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Radiohead, Madonna y elpais.com

El problema del experimento de Radiohead es que no es generalizable. Son una banda muy bien establecida, conocida, con una base de seguidores amplia y fiel. Un grupo que empieza u otro que ya tiene sus seguidores pero no llena plazas de toros ni estadios no habría logrado tamaña repercusión mediática con un ofrecimiento así ni habría logrado las ventas de los británicos. Tampoco podría generalizarse el ejemplo de Prince, regalando su último trabajo con la compra del Daily Mail. Básicamente, pocos son tan ricos como para poder permitírselo.

Sin embargo, es Madonna quien ha emprendido una vía que seguramente sea la más transitada por los músicos de aquí a unos años. Ha abandonado a su discográfica y firmado un contrato con una empresa promotora de conciertos. Madonna, esa gran empresaria de sí misma, que ha cambiado con éxito su estilo una barbaridad desde que empezó, siempre al olfato de las nuevas tendencias, parece haber entendido por dónde van los tiros. Y es que la vía principal de ingresos de los artistas serán los espectáculos en vivo y el merchandising. Los discos, aparte de ser el material base, funcionarán sobre todo como forma de promoción.

Habrá quien piense que ese camino también está cerrado a los músicos de menor audiencia. Sin duda, ellos lo tendrán más difícil, pero no cabe duda de que se les irán abriendo nuevas vías para permitirles llegar a su posible audiencia. Ahora mismo, sitios como MySpace o GarageBand les permiten tener una ventana abierta a su público. Lo que les hacen falta son maneras de hacerse notar dentro del maremágnum de internet, mediante sistemas de recomendaciones, por ejemplo, y llegando a oídos de expertos con acceso a medios más masivos que puedan darles cancha en programas de radio o revistas especializadas, por ejemplo. Es decir, han de ofrecer su música gratis y lograr que se les escuche.

Es lo que nuestro compañero Enrique Dans llama la economía de la atención. En un mundo sobresaturado de contenidos de todo tipo, con mil televisiones, radios, artistas, películas y no hablemos ya de la web, es un requisito esencial para hacer negocio ser capaz de llamar la atención del consumidor, algo que seguramente –vista la competencia– llevará necesariamente a ofrecer productos de calidad gratis y cobrando por otras vías una vez que el cliente haya empezado a hacernos caso. Así, los músicos tendrán que asumir que si quieren ganarse las castañas con lo suyo tendrán que trabajar tocando y promocionando sus canciones, que regalarán a quien quiera oírlas.

Esto no se reduce sólo a la música, claro. Tenemos otro claro ejemplo en el anuncio de la apertura de los contenidos de El País en internet, que acaban de anunciar junto a su esperado rediseño del periódico en papel, cuya principal novedad parece haber sido que ya han dejado de ser independientes de la mañana. Casi todos los grandes medios del mundo ofrecen gratuitamente todo o parte de su contenido, esperando generar la atención suficiente como para tener más ingresos de la cada vez más sabrosa tarta publicitaria de internet. Han tenido que pasar de lloriquear por la competencia que hace internet al sacrosanto formato de árboles muertos a plantear la batalla allí donde está el futuro.

Me da que la industria discográfica, en cambio, prefiere seguir sollozando un poco más.

Ciudadanos de segunda

El Bloque Nacionalista Gallego pretende crear una categoría de españoles de segunda clase. El socio del Partido Socialista en el gobierno de Galicia pretende que cuando se otorgue la nacionalidad española a hijos y nietos de emigrantes (que por el momento todavía no pueden acceder a la misma a pesar de las promesas de Rodríguez Zapatero) no se les conceda el derecho a voto. Sin duda alguna, su petición responde a intereses electoralistas puros y duros. El voto de los llamados "residentes ausentes" resulta clave en las elecciones autonómicas gallegas debido a lo elevado de su cifra. Y de esos sufragios, muy pocos van a parar al BNG. Por poner un ejemplo, en los comicios de 2005 en la provincia de Pontevedra votaron 31.000 españoles residentes en el extranjero. El 49,7 por ciento lo hicieron por el PP y un 43,6 por ciento por el PSdeG.

El portavoz del BNG en el Congreso de los Diputados, Francisco Rodríguez, ha dicho: "Una cosa es conceder la nacionalidad española a efectos de amparo y de derechos sociales y otra cosa es que conlleve el derecho al voto por definición sin aclarar si vives allí o no y qué grado de descendencia tienes". Dicho de otro modo, pretende que haya españoles a los que se les pueda conceder pensiones y protección diplomática pero a los que se les niegue un derecho clave en cualquier sistema democrático como es el voto.

Al margen de la cuestión de las pensiones, la pretensión de los nacionalistas gallegos (que a pesar de su nacionalismo pretenden que sea aplicable a la totalidad de los españoles) recuerda, por lo del amparo, en cierta medida al sistema de capitulaciones por el cual determinados súbditos del Imperio Otomano pasaban a estar bajo protección diplomática de algunos países occidentales sin concederles la ciudadanía.

