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Cómo cobrar por algo gratuito

La pregunta que nos hacemos todos es qué va a tomar el relevo. Dado que la música y el cine nos gustan y los encontramos valiosos, ¿cómo pueden apañárselas sus creadores para ganar dinero si no pueden hacerlo con las copias, como hasta ahora?

En momentos de cambio como éste, de vez en cuando alguien da con algo importante y escribe un artículo que permite vislumbrar, al menos en parte, ese futuro. Lo hizo Chris Anderson con su libro The Long Tail. Y lo acaba de hacer Kevin Kelly en una anotación en su blog, en el que va escribiendo apuntes sobre los asuntos que formarán parte de su próximo libro. Si aquello que se puede copiar es superabundante, deja de tener valor, pero entonces lo que no se puede copiar se convierte en algo escaso y, por tanto, existen serias posibilidades de hacer dinero con él, argumenta Kelly. Así, identifica ocho cosas que son "mejores que algo gratis", a las que llama generativos, por aquello de generar valor:

  1. Inmediatez. No es raro pagar por tener algo cuanto antes. Piensen si pagarían más por ver ciertas películas la noche del estreno.
  2. Personalización. ¿Cuánto daríamos por disponer de un software conocido pero personalizado a tus necesidades, o por una canción ecualizada para las características de tu habitación y sistema de sonido? Del mismo modo, poseer un periódico que se ajustara a los temas de tu interés no tendría precio. Es decir, que lo tendría.
  3. Interpretación. Es lo que utilizan muchas empresas de software libre, que te dan el producto copiable gratis pero te ayudan a interpretarlo correctamente (hacerlo funcionar, vamos) a cambio de costosas horas de soporte técnico.
  4. Autenticidad. Es importante asegurarse de que aquello que te preparas para a disfrutar es lo que crees que es. No hace mucha gracia estar descargando Superman IV y encontrarte con que en realidad estabas bajándote una porno. Claro que igual te lo mereces por querer ver semejante porquería de película.
  5. Accesibilidad. Según baja el precio de copiar algo, el de mantener esas copias se encarece cada vez más. Sin duda, sería mucho más cómodo pagar a una empresa para poder descargar la película que te gusta en un par de minutos cuando la quieras ver en lugar de tener que grabarla, etiquetarla y ordenarla, para más tarde buscarla cuando la necesites.
  6. Encarnación. ¿Cuánto pagarías por tener a tu artista preferido actuando para ti y los tuyos en tu casa? Un libro podrás descargarlo y, no dentro de tanto, leerlo en un lector digital cómodo pero, ¿y el placer de tener una versión impresa, con su tacto, su olor…?
  7. Mecenazgo. A la gente le suele gustar pagar a los creadores, pero según sus propias reglas, es decir, que sea el dinero que estimen conveniente y que no les sea difícil. Radiohead ha demostrado que el sistema puede funcionar realmente bien. Antaño los artistas necesitaban de grandes mecenas; ahora pueden optar por una multitud de pequeños donantes.
  8. Encontrabilidad (sí, hay que buscar un palabro que suene mejor). Cuando cada vez hay más productos audiovisuales, cada vez es más difícil siquiera saber de la existencia de lo que te gusta. ¿Cuánto pagaríamos porque un experto –sea humano o computerizado– nos buscara y encontrara cosas nuevas que nos gusten, en lugar de tener que navegar nosotros entre una cada vez más numerosa maraña de productos? A mí, de hecho, me están pagando ahora mismo por ayudarles a encontrar las teorías de otra persona.

Todas estas posibilidades están disponibles para sacar dinero de los contenidos, y eso sin recurrir siquiera a esos anuncios que, como indica Kelly, parece ser la solución actual para todo. Seguramente, algunos o muchos de estos generativos no sean aplicables para un producto concreto, pero son vías a explorar por parte de esas empresas que actualmente están viendo el abismo abrirse bajo sus pies.

Pero, sobre todo, lo que nos permite recordar este amplio abanico de posibilidades es que internet y las nuevas tecnologías no "matan" a la música ni a los artistas, como se empeñan en hacernos creer. Lo que destruyen es sólo un modelo de negocio. No es algo tan importante como para derramar lágrimas por él.

El turismo espacial es cosa de empresas privadas

La Tierra se nos está quedando pequeña. ¿Cuánto pagaría un turista por darse un paseo en microgravedad o visitar una estación espacial y poder decir a sus boquiabiertos oyentes que los ha estado viendo desde el espacio?

