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El patrón oro y la inflación en España

SI a finales de 1972 España hubiera adoptado una paridad entre la peseta y el oro, los precios serían en la actualidad 23,5 veces menores. El estudio pone de manifiesto que la peseta, de media, ha perdido la mitad de su poder adquisito cada ocho años. Así, una vivienda que hoy alcanza los 600.000 euros costaría tan sólo 25.466 euros. El abandono del patrón oro ha permitido a los bancos centrales abandonar una disciplina monetaria rigurosa y coherente.  


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El oro y la soberanía del individuo

El informe que acaba de publicar el Instituto Juan de Mariana, El patrón oro y la inflación en España (1972-2007), revela que desde finales de 1972 los precios se han multiplicado por más de 23 veces con respecto al oro, o dicho de otro modo, nuestra moneda, ya sea primero la peseta y luego el euro, ha perdido más de 23 veces su valor en 35 años.

Esta brutal depreciación de la moneda de curso legal, gestionada en régimen de monopolio por el correspondiente Banco Central, demuestra la absoluta ineficiencia de las autoridades estatales para mantener un dinero de calidad cuando éste no se encuentra ligado a ninguna mercancía que el mercado haya monetizado previamente.

Carl Menger ya explicó que el dinero es un proceso de selección empresarial en el mercado por la mercancía más líquida, esto es, aquella cuya utilidad marginal decrece más lentamente como se pone de manifiesto en su estrecho bid/ask spread. El oro fue elegido a lo largo del tiempo, y gracias a sus óptimas propiedades (su facilidad de transporte, almacenamiento y conservación, su enorme divisibilidad, ductibilidad, maleabilidad, no corrosividad, su escasez relativa, su homogeneidad, la dificultad de ser falsificado, su cualidad de metal precioso internacionalmente reconocido y ser imperecedero), como el bien más adecuado para servir como medio de intercambio y depósito de valor.

Si bien durante el siglo XIX y principios del XX, los gobiernos de todo el mundo rindieron pleitesía al oro, comprometiéndose a garantizar la plena convertibilidad de sus billetes con el metal áureo, a partir de la Primera Guerra Mundial trataron afanosamente de desmonetizar el oro para así tener pleno control sobre el dinero que manejaban sus ciudadanos. La utopía gubernamental siempre fue poder crear tanto dinero como quisieran sin que los individuos apreciaran envilecimiento alguno de la moneda y empezaran a demandar precios más altos, atesorar el valor en otras mercancías y a liquidar sus activos financieros para trasladarlos a otros países en lo que se ha venido a llamar "dinero caliente".

Si los ciudadanos aceptaban pasivamente el dinero que les imponía por curso forzoso el Estado, fuera cual fuera su calidad, la recaudación tributaria bien podría haberse sustituido por el incesante funcionamiento de las imprentas. El Gobierno gastaría tanto como quisiera sin dar nada a cambio y los individuos cargarían con las consecuencias en forma de carestía y privación.

El abandono de Bretton-Woods por parte de Nixon no sólo supuso la mayor suspensión de pagos de la historia, sino también la destrucción de los últimos lazos entre el oro y el sistema monetario internacional. Muchos economistas predijeron que si el dólar dejaba de ser convertible en oro, los precios del oro se hundirían ya que perdería su demanda monetaria. La realidad ha sido que desde entonces el dólar ha perdido ya más de 21 veces su valor con respecto al oro. Y es que el billete verde no es más que un pasivo del Banco Central en suspensión de pagos y, como todas las deudas que cotizan en mercados secundarios, cuando el emisor suspende pagos pasan a cotizar con un brutal descuento (en el caso del dólar ya supone más del 90% de su valor nominal).

Este continuo envilecimiento de las monedas cuyo único punto de llegada parece ser su repudio total y definitivo no es un proceso sin consecuencias. El dólar, el euro y todo el dinero fiduciario en general es un pésimo dinero, lo que significa que cumplen mal con las funciones que se espera que debieran cumplir.

