Ir al contenido principal

Cuando la desigualdad es progreso

Para expresarlos de modo sencillo, el informe divide las personas estudiadas en cinco grupos iguales en número (quintiles), ordenadas de menor a mayor renta. Bien, pues según ha observado el estudio, el 58 por ciento del quienes estaban en 1996 en el primer grupo, el de ingresos más bajos, habían pasado en 2005 a otro de mayores rentas. De media aumentaron la renta que generaban en un 90,3 por ciento. Sólo el 1 por ciento con mayores rentas ha caído en este tiempo.

Este resultado es compatible con el de otros informes, como uno que siguió la evolución de las rentas de un grupo de personas entre 1975 y 1991. Según éste, sólo uno de cada veinte personas que estaban en el quintil más bajo en 1975 seguían allí 16 años después. Cuatro de cada cinco habían dado el salto a los grupos intermedio, cuarto y quinto.

Estos datos dan que pensar. Resulta que las estadísticas que miden la desigualdad de rentas también miden la desigualdad de edades. Es decir, que en los ingresos más bajos están los más jóvenes y que la edad media va subiendo con la renta (o viceversa), hasta llegar al quintil con mayores ingresos, en la culminación de la carrera profesional, justo antes de jubilarte y disfrutar de la jubilación más todo el capital que haya logrado acumular en una vida de trabajo y ahorro.

La correspondencia entre ingresos y edad no es exacta, claro, pero sí alta. Nada que no podamos apreciar simplemente mirando en nuestro derredor. Pero no lo solemos tener en cuenta cuando vemos estadísticas de desigualdad de rentas. Resulta que lo que miden es cuánto puede progresar una persona en aquella sociedad. Quizá por ello son siempre mayores las desigualdades en Estados Unidos.

Que vuelva la Liga

El suceso recuerda la gloriosa hazaña de Richard Cobden, quien a mediados del siglo XIX logró que la amplia mayoría del parlamento inglés aboliera las leyes de granos que elevaban artificialmente el precio del trigo y de otros cereales debido a su carácter proteccionista; aunque más bien habría que calificar estas normas intervencionistas de agresionistas porque privilegian a unos pocos y perjudican a la inmensa mayor parte de la población.

Cobden dirigió la famosa Liga contra las leyes de grano de manera magistral. No se limitó a explicar sus perversos efectos económicos sino que expuso de manera incansable las siniestras implicaciones morales de estas políticas arancelarias. Los políticos que votaban a favor del mantenimiento de las leyes de granos podían estar seguros de una cosa: Richard Cobden publicitaría sus nombres y apellidos como los defensores de la tesis de que a los ciudadanos británicos no merecen ser tratados igual de bien que los ciudadanos de países libres donde no hay barreras y los precios de los alimentos básicos son más baratos.

Sin embargo, a poco que examinemos la iniciativa de la Unión Europea, nos damos cuenta de que los ministros de Agricultura y Pesca no han actuado en clave liberal ni les mueve la erradicación de los nefastos efectos del mercantilismo agrícola que impera en la Unión. Resulta que la suspensión es sólo temporal y el gobierno francés ya se ha ocupado de que le pongan fecha de caducidad para julio de 2008. El verdadero motivo de este giro son los elevados, imparables e impopulares precios del trigo. Parece que detrás hay un miedo a que la actual inflación se les vaya de las manos. Sin embargo, el precio del trigo, como muchas otras materias primas, se ha disparado desde agosto, justo el mes en el que los bancos centrales de ambos lados del Atlántico inundaban los mercados con papelitos y créditos recién sacados de la imprenta. Me temo, sin embargo, que los ministros no exigirán al banco central que deje de envilecer nuestra moneda.

A nuestros representantes no sólo no les importa devolver al consumidor europeo al cautiverio al que nos tienen sometidos mediante cuotas y aranceles. Todavía menos, si cabe, les importa el que los productores de cereales de los países pobres no puedan prosperar porque les dificultamos la posibilidad de intercambiar con nosotros en libertad.

Necesitamos que vuelva la Liga para mostrarles que la total liberación comercial implica, como decía Cobden, "la más elevada revolución moral a escala mundial que haya sido jamás lograda".

