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Ea, ea, ea… Chávez se cabrea

El éxito que el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, ha cosechado en su enésima ofensiva contra el movimiento terrorista totalitario en la que ha caído el dirigente comunista Raúl Reyes ha sacado de sus casillas al gorila rojo quien, desde su insufrible programa de televisión, Aló Presidente, ha ordenado la retirada de su embajador en Bogotá y mandado diez batallones a la frontera con Colombia después de guardar un minuto de silencio por uno de los terroristas más sanguinarios de Latinoamérica.

Si el monopolio del uso de la violencia puede tener alguna justificación, esa es precisamente la de la ventaja competitiva que puede tener en el uso que Uribe le da para proteger la vida y la propiedad de los colombianos de las fauces de las FARC. Ese uso defensivo de la violencia –que desgraciadamente Uribe no mantiene en su "lucha contra el narcotráfico"– es precisamente lo que ha hecho que la popularidad del presidente colombiano se mantenga en máximos históricos desde su llegada al poder. Alguno dirá que a Reyes se le abatió en suelo ecuatoriano y que eso no puede considerarse un uso defensivo de la violencia. En mi opinión lo que constituiría un uso ofensivo de la violencia sería la matanza de inocentes –que no se ha producido– o el uso de los fondos públicos de los ecuatorianos para proteger a estos criminales que manchan de sangre al movimiento de izquierdas.

Chávez se ha apresurado en convencer a Rafael Correa de que debe poner firme a Uribe y ha declarado él mismo que la muerte de un criminal de las FARC en la frontera venezolana sería motivo de guerra. Eso sí que es dejar bien claro tu disposición a usar los impuestos de los maltrechos venezolanos para sustentar el intento de eliminar las libertades individuales en el país vecino. Sin embargo, dudo mucho que Correa le siga el juego por mucho tiempo. La labor incansable de Uribe ha logrado que la comunidad internacional haya dejado de ver a esos revolucionarios colombianos como simpáticos idealistas. La lucha contra esos desalmados ha recuperado la legitimidad que nunca debió perder, y contra eso es muy difícil luchar por muy "hermosa" que sea la experiencia democrática de estos dos amantes del autoritarismo.

El todavía presidente de Venezuela se cabrea, vocifera y da brincos y piruetas desde la jaula dorada en la que empieza a convertirse su Gobierno. Motivos no le faltan. Chávez es miembro honorífico de un club internacional para la recuperación del socialismo conocido como Foro de Sao Paolo que empieza a perder socios después de un largo periodo de expansión. Para colmo de bienes, este benefactor de los terroristas latinoamericanos ha perdido un referéndum al son del "por qué no te callas", está perdiendo lentamente a su amigo Fidel Castro, una asquerosa multinacional capitalista como Exxon le está ganando la partida contra sus impunes expropiaciones en tribunales internacionales y la población se está atreviendo a contestar sus continuas payasadas belicosas. Ea, ea, ea…

El monopolio de la sensibilidad sobre África

En el Tercer Mundo hay millones de personas muriéndose de hambre, y en Occidente seguimos haciendo el paripé. Los que se hacen pasar por líderes morales e intelectuales (estrellas del pop/rock, activistas de izquierda, multibillonarios y políticos de todo el espectro) continuan exigiendo más ayuda exterior, más millones de nuestros bolsillos para mandar a los gobiernos de los países africanos. Parecen no darse cuenta de que en más de 50 años, África no ha conseguido ningún progreso gracias a la ayuda exterior. De hecho, los pocos, aunque los esperanzadores progresos que se vislumbran (1 2), son a pesar de nuestra "peligrosa generosidad"; es decir, a pesar de los billones de ayuda gubernamental, que no llegan a los africanos necesitados, sino que se pierden misteriosamente en el camino, entre armamento y cuentas bancarias de dictadores desalmados. Y es que parece más cómodo y lenitivo darles el dinero, pensar qué buenos somos y luego olvidarnos del tema, y de las consecuencias que puede traer. Salvar el mundo puede ser perjudicial, dice Xavier Sala-i-Martin.

La ayuda exterior parece mucho más popular y cómoda que las medidas que realmente podrían aliviar a los países más pobres, esto es, eliminar toda clase de proteccionismo. Parafraseando un versículo bíblico: "engordó Occidente, y tiró coces (engordaste, te cubriste de grasa)".

A pesar de presiones fiscales intolerablemente altas, y quizás en parte incentivados por los fracasos gubernamentales, surgen iniciativas individuales muy interesantes; por poner dos ejemplos que defienden la economía de mercado: Umbele (futuro), fundada por Sala-i-Martin, o Enterprise Africa!, proyecto del Mercatus Center de la Universidad George Mason.

Estas organizaciones privadas demuestran que el ser humano tiene su parte altruista, en contra de lo que enseñan algunos modelos económicos, y de la creencia de que solo el Estado puede encargarse de la caridad (tanto dentro del país como en el exterior). No obstante, no hay que olvidar los casos de fraude de algunas ONG’s, que dañan muchísimo la imagen de las fundaciones honestas, haciendo que los particulares se piensen dos veces si colaborar con ellas o dedicar su dinero para otros usos.

