Ir al contenido principal

Que emprendan otros

El Banco Mundial ha recogido esta preocupación por las trabas regulatorias, fiscales, financieras y de todo tipo a la creación de empresas y lo ha convertido en un informe anual que evalúa la situación en 178 países. DoingBusiness 2008 se llama el quinto y último, y refleja una España poco amable con la creación de empresas. Tiene a 37 países por delante en facilidades a la empresarialidad y sólo en Europa hay hasta 19 economías más proclives a los negocios. Algo nos falla.

En realidad nos fallan muchas cosas. Especialmente en cuatro de los diez apartados que tiene en cuenta el Banco Mundial: poner en marcha una empresa es una labor de 47 días por los 15 de media en la OCDE y el coste como porcentaje de la renta es también el triple. ¿Extrañará que el informe nos sitúe en el puesto 118 en este apartado?

Más llamativa es la situación del mercado de trabajo, ya que de los 178 países nos coloca en el 154. Hay apenas veinte economías de las consideradas por el informe en las que el simple negocio de contratar a un trabajador está más reprimido que en España. El canto al fomento del empleo es como el de David Bisbal, uno no querría oírlo pero es imposible huir de él. Lo entonan los políticos, con sus horrísonos discursos. Pero la realidad es que contratar a un trabajador es una auténtica machada que sólo se hace si realmente merece mucho la pena. ¿Es tan raro que hayamos tenido ese diferencial con Europa en la tasa de desempleo?

Los impuestos (93 en la lista) y la protección a los inversores (83) son los otros dos puntos negros de nuestro examen. Bastaría con hacer reformas significativas en estos cuatro apartados hacer de España un lugar amable con las empresas.

Greenpeace y el cambio climático

En un tragicómico comunicado, la organización rojiverde asegura que el mensaje principal de Bush es que "basta con cruzar los dedos y esperar que la tecnología nos salve". Lo cierto es que esta gente no entiende lo que no le apetece entender. La clave no es esperar una tecnología que caiga del cielo sino comprender que los sistemas de racionamiento como el que propone Greenpeace y la ONU, es decir, Kioto, han demostrado ser a lo largo de los años terriblemente desincentivadores del progreso tecnológico. Por desgracia, nuestro país tiene una larga experiencia en la aplicación de sistemas de racionamiento desarrollados en el marco del sistema económico franquista de la postguerra y parece mentira que nuestros políticos nos hayan vuelto a imponer este tipo de medidas.

Para los ecologistas, el objetivo no parece ser evitar un posible calentamiento que pudiera ser peligroso para el hombre sino imponer precisamente esas políticas de racionamiento. En esta línea, Greenpeace ha declarado que "necesitamos reducciones obligatorias de emisiones y las necesitamos ya", así como que los mandatarios internacionales "deben dejar claro que Kioto es el único camino". Más claro no se puede decir: lo importante es el método obligatorio ultraintervencionista y no los resultados. Este empeño por utilizar medidas contrarias al mercado libre y al capitalismo es sintomático del espectro ideológico en el que se mueve la organización.

Pero les guste o no a los del lobby del arco iris, lo cierto es que Estados Unidos, con un modelo alejado a Kioto y al racionamiento, lleva ya muchos años conteniendo las emisiones de CO2 mucho más que la Unión Europea. Así que si piensan que Kioto es el único camino deberían explicarnos qué objetivo es el que persiguen realmente. La respuesta nos la ha dado ya el mismo representante de Greenpeace que presentó el comunicado de la organización. Según Daniel Mittler, "necesitamos una revolución de energía limpia en los países en desarrollo y Kioto es el camino para lograrla". Ahora todo cuadra mejor. La cuestión es acabar con el sistema de generación energético actual, que es uno de los pilares fundamentales del desarrollo capitalista, porque, no nos engañemos, el fin del modelo de libre mercado es lo que mueve a estos activistas.

