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Flogisto y salario mínimo

Miren, si no, el ejemplo de que imponer un salario mínimo eleva las remuneraciones más bajas justo hasta ese punto. Como el flogisto, parece una idea propia de la alquimia: la duplicación de los salarios por decreto. ¿Por qué quedarse en los 800 euros que ha propuesto Zapatero? ¿Por qué no imponer una base mileurista? ¿Quién se iba a preocupar de las hipotecas con esa capacidad para elevar nuestros salarios sin más que publicar un artículo en el BOE?

Quien defiende el salario mínimo no puede tener ninguna idea sobre cómo se forman los salarios. El empresario está dispuesto a pagar una cantidad al trabajador en función de lo que estima que vale la contribución de este a la producción (esto es, el valor descontado de su productividad marginal). Si esa estimación queda por debajo del salario mínimo, esa contratación sencillamente no tendrá lugar. Se generará paro y habrá proyectos que queden en el sueño de los emprendedores – y de los afiliados al INEM.

Claro está que estos frustrados trabajadores a quienes el Gobierno prohíbe llegar a ciertos acuerdos son mayoritariamente jóvenes e inmigrantes. Estos últimos ya están saliendo a la calle, pero no por voluntad propia. Según la última EPA el desempleo entre extranjeros ha crecido un 24 por ciento en un año. Un SMI de 800 euros dejará esa tasa en ridículo.

En el caso de los jóvenes, muchos valoran más lo que ganan de capital humano por medio de la experiencia que el salario, y los estudios muestran que los salarios mínimos reducen las rentas futuras de los jóvenes, por la experiencia no ganada.

Lo más sorprendente es que este dislate sea un reclamo electoral.

¡Apártense, que no dejan pasar a mi coche oficial!

Este pasatiempo machacón de quienes administran "lo público" es especialmente chocante si pensamos en los continuos ataques que recibe la publicidad desde estos mismos estamentos cuando esta la realiza un agente privado con su propio dinero para anunciar los beneficios de un producto al consumidor. Sin embargo, cuando la campaña va dirigida a reprender al contribuyente, hacer sentir culpable al ciudadano por no comportarse como al Estado le vendría mejor o a exigir a los consumidores un cambio en su comportamiento, pocos son los que levantan la voz para quejarse. El colmo de los colmos es que estos anuncios públicos se pagan con el dinero del señor o la señora a quien se pretende aleccionar.

En los últimos meses a diversos organismos gubernamentales les ha dado por criticar a quienes utilizan el transporte privado. Los diferentes gobiernos se han empecinado en convencernos de que somos unos verdaderos sinvergüenzas, unos auténticos derrochadores y unos perfectos despreocupados por el futuro si viajamos en nuestro propio vehículo. Sin embargo, nos dan a entender que nos convertimos en unos maravillosos seres comprometidos con todo tipo de causas virtuosas si nos sometemos a horarios que deciden otros por nosotros y nos espachurramos en una lata de sardinas para desplazarnos. Hay que sacrificarse por no se sabe muy bien qué. El sudor, los apretujones, la inseguridad o los malos modales de muchos son el coste que debemos soportar sin cuestionarnos.

El Instituto para la diversificación y ahorro de la energía, IDAE, del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, ha llenado nuestras ciudades con un anuncio reza Utiliza el transporte público. Ahorra energía. Piensa en el futuro. Vamos, que si no usamos el transporte público es porque somos unos derrochadores de energía y sólo pensamos el presente. Eso de ahorrar energía para realizar una actividad está muy bien, pero transportarse en vehículo privado y hacerlo en transporte público son dos cosas diferentes y dejar de hacer lo que a uno le viene mejor por ahorrar energía así en abstracto no tiene mucho sentido. Sobre todo si pensamos que la producción energética se puede aumentar prácticamente sin límite. El problema está más bien en que como los políticos han creado cuellos de botella artificiales en la producción de energía, ahora quieren que seamos nosotros los que arreglemos sus desaguisados dejando de consumir. Vaya cara más dura que tienen. Y qué decir de esa relación entre transporte público y pensar en el futuro. Yo no trago eso de que ahorrar tiempo y evitarme un montón de delincuentes que campan por sus anchas en el transporte público significa pensar en el presente. Pero, por otro lado, si alguien quiere pensar más en el presente que en el futuro, tampoco veo por qué hay que vilipendiarle.

Peor aún es lo del Consorcio de Transportes de la Comunidad de Madrid: ¿Te imaginas un mundo sin coches? Hazlo posible. Súbete al transporte público. Pues sí, muchos nos lo podemos imaginar perfectamente y nos parece una pesadilla sacada de una antiutopía de George Orwell.