Hasta hace muy poco, un viaje privado más allá de los 100 kilómetros de altura, es decir, hasta lo que se conoce como la línea de Kármán (que es donde se considera que comienza el vuelo espacial) era algo reservado sólo a los especialistas en astronáutica y su traspaso indiscriminado era propio de las novelas de ciencia ficción. Hoy ya no es así.

Por ironías del destino, la veda la abrió la agencia espacial de la antigua URSS que, por necesidad perentoria de dinero, propició la llegada de un particular por mero placer a la estación espacial internacional (ISS), en contra de los deseos de su homóloga americana, que con su presupuesto millonario todavía cree que, el espacio es su feudo particular. El primer turista espacial fue, pese a la NASA, el magnate norteamericano Dennis Tito en abril de 2001 (otro guiño más del destino, en este caso a la película basada en la novela de Arthur Clarke) por el "módico" precio de veinte millones de dólares.

Tuvo que esperarse otros cuatro años a que el siguiente turista, el empresario e informático sudafricano Mark Shuttleworth, pudiera saludar, divertido, a Nelson Mandela desde el espacio. La tercera persona fue el estadounidense, empresario en sistemas optoelectrónicos, Gregory Olsen (octubre de 2005) y la cuarta fue la empresaria en telecomunicaciones, estadounidense de origen iraní, Anousheh Ansari (agosto de 2006), frente a la cual el Gobierno iraní mostró una reacción ambigua debida a que sus esquemas mentales caducos esperaban ver a un macho de la especie ayatolá en las estrellas y, por el contrario, se toparon con una mujer exitosa del sistema capitalista que, además, publicó por vez primera un blog desde el espacio. El último turista, por el momento, en pasar sus vacaciones en el espacio ha sido el húngaro Charles Simonyi (abril 2007), cofundador de Microsoft e inventor de Word y Excel (la proporción de informáticos con inclinaciones a ser turistas espaciales empieza a preocuparme…).

No obstante, hasta la fecha, todos estos viajes, si bien pagados por bolsillos privados, están basados en la utilización de medios públicos ya existentes (tipo lanzadores rusos Soyuz y la propia ISS). La empresa privada que los ha organizado, Space Adventures Ltd., padece la severa limitación de tener que contar con el beneplácito de cinco agencias espaciales de carácter público que llevan la gestión de la ISS. Se acaba de anunciar, además, que el cupo para visitar la ISS está ya completo hasta el año 2009 y puede que no se hagan más viajes. No me extraña. Como siempre, cuando hay organismos públicos de por medio, no se atienden convenientemente las crecientes necesidades de los consumidores (somos insaciables, dirán los planificadores estatistas).

La carrera comercial hacia el espacio no ha hecho más que empezar. Han surgido ya como negocios viables las primeras agencias de viajes privadas especializadas en turismo espacial. Así tenemos, por ejemplo, Blue Origin LLC, EADS Astrium, Bigelow Aerospace, Rocketlpane, Inc. o Virgin Galactic. Esta última empresa, la más adelantada en dichos proyectos, ha anunciado la comercialización de sus vuelos suborbitales al espacio por 140.000 dólares a partir del año 2009.

Las iniciativas privadas se han puesto en marcha: la Fundación X Prize es una de las más importantes en apoyo de proyectos no gubernamentales para, entre otros objetivos, promover el desarrollo del transporte espacial. La creación de la famosa SpaceShipOne vio la luz gracias a uno de sus concursos; si bien sudó tinta para poder obtener la licencia burocrática de la FAA/AST que le permitiera ir al espacio.

Lo que no puede faltar, por supuesto, en la industria del turismo espacial son los hoteles. Ya hay unos cuantos proyectos para poner en órbita módulos habitables y estaciones espaciales comerciales con ese fin. Un ejemplo es la BA330 diseñada por la empresa de Robert T. Bigelow, a partir de módulos inflables que será operativa seguramente para el 2012. Estos viajes comerciales al espacio empezarán a competir en precio con la ISS multi-estatal. Y como de turismo se trata, hay incluso arquitectos catalanes que están diseñando hoteles en el espacio o suites galácticas en forma de racimo de uvas (ya se sabe, l’oportunitat de negoci que tan bien supieron captar los austríacos).

Algo totalmente insólito puede volverse asequible en menos de lo que podemos imaginar para el gran público. El objetivo de todos estos proyectos empresariales es poder llegar a ofrecer al común de los mortales viajes espaciales, con breve estancia incluida, en torno a los 10.000 dólares de media. El precio que el mercado finalmente fije será el que determine los costes a las empresas que rivalicen por el tour espacial. Sólo el capitalismo y la mirada empresarial pueden desarrollar planes parecidos.