Mittler también criticó la importancia que la Casa Blanca y algunos países como Australia le dan al cuidado e incremento de los bosques. Según el portavoz ecologista, "la aparente preocupación de Bush por la protección de los bosques es de risa, mientras no acepte que esto también debería tratarse dentro de Kioto". Pero lo que en realidad da risa es que Greenpeace y la Unión Europea lleven años oponiéndose a que sumideros de CO2 como los bosques (o los filtros) no puedan descontar todo el CO2 que atrapen.

Por si acaso el distorsionado mensaje tecnicista no termina de llegar a todos los públicos, la organización ecologista vuelve a darnos una lección de catastrofismo al indicar que "el tiempo se le acaba a este presidente, y a este planeta". Las medidas de urgencia siempre han sido enemigas de libertades individuales y Greenpeace parece tener muy claro cómo usar esta herramienta intervencionista.

La vía birmana al socialismo

El socialismo es el uniforme de gala del crimen, con todas las armas cargadas y el pecho plagado de medallas puestas por organismos públicos y privados de todo tipo.

El socialismo birmano quizá tenga menos insignias que el cubano u otros porque queda muy lejos y porque decidió aislarse por completo del exterior hace 45 años. No hay turismo, no se quiere a los extranjeros y el comercio con el exterior, controlado por el régimen, es mínimo. Un cerrojo a cualquier influencia extranjera, ya sea por el turismo, ya por el comercio o la entrada de extranjeros. Socialismo y aislacionismo; Birmania es el sueño de los movimientos antiglobalización hecho realidad.

La 2, que hizo toda una serie de documentales en contra de la globalización, debería coronar ese esfuerzo con un buen reportaje de agencia de viajes sobre las maravillas de Birmania. Algunos nos acordamos del que sacó hace años sobre la Albania de antes del derrumbe soviético.

La declaración de 1962, que anuncia el programa político y económico que inició el consejo revolucionario, dice en su punto número 12:

En una sociedad socialista el igualitarismo es imposible. Los hombres no son iguales ni física ni intelectualmente ni en la cantidad o la calidad de los servicios que prestan a la sociedad, y por tanto algunas diferencias siempre existirán.

Esta llamada al sentido común, en un texto tan delirante, no va tan lejos como para explicar que las diferencias que podamos ver en las sociedades libres siempre se amplían bajo el socialismo. Allí la demarcación es clara y brutal: unos mandan, otros obedecen. Por eso se producen situaciones como la que describe la crónica de Libertad Digital:

La última extravagancia de la Junta Militar que encabeza el general Than Shwe ha sido la construcción de Nay Pyi Taw ("sede de reyes"), a unos cuatrocientos kilómetros de Rangún. No todos los birmanos la pueden visitar y está prohibida para los extranjeros, sobre todo periodistas. Los ciudadanos atribuyen los constantes cortes de energía eléctrica que sufren desde hace años al despilfarro que los generales hacen en la nueva metrópoli.

Ya podía ser la sede permanente del Foro Social Mundial.

No sabemos hasta dónde llegará la revolución azafrán. Les mueven el hambre y la fuerza moral que otorga la fe religiosa. Pero es una revuelta democrática y liberal en que se está renovando la lucha sin fin por nuestra libertad.

¿Por qué no hay mujeres liberales?

Mi novia dice que es porque no me tienen a mí como pareja (lo que me lleva a pensar que la poligamia favorecería la causa del liberalismo femenino), pero debe haber otra razón si tiene que haber esperanza. Podría pensarse que en realidad no es un fenómeno circunscrito al liberalismo. En las cenas liberales siempre nos preguntamos por la ausencia de chicas, pero quizás en las cenas progres sucede lo mismo. A lo mejor las mujeres simplemente están menos interesadas en filosofía política y su reducida presencia es un reflejo de ese desinterés.