El patrón oro las cumple a la perfección, ya que sus dos grandes ventajas son la estabilidad de precios y de los tipos de interés, lo que se traduce en que el poseedor de oro puede hacer gala de una doble y fundamental soberanía: la soberanía del consumidor y la soberanía del ahorrador.

Como consumidor puede elegir entre consumir y no consumir sin que por ello tenga que perder el valor. Si acude al mercado y no encuentra nada que le agrade, simplemente restringe su consumo sin que la inflación devore sus expectativas de gasto. Es el empresario quien tiene que captar el oro para recuperar su inversión inicial; o bien proporciona lo que el consumidor desea y cuando lo desea, o tendrá que vender al descuento.

Como ahorrador dispone de un mercado de renta fija donde depositar su dinero sin que la inflación consuma el nominal y, sobre todo, puede decidir entre invertir o no en los mercados de capitales. Si la rentabilidad que le promete la inversión es demasiado reducida, atesorará el oro, con lo que las empresas y los bancos tendrán que ofrecerle remuneraciones más elevadas para captar su capital.

El dinero fiduciario despoja al individuo de esta doble soberanía. El consumidor que no gasta hoy se ve forzado a invertir, a comprar productos que no desea o a soportar una pérdida en el valor de su dinero. No son las mercancías las que persiguen al dinero, sino el dinero a las mercancías.

El ahorrador tampoco puede negarse a invertir sus fondos en cualquier proyecto que proporcione una cierta rentabilidad –por pequeña que sea– que le permita compensar en todo o en parte la inflación. Los tipos de interés, gracias a la expansión crediticia del Banco Central, se mantienen lo suficientemente bajos como para emprender proyectos que sólo resultan momentáneamente rentables con cargo al señoriaje que sufre el tenedor de dinero.

Sólo quienes abandonan este perverso esquema fraudulento son capaces de beneficiarse del sistema. Los especuladores afines al poder político anticipan las variaciones del tipo de interés y se lucran con la disminución o el incremento del precio de los bonos y de las mercancías, desestabilizando aun más los precios y los tipos de interés y propiciando el ciclo económico.

Otros inversores más honrados y no relacionados con el Estado han logrado cubrir sus posiciones modificando la composición de su cartera de activos. Los saldos de caja y los valores de renta fija han perdido valor frente a una constelación de activos que van desde el propio oro, otras commodities transitoriamente monetizadas, la propiedad inmobiliaria, y, sobre todo, la renta variable de calidad.

Las acciones con valor y con respectivas de crecimiento son hoy una de las pocas alternativas exitosas al envilecimiento monetario. Pero aun así, por muy grande que sea su calidad, no pueden constituir un patrón monetario universal. Simplemente no hay suficientes y su distinta y variable liquidez las hace inapropiadas para el intercambio.

El oro sigue siendo, pese a todos sus detractores, la única alternativa para restaurar la soberanía del consumidor y del ahorrador en el mercado. El dinero fiduciario es sólo una garantía de depreciación permanente, de violación continuada de los derechos de propiedad de quienes crean la riqueza en una sociedad.

Los rumores sobre gPhone cobran fuerza

Posiblemente la única empresa que pueda competir de tú a tú con Apple en cuestión de rumorología es Google, y fíjate tú por dónde, lo que se lleva diciendo desde hace meses es que está en proceso de entrar en el mercado de la telefonía móvil con su propio "gPhone".

Hay un problema antes esta hipótesis, claro, y es que quitando las máquinas que ofrece a empresas e instituciones que quieren incorporar en sus webs su tecnología de búsqueda, unos ingresos marginales dentro de su cuenta de resultados, Google nunca ha vendido aparatos de ningún tipo. Y a personas normales y corrientes, como usted o como yo, jamás les ha vendido ningún gadget. ¿Qué razón habría, por tanto, para entrar en un mercado que les es tan ajeno? Probablemente necesitarían de la ayuda de una compañía del gremio con la que compartir beneficios y, suponiendo que tuviera éxito –que posiblemente lo tuviera gracias a la fuerza de su marca, a no ser que el móvil en cuestión fuese una auténtica porquería–, sería otra línea de ingresos marginales dentro de su cuenta de resultados.