Los que no entienden en absoluto cómo se genera y difunde la riqueza no tardarán en decir que es un despilfarro, que antes sería mejor resolver todos los problemas o injusticias de la Tierra que hacer beneficios con dichos viajes o bien sonarán nuevas alarmas de los eco-amigos del espacio.

Pese a todo, es probable que, si los gobiernos no lo impiden, el turismo espacial se convierta en un fenómeno de masas (low cost incluidos). Será un servicio comercial más ofrecido por el "alocado" capitalismo, como ocurre hoy con el transporte aéreo, la telefonía móvil o el acceso a internet (también utilizados inicialmente por gente selecta o profesional cuando echaron a andar).

En el futuro, mis hijos harán, tal vez, turismo espacial buscando realizar una órbita por nuestro planeta, visitar la luna, contemplar la Gran mancha roja de Júpiter o atravesar, quién sabe, los anillos de Saturno. Sólo espero que, desde el espacio, sepan apreciar mejor lo que su padre les decía acerca del liberalismo, cuando sostenía que las barreras comerciales no deberían existir en esta Tierra.

La reputación de España

Si nuestro país le inspira cada vez menos confianza al inversor foráneo (caemos del puesto 17 del mundo al 35) y la facilidad que ofrece nuestra economía a las empresas a que accedan al capital también se degrada (del 17 al 43), es que algo va mal. España ha mantenido un alto ritmo de inversión, pero ha sido parca a la hora de proveer del ahorro necesario. Esa diferencia nos la proporcionaba el ahorro externo, que ha estado financiando el crecimiento español en los últimos años.

Ahora esa financiación nos va a salir cada vez más cara. Y si los inversores extranjeros no confían en nosotros, o lo hacen cada vez menos, sólo podremos compensarlo pagando una prima sobre lo que tengan que satisfacer, pongamos por caso, Alemania. De hecho ese es el caso, ya que la diferencia entre la rentabilidad de los bonos de nuestro vecino y los españoles se ha estado ampliando en los últimos meses. Sí, hay un riesgo país. Y es obvio que no tiene que ver con el tipo de cambio. Luego la diferencia está en otro lado. Quizás en la seguridad jurídica que ofrece España.

Ya nos avisó The Economist, que incidió en marzo del pasado año en que el brutal intervencionismo del Gobierno en las sucesivas ofertas para adquirir Endesa "no ha hecho ningún bien a la reputación de España entre los inversores internacionales".

El mercado se basa en la confianza, y ésta a su vez en la seguridad jurídica y moral. Un inversor ha de saber que tendrá el respaldo pleno de las instituciones en la protección de su capital. Si las normas son en principio justas y su cumplimento es previsible, todo es favorable. Si su aplicación depende del humor del gobierno de turno, la seguridad se esfuma y el inversor tiembla. Y con él nuestra economía.

El refugio de los despreciables

La líder tory recibía un país arruinado económica y moralmente y ella le arrancó de un camino a la deriva gracias a un liderazgo que volvió a situar a su país en su lugar en la historia, hizo que sus compatriotas recuperaran la fe en el propio país y finalmente enderezó una economía que hacía aguas.

La política de Margaret Thatcher se identificó con las privatizaciones. Yo me acuerdo de que, por entonces, todos los medios de comunicación españoles con contadísimas excepciones pronunciaban la palabra "privatización" con esa mezcla de escándalo, odio e ignorancia tan propios del periodismo cañí y que no llamarían la atención en el Salem de las brujas ahorcadas. Luego resultó que las privatizaciones fueron un éxito.

Luego, lo que resultó fue que el hecho de que se le vendieran a muchos trabajadores las casas públicas en que vivían, tan miserables como el alquiler que pagaban, hizo que se convirtiesen de la noche a la mañana en viviendas dignas. Luego, lo que ocurrió fue que las empresas esclerotizadas por la gestión pública, que no atendían al público pero que le costaban montones de dinero en impuestos, se convirtieron, una vez privatizadas, en empresas competitivas. Y que los británicos pasaron de ser paganinis de empresas que no funcionaban a accionistas de fórmulas de éxito. Capitalismo popular se llamó a aquello, como si el capitalismo hubiese sido otra cosa que popular desde siempre. Luego se dio el caso de que todos, menos los más irredentos, acabaron reconociendo que las privatizaciones de Margaret Thatcher, su política de devolver a la sociedad la gestión económica de las empresas, fue un éxito.

