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Feliz fracaso de la ONU

De nuevo, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha estado acertada al definirse sobre cuestiones relacionadas con la Red. Hace unos días, RSF denunciaba que con la excusa de quitar a la estadounidense ICANN la gestión de los nombres de dominio se ocultaban cuestiones mucho más importantes: el intento de los gobiernos más represivos en materia de ciberlibertades de hacerse con el control de internet a través de la ONU.

Es cierto que la hegemonía de la entidad estadounidense (que, por cierto, es privada) tiene algunos riesgos, como que desconecte los dominios de ciertos países que tienen gobiernos abiertamente enemigos de Estados Unidos. Sin embargo, eso no ha ocurrido jamás y resulta más peligroso permitir que sean esos estados quienes controlen la Red. Y que los sistemas políticos represivos (fuera y dentro de la Red) tienen aliados importantes en Naciones Unidas es evidente.

El subsecretario general para Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, Sha Zukang, ha defendido que hay que regular Internet. La excusa: luchar contra el terrorismo o impedir que la pornografía llegue a los menores. Zukang no duda en afirmar que "todos estamos a favor de la libertad, pero la libertad no significa que podamos hacer cualquier cosa". Estos argumentos recuerdan demasiado a lo que dice el Gobierno comunista chino para ejercer la represión en Internet. Y el subsecretario general en cuestión ha sido el embajador ante la ONU de China (el país que concentra el mayor número de ciberdisidentes encarcelados en el mundo), lo que no cabe atribuir más que a una mera casualidad, naturalmente.

Una vez más, tenemos que felicitarnos de que la ONU no haya conseguido poner sus zarpas (que no dejan de ser en este caso las garras de dictaduras a través de la organización internacional) en internet. El día que lo consiga, los internautas deberemos decir: "adiós libertad, adiós".

El comando antiburocracia

Salvo que los permisos que finalmente se tramitaban no cumplieran los requisitos legales para ser otorgados, en cuyo caso sí estaríamos ante un caso evidente de prevaricación, la única actividad de este "comando antiburócrata" parece ser la de agilizar los trámites para el otorgamiento de estas autorizaciones oficiales a cambio de una cantidad de dinero. Pero si los trámites se hacían con sujeción a la legalidad, no veo dónde está el perjuicio para el ayuntamiento o para el resto de ciudadanos.

Cualquiera que solicite una licencia de apertura para un negocio sabe que tendrá que esperar varios meses antes de tener todo el papeleo en regla para poder iniciar su actividad. El tiempo es dinero, sobre todo porque los bancos no esperan a cobrar los intereses del dinero prestado hasta después que Gallardón estampa su firma en el documento oficial por el que se concede la autorización solicitada. Al contrario, los banqueros tienen la fea costumbre de exigir el pago de los réditos desde el mismo momento en que la pasta abandona la sucursal. Pero no se trata solamente de los compromisos con los bancos, sino que, además, cada mes que un negocio está cerrado por la falta de la firma en un documento, es dinero contante y sonante que el propietario deja de ingresar.

Por tanto, el soborno a los funcionarios encargados de esos trámites no es, en última instancia, más que una cuestión sobre la relación coste-beneficio. Si el pago que exigen los funcionatas es inferior al coste que la demora le va a suponer al empresario, es evidente que muchos de ellos optarán por acudir a ese mercado negro burocrático.

Hombre, el caso de los tíos estos del "guateque" gallardonita es un poco sorprendente, porque eso de establecer los precios según el tipo de negocio o los meses de tramitación que se ahorra el solicitante parece demasiado grosero. Sólo les faltó abrir una ventanilla adicional con el cartelito de "sobornos" y un listado con las tarifas vigentes.

Ahora dice Gallardón que va a privatizar el servicio de concesión de licencias, permisos y autorizaciones. Coño, pues eso mismo es precisamente lo que estaban haciendo ya sus funcionarios. De hecho, el alcalde debería otorgarles esa concesión a los creadores del sistema "guateque", por su probada eficacia a la hora de dar un servicio ágil al ciudadano. La otra solución es dejar de interferir en el proceso de creación de actividades económicas, más allá de los controles sobre el cumplimiento de normativas básicas una vez el negocio esté instalado. Pero eso supondría que los políticos perderían poder y las instituciones públicas un montón de dinero en concepto de tasas, y no parece que ningún político esté dispuesto a renunciar ni a lo uno ni a lo otro. Y Gallardón, probablemente, menos que los demás.

Llega la ideología científica a las aulas

The Party and the Government are showing paternal concern for the strengthening and development of… our science
T. Lysenko, del informe ante la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de 7 de agosto de 1948

De tanto escrutar la Educación para la Ciudadanía (la edad de mis hijos les convierte en mamoncetes de la EpC) se me ha olvidado analizar el contenido de otra nueva asignatura que el Ministerio de Educación y Ciencia ha introducido en el bachillerato de tapadillo mediante Real Decreto. Con el rimbombante nombre de Ciencias para el Mundo Contemporáneo, esta asignatura, prevista ya en la Ley Orgánica de Educación (LOE), será común y obligatoria en el próximo curso escolar 2008-09 para todos los bachilleres, incluidos los de Humanidades, desde los 16 a 18 años, claros protovotantes.