Sin embargo, durante los últimos días está cobrando fuerza otra hipótesis: que gPhone sea en realidad un proyecto de sistema operativo para móviles, basado en Linux, con todas las aplicaciones de Google incluidas –Gmail, Picasa, Maps, Calendar, Docs, el buscador, en fin, ya saben, el equipo completo–, que competiría con Symbian y el exitoso producto de Microsoft en ese campo, Windows Mobile. Incluiría todo tipo de facilidades para que los desarrolladores pudieran crear sus aplicaciones para la plataforma, que en principio estaría abierta a todo tipo de dispositivos, fabricantes y empresas de telefonía, que no tendrían que pagar por él ni un duro. Y a Google le permitiría hincar el diente publicitario al sabrosísimo mercado que formamos las personas que vamos por ahí buscando un restaurante para cenar cerca de donde nos encontramos o un cine donde echen la última de la Zeta Jones.

Existen varios indicios que apuntan en esa dirección. El primero es la adquisición en 2005 de la empresa de software para móviles Android, cuyo equipo sería el responsable del desarrollo de gPhone. Otro es el repentino silencio de muchas compañías del sector en todo lo que se refiere a Google, un extraño mutismo que podría ser debido a sus posibles acuerdos con el gigante de Internet para incorporar sus servicios y aplicaciones en la nueva plataforma. Y hay que recordar que Eric Schmidt, el "otro" de Google, ya declaró que la telefonía móvil es el mercado que ofrece mayores perspectivas de crecimiento para la empresa y que han invertido mucho en él. Y, sobre todo, es un camino que tendría mucho sentido y estaría dentro de la filosofía habitual de la compañía.

Claro que puede ser que, precisamente porque es un tan lógico, lo que haya sucedido es que, tras haberlo dicho alguien por primera vez, haya provocado una bola de nieve de rumores fundados no a partir de información real sino de razonamientos y especulaciones. Pero no creo que sea el caso, aunque sin duda podría estar metiendo la pata hasta el fondo con esta predicción. Espero en ese caso haber acertado al menos en el nombre.

La paz de Gore y las cifras de Narbona

El ganador de un Oscar, Al Gore, es un hombre con estrella. Sólo hace cuatro meses que le han otorgado el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional y ahora el Comité Nobel ha premiado su labor como profeta del Apocalipsis climático con el Nobel de la Paz en su edición del 2007 junto a uno de sus grandes aliados, el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU. No dudo que el bueno de Al usará su jet privado para ir a recoger tan notables premios porque el ex vicepresidente de EEUU es así, desprendido con el CO2 que produce.

Si se piensa bien, Al Gore es el resumen de todo el pensamiento progre que la izquierda tanto se esfuerza en convertir en modelo moral. Político fracasado, supo sacar partido al recuento de votos en las presidenciales americanas del 2000 y cambió la Casa Blanca por la “casa verde”. Pese a ser rico hasta la extenuación, cobrar verdaderas millonadas por cada una de sus conferencias, contaminar el planeta y derrochar energía en suntuosas mansiones, la progresía le ha sabido perdonar todos estos pecados al convertirse en un profeta del ecologismo. No le ha importado mentir y manipular, otra característica que le hace atractivo a la izquierda ideológica, más preparada para la soflama propagandística que para la discusión razonada y razonable. Por otra parte, habría que preguntarse también qué tiene que ver la paz y el ecologismo en pleno ascenso del terrorismo verde. Sin embargo, no todo es luz en el universo.

En Gran Bretaña, el juez Michael Burton ha estimado que Una verdad incómoda, el documental-libro de Gore, ofrece una visión unilateral en algunos puntos y sin contrastar en otros, y los colegios no podrán mostrar el documental a los alumnos sin antes informarles de que el contenido está ligeramente sesgado hacia el alarmismo y la exageración. Stewart Dimmock, director de un colegio en Kent, ha actuado como la voz de la conciencia contra el totalitarismo verde y ha ganado una pequeña batalla en una guerra que la demagogia ecologista decanta de momento a su favor. Al fin y al cabo, el documental es “correcto en términos generales”, según el propio juez.