Pero las estadísticas parecen confirmar nuestra experiencia anecdótica: las mujeres tienden a ser más intervencionistas que los hombres. Burgoon y Hiscox revelan que las mujeres son más hostiles al libre comercio internacional. Otros autores han mostrado que las mujeres sostienen opiniones más estatistas que los hombres en general, no solo en el ámbito del comercio internacional (véase Caplan o Inglehart y Norris). ¿Por qué motivo? Al menos cuatro razones parecen plausibles:

  1. Las mujeres han desarrollado una mayor sensibilidad hacia el desamparo y la dependencia. Se preocupan por el bienestar de sus hijos más que sus padres, los tutelan con más continuidad y la idea de la familia ocupa un espacio más central en su filosofía de vida. Esta visión maternal de las cosas es tan dominante que desborda el ámbito de la familia. Alguien debe velar por los necesitados, alguien debe tutelar a los desorientados. Las mujeres proyectan en el Estado sus "tendencias protectoras". Otra cara de la misma moneda es que las mujeres son más emocionales, y el socialismo tiene más de emocional que de racional.

  2. Las mujeres cultivan una imagen de "persona que se preocupa por los demás". Los hombres no cultivan esta imagen altruista con el mismo ímpetu (el hecho de que las mujeres cultiven más esta imagen podría estar relacionado con el párrafo anterior). Puesto que no es evidente para el profano que el mercado o la sociedad civil favorecen a los necesitados, mientras que el Estado "garantiza" y "otorga derechos sociales" a todos, quienes cultivan esa imagen se decantan por el Estado. El socialismo vende una imagen de persona compasiva, el liberalismo no. ¿Cuántas veces nos han tachado de insensibles por decir que el mercado puede y debe hacerse cargo de esto y aquello? ¿Cuántas veces nos han llamado insolidarios por defender que la caridad debe ser solo privada?

  3. Las mujeres a lo largo de los siglos han sido objeto de discriminación, y los grupos que han sido o que son discriminados (homosexuales, inmigrantes, minorías étnicas etc.) tienden a agruparse bajo la bandera progresista, porque encarna mejor el espíritu del cambio, de la revolución, de la reivindicación, de la igualdad. El feminismo ha sido un movimiento bastante izquierdista, quizás porque se asociaba el establishment opresor con el conservadurismo, la derecha, el capital; y el liberalismo no gana adeptas porque se percibe derechista y conservador.

  4. Las mujeres están menos interesadas en economía y saben menos economía. Bryan Caplan, siguiendo a Burgoon y Hiscox, muestra que un mayor nivel educativo se correlaciona con unos conocimientos económicos más sólidos. Los hombres con un nivel educativo más alto piensan más como economistas que los hombres con un nivel educativo más bajo, y lo mismo sucede con respecto a las mujeres. Pero el diferencial aparece si comparamos mujeres y hombres de un mismo nivel educativo, y la brecha es creciente conforme el nivel educativo aumenta. Esta brecha no puede ser función de las licenciaturas que estudian hombres y mujeres porque las diferencias no son estadísticamente relevantes y la brecha empieza a formarse antes de entrar a la universidad.

    La hipótesis de Caplan es otra: los hombres están más interesados en economía, lo cual les lleva a estudiar más economía por año de escuela/universidad (aprovechando más oportunidades escolares o extra-escolares para profundizar en la materia).Ello explica el diferencial para un mismo nivel educativo así como el diferencial creciente conforme pasan los años en la escuela y la universidad (porque el stock de conocimientos se va acumulando). Además interviene un multiplicador social. Las personas que saben de una materia aumentan las posibilidades de aprendizaje de las personas de su red social. Puesto que los hombres están más interesados en economía y se relacionan básicamente con otros hombres, sus posibilidades de aprendizaje se multiplican y el diferencial con respecto a las mujeres se acentúa (¿no sucede esto en Red Liberal?).

La tesis de Caplan es la más simple pero también la más persuasiva. Plantea, sin embargo, un interrogante adicional: ¿por qué están los hombres más interesados en la economía? Caplan propone dos razones, que pueden ser complementarias. Una bebe de las dos primeras que hemos anotado: las mujeres son más emocionales (el test Myers-Briggs revela un 60% de raciocinio vs. un 40% de emoción en los hombres, y 30/70% en el caso de las mujeres) y se preocupan más por las necesidades ajenas (dato corroborado por el Five Factor Model). La segunda razón es sociológica: los patrones históricos de socialización han llevado a las mujeres a interesarse más por cuestiones personales y a los hombres por temas distantes y abstractos. Ya que la economía es una ciencia muy racional y abstracta, y a primera vista parece insensible a las necesidades ajenas, despierta menos interés en las mujeres.