Las buenas intenciones

Las buenas intenciones, como las del Partido Popular con su reforma constitucional. Que nuestra Constitución no es la de Cádiz es notorio. Que el consenso y el acuerdo que la hizo posible se impusieron a la racionalidad y la atención prioritaria a los derechos individuales, todos lo sabemos. Que la libertad no vivía entonces la consideración que se le tiene hoy, no habrá que negarlo. De modo que si nos planteamos una reforma de la norma fundamental, lo primero que habrá que preguntarse es ¿para qué?

El PP, a mi modo de ver, se equivocará si no hace suyo como primer objetivo la plena libertad de los ciudadanos españoles y la subordina a la identificación de España con el Estado central o las concesiones al Estado de Bienestar para hacerse perdonar no se sabe qué. Una bolsa de dizqueciudadanos dependientes del Estado es feudo electoral de los socialistas. Miren el caso de Andalucía. Cuanto más independientes, responsables y libres sean los españoles, menos permeables serán al discurso entre buenista, paternalista y de odio de los socialistas.

Los nacionalistas son la otra gran amenaza para nuestra libertad, pero para responder a ella no hay que concentrar de nuevo el poder en el Estado central sino todo lo contrario. Que cada región, cada ayuntamiento si es posible, compita con el vecino para ofrecer aquella combinación de servicios y libertades que sea menos dañina al ciudadano. Hagamos el diseño facilite la mayor competencia entre administraciones. No se tema la diferencia, porque amplía las opciones de elección de los ciudadanos. Pero que tampoco que quede sólo en eso, porque lo principal es la definición y la defensa efectiva, permanente e independiente de la política de nuestros derechos. Tenemos plena libertad, se nos reconozca o no, a montar una empresa y llegar a los acuerdos que queramos con quien los acepte de buen grado. Tenemos la libertad sin fisuras de elegir la forma que deseemos para educar a nuestros hijos, elegir nuestro estilo de vida, expresar lo que consideremos oportuno, a obviar al Estado cuando sobrepasa el ámbito de nuestros derechos. Ese, y no otro, debe ser el vértice de la Constitución, el espacio protegido contra cualquier interferencia, frente a cualquier justificación.

Y, sobre ello, el resto debe de estar encaminado a restarle instrumentos de poder a la política. Bien está que el CGPJ salga elegido de los propios jueces, como propone Rajoy, y no por los políticos. Pero también deberíamos fijarnos en el Tribunal Supremo de Estados Unidos para importar la fórmula de los miembros vitalicios al Constitucional. Y, sobre todo, romper las circunscripciones hasta hacerlas uninominales. Si a un diputado lo elige el señor Rajoy y no el votante, que no nos venga diciendo que lo que quiere es algún tipo de regeneración democrática.

Las buenas intenciones hay que engarzarlas con un sano escepticismo hacia la política y una confianza, aunque fuese moderada, en una sociedad libre y desenvuelta. Si no, mejor no tocallo.

Crisis económica e intelectual

Muchos parecen creen que nuestro sistema monetario está manejado por Dios. No hay margen para el error y mucho menos para la calamidad. Del 29 para acá la ciencia económica, y en especial la monetaria, ha avanzado tanto que las autoridades monetarias no permitirán que una tragedia de aquel calibre se repita. Y sin duda alguna pueden lograrlo: una vez terminada con "la dictadura del oro", puede implementarse sin restricción alguna las políticas financieras racionales que Occidente necesita.

Desde el Observatorio de Coyuntura Económica ya habíamos analizado algunas de las consecuencias que la ruptura de Bretton-Woods tuvo para las divisas nacionales, en concreto, haber perdido su valor en más de 20 veces frente al oro. Con todo, este intenso envilecimiento de la moneda es sólo una parte de los problemas que el dinero fiduciario de curso forzoso está causando.

El otro, tanto o más nocivo, es el alargamiento temporal de los procesos de expansión crediticia, con la necesaria consecuencia de un agravamiento de las subsiguiente crisis. Precisamente a analizar este otro punto hemos dedicado nuestro nuevo estudio en forma de boletín trimestral, donde examinamos de manera bastante detallada la génesis, el desarrollo y las repercusiones de la famosa crisis subprime.