John Major echó a Thatcher del poder, desde su mismo partido, y casi se puede decir que fue rehabilitada por el laborista Tony Blair. Ninguno de los dos osó deshacer lo andado por la de Lincolnshire. Brown sí. En el mercado la empresa que aporta valor obtiene beneficios y crece. Y la que lo destruye, recoge pérdidas hasta desaparecer. Brown ha caído en la trampa de socializar las pérdidas y mantener lo insostenible. Si el nacionalismo es el refugio de los miserables, la nacionalización es el refugio de los despreciables.

Ni un paso atrás

El origen está en la tabla rasa de John Locke y su ensayo sobre el entendimiento humano. El último año del XVII se publicó en Francia y causó gran impresión en Claudio Helvecio, quien tras decir que "Locke ha abierto el camino a la verdad", llevó la tabla rasa al tablero de las aulas. Si nuestro conocimiento viene de las impresiones del exterior, ¿por qué no cambiar las circunstancias para remodelar al hombre? Y ¿qué sitio más adecuado para modelar las conciencias que la educación? Entendía por ésta no sólo la escuela sino las circunstancias sociales impuestas por la legislación. El francés fue rescatado por Gregori Plekhanov, cuyo nombre no le dirá nada si no añado que es el fundador del marxismo ruso. De ahí a Lenin sólo había un paso.

Nuestra izquierda, tan cutre como la que más y con un espíritu totalitario que rezuman por los poros, ha hecho suya la pretensión de convertir a los hijos de todos en instrumento de sus sueños de transformación social. Los padres no tienen nada que decir, porque sus planes no tienen por qué coincidir con los de la izquierda, irredenta de sus viejas aspiraciones. Si se amoldan, bien, que siempre hubo una parte de la sociedad cautiva, encantada de gritar "vivan las caenas".

Pero otra parte de los españoles son aún conscientes de sus derechos y sencillamente no están dispuestos a ceder. Frente a la imposición de Educación para la Ciudadanía, el último de los arbitrios socialistas para hacer de la sociedad lo que ésta no quiere ser, se ha levantado una auténtica revuelta social, un movimiento de objeción de conciencia incomprensible para quien no concede el derecho de que los demás tengan conciencia propia. Ni un paso atrás es su lema. Ni un paso atrás, porque sería una traición a la defensa de nuestros derechos y nuestra libertad. Ni un paso atrás porque los socialistas están dispuestos a tomar todos los pasos adelante que sean necesarios para imponerse sobre cada uno de nosotros y nuestros hijos. Ni un paso atrás porque nos asiste nuestro derecho a desengancharnos del Estado cuando éste se arroga el poder de decidir por nosotros lo que nos concierne.

Exxon Mobil le moja la oreja al gorila

Primero un rey que no suele destacarse por su audacia interceptó una de las chácharas prepotentes del militar golpista lanzándole aquel famoso "por qué no te callas". Luego vendría el revés en el referéndum para terminar de instaurar el socialismo real. Chávez no contó con que el movimiento estudiantil pudiera forzar su derrota usando la fuerza de las ideas frente al totalitarismo disfrazado de demagogia bananera.

Ahora ha sido Exxon Mobil, la gran petrolera capitalista, la que le ha estropeado la digestión al líder de esta "hermosa experiencia democrática" que tanto gusta a los titiriteros españoles. Hace casi un año el inagotable apetito de propiedades ajenas del líder socialista venezolano se concretó en la nacionalización de gran parte de las explotaciones petrolíferas de la Faja del Orinoco. El 1 de mayo dio comienzo el festín expropiador y, como de costumbre, la mayoría de las empresas extranjeras así como los gobiernos de sus países de origen se plegaron al latrocinio chavista que, de la noche a la mañana, suspendía unilateralmente los contratos firmados entre Venezuela y las empresas y se quedaba, a través de la empresa estatal PDVSA, con un mínimo del 60% de las acciones de las empresas mixtas que operaban en la Faja.

Sin embargo, Exxon Mobil es una multinacional petrolera que se caracteriza por plantar cara al socialismo –tenga color verde o rojo intenso–, de modo que no aceptó continuar operando bajo las condiciones impuestas y presentó demandas en diversos países para recuperar el valor de la propiedad que el Gobierno de Chávez le había arrebatado. Desde entonces, tribunales de Reino Unido, Holanda y Estados Unidos le han dado la razón a la empresa norteamericana ordenando la congelación de algo más de 12.500 millones de dólares en activos en esos países de PDVSA.

