Ir al contenido principal

Adela Cortina y la ética

Adela Cortina, catedrática de Ética, es la primera mujer en la Academia de Ciencias Morales y Políticas. En una entrevista reciente asegura: "A mí no se me ocurre decirles a los otros lo que tienen que hacer". Como filósofa no parece importarle mucho el principio de no contradicción, porque también afirma respecto a la igualdad entre hombres y mujeres: "Lo que habría que hacer es aumentar los permisos de paternidad, educar a los varones en la idea de que la casa y los hijos son tan suyos como de la mujer; hay que convencer a la gente de que todas esas tareas son comunes. Y afortunadamente hay chicos jóvenes que trabajan y se ocupan de los niños mientras ellas estudian oposiciones. Ahí es donde hay que llegar, con todas las fuerzas sociales y educativas posibles. Que las oportunidades sean iguales". Y sobre el hambre en el mundo: "¿Qué es eso de acabar con el hambre en el año 2010? ¡Hay que acabar ya, y hay posibilidades de hacerlo! Es un deber. Lo que hay que hacer es progresar, hace falta mucha revitalización". ¿Es que con los "hay que" y la proclamación de deberes no nos sermonea con lo que tenemos que hacer?

Cortina comparte la errónea tradición kantiana de que "la ética no hay que tratarla nunca como un medio, sino siempre como un fin en sí mismo". No entiende que la ética (se entienda ésta como normas, valores o virtudes) es un instrumento evolutivo de supervivencia, desarrollo y coordinación social. Para ella el principal mandamiento ético "tiene dos partes; por una parte, no dañarás, y por otra parte, ayudarás a la gente a que lleve a cabo los planes que quiera llevar". Además de la libertad negativa (no dañar, no maltratar, no agredir) "está el otro lado: el de empoderar para que las gentes puedan desarrollarse dentro de su libertad. Empoderar es darle poder a otro para que pueda llevar su vida adelante".

Todo suena muy bonito, pero en realidad resulta muy problemático. No se trata de un mandamiento sino dos, y decir que es uno con dos partes no arregla nada porque son independientes (es posible no dañar a los demás pero tampoco ayudarles) y pueden entrar en conflicto, y en ese caso será necesario aclarar cuál es más importante: toda la moralina socialdemócrata actual se basa en pretender ayudar a unos (lo que en realidad no se consigue) dañando a otros, redistribuyendo riqueza mediante la confiscación tributaria y los servicios públicos estatales. Y es que es muy típico de los malos filósofos de la ética recurrir al discurso buenista del empoderamiento olvidando mencionar que lo que se les da a unos a través del estado antes se lo han quitado a otros; y se ha hecho mediante el uso institucional de la fuerza, cuya legitimación no suelen molestarse en estudiar.

Además la naturaleza de los dos mandamientos es muy diferente. No dañar a los demás es trivial: basta con no hacer nada, y ya se está cumpliendo. Si alguien incumple la norma de no agredir, para un liberal es legítimo defenderse a sí mismo y participar en la defensa de otros; entre los colectivistas, unos quitan a la víctima el derecho a defenderse y exigir restitución, otros criminalizan acciones sin víctima y a menudo se confunden agresores y víctimas (pobres criminales originados por la sociedad).

Para ayudar a los demás hay que realizar algún tipo de acción, y además los demás son muchos y no se les puede ayudar a todos a la vez. Y cuando uno no ayuda a los demás, ¿qué hacemos? El liberal es respetuoso y tolerante y deja en paz a quienes no quieren solidarizarse con quienes necesitan ayuda; el intervencionista, en lugar de limitarse a ayudar él y pedir colaboración a otros, exige a todos que participen con él, elimina la voluntariedad y burocratiza la cooperación.

La mentalidad de Cortina es típicamente colectivista y tribal, no entiende que la sociedad es un orden espontáneo complejo que no se planifica conscientemente y que permite la coordinación de múltiples proyectos individuales sin necesidad de metas comunes. "La amistad cívica es importante para que la gente se dé cuenta de que están construyendo juntos una sociedad. Que los derechos de todos los ciudadanos se vean respetados. La sanidad pública en España se está deteriorando. Todos tenemos que tener una educación de calidad. Ésos son problemas comunes; proponerlos como asuntos que debemos resolver juntos debería crear una cierta amistad". No es extraño que se alegre de que "cada vez hay más leyes e instituciones que se preocupan de que haya más solidaridad y más justicia". Su concepto de justicia es la falaz justicia social (básicamente igualitario y liberticida), y lo que llama solidaridad es más bien asistencialismo estatista.

El discurso de Cortina no es precisamente riguroso: "Creo que lo peor que le sucede a la humanidad es que se estén muriendo 1.200 millones de personas que hay por debajo de la pobreza extrema. Me parece apabullante que existan los derechos humanos y luego haya esa cantidad de personas viviendo de esa manera…" Sus números parecen algo exagerados y su lenguaje realmente chapucero y difícil de tomar en serio, porque si estuvieran muriéndose en breve estarían muertos y dejarían de existir. Asegura que los derechos humanos "existen" pero seguramente no se refiere a aquello de vida, propiedad y libertad.

"Éste es un país en el que se despierta uno por la mañana escuchando cómo alguien impunemente insulta a otro. Y no pasa nada". ¿Qué hacemos? ¿Encarcelamos a los ofensores? ¿Y si los insultos son merecidos? Tal vez sea estupendo que no pase nada, que la gente sepa ignorar los insultos o simplemente los comparta. Parecen más graves las agresiones físicas que las verbales.

Ulrich Beck y la crisis financiera

Según él, ante los riesgos financieros globales "entran en escena los neoliberales del núcleo duro, quienes ante el peligro se han convertido de repente desde la fe en el mercado a la fe en el Estado. Ahora rezan, mendigan y suplican para ganarse la misericordia de aquellas intervenciones del Estado y de las donaciones multimillonarias de los contribuyentes que, mientras brotaban los beneficios, consideraban obra del diablo".