Esta nueva planificación en la producción estatal de la enseñanza, que pretende cubrir las lagunas (más bien océanos) de la ESO, es el típico ejemplo de cómo una buena intención (ampliar los conocimientos científicos de los jóvenes estudiantes) puede desembocar en una intolerable manipulación de intenciones políticas cuando es manoseada por la gestión burocrática del Estado.

La nueva materia se organiza en seis bloques que pretenden ser la vanguardia de lo científicamente correcto. Con ello se pretende que los jóvenes manejen conceptos, leyes y teorías útiles para formarse opiniones en el ámbito científico, social… y político.

Aquí van en cursiva algunos de los contenidos de estas modernísimas ciencias trufadas de ideología:

3. Vivir más, vivir mejor: "La salud como resultado de los factores ambientales y la responsabilidad personal, uso racional de los medicamentos" (ciertamente obviarán la necesidad de privatizar o liberalizar la sanidad), "transplantes y solidaridad" (comerciar con órganos de forma voluntaria será sin duda alguna demonizado, sólo va a caber solidarizarse en estos temas).

4. Hacia una gestión sostenible del planeta. Está servido en bandeja el plato más suculento para cualquier progre: "La sobreexplotación de los recursos: aire, agua, suelo, seres vivos y fuentes de energía. El agua como consumo limitado" (de seguro que se soslaya la necesidad de privatizarla como requisito imprescindible para su uso racional y no se denunciará el derroche actual fruto del sistema soviético de precios oficiales que padecemos), "Los impactos: la contaminación del aire y del agua, la desertización y el aumento de residuos, pérdida de biodiversidad, cambio climático, La intensificación de los riesgos naturales. Las catástrofes más frecuentes. La gestión sostenible de la Tierra. Principios generales de sostenibilidad económica, ecológica y social. Los compromisos internacionales. El principio de precaución y la responsabilidad ciudadana."

Tras engullir esta batería de medias verdades alarmistas, los adolescentes-electores solicitarán a gritos la presencia del Estado protector. Hablar entonces del poder creativo de las sociedades libres, como lo hiciera Hayek, será ya juzgado definitivamente como reaccionario. Sin duda, la nueva y falaz cara del comunismo campará por sus respetos en esta nueva ciencia para el mundo hodierno.

5 .Nuevas necesidades, nuevos materiales. "La humanidad y el uso de los materiales, control de los recursos (¿no se imaginan por quién?). El papel y el problema de la deforestación" (¿se explicará que la mejora de los bosques y su biodiversidad viene ligada a la extensión de los procesos de mercado?).

Apuesto a que este curso se complementará con el DVD a precio de amigo de Al Gore. No faltarán tampoco las manidas referencias al accidente de Bhopal, a las mareas negras (Exxon Valdez o Prestige), al colapso de Chernobyl, etc. Por el contrario, la idea de que el capitalismo está sustentando la mayor población humana jamás imaginada en nuestro planeta será tabú, una verdad incómoda que será convenientemente eludida.

Resalto como colofón, estos criterios que servirán de evaluación al educando: "el conocimiento de los principales problemas ambientales, como el agotamiento de los recursos, el incremento de la contaminación, la desertización y los residuos, o la intensificación de las catástrofes; el saber establecer relaciones causales con los modelos de desarrollo dominantes, y capacidad de predecir consecuencias y de argumentar sobre la necesidad de aplicar los modelos de desarrollo sostenible y mostrar mayor sensibilidad ciudadana para actuar sobre los problemas ambientales cercanos."

Ante este secuestro de la verdadera ciencia para fines ideológicos, de lo único que se afanan la mayoría de los profesores es por ver quién impartirá esta nueva asignatura de celofán verde (los de Filosofía, los de Física o los de Biología), es decir, quién se queda con más parcelas de poder; siempre mirando a la Administración educativa, nunca a las preferencias de los padres de los alumnos.

Esta nueva "maría" de contenido superficialmente científico no mejorará un ápice la incultura científica que asola nuestro país, pero moldeará las opiniones de los adolescentes con los prejuicios e intereses de nuestra casta política. El tándem Educación para la Ciudadanía para los peques y Ciencias del Mundo Contemporáneo para los jóvenes será letal para el espíritu emprendedor de venideras generaciones. La planificación y producción estatal del hundimiento de la educación tiene estas cosas.

Cada vez se hace más evidente la necesidad de implantar un cheque escolar para dar a ciertos consumidores de educación (no a sus productores) como paso intermedio para la definitiva separación de todas las escuelas de la mano visible del Estado.

Enseñar a su hijo es delito en España

El matrimonio tiene cuatro hijos que, aunque están matriculados en un colegio, no acuden a él. La razón es que sus padres, al ser maestros, tienen mucho tiempo libre y desean educar a sus hijos ellos mismos. Al centro sólo van a hacer los exámenes.