Recientemente, el director del Observatorio de la Sostenibilidad en España, Luis M. Jiménez, se refirió al uso "excesivo" del vehículo privado en la presentación de un informe del Observatorio. A saber qué es lo que le parece excesivo a este buen hombre. Sin embargo, a esos políticos y burócratas que gastan nuestro dinero en darnos la murga con que nos somos buenos ciudadanos si no vamos en transporte público no se les suele ver por el metro ni por el autobús. En general están abonados al chofer y al coche oficial, desde el que planean cómo quitar al resto de los coches de las calles y carreteras por las que circulan. No les hagan caso o, de lo contrario, lo único que lograremos es que lleguen antes a sus despachos y nos hagan la vida todavía más complicada con sus moralinas publicitarias.

El milenarismo va a llegar

Ah, ¿no se ha enterado? Aguarde, que luego se lo cuento; pero déjeme comenzar por Rajoy, que ha sido aclamado en Valencia como el candidato popular a las próximas elecciones generales. Su mensaje ha sido sencillo, claro y directo: hay ciertos valores compartidos por la mayoría de los españoles, como que España es una gran nación, que tenemos una democracia que merece la pena mantener y que a los verdaderos enemigos de España, a la ETA, hay que combatirla hasta derrotarla. Muchos en la izquierda piensan así, y algunos de ellos están dispuestos a vencer el inmenso rechazo que les suscita el PP aterrados por dónde nos puede llevar ZP. Los que le votaron no le van a abandonar. Alguno de quienes no lo hicieron se lo están pensando.

ZP está en la destransición, en deshacer lo andado tras la muerte de Franco y deslegitimar al PP, a "la derecha", como dice agriamente, siquiera como opción democrática. La izquierda, que en su mayoría tiene por todo pensamiento colgar carteles a diestro y siniestro, está por crear el mundo de Z, como ha explicado Girauta. Un mundo extramuros de la legitimidad, al que ninguno en la izquierda debe osar poner el pie.

Conocemos los elementos de este discurso: estos son los de Franco, los que se oponen a la memoria histórica, los de Santiago y cierra, España (dirán, sin saber de dónde viene). Son también los que no quieren que los homosexuales salgan del armario, los enemigos de la paz en "este país", los amigos de Bush y de la guerra. Pero alguno de estos carteles se está oxidando. El nunca mais siempre fue más negro que el contenido del Prestige y la gente ya no traga. La negociación con ETA ha resultado en fracaso el cartel de "paz" en La Moncloa voló con la T4. Y lo de la guerra ya cansa.

Es aquí donde entra Gorquemada, en felicísima expresión del GEES. El flamante Príncipe de Asturias, mire usted qué casualidad, ha lanzado en España un debate que llegará hasta el mismo día de las elecciones generales, y que va a ser fundamental. A Rajoy le han pillado con el pie cambiado y le van a atizar con el primo hasta dejarle con más cardenales que los reunidos este domingo en Roma. A los indecisos: ¿se puede votar a alguien que esté tan fuera del mundo que niega que haya calentamiento global?

Y eso que lo tiene fácil. No puede adherirse al fanatismo algoreniano del calentamiento de los últimos días, porque le condenarán en el fuego del infierno por ser hereje de nacimiento. Pero puede construir, con unos pocos elementos muy sencillos, un discurso veraz, realista, concernido y positivo de la lucha contra la contribución humana al calentamiento. Quizás Juan Costa no esté del todo desencaminado. Ya lo anunció Fernando Arrabal, el milenarismo va a llegar.

Amigos de la ciencia y la libertad (o un análisis crítico de periodismo basura)

Rafael Méndez, periodista del diario que recientemente ha dejado de proclamarse independiente (por algo será) cree que la ciencia aún tiene enemigos… ¡qué miedo! Escribe sobre ciencia alguien cuyo conocimiento científico es obviamente escaso: confunde calor, temperatura y energía, se nota que habla de oídas del cambio climático (se luce cuando añade algo personal), repite de forma acrítica las presuntas verdades oficiales y olvida cuidadosamente mencionar los datos y teorías contrarios a las mismas.