Se pueden discutir los requisitos necesarios para obtener la nacionalidad española, pero una vez que se le ha concedido a una persona no debe privarse a esta de los derechos que poseen el resto de los ciudadanos. Si a un español de nacimiento no se le puede privar de su voto por razón de su lugar de origen, tampoco ha de ser posible que se le haga a alguien que ha obtenido la nacionalidad por ser hijo de alguien que emigró a otro país. Eso supone establecer un sistema con diferentes niveles de ciudadanía que implica una clara discriminación por lugar de origen.

Se agarra el BNG también a la corrupción que existe en torno al voto emigrante. Es un problema que existe y que hay que controlar. Pero el método no es otro que la aplicación de las leyes y perseguir el fraude electoral, no reducir derechos a ciudadanos españoles. De hecho, una vez más suena a excusa de una formación política de escaso arraigo entre votantes gallegos que, por vivir fuera de la región, no están sometidos a una constante propaganda identitaria y que por lo tanto optan de forma mayoritaria por otros partidos.

Es necesario recordar que el Bloque Nacionalista Gallego forma parte del Ejecutivo autonómico gallego y es socio del partido que gobierna España. Cuando un partido político con esas características pone sus intereses electorales por delante principios como la igualdad ante la ley sin que se produzca un gran escándalo el Estado de Derecho corre un serio peligro.

La fobia contra el oro

El informe también pone de manifiesto la pésima labor que han venido realizando los Bancos Centrales a la hora de evitar la continua depreciación de las monedas que gestionan en régimen de monopolio. Desde 1973, la peseta y, luego, el euro han perdido su valor más de 23 veces con respecto al oro; se trata de una increíble depreciación del 95%, que en cualquier otro sector económico significaría la quiebra más absoluta.

Aun así, muchos economistas teóricos, adormecidos por los cantos de sirena de los dos enfants terribles del siglo XX: John Maynard Keynes y Milton Friedman, y por los estudios monetarios financiados en buena medida por los Bancos Centrales, se resisten a reconocer la superioridad del oro sobre el dinero fiduciario de curso forzoso. Para ello recurren a una serie de argumentos, a cuál más ingenuo.

El oro no es un dinero científico

El primer argumento contra el oro es que se trata de un dinero que surgió casi por accidente y, por tanto, no es el mejor posible. Una vez la profesión económica ha desarrollado modelos teóricos más avanzados, podemos encaminarnos hacia formas monetarias más científicas y eficientes.

Sin duda, se trata de una crítica que refleja un sesgo típicamente ingenieril y socialista. Hayek ya nos advirtió de que muchas veces las instituciones que surgen de manera espontánea recogen una enorme cantidad de información dispersa que ninguna mente individual es capaz de procesar y comprender. En otras palabras: puede haber partes de una institución que no comprendamos o que estemos comprendiendo mal, y, partiendo de esa información errónea, podemos adoptar reformas inconvenientes.

Con el oro sucede algo similar. La teoría monetaria que se ha venido desarrollando durante el siglo XX se ha basado en modelos absurdos y equivocados. Los escritos pioneros de Carl Menger sobre la liquidez se han abandonado por simplezas como la ecuación cuantitativa del dinero.

El oro no es un dinero como otro cualquiera: es el mejor que hasta la fecha han descubierto los agentes económicos, dado que tiene una serie de propiedades cuasi únicas: es fácil de transportar, almacenar y conservar; es divisible, dúctil, maleable, y no se corroe; es relativamente escaso; es homogéneo; es difícil de falsificar (incluso, o especialmente, por los gobernantes); es imperecedero; es un metal precioso internacionalmente reconocido…

Muchos creen que el patrón oro es tan arbitrario como un patrón cobre o un patrón café. Quienes tal cosa sostienen muestran una completa ignorancia monetaria. Aparte de las cualidades arriba mencionadas, el oro tiene una relación stock/flujo muy elevada: alrededor de 80. Esto significa que el stock actual es 80 veces superior a su producción anual, por lo que se necesitan 80 años para doblar la cantidad existente de oro. En el caso de los bienes agrícolas, esta relación está alrededor de 1; esto es, cada año se reproduce todo el stock del año anterior.

Adoptar un patrón monetario con una baja relación stock/flujo implicaría variaciones anuales muy grandes del valor del dinero, en función de si se produce más o menos. Esta inestabilidad impediría ahorrar en esa moneda, ya que la riqueza individual dependería de factores coyunturales. En cambio, la producción anual de oro no supera el 2% de su stock acumulado. Su valor no varía ante incrementos tan pequeños.

El oro ya ha sido desmonetizado

Otro argumento bastante utilizado por los orofóbicos es que, si bien el oro era dinero hace cien años, hoy ha dejado de serlo. De nuevo, en este caso muestran una gran estrechez de miras sobre los fenómenos monetarios.