Precisamente es el alarmismo una de las principales herramientas que maneja el ecologismo y sus profetas. El miedo es libre y la ignorancia vasta y tal panorama no pasa desapercibido a ojos de los totalitarios. Las presentaciones de los informes medioambientales van acompañados de tremendos titulares que nosotros, simples lectores de noticias, tendemos a no cuestionar, bien por pereza intelectual o por imposibilidad de contrastar las cifras que se exhiben. No hace mucho la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, presentó el informe Calidad del aire: clave de sostenibilidad urbana y los medios de comunicación destacaron que el 75% de los españoles vive expuestos a niveles peligrosos de contaminación, que cada año mueren 16.000 personas por esta causa y que esto reduce la esperanza de vida de los ciudadanos en meses o incluso años. Un dato, este último, que contrasta con el incremento de la esperanza de vida en España, que es uno de los más altos de la UE y que en los últimos años, en pleno auge de los procesos contaminantes, ha ido creciendo de manera continua. Incluso podemos asegurar que las medidas y procedimientos para conseguir un aire o un agua más limpia se han incrementado en las últimas décadas, por lo que esta situación que plantea el Gobierno, de ser cierta, es un tanto paradójica.

16.000 es una cifra que ya ha manejado el Ministerio de Medio Ambiente. A principios de febrero de 2006, la misma ministra presentaba otro informe sobre las zonas más contaminadas de España en la que se decía que 12 millones de personas respiraban aire sucio, que 80 ciudades superaban los límites de la UE y que el tráfico era responsable de 16.000 muertes, lo que invitaba a proponer medidas contra la polución y peajes urbanos en un momento en el que los políticos debatían que tipo de barreras había que imponer a los conductores. De nuevo encontramos ciertas paradojas en estas cifras. Ya que ambos informes tratan el mismo tema, podemos ver que de 12 millones de habitantes, es decir de algo más del 27% de la población pasamos en un año y medio al 75%, unos 30 millones. Es decir que de alguna manera podemos concluir que en año y medio de Gobierno socialista hemos pasado de un país casi rural a otro totalmente urbanita; cosas veredes, Sancho, que harán temblar las paredes. También sorprende que si, según la OMS, 2 millones de personas mueren al año por la contaminación, 16.000 lo hagan en España, es decir, el 0,8% del total, cuando España no tiene tanto peso en la población mundial.

El alarmismo lleva a titulares realmente curiosos. En la semana del 28 de septiembre se podía leer en la revista Tiempo que la contaminación produce violencia, que la intoxicación química podría provocar trastornos cerebrales y que la reducción de la criminalidad en Nueva York podría estar relacionada con la reducción de la contaminación por plomo que se ha producido a raíz de la desaparición de este metal de la mayoría de las gasolinas. Es curioso que entre los cientos de factores que pueden explicar las subidas y bajadas en las tasas de violencia social se dé tanto peso al factor ambiental. Teniendo en cuenta el estado de guerra continua de la humanidad durante los últimos milenios, los genocidios y matanzas que se han venido produciendo mucho antes de la Revolución Industrial, ¿no será el factor ambiental algo anecdótico o al menos con menos relevancia que la que se pretende dar?

La moraleja final de estos informes e informaciones es siempre la misma, la culpa la tiene el capitalismo. A mediados de septiembre el Gobierno culpaba al auge económico de que no cumpliera los compromisos medioambientales adquiridos con la UE, lo que impedía que pudiera controlar la contaminación. Es decir, una vez más la visión política, los planes administrativos, los objetivos basados en una utopía chocaban con la realidad. Estos errores deberían invitar a pensar a nuestros políticos lo imposible que es la planificación económica y social. Sin embargo, ocurre todo lo contrario: se proyectan nuevas medidas liberticidas como la que permitirá al Ministerio de Medio Ambiente expropiar el 25% del territorio que se encuentre las zonas de protección, terrenos que son en su inmensa mayoría de titularidad privada, si el burócrata de turno lo cree conveniente. ¿Quién dijo que el socialismo había muerto? Sólo ha mutado, y en vez de rojo se ve verde. El problema es que hay mucho daltónico.