"Simplificando: a más CO2, más calor; menos CO2, menos." Sí: o sea, que sí que es una simplificación, claramente excesiva. No está tan claro cuán intenso es el efecto directo (y mucho menos los indirectos mediante mecanismos de realimentación positivos y negativos) de los gases de efecto invernadero (de los cuales el principal es el vapor de agua, cosa que no se suele decir). Además no menciona un asunto clave, y es que también puede ser que a más temperatura más CO2 (no es simplemente una posibilidad, se sabe que ha sucedido a menudo durante la historia climática de la Tierra), porque algunos sumideros como el mar se transforman en fuentes de CO2.

"En los años, 70, pero sobre todo en los 80 y los 90, los científicos comenzaron a ver que las concentraciones de CO2 en la atmosfera subían de forma alarmante e inexorable." Lo de alarmante e inexorable lo añade él con mucha soltura. "2005 y 1998 fueron los años más calientes desde que hay registros y seis de los siete años más cálidos han ocurrido desde 2001". Esto ya no está tan claro después de las revisiones que ha realizado recientemente la NASA: el ganador resulta ser 1934. "El Ártico ha alcanzado este año su mínimo histórico". Pero se sabe que se debe a vientos inusualmente fuertes que favorecían la disgregación del hielo. Se olvida mencionar que en la Antártida cada vez hay más hielo.

"El Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, que agrupa a 4.000 expertos, dio por zanjada cualquier controversia sobre la responsabilidad de la mano del hombre en el calentamiento". De esos expertos sólo una pequeña parte son climatólogos, y ni son todos los que están ni están todos los que son. Recientemente se está reconociendo que la variabilidad natural del clima se está minusvalorando, y que el ser humano influya sobre el clima no implica que todo el cambio climático sea antropogénico. En ciencia las controversias no se zanjan porque un organismo oficial produzca un informe que, además, es mucho menos alarmista de lo que a muchos ecofanáticos les gustaría.

"A no ser que uno tenga poderosas razones, oponerse a la ciencia no suele ser rentable para la propia imagen. Pero en este caso hay muchos intereses." La "oposición" es parte misma de la ciencia y se hace desde dentro: la crítica es esencial para el avance científico. Lo que no suele ser rentable para la propia imagen es tener el valor de denunciar que el emperador va desnudo, que la opinión mayoritaria puede estar equivocada. Naturalmente en este caso hay muchos intereses por ambos bandos y, aunque parezca extraño, son mucho mayores en el lado "oficial" (tengan o no razón). Algunos sabemos por qué somos escépticos: para otros resulta más cómodo sugerir que participamos en turbias conspiraciones; para qué se van a molestar en conocernos.

"Admitir que el planeta se calienta implica que hay que hacer algo para evitar las desastrosas consecuencias (no hoy, como dicen los detractores, sino en 50 o 100 años). Supone intentar reducir el consumo de combustibles fósiles: petróleo y carbón. Implica ahorrar energía y elegir las fuentes renovables o la energía nuclear. Por eso, políticos, economistas y empresas decidieron, 100 años después, que Arrhenius no tenía razón." En este párrafo Méndez desbarra sin control. Las consecuencias del calentamiento global pueden ser negativas o positivas (qué herejía recordar esto último) según las valoraciones subjetivas de las personas; lo de los desastres lo añaden siempre los alarmistas (además aquí no queda claro si el desastre toca ya hoy o en cien años, cuando no se piensa con precisión es difícil escribir y que se entienda). Muchos pueden preferir un planeta más caliente, o sea, que su "implicación" es un abuso de la lógica. O incluso prefiriendo menos temperatura, tal vez el coste de evitarlo sea excesivo. El ahorro es algo que cualquier consumidor hace en la medida en que merezca la pena, pero no es un fin en sí mismo. Las fuentes renovables son muy queridas por los amigos de la naturaleza pero también resultan muy ineficientes, nada económicas (con las tecnologías actuales no significan ahorro sino despilfarro). Reconozcamos el valor de mencionar la energía nuclear, que a tantos mueve a la histeria: qué pena estropearlo luego con la estúpida acusación genérica contra políticos, economistas y empresas.

"Greenpeace ha acusado a la estadounidense Exxon-Mobil de financiar decenas de grupos de presión e instituciones para hacer dudar del cambio climático. Su intención no ha sido negarlo, sino sembrar la duda. Han copiado la estrategia que años antes siguieron las tabacaleras para poner en duda que el tabaco causase cáncer." Claro, si Greenpeace acusa seguro que es cierto, las petroleras sólo pueden ser malvadas, la duda es muy mala para la fe verdadera del pensamiento único y los críticos escépticos en realidad no queremos negar nada… ¡Un momento! ¿Entonces por qué nos denominan "negacionistas" como a los del Holocausto? ¿En qué quedamos? "Entre 1998 y 2005, Exxon-Mobil gastó 16 millones en estudios para negar el calentamiento". ¿Lee este pobre hombre lo que él mismo escribe para intentar no contradecirse? ¿Sabe lo que es una contradicción? "El American Enterprise Institute, financiado por Exxon-Mobil con 1,12 millones de euros, ofreció el año pasado 7.000 euros por cabeza a algunos científicos del IPCC para rebajasen las conclusiones de este grupo, según el diario británico The Guardian." Qué fácil es recurrir a "aquél dijo" (The Guardian) para seguir propagando una leyenda urbana que distorsiona gravemente la verdad.