Mientras estos proyectos son una realidad, personas interesadas dedican años de esfuerzo a estudiar in situ problemas que padecen los africanos (como esto) y gran cantidad de misioneros siguen ayudando y trabajando allí; mientras tanto, la izquierda parece tener el monopolio de la sensibilidad hacia los pobres. Su discurso de culpabilización del capitalismo y auto-flagelación de Occidente (ojo, tampoco hay que caer en el error de olvidar lo que Occidente ha hecho en esos países: llevado por el deseo imperialista de controlar el mundo conocido y sus recursos naturales, y de jugar con las fronteras africanas como si jugaran a un juego de mesa; pero no se puede explicar la situación actual de estos países por ese pasado, ya no cuela) sigue siendo el que cuenta con mayor aceptación en los medios.

Sin embargo, los países más pobres necesitan menos recetas socialistas, mucho más mercado y mucho más capitalismo. Y no es un capricho liberal, se trata de que millones de individuos salgan de la pobreza y dejen de morir de hambre. Se trata de que millones de personas puedan llegar a ser propietarios de los frutos de su trabajo y esfuerzo, que cuenten con seguridad jurídica y sean libres para contratar y comerciar con quien dispongan (esto se relata aquí con un caso real).

En Occidente nos podemos quejar de los atropellos que se cometen contra la libertad, de las actividades irresponsables y muy perjudiciales de los bancos centrales, etc., pero deberíamos mirar a lo que pasa en otros lugares, y sentirnos agradecidos de nuestra situación. Puede venir una grave crisis que podría haber sido evitada, y aunque hay que identificar las causas, analizar el tema y difundir las conclusiones (para eso ya está el Observatorio de Coyuntura Económica de este Instituto), estaría bien que abriéramos los ojos a otras realidades, para relativizar los sufrimientos de Occidente, y tener presente que mientras a muchos de nosotros nos sobra lo más necesario, otros mueren de hambre. Esto suena a autoflagelación anti-capitalista y de izquierdas, por eso decía que parecen tener el monopolio de la sensibilidad. Pero en realidad, creo que es un ejercicio sensato: apartar la mirada de nuestro ombligo y nuestros problemas.

Es así como experimentaremos el impulso vital que nos conducirá a una lucha auténtica contra las ideas y políticas, tan perjudiciales para aquellos a los que se pretende ayudar, de nuestro Occidente actual.

Me paso el día bailando

La lumbalgia que atormenta a la señora de Fernández debe tener carácter episódico, porque lo cierto es que en las imágenes del happening se le ve muy suelta. Y eso que lo que sonaba por los altavoces era tan sólo el tema electoral de las juventudes socialistas, porque si llegan a poner alguna de las inmortales composiciones del grupo Los Cirros (The Beatles eran conocidos en sus buenos tiempos como "Los Cirros de Liverpool"), la pobre mujer hubiera podido acabar descoyuntada de tanto mover el esqueleto.

Las lumbalgias, y en general las afecciones musculares de la espalda, suelen requerir algunas semanas de reposo, salvo que el paciente sea cónyuge de un alto cargo socialista, en cuyo caso lo que le viene bien a esos riñones doloridos es viajar en coche durante cuatro horas y nada más bajarse tirarse otra hora más de pie haciendo palmas y moviendo el culito al ritmo de la música.

Miren de nuevo las imágenes. ¿Ven a un señor con la chaqueta de pana oficial haciendo el chorra a la izquierda de Bermejinsky? Es el secretario general de los socialistas murcianos, trabajando a brazo partido por defender los intereses de la región. También le dolía la espalda, en este caso de tanto luchar por traer agua Murcia y mejorar sus infraestructuras, como sabemos todos los murcianos. Otra lumbalgia del carajo y sin embargo ahí le tienen, como un mozalbete hasta arriba de pirujas riéndole la gracia al paracaidista oficial del partido por el bien de todos sus votantes. No, si sufridos lo son un rato.

Y la señora de Bermejo, mujer sacrificada donde las haya cuya baja laboral pagamos todos los españoles, haciendo los coros a pesar también de ese tremendo dolor de espalda. Para que luego digan que el piso del ministerio no tenía humedad.

Muevo la pierna
Trinco el parné
Tapo la bajante
Cambio los bidés

Compro jardineras
Amplío el salón
Ponme aquí el jacuzzi
¡Bermejinsky es el mejor!

Bailandooooo

Un programa para la SGAE

Este humilde articulista –¿me considerarán un "creador" los artistillas progres debido a que me dedico a escribir?– ha decidido revisar el programa electoral del PSOE para ver que medidas contempla referidas a internet y se ha encontrado con varias destinadas a favorecer a los de la ceja.

Puede usted pensar que nos referimos a ese ciberpoli camuflado con el nombre de "Defensor del Internauta" que los socialistas quieren poner para vigilar las "buenas prácticas" en la red (para perseguir los delitos online tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional disponen de unidades específicas). Como dudo que eso de las "buenas prácticas" se refiera a evitar el cibersexo, como cuando hace décadas el policía multaba a esos jóvenes que se daban el lote en un parque público, y para la delincuencia ya existen los cuerpos y fuerzas de seguridad, eso suena realmente mal. Y más si se tiene en cuenta el reciente intento de convertir a la SGAE en una entidad con capacidad censora en internet.

Pero no nos referimos a ese asunto. Hay dos puntos todavía más claros y menos susceptibles de interpretación. En la página 130 se dice: "fomentaremos la industria de Contenidos Digitales de ocio y audiovisual, preservando nuestro acervo cultural y favoreciendo nuevas formas de protección de la propiedad intelectual". Toda la frase es terrible, pues el modo en que los políticos entienden el "fomento" de la cultura es a través de subvenciones, pero el final es todavía peor. ¿Cuáles son esas maneras de proteger la propiedad intelectual? Si fuera algo que no resultara escandaloso lo dirían claramente. Suena a penalización de prácticas como el intercambio de archivos o la imposición de formas de censura con esta excusa. La SGAE les estará agradecida si lo hacen.