¿Misterio resuelto? Ahora la siguiente pregunta es: ¿qué hay que hacer para que haya más mujeres liberales?

Había una vez un cambio climático

Como ZP no distingue bien entre el tópico ideológico y la realidad, ni comprende de forma cabal que los disparates conceptuales, cuando se materializan en decisiones políticas, provocan serias catástrofes, me he permitido la licencia de traducir su texto a un lenguaje inteligible:

Señor Presidente, excelencias, señoras y señores ¿Qué tal? Soy ZP.

Después de buscar mucho entre los cascotes del Muro de Berlín, los progresistas hemos encontrado una herramienta ideológica válida para seguir atacando al capitalismo: el cambio climático. La ONU, lugar en el que toda filosofía totalitaria encuentra el debido acomodo, es el marco ideal para desarrollar estrategias destinadas a avanzar hacia un mundo socialista, unido y en paz.

Las medidas anticapitalistas que hemos empezado a poner en marcha afectarán sobre todo a los países menos desarrollados. Por eso es necesario seguir aumentando el trasvase de dinero de los pobres del primer mundo a los ricos del tercero. En España vamos a esquilmar un poco más los bolsillos de los ciudadanos, a ver si para el 2012 llegamos al famoso 0,7% del PIB.

Mi Gobierno está consiguiendo grandes éxitos en la aplicación de las medidas establecidas en el Protocolo de Kyoto para reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Aunque su impacto en el incremento de la temperatura media del planeta será irrisorio, los firmantes del protocolo estamos dispuestos a castigar nuestras economías lo que sea menester para que el invento del calentamiento global no se venga abajo. Mis asesores me han escrito que en España hemos reducido en un cuatro por ciento el crecimiento de este tipo de emisiones. En realidad han pasado del 152% al 148%, lo cual, para cualquiera con una noción elemental de matemáticas significa que, en realidad, se han reducido un 2,63% y no los cuatro puntos que el ceporro autor del texto ha obtenido haciendo una resta lineal en lugar de calcular correctamente la reducción en términos porcentuales haciendo una simple regla de tres. Seguramente estudió la ESO, pero a cambio de una burricie estructural en materia de números estoy convencido de que es un tipo fuertemente sensibilizado con los problemas del mundo y la forma de resolverlos a través del diálogo, el talante, el mestizaje y la tolerancia. Lo perdonaré.

Señor Presidente, todo esto no lo hago por mí, ni siquiera por mi país. Lo hago "pensando en la humanidad" (el entrecomillado es textual). Hasta tal punto me impresionan los efectos devastadores del cambio climático que he sido capaz de venir aquí a advertir al mundo de los peligros de esta amenaza capitalista de raíz judeocristiana, aún a riesgo de tener que saludar a un tipo como Bush, que es un imperialista de derechas sin talante ni nada. Pero ¿qué no haría yo por la humanidad?

Salud y República.

Eurocensura

No por nada se ha dicho siempre que la Unión Europea no cumple los requisitos que exige a los países que quieren entrar a formar parte de ella.

Por supuesto que el ansia de control siempre se justifica con alguna excusa la defensa de la identidad cultural europea, asegurar la "pluralidad" de los contenidos en Internet accesibles por los habitantes de los Veintisiete o, la más habitual de ellas, la seguridad. Esto último ha sido el argumento esgrimido por el vicepresidente de la Comisión Europea y comisario de Libertad, Justicia y Seguridad, el italiano Franco Frattini. Este miembro del Ejecutivo comunitario no ha tenido mejor idea que, según ha dicho que va a hacer, "explorar con el sector privado cómo se puede usar la tecnología para impedir que la gente utilice o busque en Internet palabras peligrosas como bomba, asesinato, genocidio o terrorismo".