"El negacionismo del cambio climático cae en todo el mundo". ¿Pero negamos o no negamos? Si cae en todo el mundo, ¿por qué siguen planteándolo como un grave problema contra el cual hay que luchar? No especifica a qué se refiere con lo de negar el cambio climático, no sea que los detalles y los matices de un tema hipercomplejo les fastidien los simplones topicazos que la inane progresía es capaz de asumir en sus muy limitadas inteligencias.

"Parte de la derecha cree que la ecología, y especialmente la lucha contra el cambio climático, es un invento para suplir al socialismo. Consideran que los llamamientos a dejar el coche en casa o a cambiar hábitos de vida son una intromisión intolerable del Estado en la vida privada. Para sustentar esta teoría desacreditan a los científicos". El socialismo sigue presente en todos los partidos, tanto de derechas como de izquierdas; la ecología (ciencia del medio ambiente) y el ecologismo (ideología política) no son lo mismo; muchos ecologistas son como sandías, verdes por fuera y rojos por dentro, no comprenden y desprecian los mercados libres y claman por el intervencionismo estatal: son hechos comprobables, no simples consideraciones de la siempre perversa derecha. Para un liberal todo llamamiento pacífico es legítimo por tonto que sea, pero es que eso no es lo que hace el Estado como monopolista de la coacción legal. Y respecto a los "científicos", que son personas, no todos merecen crédito: cuando uno dice una cosa y otro la contraria al menos uno está equivocado; ¿acaso no se les ataca cuando dicen algo impopular? ¿Les suena el premio Nobel James Watson?

"La organización que más hace por rebajar el cambio climático es el Instituto Juan de Mariana, que asegura no tener ánimo de lucro, ni afiliación política, y cuya misión consiste en dar a conocer los beneficios de la propiedad privada, la libre iniciativa empresarial y la limitación del ámbito de actuación de los poderes públicos". Narbona nos va a dar un premio por ser los mejores en la lucha contra el cambio climático. O eso o este mindundi no acaba de expresarse bien (o quizás ni siquiera comienza a hacerlo). No sólo aseguramos esas cosas, sino que son ciertas (compruébelo quien quiera). "En la web afirman que se financian únicamente con donaciones individuales". ¿De veras? ¿Dónde? ¿Realmente no está claro que lo que no aceptamos es subvenciones públicas, o sea estatales, pero sí de grupos, empresas, asociaciones, fundaciones?

"Este diario intentó ayer, sin éxito, contactar con el Instituto Juan de Mariana". Risas, por favor. ¿Lo intentaron muchos y con mucho esfuerzo y sudores? ¿De verdad que querían pero se les había olvidado el teléfono en el otro pantalón? ¿Realmente es "ese diario" un imponente grupo multimedia al que nada se le escapa? Cuando tanta gente contacta con nosotros con suma facilidad, pedimos alguna prueba fehaciente de este presunto intento de contacto. Si demuestra que es cierto, sólo queda inferir que como periodista lo intenta pero no puede: vamos, que es un incompetente. Bellísima persona, eso seguro. Rigor periodístico, ínfimo.

"Muchos de estos críticos han puesto la política por encima de la ciencia. Como hizo Lysenko, el supuesto genetista comunista que decidió que Mendel y la herencia eran una patraña y que todos los guisantes y los hombres nacían iguales. Con sus teorías y el apoyo soviético, condenó a la hambruna a millones de personas." Su uso de la analogía bordea lo criminal. Por favor, dé nombres de críticos a los que compara con un indeseable como Lysenko. Y recuerde que no fueron las teorías las asesinas, sino los soviéticos, que eran ¿adivinan? ¿URSS?… socialistas.

Arrivederci, libertà

Esta quedaría reducida a las empresas con capacidad de pagar a una compañía editora (o registrarse como tal) y a un periodista y a las bitácoras u otros tipos de web de profesionales de la comunicación dispuestos a pagar un impuesto. Además, la Red transalpina podría ir olvidándose de la existencia de foros y de comentarios de los lectores.