Pero no se termina ahí la cosa. En la página 252 nos encontramos con que "Para seguir apoyando a nuestros creadores y artistas, favoreceremos nuevas formas de propiedad intelectual que garanticen el legítimo derecho de los autores a una retribución justa y que sean acordes con la evolución de las tecnologías y los hábitos de uso y consumo". Aparte de que esto suene a la imposición del canon a todavía más productos y servicios tecnológicos (¿tal vez las ADSL?), se ve que no están contentos con "proteger" todavía más la citada propiedad intelectual. Además pretenden ampliar el concepto de la misma. Temblad, internautas.

Dos páginas después se dice: "Impulsaremos acuerdos entre creadores, Sociedades de Gestión, operadores de telefonía, propietarios de derechos discográficos y cinematográficos, para respetar los derechos de propiedad intelectual de cada una de las partes en línea". Sólo falta recordar que un viejo objetivo de las entidades de gestión que los proveedores de internet vigilen lo que hacen sus usuarios cuando se conecten para que les impidan descargarse contenidos protegidos con derechos de autor. Sobran las palabras.

Y la traca final. Los impuestos para la difusión de la obra de los artistas que apoyan al partido socialista: "Desde el PSOE trabajaremos para fortalecer la presencia de la cultura española en Internet, así como en los nuevos vehículos de comunicación. Para ello propondremos la creación de un gran portal ‘cultura.es’ o ‘cultura España’ en Internet como puerta de entrada y motor de búsqueda de la realidad cultural española en todo el mundo." El propio ZP ha dejado claro que los "creadores" que le apoyan son "la cultura" y "identidad" españolas, por lo que no hay duda de que dicho portal será una plataforma publicitaria del trabajo de esas personas pagada con los impuestos de todos los españoles.

Artistas por ZP y ZP por sus artistas.

La desamortización de las vías pecuarias

A mediados del otoño pasado, unos sucesos ocurridos en un gigantesco asentamiento irregular de viviendas sobre el terreno de la antigua cañada real galiana, a las afueras de Madrid, saltaron a las portadas de los periódicos y nutrieron de imágenes espectaculares los telediarios. El foco de los medios se centró en el origen de las personas que, en cumplimiento de una orden judicial, iban a ser desalojadas de sus casas con la ayuda de la fuerza pública. A partir de esa inicial coincidencia, sin embargo, sus simpatías se dividieron entre los que atisbaron una intolerable insurrección, al modo de la intifada palestina, y aquellos que dieron pábulo a las historias más truculentas sobre la brutalidad policial ¡Como si los abusos de la policía se cometieran como consecuencia de una orden judicial y con el acompañamiento de las cámaras de televisión!

No es que esos asentamientos "ilegales" no hubieran llamado la atención de los medios de comunicación antes de esos incidentes. Muy al contrario, las crónicas de sucesos ofrecen ocasionales referencias de su existencia, sobre todo en relación al tráfico de drogas que se desarrolla en algunas de estas viviendas y los accidentes provocados por camiones que atraviesan su "avenida" principal hacia la cercana planta industrial de reciclaje de basuras de Valdemingómez.

La reacción de los políticos no se quedó a la zaga. Un inefable ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno de España pidió disculpas a la dictadura de Marruecos por el hecho de que policías al servicio de su gobierno hubieran intentado cumplir una orden judicial de desalojo y demolición de unas casas levantadas recientemente (¡!). También descargó toda responsabilidad de su Gobierno sobre dos políticos –rivales entre sí– que rigen el Ayuntamiento de Madrid y el Gobierno regional y que pertenecen al principal partido de la oposición. Por su parte, éstos acudieron a la socorrida "complejidad" y al carácter "heredado" del problema mientras –intuyo– esperaban que otros acontecimientos reclamaran la atención del público. No obstante, los próceres municipales recordaron que las viviendas se ubican en terrenos públicos cuya titularidad corresponde a la Comunidad de Madrid y la presidenta de ésta última objetó que los ayuntamientos tienen la competencia sobre la "disciplina urbanística" en el ámbito de su territorio y el Gobierno central sobre el orden público.

Desde mi perspectiva, todo este enredo constituye un desaguisado más de los causados por las interferencias administrativas sobre los mercados de drogas y suelo y, en definitiva, por la dinamitación del régimen jurídico liberal sobre la propiedad. Calamidad que se propagó como la peste por todos los países occidentales durante todo el pasado siglo XX. Derribado el muro de Berlín, no puede servir de consuelo apuntar a que la situación era peor en los países del "socialismo real".

En cuanto al primero de esos mercados, la penalización de su comercio ha generado unos curiosos mecanismos de distribución al detalle. Junto a auténticos vendedores ambulantes – los conocidos "camellos"– han proliferado otros que establecen en su morada auténticas expendedurías de drogas, dadas las obvias ventajas para su almacenamiento y la relativa seguridad de que gozan los vendedores mientras la policía no pida una orden judicial que permita entrar y registrar su domicilio.

En un contexto de penalización, uno de los canales de distribución de las drogas se fue desplazando hacia los arrabales de la ciudad, donde llaman menos la atención las procesiones de heroinómanos que acuden a saciar su adicción. No puede sorprender que minorías de la sociedad española relativamente poco integradas hayan desviado su ánimo de lucro hacia actividades que reportan las ganancias extraordinarias derivadas de esa penalización.