Al Gobierno venezolano no le gusta que haya jueces que se aparten de su concepto de justicia social que en la práctica se traduce en darle siempre la razón a quien trate de actuar con el objetivo de establecer el socialismo en la tierra o, de manera más específica, a quién actúe según los designios del dictador bolivariano. Por eso, a este noble ejercicio de restitución el ministro de Energía y Petróleo Venezolano lo calificó de "uso terrorista de la justicia". Vamos, que les duele que todavía haya quienes crean en el concepto clásico de justicia y pongan coto a sus latrocinios.

Claro que pronto podremos asistir a conferencias de Stiglitz y otros aduladores de cuanto político intervencionista se cruce en su camino hablándonos de la valentía que ha tenido Chávez al rescatar los recursos de la madre tierra y explotarlos a través de una empresa "del pueblo". No faltarán empresas o fundaciones españolas que financien sus parlanchinerías. Algunas, incluso, dirán que son liberales.

Otros dirán que todo el que se ponga de parte de la petrolera expropiada debe estar a sueldo de la multinacional y que esa presunción contra la que no cabe rechistar invalida sus opiniones y argumentos en una nueva versión del polilogismo marxista. Jueces, académicos y columnistas quedaremos condenados a la hoguera por el mero hecho de discrepar y defender la propiedad de unas empresas que se dedican al terrible negocio de producir energía y ayudar a prosperar las sociedades.

El arzobispo de Canterbury y la sharia

El reverendo Rowan Williams, líder de la comunidad anglicana, ha sido acusado de defender la aplicación de la sharia en el Reino Unido. Desde los medios conservadores, y también desde varios blogs liberales, se ha criticado duramente al arzobispo por capitular ante el islamismo y reivindicar la importación de sus tiránicas leyes. No han faltado llamamientos a su dimisión y voces de alarma sobre lo peligroso de semejante actitud rendicionista. Tengo serias dudas, sin embargo, de que quienes están tan escandalizados se hayan molestado en leer la transcripción de lo que en realidad dijo el arzobispo en la conferencia y en la entrevista en la BBC. Si lo hubieran hecho, o sus declaraciones hubieran sido honestamente presentadas por los medios, esta polémica no habría surgido.

En su conferencia, titulada Derecho civil y religioso en Inglaterra, el arzobispo reflexionó en torno a la conveniencia de acomodar en las leyes inglesas ciertos elementos de la sharia, ofreciendo a los miembros de la comunidad islámica la opción de escoger la jurisdicción por la regirse en determinados ámbitos del derecho civil. Williams, que hizo extensible su propuesta al resto de comunidades religiosas, puso como ejemplos el derecho matrimonial, las transacciones financieras, y la mediación y resolución de disputas. Fue explícito en cuanto a los límites de esta pluralidad legal: la sharia solo podría formar parte del sistema legal en la medida en que fuera compatible con las libertadas básicas que deben garantizarse a todos los ciudadanos, y los miembros de la comunidad religiosa deberían tener siempre la posibilidad de escindirse de la jurisdicción de la sharia para recurrir a la legislación secular. "Si algún tipo de pluralidad jurisdiccional fuera reconocida, presumiblemente debería serlo bajo la rúbrica de que ninguna jurisdicción ‘suplementaria’ tenga el poder para denegar el acceso a los derechos garantizados a otros ciudadanos o castigar a sus miembros por reclamar esos derechos."

El arzobispo en ningún momento se refirió al derecho penal en sus intervenciones (salvando una mención al castigo por apostasía, como ejemplo de lo que sería irreconciliable con su propuesta). En sus declaraciones a la BBC señaló: "Nadie en su sano juicio, creo, querría ver en este país el tipo de barbarie que a veces parece estar asociada con la práctica de la ley en algunos estados islámicos [con] castigos extremos, y también las actitudes con respecto a las mujeres."

El planteamiento del arzobispo es, en buena medida, una realidad en la sociedad multicultural inglesa (de ahí su referencia a la "inevitabilidad" de la sharia). En el ámbito de las finanzas, las prescripciones de la sharia han sido adoptadas por múltiples bancos y fondos de inversión en atención a las sensibilidades de sus clientes musulmanes. La City de Londres, uno de los centros de finanzas más importantes del mundo, está a la cabeza en servicios financieros islámicos. En el ámbito de la familia, los tribunales islámicos ya operan informalmente satisfaciendo una importante demanda de servicios de resolución de disputas. Sugerir, como hizo el arzobispo, que podrían reconocerse legalmente las resoluciones de estos tribunales dista mucho de ser revolucionario. En Canadá las comunidades nativas tienen acceso a esta jurisdicción legal supletoria, y en el Reino Unido los tribunales ortodoxos judíos operan legalmente resolviendo disputas de acuerdo con las enseñanzas del Talmud.