La apoteosis de Al Gore

En realidad es un Nobel extraño. Claro es que no le podían conceder ninguno de los premios científicos, pues las alusiones a la ciencia, en el mensaje de Gore, son un nuevo abracadabra. Tampoco el de literatura, porque sus desempeños literarios no llegan para tal merecimiento. Sólo queda el de la Paz. Habrá quien diga que la consecución de la paz nada tiene que ver con los devenires del clima, pero lejos de ser motivo para negárselo casi diría que es todo un alivio. Porque en materia de derechos humanos, guerras y tiranías, el Nobel se ha lucido en el pasado premiando a ex-dictadores y terroristas.

Aún así, sigue siendo un premio estupefaciente. Cuando vi Una verdad incómoda se me encogió el corazón. Gore desplegaba sobre una pantalla de grandes dimensiones dos gráficos, uno encima de otro, que representan el nivel de CO2 y la temperatura de la Tierra. Comparten el eje horizontal en que se representan los últimos 10.000 años. Se corresponden perfectamente. Luego estira un poco, apenas 200 años, el gráfico de CO2, que se dispara hasta salirse de la pantalla. La conclusión es inmediata y sólo puede producir terror.

Ahora bien, Gore tuvo el cuidado de no presentar ante los azorados espectadores los dos gráficos juntos. Pues, de tal guisa, siguen mostrando que suben y bajan en perfecta correspondencia. Pero que la temperatura de la Tierra se adelanta a los niveles de CO2 en un intervalo de unos 800 años de media. Vamos, que es la temperatura la que causa los niveles de CO2 y no al revés. Gore se encontró con una verdad incómoda para su mensaje y con sus artes de mago logró transformarla, como por ensalmo, en el principal argumento de su mensaje. Ahora alerta en un libro del ataque contra la razón. Él sabrá.

El faro de la libertad individual

Han pasado muchas cosas desde que, en 1982, Lew Rockwell le pidiera permiso a Margrit von Mises para ponerle el nombre de su marido al Instituto y esta le contestara que le daba su consentimiento con una única condición: que dedicara todos los días que le quedaran de vida a ese Instituto que Rockwell quería dedicar al estudio y difusión del legado del que había dejado el que posiblemente sea el economista más importante del siglo XX.

En aquellos días, la obra de Mises parecía condenada a perderse irremediablemente a pesar del Premio Nobel de Economía concedido a su discípulo, Friedrich Hayek, en 1974, un año después de la muerte del maestro. El capital humano dedicado a estudiar y hacer avanzar la escuela fundada por Carl Menger era tan escaso que todos los profesores austriacos se conocían personalmente. En 25 años, el Instituto creado por Rockwell con la colaboración de Hayek, Hazlitt, Rothbard y Margrit von Mises, ha logrado un verdadero renacimiento de la escuela y ha impulsado espectacularmente el movimiento liberal en los 5 continentes.

Hoy en día la obra de Mises no sólo es más conocida que hace dos o tres décadas sino que ha logrado entrar con fuerza en el mundo académico. La estrategia del Instituto, centrada en el trabajo a largo plazo con la organización de cursos y seminarios y la puesta a disposición de todo el que tenga acceso a Internet la obra de Mises y de decenas de autores austriacos, ha sido crucial.

Miles de alumnos han pasado por el campus del Mises en Auburn (Alabama) y un buen número de los institutos liberales creados en los últimos años en Europa no hubiesen visto la luz sin los conocimientos y el entusiasmo que sus fundadores adquirieron allí.

El mundo académico, dominado por las escuelas neoclásicas de economía, ha tenido que ir abriendo sus puertas ante el empuje de los miles de estudiosos que trabajan en la tradición de Menger y Mises. Uno de los hitos más importantes en este sentido ha sido la reciente creación en España de un Master Oficial en Economía Austriaca en la Universidad Rey Juan Carlos bajo la dirección de Jesús Huerta de Soto.

