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Homenaje a Steve Jobs

En 1996, Apple compró NeXT y Jobs volvió a dirigir la compañía un año después. Los Mac estaban entonces en franca decadencia, pero el sistema operativo creado en NeXT sirvió de base para Mac OS X, lo que permitió que, tecnológicamente, Apple volviera a estar en la vanguardia.

The Economist asegura que la década que estuvo fuera de su compañía sirvió para que Jobs, aunque mantuviera las ganas de crear cosas nuevas e innovadoras, se convirtiera en un realista en términos de estrategia empresarial. Algo desde luego ha cambiado. Las noticias  y columnas sobre Apple son, junto con las de Google y las de la SGAE, lo que más se lee de la sección de Internet de Libertad Digital. La gente espera con ansia sus productos. Y encima, pese a que en muchos casos son más caros que los de la competencia, los compran, los malditos. Apple está creciendo a marchas forzadas y recuperándole terreno incluso al omnipresente Windows. Incluso un servidor de ustedes se ha comprado un Mac Mini.

Jobs revolucionó la compañía dos veces. La primera, allá por 1984, con la creación del Macintosh, tras el fracaso que supuso el Apple Lisa. La segunda, en 2001, con el iPod y la tienda online iTunes. Y puede que el iPhone se convierta en la tercera, tras el error del móvil creado con Motorola. La compañía ha dejado de centrarse exclusivamente en ordenadores y ha perdido la palabra Computer de su nombre (Apple Computer Inc.). Y pese a ello, ha conseguido resucitar su aletargada línea de ordenadores con el paso a Intel, que le ha permitido sacar máquinas muy competitivas, especialmente los portátiles, y sin arriesgarse a que su fabuloso sistema operativo sea instalado en máquinas que no sean las de dos o tres frikis, porque aunque funcione sobre plataforma PC, lo que no hay son controladores de dispositivo para casi nada que no sea hardware de Apple.

El propio Steve Jobs explicó muy bien qué significaba eso de ser un visionario en el discurso que dio en la ceremonia de graduación de Stanford en verano de 2005. Explica cómo puede recuperarse alguien a quien ha despedido de la empresa que fundó una persona a la que él mismo contrató para ayudarle. Habla del amor a lo que se hace, y de que nunca debemos pensar que tenemos nada que perder. Y que siempre debemos tener aspiraciones, objetivos, sueños para seguir viviendo. Puede parecer una mala copia de un libro de autoayuda, pero lo cierto es que quien lo explica es alguien que realmente ha tenido éxito viviendo de esa manera.

Aseguran que Steve Jobs es un poco tiranuelo y malhumorado. También es un genio. La ventaja del mercado libre es que tanto usted como yo podemos disfrutar de la segunda parte de su personalidad sin tener que aguantar la primera.

¿Mi Mac Mini? Estupendo, se lo aseguro.

La Educación para la ciudadanía

El Consejo de Europa designó el año 2005 "año de la ciudadanía europea", cuyo fin, si hemos de creer la declaración institucional que acompañó a su nacimiento, es la defensa de la democracia y los derechos humanos.

Lo interesante de esta declaración está en la parte donde se resaltan los que, a juicio del consejo, son los déficits más importantes de las democracias actuales. El órgano de la UE se manifiesta en este a modo de manifiesto pro-democrático, hondamente "preocupado por el nivel creciente de apatía política y cívica, por la falta de confianza en las instituciones democráticas y por el aumento de los casos de corrupción, racismo, xenofobia, nacionalismo agresivo, intolerancia con las minorías, discriminación y exclusión social, que constituyen graves amenazas para la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de las sociedades democráticas… Deseoso de proteger los derechos de los ciudadanos, sensibilizarlos con respecto a sus responsabilidades y reforzar la sociedad democrática."

Sorprende la escasa capacidad autocrítica de los miembros del consejo europeo en este texto, en el que mezclan los defectos de la democracia (motivo), con la apatía política y la falta de confianza en las instituciones democráticas que muestran los ciudadanos (consecuencia), sin poner de manifiesto esta relación de causa-efecto, pues entonces no tendrían más remedio que confesar que quienes necesitan educarse como ciudadanos son precisamente ellos, los políticos, y no los niños de 4º de la ESO, como pretende ZP siguiendo las directrices de la burocracia europea.