Según Eugene Volokh, el arzobispo está defendiendo básicamente acuerdos de arbitraje, incluyendo acuerdos prematrimoniales. "Si tú y yo firmamos un contrato (relacionado, por ejemplo, con las transacciones financieras) en los Estados Unidos, podemos ponernos de acuerdo en que nuestras disputas sean resueltas por un árbitro (normalmente secular, pero nada nos impide escoger uno religioso). También podríamos ponernos de acuerdo en que nuestras disputas se resolvieran de acuerdo con cualquier normal legal que eligiéramos, ya sea la ley de Dakota del Norte, la ley de Suiza, unas normas legales esbozadas por nosotros, o la ley judía o islámica". En Texas y en Minnesota, por ejemplo, los tribunales ejecutaron la resolución de un arbitraje basado en la sharia. En Nueva Jersey los tribunales aplicaron las leyes saudíes en el caso de dos empresas que acordaron resolver sus disputas según la legislación de Arabia Saudí.

Desde un punto liberal, el problema que plantea esta pluralidad legal es que tendría un componente estatal. ¿No es preferible que los tribunales islámicos, por ejemplo, permanezcan por entero en el ámbito privado (aunque no sean legalmente vinculantes)? Pero por otro lado sería doblemente injusto que el Estado se arrogara el monopolio en la ejecución de los contratos y luego no ejecutara ninguno (o que no fueran vinculantes aquellos que están basados en la sharia y han sido aceptados voluntariamente). La pluralidad en el ámbito público tampoco es un concepto nuevo: la defienden quienes proponen que los padres puedan elegir la lengua en la que se escolarizará a sus hijos en los colegios públicos. La pluralidad legal, además, introduce una idea atractiva que destaca el arzobispo: "[las distintas jurisdicciones] se verán forzadas a competir por la lealtad de sus miembros" (y menciona la introducción de un "elemento de mercado" en esta área).

Es lamentablemente cierto que en el ámbito familiar la aplicación de la sharia en el Reino Unido no siempre es consentida por parte de la mujer o de las hijas. En las comunidades islámicas inglesas también se dan casos de abuso y de coerción. Pero este hecho me parece un motivo para destapar y perseguir estos casos de abuso, no un motivo para asumir que la adhesión a la sharia no es voluntaria o que la pluralidad legal no puede ser explorada. El argumento de que nos encontramos ante una slippery slope (la aceptación de una parte de la sharia conducirá a la aplicación integral de la sharia) no es convincente, pues como apunta Volokh no nos hallamos en ninguna slippery slope si lo que estamos aceptando es la simple ejecución de contratos donde las partes se someten voluntariamente a la autoridad de la sharia. La pendiente empieza con la ejecución de unos contratos y acaba con la ejecución de todos los contratos.

El arzobispo de Canterbury no es ningún liberal, como lo demuestran sus opiniones favorables a censurar la blasfemia o a poner más trabas legales al juego. En esta ocasión, sin embargo, ha planteado una propuesta sensata que no merece el desprecio y los descalificativos que ha recibido. Nos quejamos de que los musulmanes tienen la piel demasiado fina cuando bromeamos sobre Mahoma, pero luego alguien propone un debate serio y razonable sobre cómo compatibilizar ciertas normas religiosas con las libertades básicas y la reacción es "si quieren la sharia, que se vayan a Arabia Saudí".

Circunflejos por la alegría (presupuestaria)

Son luchadores por la libertad y la democracia y eso se nota a la legua. El ejemplo de Concha Velasco participando en el videoclip ad maiorem ZP gloriam como una especie de madrina del evento, es un dato particularmente interesante.

Conchita Velasco fue siempre, como es bien sabido, una luchadora por las libertades de este país. Su pasado como aguerrida luchadora antifranquista queda suficientemente esmaltado en su trayectoria fílmica de finales de los sesenta, en los que compartió plano con Manolo Escobar, otro peligroso revolucionario. Al socaire de unas comedietas románticas aparentemente insustanciales, la Velasco puso en cuestión las bases ideológicas del franquismo y dio aliento a la lucha revolucionaria que los camaradas progresistas llevaban a cabo desde el exterior.

La Historia de la democracia en España se hubiera escrito de otra forma completamente distinta de no haber sido por títulos como Juicio de faldas o la más arriesgada En un lugar de la Manga. Hombre, no son El padre coplillas, pero una atenta lectura entre líneas de cualquiera de estos guiones saca a relucir un contenido ideológico devastador para las estructuras del régimen.