Tener la opción que cada familia pueda educar a sus hijos se le llama libertad, y por esa razón la administración está en contra. ¿Se imaginan un futuro de personas educadas previamente en la "escuela en casa" donde lo normal fuese la diversidad ideológica y que cada uno pensara algo radicalmente diferente a lo que dice la televisión, ordena el Gobierno o leemos en los manipulados medios de comunicación impresos? No controlar a los niños y dejar que sean las familias quienes decidan es algo que aterra a todo socialista, y al Gobierno en especial.

La administración tomó en monopolio la educación –como sector– y eso ha creado que los jóvenes cada vez sean más incapaces. Y es que el propio sistema docente está pervertido. En la vida real las personas aprenden de sus errores y necesitan tiempo. La vida académica hace lo contrario, pretende que alguien sepa de algo al momento sin cometer errores. A diferencia de la vida real, no les ofrece varias opciones y oportunidades, sino un examen cuyos contenidos, en el mejor de los casos, el alumno habrá olvidado en menos de un año. Por ejemplo, para destacar en una empresa no necesita empollar ningún libro ni creerse lo que le diga un profesor acreditado por el Estado, sino aprender de la empresa, del mercado y sus compañeros. Sólo a base de aprender de sus errores y de trabajar duro conseguirá el éxito.

Esto nos lleva un paso más allá. ¿Por qué el Gobierno nos ha de imponer qué estudiar, qué no y cómo? El Gobierno no tiene incentivo alguno en que su hijo esté bien educado. El único incentivo que tiene es asegurar que su hijo sea un futuro esclavo del Estado y que le siga manteniendo y obedeciendo.

Tal vez hayamos olvidado que los niños son de sus padres y no del Estado. Los pequeños no tienen más "función social" que desarrollarse al principio como sus padres les indiquen y más tarde como ellos quieran, sin tener que sufrir los continuos bandazos políticos del Gobierno de turno. ¿Son cuatro burócratas demasiado bien pagados los que han de decidir lo que ha de estudiar su hijo? ¿Es Educación para la Ciudadanía la asignatura que usted habría querido para su hijo? Y ustedes, socialistas, si algún día el PP tomara el Poder e impusiera una educación conservadora, ¿no se alegrarían entonces de poder apartar a sus hijos de tales materias?

En España hay entre 1.000 y 2.000 familias en situación de "educación en casa". En este país varios jueces ya han dado sentencias favorables a aquellas familias a las que el Gobierno ha denunciado. Únase a ellos y visite centros como la Asociación para la Libre Educación donde le enviarán por correo un didáctico libro sobre las razones para educar en familia. Visite también la página Crecer Sin Escuela donde encontrará libros que comprar, experiencias, explicaciones de todo tipo, o visite la página de la familia Branson-Sánchez que le mantendrá al día de los diferentes acontecimientos que se van produciendo.

Los burócratas quieren ilegalizar la escuela en casa de forma rotunda. Lo están haciendo en varios países de Europa. En Alemania, por ejemplo, ya se ha prohibido y han encarcelado a varios padres de familia. Si toma parte activa aún puede evitar que buenos padres sean juzgados por querer lo mejor para sus hijos. Como dijo Henry Thoreau, "si la injusticia tiene un resorte, una polea, un cable, una manivela exclusivamente para sí, […] entonces yo le digo, incumpla la ley". 150 años después, su mensaje sigue igual de vigente.

Libertad de odio

La pasada semana, un comunicado referente al fallo del Tribunal Constitucional declaró que si bien sigue siendo delito la difusión de ideas o doctrinas tendentes a justificar un delito de genocidio, o que pretendan la rehabilitación de regímenes o instituciones que amparen prácticas generadoras de los mismos, no lo es la difusión de ideas que nieguen el genocidio.

La filtración sobre la sentencia viene a cuento por el juicio contra Pedro Varela, cabeza visible durante años de la CEDADE, organización pro-nazi, y propietario de la librería Europa, y su condena por "apología del genocidio e incitación a la discriminación, al odio y la violencia raciales".

El personaje en cuestión no tiene desperdicio. Tal y como se relata en la entrevista que le hicieron en el 2006 y que se publica en la página pro-nazi Stormfront, en 1980 recibió financiación de Arabia Saudí por la edición de obras antijudías y antisionistas en árabe y castellano. También organizó un homenaje público a Hitler con ocasión del aniversario de su nacimiento en el Palacio de Congresos de Madrid.

El comunicado deja insatisfechos a todos. Los judíos y simpatizantes consideran que negar el Holocausto debería ser penado por la ley debido a que normalmente va asociado a actitudes y conductas criminales contra ellos. La historia habla por sí sola. La persecución y los pogroms habituales desde el siglo XIV, la prohibición de tener propiedad privada, lo que les relegó a las tareas bancarias y financieras, son ejemplos groseros de la persecución histórica a que han sido sometidos.