La corrupción, la xenofobia, el nacionalismo agresivo o la intolerancia con las minorías, que según el párrafo que hemos destacado son consideradas por los ideólogos del programa "graves amenazas para la seguridad, la estabilidad y el desarrollo de las sociedades democráticas", son problemas causados directa e intencionadamente por la clase política actual, especialmente los partidos nacionalistas, la misma que, al parecer, queda fuera de este programa de reeducación colectiva al que se quiere someter a la ciudadanía.

Por otra parte, la desconfianza hacia las instituciones democráticas y la decisión de no participar en las consultas electorales es un derecho de todo ciudadano que en nada califica su condición moral o ética. Se puede ser un excelente ciudadano (no sabemos tampoco lo que quieren decir con el concepto "ciudadano", aunque podemos intuirlo por oposición a lo que se denuncia en el texto) y mantener una higiénica distancia con el cotarro partitocrático limitando el contacto al mínimo imprescindible de pagar impuestos para evitar la cárcel.

La Educación para la ciudadanía, promovida por los políticos de Bruselas y recibida como mandato divino por los políticos nacionales, no puede ser otra cosa que adoctrinamiento político. Si se prescinde de su carácter ideologizante, sólo quedaría una colección absurda de vacuos consejos sobre civismo elemental (véase este excelente artículo de Joaquín Robles).

No sólo no es lícito que el Estado adoctrine a los niños en una determinada cosmovisión. Es que, además, la Educación para la ciudadanía es un imposible metafísico que debería haber hecho abandonar el proyecto, a poco que la clase política tuviera un mínimo de respeto por la inteligencia de los ciudadanos a los que quiere reeducar. Su objetivo, confesado entre líneas, es agrandar las tragaderas de los ciudadanos, cada vez más hartos de sus políticos, con el fin de que todo el cotarro no se venga abajo. El hecho de que países europeos dirigidos por partidos "conservadores" hayan dado su visto bueno a la asignatura lo confirma. Se trata, simplemente, de una simple cuestión de supervivencia.

Historia de un centavo

Fue una época de impuestos y gastos públicos a la baja y desregulación… y una enorme inflación crediticia espoleada por la Reserva Federal. La Bolsa subía como la espuma y con ella la fortuna de Matt. Pero la crisis de 1929 le arruinó por completo.

Un día caminaba por las calles de Nueva York con su ropa y un centavo por toda posesión. Estaba dispuesto a deshacerse de todo su dinero por entrar en un urinario público, pero coincidió que salía otro ciudadano de allí y se ahorró tener que introducir su moneda para poder entrar.

Ese día vio un tumulto de niños en torno a un humilde puesto. Había un vendedor que, por un centavo, entregaba unos muñecos recortados sobre un papel. Le dio su moneda y se llevó el recortable. Matt cambió de barrio y lo vendió por dos centavos. Volvió entonces al puesto y compró dos. Y repitió la jugada hasta que pudo comprarse tijeras y papel. Fue un renacer humilde, pero llegó a crear su propia empresa en un garaje, junto con su socio Elliot Handler. Juntaron sus apellidos para llamar a la compañía Mattel, cuyo primer logo recordaba aquél recortable que le salvó la vida. Matson jamás volvería a vivir en la lipidia.

Esta historia muestra dos cosas. La primera es que el sueño americano es una realidad. Las oportunidades están en la calle, esperando a que alguien tenga la visión necesaria como para percibirlas y aprovecharlas. Pero para ello son necesarias una moneda que no se degrade y la libertad de emprender.

La segunda es que Matson, acaso por su experiencia en el mundo de la economía, sabía apreciar cuándo un bien es escaso y tiene un precio anormalmente bajo. Fue su empresarialidad, su familiaridad con los precios y el mercado lo que le hizo darse cuenta de que allí, en ese humilde puesto, había una oportunidad de beneficio. No la dejó escapar.

Reliquias intelectuales

Pese a todo Hernández Arroyo mantiene su optimismo y su fe, envidiable, en tales instituciones. Y considera que el patrón oro es una ucronía, un término extraño para la institución monetaria que sí tuvo lugar en la historia y que funcionó razonablemente bien. Mejor, mucho mejor, que lo que haya funcionado jamás un banco central. Milton Friedman, que era liberal pero no era dogmático, escribió en su monumental historia monetaria de los Estados Unidos que "el funcionamiento ciego, no diseñado y casi automático del patrón oro resultó dar lugar a una regularidad y predictibilidad mucho mayor –quizás porque su disciplina fue personal e inescapable–, que lo que hayan conseguido el control deliberado y consciente de los acuerdos institucionales concebidos para lograr la estabilidad monetaria".