Otro de los éxitos que se celebró en Nueva York es el de la página web del instituto que con el gancho de los cientos de libros y conferencias de libre acceso han convertido este sitio en el de mayor tráfico del mundo de una página sobre economía, superando con creces al Fondo Monetario Internacional o la Reserva Federal.

El éxito cosechado por Lew Rockwell y su reducida plantilla de colaboradores son la muestra viva cómo y hasta qué punto un reducido grupo de individuos pueden cambiar el mundo para mejor. Al mismo tiempo, su esfuerzo y su éxito es un ejemplo a seguir por todos aquellos que quieren hacer algo por avanzar hacia una sociedad más libre. Estoy seguro de que en los próximos 25 años, gracias al trabajo de quienes fundaron, quienes han dirigido y quienes apoyan el proyecto, el Mises Institute seguirá siendo ese faro que brilla en medio de la niebla del intervencionismo estatal.

Los arbitristas

¿Qué asesor no querría presentarle al presidente un plan "para tener gran suma de millones, en que los que han de pagar no lo han de sentir; antes han de creer que se los dan". Quevedo sabía de qué hablaba y lo cierto es que la política es poco más que eso: hacer que la gente entregue toda la renta que gana hasta el mes de mayo o junio, pero hacerle creer que en realidad está viviendo gracias a la generosidad del político.

¿Cómo convertir una farsa como esta en una función diaria, con todos como espectadores sin entrada, manteniendo permanentemente el engaño? ¿Cómo desmentir todos los días a Lincoln, que dijo que puedes engañar todo el tiempo a uno o un momento a todos, pero no todo el tiempo a todo el mundo? A eso se dedican los asesores. A susurrar estrategias políticas en las que pase lo que pase el político quede flotando sobre la superficie y quede como último salvador.

Ahora están de actualidad porque Zapatero necesita toda una convención nacional de asesores para encajar su política. Nada menos que 682 para este año y un par de docenas menos para el año que viene. A 42.000 euros por arbitrista y año, lo que no está nada mal. Lo peor es que el Gobierno lo ve como un gesto de austeridad. Quizá acabemos teniendo 42.000 asesores a los que habrá que pagar, eso sí, 682 euros al año por todos sus servicios. Zapatero no va a necesitar menos, con su intento de negociar nuestras instituciones con los terroristas saltando por los aires, con los buenos datos económicos huyendo en estampida y con una cumbre de 4 segundos con George W. Bush como mayor éxito de la diplomacia española desde la llegada de Moratinos.

No es que los gobernantes no necesiten asesores, pero me da que cuantos más se necesitan peores son las tareas que tienen que salvar. Si un presidente de Gobierno se ha marcado como objetivos cumplir y hacer cumplir la ley, ajustar los gastos públicos a lo que sea más provechoso y menos dañino, no manosear la economía ni, para el caso, la cultura o la vida ciudadana, ¿necesitará legiones de arbitristas para cumplirlos?

Mucho me da que no.

MiFID o la inútil obsesión por el control

El 1 de noviembre entra en vigor MiFID (Markets in Financial Instruments Directive), una directiva europea cuyo supuesto objetivo es proteger al inversor de las entidades que comercializan productos financieros. La norma considera que este tipo de empresas engañan sistemáticamente a sus clientes colocándoles productos que no encajan en sus perfiles y, a la vez, también que la gran mayoría de personas que los contratan son unos irresponsables e ingenuos inversores que ofrecen su dinero a cualquiera que se les presente. Esta vez les ha dado por el mercado financiero, pero mañana les podría tocar al sector automovilístico, al alimenticio, al de ropa interior o al del calzado. La cuestión para los dictadores de la producción europeos siempre es la misma: la gente es idiota y la libertad individual y de elección es el principal enemigo a batir.