Los grupos nazis en parte están encantados, pero consideran querrían tener más libertad para difundir sus mensajes. Como si la idea de que su rechazo a la inmigración nos hiciera olvidar qué tipo de gente hay detrás de una esvástica: o un tonto útil o un racista pro-nazi. La negación del Holocausto es un intento de restar importancia a un drama histórico de verdadera importancia, es negar una realidad. Predicar el odio a los judíos o a cualquier otra raza o religión y justificar su matanza es un síntoma del tipo de persona que uno es: una persona que no considera el derecho a la vida como el más sagrado, que no respeta la libertad de culto y pensamiento, y que en cierra odio en su interior. Lo peor.

Es llamativo que en la citada entrevista se afirme sobre Pedro Varela que, por su carácter, jamás habría cometido ni aplaudido un crimen semejante ni habría incitado a nadie a odiar a nadie. Y a continuación se describe su misión vital: desenmascarar al lobby judío como el gran conspirador mundial que se está haciendo con el poder planetario a costa de la destrucción de los demás pueblos, culturas y naciones. No se me escapa que la trampa de cualquier teoría de la conspiración es que al ser secreta por definición, la conspiración no se puede demostrar, es cuestión de fe, en este caso fe en una falacia que ha llevado al intento de exterminio de un pueblo por razón de su raza y religión.

Ahora bien, por mucho asco que me produzcan las tesis nazis, muy peligrosas que me parezcan y muy pro-Israel que me sienta, esta sentencia, y el tema en general, cuestionan la libertad de expresión. Uno puede pensar lo que quiera pero no puede difundir sus ideas si son nazis. Esa es la idea. Como si el odio llevara necesariamente implícita la acción o te hiciera cómplice. No sólo creo que negar el Holocausto no debe ser un delito, también creo que expresar tu admiración por un asesino de masas, por un ser despreciable, por la peor persona del mundo, no debe ser tipificado como delito.

Pero este tema convoca otro problema recurrente en nuestra sociedad.

Una vez definido mi criterio sobre la libertad de expresión la pregunta que surge de forma inmediata es ¿y qué hacemos con los nazis? ¿Vamos a dejar que campen por sus respetos haciendo propaganda de tal atrocidad? ¿Vamos a darles la oportunidad de convencer a nuestros adolescentes o a cualquiera como hicieron con el propio Varela cuando tenía 17 años? No. Rotundamente no. Pero hay otras vías. Lo que pasa es que no son tan cómodas como el recurso a la ley, al Estado paternal, al nanny state.

¿No le gustan los nazis? Boicotéelos. No les admita en sus tiendas, no les venda sus productos, no compre los suyos, no les contrate, no le venda un piso, no les alquile el Palacio de Congresos, no les conceda un préstamo, no les salude en la escalera… tome posiciones. Manifieste su descontento, hágase responsable de su desprecio hacia los nazis. Hágalo a pesar de las posibles represalias.

Es la sociedad civil, individuo a individuo, quien debería echar a los nazis con su actitud. Refugiarse en las faldas legales del Estado dañando para ello la libertad de expresión es un acto de cobardía. Hay que denunciar los actos delictivos, no las opiniones o la expresión de las mismas por mucho que nos aborrezcan. Incluso me parece una buena idea crear asociaciones voluntarias de ciudadanos financiadas por los vecinos para evitar el asentamiento de nazis en los barrios de manera legal y sin lesionar la libertad de nadie, o patrullas ciudadanas armadas para la vigilancia y defensa ante las agresiones y represalias de estos grupos. Organización civil.

El poder absoluto corrompe absolutamente

Por otro lado, como decía Lord Acton, el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe de manera absoluta. Así que trabajando en un medio totalmente intervenido como es el urbanismo sería de necios pensar que no hay corrupción. La hay a mansalva; a una escala más grande de la que la gente tiende a pensar.

El caso del urbanismo es paradigmático del efecto que tiene el poder sobre las relaciones humanas y las restricciones en la propiedad y la libertad individual. Políticos y burócratas se han erigido desde 1956 en amos absolutos de nuestras propiedades inmobiliarias. Unos y otros se han arrogado un poder sobre nuestras vidas que ya hubieran querido para sí muchos monarcas de la Edad Media. La centralización del poder urbanístico, debida primero al franquismo y luego al socialismo de ambos partidos, ha traído una marea de corrupción imparable. Los políticos, por el tipo de decisiones que nos han expropiado, cuando se corrompen suele ser en el terreno de los pelotazos de las recalificaciones. En cambio, los funcionarios suelen moverse en otro nivel: el de las licencias.

La operación Guateque parece haber encontrado una trama dedicada a lo segundo. Hasta el momento han sido detenidos 16 funcionarios en cinco departamentos distintos de la capital. Personalmente he visitado en numerosas ocasiones tres de las oficinas intervenidas por la Policía y no porque me guste martirizarme o localizar escenarios para películas tipo Brazil, sino porque hace cuatro años solicité una licencia de apertura de local comercial en la capital que nunca llega. Al parecer, la solicitud ha cobrado vida propia y deambula por departamentos del ayuntamiento en busca de firmas y sellos que están entre este mundo y uno situado en una cuarta dimensión.