La ley Prodi-Levi contiene varios puntos contrarios a la libertad de la Red. En primer lugar, el creador de cualquier web debe registrarla en el equivalente italiano a la CMT, obtener un certificado y pagar un impuesto aunque no tenga fines comerciales. Así, mientras que en el resto del mundo crear una bitácora puede ser algo que ocupa apenas unos minutos (utilizando servicios como Blogger, por ejemplo) y no cuesta dinero, en Italia puede convertirse en un proceso largo y engorroso al tener que enfrentarse a la burocracia al mismo tiempo que caro por tener que hacer frente a imposiciones fiscales.

A esto se suma que toda web tenga que funcionar bajo el amparo de una compañía editora (¡adiós a las páginas personales o de compañías de otros sectores que no estén puedan encontrar un socio de este tipo!) y a tener como "director responsable" a un periodista registrado. La mera existencia de la figura del "periodista registrado" es cuando menos discutible, viene heredada de la época de Mussolini y su existencia en España tuvo lugar en la época de Franco, aunque IU quería recuperarla en el congelado Estatuto del Periodista.

Pero el pretender que este tipo de profesional con aval estatal tenga que supervisar las webs es una locura liberticida que garantiza la desaparición de gran parte de la Red italiana, que se limitaría a páginas creadas sólo por profesionales de este tipo o por personas que pudieran pagar a uno de ellos para poner su nombre. Por cierto, que en citado Estatuto del Periodista se pretendía lo mismo para buena parte de los blogs españoles.

Y un último detalle liberticida. Si el propietario de un blog o una web de otro tipo "pierde el control" sobre algún contenido difamatorio que aparezca en el mismo, puede terminar en la cárcel. Dicho de otro modo, se le hace responsable de todos aquellos mensajes que los lectores puedan escribir como comentarios en su bitácora o en los foros de su web. Algo que resulta totalmente demencial.

Por cierto, resulta cuando menos interesante que la bitácora política más influyente, Il Blog de Beppe Grillo, es especialmente crítico con el Ejecutivo de izquierdas que promueve esta ley. Esperemos que la norma no salga adelante. Ya conocemos de sobra a los políticos europeos. Si en un solo país una legislación restrictiva con la libertad en Internet consigue ser aprobada, el resto de gobiernos se darán prisa en imitar el ejemplo y tratar de imponer una similar contra sus compatriotas.

¿Y a mí por qué no me pagan?

Y sin embargo yo, que también he aportado mi granito de arena para contrarrestar la histeria colectiva provocada por botarates como Al Gore, jamás he recibido ni un mísero sobre repleto de dólares como, según insinúa El País, ocurre con mis compañeros y hasta ayer amigos.

Acabo de enviar un correo electrónico a los presidentes de Shell, Texaco, British Petroleum y Exxon acusándoles de discriminación y exigiendo los pagos atrasados que me corresponden, exactamente en igual cuantía que el resto de mercenarios de la devastación mundial a beneficio de las empresas petrolíferas.

En mi ingenuidad, he estado escribiendo artículos defendiendo una postura escéptica sobre el origen antropogénico del calentamiento global, simplemente porque la charlatanería interesada me produce una repugnancia espontánea. No acepto lecciones de moral de quienes se hacen ricos provocando el miedo a través de la utilización de datos manipulados cuando no, directamente, de mentiras flagrantes, dicho sea sin ánimo de señalar.

Los progres son incapaces de entender que alguien les lleve la contra simplemente por amor a la verdad. Su reacción inmediata, cuando alguien les contradice, es buscar las causas ocultas de que esa persona no acepte su discurso como una verdad revelada. Ellos, claro, están libres de cualquier sospecha de que existan otros intereses disfrazados tras su actitud inquisidora. Al Gore, por ejemplo, invierte el dinero esquilmado a los idiotas europeos, a razón de doscientos mil talegos la performance, en fondos de inversión especializados en energías renovables. Pero Su Goricidad no tiene ningún interés en promocionar estos negocios acusando a las petroleras de las mayores atrocidades; es simplemente una excentricidad de su asesor financiero (todo icono progre necesita uno) en la que él no tiene nada que ver.

Por cierto, los mayores productores de sistemas de energía alternativa son precisamente empresas filiales de las grandes petroleras, así que también Su Goricidad está siendo pagado por quienes amenazan la vida en la Tierra. En definitiva, que aquí todo el mundo cobra por opinar sobre el cambio climático excepto yo. ¡Exijo igualdaz!