El dinero cumple dos funciones esenciales: es un medio de cambio y un depósito de valor. Es cierto que el oro ha dejado de emplearse en buena medida como medio de cambio; sin embargo, en buena medida también ocurría esto durante el siglo XIX, ya que muchas transacciones se realizaban en billetes respaldados por oro pero no en oro propiamente.

Ahora bien, ¿ha dejado el oro de actuar como depósito de valor? En parte sí, pero a un coste muy elevado. Quienes atesoran el valor en moneda nacional sufren continuas pérdidas de poder adquisitivo, como acredita el informe del Instituto Juan de Mariana. Otros, más avisados, han atesorado el valor en otros instrumentos, como los títulos de renta variable, los inmuebles o las mercancías (cobre, hierro, petróleo, etcétera). Mientras los ahorros se canalicen a la bolsa y los empresarios los utilicen diligentemente para lograr grandes rentabilidades, no existen tantos problemas (salvo que la mayor volatilidad del mercado excluye a los legos de participar en él); ahora bien, cuando los ahorros se canalizan al mercado de mercancías o de inmuebles, les añaden una prima a sus precios y encarecen los costes empresariales o de la vivienda en propiedad, como ya ocurriera durante los años 70 y está ocurriendo hoy mismo.

De todas formas, pese a lo que muchos creen, el oro sí sigue utilizándose como reserva de valor. Entre 1956 y 2007 la producción de oro no ha tenido precedentes: unos 90.000 millones de dólares, más de lo que se había producido durante milenios hasta 1950. ¿Dónde han ido a parar esa ingente cantidad? ¿Acaso a la joyería? No, ha sido adquirida y atesorada por millones de inversores que buscan cubrirse de la pérdida de valor de las divisas nacionales. Es una situación paralela a la de los últimos días de Roma: en medio de la inflación, el oro y la plata desaparecieron… y anticiparon el colapso del Imperio.

El oro agrava las crisis económicas

Hemos dejado para el final uno de los argumentos más utilizados contra el oro. Básicamente sostiene que, dado que la cantidad de este metal es inelástica, las crisis económicas no pueden se contrarrestadas con una política monetaria expansiva. El ejemplo más gráfico fue la Gran Depresión de los años 30.

No hay espacio aquí para exponer todos los errores que contiene este argumento. Básicamente, hay que tener en cuenta que las políticas monetarias expansivas no son la solución, sino la causa de las crisis económicas. El que los Gobiernos se encuentren maniatados quita posibilidades de que esas crisis se produzcan, o de que, si llegan a producirse, cobren una mayor gravedad.

Es absurdo pretender que un proceso generalizado de mala inversión empresarial puede solucionarse imprimiendo más papelitos. En esos momentos el único remedio válido es incrementar el volumen de ahorros para permitir una liquidación más rápida de las malas inversiones. El oro promueve este mayor ahorro al incrementar los tipos de interés; el dinero fiduciario, con sus inyecciones de papel y sus reducciones de tipos, reduce los incentivos al ahorro y favorece un nuevo endeudamiento y ciclos de malas inversiones que, además, repercuten en inflación. Dicho de otro modo: el oro cura rápidamente las crisis sin destruir la moneda. El dinero fiduciario las alarga y las agrava envileciendo el dinero, como ya demostró la crisis de los 70, que tantos se empeñan en ignorar.

Pero es que, además, es falso que durante los años 30 existiera el patrón oro. Cualquier libro de texto habla de patrón de cambios oro (o patrón divisa oro). Las diferencias son mucho más grandes de lo que el nombre permite deducir. Bajo el patrón divisa oro, los Bancos Centrales continentales podían imprimir billetes que no estuvieran respaldados por oro, sino por libras esterlinas o dólares. En otras palabras: cuando el Banco de Inglaterra inflaba la oferta monetaria, los Bancos Centrales de Francia y Alemania podían inflarla a su vez. Y los préstamos concedidos por EEUU a los países centroeuropeos podían reinvertirlos éstos en los mercados yanquis y emitir moneda nacional respaldada por los activos adquiridos.

Además, el Banco de Inglaterra limitó la convertibilidad de las libras en oro al establecer un "patrón lingote oro". Sólo quien dispusiera de unos 2.000 dólares de la época podía retirar oro, lo que facilitaba enormemente la colocación de nuevos billetes pequeños entre las masas.

Todo esto dio lugar a una seria falta de liquidez de los sistemas bancarios europeos, que terminaron por colapsar. No fue el patrón oro el causante, sino la expansión crediticia permitida por el abandono de facto del patrón oro.