Se trata a todas luces de una crisis económica y monetaria pero también de una crisis intelectual de primer orden. La expansión crediticia de los bancos centrales no sólo afluyó a financiar a deudores de escasa solvencia (subprime) sino también a economistas subprime que han hipotecado nuestro futuro, al contar con una formación del todo inadecuada para enfrentarse a la crisis. Son hijos intelectuales de un keynesianismo perfeccionado por las enseñanzas monetaristas cuyas teorías están abocadas, al igual que las hipotecas subprime, a la quiebra total.

La marginación profesional y académica de la Escuela Austriaca y de los teóricos de la liquidez no sólo ha pervertido la ciencia económica hasta transformarla en una parodia de lo que debería ser, sino que ha eliminado cualquier herramienta analítica que permitiera prevenir y comprender los acontecimientos actuales. ¿Qué clase de expertos tenían contratados las agencias de calificación para que se vieran sorprendidos por la fuerte correlación entre los defaults hipotecarios? ¿Qué tipo de directores de financiación tenían las empresas que les aconsejaron incrementar su exposición a los tipos de interés a corto plazo? ¿Qué profesores tienen las universidades como para que casi nadie esperara la crisis y para que muchos se nieguen aun a reconocerla?

Se me dirá que estos economistas han sido colocados en sus puestos por el mercado y que, si el mercado es eficiente, esos economistas serán mejores que los austriacos. Pero no, el mercado no tiene por qué ser eficiente ni tiene por qué tener razón, sobre todo cuando media la intervención del Estado. El mercado no es más que la suma de las decisiones de los individuos y los individuos se equivocan; en ocasiones se equivocan mucho y en masa, a eso llamamos ciclo económico.

Estamos avanzando hacia la crisis más dura que hayamos vivido en los últimos 30 años, entre otros motivos por la inanidad de unos modelos teóricos voluntariamente irreales que, como tales, son del todo inútiles. La profesión económica debe realizar una catarsis intelectual y desechar casi un siglo de doctrinas a cada cual más aberrante.

Es hora de sustituir a Keynes, Friedman, Lucas o Minsky por Hayek, Palyi, Mises o Fekete. En caso contrario, los demagogos y oportunistas aprovecharán la incapacidad de los economistas mainstream para incrementar el poder político: en el 29, la expansión sin límites del mercado bursátil pronosticada por Fisher provocó tanto el fin del laissez faire keynesiano como el New Deal de Roosevelt. Casi 80 años después seguimos pagando las consecuencias de una profesión económica desconcertada y sin recursos ante la crisis.

Los riesgos de que vuelva a suceder son motivo suficiente para sacar este y muchos otros boletines donde hagamos un seguimiento exhaustivo de la crisis. Es importante divulgar las causas reales y proponer alternativas útiles, mientras el resto de economistas sigan desacreditando su tarea al hacer buena la frase de que "explican mañana por qué se equivocaron hoy".

La crisis subprime

El primer boletín del Observatorio de Coyuntura económica tiene como intención mostrar por qué la crisis internacional tras el aumento en las ratios de impagados en las hipotecas subprime encaja perfectamente en la explicación del ciclo económico de la Escuela Austríaca de economía.  


Descargar aquí

La campaña electoral ya ha comenzado

Cuarenta y ocho horas más tarde de la visita del señor ministro, la fiscalía regional ordena el registro de domicilios particulares, empresas privadas y dependencias municipales, y comienza a arrestar a políticos del PSOE bajo una nebulosa acusación relacionada con el urbanismo. Añadamos a nuestro relato la circunstancia de que la prensa afín al Gobierno hubiera sabido con antelación dónde, cómo y quién iba a ir siendo entrullado, de forma que pudiera obtener el documento gráfico con la mayor comodidad. No es necesario tener superpoderes adivinatorios para saber que la campaña que hubiera desatado el PSOE a nivel nacional denunciando el uso partidista de la justicia por el Gobierno hubiera sido clamorosa, con toda la trompetería de los medios afines afirmando el carácter eminentemente fascista de ese comportamiento de los poderes públicos.