Amigos del Kilimanjaro

Cuentan que Mao, alumno aventajado del lysenkismo aplicado a la agricultura, creía realmente que las semillas crecían mejor en pandilla. Despojadas de su naturaleza vegetal, como el hombre era despojado de su biología en la burda ciencia del camarada Lysenko, las semillas ganarían en felicidad al crecer agrupadas. Crecerían, pues, más rápido. Densos puñados de felicidad vegetal para sacar adelante los objetivos criminales del Gran Salto Adelante, que, en pocos años, significaron la muerte de millones de plantas y, consiguientemente, el hambre para millones de seres humanos. Los "tres años de trabajo duro y mil años de prosperidad" de la propaganda oficial devinieron en el horror y la muerte para casi treinta millones de personas. El mayor genocidio que conoce la humanidad hasta la fecha.

En enero de 2004, David King, consejero científico del dimitido y amortizado Tony Blair, afirmó que el cambio climático era una amenaza mayor que el terrorismo, uh, internacional. Otros han seguido su ejemplo. Hambrunas, inundaciones y otras calamidades serían los nuevos jinetes del apocalipsis global. En realidad, de centrarnos en los hechos, las grandes hambrunas de la historia reciente no las han causado el clima, ni siquiera el tiempo, sino la actuación de gobiernos: los responsables han sido los, seamos benévolos, fallos de gobiernos comunistas tales como el soviético en los años 30 del siglo pasado (siete millones de muertes); el chino, al que ya me he referido (30 millones) o el etíope, más recientemente (un millón de personas).

A decir verdad, todo esto añade poco al debate, científico primero y político después, que debería mantenerse en torno al dichoso cambio climático. Lamentablemente, el asunto ha tomado un marcado cariz moral, es decir, se ha hecho un hueco en nuestros encogidos corazones, de manera que los políticos, esos alquimistas que transmutan almas en votos, han tomado la delantera, secuestrando a una ciencia, afortunadamente, no siempre dócil.

Los enemigos de la Ciencia no existen. Al menos no donde algunos los buscan, porque no hay una Ciencia. La ciencia con mayúsculas es El Consenso que la Royal Society quería proteger celosamente, en este enredo global, dando la espalda a Newton. Lysenko ni siquiera era un científico mediocre. Era un superviviente, un jeta sin eco; un personajillo que supo medrar a la sombra de ese monumental fiasco político que fue el comunismo, este sí, auténtico enemigo de la ciencia, que al interpretarla en clave materialista y dialéctica, esto es, ideológica, la despojó de todo valor… con los resultados ya conocidos.

Así pues, regresemos, devolvamos el debate al punto desde el cual sea posible progresar sin enredarnos en ideologías falaces "para que de la libre confrontación de opiniones puedan extraer los ciudadanos españoles sus propias conclusiones".

En realidad, lo que hoy quería comentar es la reciente publicación en castellano de un artículo que apareció en el número de verano de la revista American Scientist, un trabajo que debiera despojar definitivamente al multigalardonado Gore de unos de sus iconos cinematográficos favoritos: el Kilimanjaro.

La noticia, el mensaje del artículo firmado por Philip Mote y Georg Kaser, dos científicos que han participado en la confección del Cuarto Informe Evaluador del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (FAR-IPCC, en sus siglas inglesas), se resume en que no es posible vincular la desaparición del glaciar del Kibo con el calentamiento global. Aunque, justo es decirlo, los propios autores señalan:

El hecho de que la pérdida de hielo del monte Kilimanjaro no valga como prueba del calentamiento global no significa que la Tierra no se esté calentando.

Más aún:

El retroceso de los glaciares de latitudes altas y medias constituye una parte importante de la prueba.

Sin embargo, el caso del Kilimanjaro sería especial porque su retroceso no lo provocaría un aumento de la temperatura del aire, algo que ya aventurara Kaser en 2004, sino la falta de nieve nueva y la sublimación provocada por la radiación solar. Es más, como señalan en el artículo que comentamos:

Cuesta establecer la tendencia de las temperaturas a causa de la escasez de mediciones. En cualquier caso, tomados en su conjunto, los datos presentados en FAR-IPCC apenas si descubren alguna [tendencia] a lo largo de las últimas décadas.

Es decir, no se registra una fluctuación reseñable de temperaturas. Sin embargo, cabe precisar que, entre 1953 y 1976, en pleno "enfriamiento global", desapareció un 21% del área máxima del glaciar. Posteriormente, en 1979, ya instalados en una fase de relativo "calentamiento", el glaciar frenó su reducción. Singer y Avery precisan que los satélites indicaron un enfriamiento de la región alrededor de la montaña en ese periodo (p.139).