Conclusión

El patrón oro es la única alternativa de estabilidad que tenemos a nuestro alcance. Los mitos anti oro han venido gestándose durante todo un siglo a manos de los intervencionistas monetarios. Hemos mencionado tres, pero hay muchos más: los que hablan de desajustes sistémicos de la balanza comercial, de tendencia a la deflación, den escasez estructural de oro, de incidencias negativas sobre los salarios… En cualquier caso, resulta curioso lo que nos ofrecen como alternativa los intervencionistas monetarios: una moneda que pierde continuamente su valor, que desestabiliza los tipos de interés y el precio de toda clase de activos y commodities y que incrementa el poder del Gobierno. Todo un éxito.

Las capitales del mundo

Los dos nombres que primero vienen a la mente cuando se habla de los grandes dictadores del siglo XX son Hitler y Stalin. Tanto ellos como sus dictaduras tuvieron mucho en común. El control de la economía, el papel de los partidos, el control social, los campos de concentración, el genocidio… todo eso es bien conocido por quien ha tenido interés en saber de ello. Hay, sin embargo, un aspecto en el que coincidieron y que no es tan conocido: ambos quisieron construir la capital del mundo.

Ambos pergeñaron una construcción colosal como símbolo de Moscú y Berlín. La de Stalin era el Palacio de los Soviets, que debía construirse sobre las ruinas de la demolida Catedral de Cristo Redentor. Rechazados los 160 participantes al concurso, finalmente se adoptó una modificación del proyecto del ruso Boris Iofan: una suerte de torre de Babel coronada con una estatua de Lenin. Debía ocupar un área de 110.000 metros cuadrados y superar con 415 metros la altura del mayor rascacielos de entonces, el Empire State Building. Los enormes cimientos consumieron el 16% de la producción de cemento de toda la URSS. Hitler, por su parte, proyectó la Volkshalle (Sala del Pueblo), un auditorio para 200.000 personas con una altura de 290 metros y una cúpula de un diámetro de 250.

Ambos formaban parte de proyectos más ambiciosos para transformar sus respectivas capitales en ciudades con la importancia que tuvieron las de la antigüedad. Así, Hitler escribiría en su Mein Kampf que "la importancia geopolítica para un movimiento de un centro físico vital […] no puede ser sobreestimada. La existencia de un lugar así, imbuido de la atmósfera mágica y encantada que envuelve a la Meca o a Roma, puede por sí misma dar a largo plazo a un movimiento esa fuerza que reside en su unidad interior". Nikolai Bujarin, por su parte, también equiparó el Moscú que estaba proyectando Stalin con La Meca. Ambos regímenes deseaban crear una capital que no se limitara a las fronteras de sus respectivos imperios, sino que fuese una ciudad ideal, un nuevo Jerusalén al que peregrinar. La capital del mundo.

Por supuesto, fracasaron. A Hitler lo detuvo la guerra; preveía iniciar la construcción de la nueva Berlín tras su victoria. A Stalin, en cambio, lo detuvieron los problemas técnicos, pues estuvo entre los ganadores del conflicto. El proyecto del Palacio de los Soviets tuvo que parar por el conflicto, pero pese a que se reanudaran los trabajos, la inestabilidad de su base, al estar sobre terreno anegado, alimentado por más de un centenar de corrientes subterráneas. Finalmente se terminó construyendo una enorme piscina sobre los cimientos. Cuando cayó el comunismo, se reconstruyó la Catedral de Cristo Redentor. Stalin tuvo, en cambio, éxito con algunos de los proyectos de su nueva Moscú, como el metro o el canal con el Volga.

Mientras, la que sería considerada como la capital del mundo llevaba construyéndose silenciosamente, poco a poco. No era el proyecto de un gobernante totalitario, ni siquiera de uno democrático con sueños de dejar un legado para la posteridad. De hecho, la ciudad no era la capital de ningún país, ni siquiera de la región en la que se encontraba. Carece de unidad, y los edificios más emblemáticos fueron creados con el objeto de hacer negocio o, más frecuentemente, albergar negocios. Sus arquitectos fueron, en muchos casos, refugiados que huían del totalitarismo de Hitler y que no contaban con su beneplácito. Se le considera el centro financiero, empresarial, cultural y artístico del mundo. Algunos despistados también lo consideran el centro político por el hecho de albergar la sede de las Naciones Unidas desde 1950. Pero no cabe duda de que Nueva York –y no Moscú ni Berlín– es la ciudad que viene a la mente cuando alguien pregunta por la capital del mundo.

El oro y la peseta

Tomando la relación por el lado del dólar se podría decir que en realidad lo que cae es el billete verde, pero lo cierto es que el oro está ganando posiciones contra todas las monedas importantes, y el euro no es la última de ellas.

Recientemente el Instituto Juan de Mariana ha sacado un informe que se plantea qué hubiese pasado si se hubiera ligado la peseta al metal amarillo, tomándolo como base de nuestra moneda a finales de 1972. El momento es relevante porque fue en febrero de 1973 cuando definitivamente se vino abajo lo que quedaba de Bretton Woods y las monedas del mundo quedaron desligadas del oro.