Todo el que lo haya pasado por este mal trago sabe lo que es el despotismo de un burócrata cuando habla sobre tu propiedad. Es una verdadera pesadilla que no le deseo a nadie. Después de meses soportando que unos desconocidos te digan hasta el color que ha de tener tu casa o la forma de las puertas de tu local, uno empieza a desesperarse. Ese es el momento en el que alguien te susurra al oído que por qué no te ahorras esta travesía por el desierto y te reúnes con alguien que te puede ayudar a agilizar la concesión de la licencia. En mi caso, nunca me tentó esa opción. Estoy más interesado en comprobar que en este país el derecho a la propiedad privada ha sido limitado hasta extremos insospechados; que si Hernando de Soto hubiera hecho su famosa comparación sobre el tiempo que tardan en darte una licencia de apertura en Estados Unidos y en Perú pero sustituyendo al país andino por el ibérico, la diferencia hubiese sido aún mayor.

Sin embargo, me alegro profundamente por quienes, atrapados en el laberinto de la solicitud de una licencia, al menos encontraron esa vía de escape. Verse en la necesidad de pagar 20.000 euros a una red de estafadores para que te dejen usar tu propiedad puede ser una humillación moral, pero peor aún es no tener siquiera esa opción. Lo indigno es que una persona pueda estar años a expensas de políticos y burócratas hasta poder hacer algo con su propiedad. No estoy disculpando a estos chupatintas corruptos, ni mucho menos, pero no me cabe ninguna duda de que la verdadera corrupción, la madre de todas las corrupciones, es el sistema de urbanismo que ha ideado y defiende la inmensa mayoría de nuestros políticos. Sin el urbanismo socializado no habría tramas de corrupción urbanística; ni políticas, ni burocráticas.

África: una revolución educativa incipiente

Esta es una de las historias más tristes (y ya son unas cuantas) de nuestro tiempo. A saber, las tan perjudiciales "políticas del desarrollo" que llevan a cabo los gobiernos, no los individuos, del Primer Mundo. A los que les gustan las medidas demagógicas y dependen de ellas (¿adivinan quiénes son?), no dudan en seguir en el mismo camino infructuoso de las últimas décadas: aumentar la ayuda externa (entiéndase en situaciones de normalidad, no me refiero a catástrofes naturales) a los países subdesarrollados (no de su bolsillo, claro). El problema, para ellos, es la escasez de ayuda. Esta es la excusa de siempre: las cosas van mal, ergo necesitamos más dinero público. Y siempre lo será, hasta que nos demos cuenta que el problema no es la falta de inversiones y recursos públicos.

En un ámbito más particular, la ONU y otras organizaciones internacionales tratan de garantizar, marcándose ambiciosos objetivos que no cumplirán, la educación gratuita en los países africanos a través de escuelas estatales. Esto es muy loable, sí. Pero en este tema (como en algunos otros), hay que dejar de lado los sentimentalismos que impiden ver lo que realmente sucede. No se trata de dudar de sus buenas intenciones, sino de si los medios que proponen sirven para alcanzar el fin perseguido.

Y la respuesta es, rotundamente, no. Lo demuestra James Tooley en su artículo Backing the Wrong Horse: How private Schools Are Good for the Poor (Apostando por el caballo equivocado: cómo las escuelas privadas son buenas para los pobres). Él y su equipo hicieron un fantástico y revelador estudio de la situación de la educación primaria, en el que recorrieron algunos países africanos (Kenia, Ghana y Nigeria) y otros asiáticos. Querían averiguar si eran ciertas las afirmaciones de la ONU sobre este asunto: que apenas se ha avanzado y que la solución es la educación gratuita. A través de testimonios directos de alumnos, profesores y padres, y de sus propias observaciones, llegaron a las siguientes conclusiones:

Que se está experimentando una revolución en la educación, con un número creciente de escuelas privadas a las que acuden la mayoría de los niños africanos con menos recursos. Esto sucede a pesar de la existencia de escuelas estatales gratuitas, debido a la masificación en las aulas y la escasa calidad de estas últimas, en las que los profesores cobran salarios mucho mayores que en las privadas.

Sin embargo, estas conclusiones contrastan con opiniones que el mismo autor cita de miembros del Banco Central: "Nadie cree que las escuelas privadas [en estos países] ofrezcan educación de calidad" o de la directora de un colegio estatal de Nigeria, respondiendo a la insinuación de si la razón por la que los niños ya no iban tanto como antes a este colegio era porque los enviaban a escuelas privadas: "Son familias muy pobres… ¡No se pueden permitir la educación privada!" Parece que este mito no sólo está extendido en Occidente.

Pues bien, un padre de los niños manifestó su opinión así: "Nosotros no queremos que nuestros hijos vayan a una escuela estatal. El Gobierno ofreció educación gratuita. ¿Por qué, en vez de eso, no nos dio el dinero para poder elegir dónde enviar a nuestros hijos?".

Citando a James Tooley,  "los pobres parecen tener sus propias ideas sobre cómo son mejor provistas sus necesidades educativas", y pasan por las escuelas privadas. ¿Cuándo escucharán a los propios padres africanos?