El uso de la etiqueta "neoliberal" ya hace sospechar de la falta de rigor intelectual de su mensaje, que adereza con sus patéticas menciones a la fe, los rezos y la misericordia, como si estas cuestiones no pudieran conocerse sino que sólo pudiera creerse o no en ellas de forma arbitraria. Beck continúa metiendo la pata al identificar a "quienes reclaman la intervención del Estado para salvar a la economía de sí misma: son los jefes de bancos y los altos directivos de la economía mundial". ¡Estos son el núcleo duro del liberalismo! O sea que el liberalismo enseña que la economía no puede planificarse de forma centralizada (¿habrá quedado algo de Hayek en la London School of Economics?) y tenemos que tragarnos que los liberales más radicales son quienes dirigen la economía mundial: "John Lipsky, uno de los dirigentes del Fondo Monetario Internacional y reconocido fundamentalista del libre mercado" y "Josef Ackermann, jefe del Deutsche Bank". ¿Burócratas de altos vuelos de las instituciones financieras como fundamentalistas del libre mercado? ¿Qué está fumando este hombre?

No hay que ser una lumbrera para entender que a los jefes de los bancos les encantan las intervenciones del Estado que perpetúan sus privilegios en el ámbito de las finanzas, como poder cobrar intereses por préstamos creados de la nada o disfrutar de garantías institucionales frente al fracaso masivo de sus malas inversiones; y las donaciones multimillonarias rara vez son demonizadas por quienes las reciben, haya crisis o bonanza.

Según Beck, si un economista "fuera sincero, tendría que admitir dos cosas: que la historia de esta crisis es una historia del fracaso del mercado, y que en todas partes gobierna el desconcierto, o más bien la brillante ignorancia". Obviamente está proyectando psicológicamente con mucha sinceridad su propio desconcierto y su nada brillante ignorancia.

Acierta parcialmente al mencionar que la diversificación de riesgos crediticios para intentar reducirlos ha terminado ocultándolos y extendiéndolos, dañando gravemente la confianza. Y conoce el problema del riesgo moral, que "el convencimiento certero de que, en una crisis, el Estado al final acabará salvándoles, permite a los bancos y a las empresas financieras hacer negocios en los tiempos de bonanza sin una excesiva conciencia de los riesgos". Pero aún así sigue creyendo que el problema es el mercado libre (que en este caso claramente no existe porque la libertad y la responsabilidad son inseparables) y no hace ninguna mención a las distorsiones de los tipos de interés por los bancos centrales como causantes de los ciclos económicos. "Ahora se sabe en todas partes que ya nada funciona sin el Estado". Beck es omnipresente y sabe lo que todos saben: nada funciona sin el Estado, fascismo puro.

Se sorprende de que se hayan disuelto sistemáticamente las instituciones de Bretton-Woods. Extraña sorpresa ante lo que no ha sucedido: el FMI y el Banco Mundial siguen allí. Pero él se refiere a que "los mercados están más liberalizados y globalizados que antes, pero las instituciones globales, que controlan su actuación, tienen que aceptar drásticas pérdidas de poder". Pobrecitas las instituciones globales en vías de extinción: nosotros sin saberlo y estamos a un paso del patrón oro, de que se cierren los bancos centrales y de que la banca respete los principios fundamentales del derecho.

Como de economía y finanzas está pez, trata de ir hacia su terreno: "las crisis financieras globales tienden a generar convulsiones sociales y a desencadenar riesgos o colapsos políticos". Parece que "lo que era todavía impensable hace pocos años se perfila ahora como una posibilidad real: la ley de hierro de la globalización del libre mercado amenaza con desintegrarse, y su ideología con colapsarse"; "los políticos dan pasos en contra de la globalización"; "se ha redescubierto el proteccionismo"; "algunos reclaman nuevas instituciones supranacionales para controlar los flujos financieros globales, mientras otros abogan por sistemas de seguros supranacionales o por una renovación de las instituciones y regímenes internacionales"; "la ideología del libre mercado es un recuerdo marchito y que lo opuesto se ha hecho realidad: la politización de la economía global de libre mercado"; "se pone de manifiesto el potencial destructivo en lo social y político de los riesgos que entraña el mercado global".

Con necios actuando como profesores universitarios no es extraño que la gente culpe al mercado libre y pida ayuda a los auténticos responsables, los políticos estatistas. "En los tiempos que corren, los banqueros actúan como los abogados defensores del libre mercado. Si el castillo de naipes de la especulación amenaza con desmoronarse, los bancos centrales y los contribuyentes deben salvarlo. Al Estado sólo le queda hacer por el interés común lo que siempre le reprocharon quienes ahora lo reclaman: poner fin al fracaso del mercado mediante una regulación supranacional".

Si la gente común sabe poco de economía, aún sabe menos de finanzas. Así se explica que un sistema financiero éticamente ilegítimo basado en dinero fiduciario sin respaldo real de curso legal impuesto coactivamente por el Estado y manipulado por un Banco Central se considere un mercado libre.

Peligro, el Gobierno nos quiere ayudar

¿Es que los políticos han de intervenir más aún en el sector privado rescatando empresas deficitarias que han sido incapaces de valorar sus riesgos? ¿Desde cuándo los gobiernos resuelven las crisis?