Los precios, concluye el informe tras echar las cuentas correspondientes, serían 23,5 veces más bajos. Nos cuesta imaginarlo ahora, pero la hipoteca media, de 150.000 euros, costaría apenas 6.400. Sólo eso nos da una idea de hasta qué punto hemos tenido que convivir con la inflación.

Los salarios monetarios, claro está, no habrían crecido tan rápido como lo han hecho. Pero ¿Y los salarios reales? ¿Seríamos ahora más ricos por el simple hecho de que hubiésemos vuelto al patrón oro en nuestro país?

El informe dice que así es, y tiene razones para ello. Dado que los riesgos monetarios serían mínimos, nuestras empresas se endeudarían a tipos más bajos, con lo que hubiesen crecido a mayor ritmo la inversión y la creación de riqueza.

También dice que "la depreciación del resto de divisas mundiales habría permitido a España importar cantidades crecientes de bienes del extranjero mejorando con ello su relación real de intercambio al modo de Suiza o la República Federal de Alemania". Y por último el Estado se vería forzado a mantener sus cuentas equilibradas, pues con el oro no se puede disminuir el valor real de la deuda por medio de la inflación.

No reconocemos el sonido de las monedas de oro; se nos antoja lejano. Pero está volviendo con mucha fuerza y debiéramos, al menos, volver a reflexionar sobre él y tomarlo como aliado contra la inflación.

Watson, ADN, racismo, aborto

Y ha precisado lo que quiere decir, al añadir: "No hay una razón firme que nos permita anticipar que las capacidades intelectuales de los pueblos que han sido separados geográficamente en su evolución hayan de probarse idénticas."

Vivimos una sociedad de mezquinos intelectuales y, sobre todo, morales. Prácticamente todo el mundo ha reaccionado acusando a Watson de racista. Pero resulta que aquí los racistas son, precisamente, quienes le acusan de serlo. Porque sólo lo pueden hacer desde la presunción de que tiene algún valor moral el hecho de que una media de coeficiente intelectual sea mayor en una raza que en otra. Esa idea, que es el núcleo del pensamiento racista, está tan asumida por quienes han saltado como fieras sobre sus palabras, que ni siquiera se plantean que pueda ser un error. No. Pasan del juicio moral a la cuestión de hecho y niegan de antemano que la realidad pueda ser como la ha descrito James Watson. Es decir, que no sólo son racistas sino que prefieren negar una cuestión de hecho sin saber si es verdad o no a renunciar a asignar un valor moral a una media fisiológica. Si una persona está dispuesta a negar una cuestión de hecho por las implicaciones morales que cree que tendría, la que falla es su moral, no la realidad.

¿Son más inteligentes los blancos que los negros? Ni lo sé ni me interesa. Lo que sí sé, lo que sabemos quienes de verdad no somos racistas, es que, aunque fuera cierto, para mí jamás podría ser un argumento para considerar que una raza es moralmente superior a otra. Yo no me indigno porque tengo las ideas claras. Es más, yo no comparto ese colectivismo moral tan extendido. Soy individualista y creo en la igual dignidad del individuo, con independencia de su raza, sexo, creencia o condición. Vamos, que no he pasado por Educación para la Ciudadanía.

Curiosamente sus palabras más escandalosas han pasado desapercibidas. Según este hombre, "una mujer debería tener derecho a abortar si un test le demostrara que su futuro hijo va a ser homosexual". Aunque, claro, habrá quien se escandalice porque según Watson se le puede negar el derecho a la vida a un homosexual y le parezca bien que se le niegue ese mismo derecho a cualquier otro tipo de persona. El que piense así es peor que el propio Watson.

Wieser y el equilibrio general en la escuela austríaca

La posición de Friedrich von Wieser dentro de la escuela austríaca siempre ha sido una cuestión compleja. Es uno de los dos brillantes seguidores de Menger, junto con su amigo y luego cuñado Eugene von Böhm Bawerk. Ambos dedicaron sus esfuerzos a perfeccionar y enseñar las ideas de Carl Menger. Pero en última instancia, lo que hoy llamamos Escuela austríaca está más asociado a Böhm-Bawerk (especialmente por la refundación de esta escuela por su discípulo Ludwig von Mises) que a Wieser. Y ello pese a haber sido este el maestro directo del miembro más distinguido de la escuela, nada menos que Friedrich Hayek. Cabe preguntarse por qué las cosas se han desarrollado de este modo.