Baste como indicación de que efectivamente fue así la experiencia de Inglaterra. Si asignamos el número 100 a su nivel de precios en 1661 veremos no los superó más que en la última década del XVIII. Y que quitando la inflación de la guerra napoleónica el nivel de precios se mantuvo más o menos estable de nuevo hasta otra guerra, la de 1914. ¿Hay algún banco central que pueda presumir de una estabilidad como esta? Sólo de 1950 a 1975 el dólar perdió el 57 por ciento de su poder adquisitivo, como el franco suizo. El Deutshce Mark el 53 por ciento y la peseta el 82. El XX ha sido el siglo de la inflación, como lo ha sido del totalitarismo y de las guerras.

Porque, efectivamente, otra de las virtudes que le veo al oro es que funcionó como moneda universal y facilitó aquella globalización a la que jamás se le dio tal nombre, la que integró las economías europeas con América más Japón e India. Y coincidió con una era de paz en Europa como el continente, viejo y ajado de guerras sin fin, no había conocido. Quizás no sea mera casualidad. Pero Luis Hernández Arroyo recupera las categorías mentales de otro gran economista, Carlos Marx, al decir que el patrón oro fue instrumento del imperialismo de las potencias capitalistas y de las clases altas hasta que las bajas lograron acabar con él allá por los años 20. Aquí yo creo que se equivoca. Los debates para elaborar el informe Macmillan, que como el libro de Friedman son muy interesantes, parecen no reflejar ese estado de cosas. Cuando se sugirió a los sindicatos ingleses que se podía acabar con el patrón oro su respuesta fue de una inocencia encantadora, perdida para siempre: "Pero ¿es eso posible?". Difícilmente pudo ser una exigencia de la clase baja.

Hablar de la tesis de Einchengreen, seguidor de Keynes, acaso nos llevaría demasiado lejos para un humilde artículo. Pero es justo recordar que él sitúa el origen del problema en la Gran Guerra, cuando las naciones europeas abandonan el patrón oro. Y que el sistema monetario imperante cuando tuvo lugar la depresión no era el patrón oro, sino una curiosa combinación de dinero fiat y oro con banca central que se conoce como patrón intercambio-oro. Un sistema que, como decía Palyi, era lo suficientemente flexible como para dejarse manipular y lo suficientemente rígido como para no permitir la expansión crediticia por más tiempo. No fue el patrón oro como había funcionado hasta 1914 lo que fracasó.

Ya entrados en harinas de costales de este siglo, puede que sea fácil achacar a los tipos de interés demasiado bajos de antaño los problemas monetarios de hogaño. Es tan fácil, de hecho, que la idea ha sido expresada por muchos economistas puede que desde Cantillón. Quizá se pueda achacar a la manía de estos de explicar fenómenos complejos en los términos más sencillos posibles. Quizá puede que hasta sea cierto, como así parece en las crisis monetarias que conocemos desde 1819.

No es que sea falso, todo lo contrario, que como dice Hernández Arroyo "en el pasado los tipos estuvieron bajos, sí, pero luego subieron hasta los niveles actuales, que no son nada desdeñables". El problema aquí es que no se pueden compensar los primeros con los segundos. Porque cuando la Fed los fijó en el uno por ciento, el sistema crediticio reaccionó facilitando los préstamos baratos, como no podía ser menos. Y las empresas, con las nuevas facilidades, adaptaron sus planes al crédito barato. Como quiera que el capital no es como la plastilina, sino que es heterogéneo y complementario, y que una vez puesto en marcha para un proyecto no es perfectamente moldeable, una subida de tipos no puede compensar, sin más, las pasadas decisiones de empresas y bancos. Hay proyectos malos que se iniciaron sólo porque se favorecieron artificialmente por un crédito excesivo. Bien que los bancos centrales no son los únicos responsables, pero como reconoce el propio Hernández Arroyo su responsabilidad es enorme.