Por otro lado, en el ámbito inmobiliario existía una cierta tradición entre individuos que formaban parte de la economía sumergida, y otros que emigraron masivamente del campo a las ciudades, de levantar sus viviendas sobre terrenos declarados de propiedad pública en los suburbios. La precariedad que debían asumir al instalar sus casas sobre terrenos gestionados por las administraciones públicas era, ciertamente, relativa. En la escala de preferencias de esas personas primó –y prima– la disposición inmediata de vivienda sobre la inseguridad jurídica que comporta recurrir a la usurpación de terreno para edificarla. También ha de tenerse en cuenta para comprender esas decisiones que las restricciones al derecho de propiedad inmobiliaria y el intervencionismo brutal que introdujo la ley del suelo de 1956 trajeron como consecuencia la limitación de la variedad de la oferta de viviendas para satisfacer los diferentes tipos de demanda.

Esa era la situación a finales del franquismo y los primeros años de la democracia. Pero a lo largo del último decenio, a los tradicionales colonos de esas ciudades alternativas se han sumado muchos inmigrantes de distinta procedencia que no pueden adquirir las viviendas en el mercado libre a través del crédito hipotecario. Pensemos que muchos se encuentran irregularmente dentro del país y muchos tienen grandes dificultades para conseguir trabajos que sirvan de garantía para los bancos.

Durante este periodo el proceso inflacionario desatado por los bancos centrales –en el caso español por el Banco de España y, después de la incorporación a la Unión Monetaria, por el Banco Central Europeo– condujo a una escalada de los precios de todas las viviendas que se ofrecen en el mercado. Bien es cierto que esa burbuja inmobiliaria está a punto de estallar y es posible que se produzca una caída de los precios. Pero esa probabilidad, aparte de ocasionar otros problemas, puede suponer que se añada a los anteriores otro tipo de demandante de vivienda insatisfecho. Típicamente, se trataría de aquellos que, cegados por el abaratamiento artificial del interés del dinero, contrataron préstamos que, pasado el tiempo, no pueden devolver sino con la ejecución de la hipoteca que grava su propiedad. Ya veremos si el concomitante mercado de alquiler mitiga el problema.

Paralelamente, debe tenerse en cuenta que, una vez laminado el funcionamiento del mercado libre, las subvenciones estatales para la adquisición de viviendas de protección oficial no pueden atender todas las necesidades. Observemos el racionamiento de esas viviendas protegidas, las cuales deben venderse, cuando son de promoción privada, a un precio tasado para que sus promotores y compradores obtengan las subvenciones públicas.

Los liberales españoles del siglo XIX creyeron encontrar en los procesos desamortizadores una fórmula para fomentar la propiedad privada, el capitalismo y, por ende, la prosperidad económica. Aunque en muchos casos se confiscara a la Iglesia, a la nobleza y a los Ayuntamientos para favorecer a nuevos privilegiados en subastas amañadas. En la actualidad, la desamortización definitiva de vastas extensiones de terreno que el Estado –arrogándose el título de sucesor de la Mesta– declaró suyas, aunque no se utilicen como tales vías pecuarias ni como caminos, contribuiría a resolver no pocos problemas como los acaecidos en la cañada real galiana a su paso por Madrid. Para ello sería necesario reformar en profundidad toda la legislación estatal y autonómica sobre las vías pecuarias. Acabar con la absurda pretensión de esa legislación de garantizar la continuidad de esos caminos para una trashumancia que desapareció. A este respecto, cabe señalar que, tanto los gobiernos del estado central como los autonómicos han llegado a cambiar el trazado de la tupida red de vías para la trashumancia de ovejas que recorría la España interior recurriendo a pintorescas artimañas administrativas. Con el pretexto de que el desuso había permitido su "usurpación" por calles y edificios, obligaron a los ayuntamientos a permutar esos terrenos por otros municipales donde esas vías continuaran sin interrupciones.

Frente a la concepción civil de que las servidumbres de paso se extinguen por el transcurso del tiempo sin ser usadas, toda una farragosa legislación, la cual –¿no lo adivinan?– también procede del franquismo, ha pretendido imponer una propiedad pública del estado –luego sucedido por las comunidades autónomas– que prescinde de considerar la realidad posesoria de esos terrenos. En los últimos tiempos se ha querido revestir de una pomposa pátina de "corredores ecológicos" que no puede ocultar el intento de recuperar "bienes mostrencos", por cuya ocupación provisional los gobiernos autonómicos obtienen tasas y precios públicos. En último lugar, esas reformas deberían tener en cuenta lo acontecido en los últimos años y aplicar las instituciones clásicas de la prescripción adquisitiva –allá donde se haya producido– para respetar los derechos de propiedad de personas que asentaron sus viviendas en esos terrenos con la suficiente antigüedad. Respecto a las más recientes, tal vez los ayuntamientos debieran considerar la venta del suelo, una vez desafectado, a los que construyeron sobre suelo ajeno.

El Estado no ha de decidir sobre nuestro futuro

Las pensiones de la Seguridad Social son una estafa piramidal que está al borde de la quiebra. No sólo son financiadas por medio de la extorsión –o pagas, o el Estado se venga contra ti persiguiéndote– sino que su rentabilidad, si es que se puede llamar así, depende de la gracia del político en época de elecciones.