Conchita Velasco luchó contra el franquismo desde dentro, que era el puesto más arriesgado en la batalla por las libertades destepaís. Tuvo que ser muy duro forrarse el riñón haciendo aparentes españoladas, siendo Conchita una persona de firmes convicciones socialistas, como hemos descubierto recientemente.

Y es que a Concha Velasco el aznarismo la trató fatal. Por ejemplo, después de quedarse arruinada por culpa de ciertos problemillas con la hacienda pública, a los que no fue ajeno su entonces marido Paco Marsó, la Televisión Española del señor Aznar tan sólo le concedió presentar semanalmente un espacio en horario estelar titulado Tiempo al tiempo, gracias al cual la Velasco comenzó a recomponer sus maltrechas finanzas. En aquel programa televisivo Conchita protagonizó escenas de elevado progresismo, como aquella vez en que pasaba revista a los aspectos más escabrosos de la biografía de una tonadillera, y la pobre entrevistada decía con voz trémula: "Lo siento Concha, es que no quiero llorar". En ese momento la Velasco le espetó un progresista "Llora, llora, ¡llora!" mientras ambas se fundían en un abrazo lleno de emoción, hipidos y mocos.

Junto a ella otros actores de los sesenta, cantantes que sobrepasan la cincuentena y algún director de cine multimillonario, abandonaron por un día sus mansiones de la sierra madrileña y sus lujosos lofts del barrio de Salamanca para apoyar al candidato del partido de Pablo Iglesias. En fin, un grupo de abueletes revolucionarios a quienes "el sistema" les oprime de forma insoportable, como lo demuestra su tren de vida.

Lo más sorprendente es que muchos jóvenes, que se hipotecan a cuarenta años para comprar una solución habitacional por la mitad de lo que Bermejinsky se gasta en amueblar un ático, aplaudan entusiastas y les reconozcan como referentes intelectuales del progreso. ¿Hay algo más absurdo que ser mileurista y babear con las performances de estos depredadores presupuestarios? Lo hay: votar a Z.

El titiritero de Bruselas

Si pensamos en el lugar de origen del miembro en cuestión de la Comisión no deberíamos desconfiar. Procede de Irlanda, que junto con el Reino Unido y Luxemburgo conforma el trío de países miembros de la UE en los que no existe la llamada compensación por copia privada.

Sin embargo, sí hay motivos sobrados para temerse lo peor. En primer lugar, si se quiere armonizar la regulación en esta materia queda claro que los eurócratas pretender hacer obligatorio el canon para todos. A los eurócratas les encanta igualar al alza siempre que se trata de impuestos y similares. De hecho, McCreevy no pone en duda en ningún momento que este tenga que existir, tan sólo las cantidades, a que productos se aplica y cómo se cobra. Si se sale con la suya, Rajoy ya puede ir olvidándose de eliminar dicho sobreprecio y tanto británicos como irlandeses, así como los luxemburgueses, deberán ir preparándose para abrir sus carteras.

Hay otra cosa hace desconfiar profundamente de sus intenciones: la pretensión de casi duplicar, al pasar de 50 a 95 años, el periodo de "protección" de los derechos de intérpretes con la excusa de acercarlo al vigente para los compositores. Ni se plantea la posibilidad de reducir la de estos últimos en vez de aumentar la de aquellos. Al fin y al cabo, tan arbitraria es una cifra como la otra. De hecho, y como ya se explicó en esta misma columna hace tiempo, el propio concepto de propiedad intelectual es cuando menos discutible.

Dice el comisario europeo –que decide actuar tan sólo después de que Philips haya denunciado a España por su elevado canon– que en la cuestión de la "tasa" en cuestión debería articularse una "solución razonable" y "acorde con las perdidas causadas por la realización de copias privadas". Aunque es más que dudoso que cause perdida alguna la copia privada en sentido estricto, esto es, para uso personal de alguien que haya adquirido el original de forma legal (¿quién se va a comprar dos veces el mismo disco para poder escucharlo en el portátil mientras trabaja y en el coche mientras conduce?), ya se ha puesto encima de la mesa esa solución razonable en más de una ocasión: aplicar el canon al original.

Pero dudamos que las ideas de McCreevy vayan por ahí. Nos tememos que, una vez más, las malas noticias lleguen de la Unión Europea. El comisario tan sólo quiere hacer un pequeño maquillaje para que todo continúe básicamente igual, y para que a algunos les vaya peor. Desconocemos si ya tiene apodo, ganado en el Ejecutivo comunitario o en el Parlamento irlandés. En todo caso proponemos uno: "el titiritero de Bruselas".