Finalmente Kaser y Mote señalan una paradoja, que por cierto no es la única que nos podemos encontrar a poco que rasquemos en otros capítulos controvertidos del debate sobre el cambio climático o las propuestas para su mitigación:

Un calentamiento global acompañado de un incremento en la precipitación podría salvar el hielo del Kilimanjaro […] no se trataría, nos dice la glaciología con bastante seguridad, ni de la primera, ni de la última [vez].

Por cierto, que los autoproclamados amigos de la ciencia de este artículo nada dicen, al menos de momento. No es la primera ni será la última vez. Costará.

El Gobierno nunca es responsable de nada

¿No le suena algo similar hace poco? Ocurrió a finales de julio, también en Cataluña. Entonces, otro político socialista culpó a un empresario, Manuel Pizarro, entonces presidente de Endesa, del apagón de Barcelona.

En líneas generales, cuando las empresas se dedican a llevar a cabo acciones terroristas, como parece ser que según los socialistas hacen Villar Mir y Manuel Pizarro, desaparecen del mercado. No hace falta ser un genio para deducir algo así. Si bancos y grandes fondos, que se estudian al milímetro las empresas en las que invierten, apuestan por acciones como OHL, que está teniendo un buen comportamiento en bolsa, es porque sus altos directivos no anteponen sus guerras particulares a los intereses de los accionistas, clientes finales, ni, en definitiva, al de la empresa. Evidentemente, la acusación de la ministra es ridícula y moralmente bastante sucia.

Pero OHL y Endesa no son los únicos chivos expiatorios de la mala gestión del Gobierno. Todos los políticos le usan a usted cada día como excusa para esconder su incompetencia. Si la ley antitabaco no acaba de funcionar como la los burócratas pensaron, se debe a que los locales donde se permite fumar y sus clientes son unos incívicos y unos enfermos (aunque, gracias a ello, el Gobierno ingresa miles de millones de euros).

Si hay una elevadísima economía sumergida debido a la enorme confiscación fiscal, el Gobierno le dirá que usted es un insolidario y que los impuestos actuales son los "justos". A propósito, el Gobierno también olvida que la solidaridad es voluntaria y que cuando se impone por medio de la fuerza se convierte en esclavitud y extorsión.

Si usted no deja que el Gobierno adoctrine a su hijo con sus jurásicos programas rescatados de los años 70, es que es un antisocial y un crispador por no seguir el pensamiento único socialista.

Si los accidentes de tráfico aumentan y el carné por puntos queda en evidencia, no se debe a que sea una ley estúpida y puramente recaudatoria, sino a que usted es un peligro público y un criminal al volante. Cuando diversas organizaciones piden al Gobierno que lo primero que habría que hacer para disminuir los accidentes sería arreglar las carreteras, el burócrata no hace ni caso y sigue culpando a la sociedad de sus errores y responsabilidades.

¿Es que todo el mundo es responsable de los males del país menos los burócratas? Más bien es al revés, y es que las irresponsabilidades en política no se pagan o, más bien, las pagamos quienes no las cometemos.

Torpe pero cierto

Resulta políticamente incorrecto decir que los científicos no están de acuerdo en la influencia del ser humano sobre el clima a pesar de ser la pura verdad. En mayo de este año dos conocidos científicos, Hans von Storch y Dennis Bray publicaron los resultados de una macroencuesta a 530 climatólogos en 27 países. Preguntados acerca de en qué medida están de acuerdo o en desacuerdo con que el cambio climático es sobre todo resultado de causas antropogénicas, el resultado fue que, en una escala de 1 (completamente de acuerdo) a 7 (completamente en desacuerdo), la media resultó ser 3,62; una contestación alejadísima del supuesto consenso.

Rajoy también acertó al decir que el cambio climático no es el mayor problema al que se enfrenta la humanidad. Parece mentira que una declaración tan sensata pueda generar polémica alguna. Nos enfrentamos hoy a problemas tan dramáticos como la malaria, el sida o el difícil acceso a en muchas sociedades al agua potable que causan la muerte de millones de personas cada año. Poner los posibles efectos lejanos en el tiempo del cambio del clima al mismo nivel de los problemas acuciantes a los que nos enfrentamos hoy denota una total falta de sensibilidad así como un completo desconocimiento del principio de la preferencia temporal por el que los seres humanos valoramos menos beneficios y costes futuros que presentes.