Pues bien, en Totana ha ocurrido precisamente esto mismo, con la única salvedad de que el papel de ambos partidos políticos es exactamente el contrario. Como respuesta, la única reacción del PP regional ha sido una suave nota de prensa en la que se pide a la fiscalía que, hombre, por lo menos informe a los acusados del delito que se les imputa antes que a la prensa amiga.

Sin prejuzgar la culpabilidad de los encausados ni la gravedad del posible delito, parece que las formas son más propias de la Venezuela chavista que la de un país democrático. Porque eso de que te detengan, te lleven al calabozo y te requisen ordenadores y papeles a ver cómo concretan la acusación contra ti no es algo que se lleve mucho en las democracias occidentales.

En el momento de acabar estas líneas dos de los detenidos ya han sido puestos en libertad, aunque permanecen encausados. En unas horas más, la jueza encargada del caso decidirá si la fiscalía tiene pruebas solventes para mantener el arresto o, por el contrario, pasa como en los ayuntamientos canarios cuando el anterior ministro de Justicia aterrizó en las listas del PSOE local, cuyos alcaldes del PP, después de ser detenidos sin orden judicial y permanecer arrestados durante algunos días fueron puestos en libertad sin medidas cautelares.

Lo grave es que, en estas circunstancias, el estigma de haber sido detenido acusado de corrupto ya no se lo quita nadie a las familias de los afectados en dos o tres generaciones. Pero aquí el único estigma que merece el cariño judicial es el de Felipe González. Los demás a chupar calabozo y a callar. Cosas de la justicia progresista made in Bermejo.

Envía spam, ZP te lo pide

Se les anima a hacerlo desde la propia página oficial de José Luis Rodríguez Zapatero como líder socialista, que lleva el cursi nombre de La mirada positiva. En dicha web cualquiera puede descargarse en PDF la Guía Vcp. Voluntari@s CiberProgresistas. El documento, que comienza con un texto de Pepe Blanco animando a la participación, es un despropósito. No sólo por las cosas que invita a hacer, sino porque demuestra que estos políticos de la vieja guardia siguen sin entender la realidad de internet.

En su página 2, los redactores comienzan diciendo de la misión de la Vcp que es la de "facilitar nuevas formas de participación política a los militantes y simpatizantes progresistas". El uso del correo electrónico, los mensajes de móvil y las bitácoras está demasiado extendido como para resultar novedoso. Pero continúa. Estas "nuevas formas" se facilitan de manera "estructurada y organizada". Vamos, que ni se plantean que los ciudadanos de ideas próximas al PSOE puedan ser lo suficientemente listos como para hacer esas cosas por sí solos.

De todos modos, lo grave es lo que invita a hacer. Se anima a los "cibervoluntari@s progresistas" a crear listas de distribución de correo electrónico que contengan al menos entre cinco y diez direcciones de "indecisos y simpatizantes". En ningún caso se les sugiere que se les pregunte a esos destinatarios si quieren recibir propaganda. Su opinión no cuenta. Puro spam. Pero la cosa no termina ahí. Advierte que no se debe incluir a personas "reconocidas como contrarias. Podrían entenderlo como una agresión a sus ideas".

Que alguien mantenga un pensamiento político diferente no le convierte en "contrario", sólo en alguien que piensa de forma distinta. Significativa, por tanto, la elección de palabras escogida. Y otra cosa, esos "contrarios" no entenderían los mensajes como una agresión a sus ideas. Los verían como cualquier mero spam, una agresión por saturar su correo con mensajes no deseados, con independencia de que sean del PSOE o de un alargador del pene. También cabe preguntarse si lo que pretenden desde Ferraz es evitar que alguno conteste y se establezca un debate de ideas que los "zapateriles" quieren evitar.

Los de la mirada amable también animan a hacer el troll al pedir que se detecten "Blogs y páginas web de las candidaturas de otros partidos" para que los Cvp participen con "comentarios o preguntas". Si en los mensajes a los simpatizantes e indecisos dejaban claro que se debía utilizar un "talante amable", aquí nada de eso. Se ve que en los sitios de otros partidos se puede insultar y cosas así. También se pide a los cibervoluntari@s progresistas que informen de todos los foros y chats donde participan para que desde el PSOE puedan sugerir a otros que entren también en ellos. Vamos, que lo saturen.