Es cierto, no seré yo quien lo niegue, que para llevar ciertas teorías a la práctica es necesario acudir a que "el Estado tiene el monopolio del legítimo uso de la fuerza" e incluso hacer de esa pretensión un argumento "incontestable". Y también lo es, cómo negarlo, que el patrón oro jamás necesitó de tales amenazas. Quizá, visto el legado de descomposición de la moneda, paro y estancamiento que ha acompañado a excesos por parte de los bancos centrales en los que el oro es técnicamente incapaz de incurrir, con la excusa de haber estrenado un nuevo siglo, sea este el momento de revisar ciertas teorías. Aunque parecieran dogmáticas y anticuadas allá por los años cuarenta.

Los más pobres se desprenden del Estado

Posiblemente uno de los comentarios más interesantes que hemos publicado en esta página ha sido La teoría del desprendimiento, de Toni Mascaró. En él explicaba cómo cada vez más a menudo en nuestras sociedades socialdemócratas los ciudadanos huyen de los servicios ofrecidos por el Estado y pagados con los impuestos y recurren a alternativas privadas con el escaso remanente que éste le deja. Es un cuestionamiento práctico de la falacia fundamental en la que descansa el sistema: puesto que los más pobres no pueden pagarse ciertos servicios básicos, el Estado los provee a todos los ciudadanos, que en su mayoría sí pueden costeárselos.

Lo curioso es que eso no sólo sucede en los países prósperos, según los ciudadanos van teniendo dinero suficiente para pagar el servicio público que no quieren y el privado que sí. También los más pobres de entre los pobres evitan en muchas ocasiones a un Estado que no responde. África es el continente que todos asociamos con la miseria. Y, curiosamente, muchas de las necesidades más básicas de sus habitantes no las cubren los gobiernos, sino el sector privado. Veamos tres ejemplos.

Alex Nash relata su experiencia visitando la ciudad keniata de Kisumu. Allí, un ingeniero decidió coger agua de un río cercano y tratarla con una pequeña instalación en su patio trasero. Pronto descubrió que sus vecinos querían comprársela. Ahora tiene una pequeña empresa con cinco empleados y es capaz de servir a 10.000 personas. Tiene camiones para llevar agua a los hoteles y porteadores para la gente pobre. El Estado no está ni se le espera.

James Tooley investigó sobre educación privada en África. Descubrió que, por ejemplo, en la ciudad nigeriana de Lagos, siendo gratuita la educación pública, los padres pagan por una educación privada, pese a que disponen de unos 50 dólares al mes, porque funciona mucho mejor. En la India, la puntuación media de los colegios privados es de 19 puntos en lengua y 17,9 en matemáticas, mientras que en los públicos es de 17,4 y 16,3, respectivamente.

El New York Times describe como en diversas zonas de África, los pobres, que no reciben asistencia sanitaria estatal, están creando pequeñas mutuas sanitarias con las que cubrir por muy poco dinero. Generalmente formadas por menos de 100 personas, negocian con una clínica local un buen precio. El Banco Mundial publicó un informe en el que asegura derribar tres mitos: que el sector privado es para ricos, que no está muy desarrollado y que la mayor parte del dinero dedicado a sanidad viene de fondos públicos. Llegó a la conclusión que los pobres empleaban intensamente los servicios privados de salud y que los públicos, de hecho, subsidiaban a los más ricos.

Sin embargo, muchas ONG tienden a preferir que sean los gobiernos las herramientas con las que solucionar estas y otras necesidades básicas de los más pobres. Oxfam, por ejemplo, asegura que gobiernos y Banco Mundial “obstaculizan el desarrollo impulsando soluciones mediante el sector privado que no benefician a los pobres”. Los pobres, en cambio, parecen pensar de manera diferente.

Los países pobres necesitan gobiernos que garanticen los derechos básicos: la vida, la libertad y la propiedad. Del resto podría encargarse el sector privado, si tuviera seguridad en que sus esfuerzos no van a ser baldíos porque no pueden confiar en que, a largo plazo, lo suyo lo siga siendo. Ahí es donde deberían centrarse nuestros esfuerzos.

No con mi dinero

Sin embargo, eso no justifica que el Gobierno decida gastar 1.560.000 (casi 260 millones de pesetas) en "estimular al tejido empresarial español para que disponga de una página web con dominio propio", por mucho que lo haga en colaboración con Telefónica, Nominalia y Recol.