Traducido del idioma burocrático a román paladino lo que Frattini ha querido decir es que va a hablar con los buscadores de Internet para que se preparen a que se les prohíba dar resultados cuando el usuario pretende buscar esas palabras tan "peligrosas". Una forma de censura tan ilegítima como estúpida. Con la excusa de que Google no pueda dirigirnos a una página donde se explique cómo hacer una bomba casera o se anime al exterminio de un pueblo, si Frattini se sale con la suya los europeos no podrán encontrar a través de este buscador información sobre el Holocausto, el 11-M, el 11-S, o noticias sobre la última acción terrorista de ETA o Hamás. Recuerda demasiado a la legislación china que prohíbe a los buscadores dar resultados a consultas como "Tibet", "Taiwán" o "derechos humanos".

No es de extrañar que ya haya quien haya protestado contra las propuestas de Frattini. Pero debería haber más quejas. Poco a poco la UE avanza en el desmantelamiento de la libertad online. Un proceso cuyo primer gran hito fue la imposición de la retención de datos de tráfico, con lo que implica de violación del derecho a la intimidad de los internautas y del secreto de las telecomunicaciones. Como se permita a los burócratas seguir por esta vía, el resultado será un modelo a la china. Tal vez de forma más disimulada pero con un fondo muy parecido. Esperemos que no lleguemos a eso.

Ciencia sin cerebro

Ya en el año 2003 un estudio, pagado generosamente por el republicano gobierno federal de los Estados Unidos, aseguraba, entre otras cosas, que los progresistas parecen tolerar mejor los cambios que los conservadores. Va en el nombre. La cerrilidad de la derecha frente a la flexibilidad de la izquierda, la laxitud de la progresía elevada a virtud por la gracia de la justicia social y la discriminación positiva, ahora, sancionada científicamente.

Los autores bucearon, previa selección, en cincuenta años de estudios sobre la psicología del conservadurismo, para concluir que la resistencia al cambio y la tolerancia a la desigualdad están en el meollo de la personalidad conservadora. Personalidad que se complementa con una desmedida aversión a la ambigüedad y a la incertidumbre, lo que conduce, sin descartar otras patologías, a un maniqueísmo indisimulado, que encontraría su mejor ejemplo, cómo no, en un Bush empeñado en bombardear Irak. Era el año 2003.

Por si la intención del estudio no quedaba suficientemente clara, sirva esta perla como traca final:

Hitler, Mussolini y el ex presidente Ronald Reagan eran individuos, pero todos eran conservadores de derechas porque predicaban el retorno a un pasado idealizado y de alguna forma aprobaban la desigualdad.

Una basura intelectual con la que perfectamente podríamos concluir que el presidente del Gobierno español es un criptofacha por, todo en uno, su desmedido interés por la memoria histórico-selectiva. Al fin y al cabo si se puede comparar el racismo genocida de Hitler con la idea de la desigualdad que pudiera albergar Reagan, todo es posible. Fascismo y liberalismo de la mano, fundidos por el determinismo que, según convenga, tanto repele a la progresía dentro y fuera de la academia. Nada nuevo: es sabido que la superioridad moral de la izquierda es una de sus características universales y casi siempre pasa por ver a todos los demás como borregos mal intencionados. Hay que emborronar el espectro político para que fuera de su círculo solo haya espacio para la intolerancia, para el involucionismo.

Ahora, un nuevo estudio, pretende ahondar en estas ideas, esta vez con instrumentos más precisos que permitirían asentar sus conclusiones sobre bases más sólidas, neuronales. Veremos. Concretamente se trata de establecer un correlación entre la ideología del participante y el óptimo funcionamiento de su cortex cingulado anterior (CCA). Es esta, el CCA, una región del cerebro entre cuyas tareas podría encontrarse la supervisión de los conflictos (SdC) en el procesamiento de la "información" acarreada por estímulos novedosos, tales como los que plantean los investigadores. La misión del CCA sería poco menos que la de mantener a raya tales conflictos de manera que su impacto en el rendimiento del cerebro, de su respuesta en términos adaptativos, sea el menor posible. Y en eso se basa el estudio dirigido por el Dr. Amodio, de la universidad de Nueva York: si el conejillo de indias es poco ducho frente a los retos planteados en la laboratorio, es que su CCA funciona peor, una merma neurológica que es posible "medir" interpretando las señales eléctricas del cerebro. Tal merma se traduciría, más allá del cráneo, dando la razón a estudios previos, en esto:

Los conservadores muestran estilos cognitivos más estructurados y persistentes, mientras que los progresistas son más receptivos a la complejidad "informacional", la ambigüedad y la novedad.