Definitivamente, los amigos del "pásalo" (la guía recomienda utilizar esta palabra en los mensajes a móviles) demuestran una total falta de respeto a las normas de educación y respeto más básicas de la red. Ya sabes, si quieres ser un buen Cvp envía spam, ZP te lo pide. Y también que hagas el troll.

Ni es liberal ni ha pretendido nunca serlo

Ayer, en esta misma tribuna, se lamentaba amargamente mi socio y colega de profesión Manuel Llamas por el giro a la izquierda que, a su parecer, el PP ha dado en los últimos tiempos. Estoy de acuerdo con él; en el lamento y en el análisis. En el lamento porque es una pena que en España no tengamos un partido político que se acerque a nuestra manera de pensar y de concebir la vida en sociedad. Y en el análisis porque el PP, efectivamente, es desde hace mucho un partido socialdemócrata más cuyo programa e intenciones distan sólo un par de estaciones de los de su archienemigo socialista.

El problema no es por lo tanto el juicio, que va sobrado de tino, sino la profundidad del mismo. El Partido Popular no es un partido liberal ni ha pretendido nunca serlo. Es, en el mejor de los casos, un partido que gusta de decirse –a ratos y sin demasiada convicción– liberal o, afinándolo aún más, amigo de los liberales. Y no siempre y no desde siempre. Cuando empecé a interesarme por las cosas de la política, allá por 1992 o 1993, el PP no prestaba la más mínima atención a las ideas liberales (no es que ahora preste demasiada, pero entonces sus líderes no sabían ni que existían) y su programa, coma arriba, coma abajo, era un refrito del que imprimía cada cuatro años el PSOE quitándole la épica obrerista y la lírica de lo social.

En todo lo demás eran clavados y así nos lo hacía ver Jesús Huerta de Soto en sus clases nocturnas de Economía Política para pasmo de los que hasta allí se allegaban con el monotema de odiar a Felipe González por encima de todas las cosas. Tuvo entonces alguien dentro del PP la ocurrencia de vestir la presencia pública del partido con ropajes nuevos, recién cortados en el taller de Lucas Beltrán o de Pedro Schwartz y que Jiménez Losantos, a la sazón columnista y contertulio muy aplaudido por los jóvenes, difundía en la radio y en la prensa con eficacia demoledora. De esto hace 15 años y algunos se ilusionaron con eso de que el PP sería la herramienta que siempre le ha faltado al liberalismo español, la llave inglesa política que fuese poco a poco desmontando el monstruoso estado que heredamos del franquismo, y que ucedeos y felipistas hicieron crecer hasta extremos tan onerosos como la brutal recesión económica del 93-94.

Han pasado muchas cosas desde entonces y el PP sigue, más o menos, donde estaba. Gobernó ocho años retocando cuatro nimiedades pero, en lo esencial, doblando el espinazo ante el discurso socialista hegemónico. En España, por desgracia para nosotros y para los que vengan detrás, no se aprovechó esa oportunidad para hacer una revolución al estilo de las de Thatcher o Reagan. Ni se tocó el mal llamado "Estado del Bienestar" ni se emprendió ninguna reforma digna de tal nombre. A lo más se dejó de robar a manos llenas y se practicó un bypass de emergencia a un organismo moribundo que estaba a punto de reventar.

En el PP, dados como buenos políticos que son a pasar el día felicitándose de sus propias incompetencias, no es que no sean conscientes de la oportunidad que perdieron, es que, para ellos, eso no fue una oportunidad sino dos legislaturas de poltrona y coche oficial. Si volviesen a gobernar harían lo mismo. La Seguridad Social o el fondo de pensiones seguirían siendo lo que son, los impuestos serían tan altos y desproporcionados como lo son ahora y el Gobierno no podría evitar meter sus narices en los medios de comunicación, en la banca o allá considerase necesario en aras del "bien común". Les va en su naturaleza. Son políticos, esa curiosa especie de seres humanos que se cree omnisciente y cuyo único interés real es vivir a costa de los demás diciendo como tienen que vivir los demás.

Mi pesimismo, naturalmente, no es óbice para que, de tanto en tanto, les eche el voto. Pero no con la esperanza romántica de que hagan esa revolución liberal que tanto me gustaría ver con mis propios ojos en mi propio país, sino con la idea práctica de evitar que vengan los de enfrente y hagan la revolución a la inversa.