No nos engañemos, este tipo de iniciativas consisten en gastar el dinero sustraído a los ciudadanos vía impuestos para que unos cuantos empresarios tal vez logren mejorar su cuenta de resultados gracias a las posibilidades de la Red. No tenemos nada en contra de que estos señores procuren mejorar sus resultados económicos. Todo lo contrario, es un propósito de lo más legítimo. Lo que no tiene legitimidad es que el dinero de millones de ciudadanos se ponga al servicio de los intereses particulares de estos señores. Además, muchos de ellos tal vez no tengan web debido a que esta no aportaría ningún beneficio a su actividad, o así lo creen ellos. El Gobierno no debería dedicarse a decirles como llevar su negocio.

Por otro lado, antes de empezar a gastar el dinero de los ciudadanos en que un grupo de personas mejoren su negocio, el Ministerio debería preocuparse por la calidad del trabajo de sus propios empleados. En concreto de su departamento de prensa. Ya no es que la redacción de la nota resulte en algún punto penosa. La frase que reproducíamos en el primer párrafo, por ejemplo, si se lee literalmente viene a decir que el objetivo es que el "tejido empresarial" tenga todo él una sola página web. Suponemos que en realidad querían decir que cada empresa disponga de la suya propia. Pero hay más aún.

Puestos a poner un nombre de dominio como ejemplo, deberían utilizar uno que pertenezca al Ministerio o que no pueda ser utilizado por un particular. Sin embargo no es así. El que los redactores de la nota han incluido es tunegocio.es. Es cierto que esta dirección no dirige a página alguna, pero al comprobar los datos de registro vemos que pertenece desde diciembre de 2005 a un particular residente en La Coruña. En algún despacho de Industria a alguien se le debería haber ocurrido comprobar algo tan sencillo. Por lo que se ve, no ha ocurrido.

Si la calidad en el desarrollo del programa NEW (Ninguna Empresa sin Web) –menuda cursilería– es similar a la de su promoción ante los medios nos podemos esperar la chapuza total. El Gobierno no sólo ha decidido gastar el dinero de unos españoles en beneficio de otros, que además en muchos casos disponen de una mayor renta que casi todos los que van a financiar involuntariamente la iniciativa. Además, no pone cuidado en la propia calidad del trabajo de sus empleados, cuyos sueldos también salen del bolsillo de los ciudadanos.

Ante esto, me gustaría decir aquello de "no con mi dinero". Pero no serviría de nada. Eso sí, al menos que no esperen que les aplauda. Todo lo contrario.

Lecciones de ecumenismo

Para la directora de la Casa Árabe no existen diferencias sustanciales entre el islam y la religión católica, como dejó claro en la entrevista que le hizo hace unos días El Periódico de Cataluña sobre esta cuestión capital para el entendimiento entre las civilizaciones. Sin ánimo de enmendar la plana a la insigne arabista, lo cierto es que hay algunos matices, que esmaltan las discrepancias entre ambas culturas no ya en el plano teológico (eso es lo de menos hasta para la Iglesia Católica, presa de una fiebre ecuménica del carajo), sino en el orden político y social.

Por ejemplo, las mujeres adúlteras, en los países islámicos, son enterradas en el suelo hasta la cintura y apedreadas hasta la muerte. En España van a los platós de televisión a contar sus infidelidades y de paso llevarse una buena pasta. En lugar de apedrearlas aquí les pedimos autógrafos.

Dice Doña Gema también que el velo en el islam no es un símbolo de discriminación y que muchas mujeres lo llevan por una cuestión de "afirmación de su identidad". Hombre, el hecho de que haya una policía especial sacudiendo garrotazos a la desvergonzada que vaya por la calle sin ir tapada de los pies a la cabeza también ayuda a esta concienciación identitaria, aunque la entrevistada omita el detalle. En Occidente, por el contrario, las señoras y señoritas visten como les da la gana, faltaría más, y últimamente enseñando "el tirachinas", algo que los varones agradecemos especialmente. No tenemos policías especializados en la represión de la impiedad pública.

