencias sociales y las letras sería marginal, como sin duda ocurre en las ciencias naturales. Antes al contrario, esta enésima rebelión contra la razón se ha convertido en una fuerza emergente desde finales del siglo pasado, tal como demuestra el increíble éxito de su derivada, la "corrección política". Superado el tiempo de incubación en las universidades, su influencia se deja notar en el resto de la enseñanza, los medios de comunicación dominantes, los juristas y… la política. No por casualidad, los Foucault, Derrida, Lyotard, Rorty, Fish, Lentricchia y las MacKinnon y Dworkin querían llegar a este último campo.

Durante los años cincuenta del siglo pasado, el malestar que iba produciendo en ámbitos intelectuales la acumulación de pruebas contra el socialismo, y el paralelo triunfo del capitalismo, provocó continuas escisiones dentro del marxismo dominante. De esta manera, se pasó de considerar el bienestar material como un bien a vituperarlo como nocivo, cuando no destructor de la naturaleza. De la demanda de "liberación" de la necesidad se viró hacia la lucha por la igualdad material de los individuos, segmentados por sexo, raza o identidad étnica. De las abstractas invocaciones a la universalidad de los intereses del proletariado, se giró hacia un enfoque multiculturalista, que adaptara la difusión del socialismo a la mentalidad de unas masas que se consideraba incapaces de captar ese mensaje. Frente a la prosperidad y la relativa libertad traídas al Occidente de la posguerra, Marcuse lanzó conceptos tan chocantes –fruto de conjugar marxismo y psicoanálisis – como la "tolerancia represiva" del capitalismo hacia la naturaleza humana. El advenimiento del socialismo no derivaría del historicismo marxista. Antes bien, la acción de una vanguardia revolucionaria de intelectuales que no aceptara convertirse en el "hombre unidimensional" y estimulara los elementos irracionales, prohibidos y fuera del sistema, sería la encargada de destruir el capitalismo. El terrorismo encontró por esta vía una nueva legitimación intelectual.

A continuación, Hicks se plantea por qué la extrema izquierda asumió una estrategia epistemológica escéptica y relativista. En este sentido, Frank Lentricchia nos ofrece una respuesta: "El postmodernismo no busca los fundamentos y las condiciones de la verdad sino el ejercicio del poder con el propósito del cambio social."

Los maestros del movimiento consideran el lenguaje como la cuestión central de su epistemología. Es una herramienta que no guarda relación con la realidad. Más aun, la retórica es persuasión en defecto de conocimiento. Algunos postmodernos, como Rorty, han destacado el papel del lenguaje de la empatía, la sensibilidad y la tolerancia; lo que en España se ha traducido como "buenismo" y pensamiento "Alicia". Otros, como contrapunto, lo consideran un arma. De ahí que la retórica postmoderna acuda constantemente al ataque ad hominem, al intento de silenciar a las voces discrepantes y al argumento del "hombre de paja" para desviar la atención en los debates públicos.

Otro rasgo de este neosocialismo es que, en cuanto que reacción contra la razón y la lógica que desbarataron la ensoñación socialista, guarda semejanzas con el ofuscamiento de Kierkegaard para defender la fe religiosa. Para comprender la estrategia postmoderna, empero, debe subrayarse que justifica su doble vara de medir para inclinar la balanza a favor de los históricamente oprimidos.

Llegados a ese punto, nos encontramos con la deliberada utilización de discursos contradictorios como estrategia política. Si bien claman por el subjetivismo y el relativismo, cuando los postmodernos llegan al poder, el absolutismo dogmático se instaura. Nos hallamos, pues, ante un maquiavelismo pegado a la lucha por el poder, que utiliza el relativismo para desconcertar a sus adversarios y forzar mientras tanto su agenda política. Asegura Foucault: "Los discursos son elementos tácticos u obstáculos que operan en el campo de las relaciones de poder: puede haber discursos diferentes e incluso contradictorios dentro de la misma estrategia." De esta manera resulta que el postmodernismo no tiene nada de relativista, aunque lo finja. Es una estrategia a largo plazo que se puede observar claramente en la "deconstrucción" –palabra clave– de los logros de la civilización occidental, que se pone en práctica en la educación formalizada. Éstos se habrían conseguido como resultado de la explotación sexista, racista o de otro tipo. De este modo, se comenzará socavando la creencia en la superioridad de las ideas que hicieron posible esas obras. Una vez que se ha vaciado de creencias al alumno mediante argumentos relativistas, resultará más fácil llenar el vacío con los principios correctos de la izquierda.

El nihilismo y el resentimiento hacia la civilización occidental son las notas finales que Hicks percibe en la estrategia postmodernista. Una cita de Focault nos ayuda a situarnos: "El hombre es una invención reciente que será borrada pronto, como una cara dibujada al borde de la playa." Esta sugerente frase no desmerece aquella otra exhortación de Marcuse de usar la filosofía para la aniquilación absoluta del mundo del sentido común.

En definitiva, un libro muy interesante para conocer en profundidad los fundamentos del neosocialismo actual, al que todo liberal se enfrenta. Ayuda a entender la procedencia de la inspiración de una gran parte de la casta política e intelligentsia españolas actuales, aunque muchos de ellos ni siquiera la conozcan. Es una lástima que, aunque fuera reseñado parcialmente por Gorka Echevarría hace tiempo, no se haya traducido al español.