Las medidas de Solbes, además de no ser precisamente escasas, nada tienen que ver con la reactivación económica que supuestamente es lo que pretenden propulsar los socialistas. Los famosos 400 euros, que en realidad no lo serán porque hasta que los recibamos íntegramente se les tiene que descontar la imparable inflación, no son más que migajas comparado con la expropiación forzosa que realiza el Gobierno a nuestra capacidad productiva. El Gobierno nos arrebata cada mes la mitad de lo que producimos. Si usted cobra 20.000 euros brutos, que en realidad son más de 26.000 pero que no verá jamás en la nómina, el Estado se queda con más del 50% de todo el desembolso que la empresa realiza por su trabajo, en nuestro caso, más de 12.200 euros. Si quiere saber qué cantidad de dinero le expropia el Estado haga las pruebas en la web ¿Cuántos impuestos pago?

Otras medidas como la de alargar el plazo de las hipotecas gratuitamente, pueden convertirse en un severo riesgo para el deudor. ¿No han pensado que esto generará un plus de intereses para el deudor que, a la larga, lo puede dejar ahogado si siguen aflorando riesgos como la inflación? ¿Qué tipo de solución es esta cuando el Euribor está en máximos y hay muchas probabilidades de que Banco Central Europeo suba los tipos? A propósito, ¿recuerdan cuando el Gobierno dijo que el Euribor había alcanzado sus máximos? Otra mentira electoralista.

¿Qué nos hace pensar que el Gobierno será juicioso y justo cuando lo único que hace siempre es satisfacer sus propios intereses y jamás responde de sus negligencias? Por ejemplo, la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) acaba de anunciar que regalará 60 millones de euros a otros países. ¿Va hacer esto que lleguemos más desahogados a final de mes? Esto no paga nuestras facturas. La inútil institución, que pertenece Ministro de Asuntos Exteriores, tenía un presupuesto de 270 millones de euros en 2002 que ahora, en 2008, supera ya los 942 millones. Muy probablemente, usted ni sabía de la existencia de esta agencia gubernamental que, lejos de ayudarle en sus cuentas domésticas, le está empobreciendo, porque es usted quien paga ese dinero.

Lo realmente preocupante es que organizaciones absurdas como la AECI, que no han ayudado a mejorar la vida de nadie excepto de los burócratas que trabajan en ella, las hay a toneladas. Por ejemplo, la Generalitat de Cataluña, que en esto de saquear al ciudadano también son auténticos profesionales, se gastó medio millón de euros en una web que, según los políticos catalanes, "impulsará la lectura". ¿Es realmente necesario que en plena crisis se gasten el dinero del ciudadano en algo así? En este país han fomentado más la lectura las revistas del corazón, los diarios deportivos y los periódicos gratuitos, que son privados, que cualquier biblioteca o iniciativa pública, por más cibernética que pretenda ser.

Nuestra economía no necesita más ayudas del Gobierno. Todo lo contrario. Lo que necesita es expulsar a los políticos de nuestras vidas. La economía española sufre de un exceso de regulación empresarial tal y como demuestran los datos de diferentes organizaciones internacionales. Tenemos un mercado laboral que es la desgracia de Europa. Estamos entre los países de la UE con mayor desempleo juvenil, a la cola de Europa en productividad y a la cabeza en absentismo laboral, lo que supone un gasto del 1,22% del PIB. La única forma de salir rápido de la crisis es otorgar a particulares y empresas más libertad de comercio. Que la sociedad civil pueda innovar por ella misma, invertir y crear riqueza con sus ideas y bajo su riesgo. Sólo la libre iniciativa de la sociedad civil crea riqueza, prosperidad, diversidad e innovación. El Estado es el único freno a nuestro bienestar.

Go East, Mariano

Más allá del fulanismo y el carguismo, versiones castizas de ese vicio atroz de la derecha española llamado patrimonialismo, una derrota electoral es la oportunidad ideal para que un partido alce sus ojos del ombligo propio y se pregunte hasta qué punto los principios que dice defender se ajustan a las promesas hechas a sus lectores.

Ahora que los expertos del PP se rebanan los sesos redactando las ponencias de su congreso saqueando de paso las existencias del Starbucks más próximo, quizá les vendría bien desplegar el catalejo y practicar la política comparada. Les propongo echar un vistazo a Polonia y a su actual partido gobernante, Plataforma Cívica, ganador de las últimas elecciones de aquel país frente a los conservadores paternalistas de Derecho y Justicia y a sus socios del movimiento social Liga de las Familias.

El éxito de Plataforma Cívica, miembro del Partido Popular Europeo y liderado por Donald Tusk, fundador en Gdansk del sindicato democrático Asociación de Estudiantes Polacos en los tiempos heroicos de la lucha contra la dictadura comunista, se basó en una mezcla de carisma y defensa sin complejos de un programa liberal y laico, que no laicista, contra el intervencionismo y el discurso radical de los hermanos Kaczynski y de sus aliados integristas.

Tusk se presentó como el atractivo candidato del cambio prometiendo entre otras cosas la implantación del tipo único impositivo del 15% para IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades, la privatización de empresas públicas, la liberalización de las universidades y de la sanidad y la elección directa de los alcaldes y gobernadores de las provincias. Además, frente a la intransigencia del Gobierno de entonces, planteó una política social moderada en cuestiones como el aborto y las uniones de personas del mismo sexo, en sintonía con el sentir de la mayoría de los partidos de centro-derecha e izquierda moderada de la Unión Europea. Atractivo personal, ideas claras, ambición y errores ajenos (autoritarismo y corrupción, causas del hundimiento de la Liga y de los nacionalistas etnicistas del partido Autodefensa, que se han quedado fuera del Parlamento), éstas son las claves del triunfo en Polonia de una opción liberal por encima del socialismo del resto de los partidos.