En su libro Natural value define este valor natural como el que existiría en una sociedad perfectamente comunista y los bienes se valoran por la relación entre la cantidad existente y las utilidades marginales. De su lectura se desprende que lo que tiene en mente, aunque con una formulación distinta a la de Walras, es un modelo de equilibrio general. De hecho, su solución al problema de la imputación consiste en el planteamiento de n ecuaciones con n incógnitas, en el que cada una de estas últimas es la contribución marginal de cada factor de producción. En Social Economics, que Friedrich A. von Hayek vio en su obituario (1926) como la obra más acabada de Friedrich von Wieser, su maestro describe las condiciones de una economía en que se alcanzaba la mayor utilidad total posible (creía en la comparación interpersonal de las utilidades). Esa economía sencilla estaría guiada por una sola mente, por un planificador omnisciente que no comete error alguno en la asignación de los recursos, de acuerdo con su valor natural. Ludwig von Mises, en sus Notas y recolecciones, decía de Friedrich von Wieser que era un seguidor de la escuela de Lausana.

Mises siguió un camino distinto y se dio cuenta muy pronto, en 1912, que lo único real y observable era la acción y el intercambio. Y que la economía era, en realidad, una ciencia del intercambio, el cual da lugar a los precios y, si se da el supuesto de una economía con dinero, al cálculo económico. De ahí llega a la teoría de las rentas de los factores originarios de producción por su productividad marginal. Wieser (y Eugene von Böhm Bawerk, por cierto), formula una teoría del valor de los factores en la imputación directa desde el valor, sin el paso intermedio de los precios.

Hayek siempre se vio a sí mismo como un discípulo de Wieser. Así lo dejó ver en un obituario de su maestro escrito en 1926. Y dijo de Mises que “llegué a él como un economista formado en una rama distinta a la economía austríaca de la cual, de modo gradual pero nunca completa, me fue ganando”. Se refería a la rama creada por Eugen von Böhm Bawerk. En 1977 declaró que era una pena que con él mismo se fuera a perder la rama wieseriana de la economía austríaca.

De hecho la concepción detrás de Precios y producción es de equilibrio general. Hayek veía el problema del ciclo como las desviaciones del sistema económico del equilibrio descrito por Walras. De hecho esta posición es utilizada por Piero Sraffa en su demoledora crítica de Precios y producción, por las contradicciones en que cae Hayek cuando habla del dinero en una economía en perfecto equilibrio. Esa concepción está más taimada en su Teoría pura del capital, aunque sigue ejerciendo sobre él una poderosa influencia.

Pero seguramente lo más significativo de la deriva walrasiana de Wieser, y que se mantiene aunque de forma cada vez más languideciente en su principal discípulo, es la diferencia que mantienen Mises y Hayek en su crítica al socialismo. Mises dice que bajo el socialismo no puede haber verdadera formación de precios y sin éstos el planificador no puede hacer un cálculo económico racional, es decir, basado en las necesidades de la gente. Luego añadirá que tampoco podría guiarse del cálculo económico aunque sólo tuviese en cuenta sus propios objetivos.

Pero el punto de vista de Hayek es distinto, ya que él continúa con el paradigma wieseriano de que todos los fenómenos económicos se derivan del valor, incluido el valor de los factores de producción. Este último no se deriva, como en la visión de Mises, de la formación de precios, sino directamente del valor de los bienes últimos, por medio de la “imputación”. El problema del socialismo es, en la mente de Hayek, que la realidad del orden económico es tan extremadamente compleja que, en la práctica, no cabe hallar esa imputación. Por eso en su crítica al socialismo tiene un mayor papel el conocimiento que en la de Mises, pese a que éste ya hablaba en su seminal artículo de una “división intelectual del trabajo”.

El corto recorrido del camino wieseriano seguramente no ha sido fruto del azar o de los fortuitos avatares históricos, sino que seguramente tiene su fundamento en el mismo pensamiento del gran economista austríaco. Y es que el punto de vista de Wieser se acercó más al equilibrio general que lo que permitían los postulados básicos de Carl Menger. Éste, por ejemplo, recogió el error como un elemento importante dentro de la teoría económica, mientras que Wieser se plantea un organizador omnisciente. El individualismo de Menger es particularista, contingente, mientras que en Wieser resulta más ideal y acaba difuminándose hasta llegar prácticamente en lo contrario. Si su camino seguramente no ha prosperado más dentro de la escuela fundada por Menger es porque aprehendió sus hallazgos de manera sólo parcial y los combinó con elementos incompatibles.

¡Viva Kaka de Luxe!

Hace unos meses, Alaska dejó claro que la crisis de la industria del disco "no tiene nada que ver con la creatividad ni con nada, música va a seguir habiendo" y que los artistas tendrán que buscarse nuevos canales de distribución. También señalaba que las redes de intercambio "lo único que hacen es difundir más mi música, hacer que le llegue a gente a la que nunca le llegaría" y que "de cinco años para acá en España se vive un momento de oro en cuanto a conciertos".