Los burócratas de Bruselas son los que establecen ahora qué tipos de clientes existen y cómo se han de clasificar los productos de inversión/ahorro mediante un test de idoneidad que las entidades financieras estarán obligadas a realizar a sus clientes. Según el test, y en un principio, la entidad financiera no podrá contratar el producto que el cliente le reclame, sino el que más se adapte a su personalidad. La ley, que aún no se ha aprobado, establece que si el cliente insiste en la contratación de un producto que no se adapta a su perfil inversor, tendrá que firmar un documento renunciando a las consecuencias de lo que pueda pasar con su dinero. ¿Se imagina que esto se extienda al sector del automóvil, posibilidad que antes apuntábamos, y el comercial, tras hacerle un test de idoneidad, se negase a venderle el coche que usted quiere por considerarlo demasiado deportivo para usted?

La directriz considera los derivados financieros (opciones, futuros, warrants, etc.), IIC de Inversión libre (Hedge Funds), bonos estructurados y todo tipo de fondos de inversión como productos "peligrosos" para el inversor; por lo tanto, el candidato a serlo ha de ser sometido a un interrogatorio. Todo y así, productos como planes de pensiones, depósitos y seguros están exentos del MiFID. No necesitan test de idoneidad. La razón para que estos productos se puedan contratar sin test ni molestia alguna parece evidente: son simples. El problema es que no lo son.

Un depósito, un plan de pensiones o un seguro pueden llegar a ser mucho más complejo que un fondo de inversión o un bono estructurado. De hecho, un plan de pensiones no deja de ser un fondo de inversión y un depósito estructurado, que legalmente es un depósito, suele ser más complejo que un fondo. Los Unit Linked legalmente son seguros y por lo tanto no se consideran productos MiFID, pero la realidad es que su funcionamiento y complejidad es el de un fondo de inversión. Todos estos productos, pues, pese a ser igual de complicados que los considerados MIFiD, no tienen control. Si este hueco legal, por no decir auténtico agujero negro, queda así, la directriz europea no es más que papel mojado. Las entidades financieras harán lo mismo que antes pero bajo el nombre de Unit Linked o depósitos estructurados, y aunque el legislador los acabe incorporando como productos MiFID, ¿creen que las entidades financieras no inventarán nuevos productos que esquiven la directriz?

Las empresas que se dedican a la comercialización de este tipo de productos ya conocen a sus clientes, así como sus preferencias. Los conocen tanto como el cliente quiere que los conozcan, porque toda empresa sabe que si se pasa haciéndoles preguntas, se irán. La ley traspasa esa barrera de voluntariedad obligando a indagar más sobre la vida de los ciudadanos.

¿Cree que la ley protegerá al desvalido inversor del maligno sector financiero? Si el comercial o asesor de una entidad le dice a un cliente que es demasiado estúpido para contratar un fondo de inversión (tal y como dice MiFID que ha de hacer) y, pese a ello, logra que el cliente no se vaya indignado, ¿cree que éste se leerá el documento de aceptación de responsabilidades? El comercial simplemente le dirá que firme todos los documentos a la vez y muy posiblemente el nuevo inversor se vaya de la entidad sin ser consciente de lo que ha firmado.

Eso no significa que los contratos hayan de ser revocados por el Estado o la ley, sino que hay cosas que no se pueden imponer por las bravas. A igual que ocurre con los préstamos hipotecarios (donde se han de firmar mil papeles), las entidades financieras se blindarán contra las posibles reclamaciones que un cliente les haga en el futuro. El problema de este control es que va a crear más problemas que soluciones, ya que en muchas ocasiones el inversor se verá con las manos atadas.

Esto sólo es una pequeña muestra de las muchas incongruencias de la nueva directiva. MiFID no es más que otra imposición nacida de los dictadores de la producción de Bruselas con la intención de controlarlo todo. Con ello han contribuido a que un dinero precioso proveniente de las entidades privadas y de parte de los impuestos que usted paga se desvíe al cumplimiento de la extorsión estatal. Además, han dejado a pequeñas entidades financieras con el agua al cuello y han consolidado aún más los monopolios de este sector. ¿Y cuáles van a ser los resultados para el "desvalido" inversor? Ninguno, exceptuando que las entidades financieras van a tener ahora más información personal de usted, de forma legal, y tendrá que desperdiciar más tiempo y dinero en contratar aquello que quiere.