¿Mas listos? Tal vez, según Amodio, la SdC es un mecanismo que sirve para detectar cuándo la tendencia habitual en la respuesta a un estímulo no es apropiada para  la situación actual. Más aún:

Esta parte del cerebro se ha relacionado en muchos investigaciones pasadas con el proceso de detección de conflictos entre un comportamiento y una señal que indica que algo va mal con tal comportamiento y que es necesario que lo cambies.

Lo que es mucho decir, habida cuenta de que el SdC es, hipotéticamente, un mecanismo de detección y no de decisión. La relación entre este nuevo estudio y el anterior mencionado es evidente y no sólo porque se complementen sino porque al menos unos de sus autores se repite (el Dr. Jost). En fin, Frank J. Sulloway, un investigador de la universidad de Berkeley (cuna de la Nueva Izquierda americana) que participó con Jost en la patraña de 2003, ha afirmado:

[El resultado] provee un demostración elegante de que las diferencias individuales en una dimension conservadora-progresista están fuertemente relacionadas con la actividad cerebral

David Horowitz, lider de la Nueva Izquierda en los sesenta y reconocido icono intelectual del conservadurismo americano desde los 90, en una conferencia en la Heritage Fundation, que llevaba por título ¿Somos conservadores?, se preguntaba si era imaginable siquiera que en un foro paralelo surgiera la pregunta: ¿Somos progresistas? Tal vez Amodio, Jost, Sulloway y compañía podrían considerar, para futuros estudios, ejemplos como el de Horowitz, con un cortex cingulado anterior poco dado a la complacencia.

Decía Hume, en su investigación sobre el conocimiento humano, que una opinión que conduce al absurdo es falsa, pero que no podemos asegurar que una opinión sea falsa porque de ella se deriven consecuencias no deseadas, peligrosas. Por lo tanto, decía:

Debe prescindirse totalmente de tales tópicos por no servir de nada al descubrimiento de la verdad, sino sólo para hacer odiosa la persona del antagonista.

No estoy seguro de cuán peligrosas pueden ser las conclusiones del estudio del Dr. Amodio y compañía, pero que su planteamiento responde a prejuicios ideológicos está fuera de toda duda lo que, a mi juicio, sí la convierte en absurda desde un punto de vista científico, por más que se apoye en un ingenioso experimento.

Madeleine y la ineficiencia estatal

De las muchas tonterías que se han cometido en esta investigación, la gota que colma el vaso de la ineptitud gubernamental ha sido la de la supuesta fotografía de la niña. Como sabrán, este verano unos españoles de visita en Marruecos hicieron una fotografía donde se puede ver una niña parecida a la joven Madeleine McCann. A principios de esta semana la pareja de españoles entregaron la fotografía a la policía de Albacete y el subdelegado del Gobierno, José Herrero Arcas, informó de que en diez o quince días podría decir si la niña era o no Madeleine.

A partir de aquí se montó el típico show gubernamental de despliegue de medios. La policía española envió la fotografía nada más y nada menos que a la Interpol que, recordemos, se creó con el fin de mejorar la cooperación de la policía criminal a nivel mundial hace más de 80 años. Mientras tanto, la policía de Rabat también intentó involucrarse esperando los análisis y permisos de Portugal para investigar. Cientos de funcionarios trabajando en dos continentes, todos consumiendo toneladas de recursos; el mastodonte burocrático se había puesto en marcha y todo era cuestión de pocas semanas.

Pero no ha hecho falta esperar tanto tiempo para resolver la intriga, pues el miércoles lo supimos todo. Un fotógrafo privado del Evening Standard hizo lo que a cientos de policías ni se les pasó por la cabeza: comprar un sencillo billete de avión, ir a Marruecos y preguntar. No hubo suerte, la niña fotografiada no era Madeleine. La Interpol, la policía lusa, la marroquí, la española y su nexo de unión, la burocracia, quedaron en ridículo una vez más por el trabajo de un sólo hombre. Tal vez ahora entienda por qué los gobiernos en conflicto recurren cada vez más a grandes empresas privadas de mercenarios: es la única forma de escapar a su propia burocracia, ineficiencia y altos costes.