No sé hasta dónde llegarán Tusk y los suyos. Supongo que algo se dejarán en el camino del consenso y la demagogia. Sin embargo, y salvando las diferencias, la victoria de los liberales en algunos países del Este de Europa (también en Hungría, aunque allí el desempeño del Gobierno ha dejado bastante que desear) frente a los ex comunistas y a las fuerzas nacionalistas y confesionales demuestra que es posible la articulación de una opción política no izquierdista, liberal, nacional y capaz de gobernar sin hacer concesiones al progresismo ni proponer la vuelta al Concilio de Trento.

El caso polaco es uno de tantos que convendría figurasen en la agenda de los cerebros grises del PP y think tanks anexos. En los años ochenta, los demócratas del Telón de Acero tomaron a España como modelo de transición. Al final, fue la ruptura más o menos pactada, y no la reforma, la que trajo la libertad a sus países. Casi 30 años después de la caída del Muro, las tornas han cambiado y somos nosotros quienes debemos tomar nota. Por si alguien en Génova está interesado, sepa que existen vuelos diarios entre Madrid y Varsovia, con ofertas más que interesantes. Además, la mayoría de los líderes de Plataforma Cívica hablan un inglés excelente.

Menos playa y más abrigos, Mariano. Si los miembros fallecidos de Village People levantasen la cabeza, seguro que lo primero que harían sería cambiarle la letra a uno de sus mayores éxitos: Go East!

El canon y los errores de Aguirre y Rajoy

Si ustedes recuerdan, todo comenzó cuando el grupo popular en el Senado votó a favor de una enmienda a la LISI, la ley de internet del PSOE, en la que se eliminaba el canon digital aprobado anteriormente por todos los grupos, incluyendo el popular. La diputada del PP más querida por los titiriteros progres patrios, valga la redundancia, se dedicó entonces a despreciar a sus compañeros de la Cámara Alta indicando que habían votado sin saber lo que hacían. Pero el PP en el Senado siempre ha sido contrario al canon y a todo lo que supusiera poner trabas a internet y nuevas tecnologías, desde los tiempos en que Esteban González Pons, uno de los pocos políticos españoles que sabe distinguir un portátil de una patata, dirigió la Comisión de Redes Informáticas de la cámara, allá por el 98.

El debate de ideas, que llevaba años produciéndose en la sociedad, aunque no entre los políticos, se intensificó durante los días en que, primero, el grupo popular en el Congreso decidió pedirle a Rajoy que se definiera para votar en consecuencia y, segundo, el propio líder del PP decidió que su partido estaba contra el canon. Había muchas y buenas razones para adoptar esa posición, y sin Rajoy decidió hacerlo fue en buena parte porque estos motivos se habían debatido intensamente.

Así pues, parece claro que el debate de ideas que pidió Esperanza Aguirre es bueno y necesario. Sin embargo, no es lo único. El PP tuvo un serio problema de credibilidad tras cambiar su postura oficial respecto a este tema. Al fin y al cabo, aprobó el canon digital cuando votó a favor de la Ley de Propiedad Intelectual y las posturas públicas de su portavoz de Cultura, Beatriz Rodríguez Salmones, habían sido a menudo mucho más radicales y favorables a los intereses de nuestros amables culturetas que las de los propios representantes del PSOE. Así pues, ¿cómo podía el PP convencer a los votantes de que realmente había cambiado de postura y no estaba intentando conseguir votos para luego olvidar sus promesas?

La respuesta, de tan sencilla, casi da vergüenza tener que dejarla negro sobre blanco. Bastaba con que la titiritera del PP, la diputada que más a favor había estado del canon digital, la que insultó a sus compañeros del Senado por adoptar la posición correcta, no fuera reelegida. Pero don Mariano decidió que formara parte del comité que elaboró el programa del partido y fuera de número 10 por Madrid, es decir, en un puesto en que todo el mundo sabía que volvería a la Carrera de San Jerónimo. De modo que así, tontamente, perdió la oportunidad de ganarse el voto de un buen número de jóvenes.

Lo que nos lleva a otra conclusión: señora Aguirre, las personas también cuentan, y mucho. Después de Elche, dudo que Rajoy pueda volver a ganarse a un buen número de votantes del PP. Yo, por de pronto, que entré en el partido el día en que volviendo a casa vi la sede apedreada, en aquellos días en que los pacifistas del no a la guerra que es muy perra atacaban las sedes del PP, me daré de baja inmediatamente después del Congreso si el gallego es reelegido, como parece inevitable que lo será. Y votaré a UPyD en las próximas elecciones si sigue al frente, porque ya no me creo nada de lo que me pueda decir.

Las falacias de Peces

Dentro de la furibunda campaña desatada por el Gobierno para exigir sumisión a sus planes de implantar su Educación para la Ciudadanía obligatoria, el señor Peces Barba se encargó de publicar un artículo en el órgano de propaganda habitual de la mañana. Uno de los inspiradores de este adoctrinamiento estatal en las corrientes del socialismo para niños se ha dado cuenta de que la reciente sentencia del TSJ de Andalucía –seguida por otra en la misma línea– abre una vía de agua de incalculables consecuencias para sus planes: su seguimiento podría convertir la "asignatura" en optativa.

Como punto de partida recordemos que estas decisiones judiciales han reconocido el derecho de unos padres a ejercer la objeción de conciencia frente a esa asignatura, que sus hijos no la cursen y, por lo tanto, que se les exima de ser evaluados. Pues bien, como para abrir boca, Peces, sin duda informado, pero acaso sobreestimando la influencia evidente del Gobierno sobre los jueces, se atreve a pronosticar sobre la primera sentencia que "no tiene (…) muchas posibilidades de sobrevivir a un recurso serio que ya está en marcha".