Una vez más, chochamos con la idea paternalista en la que los individuos (sean los pobres africanos o seamos los consumidores europeos) no saben lo que hacen, y hay que obligarles o prohibirles determinadas acciones. Pero lo mejor que podemos hacer es dejarnos de paternalismos estatalistas y celebrar y difundir estos pasos positivos que se están dando en estos países, y ayudarles a que pongan los cimientos de una sociedad libre, que, como ya sabemos, es la única vía para salir de la pobreza.

La ley de internet del PSOE da su primer paso

Sin embargo, lo que se ha aprobado con el apoyo de todos los grupos, a excepción del PP (para variar) nos pone sobre la pista de que lo que finalmente se apruebe. Esta ley tiene cuatro puntos esenciales que en su día comentó Enrique Dans, aunque su visión sobre ellas sea, para qué engañarnos, bastante distinta a la mía.

El primero y sin duda más polémico es el que se refiere a la posible retirada de contenidos de internet por violar la ley sin que un juez tenga que aprobarlo. Parece que al final no han incluido el polémico artículo 17bis, que es como el Guadiana y aparece y desaparece de vez en cuando, y que permitía a la SGAE obligar a los proveedores a retirar contenidos o desconectar personas que "violaran los derechos de autor". Sin embargo, la ley abre la puerta a que "organismos competentes" no especificados puedan hacer lo mismo que el 17bis permitía a la SGAE; la cuestión es que entre los motivos ya no están los derechos de autor, sólo "la seguridad, la salud, el consumo o la protección de la infancia", lo cual da manga muy ancha a la censura previa. Según el Partido Pirata, "un blog alojado en una página web no es equiparable a un bar clausurable por sanidad ni a un producto retirable por consumo, ni a un anuncio, es mucho más". Es una publicación y debe disfrutar del derecho constitucional a la libre expresión.

Después está la liberación de la información pública. La ley obligará a las administraciones a poner a disposición de todo el mundo –eso sí, sin fecha– todos los contenidos de titularidad pública que sean digitales o estén ya digitalizados. Éstos se podrán copiar, estudiar o distribuir de forma libre pero, ojo, no modificar ni crear obras derivadas. De modo que la gente de Hispalinux ya ha protestado, porque eso elimina una de las libertades clásicas del software libre e impide que sus legítimos dueños, los que hemos pagado la creación de esos contenidos, podamos usarlos como queramos.

Y para terminar, y en términos más económicos, tenemos dos puntos que afectan más a la infraestructura de internet en España. El primero es la llamada "neutralidad de la red", que es una solución en busca de un problema. La idea es prohibir a las compañías de telecomunicación que discriminen en la información que circula por la red y den más prioridad a una que a otra, o impidan el acceso a una parte de internet, etc. El caso es que, hasta ahora, podían hacerlo sin problemas legales y no lo han hecho. En España, excepto el caso de Ono, que se sabe que bloquea el acceso a las redes P2P en algunas zonas por problemas de ancho de banda, no tengo noticias de que suceda pese a que no exista ley que lo impida. La razón es evidente: a los usuarios no nos hacen ninguna gracia esas prácticas y, aunque sea cierto que no hay mucha competencia en el sector, alguna hay, de modo que podemos cambiarnos de proveedor. Regular esto es querer meter al Estado donde ninguna falta hace. Y, por una vez, el Gobierno socialista ha estado de acuerdo en que no es necesario meter la mano de más.

El otro se refiere es la declaración de la banda ancha como un servicio universal, es decir, que exista obligación de llevarlo a toda la geografía española para el 31 de diciembre de 2008. Permitan que me ría con el plazo que dan; parece que piensen que poner unas palabras en papel trimbrado permite la aparición de infraestructuras mágicamente, de la noche a la mañana. Pero plazos aparte, y aun sabiendo que voy a sonar muy políticamente incorrecto, no me acaba de gustar esta decisión. ¿Por qué? Porque lo pagaremos usted y yo. Del mismo modo que un tío de un pueblo perdido de Cuenca no me va a pagar parte del piso, ni debe, con el dinero que se ahorra no viviendo en Madrid no sé por qué debo pagarle yo para que tenga internet. Cada lugar de residencia tiene sus ventajas e inconvenientes y cada persona debería ser responsable tanto de unas como de otras. Eso del "servicio universal" lo defienden muchos como un "derecho". Es decir, como algo que debe sufragar otro porque a ellos les parece bueno que lo disfruten quienes no están dispuestos a pagar lo que cuesta.

En definitiva, la nueva ley ofrece una de cal y otra de arena. El problema es que la amenaza a la libertad de expresión parece mucho más grave que cualquier otra cosa que tengan a bien incluir. Mientras eso no desaparezca, lo demás es lo de menos.

Ecologismo, un perjuicio para el campo

Si debemos destacar un sector mimado por nuestras intervencionistas autoridades europeas es el agropecuario. Este comportamiento responde a una mezcla de tradición, peso de ciertas políticas regionales e inercia burocrática, anclada en el concepto de sector estratégico. Hoy por hoy, ni la agricultura representa un porcentaje importante en el PIB europeo, alrededor del 4%; ni los agricultores son un colectivo que represente un importante reservorio de votos para ninguna opción política, el 8%, salvo en ámbitos locales; ni el comercio dejaría de abastecer las necesidades de los europeos a precios más baratos. Sólo una visión autárquica y la simpatía que ciertos sectores sociales tienen por este colectivo agrario explica que año tras año las promesas de reducir las subvenciones al campo se estrellen en el muro regulatorio.