Por qué gastan nuestro dinero en grandes causas inútiles

Ellen Axson Wilson, primera esposa de Woodrow Wilson, plasmó esta idea al decir que su marido "tiene gran pasión por ser el transmisor de los acontecimientos mundiales" e "inspirador de un gran movimiento de opinión". Que alguien del Gobierno, esa organización que tiene el monopolio de la fuerza y agresión, tenga estos delirios de grandeza es una amenaza para todo hombre libre.

El presidente Zapatero tiene la misma visión caudillista que Wilson y que otros grandes tiranos de las democracia formales, que no funcionales, de hoy día. Es incapaz de hacer nada para que lleguemos a final de mes, pero se presta rápido a tirar nuestro dinero al primero que se le tropieza en una cumbre internacional. En estos años de Gobierno Zapatero, España ha sido el país de la OCDE que más cantidad de nuestro dinero ha regalado al "desarrollo". Concretamente, el presidente ha destinado 4.200 millones de euros a este concepto, lo que representa más de 200 euros por persona que trabaja en este país. El año que viene serán más de 5.500 millones. A propósito, ¿sabría decirme un solo país que haya salido del subdesarrollo gracias al dinero que le regalan los gobiernos ricos?

Lo mismo sucede con el cuento del cambio climático. A pesar de estos cuatro años verdes, España sigue siendo el miembro de la UE más alejado de Kioto. Es la excusa perfecta para doblarnos a impuestos en un momento en el que España no está pasando por su mejor momento económico.

¿Y qué tal si nos miramos los temas "pequeños" señor presidente? El Banco de España ha alertado que puede haber una fuerte reducción del empleo el año que viene que afectará, como es evidente, a los empleos temporales. De nada han servido las maravillosas imposiciones de crear estabilidad en el trabajo, como era previsible. Más de un 30% de los asalariados y el 65% de aquellos menores de 29 años tienen un contrato temporal. Como ha recordado José Luis Malo de Molina, director del Servicio de Estudios del Banco de España (BdE), en las épocas de bonanza económica el hiperregulado mercado laboral español no es capaz de generar los empleos deseados, pero cuando los malos momentos se acercan se vuelve especialmente sensible al enfriamiento económico. Siendo así, es de esperar que en 2008 pueda haber auténticas oleadas de despidos y Expedientes de Regulación de Empleo (ERE). Los más afectados, tal y como ha indicado el BdE, los trabajadores temporales. Nada ayuda a esta situación las absurdas y antieconómicas medidas de subir el salario mínimo que no benefician a empresas ni empleados.

Los delirios grandilocuentes de Zapatero no contemplan datos como que el beneficio neto empresarial haya caído sustancialmente este año, que el importante aumento del precio de las materias primas y la inflación afecten negativamente a nuestros bolsillos –lo que puede obligar al Banco Central Europeo a subir tipos–, o que el país pierda 6 puestos en competitividad. Él sigue aumentando la presión fiscal a empresas y particulares. Todo esto son minucias comparado con los grandes planes de nuestro líder.

El presidente, a la vista de los acontecimientos, quiere pasar a la historia a toda costa. Que lo nominen al premio Nobel de la Paz como a su amigo Al Gore y figurar en los libros de historia como el altruista que quiso salvar al mundo. Es igual que sus medidas sólo respondan a su necesidad de promocionarse a sí mismo y no sirvan ni para salvar a los países pobres ni para evitar las agoreras predicciones del cambio climático. Da lo mismo que lo único que hagan sea evitar que los ciudadanos lleguen a fin de mes. Siempre podrá decir que el mundo estaba en su contra y que él sólo pretendía cambiar el mundo con una sonrisa.

Si las palabras de Zapatero fueran francas y él un altruista, dejaría de imponernos su visión con multas, leyes, prohibicionismo, regulaciones e impuestos; se alejaría del frívolo mundo de la política y se haría misionero o, si su laicismo le impide semejante cosa, ingresaría en una ONG. Por más buenas palabras que usen los gobernantes, la política siempre es lo mismo: imposiciones a los hombres libres para satisfacer las ambiciones de los burócratas.