En los juicios de los tribunales occidentales la declaración de un testigo vale exactamente lo mismo sea cual sea su sexo. En los países islámicos tienen la curiosa costumbre de dividir por dos si el testigo es una mujer. Para la señora Martín será una expresión pintoresca de la rica cultura árabe. Las implicadas, probablemente, tengan una opinión distinta sobre esta "excepción cultural".

En las sociedades islámicas los homosexuales suelen estar elevados a lo más alto en la escena pública. El problema es que lo están firmemente agarrados por el cuello con una maroma. En Occidente no se persigue esa conducta sexual por una cuestión elemental de dignidad colectiva, y además porque, en tal caso, el periodismo del corazón se quedaría sin representantes masculinos y ese es un precio que la sociedad española no está dispuesta a pagar bajo ningún concepto. Si se prescinde de esos y otros muchos pequeños detalles se puede aceptar que las dos culturas son iguales. Se trata tan sólo de cambiar las hostias por ruedas de molino y hacer ejercicios diarios de ingurgitación. Por ejemplo leyendo el diario en el que, casualmente, escribe de forma habitual nuestra protagonista.

La ciudadanía responde

El órdago de Mercedes Cabrera y Rodríguez Zapatero a los padres españoles ha tenido su primera reacción. Un grupo de padres andaluces ha llevado el tema de la asignatura Educación para la ciudadanía al Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Autónoma de Andalucía. Reclaman la libertad de educar a sus hijos como decidan y la libertad religiosa que nuestra constitución reconoce en sus artículos 16 y 27.

Desde mi punto de vista, es una buena noticia. Por fin alguien reacciona. La labor que, en este sentido, están haciendo asociaciones como el Observatorio para la Objeción de Conciencia (OOC) en su página objetamos.org, donde se explica a los padres qué pueden hacer, cómo han de hacerlo y qué razones les asisten, me parece notable. Es una iniciativa del Foro de la Familia, y están apoyados por otras organizaciones como ANDOC (Asociación Española por la Defensa de la Objeción de Conciencia), Profesionales por la Ética, el Centro Jurídico Tomás Moro, o la asociación Hazteoir.

Sin embargo, el asunto se está convirtiendo en un problema exclusivamente religioso. En la página principal del OOC los argumentos contra la asignatura son básicamente que:

A través de esta nueva asignatura, se pretende así educar a los alumnos en la peculiar ideología sobre la sexualidad, el matrimonio y la familia de los actuales gobernantes y en contra de la conciencia de muchísimos padres y madres españoles.

Y es cierto. Pero no me parece la única razón para rechazarla. Como ha mostrado el articulista de ABC, Álvaro Delgado-Gal, en su revisión de algunos manuales editados para Educación para la Ciudadanía el 5 de agosto (Guía de Perplejos) y el 12 de agosto (El código Marina), no sólo se trata de la educación religiosa, sino de la mentira flagrante, la manipulación histórica y el adoctrinamiento. Como, por ejemplo, comparar el capitalismo con la GESTAPO, mostrar a dos niños pijos que asumen que la miseria de muchos se debe a que tienen comodidades, o a otros dos niños ricos que afirman:

Lo bueno de la dictadura de mercado (en negrita) es que tiene lo bueno de los fascismos precedentes pero sin el mal rollo ese de los desfiles y las marchas militares.

La implantación de esta asignatura es equiparable a la medida que va a tomar Vladimir Putin en la moderna y democrática Rusia: cambiar los libros de historia para que los niños aprendan el patriotismo soviético. Tal y como cuenta El País, dado que la visión de la historia estaba manipulada por el dinero extranjero (las becas venían de fuera), el Kremlin ha creado una comisión para escribir un nuevo libro de texto de Historia, en la que hay un único historiador. Según esta versión de la historia rusa, Stalin es una figura contradictoria y, si bien tuvo sus fallos, hizo mucho por engrandecer la patria soviética. La Gran Purga se minimiza, no es necesario "autoflagelarse"; otros también hicieron barbaridades.

La Educación para la ciudadanía es una asignatura inmoral y tiene más trascendencia que lo referente a la libertad religiosa, como muy grave es que Putin trate de rehabilitar el sistema soviético.

Ya nos enseñó Ayn Rand hace mucho tiempo que el capitalismo es el único sistema económico moral porque defiende la libertad individual, y porque evita los dos errores que el socialismo y el sistema soviético implican y que son dos grandes injusticias de nuestra sociedad.