La claridad de ideas de Alaska contrasta con el discurso prepotente y cargado de insultos de ese totalitario admirador de Fidel Castro llamado Pau Donés, el victimismo barato del "triunfito" que habla sin saber David Bisbal o la defensa del vivir del cuento a consta de los ciudadanos que hace el ex Mecano José María Cano. Por cierto que, con la excepción de este último, los señalados tienen bastante menos experiencia y calidad (por mucho éxito que acumulen) que la citada Alaska o su compañero de Kaka de Luxe Enrique Sierra. Este último, que también fue miembro del mítico Radio Futura y es el padre de una interesante iniciativa de descargas gratuitas por Internet, ha hablado con claridad meridiana.

Sierra sabe lo que se dice. Asegura que la industria del disco está "anquilosada", considera que "mete la pata" quien tiene la idea de llamar pirata a quien se compra un CD y le cobra por ello "un impuesto añadido" que además beneficia "a una gente que no tiene nada que ver con tu asunto". Más acertadas no pueden ser sus palabras. Es necesario que haya más artistas como él. Personas dispuestas a romper el discurso dominante en el sector (unas ideas que además tan sólo benefician a unos pocos chupópteros y cuya aplicación perjudica al conjunto de los ciudadanos y a la mayoría de los artistas) y llevar la contraria a la SGAE, a la "titiritera del PP" (que no se entera de que defiende a sus enemigos) y al ministro de Cultura, ese amigo de las entidades de gestión llamado César Molina.

Contra los defensores de ese canon que supone más del 60% del precio que se paga por un CD o un DVD se enfrenta la inteligencia de Alaska y Sierra. Frente a Bisbal, Donés, Cano, Molina, Rodríguez-Salmones y otros personajes del mundillo musical o de la SGAE como el "Teddy Bautista Boy" Pedro Farré, el propio Bautista (condecorado por Fidel Castro, por cierto), el autor de derecho-ficción José Luis Borau, el malintencionado Luis Cobos, la portadora de una falsa solidaridad Pilar Bardem (curioso, otra defensora del dictador cubano) y otros tantos, se alza la inteligencia y la honestidad de Alaska y Enrique Sierra. Seguro que no son los únicos artistas cuyo pensamiento se sale de la tónica dominante en su mundillo. Pero sí son de los pocos que tienen valor para hacerlo. Por eso mismo: ¡viva Kaka de Luxe!

Hillary y los elefantes

De todo el panorama electoral de Estados Unidos, Hillary Clinton aparece como la única opción femenina. Pero para las mujeres liberales es, precisamente, la peor opción.

En primer lugar, el contenido de su agenda política implica un aumento del gasto público. Eso no es nuevo, ni entre los candidatos demócratas ni entre los republicanos, con la heroica excepción de Ron Paul.

Pero, además, la estrategia de Hillary es manipuladora, sexista y dolorosamente familiar. Su aparición en New Hampshire con Kim, una madre ejemplar, y Ashley, su hija adolescente, es el mejor ejemplo. La madre explicaba lo preocupada que estaba por el futuro de su niña y que estaría dispuesta a perder su casa para darle la mejor educación. Por supuesto, Hillary hizo notar que "como madre" aquello le afectaba especialmente. Eso es utilizar su sexo con fines electorales. Como salir desnuda en los carteles pero más sutil. Pero ahí no acaba todo. Desde luego, la presunta futura-primera-presidenta les contó a la esforzada madre y a su hija los planes de expansión de gasto público en educación previstos por su partido. El menú político demócrata incluye medidas para que nadie tenga que respaldar la educación de los hijos con su casa. La madre, emocionada, expresó su satisfacción: "Oyendo lo que dice, me siento más esperanzada". Aplausos. Fin del show.

Consciente del tirón que tiene la posibilidad de ser la primera mujer en lo que sea, Hillary no siente pudor y declara públicamente que cuando se acerca a la gente en medio de la campaña, dando la mano a los futuros votantes le emociona ver a padres y madres con niñas pequeñas a las que les dicen: "¿Ves, cariño? Puedes llegar a ser lo que te propongas."

Los electores americanos y los analistas políticos del resto del mundo se preguntan si los Estados Unidos están preparados para tener una mujer al mando. Hay cierta expectación al respecto… supondría un gran paso para nosotras, sea del bando que sea. Sin embargo, las mujeres deberíamos tener en cuenta el papelón en el que nos pone una presidenta como ella. Manipuladora, intervencionista, capaz de cualquier cosa por mantenerse en el poder, como, por ejemplo, montar el espectáculo de New Hampshire con una activista voluntaria demócrata (Kim) y su hija, haciéndose la sorprendida cuando Kim le contaba los detalles de su historia, mientras los leía en la ficha que tenía delante… Eso es mentir. ¿Como todos los políticos? No. Con el añadido de ser pionera. Eso justifica que se dispare el ingenio femenino para alcanzar a cualquier precio su objetivo. ¿Queremos una persona para la que todo vale como representante de la lucha de la mujer por ocupar el puesto más alto? Yo no. Así, no.