El sector agrícola es un entramado de políticas, ayudas, regulaciones, amiguismos y subvenciones que favorece la ineficacia, donde la rentabilidad de una explotación es probable que radique en la existencia de subvenciones y precios intervenidos y no en saber cuáles son las necesidades de los ciudadanos y cómo satisfacerlas; donde los pillos intentan sacar ganancia a costa de un consumidor que paga precios excesivos y de un contribuyente al que le sangran todos los años para que unos pocos sobrevivan. Un buen ejemplo de ello es el incremento del precio de los cereales, que surge, entre otras causas, a raíz de las políticas medioambientalistas que pretenden buscar un sustituto al petróleo, el naciente sector de los biocombustibles, que por otra parte, está alentado por la política energética de Estados Unidos. Las presiones ecologistas han hecho emerger algo que hace unos años era residual y que, sin ayudas, lo seguiría siendo. La falta relativa de grano, y la imposibilidad de traerlo de terceros países sin pagar aranceles, ha originado un encarecimiento de los precios de los alimentos que empieza a preocupar a los ciudadanos. Paradójicamente, ahora son los propios ecologistas los que ponen en duda la viabilidad de los biocombustibles y su inocuidad para el medio ambiente.

Pese a todo ello, el campo es una fuente de recursos y riqueza aún por explotar en un sistema de mercado. Que cultivos y ganados sean rentables por las ayudas recibidas no quiere decir que sin ellas no haya actividades que no lo puedan ser per se. Aunque es imposible afirmar la rentabilidad de nada si no es en un mercado libre, no estaríamos muy lejos de la realidad si aseguramos que, por poner dos ejemplos muy cercanos, el olivar y el viñedo son cultivos que no necesitan ayudas para poder generar riqueza. La actividad empresarial de viticultores y olivareros ha favorecido un mercado en expansión internacional, controlando incluso buena parte de la cadena comercial y sacando dinero de nichos que otros agricultores ni sueñan. Existen otras actividades que rentabilizan el campo como el turismo rural, que es quizá la que más está creciendo en los últimos años, en algunos casos unido a la actividad cinegética.

Tradicionalmente la caza ha sido una de las fuentes de riqueza principales de los campos españoles. La rica variedad de ecosistemas que tiene España favorece la biodiversidad y la existencia de muchas especies con aprovechamiento cinegético. La buena conservación del coto de caza es esencial para que esta actividad tenga futuro y ello pasa precisamente por algo que los grupos ecologistas piden a gritos, el buen estado del sistema ecológico. Sin embargo, amparándose en ciertos derechos animales y una visión un tanto extraviada del valor de las especies, los grupos ecologistas se han opuesto tajantemente a la caza, pese a que muchos de los terrenos hoy protegidos por las administraciones públicas se hayan originado en cotos públicos y privados y estos se hayan conservado precisamente por la existencia de esta actividad.

La ministra Narbona, uno de los más enconados enemigos del medio ambiente en España, ha anunciado que en un mes se aprobará la Ley del Patrimonio Natural que, en su apartado dedicado a la cinegética, prohíbe de una manera un tanto confusa la munición de plomo en aquellos lugares que formen parte de la Lista del Convenio de Humedales de Importancia Internacional (Red Natura 2000). Los cazadores han puesto el grito en el cielo y anuncian el fin de la caza como sector ya que afectaría a más del 30% del territorio en el que hoy se puede ejercer esta actividad. De hecho, es la caza mayor, la más rentable económicamente, la que corre más peligro ya que todas sus municiones contienen plomo. Algunos cazadores dudan de que las alternativas sean viables y en algunos casos, las consideran peligrosas. Una de las propuestas, los perdigones de acero, a diferencia de los de plomo, rebotan con el riesgo que ello conlleva para cazadores y acompañantes, además de disminuir la vida útil de las armas, encareciendo la actividad.

De nuevo la presión ecologista ha favorecido una política que limita o imposibilita la creación de riqueza, riqueza que en este caso es necesaria para mantener y rentabilizar un terreno que albergue un ecosistema sano. No voy a ser yo quien niegue el envenenamiento por metales pesados, es un hecho más que demostrado y documentado, pero semejante problema puede ser solucionado a través de otros mecanismos que no sean los de limitar la libertad de los ciudadanos. La información machacona, pero no la coacción, pueden facilitar la transición deseada. Lo cierto es que las estrategias ecologistas han demostrado ser especialmente dañinas para el campo, para su conservación y para que se convierta en un recurso generador riqueza.

Desprotegidos y desprestigiados

Hoy, 9 de noviembre de 2007, día en el que se cumplen 18 años del derribo del Muro de Berlín, arranca Medicina en libertad.