La pensión pública es cara y forzosa: ¿sabe que si usted cobra 1.000 euros brutos al mes está dando, quiera o no, una tercera parte, 300 euros, a la Seguridad Social, más lo que su empresa aporta por usted y que jamás verá en su nómina? Su gestión siempre es improvisada, precaria e ineficiente: ¿sabe también que el Gobierno se está gastando ahora mismo su dinero en otra persona y que aún no ha ahorrado por usted ni un solo céntimo? Se fundamenta en la estafa: ¿sabe que AFINSA fue intervenida por el Estado por financiarse igual que las pensiones públicas, lo que se considera económica y legalmente un fraude?

Si usted contrata un plan de pensiones privado lo cobrará desde el primer año si está en los plazos legales y se le reintegrará todo el capital aportado más el rendimiento que éste haya generado, da igual cuando lo haya abierto. En cambio, el periodo mínimo de cotización para cobrar una pensión pública es de 15 años (hasta el año pasado eran 12,5, así que no descarte que en breve necesitemos cotizar como mínimo 20 años para ver un poco de nuestro dinero). ¿Qué entidad privada cambia las condiciones de un "contrato" de forma unilateral y sin nuestra aprobación expresa como hace el Estado con las pensiones? Ninguna, y si lo hace es juzgada y multada. La pensión estatal tampoco se traspasa a los herederos en caso de defunción del progenitor. El dinero que haya pagado éste se lo queda el Estado, sin más. Otra vez, nada que ver con los planes de entidades privadas. Algo similar sucede con las viudas. ¿Por qué el Estado se queda con la mitad de la pensión del cónyuge? ¿En qué entidad privada ocurre algo así? ¿Por qué todos, empresas y particulares, estamos sometidos a la ley menos el Estado?

En cualquier entidad privada donde tenga un plan de pensiones le dirán la rentabilidad que tiene su plan y cuánto dinero va a percibir al jubilarse, incluso lo podrá consultar por teléfono o internet. Es el mínimo de transparencia que exige el mercado. Desde hace unos años el Gobierno ha emprendido una batalla por la transparencia en las empresas y otra vez más, es el Estado es quien se queda al margen de la ley al ser la organización más opaca y fraudulenta de nuestra sociedad. No tenemos ni idea de cuánto cobraremos al jubilarnos y no hay forma de asegurar que vayamos a cobrar algo siquiera; es más, parece más probable que no.

Recientemente el Gobierno aprobó una ley que permite retirarnos a los 70 años y así elevar hasta un 15% la pensión del trabajador. Hasta ahora es opcional, pero es cuestión de tiempo que hagan la medida obligatoria como ya ha ocurrido en otros países como Alemania, aunque aún no haya entrado en vigor. Por qué tenemos que pagar con más trabajo la gestión irresponsable del Gobierno.

Hágase una pregunta. ¿Se considera usted un imbécil total? El Gobierno está convencido que sí, por eso nos obliga a que le demos nuestro dinero para gestionarlo "responsablemente" por nosotros. Los burócratas, como siempre, subestiman al hombre libre. Los españoles tenemos una firme voluntad de ahorrar. Según ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas de Ahorros y Seguros), las familias españolas tienen en acciones y participaciones de fondos de inversión más de la mitad de sus ahorros, un porcentaje que supera el de otros países, como Francia, donde esta cifra es del 37% e incluso Estados Unidos, el país con mayor tradición bursátil. Es más, según Profim, compañía de asesoramiento en fondos, entre 1991 y 2006 el sector de los fondos de inversión, cuya diferencia con los planes sólo es legal pero no económica, se ha multiplicado por nueve. Y si lo miramos por la parte de la oferta, sólo en el primer cuatrimestre de 2007 se registraron en la CNMV más de 100 fondos de inversión nuevos. Ya hay casi 3.000 fondos de gestoras españolas. A esto sumemos más de 7.000 fondos de gestoras internacionales que se pueden comercializar en España.

Tiene su gracia que los burócratas nos llamen irresponsables y afirmen sin sonrojarse que ellos se preocupan más que nosotros por nuestro dinero y nuestro futuro. La realidad nos indica todo lo contrario: ellos nos confiscan nuestra riqueza y la pierden en a saber qué. Y con lo poco que nos dejan le sacamos el máximo provecho empleando las oportunidades que nos brinda el libre mercado.

José Manuel González-Páramo, miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del BCE, ha dicho recientemente que es necesario un "debate público, abierto y en profundidad acerca del futuro de nuestros sistemas públicos de pensiones". Sin duda, pero su solución pasa por ahogarnos más, manteniendo o aumentando los ingresos del Estado y reduciendo prestaciones sociales. No es el buen camino. El modelo actual es injusto, fraudulento e ineficiente hasta el punto de rozar la quiebra del sistema.

Es más, la solución no es convertir el actual sistema de reparto en uno de capitalización individual, esto es, lo que se entiende generalmente por privatización de las pensiones. Eso significaría que el Estado nos seguiría ordenando qué hacer con nuestro dinero y cómo emplearlo. La solución más acorde a la libertad individual y al respeto de las decisiones de cada persona es que cada cual gestione su dinero y su vida como le venga en gana sin dar explicaciones a nadie, y eso significa que ninguna ley ni oligarca político nos ha de imponer si hemos de invertir el dinero en nuestro futuro, el de nuestros hijos o en cualquier otra cosa que decidamos. Esa es nuestra decisión y la de nadie más. El sistema de pensiones públicas ha de ser abolido.

Un granero para el acabóse

Hoy hemos sabido de una de esas creaciones que sólo son concebibles por el esfuerzo en comandita de centenares de políticos de todos los países y que constituye, en consecuencia, una de las más perfectas, grandiosas y feroces tonterías de la era contemporánea.