Relacionemos esto con las últimas declaraciones de Elena Salgado. Relegada a la cuarta fila del Gobierno, la ahora ministra de Administraciones Públicas tuvo una excepcional oportunidad de montar su propio espectáculo mediático abogando por una mayor intromisión del Estado en la vida de las personas. Para ella, la calidad sólo puede ser resultado de la intervención estatal. Pero si el mastodonte es incapaz de asegurar ni siquiera sus servicios más básicos, como decirle a una familia dónde está su hija o qué ha pasado con ella, ¿cómo podemos esperar que el Gobierno se dedique a hacer puentes, casas, empresas correctamente? Y ya no digamos nada de asegurarnos algo tan complicado como nuestro bienestar presente y futuro…

La ministra Salgado olvida el tipo de calidad que crea la Administración: largas colas en la seguridad social, desidia en las empresas estatales como Correos, corrupción urbanística impulsada por la hegemonía política, dificultades para montar una empresa, obras como las del Carmel donde los pisos se desploman y nadie se responsabiliza o pensiones obligatorias que nunca vamos a cobrar.

Salgado, en una clara crítica a la libertad individual y a los derechos inalienables del hombre (libertad, vida y propiedad), dijo que el Estado no es un "mal necesario", sino un bien. Señora Salgado, deje sus visiones jurásicas e intereses personales a un lado para prestar atención a la realidad. Si lo hiciera, se daría cuenta de que cualquier Gobierno es un mal innecesario, un ente donde la eficiencia y la calidad siempre brillan por su ausencia, tanto en los servicios básicos del Estado (seguridad y justicia) como en el más amplio esquema del Estado del Bienestar.

Sectores estratégicos

Resulta bastante común, a la hora de leer determinados medios de comunicación, encontrarse con referencias a los llamados sectores estratégicos. Normalmente esta expresión suele ser empleada por ciertos periodistas, políticos o empresarios, que piden un tratamiento especial para el grupo de empresas que pertenecerían a dicho sector.

Estas referencias a los sectores estratégicos suelen ser de índole muy diversa, casi tanto como el número de sectores que parecen merecer esta consideración. No obstante, todas las referencias a ellos suelen tener un elemento común: la consideración del mismo como algo único, especial y diferenciado al resto, que requiere la aplicación de reglas específicas, que, casi siempre, incluyen la exclusión de las normas generales del libre mercado. Casi siempre los motivos que se barajan para pedir este trato especial se suelen escudar en que, de esta manera, se está defendiendo al consumidor, ya que ese tratamiento especial permite dedicarle más atención y cuidado.

La realidad, sin embargo, nos indica que la suspensión de las reglas del libre mercado no hace sino perjudicar al consumidor. Sectores tan diversos como la telefonía, el transporte aéreo, la banca y los hidrocarburos han merecido en algún momento la clasificación de sectores estratégicos, concediéndoseles ciertos privilegios legales, tales como el monopolio, la fijación de precios o la restricción de la competencia. Al haber sido alguno de los preceptos legales que impusieron estas situaciones derogados, se puede realizar una comparación entre el servicio prestado al consumidor cuando las empresas pertenecían a un sector estratégico regulado, y cuando se aplicaron las reglas más básicas del libre mercado.

Si nos fijamos en la telefonía, por ejemplo, no hace mucho que una empresa tenía el monopolio de este sector en nuestro país, precisamente bajo la excusa de ser éste un sector estratégico. En aquella época, conseguir simplemente una línea nueva se convertía en toda una epopeya homérica, ya que era un proceso que podía demorarse varios meses. Hoy en día casi nos provoca una sonrisa evocar dichos tiempos, dada la insistencia con la que, casi a diario, se reciben diversas ofertas por parte de distintos proveedores de servicios telefónicos, que se suelen materializar casi en el acto. También palidece cualquier comparación al examinar las tarifas que ofrecen en la actualidad la mayoría de los operadores (que aunque no totalmente liberalizadas, sí tienen una mayor flexibilidad legal, permitiendo, por ejemplo la aplicación de las llamadas tarifas planas y la inclusión de servicios adicionales), con las tarifas reguladas existentes antaño.