Primero, la moral de la tribu, que supone que la riqueza generada por cada individuo no es tal, sino que la riqueza es de un ente llamado tribu, comunidad, o lo que se quiera, cuando en realidad la riqueza es de alguien que se ha esforzado en crearla con su trabajo o sus inversiones, y el capitalismo crea riqueza, no la expropia. No existe tal cosa como el "bien común" ni el "excedente social", entendido como nos lo venden quienes lo utilizan para anular la iniciativa individual.

Segundo, el falso altruismo, que con las mejores intenciones quita a unos para dar a otros, por la razón de que éstos tienen menos, consiste, en realidad, en la esclavitud de quien produce, la servidumbre hacia quienes establecen el criterio de redistribución, y la promoción de una sociedad de vagos e irresponsables, acostumbrados a vivir del esfuerzo ajeno.

Para Rand, la base de la sociedad es la filosofía subyacente en ella, la filosofía de la libertad o la del siervo. Y la asignatura Educación para la ciudadanía inculca una filosofía contraria al individuo, a la persona, a la libertad. El sistema soviético que reivindica Putin, y que la propia Ayn Rand padeció, y el socialismo bajo el cual vivimos son el reflejo de la filosofía de esclavos en la que nos movemos y que no puede sino conducir a una menor riqueza y a la anulación de la libertad del hombre. Nos lleva a un sistema social inmoral en el que el laborioso es esclavo del indolente, los líderes manipulan a la gente con entidades irreales pero bien vendidas y la responsabilidad individual se difumina en institutos sociales estatales que malversan los fondos expropiados a las personas que trabajan honradamente.

Ese es el espíritu ciudadano de la asignatura. Va mucho más allá del atentado a la libertad religiosa. Por eso creo que hay que apoyar la insumisión civil y la respuesta ciudadana voluntaria.

Es lo único que nos queda.

Lo que llaman vandalismo en Wikipedia

Estos días he recordado mucho esta frase a raíz de algunas reacciones a las noticias publicadas a raíz de la creación del WikiScanner, que permite examinar qué cambios se han hecho a la Wikipedia desde las direcciones IP que se le indiquen.

Una IP, para entendernos, es como el número telefónico de Internet, de modo que a partir de ella es posible en muchos casos saber, si no la persona, sí al menos la organización a la que pertenece. Así se han podido localizar numerosos ejemplos de empresas, organizaciones y gobiernos desde cuyos ordenadores se ha modificado Wikipedia para insultar a terceros o lavar su propia imagen. Desde la ONU hasta Fox News, casi desde todas las organizaciones imaginables hay quien ha colaborado de buena fe y quien se ha dedicado a "vandalizar" la Wikipedia.

El caso es que, ante un hecho que no debería sorprender a nadie, parece que muchos se comportaran cual vírgenes a las que se hace una propuesta indecente. Pero es que la Wikipedia es eso: una enciclopedia que cualquiera puede alterar, por cualquier motivo, bueno o malo, sea por amor a la verdad o por el bien de su ideología o su cuenta de resultados. Parece que hay un buen número de internautas dispuestos a creer en la bondad y perfección absoluta de la enciclopedia libre, y cualquier hecho que lo desmienta provoca un efecto de negación colectiva

Sin embargo, el mismo Virgil Griffith, creador del WikiScanner, reconoce que la Wikipedia es confiable… en los asuntos que no son controvertidos. A mí por poco me cuelgan del palo mayor por decir algo parecido; posiblemente haya sido el artículo que más polémica ha generado de todos los que he escrito. Wikipedia es una gran herramienta y un gran proyecto, pero quienes la emplean deben ser conscientes de sus fallos, y tomarse lo que dice en muchos asuntos cum grano salis. Ese es quizá el problema, que hay quienes se creen todo lo que viene allí, lo que permite crear una Wikirrealidad alternativa, que diría Stephen Colbert, poniendo datos falsos o eliminando los verdaderos de la enciclopedia.