Su magnitud es tal que le han tenido que encontrar un nombre a su altura. Bóveda Global de Semillas de Svalbard, le han bautizado, en lugar de Bobada Global, como hubiese sido conveniente. Consiste esta creación de políticos de toda laya en hacer un granero con paquetes sellados y cerrados en herméticas cajas y hundirlo a 130 metros bajo el duro y gélido hielo permanente del Círculo Polar Ártico. Y todo ello, pásmense, ¡para alimentar a la humanidad en caso de catástrofe!

Yo lo puedo ver con total claridad. Una superpoblación incontrolada de políticos pone en peligro a la humanidad entera hasta erradicarla casi por completo de la faz de la Tierra junto con las selvas de entrambos trópicos, los amables campos de Europa, los arrozales de China e India, las feraces áreas regadas por el Nilo y la extensión entre el Tigris y el Éufrates que vio nacer al hombre civilizado. Y, con ellas todas las tierras de las que hemos podido extraer alimento y consuelo.

Desperdigados, abrazados quizás en pequeñas poblaciones nómadas, a cubierto de nuevas razas de políticos, los hombres resistentes al acabóse, los que mallleven aquella vida "solitaria, pobre, brutal y breve" de que hablaba Hobbes, tendrán, al menos, el consuelo de que pueden recurrir al mapa del tesoro y recorrer medio mundo nada menos que hasta el Polo Norte, escarbar 130 metros de hielo, romper las herméticas cajas… y sacar unas cuantas semillas. Ni unas barritas energéticas con que realizar el viaje de vuelta, ni un Red Bull con que dar ánimos al aterido cuerpo. Unas semillas para echarlas al bolsillo, emprender el viaje de vuelta, echarlas a la tierra y esperar unos cuantos meses hasta… hasta comerse los primeros brotes, imagino, si es que para entonces no ha perecido la humanidad toda, víctima del último engaño de la clase política.

Y no crean que soy muy optimista. Porque esa proliferación incontrolada, exponencial, de políticos se está produciendo ya, anegando la vida ciudadana de propuestas estúpidas y dañinas. Quién sabe. Pero espero que a algún que otro empresario se le ocurran ideas mucho más baratas, más realizables, más lógicas y más humanas. Quizá la construcción de una Arcadia en que la única prohibición sea la del acceso a los políticos.

Evolucionismo, creacionismo y liberalismo

La evolución es un hecho comprobado observacionalmente y teóricamente consistente. La teoría de la evolución es plenamente científica y resulta imprescindible para entender la vida (y seguramente también toda la realidad física). Las ciencias humanas (sobre lo praxeológico, lo psicológico, lo económico, lo cultural, lo social) quedan incompletas si no incorporan los principios fundamentales del evolucionismo, que explican cómo surgen la inteligencia y la intencionalidad mediante procesos no inteligentes y no teleológicos (de la causalidad a la funcionalidad y de esta a la cognición y la intencionalidad). La teoría pseudocientífica del diseño inteligente (creacionismo camuflado) afirma erróneamente que algunos aspectos de la complejidad presuntamente irreducible de la vida no pueden ser explicados mediante mecanismos evolutivos y requieren la intervención de algún tipo de inteligencia previa y externa.

El liberalismo como filosofía política no es una simple ideología que sirve a los intereses de una clase sino que se basa en conocimiento objetivo de la realidad de la naturaleza humana. Algunos liberales (a menudo más bien conservadores) parecen tener problemas en aceptar la fundamentación evolucionista de esta naturaleza: quizás ven en peligro sus creencias religiosas y se sienten más cómodos con las falacias creacionistas. En lugar de reconocer su propia ignorancia y confusión sobre el evolucionismo, se lanzan con gran énfasis y seguramente buenas intenciones a debatir en ámbitos que no dominan. Se llega a defender el disparate de que el capitalismo está íntimamente emparentado con el diseño inteligente. O no entienden de economía o no saben de biología, y quizás ambas cosas.

Los fenómenos evolutivos de autoorganización, orden espontáneo, emergencia, adaptación y optimización se dan tanto en lo biológico no humano como en lo social y económico. En los mercados libres participan seres humanos conscientes e inteligentes que actúan intencionalmente, con fines, con propósitos. Los mecanismos autorreguladores del mercado (señales de precios, beneficios y pérdidas, competencia) permiten coordinar las acciones locales (planes o diseños parciales, de pequeña escala) y generar espontáneamente un orden global dinámico que no es resultado del diseño consciente de los agentes. El capitalismo no requiere la intervención de ninguna inteligencia externa de gran capacidad, y de hecho los totalitarismos se basan en el error de intentar organizar coactivamente la sociedad: no sólo no es necesario, sino que además es imposible (y catastrófico cuando se lleva a cabo).

La evolución biológica (mediante los mecanismos de mutación, recombinación, flujo genético, deriva genética y selección natural) es equivalente a la evolución social y económica mediante la prueba de diversas formas de organización de la producción de bienes y servicios (innovación, imitación) y la selección competitiva de los consumidores en el mercado: todo lo auténticamente novedoso supone ensayos a ciegas que se preservan por su éxito a posteriori. Pretender que una inteligencia superior puede crear la vida y ordenar la evolución es como pretender que el estado puede ordenar la sociedad. Algunos liberales en lo social resultan ser socialistas respecto a lo natural: aceptan que lo humano se organice libremente, pero no pueden entender el mundo físico y biológico sin el soporte de alguna divinidad sobrenatural.