Ramoncín, al ataque

Otro ejemplo es la demanda contra la revista literaria Quimera por un artículo que les calificaba de corsarios, por ser piratas que nos roban gracias a que el Reino les ha legalizado el canon como si fuera una patente de corso.

Pero que una jueza madrileña haya dado la razón a Ramoncín es lo más preocupante. Es cierto que lo que se escribió en los foros de esa web era bastante insultante, especialmente la fotografía del rey del pollo frito con la cabeza cortada, que podía considerarse incluso como delito de amenazas. Pero la ley de Internet que aprobó el PP exime de responsabilidad a los propietarios de una página web participativa por lo que en ella puedan decir sus usuarios; se les obliga, eso sí, a que cuando se les sea comunicado por un juez retiren con rapidez los contenidos ofensivos.

En general, en Internet como en todos lados, la gente no quiere líos de juicios, de modo que lo normal es que se retiren contenidos ofensivos al advertir sobre ellos por correo electrónico. Si además se hace por burofax, los que llevan páginas web, sobre todo quienes no perciben ingresos por ellas, suelen darse mucha prisa por borrar todo lo que pueda provocar una demanda. Los que trabajan por amor al arte no están muy dispuestos a tener que pagar abogados por algo que, en definitiva, no deja de ser un hobby.

En este caso, Ramoncín (o sus representantes legales, que para el caso es lo mismo) no se pusieron en contacto con quien lleva la página, pese a que tenía su dirección de correo electrónico bien visible y la consulta con regularidad, algo que sé porque me contestó casi inmediatamente cuando le pregunté por diversos detalles del caso. Ramoncín contrató una agencia de detectives para localizarlo y ponerle la demanda. Es decir, no buscaba reparar el daño supuestamente causado por lo escrito en los foros de alasbarricadas.org, sino hacer un escarmiento que sirviera de advertencia para el resto de insensatos que albergan foros o blogs donde los usuarios escriben libremente.

La jueza le ha dado la razón, obligando al propietario de alasbarricadas.org a pagarle 6.000 euros al rey del pollo frito. Considera que, pese a ser cierto que el artículo 16 de la LSSI exime de responsabilidad al demandado, el artículo 10 de esa misma ley le obliga a incluir en la página web ciertos datos de contacto: nombre completo, teléfono, residencia, email y NIF; por tanto, Ramoncín no podía saber quién estaba detrás de la página, lo que significaba que el demandado incumplió el "deber de diligencia" al que le obliga la ley, lo que conlleva que dejen de tener consideración las protecciones de las que gozaba.

El razonamiento tiene tres puntos débiles. El primero es que la web no tenía publicidad, ni el clásico botón para que la gente le donde dinero ni una tienda que le pudiera otorgar beneficios; en definitiva, no ganaba un duro con ella y, según los términos de la LSSI, no estaba obligado a dar información de contacto ninguna. En segundo lugar, la ley no dice que las protecciones del artículo 16 desaparezcan por no cumplir con una obligación meramente administrativa que conlleva sus propias penas, en forma de multa. Por último, el "deber de diligencia" que impone la LSSI está perfectamente tasado a un caso particular: cuando un juez ordena que se retiren unos contenidos de una web. Alasbarricadas.org fue aún más diligente que eso, pues los quitó en cuanto tuvo conocimiento de la demanda.

El riesgo es que este tipo de decisiones se generalicen en los juzgados y los propietarios de las páginas web empiecen a sufrir las consecuencias en forma de demandas. No hace falta ser un lince para darse cuenta de que eso podría provocar un cierre generalizado de servicios que permitan a los internautas dar su opinión o, lo que es lo mismo, la desaparición en España de eso que se ha dado en llamar Web 2.0. Si eso ocurriera tendríamos que agradecérselo a Ramoncín, a la SGAE y a una jueza de Madrid.