A mi modo de ver, el meollo de su peculiar tesis reduce el debate a la contraposición de dos apartados del artículo 27 de la constitución española de 1978. Según él, la declaración de que "la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales", contenida en el apartado 2, fundamenta y legitima la denominada Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos como un trasunto de la ética pública recogida en la Constitución. Siempre según Peces, ante esa declaración no puede invocarse la "ética privada" recogida en el 27.3 que reconoce el derecho a recibir la formación religiosa y moral acorde con sus convicciones, como derecho de los padres. Todo ello, porque –aunque tiene el exquisito detalle de identificar a los herejes recurrentes en un artículo de escasas líneas– "la Iglesia no puede pretender que esas convicciones sean siempre las que la jerarquía interprete, ni mucho menos que eso abarque a la ética pública democrática que es competencia de la soberanía popular y de la regla de las mayorías que marcan el sentido de las normas, entre ellas las que dibujan los contenidos de la Educación para la Ciudadanía".

Un enunciado tan impreciso como el que, según él, legitima al Estado para imponer una ética pública, prevalece sobre el mandato expreso que se deduce de la frase "los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones". Olvídense de la distinción, que parecía común entre estatistas socialdemócratas, de los campos normativos atribuibles al estado (derecho) y al individuo/sociedad (ética): Peces ha superado ese estadio de la evolución histórica.

Obsérvese, por otro lado, la grosera trampa tendida por este autor respecto al sujeto del derecho a la objeción de conciencia. En realidad no son los padres que formulan la objeción de conciencia quiénes quieren defender sus convicciones frente al Estado, sino la Iglesia (que, como era de esperar, identifica con la jerarquía católica). Esta falacia constituye uno de los ejes de la descalificación de todo posible objetor de conciencia, así como la presentación de una falsa disyuntiva entre pensamiento secular, que debe imponer el Estado apoyado en la mayoría, y las creencias religiosas. A continuación, pretende soslayar el ataque contra la filosofía de la libertad que los programas y objetivos de esta asignatura para la enseñanza primaria y secundaria representan, con el expediente de que ese adoctrinamiento resulta una consecuencia más de la evolución del pensamiento político y jurídico occidental, como si éste hubiera sido unívoco.

En varias ocasiones insiste en descalificar los argumentos de la sentencia como contrarios a la modernidad. Mezcla referentes de un signo y sus contrarios para apuntalar su pintoresca afirmación de que la imposición de toda esta cosmovisión antropológica socialista (en su versión de la corrección política) a los niños y adolescentes, constituye un lógico trasunto del pensamiento liberal (¡!). Uno contempla con estupor la enumeración de Bodino, Grocio, Bentham, Kant y, para colmo, Locke, como modestos precursores del excelso pensamiento pecesbarbiano. Evidentemente, el autor confía demasiado en el desconocimiento de las aportaciones de estos filósofos y las escuelas a las que comúnmente se les asigna.

Sin embargo, el mandarín que es Peces supura por la herida al percatarse de que el tribunal de Andalucía sopesa la genérica obligación de obedecer las leyes y la excepción a ese sometimiento, amparada también en el derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa, recogido en el artículo 16 de la misma constitución que dice defender. Como consecuencia de ello recurre a otro hombre de paja de signo contrario, cuando identifica a las muchas y variadas escuelas de derecho natural con un "anarquismo jurídico, que sitúa a la voluntad de cada individuo por encima de la norma aprobada por mayoría en las sociedades democráticas".

No puede ser por simple ignorancia, sin embargo, que este catedrático de Filosofía del Derecho omita el análisis de los fundamentos de una reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a la que el tribunal andaluz hace parcas referencias, cuando ha tachado a éste de contrario a la modernidad.

No en vano, el tribunal europeo estimó la queja de unos padres noruegos contra la denegación por parte de las autoridades de su petición de eximir completamente a sus hijos de asistir a las clases de una asignatura obligatoria denominada Cristianismo, Religión y Filosofía. A la postre, los jueces entendieron que el programa de dicha asignatura sesgaba sutilmente al alumno hacia la prevalencia de la iglesia evangélica luterana, frente a otras religiones incluidas en su objeto de estudio. Por cierto, la constitución noruega (artículo 2) atribuye el estatuto de religión oficial del reino a dicha iglesia cristiana, al tiempo que proclama la libertad religiosa. En definitiva, el tribunal llegó a la conclusión de que la actuación del estado noruego vulneró el artículo 2 del protocolo primero del Convenio Europeo de Derechos Humanos, en cuanto que no respetó el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo a sus convicciones religiosas y filosóficas. Y ello a pesar de que las autoridades noruegas reconocían a los padres un derecho de objeción de conciencia parcial a esa asignatura. Bien es cierto que su ejercicio obligaba a los progenitores a escrutar la información de las escuelas sobre las actividades derivadas de cursar esa asignatura para, llegado el caso, formular una petición fundada de exención de participación de sus hijos en una concreta.

A este respecto, el tribunal reafirma que la norma aplicable no permite diferenciar entre una instrucción religiosa y otras materias, sino que prescribe al estado respetar las convicciones de los padres, bien sean religiosas o filosóficas, en el conjunto del programa de la enseñanza reglada por el Estado. Asimismo, prohíbe al Estado perseguir un fin de adoctrinamiento que pueda considerarse irrespetuoso de las convicciones religiosas y filosóficas de los padres. Ahí radica el límite que no se puede traspasar, enfatiza la doctrina de la Corte de Estrasburgo.

Si el Gobierno de Z consiguiera que el Tribunal Constitucional avalase su adoctrinamiento nada sutil, el recurso al Tribunal de Estrasburgo podría amparar a los padres objetores y desbaratar la infalibilidad que blande este botarate. Reconozcan, padres liberales, dondequiera que residan en España, que ha llegado el momento de plantear la objeción de conciencia contra una asignatura obligatoria para sus hijos que ataca los fundamentos de la libertad.