Jimmy Wales ha declarado que la herramienta de Virgil podría inspirar cambios a la propia Wikipedia: "Cuando alguien pulse en ‘editar’, sería interesante que les pudiéramos decir algo como: ‘Hola, gracias por editar. Vemos que ha entrado desde el New York Times. Tenga en mente que sabemos eso y que es información pública’." Considera que así podrían "hacerles parar y pensar". Es posible. Sin embargo, quizá la conclusión a la que lleguen después de quemarse las neuronas es que estas cosas es mejor hacerlas desde casa, si se tiene una IP dinámica, que cambia cada vez que se conecta a Internet, o desde un cibercafé. Pero siempre es positivo poner en dificultades a quienes cambian la Wikipedia sin ánimo de mejorarla, aunque no se les pueda impedir que lo hagan. Porque it’s not a bug, it’s a feature.

Malas perspectivas para España

En Estados Unidos, la inversión en vivienda representaba aproximadamente el 6% del PIB y no están digiriendo muy bien su crisis. En España, aunque es difícil calcular el valor real, supera el 15% (hay estudios que apuntan el 20%). Aún no sabiendo nada de economía, es muy difícil imaginar que el declive de un sector con tanto peso en nuestra economía nos vaya a dejar igual que antes.

Desde 1997 el precio de la vivienda ha crecido más de un 140%, y a propósito, no entra en el cálculo del IPC. Una de las razones que han hecho posible esta espectacular subida ha sido la entrada de inmigrantes, el dinero barato o bajos tipos de interés y una revolución hipotecaria que sólo se ha producido en España, donde los bancos han apurado mucho sus márgenes. España es el país donde los diferenciales han sido los más bajos de toda la UE, junto a Irlanda. Si comparamos en promedios los diferenciales de una hipoteca española con una belga, por ejemplo, el porcentaje que los separa es del 20% a favor de la hipoteca belga. Además, España fue uno de los primeros países en alargar los préstamos hipotecarios a 30 y 35 años.

Todo esto a pesar que tenemos los gastos por compra de vivienda más altos de la UE, de los que más de tres cuartas partes son impuestos, como no podía ser de otra forma. Sobre una hipoteca de 135.000 euros y según la Federación Hipotecaria Europea, unos 11.000 euros se los lleva la administración. Así fomenta el Gobierno el acceso a la vivienda. Mucho discurso social, muchas promesas y luego nos mete la mano en la cartera como un vulgar charlatán.

La posible crisis a la que se enfrenta España, y la vivienda sólo es una parte de la amenaza, no se soluciona bajando tipos o impuestos en determinados sectores, como muchos apuntan. Bajar los tipos significa aplazar el problema y convertirlo en otro mucho mayor. Toda economía expansiva que vive de inflaciones crediticias (tipos bajos y abundante liquidez) necesita, por fuerza, contraerse debido a la distorsión entre rentas reales y precios. Los bancos centrales no son la solución, sino el problema. Bajar determinados impuestos, como el de la vivienda, para después subirlos en otra parte es un parche inútil que no arregla nada y distorsiona el funcionamiento sano del mercado.

La gran dificultad no es la vivienda, ni la baja productividad española, ni la continua merma de competitividad exterior o un mercado laboral anclado en teorías jurásicas. Las economías dirigidas por tecnócratas y redentores sociales con altos sueldos no funcionan y cíclicamente llevan a las mismas crisis. Sólo el mercado en plena libertad puede encontrar, sin dirigismo estatal, su propio camino. Le pondré un ejemplo que ocurrió este mismo miércoles. Lehman Brothers tenía su propia unidad de hipotecas subprime llamada BNC Mortgage LLC. Ante la crisis, la ha cerrado y ha despedido a su plantilla de 1.200 personas. La empresa ha dicho que "las condiciones del mercado han requerido substanciales reducciones… de recursos y capacidad en el nicho de las subprime". Lehman ha puesto fin a su crisis y ahora se dedicará a otra cosa que dé dinero y la gente realmente necesite. ¿Se preocupa por los 1.200 despedidos? En un mercado dinámico y relativamente libre estas personas volverán a estar colocadas en un periquete y en otro sector necesario y productivo. En España, debido a la burocratización y politización del mercado laboral y la economía, una crisis así sería insalvable y el desempleo generado sería crónico, creando pérdidas constantes a toda la sociedad.

Se nos avecinan negros nubarrones. Mintiendo y manipulando datos no se va arreglar nada. Ahora más que nunca nuestra economía necesita libertad de movimientos para ser más dinámica y moderna y poder adaptarse a las necesidades del momento. Los políticos son el mayor aliado de las crisis. El libre mercado es el remedio a ambos males.