La izquierda resentida

La farfolla ideológica de Zapatero es un ejemplo minúsculo en su entidad intelectual, pero igualmente peligroso, que da la razón a Mises cuando éste definía al socialismo como un engrandecimiento cósmico de resentimientos insignificantes. El pesar cainita del presidente del Gobierno más sectario de la democracia es proverbial, tanto que a nadie extraña cuando se descubre en público de manera escandalosa.

La interpretación de las palabras del presidente de todos los españoles, señalando lo favorable que resulta a su candidatura "la tensión", es inequívoca: destapa la naturaleza facciosa del político que antepone una ambición sin límites morales al bien común que le toca administrar. La táctica cortoplacista del presidente-candidato, una táctica que el personaje viene empleando desde 2003, consiste en dividir a sus súbditos (que no ciudadanos); en lanzar los unos, los buenos, contra los otros, los muñecajos de paja con los que identifica a la derecha de amplio espectro, que tanto le da a este pintor de brocha gorda ideológica.

Por eso, debemos echarnos a temblar cuando el ministro de la cosa cultural señala que "los intelectuales que deben ser la conciencia crítica de nuestro futuro más inmediato están formándose en estos momentos". Los están formando, esa es la clave:

Por eso hemos multiplicado por doscientos la inversión en compra de libros para las bibliotecas; por eso queremos llevar el cine a los colegios; por eso queremos mejorar el acceso a la cultura desde los primeros momentos de la etapa escolar; por eso queremos que las expresiones artísticas no sean sólo actividades del tiempo libre, sino que estén articuladas en los segmentos educativos.

Por eso hay que cerrar el Ministerio de Cultura; evitar a toda costa que los criterios ideológicos del gabinete de turno pasen, sin más, a ser la columna vertebral de nuestro acervo. Es curioso que los apesebrados que felicitan el hedonismo electoral de Zapatero sean casi todos talluditos que se criaron en las escuelas del régimen, lo que debería aliviar el temor de que el aleccionamiento en nuestras aulas sea realmente efectivo. Me temo que no.

Estos artistas, ricachos la mayoría de ellos, y que lo seguirán siendo gane quien gane el 9 de marzo, se benefician de una doble ilusión cognitiva, una ilusión que además refuerza su convicción sincera de estar en posesión de la verdad absoluta:

La convicción de que los artistas y entendidos son personas moralmente avanzadas es una ilusión cognitiva, que nace del hecho de que nuestra circuitería para la moral está interconectada con nuestra circuitería para el estatus. (Pinker)

Doble porque al estatus social se suma la afiliación ideológica: el izquierdismo militante es solaz y refuerzo para esa ilusión. Para los que no lo compartimos, su éxito es un espejismo que oculta la verdadera dimensión moral del personaje; es fácil confundir al Neruda de los Veinte poemas de amor o de Residencia en la tierra con la persona de carne y hueso, el comunista irredento que sólo al final de su vida pudo tímidamente mirar a los ojos al padrecito genocida, a Stalin, para ver todo el horror del que era responsable. Eso sí, para los que no la compartimos su ideología puede surtir justo el efecto contrario: despreciar la obra del antagonista por el hecho de serlo. Un error, bajo mi punto de vista, si caemos en él sin criterio.

Debemos desconfiar del ministro cuando nos dice que la inversión del Estado en cultura es una inversión inteligente:

[Con] alta rentabilidad social, que genera empleo y efectos inducidos en las economías locales y regionales y que en definitiva, crea riqueza y bienestar en nuestra sociedad.

Porque para eso no nos hacen falta los burócratas ni por su puesto los políticos, personas que, como el propio ministro se avergüenzan del mercado:

[La] aportación al PIB nacional del sector cultural se sitúa en un nada despreciable 3,2%, y más del 50% de esta aportación la protagonizan las fases de creación y producción; es decir el proceso previo a la conversión del producto cultural en un objeto de consumo.

Al contrario de lo que cree el ministro no cabe "reivindicar con fuerza el binomio cultura-política"; es decir, no hay necesidad de una política cultural, menos aún progresista, salvo para favorecer los tensos intereses de quien con tanta alegría asegura gobernarnos a todos.

Termino. Decía Vicente Verdú, a quien difícilmente tildaríamos de fascista, que "si el izquierdismo fue la enfermedad infantil del comunismo, el progresismo encarna la enfermedad senil del izquierdismo". Pues eso que la izquierda resentida aunque alegre, chochea. Con perdón.