Medlib.es es un proyecto en el que participa de manera destacada el Instituto Juan de Mariana cuya misión es elaborar y divulgar propuestas de reforma en el campo de la medicina siguiendo los principios de la libertad individual, el respeto por la propiedad privada y el acatamiento de los contratos libremente acordados. Los médicos y expertos en políticas públicas de Medicina en Libertad creemos que la relación libre y voluntaria entre médico y paciente debe ser el eje central cualquier modelo de salud que pretenda tener consistencia ética y ser al mismo tiempo eficaz.

El comentario de hoy del Instituto Juan de Mariana es la primera columna de Medicina en Libertad. Deseamos que con ella y con las que le seguirán podamos contribuir a derribar un nuevo muro: el de la medicina estatalizada.

Las agresiones a profesionales sanitarios en los hospitales públicos, que en tan poco tiempo se han puesto a la orden del día, son la manifestación visible de que el histórico descontento del público con los pequeños defectos del sistema sanitario se está convirtiendo en un grave problema de insatisfacción con una prestación que no responde a la demanda real de salud. Cada día tenemos noticia de que alguien a nuestro alrededor ha tenido una nueva lamentable experiencia en esta sanidad pública nuestra, masificada y con una gran falta de recursos. En este contexto, no es de extrañar que un paciente o sus familiares se irriten y lleguen incluso a agredir al médico que les trata cuando reciben una atención sanitaria que con frecuencia es deficiente y dista mucho de ser la que su salud necesita. Es comprensible, pero es injusto. Quizá pasen por alto que los médicos somos víctimas de un sistema que no nos permite ejercer nuestro arte de la manera que consideraríamos más oportuna.

En nuestro sistema de salud pública, financiado a partir de los impuestos que pagan los contribuyentes, el médico no es un empleado del paciente, sino del Estado, y como tal su ejercicio está supeditado a los designios de la administración pública. Rara vez es nuestra entera potestad dar al paciente el servicio que a nuestro juicio requiere su salud: carecemos por lo general de instalaciones y material adecuado para ofrecer al enfermo consultas e ingresos dignos, trabajamos bajo una enorme presión por tener muchos más pacientes por día de los que somos capaces de atender, hay procedimientos diagnósticos y terapéuticos eventualmente necesarios que estamos obligados a sacrificar en aras de un aprovechamiento eficiente de los recursos, y con el mismo motivo se limita nuestra libertad de prescripción de medicamentos. Y pienso que no les revelo ningún secreto si les digo que los recursos son cada vez más escasos y que desde las autoridades sanitarias se está incentivando el ahorro de manera desesperada porque la situación no se mantiene. ¿Cómo no van a notar los españoles que su asistencia sanitaria se resiente?

Sin embargo, los profesionales sanitarios somos la cara al público del sistema nacional de salud, y por tanto la cara que recibe los golpes de los pacientes a los que ya no les queda paciencia. Pagamos incalculables seguros de responsabilidad profesional para protegernos de demandas por mala praxis, gran parte de las cuales nunca se nos pondrían si en libertad pudiésemos elegir nosotros el manejo de nuestros pacientes. Pagamos sufriendo pésimas condiciones de trabajo y nuestro prestigio se ve perjudicado cada vez que, por estar sobreempleados, desatendemos a un enfermo. Y, por si fuera poco, ahora pagamos con nuestra integridad física. ¿En qué quedamos? ¿Somos o no responsables de nuestra práctica médica?

Creo en un sistema de salud basado en un contrato libre entre el paciente y su médico. Un contrato en el que el médico sea libre de ejercer enteramente con arreglo a su juicio profesional y sólo deba rendir cuentas ante cada paciente al que voluntariamente se vincula, y en el que el paciente se haga responsable de su salud y asuma libremente los límites económicos y los riesgos de su tratamiento, y pueda exigir directamente a su médico el cumplimiento de las condiciones contractuales. Este ideal dista mucho de la realidad española, en la que la relación médico-paciente está intervenida por una tercera parte -el Estado- que distorsiona el acto médico arrebatando a las partes muchos de sus derechos y desdibujando los límites de sus respectivas responsabilidades. Dicho de otro modo, en nuestro sistema, los pacientes no pueden elegir el volumen de recursos materiales y humanos que se invierten en su salud, sino que tienen que conformarse con la parte del presupuesto estatal que se redistribuye entre todos los ciudadanos, contribuyentes y no contribuyentes. Ustedes no pueden reclamar más gasto ni más dedicación, y nosotros, el personal sanitario, no podemos dárselo, aunque ambas partes queramos.

Las autoridades sanitarias deben analizar seriamente el presente y el futuro del sistema de salud. Y, desde luego, urge una respuesta al profundo descontento de los españoles y un remedio al empeoramiento progresivo de la asistencia. Hacen falta alternativas, y una alternativa sostenible no es pretender que el presupuesto dedicado a la sanidad se estire hasta la infinitud. Entretanto, los profesionales sanitarios esperamos que las autoridades se responsabilicen de sus fallos y reparen el daño, redimiendo la profesión médica ante la opinión pública y reconociendo nuestros esfuerzos.