La extensión del foralismo en España

En su trabajo Naciones por consentimiento. Descomponiendo el Estado-Nación, Rothbard asegura que un mayor número de nuevas naciones, de tamaño por tanto más reducido, puede incluso favorecer el desarrollo del libre mercado, ya que el poder estatal quedaría contrarrestado a través de la competencia administrativa proveniente de otras entidades políticas en competencia directa. ¿Pero se traduce de algún modo esto en la práctica?

Bien, echemos un vistazo al índice de libertad económica que elabora anualmente la Fundación Heritage, que analiza 157 países de todo el mundo. En la edición de 2008, recientemente publicada, observamos que los modelos federalistas y secesionistas ocupan los primeros puestos de la tabla. El ranking lo lidera nuevamente Hong Kong, seguido de Singapur. El tercer puesto es ocupado por Irlanda, constituido como país independiente del Reino Unido en la primera mitad del siglo XX, mientras que el cuarto y quinto puesto son ocupados por Australia y EE.UU, respectivamente, ambos con sistemas políticos federales. Es más, el modelo federal de Canadá (puesto 7) y el cantonés de Suiza (9), superan incluso en libertad económica a la avanzada economía liberal de Reino Unido. España se sitúa en el puesto 31 del ranking. ¿Casualidad? Lo dudo.

Mientras, en España, las comunidades autónomas gestionan ya más recursos que el propio Estado en materia de gasto. Así, el gasto público regional, en cuanto a operaciones no financieras, aumentará de media un 6,03% en 2008, hasta alcanzar los 164.396 millones de euros. Esto supone un 7,76% más que el gasto que contempla los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para el presente ejercicio: 152.560 millones. Sin, duda, se dirá que tal proceso también se está traduciendo en una regresión de las libertades individuales y en el auge de nuevas trabas administrativas y fiscales al libre mercado en ciertas comunidades autónomas. Y no les falta razón. Sin embargo, observo más oportunidades que desventajas.

La descentralización conlleva el auge de entidades administrativas con capacidad autónoma, aunque de momento limitada, para establecer sus propios marcos y normas regulatorias dentro del propio Estado nacional, fomentando con ello la competencia fiscal y económica entre los diversos territorios que lo constituyen.  A este respecto, destaca la Comunidad de Madrid como referente obligado para el resto de regiones a la hora de fijar sus respectivas políticas fiscales. Desde su llegada al poder en 2003, la presidenta regional Esperanza Aguirre ha provocado un efecto arrastre en la eliminación de determinados impuestos, como el de Sucesiones y Donaciones y el de Patrimonio, que tras la rebaja en esta región ha terminado siendo eliminado por el Gobierno nacional del PSOE, contradiciendo su supuesta ideología progresista.

Según los últimos datos oficiales, los vascos disponen de una PIB per cápita de 30.600 euros, duplicando casi la de los extremeños y andaluces. Le siguen Madrid (29.900) y Navarra (29.500). Por el contrario, Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, receptores netos de los recursos tributarios de las comunidades autónomas más ricas, siguen ocupando los puestos de cola en este ámbito. Su PIB per cápita sigue siendo inferior al 80% del PIB per cápita medio español (situado en 23.396 euros). Es más, la diferencia entre regiones ricas y pobres se ha ampliado el pasado año, poniendo en evidencia algo que la Escuela Austriaca viene demostrando desde sus inicios: la redistribución de los recursos no genera en ningún caso riqueza ni capital, tan sólo dependencia e ineficiencias económicas.

Así pues, la descentralización política y administrativa, que tantos insisten en criticar, lejos de suponer un peligro o riesgo, acentúa dos esferas básicas de la praxis política. Por un lado, la autoridad de los gobiernos locales y regionales, lo cual implica el acercamiento de la administración a los ciudadanos, en términos de eficiencia, accesibilidad y comprensión. Pero también, en cuanto a la posibilidad de ejercer un control más férreo y directo de la gestión pública por parte de los individuos, ya que la decisión de aumentar impuestos es mucho más perceptible.

Por otro, al competir más estrechamente, con entes descentralizados similares, el Gobierno regional pondrá énfasis y esfuerzo en el desarrollo y mantenimiento de políticas públicas claramente tendentes a mejorar los niveles de desarrollo y crecimiento económico puesto que, de no seguir tal dinámica, su población emigraría a contextos más favorables para sus intereses particulares, votando con los pies.

Desde mi punto de vista, asistimos a una oportunidad histórica para el tránsito del estado autonómico a un estado federal. Y más aún para la posible consolidación en el futuro de un modelo netamente foral (ya sea de regiones o de provincias) en el que las distintas comunidades administrativas dispongan de plena autonomía tributaria bajo el principio de libre consentimiento. De este modo, se abre una puerta a la configuración de un Estado central mínimo que se alimentaría de las aportaciones voluntarias de cada entidad política, bajo la férrea y cercana supervisión de sus respectivos contribuyentes.

Leer más

Hitler, líder de la izquierda

Resulta bastante chocante que un movimiento llamado nacional socialismo se haya atribuido a la derecha, pero eso sólo es debido a que el comunismo reclamaba para sí el título de ser la verdadera izquierda y porque los planes expansionistas de Hitler le llevaron a romper el pacto de no agresión con Rusia, que meses antes le había servido a las dos partes para repartirse Polonia.

Hitler fue modelando su ideología con los años. Pero no la llegó a cambiar del todo desde que, en su juventud, mostraba una sincera simpatía por las organizaciones de trabajadores y esa mezcla de indignación y odio hacia productores y empleadores que es distinción de tantos en la izquierda. Hitler explicaría, ya como líder del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores que “nosotros somos socialistas; somos enemigos del actual sistema económico capitalista por su explotación de quien es económicamente débil, con sus salarios injustos, con su indecorosa evaluación del ser humano según su riqueza y propiedad en lugar de su responsabilidad y sus logros. Y estamos todos dispuestos a destruir este sistema bajo cualquier circunstancia”.