Que los liberales seamos una minoría contraria al intervencionismo gubernamental no significa que debamos identificarnos con hipótesis pseudocientíficas marginales que protestan por el acoso estatal de las teorías dominantes (algunos parecen liberales simplemente como medio estrafalario de oponerse de forma conspiranoica a la versión oficial). No creer en la evolución no se debe a tener altos niveles de rigor escéptico: la teoría de la evolución es algo que puede conocerse, no es necesario ningún acto de fe. Naturalmente cualquiera puede creer lo que quiera, pero afirmar que la teoría de la evolución no se sostiene científicamente o que las evidencias la impugnan es hacer el ridículo. Y si se hace al tiempo que uno se proclama liberal tal vez el prestigio intelectual del liberalismo resulte dañado.

Referencias:

Proyecto Inteligencia y Libertad: www.intelib.com, http://www.intelib.com/Evolucion.htm, http://www.intelib.com/Enlaces_Inteligencia.htm#Biologia_evolucion_memetica, http://www.intelib.com/Enlaces_Ignorancia_Violencia.htm#Creacionismo

Michael Shermer es un pensador esencial para el liberalismo y el evolucionismo: www.michaelshermer.com

Discovery Institute: www.discovery.org, en lo económico son liberales y en lo natural creacionistas.

Un ejemplo particular de ignorancia liberal sobre evolución: http://docedoce.net/?p=2343

Contra la mula y el torrente

Los Bancos Centrales, que nacieron para financiar directamente los déficits públicos de los Gobiernos (así ocurrió con el Banco de Inglaterra, o, en España, con el Banco de San Carlos), evolucionaron más tarde hacia una especie de monopolios públicos destinados a proteger a la bancos comerciales de sus desmanes, excesos e irresponsabilidades, a cambio de que éstos les sustituyeran como paganos de los ingentes endeudamientos estatales. De esta manera, los Estados han logrado sufragar políticas tan represoras de la libertad individual como la educación pública adoctrinadora, las guerras de agresión o la expansión del dispendio social.

La libertad no ha sido la única víctima de esta permanente línea de crédito de la banca al Estado. Los más claros efectos económicos de este estado de cosas han sido las inflaciones galopantes, que han horadado el poder adquisitivo de los ciudadanos, y unos ciclos económicos que han arruinado a millones de inversores, atraídos con engaños a burbujas especulativas artificiales.

La connivencia entre la banca y el Estado está presente, en mayor o menor medida, en todos los países del mundo. En España, por ejemplo, hemos tenido abundantes ejemplos de ello en las últimas semanas.

Ante las sensatas palabras de Eduardo Zaplana sobre los problemas de liquidez que afronta el sistema bancario español, tanto el Banco de España como el Ministerio de Economía saltaron al unísono para defender a las entidades de crédito. Solbes empleó términos tan rotundos como "lamentables" o "irresponsables" para referirse a las declaraciones del portavoz parlamentario del PP.

Sin embargo, no queda tan claro que esos temores sean del todo infundados. El Financial Times publicaba a principios de febrero que los bancos españoles habían acudido en masa al Banco Central Europeo para solicitar la liquidez que necesitaban y que no les proporcionaba el mercado. Sólo en diciembre pidieron prestados 44.000 millones de euros, frente a la media de 20.000 registrada en los meses anteriores.

Además, y esto fue muy poco comentado en España, el colateral que aportaron los bancos españoles para recibir la liquidez del BCE consistió, en su mayoría, en bonos hipotecarios, para los que, a día de hoy, no existe mercado. Dicho de otra manera, los bancos españoles sobreviven porque el BCE les presta contra unos activos contra los que casi ningún inversor privado quiere prestar. ¿De qué saludable situación estamos hablando?

Lo cierto es que, si las tasas de morosidad llegaran a repuntar en España (lo cual no es nada improbable, habida cuenta la crisis económica y de la subida del paro) y, como consecuencia, esos bonos hipotecarios llegaran a ser degradados por las agencias internacionales de calificación de riesgo (tal y como ha sucedido en EEUU), ni siquiera el BCE podría, según sus estatutos, prestar a los bancos españoles, de modo que éstos afrontarían una auténtica suspensión de pagos.

Con un repunte de la morosidad, a este problema de liquidez se le añadiría otro de solvencia, por cuanto los activos hipotecarios perderían buena parte de su valor. El Banco de España trata de crear una ficticia sensación de confianza diciendo que las provisiones actuales de los bancos suponen más de un 200% de los créditos dudosos. Sin embargo, tal y como ha calculado el Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana, sólo con que la morosidad alcanzara la media del período 97-99, las provisiones actuales ya serían insuficientes para cubrirla. Y si llegara a situarse a los niveles de la última crisis económica (92-96), la banca tendría que captar más de 120.000 millones de euros para reponer las pérdidas, lo que supondría su descapitalización de facto.

Quizá por ello, el Gobierno ya ha empezado a aplicar medidas tendentes a asistir a la banca, aun cuando las camufle como medidas para beneficiar a las familias españolas.

Ayer mismo, Solbes prometió la gratuidad de la ampliación de plazos de las hipotecas, ante lo cual la banca aplaudió con las orejas. No obstante, Ausbanc, la asociación de consumidores de servicios bancarios, sostuvo que con tal medida sólo se pretende contener la morosidad, que ya está empezando a preocupar a los bancos.

Lo cierto es que la promesa de Solbes es una adaptación de otros planes que ha intentado implantar Bush en EEUU a raíz de la crisis subprime pero que han fracasado de manera estrepitosa. También allí la congelación de los tipos de interés o las ayudas estatales a las familias más endeudadas eran una manera de prolongar el endeudamiento vital de los ciudadanos en beneficio de un sector financiero que los ha atraído con unos tipos fraudulentamente bajos.