Por otro lado, la idea de que el calentamiento del planeta es el más importante de todos los problemas se desmorona tan pronto se le pregunta a los ecologistas sobre su postura frente a soluciones que no impliquen racionamiento. ¿Energía nuclear? “Ni hablar”, ¿filtros de CO2? “demasiados riesgos (SIC)”, ¿desgravaciones fiscales a las nuevas tecnologías? “no, si acaso más impuestos sobre las emisiones de CO2”. Todas estas soluciones compatibles con las libertades económicas parecen representar para los ecologistas problemas más importantes que el cambio climático.

Mariano Rajoy dio en el clavo al afirmar que el cambio climático es un problema sobre el que tenemos que estar vigilantes pero que ni existe un consenso científico sobre sus causas y efectos ni podemos ponerlo a la altura de los problemas más apremiantes a los que se enfrenta el ser humano. El pensamiento único intervencionista no le perdona su valentía. El resto se la agradecemos.

Democracia

Tradicionalmente se ha venido afirmado que el sistema democrático es la mejor garantía que existe para la defensa de los derechos del individuo. Si estudiamos los países más desarrollados y libres del mundo se puede observar como casi la práctica totalidad se caracterizan por tener como un sistema de gobierno democrático. Parece, por tanto, lógico asumir que la democracia trae aparejada automáticamente mayores cotas de libertad y prosperidad.

Dado el anterior planteamiento podríamos pensar que si los ciudadanos de un país quieren vivir mejor, bastaría con adoptar como sistema de gobierno la democracia. Sin embargo, un análisis más profundo nos indica que esta medida no es suficiente, ya que existen ejemplos históricos de países que pese a ser democráticos, se han caracterizado por un bajo respeto de los derechos del individuo.

Un ejemplo de esta insuficiencia la podemos encontrar en las elecciones alemanas del 31 de julio de 1932. Dicho día, el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP, más conocido como partido nazi) fue el más votado, poniéndose en marcha una maquinaria que tuvo como consecuencia el triste resultado que todos conocemos.

Otro hecho que puede darnos un indicio de que la democracia por sí sola no es suficiente para aumentar de manera sustancial la libertad y la prosperidad lo encontramos en el distinto grado en que éstas están desarrolladas en los diversos países. Existen naciones democráticas que desde su constitución han tenido ciudadanos prósperos y libres, y otras que no han salido de la pobreza.

Si analizamos estas diferencias, nos encontramos que, aunque todas estas naciones tengan por sistema político la democracia, el motivo por el que está implantada varía. Así, en algunos países, la democracia es un fin, y su aplicación permite cualquier medida con tal de que haya sido tomada por el partido votado por la mayoría de los ciudadanos. En otras, sin embargo, es un medio, que busca limitar el poder del gobernante, para así proteger mejor a las personas.

Esta sutil diferencia, en su puesta en práctica, provoca grandes disparidades en el resultado final. Así, en el primer grupo de países, cualquier norma legal es factible, siempre que esté apoyada por la mayoría de la población, sin que exista ningún tipo de cortapisas. En el segundo, una norma que viole los derechos básicos de un único ciudadano, no es válida, aunque esté apoyada por el resto de la población. El resultado es que en la primera situación la democracia se convierte en la tiranía de la mayoría, mientras que en la segunda es una defensa de los derechos individuales.

Un país cuyo sistema democrático sea absoluto, puede permitir un sinfín de atropellos a los derechos individuales. Así, los ciudadanos pueden verse privados de su derecho a expresarse libremente o de sus propiedades, simplemente porque a la mayoría de los votantes hayan elegido a representantes políticos que estimen oportuno adoptar estas medidas. Así, bajo este sistema el robo entre grupos de población, la censura o la corrupción generalizada pueden darse, ya que su clase política está legitimada a tomar cualquier medida siempre que pertenezcan al partido más votado. Sin embargo si el sistema democrático se constituye para defender las garantías individuales y el gobernante no tiene permitido superar estos límites, ningún grupo de población, por grande que sea, puede legitimar la violación de los derechos del ciudadano.

Por tanto debemos concluir que el sistema de gobierno que proporciona la democracia no debe ser ilimitado, sino que debe someterse a los principios rectores que debe guiar a cualquier gobierno que pretenda defender los derechos fundamentales de la persona, es decir, vida, libertad y propiedad. Sólo estando supeditada a estos derechos inalienables, la democracia podrá rendir los resultados que se esperan de ella para la mejor defensa del individuo y para aumentar su prosperidad.