Este mismo tipo de comparaciones se puede realizar con cualquiera de los antiguos sectores estratégicos y el resultado es el mismo, la mejora en la prestación de servicios, que se ha producido cuando se ha eliminado cualquier trato legal diferenciado de las reglas de libre mercado. El consumidor ve mejorada su situación cuando se elimina cualquier privilegio concedido a las empresas consideradas como pertenecientes al sector estratégico.

El resultado no debe sorprender si se analiza la premisa básica del libre mercado, que radica precisamente en el concepto de libertad. Y es que el consumidor tiene la última palabra ante cualquier trato, ya que es libre de aceptar o no los bienes y servicios ofertados por las distintas empresas. Esta circunstancia es conocida por las compañías, que han de competir por obtener la aprobación del consumidor, pues en caso contrario otra empresa se les puede adelantar. Esta situación no se produce en los llamados sectores estratégicos regulados, al estar limitada la competencia, bien por la poca variabilidad que existe en la prestación de servicios, bien por la nula lucha que se produce para tratar de satisfacer al consumidor.

Por tanto, si se desea dar el mejor servicio posible a los consumidores en cualquiera de los sectores que se deseen considerar como estratégicos, deben aplicarse las reglas del libre mercado y permitir la competencia entre las empresas integrantes. Esto provocará que continuamente se busque la mejor forma de satisfacer al cliente, al no tener limitada de ninguna forma su libre elección, por lo que existirá una mayor cantidad y variedad de bienes y servicios ofertados a los clientes, a un mejor precio.

El Gobierno contra la propiedad

En España la propiedad privada fuera de los núcleos urbanos está desprotegida ante la intromisión de los funcionarios del Estado. Los guardas forestales, que tienen carácter de "agentes de la autoridad" y la consideración de "Policía Administrativa Especial", pueden penetrar e investigar en cualquier monte o terreno forestal sin previa autorización de los propietarios de la misma y sin necesidad de autorización judicial.

El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha decidido poner fin a esta flagante violación del derecho de propiedad en la Ley de Modernización del Gobierno y la Administración de la Comunidad de Madrid, que también contiene puntos de un intervencionismo brutal como la prohibición de construir edificios de más de cuatro alturas. Esta norma obliga a los guardas forestales a disponer de autorización judicial para poder penetrar en terrenos privados. Ante esto, la reacción de la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona ha sido desmesurada. Por una parte ha anunciado un recurso de inconstitucionalidad. Por otra ha arremetido contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, tanto en el Congreso de los Diputados como en declaraciones a los medios.

Narbona ha acusado a Aguirre de "romper España, al establecer una menor garantía de los derechos de los ciudadanos de Madrid con respecto al resto de las comunidades autónomas". Más equivocada no puede estar. Con la nueva norma jurídica, los habitantes de la Comunidad de Madrid disfrutarán precisamente de una mayor garantía de sus derechos como ciudadanos. Desde ahora, los propietarios de terrenos no urbanos en la región tendrán más protegida su propiedad privada ante los posibles abusos de los agentes de la autoridad. Esto es especialmente positivo cuando el Ministerio de Medio Ambiente ha presentado un proyecto de Ley de Patrimonio, Medioambiente y Biodiversidad que da a las autoridades un poder casi ilimitado para poder expropiar hasta el 25 por ciento del territorio español.

Por supuesto, dado lo poco o nada amantes de las libertades individuales que son la mayor parte de las organizaciones ecologistas y los guardas forestales (que, como tantos otros funcionarios, protestan ante cualquier reducción de su poder ante los ciudadanos) se han puesto de lado del Gobierno. Al final, la batalla terminará en el Tribunal Constitucional. Si los magistrados deciden dar la razón al Gobierno se habrá dado un terrible paso hacia una mayor colectivización del país. Sería una terrible noticia para quienes aman la libertad.