En EEUU ya están cayendo los precios de las viviendas, de ahí que a las familias más endeudadas les traiga a cuenta dejar vencer sus hipotecas en lugar de continuar pagando intereses. En España podría llegar a ocurrir lo mismo cuando el pinchazo de la burbuja inmobiliaria se manifieste en caídas importantes de precios. La banca teme esta situación, a la que no podría hacer frente de ningún modo. Por eso acepta cualquier remedio que incentive a las familias a seguir pagando.

Por si el anterior pasteleo fuera poco, el 25 de enero el Gobierno aprobó que el ICO avale los fondos de titulización de activos con 3.000 millones de euros, pero ya se rumorea que podría ampliarse hasta los 10.000 millones y para cualquier tipo de activos inmobiliarios. Sin entrar en demasiadas complejidades financieras, con estas operaciones el Gobierno está comprometiéndose a pagar en caso de que miles de deudores hipotecados no lo hagan. Dicho de otro modo: está trasladando a los contribuyentes el coste de un posible impago generalizado de hipotecas.

La finalidad de este aval es, simple y llanamente, permitir que los bancos puedan desprenderse de esos activos con mayor rapidez, para que así la morosidad no la sufran ellos, sino todos los españoles.

Se trata de algo similar a lo que sucedió en EEUU. El Tesoro venía prestando aval explícito de 2.000 millones de dólares (bastante menos que lo pretendido por ZP) a las dos principales empresas hipotecadoras, Fannie Mae y Freddie Mac, lo cual permitió a éstas elevar su solvencia aparente y extender el crédito hacia actividades mucho más arriesgadas, tal y como denunció Greenspan durante sus últimos años al frente de la Reserva Federal.

En aquel momento sólo el congresista republicano Ron Paul se atrevió a exigir el fin del aval explícito, para evitar que los contribuyentes soportaran las pérdidas futuras de esas dos empresas. Nadie le hizo caso, pero el tiempo, como en tantos otros asuntos, le ha dado la razón: en el tercer trimestre Freddie Mac perdió 2.000 millones de dólares. Pero lo peor está por llegar: esta empresa, con un capital de sólo 42.000 millones, tiene una exposición a las hipotecas subprime de 120.000.

¿Estamos repitiendo en España los mismos errores que en EEUU? De momento, eso parece. La única diferencia a nuestro favor es el superávit de las arcas públicas; que, sin embargo, podría ser engullido por el gasto social que tanto PP como PSOE prometen en plena orgía electoral.

Es hora de terminar con la estrecha relación entre la banca y la política, que sólo daña a la gente honrada: ahorradores, trabajadores, empresarios e inversores que no se cobijan bajo la sombra del poder. La estabilidad financiera y la austeridad presupuestaria que el fin del intervencionismo bancario conllevaría serían dos de los principales baluartes en la protección de la libertad.

La banca y los políticos

La idea es que las empresas a las que pagamos para poder entrar en internet tengan la obligación de vigilarnos y nos desconecten de la red si somos malos y nos bajamos material protegido por derechos de autor, perdiéndonos en ese mismo instante como clientes, claro. A esto lo consideró El Mundo en un editorial como "una solución razonable para eliminar el canon", ni más ni menos.

El pequeño detalle que no parece que tuviera en consideración el editorialista en cuestión fue que para poder detectar a quienes se descargan contenidos protegidos, los proveedores de acceso a internet tendrían que filtrar y examinar todo el tráfico de sus clientes. Es el tipo de cosas que le gustan a los dictadores de paraísos de las libertades como Irán y China. Seguro que a Pedro J. le parecería una animalada que Correos abriera y examinara el contenido de todos los sobres y paquetes que pasan por sus manos. Pues su periódico defiende que se haga lo mismo con lo que circula por las redes, que no por ser digital es menos íntimo y privado.

Pero aun dejando a un lado la ética y los derechos individuales, que es lo que suelen hacer tantos centristas de pro, seguiría quedando sobre la mesa el pequeño detalle de que es imposible para un proveedor de internet cumplir con ese cometido. Las dos principales redes P2P, BitTorrent y eMule, permiten cifrar la información que se intercambia. Es como si en esos sobres que abren con tan poca consideración sólo encontraran cartas escritas en suahili, y sin intérprete a mano ni nada.

Es más, precisamente porque muchos proveedores intentan reducir el uso de las redes P2P porque consumen una parte importante del ancho de banda disponible, los programadores han buscado modos de esconder incluso que se estén usando, procurando hacerlas pasar por otra cosa, iniciando un juego de gato y ratón con los proveedores que ha hecho a estas aplicaciones mucho más complicadas y capaces de disimular su naturaleza.

Si gobiernos como el británico cumplen con sus amenazas de castigar a los proveedores de internet que no cumplan el papel de policías, el resultado será que éstos ofrecerán la cabeza de los usuarios más torpes y novatos, que no sepan mucho de informática ni de P2P e ignoren qué es eso de cifrar las comunicaciones. Serán los cabezas de turco que permitan a los ISP seguir funcionando sin sanciones. Ahora, la privacidad de nuestras comunicaciones se habrá ido al garete en el entretanto. Y no habrá hecho falta ninguna ley antiterrorista polémica debatida en ningún parlamento. Bastará con las quejas de las SGAE europeas. ¡Qué barato vendemos nuestras libertades!