Esa voluntad de crear un nuevo orden, de erigirlo con todo el poder del Estado, de transformar la sociedad, son señas de identidad de la izquierda. También ese antiindividualismo expresado por Hitler en sus palabras así: “El interés común frente al propio; ese es el espíritu del programa. Romper la servidumbre de los intereses, ese es el corazón del nacional socialismo”. En su programa exigían “la abolición de todos los ingresos no ganados por el trabajo”, esto es, “la ruptura del esclavismo del interés”.

Sus políticas fueron pioneras de varias obsesiones de la izquierda. Especialmente el control de armas, pero también la legislación antitabaco, a favor del aborto y de la eutanasia, la discriminación positiva y su obsesión por los derechos de los animales. Otro rasgo esencial del nacional socialismo que comparte con otros izquierdismos es su odio inextinguible por el cristianismo. El hecho de que los nazis coquetearan con el neopaganismo y el gnosticismo tampoco es circunstancial.

Por otro lado muchos pensadores y políticos de izquierda han adoptado posiciones que, aunque se pueden rechazar desde la izquierda, son en verdad propias de esa ideología y rasgos claramente identificables del nacional socialismo. La obsesión por la relación entre la población y los recursos, que llevó a los nazis a acuñar el concepto del espacio vital o lebensraum. En nombre de esas ideas, la izquierda internacional promovió la esterilización masiva de poblaciones enteras en el tercer mundo, décadas después de vencido el nazismo en la guerra, aunque no en las ideas. En Suecia, el matrimonio Gunnar y Alva Myrdal, premios Nobel de Economía y de la Paz respectivamente, escribió en 1934 Crisis en la Cuestión de la Población. Al año siguiente, y hasta los 70, el Gobierno sueco esterilizó a decenas de miles de mujeres con razones como su incapacidad económica para mantener a los hijos, o el ser de una “raza mezclada” o “gitana” o “imbécil”.

¿Denigra a la izquierda contar con Hitler entre sus líderes? No más o menos que los Lenin, Pol Pot o Stalin. Quizás no despierten ahora las pasiones de antes, pero un par de hombres de progreso como Willy Toledo, aquél que se presentó en una gala de los Goya con una camiseta de Ho Chi Minh, y no habrá totalitario que quede en el olvido de cierta izquierda.

El romance con el Estado

La sociedad es tan víctima como cómplice del Estado intervencionista. Es verdad que numerosos programas estatales medran al abrigo de grupos de presión que, en connivencia con el gobierno, buscan beneficiarse a costa de los demás. Pero al final del día el Estado del Bienestar goza de buena salud porque la mayoría de gente cree, equivocadamente o no, que es justo y beneficioso. Las economías mixtas occidentales, mitad mercado y mitad Estado, son el reflejo de la popularidad relativa de las distintas corrientes ideológicas en la sociedad.

Según un reciente estudio de GlobeScan llevado a cabo antes de la crisis, mayorías en casi todos los países analizados opinan que la economía de mercado es el mejor sistema. Eso explicaría por qué no vivimos en una economía socialista. Pero la imagen que mucha gente tiene de la "economía de mercado" seguramente ya es la de una economía mixta, como sugiere el hecho de que mayorías aún más importantes apoyen fuertes regulaciones estatales. Eso, y minorías sustanciales tajantemente en contra del mercado, explica por qué vivimos en una economía mixta y no en una economía libre.

La gente simpatiza con el Estado por diversos motivos: desea formar parte de una facción gobernante, busca un sistema de validación o legitimación "oficial", prefiere conformarse a esforzarse por justificar una posición disidente, persigue y racionaliza la obtención de privilegios, etc. Daniel Klein propone una hipótesis adicional más ambiciosa: el romance de la gente. Los individuos se sienten atraídos por la idea de un proyecto colectivo que trascienda sus humildes acciones y los coordine a todos en pos de un fin común. Este "romance" puede tomar distintas formas, pero en el ámbito político quien mejor lo representa es el Estado.

Los individuos, en relación con el Estado, experimentan un sentimiento de coordinación mutua, poseen una percepción común de la naturaleza, el funcionamiento y la finalidad del proyecto colectivo. En el mercado, este sentimiento de percepción compartida está ausente. La coordinación es indirecta, cada individuo persigue su propio interés, lo que resulta en intercambios que traen prosperidad y armonía social. Pero a primera vista el mercado son individuos corriendo en distintas direcciones, con intereses enfrentados, sin que sea su intención hacer una sociedad más justa y próspera. No en vano Adam Smith se refería a la mano invisible del mercado. La imagen que transmite el Estado, por el contrario, es la de un épico proyecto colectivo con la misión expresa de crear una sociedad mejor. Esta visión es mucho más romántica. El Gobierno establece instituciones permanentes que nos aportan una experiencia compartida, y las dramáticas pugnas electorales refuerzan la percepción de que nos hallamos ante una empresa heroica.

Klein destaca las siguientes razones como posible fundamento del romance de la gente con el Estado. En primer lugar, puede ser el resultado de la evolución primate y humana. En los pequeños colectivos de cazadores las experiencias eran compartidas, los líderes proporcionaban un punto focal a los integrantes del grupo y las desviaciones no eran habitualmente toleradas. En segundo lugar, las personas pueden proyectar en la sociedad y en el Estado el patrón de comportamiento que han observado en el núcleo de la propia familia. Durante su etapa formativa las personas viven en un entorno de relaciones comunales y altruistas, "planificado centralizadamente" por los padres. Ellos deciden y los hijos obedecen, en especial antes de la adolescencia. La autoridad paternal también valida la interpretación y la justificación de las conductas ("eso está mal porque lo digo yo"). En tercer lugar, nuestra naturaleza también es, en un sentido metafórico, centralizada. Nos damos órdenes para actuar coherentemente en una determinada dirección, reprimimos emociones y sentimientos, nos procuramos paz interior desterrando pensamientos o emociones "disidentes" que nos perturban. Quizás también extrapolamos este patrón de conducta al ámbito social. En cuarto lugar, las organizaciones intencionales, deliberadamente creadas y jerarquizadas para un determinado fin (iglesias, empresas, escuelas etc.), nos proporcionan otro modelo mental de relaciones centralizadas desde el que entender la sociedad y el Estado. Los miembros de una organización intencional comparten experiencias, objetivos y un sentimiento de pertenencia o identidad. Bajo el prisma de este modelo, la sociedad puede verse como una organización o empresa y el Estado como su líder o director.