Contaba Bastiat en El Cristal Roto cómo el buen economista es aquel que no se queda en lo evidente sino que sabe analizar lo que no se ve. Y detrás de esta actitud manipuladora de Clinton, detrás de su ansia de poder, está la propuesta intervencionista demócrata. Lo que no se ve del gasto público, por un lado, es quién lo paga. Lo pagan todos los contribuyentes. Pagan para que Kim no tenga que decidir si arriesga su casa o no, para que nadie tenga que arriesgar ni decidir nada. Para que el Estado lo controle todo y se haga con la responsabilidad individual.

Y precisamente este es el segundo aspecto que oculta el gasto público: el control enfermizo del ciudadano. Cuanto más se controla, por absurdo e inútil que sea (como explicaba Jorge Valín), más se refuerza la sensación de éxito.

Un viejo chiste explica cómo funciona esta obsesión. Un psiquiatra y su paciente conversan:

– ¿Por qué agita las manos?

– Para espantar a los elefantes

– ¿Qué elefantes? No veo elefantes por ningún sitio

– ¿Ve usted cómo funciona?

De esta forma, los estatistas pretenden que la intervención funciona apoyándose en los éxitos de la iniciativa individual y del libre mercado del sistema mixto. Probablemente es uno de los motivos para defender el capitalismo de estado o socialismo de mercado, poder disfrutar de las ventajas del mercado y atribuir sus logros a la regulación. Las propuestas socialistas demócratas (o republicanas) no son feministas, son una manera de espantar elefantes invisibles.

Hillary Clinton no representa a las mujeres americanas, sino la obsesión por el control de los gobernantes de hoy en día. Control de las inversiones, de los datos de los inversores, del esfuerzo de quienes trabajamos, de las huellas dactilares de los ciudadanos, control de los errores o de los aciertos individuales. Control disfrazado de buenas intenciones, que esconde nada más que interés en ser reelegido; en este caso, interés por pasar a la historia, no solamente como la primera dama que aguantó la humillación de ser corneada ante los ojos del mundo, sino como la primera mujer presidenta de los Estados Unidos de América.

La hipoteca más cara de España

En el discurso, el asesor Zapatero olvida que no es la banca comercial la que establece los tipos de interés, sino el Banco Central Europeo (BCE). Zapatero también olvida que la banca no tiene como función salvar los excesos de un mercado burocratizado hasta la médula ni ayudar a cumplir el programa electoral del partido del Gobierno. Zapatero olvida que la misión de cualquier empresa, la banca incluida, es obtener los máximos beneficios para recompensar a sus accionistas y consumidores. Son éstos los únicos miembros de la sociedad a los que debe satisfacer sin condiciones si pretende permanecer viva y evitar que cualquier otra entidad se la coma.

La banca no tiene la clave ni el poder de abaratar la vivienda en España por más baratas que sean sus hipotecas. Tampoco los políticos. El encarecimiento del precio de la vivienda se ha debido a la obsesión del BCE en aumentar continuamente la oferta monetaria y el dinero barato, así como la consolidación de un mercado inmobiliario burocratizado donde una sola persona tiene el poder de recalificar cualquier terreno a su antojo hasta convertir el sector en sinónimo de corrupción.

El presidente tendría que dejarse de consejos populistas y carentes de sentido para reaccionar ante datos como los que aportó el profesor Barea. Las familias tienen una deuda superior al 130% y las empresas pasan del 160%. Como la banca se dedique a ofrecer más dinero barato, no sólo entrará en pérdidas sino que pondrá en jaque toda la sociedad ante una contracción de la demanda aún más dura. Por alguna extraña razón, ZP cree que cualquiera puede endeudarse hasta el infinito sin que nunca ocurra nada. Nadie sensato puede defender este tipo de política suicida. Ese fue el planteamiento de Lord Keynes hace más de setenta años y sus consecuencias aún las estamos sufriendo.

¿Quiere ZP ayudar a la gente con acciones de verdad y no quedarse en las palabras? Elimine el salario mínimo que sólo desemplea a los jóvenes, inmigrantes y personas laboralmente poco cualificadas. Elimine la burocracia para la creación de empresas. Deje de subvencionar sectores que nadie necesita como el de la agricultura nacional y que además limitan recursos y creatividad empresarial en otras ramas productivas, o que incluso mantienen posiciones contradictorias como la del tabaco, que por una parte lo prohíben y por la otra el Gobierno se dedica a subvencionar sus plantaciones. Reduzca el gasto estatal drásticamente y luego elimine impuestos. Deje de comprar los DVD de Al Gore para las escuelas por encima del precio de mercado y cárguese a su séquito de 682 asesores. Déjese de engaños.

La hipoteca más cara de los españoles no es la que tenemos con los bancos, sino aquella a la que no podemos renunciar por ley, la que nos ata a la extorsión del Gobierno.