Si la hipótesis de Klein es cierta, ¿qué futuro le espera al liberalismo? Según Klein, el liberalismo raramente puede apelar a los instintos románticos de la gente porque la libertad es una ética de mínimos ("haz lo que quieras siempre y cuando respetes la libertad de los demás"), no un proyecto positivo. Solo en ocasiones especiales, como en la revolución americana, el liberalismo ha sido una empresa genuinamente romántica. Por tanto, el estatismo juega con ventaja, parece conectar mejor con las aspiraciones románticas de la gente. Una opción es redefinir el conflicto ideológico de un modo tal que la defensa de la libertad sea percibida como una lucha épica en contra de un enemigo opresor y no como una mera disputa académica. Otra opción es recurrir a la crítica racional y a la persuasión. "Explicar a la gente que tiene una afición por los dulces que no es saludable forma parte del proceso que lleva a repudiar esa afición."

Klein cree que los avances en la comunicación y el transporte que el mercado ha introducido, así como la prosperidad a que ha dado lugar, están minando los cimientos del romance de la gente. Ya no estamos vinculados a un solo grupo, que monopoliza nuestro sentimiento de pertenencia y actúa como único punto focal. Nuestra experiencia común disminuye, tenemos varios puntos focales y experimentamos estructuras menos jerarquizadas y más espontáneas o en forma de red. Esta dislocación no ocurre solo con respecto a la experiencia, también ocurre con respecto a la interpretación de la realidad social. La cultura política oficial está perdiendo protagonismo. La gente recurre a internet, a programas de radio o a la televisión por cable para obtener la interpretación que quiere. El intento de hacer del Estado un proyecto colectivo romántico es recibido con creciente escepticismo.

Los socialistas arguyen que un Estado grande es necesario para corregir las carencias del mercado o compensar las flaquezas de la naturaleza humana. Los liberales responden convincentemente que no, y que lo único que requiere el triunfo de la libertad es que la gente abrace las ideas liberales. Pero este planteamiento elude una cuestión interesante: ¿qué ocurre si las personas, románticas empedernidas, somos proclives a asimilar ideas estatistas pero no ideas liberales?

El machismo de la cadena de los terroristas suicidas

Desde hace algunas semanas la orientación general de la cadena radiofónica tiende más a lo artístico y a lo literario. Las fotos trucadas de Aznar con George Bush y Blair o el artículo de su director con graves insultos a unos cuantos columnistas de la competencia son la confirmación de este cambio de rumbo.

El último texto del descubridor de los terroristas suicidas "confirmado por tres fuentes distintas" acusa a quienes han criticado la idoneidad de personajes como Carmen Chacón para convertirse en ministras de cosas muy feas, incluida cierta afición a realizar groseras actividades privadas que reblandecen la columna y te dejan ciego como efecto colateral. Y todo porque para el pijoprogresismo a las mujeres no se les debe criticar aunque sean tan incompetentes como sus colegas varones. Si las mujeres de izquierdas se respetaran a sí mismas un poquito más denunciarían esa actitud como ejemplo de machismo, pues la igualdad supone que todos, hombres y mujeres, también están sujetos a la crítica en la misma medida.

El rechazo del nombramiento de Carmen Chacón como ministra de Defensa no tienen nada que ver con su condición de mujer, y mucho menos de mujer saludablemente embarazada, Dios la bendiga. Se trata simplemente de que alguien que se declara pacifista, antimilitarista y "verde por fuera y roja por dentro" no es la mejor elección posible para dirigir el ejército de un país integrado en la OTAN. Es como si designaran a Brigitte Bardot o a cualquier otra militante antitaurina para presidir las corridas de la Feria de San Isidro en Las Ventas. Un despropósito.

Los jaleadores de Zapatero exaltan su figura como el personaje histórico que ha dignificado la figura de la mujer gracias a sus recientes nombramientos. Sin embargo, las mujeres han estado perfectamente preparadas para asumir estas y mayores responsabilidades mucho antes de que ZP iniciara su cruzada feminista a través del establecimiento de cuotas. En todo caso el argumento se les vuelve en su contra, pues si hasta que llegó Zapo la mujer no podía acceder en igualdad de condiciones a las altas magistraturas de la política, resultaría que las ministras y presidentas de las cámaras nombradas en su día por Aznar y González tuvieron que serlo necesariamente en función de su preparación y solvencia, no de su sexo, lo que situaría a estas pioneras muy por encima de sus colegas actuales en términos de mérito personal.

El establecimiento de cuotas, sean las que sean, son un insulto a quienes no necesitan estos favores amañados para labrarse un lugar preeminente en el mundo de la política, la empresa o la sociedad. Los más brillantes rechazan este juego sucio, aunque sea en su favor. En cambio, las agraciadas por la pedrea ministerial del Feministo se declaran encantadas de "hacer Historia" gracias al macho alfa del Consejo de Ministros. Pueden estar seguras de algo: ninguna mujer consciente de sus capacidades va a sentir jamás envidia de ellas.